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  Número 260 | Noviembre 2003
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Nicaragua

El “efecto Powell” impone cambios a las tres fuerzas

El breve paso de Colin Powell por Managua dejó una estela de cambios en el escenario político. El más afectado es el FSLN, en crisis su alianza con Bolaños ¿y en vísperas de que Alemán salga libre?

Equipo Nitlápan-Envío

A dos “exámenes” importantes tuvo que acudir Nicaragua eneste último mes. Al de la comunidad donante, en los días finales de octubre, y al del gobierno de Estados Unidos en los primeros días de noviembre.
La combinación de las ofertas nacionales y las demandas internacionales, de las presiones y las recomendaciones, en un contexto de soberanía y autonomía nacional con cada vez menores márgenes, tuvieron inmediata repercusión en la clase política nacional. El “efecto Powell” impuso cambios a las tres fuerzas que dominan el escenario y las consecuencias fueron inmediatas. Bolaños desistió de posponer las elecciones. Los arnoldistas se plegaron al Ejecutivo. El FSLN se quedó solo ante un dilema. Y lo que será más vistoso: la libertad de Alemán.

A EXAMEN
CON EL GRUPO CONSULT|IVO

El gobierno de Nicaragua se presentó a examen ante un grupo consultivo de países donantes, séptimo al que acude como país empobrecido y endeudado. En este evento, protocolario y ya ritual, celebrado por primera vez en Managua, participaron varias decenas de representantes de 25 países que cooperan con Nicaragua y de 20 instituciones financieras y organismos multilaterales, acreedores de nuestro país.
El Presidente Enrique Bolaños pidió disculpas a los representantes de la comunidad internacional por los incumplimientos y desmanes del gobierno de su predecesor Arnoldo Alemán, les solicitó apoyo político y moral para las transformaciones institucionales que pretende impulsar en el país, y buscó “vender” a quienes en tan amplia medida financian nuestra dependiente economía la que considera su mejor carta de presentación: el Plan Nacional de Desarrollo para que le ayuden a financiarlo en los próximos años.
¿Resultados del examen? Bolaños quedó disculpado. La comunidad internacional continúa confiando en su gestión y apostando a su liderazgo y está decidida a respaldarlo porque está “poniendo orden en la casa”. Y, sin duda, por la creciente influencia que en la política de cooperación de la comunidad internacional ejerce hoy Estados Unidos, cuyos dictados Bolaños sigue ciegamente. La comunidad internacional sugirió, demasiado explícitamente y una vez más, la necesidad de hacer reformas institucionales “profundas”, especialmente en el Poder Judicial y en el Poder Electoral, hoy tomados por el arnoldismo y el danielismo como consecuencia del pacto del año 2000. Para evitar la exclusión política y favorecer la equidad económica: éste fue el énfasis de los europeos. Para garantizar reglas del juego a la inversión extranjera y aprovechar las oportunidades del Tratado de Libre Comercio: éste fue el énfasis de Estados Unidos.
Los países cooperantes le dieron el visto bueno al Plan Nacional de Desarrollo, se comprometieron a financiarlo y le hicieron recomendaciones al gobierno para mejorarlo. Entre las observaciones formuladas por las distintas delegaciones, destacamos, por estratégicas, las que cuestionaron que en el Plan se distinga entre pobres “con potencial” y sin él, y se opte por invertir sólo en los primeros; y las que señalaron que, al no aparecer incorporado en el Plan el concepto de género, no se analizan adecuadamente las profundas inequidades que entre mujeres y hombres existen en Nicaragua y que impiden el desarrollo.

