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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 325 | Abril 2009
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Nicaragua

¿Qué es la pobreza para las mujeres costeñas?

¿Se puede tener poco y no ser pobre? ¿Se puede tener muchas riquezas y ser pobre, un pobre espiritual? ¿Se puede ser rico sin tener a Dios? ¿Cuánto libera de la pobreza la comunidad, la identidad, la dignidad, la cultura? Las mujeres costeñas, miskitus y creoles, dan respuestas a estas preguntas.

Carla María Bush

En la literatura convencional, la pobreza se relaciona exclusivamente con la carencia/ausencia debienes materiales y se mide calculando la capacidad de satisfacer las necesidades básicas. Las mediciones se basan en la variedad de capital que la gente genera en la construcción de su supervivencia y en su habilidad de transformarlo en más capital, en ingresos, en dignidad, poder y sostenibilidad. La idea tiene que ver con el nivel de ingreso versus el nivel de consumo.

En los últimos años, la pobreza se concibe más como un fenómeno multidimensional, no reducible a un único factor explicativo. En esta concepción no solamente se toma en cuenta la carencia de ingresos para cubrir necesidades básicas o el grado de acceso a los servicios de salud y educación y al trabajo, sino que se incluyen componentes determinantes, como las estructuras y prácticas que generan y reproducen la pobreza dando por resultado una sociedad desigual. Como consecuencia de estos múltiples niveles en los que la pobreza se reproduce y se expresa, las personas pobres sufren física, mental y espiritualmente.

En el caso de los pueblos indígenas y comunidades étnicas, es importante incluir en el análisis y reflexión sobre la pobreza los valores culturales, para determinar los elementos condicionantes de la pobreza que son percibidos desde sus propios sistemas culturales. Conocer la situación de pobreza de cada pueblo indígena y comunidad étnica de forma individual y colectiva ayuda a entender cómo se vive e interpreta la pobreza a partir de las particularidades propias de estas culturas y qué influencia tienen en el desarrollo económico, político y social de la comunidad. Quien lucha por la erradicación de la pobreza en grupos étnicos y pueblos indígenas debería entender por pobreza cultural su falta de participación en el diseño de planes y estrategias de desarrollo de la comunidad a partir de su cosmovisión porque teniendo esto en cuenta podrá motivar mejor los cambios socioculturales.

¿QUÉ SIGNIFICA POBREZA Y BIENESTAR
DESDE LA CULTURA?

Hasta ahora, en Bilwi, históricamente una aldea miskitu y ahora capital de la Región Autónoma del Atlántico Norte y una de las zonas de mayor pobreza de Nicaragua, no se ha considerado la percepción cultural de la pobreza desde quienes la estarían padeciendo. La moral, la motivación y la voluntad son elementos que no se discuten como herramientas culturales para enfrentar las condicionantes de la pobreza material. Estos valores tampoco están tipificados como precondición necesaria para potenciar y empoderar a los pobres, como saberes determinantes en la lucha contra la pobreza.

Por el contrario, se tiende a minimizar el poder y la dimensión de los valores culturales reduciéndolos a actos extravagantes, bailes, idioma y formas de vida diferentes. Esto ha impedido entenderlos como medios de supervivencia. Sin el reconocimiento de estos valores culturales y saberes locales, es difícil motivar la participación de las personas para que salgan de la pobreza material con acciones orientadas a aumentar sus niveles de bienestar y de desarrollo humano. Otro problema con el análisis tradicional de la pobreza es que, históricamente, se ha realizado con un enfoque globalizante, que deja invisible la situación de las mujeres. Por todo esto, quise entender los conceptos de pobreza y de bienestar de un sector de la población, específicamente mujeres de las etnias miskitu y creol de Bilwi.

Me interesaba averiguar, desde el espacio de sus creencias, cómo estas mujeres conciben la pobreza y el bienestar. Las informantes me hablaron de cómo perciben la relación entre estas dos realidades. Intenté descubrir las similitudes y diferencias entre ellas desde sus prácticas tradicionales y sus valores culturales. Quería tener una comprensión antro¬pológica del fenómeno de la pobreza y del bienestar considerando ambos aspectos: su carácter multidimensional y cómo eran vividos y entendidos “desde la cultura”.

LAS MUJERES ENTREVISTADAS

Hicimos entrevistas en 2006 a 17 mujeres: 9 miskitus y 8 creoles que viven en Bilwi, aunque varias de ellas nacieron en comunidades rurales de la misma región. Las clasifiqué en dos grupos: mujeres con ingreso medio y mujeres pobres. Quienes logran cubrir sus necesidades básicas para vivir “bien” son las que tienen un ingreso medio: 8 profesionales creoles y miskitus entre 45-56 años provenientes del área social: salud (enfermería y medicina) en su mayoría y una docente, algunas con estudios universitarios completados, y en algunos casos hasta con estudios de postgrado y ahora ocupando posiciones de mucha responsabilidad.

