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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 382 | Enero 2014
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América Latina

¿Cómo navega Cuba en Internet?

En las reformas a la Constitución Política de Nicaragua diseñadas por Daniel Ortega, uno de los artículos reformados que provocó más polémica, recelos y temores fue el 92, referido a “el control” de las telecomunicaciones. Aunque el gran capital negoció una redacción más suave, menos explícita, tanto la nueva Constitución como el Código Militar -también reformado por Ortega- colocan “la protección” de las telecomunicaciones en manos del Ejército por razones de “seguridad y defensa nacional”. En el debate sobre este artículo, empresarios, analistas, jóvenes en las redes sociales, hicieron continuas referencias a la precaria situación de las telecomunicaciones en Cuba, al control político e ideológico que el gobierno cubano ejerce en este campo. ¿Se navega en Internet en Cuba? ¿Y cómo se navega? ¿Y quiénes navegan? Aunque los contextos entre Nicaragua y Cuba son muy diferentes, ¿sería posible una involución en Nicaragua parecida en alguna medida a la de Cuba? Para enriquecer la reflexión, compartimos este texto, escrito desde la isla, que da cuenta del estricto bloqueo digital que padece la sociedad cubana.

Isbel Díaz Torres

El muy limitado acceso a las tecnologías de la información en el que vive la ciudadanía cubana actual es resultado de las complejas interacciones en una sociedad que atraviesa por un peculiar punto de inflexión. El histórico diseño vertical, estatizado y autoritario, busca ahora insertarse en un sistema global desregulado y en manos del mercado. Y el gobierno de Cuba no parece saber cómo hacerlo sin soltar las riendas.

A LA ESPERA DEL CABLE DEL ALBA

Internet es uno de los puntos imprescindibles en la inserción de Cuba en el mundo global. Por eso le ha costado tanto trabajo al gobierno de la isla habilitar un acceso masivo real a la Red de redes. Si durante años la dirigencia achacó las limitaciones tecnológicas al bloqueo estadounidense -que obligó a utilizar exclusivamente un enlace satelital más lento y caro que una conexión física-, lo cierto es que después de instalado en febrero de 2011 un cable de doble fibra óptica (ALBA-1) proveniente de Venezuela, los argumentos ya no pudieron ser otros que problemas internos.

Según el diario Granma, del Partido Comunista, “el bloqueo impide a Cuba conectarse con cerca de una docena de los enlaces internacionales que nos rodean. Por ejemplo, uno de estos cables (Cancún-Miami), pasa a solo 32 kilómetros del Malecón habanero”. Sin embargo, antes de la instalación de ALBA-1, la compañía TeleCuba, de dueños cubano-estadounidenses, había propuesto tender un cable desde Key West hasta la isla, que sería de sólo 175 kilómetros, más corto que ALBA-1 y, por tanto, más barato que el venezolano. Pero el gobierno cubano no respondió a la oferta.

Cuba disponía de Internet desde 1996 mediante un enlace por satélite, con un ancho de banda que le permitía apenas 393 megabytes por segundo de bajada y 209 de subida. El actual cable ALBA-1 recorre 1,602 kilómetros desde Camurí en Venezuela hasta Siboney en Cuba, a un costo de más de 70 millones de dólares. En enero de 2012 la prensa oficial anunció la puesta en marcha de este proyecto, que prometía multiplicar en 3 mil veces la velocidad de transmisión de datos, imágenes y voz de que disponía la isla. Se previó entonces su activación para el mes de julio de ese año.

Con posterioridad, Boris Moreno Cordovés, Viceministro de Informática y Comunicaciones, declaró que los servicios comenzarían en septiembre u octubre. La fecha para su instalación y activación fue postergada una y otra vez, sin rendir cuentas al expectante público nacional. Nada nuevo en la realidad cubana, donde comúnmente la prensa se limita a reproducir los informes estatales y no interpela a las autoridades ni indaga razones.

