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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 152 | Septiembre 1994
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Guatemala

¿Cómo va el proceso de guerra?

En Guatemala, los pobres han sabido cambiar: en organización, en métodos de lucha cívica, en estrategias. Pero los poderes económicos y los militares no han cambiado nada. Siguen matando para defender sus privilegios. ¿Será posible la paz?

Trish O' Kane

Efraín Ríos Montt, general retirado, responsable de miles de muertes en los años 80, dominó en las elecciones para el nuevo Congreso y se aseguró el control de este poder del Estado. El abstencionismo en las elecciones legislativas de agosto sobrepasó el 79%, batiendo así un récord histórico. La victoria para el General fue algo pírrica: sólo el 6% de los 3 millones 400 mil guatemaltecos empadronados optaron por él. Pese a sus ambiciones, estos resultados no le garantizan suficiente respaldo como para proclamarse dirigente político nacional y legítimo.
Sin embargo...

"Será el próximo Presidente de Guatemala"

El Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido político de Ríos Montt, ganó el 32% del voto nacional y 32 de los 80 curules del Congreso, asegurándose así un 41% de su control político. Segón el analista Gabriel Aguilera Peralta, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), el FRG sólo necesita de 8 votos para poder legislar a su antojo.

Aguilera y otros analistas opinan que al FRG le será relativamente fácil formar una alianza con el partido que quedó en segundo lugar en el nuevo Congreso, el Partido de Avanzada Nacional (PAN), integrado por empresarios de derecha de corte supuestamente modernizante. El PAN ganó 23 curules y tiene con ellos un 29% del control político del Legislativo. Si los dos partidos logran una alianza controlarían el 70% del Parlamento. "Este Congreso va a ser honesto, eficiente y de derecha. Van a ser más cuidadosos, tratando de recuperar la imagen de la institución. Pero la mayoría de los guatemaltecos, que son pobres, no se verán representados en él. El enorme abstencionismo le quita legitimidad a este Congreso", comenta Aguilera.

El nuevo Congreso jugará un papel determinante en el futuro del país, pues le tocará dar forma legislativa a los cambios que se acuerden en las negociaciones entre el gobierno y la URNG. Activistas de los derechos humanos temen que Ríos Montt encabece la propuesta legislativa de una amnistía para los militares que cometieron atrocidades en todos estos años de despiadada lucha contrainsurgente. Con los resultados obtenidos, le corresponde al partido de Ríos el nombrar en octubre a los nuevos jueces de la Corte Suprema de Justicia. "Quien controla la Corte, controla todo", declaró Helen Mack, de la Fundación Myrna Mack.

Según la actual Constitución, Ríos Montt y otros golpistas no podrían lanzarse como candidatos presidenciales. Pero si el FRG logra una alianza con el PAN, el General tendrá los dos tercios de votos necesarios para reformar este artículo constitucional. "Es muy probable que Ríos Montt sea el próximo presidente de Guatemala", añade con preocupación Mack.

El caudillo y la amnesia

¿Cómo entender los resultados electorales que favorecieron así a Ríos Montt? Varias razones lo pueden explicar. Ríos y sus asesores contaban con la apatía y hastío del electorado y se aprovecharon de la amnesia colectiva,resultado del terror de los 80. Para el General fue fácil evadir el tema de los derechos humanos durante toda su campaña. Simplemente, rechazaba contestar las preguntas referidas a estos hechos o culpaba por ellos a regímenes anteriores al suyo. A pesar de que durante su campaña hubo varias exhumaciones de cadáveres en cementerios clandestinos - pruebas contundentes de las masacres cometidas durante su régimen -, logró confundir y terminó triunfando la amnesia.

Según Aguilera, el éxito de Ríos se debe también a que este personaje es "un clásico caudillo latinoamericano", en un país con una larga tradición de dictaduras caudillistas. Otro factor es el racismo de los votantes ladinos o mestizos, enemigos siempre de la población indígena, que fue la que más sufrió durante la guerra de "tierra arrasada" ordenada por Ríos Montt. Muchos ladinos creen que el ejército sólo mataba "a los indios" porque estaban "levantando demasiado la cabeza" y eran comunistas.

"En Guatemala vivimos un caso paradójico - opina Aguilera -. Hay en marcha un proceso contra el ex-Presidente Serrano por su autogolpe. Y a Ríos Montt, que cometió crímenes de lesa humanidad no le hacen nada. No hay proceso ni orden de arresto. Vive libremente y puede participar en la política. Para un sistema democrático, esto es una aberración".

