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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 31 | Enero 1984
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Nicaragua

La respuesta a la propuesta nicaragüense: más presiones

Nicaragua es acusada por Reagan de totalitarismo. Hoy están planteadas unas elecciones que niegan esa aseveración. Nicaragua es acusada por Reagan de guerrerista. Hoy está planteada en Contadora la propuesta más radical para el desarme en Centroamérica. Varios países centroamericanos y el mismo Reagan están en la posibilidad de aceptar las elecciones y de aceptar a Contadora.

Equipo Envío

El Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Javier Pérez de Cuéllar, en un informe presentado al Consejo de Seguridad el 12 de diciembre, calificó la situación centroamericana como "sumamente compleja y delicada". "Existe cierta evolución que, de ser aprovechada, permitiría abrigar esperanzas de mejoría" dijo, y destacó como hechos positivos la aceleración de las gestiones del Grupo de Contadora y la presentación de propuestas concretas del Gobierno de Nicaragua dentro del marco de dichas gestiones. Sin embargo, advirtió que subsisten una serie de factores que, al conjugarse, mantienen una situación peligrosa que podría agravarse nuevamente "de un momento a otro".

La propuesta nicaragüense cambia las reglas de juego

En noviembre, en los momentos de más fuerte tensión militar y diplomática que se han registrado entre Estados Unidos y Nicaragua, las nuevas propuestas negociadoras presentadas por el Coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) a los Presidentes del Grupo de Contadora, restaron espacio internacional a la opción interventora del gobierno norteamericano. Producto de ese extremo grado de tensión en el área, emergieron con mayor fuerza en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, una serie de contradicciones internas de muy diversa índole, que tuvieron como denominador común el restar espacio regional a una posible intervención. Con "todas las armas entregadas al pueblo nicaragüense" y golpeando militarmente los intentos de FDN-ARDE de crear condiciones nacionales para la intervención ( o preparándonos para su "estancamiento" en caso de producirse), Nicaragua completó su propuesta negociadora basada en los 21 puntos aceptados en Contadora. El 4 de diciembre el Coordinador de la JGRN hizo públicas esas propuestas y anunció una serie de medidas para impulsar el proyecto electoral nicaragüense. De esa manera, las probabilidades de intervención disminuyeron y se ofrecieron nuevas cartas para la negociación. Esta situación nueva es la que permite a Pérez de Cuéllar afirmar que se pueden abrigar "esperanzas de mejoría para la región".

Sin embargo, la propuesta nicaragüense, en la medida en que se pone en dificultades a las débiles organizaciones opositoras nicaragüenses (por la propuesta de elecciones) a algunos gobiernos centroamericanos (por la propuesta de desmilitarización) y a la Administración Reagan ( por ambas propuestas) favorece en consecuencia, un incremento de las presiones con las que Reagan busca doblegar políticamente a la Revolución y mantiene abierta las posibilidades interventoras, en caso de darse condiciones propicias. Estas presiones pueden incrementarse sensiblemente si continúa acentuándose la actual tendencia de la guerra en El Salvador, que favorece al FMLN. Quizás sean éstas las razones de fondo por las que Pérez de Cuellar considera la situación regional "sumamente compleja y delicada" y con posibilidades de agravarse "de un momento a otro".

Los hechos ocurridos en el mes de diciembre, verifican esta interpretación. El Gobierno nicaragüense ha vuelto a ser presionado por: la diplomacia estadounidense, la oposición internacional y la contrarrevolución armada.