EN EL MAYOR DE LOS SECRETOS

Cuba tiene una de las tasas de conectividad más bajas del hemisferio. Según cifras oficiales, 1 millón 600 mil usuarios accedieron a Internet en 2009. Pero esa estadística incluye a una gran mayoría sin acceso pleno a Internet, a gente que utiliza un servicio limitado al correo electrónico (a veces sin salida internacional), o simplemente a una Intranet nacional lenta, desactualizada, y con muy limitados recursos. Estas conexiones, en su gran mayoría, se realizaban ese año a través de módem y teléfono. La banda ancha era aún más restringida.

Después de la llegada del cable venezolano pasamos por un excesivamente extenso “período de prueba”, caracterizado por el mutismo del Ministerio de Comunicaciones y por el empeoramiento de la conectividad, situación aún no superada. En esa etapa todo lo relacionado con Internet se mantenía en el mayor de los secretos, aunque rumores aseguraban nuevas inversiones pero sin dar detalles.

Especialistas entrevistados por el corresponsal de la BBC en La Habana refirieron dificultades tecnológicas, relacionadas con las redes y sistemas internos de la isla, que habrían comenzado a fallar. Esta información hace pensar que los equipos cubanos están tan obsoletos que ni siquiera hay repuestos para ellos, por lo que han reducido su capacidad.

Antes de poner en marcha el cable venezolano de fibra óptica, algunos especialistas coincidieron en que debido a las graves roturas, la única solución sería una total modernización de la infraestructura interna, lo cual implicaría una enorme inversión de dinero y de tiempo, sumada a nuevas molestias para los usuarios.

Desde hacía años se sabía del estado de depauperación del sistema. A finales del año 2008, en un taller científico desarrollado en el Centro Juan Marinello, un directivo del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, al referirse al tema de Internet reveló: “No tenemos infraestructura para eso”. En el mismo espacio, Carlos Oporto, de la Oficina para la Informatización, declaró que ya la fibra óptica estaba en Cuba y era de esperar que durante estos años las instancias responsables hubieran preparado adecuadamente la infraestructura necesaria.Con posterioridad se conoció que el cable ALBA-1 estuvo en funcionamiento desde finales del 2011, aunque limitado a comunicar a Cuba y Venezuela.

EL CABLE DEL ALBA
NO TRAE LO ESPERADO

Sólo a partir de enero de 2012, después que la Compañía Renesys -especializada en tráfico de redes- detectara un cambio en los patrones del tráfico de Internet en la isla, se supo por medios de prensa extranjeros que Cuba le había permitido a la empresa española Telefónica comenzar a dirigir tráfico de Internet a ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A.)

Dos días después de conocida esta información, el gobierno declaró la puesta en funcionamiento del cable ALBA-1, pero sin especificar qué sectores de la sociedad serían beneficiados con él y negando que “automáticamente se multipliquen las posibilidades de acceso” a la red.

Según José Ignacio Quintero, gerente de soluciones de la empresa mixta cubano-venezolana Telecomunicaciones Gran Caribe, el cable ALBA-1 tiene una capacidad de unas 80 millones de llamadas telefónicas simultáneas y parte de ese ancho de banda estará al servicio de Internet. Cuenta con 640 gigabytes de capacidad para el enlace con el exterior.

El diario Granma, así como el resto de la prensa oficial, omitió durante todo el año 2012 cualquier información relacionada con Internet. Según el blog de Yohandry Fontana, de la Seguridad del Estado, el Viceministro Moreno enfatizó que la posición responsable de Cuba es que en este contexto de limitaciones financieras, de bloqueo, de agresión,“seguiremos mejorando el acceso allí donde es necesario para el desarrollo del país”.

