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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 27 | Septiembre 1983
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Nicaragua

El abastecimiento: un diario desafío para la revolución

"No hay", "Se acabó", "No tenemos"... Son respuestas que se oyen con frecuencia en los mercados de Managua y en las ventas del resto del país. A veces no hay huevos o pan o leche. Otras veces lo que falta es el jabón, el pollo o el queso.

Equipo Envío

A veces no falta nada pero corren rumores de que algún producto anda escaso. No siempre estas "bolas" son falsas, pero siempre es difícil desmentir o aclarar los rumores. En julio había colas para comprar carne y pan, en agosto se resolvió este problema y el maíz comenzó a faltar.

El abastecimiento es un diario desafío para la nueva Nicaragua, desafío en el que se reflejan los pequeños y grandes aciertos y límites de este proceso de reconstrucción planificada. La complejidad y amplitud del problema nos obliga en este informe a un cierto esquematismo en el análisis para abarcarlo desde varios ángulos. Nos hemos reducido a esbozar la problemática que se plantea con algunos productos alimenticios y con el jabón, pues es la que más afecta a la mayoría de la población.

Acaparadores, colas, temores...

Si el desabastecimiento temporal o parcial es un problema real en Nicaragua, a él está unido el fenómeno del acaparamiento. Lo que hay a todos los niveles. Por un lado, algunos mayoristas y pequeños comerciantes acaparan conscientemente para aumentar sus ganancias y con el fin de desestabilizar un proceso cuyos objetivos no comparten. Por otro lado, existe el acaparamiento doméstico. El temor a no tener suficiente comida para la familia incide también en el problema.

Este factor sicológico del temor a la escasez tiene que ser entendido dentro del marco de la difícil coyuntura de Nicaragua, país en vilo por las amenazas exteriores y donde los elementos contrarrevolucionarios son también activos en el interior. Basta recordar el Chile de 1972 y 1973, donde la sicosis de acaparamiento fue uno de los métodos empleados por la CIA para preparar el golpe militar. No esta alejado de la verdad el decir que la CIA fomenta rumores sobre escasez y desabastecimiento de alimentos y cuenta con este acaparamiento como parte de su guerra "encubierta" contra Nicaragua. Pero sería falso afirmar que la CIA es el principal responsable de esta compleja problemática. Desde la debilidad de estructuras que aún hay en Nicaragua se hace todo lo posible para encarar con acierto el problema de la distribución de la producción.

Mientras, desde fuera, los medios de comunicación internacionales distorsionan una y otra vez la realidad, sacando de casos concretos y muy particulares, conclusiones globales con las que pretenden probar que las condiciones de vida del pueblo nicaragüense han empeorado con la revolución, que la planificación del nuevo gobierno es un desastre y que, por tanto, Somoza era malo, pero esto es peor". Dos ejemplos de esta campaña: la revista alemana "Stern" (mayo 11-1983) reproduce una foto en la que se ve una larga fila de gente esperando para entrar en un supermercado de Managua -el de Nejapa-. Pero lo que no se dice es que esta foto fue tomada justamente en la primera hora de la mañana, antes de abrir el mercado y que no se ven colas allí en el resto del día. Otro: "The New York Times" (16 agosto 1983) afirma que en Nicaragua se hacen filas para comprar frijoles -dieta básica en el país-, cuando lo cierto es que nunca ha faltado este producto.

Ciertamente, ha habido colas, pero gracias a las tarjetas "de provisión" -con las que se busca una racionalización del consumo y una mejor distribución de los productos- y gracias a otros esfuerzos en el campo de la distribución, desde hace unos meses, las colas no forman parte ya del escenario cotidiano. Esto no significa que los problemas hayan desaparecido, ni siquiera que no se produzca esporádicamente el fenómeno de la cola, especialmente en Managua, por sus características de capital desestructurada y superpoblada, con hábitos de consumo muy particulares. Es cierto que en otros puntos apartados del país no hay colas, pero se siente la escasez. "Día tras día sólo comemos arroz y frijoles", nos dijeron los habitantes de El Limón y San Juan de Limay. La política de descentralización por la que ha optado la revolución ha hecho que la problemática de lugares tan alejados, por primera vez en la historia económica de este país, sea conocida y se busque cómo resolverla.

