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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 151 | Agosto 1994
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Nicaragua

Élites sin proyecto nacional

La clase dirigente de Nicaragua está demostrando ser incapaz de lucidez, de eficiencia, de generosidad, de austeridad. Estas élites son hoy el principal problema del país.

Equipo Nitlápan-Envío

Vivimos tiempos muy extraños. En 1994, a Nicaragua se le abren más oportunidades de salir adelante que en los años anteriores, pero pareciera que los dirigentes, los políticos, las cúpulas de las organizaciones gremiales, todos los integrantes de lo que habitualmente se agrupa bajo el nombre de "élites", estuviesen cada vez menos interesados en tomar el toro por los cuernos.

El "toro" de la pobreza, el de la ineficiencia institucional, el de la corrupción, el de las insuficiencias del capital humano y el deterioro ecológico. El "toro" de todo lo que los economistas llaman "las trabas estructurales del desarrollo" está ahí, en la arena, ganando terreno...

1994: más oportunidades

El ambiente no es tan desfavorable para Nicaragua como lo fue en los años anteriores. En 1990 se puso un punto final a la guerra que azotaba el país desde 1983. En 1991 se recuperó el control de la economía, con el proceso de estabilización. En 1992 y 1993, las tensiones políticas internas y las presiones de los Estados Unidos - con grandes incertidumbres respecto a la ayuda de este país - afectaron seriamente la estabilidad e impidieron iniciar un proceso de recuperación económica.

En 1994, con la aprobación por los organismos financieros internacionales de los préstamos de ajuste estructural, se han abierto nuevas perspectivas en cuanto a las relaciones con la comunidad internacional. Y Nicaragua depende mucho de estas relaciones para salir de su postración histórica.

Está claro que estos préstamos no son en sí mismos la llave para abrirnos la puerta del desarrollo. Está claro que los compromisos adquiridos para obtener los préstamos son muy insuficientes para garantizar el auténtico ajuste que Nicaragua necesita. Pero, al menos, representan una señal para los países donantes y para la comunidad internacional de que Nicaragua está dispuesta a hacer esfuerzos para corregir sus grandes desbalances macroeconómicos. 1994 es - podría ser - un año de grandes oportunidades. Están puestas las bases para lanzar un ambicioso Plan de Emergencia y Reconstrucción Nacional, para elaborar una estrategia global que enfrente el problema de la deuda externa y para movilizar las fuerzas nacionales en la disminución de la pobreza y la superación de tantos y tan graves problemas sociales.

¿Qué hacen las élites?

La polarización de la sociedad crece. Las regiones del interior se ahogan en la delincuencia y la policía no recibe suficiente presupuesto, mientras en Managua los ricos circulan en vehículos blindados de lujo y protegen sus posesiones con nuevas y cada vez más numerosas empresas privadas de protección. "Algunos políticos de este país piensan que Nicaragua termina en Sébaco", dijo con acierto crítico el obispo de Estelí, Monseñor Abelardo Mata. Para el pueblo no hay "pan" ni tampoco "circo", como lo demostró el Mundial de Béisbol, en el que hubo un contraste vergonzoso entre el palco lleno de las élites y las graderías vacías.

¿Qué hacen las "élites" para aprovechar estas oportunidades históricas, legitimando así su liderazgo económico, político y cultural? Pocas cosas hacen. No hacen nada para enfrentar la creciente polarización social, porque son protagonistas de esa polarización, se sienten ajenas a los verdaderos problemas del país y prefieren atender a sus negocios y a su curriculum político, contribuyendo así directamente a fomentar la inestabilidad que tiene bloqueada a toda la nación. O peor aún, hacen, y las cosas que hacen llevan la mentalidad cortoplacista que ha venido permeando las diferentes capas de la sociedad, como si Nicaragua fuese una pulpería que va a cerrar mañana y de la que hubiera que sacar hoy todo el provecho posible.

Pareciera que estas élites se adhieren al credo de los economistas neoliberales, según el cual "más vale menos Estado que un Estado costoso e ineficiente", para utilizar en su estricto beneficio personal la actual descomposición del Estado. Incapaces de proponer soluciones a los acuciantes problemas de la nación, sólo tratan de utilizar todos los mecanismos de su liderazgo político y cultural para consolidar sus carreras políticas, e incluso para aumentar su enriquecimiento económico personal.