Carlos Oporto ya había aclarado que la estrategia cubana estaba relacionada con un “uso social, ordenado e intensivo de los medios y la conectividad”. Y Granma, órgano oficial del Partido Comunista, también lo había dejado claro: “El cable submarino proporcionará una mayor calidad en las infocomunicaciones, pero no necesariamente significará una extensión de las mismas. La socialización del servicio dependerá más de buscar en las reservas de eficiencia que de la ampliación de la red”.

El Viceministro de Informática y Comunicaciones comentó: “Existe la voluntad política de ampliar los servicios de Internet en la medida en que los recursos económicos permitan el desarrollo de la infraestructura necesaria para ello, pues la entrada masiva a la Red de redes requiere de significativas inversiones a realizar progresivamente, que dependen de la cantidad de usuarios a servir. El acceso de personas naturales desde los hogares se ofrecerá en la medida en que las capacidades lo permitan”.

En contradicción con Waldo Reboredo, vicepresidente de Telecomunicaciones Gran Caribe, quien declaró que el cable “abaratará en un 25 % los costos de las operaciones actuales”. El Viceministro Moreno aclaró ante el Parlamento en 2012 que “la inversión no significará una reducción en los costos que paga Cuba para acceder a Internet”.

El cable funcionaba, pero los usuarios seguían en la misma precariedad tecnológica. El bloguero Roberto González, de La Joven Cuba, dijo a BBC Mundo que “antes Cuba estaba conectada satelitalmente y yo sabía por qué era muy lenta, pero a seis meses de habernos conectado a un cable submarino sigue igual la conexión”.

Sin disponer de una versión oficial, se conocía que varios altos cargos de ETECSA, la telefónica estatal cubana que monopoliza las comunicaciones, y otros del Ministerio de Comunicaciones estaban siendo investigados por corrupción, pero sólo eso. En mayo de 2013, ETECSA comenzó a recibir el servicio internacional a través de Cable & Wireless Jamaica. De acuerdo con la empresa estadounidense Renesys, de moni¬toreo de redes, había sido activada la rama del cable submarino que conecta ambas islas dándole mayor ancho de banda.

SE AMPLÍAN LIGERAMENTE LAS OPCIONES

A partir de junio de 2013 nuevas ofertas de conexión aparecieron en la escena nacional. ETECSA abrió un total de 118 nuevos puntos públicos de acceso a Internet, con una velocidad de conectividad mínima de 512 Kbps y de hasta 2 Mbps, lo que representó un cambio significativo, dado que en la isla funcionaba hasta ese momento la conexión por módem, de solo 56 Kps como máximo.

El precio de la conexión es 4.50 CUC, poco más de 5 dólares por hora, en un país donde el salario promedio no llega a los 20 CUC mensuales. “Estamos conscientes de que la tarifa inicial de este servicio es alta”, declaró otro Viceministro de Comunicaciones, Wilfredo González Vidal, quien afirmó que espera que disminuya “en la medida que ETECSA pueda ir recuperando las inversiones realizadas”. Anunció también que aumentarían “paulatinamente” los puntos de acceso. En una nota publicada en Granma el Viceministro dijo: “No hay otras limitaciones que no sean las tecnológicas y financieras”. Y añadió que “el cable de fibra óptica submarino ya se encuentra dando servicios, tanto de tráfico de voz como de datos” y “está previsto que los cubanos puedan tener conexión en sus casas”.

SERVICIOS MUY CAROS,
INFRAESTRUCTURA MUY PRECARIA

Sin embargo, el Director de Programas Estratégicos de ETECSA, Jorge Luis Legrá, informó en la televisión nacional que para los nuevos puntos colectivos de acceso a Internet “el tráfico de voz no está permitido”, decisión tomada “en cumplimiento de la resolución 120 del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones del 2003”. Legrá alertó que “la navegación será libre en cuanto a descargas y subida de archivos, servicios de chat y otros protocolos de redes como el FTP, siempre que no violen las condiciones de uso”. El acceso a los servicios de forma inalámbrica, entre ellos el WiFi y la conexión vía móvil, no fueron incorporados y se rumoró que desde enero de 2014 comenzarían a funcionar.