Son pobres las empleadas domésticas, quienes no pueden cubrir con su salario sus necesidades básicas. Tienen 30-65 años de edad, y la mayoría devenga un salario básico promedio de mil córdobas (50 dólares) mensuales. Como no les alcanza, tienen que hacer “chambas” -como popularmente llaman al trabajo coyuntural y en temporadas altas- para comprar parcialmente la comida diaria, generalmente arroz, frijoles y algún complemento (plátano, yuca…) Viven sin una vivienda adecuada, en hacinamiento, con falta de agua o de servicios sanitarios. Poseen un nivel de educación básico (secundaria incompleta) y han trabajado toda su vida como domésticas. No conocen otro tipo de trabajo.

Las 17 mujeres que entrevistamos son madres, y todas hablan y dominan dos lenguas: la materna y el español, que utilizan en el entorno de su trabajo. La lengua materna predomina entre las mujeres creoles y miskitus domésticas en sus casas de habitación, mientras tres de las mujeres profesionales se comunican con sus hijos y con el resto de la familia en español o en una combinación español-lengua materna. Pertenecen en su mayoría a dos iglesias protestantes: Morava y Anglicana. Todas las domésticas son moravas. Casadas, divorciadas y viudas son en gran parte las profesionales. Las domésticas son mayormente solteras.

Hay muchas coincidencias en las entrevistadas en cuanto a la forma de vida que llevan. Casi todas viven con otros miembros de la familia núcleo: los abuelos paternos o maternos, y también conviven con la familia que sus hijos han formado. Otra coincidencia es su rutina diaria. En Bilwi, la vida familiar entre las creoles y las miskitus es muy similar: todas concluyen su jornada laboral con una socialización en el núcleo familiar y en ocasiones muy seguidas -dos a tres veces por semana-, se reúnen con la familia extendida si no conviven ya con ella.

BIENESTAR=ESTAR BIEN CON DIOS,
TRANQUILIDAD ESPIRITUAL, MEJORÍA MATERIAL

El primer punto de reflexión intenta responder a la pregunta central: ¿Cómo, desde el espacio de la cultura de las mujeres miskitus y creoles, se conciben la pobreza y el bienestar?

Las expresiones de las mujeres de ambas etnias sobre la pobreza resultan significativas. Las creoles basan su percepción “en la ausencia de valores de prestigio, solidaridad e identidad étnica” y las miskitus “en la ausencia de solidaridad y la pérdida de valores tradicionales”. El “bienestar” lo identifican con la práctica de valores tradicionales, la tranquilidad espiritual y la mejoría material. Abordando las distintas dimensiones de estos dos estados, la pobreza incluye tres dimensiones fundamentales:
-Pérdida de valores tradicionales.
-Ausencia de solidaridad, que significa no tener cultura de compartir.
-Falta de fe.
El bienestar también tiene tres dimensiones:
-Identidad cultural.
-Solidaridad, referida a tener vida comunitaria.
-Estar bien con Dios, que significa saber que Dios te acompaña en la lucha por la supervivencia material y espiritual.

Todas estas dimensiones son importantes para comprender la relación entre los valores culturales con la pobreza y el bienestar. Los valores culturales, que constituyen un estilo de vida de las mujeres, no obstaculizan el desarrollo. Por el contrario, nos brindan una imagen más comprehensiva desde la cual entender la pobreza humana y la insatisfacción de necesidades básicas, enfoques aplicados por el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El segundo punto fundamental tiene que ver con otra pregunta clave: ¿Cuáles son los elementos que definen si un individuo es pobre? Desde el enfoque de carencia de bienes materiales, la relación entre pobre, pobreza y las causas que empobrecen, se sustenta en una visión económica o economicista, cuyo elemento central para definir la pobreza es el grado de capacidad para cubrir las necesidades básicas. Pero esta concepción no toma en cuenta la cultura, mientras -según los resultados de nuestra investigación- es precisamente a partir de la práctica de los valores culturales que se logra mejorar las condiciones materiales, siendo estos valores motivación de la mente y de la espiritualidad.

LOS “POBRES DE ESPÍRITU”
Y LOS OTROS POBRES

Para las mujeres creoles y miskitus de Bilwi, pobre es aquella persona que además de no tener sus necesidades básicas satisfechas (casa, salud, educación de sus hijos), está sin referente que le ayude a aliviar estas necesidades, y está sin Dios a su lado. Es una persona “pobre de espíritu”, que ha perdido lazos importantes con su sistema cultural: la identidad, la solidaridad y el apoyo mutuo, todos elementos culturales muy significativos.

Las informantes se sustentan en una ideología cultural ancestral, en la que pobre y pobreza es el estado físico que refleja las causas que empobrecen. Por tanto, dependen de la práctica de los valores culturales.

Según las informantes, las personas pobres se dividen en dos grupos amplios. Uno comprende a los pobres espiritualmente (sin Dios), personas cuya situación se caracteriza por factores para los cuales no hay un remedio evidente: pérdida de valores tradicionales y falta de ingresos para cubrir sus necesidades básicas. En el otro grupo están personas sin una fuente de apoyo material externo y sin ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas.

