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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 87 | Septiembre 1988
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Nicaragua

Zigzagueos de la cultura: proceso de autoevaluación

En vísperas de la celebración del noveno aniversario de la revolución los impulsores de la cultura en Nicaragua se sometieron a un proceso de autoevaluación. Envío estuvo en las jornadas que la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC) realizó en julio.

Equipo Envío

El camino hacia la paz no es fácil ni expedito. Pero nadie abandona la esperanza ni claudica en el esfuerzo por lograrla. Aunque el león no quiera todavía pastar con el cordero. En ese camino, el frente ideológico es también un frente de lucha, que impulsa o retrasa el día de la alegría soñada. Así se percibe ahora. Aun logrado el cese definitivo de la lucha armada, el campo de la formación política, de la educación cívica, del pluralismo ideológico y religioso, se vislumbra como un terreno en el que el proceso nicaragüense quedará por muchos años más sometido a prueba.

En las jornadas se vio la presencia sucesiva de los Comandantes Bayardo Arce, Tomas Borge y Daniel Ortega. Presentes también entre otros ministros el padre Ernesto Cardenal, que dirigió durante más de 8 años el Ministerio de Cultura y el padre Fernando Cardenal, Ministro de Educación, del que actualmente depende la Dirección de Fomento y Desarrollo Cultural. Coordinadora de las jornadas, Rosario Murillo, Secretaria General de la ASTC.

Tras un breve comunicado con ocasión del homenaje que se le rindió como gran promotor de la pintura primitivista, Ernesto Cardenal declina hablar de los logros de su Ministerio. Llena de cariño y autocrítica, es Vidaluz Meneses, en entrevista a envío, quien repasa esa historia. Con todo ese material, ofrecemos una síntesis de la evaluación que los artistas y dirigentes hacen del trabajo cultural en la Nicaragua revolucionaria.

La política de no establecer políticas

"Estimamos necesario que fueran los mismos intelectuales nicaragüenses, los mismos artistas que de una u otra forma estuvieron vinculados a los esfuerzos de nuestro pueblo por la toma del poder y que hoy llevan siete meses de estar viviendo la Revolución Sandinista, quienes aportaran con sus criterios, con sus experiencias, los elementos y opiniones que nos permitieran hablar posteriormente de una "Política cultural" e inclusive, de una política del Ministerio de Cultura". El 25 de febrero de 1980, en el Primer Encuentro de Trabajadores de la Cultura, Bayardo Arce planteó así la decisión con que se partía en el difícil terreno de la lucha ideológica y el trabajo cultural: decisión de no dar "políticas", directrices, normas, por las que la cultura tuviera que marchar.

Ocho años y medio después, la autoevaluación examina este punto. Entre los profesionales del arte y de la cultura no faltan quienes sienten que el no tener políticas llevó a experiencias que no fructificaron. Es posible que alguno opine que esto dejó demasiado abierto el campo y expuso a la revolución a los embates del individualismo, de los hábitos de pequeño o gran burgués que no se pierden con la toma popular del poder en un Estado. Más de uno de los que expusieron sus puntos de vista ante el Presidente de la república abogó por cerrar filas, por definir políticas que corten el paso a quienes en nombre de la democratización diseñada en Washigton han intentado de hecho una labor contrarrevolucionaria en el terreno ideológico y cultural.

Tomás Borge revisa el camino y opina al respecto: "En Nicaragua, desde que triunfó la revolución, decidimos no definir políticas culturales pero nadie se opuso, por el contrario, a la producción popular de la cultura. Incluso se creó un area institucional, primero con el Ministerio de Cultura y ahora, por razones conocidas, con la Dirección de Cultura dentro de las dependencias del Ministerio de Educación.

Tal vez haya sido mejor que no hayamos creado políticas cultura,es, encasilladas en un documento institucional. desde luego que nuestra visión cultural rebasa las fronteras de la institución y si señalo institucional es para recordar la importancia que le hemos dado a la materia. El nuestro es un Estado revolucionario que se interesa por acariciar sus raíces, por encabezar el deleite de su razón de ser, por buscar y reafirmar sus áreas diferenciales, por aceptarse como es y multiplicar el placer de su ser".

Vidaluz Meneses, perfila más el alcance de esta decisión. En su opinión -como en toda la entrevista- manifiesta una vivencia personal, en más de un momento llena de emoción y cargada de historia: acompañó a Ernesto Cardenal "desde el trabajo de buscar un local físico, hasta la organización de las áreas que tenía que abarcar el Ministerio": "Más que por una formación teórica he entendido que las "políticas" son estrategias, son los objetivos, los fines últimos del desarrollo de nuestro trabajo. Muchos de nosotros, los artistas, los trabajadores de la cultura, sentimos la necesidad de partir de algunos puntos de referencia. Como creadora -actividad que también realicé en estos años-, estoy satisfecha por el hecho de que la revolución, la Constitución Política misma de mi país me garantice la libertad irrestricta de creación.

Pero como funcionarios necesitábamos un punto de partida. ¿A dónde vamos a orientar nuestro trabajo? Para recoger los objetivos, el Ministerio de Cultura recopiló los discursos de dirigentes, de Comandantes, y editó el libro "hacia una política cultural", que es eso: la definición de nuestros objetivos. Ante todo, darle al pueblo calidad cultural y exigirnos por eso nosotros mismos calidad. Con cuatro orientaciones fundamentales: Cultura popular, nacional, democrática, antimperialista".

Resume así Vidaluz lo que el mismo Ernesto Cardenal propuso, con Sergio Ramírez y Bayardo Arce, en las jornadas de febrero/80. Puntos sobre los que hoy los trabajadores de la cultura se examinan. Pero sobre las políticas ahonda más la ex-Viceministro de Cultura:

"Pero, ¿cómo llevar esto a la práctica? En medio de muchas discusiones sentimos que era incluso peligros imponer determinada línea. Recuerdo que en los primeros años Ernesto tuvo que enfrentar momentos difíciles y discusiones tremendas. Gente que legaba brava, hasta llorando, para discutir la línea de los programas, cada quien con su propia concepción". La planeación misma de la actividad del Ministerio nos hizo ver que sí era necesario tener orientaciones afinadas, definidas y claras".