El gobierno de Reagan, tras un paso en falso causado por su falta de adaptación a las nuevas circunstancias creadas por las propuestas nicaragüenses (evidenciadas en las pláticas Betancur-Stone del 19 de diciembre) está buscando retomar la ofensiva. Muestra de ello es la gira que, elogiada en forma inusual por Reagan, realizó Stone a comienzos de enero. Esta actitud no puede desvincularse de las nuevas propuestas formuladas por los gobiernos pronorteamericanos de Centroamérica en el marco de Contadora el día 28. Al mismo tiempo, el informe de la Comisión Kissinger, que se presenta el 10 de enero, aunque inserto en un contexto más amplio, busca apoyar más coherentemente esa política. La Administración Reagan ha trabajado entre el 14 y el 28 de diciembre en varias ciertas formas sin abandonar el objetivo, en cambiar algo para no cambiar nada. La oposición interna de Nicaragua, tras su desconcierto ante el debilitamiento de los planes interventores y ante la propuesta electoral sandinista del 4 de diciembre, fijó su postura el día 26 reclamando fuertes concesiones políticas al Gobierno. La contrarrevolución armada, que en gran medida había sido reconcentrada en Honduras en espera de la intervención, fue lanzada en el mes de diciembre a una nueva ofensiva. El Ministro de Defensa nicaragüense la ha calificado como de "gran magnitud", comparándola solamente con otras dos similares realizadas en el año 83. Todas estas variables se transforman en presión sobre Nicaragua. Al mismo tiempo, la guerra en El Salvador mantiene su rumbo tendencial favorable al FMLN. Este conjunto de hechos son los que pasaremos a analizar más detalladamente a continuación.

La presión diplomática

El 5 de diciembre, un día después de que Nicaragua hiciera pública la totalidad de sus propuestas al Grupo de Contadora, el Secretario de Estado norteamericano -Shultz- y el Subsecretario de Defensa -Ikle- reaccionaron en forma diversa. Shultz declaró "que saludaba" lo que calificó como "cambio en las declaraciones" del gobierno nicaragüense, pero añadió que "quiere ver realidades detrás de la retórica". Ikle, por su parte puso en duda incluso la utilidad de negociaciones con Nicaragua. Ambas declaraciones, aunque diversas, no son necesariamente contradictorias en su esencia. Si no hay negociaciones -parecería la lógica interna de Ikle, cuya perspectiva es la militar-, sólo queda una solución: la opción bélica. Si hay que "ver realidades" -parecería la lógica interna de Shultz, cuya perspectiva es la diplomática-, pueden forzarse más las exigencias al gobierno nicaragüense para doblegar sus principios o para recrear las probabilidades interventoras en caso de que la presión no tenga éxito. Pero, más allá del grado de acuerdo o desacuerdo de los declarantes, un punto es claro: no responden haciendo algún gesto efectivo que contribuya a la distensión. Más bien, cuestionan la sinceridad de Nicaragua. Y acogiéndose a ese argumento -como lo demuestran los hechos de este mes- multiplican las presiones.

Un primer indicio de esta postura fue la negativa del Vicepresidente norteamericano Bush a entrevistarse con el Comandante. Daniel Ortega, el 12 de diciembre, cuando coincidieron en Buenos Aires en la toma de posesión presidencial de Raúl Alfonsín. Ortega se reunió en esa ocasión con los Presidentes de Bolivia, Perú, Colombia, Argentina, Guatemala, Costa Rica y Ecuador; con los primeros ministros de España, Portugal, Francia, Yugoslavia, Italia, etc. Sólo Bush no quiso dialogar. El hecho había sido precedido, tres semanas antes, por la negativa de visa para el ingreso a EE.UU. del Ministro del Interior nicaragüense Comandante Tomás Borge; por la detención y largo interrogatorio, en el aeropuerto de New York dos semanas antes, del sacerdote y Ministro de Cultura Ernesto Cardenal; y por la prohibición de Honduras de ingresar a ese país -inexplicable esta decisión sin la orientación de Washington-, tan sólo una semana antes, a 200 religiosas norteamericanas que iban a realizar oraciones por la paz en iglesias cercanas a las bases militares estadounidenses.