¿Ganar las elecciones?

En un momento en el que la nación necesita de una sólida determinación para enfrentar los retos del futuro, la clase política entró en la contienda electoral como los equipos entraron en el Mundial de Beisbol: a ganar el trofeo. Como si al final de la lucha hubiese un trofeo y no una responsabilidad histórica con el país. ¿Para qué ganar las elecciones? ¿Quién puede desear dirigir un país sin más perspectivas que el caos? ¿O será que miran el ejercicio de la política sólo como un lucro personal y familiar?

Sin nada que ofrecer para fomentar el progreso de las mayorías, y cuando ningún partido ni ningún líder puede ganar elecciones sólo con los votos de sus seguidores inmediatos - los que junto a él se lucran de la política -, las élites tienen que vender imágenes y cultivar a su alrededor aspiraciones personales. Necesitan del voto de las mayorías, a las que tratan de atraer con imágenes que seduzcan, con promesas que encandilen, con regalos que aseguren lealtades.

La competencia electoral ha empezado a ocupar la escena y a focalizar la atención de los medios de comunicación. Es "el país oficial". Mientras, el país real va en otra dirección. Está sumergido en los graves problemas de la sequía, de la delincuencia, de la corrupción y de la rapacidad de los monopolios.

Cada uno de estos cuatro problemas pone de relieve no sólo la ineficiencia gubernamental o las insuficiencias de las organizaciones civiles, sino la aparente incapacidad de aprender de los errores del pasado que tienen los donantes bilaterales o los organismos multilaterales, que desde hace quince años promueven políticas de ajuste estructural que fallan una y otra vez por la misma razón: la filosofía del ajuste estructural supone que, antes de haber logrado con éxito el proceso de transformaciones, los actores económicos se comportan tal como se quiere que se comporten.

La medicina que mata

Las políticas de ajuste estructural no están diseñadas como un proceso de transición de una economía a otra. La ciencia económica actual no es capaz de pensar las transiciones y cae obligatoriamente en un idealismo carente de relación con la realidad.

El cuestionamiento de fondo no está en si se tiene que cambiar la estructura económica para mejorarla - reducir sus desequilibrios, aumentar su eficacia -. Hay que hacerlo, el problema es cómo hacerlo.

Es urgente plantear este cuestionamiento y desarrollar propuestas alternativas. En los pocos estudios sistemáticos que existen sobre el tema salta a la vista lo obvio. Todos confirman que la crisis en que viven las sociedades en proceso de "ajuste estructural", agravada por las mismas recetas aplicadas sin muchas modificaciones en uno y otro país, tiene consecuencias sumamente dramáticas en los tejidos sociales de estos países, consecuencias que tienden a empeorar las trabas estructurales que se pretendía resolver. La "medicina" está agravando la enfermedad en todas partes. En Africa, esta matando al enfermo.

¿Cuál es la enfermedad? Se aumenta la concentración del ingreso, se refuerza el dominio de las actividades financieras y especulativas sobre la economía productiva, crece la fuerza de los grupos de presión sobre Estados cada vez más débiles, las prioridades nacionales se someten a la lógica de la guerra económica entre los grandes países... La economía funciona cada vez más en beneficio exclusivo de una élite acaparadora, una élite consumista, una élite vampira, que es la única que sale beneficiada del ajuste estructural. No del ajuste diseñado teóricamente sino del ajuste tal como se lleva a cabo.

Los reyes de la selva

Abrirse, dejar hacer, "flexibilizar" la economía no sólo trae "costos sociales" - es normal que haya costos, el problema es cómo se reparten - para lograr hipotéticos beneficios futuros, nunca demostrados en la práctica en ningún país. Tiene además un efecto perverso, aún más grave: disminuir los mecanismos - aunque no sean muy efectivos - por los cuales la sociedad se regula a sí misma, sin reemplazarlos por otros. Esto sólo provoca un retroceso hacia formas de descomposición social más cercanas a la ley de la selva que al contrato social fundamental que debe ser sustento de cualquier sociedad humana.