De hecho, el Ministerio de Cultura tuvo que atender a tres áreas de actividad: la creación artística, la masificación de la cultura y la conservación del patrimonio cultural nicaragüense. Esto necesariamente creaba mayor complicación que la que tuvo y tiene ahora la ASTC, fundamentalmente orientada a promover y a difundir la creación de los artistas. En opinión de Vidaluz Meneses, sobre todo para las dos últimas áreas fue necesario establecer políticas concretas:

"Por ejemplo, en el área de patrimonio cultural. Sin ser totalitarios, desde el triunfo de la revolución, con la asesoría de expertos y técnicos internacionales de la UNESCO, diseñamos la Ley de Protección del Patrimonio. Ahí se prohibe que salgan del país obras que son parte de nuestro Patrimonio. Nadie puede objetar contra esta disposición. Es la única manera de defender esta raíz de nuestra cultura, en contra del saqueo. Cualquier país que se respeta hace lo mismo. Todos sabemos que los museos de Estados Unidos están llenos de piezas de todo el mundo que deberían regresar a su país de origen. Esa necesidad de evitar estos robos nos llevó a establecer esta ley, y eso es una política concreta, determinada. Algo semejante percibimos en el campo de la masificación de la cultura".

Como ejemplo de la necesidad de políticas -en el sentido de orientaciones y directrices más precisas y no como objetivos generales y para que el trabajo de la cultura llegue a las masas populares y sea sostenido por ellas-, aduce Vidaluz Meneses la intervención de Julio Saldaña, un internacionalista que participó en la guerra y se quedó luego apoyando el trabajo de los Centros de Cultura:

"La actividad con los aficionados, con el pueblo en general, para que pueda desarrollar su talento artístico no puede regirse simplemente por lo que hacen los artistas, llamémoslos profesionales, entre los que me incluyo, entre los de i generación, a quienes alguna otra compañera llama los de la concepción vanguardista de la cultura: dirigentes que apoyamos también como maestros este campo. No podemos proceder ante el pueblo como maestros. Con razón el poeta José Coronel Urtecho -maestro a quien mucho amamos y respetamos- tiene muchos prejuicios contra la escuela. Entre bromas y de veras sostiene que la escuela, la universidad, corta la creatividad del individuo. Lo que anhelaríamos es lo que la pedagogía de los últimos veinte, treinta años, con hombres como Pablo Freire, propugna: la educación como práctica de la libertad. Enseñar -como dice Coronel- lo que a la gente le sirve y no como sucede-, cosas inútiles que ahogan a la persona. De ahí surgió pues la necesidad de líneas y métodos orientadores. De políticas. Aun de técnicas".

Ejemplo de esta definición fueron las diez reglas de preceptiva literaria -aporte de Ernesto Cardenal- para impulsar la creación poética: una guía básica con la que no pocos se iniciaron en esta creación, al mismo tiempo que aprendía a leer y escribir.

Todo este debate dio pie para que en la Constitución Política de Nicaragua, promulgada el 9 de enero de 1987, quedaran sancionados los principios que orientan la cultura:

"Art. 126: Es deber del Estado promover el rescate, desarrollo y fortalecimiento de la cultura nacional, sustentada en la participación creativa del pueblo. El Estado apoyará la cultura nacional en todas sus expresiones, sean de carácter colectivo o de creadores individuales.

Art. 127: La creación artística y cultural es libre e irrestricta. Los trabajadores de la cultura tienen plena libertad de elegir formas y modos de expresión. El Estado procurará facilitarles los medios necesarios para crear y difundir sus obras y protege sus derechos de autor.

Art. 128: El Estado protege el patrimonio arqueológico, histórico, lingüístico, cultural y artístico de la nación".

Como en otros renglones de la cultura en la revolución, en estos tres artículos constitucionales está también la presencia y la mano de Ernesto Cardenal.

El trabajo y el estilo de Ernesto Cardenal

"Aunque caigamos en subjetividades -y Ernesto Cardenal sería el primero a quien no le gustaría que yo me refiriera a esto- hay que subrayar una característica importante: el trabajo con él... Es más fácil". La emoción se acumula en la voz y la mirada de Vidaluz. La convivencia fraterna con el Poeta de Solentiname se hace poesía también en el tono, en el pudor, en la gratitud. Nadie en Nicaragua puede ignorar que la creación, la divulgación, la defensa del patrimonio cultural, durante esos años, le serán siempre deudoras al Ministro de Cultura.

"El nos inspiró, con su forma habitual de ser, respetuoso, creativo, y se involucró personalmente en áreas especificas que eran de su experiencia. Tanto que a veces yo, con mis compañeros, le daba broma de que él se comportaba como un director mas de un programa y no como un Ministro. Así entregó su experiencia por ejemplo, de Solentiname. Dio todo lo que él es. Y nos invitó, nos urgió a que hiciéramos lo mismo. Porque el proyecto, su proyecto, era clarito: había que popularizar la cultura, democratizar la literatura, y dentro de la literatura, la poesía. Todo para un pueblo que con la revolución comenzó a leer y escribir. Nos metimos así con todo el entusiasmo y toda la pasión con que nos metimos a esta revolución".

En las jornadas de febrero/80, el Ministro Cardenal dado su propio sentir, al subrayar que la cultura en Nicaragua habría de ser revolucionaria: "Porque nuestra lucha cultural es para transformar la sociedad, para transformarla en otra sociedad donde no exista la explotación del hombre por el hombre. A los que hemos tenido formación cristiana se nos ha enseñado que todo debe estar subordinado a Dios; incluso el arte tendrá que estar subordinado a Dios. Pero el autentico cristianismo enseña que Dios es el amor al hombre; entonces tenemos que decir que todo tiene que estar subordinado al amor al hombre; y no cabe el arte por el arte, el arte tiene que estar subordinado al amor al hombre: esto es la revolución como todo lo demás".

Esto supuso choques con no pocos artistas. Algunos -lo confiesan hoy- estaban en una postura clasista, con toda su sofisticación. Había que pensar y trabajar ante todo para el 52% de analfabetos. Las simples reglitas, la preceptiva literaria, inspiradas en el poeta Ezra Pound, fueron un ejemplo de cómo se puede poner al servicio de un pueblo lo que se es y se tiene, sin reclamar a combinada. Revolución hecha con amor. Los mismo la cultura. Traducido aún en los momentos de decidir cómo se distribuyen los escasos presupuestos y en las relaciones todas. En pugna con la necesaria dosis de burocratismo de todo Ministerio:

"Las instituciones las que creó la sociedad dan un refuerzo a la acción, pero jamás suplirán la acción misma. Esto hizo sufrir mucho a Ernesto al principio, por la lentitud con que, por la institución, necesaria, teníamos que proceder. Mas de una vez, sobre todo al final antes de la compactación de ministerios se sintió frustrado, cansado. Siempre dio todo con amor. Algunas veces no fue comprendido. El pensaba que su mayor parte era su obra, pues de escritor. Su discurso, aun en los momentos de discusión, fue evangélico, porque el amor era el amor de Carlos Fonseca, el amor de los mártires de la revolución. Y al mismo tiempo, disciplinado, responsable, como cuando se decidió la compactación de los Ministerios, porque -nos decía- Carlos Fonseca era más duro y exigente con los militantes y más flexibles con sus enemigos. Aplicaba así los ejemplos macro a nuestro micro, para que nos sirvieran a nosotros".