Un segundo indicio fue la gira de la Comisión Kissinger por México y Venezuela a mediados de diciembre. En México, Kissinger declaró a la prensa que la posibilidad de pacificación en Centroamérica se basaba en dos puntos: la reducción del armamentismo nicaragüense y la resolución del "conflicto interno" de Nicaragua con un diálogo con los somocistas. Estos dos puntos fueron presentados al Presidente de La Madrid y al Canciller Sepúlveda. Como Nicaragua ya se había pronunciado sobre ambos temas en su propuesta a Contadora, México exhortó a Washington a reconocer "con buena fe y responsabilidad" el "mérito intrínseco" de la propuesta nicaragüense. "En la región está en juego la globalidad de las relaciones entre América Latina y los Estados Unidos", le advirtió a Kissinger el Presidente mexicano. En Venezuela, quizás por una mayor prudencia del ex-secretario de Estado, la visita fue menos tensa. Kissinger se entrevistó con el Presidente Herrera Campins y con el mandatario electo en los comicios del 4 de diciembre, el socialdemocráta Jaime Lusinchi, ironizó diciendo "que no todos" los detalles de lo planteado por el futuro presidente venezolano aparecerían en su informe final, pero que esto no era, en todo caso, por falta de "elocuencia" del presidente electo, sino debido "al hecho conocido que los norteamericanos tenemos las mentes mucho más lentas que los latinos". La reunión con los mandatarios de los dos principales países del Grupo Contadora no augura pues cambios significativos por parte de Washington.

El tercer indicio fue la gira de Stone en diciembre. Incluso fue algo más que un indicio, porque evidenció el paso en falso que estaba dando Estados Unidos al no variar ni siquiera las formas ante la nueva coyuntura abierta por Nicaragua. En la visita a Venezuela el 13 de diciembre, primera de su recorrido, Stone hizo declaraciones negativas sobre las propuestas nicaragüenses e incluso las tergiversó. Como reacción, al llegar a Colombia el día 14, el Presidente Belisario Betancur le habló con firmeza en nombre del Grupo de Contadora, instalando al Gobierno de Reagan a evidenciar en hechos tangibles el apoyo verbal expresado a la misión pacificadora del Grupo de Contadora. Según la agencia de noticias EFE, los puntos concretos planteados fueron: fin de las maniobras honduro-norteamericanas y el cese de los asesores militares y el suministro de armamento a la región. Stone tuvo que suspender la gira y regresar inmediatamente a Washington. Se imponía un cambio de táctica.

En este contexto, la reunión de los Cancilleres del Grupo de Contadora con los Cancilleres centroamericanos planeada para el 20 y 21 de diciembre, debió posponerse para el 7,8 y 9 de enero. El "New York Times", citando fuentes diplomáticas latinoamericanas y europeas, informó que el motivo inmediato había sido la "táctica obstruccionista" en Honduras. El motivo de fondo era la posición difícil en que había sido colocado Estados Unidos con la propuesta nicaragüense.

Buscando cómo avanzar, el 20 y 21 de diciembre se reunieron únicamente los Cancilleres de Contadora. Dos días antes los países bolivianos (Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Colombia) habían dado un nuevo respaldo a su gestión y se hacía cada vez más visible la fortificación de la misma con la previsible política exterior que desarrollarán los Presidentes electos de Venezuela y Argentina. (Las visitas recientes del Coordinador de la JGRN a estos países, insertas en este contexto, habían contribuido también a fortalecer los anhelos de autodeterminación latinomericana). Como resultado de esta reunión de Cancilleres de Contadora se elaboró un texto titulado "Normas de ejecución de compromisos del Documento de Objetivos de Contadora". Según el vice-canciller panameño, el documento -cuyo contenido específico no es de conocimiento público-, trata de establecer medidas de carácter inmediato y mecanismos complementarios de negociación a largo plazo para alcanzar y afianzar la paz en la región.

Una semana más tarde, y aproximadamente un mes después de las propuestas nicaragüenses al Grupo de Contadora, Washington dio señales de readaptación a la nueva circunstancia. El 28 de diciembre, el Canciller hondureño, tras reunirse en Tegucigalpa y llegar a un acuerdo con los representantes de las Cancillerías de El Salvador, Guatemala y Costa Rica, anunció la propuesta que estos 4 países presentarán al Grupo de Contadora en la reunión de enero. El documento elaborado se titula: "Tratado general de Paz, Democracia, Seguridad y Cooperación centroamericana". Hipotéticamente, el documento parece ser una alternativa al documento nicaragüense con el que, independientemente de los avances o retrocesos cuantitativos que pueden darse en la reunión con Contadora, se impida un avance cualitativo de la negociación como sería la firma inmediata de un tratado de paz regional. En consecuencia, a pesar del posible apoyo de Nicaragua al nuevo documento de Contadora, este otro documento dejaría un margen abierto para continuar las presiones sobre Nicaragua y las amenazas de intervención.

