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  Número 410 | Mayo 2016
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México

Una historia de mensajes provocadores

Si algún movimiento popular ha demostrado ser eminentemente colectivo y provocador en su pensar, hacer, sentir y transformar, ése es el Zapatismo. Un breve repaso a los mensajes zapatistas nos permite captar la esencia de este movimiento, imprescindible en la historia de nuestro continente.

Jorge Alonso

Los Subcomandantes Insurgentes Marcos y Galeano son una sola persona y, a la vez, son dos personajes relevantes en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Marcos cumplió durante años la función de ser el único vocero del Zapatismo. Más recientemente, Galeano cumplió la de ser co-vocero con el Subcomandante Insurgente Moisés.

Marcos / Galeano ha sido un exponente fuera de serie del pensamiento crítico, no sólo latinoamericano, sino mundial. En la página del EZLN enlacezapatista.ezln.org.mx hay 1,267 escritos de Marcos, varios del Subcomandante Galeano y otros más de Galeano y Moisés.

El impacto en la red de los discursos de este complejo personaje ha sido abundante. Una búsqueda en Internet nos da medio millón de entradas. También ha hecho mella en el medio académico: se pueden encontrar más de 10 mil citas de sus palabras. Sus textos y los libros basados en Marcos han sido tenidos en cuenta por un amplio número de investigadores de diversos países y en varios idiomas. Marcos ha sido entrevistado por medios mexicanos e internacionales, siendo memorables las entrevistas que le hicieron Elena Poniatowska, Carmen Aristegui, Julio Scherer, Gabriel García Márquez, Ignacio Ramonet, Yvon le Bot y Vicente Leñero.

LA IRRUPCIÓN


El personaje conocido como Subcomandante Marcos llegó a Chiapas con una formación académica y política basada en la concepción de que había que conducir a las masas a la toma del poder con consignas revolucionarias. Tuvo la sensatez de escuchar a los pueblos originarios y de abrirse a su sabiduría. Con ese profundo cambio de mentalidad se puso al servicio de la cosmovisión indígena, de sus luchas, de sus aspiraciones y de las transformaciones que ya venían haciendo desde abajo. Fue entonces cuando cumplió el papel que le encomendaron esos pueblos: ser su traductor ante la sociedad civil mexicana y mundial, hacer comprensibles los sentimientos y los planteamientos de los pueblos originarios, que no sólo reclamaban su lugar en la geografía y en el tiempo, sino que aportaban hallazgos para una emancipación de mayor alcance.

El proceso que fue experimentando el movimiento zapatista fue transformando a su vocero. Al irrumpir públicamente en enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional difundió la Primera Declaración de la Selva Lacandona, en la que declaraba la guerra al Estado mexicano y enarbolaba exigencias de trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

EL DIÁLOGO


Mientras el ejército respondió masacrando a las poblaciones indígenas en rebeldía, gran parte de la sociedad civil mexicana se dejó interpelar por los análisis y reclamos que transmitía el vocero Marcos y salió a las calles demandando una solución de paz basada en el diálogo. El Zapatismo aceptó la propuesta del movimiento pacifista y a mediados de 1994 hizo un nuevo planteamiento en la Segunda Declaración de la Selva Lacandona. En ella seguían reclamando libertad y justicia, pero ya no con las armas, sino desde la construcción de una nueva cultura política.

El Zapatismo aceptó el diálogo para ir encontrando soluciones a las graves injusticias padecidas durante siglos por los de abajo, sin reducir estos derechos pendientes sólo a los pueblos originarios. En un primer momento aceptaron incursionar en la discusión en torno a la democracia y, de entrada, no se opusieron a que hubiera elecciones en sus territorios. No obstante, pronto detectaron que la opción electoral y los nexos con los partidos políticos no eran un camino para lograr cambios de fondo.

LA FASCINACIÓN


Los zapatistas se empeñaron en hacer concretos los derechos de los pueblos originarios plasmándolos en los Acuerdos de San Andrés. Sabiendo que no se podía confiar en el Ejecutivo, presionaron porque el Legislativo los retomara y los hiciera ley. Pero el Estado mexicano en su conjunto traicionó los acuerdos con una legislación que los contradecía. Marcos respondió haciendo saber que el Zapatismo se mantendría en resistencia y en rebeldía.

