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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 320 | Noviembre 2008
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Centroamérica

Deportados: sin papeles, sin derechos y con fronteras

Excluidos en los países del Sur, rechazados en los del Norte. Población sobrante, desechos del sistema globalizado, trabajadores sin calificación… Son los deportados. No tienen papeles, pero tienen proyectos de vida. Se les niegan derechos, pero han desarrollado una resistencia y una rebeldía que les permiten defender con nueva conciencia esos derechos. Son los migrantes. ¿Hasta cuándo las fronteras pretenderán impedir y frenar la migración del Sur al Norte?

José Luis Rocha

Cuando un trabajador se desplaza desde su municipio, departamento o provincia de origen hacia otro donde tiene mayores oportunidades de conseguir un trabajo, los políticos, economistas, sociólogos y expertos en desarrollo aplauden hasta despellejarse las manos. Eso se llama “disminuir el paro frixional”. Pero si al trabajador se le ocurre hacer lo mismo rebasando esas líneas imaginarias llamadas fronteras, un clamor se levanta para objetar que esos tránsfugas mancillan la soberanía y atentan contra la gobernabilidad.

Así lo percibe Mauricio Antonio López, un nicaragüense deportado de 31 años de edad, originario del popular barrio San Judas en Managua: “Muchas personas salimos fuera del país con una esperanza, pensando que nos va ir mejor fuera de nuestra tierra. Y es una equivocación. Es una equivocación porque una vez que tocás tierra extranjera, más si es del Estado de México, te volvés un prófugo de la justicia sin haber cometido delito, no más por haber cruzado una frontera.”

FRONTERAS: ¿AÚN TIENEN SENTIDO?

Las fronteras tienen cargas emocionales que en determinados momentos históricos sobrepasan el alto voltaje. Son nervios políticos de extrema sensibilidad. Encierran comunidades imaginarias regidas por Estados-nación y delimitan el alcance del poder de esos Estados para controlar poblaciones y normar sus interacciones. La comunidad demarcada por las líneas fronterizas debe funcionar como un todo comprensible en sí mismo.

Para efectos metodológicos, todavía se pretende calcular las actividades productivas, comerciales e intelectuales circunscritas a un territorio. Cada granja nacional funciona como una unidad de análisis. Por eso las nociones de PIB, exportaciones nacionales, inversión extranjera y muchas otras persisten como soportes de las categorías que tozudamente usan los Bancos Centrales en estimaciones que viven de espaldas a sistemas financieros, industrias y telecomunicaciones dominados por empresas transnacionales. El nacionalismo metodológico se resiste a dar cuenta de empresas que desglosan sus procesos productivos, administrativos, comerciales y publicitarios y los distribuyen en los países donde los costos y riesgos son menores. Desde una oficina en Nueva York transmite una muchacha el mensaje que en el aeropuerto de Berlín invita a los pasajeros a abordar su vuelo de media noche. La evasión del pago de horas extras no conoce fronteras. Los empresarios sin escrúpulos han diseñado empresas sin fronteras que eluden “limpiamente” ciertos requerimientos de la legislación laboral y desafían los cálculos de valores agregados, distribución de beneficios y tributación.

En “La era del acceso”, Jeremy Rifkin habla del reto que supone la transición desde una economía en la que el éxito y la riqueza se miden en términos del capital físico a otra economía en la que el éxito se mide cada vez más en términos del control sobre las ideas en la forma de capital intelectual e intangibles que ya está minando las prácticas contables convencionales. Los procedimientos contables tradicionales -diseñados como parte del modelo del nacionalismo metodológico- funcionaban mejor en economías que producían y comerciaban principalmente con productos físicos que se intercambiaban entre compradores y vendedores y que atravesaban fronteras, pero no tienen tanto sentido en economías donde el intercambio de bienes es menos importante que compartir el acceso a los servicios cuya invención, distribución, facturación y disfrute sobrevuela fronteras.

MASIVOS FLUJOS MIGRATORIOS
EN FRONTERAS CADA VEZ MÁS POROSAS

Muchas empresas operan en buena medida en espacios electrónicos que levitan sobre toda jurisdicción. La porosidad de las fronteras no es totalmente nueva. Culturalmente ha dado lugar a hilarantes reyertas. Por ejemplo, la pretensión de establecer si ese combinado de arroz y frijoles que es el gallopinto es tico o nica, o si la canción “El pitero” es hondureña, salvadoreña o nicaragüense. La globalización consiste, entre otras cosas, en un aumento de esta porosidad por cuyo efecto la sociedad es menos regulable y comprensible nacionalmente.

Las migraciones se inscriben en esta dinámica de porosidad de las fronteras, transnacionalismo y declive de la óptica nacional. Entonces, ¿dónde se sitúan los controles migratorios estrictos y las deportaciones, que de manera masiva y como política migratoria más visible, están poniendo en práctica algunos gobiernos?

Las deportaciones, más que cualquier otro factor, han añadido dos nuevas categorías a la condición que las naciones adquieren por su relación con los flujos migratorios. Hasta ahora se hablaba -repitiendo mecánicamente fórmulas acuñadas con pulcro burocratismo- de países de origen, de tránsito y de destino de los migrantes. Las deportaciones agregan otras categorías: países de expulsión y países de retorno de migrantes. Las deportaciones también han añadido una categoría más a la odiosa distinción entre trabajadores calificados y no calificados: trabajadores descalificados. Y dado que los retornos voluntarios se presumen insignificantes puestos al lado de las expulsiones forzosas, los países de origen se están transformando en cárceles nacionales en las que millones de descalificados son confinados. Sólo en los últimos 17 años (1990-2007) el gobierno de Estados Unidos envió de regreso a sus países de origen a más de 24 millones de inmigrantes. ¿Cómo entender este bloqueo a los flujos migratorios en la era de la porosidad de las fronteras?

CUANDO LOS MIGRANTES SON VISTOS
COMO PERSONAS TERCAS Y POCO RACIONALES

Existen diversas visiones sobre los deportados y las deportaciones. Tres de ellas expresan puntos de vista contrapuestos a partir de lo que suponen son los “mismos hechos”. Pero, como los hechos nunca son los mismos si se los aborda desde distintos marcos conceptuales, analizar estas propuestas teóricas nos obliga a poner en evidencia qué sistema de valores subyacen a su versión de “los hechos”.

En primer lugar tenemos el punto de vista que podríamos membretar como complaciente con el sistema y descafeinado, deudor espistemológicamente de esa conceptualización de las elecciones individuales racionales de la que están empapadas la economía neoclásica y la filosofía liberal. Su versión de los hechos puede llegar incluso a hablar de mercados laborales regionalizados y globalizados, pero apuesta ante todo a una movilidad segura y ordenada, a la que deben ceñirse todos los migrantes, mujeres y hombres. Quienes lo ven así pueden reconocer un mínimo de derechos humanos, pero se resisten a apostar a una universalidad absoluta.

La corriente más abierta de esta visión insiste en la igualdad de derechos entre ciudadanos y no ciudadanos, pero jamás lanza una mirada global que abarque el sentido de esta segregación, sus causas económicas sistémicas y sus consecuencias socio-culturales. Su corriente más represiva pone la soberanía nacional como principio último y la gobernabilidad de las migraciones como máxima concesión.

Ambas corrientes alcanzaron una solución de compromiso en la Convención internacional para la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familiares, el más importante instrumento jurídico sobre derechos humanos de los migrantes que ha producido Naciones Unidas. Reconoce derechos muy significativos a todos los migrantes, pero establece una clara distinción entre documentados e indocumentados y entre los derechos aplicados a cada categoría. Su relato tiende a ser muy oficial y por eso elude las aristas conflictivas o las plantea en términos de disfuncionalidades administrativas. Por eso sus soluciones, perfectamente acopladas a lo políticamente posible y correcto, cuajan en comisiones, reformas a los sistemas de visados, foros y más comisiones, programas de migración temporal, diálogos interestatales y redes de comisiones, amnistías por cuotas, comisiones regionales, estatus de protección temporal y marcos lógicos, POAs, planificaciones estratégicas y sistemas de seguimiento para las comisiones. Todo esto busca influir sobre elecciones individuales racionales.

Para quienes tienen esta visión los migrantes indocumentados son trabajadores insumisos y poco racionales que, con su desmedido flujo y torpe manía de no cargar documentos, promueven el desorden y engrosan un flujo migratorio más allá de lo que los países de destino pueden absorber de forma socialmente gobernable y reciclable en el mercado laboral. Según ellos, el flujo moderado de migrantes debe canalizarse mediante programas de trabajadores temporales, estatus de protección temporal y amnistías con cuotas razonadas. Desde esta perspectiva, los rebeldes sufren y seguirán sufriendo el anatema de la deportación debido a su terquedad, ignorancia, dificultades económicas y la ineficiencia de sus gobiernos.

Los gobiernos receptores, los gobiernos emisores -en manos de élites estultas e insensibles-, algunos funcionarios de Naciones Unidas, muchísimos analistas y la gran mayoría de los diseñadores de políticas inventan, repiten o van añadiendo capítulos a esta versión de los hechos. Buscan producir los migrantes ideales: los que van, trabajan donde, cuando y el tiempo en que se los necesita para después regresar. Los deportados son producto del desorden. Son actores precipitados que acaban en el precipicio. Ordenar las migraciones significa regular el número y fabricar migrantes temporales o circulares.