LA DOBLE MEDIDA,
EL CELULAR Y LA BANDA

El máximo responsable de “incumplimientos y desmanes” durante el gobierno anterior, el ex-Presidente Arnoldo Alemán permanecía, durante el “examen” de la comunidad internacional en una celda especial -por sus comodidades-, a la espera de un juicio que debe celebrarse antes de que concluya el año. Unos días antes había resultado nuevo motivo de escándalo el privilegio que le concedió la jueza que lleva su caso -alineada con el FSLN y el danielismo-: uso permanente de un teléfono celular para todo tipo de llamadas nacionales, internacionales y con conexión a Internet, hasta con la posibilidad de hacer transferencias financieras. La jueza Juana Méndez argumentó razones humanitarias: Alemán se siente aislado y tiene derecho a comunicarse con su familia. Ella misma ya había autorizado que recibiera visitas diarias de su esposa y sus hijas, gozando de un promedio de seis visitas diarias.
El principal socio del máximo responsable de los “desmanes”, el ex-director de ingresos Byron Jerez, obtuvo en los mismos días un privilegio aún mayor: con fianza, pasó del arresto carcelario al arresto domiciliario bajo custodia. Dos jueces -la misma jueza Méndez y otro juez- y los magistrados de apelaciones alegaron también razones humanitarias en base a un dictamen médico legal. Jerez -acusado en ocho causas por delitos de corrupción, absuelto en una y condenado a ocho años en otra- se hizo colocar, antes de ser arrestado, una banda gástrica que reduce su apetito y su capacidad de ingesta. Quería bajar de peso. Al no cumplir con la dieta que hace eficaz esta banda (siete ligeras comidas diarias con un determinado número de calorías), Jerez ha ingresado por varios días en 16 ocasiones en el hospital durante los 16 meses en que ha permanecido en prisión, víctima de vómitos y de esofagitis. Aunque nunca quedó claro algo esencial -quién incumple con su dieta, si es el sistema penitenciario o es el propio Jerez-, la banda le ha valido el privilegio de la libertad domiciliar, motivo también de escándalo, considerando cuántos son los presos enfermos de gravedad que sufren y hasta perecen en las prisiones de Nicaragua sin ninguna atención médica.

Alemán y Jerez son los únicos funcionarios públicos arrestados y encausados por delitos de corrupción. Los expedientes de tantos otros, de cuyos actos ilícitos la sociedad nicaragüense conoció por la ardua labor de los medios de comunicación, ya fueron negociados y es obvio que no será tocado ningún otro alto funcionario. Esta evidencia es motivo de una gran decepción social, por más que la Procuraduría anuncie periódicamente muy serias embestidas para próximos días que nunca llegan y el Presidente Bolaños continúe siendo felicitado por donantes, diplomáticos y cancilleres por ser el campeón centroamericano -y hasta latinoamericano- de la lucha anticorrupción.

SIGUE SIENDO EL REY

Alemán empleó el teléfono celular que recibió el 20 de octubre de manos de su jueza -así se autotituló cordialmente Méndez ante “su” reo Alemán- para participar a control remoto, el 26, en la convención extraordinaria del PLC. Desde su celda, Alemán convocó esta convención para configurar una nueva conducción nacional de su partido, colocando en los 18 puestos de dirección a sus más incondicionales. En el evento, los votos beneficiaron a todos y a cada uno de quienes aparecían en la lista que el mismo Alemán confeccionó en su celda y que su esposa María Fernanda se encargó de circular entre los convencionales de todo el país.
La convención del PLC mostró que, a pesar de todos los reveses políticos y personales sufridos, unos tras otro, Alemán sigue siendo “el rey”. Sigue ejerciendo un férreo control sobre las estructuras partidarias del PLC y conserva su liderazgo. Sigue determinando en la política nacional. Ciertamente, no es el “cadáver político” del que habló satisfecho el Presidente Bolaños hace dos meses y del que hablan también eufóricos los disidentes del PLC hoy aliados de Bolaños.
En la convención del PLC fue desplazado de su cargo directivo -tercer vicepresidente- Eduardo Montealegre, Ministro de Hacienda. Alemán ordenó retirarlo -aunque no expulsarlo del partido- por participar en un alto cargo del gobierno, siendo el PLC un partido que se ha declarado “en oposición” al gobierno de Bolaños. Más importante es para Alemán erosionar la popularidad que en el liberalismo mantiene Montealegre. Cuando Alemán salga libre, no podrá ser candidato presidencial -como era su sueño-, pero sí pretende poder ser el gran elector del candidato del PLC.
A la espera de ese momento, Alemán coloca obstáculos en el camino de Montealegre, el más presidenciable dentro del PLC, el candidato de Estados Unidos. Y empieza a promover a otros candidatos de su confianza, en primer lugar al ex-Canciller Francisco Aguirre Sacasa. Desde su celular, Alemán envió un mensaje grabado a la convención del PLC en el que prometía deponer mis intereses personales
-su candidatura presidencial, mas no su libertad- y sugería un acuerdo nacional de todas las fuerzas democráticas para evitar un triunfo electoral del FSLN.