En esta prolongada etapa hubo largos silencios zapatistas y Marcos prometía: “Ya vendrán las palabras que vendrán”. La sociedad mexicana estaba fascinada con lo más visible del Zapatismo, su vocero. Le fascinaba su lenguaje interpelante, ácido, desenfadado, lejos del acartonamiento de políticos y académicos, lleno de metáforas y de parábolas y con una profundidad deslumbrante.

LOS LOGROS Y LOS ERRORES


Desde inicios de 2003 Marcos volvió a difundir la palabra zapatista y volvió a impactar al país informando sobre la consolidación de los municipios autónomos zapatistas, que habían adoptado un autogobierno en los llamados Caracoles. El vocero hizo ver que ya se estaba haciendo realidad aquello de “mandar obedeciendo”.

Sabiendo que el Zapatismo no tenía ninguna oportunidad por la vía militar y no pensaba en el martirio, sino en la vida, Marcos siguió utilizando magistralmente la palabra para proseguir la lucha. Esa palabra nacía de la escucha a las comunidades zapatistas y de la escucha de los anhelos de los de abajo.

En esa etapa Marcos dio a conocer diversas iniciativas. El Plan La Realidad Tijuana consistía en ligar todas las resistencias de México para la reconstrucción de la nación mexicana “desde abajo”. Marcos afirmó que una de las metas básicas del Zapatismo era la construcción de “un mundo donde quepan muchos mundos”.

Los mensajes de Marcos evaluaban lo logrado de positivo en los Caracoles y también señalaban sus errores. Detectó como el más lamentable el lugar subordinado que se les había dado a las mujeres. Otro error que veía era la relación que se había establecido entre la estructura político-militar zapatista y los gobiernos autónomos. Detectar fallas implicaba tratar de corregirlas. Otra de las frases de Marcos que hacían ver que el proceso zapatista seguía buscando, afianzando la autonomía y corrigiendo problemas, se plasmó en el dicho: “Todavía falta lo que falta” y “Hay que construir otra cosa”.

Por boca del vocero la sociedad civil mexicana se enteró de que las comunidades zapatistas vivían inmersas en consultas internas, que el Zapatismo no dirigía a nadie, sino que buscaba caminos, pasos y compañía. Los pueblos zapatistas examinaban esos caminos y analizaban qué pasaría si echaban a andar por uno u otro rumbo.

LA CONVOCATORIA


A mediados de 2005, y después de una de esas consultas, apareció la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, con la que buscaban “tocar el corazón de la gente humilde y simple, digna y rebelde”. Afirmando dónde se encontraban los zapatistas, cómo percibían el mundo, cómo veían a México, lo que pensaban hacer y cómo lo realizarían, invitaron los zapatistas, por medio de Marcos, a caminar con ellos. “Según nuestro pensamiento y lo que vemos en nuestro corazón, hemos llegado a un punto en que no podemos ir más allá y, además, es posible que perdamos todo lo que tenemos si nos quedamos como estamos y no hacemos nada más para avanzar. O sea que llegó la hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la pena. Porque tal vez unidos con otros sectores sociales que tienen las mismas carencias que nosotros, será posible conseguir lo que necesitamos y merecemos. Un nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados, con los trabajadores de la ciudad y el campo”.

A partir de entonces, el “nosotros” de los zapatistas buscó incluir de forma más organizada todas las rebeldías que pululaban en México. Por medio de Marcos, los zapatistas dieron a conocer que se habían propuesto construir un acuerdo con personas y organizaciones de izquierda a las que no les dirían qué debían hacer ni a darles órdenes. Se proponían poner de acuerdo luchas que estaban apartadas unas de otras. Se proponían concitar a un movimiento civil y pacífico. Y cuando decían “con todos” incluían también a los migrantes que se habían tenido que ir a trabajar a Estados Unidos para poder sobrevivir.

LA OTRA CAMPAÑA


Según lo que fueran escuchando y aprendiendo, los zapatistas querían participar en la construcción de un programa nacional de lucha de izquierda anticapitalista y antineoliberal. Marcos enfatizó que el Zapatismo trataría de contribuir a la construcción de otra forma de hacer política. En aquel momento aspiraba a lograr una nueva Constitución con nuevas leyes que tomaran en cuenta las demandas del pueblo mexicano: techo, tierra, trabajo, alimento, salud, educación, información, cultura, justicia, independencia, democracia, libertad y paz.