118 puntos con un total de 334 computadoras en toda la isla demuestran un serio estado de precariedad. A estas salas de navegación hay que sumarles otros 200 puntos previamente existentes en hoteles y centros turísticos del país. Con posterioridad, la empresa Telefónica abrió nuevos puntos en varias provincias, hasta un total de 133, de acuerdo con una información brindada directamente por un directivo de ETECSA.

La conexión en estas salas no permite todavía un desempeño verdaderamente eficiente debido a la lentitud de las computadoras. Y la conexión es más lenta que la más cara conexión por WiFi en los hoteles. El correo Gmail, por ejemplo, debe chequearse en la versión HTML, pues en la otra demora mucho tiempo en descargarse.

Algunos importantes hoteles de la capital sí poseen conexión por WiFi, pero a tarifas altísimas. La más barata es 8 CUC por una hora de conexión rápida. La experiencia es mucho mejor en estos puntos, donde incluso es posible ver, aunque entrecortado, algún video corto, experiencia casi imposible en la realidad del Internet cubano.

TAMBIÉN EL BLOQUEO
Y LAS LIMITACIONES EXTERNAS

El carácter extraterritorial de las leyes estadounidenses -el histórico bloqueo y la posterior ley Helms-Burton- ha impactado negativamente en los niveles de acceso a Internet en la isla.
El gobierno de Estados Unidos impide la conexión de Cuba al cable de fibra óptica ARCOS-1 (Americas Region Caribbean Optical-ring System), que pasa a 32 kilómetros del Malecón habanero, cuyo principal accionista es la empresa norteamericana New World Network Ltd.

A Cuba se le prohíbe también la adquisición de tecnologías de empresas estadounidenses, de sus delegaciones, subsidiarias o franquicias, por lo que tiene que adquirirlo todo a través de terceros países, lo que encarece las transacciones.

De acuerdo con un artículo de Gustavo de la Torre Morales en el portal Rebelión, a Cuba se le ha bloqueado el servicio a través del Global Distribution System (GDS), sistema de servicio de información vinculado al turismo, como es el caso de AMADEUS. Asegura además, que se le bloquea el acceso a más del 60% de los softwares producidos en el mundo, por ser de tecnología estadounidense.

Aunque en la práctica, en Cuba se usan muchos de esos softwares que menciona De la Torre, como los de Adobe o Symantec, lo cierto es que no es posible disponer de sus actualizaciones directamente de la web. Otros, como los servicios de Skype, son desconocidos para la mayoría de los cubanos, aunque usuarios especializados han logrado acceder enmascarando sus IP con algún VPN (red privada virtual) como CyberGhost.

Servicios de Google, como Google Earth, Google Analytics y otros, tampoco están disponibles para conexiones desde IP nacionales, por lo que la isla se ve imposibilitada de explotarlas al máximo y, por ejemplo, no participa en el comercio electrónico.

El gobierno de Estados Unidos ha sacado provecho de la situación cubana y ha destinado millones de dólares para introducir de contrabando equipos de comunicación satelital para individuos o grupos afines a sus políticas de desestabilización. El estadounidense Alan Gross fue condenado a 15 años de prisión por ese delito y permanece detenido en la isla.

A PESAR DETODO,
SIGUE LA INSUFICIENCIA Y LA LENTITUD

En vísperas de que el cable venezolano de fibra óptica llegara a la isla en 2011, otro Viceministro de Comunicaciones, Jorge Luis Perdomo, declaró a la prensa: “No hay ningún obstáculo político que pueda detener ese proceso”. Y añadió: “Existe total voluntad del gobierno de seguir desarrollando el sector de las telecomunicaciones en función del desarrollo económico y social del país, incluyendo las instituciones, la población y todos los actores de la sociedad”.