Los grupos de individuos mejor colocados cuando se inicia el ajuste, los más poderosos, los más dotados de capital económico, político y cultural, los "reyes de la selva" se saben aprovechar muy bien de esta situación. Es natural, pero es inhumano. Esta actitud es la razón de fondo de los fracasos del ajuste y alimenta la preocupación de algunos organismos no gubernamentales. Porque el éxito de las reformas económicas requiere de un consenso social amplio y de un liderazgo político capaz de forjar ese consenso y de mantenerlo, más allá del cortoplacismo electoral, en el que el único ideal es ganar las elecciones o ser reelegido y el único objetivo es mantenerse en el poder y no cómo y para qué se usa el poder.

Optimismo insultante

Nicaragua no es una excepción en este dramático panorama que afronta el mundo actual, y en particular las naciones de la periferia. Mientras el país real se hunde en graves problemas -su manifestación más escandalosa es el desempleo masivo y el empobrecimiento de las mayorías - el gobierno reincide día tras día en el optimismo. Y en un optimismo ostentoso.

Hace falta ser muy ciego a la realidad social y económica del país para mostrar tanto derroche de optimismo en medio del hambre de tantos. Así como hace falta ser muy ignorante de la realidad del agro para declarar - como lo hizo el Ministro de Agricultura, Roberto Rondón - que por culpa de la sequía "creceremos en el sector agropecuario sólo un 16% y no un 20%". El optimismo descabellado del Ministro se convierte en cinismo grosero, cuando añade que las pérdidas en granos básicos en algunas regiones "se compensan" con el éxito en otros rubros y en otras regiones.

Compensación por la sequía

Es cierto que el impacto macroeconómico de la sequía no es muy grande en términos agregados. Según información oficial, se perdió el 42.2% de la producción esperada de frijol de primera y el 33.5% de la producción esperada de maíz de primera, lo que - en un cálculo aproximado - significaría un menor crecimiento del PIB global del orden del 1%, asumiendo que llueva en los próximos meses y que el resto del ciclo agrícola se comporte normalmente.

Si a la sequía se le agrega el efecto - aún más importante - de los cortes de energía eléctrica, es razonable esperar que aún el tímido crecimiento del 2.5% programado para este año no será alcanzado. El alza del precio internacional del café y la tendencia alcista de los precios de las materias primas, desde ahora hasta finales del siglo, son noticias positivas, pero no empezarán a tener impacto hasta 1995.

En todo caso, aunque los precios de los productos de exportación "compensaran" en términos macroeconómicos los malos resultados de la cosecha de primera de granos básicos, para los miles y miles de familias campesinas pobres, cuya alimentación e ingreso dependen de la producción de estos granos, no son ninguna "compensación". A los que tendrán más hambre, a los que se verán afectados incluso en su capacidad de seguir siendo productores, les importa poco que el precio del café favorezca a otros más afortunados que ellos.

Es responsabilidad del gobierno implementar los mecanismos adecuados para hacer efectiva esa "compensación" de la que habla, transfiriendo recursos a los sectores afectados por la sequía. Y debe hacerlo por el perjuicio que esta situación representa para toda la nación en su conjunto y no en función de la capacidad de presión que tienen los afectados que, como olvidados de la historia que son, se quedarán si no, sin cosecha y sin compensación alguna.

Con o sin sequía, el problema de fondo en el sector agropecuario es que no se ha podido elaborar un programa de acción para todo el sector, que responda a sus posibilidades y a los objetivos macroeconómicos, que planifique la reducción progresiva de las limitaciones al crecimiento y que, a la vez, constituya un marco regulador que goce de la aprobación de todo el sector privado y por este consenso, sea efectivo.

Hacer una planificación idealista del tipo de: "Sembraremos 50 mil manzanas de ajonjolí el próximo año" o "Creceremos el 20%" choca contra la lógica práctica y contra la realidad. Y ni siquiera se corresponde con el discurso neoliberal, donde el Estado "no interviene". ¿Es pura demagogia, incluso "demagogia electoral"? Lo es. Pero hay algo más grave: cuando se ha dado alguna intervención concreta del gobierno, ésta responde a intereses creados y muy particulares. Un buen ejemplo es el apoyo estatal que se está dando a los camaroneros de Occidente, para los que no se escatiman los recursos públicos en caminos, puentes, etc.