Marcos dijo que harían una política de alianzas con organizaciones y movimientos no electorales que se definieran de izquierda, pero con varias condiciones. No hacer acuerdos arriba para imponer abajo, sino hacer acuerdos para ir juntos a escuchar y a “organizar la indignación”. No levantar movimientos que fueran después negociados a espaldas de quienes los hacían. Tomar siempre la opinión de quienes participaban. No buscar regalos, posiciones, ventajas, puestos públicos. Ir más lejos de los calendarios electorales. No tratar de resolver desde arriba los problemas de México, sino construir desde abajo y por abajo una alternativa.

Otras condiciones tenían que ver con el recíproco respeto a la autonomía e independencia de las organizaciones, a sus formas de lucha, de organización y a sus procesos internos de toma de decisiones. De esta forma, Marcos, a nombre de los zapatistas, oficializó la convocatoria para la “Campaña Nacional con Otra Política, por un Programa Nacional de Lucha de Izquierda y por una Nueva Constitución”. Y como le salió un nombre tan largo optó por abreviarlo: se llamaría “La Otra Campaña”.

EL RECORRIDO


Para entonces los zapatistas habían logrado unir lo universal con lo local y habían rearticulado y redefinido la lucha nacional y la social, la lucha de los pueblos indios y la de los trabajadores, la de las comunidades y la de los ciudadanos. El proyecto implicaba que la sociedad definiera la política y se orientara hacia una izquierda social.

Durante varios meses de 2006 Marcos recorrió el país. No se presentaba como líder, sino como compañero, poniendo al servicio de la causa que enarbolaba la simpatía que generaba el movimiento zapatista para que lucharan juntos quienes de otra manera ni siquiera se hablarían.

Una vez que salió de Chiapas, la derecha empezó a demandarle que se quitara el pasamontañas, exigencia que repitieron escasas voces de provocadores en algunos actos públicos que presidió. Marcos les contestaba que si hablara sin el distintivo zapatista muchos no sabrían quién era. Sólo con el pasamontañas lo volteaban a ver.La lucha indígena, dijo, necesitaba ocultarse para hacer visibles sus demandas, e invitó a quienes le exigían quitarse el pasamontañas que reclamaran a los ricos que se quitaran ellos sus máscaras.

En el recorrido por el país se fueron integrando a La Otra Campaña campesinos, sindicalistas, comuneros, pescadores, cooperativistas, maestros, enfermeras, empleados, estudiantes, grupos culturales, luchadores por la defensa de los recursos naturales y en contra de las privatizaciones y por la liberación de presos sociales y políticos.

El recorrido zapatista no pretendía formar un partido político. Marcos era enfático: no buscaban cargos políticos ni le estaban haciendo el juego a ningún candidato. “La otra” era el lugar para gente sin partido. Marcos llamó a “los de abajo” a no pelearse entre ellos, sino a enfocar sus baterías contra los responsables de la miseria.

Se estaba tejiendo así una red en la que la gente aprendía a escucharse, a perder el miedo o a controlarlo, a no estar solos, a levantar la dignidad, el coraje y la rebeldía, a conquistar organizadamente derechos, a luchar por ellos y a impulsar un programa nacional de lucha. La meta era transformar a México en un país nuevo, justo, libre y democrático. “Vamos a barrer con todo y lo vamos a hacer todo nuevo”.

LA TEORÍA


A finales de 2007 se realizó un seminario en la Universidad de la Tierra en San Cristóbal de las Casas con la participación de buena cantidad de intelectuales de la izquierda mundial. Marcos presentó un conjunto de reflexiones bajo el título “Ni el centro ni la periferia”. En la primera, subtitulada “La geografía y el calendario de la teoría”, empezó diciendo que exponía las bases de una teoría “tan otra que es práctica”.

Expuso cómo la piedra conceptual al tocar la superficie de la teoría, produce una serie de ondas que afectan y modifican distintos quehaceres científicos y técnicos. Esas ondas se mantienen hasta que una nueva piedra conceptual cae y una nueva serie de ondas cambia la producción teórica. Depende de la densidad de la producción teórica el alcanzar la orilla de la realidad. Criticó el afán aséptico que se impone hoy a las ciencias sociales, que conduce a la tesis de que si la realidad no se comporta como indica la teoría, “peor para la realidad”.