Un arte que quiere ser masivo

El 9 de julio pasado, última jornada de autoevaluación de la ASTC, muchos artistas expusieron ante Daniel Ortega sus propias luchas culturales. Más allá de su intención, las palabras de algunos muestran que los creadores están todavía aprendiendo a caminar por la ruta abierta. José Luis Palomo, de la Unión de Danza, confiesa que la cultura por la que él y sus compañeros trabajan es, a la vez, recreativa y educativa, con cariño a la revolución. Pero, también obviamente, es una acción de la que viven, por la que esperan y buscan una retribución económica. Nadie censura esta necesidad. Formula, sin embargo, una queja: se ven obligados a vender su danza a la iniciativa privada: "Al hotel Intercontinental, al hotel Camino Real. Porque Inturismo nunca nos compra, no nos contrata. Como si el Estado no supiera que la cultura es rentable, da ganancias".

Alguno formula una crítica al burocratismo y a la falta de apoyo de la ASTC a su creatividad. Ninguna protesta de la Secretaria de la ASTC, Rosario Murillo, presente. En estos "De Cara al Pueblo" -forma cultural sostenida semanalmente para el diálogo con los gobernantes a lo largo de nueve años- todo el mundo puede expresar lo que ve y lo que siente.

Hubo, una intervención -de lo mejor de estas jornadas- del Ministro de Turismo, Herty Lewites. Según explicó este Ministerio rectorea simplemente los recursos turísticos, dice cuantos hay, cómo pueden prestar sus servicios. El Estado no es propietario de todos esos recursos: de 700 restaurantes, el Estado es dueño solamente de 8. Economía mixta también es esto. Entre esos 8, están los 2 mencionados por Palomo. Pero aún ahí, el Estado no compra servicios, sí los promueve. Si algún pintor -ejemplifica- puede importar pinturas y hacer un buen cuadro, magnífico.

"Pero, por favor, no le pidan al pueblo de Nicaragua que les compre su cuadro por tres mil dólares. Estamos en Nicaragua, en donde hasta la tiza para las clases nos falta. Esta es la realidad. En ella son ustedes artistas. En pobreza".

Mero administrador, economista si se quiere de INTURISMO, comenzó el Ministro su intervención confesando sus dudas sobre si podía decir algo en esta asamblea, no siendo ni artista, ni poeta: "Pero cómo no, me digo, si todos somos artistas, todos somos poetas. Soy poeta. Desde que juntos nos metimos en esta revolución, que es el más bello poema de Nicaragua".

Entrega personal de lo que cada uno es, de lo que cada artista tiene. En cuerpo, corporativamente. Al ritmo y con lo poco con que el pueblo vive y sobrevive y hace poesía y pinta y danza y canta. Sin exigir nada sino el poder seguir creando y trabajando. Reto para un estilo nuevo de hacer cultura. Todo llamado a una cultura nueva. Porque el hombre ha de ser nuevo. En medio de este reto, del que todos parecen consciente, el noveno aniversario de la revolución agudizó el sentido crítico de los hombres comprometidos en la cultura y la revolución. Todo mundo se sintió abocado a señalar las fallas personales y grupales. A tal grado, que Bayardo Arce, retomando el día 7 de julio lo dicho por los artistas la víspera, cuando cada Unión de la ASTC informó de su actividad, interpretó provocativamente:

"Leyendo el balance que hicieron ustedes ayer y otros que se han venido haciendo en el pasado, parece que el panorama no es muy alentador. Me encuentro que con los pintores, por ejemplo -dicen los entendido, yo no soy entendido en pintura-, la tarea la tenemos estancada a los niveles de hace 25 años, y que hemos avanzado poco en la calidad artística".

Citando lo afirmado el día anterior por los asambleístas, se saca que en la danza, en la música, en la producción literaria, en el diseño, etc., el sentir es el mismo: baja calidad artística. Poca reacción hubo en contra de este parecer: "¿El que calla otorga?", se preguntó el Comandante Arce: "No quiero ser pesimista y decir que hemos fracasado. Pero sí me parece que, de alguna manera, después de nueve años de revolución, los niveles que tenemos, en términos de la creatividad cultural, están por debajo de las expectativas de 1980, cuando decidimos crear un Ministerio de Cultura e impulsar la asociación de los artistas".

De ser esto verdad, ¿a qué se debe? ¿A la presión que ha vivido Nicaragua en todos los campos? ¿A un excesivo énfasis en la técnica, necesaria para aprender a hacer las cosas bien? ¿O simplemente aquello de que nueve años son nada, con ritmo de tango y evocación de Gardel? ¿A que no funcionan las Uniones? "Sin buscar chivos expiatorios, ¿la calidad y la producción artística funcionarían mejor sin el Ministerio de Cultura, sin la ASTC"? La reacción ante la provocación fue inmediata. Más de uno expresó que la pregunta sobre la existencia o supresión de la ASTC, viniendo de un miembro de la Dirección Nacional, era casi un preanuncio y una directiva: "La ASTC debe existir", proclamó quien tenía el micrófono.

La pregunta -insistió Bayardo Arce- no es sobre la ASTC ni sobre su supresión o reforzamiento. El punto básico es uno: "¿No hay calidad artística?" Sólo Luis Enrique Mejía Godoy, el último día de estas jornadas, desmintió el sentimiento de que la calidad no existe. Y no sólo porque -en humorística palabra de Bayardo- "nos salva el castigo divino", sino porque el hecho de que sea posible que surja en Nicaragua una obra como la de Sergio Ramírez en 1988 y de la de producción literaria de 1988 hoy el mundo sólo celebre un libro, Azul, supone que hay una base cultural y artística de calidad que la noche posible.

"Dialécticamente tenemos que decir que la calidad no está en contra de la cantidad, sino en favor de ella. Mientras más cantidad tengamos, mientras mas miembros del pueblo nicaragüense estén involucrados en la educación y la cultura, más posibilidad hay de que existan artistas de calidad. Y con más calidad, más cantidad".

El difícil reto de una cultura democrática y popular

"Cualquier político puede hacer gárgaras con el concepto de democracia". No pudo ser mas lapidaria la afirmación del Ministerio del Interior, Tomás Borge. Su conferencia el 8 de julio tuvo como tema precisamente "La democratización de la cultura". Punto clave en un proceso autoevaluativo de lo que la revolución ha hecho en estos años en el campo cultura.