Escándalo impune

Un ejemplo más evidente aún de las contradicciones entre el gobierno y ciertos grupos económicos se dio en julio, con la adjudicación a una casa comercializadora privada de una importante donación de fertilizantes provenientes de la cooperación japonesa. El hecho fue escandaloso, pero el Ministro responsable - el de Agricultura - no fue sancionado, pese al clamor de la UNAG, organización mayoritaria de los productores agrícolas. Obviamente, en Nicaragua no basta ser mayoría...

La gravedad del asunto va más allá de un problema de corrupción. Los beneficiados por esta operación - que pertenecen a la asociación de los formuladores y distribuidores de agroquímicos, ANIFODA - llevaron más allá su descaro, reteniendo el abono donado para que su precio de venta no baje por causa de la donación y con las expectativas creadas por ella entre los compradores. Se trata de una clara práctica monopólica.

Reprimir a los monopolios

Aunque todos los monopolios son dañinos para la economía, y son particularmente nefastos cuando se pretende que el mercado sea el regulador de la actividad económica, el monopolio de los distribuidores de agroquímicos es probablemente uno de los más peligrosos para la salud económica de Nicaragua: la producción y las exportaciones del país descansan fundamentalmente en este sector.

En vez de tratar de aumentar la competitividad de nuestras exportaciones con medidas cambiarias - que hasta ahora han demostrado su inutilidad - ¿qué hace el gobierno para asumir el papel que le toca en una economía social de mercado? Nada. ¿Le corta las alas a los monopolios? Más bien se las agranda, favoreciéndolos con flagrantes mecanismos de privilegio y corrupción.

¿Planificación quinquenal?

Desde hace algunos meses el Ejecutivo habla de "planificación quinquenal". Si se entiende "planificación" en el sentido de concertación y no en el de ejecución dirigista de un plan, se trataría de un esfuerzo muy encomiable. Pero, mientras se siguen elaborando borradores de programas con metas voluntaristas, no se percibe ningún esfuerzo por incluir a los gremios profesionales, a los sindicatos y a otras instituciones rectoras en un proceso de elaboración conjunta de las metas y de los instrumentos de ese plan quinquenal, lo que condenará los eventuales esfuerzos del Ejecutivo a ser un estéril ejercicio burocrático.

Algunas condiciones esenciales para una buena planificación en este momento nacional no parecen estar siendo observadas: Se apuesta a la inversión privada, pero sin crear las condiciones de esa inversión, que incluyen la capacidad de demostrar a los trabajadores que es en su propio interés el cooperar. Si no, lo que se les pide un acto de fe gratuito.

No se reconoce claramente la importancia del tema de la deuda externa y las grandes oportunidades que tiene hoy Nicaragua de plantear una estrategia global para superar ese lastre. Esta falta de claridad impide aprovechar la oportunidad para movilizar a la sociedad civil y resta mucho sentido a la política de crecimiento a mediano plazo: el tema de la deuda debería ser un punto de partida, especialmente por las relaciones directas que tiene con el de la inversión privada.

No existe una clara definición de los costos y beneficios de la integración regional ni de un eventual ingreso de Centroamérica en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, pese al impacto que todo esto tiene, tanto sobre las condiciones de rentabilidad de las actividades nacionales como sobre los instrumentos de política económica que se apliquen en el futuro.

No se aprecia cuáles serán los mecanismos interinstitucionales de cooperación en el seno del mismo gobierno, mecanismos que se requieren para que funcione eficazmente un proceso de planificación en la economía de mercado.

La obsesión electoral

Una planificación que vincule las dinámicas y limitaciones sectoriales con las metas macroeconómicas es sumamente necesaria en Nicaragua. Sería un poderoso instrumento para compensar los efectos desestructurantes que ha tenido el ajuste al ser aplicado por el gobierno siguiendo cómodamente la receta neoliberal - abrirse, dejar hacer, flexibilizar - sin acompañar todo esto de un mecanismo de dirección central en el Estado, absolutamente indispensable para viabilizar política y económicamente la transición.

Los problemas son extremadamente complejos. Los macroeconómicos y los microeconómicos. Los de la estructura y los de la coyuntura. Los de la nación y los de la mayoría de sus ciudadanos. Pero las élites políticas, en una clara violación del mandato que les confiere la democracia representativa, han comenzado a trabajar, no para el pueblo que las eligió sino para producir las imágenes que, suponen, necesita el pueblo que las reelegirá.