Dijo que la teoría se utiliza para ocultar la realidad y para garantizar la impunidad y presentó algunas tesis sobre la lucha antisistémica, entre ellas, que no se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. Refutó la tesis de que el capitalismo colapsaría por sí mismo. Insistió en que las grandes transformaciones no empiezan arriba sino con movimientos pequeños, con conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente “abajo y a la izquierda”.

Se refirió también Marcos a las teorías surgidas en las metrópolis que se exportan a la periferia. Y puso como ejemplo un feminismo metropolitano que se quiere imponer a las comunidades, sin consultar y entender lo que ya se estaba haciendo. Se refirió a lo que realizaban las mujeres zapatistas y las de La Otra Campaña, en una de las luchas antisistémicas “más pesadas, complejas y continuas por la igualdad y la diferencia, que hará temblar no sólo al sistema patriarcal en su conjunto, sino a quienes apenas están entendiendo la fuerza y el poder de esa diferencia”.

EL MOVIMIENTO


Más que la cantidad de personas de un movimiento, más que su impacto mediático o la contundencia de sus acciones, lo claro y radical de su programa, dijo Marcos, lo más importante, es la ética. La no-ética de arriba es la ética del miedo. Definió el sistema capitalista como “el imperio del miedo”. El miedo de género, que no sólo implica el miedo de la mujer al hombre y viceversa, sino el miedo de mujer a mujer y de hombre a hombre. El miedo entre generaciones, el miedo al otro, el miedo de raza…

Afirmó que entre los zapatistas no hay jerarquía de ámbitos: la lucha por la tierra no es prioritaria sobre la lucha de género, ni la lucha de género es más importante que la del reconocimiento y respeto a la diferencia. Los zapatistas pedían que se les reconocieran sus derechos, que los dejaran ser lo que son y como son. Querían poder levantarse cada mañana sin que el miedo estuviera en la agenda del día: miedo a ser indígenas, mujeres, trabajadores, trabajadoras, homosexuales, lesbianas, jóvenes, ancianos, niños… y eso no es posible en el sistema capitalista.

Marcos explicó que en el Zapatismo convergen pueblos indios tzeltales, tzotziles, tojolabales, choles, zoques, mames y también los mestizos. Los pueblos indios tenían comunidades que formaban zonas, y en cada zona había un mando colectivo organizado, no militar. Cada zona tenía “su modo” de enfrentar y resolver sus problemas y el EZLN era como un puente de enlace entre las zonas. Al EZLN le tocaba representar a todas las zonas como un todo frente al exterior. Cuando los Comandantes y Comandantas hablaban y cuando Marcos lo hacía, no era a título personal.

Marcos relató que desde el inicio de su alzamiento los zapatistas se admiraron de la simpatía y apoyo que recibían de cuatro sectores de la población: indígenas, mujeres, jóvenes y homosexuales, lesbianas, transgéneros, transexuales y trabajadoras sexuales. Todos estos grupos habían ido entendiendo que tenían en común ser “otros”, excluidos, perseguidos, discriminados y temidos.

LAS RABIAS


Los zapatistas acudieron al encuentro a expresar su rabia y a hacerse responsables de ella. En un ambiente de análisis y de fiesta todos compartieron sus rabias. A los zapatistas no les preocupaba cómo o con qué iban a dirigir esa rabia, tampoco a qué paso, ritmo y velocidad. Lo que sí les preocupaba era que el mundo que pudiera surgir de esa rabia se pareciera al mundo que ahora padecían. Les preocupaba que en un mundo parido con tanta lucha se siguiera viendo a la mujer con todas las variantes de desprecio que había impuesto la sociedad patriarcal, que se siguiera viendo como raros o enfermos a las personas con diversas preferencias sexuales, que se quisiera domesticar a la juventud, que los indígenas siguieran siendo despreciados y humillados.

En ese contexto, Marcos hizo una confesión: el EZLN estuvo en un momento tentado por tener la hegemonía y lograr la homogenización para imponer modos e identidades, presentando al Zapatismo como la única verdad. Pero los pueblos habían impedido caer en eso. Superada esa tentación, los zapatistas proponían la pluralidad de la rabia y las diferencias en el modo de sentirla. Estaban convencidos de que había que “echar trato para luchar juntos por el todo y por lo de cada quien y cada cual”.

