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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 277 | Abril 2005
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Nicaragua

Halcones, misiles, presiones, razones y resistencias

Estados Unidos presiona, de todas las formas posibles, por la destrucción de los cohetes tierra aire Sam-7 que el Ejército de Nicaragua conserva desde los años 80. ¿Cuáles son las razones? ¿Seguridad nacional? ¿Seguridad regional? También hay revancha. También, el objetivo de subordinar a un Ejército de origen sandinista. Y por eso hay presiones y resistencias.

William Grigsby

En el mes de marzo, el gobierno de Estados Unidos arreció sus presiones para obligar al Ejército de Nicaragua a destruir todos sus misiles tierra-aire, las armas defensivas más útiles de su arsenal. Simultáneamente, varios de los más importantes personajes del equipo que administra la Casa Blanca han evidenciado su estrategia para América Latina, cuyo principal objetivo sería, en unos países contener el avance de la izquierda y del movimiento popular, y en otros neutralizar o hasta derrocar a sus gobiernos.

En el caso nicaragüense, la presión sobre el Ejército parece formar parte del objetivo norteamericano de conservar el poder político en manos de liberales y conservadores y, en un sentido más estratégico, impedir el regreso al gobierno de los sandinistas.

Después de la salida del Departamento de Estado del “moderado” Colin Powell y el nombramiento de Condoleeza Rice, una laboriosa ejecutiva de los llamados “halcones”, las posiciones políticas hacia América Latina en los principales instrumentos de política exterior de Estados Unidos se han unificado y el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, ha sonado los tambores de guerra.

Desde diciembre de 2003 se anticipaba un giro en la política de Estados Unidos. Una vez superado el escollo electoral, la administración republicana se dispone a ejecutar su estrategia para someter a toda la región a sus prioridades. En Centroamérica, su principal -y quizás, única- preocupación es Nicaragua.

LOS HALCONES:
REICH, NORIEGA, ABRAMS, NEGROPONTE...

En el personal de política exterior y defensa de Estados Unidos ocupan hoy cargos clave un puñado de republicanos que estuvieron activamente involucrados en la guerra contra Nicaragua en la década de los años 80 y, por lo tanto, que mordieron el polvo de la derrota militar que infringió a sus contrarrevolucionarios el Ejército Popular Sandinista. Algunos de ellos son:

– Otto Reich, ex-Subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental. Sigue siendo un hombre clave como experto cabildero en Washington y ahora lo mencionan como encargado de operaciones secretas contra Cuba. Fue uno de los primeros políticos escogidos por la administración Reagan para participar en el equipo de dirección de la guerra de agresión contra Nicaragua, desde la Oficina de la Diplomacia Pública, un invento de la CIA para realizar, bajo la cobertura del Departamento de Estado, las tareas encubiertas que ya hacía a escondidas. Reich transformó su oficina en una agencia de desinformación y guerra sicológica. Según investigaciones del gobierno norteamericano, Reich redactó desde su cargo editoriales que enviaba a periódicos como si fueran escritos por líderes de las Contra nicaragüense. El objetivo era vender al público norteamericano a los Contras como “luchadores por la libertad” y eliminar el embargo a la venta de armas a los Contras que intentaban derrocar al gobierno sandinista.

– Róger Noriega sucedió a Reich en el puesto. A finales de los años 80 trabajó en la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), donde administró la ayuda no letal en Centroamérica. Tanto el Pentágono como la USAID establecieron en la región oficinas de “ayuda humanitaria” en 1985, después de que el Congreso prohibiera la ayuda militar estadounidense a los Contras nicaragüenses. Las oficinas estaban en Honduras, Costa Rica y en zonas de Nicaragua y gran parte de esta ayuda era entregada a los Contras por grupos evangélicos y políticos de derecha que trabajaban de cerca con el brazo ejecutivo de la Agencia. Más tarde, Noriega se hizo cargo de canalizar directamente esa ayuda a los Contras, en ocasiones “lavando” la ayuda por medio del cartel de las drogas de Medellín presente en Miami.

– Rogelio Pardo-Maurer, de origen costarricense, es hoy Subsecretario Adjunto de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, a cargo de operaciones especiales y conflictos de baja intensidad en América Latina. Según el boletín “Trinchera de la Noticia”, entre 1986 y 1989, fue jefe de secretaría del representante de la Resistencia Nicaragüense en Washington y luego participó activamente en el proceso que culminó con el cese del fuego y las elecciones de 1990 en Nicaragua. Pardo-Maurer fue el conducto original para contactos entre el Presidente Oscar Arias y el gobierno de Estados Unidos, lo que después se transformó en el Proceso de Paz de Centroamérica. Sus experiencias con la CIA y en apoyo a la Contra están reflejadas en el libro “The Contras, 1980-1989. A Special Kind of Politics” (Praeger Publishers, New York 1990).


– Eliott Abrams, recientemente nombrado Jefe de Estrategia Mundial para la Democracia, directamente subordinado a Rice. En la era Reagan fue Secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, puesto desde el que se encargó de dirigir secretamente el financiamiento de los Contras con la venta ilegal de armas a Irán, delito por el cual fue condenado por el Congreso e indultado por George Bush padre. También fue el encargado de supervisar una red clandestina de tráfico de drogas instalada en California con idéntico objetivo.

