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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 151 | Agosto 1994
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Guatemala

Fosas comunes: desenterrando la verdad

"El 7 de diciembre de 1982 ocurrió una historia de las más crueles y tristes..." Los militares responsables de aquellos horrores siguen en el poder, siguen impunes y se piensan recetar una amnistía.

Trish O' Kane

Donde está la ONU?" Ha sido la pregunta de muchos en Guatemala durante el mes de julio. La comisión verificadora de los derechos humanos de Naciones Unidas no da aún señales de vida. En marzo se firmó el acuerdo general sobre derechos humanos entre la URNG y el gobierno guatemalteco y la inmediata creación de esta comisión fue el logro más importante en el accidentado proceso de paz. Cinco meses después no se sabe nada de su llegada y cada día que pasa sin la presencia de la ONU significa que varios cadáveres con señales de tortura aparecen tirados por las carreteras del país.

Una fuente diplomática afirma que la tardanza de la comisión se debe a problemas financieros de la ONU, a la lenta burocracia de este organismo y que atiende a otros compromisos internacionales. Mientras, los guatemaltecos siguen esperando.

Los "nuevos colonizadores" de España

Como ya no es tan inminente la llegada de la comisión de la ONU - que estará conformada por unos 150 expertos - una nueva campaña contra los extranjeros se inició en los medios. Esta vez, está dirigida contra españoles que pertenecen a organismos de solidaridad y contra periodistas. ¿Será mera coincidencia que la embestida verbal contra los españoles comenzó después de que el gobierno español invitó a mediados de julio a dos comandantes de la URNG para sostener con ellos pláticas en Madrid?

A los "nuevos colonizadores" - los españoles - se les acusa de estar promoviendo la ocupación de fincas en el sur del país, donde es notorio que los terratenientes no pagan a sus trabajadores el salario mínimo de 14 quetzales diarios (dólar y medio) y donde las condiciones de trabajo se parecen a las de la esclavitud colonial. En esa zona, varios españoles actúan como observadores de lo que ocurre en una finca que fue tomada por sus trabajadores, despedidos injustamente. La Corte de Constitucionalidad - máxima autoridad legal del país - ordenó que el dueño de la finca readmitiera a los trabajadores, pero hasta principios de agosto, seguía violando la orden. Sin embargo, los medios echan toda la culpa del conflicto "a los invasores" de España.

Otro extranjero non-grato en Guatemala es el periodista norteamericano Frank Smyth. Citando fuentes de la DEA, se atrevió a publicar un artículo nombrando a los militares guatemaltecos que estarían involucrados en el narcotráfico. A principios de agosto el Ministro de Defensa, General Mario Enríquez, declaró que Smyth era "uno de los lenguas sucias" que se dedican a difamar al ejército, agregando que estaba "fanatizado" y que pensaba demandarlo.

En julio, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado publicó su primer informe semestral del año sobre las violaciones a los derechos humanos. Las cifras vuelven a demostrar que las repetidas reuniones en Oslo, Noruega y México entre la guerrilla y el gobierno tienen poco o nada que ver con la situación interna del país. En el primer semestre de 1994 las violaciones superaron a las de ese mismo período en los dos años anteriores. Se duplicaron y más: hubo 166 ejecuciones extrajudiciales. En 1993 fueron 70.

Los analistas atribuyen el incremento de la violencia a las elecciones legislativas de mediados de agosto. Históricamente, cualquier elección en Guatemala viene acompañada de una ola de violencia. El Ministro de Gobernación, Danilo Parrinello, causó malestar al comentar públicamente que este auge de la violencia es sólo "parte del folklore guatemalteco".

¡Alza la mano!

"Y ahora que yo puedo votar/yo voy a votar por el General./Alza la mano si vas a votar/alza la mano por el General./Si tú quieres justicia y bienestar/y deseas tener seguridad/¡Ríos Montt en el congreso debe estar!". Esta letra, puesta a la música reggae del cantante panameño El General, es parte de la propaganda política de la campaña del General retirado Efraín Ríos Montt. Según las encuestas, Ríos Montt ganará un asiento en el Legislativo en las elecciones del 14 de agosto. Un artículo de la Constitución le prohibe - a él y a cualquier otro que haya protagonizado golpes de Estado - el optar a la Presidencia de la República. Pero los analistas opinan que el Frente Republicano Guatemalteco - el partido de Ríos Montt - tendrá suficiente influencia en el nuevo Congreso como para cambiar esta prohibición constitucional y que Ríos Montt será candidato a la Presidencia en 1996.