LA RELACIÓN POBREZA/SOLIDARIDAD CULTURAL

El tercer punto responde a la pregunta: ¿Cómo relaciona la pobreza con la solidaridad? La filosofía detrás del concepto de solidaridad cultural, según las entrevistadas, radica en la perspectiva de tener y no tener; y de no tener y tener mucho, siendo esto un reflejo ideal de la solidaridad cultural requerida para enfrentar las causas de la pobreza económica. Como bien señala Mirna Cunningham, médica de 56 años, líder creole e indígena y directora del Centro de Atención de Desarrollo de Pueblos Indígenas (CADPI): La solidaridad familiar externa se concibe como el valor cultural que motiva a ayudar a otros para que todos vivan bien.

El significado en esta relación tiene diferentes connotaciones de acuerdo a la dimensión en que se enfoca. Vista desde el aspecto económico, de las necesidades básicas, algunas veces emplean el término solidaridad cultural como sinónimo de riqueza y/o de vivir mejor. Significa que aún sin tener dinero ni comida, sí hay opciones alternativas y seguridad de recurrir a ellas para cubrir esa necesidad básica en el momento requerido.

Todas las informantes creoles, tienen un referente outside (en el exterior) que les garantiza ayuda para paliar la pobreza material. Para ellas, un aspecto fundamental de la pobreza es no contar con un ingreso de fuera del país que contribuya a aliviar la carencia de bienes materiales. Ese ingreso externo es concebido como una expresión de solidaridad y de firmes lazos culturales.

UN APOYO MATERIAL EXTERNO
QUE ES APOYO ESPIRITUAL

Bienestar es tener referentes fuera del país que, de acuerdo a los valores, son una manifestación cultural de la solidaridad familiar. El hecho de tener este referente -que se centra en recursos monetarios- es reconocido por el vestuario -que resulta llamativo- y por los furniture (muebles y equipos electrodomésticos provenientes de Estados Unidos) en las casas, Son más pobres los que no tienen una familia en Estados Unidos. Es pobre el que no tiene ese referente que le mande mensualmente para vivir mejor… to show off (para fachentear), afirma Cunningham.

Este punto de vista se sustenta en la idiosincrasia de los creoles, lo que no significa que el profesional asalariado con referente fuera del país dependa de esta relación y/o ésta se convierta en una especie de reserva para la supervivencia. En este caso, la relación de solidaridad se convierte en una relación que fortalece los valores culturales. Una de las entrevistadas dijo: En términos generales, la aspiración y meta de las creoles es educarse para optar a mejores oportunidades de trabajo, ya sea dentro o fuera del país, para no depender de esa solidaridad material como medio de subsistencia, sino como muestra de cariño y de reconocimiento de tener identidad cultural.

Este referente significa la supervivencia para las creoles que no trabajan o tienen un ingreso insuficiente. La relación se convierte entonces en una relación de dependencia económica, sin perjuicio de tener simultáneamente el sentido de la solidaridad espiritual. Quien no tiene ingresos suficientes para cubrir sus necesidades materiales y tampoco tiene referente dentro o fuera del país para la supervivencia, vive en pobreza material. Para las creoles, la falta de solidaridad significa no tener apoyo ni material ni espiritual.

Para las miskitus, tanto profesionales como domésticas, la referencia solidaria es lo familiar y comunal, más que el referente fuera del país. Se trata, pues, de ahondar en la práctica cultural desde donde se está, tanto a nivel material como espiritual. Si no hay ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas y no hay tampoco solidaridad familiar y comunal, hay pobreza material.

Por el lado emotivo, o desde el enfoque espiritual y mental, “solidaridad” significa brindar apoyo espiritual y moral en los momentos de mayor crisis emocional: cuando, por ejemplo, hay una muerte en la familia o en la comunidad. Dentro de la cultura miskitu, el reflejo de la solidaridad cultural se manifiesta en todos los niveles de la estructura comunal (religiosa, económica y cultural).

La solidaridad constituye la base fundamental y ancestral más recurrente en la cultura miskitu y creol para entender y luchar contra la pobreza desde sus diferentes dimensiones: material, mental y espiritual.

TUS VALORES Y TU IDENTIDAD
TE HACEN MENOS POBRE

El cuarto punto tiene que ver con las relaciones entre identidad y pobreza y, específicamente, responde a la pregunta: ¿Cómo contribuye la identidad, entendida como tranquilidad espiritual, emocional, educación en valores y normas culturales, a superar la pobreza?

Para las mujeres entrevistadas, la identidad personal y colectiva/étnica se asocia al sentido de pertenencia y aceptación, fundada en la sabiduría, el conocimiento ancestral y los valores culturales transmitidos de generación en generación. Según ellas, la identidad se fortalece con el saber y con la riqueza de estos valores y esto contribuye a ahondar los esfuerzos para superar la pobreza. El bienestar supone la práctica de los valores tradicionales para enfrentar la vida, lograr la tranquilidad espiritual y la satisfacción personal. Denominan a esta práctica solidaridad ancestral, la que promueve una conciencia de solidaridad que motiva a enfrentar y combatir la pobreza material y humana mediante la práctica de los conocimientos y la aceptación de su identidad personal y étnica, fundamento espiritual y mental necesario para mejorar su condición de vida. En ese sentido, uno de los hallazgos importantes del estudio es la perspectiva de pobreza como pérdida de esa identidad personal y colectiva, lo que conduce a la ausencia de valores tradicionales como la solidaridad familiar y comunal/tejido social, cooperación mutua y falta de unidad.

