Envío Digital
 

Revista Envío
Edificio Nitlapán,
2do. piso
Universidad Centroamericana
UCA

Apartado A-194
Managua, Nicaragua

Teléfono:
(505) 22782557

Fax:
(505) 22781402

Email:
info@envio.org.ni

Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 155 | Diciembre 1994
Inicio Escribanos Archivo Suscribase

Anuncio

Nicaragua

La Bt: crónica de una bacteria marginada

En 1990 todo estaba listo para que Nicaragua entrara en el prometedor mundo de la biotecnología produciendo insecticida biológico a partir de la Bt. En eso, llegó el gobierno Chamorro y abortó el proyecto. Esta es la historia de una bacteria marginada por los neoliberales.

Raquel Fernández

Desde hace más de 40 años sabemos que los insectos se enferman y mueren como cualquier otro animal y conocemos algunos microorganismos capaces de enfermar y destruir a insectos dañinos para la agricultura, sin dañar ni a otros insectos benéficos ni a los cultivos ni a los seres humanos o a los animales que los consumen. Son microorganismos que colaboran con los humanos en la agricultura.

Un cristal microscópico y mágico

Entre los microorganismos utilizados en la agricultura posiblemente el más conocido y estudiado es una bacteria en forma de bastón que es aeróbica: respira el mismo aire que los humanos. El nombre científico de esta bacteria es Bacillus thuringiensis. Más popularmente es conocida como "la Bt".

La Bt no es una bacteria escasa: aparece en los suelos de cualquier lugar del mundo. En Nicaragua también hay razonables cantidades de Bt de diferentes variedades, adecuadas para combatir a las distintas plagas que afectan los cultivos nacionales. Su toxina es particularmente efectiva contra los insectos lepidópteros, los que primero son gusanos y después mariposas. Pero otras cepas de Bt también son eficaces contra los coleópteros, insectos que primero son gusanos y después escarabajos. Hay otras cepas que actúan contra los mosquitos que producen el dengue y la malaria. Todas las cepas tienen una característica común: ninguna hace daño ni al ser humano ni a los animales domésticos.

En condiciones favorables, la Bt se multiplica rápidamente dividiéndose en dos, lo que se conoce científicamente como bipartición. Puede reproducirse también por esporas, que no requieren previa unión con otra célula. El valor de la Bt para la agricultura está en un cristal tóxico ultramicroscópico, de forma generalmente romboide, que permanece inerte en el interior de la bacteria hasta que se encuentra en un medio alcalino.

Los insectos vegetarianos masticadores tienen un sistema digestivo con un medio altamente alcalino: un ph superior a 8, cifra altísima. En el intestino de estos insectos, el cristalito se disuelve fácilmente y su veneno, capaz de matarlos. Mientras está viva, la Bt conserva ese cristal en su interior. Al morir, el cristal se libera. Cuando una oruga come vegetales rociados con la Bt, ingiere millones de estas bacterias. A su paso por el intestino del animal, muchas Bt mueren, liberando los cristalitos que llevan dentro, que se disuelven al encontrar un medio alcalino.

Empiezan entonces los problemas para el insecto y las soluciones para el agricultor. El cristal disuelto produce en las orugas, en los gusanos, una enfermedad con características similares a las del cólera entre los humanos, que le causa la muerte.

¿Y qué le pasa al ser humano que come verduras y legumbres con Bt? No le pasa nada. Nuestro sistema digestivo es muy diferente al de los insectos. El nuestro es un medio ácido, donde el cristal no puede disolverse ni liberar su mortal toxina. Lo mismo ocurre con otros animales, herbívoros o carnívoros. Los principios activos del veneno permanecen cristalizados, inertes cuando cruzan el tubo digestivo y no causan daño. La bacteria y su cristal mágico no nos afectan.

