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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 194 | Mayo 1998
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Guatemala

"Aquí está la voz de más 55 mil víctimas"

Discurso de Edgar Gutiérrez, coordinador general del Proyecto REMHI al presentar el Informe "Nunca más" en la Catedral de Guatemala. El 24 de abril el opispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala Juan Gerardi presentó en la Catedral de la capital guatemalteca el informe final del proyecto de la Iglesia Católica Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), que él coordinó. El informe, titulado "Nunca más", recuerda y recuenta los terribles acontecimientos que jalonaron el prolongado conflicto armado interno vivido por Guatemala entre 1960 y 1996.

Edgar Gutiérrez

* Hace exactamente tres años, un 25 de abril de 1995, presentamos públicamente el Proyecto REMHI: un trabajo pastoral interdiocesano cuyo objetivo era abrir espacios de desahogo para las víctimas de la impunidad del conflicto armado en nuestro país. Estábamos convencidos de que, además de su impacto individual y colectivo, la violencia política le había quitado a la gente su derecho a la palabra.

* También pretendíamos avanzar en el trabajo que posteriormente tendría que desarrollar la Comisión de Esclarecimiento Histórico, contribuyendo a hacer su trabajo más eficaz en una sociedad aún dominada por el miedo y con un componente multicultural, lo cual no hacía nada fácil el acercamiento a las víctimas.
4 Nuestro trabajo partió de una situación distinta a otras experiencias de Comisiones de la Verdad, que se han realizado en contextos en los que la tensión política y las amenazas han disminuido.

* Poco después de iniciar las actividades preparatorias, nos confrontamos con los límites de los enfoques habituales del trabajo de derechos humanos, cuando se trata de comprometer la experiencia de las poblaciones afectadas por la guerra. Los conceptos entraron en crisis desde el primer momento. ¿En qué categoría de violación entra la obligación de matar a un hermano? nos preguntaron en Chiché, El Quiché. ¿Qué concepto se puede aplicar a las ceremonias públicas donde se obligaba a todos los pobladores a golpear a la víctima con un palo en la cabeza hasta que perdía la vida?, nos dijeron en Chichupac. Esto fue sólo el inicio de los desafíos. Exigía abandonar las complejas fichas basadas en el modelo de los derechos humanos para adoptar una metodología más abierta.

* Los objetivos fueron adaptados a las propias necesidades comunitarias. Mucha gente con la que trabajamos estaba más interesada en ver cómo la memoria histórica podía ser un instrumento de reconstrucción social. Los ritmos de las comunidades también fueron distintos. En algunos lugares la gente fue llegando desde el principio, en otros pasaron meses hasta que quisieron hablar. En unos fueron las personas individualmente las que llegaron a contar su historia, en otros fueron grupos enteros los que dieron su testimonio colectivo.

* Los 600 Animadores que se involucraron muchos de ellos han recorrido cientos de kilómetros para estar presentes hoy en esta entrega de su obra, fruto de su trabajo , mostraron desde el principio una gran claridad sobre la utilidad de este trabajo y el sentido que podía tener el conocimiento de la verdad, la dignificación de los muertos, el sentido de recuperar la palabra y el valor de la memoria para las futuras generaciones. La mayoría de ellos conocía bien o compartía la experiencia de violencia sufrida por la gente, hablaban su propio idioma, entendían las claves culturales de cada región. Por todo esto tuvieron una gran capacidad de escucha y empatía. El 61% de los 6 mil 500 testimonios recogidos los recibimos en quince idiomas mayas, principalmente en qekchí, ixil y quiché.

* La implicación de sectores importantes de la Iglesia fue un aspecto clave para poder llevar adelante el proyecto dada su credibilidad, la confianza que le tiene mucha gente, su cobertura geográfica y la posibilidad de convertirse en un espacio protegido.