La acción que facilita este documento se complementaría al interior de Estados Unidos, con la presentación de otro documento: el de la Comisión Kissinger. Sin embargo, la valoración de esta nueva situación no puede descuidar: 1) las divergencias al interior de la Comisión Kissinger, 2) las propuestas alternativas a dicho plan que se están elaborando en Estados Unidos, 3) los efectos de las contradicciones surgidas entre Anthony Quainton -embajador norteamericano en Managua- y el propio Kissinger (según el "New York Times" los informes de Quainton sobre Nicaragua reconocen aciertos en algunas áreas de política interna sandinista que cuestionan las tesis de Kissinger), 4) las mayores dificultades que en el marco de Contadora tienen EE. UU., Honduras y El Salvador para lograr el pleno consenso con Guatemala, que se ha negado momentáneamente a participar en las maniobras Pino Grande III de marzo/84 y con Costa Rica -cuyo nuevo Canciller, Carlos José Gutierrez, es opuesto a la política con frente a Contadora había seguido el anterior Fernando Volio-. En consonancia con la nueva ofensiva norteamericana, Reagan anunció el 26 de diciembre una nueva visita de Stone a la región, que se realizó entre el 3 y el 5 de enero. "Deseo reiterar mi apoyo y compromiso, con su misión delicada pero crucial -señaló en esa ocación Reagan- como mi representante personal; él habla por mí en nuestros esfuerzos por hacer avanzar la paz y la democracia en esta área cercana". Poco después, el mandatario estadounidense agregó que las señales conciliadoras emitidas por el Gobierno de Managua no eran suficientes como para que las relaciones EE.UU. -Nicaragua entraran en un período de distensión.

La presión política interna

La situación política interna de Nicaragua en este mes tiene una íntima relación con la lógica internacional antes descrita. También las medidas del gobierno revolucionario desconcertaron a la oposición política, haciéndola dar pasos en falso. Y sólo dos días antes del anuncio de Paz Barnica referido a la nueva propuesta de los 4 países centroamericanos hecha a Contadora, la oposición interna de Nicaragua logró plasmar, el día 26, una propuesta paralela, para presionar internamente.

En el primero de los Decretos anunciados por el Comandante Daniel Ortega el 4 de diciembre, se ratifica el Decreto #513 del 10 de septiembre de 1980 que señalaba fechas para el inicio del proceso electoral (enero del 84) y la culminación del mismo (año 1985). En consecuencia, se fija el inicio del proceso electoral a partir del 31 de enero de 1984 y se informa que el 21 de febrero de este mismo año, se anunciará el día exacto en que se realizarían las elecciones. Igualmente, se convoca al Consejo de Estado a sesiones extraordinarias para concluir la Ley Electoral y reglamentos conexos. El tipo de elecciones será determinado por el Consejo de Estado, a través de las sesiones extraordinarias a que ha sido convocado, pero queda claro que: a) los partidos políticos tendrán opción al poder político de la Nación, de acuerdo al artículo 2 de la Ley de Partidos Políticos; b) las variantes básicas posibles se reducen a la elección directa por el pueblo de una Asamblea Constituyente que a su vez elija a las máximas autoridades del país, o a la elección directa por el pueblo de esas máximas autoridades.

El segundo Decreto, ofrece "todas las garantías" a los nacionales que abandonaron el país después del triunfo revolucionario incluso si se hubiesen involucrado en actividades ilegales en contra del orden público, aún aquellas de naturaleza armada. Se exceptúa a los oficiales de la guardia somocista; a los condenados en procesos penales; y a los cabecillas contrarrevolucionarios que "hayan pedido la intervención de una potencia extranjera en Nicaragua", pedido o aceptado fondos de la misma potencia y "dirigido o planeado ataques terroristas" contra la población o economía nicaragüense. (Más de 300 campesinos, que por temor o presión se habían incorporado a la contrarrevolución, se han acogido ya al Decreto, al terminar de redactar estas páginas).