El General Ríos Montt fue Jefe de Estado durante 17 sangrientos meses entre 1982 y 1983 y dirigió la campaña militar de "tierra arrasada", que redujo a cenizas unas 400 aldeas indígenas y provocó la huida de miles de guatemaltecos a México. En aquel tiempo, Ríos Montt recibió una condena de la ONU como promotor del genocidio y del etnocidio en Guatemala.

En 1983, Ríos fue desplazado del poder por otro golpe militar. En los últimos años volvió al escenario político y ahora está lanzando su campaña política con una propaganda agresiva y multimillonaria. "No robo, no miento, no abuso" es el lema del General, un mensaje atractivo para muchos guatemaltecos, cansados de tanta corrupción y delincuencia.

"Mata a todo el mundo"

"Mucha gente dice que va a votar por él porque sólo él puede terminar con la delincuencia. Pero él no sólo mata a los delincuentes, él mata a todo el mundo", reflexiona una mujer indígena que trabaja en la capital y que viene de una zona que sufrió mucho durante el mandato del General.

En julio, Ríos Montt hizo una gira política por varios departamentos del país, incluyendo el Petén, una de las regiones más olvidadas y aisladas. Al mismo tiempo, un equipo de antropólogos forenses de Argentina y activistas de derechos humanos guatemaltecos empezaban a excavar, en ese mismo departamento, las fosas donde encontrarían las osamentas de 43 familias masacradas en una pequeña aldea llamada Las Dos RR.

"El 7 de diciembre de 1982, ocurrió una historia de las más crueles y tristes que muchos recordamos todavía. Sucedió en un parcelamiento llamado Las Dos RR, al noreste de la aldea Las Cruces, La Libertad, Petén, Guatemala. Una masacre injusta e inhumana de hombres, mujeres, niños. Por lo menos fueron matadas 43 familias, cada familia formada de 6 a 10 hijos, más 40 jornaleros, que por ganarse el pan de cada día se encontraban en el mismo lugar, corriendo ellos la misma suerte..." Así abre su relato uno de los testigos de la masacre de Las Dos RR, la más salvaje de las que hubo en el departamento del Petén, en la que murieron por lo menos 340 personas, la mayoría niños pequeños.

Nace una comunidad

En los 60 y 70, miles de campesinos pobres se fueron al Petén en busca de tierras. Dos de estos hombres eran Federico Aquino Ruano ("Don Lico") y Marcos Reyes, quienes solicitaron 100 caballerías de tierra cerca de la aldea Las Cruces. Ruano y Reyes, "las dos RR", fundaron en 1978 una pequeña comunidad, que fue poblada pronto por unas 43 familias provenientes del oriente de Guatemala.

Cuando Don Lico y los otros llegaron, la zona era selva virgen. Tumbaron el monte a puro sudor y a puro machete. Sus vecinos más cercanos eran los monos zaraguates, que chillaban día y noche, y hasta leones había en el lugar. El agua había que ir a traerla a Las Cruces, en una caminata de dos horas por una vereda lodosa. Después, Don Lico excavó un pozo que sirvió a la comunidad.

Otro habitante de Las RR, Juan Arévalo, algo anciano y conocido como Don Juanito, empezó a excavar su propio pozo cerca del centro de la aldea. Don Juanito tenía mucha determinación y pasó tres años excavando y excavando, sin llegar a encontrar agua nunca, aunque su pozo llegó a ser muy profundo. No sabía entonces Don Juanito que estaba abriendo la tumba colectiva de su comunidad.

Niños muy chiquitos

A pesar de estas dificultades de los comienzos, los que llegaron a Las RR estaban felices de tener tierras por primera vez en sus vidas. Se creó allí una comunidad unida y sin conflictos religiosos, a pesar de que había evangélicos y católicos. Tampoco se dieron conflictos étnicos ni de tierras. "Era gente rebuena y muy religiosa. Nunca hubo pleitos entre nosotros. Nuestra comunidad no tenía que terminar de esa manera," declara un testigo que vivió en Las RR, pero que no estaba en el lugar el día de la masacre.