Una bacteria conocida y apreciada

El cristal que producen las Bts es una proteína: una molécula compuesta por aminoácidos de características muy específicas, cuyas propiedades se transforman con pequeñísimos cambios que alteran su estructura. Esos cambios se producen con frecuencia de forma natural y también pueden provocarse por vía biotecnológica. Las bacterias son organismos muy mutables, muy fáciles de cambiar y muy estudiados. Mutan en cualquier momento para adaptarse a las variables circunstancias del ambiente. Y pueden ser mutados.

Los insectos encuentran grandes dificultades para desarrollar defensas frente a la Bt. Ha ocurrido en algunos lugares, pero sólo después de más de 20 años de ser afectados por una determinada cepa de la bacteria. Sin embargo, basta hacer una pequeña variante - por vía biotecnológica - en la bacteria y en su cristal para devolverle eficacia frente a los insectos. Se trata de investigar constantemente posibles resistencias y de obtener las mutaciones necesarias. El campo de trabajo es infinito.

Desde inicios de la década de los 50 se conoció la Bt. Por la eficacia y la especificidad de su acción contra los insectos nocivos, por resultar inocua para el ser humano y para la Naturaleza, se investigó esta bacteria, se la estudió profundamente y se inició su producción industrial. La investigación demostró que las cepas de Bt agreden al cogollero - gusano que destruye el cogollo de las plantas - y a otras plagas: las del maíz, los tomates, los melones, las verduras.

En Canadá y otros países de larga tradición forestal, la Bt se utiliza masivamente en la protección de bosques económicamente rentables, especialmente los pinares. En los países más desarrollados del mundo hay plantas industriales donde se producen concentrados de Bt para diferentes usos. La producción masiva de Bt es la rama de insecticidas biológicos que tiene mayor desarrollo y demanda en todo el mundo.

Un yanqui en la corte del Rey Arturo

Todd Anderson es un estadounidense con evidente aspecto de bueno de película, de héroe de western: alto, rubio, grandes ojos azules de limpio mirar y fácil sonrisa. A pesar de sus posibilidades en el cine del star-system, este hombre decidió estudiar Ingeniería Bioquímica.

Lleno de idealismo y amor a sus semejantes - como corresponde a un joven que lo es de verdad - y ambientalista convencido, Todd quiso poner su vida y sus conocimientos al servicio de la Humanidad y de la Naturaleza. Por eso, en cuanto obtuvo su flamante título, con la tinta que escribía su nombre en el diploma todavía fresca, se vino a Nicaragua. Sabía que aquí se habían radicado unos cuantos colegas y compatriotas suyos, que trataban de apoyar el desarrollo agrícola con técnicas que no fuesen agresivas contra la Naturaleza y que propiciasen el avance del país en otras áreas. Corría el año de 1984 y aún parecía que en Nicaragua todo era posible.

El equipo de jóvenes investigadores alemanes al que se integró Todd estaba intentando, con la ayuda de diferentes Comités de Solidaridad estadounidenses y alemanes, desarrollar investigaciones que sirviesen como base para una futura producción industrial de Bt que abasteciese la demanda nacional.

Los principios fueron muy duros. Procedente de una Universidad estadounidense, provista de modernos laboratorios con los últimos adelantos de la tecnología, Todd aterrizó en un cuchitril con más aspecto de cocina de vivienda familiar que de laboratorio de investigación científica. Fue como retroceder al ámbito de los alquimistas medievales. Aunque Todd no lo confiesa, es evidente que se sintió como un yanqui en la Corte del Rey Arturo.

Solo ante el peligro

Decenas de pequeños inconvenientes no bastaron para desalentar al animoso joven. El proyecto apenas tenía tres meses de vida cuando Todd se incorporó y él sabía que todos los inicios son difíciles. Sin perder un minuto puso manos a la obra. Y poco a poco su decisión de luchador y su empuje hicieron el milagro de ir convirtiendo el sueño en realidad. No sin nuevas dificultades. Los demás extranjeros que habían comenzado a trabajar en el proyecto regresaron a su país, desalentados ante los obstáculos que debían enfrentar. Sólo Todd demostró con los hechos que el espíritu de los pioneros permanece en las jóvenes generaciones estadounidenses.