* El gran número de los testimonios recogidos y la relativa dispersión geográfica de las regiones y aldeas, hizo necesario desde el principio establecer formas de coordinación locales y de ámbito nacional. En la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado se clasificaron los testimonios de las diócesis, se analizaron los resúmenes, se codificaron y se ajustaron las bases de datos útiles para el análisis.

* Los 6 mil 500 testimonios recogidos nos hablan de más de 55 mil víctimas. El 75% de ellas son adultos, el 75% pertenecen a los pueblos mayas. Pero no sólo sufrieron estas 55 mil víctimas directas. También sus familiares. Al menos dos de cada tres víctimas tenían responsabilidades familiares.

* Documentamos 86 mil 318 niños cuyos padres sufrieron alguna violación, la mitad de ellos son huérfanos de padre y/o de madre. Al menos tres de cada diez víctimas pertenecían a algún grupo organizado. Más de la mitad eran catequistas o delegados de la palabra y casi una de cada cinco víctimas trabajaba en grupos de carácter social o comunitario. Esto confirma que la violencia impactó preferentemente a los líderes sociales. Más del 90% de las víctimas eran líderes civiles y sólo una de cada diez víctimas pertenecía a algún grupo de carácter militar.

* En un período de menos de tres años, entre 1980 y 1983, hubo casi 44 mil víctimas, el 80% del total de las que REMHI documentó. En 1981 y 1982 ocurrieron casi 300 de las 422 masacres que hemos constatado. 116 masacres tuvieron más de 21 víctimas y otras 40 más de 100 víctimas.

* Los grupos paramilitares son responsables de 3 mil 424 víctimas. El Ejército en combinación con grupos paramilitares como las Patrullas de Autodefensa Civil y los Comisionados , es responsable por 10 mil 600 víctimas. La guerrilla es responsable de 5 mil 117 víctimas. Y hay unas 2 mil 800 víctimas de las que no pudimos establecer con certeza quiénes fueron sus victimarios. En El Quiché se produjo más del 57% de las víctimas y un 23% en Las Verapaces.

* Aunque suponen una muestra importante, los testimonios recogidos por REMHI están lejos de agotar la totalidad de las masivas violaciones de los derechos humanos durante los últimos 36 años. Nuestra información refleja la mayor parte de los hechos de violencia política ocurridos en los primeros años 80, especialmente en las áreas rurales. Los testimonios recogidos sobre lo ocurrido en los años 60 en el oriente del país o en la ciudad de Guatemala en los años 70 no dan la dimensión de la violencia que se vivió en aquellos tiempos.

* Nuestro informe está resumido en cuatro tomos. En el primero, que titulamos "Impactos de la violencia", analizamos esos impactos a nivel personal, familiar y comunitario y abrimos capítulos especiales para abordar la violencia contra los niños y contra las mujeres. En ese tomo tratamos tanto las diferentes estrategias de la gente para afrontar las situaciones límite a las que se vio sometida como sus actuales estrategias para que esa violencia no se repita.

* En el segundo tomo, que titulamos "Los mecanismos del horror", analizamos cómo se planificaron y ejecutaron las masacres, las torturas, las desapariciones forzadas, cómo han funcionado los aparatos de terror de los servicios de inteligencia militar y las fuerzas especiales de la contrainsurgencia, y cuál fue el entrenamiento y los métodos que se emplearon para convertir a los hombres en máquinas de matar.

* El tercer tomo es un amplio marco histórico de la guerra: los ciclos políticos y económicos y los actores fundamentales del proceso político, entre ellos la Iglesia.

* El cuarto tomo presenta los nombres y otros datos mínimos que identifican a las víctimas, y recoge unas estadísticas generales y un adéndum de recomendaciones que hacemos al Estado, a las fuerzas políticas del país, a la Iglesia y a la comunidad internacional. Estas recomendaciones las hemos titulado "El camino de la reconstrucción social".