Platón dedicó "La República" a impugnar la democracia cuando ésta se basa exclusivamente en el concepto de libertad, sin llegar al fondo de la justicia de las relaciones sociales, porque degenera en anarquía: el hijo se levanta contra el padre porque quiere ser libre ante sus consejos y enseñanzas; los productores comerciantes crean monopolios porque quieren libertad de mercado; los grupos y partidos políticos se dividen y subdividen porque cada quien es libre de apostar a lo que le venga en gana; las leyes quedan sujetas al buen o mal genio con que el gobernante mire a quienes hacen las leyes y a quienes vigilan su cumplimiento. Al fin y al cabo, el gobernante también es libre; los ciudadanos participan o no puesto que son libres en las tareas de la ciudad y en sus votaciones; los poetas y escritores pueden cantar -en honra a Baco o a Dionisio- aún a las mentiras, aun a lo que invite a agarrar las armas y acabar con el orden de Atenas: Para eso son libres. "Cada cual es dueño de hacer lo que le plazca". Gargarismos que Platón hace desembuchar contra los que olvidan que el pueblo el demos tiene derecho a ser formado en la búsqueda de la justicia que orienta todo. Sólo así verdaderamente libres.

En su conferencia, Tomás Borge desenmascara otras falsas democracia que defienden e impulsan otras tantas formas de hacer cultura: "Hubo una época -cuyas recidivas aún se observan en esta edad de circuitos electrónicos complejos- en que los príncipes y los papas repartían favores, elegían a los poetas y a los escultores, otorgando el veredicto de la consagración cuando el poema endulzaba el oído y la estatua les recreaba la vista. El burgués fue y es, en apariencia, menos exigente que el señor feudal. Sin abandonar el mecenazgo, le da más vigencia a la estética elitista y establece con los artistas una relación en la que está presente la gratitud mejor, la dependencia y una relativa libertad de creación".

Tal vez porque Platón ya se encargó de hacerlo, Borge critica en estos párrafos al poder institucional norteamericano que hasta hace muy poco asumió aquí el papel de mecenas. Pero, audazmente, se refiere a dos países muy amigos: "En América Latina los presupuestos gubernamentales tienen una endémica amnesia por la cultura. Por eso las empresas privadas se autoeligen mecenas para promover actos culturales, como el caso de "Televisa" en México -con sus 47 empresas de TV, publicidad y radio y "O Globo", la red de la información y de las telenovelas de Brasil. El desarrollo cultural, en este recuadro, no es visto como un acto colectivo, sino que se origina en la sumatoria de relaciones individuales. El rédito del mecenas es el realce de su propia importancia, el prestigio y sobre todo, la divulgación de sus concepciones ideológicas y políticas".

¿Cual es la concepción de una cultura democrática en Nicaragua?. Y se responde: "La forma superior de la democratización cultural -es decir de la democracia- es posible cuando se crea y se distribuye el arte, el conocimiento científico, la capacidad de decidir, la opción de criticar para construir y de la autocrítica para un real propósito de enmienda. Sólo es posible la democracia cuando se cambien las formas de producción en la búsqueda de compartir con vocación de igualdad".

Acabar por consiguiente con el dominio que mata y crea dependencia, para afirmar la propia identidad. Apagar la Inquisición y sus hogueras para que ningún revolucionario como Galileo pueda ser quemado. No aceptar el maniqueísmo que divide al mundo en buenos, malos y feos -¿Oeste-Este?- Impulsar la libertad mediante una enseñanza libre de todo oscurantismo:

"El hombre no sólo es un candidato al más allá, sino también un ciudadano del más acá. De lo contrario, no se lograría descifrar su misión sobre la Tierra. Nada de lo que ocurre al hombre debe ser ajeno al hombre. La Revolución es el paraíso recobrado, un auténtico acto de amor".

Se percibe en todo este actual planteamiento de Tomás Borge la formulación inicial, la de febrero de 1980: "Democrática -dijo Ernesto-, porque es para que tengan acceso a ella las grandes mayorías, y no solamente acceso a nuestra cultura nacional, sino a la cultura universal. Y para que nuestro pueblo no sea consumidor de cultura, lo cual ya es muy importante, sino que también productor de cultura".

"Popular -afirmó Sergio Ramírez también entonces-, porque debemos superponer un nuevo concepto de cultura popular al antiguo y desgastado concepto de cultura elitista que ahora hemos vivido porque la cultura debe tener que ver necesariamente con la realidad nacional, tiene que ver necesariamente con la vida del país. Una cultura que refleje la vida, refleje la realidad y se alimente en la vida y se alimente en la realidad".

"Vamos a tratar de abrirnos caminos, como nos abríamos caminos en esas montañas a punta demachete, para quitarnos las cámaras, las emisiones de radio, los cines, grandes imprentas, los lujos, etc, no nos están ocultando lo que nosotros queremos descubrir: el nuevo nicaragüense. El nuevo nicaragüense forjado a imagen de Sandino, el hombre que piensa primero en los demás antes que en sí mismo". Síntesis de Bayardo Arce en el 80.

La crítica y la autocrítica es algo evidente hoy en Nicaragua. Entre los artistas y entre todos, a través de los medios masivos. A tal grado, que puede oscurecerse la mirada y hacerse más sensible a lo que está mal y a medidas que a los logros alcanzados y a la mucha calidad promovida ya.

La inmensa mayoría de los participantes en las jornadas de la ASTC son "gente del pueblo": trabajadores que en su misma actividad artística experimentan la realidad del bloqueo económico y el desgaste producido por la guerra. Si esperan y exigen ante el Presidente mayor ayuda, también económica, nadie espera "una beca de tiempo completo para escribir", como no la pidió nunca -testimonio de Bayardo Arce- Sergio Ramírez para seguir rescatando la historia de León y de Oliverio Castañeda, en "Castigo Divino", su última novela, y profundizar así en lo que los crímenes y los procesos judiciales significaron en aquella hora, cuando el primer Somoza preparaba el asesinato de Sandino.

Inútil hablar del mayor hecho cultural vivido en Nicaragua: la Cruzada de Alfabetización, cuando miles de estudiantes suspendieron durante todo un semestre su propio aprendizaje para compartir lo aprendido con sus hermanos campesinos y obreros, ancianos y gente madura. Este acontecimiento seguirá siendo para siempre modelo de movilización popular y de democratización de la cultura y de buen uso de los instrumentos mínimos de la cultura nacional y universal.

Empresa continuada con la Educación de Adultos, noche a noche en todos los barrios. La alegría de saber que la UNESCO declaró "territorio libre de analfabetismo" a Río San Juan y a otras zonas y que la populosa Ciudad Sandino está a punto de alcanzar esa meta, es premio que quizás poco se valora: "No serán los mejores maestros del mundo; pero son los únicos que tenemos. No serán las mejores escuelas del mundo; pero son los únicos que tenemos, proclamó Fernando Cardenal, ante un grupo de jesuitas educadores de América Latina en la primera Quincena de mayo pasado, mezclando el orgullo por lo mucho que se consigue con el realismo ante los recursos con los que se cuenta.