– John Negroponte acaba de estrenarse como el todopoderoso Jefe del Departamento de Inteligencia de Estados Unidos, después de ser embajador en la ONU y en Irak. De 1981 a 1985 fue embajador de Estados Unidos en Honduras y hombre fuerte de Reagan en Centroamérica. Como tal, fue responsable de la política de sistemáticas violaciones a los derechos humanos del gobierno Reagan en Honduras. Entre otras tareas, supervisó la creación de la base aérea El Aguacate, donde Estados Unidos entrenó a los Contras durante los años 80. Esta base fue también utilizada como un centro clandestino de detención y tortura.

OTROS HALCONES:
GUTIÉRREZ, FISK, MAISTO, LIKINS...

- John Bolton, heredero del tristemente célebre senador Jesse Helms, fue nombrado en marzo 2005 como nuevo embajador en la ONU. Fue Subsecretario de Justicia de Reagan, entre otros cargos clave, y participó en el diseño de estrategias para encubrir las actividades ilegales con las que se continuó la guerra contra Nicaragua después que el Congreso decidió suspender la ayuda a la Contra. En 1998 escribió un artículo en la revista ultraconservadora “The National Interest”, en el cual insistía en que la Corte Internacional de Justicia de La Haya había cometido un grave error cuando en 1987 dictó su histórica sentencia a favor de Nicaragua.

– Charles Shapiro participó y formó parte del grupo de funcionarios pagados por la CIA en el plan de desestabilización del gobierno chileno presidido por Salvador Allende. En los años 80 viajó periódicamente a Nicaragua y El Salvador, en donde fue agregado militar. Es especialista en acciones de desestabilización de gobiernos.


– Lino Gutiérrez, embajador en Argentina y ex-embajador en Managua (1996-1999). Entre 1981 y 1983 se encargó de los asuntos de Nicaragua dentro del Departamento de Estado y participó en el parto de la Contra.

– Anne W. Patterson, embajadora adjunta en Naciones Unidas y ex-embajadora en Colombia. Sustituyó a Gutiérrez como encargada de Nicaragua en el Departamento de Estado a mediados de los 80.


– Stephen G. Rademaker, Secretario asistente para el Control de Armas del Departamento de Estado. A finales de los 80 era el asistente para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado.

– John Maisto, actual embajador ante la OEA y ex-embajador en Nicaragua (1993-1996). Fue embajador en Costa Rica a principios de los 80, y a finales de esa década embajador adjunto en la OEA. En San José, promovió que el gobierno de Costa Rica facilitara su territorio para las bases de ARDE, el grupo de Edén Pastora, entre otros grupos Contras.


– William Brownfield, actual embajador en Venezuela. Fue asistente del jefe del Comando Sur entre 1989 y 1990. Antes fue embajador en El Salvador y ocupó varios cargos importantes en el Departamento de Estado en los 80.

– Dan Fisk, Subsecretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, y uno de los discípulos más queridos del ultraconservador y ya fallecido senador Jesse Helms, arquitecto de la guerra contra Nicaragua.


– Barbara Pope, encargada de Asuntos Civiles del Departamento de Estado. Era la asistente del jefe del Pentágono en la era Reagan.

– Earl Anthony Wayne, encargado de Asuntos Económicos del Departamento de Estado. Fue asistente especial de los Secretarios de Estado de Reagan, Alexander Haig y George Shultz, entre 1981 y 1983. Después, embajador en Francia durante tres años.


– Rose M. Likins dejó su puesto de embajadora en El Salvador para asumir interinamente la Subsecretaría adjunta para Asuntos Político-militares del Departamento de Estado. En los 80 fue encargada de la sección de Honduras y también miembro del equipo de investigación e inteligencia de ese Departamento entre otros cargos.

– Peter W. Rodman, Subsecretario de Defensa para asuntos de Seguridad Internacional. En la era Reagan, funcionario clave del Departamento de Estado y del Pentágono y consejero para Asuntos de Seguridad Nacional.


– Thomas W. O’Connell, Subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales y Conflictos de baja intensidad. Entre 1980 y 1983 fue jefe de la Oficina de Inteligencia de la Unidad de misiones especiales de la Marina. Después, ocu-pó varios cargos importantes, incluyendo algunos en Fort Bragg, donde opera la 82 División Aerotransportada, muchas veces mencionada como la que invadiría Nicaragua en los años 80.

Con semejante equipo, ¿será posible construir una relación política cordial con el Ejército de Nicaragua? Un alto oficial de nuestro Ejército nos dijo a finales de marzo: El problema es que ellos no olvidan lo que ocurrió y quieren su revancha.

HALLESLEVENS: REVÉS PARA ESTADOS UNIDOS

Hay otros factores que inciden en la reciente ofensiva contra el Ejército de Nicaragua. Quizás el más importante es el fracaso de la operación de inteligencia iniciada por Estados Unidos hace tres años para instalar como Jefe del Ejército al General César Delgadillo, ex-subjefe del Estado Mayor hasta el 21 de febrero de este año 2005.

Delgadillo era su gallo, y no pudieron imponerlo, nos aseguró una fuente. El Presidente Enrique Bolaños había recibido instrucciones de Estados Unidos para hacerlo jefe militar. Pero no pudo, porque el Consejo Militar se atuvo estrictamente a la Ley: el Comandante en Jefe debe ser seleccionado entre los oficiales de mayor antigüedad y de mayor rango. Delgadillo no estaba entre los tres primeros.