* Las portadas de los cuatro volúmenes representan, en una singular serie fotográfica, al pueblo en cuatro momentos: cuando se calla o no lo dejan hablar, cuando se ciega o no lo dejan ver, cuando ensordece o no lo dejan oír y cuando rompe el silencio. Los ejemplares de este Informe serán entregados a los Animadores y a los agentes de pastoral en cada diócesis. A partir de mayo estarán disponibles para el público. A partir de junio queremos poner en circulación una versión resumida del Informe e inmediatamente después varias versiones en clave de divulgación popular.

* No quiero dejar de agradecer a la población que con tanto valor y dignidad nos confió su historia. Agracecer el trabajo de los Animadores, el respaldo de agentes de pastoral y obispos, de los coordinadores diocesanos y sus equipos, de nuestros asesores, codificadores, enlaces, analistas y voluntarios. También el decidido apoyo financiero de los gobiernos de Suecia y Noruega a lo largo de todo el proceso, de EZE y Miserior agencias de las Iglesias evangélicas y católica de Alemania , de la Unión Europea, del gobierno de Suiza, del de Alemania, el apoyo de varias agencias amigas y solidarias: Médico Internacional, Inkota, la Consejería de Proyectos, la Fundación Böll y Oxfam Inglaterra. A todos ellos, mil gracias. Nuestro recuerdo para aquellas personas que, como Myrna Mack, ya no están entre nosotros y que fueron precursoras e inspiradoras de esta ardua tarea.

"EL EJERCITO SUPERO
TODAS LAS PREVISIONES DEL HORROR"

Texto de la Introducción del Volumen II del Informe "Nunca más"
titulado "Los mecanismos del horror"

* En los testimonios del Proyecto REMHI se recogen las voces de las víctimas, pero también revelaciones de victimarios que ayudan a entender algunas de las lógicas de la destrucción. Primeramente, analizamos la dinámica de las masacres especialmente en el período 1980 83 , el uso de la tortura y los modos de actuación de los cuerpos de inteligencia militar. Analizamos también las formas de involucrar a la población civil en la guerra y de reorganizar la vida cotidiana de la población bajo control militar. Por último, hacemos un análisis de los mecanismos de entrenamiento y conformación de grupo que han hecho posible las atrocidades. Esta memoria del horror puede convertirse en un elemento clave para que la historia reciente de Guatemala no se repita como tragedia.

* Las características de la violencia masiva ponen de manifiesto que ésta no sólo formó parte de una dinámica de enfrentamiento armado entre dos bandos, sino que se derivó de una estrategia de guerra en la que la gente se convirtió en el objetivo central. En su afán de destruir a la guerrilla y a cualquier apoyo que pudiera tener, el ejército desarrolló planes de campaña y acciones específicas contra la población civil orientadas por la lógica de tener control de la población y del territorio. En muchos casos eso supuso llevar a cabo masacres y destrucción masiva de comunidades consideradas hostiles. En otros, la utilización de los secuestros, torturas y otras formas de violencia selectiva contra cualquier oposición al régimen. Para la guerrilla el apoyo de la gente era muy importante para poder tener éxito en su lucha, pero también llevó a cabo acciones selectivas contra quienes se oponían a su acción o colaboraban directamente con el ejército en la represión.

* La violencia en Guatemala ha estado marcada directamente por el papel predominante de los aparatos de inteligencia militar, que llevaron a cabo innumerables acciones para eliminar la disidencia política y promover un control interno absoluto dentro de los cuerpos de seguridad. Eso supuso un sistema de vigilancia continua, llevada a cabo especialmente por informantes civiles (orejas), Comisionados Militares, o las propias estructuras de contrainteligencia, conocidas habitualmente como G2. La mayor parte de las veces las acciones represivas se llevaron a cabo de una manera clandestina, para evitar la identificación de sus actores. De esta manera, la violación sistemática de los derechos humanos y la impunidad constituyeron una parte central de sus actuaciones.