MIGRANTES IDEALES = MIGRANTES CIRCULARES
DONDE LA DINÁMICA ES WIN-WIN-WIN

La migración circular es una estrategia que Naciones Unidas ha intentado vender a la sociedad civil. El 9 de julio de 2007, día concedido a la sociedad civil durante el Foro Global sobre Migración y Desarrollo que tuvo lugar en Bruselas, Kathleen Newland, del Instituto de Política de Migración en Estados Unidos, presentó una ponencia titulada ¿Pueden beneficiarse tanto los emigrantes, como los países de origen y de destino de la migración circular?

La panelista se propuso definir parámetros generales y presentar esta propuesta: la migración circular es la principal forma de migración, especialmente en África occidental, donde existe desde hace 50 años. La sociedad civil tiene muchas perspectivas de hacer algo en este terreno. El punto práctico es plantearnos cómo las personas pueden regresar a sus países de origen. Por eso la pregunta clave es “¿Qué condiciones conducen a los emigrantes a regresar de forma sostenible y permanente a los países de origen?” Si el proceso migratorio es conducido de forma adecuada, se puede generar una dinámica win-win-win: ganan los países emisores, ganan los países receptores y ganan los migrantes.

Con la migración circular, los países de destino ya se están beneficiando con mayor disponibilidad laboral, cobertura de puestos de trabajo poco atractivos para los nativos y reducción de las obligaciones patronales y, como los trabajadores no se quedan para toda la vida, no cobrarán su seguridad social. Los migrantes ganan con la migración circular porque mantienen los contactos familiares, satisfacen necesidades financieras y aprovechan los vínculos entre ambos países.

LA PESADILLA DE ESTA VISIÓN: BABEL

Aunque Newland planteó que hay que poner el énfasis en los incentivos para que los migrantes regresen voluntariamente, en lugar de forzar ese retorno como una medida punitiva, su perniciosa candidez -auténtica o fingida- suscitó furibundas reacciones entre los migrantes y sus organizaciones que participaron en el foro.

Una representante de los sindicatos franceses señaló el absurdo de, por un lado, imponer el idioma del país de destino y, por otro, no permitirles educarse en el idioma de su país de origen. “¿Cómo podemos -observó- esperar que estos migrantes sientan el deseo de retornar?” Un migrante agregó: “¿Cómo va a querer retornar a su país de origen un inmigrante que estudió, se graduó de doctor y trabajó en hospitales bien abastecidos y con todo el equipamiento necesario? ¿Pueden imaginárselo nuevamente en Mali, donde no hay recursos ni equipos en los hospitales?”

En general, los migrantes no tienen condiciones para regresar y establecerse en sus países de origen. Por eso seguirán migrando y tenderán a permanecer en los países de destino. Xavier Segura, quien trabaja para una confederación de sindicatos españoles que atienden y asesoran legalmente a migrantes en sus 400 oficinas, sostuvo en el foro que “la migración circular parece más bien un nuevo sistema para deshacernos de los migrantes cuando no los necesitamos”. Esta sospecha fue remachada por miembros de la asociación de campesinos y agricultores del Caribe: “Tenemos una tendencia a los debates globales, pero estos debates no se realizan en muchos de nuestros países. Además, en estos debates, los migrantes no parecen personas, sino bienes de consumo, mercancías. Por eso aquí se dice: ¿Faltan trabajadores en equis país o región? Bueno, se los enviamos. Cuando sobran, proponemos migración circular”.

Y es que Newland tiene un concepto muy estático de la circularidad. Traza un solo círculo. Hay un viaje de ida y uno de regreso. Luego el círculo se congela. Newland llama migración circular a aquella que supone un retorno definitivo al país de origen. Un concepto dinámico implicaría muchas idas y retornos espaciados en el tiempo a lo largo de la vida.
Su propuesta es sintomática de la estrategia que predomina en esta versión de las migraciones: hay que fabricar migrantes que fluyan en un caudal moderado para que su volumen no asuste a los nativos y cuya programación innata les conduzca de regreso a sus países antes de que se conviertan en una fuerza laboral excedente que deshilache y llene de parches el tejido social, sature el mercado laboral y provoque estallidos de xenofobia. Babel es la pesadilla de esta visión. El mundo como registro contable con activos y pasivos nítidamente definidos es su paraíso.

CUANDO LOS MIGRANTES SON PIEZAS
DE LA INTERNACIONALIZACIÓN ECONÓMICA

Hay una segunda visión. La internacionalización económica como objeto de análisis ha arrojado luz sobre el sentido de las deportaciones. Su óptica retoma un cosmopolitismo metodológico esbozado hace algún tiempo por el autor de un profético texto: Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional.

Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no empelan materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles.

Este texto de candente actualidad no es de Arjun Appadurai, Saskia Sassen, David Harvey, Manuel Castells, Ulrich Beck, Néstor García Canclini o cualquier otro de los expertos en globalización, expansión del capitalismo o segunda modernidad. Es un fragmento del Manifiesto del Partido Comunista, redactado por Marx y Engels en 1848. Pero enuncia muchas de las tesis de partida que la socióloga estadounidense Saskia Sassen sostiene en su libro “La globalización y sus descontentos”.

VIEJOS CONTROLES Y REGULACIONES
EN LA NUEVA CIUDAD GLOBAL

Sassen parte de la evidente movilidad expansiva del capital para hacernos notar las transformaciones socio-culturales que lleva aparejadas. Se mueven las empresas, pero también lo hacen las poblaciones. Sassen busca lo que Ulrich Beck llama mirada cosmopolita y cosmopolitismo metodológico. Pero lo hace eludiendo el dualismo nacional/global recurriendo como unidad de análisis a lo que ella llama ciudad global: ese espacio transformado por la interacción de diversos grupos étnicos que se transnacionalizan, pero donde la infraestructura disponible para los grandes movimientos de capital sigue siendo vital.

Las grandes empresas que sitúan sus centros de operaciones en las ciudades globales necesitan edificios, fibra óptica, fuerza laboral especializada, carreteras y trabajadores de muy diversas calificaciones. Importantes componentes de la globalización están imbricados en ubicaciones institucionales particulares ligadas a territorios nacionales. Por eso las normativas locales y la acción del Estado siguen teniendo un rol.

Aunque ahora intenten regir espacios internacionalizados -globalizados, transnacionalizados, desnacionalizados-los gobiernos locales conservan un papel regulador importante. Sin adecuados regímenes legales no habría transnacionalismo. Esas ciudades globales atraen inmigrantes. No es casual que los grandes nudos económicos -Nueva York, Frankfurt, Londres- sean focos de atracción de inmigrantes que desempeñan servicios para que los cuarteles generales del capital y sus élites profesionales operen a plenitud. La ciudad global se convierte en un espacio de crecientes y brutales contrastes entre las élites globalizadas y los trabajadores globalizados.

La contradicción del nuevo modelo globalizado estriba en que, mientras los gobiernos y los actores económicos de los países altamente desarrollados están produciendo e implementando nuevas condiciones para las economías transnacionales, la política migratoria en esos mismos países permanece centrada en las viejas concepciones acerca del control y la regulación. El Estado-nacional experimenta la globalización como serias restricciones a su autoridad cuando se habla de derechos universales y de la regulación de organismos supranacionales. Frecuentemente las cortes judiciales y las procuradurías de derechos humanos han alentado la reunificación familiar y derribado las barreras de las direcciones de migración contra los solicitantes de asilo. Atizados por el cabildeo de algunos grupos donde imperan los sentimientos anti-inmigrantes, ciertos sectores del Estado apuestan por una renacionalización de las políticas.

El resultado de esta contradicción son políticas migratorias que carecen de una mirada cosmopolita y que están infectadas de ambigüedad letal. Incluso la legislación internacional sobre refugiados establece el derecho a “salir” como un derecho universal, pero mantiene un culpable silencio sobre el derecho a “entrar”.

Las políticas migratorias nacionales son moldeadas por un entendimiento de que la inmigración es la consecuencia de una serie de acciones individuales realizadas por los inmigrantes y no prestan atención a que los flujos migratorios tienen unos patrones: la mayor parte de la inmigración hacia los países poderosos proviene de países bajo su esfera de influencia. Este hecho había sido subrayado por el periodista boricua-neoyorquino Juan González en su Harvest of Empire: las inmigraciones en Estados Unidos son la cosecha de décadas de imperialismo.

LOCALISMOS Y NACIONALISMOS
CONTRA LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA

Las políticas migratorias no han conseguido entender los flujos migratorios en el contexto de la globalización de la actividad económica, de la actividad cultural y de la formación de identidades. Sassen propone entender las migraciones y la etnicidad como un abanico de procesos donde los elementos globales están localizados, los mercados laborales internacionales están siendo constituidos y las culturas de todo el mundo son des-territorializadas y reterritorializadas.

La globalización engendra nuevas nociones de comunidad, formación de identidad y membresía. Las políticas que ignoran estos procesos y que atribuyen toda la responsabilidad de la inmigración a los inmigrantes como individuos se enfocan sobre éstos. Alentadas por una reacción contra la globalización económica, se decantan hacia el localismo, el nacionalismo y la protección de las identidades originales. En el caso de Estados Unidos, esta re-nacionalización de las políticas migratorias se viene expresando -con particular crudeza a partir de los 90- como una tensión entre los gobiernos estatales y el gobierno federal.