Mientras la sequía hace estragos entre los productores pobres, mientras la delincuencia rural paraliza las actividades económicas, mientras los países donantes están a la expectativa de lo que sucede en Nicaragua y - críticos - piensan revisar su política de cooperación, la clase política no tiene otra obsesión que el juego electoral.

La contienda electoral ya ha comenzado - aunque no oficialmente - y empiezan a perfilarse tres bloques políticos, ya existentes o en vía de formación. Es preciso empezar a comprender qué hay en los trasfondos de cada bando y - a falta de programa - empezar a desentrañar las imágenes que unos y otros pretenden ofrecer al electorado.

Otro 19 de Julio

La dirigencia del FSLN demostró que conserva su fuerza de convocatoria y una importante capacidad de movilización al reunir a más de 60 mil personas en la conmemoración del 19 de Julio. Y aunque plazas llenas no garantizan urnas llenas, esta capacidad es un hecho político y simbólico con el que hay que contar. En su discurso, Daniel Ortega evocó tres errores del sandinismo en el gobierno: haber perdido la comunicación con el pueblo, haber tratado de controlar los mercados provocando una respuesta negativa en los productores y haber hecho confiscaciones injustas.

Una interpretación de lo ocurrido en los años 80 entre el gobierno y la sociedad nicaragüense esta aún pendiente. Hoy, la interpretación de la historia más reciente que unos y otros están haciendo sirve de arma política al servicio de la lucha presente: se saca del baúl de la historia lo que conviene para presentarlo como modelo o para descartarlo. La verdad tiene poco que ver en esta búsqueda y en esta interpretación.

Tres errores sandinistas

Aún así, y más allá de la reflexión sobre estos tres errores pasados y más allá de la interpretación que se pueda hacer de ellos, el señalamiento revela mucho de la estrategia real del FSLN.

Si se ha perdido la comunicación con el pueblo hay que recuperarla, elaborando las imágenes que el pueblo espera. Esto supone, primero que nada, ser capaz de conocer al pueblo, saber con precisión las expectativas que tiene y cómo responderle. La comunicación es un proceso de doble vía, pero en la política actual, reducida a mercancía - como en la propaganda comercial - se limita a una sola vía que va de arriba hacia abajo.

¿A qué tipo de comunicación con el pueblo se refería Daniel Ortega? ¿A escuchar las reivindicaciones de las mayorías, a debatir a fondo las implicaciones para la nación de los programas de gobierno o sólo a poner un termómetro a los sentimientos populares para garantizar metas electorales?

El reconocimiento del error de tratar de controlar los mercados y el efecto que esta política tuvo sobre la producción debe ser leído como una clara señal de que el FSLN defiende ahora el libre mercado. Pero falta algo esencial. No dice el FSLN nada del tipo de mercado que necesita el país, de la necesidad de que las asociaciones de productores y de consumidores intervengan y controlen para evitar la aparición de monopolios o, mejor dicho, la transformación de los monopolios estatales en monopolios privados. No dice nada del marco regulador que un eventual gobierno sandinista debe establecer, no en favor de los intereses de los grupos de presión más estrechos sino de los intereses mayoritarios.

Al reconocer que hubo confiscaciones ilegítimas, el FSLN quiere enviar una señal positiva a viejos y nuevos terratenientes en la actual coyuntura, en la que la disputa en torno a la propiedad se ha convertido en tema central del enfrentamiento político y condición fundamental de la estabilidad anhelada por todos. El tema de la propiedad se ha hecho central que, hasta los funcionarios del Banco Mundial recuerdan que se olvida que la pobreza y la deficiencia de servicios sociales básicos condicionan también la estabilidad del país.

Autocrítica no es alternativa

El 19 de julio, el FSLN perdió una buena oportunidad de reflexionar sobre la redistribución de la propiedad de los medios de producción como condición básica y medio legítimo de la democracia económica. Tal vez lo olvidó porque la filosofía de las transformaciones agrarias hechas en los 80 no fue democratizar los medios de producción como base para un crecimiento menos desigual, sino deseo de controlar desde el Estado los excedentes para poder redistribuirlos y aumentar el nivel de vida del pueblo entendido como consumidor y en definitiva, el de las capas ligadas al aparato político, estatal y militar.