La opinión de Marcelina

La mayoría de la población capitalina no manifestó ningún interés por los resultados de las elecciones legislativas. Pero en el campo muchos indígenas no han olvidado la violencia y mostraban gran preocupación por el futuro. "Sentimos mucho miedo cuando supimos de los resultados. Muchos indígenas no votamos porque todos los partidos son iguales y sólo mentiras dicen. Los que votaron por Ríos Montt son de la capital y no saben todo lo que pasó aquí, la violencia de los años 80, cómo mataron a la gente en sus casas o cuando iban al mercado" comentaba Marcelina, una mujer kakchiquel de 32 años de la región de Comalapa.

Más de 200 de las 600 personas que vivían en la aldea de Marcelina fueron asesinadas en aquellos años de violencia. Cuando Ríos llegó al poder en 1982, Marcelina y su familia se refugiaron en las montañas por miedo de regresar a sus casas. Pero algunos vecinos que les acompañaron en la huída se cansaron de las condiciones difíciles, empezaron a creer en los discursos radiales domingueros del General - que alentaba a los campesinos a volver a sus casas asegurándoles la vida bajo su manto protector - y algunos regresaron a la aldea. Pronto los secuestraron y nunca más aparecieron ni vivos ni muertos. "Ríos Montt no ha cambiado su pensamiento y a nosotros los indígenas nos toca ahora estar atentos y escuchar lo que dice. La situación podría volver a las violencias del 81 y del 82". Es la atemorizada opinión de Marcelina.

Gota que colmó el vaso

"¿Quieres saber cómo va el proceso de paz? Mejor pregúntame como va el proceso de guerra", fue la respuesta de un diplomático al preguntarle por la marcha del interrumpido diálogo de paz. En agosto, la guerrilla guatemalteca volvió a aparecer en el escenario nacional - también en el internacional - realizando ataques militares cerca de la capital, después de años de poderosas acciones bélicas, pero en las lejanas selvas del norte, lo que hacía que la mayoría de los guatemaltecos nunca se dieran cuenta de la guerra.

Después de los avances en las pláticas entre la URNG y el gobierno guatemalteco entre marzo y junio, las negociaciones están otra vez estancadas. La gota que colmó el vaso de la guerrilla fue el acuerdo sobre una Comisión de la Verdad, firmado en junio en Oslo, Noruega. Este acuerdo causó un profundo malestar entre los combatientes y las bases de la URNG en Guatemala, y entre organizaciones populares afines y parece haber exacerbado las divisiones en las filas de la organización guerrillera, que sigue operando en forma muy clandestina. "Ahora, la URNG quiere volver a la mesa de negociaciones, pero con fuerza, porque siente que sufrió un golpe bajo en Oslo", comentó la fuente diplomática.

¿Derechos humanos?

Algunos guatemaltecos temen que la URNG se divida incluso antes de que se firme un acuerdo global. "Este acuerdo es un plan de jubilación para los comandantes", opina un enojado simpatizante de la guerrilla. El 4 de agosto, la Comandancia de la URNG condicionó públicamente la continuidad del proceso de paz, exigiendo que el gobierno guatemalteco cumpla con los acuerdos ya firmados.

Desde que en marzo se firmó el acuerdo general sobre derechos humanos, las violaciones a estos derechos han ido en aumento. "Es inadmisible que después de cuatro meses de firmado y de tener vigencia el Acuerdo Global sobre Derechos Humanos, la violación de éstos se haya incrementado y se cierna cada vez más peligrosamente sobre la sociedad guatemalteca el terror, la práctica represiva y la amenaza. No corregir esta situación de inmediato, lleva indefectiblemente a que el proceso de negociación se desacredite, sea inviable y se torne en la gran frustración de la sociedad guatemalteca", se lee en el comunicado de la URNG.

Guerra cerca de la capital

En agosto hubo un alarmante incremento de las acciones militares de la URNG por todo el país. El día 9, el ejército descubrió un gran buzón con toneladas de armas de la URNG - el mayor de los hallados en toda la guerra -, escondido en un taller de mecánica de un barrio marginal de la capital.

Tres semanas después, el 22 de agosto, la columna guerrillera de la URNG Augusto César Sandino atacó un destacamento militar en Chichicastenango, Quiché, apenas a 100 kilómetros de la capital. Según la información oficial, dos soldados, una mujer civil y tres guerrilleros murieron en el combate, que duró horas y dejó 25 heridos. Según la URNG, el ejército tuvo 30 bajas entre muertos y heridos. Hacía diez años que la guerrilla no realizaba una acción de tal envergadura en la zona.