La minúscula "cocina" donde empezó el trabajo fue sustituida pronto por un amplio y bien dotado laboratorio para el desarrollo de proyectos biotecnológicos y de diagnóstico. Lo financió el organismo alemán GTZ. Al cabo de algunos años de trabajo, la soledad de ermitaño de laboratorio de Todd fue acompañada por nuevos técnicos y profesionales, especializados en el campo de la microbiología. Ahora ya eran nicaragüenses.

Un gran paso para la industria nacional

"En Nicaragua no había profesionales capacitados para este tipo de trabajo, porque en el país no había demanda - explica Todd Anderson -. Unicamente las dos cervecerías que hay en el país necesitan algunos especialistas, pero les resultaba más económico importar técnicos o exportar estudiantes para que aprendieran esta nueva rama de la ciencia en las Universidades norteamericanas. No había aquí una industria capaz de absorber a los egresados".

Pero con el proyecto Bt, aún en su fase de investigación, la demanda de estos profesionales se disparó. Varios jóvenes nicaragüenses viajaron a México y a Canadá para capacitarse en el manejo de las sucesivas investigaciones y de los procesos industriales que se avizoraban. Tres de ellos obtuvieron la maestría y seis más se capacitaron como técnicos.

Estos jóvenes presagiaban apenas el comienzo de una prometedora y nueva rama industrial nacional. No sólo el proyecto Bt y las cervecerías necesitaban profesionales. También serían útiles, por ejemplo, en la industria láctea, de larga tradición en Nicaragua por ser un país ganadero.

La fabricación de quesos se realiza habitualmente con formulas heredadas de padres a hijos y con procedimientos artesanales, lo que produce escandalosas variaciones en la calidad y en el sabor, dependiendo de la época del año, de las nubes del cielo y del talante del artesano. Una situación así puede mantenerse mientras el queso se consume sólo entre el vecindario rural, pero si se quiere ampliar el mercado a las ciudades o, más aún, si se aspira a exportar a mercados internacionales, el consumidor demandará una calidad estandarizada. Y eso sólo puede obtenerse mediante un manejo muy preciso de los procesos de fermentación. La microbiología tenía la respuesta.

Esta y numerosas ramas de la alimentación, la industria farmacéutica, la agropecuaria y muchas otras se irían sumando a la demanda de profesionales. Y Nicaragua entraría con sus propios pies en el ámbito de una ciencia de vanguardia llena de posibilidades, en la que rápidamente estaba alcanzando una posición aventajada.

La "superBt" nicaragüense

La Bt se encuentra en todas partes del mundo en alguna de sus cepas y variedades. Pero no siempre se encuentra el tipo de Bt que más conviene o en las cantidades necesarias. Porque la Bt se encuentra muy dispersa en los suelos. Son pocos los insectos nocivos que se contaminarían si se dejase a la Naturaleza actuar por su cuenta. Esto exige realizar investigaciones para saber qué cepa de Bt es la que afecta más activamente a un determinado tipo de plagas y para aislar esa cepa.

Después, hay que producirla en cantidades industriales para que actúe eficazmente sobre los cultivos. El proceso de producción industrial se realiza en un fermentador o biorreactor metálico previamente esterilizado, donde se pone una cepa pura en un cultivo líquido. Al cabo de 24 horas se obtiene una concentración de 100 millones de bacterias por mililitro. En el laboratorio los experimentos se hacen con fermentadores de 15 litros, pero en la producción industrial se utilizan gigantescos reactores de 5 mil litros como mínimo.

Antes de iniciar la producción industrial hay que tener en cuenta muchas variables. La acción de cada cepa Bt sobre cada plaga. Los caldos nutritivos con que cuenta cada cultivo para alimentar a las bacterias. Las temperaturas a que deben permanecer para acelerar su multiplicación.