En 1994 seis estados -Arizona, California, Florida, Nueva Jersey, Nueva York y Texas- llevaron casos ante cortes federales para demandar del gobierno federal un reembolso de costos por el fracaso de dicho gobierno en aplicar las políticas migratorias y proteger las fronteras nacionales, un fracaso que incrementó los costos de los estados por su obligación -sin contrapartida fiscal- de proveer servicios de educación y salud incluso a los indocumentados. En un contexto de reducción de costos fiscales, los inmigrantes han sido señalados como causantes del incremento en la inversión en salud, educación y centros penales.

Siguiendo esta línea de argumentación, podemos decir que las deportaciones, lo mismo que ciertas limitaciones de los derechos de los inmigrantes -a traer más familiares, por ejemplo-, son una reacción del gobierno federal para poner orden en casa. Buscan mitigar el descontento social y la presión de los estados mediante una re-nacionalización de las políticas y el repliegue ante una globalización que distribuye los beneficios de forma poco satisfactoria. Los inmigrantes pagan como individuos el costo de embates sistémicos debido al nacionalismo metodológico de las políticas migratorias.

CUANDO LOS MIGRANTES
SON VISTOS COMO DESECHOS HUMANOS

La tercera visión es de corte apocalíptico. La sostiene el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, para quien precisamente el éxito de la modernidad llevada al extremo empieza a producir de forma masiva desechos humanos: Cien años más tarde, se dirá que un resultado de lo más funesto, posiblemente la más funesta consecuencia del triunfo global de la modernidad, es la aguda crisis de la industria de destrucción de ‘desperdicios humanos’, ya que cada nueva posición que conquistan los mercados capitalistas añade otros miles o millones de individuos a la masa de hombres y mujeres privados de sus tierras, de sus talleres y de sus redes de seguridad colectiva. .La producción de residuos humanos es una compañera inseparable de la modernidad y un ineludible efecto secundario de la construcción del orden y del progreso económico.

La posición de Bauman está en marcado contraste con la de Sassen: los mercados laborales y la cohorte de consumidores pueden prescindir de una masa creciente de personas. Bauman opina que la nueva “plenitud del planeta”, el alcance global de la modernidad, produce “excedentes humanos”, “población superflua, supernumeraria o excesiva” -un “exceso de desechos del mercado laboral y aquello que rechaza la economía de mercado”, personas “fuera de lugar”, “no aptas” o “indeseables”-, en una medida que rebasa la capacidad de los sistemas de reciclaje. Estos desperdicios humanos se convierten en personas sin capacidad de consumo, incapaces de llevar una vida normal; menos aún, una existencia feliz. En nuestra sociedad, esa limitación los pone en la condición de consumidores manqués (fracasados): consumidores defectuosos o frustrados, expulsados del mercado. La suya es la peor condición en una sociedad de consumo. La inseguridad esencial de nuestro tiempo consiste en que todos corremos el riesgo de convertirnos en desperdicios humanos, indeseables y no aptos.

MUCHOS SON LOS LLAMADOS
Y POCOS LOS ESCOGIDOS

La teología de la liberación y otras visiones sobre la pobreza conferían a los pobres cierta dignidad y la promesa de un mundo mejor cuya construcción ellos mismos podrían protagonizar como sujetos históricos. Pero ahora la producción de desechos humanos da un nuevo y tenebroso sentido al dicho evangélico Son muchos los llamados y pocos los escogidos.

Son muchos los invitados al opulento banquete con¬su¬mista a través de los medios de comunicación y muy pocos los privilegiados que disfrutarán de sus suculentas viandas. Bauman insiste en que el estímulo al consumo, para resultar eficaz, debe transmitirse en todas direcciones y dirigirse, indiscriminadamente, a todo el que esté dispuesto a escucharlo. Pero es más la gente que puede escuchar que la que puede responder al mensaje seductor. Y a quienes no pueden responder se los somete diariamente al deslumbrante espectáculo de los que sí pueden. El consumo sin restricciones -se les dice- es signo de éxito, es la carretera que conduce a la fama y al aplauso de los demás.

Bauman agrega que incluso aquellos reconocidos como ‘inmigrantes económicos’ son condenados abiertamente por los mismos gobiernos que intentan por todos los medios que la ‘flexibilidad laboral’ sea la virtud cardinal de su electorado, y que exhortan a los desempleados autóctonos a ‘ponerse manos a la obra’ e ir donde haya trabajo. Como no los necesitan, y se convierten en un dreno para las finanzas públicas, los gobiernos terminan dedicando la mayor parte de su tiempo e ingenio a diseñar mecanismos cada vez más sofisticados para sellar y fortificar las fronteras, y a buscar los procedimientos más convenientes para librarse de quienes, a pesar de todo, consiguen cruzar las fronteras en busca de alimento y refugio. Para eso se han constituido fronteras que funcionan como “membranas asimétricas”: permiten salir, pero protegen contra la entrada indeseada de elementos del otro lado.

EXPULSADOS DEL SUR
Y RECHAZADOS EN EL NORTE

El migrante va en busca de la estética del consumo y encuentra el adefesio de la deportación. Busca la cacareada apertura del mercado y recibe el anatema. Los migrantes son residuos humanos en sus países de origen y luego, como deportados, se convierten en residuos de los países de destino. Los países de origen serán cada vez más naciones de deportados, naciones de vertederos de los desechables que el Norte no quiere asimilar. Por eso las deportaciones son la actualización físico-geográfica de la no inclusión laboral, política, social.

Así como el tomate mexicano al que en Estados Unidos se atribuyó la transmisión de salmonela salió del TLC, así se impide que migrantes no certificados entren a Estados Unidos. Es muy significativo que el término “certificado” sea aplicado a verduras, trozos de carne de res y migrantes. Los migrantes excedentes no entrarán a la tierra que mana cocacola y ketchup. Los migrantes que no entran en los convenios de migración circular de Newland, son los que Bauman identifica como desechados por el sistema.

Los sistemas precedentes -la primera modernidad- podía desembarazarse de sus desechos enviándolos a otros sitios: los pobres españoles del Renacimiento -frecuentemente etiquetados como delincuentes- y los pobres irlandeses del siglo XIX pudieron ser reciclados en el nuevo mundo. Los problemas locales tenían soluciones globales. Esas soluciones están fuera del alcance de la modernidad tardía. Bauman asegura que una vez que la modernidad se convirtió en la condición universal de la humanidad, los efectos de su dominio planetario se han vuelto en su contra.

A medida que el progreso ha alcanzado los más remotos rincones del planeta -con sus procesos de mercantilización, comercialización y monetarización de la subsistencia humana-, no quedan salidas locales a los excesos globales: la nueva plenitud del planeta significa, en esencia, una aguda crisis de eliminación de residuos humanos. Escasean los vertederos y el instrumental para el reciclaje de residuos. Como la globalización implica enormes desplazamientos de población, se ha convertido en una cadena de montaje de seres humanos residuales. Los inmigrantes son desperdicio en sus países de origen. Si son deportados, son desperdicios totalmente certificados.

Bauman coincide con Sassen en que no existe una responsabilidad individual de los inmigrantes. Hay fuerzas sistémicas que los empujan. En Sassen se trata de fuerzas predominantemente centrípetas: las grandes metrópolis atraen. En Bauman se trata de fuerzas netamente expulsoras: ciudades y poblados rurales del Norte y del Sur tienen un efecto centrífugo. Los deportados enfrentan fuerzas doblemente expulsoras: expulsados en el Sur, rechazados en el Norte.

La modernidad tiene un sentido muy distinto en los relatos de estos autores. En Sassen la modernidad -la ciudad global- necesita a los inmigrantes -su abundante mano de obra y sus bajos salarios-, pero un desencuentro con la mirada nacionalista de las políticas migratorias, que obedecen a las reacciones re-nacionalizadoras desencadenadas por la globalización, genera un movimiento de bloqueo a los flujos de migrantes. El dramático relato de Bauman insiste en que un creciente número de seres humanos no son necesarios en ningún sitio. Su penetrante análisis puede ser matizado con un final abierto no derrotista. Hay que prestar atención al volumen creciente de esos desperdicios humanos y al lugar que los latinoamericanos en general, y en particular los centroamericanos, ocupan en esa legión.

“HISPANICS ARE HIS PANIC”

Desde 1892 hasta 2007 el gobierno de Estados Unidos ha “retornado” o “removido” a casi 50 millones de inmigrantes, casi la sexta parte de su actual población. A ellos se suman los que no lograron entrar y que no fueron capturados.

Los deportados centroamericanos ocupan un lugar prominente. En 2007 sumaron el 7.76% del total de deportados desde Estados Unidos. Mexicanos y centroamericanos fueron el 96.68% de los deportados. Y todos los latinoamericanos y caribeños representamos el 98.56% de los deportados.