Una experiencia: los Talleres de Poesía

Con la ayuda de Emilia Torres y Ana Cecilia Manzanares, a quienes Vidaluz Meneses nos remitió y que ahora trabajan en la Dirección de Fomento y Desarrollo cultural -dependencia del Ministerio de Educación-, podemos contar con datos sobre algunas actividades realizadas en este esfuerzo por alcanzar una cultura democrática y popular.

"Casi el mismo día del triunfo del 19 de julio, el pueblo nicaragüense se lanzó a las calles y tomó los clubes de la burguesía y algunas casas de somocistas y las convirtió en casas de cultura: Así nacieron los Centros Populares de Cultura, los CPC".

A 9 años de revolución, hay en el país 31 CPC, con 180 trabajadores, en su mayoría formados a través de su propia práctica y con pequeños cursos, seminarios o talleres promovidos por el Ministerio de Cultura. La organización actual fue fruto de esa experiencia y del análisis sobre el trabajo realizado en 1985. A partir de entonces se establece con los principales instrumentos y sujetos del programa de Promoción Cultural sean las Casas de Cultura y los Promotores.

Administrativamente cuentan con una Dirección General, a nivel central y con 9 delegaciones distribuidas en las 6 Regiones territoriales y las 3 zonas especiales del país. Con los 31 CPC, hay 10 Casas de Cultura. Principio rector en todos ellos es la reproducción dinámica de los fenómenos culturales de carácter tradicional y la producción de otros nuevos en afirmación de identidad nacional, sin recurrir a fuerzas de trabajo especializadas sino contando con la acción creativa del mismo pueblo".

La experiencia de los Talleres de Poesía surgió a principios de 1976 en la comunidad campesina de Solentiname. Mayra Jiménez, poeta costarricense y licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, le presentó la idea al poeta Ernesto Cardenal y juntos decidieron darle curso. así, campesinos procedentes de las distintas islitas del archipiélago, atendiendo al llamado que el padre Cardenal hizo los domingos después de celebrar la misma en la iglesia, acudieron a las primera sesiones de trabajo con la poesía. Toda producción era sometida a la crítica colectiva. El libro Poesía Campesina de Solentiname, publicado por el Ministerio de Cultura en 1980, 1981 y 1985, recogió una selección de unos 200 poemas, escritos por 22 integrantes de este primer Taller de Poesía.

Esta experiencia dio pie para que, apenas creado el Ministerio de Cultura se emprendiera la creación de otros más. De nuevo con la ayuda de Mayra Jiménez, nacieron dos Talleres en las comunidades indígenas de Monimbó y Subtiava y días después en Managua y otros lugares. A principios de 1985 había ya 50 Talleres. Ellibro Talleres de Poesía, Antología, de ese año, recoge una amplia muestra de la creación de 155 poetas del pueblo. A finales de ese mismo año, 60 Talleres trabajaban activamente a lo largo de todo el país con el apoyo de 9 poetas orientadores.

1984, año de incremento de la guerra impuesta por Estados Unidos, marca un descenso. Tres poetas orientadores fueron llamados a ocupar un lugar en la defensa y Mayra Jiménez se ve obligada a dejar Nicaragua. En 1985 hay sólo 30 Talleres que funcionan activamente. Uno más de los poetas orientadores es llamado al Servicio Militar. En 1986 sólo quedan 18, pero se abren otros 4. De esos 22, en actividad hasta 1988 en el momento de la compactación de Ministerios, 20 están hoy en capacidad de reemprender sus labores, pero la atención en ahora menos regular y con frecuencia los nuevos poetas tienen que llegar a Managua para las sesiones de trabajo.

"A pesar del costo que eso significa -dice Vidaluz-, el padre Cardenal dio prioridad a la producción escrita y a la publicación de todo este trabajo. Los libros permanecen, nos decía". Rescate, por este medio, del patrimonio nacional -tantas veces solo ral- y promoción de valores nuevos. Además de los libros ya mencionados, quedan como fruto permanente "Poesía de las Fuerzas Armadas" "Fogata en la oscurana", "Poesía de la Nueva Nicaragua", "Poesía Libre", "Y puyonearon los granos". Con el apoyo de la Editorial Verlag en Austria y otras de Inglaterra y Estados Unidos, 6 obras más difunden estos poemas en alemán e inglés.

Además de la revista bimestral del Ministerio de Cultura iniciada en mayo-junio de 1980, Nicaráhuac, los cuadernos de Poesía Libre -con 20 publicaciones- son joyas de frescura y espontaneidad. Su misma presentación -papel de embalaje en hojas unidas con un cordel- es testimonio de lo que la imaginación logra cuando no tiene todos los medios a su alcance. No se perderán experiencias y confidencias que hacen cultura popular, como éstas:

A MI MAMA

Cuando en Estelí me agarró la guerra de abril vos te ibas a un rincón de la casa a llorar.

Vos como tantas mujeres:
lavando, planchando y panzonas siempre.

Así estabas vos: panzona y llorando en un rincón
pensando en mí.

Y cuando me fui
vos recién parida dicen que te desmayaste.

El miedo a la guardia te hizo huir a Honduras,
después volviste
te alegraste conmigo.

Y ahora en la tierra libre quería decirte, mamá,
que cuando me fui lo hice por vos
por toda la gente
porque de veras te quiero.

(Pedro Pablo Benavides Taller de Poesía de Estelí).

DESPEDIDA DE ELBIS

Cuando te fuiste para la comuna
a entrenarte fue la última vez que te vi.

Recuerdo cuando me dijiste dame un beso
Irene
Yo te dije adiós.
Alejandro y vos se subieron al bote y fueron desapareciendo
y nos decíamos todos adiós
mucho tiempo después pregunté por vos
me dijeron que estaban muerto
Y el día que llevaron tus huesos a la plaza
estabas en nuestros corazones.

(Poema de la niña Irene Agudelo Builes).

Acción planificada la de los Talleres. Poemas sin planificación, sin políticas. Tal como el pueblo quiere expresar lo que vive y lo que sueña. Productor de cultura.

La cultura del Atlántico y la cultura en los medios

Experiencia semejante en la pintura primitivista. En ella puso Ernesto Cardenal todo su empeño, por el mismo principio, recogido amorosamente por su gran colaboradora:

"Si esta revolución se hizo con la grande masa de los desposeídos, entonces el énfasis, la prioridad de nuestros esfuerzos son para ese 52% de analfabetos. La pintura primitivista, todos nos damos cuenta, es la pintura de los humildes, es la pintura que retracta el paisaje del país, de la Nicaragua. Tiene así dos dimensiones: la democratización de las artes plásticas y por otro lado, el aporte que este pueblo puede hacer a su propio país, porque el paisaje -según lo han dicho críticos autorizados- ha sido rescatado por los pintores primitivistas".