La gran mayoría de los niños eran muy chiquitos, no tenían edad escolar y muchos de los adolescentes trabajaban en las parcelas con sus padres, como suele ocurrir en las familias campesinas pobres. Sólo 35 niños asistían a la escuela que se abrió en 1980. Por las tardes, después del trabajo y la escuela, muchos niños iban donde Don Juanito porque él les regalaba piñas de su piñal y caña de azúcar. Y allí miraban cómo el viejito seguía excavando un pozo tan hondo que parecía que llegaría a la China antes de que saliera agua de él... "Todos los pobladores fueron asesinados cruelmente e indefensos por un grupo de kaibiles del ejército. Plan que había sido orientado y ordenado por el teniente llamado Carías, que comandaba en el destacamento militar de Las Cruces..." Así continúa el relato del primer testigo.

Josefinos y Palestina

Los testigos no recuerdan que la guerrilla hubiera llegado a Las RR, aunque en 1982 tuvo alguna presencia en la zona. A comienzos de aquel año, un grupo de 100 guerrilleros cercó Las Cruces, la aldea más cercana a Las RR, y allí celebraron un mitin y compraron víveres.

Poco después, el ejército llegó a Las Cruces e instaló en esa aldea un destacamento, comandado por el Teniente Carlos Carías. El 23 de marzo de aquel mismo año, el General Efraín Ríos Montt llegó al poder por un golpe militar. Ríos Montt implementó el programa Fusiles y Frijoles y organizó las patrullas de defensa civil en todo el país. En su pequeña y tranquila aldea, los habitantes de Las RR estaban ajenos a los cambios que estaban sacudiendo el país. "Quizá con este nuevo Presidente nos van a quitar las tierras", dijo una noche Abel Granados a su esposa Hilda. Como presintiendo.

El 29 de abril, la muerte llegó a la aldea de Josefinos, una comunidad cercana a Las RR. Según Celso Cuxil, de las Comunidades de Población en Resistencia del Petén, aquel día la guerrilla llegó a Josefinos y mató a un "oreja" - un informante - del ejército. En la noche se apareció el ejército, degolló a 24 personas y quemó todas las casas de Josefinos. La mayoría de la gente logró escapar huyendo a México. Cuxil y otros afirman que en Josefinos existe un cementerio clandestino con los muertos de aquella mala noche.

También se estaban poniendo feas las cosas en la aldea de Palestina, otra comunidad cercana. "En 1982 mi hermano se fue al destacamento a pedir un permiso y nunca más salió de allí. Así pasó con mucha gente: si allí entraban, no salían. Ahí también hay un cementerio clandestino", cuenta un testigo de Palestina.

¿Tierra arrasada?

En una entrevista de junio/94 Harris Whitbeck, asesor de Ríos Montt, insiste en que se ha acusado injustamente al General de atrocidades que ocurrieron realmente bajo el mandato del General Lucas García. "Hablan de tierra arrasada, pero nunca mencionan fechas. Todo eso fue en tiempos de antes del General. La otra cuestión es que el General entró como Jefe de Estado. Lo fueron a sacar de su escuela militar y no tuvo tiempo de prepararse.

De la noche a la mañana no se tiene tiempo. Más adelante, cuando él implementó la campaña "Fusiles y Frijoles", cambió totalmente la mentalidad del ejército: de un ejército de ocupación a un ejército de integración, ya con mandos muy definidos y órdenes muy estrictas. Entre junio y noviembre eliminó totalmente el movimiento guerrillero. Cualquiera puede ver que con él hubo una paz marcada", explica Whitbeck.

"¡Allá ustedes!"

¿Qué "paz marcada" hubo un Las Erres a partir de junio de 1982? "Una vez, en junio, pasó el ejército registrando casa por casa a ver si la gente portaba armas. Vivían allí algunos inquietos a la cacería de venados, jabalíes y tepezcuintles. Les recogieron sus riflitos calibre 22 que ellos tenían para conseguir la carne de estos animalitos. Los rifles viejos que hallaron se los llevaron y los guardaron en el destacamento...", continúa otro testigo.