El peso relativo de estos grupos poblacionales entre quienes obtuvieron ese año la residencia permanente en Estados Unidos fue del 5% para los centroamericanos, 19% para mexicanos y centroamericanos y apenas 39% para el total de latinoamericanos. Los funcionarios de “la migra” no fueron tan generosos repartiendo residencias como empaquetando migrantes de regreso a sus países de origen. Este sesgo adverso de las políticas migratorias estadounidenses confirma que el temor a los latinos está ganando fuerza en ese país: Hispanics are his panic (Los hispanos son su pánico).

El incremento en las deportaciones de centroamericanos en los últimos ocho años confirma este pánico y se aprecia en el cuadro, donde se ve que el año 2005 ha sido el más productivo en deportaciones.

MÉXICO: LA FRONTERA VERTICAL

México -alargado filtro, frontera vertical- ha sido más contundente que Estados Unidos cuando de deportar se trata. Una medida de sus eficientes servicios a la migración estadounidense se puede calibrar en las siguientes cifras: mientras en 2001-2007 el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos deportó a 472 mil 956 centroamericanos -únicamente guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses-, la policía migratoria mexicana detuvo y deportó a 1 millón 128 mil 256 ciudadanos de esos cuatro países. Por cada guatemalteco que deporta “la migra” gringa, su homóloga azteca deporta a 4.6. En lo que va de 2008, 45.3% de todos los deportados desde México fueron guatemaltecos, 34.4% hondureños, 15.4% salvadoreños y sólo 1.7% nicaragüenses.

También 2005 fue el año pico de deportaciones de centroamericanos desde México: más de 226 mil entre guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y nicaragüenses. Es muy probable que el flujo de migrantes haya disminuido en los últimos dos años como efecto de la aplicación de las medidas restrictivas en Estados Unidos y la gravedad de las amenazas en México: los Zetas -ex-militares y ahora sicarios al servicio del Cartel del Golfo-, extorsiones, violaciones, asesinatos, envenenamientos, etc. En general, Estados Unidos ha sido muy efectivo en el bloqueo de la migración cada vez que se lo ha propuesto.

Honduras está a la cabeza en afectación por las deportaciones, seguido por El Salvador y Guatemala. Pero las deportaciones no deben ser vistas de manera aislada: hay que prestar atención a otras cifras que sedimentan consecuencias de las políticas migratorias. Los salvadoreños han sido más beneficiados por la concesión de residencia permanente y ciudadanía. Ese lugar le corresponde en parte por su enorme flujo de migrantes y en parte debido a una política migratoria más proactiva: cabildeo ante el gobierno estadounidense, ubicuidad de los consulados, servicios informativos como parte de la atención consular y una Viceministra de Relaciones Exteriores dedicada a tiempo completo a los salvadoreños que residen en el extranjero.



Los panameños son relativamente los más mimados de todos los centroamericanos. En lo que va del siglo XXI, 14 panameños obtuvieron la ciudadanía estadounidense y otros 14 la residencia permanente por cada panameño que fue deportado. Le siguen los nicaragüenses, en tercer lugar están los costarricenses. Los hondureños registran la peor relación deportados/residentes o ciudadanos. Por cada hondureño que obtiene la residencia hay casi 4 deportados. Y 6 deportados por cada hondureño que consigue la ciudadanía.

En la relación naturalizados/deportados, todos los países han experimentado en 2000-2007 una caída con respecto a su situación en 1992-1996: 12 versus 4 naturalizados por cada deportado de Nicaragua. En varios países se invirtió la relación: El Salvador antes tenía 6 naturalizados por cada deportado, ahora tiene 1.58 deportados por cada ciudadano. Guatemala tenía 3 naturalizados por cada deportado; ahora tiene que sacrificar en el altar de las deportaciones a más de 2 guatemaltecos para conseguir que un guatemalteco se recicle en ciudadano estadounidense. Dos hondureños obtenían la ciudadanía por cada deportado y ahora 6 son deportados por cada hondureño naturalizado estadounidense. Bauman señalaría que cada vez hay más centroamericanos desperdiciados que reciclados. Estas cifras muestran que las políticas se han puesto más duras y los flujos (Norte-Sur y viceversa) van en aumento según aumentan los no reciclables.

CUANDO CENTROAMÉRICA
ACOGÍA A INMIGRANTES

Las legislaciones migratorias centroamericanas no son ni han sido mucho más benévolas que las estadounidenses. Los cubanos eran estigmatizados en casi toda la región durante la Guerra Fría. Los afrocaribeños todavía persisten como ciudadanos de segunda categoría en Nicaragua. En El Salvador las políticas tuvieron un marcado sesgo europeizante. En un estudio sobre los movimientos migratorios de 1862, Jules Duval consigna que los representantes del gobierno de El Salvador en Europa, sin ofrecer el pasaje gratuito a los emigrantes, están dispuestos a facilitarlo. A estos inmigrantes se les ofrecía, como en otros países, tierras y crédito.

En el extremo opuesto estuvo la condición de reclutamiento de la inmigración china. El gobierno salvadoreño autorizó a don Poncio Darnaculleta a dedicarse al tráfico de chinos según cuenta Rodolfo Barón Castro: El negociante se compromete a contratar libremente a mil chinos, llevarlos de su lar nativo a El Salvador y entregarlos a los hacendados, con quienes los asiáticos firmarían un contrato por un número de años convenido. Los europeos eran estimulados a quedarse. Los chinos debían insertarse en el esquema de migración circular que Newland propone como estrategia win-win-win.

Nada tan contrapuesto como la historia de los inmigrantes chinos y la de los alemanes y estadounidenses en Nicaragua. Personajes influyentes en la política nacional estaban convencidos de que la inmigración europea o estadounidense era necesaria para desarrollar al país. Según el viajero alemán Julius Fröebel, el General Trinidad Muñoz sabía que su patria, y la América Central en general, sólo podrían salvarse con la introducción de elemento humano procedente de Estados Unidos y Europa… Donar tierras nacionales a los inmigrantes, facilitar la naturalización a los extranjeros, conceder libertad de cultos eran unos cuantos de los principales puntos del programa gubernativo que el general tenía en mente allá por 1855.

Las administraciones de los 30 años de gobierno conservador y la revolución liberal de Zelaya realizaron este programa. En 1889 el presidente nicaragüense Evaristo Carazo ofreció 5 centavos por cafeto y regaló 500 manzanas de terrenos baldíos nacionales -en realidad terrenos ejidales de los indígenas- a cualquier extranjero dispuesto a sembrar más de 25 mil matas de café. Se activó una fiebre por “denunciar” grandes extensiones de tierras como terrenos baldíos. En sólo el trienio 1890-1892 fueron denunciadas como terrenos baldíos alrededor de 25 mil manzanas. El 27.54% de esta tierra fue adquirida por ciudadanos extranjeros: 12.13% fue asignada a norteamericanos y 6.5% fue adquirida por alemanes.








LOS CHINOS: “DEMASIADO FEOS”

La actitud hacia los chinos se situó en las antípodas. En 1867 el gobierno nicaragüense decidió ocuparse seriamente de los temas migratorios. Convocó comisiones consultivas en las cabeceras departamentales integradas por “los ciudadanos más competentes” para que Nicaragua llegara a “adquirir la cantidad de población que le hace falta” y establecer “un juicioso sistema de inmigración”. Cada comisión emitió un informe. La junta de León sostuvo en su informe que “los inmigrantes deberán ser pocos y de muy buena clase”. La de Rivas recomendó introducir coolies, término peyorativo para referirse a trabajadores asiáticos, principalmente chinos e indios. En los Estados Unidos del siglo XIX, el estereotipo de coolie eran los chinos lavanderos y cocineros que poseían su propio negocio.

A esta sugerencia, un ciudadano llegó al extremo de protestar en la Gaceta Oficial señalando que el Gobierno no debería autorizar la introducción de chinos, porque eran demasiado feos y le causaban horror. A la condena estética siguió una condena moral. En 1881, en el número de octubre de la revista El Ateneo, publicada en León, el doctor Salvador Calderón instó al gobierno a cerrarse a la inmigración china porque el trabajador chino será siempre extraño a vuestra lengua, a vuestras creencias, a vuestras costumbres; una vez introducida la población mongólica en un país ya no hay medio fácil de arrancarla de él. Posteriormente, el General Duarte, gobernador de la Costa Caribe, por medio del decreto número 31 del 4 de junio de 1895 basado en el artículo 17 de la Constitución de 1893, prohibió el desembarque de inmigrantes chinos en la llamada Costa Atlántica. Los inmigrantes de China sólo pudieron evadir esta prohibición pagando por su entrada al país.

“¡NUESTRA SANGRE SE ENNEGRECE!”

En Costa Rica hubo una situación muy similar. En 1916 se publicó el “Libro Azul”, destinado a atraer inmigrantes europeos: Este libro, cuyo objeto es dar a conocer a los capitalistas, turistas y hombres de empresa del exterior, las excelentes condiciones de Costa Rica para el empleo provechosamente remunerado del dinero y del trabajo.

En contraste, el científico Clorito Picado denunciaba el peligro de la presencia de negros: ¡Nuestra sangre se ennegrece!, y de seguir así, del crisol no saldrá un grano de oro sino un pedazo de carbón. Puede que aún sea tiempo de rescatar nuestro patrimonio sanguíneo europeo, que es lo que posiblemente nos ha salvado hasta ahora de caer en sistemas de africana catadura. En una fecha tan avanzada como 1940, la intelectual costarricense Yolanda Oreamuno observaba que el negro es tosco de pensamiento y lento de imaginación, es apasionado como un animal en celo, pero se guía en esto por instinto.