Más grave para Estados Unidos fue que el Ejército seleccionó unánimemente como su candidato favorito, en la terna presentada a Bolaños, al General Omar Halleslevens, a quien aquellos consideran un sandinista y como tal, un antiyanki. Algo de cierto hay, pero no menos cierto es que el nuevo Jefe del Ejército de Nicaragua ha participado activamente en los últimos cinco años y durante la administración del General Javier Carrión, en la nueva relación con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, definidas hasta hace unas pocas semanas como más que cordiales, amistosas.

“SÍ, VENIMOS DEL SANDINISMO”

Como quien “le dice a Pedro para que lo entienda Juan”, once días antes de entregar su cargo, el General Carrión habló de la cuna sandinista del Ejército nicaragüense: No tenemos ningún problema con nuestros orígenes. Hemos reconocido que venimos del sandinismo, de una lucha contra una dictadura. Somos apartidistas, apolíticos, con visión de nación y al servicio de la población. Hemos manifestado claramente nuestro accionar profesional con la sangre de miembros del Ejército y peleando contra ex-sandinistas, en Estelí por ejemplo”. Mal recuerdo este último, por cierto.

Poco antes de dejar su cargo el 21 de febrero, Carrión declaró que en Estados Unidos quien veta las relaciones con el Ejército, es el sector político. Creemos -afirmó- que va a ser ahora ése el factor más importante a poder romper para dar confianza a esas autoridades políticas, que son quienes gobiernan los programas de los militares. Teóricamente se podría mantener ese veto, y ahí es donde está, precisamente ahora, la gran maduración de las relaciones militares de nuestro Ejército con nuestro gobierno. Y en el caso de Estados Unidos, con sus autoridades militares”.

Y como prueba de lo que decía, Carrión recordó la visita que él mismo había hecho en agosto 2004, después de la segunda destrucción de 333 misiles, al General Richard Myers, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de Estados Unidos, con quien sostuvo una “reunión personal” en el Pentágono sobre amenazas a la seguridad y cooperación bilateral. Era la primera vez, desde 1979, que los máximos jefes militares de ambos países se sentaban a la misma mesa.

UNA MANIOBRA PUBLICITARIA:
LAS FARC EN NICARAGUA

En el contexto de las más recientes presiones sobre el Ejército de Nicaragua y por si algo faltara, en plena Semana Santa, el Ministro de Seguridad de Honduras, Oscar Álvarez, denunció que en Nicaragua operaban células de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tipificadas como “terroristas” por Estados Unidos y Europa. Su objetivo -dijo- era comprar armas y llevarlas a su país. Álvarez dijo que había obtenido esta información de los interrogatorios a un grupo de colombianos capturados en Tegucigalpa a principios de marzo.

El Jefe de la Policía Nacional de Nicaragua, Edwin Cordero, negó la acusación, y aseguró que sí se habían encontrado en Nicaragua personas colombianas, pero vinculadas a las Autodefensas Unidas de Colombia, feroces grupos paramilitares que operan en ese país. No hay evidencias de guerrilleros de las FARC en la región y no sabemos cuales son los elementos en lo que se basó el Ministro Álvarez de Honduras para decir eso, dijo. El Ejército fue más allá. De acuerdo con el vocero oficial, Coronel Adolfo Zepeda, lo habitual es que ese tipo de información se transmita de manera confidencial entre las fuerzas policiales y armadas de la región, para proceder adecuadamente. Obviamente, se trataba de otra maniobra publicitaria, seguramente orquestada desde Washington.

“LOS SAM-7 SON UN PELIGRO PARA EL MUNDO”

El objetivo de la presión son los cohetes Sam-7. Tras la destrucción de mil de estos misiles en 2004, el Ejército de Nicaragua posee aún 1,051 y afirma que 400 de éstos no serán destruidos. Desde el punto de vista estrictamente técnico-por llamarle de alguna manera- Estados Unidos pretende la destrucción de todos los misiles, alegando que no están seguros en manos del Ejército de Nicaragua, y por consiguiente, pueden caer en manos terroristas y son por lo tanto una “amenaza a la seguridad nacional” de Estados Unidos. Pero resulta que misiles tierra-aire, capaces de los mismos estragos, están en abundante cantidad en manos de los ejércitos de Perú, Ecuador y Colombia -por citar algunos países- y a ninguno de ellos Washington los presiona para que los destruyan.



De manera que el argumento de fondo es la desconfianza hacia la capacidad del Ejército de Nicaragua para saberlos resguardar. El 21 de marzo, uno de los integrantes de la delegación del Pentágono que acompañó a Donald Rumsfeld en su gira por Argentina, Brasil y Guatemala, declaró a la agencia AFP en Buenos Aires, que en Nicaragua es un relajo y no hay control de los misiles.

Tres días antes, el encargado de negocios de la embajada estadounidense en Managua, Peter Brennan, le había informado al Jefe del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, General Julio César Avilés, que quedaba suspendida la ayuda militar anual a Nicaragua (2.3 millones de dólares) hasta tanto no se destruyeran todos los misiles. Este dinero se utiliza para becas, seminarios, conferencias y soporte militar. La cooperación para equipos, ayuda humanitaria y programa de desminado se mantendría, según dijo Brennan. La ayuda militar estadounidense a Nicaragua fue suspendida en 1979, tras el derrocamiento de Somoza, y no fue reanudada hasta 2003, durante el gobierno de Enrique Bolaños. Desde entonces, se calcula que ha sido de al menos un millón de dólares anuales.

