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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 210 | Septiembre 1999
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Internacional

Deuda externa: algunas preguntas clave

¿Por qué perdonar las deudas a gobiernos corruptos que no ofrecen garantías de emplear bien los recursos liberados con la condonación? ¿Por qué hay tan poca voluntad política en el Norte para resolver el problema de la deuda externa de los países pobres del Sur? ¿Cómo garantizar un futuro sin nuevas deudas?

Red Jesuita para el alivio de la Deuda Externa y el Desarrollo

Muchas diferentes estrategias han sido desarrolladas en el intento de resolver la crisis de la deuda desde que este problema se hizo sentir en los años 80. Desde esa fecha, y periódicamente, las naciones deudoras se han visto envueltas en negociaciones con los bancos comerciales y con los acreedores bilaterales y multilaterales.
Ninguna de estas estrategias ha sido adecuada para resolver el problema de la deuda y aunque han ocurrido algunas mejoras, el problema continúa, principalmente en América Latina. Sucede así porque todas las estrategias han sido diseñadas exclusivamente por los acreedores, con miras a maximizar sus ingresos mediante la cancelación de lo que no ha sido pagado para asegurarse pagos al saldo. Además, los términos y condiciones de estas propuestas han sido dictadas por las instituciones y gobiernos acreedores. En muchos casos, las naciones deudoras han sacrificado mucha de su autodeterminación política y económica para obtener excepciones. Más significativo es que no ha habido ningún esfuerzo para tener en cuenta el contexto del problema: las relaciones económicas internacionales, que son injustas y que exacerban la situación y amenazan con crisis futuras. La Red Jesuita mantiene que las estrategias de cancelación de la deuda deberían ser el resultado de un proceso más participativo, lo que demanda una mayor responsabilidad de los representantes elegidos, que deben permitir una participación plena y significativa de la sociedad civil en los procesos de decisión.

¿No hay que pagar lo que uno debe?

En este contexto debemos hacernos algunas preguntas sobre la cancelación de la deuda externa.

¿No debería todo el mundo pagar sus facturas? Por qué la deuda de algunos países debería ser perdonada?
Sí, normalmente todo el mundo debería de pagar sus deudas. Pero hay varias razones para que la deuda de algunos países sea perdonada.

- En la tradición cristiana hay un principio claro: un contrato legal en condiciones de poder desigual y en necesidad severa podría ser fundamentalmente injusto, aun cuando haya sido contraído "libremente". De cualquier manera, si el contrato es cerrado "libremente," ¿qué tan real es la libertad cuando las circunstancias ofrecen pocas o ninguna alternativa? Muy a menudo, éste fue el caso para los países endeudados hoy en crisis. Su necesidad era tan evidente como su falta de recursos, y los deudores que asumieron contratos sobre la base de relaciones fundamentalmente injustas están libres de cualquier obligación ética de hacer honor a esos compromisos.

- Los pagos de la deuda no deberían hacerse a costa de la sobrevivencia y dignidad humana. En el centro de los derechos de los deudores está el principio de que en condiciones de extrema necesidad -tales como el peligro de muerte por hambre- uno puede tomar la riqueza de otros. Para nosotros los cristianos esto se deriva de nuestra creencia de que, al nivel más fundamental, los bienes de la tierra fueron dados por Dios a todos, incluso antes de que adquirieran derechos de propiedad. Imponer los pagos de la deuda en los países más pobres, donde la muerte a causa de la falta de medicinas básicas, equipos y malnutrición es constante, es inmoral. De igual modo, son también inmorales las decisiones de las élites locales de trasladar el peso del pago de la deuda a los pobres, en vez de cargarlo sobre ellos mismos.

- Desde que los préstamos originales fueron hechos, las circunstancias han cambiado dramáticamente, y el monto de la deuda ha continuado creciendo mucho más allá de los préstamos originales. Esto se ha debido a incrementos inesperados en las tasas de interés a finales de los 70, al deterioro de los precios de las exportaciones, a políticas internas corruptas, a la suma de intereses al capital de los pagos no efectuados, y a nuevas solicitudes de préstamos hechas para poder cumplir con los pagos del servicio de la deuda.