LA ESTRATEGIA
PARA LIBERAR A ALEMÁN

El más cualificado, constante y cercano de los estrategas políticos de Alemán, René Herrera -hoy también desplazado de la directiva del PLC porque Alemán dudó de su lealtad-, está seguro que “el rey” saldrá libre. En vísperas de la convención del PLC, Herrera compartió detalles de la estrategia que él ha manejado para conseguirlo.
La “filosofía” de las negociaciones para sacar libre a Alemán -contó- consiste en vincular su salida de la cárcel al desarrollo de Nicaragua. Argumenta Herrera -y no le falta razón- que en Nicaragua lo político se antepone siempre a lo económico y lo determina y, por eso, sin estabilidad política nunca habrá estabilidad económica ni desarrollo. Considera que Nicaragua vive en una gran inestabilidad política desde que todos los caminos llevaron a Alemán por decisión del Presidente Bolaños. Señala que él le advirtió a Bolaños que la lucha anticorrupción produciría una incontrolable inestabilidad política de la que derivaría mayor crisis económica, y en eso estamos. Recuerda Herrera que cuando Alemán llegó a la Presidencia en 1996 algunos le aconsejaron que metiera en la cárcel a dos o tres grandes, y Herrera lo hizo desistir: porque después los cerca-nos a esos “dos o tres” echarían pre-sos a otros dos y los otros a otros dos... y será el cuento de nunca acabar.

Eso es lo que, según Herrera, ha ocurrido después de que Alemán cayó preso: el cuento de nunca acabar, que no permite que la economía del país se estabilice y que impedirá que en Nicaragua funcione ningún plan de desarrollo ni ningún TLC. Precisamente por eso -explica Herrera- la libertad de Alemán no depende ya solamente de las negociaciones entre el PLC y el FSLN y de las crisis sucesivas que hemos venido fabricando -las ejemplificó con las sucesivas crisis que sandinistas y liberales han provocado y siguen provocando en la bipartidizada Corte Suprema de Justicia-.

Según Herrera, la inestabilidad generada por la prisión de Alemán y la lucha contra la corrupción de Bolaños afecta demasiado los bolsillos de los empresarios nacionales e involucra a “actores internacionales”, entiéndase a Estados Unidos. Todos están viendo ya la inestabilidad política y económica que genera que el líder del partido más grande del país esté preso y la necesidad de resolver esto... con la libertad del líder. Visión realista -también cínica- que el tiempo va confirmando.

UN CRUCIAL
CONTEXTO ECONÓMICO

El fin del año llegó cargado de importantes eventos económicos, necesariamente precedidos de acuerdos políticos que deben traducirse en una mayoría de votos en la Asamblea.

A finales de septiembre, el Presidente Bolaños presentó a la Asamblea Nacional su propuesta de Presupuesto para 2004. Aprobarlo con un margen de déficit fiscal similar al fijado por el Ejecutivo es indispensable para que Nicaragua cumpla con el programa del FMI y llegue en diciembre al punto de culminación en la iniciativa HIPC. Como cada año, ninguna institución quedó conforme con el monto que le asigna el presupuesto y se sucedieron los reclamos. Y como cada año, los estudiantes universitarios fueron los más beligerantes en exigir un cálculo más exacto del 6% del presupuesto que por disposición constitucional debe asignarse a las universidades públicas.
Llegar a la culminación en la iniciativa HIPC requiere también de la aprobación de dos leyes: la de Servicio Civil y la de Endeudamiento Público. Desde hace más de un año, la mayoría para aprobar leyes que resultan estratégicas para el Ejecutivo las ha conseguido el Presidente Bolaños aliándose a Daniel Ortega, que ordenaba a sus 38 diputados votar a favor de esas leyes. Los votos sandinistas, sumados a los de los disidentes liberales, permitían a Bolaños avanzar en sus proyectos. Acostumbrados ya a ser “necesarios”, los sandinistas decidieron “elevar la parada” en esta encrucijada económica y declararon que no aprobarían una de las dos leyes pro-HIPC, la de endeudamiento público, si el gobierno no entregaba como propiedad de los trabajadores nueve empresas comprometidas en la Concertación de inicios de los años 90. Estas empresas están hoy cerradas y tienen un valor de unos 16 millones de dólares. La inesperada contradicción FSLN-Ejecutivo llenó el ambiente político de todo tipo de especulaciones. El Presidente Bolaños expresó que no se dejaría chantajear y los sandinistas radicalizaron su discurso sin advertir que los vientos del Norte soplaban ya en otra dirección.