Es claro para todos que las repercusiones de un problema como el del abastecimiento de alimentos son claves para la marcha del proceso revolucionario. El modelo revolucionario nicaragüense tiene en la economía mixta uno de sus pilares. El problema del abastecimiento -agudizado por esta opción económica- pone a prueba al mismo modelo. Ha de ser misión del gobierno garantizar el abastecimiento de la población, aun a costa de medidas de control, que encuentran fuerte resistencia entre transportistas, mayoristas, minoristas y comerciantes privados, que en el régimen anterior apenas tenían supervisión y vivían sólo para sus propias ganancias. Estos protagonistas del mercado negro -difícil de controlar- desafían tanto al gobierno como al pueblo, creando malestar. Se trata pues de un problema político y social, generado por la estructura económica de un país pobre en proyecto hacia una nueva estructura económica apenas consolidada.

El desabastecimiento era previsible

El fenómeno del desabastecimiento se produce cuando la oferta de un producto está por debajo de la demanda efectiva del mismo. Pero el desequilibrio en el mercado interno de Nicaragua no se debe únicamente a un déficit en la producción nacional. Exceptuando algunos productos -maíz, carne de res, leche y la semilla de algodón, que es materia prima del aceite- toda la producción ha subido por encima de los niveles anteriores a la revolución.

En CIERA (Centro de Investigaciones y Estudios de la Reforma Agraria) se nacía este diagnóstico de la situación en un informe de junio de 1983: "El fenómeno del desabastecimiento se relaciona con dos problemáticas distintas. Está, por un lado, la cuestión de la eficiencia del sistema alimentario y del flujo de insumos y productos a lo largo de la cadena alimentaria. Aquí intervienen diversos problemas específicos que impiden que los alimentos lleguen al consumidor final en suficientes cantidades, en forma regular y a precios dentro de su alcance. Por otro lado, el desabastecimiento tiene que entenderse como un síntoma de la transformación revolucionaria en las estructuras de ingreso y de consumo. El desarrollo de estructuras más equitativas genera una mayor demanda y permite mayores niveles de consumo, lo que presiona el abastecimiento y crea condiciones más propicias para el desabastecimiento".

En el Primer Seminario sobre Estrategia Alimentaria, realizado en Managua en el mes de enero de 1983, se reconoció la ineficiencia del actual sistema en cuanto a acopio, transporte y distribución. Varios ministerios e instituciones se encargan por su parte de estos problemas y hacen más difícil el llegar a soluciones globales. Se planteó entonces que el Programa Alimentario Nacional (PAN) fuera reforzado en su función como instancia coordinadora.

Pero el problema del aumento en la demanda no se resuelve tan fácilmente. La demanda de la población nicaragüense se ha elevado especialmente en el nivel primario de la alimentación. En los últimos 3 años ha aumentado la población con 200.000 niños y la reorganización del mercado interno permite a la población un más amplio y continuo acceso a los alimentos básicos. Con la redistribución del ingreso -sea con el aumento de éste o con el control de precios que establece el sistema de distribución planificada o sea con la creación de los llamados "canales seguros"- es decir, una red de instancias de control a lo largo de la cadena alimentaria, los sectores sociales y las poblaciones de regiones apartadas, que anteriormente estuvieron marginadas, han logrado un mayor poder adquisitivo. Hoy en Nicaragua no se pasa hambre y puede afirmarse que el nivel de vida de los sectores populares ha mejorado y que la dieta -especialmente la de los sectores rurales- es más balanceada. En los últimos años ha aumentado en gran medida el consumo de aceite, azúcar, huevos, harina, carne de pollo y leche pasteurizada.

