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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 150 | Julio 1994
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Nicaragua

En el ojo del torbellino

Propiedad, privatizaciones, deuda externa, crecimiento, política económica, consenso... Son los grandes temas políticos y económicos del país real. Todos relacionados, todos enlazados en un torbellino. En el ojo de ese torbellino nos espera el futuro.

Equipo Nitlápan-Envío

Junio confirmó una vez más que en la agenda nacional lo prioritario son las burbujas políticas. Agrios enfrentamientos sobre el Código Militar, con amenazas de muerte y descalificaciones que se suponían superadas. Candidaturas y pre-candidaturas presidenciales, alianzas y pre-alianzas, pre-campañas solapadas y anticipadas, a la par de la abierta campaña electoral de Antonio Lacayo, con anuncio de divorcio incluido, para salvar así el impedimento legal a su postulación. Espectáculos políticos internacionales en el Centro Olof Palme sobre democracia y transición y sobre democracias restauradas. Y hasta una marcha por las calles promovida y encabezada por el Cardenal y los obispos contra la eutanasia, el aborto y la planificación familiar.

¿Qué hacer con los temas económicos?

Burbujas políticas - capitalizables por unos y por otros a su favor - que parecen absorber todas las energías. Los problemas reales, los de la economía real, siguen siendo de mucho peso y son la raíz y el telón de fondo de la crisis nacional. Unos son más evidentes: la sequía confirmada después de dos meses sin lluvias, el inesperado y serio racionamiento de energía eléctrica, la violencia rural que no cesa en el Norte. Otros están más escondidos: la deuda externa que nos lleva al abismo o la ayuda internacional, con cifras siempre confusas. En algunos casos, los políticos tratan de manipular los temas de la economía real para fines de imagen política. El más reciente ejemplo es lo ocurrido con los resultados de la reunión de Nicaragua con el grupo consultivo de los Países Donantes en París.

En otros casos, los políticos no saben qué hacer con estos temas. Es el caso de los actuales racionamientos de energía. El que una insuficiencia de lluvias durante uno o dos meses provoque semejante freno a la actividad económica nacional, con su séquito de pérdidas y de quiebras de empresas -particularmente las pequeñas, que no tienen capital financiero para resistir por mucho tiempo este paro forzado - pone de relieve la fragilidad de todo el tejido económico y la aberración de los grandes proyectos hidroeléctricos que los bancos multilaterales han financiado en todos los países de nuestra región.

En una región de clima tropical - por definición, un clima errático - y con los desastres ecológicos causados en la masa forestal por la desesperación de los pobres y por la rapacidad de los ricos y las transnacionales, la lluvia no es ya un elemento seguro en ningún proyecto económico. Y hay que hacer previsiones. Los antiguos, con sus reservas alimentarias estratégicas, y los campesinos actuales, con sus sistemas de producción diversificados y con su consigna de "no poner todos los huevos en la misma canasta", saben de esa incertidumbre y toman sus medidas. El cortoplacismo de nuestro modelo neoliberal parece no tenerlo en cuenta.

La violencia en el Norte

En otros casos, los políticos tratan de minimizar los temas reales del país real y si fuera posible los harían desaparecer, al menos de los medios. La violencia armada en el Norte es uno de esos temas. Expresión de reivindicaciones económicas que no encuentran cabida en el escenario político - a menos que sean recuperadas por alguna fuerza política establecida, lo que no podría ser totalmente público por los medios de lucha que estos grupos utilizan - la violencia en el Norte ha venido creciendo hasta niveles alarmantes.

El problema de fondo es que, por no ver representados sus intereses en la escena política y por carecer de medios para incluir sus demandas en las prioridades nacionales, los rearmados están obligados a un tipo de lucha que afecta principalmente intereses económicos - transportistas, productores e infraestructura productiva son sus principales blancos - y que contribuye a deteriorar el clima económico nacional, desestimulando la inversión nacional y extranjera y contribuyendo a agravar la misma situación de crisis que dio origen a su lucha.

Enredados y entrampados en este mismo círculo vicioso se encuentra una gran mayoría de la población económicamente "activa" del país, hoy pasiva, sin empleo y sin oportunidades de contribuir al esfuerzo económico nacional. En la Nicaragua de hoy es cierto que muchos viven de la violencia. Otros viven de la paz o de la ayuda externa o de la solidaridad...

