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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 155 | Diciembre 1994
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Panamá

Un plan económico "desde arriba" y para pocos

¿Hacia dónde se enrumba la política económica del PRD torrijista, ahora en el poder? En un documento que ha tenido indiscutible eco, agentes de pastoral panameños cuestionan seriamente el plan económico del nuevo gobierno. Y hacen propuestas. Este es un resumen de lo que plantea ese documento.

Equipo de la Oficina Nacional de Pastoral Social, Cáritas de Panamá

Con un largo título - "Políticas públicas para el desarrollo integral: desarrollo social con eficiencia económica" -, como "conviene" a documentos de la alta burocracia, el país recibió a fines de octubre un escrito que todos conocemos como "plan económico". El propulsor de este documento y Ministro de Planificación, G. Chapman, se declara independiente de los partidos políticos, aunque siempre ha sido identificado como uno de los principales ideólogos de las políticas neoliberales en Panamá. ¿Cómo es posible que el PRD - partido miembro de la Internacional Socialista - tenga como orientador de su política económica a un sujeto así? No conocemos los intríngulis del actual grupo dominante, pero es probable que hayan sido las poderosas fuerzas financieras internacionales - USA, BM, FMI y demás colegas - quienes hayan presionado en el sentido neoliberal. En principio, se propuso y se habló de un documento que sería discutido nacionalmente, pero en la realidad, el plan económico ya comenzó a implementarse.

Una gran piedra y una pedrada

Así podríamos calificar lo que será este plan para el pueblo panameño. Ante una situación cada vez más desesperante para la mitad de la población del país, el plan económico plantea un método nada popular de consulta "desde arriba". ¿Dónde queda la consigna del PRD: "El Pueblo al poder"?

No plantea el plan por dónde ni cómo resolver el mal estructural del país, no define cuánto se piensa reducir la pobreza, no plantea nada sobre cómo responder a los retos del desmontaje de las bases militares extranjeras, no da a conocer cifras que acompañen e ilustren claramente los objetivos, el pago de la deuda sigue estando por encima de los problemas sociales, etc., etc., etc. El plan es como una gran piedra ? pesada, dura, confusa y ambigua ? que de un golpe ha desencantado a muchos de los que votaron por la vuelta al poder del partido de Torrijos para borrar las constantes barbaridades del gobierno Endara.

¿Y la distribución justa?

Existe y es evidente una clara contradicción en la metodología que el gobierno propone utilizar. Por un lado, el documento retoma parte del primer discurso del presidente Pérez Balladares cuando afirma que "es posible producir acuerdos encaminados hacia la reconstrucción democrática del Estado, hacia la modernidad y eficiencia... considerando el concurso y la participación de todos los panameños y amplias consultas con todos los sectores que pudieran verse afectados por las medidas gubernamentales". Pero más adelante afirma que "se requiere una visión del país hacia el futuro emanada de arriba, que sea optimista y global, pero que la sociedad la perciba como realizable".

Ciertamente, es obligación del gobierno elaborar una propuesta de desarrollo y quizás eso explica el término "de arriba". Lo que no está claro es la manera en que el gobierno está promoviendo "el concurso y la participación de todos los sectores afectados". En varias ocasiones, el Ministro Chapman ha participado en debates en medios académicos y con representantes del sector industrial. Pero no se conoce ninguna iniciativa gubernamental para crear un espacio donde otros sectores productivos - el agropecuario, el sindical urbano y rural, la pequeña y mediana empresa - se expresen y opinen. Entonces, ¿de qué tipo de consulta hablan?

El plan económico no reconoce los problemas reales que afronta el país cuando plantea como único eje de discusión el crecimiento económico y no aborda suficientemente el problema de la distribución de la riqueza. Y esto es grave teniendo en cuenta que Panamá ocupa uno de los primeros lugares del mundo entre los países con peor distribución de sus riquezas. Según cifras del propio documento, "el 20% de la población más rica tiene ingresos que son 45 veces mayores que los ingresos del 20% de la población más pobre". Y en otra parte: "Alrededor del 20% de las familias panameñas no tienen suficientes ingresos para comer adecuadamente, (mientras que) un 25% adicional, aunque puede alimentarse, no satisface otras necesidades básicas".

Obviamente, el fenómeno de esta pobreza generalizada tiene una relación directa con la distribución de la riqueza nacional. Por eso, es imposible encontrar el camino que lleve al desarrollo sin haber resuelto antes el mal estructural de la desigualdad.

¿Pobres desechables?

Una serie de ambigüedades del plan denotan una falta de claridad en los objetivos que se pretende alcanzar. Es ésta una omisión grave, ya que el nuevo Presidente estableció como condición indispensable para lograr con éxito la reconstrucción - en este caso, económica - de nuestro país, "la claridad de objetivos".