La problemática del desabastecimiento hay que situarla dentro del contexto de estructuras marcadas por una economía dependiente y subdesarrollada y, sobre todo, dentro de la actual reestructuración económica y reorganización del sistema alimentario planteadas por la revolución.

Una economía dependiente y con falta de divisas

El sistema alimentario nacional depende del exterior en la casi totalidad de los insumos, equipos y maquinarias que necesita la industria agropecuaria y agroalimentaria. La escasez de divisas -determinada por el déficit comercial y el endeudamiento heredado- no permite actualmente adquirir las instalaciones necesarias para mejorar la capacidad productiva -por ejemplo, los trillos para el arroz- ni los repuestos para las maquinarias de procesamiento. Tampoco hay capacidad suficiente para comprar vehículos que mejoren el transporte o envases que sirvan para el aceite o la leche. Todo esto produce "cuellos de botella" en el sistema alimentario y por ello se hacen imprescindibles las restricciones drásticas de algunas importaciones alimentarias. Así, no hay -ni de momento puede haber- suficiente abastecimiento de productos como la leche en polvo, el aceite vegetal neutro, el trigo, el maíz y las hortalizas.

No puede tampoco olvidarse que la frágil economía de dependencia de Nicaragua reflejada en la importación y exportación alimentaria, se ha visto seriamente afectada por la política de bloqueo económico del gobierno norteamericano, que se refleja tanto en las presiones y vetos ejercidos en las instituciones financieras internacionales como en otras decisiones. El corte del crédito de trigo (marzo/81), la ruptura unilateral del contrato de la bananera Standard Fruit (septiembre/82), la drástica reducción de la cuota azucarera (mayo/83), son hitos claves de una ininterrumpida cadena de intervenciones económicas desestabilizadoras.

Problemas de control: la especulación

Después del triunfo de la revolución, el Estado creó un ministerio específico, el Ministerio de Comercio Interior (MICOIN), para garantizar que las necesidades alimenticias de la población fueran satisfechas. Pero el control directo de los canales de abastecimiento es difícil en el marco de la economía mixta, pues en ella compiten los intereses estatales con los privados.

Hoy MICOIN maneja, a través de ENABAS (Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos) el 50% de la distribución de frijoles, el 30% del maíz, el 80% del arroz, el 90% del sorgo y el 100% del aceite, jabón, sal y azúcar. Teniendo en sus manos el 40% de la distribución del total del volumen de todos los alimentos básicos, ENABAS ha logrado un espacio importante en el mercado nacional, especialmente con la creación de canales seguros:: 2.647 tiendas y expendios populares, 11 supermercados y más de 500 comisariatos en los centros de trabajo. Pero el restante 60% está todavía inserto en la red tradicional: 37.000 ventas de detallistas privados, ubicadas preferentemente en las ciudades.

La simultaneidad de las dos redes ha creado una especie de doble mercado, que hace posible toda clase de especulaciones y que dificulta una política igualitaria de precios y de distribución en beneficio de la clase popular. Es un hecho que los supermercados ubicados en los barrios de la clase media están mejor abastecidos que las tiendas que tiene ENABAS en los barrios populares. Hasta el mes de agosto, este fenómeno se dio porque los supermercados podían comprar directamente a los mayoristas o a las fábricas, vendiendo después a los consumidores los alimentos básicos siempre y cuando compraran otros productos.

El Mercado Oriental -corazón de Managua-, con sus 8.000 vendedores, está considerado como el lugar en donde resulta más difícil el control de precios. Aún en los nuevos mercados hay casos de abuso. Por ejemplo, es frecuente que algunos pequeños comerciantes se aprovechen de la política de subsidios del gobierno para comprar productos subvencionados por el Estado para revenderlos luego a precios más altos. Estas maniobras de especulación afectan principalmente la estructura social del consumo, encareciendo los productos, especialmente para las clases más bajas, aunque son también las clases populares las que con su organización frenan muchas de las formas de especulación.