En los meses que siguieron, el Teniente Carlos Carías organizó una patrulla de defensa civil de 800 hombres en Las Cruces e intentó hacer lo mismo en Las RR. Según otro testigo, la gente de Las RR sólo hizo turno dos veces. No querían seguir en aquella tarea porque tenían que patrullar Las Cruces y caminar dos horas hasta llegar allí. Siendo una comunidad unida, tomaron en conjunto la decisión de no patrullar.

"¿Por qué tenemos que defender las casas de la gente de pisto en Las Cruces, dejando nuestras familias y casas desprotegidas en Las RR?" decían. A principios de noviembre varios llegaron al destacamento y le dijeron a Carías que sólo defenderían sus propias casas. El les contestó: "¡Allá ustedes! ¡Como quieran!" La noche del domingo 5 de diciembre ladraban mucho los perros y la gente de Las Cruces vio pasar camiones cubiertos de lona rumbo a Las RR. Eran soldados del ejército vestidos de verde olivo , como los guerrilleros. La tropa disfrazada entró a la aldea y pidió comida a la gente.

"Siempre que la gente ve grupos armados no tiene más que hacer que lo que le piden. Entonces mataron sus animalitos y les dieron de comer. Después los soldados declararon que eran del ejército y que veían que la gente de Las RR colaboraba con la guerrilla. Y empezaron a separar a los hombres de la mujeres." El lunes 6 de diciembre los familiares y los vecinos de Las RR quisieron entrar a ver lo que estaba pasando, pero los caminos estaban bloqueados por soldados del ejército. "Algo extraño está pasando en Las RR," se decían.

Como dice la Biblia

Un niño que escapó de la masacre contó que los soldados pusieron a la gente en tres filas: mujeres, hombres, y niños. Según el testimonio de un vecino de Las Cruces, un soldado que participó en la masacre le contó que primero violaron a las mujeres y después sacaron a algunos hombres a la montaña y los degollaron con cuchillos. "El me dijo: `yo participé en la matanza ésa y violamos a unas 14 patojas. Después les dimos a los niños con un garrote en la nuca y los tiramos al pozo.' Parece que él estaba algo arrepentido porque dijo que no tenía de otra. Si no obedecía las órdenes lo mataban a él también".

Este mismo testigo - que en aquella época era patrullero civil en Las Cruces - declara que fueron dos grupos del ejército los que entraron a Las RR: un grupo de kaibiles y otro de soldados, que llegaron por el lado de Las Cruces. Otros dicen que sólo fueron los kaibiles, fuerza élite del ejército guatemalteco, muy bien entrenada y famosa por su crueldad.

El miércoles 8 de diciembre fue el día "de la mera masacre", según alguien que lo recuerda muy bien por ser la fiesta de la Virgen de Concepción. Otro testigo, que tenía familiares en Las RR y que estaba en Las Cruces y no pudo pasar por el bloqueo de caminos, se desesperó y a las 8 de la mañana fue al destacamento a hablar con el Teniente Carías.

"El teniente me tomó de la barbilla. Y me dijo: `Lo que se está haciendo es una limpieza. Ahora sí, como dice la Biblia, lo que salga sucio se va a morir y lo que salga limpio va a vivir ¡Lo sucio al fuego!'". A las 3 de la tarde del mismo día, la gente de Las Cruces escuchó los disparos y una balacera.

Montones de muertos

Los testigos no concuerdan en la fecha exacta, pero dos de ellos sí insisten en que dos o tres días después de la masacre, un helicóptero sobrevoló la aldea de Las RR como si estuviera inspeccionando el lugar. El viernes 10 de diciembre, 48 horas después de los hechos un grupo logró entrar a Las RR. "Vimos sangre en las bancas de los niños, donde se asentaban ellos a escribir. Habían lazos amarrados, ropa rasgada y como placentas y cordón de ombliguitos, cosas de parto. Nos dio miedo y salimos para fuera".

El grupo se dirigió hacia un monte que está a 20 minutos caminando desde la escuela. Allí entre los árboles y hojas encontraron a sus vecinos: "Habían muchos cuerpos cortadas sus cabezas. Las cabezas estaban bajo unas raíces de palos, había bastantes cabezas de los vecinos de nosotros. Teníamos miedo porque los perros se los estaban comiendo. Me hace muy doloroso recordar eso. No pudimos contar, eran montones".

