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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 333 | Diciembre 2009
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El Salvador

Nace GANA y ARENA pierde

Para ARENA perder el Ejecutivo ha tenido un profundo significado simbólico y material. Significa el fin de una época: no sólo la de sus 20 años de gobiernos consecutivos. Han terminado 150 años de total control político de la derecha sobre este país. En lo material, ARENA ha perdido acceso a recursos públicos para beneficio partidario y espacios para seguir sustrayendo millones del erario público. La fórmula de ARENA está desgastada. Y ha nacido otra fórmula de la derecha, otro partido: GANA. ¿Es ya la crisis de la hegemonía del bloque dominante?

Elaine Freedman

Los problemas internos en la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) estaban ya al descubierto en enero de 2008, en el ampliamente publicitado proceso de selección del candidato a la Presidencia de la República, quien competiría con el candidato del FMLN, Mauricio Funes. Esas contradicciones rebalsaron al vaso al perder ARENA la Presidencia en marzo de este año.

A lo largo del 2009 se apreciaron distintos movimientos políticos, que intentaban controlar el inocultable agotamiento de la unidad de ARENA. Nada sirvió para lograrlo y hoy, del seno mismo de ARENA, ha nacido un nuevo instrumento
de la derecha salvadoreña.

Lo ocurrido pareciera una dramatización de la recomposición del bloque dominante modelado en el 18 Brumario. Sólo falta un Napoleón Bonaparte, aunque hay varios candidatos para representar ese papel. En su famosa obra, Carlos Marx ejemplificó lo que se conoce como una crisis hegemónica de la clase dirigente, que se expresa cuando los grupos sociales de esa clase se separan de sus partidos tradicionales y cuando sus líderes y sus estructuras pierden reconocimiento como expresión propia de su clase a causa de un fracaso político. ¿Será que el fracaso político de ARENA en las elecciones de marzo vino a acelerar una ruptura entre la clase dominante y su representación política por excelencia?

MUERE EL PCN Y NACE ARENA

Con el golpe de Estado del 15 de octubre de 1979 en El Salvador, se cerró el período de hegemonía del Partido de Conciliación Nacional (PCN), que se había mantenido como fuerza aglutinadora de la derecha durante casi dos décadas. Dos fraudes electorales monumentales, la política de creciente represión -masiva y selectiva- a lo largo de la década de los 70, los esfuerzos organizativos en el movimiento de masas, y la proliferación y consolidación de cuatro fuerzas político-militares -faltaba aún que el Partido Comunista completara su giro en esa dirección- fueron factores que se juntaron para desgastar al PCN. El golpe de Estado vino a “cerrar el ciclo” de este partido. En poco tiempo, la contradicción entre el proyecto reformista contrainsurgente, que nació con el golpe de Estado y la escalada de la represión decidida por los militares más intransigentes, se volvió irreconciliable. Al calor de esta contradicción, y con la bendición de Estados Unidos para que el Partido Demócrata Cristiano administrara el período post-Junta Revolucionaria, nació ARENA.

IMPENSABLE SIN D’AUBUISSON

Una página web del partido ARENA hace este recuento: “En medio de aquel desgobierno (post-15 de octubre de 1979), que no sólo prenunciaba un trágico porvenir para El Salvador, se alzó una voz de esperanza, manifestada en un hombre con aguda intuición política, disciplinado por la carrera de las armas y por el conocimiento profundo de las acciones que el comunismo internacional buscaba realizar contra su Patria. Aquel joven militar pasado a retiro se llamaba Roberto d’Aubuisson Arrieta y llevaba en su interior la llama del nacionalismo, la que pronto comenzó a divulgar a todo aquel que quisiera oírlo por la radio o la televisión”. La historia de ARENA es impensable y hubiera sido irrealizable sin la figura de D’Aubuisson.