Las reacciones políticas de la oposición nicaragüense oscilaron curiosamente con similutud a las posturas de Shultz y de Ikle. La dirigencia de la oposición militar, los contrarrevolucionarios de FDN y ARDE, rechazaron los Decretos -aunque en rigor quedaban excluidos de sus beneficios-, declarando su negativa "a toda negociación con los sandinistas". Gran parte de la oposición política expresó serios reparos: "habrá que ver los hechos", dijeron.

A partir del día 5, en un afán de presión -similar al mostrado por Kissinger y Stone-, gran parte de la oposición nicaragüense dió un paso en falso. En medio de una serie de exigencias -que retomamos después, al informar sobre su documento- más elaborado, hecho público el día 26-, buena parte de los partidos políticos derechistas asumieron la causa más impopular que pueda haber en Nicaragua: la defensa de la guardia somocista. Si la guardia somocista fue el corazón mismo de la dictadura en el país, es llamativo que planteen que para que "vuelva la democracia" debe volver la esencia de la dictadura.

La "Coordinadora Democrática Nicaragüense", bloque de los partidos de derecha en el país, sostuvo ante el Presidente del Consejo de Estado, Cdte. Carlos Núñez, que era necesario un diálogo entre todos nicaragüenses -incluida la contrarrevolución- para institucionalizar la democracia. Sobre esa base, muchos políticos declararon que el segundo Decreto del 4 de diciembre, que hacía excepciones entre aquellos a los que se ofrecía "todas las garantías" para retornar al país, era "demasiado limitado". Tomemos tan sólo un ejemplo: según un cable de la agencia de noticias AFP, Roberto Cardenal, miembro del directorio del diario "La Prensa", comentó en una gira por Europa que el "Decreto de Amnistía es muy bueno, pero lo que se promete en la primera página se quita en la segunda, ya que el Decreto excluye a los somocistas, a los condenados en procesos penales, a los que han planeado actos terroristas, etc."

¿Cómo se explica un error político y moral tan serio en un gran sector de la oposición derechista de Nicaragua?. ¿Por qué defender una causa tan impopular, a pocas semanas del inicio de la campaña electoral?. El origen inmediato se llama Richard Stone ("el que habla por mí", según declaró Reagan). El 1 de diciembre -paralelamente a una reunión técnica de Contadora-, Stone se había reunido en Panamá con los grupos armados contrarrevolucionarios buscando su mayor unificación y, según sus propias palabras, buscando servir posteriormente "de intermediario". En noviembre, en los momentos más álgidos de la crisis, el Cdte. Daniel Ortega había rechazado enérgicamente esa posición formulada directamente por Stone. "Para reconciliarnos con los somocistas y traidores en este país -declaró después el 12 de diciembre el Cdte. Tomás Borge-, se necesitaría que los miles de asesinados vuelven a su hogar para llenar de dicha y alegría a sus hijos, a sus esposas, a sus padres... que el novio asesinado pueda volver a reunirse con la novia que lo espera... por eso no habrá reconciliación con la contra hasta el día de la resurrección de los muertos; nosotros jamás vamos a traicionar a nuestro pueblo." Que los Estados Unidos protejan e impulsen a la guardia somocista no es nada nuevo. Lo hicieron por más de 50 años. En la coyuntura actual el tema de la reconciliación les conviene para presionar con él a la Revolución Popular Sandinista en un punto de negociación imposible porque atañe a los principios y para -acogiéndose a él- negar el diálogo con el FMLN en El Salvador, de acuerdo a su "ley de simetría". Pero, ¿tenían que tomar esa misma bandera la mayoría de los partidos derechistas de Nicaragua?. ¿No podrían -aún "coincidiendo" con la mente de Reagan, como algunos de ellos han declarado- haber levantado otra bandera menos impopular?. El hecho es que no ha sido así.

El 26 de diciembre apareció el documento más elaborado de la oposición. En él piden la "celebración de un diálogo nacional de todos los partidos y movimientos políticos, incluso los alzados en armas, bajo los auspicios y garantías del Grupo de Contadora, tendiente a convenir en la forma y contenido de una convocatoria a elecciones de representantes de una Asamblea Nacional Constituyente, supervigilada por el mismo Grupo de Contadora o por la OEA". Requisitos previos a ese diálogo son: la "derogación, anulación o reforma de leyes que violan los derechos humanos (como)... la Ley del Servicio Militar Patriótico... la Ley de Confiscaciones de Empresas... la Ley para prevenir y combatir la descapitalización", etc. Exigen también la reestructuración general del Aparato Estatal, suprimiendo la relación existente entre el Estado y los organismos populares, la privación de su ideología al Ejército Popular Sandinista, la Policía Sandinista, etc. De esta manera, a la presión diplomática en el marco de Contadora se sumó la presión política de la mayoría de los partidos derechistas al interior de Nicaragua.