No obstante la intención del gobierno cubano de socializar el acceso a Internet, la opinión pública nacional contradice ese empeño. Para los habitantes de la isla los servicios que se brindan en centros estatales educativos, recreativos, asociaciones profesionales, de salud, investigativos y culturales, son insuficientes y lentos.

Aunque según estadísticas oficiales, en la actualidad contamos con 1 mil 351 dominios registrados con .cu, aunque existan 600 Joven Club de Computación con más de 724 mil computadoras y se contabilicen 1 millón 700 mil usuarios de Internet, de los que 454 mil poseen navegación plena, en la mayoría de los casos el acceso está condicionado por fuertes regulaciones que prohíben un uso personalizado y creativo de los medios disponibles. Todo esto dando por descontado que las estadísticas oficiales cubanas carecen de transparencia y que cualquier investigador debe usarlas con cautela.

CONTROL IDEOLÓGICO Y CENSURA

A criterio de la bloguera y activista Yasmín S. Portales, el acceso a la conectividad en las instituciones del Estado pasa por “la filiación profesional/docente/política” del usuario, así como por “el criterio de las directivas de esos centros sobre el objeto social de sus terminales”. Con estas condicionantes, “quienes accedan estarán enajenados de su libertad de navegación a priori, limitados por el criterio de corrección política/moral de sus administradores de red y sin siquiera el derecho nominal de elegir al mejor en el mítico libre mercado”, remarca Portales. “De este modo la apuesta por la participación libre y horizontal de la ciudadanía al debate social a través de los recursos digitales se va por el caño”, señala la también activista de la Red Observatorio Crítico, y colaboradora del portal Havana Times.

Por lo general, las regulaciones de seguridad informática son aplicadas de manera discrecional, variando de ministerio a ministerio. Los patrones de censura tampoco son uniformes y violan los derechos y privacidad de los usuarios de estos servicios.

Una fuente que no deseó ser identificada, aseguró a Havana Times que el Joven Club de Computación una suerte de cibercafé estatal, ubicado en una provincia oriental al que asiste, ofrece un tiempo de conexión muy limitado y sin posibilidades de entrar en Facebook. Sin embargo, si el usuario declara que tiene el propósito de, en algún sitio web, incluido Facebook, de “hablar bien de la Revolución y de los cinco héroes” (cinco agentes cubanos presos en Estados Unidos, acusados de terroristas), se le otorga tiempo ilimitado.

Al inicio, las instituciones culturales parecían ser las que brindaban un servicio, tanto gratuito como con tarifas módicas, a una mayor cantidad de personas. La red Cubarte da cabida a una gran cantidad de instituciones y creadores nacionales con diversas modalidades de pago. Varias de estas instituciones cuentan entre sus funciones la de ofertar el servicio de navegación a sus usuarios, siempre con las limitaciones habituales.

Otro servidor nacional de amplio alcance es Infomed, utilizado de modo gratuito, por los profesionales de la salud. Pero no pueden acceder a buena parte de la información publicada en Internet, por lo que en la práctica resulta poco útil. De entre los escasos recursos de esta plataforma digital, el servicio de correo electrónico es el más demandado por los usuarios, a pesar de la extrema lentitud: puede tardar 15 minutos enviar un mensaje. Al ser ésta muchas veces la única posibilidad de comunicación entre las personas, el Estado la ha convertido en un instrumento de presión ideológica.

Personas relacionadas con el activismo político han perdido sus cuentas de Infomed, muchas veces con argumentos administrativos poco creíbles: “Su cuenta ha sido eliminada porque usted publicó su correo en un sitio web de permutas”. Así sucedió con un activista de la Red Observatorio Crítico. Otras personas se han visto forzadas a darse de baja de listas de distribución con contenidos políticos, a causa de presiones de los administradores de red de sus centros de trabajo.

ESTRICTAS “CONDICIONES DE USO”
PARA LOS INTERNAUTAS

Otros ejemplos de estas limitaciones ideológicas las podemos hallar en las condiciones de uso que varios sitios web cubanos diseñan para sus usuarios.