El partido ARENA, legalmente inscrito el 4 de diciembre de 1981, se fortaleció a lo largo de la década de la guerra.
La incapacidad de la Democracia Cristiana de vencer al FMLN echó leña al fuego que energizaba a ARENA hasta convertirse ya en 1989 en el partido de gobierno, con hegemonía en el Ejecutivo, en la Asamblea Legislativa y en la Corte Suprema de Justicia. Lo que comenzó siendo la expresión de una fracción pequeña de la burguesía salvadoreña llegó a ser la máxima representación de esta clase, plasmando los intereses que los areneros representan en su ideario: “El Estado debe garantizar el trabajo, el bienestar de la patria y un sistema económico orientado hacia el incremento de la productividad a través de la libre empresa”, mientras que otro principio arenero reivindica “el derecho individual de adquisición, retención y uso de la propiedad como una proyección de la persona humana”.

CUMPLIÓ CON BUENAS NOTAS

Durante 20 años, ARENA trabajó eficazmente en base a este ideario y, enraizado en su consigna “Patria sí, comunismo no”, representó los intereses de la gran burguesía salvadoreña, cumpliendo, complementariamente, con la voluntad de Estados Unidos en El Salvador. ARENA sacó las mejores notas con todos los mandatos imperiales, que cumplió eficazcamente: el programa de ajuste estructural, la dolarización del país, la privatización del patrimonio estatal, la firma del CAFTA (Tratado de Libre Comercio). Fue incondicional portavoz contra Venezuela y Cuba y el único país de América Latina que mantuvo tropas en la guerra contra Irak.

A pesar de todo, el desgaste de ARENA se iba haciendo evidente, tanto a nivel internacional como nacional, poniendo en entredicho su capacidad de seguir garantizando los intereses del capital internacional y del gran capital nacional.

LUCHAS DE PODER Y DESERCIONES

Como en todo partido, las luchas de poder de los distintos sectores areneros nunca faltaron. Aún y así, a lo largo de su historia, ARENA se distinguía por su capacidad para mantener sus conflictos internos fuera de la luz pública. Obviamente, la adscripción política de los dueños de la mayoría de los medios masivos de comunicación
del país les ayudaba a “lavar los trapos sucios en casa”. Pero tampoco se puede menospreciar la capacidad de la clase dominante de priorizar sus intereses comunes, por lo menos en el ámbito político, por sobre sus diferencias.

La unidad de ARENA ha sido muy pocas veces cuestionada durante las últimas tres décadas. Pero ha habido algunas excepciones en esta historia de unidad monolítica. La primera se dio con el movimiento “meneques” en 1996. En esa época, Víctor Antonio Cornejo Arango, amigo histórico de D’Aubuisson, lideró el ataque al entonces presidente del Consejo Ejecutivo Nacional de ARENA (COENA), Juan Jose Domenech, por esos días propietario de la cadena de supermercados “La Despensa de Don Juan”. En esos días se decía que la tendencia “menequista” -por el apodo de Cornejo Arango- representaba al sector más “tradicionalista” y más fiel a los dogmas de D’Aubuisson y que la tendencia “cornejista” -por el apodo de Domenech- representaba al sector más “modernizante”, liderado más por Alfredo Cristiani que por el entonces presidente del COENA.

Algunos miembros del movimiento de “los meneques” se pasaron a las filas del PCN al año siguiente, y posteriormente fundaron el PAN para las elecciones del 2000. Este partido desapareció en las elecciones de 2003 por no alcanzar el requisito mínimo de votos y muchas de sus figuras reaparecieron en las filas de ARENA. En la cola de la salida de
“los meneques” se realizó la convención para elegir los candidatos que conformarían la plancha nacional y los gobiernos municipales. Lo más notorio del evento fue que prominentes miembros del partido no fueron tomados en cuenta para las candidaturas, lo que provocó nuevas deserciones, entre las que destacaron la del coronel Ochoa Pérez, la de Mauricio Gutiérrez Castro y la del ex-Vicepresidente de la República Francisco Merino, juramentados poco después como miembros del PCN. Se trató de deserciones grupales y no individuales, tal y como había venido sucediendo hasta entonces.