Africanos y chinos eran poco deseados por unas políticas migratorias extremadamente selectivas y siervas de la opinión pública, que asociaba los rasgos de europeos con la superioridad y los de africanos y chinos con la bajeza moral. Eran políticas serviles de un fisonomismo racista.

“PORTACIÓN” DE CARA, PORTACIÓN DE POBREZA, DE GUERRAS... ¿DE QUÉ MÁS?

En “Antropología”, Kant define la fisiognómica como el arte de juzgar por los rasgos visibles de una persona o, en consecuencia, por lo exterior, acerca de su interior; ya se trate de su índole sensible o de la moral. Kant niega que rasgos morales y físicos guarden correlación alguna y asegura que los rostros insólitos de los extranjeros son comúnmente objeto de mofa para los pueblos que no salen nunca de su país. Si una prominencia en la nariz indica un burlón, si la peculiaridad de la fisonomía de los chinos, de los cuales se dice que la mandíbula inferior sobresale algo de la superior, es una señal de su obstinación, o la de los americanos, cuya frente está poblada de cabellos por ambos lados, es el signo de una imbecilidad innata, son conjeturas que sólo admiten una interpretación incierta.

Pero muchas ideas de la fisiognómica han devenido sentido común. Muchos ciudadanos hablan de chinitos “ojos de alcancía” y de árabes cuyos ceñudos rostros “reflejan su instinto asesino”. La fisiognómica de los tatuajes tiene propaladores de oficio: en puestos fronterizos entre México y Centroamérica cuelgan afiches advirtiendo de los tatuajes que se presume son los de los mareros. Son un nuevo color de piel que identifica a los indeseables.

Y está también la fisiognómica política y la económica: proceder de países donde hubo guerra, hay mucha pobreza o son gobernados por grupos que desafían la hegemonía de Estados Unidos permite dudar de la entereza moral de sus ciudadanos y bloquea su admisión a muchos países. Nicaragua sólo pide visa a los ciudadanos de 40 de las casi 200 naciones en que está segmentado el planeta.

En su lista de naciones manejadas con la cautela burocrática de la visa consultada -categoría C según la nomenclatura oficial- figuran las naciones maldecidas explícitamente por el imperio con sus declaraciones de guerra, embargos económicos e interdictos hollywoodenses: Afganistán, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Irak, Irán, Líbano, Pakistán, Palestina, Vietnam y Bosnia. También figuran las condenadas por el sistema económico mundial: Albania, Angola, Armenia, Bangladesh, Congo, Eritrea, Etiopía, Ghana, Haití, Laos, Mozambique, Nepal, Nigeria, Sierra Leona, Somalia y Sudán. La página web de la Cancillería admite la “posibilidad de redención” para las nacionalidades de estas listas cuando posean en su pasaporte Residencia de los Estados Unidos de América, Inglaterra o Canadá. En estos casos el Consulado emitirá la visa sin mayor trámite.

Nicaragua es un país de tránsito hacia Estados Unidos y Canadá, dos de los tres países benditos del globo. Aunque no le va nada en ello, Nicaragua detiene a los migrantes que van de tránsito en un Centro de Retención Migratoria. En tres celdas -dos para varones y una para mujeres- suelen estar detenidos viajeros indocumentados de China, Japón, Somalia, Guinea, Colombia, Ecuador y Perú. A veces están mezclados con ciudadanos de Guatemala, Honduras o Canadá que trabajan como coyotes. Y también suelen compartir celdas con narcotraficantes y acusados por asesinato atroz.

EL MIEDO A LOS NÚMEROS PEQUEÑOS

¿Por qué tienen tan buena “venta” las políticas migratorias restrictivas? El antropólogo indio Arjun Appadurai en su libro Fear of small numbers (Miedo a los números pequeños) sostiene que las raíces del problema están en que tras la idea moderna de Estado-nación está la idea de “etnia nacional” predominante y representativa. Ninguna nación moderna, por benigno que sea su sistema político y por elocuentes que sean sus voces públicas al apelar a las virtudes de la tolerancia, multiculturalismo e inclusión, está libre de la idea de que su soberanía nacional está edificada sobre una suerte de superioridad étnica.

La idea de una etnia nacional singular no es espontánea. Ha sido producida y naturalizada a muy alto costo, mediante retórica, guerras y sacrificio, mediante disciplinas punitivas de uniformidad lingüística y educativa, y mediante la subordinación de una miríada de tradiciones locales y regionales para producir eso que llamamos indios, franceses, indonesios, estadounidenses, costarricenses. El camino desde una etnia predominante y representativa hasta la cosmología de una nación sagrada y la pureza étnica es llano y directo. Sin embargo, esto no basta para dar lugar a guerras de limpieza étnica y políticas migratorias restrictivas. Se necesita que otro elemento entre en juego: la incertidumbre.

En nuestra época, la incertidumbre está asociada a los procesos de la globalización: la velocidad con que los elementos materiales e ideológicos circulan actualmente a través de las fronteras nacionales ha generado un creciente sentimiento de incertidumbre acerca de quiénes cabe etiquetar como ellos/suyo o como nosotros/nuestro. La globalización volatiliza las antiguas certidumbres sobre un territorio estable y soberano, una población mensurable y contenible en una circunscripción, un censo verosímil y unas categorías estables y transparentes. La reacción es segregar, rechazar y atacar.

El rechazo y la violencia pueden crear macabras formas de certeza y convertirse en técnicas brutales para determinar quiénes son los “nuestros” y los “otros”. Bauman observa que al echar de sus casas y de sus tiendas a cierta clase de ‘forasteros’ se consigue exorcizar por algún tiempo el fantasma aterrador de la incertidumbre; se conjura el monstruo espantoso de la inseguridad. Las barreras fronterizas cuidadosamente erigidas para, en apariencia, impedir el acceso a los ‘falsos solicitantes de asilo’ y a los inmigrantes ‘puramente económicos’, sirven para fortificar la existencia inestable, errática e imprevisible de aquellos que están dentro. Por eso la globalización produce nuevos incentivos para las purificaciones culturales. Los latinos, aunque sean una minoría, ponen en peligro la pureza étnica, religiosa y social estadounidense. Lo WASP (blanco, anglosajón y protestante) es manchado por lo moreno, católico e indígena latinoamericano. Los pequeños números bastan para atentar contra la pureza. Por eso se les teme.

¿TIEMPOS DE MULTICULTURALIDAD
O TIEMPOS DE MIXOFOBIA?

Ese miedo se expresa en una mixofobia, un rasgo que según Bauman se presenta de forma acusada en las sociedades actuales: La mixofobia se manifiesta en el impulso a buscar islas de similitud e igualdad en medio del mar de la diversidad y la diferencia. Con esta tendencia se busca garantizar -para uno mismo y el grupo de allegados- territorios libres del desorden y la confusión que se imponen. Una comunidad de semejantes funciona como una póliza de seguros contra los peligros que comporta la vida cotidiana en un mundo multilingüe y el continuo roce con diferentes grupos étnicos y sus variopintas costumbres. Se evita así un esfuerzo de apertura y comprensión de los diferentes códigos morales, usos lingüísticos -verbales y corporales-, etc.

La mixofobia se da precisamente en el seno de las nuevas Babeles. El reverendo Rolf Pearson trabajó alrededor de ocho años en las misiones de la Iglesia luterana en el Medio Oriente. Apunta que en el Golfo Pérsico el 85% de la población es extranjera: 15 millones de inmigrantes provenientes de Rumania, Bulgaria, Polonia, Armenia, Bangladesh, India, Nepal, Pakistán, Kazajstán y China, entre otros. Los campos de labor a los que están confinados son Babeles muy controladas, donde sus habitantes ganan 100 dólares al mes, mientras el salario mínimo para los nativos es de 1,500 dólares. Las migraciones han trastocado de forma drástica la composición étnica de muchas localidades. Los rumanos migran a Italia, España y Alemania, mientras moravos y chinos pueblan aldeas vacías donde las empresas extranjeras llegan a esa tierra de nadie para establecer su propia legislación laboral. Las Chinatowns proliferan a vista e impaciencia de los nativos que aún no se han ido. En este contexto crece la mixofobia.

En el Golfo Pérsico no hay ONG ni otro vestigio de sociedad civil. Incluso a las iglesias les resulta muy difícil operar y emprender acciones de cabildeo. Sus jerarcas temen perder sus privilegios. Consecuencia: nadie habla por los inmigrantes y crecen las deportaciones. Se diseminan por el mundo entero. Según Vivi Akakpo de la Conferencia de Iglesias de toda África, con sede en Kenya, en sólo el primer semestre de 2006, Sudáfrica deportó a 50 mil inmigrantes de Zimbabwe. A cada deportado africano desde Europa lo escoltan tres policías. Miles de inmigrantes africanos y asiáticos han muerto intentando llegar a Europa. La mixofobia no mide costos. Según Sonia Lokku, de la prestigiosa ONG francesa CIMADE, el costo promedio de cada deportado desde Francia es de 27 mil euros.