El asistente de Rumsfeld calificó la suspensión como un mensaje fuerte para el gobierno de Bolaños. Brennan aseguró estar en un período de discusión para ver cómo podemos seguir adelante con los programas de cooperación. E insistió en que al gobierno de Estados Unidos le gustaría ver todos los misiles destruidos. Hemos dicho -reafirmó- que nos gustaría ver la destrucción de estos misiles y estamos a la espera de eso. Estamos a la espera de que se hagan estas destrucciones. Hay un compromiso de país a país y estamos a la espera de que se resuelva eso. Es algo que para nosotros es sumamente importante. Esos misiles representan un peligro para todo el mundo.

UNA TRAMA DE LA CIA EN “EL PINGÜINO”

La suspensión de la ayuda de Estados Unidos al Ejército de Nicaragua fue la culminación de la última ofensiva política. Empezó ésta el 11 de enero, cuando se descubrió a dos nicaragüenses en posesión de un vetusto misil C2M, mejor conocido como Sam-7. La Policía Nacional decomisó ese día el cohete en “El Pingüino”, un taller de refrigeración de Managua, propiedad de Oscar Rivera Lacayo. Rivera declaró que el arma le fue vendida por un hombre de apellido Pineda en 45 mil dólares en una transacción que hicieron en Matagalpa. En su declaración, mencionó a supuestos ex-Contras, entre ellos uno apodado “Cascabel”, quien también habría participado en la operación de compra-venta del arma antiaérea. Nunca fueron capturados.

Después de ser sentenciado como culpable del delito de terrorismo, Pineda habló para denunciar con detalles -demasiados para ser todo mentira- la trampa, supuestamente preparada por la CIA y planificada en la mañana del 23 de diciembre del 2004 en una de las residencias de la embajada norteamericana en Managua. Los gringos con los que nos reunimos -detalló- se llaman, uno Clarence Silva, un nicaragüense encubierto que trabaja para la CIA, el otro se llama Phillips Morris y el otro Tony. Supuestamente, estos agentes les ofrecieron mil dólares por cada misil que compraran e hicieran público para desacreditar al Ejército.

¿Qué más dijo Pineda? No me presté a ningún operativo con la CIA, simplemente fue que ellos nos dijeron que si queríamos cooperar a la paz mundial, etcétera, etcétera. Después nos hacen el montaje con Raúl Huembes, un agente encubierto de la Policía Nacional. También hay otro que se llama Chamberlain, ex–contra, pero que también trabaja con la Embajada americana. El misil lo sacaron dos ex-miembros de la Resistencia, Arandú y Cascabel. Inclusive le preguntó Phillips Morris a Arandú: “¿De dónde sacaron ese misil? ¿Es del Ejército?” “No, es de los que ustedes nos dieron en la guerra. Nunca ha sido del Ejército ese misil”. Según la misma Embajada americana, había 100 misiles que no los habían recogido ellos, porque sólo habían recogido 250 Red Eye. Inclusive en una de las pláticas que tuvieron Cascabel y Arandú con Clarence y Morris los gringos les preguntaron: “¿Para qué querés esa foto del misil?” “Para enseñárselo a la señora, que era la embajadora, y al señor, que era el presidente Enrique Bolaños”. Esas entrevistas están grabadas en La Casona de la Embajada americana.

Cuando se le preguntó al General Carrión sobre esta denuncia de Pineda y la participación del Presidente en esta operación, comentó: Eso ya es un poquito exagerado. Pero no quiso ni confirmar ni desmentir el resto de la trama. Cuando se conoció del caso -declaró Carrión- nosotros dijimos que había rumores de que había una actividad encubierta. Nosotros no podemos confirmar esto. Sin embargo, las autoridades competentes deberán investigar. En coordinación con la Policía, investigamos y trabajamos un informe que entregamos a las autoridades correspondientes. No queremos hacer comentarios. Nosotros lo que hemos dicho es que cualquier rumor de este tipo, que se ande comprando armamento sin la participación de las autoridades, es muy peligroso. Vamos a esperar a ver qué dicen las autoridades. Nunca se supo más de las investigaciones.

¿DÓNDE ESTÁN LOS “OTROS” MISILES?

Si hubo o no trama, seguramente lo sabremos dentro de algunos meses. Lo que resulta extraordinariamente llamativo del testimonio de Pineda -un abogado de cierto éxito, hasta que cayó preso- es su alusión directa a los misiles Red Eye, entregados en los años 80 a los Contras por los mismos funcionarios que ahora quieren recuperarlos, y de paso, destruir el inventario de los misiles soviéticos en poder del Ejército. Ésa es una información, si no secreta, al menos confidencial. ¿Cómo la supo? Pineda habló de 250 misiles Red Eye. Es casi exactamente la cifra que maneja la inteligencia del Ejército (262). También dijo que los oficiales estadounidense ya habían logrado “recuperar” al menos 100. Y según la inteligencia nicaragüense, la cantidad recuperada es de aproximadamente 108. ¿De dónde sacó esa información Pineda?