- Finalmente, pero no por ello menos importante, las estrategias de condonación de la deuda realizadas hasta hoy han fracasado en suprimir el sufrimiento de los pobres. Es una equivocación creer que la gente de los países pobres debe de pagar las irresponsabilidades pasadas de sus gobernantes, muchos de los cuales ni siquiera fueron libremente electos.

¿Perdonar a gobiernos corruptos?

Si las deudas son canceladas, ¿los líderes corruptos no desviarían los beneficios de esta cancelación hacia ellos mismos, en vez de ayudar a su gente?
Éste es un peligro real. Por esto, es imperativo que la cancelación de la deuda vaya de la mano de mecanismos concretos y prácticos que permitan una participación significativa de la sociedad civil para determinar y monitorear tanto la redirección de los fondos cancelados como los futuros arreglos de préstamos. Es importante que cada país endeudado reclame la responsabilidad por sus propios asuntos internos, incluyendo las acciones de sus dirigentes.

Pero si las deudas de un país son canceladas, ¿esto no les estimularía a adquirir más deudas previendo que éstas también serían canceladas? Este es el argumento del "riesgo moral". Nadie sabe si la liberación de la deuda provocará algunos resultados negativos. Por esto también resulta imperativo que la sociedad civil esté completamente involucrada en la administración de la economía nacional.
Pero no hay que olvidar que el argumento del riesgo moral también puede invertirse. Obligando a los países más pobres y endeudados a pagar deudas que fueron contraídas bajo severas condiciones de desigualdad estaríamos estimulando a los acreedores a prestar irresponsablemente en el futuro, por sus propios intereses, previendo que el deudor siempre será forzado a pagar.

Los países deudores ya han pagado un precio enorme por la deuda. Han perdido su soberanía económica y han sufrido los programas de austeridad impuestos por las instituciones financieras internacionales como condición a la cancelación de la deuda y a la recepción de nuevos préstamos en inversión extranjera. La gente ha sufrido niveles de vida en constante decadencia y recortes a los servicios sociales básicos. Después de todo, la experiencia nos muestra que en situaciones de bancarrota los deudores no tienen prisa en volver a endeudarse.

¿Cuánto costará la cancelación?

La deuda de los 52 países más pobres del mundo ha sido valorada por la Coalición Jubileo 2000 de Gran Bretaña en menos de 300 mil millones de dólares. Ellos señalan que la cancelación de esta suma, al mismo tiempo que marcaría una diferencia sustancial para las vidas de cientos de millones de personas, representaría sólo una pequeña cantidad de dinero en el escenario internacional, mucho menor de la que ganan los países más ricos en tan sólo tres días.

De acuerdo con estimados del Fondo Monetario Internacional, en 1994, los países muy pobres y altamente endeudados gastaron casi un tercio de sus recursos públicos en el pago del servicio de la deuda. Para muchos países, esta proporción es mucho más alta: en 1994, Nicaragua gastó el 66% de sus ingresos públicos en el servicio de la deuda, Nigeria el 74%, Zambia el 92% y Sierra Leona el 136%. El Informe del PNUD de 1997 calcula que la vida de 21 millones de niños africanos podría salvarse en el año 2000 si los fondos para pagar el servicio de la deuda fueran redirigidos a programas de salud. Sin inversiones en infraestructura y sin adecuadas estructuras de mercado, las naciones endeudadas nunca serán capaces de desarrollar sus propias economías.

Pero, ¿el mundo occidental no está dando ya suficiente dinero a los países pobres en subvenciones y en ayuda? Por qué no usan estos recursos? En realidad, muy poco del dinero transferido por el Norte hacia el Sur se queda en el Sur. Las exigencias de la deuda significan que mucho de lo que llega al Sur regresa al Norte, a las economías occidentales, al mismo punto de partida. En 1996, por ejemplo, los países del Tercer Mundo solicitaron préstamos por la increíble cantidad de 248 mil millones, y casi todo ese dinero regresó después al Occidente. El mismo año, los países africanos del Sahara del Sur declararon que los nuevos préstamos ni siquiera cubrían los intereses y pagos de sus antiguas deudas, *por lo que tuvieron que ocupar el 23% del total de la ayuda recibida para completar el dinero con el que cubrir el servicio de sus deudas.