Durante el ataque, y según informaciones del ejército e investigaciones del arzobispado, los guerrilleros dispararon a un autobús interurbano que se negó a detenerse en un retén, matando a un civil e hiriendo a cinco. La URNG desmintió el hecho. Al día siguiente del combate, el Ministro de la Defensa, General Mario Enríquez, puso en "estado de alerta" al ejército ante inminentes ataques. Por primera vez en más de una década se producían acciones militares a las puertas de la capital y el descubrimiento del buzón de armas daba pie a especular sobre previsibles acciones urbanas.

Volver a Chiapas

En otros departamentos del país, el recrudecimiento de la guerra aumentó las tensiones y causó problemas tanto a mexicanos como a guatemaltecos. En el suroccidental departamento de Huehuetenango, en la comunidad El Quetzal, frontera con México, se produjeron combates entre la URNG y el ejército, lo que causó pánico entre los refugiados mexicanos que habían llegado allí huyendo de Chiapas, cuando surgió el conflicto entre los zapatistas y el ejército mexicano. A principios de septiembre muchos de estos refugiados mexicanos decidieron regresar a Chiapas, pues veían aún peor para ellos la situación en Guatemala.

En la región selvática norte del Ixcán, la tensión fue palpable entre guatemaltecos recién retornados de México y soldados del ejército. Algunos diplomáticos temen que se desate un muy serio conflicto entre civiles y militares en una zona tan sufrida, la que inspiró el libro "Masacres en la Selva", del jesuita Ricardo Falla. El 5 de agosto, una columna de soldados trató de pasar por un asentamiento de retornados en Vera Cruz, Ixcán. Los pobladores se unieron y no permitieron la entrada de los militares, repeliéndolos con palos y piedras. Aunque el conflicto quedó por esta vez a nivel verbal - de uno y de otro lado se lanzaban gritos de "¡Asesinos!" - resultó un preocupante precedente por ser una zona de continuos enfrentamientos.

Ni con toda la presión

Los hechos de los últimos dos meses deberían servir de buena lección a la comunidad internacional, que ha estado ejerciendo tan fuerte presión para que se firme la paz en Guatemala de forma rápida ...y de cualquier forma. Es evidente que el malestar que en las bases de la URNG produjo la debilidad del último acuerdo, se tradujo en una presión sobre los comandantes negociadores para que el proceso se detuviera y se incrementaran las acciones militares.

Como la URNG sigue operando en la clandestinidad, es difícil saber con exactitud cuál es la dinámica entre comandantes y bases, organizaciones populares y simpatizantes. Pero los últimos hechos muestran que la dirigencia escucha a sus bases. Toda la presión del mundo no ayudará a resolver este conflicto de 33 años, si no está basada en una voluntad real de cambiar las situaciones de miseria y de represión que dieron origen a la guerra.

Es una realidad que tal vez no todos quieren aceptar. El jefe del equipo negociador del gobierno guatemalteco, Héctor Rosada, refiriéndose a Rigoberta Menchú y a "otros parientes ideológicos de la URNG" comentó el 5 de agosto: "Ellos están resultando más extremos que la propia comandancia. Los comandantes de la URNG están manejando este proceso de negociación con un alto sentido de madurez política, pero son estas barras del proyecto revolucionario las que están poniendo obstáculos, porque no entienden el alcance político de las cosas".

Esto va a estallar

"Esto va a estallar, firmada o no la paz", advierte el abogado Antonio Argueta, defensor de muchos trabajadores agrícolas que luchan hoy por la tierra y por un salario digno. La mañana del 18 de julio, 76 trabajadores de una finca ganadera de la región suroccidental de Coatepeque, Quetzaltenango, se dispusieron a jugar su última carta en la larga lucha por sobrevivir. Todos tenían años de trabajar en la finca San Juan del Horizonte, donde el dueño siempre se negaba a pagarles el salario mínimo. Todos vivían dentro de la finca en un caserío donde no tienen agua potable ni puesto de salud y había habido ya dos casos de cólera en la pequeña comunidad.

Desde inicios de 1994 los trabajadores se decidieron a luchar por su derecho al salario mínimo y por primera vez se organizaron en un sindicato. Estaban ganando 180 quetzales mensuales y no les ajustaba para sostener a sus familias. "Nos dimos cuenta que es una ley que nos tienen que pagar 11.20 quetzales al día. Antes nos faltaba el valor para el reclamo, pero nos fuimos despertando y nos organizamos", explica Héctor, trabajador de la finca, con cuatro hijos.