La salida de ARENA del grupo de Gloria Salguero Gross para formar el Partido Popular Republicano (PPR) en 2002 motivó una crisis más leve que la anterior. Salguero se llevó consigo a algunos dirigentes, como Julio Valdivieso, pero no atrajo a otros miembros de la máxima dirección de ARENA. El PPR, formado en reacción a la incorporación de nuevos personajes de la empresa privada, tuvo corta vida. El escaso apoyo electoral a esta bandera provocó su partida de defunción. Posteriormente, Salguero Gross -que acusó a ARENA de haber sido “privatizada”- regresó a sus filas
y a sus estructuras de dirección.

2008: LA POLÉMICA SELECCIÓN DEL CANDIDATO A PRESIDENTE

Cuando llegó el proceso de selección del candidato presidencial, sólo doce meses antes de los comicios electorales de 2009, ya se advertía un fuerte jaloneo interno en ARENA. Lo que Antonio Saca, entonces Presidente de la República y también del partido ARENA denominó una “fiesta de la libertad y la democracia”, más parecía un pulso para medir fuerzas entre los distintos grupos internos.

En ese momento fueron caracterizados así: El grupo dominante: Saca como presidente del COENA y poderosos empresarios de la banca y del comercio importador. Los Torogoces: los dueños de la Telecorporación Salvadoreña y de “El Diario de Hoy” junto a grandes empresarios agropecuarios y agroindustriales, los que en 2007 pidieron a Saca que renunciara al COENA. Los Generales: ex-presidentes de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP). Y Los Apóstoles: empresarios, políticos e intelectuales que se reunían con el industrial y banquero Roberto Murray Meza. Entre esos apóstoles se mencionaba a la ex-canciller María Eugenia Brizuela, a la ex-directora de “La Prensa Gráfica”, a Cecilia Gallardo de Cano y al presidente de FUSADES, Antonio Cabrales.

En el proceso de selección se inscribieron 18 candidatos. La lista se fue depurando por distintos mecanismos hasta que el candidato del grupo “dominante” de Saca, Rodrigo Ávila, dominó sobre figuras de mayor talla como Ana Vilma Escobar -vinculada a las familias Cristiani y Poma-, Francisco Laínez -ex-presidente de la ANEP, principal gremio de la empresa privada- y Eduardo Barrientos, fundador del partido. A pesar de que René Figueroa, César Funes y Antonio Saca respaldaron la transparencia del proceso, empezaron a circular rumores desde el oriente del país: a través de las departamentales, el COENA había bajado líneas a las directivas municipales para que votaran por Ávila.

Cierto o falso, para el mediodía del sábado 15 de marzo ya los medios de comunicación daban a Ávila como ganador del proceso de selección interna. A las 3 pm, el consolidado final de las internas arrojaba que Ávila había barrido con los subcolegios electorales obteniendo los 15 votos posibles, aún con un 25% de abstencionismo.

EL FIN DE 150 AÑOS
Y EL REGRESO DE LOS FANTASMAS

Después de todo esto, ARENA logró una frágil y reticente unidad alrededor de la candidatura de Ávila. Por eso, no fue sorpresa que se pidieran cabezas cuando perdió las elecciones. El hecho de que Ávila no fuera un candidato de consenso sólo vino a exacerbar la herida que para ARENA significó perder el Ejecutivo después de veinte años de controlarlo.

Perder el Ejecutivo tiene implicaciones reales e implicaciones simbólicas para la clase poderosa salvadoreña. En términos simbólicos, significa el fin de una época, y de una época muy prolongada. Más allá de los 20 años de gobiernos areneros, significa el fin de prácticamente 150 años de completa dominación política de una oligarquía que controló todo el aparato político del Pulgarcito de América desde la creación de esta “república cafetalera”. La pérdida del Ejecutivo trae a la memoria de la burguesía un ejército de fantasmas, cuando desde el fin de la guerra ya no cuestionaban la seguridad de su reino.