No se trata de justificar la violencia. Se trata simplemente de constatar que la ceguera de los gobernantes y de las fuerzas políticas tradicionales empuja diariamente a los que tienen menos que perder a convertirse en un importante factor de desestabilización de la nación. La estabilidad nacional no puede tener ningún valor para los que tienen diariamente su propia vida tan desestabilizada.

La violencia rural en el Norte no es una simple nube negra en el cielo del proyecto actual y futuro de Antonio Lacayo. Es la expresión más turbulenta del malestar de las mayorías silenciosas del país y es, por eso, el telón de fondo de todos los posibles escenarios. Y lo seguirá siendo hasta que las autoridades, siguiendo las recomendaciones que hiciera en marzo el representante de las Naciones Unidas en Nicaragua, emprendan un programa integral de emergencia para el Norte. Sin duda, resulta más barato un operativo militar, pero prolongados años de guerra en los campos de Nicaragua han demostrado que por la vía militar no hay solución definitiva a un problema socioeconómico de semejante magnitud como es la pobreza rural. No la hubo en los 80 con un ejército mucho más numeroso y motivado que el actual, menos la habrá ahora.

El ojo del torbellino

Entre las burbujas políticas de esta coyuntura y las láminas de fondo de la economía real, se teje una serie de interdependencias, de relaciones y de contradicciones que van más allá del dominio de la economía o de la política por separado y que tienen que ver con la totalidad de los grandes problemas nacionales.

En esta mitad de 1994 son varios los temas que se entrecruzan, se chocan y adquieren nuevas dimensiones, en un torbellino abarcador. La propiedad, las privatizaciones, la deuda externa, el anhelado crecimiento económico, la política gubernamental y la necesidad de concertación y entendimiento mutuo entre las fuerzas sociales son realidades estrechamente vinculadas en un amplio, cambiante, contradictorio y vertiginoso círculo de relaciones. El centro de este torbellino es como un imán que nos atrae a todos. En el ojo de este torbellino nos está esperando el futuro.

Propiedad y privatización

Entre las principales interdependencias del momento está la que relaciona el problema de la propiedad y la política de privatizaciones. En el seminario sobre Transición y Democracia, celebrado a inicios de julio en Managua, el delegado alemán, Hans H. Helmut Boie, director de la Oficina de Propiedad y Privatización del gobierno de la Alemania unificada, afirmó que en su país se subordina el principio de la propiedad al de la reactivación económica, entendiendo ésta como inversión y creación de empleo. Esta subordinación es también la que ha prevalecido en las reformas agrarias de todos los países en el Siglo XX, al menos en las que se hicieron con criterios económicos y no de recompensa política o de condescendencia social.

Esta concepción de la propiedad que prioriza el interés social sobre el derecho individual es la que prevalece en potencias económicas tan importantes como Alemania o Japón. Lastimosamente, en América Latina, estamos influenciados por el formalismo jurídico anglosajón.

Este principio significa que sólo se justifica la devolución de propiedades a quienes las explotarán debidamente, a quienes asuman el compromiso de crear empleo y de invertir recursos propios. Significa también que es una aberración congelar recursos para comprar activos o para indemnizar a personas cuyas propiedades han pasado a manos de otros que las hacen producir debidamente y que trabajan conforme al objetivo económico número uno de la sociedad: producir riquezas utilizando los recursos nacionales de la mejor manera posible.

La aberración es mayor cuando de lo que se trata es de vender activos públicos - de la sociedad en su conjunto - para indemnizar con el producto de esa venta a algunos individuos. El gobierno de Nicaragua considera que el producto de la venta del 40% de los activos de la empresa estatal de telecomunicaciones y correo TELCOR - unos 30 millones de dólares - servirá para redimir (cambiar por dinero) los bonos que ha entregado como indemnización a los confiscados por el sandinismo.

Durante su visita a Managua, el ex-Presidente Carter abogó por una solución definitiva al problema de la propiedad y propuso esta revalorización de los bonos. Indiscutiblemente, aunque esto representa un costo para la sociedad, debe valorarse en función del beneficio que la estabilidad supone también para la sociedad. Si la estabilidad no saliera beneficiada, porque los confiscados recalcitrantes no aceptasen los bonos y aparecieran así más beligerantes de lo que los supone el gobierno, la operación, además de resultar muy costosa para la nación habría sido en vano.