El dueño respondió a la organización de los trabajadores con actitudes que son históricas en Guatemala: los despidió a todos. Pero ellos recurrieron a los tribunales y el juez dictó sentencia a su favor, ordenando al finquero que reinstalara a los trabajadores en la finca.

Pasaron los meses y el finquero ignoraba la orden del juez. Los trabajadores tenían meses de no recibir ni un sueldo y desesperados, decidieron jugar la única carta que les quedaba: ocupar la finca. En agosto, el Ministerio del Trabajo citó tres veces al finquero para que dialogara con sus trabajadores y resolviera pacíficamente el conflicto. Pero él no llegó a ninguna de las tres citas.

El 24 de agosto, a las 11 de la mañana, los trabajadores recibieron finalmente la contundente respuesta del finquero y de las autoridades. Un enorme tractor rompió el portón de la finca y 400 policías antimotines penetraron corriendo, atacando con gases lacrimógenos y balas a las familias. Niños, ancianos y adultos corrieron como animales acorralados a esconderse tras los árboles. Arriba rugían los motores. Eran los de tres helicópteros privados de finqueros vecinos que empezaron a disparar contra la gente e incitaban a la policía a "rematarlos". Al final de la carnicería, dos campesinos estaban muertos y eran 11 los heridos y 45 los capturados.

Dos días después, el cadáver de un tercer muerto de bala, un dirigente del grupo, fue descubierto en un barranco a 60 kilómetros de la finca. Los trabajadores habían visto que cuando su compañero cayó herido en medio del zafarrancho, fue arrastrado por los policías a uno de los helicópteros y sospechan que fue arrojado vivo desde arriba, como se solía hacer con los secuestrados de los años 80. "El ataque fue lo más cruel que ha habido. Una persecución organizada desde helicópteros que tiraban balas. Rayó en la brutalidad", denunció el párroco de Coatepeque.

¿A dónde iríamos?

El incidente provocó un verdadero torrente de editoriales y comentarios en los medios de comunicación, que defendían el derecho a la propiedad privada y culpaban del incidente a "extranjeros" y sindicalistas "que están incitando a los campesinos".

"Nadie parece querer tomarse la responsabilidad de pedir cuentas a los sectores y personas que manipularon la situación al extremo de provocar este nuevo drama. ¿Quiénes son los verdaderos responsables? Lo cierto es que no se puede permitir que las personas, por pobres que sean, tomen la decisión de despojar de sus bienes a los legítimos propietarios. ¿A dónde iríamos a parar si se permitiera que el derecho a la propiedad privada fuese destruido deliberadamente por agitadores de profesión, por personas irresponsables o por aquellos que pretenden torpemente beneficiarse con la angustia ajena?", escribía un editorialista del diario Prensa Libre el 25 de agosto.

La guerra que viene

El ex-Procurador de los Derechos Humanos y ahora Presidente de la República, Ramiro de León Carpio, justificó el uso de la violencia en defensa de la propiedad privada, olvidando que por encima de todos está el derecho a la vida.

Según analistas, la tragedia de Coatepeque es una señal de lo que viene. Argueta, abogado asesor de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC), tiene 40 casos pendientes de conflictos laborales y de ocupaciones de fincas. Ante la lentitud e ineficacia de los tribunales y del Ministerio del Trabajo, muchos obreros agrícolas no han tenido otra opción que ocupar las fincas donde laboran. Y aunque los tribunales dicten sentencia en algunos casos a favor de los trabajadores, muchos finqueros, como siempre, ignorarán la ley. Argueta nos contó del reciente caso de una finca de Alta Verapaz, donde los trabajadores siguen viviendo en condiciones de virtual esclavitud. El finquero fue llamado a los tribunales por no pagar el salario mínimo y delante del juez rompió en pedazos el expediente, gritando "¡Esta mierda me vale!".

"Hemos avanzado en lo subjetivo, en toma de conciencia, en cómo plantear reivindicaciones, en nivel de organización - dice Argueta -. Pero ellos, los poderes económicos, políticos y militares no han cambiado y siguen usando los mismos instrumentos de represión. Tienen un bonito discurso sobre la democracia, pero en la práctica siguen actuando como trogloditas. Y en la medida en que el reclamo sea más fuerte y más organizado, su violencia será cada vez más terrible".

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