UN NUEVO AMARRE
BOLAÑOS-ORTEGA

Uno de los más inconformes con el monto que le asignaba el Ejecutivo en el Presupuesto 2004 fue el Poder Electoral. Los magistrados declararon que con la cantidad presupuestada no podrían organizar las elecciones municipales, a celebrarse en noviembre de 2004. Por otra parte, la comunidad internacional se niega a financiar esas elecciones, mientras el Poder Electoral siga dominado por arnoldistas y danielistas y el voto de los nicaragüenses siga siendo -por ineficiencia y corrupción en el Poder Electoral- el más costoso de América Latina.

La realidad económica de la lipidia nacional y, más importante aún, esa realidad política que es la falta de arraigo del GUL, el partido liberal promovido desde el Ejecutivo y del que es su presidente honorario, llevaron a Bolaños a solicitar -en privado- el apoyo de Daniel Ortega para promover la suspensión de las elecciones municipales juntándolas con las elecciones generales de noviembre 2006. Esto permitía al gobierno ahorrar dinero y ganar tiempo para fortalecer al GUL. A cambio, Bolaños prometió nuevas concesiones al FSLN.

Fue el Ministro de Educación el que lanzó públicamente la idea de suspender las elecciones del 2004. Dijo que así se podría aumentar más significativamente el salario de los maestros, que en los últimos meses han venido haciendo huelgas de actividades escolares, huelgas de hambre, manifestaciones y presiones de todo tipo en reclamo del salario justo y digno que merecen.
El 24 de octubre, Daniel Ortega sorprendió al anunciar que el FSLN consideraba que por el bien de Nicaragua y para satisfacer las justas demandas de varios sectores sociales -maestros y universitarios- era mejor posponer las elecciones municipales.

La discusión sobre la postergación o celebración de las elecciones colocó, una vez más, sobre el tapete un tema previo y estratégico: las reformas a la actual Ley Electoral, pactada en el año 2000 entre Alemán y Ortega para garantizar una sociedad polarizada y un sistema cerradamente bipartidista. Esta ley es considerada la más excluyente de América Latina. Abierto el debate, se sucedieron las propuestas de reformas electorales, predominando entre quienes se opusieron al pacto del 2000 el sensato criterio de que de nada valdría postergar las elecciones o celebrarlas en su tiempo si se mantiene esa Ley y si la continúa administrando el tan desacreditado Consejo Supremo Electoral.

¿POR QUÉ POSPONER
LAS ELECCIONES?

Hace un año -cuando comenzaba la cuesta abajo y de rodada de Alemán-, fue el PLC el que propuso la postergación de las elecciones municipales. El FSLN se opuso. Ahora, ante la posibilidad de un nuevo amarre con Bolaños, los sandinistas vieron no sólo las nuevas ventajas de ello derivadas, sino también sus propias ventajas políticas. Dos son las más identificables. Las disputas entre liberales bolañistas y liberales arnoldistas se prolongarían durante más tiempo, acentuando unas rencillas y divisiones que favorecen al FSLN.
Otra ventaja: en una elección conjunta, el FSLN no arriesgaría las presidenciales por el resultado de las municipales. El FSLN percibe un riesgo: si gana en las municipales -Managua y las cabeceras departamentales-, el miedo que este triunfo generaría daría impulso a la unificación de todos los no sandinistas; pero si pierde -y existe un temor fundado de perder Managua por la escasa popularidad de Nicho Marenco, el candidato impuesto por Ortega-, esa imagen de derrota debilitaría también las posibilidades de triunfar en las presidenciales.
Al PLC, consciente de la fragilidad de las estructuras del GUL bolañista, no le interesa la suspensión de las elecciones municipales, porque en tan sólo un año podría darle al liberalismo oficialista una prueba contundente de la fortaleza del PLC pese a todo lo sucedido a Alemán.