La captación de productos: el maíz

Las dificultades en el control de precios comienzan a nivel de producción, con la insuficiente capacidad de captación que tiene el Estado en el sector agropecuario. En total, ENABAS capta el 45.7% de los granos básicos, pero en cuanto a otros productos -carne de res y de cerdo, pollo, huevos, leche y hortalizas- no se ejercen aun controles efectivos. Para ilustrar la complejidad del problema que tiene que afrontar el Estado en sus esfuerzos de planificación y de captación, daremos dos ejemplos particulares: el caso del maíz -el grano básico más afectado por la escasez- y el caso del jabón, único producto industrial controlado por MICOIN.

La situación actual en el abastecimiento del maíz es más preocupante que la de otros granos básicos. Las dos últimas cosechas no fueron buenas y resultaron con pérdidas y la recuperación de la producción ha sufrido un estancamiento. Por esto, el maíz que se consumirá en Nicaragua hasta comienzos del 84 es importado en su casi totalidad y ya está programada la importación de 70.000 toneladas para los meses de agosto a diciembre.

El maíz es el elemento clave de la alimentación nicaragüense. La escasez de este grano es más significativa -por razón de hábitos culturales- que la de cualquier otro. Para los nicaragüenses comer sin tortilla es lo que para los europeos comer sin pan o para los asiáticos comer sin arroz. La cocina nicaragüense es maestra en la elaboración de comidas y bebidas hechas con maíz. Además, las tortillas, los nacatamales, la chicha, son el fruto de pequeñas industrias alimenticias, caseras y artesanales de las que vive gran cantidad de gente. Así, una gama de pequeños intermediarios se gana con el maíz su "tortilla de cada día". MICOIN no tiene otra alternativa que importar maíz para mantener tanto el hábito alimenticio de la mayoría de la población como esta estructura artesano-industrial, pero se hace urgente un cambio profundo en las estructuras de la producción básica, sobre todo en lo que se refiere a la siembra y a la cosecha.

Por otra parte, la producción nacional del maíz está en gran parte en manos de pequeños y medianos productores. Debido a las malas experiencias en el abastecimiento y a los bajos precios a los que venden su cosecha, éstos siembran fundamentalmente para su auto consumo o para el mercado negro. No existe compensación por parte de las empresas estatales y se da además el hecho de que las tierras tradicionalmente utilizadas para el cultivo del maíz están llegando a los umbrales de su agotamiento. A esto hay que añadir los trastornos climáticos imprevisibles -como las inundaciones del año pasado, que destruyeron no sólo cosechas sino gran parte de las instalaciones de riego. Otro factor a tener en cuenta es que cualquier Reforma Agraria trae a corto plazo una baja en la producción hasta que los nuevos dueños de nuevas tierras adquieren suficientes experiencias y se crea una infraestructura adecuada para una producción y comercialización más racional.

Hoy ENABAS logra captar sólo el 17% de la cosecha de maíz. Esto se debe al bajo precio a que se puede comprar el grano, con lo que se facilita el contrabando: en vez de vender el grano a ENABAS, los productores prefieren venderlo en forma de elote (mazorca) o chilote (maíz tierno) en el mercado negro, pues obtienen mayores ganancias, debido a que son productos apetecidos. Este fenómeno no sólo se da entre productores del sector privado sino también en el sector estatal de la APP (Area Propiedad del Pueblo).