¿Perdonar sin ningún compromiso?

Si la deuda externa de los países más pobres es cancelada, ¿esto dejaría a los países acreedores poco dispuestos a darles más préstamos en el futuro? Los países más pobres no van a estar peor que antes y podrían estar mejor. Sin la cancelación de la deuda, la gran mayoría de los países pobres altamente endeudados nunca van a ser capaces de pagar su deuda externa. En estas condiciones no pueden atraer inversiones privadas. Una cancelación definitiva de la deuda los hace solamente mejores sujetos de crédito, y es probable que los haga atractivos para inversiones del sector privado y para préstamos. Inversionistas y prestamistas van a donde pueden hacer dinero. Sus inversiones serán rentables donde la gente tenga medios para comprar bienes y servicios, y está claro que con la cancelación las economías arrastradas hoy por el peso aplastante de la deuda tendrían la oportunidad de crecer y desarrollarse. La cancelación de la deuda liberará también al personal de los gobiernos de estos países entrenados para renegociaciones sin fin y podrán dedicarse a planificaciones de largo plazo y a tareas orientadas al desarrollo.

Para beneficiarse de la cancelación de la deuda, ¿no tienen los países que establecer políticas de reforma económica: reducción de déficits fiscales, control de la inflación, liberación del comercio, etc.? Si no lo hacen, ¿no quedarían en deuda de nuevo? ¿Y no debería ser una condición para el perdón de la deuda que los países se comprometan a reducir la pobreza y los gastos militares?

Las políticas económicas y sociales son vitales. Pero estas políticas deberán ser diseñadas con una amplia participación de la población y deberán proteger a los más vulnerables. La cancelación de la deuda debería ser implementada de manera que beneficie ampliamente a las mayorías y no sólo a élites económicas, a funcionarios públicos corrompidos o a instituciones militares. La condonación de la deuda no debería incluir condiciones que incrementen la carga de la gente que vive en la pobreza, como a menudo lo hacen los programas de ajuste estructural. Para alcanzar estos objetivos, los mecanismos específicos de cancelación de la deuda deberían ser determinados mediante procesos abiertos, transparentes y de amplia participación de base. De esta manera, la gente afectada por el problema de la deuda estaría involucrada en su solución. Así, la reducción de la pobreza y las reformas económicas que contribuyen genuinamente a un desarrollo sostenido serían incluidas en los programas de cancelación de la deuda por decisión democrática, en vez de estar incluídas en políticas impuestas desde el exterior.

¿Por qué no quieren perdonar?

Si una cancelación de la deuda de esta forma es obviamente lo correcto, ¿por qué no hay más gobiernos e instituciones financieras internacionales apoyándola?
Actualmente, hay muy poca o ninguna voluntad política orientada a esta solución. La ayuda internacional ha disminuido tanto que es mucho más fácil orientarse a la creación de nuevos impuestos para la cancelación de deudas viejas. La cancelación de la deuda externa costaría dinero. Instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional quieren proteger sus recursos, que dependen del reflujo de préstamos.

La disminución de la ayuda internacional provoca que estas instituciones se atemoricen por la disminución del apoyo de los gobiernos. Por su parte, los parlamentos nacionales de los países ricos no han sido motivados para sensibilizarse ante la carga de la deuda externa de los países pobres. Debemos recordar que los gobiernos son elegidos para cumplir los deseos de sus pueblos, y como votantes podemos influenciar las políticas de gobierno. Nos toca a nosotros decidir la voluntad política.

Hay que tener en cuenta también que las deudas de los países pobres los hacen dependientes de los gobiernos de los países ricos y de las instituciones financieras internacionales, ante quienes buscan estar solventes. El endeudamiento perpetuo y el requerimiento de mantener pagos programados determina las políticas económicas de los países desarrollados, políticas que benefician a los países ricos, a sus inversionistas privados y a las corporaciones internacionales. Con la cancelación de la deuda, los gobiernos de los países ricos perderían el control sobre los países endeudados.

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