Cunningham describió este fenómeno elocuentemente: En la medida en que vos tenés una comunidad que acepta tu identidad, eso quiere decir que utilizás tus sistemas de producción, tus sistemas de valores, tus sistemas de relaciones espirituales. Significa que tenés más posibilidades de ser menos pobre. Pero si, en vez de darte arroz y frijoles, te dan tallarines, no utilizan tus propios sistemas, no los valoran, no utilizan los productos locales -ejemplo: té de hojas de naranja- y entonces tu identidad no está fortalecida.

LA RELIGIÓN: UNA HERRAMIENTA CRUCIAL
EN LA LUCHA CONTRA LA POBREZA

El quinto punto responde a la relación entre pobreza y religión, a partir de la espiritualidad individual y colectiva de miskitus y creoles. De acuerdo a este criterio, analizar la relación pobreza/religión trastoca incuestionablemente la espiritualidad individual y colectiva y también el rol que desempeñan las iglesias, particularmente la Morava y Anglicana, en incidir en el cambio de mentalidad del individuo para salir de la pobreza.

Para las culturas creoles y miskitu la religión es un símbolo muy importante para la salud mental y espiritual. Es el vínculo entre el ser humano y su Creador, es la tranquilidad interna y la paz con Dios. En su gran mayoría, estas culturas profesan la religión morava, un sello que forma parte importante de su identidad. La educación que reciben en la casa y en la escuela se sustenta fundamentalmente en esta filosofía religiosa, aunque la complementan con otras prácticas espirituales tradicionales en ambas culturas. Para las mujeres creoles y miskitus la pobreza espiritual es la raíz de la pobreza material. La pobreza espiritual genera una barrera que beneficia y fomenta la baja autoestima, la baja capacidad educativa, la falta de valor moral y también la carencia de recursos económicos.

Por su incidencia en la formación de generaciones de familias creoles y miskitus la religión morava puede ser una herramienta que impida a las mujeres tomar conciencia de su saber para salir de la pobreza cultural y material, como también puede ser una doctrina ideológica que influya en cambios de actitudes para salir de la pobreza. Independientemente de cómo esto sea, hay que partir de reconocer que la pobreza cultural es la pérdida de valores culturales y que esto incluye la espiritualidad. Considerando el rol que juegan las iglesias en el fortalecimiento espiritual del individuo, es primordial exhortar a un cambio de actitud para enfrentar la vida. Las iglesias morava y anglicana observan muy de cerca el desarrollo económico, político y social de sus feligreses y congratulan a sus miembros cuando estos destacan en la vida fuera del escenario religioso. Los utilizan también como ejemplos del cumplimiento de la palabra de Dios y exhortan a otros a seguir sus ejemplos.

Erna Patterson, enfermera y licenciada en Epidemiología, investigadora del Instituto de Medicina Tradicional de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN) y una creol anglicana, dice: Por eso uno se esmera en prepararse, para ser bien visto en la iglesia. Aplaude la iglesia este acto. Si eres preparado, te asigna tareas de acuerdo a tu capacidad y no te dice qué debes estudiar.

LOS VALORES CULTURALES
QUE FORTALECEN LA IDENTIDAD

El último punto fundamental responde a la pregunta: ¿Cuáles son los valores culturales que fortalecen la identidad? Las mujeres creoles que desempeñan trabajos domésticos hablan de una realización espiritual y material con la que luchan para sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida y la de su familia, mientras que las profesionales creoles se educan como una vía de movilidad social para vivir una vida mejor, superada la preocupación por sobrevivir. La realización de vida de las mujeres creoles llega cuando se educan. Dentro del seno de la familia creol el mandato es: Si no te educas profesionalmente, automáticamente la familia te receta salir del país, fundamentalmente a Estados Unidos, para trabajar, como alternativa de supervivencia.

Las mujeres creoles alcanzan el estado de bienestar cuando la familia núcleo y la familia extendida viven de acuerdo a los valores culturales, a la solidaridad y tienen educación. La visión es teocéntrica (un mayor acercamiento a Dios), donde la práctica de la unidad y de la solidaridad familiar la hacen alcanzar la satisfacción espiritual. Perciben que únicamente a través de la educación se logra la movilidad social que les permite realizar la solidaridad y entender los valores espirituales y, por eso, mejorar la relación entre Dios y la familia.

Para las mujeres miskitus profesionales, la solidaridad cultural se practica sin necesidad de tener una educación que les permita mejorar su condición material. Reconocen la ausencia de solidaridad sólo en caso de pérdida de valores culturales y espirituales. Y la educación, como medio para fortalecer su relación con Dios, la familia y la comunidad.

En cambio, para las mujeres miskitus domésticas, su realización se centra más en los recursos materiales. Las preocupaciones son: conseguir lo necesario para sí mismas y compartirlo con su familia nuclear y con la extendida. Al igual que las creoles domésticas cuando se educan, también se vuelven teocéntricas. Su preocupación es saber que Dios las acompaña, que no están solas en la lucha por la supervivencia y, por tanto, se concentran más en entender los propósitos de Dios para fortalecer su espiritualidad individual y así mejorar sus relaciones con la familia y la comunidad.