El propio General Carrión ha dicho públicamente que una de las preocupaciones reales de Estados Unidos es el paradero de los Red Eye. Todos fueron comprados por los oficiales norteamericanos en los años en que el Congreso les prohibió expresamente continuar armando a la contrarrevolución. Un vocero militar nos comentó en privado: Ellos quieren que los saquemos del clavo, que nos hagamos cargo de buscarlos y de entregárselos y hacerlo todo en secreto. Y ni siquiera nos dan la información precisa de cuáles jefes contras fueron los encargados de manejarlos o en qué zona del país operaban.

Otros misiles andan por ahí: los que la Contra capturó a los soldados nicaragüenses en combate. Las mismas fuentes aseguran que el Ejército perdió entre 20 y 30 Sam-7, en los combates librados entre 1985 y 1989. Uno de estos misiles es el que la Policía incautó a Pineda y a su socio. Del resto, sólo han sido recuperados 10. ¿Dónde están los demás? Es una preocupación legítima, tanto de ellos como de nosotros, pero será difícil de resolver, si no logramos una plena colaboración de la gente de la Resistencia. Y eso, sólo pueden garantizarlo los propios norteamericanos, nos comentó la fuente.

BOLAÑOS LE ECHA MÁS LEÑA AL FUEGO

Pocos días después del misil incautado en Managua, un diario de Estados Unidos vinculado estrechamente a los órganos de inteligencia norteamericanos, “The Washington Times”, publicó varios artículos en los que insinuaba -sin presentar evidencias- que militares nicaragüenses podrían estar interesados en vender misiles a grupos irregulares colombianos, por “afinidad ideológica”. En estos artículos el periódico citaba a funcionarios anónimos de la Casa Blanca, quienes expresaron su preocupación porque sospechaban de la participación del Ejército nicaragüense en el suministro de misiles a civiles no identificados. Quienes intentaban la venta -decía el rotativo- exigían varios centenares de miles de dólares por cada misil. Y más decía: Algunos miembros del gobierno de Estados Unidos sospechan que el Ejército está traicionando a Bolaños.

Interrogado sobre este asunto, el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, declaró al día siguiente que su gobierno había pedido al de Nicaragua una investigación oficial para determinar si hay misiles tierra-aire que datan de la lucha entre grupos contras y sandinistas en la década del 80, que puedan haberse perdido o haber caído en manos equivocadas. Tenemos informes -dijo- y hay acusaciones de que puede haber reservas de misiles en posesión de las fuerzas armadas u otras partes. Además, emitió un comunicado en el cual decía que el caso del Sam-7 hallado en el taller de Managua, demuestra que misiles como éstos pueden comprarse en el mercado abierto, lo que destaca la necesidad de una mayor cooperación internacional para eliminarlos.

El propio Presidente Bolaños añadió leña al fuego. Tras la “aparición” del misil dijo a finales de enero en una entrevista a “The Miami Herald”, que todo es posible, refiriéndose al manejo de los misiles Sam-7. Si yo tengo el control de los misiles y me ofrecen muchos dólares, pueden caer en la tentación de venderlo o regalarlo en gesto de compañerismo, expresó el mandatario, refiriéndose a los oficiales del Ejército. Sus declaraciones incomodaron al alto mando militar. Y el entonces jefe del Ejército, General Carrión, le recordó que así como muchos millones pueden tentar a cualquier oficial, muchos millones pueden tentar a cualquier funcionario. De paso, afirmó que no le preocupaba que Bolaños desconfiara de ellos: Lo más importante es el respaldo de las instituciones, de las leyes de la república y del estado de opinión que tenemos cuando hemos ido a los comandos militares. Y el respaldo unísono que hemos tenido es la fortaleza moral que tenemos.

Bolaños no escarmentó. A principios de febrero, en otra entrevista, esta vez a un diario salvadoreño, insistió: Ese tipo de armamento lo compran a precios ‘premium’, exageradamente altos, los terroristas, y siendo esto tan atractivo puede ser que a alguien se le ocurra vender uno de ésos.

DESTRUIR LOS MISILES
Y DESCONFIAR DE SUS GUARDIANES

Estados Unidos desató una intensa campaña mediática -dicen que instigada desde Washington por el embajador de Nicaragua y por el experto en guerra sucia Otto Reich- salpicándola de abundantes opiniones de “expertos”, “periodistas” y políticos de todo el continente, buscando crear un ambiente de opinión pública más allá del respaldo a la destrucción de los misiles. Se trataba de abonar la desconfianza hacia los militares nicaragüenses por su origen sandinista.

A fines de febrero, el gobierno Bush envió a Nicaragua una misión de alto nivel, encabezada por la Subsecretaria adjunta interina para Asuntos Político-militares del Departamento de Estado, Rose M. Likins, una “experta” en Centroamérica. Al concluir su visita, dejó un comunicado cuya ambigüedad abría puertas a la especulación. Estamos muy complacidos -decía- de la reiteración del gobierno, del ejército nicaragüense y de representantes de la clase política de su compromiso de continuar con la destrucción y seguridad de los Sistemas... Nicaragua debe considerar la seguridad de la aviación comercial y las implicaciones que dichos proyectiles sin resguardo tienen para su seguridad y para las oportunidades económicas del país... Nicaragua es la única nación centroamericana que todavía tiene este tipo de proyectiles portátiles dentro de sus fronteras. Los que no están oficialmente supervisados y controlados podrían fácilmente caer en manos de redes criminales o terroristas. Nuestra preocupación es que este tipo de armamento sin controles adecuados representa una amenaza mayor para toda la región y la aviación mundial. El Presidente me reafirmó el firme compromiso que le dio al Presidente Bush y al ex–Secretario de Estado Colin Powell en el 2003 que Nicaragua destruiría sus misiles.