* A pesar de que el desarrollo de la violencia estuvo condicionado por numerosos acontecimientos sociales y políticos, la conducción de la guerra siguió una planificación estratégica realizada por parte del ejército. La tipología de la violencia se analiza tanto a partir de los efectos selectivos o de destrucción masiva que tuvo, y que se expresan en los testimonios, como del diseño y planificación que se puede encontrar en los manuales y procedimientos de entrenamiento en la guerra contrasubversiva.

* La violencia sociopolítica ha tenido un impacto enorme en el tejido social de Guatemala. A la polarización comunitaria inducida por la identificación con algún bando, se sumó, por parte del ejército, el desarrollo de todo un sistema de control que llegó a reestructurar el tejido social, incluso familiar, en base a los objetivos militares, para eliminar cualquier tipo de oposición. Después de una primera fase de destrucción, la lógica del control del territorio y de la gente incluyó un proyecto de reorganización social forzada, especialmente a través de las Patrullas de Autodefensa Civil y de los Polos de Desarrollo y Aldeas Modelo.

* Para llevar a cabo sus acciones, el ejército desarrolló un sistema de formación de cuerpos militares basado en el reclutamiento forzoso y un entrenamiento en la obediencia, fuerte control de grupo y complicidad en las atrocidades. Ese sistema explica en gran medida el carácter tan destructivo de la represión política, que se manifiesta todavía en la actualidad en numerosas formas de violencia en la postguerra. El conocimiento de esos mecanismos del horror y el desmantelamiento de las estructuras basadas en esos valores, son cambios necesarios para una efectiva desmilitarización social.

* La memoria histórica tiene un papel clave para desmantelar los mecanismos que han hecho posible el terrorismo de Estado y para evidenciar su función como una parte del sistema económico y político excluyente. No se puede tratar la historia de sufrimiento de la gente como si se tratara de la página de un libro. La distorsión de los hechos y de las responsabilidades conlleva el riesgo de nuevas formas de legitimación de los instigadores de la guerra y compromete de forma grave el futuro de Guatemala. La prevención de las atrocidades implica, además de una aplicación de la justicia, la eliminación de los sistemas e ideologías que convierten la obediencia en una virtud y el horror en un medio para conquistar sus fines sociales.

* A pesar del clima de confianza, muchas personas tuvieron miedo de las posibles consecuencias negativas de dar su testimonio; la presión militar en las comunidades era importante y en ese momento las expectativas sobre la firma del fin del conflicto armado eran todavía inciertas. Para la mayor parte de las personas que dieron su testimonio éste tuvo un efecto positivo de descarga afectiva y de poder hacer algo con su sufrimiento, reivindicar a sus familiares asesinados o desaparecidos y hacer patentes sus demandas y necesidades. Los testimonios recogidos tienen el valor de ser palabra de las víctimas. En algunas ocasiones no se pudo tomar más que un relato parcial de los hechos. En otras muchas, la experiencia de la gente estaba llena de distintos episodios y hechos de violencia que se entrecruzaban.

* Este informe es un intento de reconstruir una multitud de complejas y distintas experiencias de las poblaciones afectadas por la guerra, a partir de las voces de la gente. Se puede leer como un libro, se puede escuchar como una historia, pero sobre todo se puede aprender de esta memoria colectiva, que reivindica la dignidad de las víctimas y las esperanzas de cambio de los sobrevivientes. Una memoria que no sólo mira a los hechos pasados, sino que sostiene las demandas de verdad, respeto, justicia y reparación que deben formar parte del proceso de reconstrucción social de Guatemala.

* Para comprender muchos de los efectos de la violencia, las formas de resistencia y las demandas de la gente que se analizan en este informe, es importante tener en cuenta algunas de las características que la violencia sociopolítica ha tenido en Guatemala. Como otros pueblos que han vivido situaciones de represión política y conflicto armado, la violencia en Guatemala ha supuesto un conjunto de experiencias traumáticas individuales y colectivas, que van de los asesinatos o desapariciones hasta las masacres, de las amenazas a las condiciones extremas de vida en la montaña, del desplazamiento de la ciudad al exilio. La geografía del país, como la memoria de la gente, está cruzada de grandes desplazamientos y rupturas.