Bayardo Arce, releyendo una vez más la autocrítica de los artistas, repite la objeción formulada: la pintura primitivista se hizo artículo de exportación. Para gente que a lo mejor ni siquiera desea cuadros de nombres con renombre, sino con colores que hagan juego en su sala. Opinión exagerada, a nuestro juicio: esas pinturas y sus reproducciones por miles adornan también los tablones que hacen de pared en las casas de Ciudad Sandino y el barrio Georgino Andrade. El Archipiélago de Solentiname y las plazas del poblado en fiesta y el Viacrucis con sus quince estaciones -no catorce, porque la última, original y nueva, no pintada por Giotto ni por el Renacimiento, la Resurrección, da sentido a toda la tortura y a toda la sangre del inocente son hoy, en Managua y en los talleres artesanales de Masaya y en los barrios todavía destruidos por el bombardeo de la guerra en León, adorno y evangelización y profesión de fe en la revolución que ríe y tiene memoria del futuro.

El riesgo es mayor no es que los originales se vendan fuera -divisas necesarias también para los artistas-, sino que todo se convierta en folklorismo. Esto daría una "concepción fascistoide, extravagante- denunciada por Tomás Borge en su discurso- que, cuando no llega al genocidio y al etnocidio, en el mejor de los casos acepta que los indígenas y los sectores populares sigan siendo como han sido siempre, es decir, piezas de museo".

Por eso, en la introducción y en la conclusión de su disertación sobre la democratización de la cultura subraya un logro innegable: "La autonomía de la Costa Caribe no fue concesión política ni un acto jurídico cualquiera. Fue, sobre todo, la victoria de un hecho cultural: el reconocimiento, ahora convertido en ley, de que somos una nación multiétnica y, por lo tanto, pluricultura. La cultura del Caribe constituye uno de los aportes más importantes en la literatura americana de este siglo. Los garífonos, los ramas, los sumos, los creoles, los mískitos tiene sus propias culturas. Lo saben los que aprobaron la Ley de Autonomía, y creo que ya lo saben todos los nicaragüenses. Reconocemos el pluralismo étnico, lo específico cultural dentro del universo nacional. El reconocimiento del pluralismo étnico en nuestro Estado, la autonomía e la Costa Caribe, expresa lo más novedoso y superior, en las actuales circunstancias históricas de América, que se le pueda ofrecer a los indígenas que en este continente luchan por la supervivencia de su etnia y de su cultura. Es la expresión concreta de la democratización de nuestra cultura".

Junto al trabajo político y jurídico que hizo esto posible, está lo que vidaluz destaca: el empeño conjunto de dos Ministerios, el de Educación y el de Cultura, por impulsar la alfabetización y la educación bilingüe; la elaboración de textos en las diferentes lenguas indígenas y la capacitación de promotores nativos de la cultura. Sin el romanticismo que imagina que lo indígena, sólo por ser indígena, es ya perfecto y no necesite también aprender, perfeccionarse, abrirse al universo cultural entero. Convertirlos en islotes sin ningún influjo es otra forma, más sutil, de discriminación.

Tras el aplauso con que la asamblea de la ASTC agradeció al artista de la palabra, Tomás Borge, su intervención, éste interpeló directamente a todos, nominalmente al poeta Fernando Silva y al director de "Nuevo Amanecer" -suplemento cultural de "El Nuevo Diario"-, Luis Rocha: "Y qué podemos hacer en los medios de comunicación social para impulsar la cultura y democratizarla?"

Bayardo Arce, de nuevo ponderando los dicho la víspera por los istmos interpelados, había señalado que falta la presencia masiva de los artistas en la radio, en la televisión. Hay ahí aportes valiosos, pero escasos, aún en "Radio Sandino" y en "La Voz de Nicaragua".

"¿Y qué está pasando con nuestros suplementos culturales, "Ventana" y "Nuevo Amanecer"?, le pregunté a Rosario. A mí personalmente me parecen pobrísimos. Y ella me explicaba que o hay casi participación de los artistas en la elaboración de estos suplementos". Actualmente, quizás 120 mil cada semana -según cifras y reflexiones del mismo Arce-, son mucho papel, que pudo emplearse en hacer texto de historia, de matemáticas, tan necesarios; pero todo se mantuvo y se mantiene para que la cultura llegue a todo el pueblo y se democratice. La Prensa Literaria, en sus mejores momentos antes del triunfo, llegó a un tiraje de 40 mil y aun Bayardo y Rosario Murillo tuvieron que esforzarse y luchar para poder publicar ahí su primer artículo, sus primeras poesías. "Hoy, con 120 mil, 130 mil suplementos semanales, no hay cuentistas que escriban, no hay poetas que escriba y no hay pintores que lleven sus cuadros para que ahí los saquen".

La necesidad es sentida. El Presidente Ortega volvió sobre el tema. El Estado tiene 18 emisoras, una el FSLN. "Nos penetran 82 radioemisoras de fuera. Hay zonas del país a donde no llega ninguna emisión nacional y sí 4 emisoras de la CIA. Managua es la única ciudad de Nicaragua que sólo cuenta con los canales 2 y 6 de televisión; ya en León, Carazo, Granada, por todas partes, llegan 18 canales extranjeros. Tenemos que buscar ser oídos y ser vistos".

Algún representante de "los géneros menores" matiza el panorama. Los títeres son también un medio de comunicación. Gonzalo Cuéllar, de esa Unión, se exige y exige a sus colegas mayor creatividad y calidad y con gusto repasa los rostros llenos de alegría de ese 50% de la población de Nicaragua que son los niños. También a ellos les llega, les debe llegar, en un nuevo concepto de democracia, la cultura, que es diversión y es descanso.

La situación económica no sólo condiciona sino impide grandes proyectos. Con igual alegría y ternura repasa Vidaluz Meneses el gesto con que Ernesto Cardenal levantó en alto una obra artesanal y comentó: "Mira esta fajilla. Esto es arte. Los campesinos de Los Chiles, que la hicieron, os dicen que sí se puede hacer arte, hacer cultura, sin grandes recursos". Lo mismo que los artesanos que dejan sus filigranas en los tallados de las jícaras, expresión de la mayor finura, con la que los artistas cuyo nombre queda en su familia impulsan a los que si tienen nombre más ampliamente conocido. Por eso es mayor el reto y el propósito de enmienda:

"Hace 20 años los artistas cubanos le dijeron a Fidel que iban a tomar un día los medios de comunicación. Que yo sepa -afirmó Tomás Borge- no lo han hecho. Aquí en Nicaragua el día en que todos los artistas nicaragüenses no digan sino tomen los medios, todos nos vamos a llegar".

Un nacionalismo sin fronteras

"Cuando hablábamos de que nuestra cultura tenía que ser nacional, comprendimos que la misma historia de Nicaragua nos daba las fuentes para interpretar este objetivo. Por haber sido país dependiente, y no sólo económicamente, habíamos sufrido a través de los siglos el coloniaje, la penetración cultural, y ahora se trataba, se trata, de afirmar nuestra propia identidad, reconocer nuestras propias raíces, autoafirmarnos así ante los demás".