LAS GUERRAS


A inicios de la segunda década del siglo 21 Marcos profundizó en la temática de la guerra. Había una “guerra de arriba”, en la que los vencedores no se contentan con el triunfo militar, sino que pretenden derrotar al vencido moralmente con una propaganda que les dé legitimidad y eso lo logran a través de los medios masivos.

Profundizó también en la “geografía de la guerra”. En el escenario de una guerra nuclear, dijo, no habría vencedores ni vencidos tras una destrucción total e irreversible, y por eso se había pasado de las grandes guerras a las medianas y a las pequeñas, combinando la diplomacia internacional con guerras regionales y nacionales. Y por eso se dan innumerables conflictos de todos los niveles, con millones de muertos y desplazados de guerra, con naciones destruidas y con millones de ganancias para las transnacionales. El objetivo es aniquilar todo lo que le da cohesión a una sociedad y reconstruir lo destruido reordenando el tejido social con otra lógica y otros actores. Las guerras de hoy imponen nuevas geografías.

Se refirió también Marcos a la guerra del México de arriba. Con datos abundantes y precisos, sacados de diversas fuentes oficiales combinadas, demostró que la guerra en México era un gran negocio para algunos. El gobierno mexicano había acompañado su guerra militar con otra guerra en contra del trabajo digno y el salario justo y el saldo de esa guerra eran ganancias económicas, miles de muertos y una nación destruida y rota.

Marcos criticó que numerosos contingentes autoproclamados de izquierda no hubieran movido sus fuerzas para detener esa guerra y para que el país sobreviviera, y estuvieran haciendo cálculos mezquinos con la intención de movilizarse sólo en torno al voto en la contienda electoral de 2012. En aquel año los zapatistas apoyaron el movimiento por la paz encabezado por el poeta Javier Sicilia.

LA AUTONOMÍA


Marcos informó que en los últimos años el nivel de vida de los indígenas zapatistas había mejorado y era superior al de las comunidades indígenas afines a los gobiernos de turno, que recibían limosnas y las derrochaban en alcohol y artículos inútiles. Para Marcos, más allá de no pocos errores y muchas dificultades, el Zapatismo era ya otra forma de hacer política. Y en su acostumbrada forma de hilar fino, advirtió que no bastaba con criticar el machismo, el patriarcado y la misoginia, pues una cosa era ser mujer de arriba y otra muy diferente ser mujer de abajo. También había una izquierda de arriba y otra de abajo.

Al recapitular los siete años que habían pasado desde la Sexta Declaración, afirmó que los zapatistas ya sabían con quiénes no había que caminar. Y lanzó la convocatoria zapatista a la que llamó “la Sexta”. Se convocaba, pero no para reclutar, suplantar, subordinar o usar. Una de las formas zapatistas había sido el caminar preguntando. Mirar, dijo, es una forma de preguntar e importaba qué se miraba y desde dónde. Los zapatistas se deslindaban de los que querían dirigir masas que los siguieran, porque los zapatistas acompañaban, escuchaban, no decían qué hacer o no hacer y buscaban lo que podían ser. Criticó toda hegemonía y vanguardismo y alentó a cuidar la autonomía y a crecerla bien y “quedito”.

Fue en ese momento cuando cambió la vocería zapatista. Ya no sería función exclusiva de Marcos, quien anunció que también la tendría el Subcomandante Moisés.

EL RELEVO


A finales de marzo de 2013 los Subcomandantes Marcos y Moisés iniciaron las invitaciones para el curso de primer nivel sobre “la libertad según los zapatistas”. Para ingresar a esa “escuelita” lo único que se necesitaba era disposición para mirar y aprender. El lugar de enseñanza-aprendizaje sería la comunidad.

Siempre se empeñó el gobierno mexicano en tratar de derrrotar al Zapatismo con diversas estrategias, una de ellas atacar las comunidades con paramilitares. En uno de esos ataques mataron a un maestro zapatista que había adoptado el nombre de Galeano, por el escritor uruguayo. Al informar del crimen, Marcos dijo que no querían venganza, sino justicia. A finales de mayo de 2014 Marcos habló como Marcos por última vez.