En la coyuntura actual de miskitus y creoles, los valores culturales ancestrales tienden a reclamar una educación formal, pero aún más importante que esto es afianzar la identidad a través de la educación de los valores culturales: la espiritualidad, la ética y la moral.

La capacidad de las mujeres miskitus y creoles de ejercer la solidaridad cultural depende de su estabilidad económica y espiritual. Y paradójicamente, si bien la estabilidad económica no es condición indispensable para que se ejerza la solidaridad material, sí es fundamental tener estabilidad espiritual porque es el marco desde el cual la pobreza, en sus distintas dimensiones, puede ser efectivamente enfrentada a través de los distintos recursos tangibles e intangibles que proveen los sistemas culturales. Esto tiene una importancia fundamental para el Estado que desarrolla las políticas públicas y que desea combatir la pobreza en la Costa Caribe.

EL MAYOR CAPITAL HUMANO
DE LAS MUJERES CARIBEÑAS

Este análisis permite concluir que la identidad individual y colectiva, fundada sobre la base de los valores culturales, es el capital cultural y humano más importante para enfrentar la pobreza material en el Caribe.
Para las mujeres creoles entrevistadas, los elementos culturales que determinan la condición de pobreza son:
- No tener nada que compartir con otros.
- No tener referente de ayuda externa.
- No tener ayuda familiar.
- No tener educación.
- No tener esperanza.
- No tener qué darle de comer a los hijos.
Una persona se considera pobre cuando ya no tiene ambición personal de superarse, cuando siente sorry for himself (auto-compasión), no estudia, y ha perdido los valores morales de solidaridad y de identidad. Opina Mirna Cunningham: Quienes tienen que prostituirse, quienes tienen que mandar a sus niños a la calle a pedir, quienes tienen la pérdida del valor de la solidaridad y la cultura de no compartir… Todo eso caracteriza la pobreza. No son pobres si se llevan bien con la familia y el entorno en el cual viven. Viven en armonía y tienen qué comer.

Otro aspecto que influye en su condición de pobres es que no pueden acceder a la salud y educación entendida e impuesta por el mundo occidental y ajena a su realidad. También tiene que ver la pobreza con la falta de oportunidades y opciones en la vida, ligada a sentimientos de cómo se siente uno en el medio en que se desarrolla. Alta Hooker, enfermera y actual rectora de la URACCAN apunta: Las mujeres creoles o son enfermeras o son profesoras por la falta de opciones.

Cunningham compara la situación de las tres etnias principales que habitan en Bilwi, y manifiesta que para los mestizos del Pacífico de Nicaragua la pobreza se relaciona con la falta de oportunidad de generar ingresos económicos. El mestizo que se siente pobre es el que sabe hacer algo, pero no tiene la oportunidad. Una mestiza nos decía que la posibilidad de no tener trabajo para comercializar su producto era pobreza.

En cambio, las mujeres creoles entienden por pobreza la pérdida de valores tradicionales, el no tener opciones en la vida para un desarrollo basado en su cultura y no en la cultura ajena, así como el no tener esperanza de llegar a ser alguien provechoso y útil en la vida.

ESTEREOTIPOS QUE CONDICIONAN LA POBREZA:
CÓMO ME VEN, CÓMO ME VEO

Las condicionantes de pobreza que identificaron las creoles (afrodescendientes) se vinculan con los prejuicios y los estereotipos de otros. Como explica Hooker: Tiene que ver con percepciones, en cómo perciben la pobreza quienes te ven y en qué contexto te ven.

El solo hecho de tener una cultura diferente es una característica de pobreza desde el punto de vista de cómo nos ven los otros. Las distinciones étnicas estereotipadas como que somos personas sin cultura, haraganes, sin trabajo, que hablamos mal el español y que lo único que sabemos hacer es bailar, son elementos condicionantes de pobreza. Nos tildan de pobres porque tenemos “espíritu pobre”, porque creemos en médicos tradicionales y en hechiceros, porque creemos que la producción se rige por los astros. La percepción externa a la cultura determina el rango de pobreza. Pero yo no soy tan pobre como ellos, riposta Cunningham.

Otros prejuicios sobre la pobreza se hallan en los planteamientos generalizados que se manejan en las instituciones de gobierno a nivel nacional: no nos entienden porque no presentamos nuestras propuestas, problemas, planes y proyectos a través de una sola voz, nuestras universidades y gobiernos regionales autónomos son pobres porque su filosofía educativa responde a una visión regional autonómica basada en las diversas culturas que habitan en la zona…

Otras representaciones frecuentemente utilizadas respecto de cómo nos ven los otros son: el conocimiento multicultural que existe en la región, el pertenecer a etnias minoritarias, el hecho de hablar nuestras propias lenguas maternas y un comportamiento cultural que es diferente del de la mayoría.

Hooker señala que perdura la pobreza si se tiene un alma pobre. La pobreza del pobre del cual se habla mundialmente proviene de ese vacío espiritual que tiene el individuo en determinado momento de su vida, que resulta en un estancamiento de vida y de falta de esperanza de vivir una vida mejor. En ese sentido, el refugio del pobre es tener un alma contenta, con esperanzas y sueños de una vida mejor.