Jugando siempre a dos bandas en el pleito Bolaños-Alemán, Daniel Ortega decidió apoyar a Bolaños en la suspensión de las elecciones. La propuesta de Ortega provocó tomas de posición de todos los grupos políticos y sectores sociales. A excepción del FSLN públicamente, y del Ejecutivo privadamente, la opinión unánime era rechazar la posposición por tratarse de una ruptura del proceso democrático que afectaría la relativa autonomía que se ha ido logrando en el poder local, con elecciones independientes de las nacionales.

POWELL LLEGÓ
A MARCAR TERRITORIO

Estando en los prólogos de este nuevo amarre y en estos debates sobre asuntos electorales, Nicaragua tuvo que pasar el otro “examen” del mes, nada menos que con el Secretario de Estado estadounidense Colin Powell, que visitó el país durante unas 24 horas, entre el 3 y el 4 de noviembre, con dormida incluida, trayendo un importante cambio de seña para el gobierno de Bolaños.
El jefe de la política exterior de Estados Unidos marcó territorio, dejando a su breve paso por nuestro país claras señales de la voluntad imperial. No faltaron algunos deslumbrados por el poderío del Norte que se complacieron ridículamente en una señal que sólo ellos percibieron: si Powell se había dignado a dormir en Managua esto enviaría a los inversionistas extranjeros el mensaje de que Nicaragua es un país seguro...

Las verdaderas señales fueron otras. Nada ridículas. Powell se reunió únicamente con cuatro políticos nicaragüenses, excluyendo abiertamente a los del FSLN, a pesar de su peso específico en todas las instituciones del Estado y en la política nacional. Para los cuatro que se dignó recibir -Jaime Cuadra, presidente de la Asamblea y eventual factor de unión en el dividido liberalismo por sus tantos años de militancia; Miguel López, diputado y secretario del GUL bolañista; Oscar Moncada, arnoldista sobreviviente a las últimas purgas de Alemán y enlace con el caudillo rojo; y Mario Rapaccioli, presidente del Partido Conservador- el mensaje fue tajante: únanse todos los liberales, únanse con los conservadores, celebren las elecciones en tiempo y olvídense de Alemán. En su celda, también Alemán recibió mensaje: si abandonas tu protagonismo político, todos tus pecados te serán perdonados...

CONSECUENCIAS INMEDIATAS
DEL “EFECTO POWELL”

Si en lo militar Powell no consiguió lo que traía en agenda (como relatamos a partir de la página 11 de este mismo número), en lo político el “efecto Powell” tuvo consecuencias inmediatas. El 5 de noviembre, una inesperada nueva mayoría de 49 votos en la Asamblea, integrada por los diputados arnoldistas y los de Camino Cristiano, unidos después de meses de discordias e insultos a los diputados del Ejecutivo, comenzó a aprobar aceleradamente las leyes necesarias para la HIPC, prescindiendo totalmente de los votos del FSLN, que quedaron desconcertados por lo que ocurría.
El primer paso fue la aprobación en lo general, y el comienzo de aprobación en lo particular, de la Ley de Servicio Civil, con 29 importantes modificaciones hechas por el Ejecutivo, hasta ese día desconocidas por todos los diputados, y que alteran la Ley , que había sido consensuada previamente por todas las centrales sindicales.
En esta ocasión, el Ejecutivo hizo funcionar “la aplanadora liberal”. A la par, las declaraciones altaneras del FSLN exigiendo al gobierno empresas “para los trabajadores” se hacían humo. La nueva mayoría de liberales estrenada ese día -tras lo que los arnoldistas llaman acercamiento y no unificación- permitirá a Bolaños tener listas las leyes que garantizan el punto de culminación en la HIPC y la aprobación del Presupuesto del 2004 sin mayores problemas y sin necesitar al FSLN.