Los problemas con el jabón

La problemática que plantea la producción de jabón se parece a la del aceite de cocinar, ya que ambos productos necesitan de la misma materia prima: la semilla de algodón. Esta recupera los niveles de producción anterior a la revolución a un ritmo muy lento. La producción de semilla de algodón en 1982-83 fue de 2,340 millones de quintales, un 53% de lo que fue en 1977-78. Las importaciones de aceite fueron en 1982, 18 veces mayores que en 1978. Por otra parte, la producción de jabón está creciendo rápidamente: ha aumentado de 14 millones de kilos en 1976 a 28.415 millones en 1982, con el proyecto de llegar a 33 millones en 1984. En 7 años la producción se ha doblado. Pero sigue siendo extremadamente dependiente de las importaciones. Frente a esta realidad, una política correcta exige una disminución en las importaciones y un mejoramiento en la distribución.

A principios de 1983 ENABAS inició el control de la distribución del jabón. Lo hizo para neutralizar las necesarias restricciones en el producto, dada la carencia de divisas para importar materias primas. Actualmente cada persona puede comprar dos panes de jabón a la quincena. La cantidad es muy limitada para los hábitos de consumo y esto ha provocado malestar. Para agravar el panorama, el detergente desapareció del mercado durante un tiempo. La única fábrica de detergente nicaragüense está en manos privadas y esto significa que cuando se produce un acaparamiento que impide la circulación normal del producto, MICOIN no tiene facilidades para ejercer ningún control.

Si se quiere disponer de suficientes insumos para la producción de jabón el próximo año MICOIN calcula que serían necesarios $4 millones extra. Las materias primas para hacer jabón -sebo, aromatizante y aceite de coco- no se producen en elpaís. (Este último material se producía en Bluefields, pero el año pasado se quemó esta fábrica).

El actual reto para el gobierno es decidir si vale la pena hacer producir a las fábricas de jabón a toda capacidad -aún no lo hacen- invirtiendo en la importación de insumos, o si es mejor frenar el consumo exagerado de este producto. Entre todos los países centroamericanos, Nicaragua tiene las cifras más altas de consumo de jabón en Centroamérica.

Entre las medidas para hacer frente a la escasez coyuntural está la construcción de bodegas especiales para el almacenaje del producto, que aún no existen. Las presiones militares que en forma de "cuarentena marítima" ejerce Estados Unidos sobre Nicaragua, también afectan la producción de jabón. Recientemente un barco que traía sebo para la fabricación de jabón tuvo un retraso de 80 horas sobre lo previsto -y era urgente su llegada- debido a la obligación que tiene cualquier barco -aún los barcos mercantes- de permanecer a 40 horas de distancia de la flota de guerra norteamericana. El retraso paralizó la producción, pero el gobierno no hizo pública la noticia para evitar alarmismos o acaparamiento. Actualmente, y gracias a las restricciones impuestas al consumo del jabón, el cuello de botella va a ser superado.

El acaparamiento.

Entre las formas de la especulación hay que destacar el fenómeno del acaparamiento, que se produce en Nicaragua en todas las etapas de la comercialización, sobre todo en la de los productos que se pueden almacenar fácilmente -arroz, maíz, aceite, azúcar y leche en polvo-.

También los consumidores son acaparadores y son arrastrados a esto por factores de tipo político o sicológico. Según el viceministro de abastecimiento de MICOIN, cuando se produce una semana de fallos en el flujo de un producto, se necesitan ocho semanas para recuperar la confianza del consumidor y para restablecer un nivel suficiente del mismo en el mercado. Basta con regar una "bola" para que cualquier producto entre una especie de círculo vicioso. Los sectores mejor acomodados de la sociedad, contagiados, y contagiantes de una cierta sicosis de escasez, compran por encima de sus necesidades habituales y esto hace que el producto desaparezca del mercado. Pero a nivel de consumidor, el acaparamiento no llegaría a ser una de las causas principales del desabastecimiento. Lo más grave es cuando éste se da en el nivel de la producción y de la distribución. Esta táctica fue utilizada por los grandes productores arroceros y los trilleros privados de Nandaime en 1981.