SE LES ACABÓ LA “GAVETOCRACIA”

En lo concreto, perder el Ejecutivo significa para ARENA la pérdida del acceso a recursos públicos: empleos -reales o plazas fantasmas-, vehículos e infraestructura para realizar trabajo partidario. Para la clase empresarial dominante ha significado la pérdida de negocios importantes con el gobierno. El Instituto de Seguro Social recién comienza a sustituir licitaciones farmacéuticas que Cristiani ha acaparado en un cien por ciento, dando oportunidad a otros proveedores. En diciembre de 2009 se vencen los contratos que han mantenido las familias D’Aubuisson y Llach-Cristiani para todos los alimentos que el gobierno compra para hospitales, centros penales y albergues infantiles. Es probable que el cambio en estas licitaciones lleven el mismo rumbo que en las farmacéuticas.

Finalmente, la clase dominante perdió el espacio para seguir sustrayendo millones y millones de dólares del erario público por actos de corrupción cometidos a lo largo de veinte años. Un pequeño recuento de los casos más sonados incluye: los 705 millones de dólares que se esfumaron con el “saneamiento” de la banca; el faltante de la compañía de electricidad CEL de 9 millones de dólares; la malversación en los ingenios azucareros por 15 millones de dólares; el fraude en el ISSS por 2.4 millones de dólares; el fraude en el Banco de Fomento Agropecuario (BFA) por 16 millones de dólares; la estafa de 138 millones de dólares en Crediclub; el fraude a la economía pública por parte de FINSEPRO e INSEPRO, por 80.5 millones de dólares; la malversación de recursos por 142.5 millones de dólares en el Banco de Crédito Inmobiliario (CREDISA); el tráfico de influencias a favor de un Ministro de Economía que le costó a la economía del Estado 40.2 millones de dólares; el desfalco y estafa por 100 millones de dólares en la ANDA; los 38 millones en licitaciones amañadas de Obras Públicas.

Son sólo botones de muestra de una corrupción endémica cuyas cantidades serían muy difíciles de medir. Este tipo de delitos, exagerados en la última administración ganó al gobierno de Saca el nombre de “gavetocracia”.

EL GRUPO SACA
PAGA LOS PLATOS ROTOS

Después del triunfo de Funes y del FMLN, no tardaron los reclamos, al interior de ARENA, hacia el grupo Saca. La primera víctima fue Adolfo “El Chele” Tórrez, director departamental de ARENA en San Salvador, quien misteriosamente se suicidó después de haber sido separado de su cargo por un escándalo que le involucró en un caso de soborno relacionado al “narcodiputado” del PCN, Roberto Silva. ARENA anunció que actuaba con mano dura en el caso Tórrez para poner fin a cualquier indicio de corrupción en el partido. Sin embargo, es evidente que Tórrez no era ni el caso más escandaloso ni el de mayor rango. Sencillamente, se aplicó la lógica del “chivo expiatorio”: la figura más vulnerable paga las cuentas de todos.

Tórrez era un preferido del grupo Saca y su destitución fue usada como un acto de publicidad hacia la población:
mostrar preocupación por los actos de corrupción de veinte años de gobierno y, a la vez, enviar una señal de amenaza al grupo Saca.

Sólo tres días después de la derrota electoral, el arenero y ex-Ministro de Hacienda, Manuel Enrique Hinds, actuó como portavoz con una lluvia de ataques contra Saca en “El Diario de Hoy”: “Saca dividió al partido; eliminó todos los brotes de auténtico liderato; impuso a los velones sobre los que tenían ideales propios en las estructuras partidarias; puso un COENA sí-sí que nunca dijo ni mú; nombró una fracción en la Asamblea cuya única originalidad fue decir que “habría que clonar al presidente porque no hay nadie como él” y puso de candidato a un buen hombre, que hizo lo que pudo pero que nunca logró convencer a la población de su independencia de Tony Saca”.