Si las mujeres creoles se enlazan con su identidad étnica, sus valores culturales ancestrales y el respeto a su forma de vida y bienestar cultural, todo esto es suficiente para que sean tildadas como “pobres”. Los otros las censuran como “pobres” sencillamente porque tienen otro estilo de vida y de costumbres y su fenotipo es diferente al de la gran mayoría de las nicaragüenses.

Sin embargo, en la medida en que la autoestima esté por encima de estos estereotipos negativos, no hay cabida para que prosperen los condicionantes de la pobreza. Desde este reconocimiento, estos factores tienen necesariamente que ver con cuán sólido están fundados los valores culturales y tradicionales de la identidad étnica creol. Se dice: “Como te ven, te tratan”, pero también: Be proud of who you are, black is beautiful. (Está orgullosa de quien eres, lo negro es bello).

LA AUTO-PERCEPCIÓN DE LA POBREZA
ENTRE LAS MUJERES MISKITUS

A la pregunta: ¿Qué pérdida de valores culturales determina la pobreza?, las informantes miskitus consideraron que la pobreza está vinculada a la pérdida del valor tradicional indígena: Juntos tenemos, juntos hacemos y juntos compartimos. Por tanto, el espacio para interactuar del pobre depende de sus destrezas y conocimientos para actuar dentro del marco de la práctica de valores culturales que contribuya al bienestar cultural y material. Un estado crítico de pérdida de valores culturales es según las miskitus, la causa del estado de pobreza, que se sintetiza en:

- Pérdida de identidad.
- Pérdida de identidad espiritual.
- Cultura de no compartir.
Las mujeres miskitus plantearon reiteradas veces en las entrevistas que no se sienten pobres, a pesar de que los otros las consideran pobres basándose en los conceptos manejados por las Naciones Unidas, que privilegian las carencias materiales. ¿Qué es lo que les da esa fortaleza y seguridad y por qué no aceptan ser catalogadas como pobres cuando los parámetros para medir la pobreza mundialmente las señalan como tales?

Ante estas preguntas, las miskitus entrevistadas responden no ser pobres porque tienen dignidad, vista como su mayor riqueza y fortaleza identitaria, pieza inherente de los valores culturales ancestrales. Cunningham lo dice así: La noción cultural de pobreza se vincula a los valores que ellos (los miskitus) tienen de convivencia. Y añade otro aspecto, que vincula valores con juventud: La pobreza para el miskitu es un elemento transitorio, ligado a la edad. Si sos menor de edad, es aceptable y permisible perder valores tradicionales.

También lo percibe en relación con la producción la cosmogonía de los pueblos indígenas y su relación con el medio ambiente. Lo resume este comentario de Elizabeth Henríquez, ex-alcaldesa de Bilwi, miembro del directorio del partido regional indígena Yatama y presidenta del directorio de la Asociación de Mujeres Indígenas de la Costa Atlántica (AMICA): Pobreza es falta de producción desde la costumbre, desde la visión como pueblos.

“LA POBREZA MENTAL NO NOS DEJA AVANZAR,
SIGNIFICA SER CONFORMISTA”

La pobreza tiene que ver también con las barreras mentales, con el sentimiento de colectividad, con la carencia de valores morales, con identidades espirituales y materiales, así como con la ausencia de una visión de futuro. Anicia Matamoros, profesora miskitu de 53 años, líder de la Iglesia Morava y directora de la Escuela de Preparatoria de URACCAN-Bilwi, plantea: Pobreza es algo que no nos deja salir adelante. No nos desarrollamos. Podemos tener todo y podemos ser pobres. Eso es lo que es la pobreza mental. Es falta de visión, falta de aspiraciones, falta de nuevas maneras de ver las cosas, falta de sueños. Es ser conformista.

Se les preguntó: ¿Hay valores culturales que tienen mayor peso que otros en la auto-percepción de pobreza? Las miskitus, contestan afirmativamente, ya que la pérdida de identidad cultural es el factor más influyente en su condición de pobre. Identifican que la identidad cultural engloba la identidad individual y la étnica y, por tanto, siembra los valores culturales básicos y fundamentales de solidaridad, lo que produce como resultado un espacio muy reducido para el surgimiento de la pobreza.

En Bilwi, una persona pobre es aquella persona que no tiene ningún tipo de valor moral espiritual: el respeto mutuo, el sentimiento de colectividad y la identidad espiritual, explica Cunningham. Pobreza es una persona pobre de espíritu, que no tiene oportunidades en la vida para vivir dignamente porque el entorno en el cual vive no le facilita las condiciones para poder crecer en lo cultural, espiritual y material según su cultura y no según la cultura ajena. Es alguien que no tiene esperanza de llegar a ser alguien en la vida.