De expresar alguna autocrítica a tener un programa alternativo hay un gran paso. Se necesita un programa y no sólo objetivos como: "vamos a crecer" o "debemos disminuir la pobreza". Se necesita una clara definición de cómo, en la transición económica que vive Nicaragua, las instituciones públicas y las organizaciones no gubernamentales deben intervenir para viabilizar el ajuste y garantizar que - más allá de tan dolorosos costos - se encuentre el camino de un desarrollo más sostenible social y ambientalmente. Es decir, un desarrollo que en lo fundamental sea menos excluyente.

¿Crear más caos?

Si la propuesta de acción movilizadora del FSLN no se da en torno a una alternativa y se limitara a crear más caos, "montándose" sobre las expresiones del descontento popular para ejercer presión contra el gobierno surgen de inmediato varias preguntas o incógnitas.

Las "asonadas" surgen cuando existe un fervor popular, una fuerte motivación espontánea que moviliza a la gente y no solamente a los militantes convencidos. Después de que en estos años se desaprovecharon grandes oportunidades de movilización - la defensa de la propiedad redistribuida con criterios sociales, la reinserción social y productiva de los desmovilizados de ambos ejércitos o el justo reclamo de Nicaragua en la Corte Internacional de la Haya - parece dudoso que las luchas de las "islas" sandinistas que aún quedan en la economía formal - como Telcor - puedan encender la chispa de una movilización popular, cuando es tan masivo el desempleo formal y son tan graves las limitaciones de todo tipo que encuentra la economía informal.

¿Aprovechar las reivindicaciones campesinas? Desde hace mucho tiempo, el FSLN ha perdido legitimidad y liderazgo en el campo. Utilizar las "islas" sandinistas en el campo fundamentalmente, los polos cooperativos - para caotizar -presionar sólo acarrearía una mayor polarización rural, perjudicial tanto para el empresariado rural como para los sectores populares campesinos. Perjudicaría a toda la economía en su conjunto.

Con las bases o desde ellas

¿Con qué cuadros la dirigencia del FSLN podría implementar una estrategia de caos - presión - No hay duda de que el desempleo actual entre las clases medias es tal que no faltaría gente dispuesta a "enmontañarse" como medio de sobrevivencia. Pero de ahí a que se constituya una capa de cuadros políticamente capaces de hacer un trabajo de base movilizador y constructivo y a partir de los intereses reales de los productores pequeños y medianos del campo o de la ciudad, hay un gran paso.

Los sectores sandinistas más beligerantes y organizados - el FNT en la ciudad o el FROC en el campo - han salido muy debilitados por los enfrentamientos de estos años y por la ausencia de mejorías para la población a raíz de las luchas que han emprendido. Al no hacer referencia el FSLN a las luchas que existen por la sobrevivencia y a las respuestas locales que en barrios, municipios y comarcas se trata de dar a problemas de salud, educación, de seguridad incluso, se deja entrever que el estilo de comunicación no ha cambiado: que no se trata de gobernar con las bases - orientar favorablemente las acciones de la base tendientes a promover el desarrollo y el bienestar - sino de gobernar desde las bases - utilizarlas en función de los intereses de la élite partidaria -.

Divisiones en el FSLN

No se puede especular sobre la posible estrategia actual del FSLN - construir un programa con las bases e impulsar su realización desde las estructuras partidarias o utilizar las reivindicaciones de las bases para fomentar el caos - sin hacer referencia a las divisiones en el seno del partido. Los llamados a la unidad reconocen implícitamente la existencia de estas divisiones y sería absurdo negar que existen, aunque negarlo tendría su racionalidad. A los dirigentes que aspiran a quedarse con la totalidad del aparato partidario, les conviene hacer aparecer a los otros como simples individuos, divisionistas y sin bases.

Si el proceso electoral interno que el FSLN desarrolla en agosto y septiembre se hubiese realizado antes del Congreso de mayo y no después, tal vez habría tenido lugar una discusión real y de relevancia sobre contenidos programáticos. Como aún la discusión sigue estando cargada de personalismos, suspicacias y descalificaciones superficiales y sigue ausente una abierta discusión de fondo - al menos fuera del círculo de la dirigencia partidaria -, cualquier reflexión se dificulta.