En cuanto a la distribución, el acaparamiento lo realizan intermediarios y distribuidores de todos los niveles, tanto privados como estatales. Otro problema se añade cuando determinados productos no llegan a los canales seguros y se concentran en manos de mayoristas y comerciantes de mercados, que alteran los precios.

Problemas de desfase y transporte

El fenómeno del desfase -una fase de la arena no tiene capacidad para absorber el producto de la fase anterior- surge de la falta de infraestructura y de medios de comercialización pero, aún más, nace de una política inversionista ineficaz. Hasta ahora, las inversiones estatales se han concentrado en el nivel de la producción primaria. Mientras las existencias de granos básicos van a aumentar en un 100% el año 1990, las inversiones para mejorar la capacidad de almacenamiento sólo aumentarán -según previsiones- en un 50%. Cualquier solución debe de tener en cuenta que es necesario que las inversiones garanticen la mayor capacidad de cada una de las fases o actividades posteriores a la cosecha -procesar, almacenar, conservar, transportar-.

A este problema se une el de los flujos irracionales que sufren los productos en una red de transportes no suficientemente coordinada y extremadamente diversificada. Un 30% de las pérdidas de granos básicos sufridas por ENABAS se explican por esta causa. El transporte del país se ve también afectado por problemas derivados del bloqueo de los Estados Unidos, especialmente en el área de las piezas de repuesto. La falta de un sistema de transporte seguro viene a ser una de las causas principales del desabastecimiento en los pueblos retirados. Y a esto habría que añadir que en el país apenas hay camiones refrigerados para la distribución en viajes largos de leche, pollo, huevos y pescados.

Problemas de organización institucional

La autocrítica hecha en el Seminario sobre Estrategia Alimentaria se refirió a la falta de una planificación integral y de una estrategia, a la carencia de organización inter-institucional, a la incoherencia en los criterios políticos y en la metodología del desarrollo agroindustrial y a las dificultades de planificación debidas a la inexactitud en los datos o a la insuficiencia de los recursos personales y técnicos en el sistema estadístico.

Todo es aún poco vertebrado. Ha habido deficiencias en los cálculos de los déficits de la cosecha y en los de la anticipación de los déficits en la importación. Ha habido también casos en que existía suficientes materias primas y alimentos, pero llegaron tarde a su destino provocando problemas de desabastecimiento que pudieran haber sido evitados. A esto habría que agregar tanto fallas burocráticas en el sistema de asignación de divisas y en la autorización de las importaciones como problemas de mala administración que no siempre son inconscientes o fruto de la falta de preparación.

Soluciones de corto plazo al problema de desabastecimiento

¿Qué hacer? Julio López, Viceministro de MICOIN, percibe que la causa principal del descontento en la población hacia los problemas del abastecimiento, está en que cualquier persona ve y vive la superficie (es decir, vitrinas medio vacías), por no las verdaderas razones profundas de la problemática. Lo que todos pueden ver es la punta de un iceberg en el que se esconden numerosos problemas, más difícilmente solucionables aún en la actual situación de guerra, amenazas y bloqueos.

Soluciones profundas a corto plazo no las hay. Y siendo la falta de divisas la principal limitación para un más correcto funcionamiento de todos los proyectos, aún está lejano el día en el que Nicaragua pueda lograr una solución de fondo. Ahora si escasea un producto en el mercado, ya no es tan fácil recurrir a la compra en el extranjero, como se hacía antes, impulsados por la necesidad o la inercia. Se depende de donaciones o de líneas de crédito favorables. A corto plazo, lo que sí es posible es ordenar mejor todo el proceso de comercialización y de distribución de lo que hay en el mercado.

En esta línea de soluciones inmediatas el gobierno subsidia actualmente 6 productos básicos (maíz, arroz, frijol, sorgo, leche, azúcar) lo que implica una inversión anual de $673.6 millones. También controla el precio de otros 15 productos, fijando el precio de compra a los productores. Pero como el Estado no es el único comprador, los productores venden a otros, que ordinariamente les pagan más. Resultado: no se encuentran estos productos en los mercados estatales y sí en los mercados privados, donde no existe control de los precios.