El escrito terminaba sentenciando al aún Presidente de la República y ex-presidente del COENA: “Al eliminar
a todos los que podían tener criterio propio, al despreciar el consejo de tantas personas adentro y fuera del partido, el presidente Saca y sus aliados tomaron total responsabilidad por el triunfo o la derrota que pudiera darse en las elecciones nacionales. Ahora deben aceptar la derrota que ellos tan tercamente buscaron y renunciar a todos los puestos en el partido para que ARENA pueda renovarse…”

Muy pronto se formó una Comisión Política integrada por tres miembros: Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol
y Francisco Flores, con la misión de tomar las decisiones más importantes del partido, desplazando al COENA, hasta anunciar a Alfredo Cristiani como nuevo presidente del COENA el 1 de mayo. En su primer discurso, Cristiani prometió “volver a las raíces del partido”, “no hacer nada que perjudique la gran alianza de la derecha”. Y sustituyó al recién nombrado jefe de la fracción legislativa, Alberto Romero, por Donato Vaquerano. Tres semanas después nombró a los otros integrantes del COENA. Aunque el grupo Saca logró colar a cuatro miembros, incluyendo a Julio Rank (hijo) y a Mónica de O’Byrne, perdió la hegemonía en el cuerpo directivo del partido. La conformación de la Comisión Política, el consiguiente nombramiento de Alfredo Cristiani y el nombramiento de un nuevo COENA fueron las primeras pérdidas reales, más allá de los desprestigios, del poder de Saca en ARENA.

ASAMBLEA ARENERA
EN ARMONÍA APARENTE

El 30 de septiembre es el aniversario del partido ARENA y como conmemoración suelen realizar su Asamblea General Ordinaria ese día. Este año, la Asamblea Ordinaria tenía la tarea de ratificar al nuevo COENA nombrado por Cristiani. A muchos les pareció un signo de las dificultades internas el hecho de que la Asamblea se pospusiera once días.

Entre mayo y agosto ya se habían dado pasos en la reestructuración del partido con la incorporación de ocho
dirigentes de sectores que serían considerados “puestos claves” en el COENA. Se aprovechó para reincorporar a Ana Vilma Escobar y Mario Acosta Ortel, dos de los mayores críticos de Antonio Saca y de su grupo “dominante” que a estas alturas ya no dominaba.

Se rumoraba ya una ruptura en la fracción legislativa de ARENA. A esto respondió el nuevo y cuestionado Vicepresidente de Organización de ARENA, Ruy César Miranda: “Si andan algunos queriendo alborotar el árbol, nuestra recomendación es que se queden tranquilos y que se incorporen”. Sin embargo, no se quedaron tranquilos. A principios del mes de septiembre se hizo pública una carta firmada por 26 de los 32 diputados de ARENA a la dirección del partido solicitando una representación de la fracción legislativa en el nuevo COENA. Hasta el jefe de fracción, Donato Vaquerano, firmaba esa carta.

En esta situación se celebró la Asamblea y no hubo cambios en el COENA. Francisco Flores fue elegido Presidente Honorario de ARENA en una “fiesta nacionalista” y el domingo 11 de octubre, los medios de comunicación mostraron el rostro entusiasta de una ARENA unida que validaba a su dirección.

DIPUTADOS REBELDES
DESENMASCARAN LA ARMONÍA

Al día siguiente el rostro de la noticia ya era otro. Doce diputados areneros, liderados por Guillermo Gallegos, anterior Secretario de Asuntos Políticos del COENA, declararon que ya no seguirían las líneas partidarias. Aclaraban que no se separaban del partido, pero anunciaban que votarían de manera diferenciada en el Congreso en los diversos temas que atañen al país, pues “no nos vamos a someter a una decisión de una o dos personas. Lo vamos a hacer con base al consenso que nosotros vemos”. Aunque inmediatamente se anunciaron reuniones entre el grupo “disidente” y el COENA, no llegaban a concretizarse. Diez días después los disidentes mostraron que su decisión no era broma. Por primera vez votaron en el Legislativo con el FMLN en contra del bloque de su partido. El tema del voto no era de mayor transcendencia: una moción de ARENA para investigar al Ejecutivo por supuestas anomalías en la repartición de los paquetes agrícolas. Pero, independientemente de que era un tema de poca importancia para la nación, la ruptura fue interpretada por los areneros como una “traición”.