* La conflictividad social en Guatemala ha tenido unas bases históricas de exclusión política, discriminación étnica e injusticia social que tienen sus raíces en la propia configuración del Estado guatemalteco. Desde 1954 hasta la actualidad, la historia de Guatemala se ha caracterizado por continuas experiencias de violencia que se han concentrado en diferentes épocas y ciclos históricos, en distintas áreas y grupos de población. Durante la década de los 60, además de los enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército, la violencia por parte del Estado se dirigió contra la población campesina en el oriente del país. En la década de los 70, la violencia política tuvo especial virulencia en la ciudad y se dirigió contra líderes de movimientos sociales y sectores de oposición a los sucesivos gobiernos militares, además de contra la infraestructura guerrillera.

* Ante la amenaza de una población que parecía sublevarse en las áreas rurales, en los primeros años 80 la política contrainsurgente se convirtió en terrorismo de Estado, conllevando un proceso de destrucción masiva, especialmente de las comunidades indígenas y de los grupos campesinos organizados. Por su parte, la guerrilla utilizó la violencia como una forma de eliminar a las personas que colaboraban con el Ejército o en otras ocasiones, como forma de eliminar a la oposición entre la población civil. A partir de mediados de los 80, la represión política por parte del Estado tuvo un carácter más selectivo pero siguió desarrollándose contra personas, comunidades y grupos sociales de oposición, que sufrieron persecución, asesinatos y desapariciones forzadas bajo la acusación de colaborar con la guerrilla.

* Especialmente en la década de los 80, a la que se refieren la mayoría de los testimonios recogidos por el Proyecto REMHI, la estrategia de guerra arrasada llevada a cabo por el Ejército supuso una violencia inusitada que escapó a las previsiones que pudieran realizar la propia guerrilla y las comunidades afectadas. El apoyo con que contó en muchas comunidades la insurgencia, la expectativa de consolidar sus posiciones, la pretendida fuerza militar de las organizaciones insurgentes y las alianzas de distintos actores sociales en las demandas al gobierno, hicieron pensar a muchos que se avecinaba un cambio global del sistema político, que mantenía el poder en manos militares desde 1954, y una solución al problema de la tierra. La incapacidad de la guerrilla de hacer frente a las ofensivas militares y su retiro progresivo de muchas zonas hizo que la población quedara expuesta a las acciones represivas del Ejército. La destrucción masiva producida por las masacres y la política de tierra arrasada superó todas las previsiones del horror y frustró todas las esperanzas de cambio.

* La población involucrada en el conflicto armado fue muy numerosa. Frente a las acciones represivas cada vez más indiscriminadas, mucha gente vio en el proyecto revolucionario una salida para tratar de cambiar la situación y lograr sus demandas de justicia y libertad. Según fuentes militares, el grado de apoyo con el que llegó a contar la guerrilla fue de unas 250 mil personas. La estrategia de algunas organizaciones guerrilleras de desarrollar sus bases y tratar de implicar a la gente de forma masiva en sus estructuras de apoyo militar condicionó de forma importante la dinámica de las comunidades. Del otro lado, el Ejército desarrolló una estrategia de militarización del tejido social, que llevó a la generalización del reclutamiento forzoso, a la creación de las Patrullas de Autodefensa Civil y a su actuación junto a los Comisionados Militares en las tareas de control de la población y lucha contra la guerrilla. Eso supuso la implicación forzada de la población civil en la guerra. En cada pueblo o barrio la vida cotidiana se vio sometida al control de la estructura militar, trastocando sus valores y su cultura.

* La masificación de la violencia en algunos momentos, la arbitrariedad de las acciones represivas y la criminalización de cualquier protesta social, contribuyeron a crear un clima de miedo y terror en grandes capas de la población. Ese temor, que ha formado parte del clima social en Guatemala en las últimas décadas, llegó al extremo del horror con las prácticas de crueldad con que se realizaron muchas muertes. Una buena parte de los asesinatos individuales y masacres tuvieron un carácter público y una dimensión de terror ejemplificante. Muchas personas fueron testigos de las violaciones, asesinatos y masacres de sus familiares y comunidades.