Como una solución coyuntural, para evitar el problema de las colas y lograr una distribución más equitativa, se establecieron los "bonos del consumidor" o- "tarjeta de provisión" por las que se regulan las ventas al público de azúcar (desde enero/82, arroz (enero 83), aceite y jabón de lavar (abril/83). Con estas tarjetas cada persona puede comprar al mes 4 libras de azúcar, 4 libras de arroz, 1 litro de aceite y 4 panes de jabón. Este esfuerzo de racionalización en el consumo ha tenido diferentes fases y continuos reajustes. La tarjeta provoca en algunos casos problemas de amiguismos o favoritismos casi imposibles de detectar desde los organismos estatales.

Para hacer más comprensibles todas estas medidas nuevas, varias instituciones han elaborado material didáctico -folletos, estudios, páginas especiales en los periódicos- para explicar racionalmente al pueblo al problemática que se esconde tras ellas. En el programa semanal -de radio y TV- "De cara al pueblo", en el que participan ministros y dirigentes, y en los CDS, a nivel de los barrios, los temas del desabastecimiento, sus causas y soluciones a nivel más pequeño, son temas frecuentes, y de gran interés para la mayoría. En estos foros populares se pregunta se discute y se critica.

Actualmente, muchos esfuerzos están en marcha para la mejor organización y coordinación de las distintas instituciones estatales involucradas, de los comerciantes y de las masas de consumidores, capaces también de ejercer control desde abajo. Pero todo esto va a costar muchos esfuerzos de disciplina y creatividad.

Es importante aclarar que las capacidades de control desde arriba (del Estado) y de movilización del pueblo son bien limitadas: no hay cuadros suficientes. ¿Qué puede hacer un pequeño ministerio como el MICOIN, joven y con poca experiencia frente a más de 30.000 comerciantes y 11.000 vendedoras sólo a nivel de Managua? ¿Quién puede hacer todo el trabajo de concientización que se necesita en las bases? A corto plazo en todo caso no se cambiará mucho.

Soluciones a mediano y largo plazo.

Como ya lo vimos, el problema empieza en la producción y sigue en las irracionalidades de la comercialización y de la distribución. A continuación retomamos algunas líneas generales del programa del gobierno en cuanto a la política alimentaria. Es importante tener presente que la filosofía que orienta la nueva estrategia de desarrollo agroalimentario está basada en los principios de seguridad y autosuficiencia alimentaria, del desarrollo independiente y de la economía mixta.

El punto de partida de esta estrategia está centrada en la priorización del problema del consumo básico de la población y en lograr alcanzar lo más rápido posible los niveles de consumo recomendados para organismos internacionales de salud. Estos requerimientos de alimentos deberían de provenir de la producción nacional, evitando de esta manera la vulnerabilidad que implica la dependencia alimentaria.

Algunas medidas concretas para enfrentar este problema son:

- Aplicar tecnología avanzada no sólo en el sector de agro-exportación, sino también en la producción de alimentos básicos para el consumo interno.

- Reorganizar el uso de la tierra, teniendo como meta el que se concentre una gran cantidad de la producción de granos básicos y hortalizas en las mejores tierras del Pacífico.

- Invertir divisas para poder cultivar grandes extensiones de tierra con sistemas de riego y aprovechar mejor la tierra, incentivando la realización de varias cosechas al año de diferentes productos.

Para facilitar que el campesinado pueda participar activamente en la estrategia alimentaria en cuanto a la producción, es necesario ampliar esa participación:

- Facilitando la distribución de recursos financieros y materiales humanos.

- Promoviendo la cooperativización de los pequeños y medianos productores.