Intervienen también en la balanza de este asunto las presiones norteamericanas, condicionando su ayuda a la devolución de propiedades a los ciudadanos estadounidenses, como lo legisló Helms en el Senado y como vino a anunciarlo Torricelli a Managua. Pero todo indica que el gobierno ya ha obtenido garantías suficientes de que bastará con algunas devoluciones a ciudadanos norteamericanos para hacer desaparecer esa presión. Las garantías parecen vincular determinadas devoluciones a la aprobación del Código Militar, teniendo en cuenta que el ejército es uno de los grandes beneficiarios de los cambios de propiedad ocurridos en el país.

Privatización y deuda externa

Es ésta otra interdependencia en el vertiginoso círculo de relaciones que envuelve a Nicaragua. En muchos países del Sur, es "moda" pagar la deuda externa privatizando los activos públicos. Escondida detrás de un repetido discurso oficial sobre la mayor eficiencia de la empresa privada en relación a la pública, está la voracidad de las grandes transnacionales, que son las únicas capaces de comprar las pocas empresas con fuerte concentración de capital en países tan empobrecidos como Nicaragua.



Si la privatización de estas pocas empresas rentables se hiciera a favor de una multitud de accionistas privados, la situación sería muy diferente. Pero con la alta concentración del escaso ingreso que caracteriza a Nicaragua, aún así las acciones quedarían al final en muy pocas manos. Actualmente, quedarán en manos extranjeras.

¿Es mayor la eficiencia de la empresa privada? Antes que nada, hay que reconocer que la eficiencia de una empresa depende - en iguales condiciones de capital físico - de la preparación técnica de su personal y de la eficacia de sus métodos administrativos, de control y de decisión. En el caso de Nicaragua, el personal calificado de TELCOR sería el mismo, sea la empresa privada o pública. En cuanto a los métodos de administración, la remuneración de los administrativos puede muy bien estar ligada al incremento de la eficiencia de la empresa, midiendo ésta por su misma actividad o por sondeos entre los usuarios. Nada de esto tiene que ver con la forma de propiedad - privada, pública o cooperativa - bajo la cual se rige una empresa.



De hecho, la venta del 40% de TELCOR en unos 30 millones de dólares - si los legisladores así lo aprueban en la Asamblea Nacional - constituye un mal negocio, una venta por debajo de lo que esta empresa le ha costado a la nación. Sólo en los últimos siete años, la inversión fija del pueblo de Nicaragua en su compañía de telecomunicaciones ha sido de casi 100 millones de dólares.

Además, en los últimos tres años, el excedente de explotación de esta empresa supera los 26 millones de dólares anuales, de los que transfiere casi 7 al gobierno central. Más aún: en todo el período 1987-1993, la necesidad de financiamiento de TELCOR, tanto externo como interno, ha sido un poco inferior a las transferencias hechas al gobierno y a los préstamos concedidos por la empresa. Una rápida comparación con el resto de Centroamérica muestra también que el nivel de calidad alcanzado por el servicio de telecomunicaciones de Nicaragua no tiene nada que envidiar al de sus vecinos.

En el fondo de este debate, se desnuda una vez más la carga ideológica del neoliberalismo: la privatización no es una necesidad económica, es un principio ideológico. Pero la oposición que a este principio hagan las fuerzas progresistas no puede limitarse a la defensa de salarios, estabilidad de empleo u otras ventajas laborales y sindicales de los trabajadores de la empresa. Debe centrarse en el interés de toda la nación. Un avance importante sería luchar porque se rompiese éste, y cualquier otro monopolio, en aras de mejorar la calidad y reducir los precios. Pero reemplazar un monopolio público por un monopolio privado, como va a suceder, sólo beneficia a los nuevos dueños monopólicos.

En el caso de TELCOR, tal vez sea muy tarde ya para actuar. Su privatización está estrechamente ligada a la amplia condonación de la deuda que el gobierno de México concedió a Nicaragua en 1991. Y naturalmente, entre los potenciales compradores de TELCOR está una compañía mexicana.

Deuda externa y crecimiento

Esta es otra interdependencia dramática, aunque permanezca habitualmente relegada de las consideraciones políticas. La deuda externa de Nicaragua constituye un peso de tal magnitud que traba las posibilidades de desarrollo, sea cual sea el color del nuevo gobierno (ver una síntesis del problema que publicamos en exclusiva en este mismo número de envío). La deuda externa amenaza la viabilidad misma del país en la medida en que lo empuja a un peligroso círculo vicioso: su creciente peso reduce las perspectivas de inversión nacional y extranjera y esto contribuye a aumentar y a hacer cada vez más difícil el servicio de la deuda.