En las palabras de Vidaluz resuena lo dicho desde 1979 y a lo largo de nueve años por los dirigentes de la revolución: imposible una autoafirmación desde las propias raíces, sin lucha contra la dominación y la dependencia que el Imperio ha impuesto a esta tierra, en la economía, en la manera de pensar, en la expresión del propio sentir y querer, en la forma de gobernar y hacer cultura.

Esto explica el empeño por rescatar y proteger el patrimonio nacional: bibliotecas, archivos, publicaciones. Palma, piedra, madera, tejido. Ahí, donde desde siempre sobrevivió, en el campo y la montaña, en barrios como Monimbó, en pueblos como San Juan de Limay.

Pero el reto de una cultura nacional es más profundo. con una bella parábola -eco del más trágico cuento de Lizandro Chávez Alfaro, 'los monos de San Telmo"-, Ernesto repasa lo dicho en su poema "Las loras" y plantea el sentido verdadero de esta orientación del nacionalismo cultural:

"Un amigo mío tiene un puesto militar allá por la frontera con Honduras y me contó que después del triunfo de la revolución descubrió un contrabando de loras que iba a salir de Nicaragua. Las llevaban a Estados Unidos para que fueran allá a hablar inglés. Eran 186 loras. habían muerto 47 en las jaulas según el relato que hizo el contrabandista de loras,y a las demás las devolvieron al lugar donde las habían tomado. Me contaba mi amigo que cuando el camión se iba acercando a las montañas, allá por un lugar que llaman Los Llanos, en el norte, las loras comenzaron a agitarse en las jaulas, a batir sus alas, a quererse salir, sintiendo ellas que llegaban a su lugar; y cuando las soltaron todas se fueron como flechas hacia sus montañas. Pues yo siento que así nos ha pasado a nosotros. Cuarente ya siente loras habían muerto. También nosotros, los que hemos quedado vivos, hemos recuperado nuestra tierra, nuestras montañas, como esas loras, que estaban siendo condenadas a ir a Estados Unidos a hablar inglés".

Acabar con la condena que, en Nicaragua y toda América Latina, tiene el nombre de dependencia. Dependencia norteamericana. También en la cultura que obliga -ya casi había llegado a ser hábito- a fabricar muñecas de trapo en Masaya, rubias y de ojos azules: "Porque así las exigían las tiendas y así las quería la gente". La dependencia económica crea imágenes, gustos, valores. Y éstos generan mayor dependencia política, económica. Acabar con la dependencia y el imperialismo aun de los colores no era tarea fácil.

Ni lo es todavía ahora. A la luz de este anhelo, tres puntos fueron examinados en la autoevaluación actual. Para descubrirse, como las loras, el pueblo y los artistas han volado hacia sus montañas nativas. Creación nacional, artículos de importación cultural, particularmente en los medios de comunicación social, y apertura crítica y sin dependencias imperiales a la cultura universal. Muy sabedor del riesgo de un nacionalismo ensimismado, Tomás Borge, en su intervención sobre la democratización de la cultura, no pudo dejar de reconocer, sin embargo, lo que a su juicio es una realidad de alegre afirmación nacional:

"Existe la tendencia natural a engrandecer lo propio, y por eso decimos que "Ventana", el poema Alfonso Cortés, es, según José Coronel, algo así como los vesos más profundos de la literatura mundial y que -según he dicho yo mismo- la música de Carlos Mejía es la mejor del habla latinoamericana. Hay otros que se expresan de nuestros pintores y de otros artífices del arte en términos parecidos. La verdad es que Cortés es un poeta extraordinario, que Carlos Mejía lo es como cantautor y que nuestro dicho tiene, además de bases objetivas, el cariño personal, el afecto ineludible por nuestras pertenencias. Donde no cabe, desde luego, ninguna hipérbole, al margen del afecto, es que las afirmaciones que han honrado nuestros labios cuando nos referimos a Rubén Darío o a Ernesto Cardenal".

Ernesto, Cortés, Carlos Mejía Godoy: tres nombres indiscutibles y definitivamente ligados a esta recuperación nacional de sus pertenencias. Por supuesto, el mismo Coronel Urtrecho. Y sobre todo, más en estas jornadas que fueron parte de la celebración del Centenario de Azul, Rubén, con su modernismo tan revalorado hoy no por las nostalgias parisinas o las ninfas griegas, sino por su ser nicaragüense. Y no sólo con su "Oda a Roosevelt".

En su autocrítica, los artistas no pudieron negar estos hechos. Pero se reprochan una creación escasa. Ejemplo, el de la música: poca y poco promovida en la radio y la televisión. Lo recordó Bayardo Arce al día siguiente, con el deseo de matizar los colores negros de la autoevaluación, pero sobre todo para hacer ver que la nacionalidad no está en pugna con la música extranjera de valor. Aun por capacidad numérica, las radioemisoras necesitan también difundir lo que se canta fuera y dentro:

"Si ustedes se imaginan una radio estrictamente musical, pone de 20 o 30 piezas musicales por hora. Si transmite 20 horas al día, significa que tiene que poner de 400 a 600 piezas. ¿Cuánta música creamos nosotros, original, para que alcance 600 piezas musicales que se transmiten por día? Radio Sandino -emisora del FSLN- pone un porcentaje de música nacional por hora. Y no es la Sandino una de las radios más oídas actualmente. En todo caso, no se puede saturar todo sólo con canción nacional. Cuanto se pone, responde, en definitiva, a las expectativas de nuestro pueblo". No por manera demanda de compraventa, el pueblo con sus expectativas queda así afirmado una vez más como el parámetro de una cultura nacional. Poca autocrítica de la escasa presencia de la mejor música latinoamericana en nuestras radios.

"Los recursos de la industria cultural hay que engarzarlos con la masividad del mensaje", habría de completar Tomás Borge. Querer reducir todo -de nuevo con el ejemplo de la cultura indígena- a "conservar la danza y la fiesta de Mayo Ya", sería folklorismo empobrecedor. La fuerza de estos planteamientos radica en lo más radical de la revolución, la ruptura con todo dogmatismo que frena la libertad: por eso la lucha contra todo imperialismo. Por esta libertad sin dependencia, con autodeterminación, vigorosamente destacó Tomás Borge en su ponencia lo que es un hecho cultural hoy en Nicaragua:

"En Nicaragua no hay "index". Los libros pueden circular libres por calles y conciencias. Aquí circulan revistas de la superchería, como Selecciones del Reader´s Digest, las páginas de las mas procaces mentiras, la poesía rimada que escriben los luchadores de la libertad, las proclamas anunciadas en diarios que planificó la CIA, los folletines y otras vanidades que anuncia las recepciones de un caballero de apellido de la Renta y las últimas sorpresas para quitar las arrugas, o la vida verdadera de Doña Nancy".