NACE GANA
Y COMIENZA A GANAR

En medio de dimes y diretes, dos diputados de ARENA en el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y cuatro directores departamentales del partido siguieron los pasos de “los doce”. También lo hicieron ocho diputados “suplentes”. La fisura se iba ensanchando hasta que, un buen día, menos de un mes después del inicio
de la crisis, los diputados disidentes tomaron de nuevo la palabra pública y se autonombraron Gran Alianza de Unidad Nacional (GANA).

En una negociación entre las distintas fracciones legislativas, donde la única que tenía algo que perder era ARENA, se reconstituyó la Junta Directiva del órgano legislativo. Este cuerpo fue ampliado de 11 a 13 miembros para dar cabida
a GANA, el nuevo actor político. En una gran movida de ajedrez, el FMLN aumentó su participación de tres a cuatro puestos en la directiva parlamentaria, el PCN quedó con tres, GANA sacó tres y ARENA perdió un puesto, quedando sólo con dos. El PDC perdió uno y quedó con uno. Apenas recién nacida, GANA mostró su capacidad para lograr correlación a favor de su crecimiento y demostró su independencia de ARENA.

NO ARDIÓ TROYA

Cuando Cristiani lanzó su célebre frase: que “haría arder Troya” si seguían los despidos de sus partidarios en el Ejecutivo, especificó que podría boicotear la aprobación del presupuesto nacional y los préstamos con los votos de sus 32 diputados.
Sin embargo, a la hora de la hora, no lo pudo hacer. En los meses que transcurrieron desde sus amenazas hasta el día de la votación del presupuesto, su favorable correlación legislativa se desmoronó. Los diputados de GANA sumaron sus votos a los del FMLN, el PCN, el PDC y el CD. ARENA se quedó sola, absteniéndose de la votación sobre el presupuesto. Ya no tenía poder para “hacer arder Troya”.

GANA: UN NUEVO PARTIDO

No hay duda de que GANA ha aprovechado bien el tiempo. Casi semanalmente dan un paso más. Cristiani hizo lo que parecía un gesto para reincorporar a GANA en ARENA: sustituyó a los miembros del COENA que GANA rechazaba y, entre los nuevos integrantes, incluyó a Donato Vaquerano, quien había sido la propuesta de la fracción legislativa en su carta previa a la Asamblea Ordinaria. Pero ya era tarde. GANA anunció públicamente sus intenciones de formar un nuevo partido. Contrató un equipo de asesores, sumando a Silvia Aguilar, una ex-miembra del COENA, y a tres diputados suplentes y ex-asesores de ARENA: Juan Miguel Bolaños, Fernando Ávila y Carlos Mixco, familiar de la ex-primera dama Ligia de Saca.

¿QUIÉN ESTÁ “DETRÁS” DE GANA?

La pregunta del millón es quién está detrás de GANA. Rápidamente comenzaron las acusaciones sobre fuerzas foráneas. Vaquerano responsabilizó a Orlando Arévalo, un diputado autodeclarado “independiente” después de ser expulsado del PCN. Jorge Velado, Vicepresidente de Ideología del COENA tuvo la ocurrencia más novelesca: acusó a José Luis Merino (“Ramiro Vásquez”), de la dirigencia del FMLN, de ser una especie de autor intelectual del movimiento disidente. Al mismo tiempo, y de forma más apegado al camino que llevaba el asunto, le adjudicó la autoría a Herbert Saca, primo y colaborador político del ex-Presidente. Aunque Antonio Saca se distanció de la fracción disidente en su única declaración pública, hay pocas razones para creer que su posición no sea más que una cortina de humo para calcular mejor las ventajas o desventajas personales que puede tener para él una eventual salida de ARENA.