Pero la deuda externa nos ofrece también una gran oportunidad: la situación creada por la deuda es tan desesperante que al igual que nos empuja a un pozo sin fondo nos empuja a buscar una solución. Es como una caja de Pandora, de la que puede salir lo peor o lo mejor. El drama de nuestra deuda externa nos brinda la ocasión de presentar a la comunidad internacional - a los principales países acreedores y a los organismos multilaterales - un plan de desarrollo económico coherente, realista y no excluyente, que suscite el apoyo internacional para una reducción del servicio de la deuda y de su monto.

La cuestión de fondo es que resulta muy difícil que sólo el argumento del carácter crítico de nuestra deuda externa provoque un cambio sustancial de actitud en los países ricos, que tienden cada vez más a darnos por un lado, en cooperación y ayuda, lo que por otro lado nos quitan en servicio de la deuda. ¿Qué los hará cambiar? Sólo la demostración de que esta tendencia hace inviable al país y de que la multiplicación de situaciones similares a la nuestra en muchos países del Sur contribuye a fragilizar aún más el sistema económico mundial. No "por amor", sino "por temor". Solo esto puede incitarlos a cambiar de actitud. Pero, para conseguirlo, es también necesario que los países endeudados presentemos planes de crecimiento económico consistentes, que nos hagan realmente viables.

Un nuevo elemento se ha agregado en el panorama mundial a la crisis de la deuda externa. A medida que se han venido "resolviendo" los casos de varios países empobrecidos en los años 80, los organismos multilaterales han venido asumiendo indirectamente una parte creciente de la deuda de los países pobres. De tal manera que, actualmente, crece entre los países donantes la conciencia de que la ayuda que proporcionan a los países pobres no sirve para su desarrollo sino, cada vez más, para pagar deuda a los organismos financieros.

En octubre de este año, y en Madrid, tendrá lugar la conferencia bianual del Banco Mundial y el Fondo Monetario, coincidiendo esta vez con el 50 aniversario de los acuerdos de Bretton Woods, que configuraron el actual sistema financiero internacional y que dieron a luz al BM y al FMI. Numerosos organismos no gubernamentales, que cuentan con un amplio respaldo en los países europeos y en Estados Unidos, celebrarán en Madrid una reunión paralela, bajo el lema "¡50 años bastan!", exigiendo que estos organismos den un giro a su actuación, especialmente con los países pobres.

Sería irresponsable por parte del gobierno, y por parte de todas las fuerzas políticas de Nicaragua no aprovechar esta oportunidad, sobre todo cuando hay señales de que estos organismos estarían dispuestos a darle a Nicaragua y a algunos otros países en gran crisis de deuda un tratamiento muy generoso, aunque sea para limpiar un poco la mala imagen que se han labrado en los últimos años.

Crecimiento económico?plan

De la irrupción del tema de la deuda externa en la vida nacional se saca una lección: la necesidad de relacionar el crecimiento económico con un plan de mediano plazo, quinquenal o en el horizonte del año 2000. No se trataría de una planificación voluntarista e irreal, sino de un programa que tenga cinco objetivos fundamentales:

- La reducción de desequilibrios externos, desde la dependencia tecnológica hasta el excesivo consumo de bienes importados en la canasta familiar.

- El estímulo a las exportaciones, pero sin regalar favores a un puñado de empresarios de punta.

- La priorización de la inversión sobre el consumo, y no sólo la inversión extranjera o la de las grandes empresas, sino la inversión en trabajo y capital de todos los sectores.

- El fomento de las complementariedades entre el sector público y los sectores privados.

- La adecuación del sistema financiero a las necesidades del conjunto más amplio posible de productores, y no sólo a los consorcios familiares vinculados a la banca y a los negocios de unas cuantas personas vinculadas al gobierno.

Tiene que ser un plan no excluyente. Esto quiere decir que no debe empeorar aún más la desigualdad que ya existe en la distribución del ingreso, porque esta desigualdad es el principal factor que hoy bloquea el potencial desarrollo económico del país.

Los defensores de la desigualdad económica entre los seres humanos justifican su argumento señalando que históricamente han sido las élites un factor de progreso intelectual, científico y tecnológico y por tanto, económico. Aunque esto es cierto en algunos casos, depende de la idiosincrasia de las élites. Cuando éstas sólo aspiran a extraer la riqueza nacional para mantener un estilo de vida y de consumo imitado e importado sin fomentar a cambio inversión, empleo, formación de capital humano nacional y conciencia ecológica, se convierten en un factor de perdición para su país.