Fueron muchos los trabajos desarrollados por el equipo casi totalmente nicaragüense liderado por Todd a lo largo de los varios años que duraron las investigaciones previas. Se trabajó con cepas de Bt nacionales y extranjeras, incluyendo las que se importan como preparado para usos agrícolas. Como fruto de estos trabajos se llegó a la conclusión de que para enfrentar a las plagas nicaragüenses lo más eficaz eran ciertas cepas de Bt nacionales, alimentadas con cultivos elaborados a partir de productos locales. Se descubrió que las Bt nicaragüenses son tan agresivas y vigorosas que pueden enfrentar con éxito a insectos de otras latitudes y están en condiciones de competir exitosamente con sus homólogas de otras nacionalidades en cualquier terreno.

Una vez obtenidas las Bt en concentraciones de cien millones por mililitro, es necesario concentrarla mediante un procedimiento de centrifugado o filtrado. Posteriormente, hay que formular el producto: mezclar los aditivos necesarios para asegurar la longevidad de la bacteria y para que se adhiera a las hojas. Después hay que empacarlo. Y ya está listo para su distribución y uso.

Ante un inmenso horizonte

El preparado tiene dos presentaciones: en líquido y en seco. Cada una tiene inconvenientes y ventajas. El proceso de secado es costoso, pero el producto final tiene una vida activa de cinco años. En líquido se requiere añadir diferentes estabilizadores - un proceso más barato que el del secado -, pero el producto sólo tiene un año de vida útil. Una u otra variante dependen del uso que se les vaya a dar. En Nicaragua se desarrollaron las investigaciones y las capacidades para llevar adelante ambos procesos.

Durante varios años los esfuerzos del pequeño, joven y animoso equipo investigador nicaragüense se orientaron sobre todo hacia las plagas de lepidópteros más comunes en la agricultura nacional, por el interés que despertaba usar la Bt de inmediato y porque éste es el ámbito más estudiado y conocido internacionalmente y sobre el que existe más experimentación y literatura científica. Pero hubo también investigaciones sobre las Bt anti-coleópteros y las Bt anti-zancudos. Y todas continuaban a buen ritmo, contando con el apoyo del gobierno nicaragüense, interesado tanto en evitar la sangría de divisas que significaba la importación de insecticida de Bt como en abrir al país el inmenso horizonte de la biotecnología.

Tras seis años de trabajo, el equipo de Todd Anderson había producido un libro de teoría científica, un producto insecticida cuya capacidad destructiva estaba demostrada en parcelas experimentales y varios estudios de cepas Bt. Estaban a punto de dar el gran salto, el que les sacaría de los ámbitos de la investigación para lanzarse a la producción industrial y a la venta en el mercado nacional e internacional de un excelente producto de vanguardia con el que obtener ingresos que financiasen nuevas investigaciones para diversificar la oferta y lanzar al mercado nuevos productos que retroalimentasen nuevas investigaciones.

El futuro era promisorio. Para iniciar la producción era necesaria una primera inyección económica. Y la hubo. Dinamarca estaba interesada en apoyar el proyecto y manifestó su disposición a financiarlo, aportando los costosos equipos necesarios para realizar los últimos experimentos e iniciar nuevas ramas de investigación. Para entonces, ya estaba en Nicaragua el laboratorio experimental aportado por Canadá y Alemania valorado en más de 400 mil dólares. Todo estaba listo y dispuesto para convertir a Nicaragua en un país puntero en América Latina en la investigación científica y en la producción de insecticidas biológicos.

1990: la hora de la verdad

El cambio de gobierno en Nicaragua en 1990 truncó esta posibilidad. La importación de preparados de Bt elaborados en el extranjero es muy buen negocio para algunos: estos preparados tienen mucha demanda en el país porque los productos tratados con ellos se pueden exportar a los Estados Unidos sin dificultades. Y aunque el gobierno Chamorro se lo encontró todo hecho y esta industria hubiera generado importantes riquezas y abundantes empleos, pudieron más los intereses personales que los nacionales.