NO ESTÁN EN “LA FOTO”

Históricamente, cuando ha habido divisiones y recomposiciones en la derecha salvadoreña, esto ha representado una pugna de intereses entre los distintos sectores de la oligarquía tradicional. Siempre se ha visto a una fracción de la gran burguesía en las fotos con los “nuevos políticos”, para así visibilizar el vínculo entre los sectores económicos y los sectores políticos.

El caso de GANA es la excepción. Si uno revisa grupo por grupo a los sectores de la clase dominante, todos parecen estar representados en el COENA estructurado por Alfredo Cristiani. El único aparentemente ausente es el grupo de Murray Meza, aunque tampoco hay ningún rastro de su relación con GANA.

Los miembros de GANA no son pobres y seguramente, con o sin el financiamiento de Antonio Saca, tienen una buena acumulación de capital, resultado de sus ganancias durante la “gavetocracia” y de sus posibles nexos con el narcotráfico, recursos que les permiten construir un nuevo partido. Con la ventaja de que, a diferencia de las anteriores escisiones de ARENA, tienen estructuras políticas y bases sociales en todos los departamentos del país.

TAMBIÉN HAY CAMBIOS EN ANEP

En este mismo período de crisis arenera, la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) también ha sufrido cambios que hay que tener en cuenta, puesto que este gremio, como parte del bloque histórico dominante, siempre ha ingresado y egresado a sus dirigentes desde y hacia el partido de ARENA. Cuando Antonio Saca dejó la presidencia de ANEP para lanzarse a la Presidencia de la República, entró en el gremio como su sustituto una figura cercana a él, Federico Colorado.

Colorado anduvo de la mano de Saca durante sus cinco años en la Presidencia y se ha mostrado fiel a él en esta etapa de su declive. Es curioso que en estos momentos, el candidato que ganó las elecciones internas, Carlos Enrique Araujo Eserski -ex-miembro del COENA (2001) y ex-directivo del Banco Agrícola y de la AFP Crecer- haya tenido una cercanía similar con el grupo de Alfredo Cristiani. Quiere decir que mientras el grupo GANA acumula en la esfera política, el grupo de Cristiani acumula en la esfera gremial.

¿CRISIS HEGEMÓNICA
EN EL BLOQUE DOMINANTE?

Todas estas aparentes inconsecuencias entre lo político y lo gremial son síntomas de una crisis en la clase dominante. ARENA ya no les funciona: perdió lo que no tenía “derecho” a perder. El 15 de marzo se les movió el piso.

La mayoría de estos poderosos parecen seguir en ARENA, pero sin la misma confianza y convicción de antes. Otros buscan cercanía con el nuevo gobierno bajo la hipótesis de que habrá que intentar sacarle alguna ventaja a una situación difícil por lo diferente. Y seguramente todos tendrán a GANA bajo la lupa para ver si puede constituirse en el nuevo representante político de sus intereses. Vale recordar que cuando se fundó ARENA, tampoco toda la burguesía se montó en ese barco antes de verlo consolidado y navegando viento en popa.

¿De qué forma logrará la burguesía salir de la crisis? Tanto ARENA como GANA tienen que hacer un replanteamiento político que les permita avanzar, puesto que sus anteriores planteamientos se les agotaron.

El alcance de la recomposición de la derecha tendrá mucho que ver con la capacidad de avance que en este período tengan los sectores populares. Y ésta es la otra gran lección de este 18 Brumario: el fracaso de los proyectos de la burguesía tiene trascendencia cuando hay un proyecto contrahegemónico que logra cosechar los frutos de ese fracaso. Ahora la pelota está en la cancha de los oprimidos.


EDUCADORA POPULAR. CORRESPONSAL DE ENVÍO EN EL SALVADOR.

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