EN MALASIA HAY CPC ANTI-INMIGRANTES

En algunas regiones y países la mixofobia se manifesta con una violencia brutal. Malasia se ha convertido en una de las sociedades más xenofóbicas del mundo. Por medio de una enmienda a las “regulaciones esenciales” de Malasia, en 2005 el gobierno de Malasia confirió al Ikatan Relawan Rakyat o RELA (Cuerpo de Voluntarios del Pueblo) la facultad de demandar documentos, portar armas y realizar detenciones e irrumpir en recintos públicos y privados sin necesidad de órdenes de arresto o allanamiento. Desde entonces ha desplegado un uso desmedido de fuerza y ejecutado numerosas detenciones ilegales y extorsiones.

Los orígenes del RELA se remontan a 1972. Estaban destinados a las mismas funciones que los orteguistas Consejos del Poder Ciudadano (CPC) en Nicaragua: ser los ojos y oídos vigilantes del gobierno. Actualmente el RELA se compone de casi medio millón de voluntarios que gozan de inmunidad legal y se ocupan de mantener el orden mediante la aprehensión de indocumentados que primordialmente provienen de Birmania (Myanmar), India y Nepal.

Se trata de cuerpos paramilitares totalmente uniformados, armados y prontos a invadir las casas de los migrantes a media noche, tratarlos de manera brutal, destruir tarjetas de identificación, quemar permisos de trabajo, pedir sobornos y confiscar celulares, joyas, ropa y bienes del hogar antes de esposar a los migrantes y trasladarlos a los campos de detención para “migrantes ilegales”. Las denuncias de Human Rights Watch los dejan sin cuidado porque la enmienda de 2005 los ha dotado de un poder sin precedentes ni contendientes.

CUANDO LOS CINCO NO PUEDEN SER SEIS

La mixofobia está relatada de forma magistral en el cuento breve titulado “Comunidad” de Franz Kafka: Somos cinco amigos y tendríamos una vida pacífica si un sexto no viniera siempre a entremeterse. No nos hace nada, pero nos molesta, lo que ya es bastante; ¿por qué se introduce por fuerza allí donde no se lo quiere? No lo conocemos y no queremos aceptarlo con nosotros. Nosotros cinco, en verdad, tampoco nos conocíamos antes y, si se quiere, tampoco nos conocemos ahora, pero lo que es posible y admitido entre nosotros cinco es imposible e inadmisible en ese sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Pero ¿cómo enseñar todo esto al sexto, puesto que largas explicaciones implicarían ya una aceptación en nuestro círculo? Es preferible no explicar nada y no aceptarlo. Por mucho que frunza los labios, lo alejamos empujándolo con el codo, pero por más que lo hagamos, vuelve siempre otra vez.

ESTADOS UNIDOS
EN LAS ANTÍPODAS DE SUECIA

Esta construcción de la comunidad basada en la exclusión ha alcanzado niveles alarmantes en algunas sociedades, en manifiesta contradicción con los ideales que confiesan. Los flujos de refugiados han puesto a prueba la hospitalidad, solidaridad y voluntad de ampliar el sentido de comunidad de muchas sociedades. El test de los refugiados sitúa a Suecia y Estados Unidos en polos opuestos. La mayor parte de los dos millones de refugiados iraquíes -el grupo de refugiados en mayor aumento del mundo- viven en Siria, Jordania e Irán. Hay un gran número en Europa. Suecia ha aceptado más de la mitad de todas las aplicaciones de asilo en Europa de los iraquíes. En 2007, más de 9 mil iraquíes dejaron su país para quedarse en Suecia, un país que aprueba entre el 80 y el 90% de todas las demandas de asilo. Se estima que alrededor de 79 mil 200 iraquíes llaman a Suecia “mi hogar”. Habían empezado a llegar desde los 90.

En el otro extremo se encuentra Estados Unidos. Entre 2001 y 2007, apenas 5 mil 316 iraquíes fueron aceptados como refugiados en ese país. El Departamento de Seguridad Nacional aduce razones de seguridad para tan magra cifra en un país que inició una guerra para ayudar a quienes hoy cierra sus fronteras. Sólo la pequeña ciudad de Sodertalje, situada en las afueras de Estocolmo, acogió 5 mil 500 iraquíes en los últimos cinco años. Los 80 mil habitantes de Sodertalje pudieron acoger a 5 mil 500 iraquíes. ¿Acaso los más de 300 millones de estadounidenses encuentran extremadamente incómodo convivir con una cantidad aún menor? Los pocos iraquíes admitidos son sometidos a un “proceso mejorado” (enhanced process) que incluye entrevistas adicionales, selección biométrica y un cotejo de su expediente contra la base de datos de los empleadores.

Ninguno de estos procedimientos es necesariamente requerido en caso de refugiados no iraquíes. En el mismo período de 2001-2007, Estados Unidos admitió a 22 mil 516 iraníes, a 20 mil 573 cubanos y a 11 mil 864 vietnamitas, todos procedentes de países que no están enfrentando una situación ni remotamente semejante a la de Irak.

Estados Unidos -junto con Israel, responsable de varias de las guerras que más refugiados han producido- ha menguado su aceptación de refugiados desde casi 98 mil anuales en los años 80 y 90 hasta 49 mil anuales en lo que ha corrido del siglo XXI. Y es que los refugiados y solicitantes de asilo, a juicio de Bauman, sustituyen ahora a las brujas de mirada diabólica y a otros malhechores impenitentes, a los espectros malignos y a los duendes de las leyendas urbanas de otros tiempos. El nuevo folclore urbano de veloz crecimiento asigna a las víctimas de la exclusión planetaria el papel de los ‘malos’.

CENTROAMÉRICA:
EL INJUSTO MEMORANDUM DE 2006

Para que los malos -refugiados o migrantes- sean empaquetados y regresados a sus países de origen de manera expedita, los gobiernos han sellado acuerdos. Estados Unidos captura y remite a México, quien a su vez exporta a Centroamérica a los migrantes no digeribles. En el siglo XIX, la isla Ellis de Nueva York fue sede de un proceso de selección. Lo cuenta en secuencias magníficas la película del italiano Emanuele Crialese “Nuevo Mondo”. Los médicos a veces tomaban segundos de observación para descartar a quienes habían llegado por barco para residir en Estados Unidos. El proceso actual se acerca más a un modelo de selección natural. Los muros, patrullas fronterizas, redadas y cámaras son dispositivos de la depredación migratoria. Sólo los más aptos consiguen evadirlos. La gran mayoría es descartada por su propia impericia.

Para repatriarlos de manera “digna, ordenada, ágil y segura” desde México hacia Centroamérica, los gobiernos de México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua suscribieron un Memorandum el 5 de mayo de 2006. Los gobiernos de Guatemala y El Salvador habían suscrito acuerdos previos con el de México en 2005. Nicaragua recibió al primer grupo de repatriados en el marco de este convenio el 5 de marzo de 2008.

Sin duda, la puesta en práctica de lo convenido en el Memorandum de 2006 ha agilizado -aunque no dignificado- la deportación. La deportación es imposible de dignificar porque se trata de un proceso destinado a truncar un proyecto de mejora de las condiciones de vida y reunifica familias y porque consiste en la aplicación de la violencia estatal de organismos que secuestran y obligan a los capturados a desandar un camino contra su voluntad. Los resquicios de buena voluntad que puedan animar el Memorandum de 2006 quedan anulados por los vicios, deficiencias, negligencias, cuellos de botella y abusos de autoridad que tiñen su aplicación: la lista de los enviados desde México no coincide ni siquiera con el número de quienes llegan a los países centroamericanos, no existe una atención personalizada, a quienes carecen de documentos no se les provee de uno para el proceso de deportación, muchos deportados vienen desde Estados Unidos -y no desde México-, no existe un límite para la cantidad de días que pueden estar detenidos y no existe un monitoreo eficiente de los derechos humanos durante su captura y retención en México. Los nicaragüenses enfrentan la peor situación. Como no hay consulado de Nicaragua en Tapachula, no reciben acompañamiento consular, lo cual agudiza su tratamiento como residuos: un tratamiento en masa sin derechos, papeles ni nombre.

“LO TRATAN COMO PERRO A UNO”

Las quejas de abusos son numerosas. Mario Noel Sandoval señala dónde lo golpearon mientras cuenta: “Me detuvieron las autoridades migratorias en Estados Unidos. Sólo me tiraron al puente, y de ahí llegué a las dos de la madrugada a México, a Reynosa, y me fui al albergue Guadalupe. Después me decidí a entregarme a Migración para venirme para mi casa porque ya era difícil andar rodando. Dos años y medio anduve rodando. Ya no quiero más, ya no”.

Otro migrante de 30 años recuerda: “Iba entrando a la ciudad de Puebla y los oficiales de la sectorial abusando de su uniforme me querían quitar dinero. Como no tenía mucho dinero me golpearon y me mandaron a Tapachula. Allí pasé doce días, hasta hoy. Ya tenía unas dos semanas desde que salí de Nicaragua y en el centro ese de migración estuve casi dos semanas más.” Esas dos semanas estuvo incomunicado: “Allí sólo te agarran y te envían vía satélite. No te informan de nada. A donde lo mandan a uno y lo detienen sólo hay en una pared unos números, pero ni le dicen a uno nada los de migración. Había unos salvadoreños desquebrajados. Cuando uno no carga reales, le piden teléfonos de dónde va a quedarse en Estados Unidos y quién es el que paga. Entonces lo agarran y lo llevan a una casa. Va secuestrado.” Esos secuestradores trabajan con migración y están insertos en mafias locales: “Hay territorios que ellos dominan. Hay una mafia con encargados de cobrar. Son ex-oficiales del ejército y se conocen como los Zeta”.