El Ministro de Defensa nicaragüense José Adán Guerra alegó que el compromiso ratificado es el mismo asumido desde 2003. Él tuvo una impresión diferente sobre los resultados de la visita de Likins: Tocamos el tema de los misiles Sam-7 desde dos puntos de vista: de la seguridad y de la conservación de los misiles. Y ellos se fueron clarísimos, ya que han estado tres veces en nuestros almacenes constatando que los misiles se encuentran perfectamente resguardados bajo todos los parámetros de seguridad. Concretamente, vamos a llevar a cabo algunas gestiones para mejorar aún más la seguridad de nuestros almacenes.

Por el otro lado, les explicamos sobre el plan de destrucción presentado, discutido con los Estados Unidos y elaborado por las autoridades civiles y militares de Nicaragua y que presentamos a los Estados Unidos. Cuando estuvo aquí Colin Powell se llevó una copia que yo le presenté el 23 de noviembre del 2003. Al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld le explicamos este plan de destrucción. La intención, la voluntad clara y firme del Gobierno de Nicaragua es continuar con la destrucción de los excedentes quedándonos con una reserva estratégica de un 20%, sin detrimento de la capacidad de defensa que tiene el Estado de Nicaragua.

SANDINISTAS Y LIBERALES VOTAN JUNTOS
POR LA LEY DE ARMAS

Está claro que, técnicamente la seguridad de los misiles está garantizada. Sólo quedan las razones políticas. Una de ellas es la nueva Ley de Armas, aprobada el 23 de noviembre de 2004 por liberales y sandinistas, como expresión de su nuevo pacto. El artículo 142 faculta al Parlamento a decidir sobre la compra y destrucción de armas de fuego patrimonio del Estado, entre ellas el armamento militar. Para decidir hacen falta 56 votos, la mayoría calificada. Los sandinistas -con 38 votos- tienen capacidad de veto, puesto que todas las otras bancadas suman 53 votos.

Poco antes de que se aprobara definitivamente esta Ley llegó al país Dan Fisk, Subsecretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. Uno de sus objetivos era impedir la aprobación de este artículo. Cabildeó intensamente con los principales diputados del PLC, y no lo consiguió. Los arnoldistas respondían con sus votos a favor de esa ley a la advertencia que Fisk les había hecho hacía más de un año y que consideraron extremadamente ofensiva. Fisk cuestionó así a su líder: Si siguen insistiendo en el tema de Arnoldo Alemán, Estados Unidos se olvida de Nicaragua. Así como Daniel Ortega es inaceptable para Estados Unidos, un futuro político con Alemán es inaceptable. Arnoldo Alemán es una figura política del pasado. Es hora de seguir adelante. Algún día los sandinistas se darán cuenta de que Daniel es también una figura del pasado. No pueden mantenerse bajo la figura de un corrupto, y si siguen con él, se van a hundir.

Con esta Ley -para la que los sandinistas consiguieron los votos liberales- el FSLN, con el respaldo apenas disimulado del Ejército, neutralizó el decreto 27, aprobado en abril de 2004 con los votos de todos los diputados no sandinistas, que le daba potestad al Presidente de destruir todos los cohetes antiaéreos de forma unilateral. A mediados de noviembre, poco antes de aprobarse la Ley de Armas, Bolaños ordenó la destrucción de 333 misiles, para completar los primeros mil destruidos. Los sandinistas quisieron impedirlo mediante un trámite judicial de última hora. En ese momento, el jefe de la bancada liberal, Enrique Quiñónez, salió en defensa de la decisión presidencial. Tan sólo una semana después, y como efecto del pacto Ortega-Alemán, él y todos los liberales votaban por la Ley de Armas y defendían la decisión del Ejército de quedarse con el 20% de los misiles.

¿MISILES A CAMBIO DE LA LIBERTAD DE ALEMÁN?

Los liberales fueron cambiando de opinión al compás de la intensidad de las presiones de Estados Unidos. Un día de febrero el diputado liberal Fernando Avellán, presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento, anunció que respaldarían la decisión de destruir todos los misiles. Y hasta ofreció el apoyo del PLC para “concientizar” y “sensibilizar” a las demás bancadas parlamentarias -también a los sandinistas- para lograr la destrucción total de los misiles.

Pero, al mes siguiente, y al compás de las negociaciones con el FSLN, aparecieron René Herrera, Wilfredo Navarro y Noel Ramírez, los más cercanos colaboradores de Alemán, anunciando el respaldo de su partido a la posición del Ejército de conservar el 20% del inventario original de los Sam-7. Avellán hasta se autopropuso a ayudar al Ejército para que no se exponga a cualquier tipo de presión o de sanción internacional por la no destrucción de los misiles. Avellán, un ex-contrarrevolucionario que habitualmente reproduce en el Parlamento nicaragüense los intereses de Estados Unidos, declaró a fines de febrero que si no se destruían todos los misiles, habría sanciones bastante fuertes. Entre otras, mencionó la suspensión total de la colaboración militar con el Ejército, y quizás hasta la anulación de la ayuda que vendría por programas especiales como la Cuenta del Milenio. También reveló que a él ya le habían informado que el aeropuerto de Managua sería clasificado por Estados Unidos como Clase C o Clase 3, la última categoría en razón de su seguridad. Es la que tiene el aeropuerto de Puerto Príncipe en Haití. De inmediato, esto significaría el retiro del país de todas las compañías aéreas norteamericanas. ¿Es brujo Avellán o es caja de resonancia?