Al salir, se toparon en el camino con tractores y camiones del ejército que iban para Las RR. Después, los tractores y camiones siguieron hacia el destacamento de Las Cruces llenos de láminas, muebles, gallinas, cerdos, becerros, maíz. Se llevaban todas las pertenencias de la gente de Las RR. Los últimos soldados que se quedaron en la aldea le prendieron fuego a todas las casitas. Hoy no queda ni rastro de aquella comunidad. Las RR sólo existe en la memoria de las personas que allí perdieron a algún familiar y casi todas sus esperanzas.

Escarbando el pasado

"Miren, muchachos, dicen que el pozo de Don Juan Arévalo está aterrado y si ese pozo está aterrado, ahí metieron a la gente, pero para no estar con dudas pasemos nosotros mismos a ver... Llegamos al pozo y era cierto. El pozo estaba aterrado hasta con un bordito de tierra... Estaban allí tres sombreros tirados, no pudimos reconocerlos de quiénes eran. Entonces entró en nosotros un inmensa tristeza y una gran desilusión...", recuerda un testigo.

El 4 de julio de 1994, casi 12 años después, tres antropólogos forenses de Argentina, a petición del Arzobispado de Guatemala y de los Familiares de Desaparecidos de Guatemala (FAMDEGUA), empezaron a excavar el pozo de Don Juanito.

Al segundo día de la excavación aparecieron los primeros restos humanos a 6.70 metros de profundidad. La camiseta de un niño de 4 a 5 años precedía las dos primeras calaveras y un amasijo de huesos mezclados con ropas y enseres personales: unos anteojos, un cepillo de dientes, documentos, delantales de mujer. Luego apareció una foto vieja de un muchacho envuelta en un pedazo de plástico dentro del bolsón de una camisa.

Sólo se logró excavar hasta los 8 metros, porque empezó a llover ininterrumpidamente en la zona, dificultando el trabajo y los argentinos tenían otros compromisos. Se espera que la excavación se reinicie cuando se consiga otro equipo de antropólogos.

Pero en un poco más de un metro cúbico de tierra ya fueron arrancados del pasado 10 osamentas completas y otras 4 incompletas: un adulto y un niño de unos 10 años. El resto, adolescentes y jóvenes menores de 20 años, todos varones. Un cálculo rápido arroja una cifra dramática: si restan unos 25 metros por excavar y cada metro está ocupado por entre 10 y 15 cadáveres, al pozo fueron arrojadas entre 250 y 375 personas. La mayoría, niños y adolescentes. "Es una torta de huesos", declaró horrorizada la antropóloga Patricia Bernardi.

Se espera que la masacre de Las RR sea uno de los primeros casos que investigue una futura Comisión de la Verdad. Pero algunos temen que el General Ríos Montt, al ser electo como legislador, haga todo lo posible para promover una amnistía, beneficiándose a sí mismo y a otros militares retirados o activos.

Ante distintas exhumaciones que se están llevando adelante en Guatemala, la posición del ejército ha sido echarle la culpa a la guerrilla por estas masacres. El Mayor Mario Carranza, comandante del destacamento más cercano a donde fue Las Erres, insistió en que el ejército guatemalteco jamás ha cometido atrocidades, añadiendo que tampoco él creía "todas las cosas terribles que dicen sobre los nazis". "Yo espero que la verdad salga a flote ahora - dijo -. La historia nos juzgará".

"Si la verdad se dice"

La injusticia y la impunidad parecen no tener límites en Guatemala. Sin embargo, todos estos dolorosos esfuerzos por escarbar la terrible verdad del pasado están dando un nuevo aliento de vida a quienes sobrevivieron a tantos horrores.

Así lo explica una vecina de Las RR, que perdió allí a varios familiares y amigos y ha guardado el secreto por 12 años: "Estoy admirada cuando veo que están excavando el pozo, porque pensábamos que la vida de nosotros no valía nada. Sentíamos que éramos animales y que con sólo hablar nos vendrían a matar. Bastante gente tiene miedo todavía. Pero ahora nos queda el aliento de que hay alguien que se acuerda de nosotros. A mí ya no me importa lo que me pase ahora si la verdad se dice".

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