Es éste el punto de vista del actual jefe de la misión económica del Banco Mundial en China en un informe muy reciente acerca del ajuste estructural en Africa, proceso en el cual participó directamente. Después de denunciar al Estado -vampiro, denuncia a las élites. "Los defensores del ajuste estructural dice - han sido engañados por las élites-vampiras, que empezaron a utilizar la ayuda externa para mantener su estilo de vida". Es lo que parece estar ocurriendo en Nicaragua con sus élites tradicionales, que han contagiado ese estilo de vida y de actuación a las nuevas élites surgidas durante el sandinismo.

Verdaderas élites en este crítico momento de la historia serán aquellas que, teniendo plena conciencia de un proyecto nacional, estén dispuestas a fomentar el desarrollo físico, ecológico y humano de su país y de sus ciudadanos en aras de mantener su hegemonía y de gozar de sus frutos.

Plan económico y consenso

No puede haber hegemonía donde no hay consenso social. Esto, en materia de política económica, significa que un programa económico, para ser viable y realista, tiene que estar fundamentado en un acuerdo sólido y participativo entre los grupos sociales. El papel principal del gobierno es fomentar esta participación, en vez de ponerse al servicio de los intereses de una élite que critica duramente el sector público sólo para esconder que, a su manera, no hace diferencias entre el bien público y el bien privado: utiliza al Estado y lo pone al servicio de sus intereses privados y patrimoniales.

El consenso que se debe lograr en un proceso participativo abierto supone que las élites acepten que los otros sectores sociales que son portadores de desarrollo - porque tiene activos, físicos o inmateriales, como su formación - tengan un papel activo. Deben aceptar también que hay que invertir en capital humano y que eso no significa únicamente mandar a sus hijos a las universidades norteamericanas para que regresen con modelos de pensamiento aún más alienados. Aceptar que la masificación de la educación primaria y técnica y de la salud es una exigencia, entendiendo que esa inversión no es la migaja condescendiente que se da a los pobres sino un elemento fundamental en la construcción de un proyecto nacional viable que les permitirá afianzar su hegemonía en un país más humano para ellos, para sus hijos y para todos.

Consenso social y propiedad

Hay otras interdependencias que se relacionan en el torbellino de nuestra realidad. Lograr un consenso social mínimo en un país tan polarizado como Nicaragua supone que se resuelve el problema de la propiedad. Que los cambios de propiedad que ocurrieron con la revolución son aceptados o son revertidos, pero que se le pone un punto final al tema. Es posible que esto implique la reversión de los casos más simbólicos de lo que se conoce como "la piñata", partiendo del principio de que una propiedad privada no es más legítima que otra si el cambio de propiedad no ha implicado un cambio en las relaciones sociales de producción y en las relaciones técnicas de producción.

Si una finca grande fue confiscada y transformada en una finca estatal de dudosa rentabilidad, hay que parcelarla entre sus trabajadores o devolverla a sus dueños. En gran parte, este proceso ya se realizó. Si esta finca se vende a un tercero, hay que establecer que el dinero obtenido por el Estado con esa venta sirva para alimentar un fondo de promoción rural, tecnológica o crediticia. Si no, el dinero que gasta el nuevo dueño en comprar un activo, es un capital muerto para la sociedad.

Si la propiedad fue parcelada ya entre familias campesinas o les fue entregada en forma cooperativa - posteriormente parcelada, adecuándose así las relaciones de propiedad al nivel real de las relaciones técnicas en el agro - hay que respetar lo hecho: la nueva propiedad beneficia más a la sociedad que la anterior. Si esta misma propiedad fue entregada a un nuevo dueño, su propiedad no es socialmente más legítima que la anterior, pero no lo es menos tampoco. Lo que la hará legítima es que el nuevo dueño la explote racionalmente, que invierta en ella y que cree empleo en torno a ella.

Obviamente, éste es un esquema ideal y este punto de vista económico ideal debe ser matizado a partir de la real correlación política de las fuerzas en conflicto. ¿Cuántos casos de "piñata" será necesario revertir para comprar con ellos la estabilidad política del país? Esto sólo puede ser medido en el diálogo y en la concertación entre las fuerzas más lúcidas de la nación, sin perder de vista nunca la solución económica ideal.

En el caso de las propiedades no productivas, como las casas, la regla económica no se aplica y debe prevalecer el juicio político. En cuanto a la propiedad urbana de renta, el criterio es el mismo que para las fincas rurales, porque el hecho de que un gran número de hogares tengan que pagar alquiler por su casa les resta poder de compra para demandar otros bienes y estimular así la actividad productiva, a no ser que esas casas se devuelvan a un propietario que se comprometa a utilizar sus ingresos por renta en otras inversiones que generen empleo.