Aparentemente, el PLC quiso comprar, con el tema de los misiles, la libertad de su caudillo Alemán. Pasaban las semanas y como no le dio resultado, optó finalmente porque Avellán presentara un proyecto de ley para destruir en seis meses los 651 misiles que faltarían para completar la destrucción del 80% del arsenal original, y cumplir así con el plan acordado entre los gobiernos de Nicaragua y Estados Unidos. Dos días después, el Presidente Bolaños presentó un anteproyecto parecido. Los sandinistas anunciaron que los 38 votos de su grupo solo estarán disponibles si hay un acuerdo expreso del Ejército. Cualquier destrucción de armamentos, tiene que ser en base al balance razonable de fuerzas, en la región centroamericana advirtió el jefe de la bancada del FSLN Edwin Castro.

OBJETIVO ESTRATÉGICO:
BASE MILITAR EN COSIGÜINA

Mientras las tensiones y las iniciativas se movían al ritmo de los acuerdos políticos, se realizaron en febrero, en el Occidente de Nicaragua, ejercicios militares conjuntos entre tropas del Comando Sur de Estados Unidos y del Ejército de Nicaragua. Supuestamente, el objetivo norteamericano son “proyectos de beneficio social”: construcción de hospitales, escuelas y caminos. Ambas partes calificaron, las maniobras -bajo el nombre de “Nuevos Horizontes 2005”- de rotundo éxito.

El Centro de Estudios Internacionales (CEI) de Managua, una de cuyas especialidades es analizar el desarme en el país; había ya advertido en noviembre de 2003: Lo más preocupante, y muy pocas personas lo conocen, son las intenciones del Pentágono de construir una nueva base militar en territorio nicaragüense, específicamente en la península del Cosigüina (en el Occidente del país). Aunque las autoridades militares niegan conocer de tales planes, se ha filtrado a través de los medios de comunicación que parte de la visita de Powell a Nicaragua perseguía ese objetivo. En tal sentido la destrucción de los misiles tierra-aire viene a ser un elemento de presión, pero el objetivo final es la base militar.

¿FUNCIONAN TODAVÍA LOS SAM-7?

Entrevistado por Tim Rogers, Roberto Cajina, consultor privado en seguridad y desarme -y antiguo asesor del General Humberto Ortega-, declaró que la exigencia norteamericana es una bofetada al Ejército. Washington -dijo- pidió a Nicaragua reducir sus misiles sin hacer a la vez solicitudes de desarme específicas a otros países centroamericanos -especialmente a Honduras-, demostrando que políticos de línea dura de la pasada Guerra Fría, hoy de vuelta en el gobierno del presidente Bush, no confían aún en Nicaragua. Esto debe ser interpretado como un voto de no confianza al profesionalismo del Ejército nicaragüense, dijo Cajina.

Sin embargo, reconoció que destruir los misiles era también una manifestación política de buena voluntad y muy probablemente no afectaría las reales capacidades defensivas de Nicaragua. El Ejército estaría destruyendo armas con tecnología, en algunos casos, de hace 40 años. Tal vez ya ni siquiera funcionan.

“UN SÍMBOLO GRANDIOSO,
IDEOLÓGICO Y POLÍTICO PARA EL FSLN”

El diario “La Prensa” -consistente portavoz de los intereses de Estados Unidos en Nicaragua-, en un editorial de noviembre 2004 destacaba la manera profesional con la que estaban actuando los mandos del Ejército cuando las bases de la institucionalidad democrática son quebrantadas gravemente por el pactismo, cuando el FSLN está recuperando casi todo el poder gracias a la claudicación política y moral del PLC... Evidentemente, los Sam-7 son un símbolo grandioso, ideológico y político para el FSLN. Y además representan la parte central del “escudo” de la capacidad militar, ofensiva y defensiva, en la nueva lucha frontal que los sandinistas creen que podrían librar contra el “imperialismo yanqui” si ganan las elecciones nacionales del 2006. Y por eso han luchado hasta con las uñas por evitar su destrucción.

En realidad los sandinistas parecieran estar preparándose desde ahora para otro conflicto bélico. Inclusive hablan de guerra con Honduras y Colombia y algunos mencionan que podrían volver a la montaña, “a combatir al imperialismo”. Por otro lado, a pesar de que algunos estudiosos del problema militar aseguran que los misiles Sam-7 son obsoletos, la verdad es que siguen siendo poderosos artefactos de guerra que no sólo pueden decidir una batalla, sino determinar la victoria o la derrota en toda una contienda bélica. En estas líneas están contenidas las razones de Estados Unidos para el desarme del Ejército.