El documento del 26 de diciembre fue firmado por los siguientes partidos: el Social Cristiano, el Popular Social Cristiano Auténtico, el Social Democráta, y el Conservadro Democráta (fracción democrática). Se unieron al documento el Consejo Superior de la Empresa Privada y los sindicatos "Confederación de Unificación Sindical" y "Central de Trabajadores de Nicaragua" (fracción Huembes). No firmaron el documento los partidos derechistas Movimiento Liberal Constitucionalista y Conservador Democráta (fracción legitimista). Tampoco fue firmado por el movimiento sindical "Central de Trabajadores de Nicaragua" (fracción Jarquín). Grandes empresarios del café y el algodón emitieron por su parte declaraciones de carácter contradictorio con el del Consejo Superior de la Empresa Privada. (Una caracterización de las fuerzas políticas en Nicaragua, puede verse en: envío, #23).

Por su parte, los partidos progresistas: Liberal Independiente, Popular Socialcristiano y Socialista Nicaragüense, se manifestaron a favor de los Decretos de la JGRN, señalando que "siempre seguirán siendo críticos constructivos de las decisiones gubernamentales" y que "continuaran trabajando en la institucionalización del proceso revolucionario, como son la Ley Electoral, Ley de Medios de Comunicación Social y todas las demás Leyes que mantengan y consoliden el pluralismo político y la economía mixta".

El Partido Comunista, atacando a los partidos de derecha, virtió también críticas contra el Gobierno Sandinista. Lamentó la falta de apoyo de Nicaragua a la Unión Soviética, especialmente en el seno de las Naciones Unidas; señaló que las "gestiones burguesas" del Grupo de Contadora están cercando cada día más al proceso revolucionario; hizo críticas a la política interna sandinista, especialmente en lo que, a su juicio, son restricciones del derecho de los trabajadores; anunció finalmente que se presentará en las próximas elecciones con candidatos propios.

En el mes que estamos analizando, a las presiones norteamericanas en el marco de Contadora, y a la de los partidos políticos derechistas en Nicaragua, se sumaron los hechos ocurridos alrededor del viaje de Mons. Schlaefer y un grupo indígena a Honduras (véase artículo adjunto). Esta acción tiende a dificultar la unidad miskita y el diálogo Iglesia-Estado. Nicaragua ciertamente está bajo el signo de la presión. Pero el panorama no sería completo si olvidamos la presión militar.

La presión militar

En perfecta concordancia con la presión internacional e interna (partidaria y empresarial), la contrarrevolución armada lanzó una nueva gran ofensiva. Contando -con un número que FDN-ARDE han fijado en 8.000 -serían prácticamente todas sus fuerzas- y el Gobierno de Nicaragua ha calculado en 3.000, la contrarrevolución ha atacado en los sectores fronterizos de Nueva Segovia, Madriz y Jinotega, en el sector montañoso colindante con el Atlántico en Matagalpa y en un sector de Zelaya Sur (cercano a Nueva Guinea).

Como estas operaciones están actualmente en desarrollo, no se tiene aún una información exacta o definitiva. Datos que abarcan solamente algunos combates que se han realizado, aparecidos en los periódicos de Nicaragua, dan cuenta de 44 sandinistas (civiles y militares) y 317 contrarrevolucionarios muertos, entre el 5 de diciembre y el 5 de enero. Esta actual operación de FDN-ARDE ha sido calificada por el Ministerio de Defensa nicaragüense como la tercera gran infiltración realizada en el año. Las otras dos fueron el "Plan C" (febrero a mayo) y la "Operación Maratón" (julio a septiembre).