Reflexionar y tomar posición

En el torbellino de estas realidades interrelacionadas, las principales fuerzas políticas organizadas de Nicaragua están obligadas a reflexionar a fondo, a tomar posiciones y a buscar consensos respecto a estos temas, los más importantes de la agenda del país en esta coyuntura. De hecho, lo hacen ya, aunque sea con su silencio o con su aparente indiferencia. Lo hacen también trasladando el debate sobre estos temas de fondo a otros más espectaculares o polarizantes, como el código militar o el aborto.

En la actual escena política el gobierno es el único realmente interesado en llegar al proceso electoral con una economía en crecimiento aunque sea de fachada. Pero el gobierno - o, más precisamente, el Ejecutivo - sólo representa a sí mismo. Y el resto de la clase política como fiel reflejo de una sociedad polarizada muestra aún poco empeño en buscar respuestas a los grandes problemas nacionales y fascinada por las burbujas políticas, posterga la hora de abocarse en conjunto a la búsqueda de soluciones negociadas en lo político y a la puesta en marcha de un plan económico diferente. Los sectores mas extremistas de la clase política pueden incluso llegar a preferir este caos, apostando a que "algo" pescarán en un río tan revuelto...

FSLN en busca de estrategia

Habiendo superado temporal y formalmente en el Congreso el escollo de la división, la Dirección Nacional del Frente Sandinista inició un proceso de autoredefinición de sus líneas programáticas, quedando prácticamente ausente de la escena nacional desde el Congreso de mayo. Ya resultó notable que en el Congreso mismo no se discutiera públicamente el contenido de ninguna estrategia ni de ningún plan concreto, centrándose los debates en precisiones o reformas de los estatutos y del programa que llevaban implícita la aprobación o el rechazo de una de las dos corrientes. El personalismo carismático sustituyó al debate de las ideas: en eso el sandinismo no escapa a la tónica que caracteriza la vida política de un país donde se trata de vender la idea de que el cambio, la estabilidad o la renovación depende de que resulte electa ésta o aquella persona.

Los dirigentes del FSLN han señalado, después de sus reuniones que su estrategia se basa en tres puntos: ganar las elecciones para emprender los cambios económicos que el país necesita y que no pueden hacerse desde la oposición, iniciar ya el camino para ese triunfo y mantener la unidad del sandinismo.

En ausencia de declaraciones más concretas respecto a la orientación del FSLN en los próximos meses, sólo es posible especular. Una ficción posible sería que el FSLN, bajo la influencia de las ideas radicales de la Izquierda Democrática - que obtuvo mayoría en el Congreso - busque capitalizar las múltiples manifestaciones de descontento popular, rural y urbano, armado o no, y las potencie, las organice y las multiplique para desestabilizar el frágil escenario en el que se mueve el gobierno, para ganar simpatías perdidas y para recabar apoyo electoral.

Apostaría así el FSLN a que estimulando el imaginario combativo de una fracción importante del pueblo, adormecido en los últimos años, y reforzando las nubes negras en el cielo del escenario favorable a Antonio Lacayo, obtendría importantes ventajas pre-electorales y electorales. Esta apuesta se basaría en la suposición de que el gobierno tendría las manos atadas y no podría responder con represión - por falta de colaboración del ejército -. Al quebrársele al gobierno su escenario frágil y al hacérsele inviable el escenario represivo, el escenario caótico podría resultar favorable al FSLN dependiendo, naturalmente, de la fuerza de su principal contrincante, los liberales, interesados también en el caos y favorecidos también por éste. En cualquier caso, favorable o no al sandinismo, un escenario caótico sería una apuesta peligrosa y costosa para el país, y tal vez sólo traería al pueblo la satisfacción de combatir con el estómago vacío.

Otra estrategia para el FSLN

Una ficción alternativa a ésta del escenario caótico y caotizado, sería que el FSLN apostara por convocar el potencial de la red de sus cuadros de base para organizar, en relación con su dirección y sus intelectuales orgánicos, la búsqueda y la implementación de soluciones económicas a nivel local. Aprovecharía para ello sus todavía extensas relaciones con la cooperación internacional para hacer lo que no hace el gobierno a nivel local. Paralelamente, los empresarios sandinistas se organizarían con una actitud más resuelta a favor de soluciones microeconómicas acordes con el interés nacional, especialmente con la creación de empleo. Y los capitales sandinistas volverían al país y apostarían por los proyectos campesinos, asociativos, cooperativos, de propiedad de los trabajadores, que hoy demandan inversión y apoyo.