Mauricio López recuerda cómo fue extorsionado por un oficial de migración: “Un oficial de la policía sectorial de México, me detuvo en Hidalgo y me pidió mis documentos. Pero como no cargaba, procedió a pedirme -ellos le llaman mordida-, a pedirme dinero. Yo no cargaba mucho dinero y el poco dinero que yo cargaba me lo quitó. Como yo le reclamé, él vino y procedió a arrestarme, culpándome de un homicidio. Y yo sin saber siquiera quién era la persona que había fallecido. No más así, a lo peludo, como dicen. Después se demostró mi inocencia y me enviaron a Chiapas, Tapachula. Lo tratan como a un perro a uno. Violan los derechos humanos de las personas porque hay personas que injustamente los agarran y los meten a los drenajes donde caen las aguas negras. La misma policía autoriza a los representantes de cada módulo a que hagan eso”.

Otro migrante sostiene que el maltrato es verbal y físico: “Yo iba con rumbo a Estados Unidos a buscar a mi papá y a buscar mejor vida. Pero no dilaté mucho. Sólo como tres meses. Aquí en Nicaragua me había hecho unos tatuajes y entonces vino la policía federal y por unos tatuajes sencillos que no significan nada, me agarraron y me metieron en el bote. Me condenaron por pandillerismo y asociación delictuosa. En la cárcel, uno está solo. Ahí no hay nadie para apoyarte. Ni consulado. No tuve abogado. Las autoridades no me dieron acceso a comunicarme con mi familia, yo me las rebuscaba en la cárcel. El trato que nos daban era malo. Nos maltratan porque nos decían ‘pendejos’ y ‘cabrones’. Hubo uno que nos dijo ‘No importa que se mueran, los vamos a tirar al río. No me importa que ustedes se mueran; no son mi familia’. Si uno les quiere dirigir la palabra a los de la migra, le dan su patada. Nos dicen que para qué nos venimos de nuestro país. Incluso tiene uno que no decir nada porque estás en un país ajeno”.

José González, de Somotillo, observa que en Estados Unidos caen a categorías más peligrosas: “Nos miraban como terroristas. Como ellos dicen que somos terroristas, nos tuvieron bajo proceso de investigación. En Estados Unidos hay gente que tienen cinco y seis meses de estar detenidos y el cónsul no se presenta. Si uno les llama al consulado, nadie se hace presente. Los nicaragüenses en Estados Unidos estamos sufriendo porque estamos solos. El cuerpo diplomático en Estados Unidos no hace nada. Usted llama al cónsul y el cónsul no se presenta. Prácticamente no tenemos ningún apoyo”.

MASAS DESAFIANTES Y REBELDES

La indefensión de ser extranjero -una forma de conciencia de ser residuo- sobresale en algunos relatos. Los migrantes son equiparados a otros grupos sociales cuya condición residual y talante pernicioso aparecen como incuestionables: pandilleros, terroristas, son residuos letales, venenosos y explosivos. Pero esta conciencia de la condición de dominados residuales no sintetiza todas las actitudes de los migrantes. Éstos y otros migrantes tienen una veta rebelde que explotan para desafiar las artimañas y discursos del panóptico nacionalista. El panóptico decimonónico estudiado por Michel Foucault era de hechura muy distinta. Cárceles, reformatorios, asilos y hogares para menesterosos eran diseñados de tal manera que desde un punto se pudiera tener un control visual de su totalidad. La mirada de Argos era construida arquitectónicamente. El panóptico actual no descansa exclusivamente sobre la mirada. Las tarjetas de crédito, los celulares, las facturas en tiendas… van dejando un rastro. El panóptico nacionalista -cultivado por miedo a los números pequeños- busca la visión y control dentro de un territorio nacional, y no sólo en un pequeño centro de retención.

Los indocumentados buscan escapar a todas las detecciones visuales, electrónicas, consulares, etc. para burlar y desafiar el panóptico nacionalista. Es lo que Immanuel Wallerstein llama resistencia individual por reubicación física, una resistencia de magnitud inmensa: En un mundo de creciente polarización Norte-Sur, con declinación demográfica en el Norte y expansión demográfica en el Sur, ¿cómo será políticamente posible impedir la migración masiva y no autorizada del Sur hacia el Norte? Yo creo que no hay manera de hacerlo, y esa migración del Sur al Norte vendrá a sumarse a la migración autorizada y no autorizada procedente de Rusia y China. Esto desde luego ya está ocurriendo, pero creo que la escala aumentará en forma significativa, y con ello transformará la estructura de la vida social en el Norte. Basta con observar dos cosas. Es muy posible que el Sur dentro del Norte llegue a representar entre 30 y 50 por ciento de la población para el año 2025.

Es el desafío de los bárbaros y clases peligrosas: Están diciendo: muchas gracias. Olvídense de civilizarnos, sólo dénnos algunos derechos humanos, como por ejemplo el derecho a movernos libremente y a encontrar empleo donde podamos.

EL MOVIMIENTO DE LOS SIN PAPELES

A diferencia de Bauman, cuyo penetrante análisis rasca profundo pero deja una sensación de impotencia ante las destructivas y excluyentes fuerzas dominantes que amenazan con acabar con lo que queda de comunidad en las sociedades, el sociólogo francés Alain Touraine insiste primero en lo desmovilizador e inoperante de parapetarse en ese nivel: La capacidad de acción de los dominados se ve debilitada cuando se definen solamente por la identidad de la que son privados”.

No tiene caso hablar sólo de desempleados, indocu¬mentados, preteridos: ¿Pueden construirse acciones colectivas, o mejor aún, movimientos sociales sobre la base de la privación, de la dependencia o, sencillamente, sobre la miseria? Hay quien responde que es evidente que sí, y añaden: ¿sobre qué otra cosa podrían fundarse? ¿No fue acaso la explotación laboral el origen del movimiento obrero, la dominación colonial la que hizo surgir los movimientos de liberación nacional o el imperio de lo masculino el que suscitó el movimiento feminista? Tales posturas, que se prodigan al abrigo de la evidencia, no resisten el menor análisis. Para que se originen esos movimientos no basta con que se opongan a determinada forma de dominación; es necesario, por el contrario, que reivindiquen también determinados atributos positivos.

Touraine elogia la concreción de la lucha del movimiento de los sin papeles: No es la transformación de la sociedad; su único objetivo consiste en la regularización de la situación legal de los “sin papeles”. Este mismo nombre, que ha reemplazado al de clandestinos, nos indica a las claras que su voluntad de integración social no tiene nada de revolucionaria, pero ha suscitado un gesto reflejo de miedo en el gobierno y en un segmento de la opinión pública que temen la presión migratoria originada por la situación económica mundial.

“NO ME LLAMES EXTRANJERO”

Esa concreción los libra de ser cooptados y manipulados por presuntas vanguardias ideológicas: Durante la década de los 70 los movimientos que por entonces yo denominé “nuevos movimientos sociales” se agotaron precisamente porque se presentaban como de inspiración leninista. Se trataba de vino nuevo en odres viejos, que pronto se convertiría en vinagre. Ahora no debería suceder lo mismo: el espíritu de Mayo del 68 (y no su vocabulario político) renace con mayores energías, desembarazado ya del viejo vocabulario y de las formas de pensar arcaicas, en particular en las acciones de los “sin papeles” tanto como en las de Aides (asociación que lucha contra la discriminación de los enfermos de SIDA), que me parecen las más cargadas de contestación creadora y liberadora. Homosexuales, feministas, enfermos de SIDA e indocumentados podrían federarse y nutrir más su caudal transformador: Y es que lo que ellos atacan son los problemas ligados a la modernidad capitalista y a la cultura masificada; son las formas principales de poder lo que se cuestiona.

Los sin papeles desafían la distinción entre ciudadanos y no ciudadanos. Buscan abolirla porque viola el principio elemental de igualdad ante la ley, un principio que Kant basó en la común posesión de la tierra y expresó con el término “hospitalidad”: Significa hospitalidad el derecho de un extranjero a no recibir un trato hostil por el mero hecho de ser llegado al territorio de otro. Éste puede rechazarlo si la repulsa no ha de ser causa de la ruina del recién llegado; pero mientras el extranjero se mantenga pacífico en su puesto no será posible hostilizarle. Fúndase este derecho en la común posesión de la superficie de la tierra; los hombres no pueden diseminarse hasta el infinito por el globo, cuya superficie es limitada, y, por tanto, deben tolerar mutuamente su presencia, ya que originariamente nadie tiene mejor derecho que otro a estar en determinado lugar del planeta.