La muy reciente plataforma pública de blogs cubanos Reflejos http://cubava.cu/ prohíbe “transferir, publicar, transmitir o publicar contenido que sea ilegal, contrarrevolucionario, dañino, amenazante, abusivo, hostigante, escabroso, difamatorio, vulgar, obsceno, calumnioso, fóbico, cuestionable racial y éticamente o de cualquier otra forma que invada la privacidad de otros”. La experiencia cubana ha demostrado que tras calificativos como “contrarrevolucionario”, “vulgar”, “obsceno”, “difamatorio”, o “calumnioso”, se esconden usualmente mecanismos para coartar las libertades y derechos políticos y civiles de los individuos.

Sitios web críticos del sistema político cubano, como Cubaencuentro y Cubanet, permanecen bloqueados en todos los servidores de la isla, aunque esa realidad se ha venido modificando en los últimos años. Otros sitios francamente opositores, como Diario de Cuba o Café Fuerte, sí pueden ser abiertos en las computadoras, a riesgo de recibir represalias.

Las estrategias para aplicar la censura en los sitios cubanos oficialistas son diversas y son aplicadas con total discrecionalidad por las administraciones de estos espacios. Algunos sitios de periódicos gubernamentales se han ido abriendo paulatinamente a la participación pública, con grados diversos de libertad de expresión. No obstante, la web del periódico Trabajadores, órgano de la Central de Trabajadores de Cuba, prohíbe el área de comentarios a aquellas personas que acceden desde la Intranet cubana y lo abre solo para quienes tengan conexión a Internet.

Los nuevos puntos de conexión, llamados Nauta, reproducen los mismos mecanismos de limitación de las libertades. En las “condiciones de uso” de los nuevos servicios se explicita que las autoridades cerrarán la cuenta de cualquier persona que utilice las redes para realizar acciones “perjudiciales para la seguridad pública, la integridad, la economía, la independencia y la soberanía nacional” y “denegará al usuario el uso del servicio de forma inmediata cuando se detecte que durante el transcurso de la sesión ha incurrido en alguna violación de las normas de comportamiento ético que promueve el Estado cubano”.

En las salas Nauta se registra el nombre y carné de identidad de cada individuo que compra una tarjeta para conectarse. La navegación carece totalmente de privacidad, pues una persona inspecciona constantemente las pantallas de los internautas.

Así, no sólo las limitaciones técnicas y financieras que esgrimen las autoridades cubanas para el pleno uso de las potencialidades de Internet determinan actualmente la subexplotación de los recursos tecnológicos disponibles. También los filtros políticos e ideológicos son parte fundamental del diseño cubano.

INTERNET EN EL MERCADO ILEGAL

La principal vía que han tenido los individuos para enfrentar la carencia de Internet ha sido justamente agenciarse, por cualquier medio -legal o ilegal- el acceso.

Las cuentas de correo electrónico o de conexión a Internet que proveen los servidores nacionales -todos estatales- son comercializadas en el mercado negro por los mismos administradores de las redes, o por los propietarios legales de las cuentas, a altos precios, aunque siempre quedan muy por debajo de las recientes ofertas de ETECSA.

Una cuenta en los servidores ENET, por ejemplo, con total acceso a Internet, podía alquilarse a 2 ó 2.5 CUC la hora. Una cuenta de Infomed se vendía por 15-25 CUC al mes. Una cuenta muy limitada, básicamente de correo electrónico, con servidor en la Universidad de La Habana, podía costar de 10 a 30 CUC al mes. En cualquier institución con un servidor de correo era posible comprar una cuenta “por la izquierda”. En el sitio Revolico.com -también bloqueado desde la isla- podían encontrarse variedad de ofertas.