ARNOLDO:
¡LEVÁNTATE Y ANDA!

Más importante giro fue el ocurrido en la celda de El Chipote, donde guarda prisión Alemán, quien parece haber aceptado, por fin, abandonar todo protagonismo en la escena política -incluido su cargo de diputado- y cualquier aspiración electoral a cambio de quedar libre.
¿Cómo saldrá libre Alemán, acontecimiento que puede ocurrir pronto? ¿Amnistiado por la Asamblea Nacional? ¿Con una interpretación “auténtica” de la ley del lavado de dinero que anule lo actuado contra él? ¿Aduciendo fallas procedimentales en las pruebas presentadas por la Procuraduría? ¿Y hacia dónde irá al salir? ¿Asilo, exilio, tratamiento médico en el extranjero?
Nunca le han probado nada es el reiterado discurso que han empleado desde que cayó preso quienes lo aman en su familia y lo consideran rey en su partido, y también quienes han pactado de tantas maneras con él. Así han ido preparando el camino para el amarre definitivo que lo deje en libertad.
Que Alemán salga libre tendrá un tremendo costo político para Enrique Bolaños y para Daniel Ortega. ¿Para quién de los dos más costo? Salir en libertad sin protagonismo político tendrá un costo personal enorme para Arnoldo Alemán. Mantener preso a Alemán tiene un notable costo político para Daniel Ortega en la medida en que Enrique Bolaños abandona sus alianzas con el caudillo del FSLN y el FSLN necesita llegar a algún acuerdo con Alemán para conservar los espacios de poder pactados que los sandinistas mantienen en el Estado.

Al gobierno de Estados Unidos lo que parece interesarle más en todo esto es garantizarse un antisandinismo unido bajo una gerencia política más moderna -no acepta ya el estilo Alemán-, que asegure la firma y la implementación del TLC, el desarme del Ejército de Nicaragua y los planes de seguridad hemisférica en los que está hoy concentrado la voluntad del Imperio.

ORTEGA ANTE UN GRAN DILEMA

El FSLN es, sin duda, el gran afectado por el “efecto Powell”, con tiempos políticos cada vez más ajustados -por las elecciones municipales- para que Daniel Ortega mantenga sus tácticas oportunistas de aliarse a Bolaños o a Alemán según pinten los intereses que ha ido creando en torno a cada uno de ellos. ¿Ha llegado ya para el FSLN el momento de elegir entre el caudillo liberal y el presidente liberal? ¿Cuáles serían las consecuencias para el FSLN de elegir a uno o a otro a corto y mediano plazo? ¿Qué crisis “fabricar” para justificar la libertad de Alemán? ¿Cómo hacerle pagar íntegramente el costo de esa libertad a Bolaños?
Además de las evidentes consecuencias electorales de la unificación de arnoldistas y bolañistas bajo una sola bandera liberal, que es hacia donde apunta la gran seña del Norte, ¿cuáles serán otras consecuencias para el FSLN, derivadas “en cascada” de esa unificación?

TAN ALTO COSTO
PARA NICARAGUA

El tiempo está demostrando, cada vez con mayor claridad, lo que el pacto Ortega-Alemán representó de involución democrática, de regresión autoritaria y de costo económico y social para Nicaragua y para su sociedad. Para el Frente Sandinista, el costo se ha ido haciendo también cada vez más evidente: la desmoralización y la desarticulación ética de sus bases y el desmontaje político de toda la red organizativa y movilizativa que aún conservaban las mejores fuerzas del sandinismo.
Hoy, el FSLN es un partido cimentado únicamente en otra red: la de decenas de pequeños caudillos con pequeñas pero significativas cuotas personales de poder en sus feudos, fieles a la organización y al gran caudillo por salarios, prebendas, miedos atávicos, temores o lealtades emocionales. El tiempo continúa demostrando todo lo mucho que Nicaragua perdió y sigue perdiendo porque el sandinismo permanezca secuestrado por un FSLN controlado por Ortega.

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