No cabe duda que la discusión en torno al papel del periódico Barricada - ¿organismo de expresión partidaria o periódico al servicio de una cultura política alternativa? - es el reflejo visible de las discusiones internas. La pugna por el control de un medio de poder tan importante como es un periódico, refleja obviamente las tensiones internas en torno al papel que debe jugar la estructura partidaria en la sociedad: ¿representar al pueblo y fomentar su cultura política o servir a un pequeño grupo de poder?

No se ve aún con claridad que la actual dirigencia del FSLN -ninguna de sus corrientes - tenga la estrategia adecuada para proponer alternativas a la lógica de las "élites-vampiras" que se han apoderado de Nicaragua, conduciendo a todo el país al abismo en favor de una minoría económica, sin que surja un liderazgo político lúcido ni el consenso nacional.

¿Logrará la consigna ¡"Vamos a luchar!", coreada repetidamente por los sandinistas que llenaron la plaza el 19 de julio entrar en conflicto con el acomodamiento cupular que requieren los grupos empresariales del FSLN y que reflejan las autocríticas en apariencia más radicales?

El "centro" de Lacayo

En 1990, la constitución de una alianza electoral muy amplia, en la que se unieron partidos con tendencia e ideas casi opuestas según sus idearios políticos, con el único objetivo de vencer a los sandinistas, provocó que un gran número de partidos políticos - con poquísimo arraigo en la sociedad civil - estén hoy sobre-representados en la Asamblea Nacional. La historia reciente abunda en ejemplos de la poca fuerza que tienen los idearios políticos en un mundo en el cual la carrera política es ante todo una vía privilegiada para adquirir o fortalecer el capital familiar. La historia de la UNO es un buen ejemplo en esa lista histórica.

La realidad posterior llevó a estos partidos a distinguirse tanto de los sandinistas como de los más antisandinistas, y se autodenominaron "de centro". Este centro político dista mucho de ser portador de un programa centrista, de tipo socialdemócrata. Es más, no tiene ningún programa claro. Para Antonio Lacayo - perteneciente por nacimiento al "clan" oligarca conservador - este "centro" representa, a pesar de sus debilidades, su único soporte político. Le ofrece la imagen de moderación y de "centrismo" que necesita en su campaña electoral.

Sentado en un escenario siempre frágil, pero con la esperanza de que su gobierno pueda seguir haciendo "más de lo mismo" sin llegar a un punto de ruptura irreversible en lo social, y con algunas ganancias en lo económico, Antonio Lacayo parece ir hacia adelante, con seguridad y suficiencia, convencido de que él y ese "centro" ganarán las elecciones.

A la cabeza de un Ejecutivo de capacidad y probidad muy desigual, que él mismo no pudo - o no quiso - recomponer con adecuados cambios en las carteras más sensitivas, aprovechando el punto de inflexión en la política económica y social que representó la firma del ESAF, Lacayo aspira a la Presidencia convencido de que la ganará.

Capitaliza a su favor varias señales positivas. El precio del café, aunque sea beneficio para el futuro y de muy desigual impacto en la sociedad, constituye una imagen muy positiva. También capitaliza ahora la excepcionalidad concedida a Nicaragua por el Departamento de Estado en relación a la enmienda Helms sobre la propiedad. Divorcio telenovelesco, compra de lealtad de algunos diputados, Mundial de Béisbol, malecones y otras "obras de progreso" en lugares cercanos o remotos: todos los medios son buenos.

Un matrimonio perverso

Si el mercado fuera perfecto - como lo suponen y lo pregonan los neoliberales -, todos los individuos racionales se pondrían a sembrar café. Pero la vida real no posee la "magia" que el mercado tiene en los manuales y hay muchos individuos que son racionales, pero que no tienen ni tierra ni capital financiero para sembrar café. No son irracionales. Irracionales son los que, con ligereza, suponen que el mercado es perfecto. A menos que esto responda a un claro deseo de engañar, habría que pensar que los políticos no sólo venden imágenes, sino que también terminan por creérselas ellos mismos. Este es el drama de la política económica en Nicaragua: su institucionalidad. Moldeada por la herencia presidencialista de todos los regímenes anteriores, esta institucionalidad ha consolidado un matrimonio perverso entre los políticos y los técnicos.