A la par de la puesta en funcionamiento del cable de fibra óptica, el gobierno cubano ha trabajado silenciosamente para desmantelar toda esta red de servicios ilegales y hoy es casi imposible alquilar alguna de esas cuentas. En casi todos los servidores se exige el anclaje de la conexión a un número de teléfono fijo. De este modo, el propietario legal de una cuenta ya no puede alquilarla a un tercero. El gobierno se ha garantizado así poseer el total monopolio de la conectividad en la isla.

DOS DOCUMENTALES Y UNA PROPUESTA

Algunos productos audiovisuales han comenzado a indagar sobre las necesidades y bondades de la Red de redes para el público nacional. Tal es el caso del documental Ojos que te miran: Entre redes, realizado en 2012 por Rigoberto Sanarega.

En el documental, una joven profesora de computación declara que necesita de Internet para terminar su carrera, pero no tiene acceso. Otro joven alega que tiene que pagar 6 CUC la hora -la mitad de muchos salarios en Cuba- para acceder a la web y realizar su tesis. Un trabajador de un Joven Club de Computación cuenta que en los meses en que ha trabajado allí no ha podido entrar a Wikipedia.

El audiovisual también refiere que la enciclopedia nacional online EcuRed es un sitio que la mayoría de los cubanos no conoce ni sabe que existe. La mayoría de usuarios de EcuRed no accede desde Cuba, que ocupa el noveno, décimo o incluso onceno lugar, ubicada detrás de España, México, Panamá, Colombia, Estados Unidos y otros países.

Offline, un documental de Yaima Pardo (se puede encontrar en Havana Times), indaga con un poco más de profundidad en las condiciones de desconexión de la sociedad cubana y en su limitado acceso a esas tecnologías de la comunicación y la información. También en las implicaciones negativas que eso tiene para el desarrollo tecnológico, socioeconómico y cultural de la nación y de su población.

Investigadores, artistas, y activistas desnudan en el documental algunas de las razones que están detrás de la censura institucional y el oscuro diseño que el Estado cubano ha establecido para que los individuos se relacionen con estas herramientas.

Activistas políticos de todos los signos han demandado con insistencia al gobierno una apertura del acceso público y privado a Internet. Muchos, aún con las restricciones expuestas, se han lanzado a publicar, bloguear y/o twittear a ciegas, para poner en circulación sus ideas, compartir testimonios sobre la sociedad cubana contemporánea y plantear sus demandas.

Desde la diáspora, el artista cubano Aldo Menéndez ha promovido la petición Raúl Castro: ¡libre acceso a Internet para todos los cubanos!, desde la plataforma Change.org y ha recopilado una significativa cantidad de firmas digitales. La mayoría pertenece a personas de fuera de la isla con acceso a la web. En diciembre de 2013 el artista visitó Cuba para promover esta campaña entre los ciudadanos y recabar más firmas. La policía política lo detuvo y lo despojó de unas 500 copias de su propuesta civil.

IMPOSIBLE PREDECIR CAMBIOS

Las expectativas de la población siguen sin ser colmadas. Los pocos privilegiados, con sus lentas conexiones a Internet en sus centros de trabajo o estudio, esperan ansiosos un cambio. Los todavía más privilegiados, quienes pueden comprar una tarjeta Nauta o conectarse en un hotel, no sienten segura su privacida.
¿Se podrán contratar servicios de Internet en los domicilios? ¿Se abaratará el precio de la conexión en los sitios turísticos? ¿Mejorará la velocidad para todos? Imposible predecirlo.

Cuba ha quedado bien atrás en esta arena. Ni siquiera es posible desarrollar desde Cuba una crítica seria a esta tecnología, que ya se produce en buena parte de los centros de pensamiento del planeta, viendo el impacto de Internet en el desarrollo de los movimientos sociales en el mundo. El consumo cubano de Internet permanece como un deseo insatisfecho, con ansias de expandirse, aun cuando la vida en esta isla sea más analógica que digital.

COLABORADOR DEL PORTAL“HAVANA TIMES” www.havanatimes.org

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