VOLVERLO A INTENTAR:
QUIENES NO SE RESIGNAN A SER DESECHOS

En su lucha, los migrantes no están solos. La solidaridad de las iglesias -que están multiplicando sus albergues para migrantes-, las ONG y la población en general es encomiable y va en aumento. En el poblado mexicano Las Grajales, el 13 de octubre de este año, una multitud ayudó a escapar a decenas de inmigrantes indocumentados quemando vehículos y atacando a la policía. Los grajaleños que se indignaron cuando se enteraron de que los agentes de policía habían detenido a los inmigrantes para después venderlos a contrabandistas, ahora enfrentan cargos judiciales. Entonces los rescataron de sus secuestradores y los llevaron a la oficina del alcalde y esperaron afuera en la plaza. Otros pobladores más se reunieron para mostrar su apoyo.

Del desafío al panóptico nacionalista surgirán brotes rebeldes. Y tendrán cada vez más un carácter colectivo. Néstor García Canclini se pregunta: ¿Qué relatos -ni simplemente épicos, ni melodramáticos- pueden dar cuenta de las recomposiciones que se van produciendo entre lo local y lo global? Este autor nos invita a explorar qué relatos sobre los otros persisten -obstaculizando nuevas vías de integración- y cuáles nuevos se van formando en los intercambios migratorios, comerciales y turísticos recientes.

Los relatos pintados por los indocumentados y sus trovadores son de desafíos a la mirada y políticas nacionalistas, como lo expresan pinturas y canciones de Los Tigres del Norte, Calle 13, Manu Chau, Molotov y muchos más. El descalabro de la óptica y panóptica nacionalista tiene trovadores muy prolíficos. El corrido “La Migra” es una buena muestra de cómo los residuos no se resignan a ser tales y se sacuden su condición de víctimas: La Migra a mí me agarró/ cincuenta veces, digamos,/ pero jamás me domó,/ a mí me hizo los mandados./ Los golpes que a mí me dio,/ se los cobré a sus paisanos./ Por Mexicali yo entré/ y San Luis, Río Colorado,/ todas las líneas crucé/ de contrabando y mojado/ pero nunca me rajé/ y me pasé al otro lado. En esa misma tónica, una nicaragüense deportada, al bajarse del bus en el Huembes, se despidió de los funcionarios de la Cancillería que la escoltaron deportada hasta Managua diciendo, sonrisa en ristre: “Mañana salgo de nuevo para Chinandega y de ahí, ya ¡saben!”

Danilo, indígena kiché, estuvo detenido más de cuatro meses en un centro penal de Estados Unidos antes de ser deportado. Tuvo un proceso duro y angustioso. “Después de hablar conmigo, Danilo se atrevió a regresar a Estados Unidos. ¿Por qué decidió emprender de nuevo esta aventura, conociendo ya lo que le puede suceder si lo prenden de nuevo: cárcel tal vez de 10 ó 20 años?”, se pregunta el antropólogo guatemalteco Ricardo Falla tras entrevistar a Danilo. Ese viaje es parte de su sueño de superación. Danilo regresó, consiguió vadear el panóptico nacionalista y está trabajando.

Un joven nicaragüense, también deportado, enarbola su persistente desafío: “Yo he cruzado varias veces. He estado en los Estados varias veces. Hice un intento en enero y vi a muchos nicaragüenses. Al ver a personas de mi país, yo les ayudo para que ellos puedan cruzar y realizar sus sueños. A algunos los agarran y los matan. Gracias a Dios, Dios lo guarda a uno. Mi meta es llegar a Estados Unidos a trabajar. Ya fui una vez y me agarraron. Si te vuelven a agarrar, te dan más tiempo de cárcel. Me agarraron porque venía solo en el camino que yo iba. Pero enseguida voy de vuelta. Aquí hay varios que nos vamos a regresar”.

Y otro, al que se le preguntó si lo volvería a intentar, respondió: “Claro que sí, voy a volverlo a intentar. Las veces que se pueda, lo voy a intentar hasta lograrlo.” No intentarlo de nuevo es -para algunos- resignarse a ser desecho.

HACIENDO VALER SUS DERECHOS

Quienes ya residieron en Estados Unidos han desarrollado una mayor conciencia de que tienen derechos y de que pueden hacerlos valer. En ese sentido, las apreciaciones empíricas del equipo del Servicio Jesuita para Migrantes coinciden con la aseveración de Touraine de que tal como ha puesto de manifiesto Frantz Fanon, no serían los colonizados más alejados de la metrópoli, los más fuertemente anclados en su cultura, los que iniciarán los movimientos de liberación nacional, sino quienes habían recibido instrucción, en general en el mismo país colonizador, y que eran ahora conscientes de sus derechos.

Tal es el caso de José González, 46 años, natural de Somotillo, que dio cuenta de su caso ante Norma del Carmen Hernández: “Pedí una entrevista con el director. ‘Voy a hablar con derechos humanos’, le dije. ‘¿Y qué te hace falta, qué les hace falta?’, me dice. ‘Que nos traten como personas’, le digo, ‘pero con usted no quiero hablar nada, es con el de derechos humanos.’ Entonces ya nos autorizaron a bañarnos adentro, nos dieron un cepillo y una pasta de dientes, jaboncito… Ya nos permitieron más tiempo en el baño y nos dieron servicios médicos porque todos estábamos llenos de hongos, todas las personas, porque estábamos a la pura intemperie.”

Estos comentarios son indicios de cómo el residuo puede devenir agente de cambio si sabe hacer valer sus derechos en sociedades habituadas a ciudadanías disminuidas, de baja intensidad. Resulta paradójico que sean conscientes de sus derechos aquellos que son privados de los mismos por la dicotomía ciudadano/extranjero y la aún más perniciosa distinción entre con papeles/sin papeles. Resulta espe¬ranzador que cada vez haya más migrantes cuya carencia de papeles no los sumerja en el bolsón de desperdicios humanos sin derechos.

La cantidad de migrantes conscientes de sus derechos fue puesta en evidencia durante las marchas de protesta en Estados Unidos contra el anteproyecto de ley Sensenbrenner en 2005. Las dimensiones de la burla al panóptico nacionalista pueden ser calibradas en el medio millón de indocumentados que anualmente consigue entrar a Estados Unidos desde el año 2000.

TRAVIESOS Y AVIESOS JUEGOS DEL LENGUAJE

“Las peores implicaciones de las mejores prácticas” podría ser el título de un informe aún no escrito. Un informe para curarse de los más traviesos y aviesos juegos del lenguaje. Las presuntas “mejores prácticas” están asociadas a eufemismos que pervierten el sentido del buen castellano. Recluir migrantes y forzarlos a volver a un país donde no pueden vivir se llama “repatriaciones seguras y ordenadas”. Según la migración mexicana, los migrantes no son capturados y deportados, sino asegurados y devueltos. Los migrantes ideales son trabajadores “certificados” como pechugas de pollo que pasan los controles profilácticos.

Los migrantes no pueden aspirar al rango de trabajadores globalizados. Deben tener claro que son “trabajadores visitantes”. A los países que expulsan migrantes se les continúa llamando países “de destino” y “de acogida”. Todos estos términos son incubados en foros, conferencias y simposios que se convocan en nombre de los migrantes y que construyen un falso consenso. En esos foros también se pervierte el idioma en otra dirección: difamando. El “tráfico de personas” es, en opinión de Bauman, la nueva expresión acuñada para sustituir y denigrar el otrora noble concepto de ‘pasaje’.

En la era de los vocabularios políticamente correctos se continúa hablando de less-skilled workers, trabajadores menos calificados. Hablamos de personas con capacidades especiales para referirnos a personas que padecen ceguera, pero los carpinteros y agricultores son trabajadores no calificados. Diatribas y ditirambos: se denigran unos oficios y se pretende dignificar procesos que cubren de oprobio a quien los padece.

LOS DIFERENTES:
RIESGO Y FASCINACIÓN

Estos juegos de lenguaje calzan muy bien con una óptica complaciente. Estos conceptos superficiales van acompañados de propuestas inocuas o contemporizadoras. Para no sumirnos en el estéril y amargo desconsuelo de las macrofuerzas que nos constriñen y conducen al mundo hacia futuros donde la correlación de fuerzas seguirá golpeando a los dominados, plenos de bandazos inciertos o apocalípticos, los análisis más preocupantes deben ser complementados con los que ponen atención a los actores, que muestran un protagonismo creciente y estrategias novedosas. Estos actores están desafiando presupuestos de nuestros sistemas legales y llevando los postulados de la revolución francesa sobre los que se funda la modernidad hacia unos derroteros que no previeron los amigos del orden conveniente, que da más a los que más tienen y mantiene felices e indocumentados a la mayoría.

A la idea de nación subyace la de comunidad. ¿Qué hace que realmente funcione una comunidad? Es una pregunta que quema y persiste. La respuesta se hace al andar. Sin embargo, desde este oteadero del camino podemos asegurar que las comunidades cerradas y excluyentes, proclives a asimilaciones selectivas, sólo generan endogamias que empobrecen biológica y culturalmente. Hay que salvar a la sociedad como comunidad. Y eso sólo se logra dialogando, en riesgo y fascinación, con los diferentes.

INVESTIGADOR DEL SERVICIO JESUITA PARA MIGRANTES DE CENTROAMÉRICA (SJM). MIEMBRO DEL CONSEJO EDITORIAL DE ENVÍO.

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