Tampoco sirvió el interés mostrado en la nueva industria por Hercasa - la industria de insecticidas de Nicaragua -, muy criticada por la alta toxicidad de sus productos, pero dispuesta a mejorar su imagen a cualquier costo. Su disposición a proteger la naciente empresa se estrelló contra los intereses de un grupo de grandes importadores vinculados a funcionarios de alto nivel del nuevo gobierno.

Tampoco fue posible cobijar al equipo de investigadores y a su trabajo bajo el manto de la Universidad cuya autonomía les hubiera servido como escudo, a pesar de que las universidades estaban decididas a pelear por el proyecto sabiendo de su rentabilidad y del peligro en el que estaba con el cambio de rumbo en Nicaragua.

Por quién doblan las campanas

Nada sirvió. La decisión fue tomada a favor de algunos intereses personales y desde una filosofía acomplejada y antinacional: el insecticida biológico se ha importado siempre desde Estados Unidos y aunque dicen que ya en Nicaragua se puede fabricar, es imposible que el producto nica sea tan bueno como el que hacen en Estados Unidos...

Durante dos años, Todd luchó como un tigre por su proyecto sin ganar salario, golpeando puertas, hablando con unos y con otros. Pero no hubo nada que hacer. En 1992 se rindió a la evidencia de que el nuevo gobierno no entendía o no quería entender. Entretanto, Canadá, respondiendo a los compromisos contraidos, envió maquinaria para el proyecto. Esos aparatos - cuya utilidad es aún un misterio para nuestros funcionarios - permanecen envueltos en sus embalajes en el recóndito lugar de alguna bodega, deteriorándose a pesar de su protección. Los reactivos que llegaron con ellos para nuevas investigaciones ya se vencieron dentro de sus cajas. El dinero para poner en marcha el proyecto nunca se desembolsó porque la contraparte nacional - el gobierno Chamorro - nunca cumplió su parte de los compromisos.

El equipo humano se dispersó. Cada cual buscó trabajo donde pudo para sobrevivir. Los equipos permanecen en el mismo local sirviendo de residencia a insectos y roedores sin que nadie les dé ninguna utilidad. Ante la violencia y extensión de las epidemias de dengue, cólera y malaria que desde hace meses afectan a Nicaragua, el Ministerio de Salud solicitó el biorreactor para producir en sus 15 litros de capacidad tanto concentrado de Bt contra los zancudos transmisores de estas enfermedades como fuese posible. Pero para resolver su problema sanitario, Nicaragua necesitaría varios reactores de 15 mil litros de capacidad.

Los habría y hubieran estado ya trabajando y produciendo si la miopía y la avaricia de "algunos" no hubiera asesinado el proyecto. Tras varios meses de patéticos esfuerzos, el Ministerio de Salud comprendió que no se puede enfrentar un huracán con papelillo y dejaron descansar en paz al exhausto biorreactor.

¿Y Todd Anderson?

Todd Anderson continúa en Nicaragua. Durante mucho tiempo sobrevivió dando clases de inglés. Ultimamente ha conseguido un trabajo como profesor más acorde con su especialidad. Y no pierde la esperanza de reunir nuevamente al equipo humano y al material disperso, desempacar los aparatos llegados hace cuatro años, continuar las investigaciones e iniciar la producción industrial.

"No es fácil agrupar de nuevo todos los elementos, pero tampoco es imposible asegura con optimismo . Habría que hacer un pequeño esfuerzo, pero vale la pena intentarlo, ¿no cree?".

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
El juego se está cerrando

Nicaragua
La Bt: crónica de una bacteria marginada

El Salvador
Monseñor Rivera y Damas con la luz de Monseñor Romero

Guatemala
Tres mujeres necias decididas a enfrentar la impunidad

Honduras
El nuevo rostro del "paquetazo rojo"

Panamá
Un plan económico "desde arriba" y para pocos

Haití
La geocultura: ¿clave para interpretar Haití?

Internacional
Hablan "las otras voces" del planeta

Nicaragua
Noticias del mes
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica
GüeGüe: Hospedaje y Desarrollo Web