Por eso, en medio de un aplauso general, se pregunta: "Por qué, entonces, no vamos a leer a Cortázar, a García Márquez, a John Steinbeck y a otros escritores -también ateos y comunistas- como Marx, Fidel Castro, Gorbachov, Máximo Gorki y Victor Hugo? Debemos proclamar la libertad del hombre y estimularla mediante una educación libre de todo oscurantismo. La enseñanza libre no admite ni siquiera la penumbra, sino la luz inequívoca del sol".

En medio de la claridad de estos hechos y sus principios, el diálogo sucesivo con cada uno de los tres miembros de la Dirección Nacional del FSLN dejó traducir, sin embargo, en el sentir de no pocos artífices de la cultura nicaragüense, un temor: ¿la difusión de toda una producción extranjera no está frenando una educación verdaderamente libre de todo oscurantismo y de toda ideología contrarrevolucionaria? El ejemplo más aducido fueron las telenovelas.

Tema de debate no sólo en Nicaragua, sino en todo el emergente Tercer Mundo. Bien conoce su influjo "Televisa", con su ininterrumpida producción. En México se hizo famoso en pleito en torno a aquella serie: "Los ricos también lloran". Desde su título llevaba ya un condicionamiento a las clases populares, en momentos de recesión y atonía que creaban desempleo y carestía y cuyas víctimas, como siempre, eran los mismos televidentes de todas las barriadas. Tal vez por eso -o por su alto costo económico- el Sistema Sandinista de Televisión ha disminuido su programación de telenovela mexicana. Su lugar lo ocupó la brasileña. Producción de "O Globo". Su influjo es enorme. Managua queda desierta cuando "La Niña Moza" o "Final Feliz" llegan a sus últimos capítulos. Si el cierre del campeonato de béisbol -nada puede contra esta afirmación nacional- obliga a ocupar el espacio e las 7 a las 8 de la noche, la telenovela se adelanta, se repite al día siguiente y otro día más: nadie queda sin saber cómo se casaron los protagonistas. Adictísimos, los maridos que dan prisa al chofer de todos los buses para no llegar tarde, y los niños de más de cinco años, sobre todo los de ocho y nueve.

El debate y el análisis psicosocial no está cerrado. Nadie se atrevería a cancelar el espacio televisivo a las novelas. por dos series de razones. La primera, expresada por los miembros de una comunidad eclesial de base en Ciudad Sandino: "No tenemos ninguna otra diversión, en medio de la crisis económica. Más vale esto que el guaro. Toda la familia se reúne. No crean, esto nos hace pensar: yo sí quiera poder platicar con mi familia tan claramente como se platican los de la telenovela. Todo se lo dicen. Esto me pica y ya lo intento. Una cosa sí es cierta: cuando veo los pleitos con la suegra ésa o del otro con su compañera, hasta vergüenza me da porque me acuerdo que a ratos yo también me pongo así, arrecho, y grito. Adivino lo que sienten mis hijos". Aunque Emilio Azcárraga, expresidente del monopolio mexicano, haya dicho en 1965 que la televisión no educa, algo hace. También deseduca. O promueve la crítica y la autocrítica. Rejuego de los medios de comunicación social.

Y la segunda, muy sintéticamente planteada por Tomás Borge: son un reto para que produzcamos con calidad: "Es probable que algunos no simpaticen con la iniciativa, pero nosotros consideramos válido y valioso el aporte de García Márquez, en su intento de convertir el arte de la telenovela en un auténtico instrumento popular".

Poco o nada ha producido Nicaragua en esta línea, como no sea abrirse, de modo muy significativo, a la producción española, francés, cubana: Martí, Víctor Hugo, Calderón y Lope de Vega, George Sand, Chopin, Goya o Verdi no son ya nombres desconocidos. Ni García Lora ni Fuenteovejuna ni el Alcalde de Zalamea han quedado mudos: "todos a una", en la creación de una cultura nueva. Apenas se inicia un proceso semejante en la programación cinematográfica y el esfuerzo de INCINE -nacido prácticamente en las barricadas, recuerda Validez-, con muy pobre cineteca y casi ninguna divisa.

"Sin solidaridad internacional -resume, agradecida, ella misma- nada, muy poco hubiéramos podido hacer. Suecia nos ha ayudado mucho, sobre todo para la educación, lo mismo que la República Democrática Alemana. El cariño y la fraternidad de Cuba hacen que no podamos nunca avergonzarnos de su sostén: sin condiciones, dejándonos hacer la revolución a nuestro modo".

El tema del apoyo internacional que Nicaragua ha recibido en estos años para su quehacer cultural poco se trató en las jornadas de evaluación el noveno aniversario. De por sí merece una reseña ulterior. En ese capítulo habría que valorar el impulso que los festivales -de fotografía, pintura, música, danza, teatro- realizados entro y fuera de Nicaragua han dado al proyecto nacional. Por una parte las giras de grupos nicaragüenses por los países amigos de América Latina, Europa Oriental y Occidental y más de una ciudad de Estados Unidos y de la Unión Soviética, han sido ocasión de compartir el gran secreto de esta cultura en proceso de revolución: contagio de alegría. Las visitas de artistas, también niños, venidos del extranjero inspira, urgen y retan: el Ballet Cubano, el Bolshoi, aun sin los lujos de presentación que pueden tener en París, han convertido el recién remodelado teatro Rubén Darío en una escuela y una plataforma para grandes y jóvenes. Los grupos de danza folklórica son de las mejores promesas en Nicaragua.

Balance de objetivos, programas, logros, fallas, retos para el futuro. Evaluación inconclusa, como la tarea misma. La primera reflexión que nuestra entrevistada, Vidaluz Meneses, se hizo al comenzar el diálogo resulta por eso la más atinada conclusión:

Las manifestaciones culturales del pueblo y del artista marcan y se convierten como en el termómetro de las vivencias más profundas y en donde más se detectan las transformaciones que se van dando en una sociedad como la nuestra. Ninguna institución puede abarcarlo en su totalidad. El mismo Ministerio de Cultura sólo fue un apoyo institucional para lograr que e pueblo sea el generado de la cultura. Ni siendo un Superministerio podía hacer todo. Es tan rico el quehacer cultural que por eso no se agota. En medio de todas las discusiones tenidas y los trabajos emprendidos, una cosa es cierta, la que nos dice José Coronel en su poema: "No volverá el pasado":

No volverá el pasado
Ya todo es de otro modo
Todo de otra manera
Ni siquiera lo que era es
ya como era
Ya nada de lo que es será
lo que era
Ya es otra cosa todo
es otra era.


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