“EL NO DESEABLE AVANCE
DEL POPULISMO A LA ANTIGUA”

Hay otras razones de similar potencia que trascienden el ámbito nicaragüense. El director de la CIA, Porter Goss, habló en marzo ante el Congreso e hizo algunas advertencias. Hay potenciales focos de inestabilidad en América Latina. Una desestabilización en la región puede llegar a ser “una amenaza” para la seguridad de Estados Unidos. Eso nos obliga a prestarle atención y a tratar de proporcionar la mejor información posible que podamos sobre lo que está ocurriendo, de modo que se adopten las políticas y programas que encaren esos asuntos. El ciclo electoral del 2006 en varios países latinoamericanos ha creado esos “potenciales focos de inestabilidad”.

Una advertencia de este mismo tipo hizo la secretaria de Estado Condoleeza Rice. En una entrevista publicada por “The Washington Post” se mostró preocupada por el avance de las izquierdas en la región: Se trata de un avance del populismo a la antigua, del tipo no deseable. Precisó que este neopopulismo puede derivar en peligrosas demagogias sobre las diferencias de clases.

El periodista norteamericano Jim Lobe, corresponsal de la agencia IPS en Washington, escribió a mediados de marzo que uno de los objetivos de la reciente gira de Donald Rumsfeld en América Latina fue hacer sonar la alarma sobre el creciente peligro que a su juicio representan algunos gobiernos latinoamericanos. Al tope de la lista se encuentra el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, seguido por el ex presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien presentó su candidatura para las elecciones de ese país en 2006. Washington teme que Ortega vuelva al poder y controle los misiles.

En su visita de noviembre 2004 a Managua, Dan Fisk también habló de este “peligro” con los liberales. Uno de los dirigentes del PLC, el ex-canciller Francisco Aguirre Sacasa, reveló que Fisk veía con profunda preocupación un triunfo sandinista. Eso, lo dijo categóricamente, no sería aceptable para Estados Unidos. Sin embargo, y con un sorprendente “patriotismo”, añadió: Pero ésa es la opinión de él. Yo soy nicaragüense. Yo no sé qué es lo que ellos van a hacer. Pero esto es un problema que lo tenemos que resolver los nicaragüenses. Nicaragua es de los nicaragüenses y no de los estadounidenses.

El Diario Exterior, una publicación digital de una fundación española vinculada estrechamente con la ultraconservadora Fundación Heritage de la cual ha sido un destacado directivo Dan Fisk, advertía recientemente: Los próximos 18 meses serán cruciales para América Latina debido a una seguidilla de elecciones presidenciales, municipales y legislativas que mantendrá a la región en un constante estado de ebullición electoral, un dato significativo sobre todo en momentos en que la centroizquierda se hizo fuerte en varios países. Washington mirará atentamente estos procesos electorales por ser la región “un potencial foco de inestabilidad”, lo que podría poner en riesgo la seguridad de los Estados Unidos. El año que viene será un test clave para el populismo de izquierdas ya que Venezuela, Brasil, Ecuador, Nicaragua y México elegirán nuevo presidente.

11 DE ENERO: AL BORDE DE UNA CRISIS
CON EL EJÉRCITO EN LAS CALLES

Una razón más para Estados Unidos es el excesivo celo profesional del Ejército, cuando se trata de las situaciones políticas nacionales. En privado, los diplomáticos estadounidenses han expresado al Presidente Bolaños su preocupación porque los mandos militares no siempre obedecen sus órdenes. Se refieren a lo ocurrido en enero, cuando corrieron intensos rumores de la intención presidencial de decretar el Estado de Emergencia, con un fujimorazo a la nicaragüense, para detener así las reformas constitucionales acordadas entre Alemán y Ortega, que restaban facultades al Presidente.

El General Carrrión confirmó estas intenciones. El 11 de enero -dijo- el presidente sí me convocó y me planteó que estaba examinando como una hipótesis el Estado de Emergencia. A partir de ahí comenzamos a ver nosotros toda la parte legal, y hablamos con el Presidente que, desde el punto de vista nuestro, no había forma legal ni fundamentos en la problemática política para que llevase a un estado de emergencia. Y eso creo que ayudó a desarrollar la situación en el ambiente político. Habían muchas voces para sacar las tropas. Y en la experiencia que hemos tenido en América Latina no ha sido eso la solución de los problemas políticos. Al contrario, donde han salido las tropas se han desarrollado conflictos mayores. Estuvimos al borde de una crisis.

Difícilmente Bolaños podía atreverse a ejecutar un plan semejante sin antes haberlo consultado a Estados Unidos. El frenazo que le dio el Ejército explica entonces mucho de lo que después ocurrió, con la escalada de presiones de Estados Unidos sobre el Ejército.

EL FONDO DE TODO: “HUMILLARNOS”

Según un oficial del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, quien por razones obvias prefiere preservar el anonimato, con esto de los misiles, lo que quieren es castrarnos. Nosotros planteamos quedarnos con el 20% de los Sam-7 por razones de defensa nacional y los militares norteamericanos saben que tenemos razón. Pero los políticos de Washington se enfurecen por cosas como la ocurrida en enero. Y además, no quieren que ganen los sandinistas en el 2006. Y para impedirlo, estoy seguro que eventualmente nos pedirían a nosotros intervenir. Entonces, creen que si nos obligan a deshacernos de todos los misiles nos van a humillar y que después fácilmente nos vamos a subordinar a todo lo que ellos nos digan, tanto en el plano militar, como en el político. Para mí, ese es el fondo de todo.

PERIODISTA.

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