Fue una decisión colectiva. Después de 20 años habría un relevo en el Zapatismo. El primero, el generacional. Los que eran pequeños o no habían nacido en 1994 ya estaban dirigiendo la resistencia. Se dio también un relevo de una dirección mestiza a una netamente indígena. A lo largo de dos décadas había habido un relevo del pensamiento, pasando del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo, de tomar el poder de arriba a crear el poder de abajo, de olvidarse de la política profesional para realizar la política cotidiana. El zapatismo había experimentado también otro relevo: de la marginación de género a la participación directa de las mujeres. Otro era haber pasado de la burla a lo otro a la celebración de la diferencia. Existía un gobierno del pueblo sin los especialistas en ser gobierno. Un relevo más tenía que ver con el hecho de que un indígena pasara a ser el vocero y el jefe.

GALEANO


Cuando Marcos comenzó a llamarse Galeano confesó que tuvo que aprender a ver un mundo que ya andaba con su paso. En 1994, dijo, no miraban a los indígenas que se habían levantado y sólo miraban al mestizo que usaba pasamontañas.

Explicó cómo surgió la idea de que él fuera el vocero. Los indígenas dijeron que habría que poner a alguien para que al verlo pudieran verlos a ellos. Los indígenas construyeron al personaje llamado Marcos como un distractor para que los zapatistas pudieran ser vistos como lo que son.

La Sexta Declaración, dijo, había sido la más audaz de las iniciativas zapatistas. Y en el curso de la “escuelita” sobre la libertad según los zapatistas, al ver que había una generación que podía mirar de frente a los zapatistas, que podía escucharlos y hablarles sin esperar guía o liderazgo, sin esperar sumisión ni seguimiento, captaron que el personaje Marcos ya no era necesario. Los zapatistas habían demostrado así que para luchar no eran necesarios líderes ni caudillos.

Recordó al maestro Galeano como un ser extraordinario como muchos en las comunidades zapatistas. Al asesinarlo, los de arriba habían querido matar el Zapatismo. Y para que Galeano viviera era necesario que el personaje Marcos muriera. La etapa de Marcos había concluido y se abría una nueva etapa con el vocero Galeano.

Galeano ha ido hablando conjuntamente con Moisés en la vocería zapatista. Sus aportes más relevantes se encuentran en el libro “El Pensamiento crítico frente a la Hidra capitalista”.

En los últimos comunicados de 2016 Galeano se ha referido a las artes y no a la política, porque son las artes las que rescatan la esencia de lo humano mostrando la posibilidad de otro mundo. También apela a las ciencias porque tienen la posibilidad de reconstruir la catástrofe que opera ya mundialmente, no retomando lo caído para armarlo de nuevo, sino para hacerlo de nuevo.

LAS MUJERES


Al revisar Moisés y Galeano las comunidades zapatistas encuentran que quienes más han avanzado en los colectivos de producción y comercio son las mujeres, mejores administradoras que los hombres. Reflexionan que el avance no es parejo y saben que tienen un reto. Dice Galeano que la clave para entender el mensaje subterráneo de los zapatistas es “imaginar lo que, por necesario y urgente, parece imposible: una mujer que crezca sin miedo”, pues a las mujeres se les han ido agregando cadenas: “indígena, migrante, trabajadora, desplazada, ilegal, desaparecida, violentada sutil o explícitamente, violada, asesinada, condenada siempre a agregar pesos y condenas a su condición de mujer”.

Los zapatistas quieren que “la mujer pueda nacer y crecer sin el miedo a la violencia, al acoso, a la persecución, al desprecio, a la explotación” y el Zapatismo quiere “hacer un mundo donde la mujer nazca y crezca sin miedo”, sin “miedo porque pequeña, miedo porque grande, miedo porque delgada, miedo porque gorda, miedo porque bonita, miedo porque fea, miedo porque embarazada, miedo porque no embarazada, miedo porque niña, miedo porque joven, miedo porque madura, miedo porque anciana”….

Para que la mujer crezca sin miedos los zapatistas están empeñando su vida. El mundo otro, nuevo, tiene que abandonar el patriarcado y los machismos para abrirse al dinamismo de mujeres plenamente respetadas. Éste, uno de los últimos mensajes zapatistas, es profundamente emancipatorio.

INVESTIGADOR DE CIESAS OCCIDENTE. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO.



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