* Las acciones de las Patrullas de Autodefensa Civil y de los Comisionados Militares implicaron a los propios vecinos o sectores de poder en las comunidades como responsables directos de numerosos asesinatos y masacres. Esta fuente interna de la violencia respondió a una estrategia de implicación de la población civil que fue cuidadosamente diseñada por el Ejército como una forma de mantener el control y diluir su propia responsabilidad. La vida de la gente se convirtió así en el campo de batalla, siendo más limitada la lucha directa en combate entre la guerrilla y el Ejército. Todo eso propició el enfrentamiento dentro de las propias familias y comunidades. La centralidad geográfica del conflicto armado el hecho de que se considerara el control del territorio y de la población de las mismas comunidades como escenario de la violencia hizo que el Ejército desarrollara hasta un grado extremo sus estrategias de control.

* Los sectores económicos, políticos y militares dominantes han tenido históricamente una procedencia ladina la tropa ha estado formada mayoritariamente por indígenas y han hecho de la discriminación étnica un modo de actuación cotidiano. Las comunidades indígenas han sufrido numerosas experiencias históricas de exclusión en su relación con el Estado. En una escala microsocial, los conflictos ancestrales entre la población ladina e indígena han constituido una matriz que ha caracterizado posteriormente el modo en que se dio la violencia en esas zonas. Si bien la violencia afectó en distintos períodos e incluso de forma masiva a la población ladina considerada por el Ejército como base social de la guerrilla, posteriormente, con la amenaza de la incorporación creciente de sectores de las comunidades indígenas al proyecto insurgente, la violencia contra la población civil se dirigió especialmente contra la población indígena, con un evidente componente de discriminación y de desprecio de su identidad.

* El poder absoluto de las fuerzas militares y policiales, sus frecuentes acciones clandestinas y la sustitución de las autoridades civiles por el poder militar o por autoridades proclives a él, ha hecho de la impunidad uno de los aspectos clave del conflicto. Nadie ha sido investigado o juzgado durante todos estos años por los crímenes de lesa humanidad cometidos. Al contrario, los mayores responsables se han mantenido en puestos de poder o han adquirido prebendas al calor de la impunidad de sus acciones. Durante mucho tiempo la impunidad ha sido la constante en la forma de actuación del Ejército, policías, comisionados y patrullas civiles, constituyéndose como un factor que estimuló la violencia contra la gente. La impunidad ha sido también una de las consecuencias que víctimas y sobrevivientes han tenido que enfrentar y que se manifiesta en sentimientos de injusticia y de impotencia. Sus consecuencias se extienden hasta la actualidad con el cuestionamiento del sentido de justicia, la convivencia en muchas comunidades con los victimarios y el surgimiento de nuevas formas de violencia social amparadas en la impunidad.

"QUE ESOS ABOMINABLES HECHOS NO SE REPITAN"

Palabras de Monseñor Gerardi al presentar el Informe
"Nunca más" en la Catedral de Guatemala, dos días antes
de ser asesinado.

* El proyecto REMHI ha sido un esfuerzo que se sitúa dentro de la Pastoral de los Derechos Humanos, que a su vez es parte de la Pastoral Social de la Iglesia: es una misión de servicio al hombre y a la sociedad.

* Ante los temas económicos y políticos, mucha gente reacciona diciendo: ¿Para qué se mete en esto la Iglesia? Quisieran que nos dedicáramos únicamente a los ministerios. Pero la Iglesia tiene una misión que cumplir en el ordenamiento de la sociedad, que incluye los valores éticos, morales y evangélicos. ¿Qué nos dicen los mandamientos? "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Y precisamente hacia ese prójimo tiene que dirigir su misión la Iglesia. El Papa Juan Pablo II nos dice, hablando a los laicos: "Redescubrir la dignidad de la persona humana constituye una tarea esencial de la Iglesia". Esta también fue la labor evangelizadora de Jesús. El Señor puso la dignidad de las personas como centro del Evangelio.