En todo caso, la línea principal del ataque parece ser el eje: Jinotega-Matagalpa, con el fin de afectar la cosecha del café. En las otras zonas, además de los daños humanos, económicos y militares que puedan causar las fuerzas contrarrevolucionarias, buscan principalmente desviar la presión sobre las otras fuerzas de tarea empeñadas en destruir las divisas cafetaleras. La ofensiva en su conjunto busca reforzar la presión política y lograr mejores posiciones militares por si vuelven a presentarse las probabilidades de intervención, dependiendo esto en gran medida de la evolución de la guerra salvadoreña.

Mientras tanto, siguen realizándose las maniobras militares honduro-norteamericanas. Estas se han desplazado del sector Atlántico de Honduras al sector Pacífico, cerca de El Salvador.

El 18 de diciembre, el Jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, Gral. Gustavo Alvarez, anunció el inicio de las maniobras Pino Grande III para mediados de marzo, coincidiendo con la fecha en la cual terminará Pino Grande II. Fuentes periodísticas informaron que, aunque las fechas pueden retrasarse, las maniobras en todo caso se realizarán en el sector del Pacífico , pudiendo verse involucrados 20.000 hombres. En las maniobras "Pino Grande I" participaron 3.000 efectivos y en "Pino Grande II" 11.000. "La guerra con Nicaragua es una opción a considerar para resolver la crisis", declaró Gustavo Alvarez al anunciar "Pino Grande III". Mientras, en Estados Unidos, el Consejo de Asuntos Hemisféricos reveló que Richard Stone había aceptado la existencia de un plan de contingencia para invadir El Salvador en caso de que el FMLN provocara un "caos total" o la extrema derecha diera un golpe de Estado.

En El Salvador, después de varios intentos por lograr mayor unidad en el bloque en el poder, la división continúa. Las tensiones llegarán a su momento álgido en marzo, con unas elecciones que llevan como principales oponentes a Duarte y D'Aubuisson. El FMLN, mientras tanto, continúa avanzando en la guerra, como lo demuestran los recientes golpes en cuarteles y vías de comunicación claves. Esto hace prever situaciones complejas para el mes de marzo.

Flexibilidad y firmeza de la revolución

Con una creciente complejización de la situación salvadoreña y en medio de presiones diplomáticas, militares y de política interna, Nicaragua sigue, sin embargo, profundizando estructuralmente su revolución. El corazón de los proyectos revolucionarios, la Reforma Agraria, continúa latiendo con ritmo y fuerza. En el mes de diciembre de 1983 se batieron récords en la entrega de tierras a los campesinos. Del 100% de familias beneficiadas con títulos de Reforma Agraria desde el triunfo revolucionario, el 25% lo han sido en los dos últimos meses del 83. Para 1984 se piensa sostener un ritmo similar al de estos últimos meses. Además, según cifras preliminares y pese a los problemas existentes de financiamiento externo, de liquidez de divisas para importar, pese a limitaciones en las líneas de crédito, etc. la economía "va a crecer en términos globales en una cifra superior al 3% de este año", declaró el 18 de diciembre, el Dr. Sergio Ramírez, miembro de la Junta de Gobierno.

Militarmente, todas las armas con que cuenta la revolución, según el Cdte. Daniel Ortega, han sido entregadas o asignadas al pueblo organizado. No han alcanzado para todos y el resto tendrá que combatir, si fuera necesario, con armas de cacería o con medios internacionales. A esta masividad y organización combativa, se suma una notable unidad en las fuerzas revolucionarias del país.

Es llamativo el cambio de situación. Nicaragua es acusada por Reagan de totalitarismo. Hoy están planteadas unas elecciones que niegan esa aseveración y provocan que los partidos pronorteamericanos y la misma Administración Reagan invoquen el totalitarismo somocista. Nicaragua es acusada por Reagan de guerrerista. Hoy está planteada en Contadora la propuesta más radical para el desarme en Centroamérica. Varios países centroamericanos y el mismo Reagan están en la posibilidad de aceptarla. En medio de esta flexibilidad, siguen firmes los dos principios básicos e innegociables: la opción por los pobres y la lucha por la soberanía nacional.

En este marco de avances y presiones, 1984 se avizora como un año realmente complejo, con diarios desafíos a la flexibilidad y a la firmeza de la revolución nicaragüense.

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