LAS MUJERES CREOLES HAN TENIDO
MÁS OPORTUNIDADES QUE LAS MISKITUS

Las condicionantes de pobreza que se identificaron en las percepciones de pobreza de las mujeres miskitus se vinculan con la pérdida de identidad individual y la manera como se enfrenta la vida. Una de las causas de la pobreza es asumir que por ser miskitus debemos ser pobres o por ser miskitus no tenemos derecho a la educación -dijo Matamoros-. Hay diferentes concepciones de pobreza: educativa, económica, mental. Soy pobre y me quedo en eso. La vida es como una grada que uno tiene que ir subiendo, desarrollándose.

Se trata, según las mujeres miskitus, de no asumir el rol que te asignan los otros que no conocen ni tu idiosincrasia ni tu cosmovisión. Pobreza es deponer sentimientos e identidad individual e indígena y asumir el rol de cómo los otros me ven y me valoran. El sentimiento personal pasa a un segundo plano, porque la autoestima es baja. Para Henríquez, los factores que condicionan la pobreza de las mujeres de Bilwi son dependencia externa y aislamiento, como sinónimo de pobreza.

En este estudio observamos que, desde la perspectiva de la cultura miskitu, el concepto de riqueza tiene una connotación muy diferente a la que se maneja mundialmente y, especialmente, a la que utilizan las agencias internacionales de cooperación. Para las miskitus, riqueza es vivir de acuerdo a los valores tradicionales. Ellas no tienen otro concepto de riqueza, no manejan el concepto de acumulación.
Jorge Fredricks, coordinador del Movimiento Indígena Nicaragüense en el momento en el que lo entrevisté para otro estudio, ofreció este perfil de su propio pueblo: El miskitu no ve la pobreza, por eso está costando mejorar la calidad de vida. Tiene una mentalidad de tránsito, lo cual implica no mejorar la calidad de vida, no mejorar la condición social.

Lottie Cunningham, miskitu, enfermera, abogada y directora del Centro por la Justicia y los Derechos Humanos en Nicaragua, sostiene que las miskitus no se sienten pobres porque tienen su propia riqueza (territorio, cultura, lengua)… No obstante, advierte sobre la preocupación de que las comunidades indígenas estén adoptando patrones culturales ajenos: Estamos dejando nuestra cultura y estamos tratando de adoptar la cultura occidental. Esto produce un debilitamiento cultural.

Añade que si se cuantificaran los espacios brindados para el desarrollo profesional de miskitus y creoles, se notaría que los miskitus no han tenido oportunidad para un crecimiento profesional de acuerdo a su cosmovisión. El espacio para el desarrollo étnico brindado a los miskitus no ha sido igualitario: Los miskitus han tenido muy poca oportunidad para su desarrollo profesional. Los creoles han tenido mayores oportunidades (por el dominio del idioma inglés). Justamente, porque los valores inculcados a los miskitus son más de índole espiritual. Es la cosmovisión y la idiosincrasia miskitu la base de su filosofía espiritual. Mientras la creol es una combinación de lo material y lo espiritual.

No obstante las diferencias vividas por las dos culturas las distinciones étnicas estereotipadas dentro del círculo del gobierno y de sus instituciones, así como en organizaciones privadas, giran alrededor de la visión paternalista de considerar que ambas etnias son como niños.

CON QUÉ CRITERIOS
MEDIR LA POBREZA: HABLAN ELLAS

Ni las creoles ni las miskitus entrevistadas se identifican con los indicadores que suelen medir sus condiciones de vida a partir de la visión occidental: ingresos versus egresos, alimentación (dieta balanceada), vivienda, educación y salud.

Consideran que estos elementos, definidos desde la visión de los otros, no son pertinentes a la particularidad concreta de Bilwi, debido a que no toman en cuenta los valores culturales que contribuyen a reducir y/o paliar la pobreza.

Además de definir la pobreza desde su percepción, estas mujeres han aportado criterios para una discusión en pro de elaborar nuevos indicadores para medir la pobreza en Bilwi y en el Caribe. La representatividad de indicadores que culturalmente estarían dispuestas a aceptar las mujeres creoles se enmarcan en: desarrollo con identidad, oportunidades de trabajo, estudio, vida social y política, derecho a la tierra y a trabajarla de acuerdo a su cosmovisión y respeto a los valores culturales ancestrales.

Las informantes miskitus también tienen una percepción clara de cómo las organizaciones miden mundialmente la pobreza y han aportado elementos para la construcción de otros parámetros propios para medir la pobreza cultural en Bilwi. Para ellas, la representatividad de indicadores que cultu¬ral¬mente estarían dispuestas a aceptar se enmarcan dentro de estos conceptos: grado de relaciones que hay en la comunidad con la familia, con la comunidad y con el medio ambiente. Si se violenta esta relación armónica, hay desequilibrio y esto agudiza la pobreza.

También incluyen, como parte de la tipificación de indicadores, el grado de fortalecimiento de su propia identidad. Los conceptos que hasta ahora son manejados como índices para medir la pobreza, según las mujeres miskitus, son mucho más complejos si se toma en consideración que éstos deben partir del saber y cosmovisión del pueblo indígena, para generar el desarrollo con identidad cultural. Los elementos de referencia indentitaria dentro del proceso de construcción de indicadores para las mujeres miskitus de Bilwi parten de articular estos elementos de la identidad colectiva e individual: derecho a la tierra, organización y participación, desarrollo con identidad, oportunidades de trabajo, estudio, vida social y política.