* El Proyecto REMHI en el confluir del trabajo pastoral de la Iglesia es una denuncia, legítima, dolorosa, que debemos de escuchar con profundo respeto y espíritu solidario. Pero también es un anuncio, una alternativa para encontrar nuevos caminos de convivencia humana.

* Cuando emprendimos esta tarea nos interesaba conocer, para compartir, la verdad, reconstruir la historia de dolor y muerte, ver los móviles, entender el porqué y el cómo. Mostrar el drama humano, compartir la pena, la angustia de los miles de muertos, desaparecidos y torturados, ver la raíz de la injusticia y la ausencia de valores.

* Este es un modo pastoral de hacer las cosas. Es trabajar a la luz de la fe, encontrar el rostro de Dios, la presencia del Señor. En todos estos acontecimientos es Dios quien nos está hablando. Estamos llamados a reconciliar. La misión de Jesús es reconciliadora. Su presencia nos llama a ser reconciliadores en esta sociedad quebrada, tratando de ubicar a víctimas y a victimarios dentro de la justicia. Hay gente que murió por un ideal. Y los verdugos fueron muchas veces instrumentos. La conversión es necesaria, y nos toca abrir los espacios para estimularla. No se trata de aceptar simplemente los hechos. Es menester reflexionar y recuperar los valores.

* Queremos contribuir a la construcción de un país distinto. Por eso recuperamos la memoria del pueblo. Este camino estuvo y sigue estando lleno de riesgos, pero la construcción del Reino de Dios tiene riesgos y sólo son sus constructores aquellos que tienen fuerza para enfrentarlos.

* El 23 de junio de 1994, las partes que negociaron los acuerdos de paz manifestaron su convicción del "derecho que asiste a todo el pueblo de Guatemala de conocer plenamente la verdad" sobre los acontecimientos ocurridos durante el conflicto armado, "cuyo esclarecimiento contribuirá a que no se repitan las páginas tristes y dolorosas y a que se fortalezca el proceso de democratización el país", y subrayaron que ésta es una condición indispensable para lograr la paz. Esto es parte del preámbulo del Acuerdo que creó la Comisión de Esclarecimiento Histórico, que ahora también está concluyendo su importante labor.

* La Iglesia se hizo eco de este anhelo y se comprometió en la búsqueda de "conocer la verdad", convencida de que, como dijo el Papa Juan Pablo II: "la verdad es la fuerza de la paz". Como parte de nuestra Iglesia, asumimos responsablemente y en conjunto esta tarea de romper el silencio que durante años han mantenido miles de víctimas de la guerra y abrimos la posibilidad de que hablaran y dijeran su palabra, contaran su historia de dolor y sufrimiento a fin de sentirse liberadas del peso que durante años las ha abrumado. Este ha sido esencialmente el propósito que ha animado el trabajo que durante estos tres años ha realizado el Proyecto REMHI: conocer la verdad que a todos nos hará libres.

* Nosotros, como personas de fe, descubrimos en el acuerdo del esclarecimiento histórico un llamado de Dios a nuestra misión como Iglesia: la verdad como vocación de toda la humanidad. Desde la palabra de Dios no podemos ocultar o encubrir la realidad, no podemos tergiversar la historia ni debemos silenciar la verdad. Hace veinte siglos San Pablo hacía una afirmación que nuestra historia reciente ha confirmado fehacientemente: "Se está revelando desde el cielo la reprobación de Dios contra toda impiedad e injusticia humana, la de aquellos que reprimen con injusticias la verdad". La verdad en nuestro país ha sido torcida y acallada.