Para enfrentar los problemas relacionados con nuestra dependencia alimentaria es necesario seguir avanzando con una serie de programas y proyectos que ya está implementando el gobierno:

- Impulsando la agroindustrialización de los recursos naturales, procesando las materias primas que se producen en el país y de esta manera, sustituir toda una serie de productos importados en los que se invierten divisas.

- Buscando nuevas relaciones financieras y comerciales con países que ofrezcan términos favorables sin condiciones.

- Procurando convenios comerciales que garanticen un mercado seguro y estable para las exportaciones.

En la comercialización y la distribución

Es necesario racionalizar este sector tan improductivo. En este punto todos los encargados del abastecimiento están claros. Pero las medidas que se deben aplicar no están concretadas todavía. Para demostrar el rumbo que van a tomar las políticas a este nivel tan delicado, presentamos algunas sugerencias planteadas por representantes de organizaciones populares y del Estado en el arriba mencionado seminario sobre "Estrategia alimentaria".

- Acopio:

Asignar al sector APP y a los productores privados que colaboran con el Proceso, una mayor parte de la producción de maíz y de frijol, pues se comprueba que ENABAS tiene problemas reales para su captación. Esto neutralizaría la tendencia observada entre los campesinos que utilizan los canales privados para la venta de sus productos donde obtienen mejores precios.

- Comercio mayorista:

Poner límites a las entidades de alimentos básicos que puedan estar en manos privadas para no fomentar la especulación e introducir políticas de regulación comercial poniendo algunas condiciones a los grandes mayoristas. Inclusive, puede decidirse el traspasar estas actividades a agencias estatales.

- Comercio minorista:

Aumentar el número de expendios populares y organizar asociaciones de pulperos y conseguir que el Estado tenga un cierto grado de participación en las actividades de este sector, especialmente para ejercer control sobre los precios.

- Transporte:

Redistribuir los escasos medios de transporte que existen en el país, no sólo en función del sector agroexportador sino también del consumo interno.

El problema del desabastecimiento no va a desaparecer de la noche a la mañana. Será compañero estructural del proceso revolucionario durante mucho tiempo aún. Nicaragua es un país subdesarrollado y a los actuales problemas de reorganización se juntan las herencias de la dictadura, que son muchas y graves. La situación de agresión permanente, el desgaste de la guerra fronteriza, entorpece cualquier normalización.

Pero ya es una realidad el que, a pesar de todos estos problemas y limitaciones de la escasez -que algunos insisten en llamar racionamiento por lo que esto tiene de evocación de una situación de hambre-, los que llegan a Nicaragua quedan impresionados por el aspecto físico de la población. No es un pueblo desnutrido el que observan.

Esto no quiere decir que la dieta de los nicaragüenses sea adecuada. La dieta actual de la mayoría de la población está caracterizada por un fuente desbalance. En Nicaragua se consumen cantidades excesivas de aceite y de azúcar y, en general la dieta diaria está basada en carbohidratos. Los niveles de consumo de proteínas y de vitaminas son aun muy bajos. Hace falta una educación popular sobre una correcta nutrición, pero esto costará años, pues los hábitos de alimentación de los pueblos tienen raíces profundas en la cultura y en la historia.

Aunque el cuadro que hemos tratado de esbozar no es muy alentador, pues muestra la complejidad de un problema que va para largo, hay que decir que en este campo, como en todos, el proceso revolucionario nicaragüense se caracteriza por la esperanza y por el empeño tenaz en hacer esfuerzos gigantescos imposibles de valorar en su justo peso desde afuera. Diariamente se hacen estos esfuerzos. El gobierno, a través de las distintas instituciones que tienen que ver con este problema, actúa de manera similar al ama de casa de una familia pobre que a diario se afana en resolver el pequeño gran problema que es el que la poca comida sea suficiente para todos y todos queden satisfechos. Desde esa pobreza y esos límites se trabaja realmente para que la tortilla de cada día llegue a todos los nicaragüenses por igual. Es un modo de construir la nueva sociedad.

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