Existe, pues, una gran distancia entre los indicadores mundialmente utilizados para medir la pobreza y los indicadores de las mujeres miskitus y creoles. Más bien, tanto para las mujeres creoles como para las miskitus, esos indicadores, en vez de servir para potenciar el bienestar y el desarrollo, producen apatía, porque reflejan una situación caótica en la cual las mujeres del estudio no se sienten representadas.

BIENESTAR=FELICIDAD,
IDENTIDAD CULTURAL, ESPIRITUALIDAD

En la construcción de la percepción de bienestar, las creoles parten de los valores morales culturales transferidos de generación en generación, relacionándolo a la calidad de vida en donde se conjugan estos elementos: solidaridad material y espiritual, felicidad, educación con identidad y espiritualidad. Este modelo cultural se relaciona con diferentes estados de emociones, como la felicidad y el orgullo de la identidad espiritual. Para ellas, vivir bien y en bienestar cultural es estar en armonía con la familia, es tener tranquilidad espiritual y satisfacción material.

Para las mujeres miskitus, bienestar es la solidaridad y el respaldo familiar que reciben para vivir bien de parte de algunos miembros de la familia y/o la comunidad. También es el compartir y poner en práctica los saberes y valores culturales para la vida individual y colectiva. Es un derecho cultural que cada una de ellas tiene. Pero este derecho no se hace realidad si los valores y conocimientos culturales no se transfieren de generación en generación. Quien tiene esta educación percibe este proceso como normal, inherente a su vida. Lo normal es la práctica de la solidaridad.

Sin embargo, esto no suele ser un proceso automático, ni tampoco se cumple con sólo ser indígena. Se logra alcanzar el estado de bienestar cultural sólo si se vive de acuerdo a los valores y saberes culturales.

MÁS SOLIDARIDAD CULTURAL SIGNIFICA
MENOS POBREZA ECONÓMICA

El término bienestar es visto como tranquilidad espiritual entre mujeres creoles y miskitus, sean éstas moravas o anglicanas, y la solidaridad es el punto donde se interconectan la cultura y la fe cristiana, la herramienta cultural y espiritual para combatir la pobreza.

Las propiedades fundamentales de la solidaridad cultural, el compartir los inconvenientes y las satisfacciones de la familia nuclear, la extendida y la comunal y hacerlos propios es, en realidad, la lucha contra la pobreza. Y esto atañe a todos por igual. Es el poder cultural de quien tiene hacia quienes necesitan una mano amiga para levantarse. Es la cadena que teje y une la identidad cultural de la familia y la comunidad de generación en generación.

¿Cuál es el fundamento cultural que explica el tejido que amarra el proceso de la solidaridad? ¿Y cómo se establecen las diferentes formas de relaciones de poder y de dependencia, ya sea de una de las partes o de las dos?

En primer lugar, hay que reconocer que las mujeres creoles y miskitus de Bilwi requieren de condiciones económicas y espirituales sólidas, sustentadas en valores culturales ancestrales, que les permitan practicar la solidaridad cultural.

En segundo lugar, hay que distinguir que la solidaridad no se reduce a una relación meramente económica cuando los hallazgos de este estudio la definen claramente como una práctica ancestral, que trastoca las esferas económica, social, mental y espiritual.

Por último, hay que identificar el enfoque dado a la solidaridad como opción para enfrentar la pobreza. Dentro de este panorama, las relaciones de poder y dependencia afectan lo económico, lo cultural, lo mental y lo espiritual.

Teniendo en cuenta que la pobreza es el resultado de un proceso multidimensional, la lucha contra la pobreza debe ser abordada desde distintos puntos de vista para la búsqueda de alternativas que contribuyan a soluciones pertinentes. Ninguna de estas alternativas tiene certeza de poder eliminar la pobreza porque depende de cómo la sociedad la define, la vive desde su cultura y, particularmente, cómo la enfrenta.

A pesar de la evidente influencia de los valores culturales, persiste aún una clara realidad de carencia de necesidades materiales básicas entre las mujeres miskitus y creoles de Bilwi. El estudio evidenció que sin la solidaridad cultural, habrá mayores niveles de pobreza económica. Se observa esto en el caso de algunas mujeres miskitus domésticas, sin ingresos, sin opciones, sin oportunidades. Entre quienes pueden y tienen mejores condiciones de vida -salud, educación, vivienda, un estilo de vida diferente-, esto les permite practicar el pana pana (apoyo mutuo) entre quien no tiene y quien tiene.

ESTUDIANTE CREOL EN ANTROPOLOGÍA SOCIAL
EN LA UNIVERSIDAD DE LAS REGIONES AUTÓNOMAS
DE LA COSTA CARIBE NICARAGÜENSE (URACCAN).

TEXTO BASADO EN “EL SABER Y LA RIQUEZA: ENFOQUE CULTURAL DE LA POBREZA POR LAS MUJERES CREOLES Y MISKITUS DE BILWI,” TESIS DE MAESTRÍA PUBLICADA POR EL CENTRO DE ESTUDIO E INVESTIGACIÓN DE LA MUJER MULTIÉTNICA (CEIMM).

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