Todo esto lo darían a conocer los sandinistas en los medios de comunicación, para que la sociedad apreciara el cambio de estrategia en el FSLN. Todos estos pequeños ríos sumarían al proyecto nacional y podrían ser capitalizados después en las elecciones. Aunque, evidentemente, contribuirían también a despejar de algunas nubes del horizonte del gobierno.

Sin tomar posición por una u otra de estas dos ficciones - fomentar el caos desde abajo o fomentar organización en torno a la economía y a la producción desde abajo - se pueden mencionar algunos puntos a favor y en contra de cada una. En primer lugar, hay que preguntarse cómo actuarían los empresarios sandinistas en la vía caótica. También se puede dudar de la capacidad del FSLN para hegemonizar y organizar protestas populares, sobre todo en el campo, siendo tan grande su divorcio histórico con los sectores rurales empobrecidos y con los finqueros, que son sus líderes.

En la vía de la organización en torno a la economía desde abajo también hay escollos. ¿Cuáles son los cuadros del FSLN que están disponibles para enfrentar un reto así, que demanda tanta paciencia y tanta mística y renuncias? Existe incluso el escollo de que un apoyo abierto a la vía campesina, finquera, artesana, de las cooperativas y del APT, haga aparecer al partido como demasiado "socialista". ¿Lo aceptarán todos?

En el afán de modernizar su imagen, la izquierda nicaragüense corre el peligro de confundir los sectores productivos populares - que son objetivamente los principales actores potenciales del desarrollo económico - con los espectros de un socialismo caduco y pasado de moda, que ya no deben ser su opción preferencial en aras de un "proyecto nacional". Los próximos meses dirán cuál es la apuesta del FSLN dentro del absorbente torbellino nacional.

Gobierno en busca de imagen

Con un FSLN momentáneamente silenciado, con el respiro traído por Carter en la presión USA sobre la propiedad y con la ausencia de desórdenes en Managua, el gobierno avanza en su escenario de continuismo. Escenario frágil e incierto, pero despejado. Y por eso, adecuado a la tendencia al facilismo que caracteriza a este gobierno. Aprovechando esta situación de "calma", Antonio Lacayo está haciendo abiertamente una convocatoria pre-electoral, lo más amplia posible, a los partidos o personalidades que él clasifica como "de pensamiento moderado", "realmente demócratas" y de "centro político", entre los que incluye a Sergio Ramírez.

Una vez más se hace realidad que "Managua es Nicaragua". Todas las tomas de carreteras y caminos en el Norte, toda la violencia de desesperación que allí se incrementa, suena menos que una pequeña asonada en Managua y le altera apenas el escenario favorable al gobierno, al menos a nivel de imagen, pues si de economía se trata, sin duda el impacto de lo que ocurre en el Norte es mucho más grave.

¿Será una nube negra?

A excepción de la grave sequía que se anuncia y de su eco en un prologando racionamiento de la energía, el escenario frágil al que el gobierno apuesta se consolida. Sin embargo, consolidar imagen y no realidades puede ser un grave riesgo. Se habla de que el racionamiento debió iniciarse ya en enero, aunque por menos horas, pero que el Ministro Lacayo, por razones de imagen, no lo aceptó, apostando a que el invierno traería abundantes lluvias.

¿Será la sequía y el racionamiento de electricidad la nube negra que desate una tormenta estratégica en el cielo del despegue económico de Lacayo? Tal vez. Entre tanto, se acumulan signos positivos. El precio del café está en alza y es superior al de los últimos cuatro años. La inflación permanece controlada: si se mantuviera la tasa observada entre enero y mayo en el IPC, el año 94 terminaría con un 9% menor que la devaluación anual. A estos índices alentadores vinieron a sumarse los resultados de la Conferencia de París y posteriormente el éxito del gobierno en las negociaciones de la deuda con Alemania.

De los resultados obtenidos en París, lo menos que puede decirse es que el gobierno manejó varias cifras de ayuda con gran confusión, haciendo declaraciones triunfalistas que ni siquiera están confirmadas por las oficinas del FMI en Washington.