Un ejemplo de esta ambigüedad: entre sus objetivos generales, el plan propone "la reducción drástica de la pobreza y pobreza extrema", pero no llega a formular en cifras la meta concreta de reducción que se propone alcanzar. Unos pueden concebir como "drástica" una reducción del 80% de la pobreza, pero otros podrían conformarse con reducirla en un 20%. ¿Cuál es la meta del gobierno? No se sabe. ¿Con qué criterios podrán evaluar los resultados obtenidos, si no concretaron la meta? Tampoco se sabe. ¿No se deberá esta ambigüedad a que para el neoliberalismo los pobres no cuentan, son "desechables"?

Otra ambigüedad del plan está en lo que se refiere a las opciones en política fiscal. El documento afirma que la prioridad será "atender los problemas sociales y generar ahorros suficientes para el financiamiento de las inversiones públicas", sin dejar de reconocer "la importancia del problema de la deuda externa y la necesidad de enfrentarlo". Hasta aquí, no hay mayor discusión. Pero el gobierno aborda muy tangencialmente el problema del alivio de la deuda, condición fundamental para hacer efectivo cualquier intento serio de desarrollo nacional.

Por esto, la propuesta parece idealista, sin muchas posibilidades de éxito, al no tomar en cuenta el desarrollo que en los últimos años han tenido las relaciones entre los subdesarrollados países deudores y las subdesarrollantes instituciones financieras internacionales. Un vacío en el papel. Aunque en la realidad, ya se aclararon las cosas. Al elaborar el presupuesto anual el gobierno ya mostró cuál es su verdadera prioridad: el pago de la deuda.

Lo que no se dice...

Lo más grave del documento no es lo que dice sino lo que no está escrito. Son varias y serias las omisiones sabiendo que nuestra nación tiene desafíos nacionales e históricos que debe enfrentar, sin que busquemos atajos para evitarlos.

Algunas de las omisiones:

- No se dice una sola palabra sobre el desafío que implica lograr la soberanía nacional con el desmontaje de las bases militares extranjeras y el reto económico que esto supone.

- No se dice nada sobre el problema de la tenencia de la tierra. Si gran parte del empobrecimiento está en el campo, es éste un problema que no se puede eludir.

- No se plantea la grave y progresiva deforestación que se observa en los bosques panameños.

- No se habla de cómo aliviar el servicio de la deuda externa, siendo así que gran parte del ahorro nacional se destina a ese fin.

Con todos y para todos

El problema de Panamá es global y estructural y no podrá resolverse sin la elaboración de un proyecto en el que estén representados y participen todos los sectores de la sociedad. Como nación, Panamá debe darse la oportunidad de elaborar colectivamente un proyecto verdaderamente nacional, que abarque todos los ámbitos de la sociedad y que, sobre todo, sea viable.

Un criterio razonable y necesario para esa elaboración es una amplia consulta, una amplia participación, en la que cada sector de nuestra sociedad tenga la oportunidad de expresar su opinión, con la certeza de que ésta será tomada en cuenta. ¿Estamos a tiempo de iniciar este camino? Resulta preocupante que ya hayan comenzado a ejecutarse de forma unilateral las políticas anunciadas. La cooperativización del Instituto de Telecomunicaciones (INTEL) y la discusión y aprobación en la Asamblea Legislativa del Título Constitucional sobre el Canal de Panamá son dos de estos pasos inconsultos y unilaterales.

Es urgente hacer un alto en la implementación de las medidas del plan económico para replantear una estrategia de desarrollo con todos y para todos, a través de un auténtico y participativo debate nacional. Pero éste sólo será efectivo si el gobierno muestra disposición a promover la iniciativa y a tomar en cuenta las opiniones de la mayoría. Un método de trabajo así suele ser más lento, pero es la esencia de la auténtica democracia.

Es más fácil copiar

Es más fácil copiar que crear. Pero nuestra responsabilidad es crear, inventar nuestra propia historia y futuro. En este camino debemos dar suma importancia al uso de los recursos que tenemos.

Como otros pueblos, el panameño puede y debe ser el productor de su propio alimento, el arquitecto e ingeniero de su propia vivienda, el vigilante y constructor de su propia cultura. Este es nuestro reto: mirar hacia adentro de nosotros mismos, e ir construyendo un modelo de sociedad que se oponga al egoísmo y al individualismo - expresado en crecientes actividades económicas ilícitas, en la corrupción, el contrabando y el narcotráfico -. En el modelo de sociedad que debemos construir, lo social y la persona humana deben ser el centro de nuestro proyecto nacional y no la periferia.

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