* Dios se opone inflexiblemente al mal en cualquier forma que se presente. La raíz de la ruina, de las desgracias de la humanidad, nace de una oposición deliberada a la verdad, que es la realidad radical de Dios y del hombre. Y esta realidad es la que ha sido intencionalmente deformada en nuestro país a lo largo de 36 años de guerra contra la gente. De ahí que el "esclarecimiento histórico" decíamos los obispos en la carta pastoral "Urge la verdadera paz" "no sólo es necesario, sino indispensable para que el pasado no se repita con sus graves consecuencias. Mientras no se sepa la verdad, las heridas del pasado seguirán abiertas y sin cicatrizar".

* No tenemos la menor duda, como Iglesia, que el trabajo que hemos realizado en estos años ha sido una historia de gracia y de salvación, un verdadero paso hacia la paz como fruto de la justicia, que ha ido suavemente regando semillas de vida y dignidad por todo el país, siendo gestor y partícipe el mismo pueblo sufrido. Ha sido un bello servicio de veneración a los mártires y de dignificación de las víctimas que fueron blanco de los planes de destrucción y muerte.

* Abrirnos a la verdad, encarar nuestra realidad personal y colectiva no es una opción que se puede aceptar o dejar, es una exigencia inapelable para todo ser humano, para toda sociedad que pretenda humanizarse y ser libre. Nos sitúa ante nuestra condición más radical como personas: somos hijos e hijas de Dios, llamados a participar de la libertad del Padre.

* Años de terror y muerte han desplazado y reducido al miedo y al silencio a la mayoría de los guatemaltecos. La verdad es la palabra primera, la acción seria y madura que nos posibilita romper ese ciclo de violencia y muerte, y abrirnos a un futuro de esperanza y luz para todos. El trabajo de REMHI ha sido una empresa asombrosa de conocimiento, profundización y apropiación de nuestra historia personal y colectiva. Ha sido una puerta abierta para que las personas respiren y hablen en libertad, para la creación de comunidades con esperanza.

* El compromiso de este Proyecto con la gente que dio su testimonio ha sido recoger su experiencia en este informe y apoyar globalmente las demandas de las víctimas. Pero entre las expectativas y entre nuestros compromisos también se encuentra la devolución de la memoria. El trabajo de búsqueda de la verdad no termina aquí, tiene que regresar a donde nació y apoyar mediante la producción de materiales, ceremonias, monumentos, el papel de la memoria como instrumento de reconstrucción social.

* En el 50 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el Papa Juan Pablo II nos dice: "Es preciso mantener vivo el recuerdo de los sucedido: es un deber concreto. Lo que la Segunda Guerra Mundial significó para los europeos y para el mundo se ha podido comprender en estos 50 años transcurridos gracias a la adquisición de nuevos datos que han mantenido un mejor conocimiento de los sufrimientos que causó". Esto es lo que ha hecho el Proyecto REMHI en Guatemala.

* Conocer la verdad duele pero es, sin duda, una acción altamente saludable y liberadora. Los miles de testimonios de las víctimas, los relatos de los crímenes horrorosos, son la actualización de la figura del Siervo sufriente de Yahvé, encarnado en el pueblo de Guatemala: "Mirad a mi siervo dice Isaías muchos se espantaron de él, desfigurado no parecía hombre, no tenía aspecto humano. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso y herido de Dios". La actualización y memoria de estos hechos dolorosos nos confrontan con una palabra original de nuestra fe: "Caín, ¿dónde está tu hermano Abel? No sé, contestó. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano? Replicó Yahvé: ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar desde el suelo hasta mí".

* Es posible la paz, una paz que nace de la verdad de cada uno y de todos. Verdad dolorosa, memoria de las llagas profundas y sangrientas del país. Verdad personificante y liberadora que posibilita que todo hombre y mujer se encuentre consigo mismo y asuma su historia. Verdad que a todos nos desafía para que reconozcamos la responsabilidad individual y colectiva y nos comprometamos a que esos abominables hechos no vuelvan a repetirse.

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