Cifras van, cifras vienen

Para comprender qué base real tienen declaraciones tan diferentes sobre unas mismas cifras - como las que brindaron diferentes funcionarios después de la reunión de París - es necesario conocer que la ayuda externa se suele clasificar en ayuda "líquida" y ayuda "atada". La ayuda "atada" se refiere a los fondos que el país obtiene para ejecutar proyectos específicos y para invertir en importaciones. Una vez definido el monto global de la cooperación "atada" su monto exacto depende de la capacidad de ejecución del país (gobierno y ONGs). Ultimamente, y por fallas en la ejecución, Nicaragua ha desembolsado la mitad de lo que se le había otorgado inicialmente. El margen entre las dos cifras - concedido y ejecutado - es tal que esto permite cualquier información sobre cualquier cifra.

En cuanto a la ayuda "líquida", que el Presidente del Banco Central declaró que sería de 298 millones de dólares para 1994 - mientras que la cifra que se maneja con los organismos internacionales es de 218 millones -, una posible fuente de confusión proviene del hecho de que una ayuda puede ser a la vez "líquida" y "atada" como, por ejemplo, los recientes préstamos del BCIE para la caficultura y la ganadería: se desembolsan en efectivo pero vienen atados a un uso determinado. El concepto de ayuda en divisas "líquidas" corresponde más exactamente a las que son de libre disponibilidad, aquellas con las que cuenta el Banco Central para cerrar sus brechas de caja.

En cuanto a la condonación del 70% de la deuda con Alemania, se trata del paso que se necesitaba para concluir el ciclo de negociaciones comenzado con el Club de París en diciembre/91. Pese a que es un éxito importante, no debería frenar la decisión del gobierno de buscar una solución más radical y global al problema de la deuda externa. No hay que descartar que este éxito y otros acontecimientos favorables al gobierno en su actual camino post-ESAF le lleven a la percepción de que su frágil escenario no lo es tanto, que aumenta su fortaleza y que gana apoyo. Lo más grave sería que esta ilusión le haga descartar cualquier perspectiva de un cambio que incluya a los estratos populares en su estrategia económica.

Si realmente el gobierno consiguió en París una ayuda suplementaria y las cifras manejadas no fueron sólo propaganda, se reforzaría este peligro. Hasta el momento, el gobierno ha mostrado una gran capacidad para absorber el opio de la ayuda externa sin que esto provoque los necesarios cambios que hagan al país menos dependiente del apoyo internacional. El mayor peligro sería que la autocomplacencia del gobierno contribuya a frenar el interés por emprender una estrategia más ambiciosa de renegociación de la deuda.

Por otro lado, los Ministerios de Agricultura y de Economía están actualmente abocados a la tarea de elaborar una propuesta de plan quinquenal. Es necesario insistir una vez más en la necesidad de que este plan se enmarque en una redefinición realista de las perspectivas externas. Porque si el país sigue encorsetado en los acuerdos del ESAF, se llegará rápidamente a la conclusión de que el plan no es viable por los recortados recursos externos y por los compromisos de pago de la deuda, lo que llevaría a las autoridades económicas a descartarlo. Es necesario insistir también en que un plan realista y eficaz sólo puede conseguirse con la participación de los sectores sociales mayoritarios del país, que son los verdaderos actores del desarrollo. Sin esa participación, cualquier plan no será más que un ejercicio tecnocrático.

Grandes retos del momento

En los próximos meses la agenda nacional está llena de peligros, aunque también trae algunas esperanzas. Entre ellas, la primera y mayor es la posibilidad de estimular, en torno al problema de la deuda externa, una movilización nacional que unifique a la sociedad civil en general, a la empresa privada y al gobierno. La Asamblea Nacional puede jugar un papel fundamental en este sentido, no sólo para promover el consenso nacional sino para apoyar la estrategia renegociadora con los parlamentos de las naciones del Club de París.

A la Asamblea, a los diputados, les toca abrir esta arriesgada caja de Pandora, que puede contener una trascendental solución para el país. Sólo en 1994, tienen dos citas trascendentales, que son ocasiones que no deben perder: con los organismos multilaterales en Madrid y con el Club de París.

Ojalá sean oportunidades para que Nicaragua se muestre ante la comunidad internacional como una nación decidida a olvidar sus heridas y dispuesta a emprender un esfuerzo de reactivación productiva desde el campo, dispuesta a utilizar mejor sus grandes potenciales, con respeto a los equilibrios ecológicos y con énfasis en la reconstrucción de su infraestructura y el aumento de los niveles de atención en salud y educación. Como una nación lúcida que ha entendido que actuando así está poniendo por fin los cimientos para su desarrollo futuro.

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