Los técnicos tienen el poder de engañar a los políticos suministrándoles las imágenes que desean ver y las cifras halagadoras que necesitan oír. El resto, lo que no desean ni ver ni oir, es fácilmente escondible: basta con no salir de mansiones y oficinas, de reuniones entre los mismos que les repiten siempre lo mismo. Los técnicos no tienen poder para abrirle los ojos a los políticos. El autocratismo de los políticos, enraizado en la tradición del nepotismo familiar, no lo permite ni lo admite.

El divorcio interno que existe en la clase dirigente del país, que le impide constituirse en una tecnoestructura lúcida, eficiente y generosa, es probablemente el problema institucional más grave que tiene Nicaragua. La falta de juego democrático entre la Asamblea y el Ejecutivo es una consecuencia de este problema de fondo.

Son muchos los ejemplos en este sentido. Sería necesario reducir la discrecionalidad con la que el Ejecutivo transfiere fondos de una partida del presupuesto a otra. Sería necesario abrir debates sobre la necesidad de reducir partidas del gasto militar y fortalecer con ellas la seguridad ciudadana y rural.

Debates sobre la transparencia con la que se adjudican las licitaciones públicas o los intereses privados que se favorecen con tal o cual inversión pública. Todo esto supone mejorar seriamente las relaciones de escucha mutua entre los técnicos y los políticos, lo que supondría una gran revolución de las instituciones y de las mentalidades en un país azotado por siglos de nepotismo oligarca.

Los liberales unidos

La fuerza política liberal tiene gran arraigo en la sociedad civil, raíces heredadas de la vieja estructura política y alimentadas con relaciones de clientelismo político. La unidad entre los diferentes partidos liberales viene a reforzar estas raíces. Los liberales cuentan con cuadros intelectuales, con líderes de base y con una estructura partidaria sólida y bien organizada geográficamente. Pero tampoco tienen un programa. El antisandinismo radical es la médula de su propuesta a la nación y, al menos en el plano retórico, parecen casarse con el populismo económico. 10 manzanas de tierra para cada familia nicaragüense: ésta es la base de la democratización económica, afirmó Haroldo Montealegre al conmemorar los 101 años de la revolución liberal de Zelaya.

Grave enfermedad: presidentitis

Como la unificación de los liberales está todavía en proceso y como estos partidos no han dado a conocer una estrategia clara respecto a los grandes problemas de la nación - a no ser lo que está implícito en los estatutos partidarios - es todavía muy pronto para pronunciarse sobre el potencial de este tercer bloque electoral, que tiene sobre los otros dos - los sandinistas y el "centro" de Lacayo - la ventaja política de ser un cartucho nuevo.

Los sandinistas cargan con todos los errores de su gestión pasada y con el fantasma de la guerra y Lacayo con el triste privilegio de ser el responsable del ajuste con rostro inhumano que padece el país. Los liberales están creando así la imagen de "lo bueno por conocer" ante estos dos "males conocidos".

"No hay duda de que aquí en Nicaragua hay una presidentitis, un deseo de ser Presidente" declaró el cardenal Obando. Tampoco hay duda de que la élite nicaragüense, al estar preocupada únicamente por la consolidación de sus intereses cupulares inmediatos, sigue siendo un factor determinante que agrava la polarización del país e impide construir la estabilidad que Nicaragua necesita para buscar el progreso económico y satisfacer las necesidades básicas de su población.

Es notable que hoy en día las dirigencias de las Iglesias, particularmente la católica y más particularmente, los obispos de las diócesis más afectadas por la miseria, quienes tienen el discurso más claro sobre los verdaderos problemas de la nación. Y aunque no está en sus manos actuar directamente sobre la política económica ni convencer a los que podrían hacerlo con conciencia nacional, las Iglesias tienen, aún en los lugares más apartados, el único marco institucional neutral que es necesario hoy para lograr un distensionamiento nacional.

Si los actuales líderes políticos quisieran quedar bien parados en los futuros libros de historia, deberían de decidirse y tomar el toro por los cuernos en vez de jugar entre ellos un campeonato en el que no ganarán ningún trofeo glorioso, sino sólo quedarán ponchados históricamente por corrupción, irresponsabilidad y nepotismo.

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