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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 149 | Junio 1994
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Nicaragua

Una nueva utopía sandinista

La fuerza política del sandinismo está hoy ante una disyuntiva. ¿Con quién se casará el FSLN? Por un lado, lo enamora la moderna burguesía neoliberal. Por otro, la requieren los sujetos económicos nacidos con la revolución.

Orlando Núñez

En 1990, la revolución sandinista, desgastada por sus contradicciones internas y por la guerra contrarrevolucionaria y apenas sostenida por los sobresfuerzos de quienes la apoyaban internamente y por los subsidios económicos de la Unión Soviética, aceptó por segunda vez el desafío de las urnas y sufrió un serio revés.

El Protocolo de Transición -que salvó aquella inesperada coyuntura- respetó espacios al sandinismo y permitió al nuevo gobierno poner en marcha su antipopular plan económico. Después de la derrota electoral del FSLN, Nicaragua vive bajo una ofensiva liberal arropada en las banderas de la democracia representativa y del libre mercado, mientras el sandinismo disputa la hegemonía política en la sociedad civil, levantando las banderas de la democracia participativa y de la democratización de la economía.

Simultáneamente a todo esto, ocurría el colapso del socialismo y el modelo revolucionario conocido arriaba sus banderas: la lucha armada como método para tomar el poder y la administración del mercado y de la lucha de clases desde el poder del Estado. Huérfana ideológicamente y perdido el gobierno, la revolución sandinista inició desde 1990 la búsqueda de una nueva identidad y de una nueva estrategia para sobrevivir en las nuevas realidades de Nicaragua y del mundo.

Con la revolución nació una nueva clase política

El FSLN nació como una agrupación pequeña, clandestina y guerrillera. Durante diez años se entrenó como capa gubernamental y paradójicamente, no reveló sus posibilidades de convertirse definitivamente en una clase política hasta después de haber perdido el gobierno en 1990.

El Protocolo de Transición, el armisticio político-militar que puso fin a la guerra, se logró con un balance positivo para el FSLN, sobre todo si lo comparamos con lo ocurrido a otros movimientos revolucionarios. En 1990, el FSLN tenía un expediente democrático sin precedentes (entrega del gobierno por la vía electoral), unas fuerzas armadas sin vocación represiva ni golpista, un espacio parlamentario significativo (40% de los diputados, amplios recursos económicos y variados medios de comunicación en manos del partido, miles de cuadros profesionales ubicados en todos los espacios de la política, la cultura, el arte y la economía, un tendido organizativo territorial muy consciente y muy articulado y sobre todo, una inmensa cantera de cuadros y dirigentes políticos presentes en todos los sectores sociales (de mujeres y de jóvenes, universidades, Iglesias, centros escolares y de investigación, gremios, sindicatos), con capacidad de reproducirse y de sostenerse económicamente de forma permanente. El FSLN mantuvo recursos y posibilidades para ser gobierno y para ser oposición, ha gestado una nueva clase política.

Capitalismo: sistema articulado

Una agrupación de izquierda puede aspirar a convertirse en clase política y aceptar el reto de disputar la hegemonía a un proyecto burgués, neoliberal y de derecha, siempre y cuando cuente con dos elementos sustanciales:

- Un discurso que convoque a las mayorías políticas alrededor de una estrategia económica.

- Un sujeto económico productor que, trabajando para sí mismo, trabaje también en la construcción de una estrategia alternativa.

Ambos elementos son complementarios.

Todo sistema social requiere de un sujeto económico que articule los engranajes de la economía y de la cultura. No podríamos imaginarnos el régimen colonial sin los encomenderos, ni la oligarquía feudal sin los grandes señores de vidas y haciendas, ni el capitalismo sin la clase burguesa, ni el imperialismo sin los managers transnacionales.

Hasta ahora, sólo el capitalismo ha podido encontrar, a través de la burguesía, una clase que, controlando directamente los recursos económicos, desprende de su seno la expresión política que conduce el proyecto, pudiendo delegar así los asuntos de Estado a una burocracia que regula la relación entre el capital y el trabajo de acuerdo a las relaciones capitalistas de producción.

Trabajando por sus propios intereses, acumulando en su propio beneficio, todos los empresarios burgueses trabajan por el capitalismo, consolidan el sistema capitalista. Y aunque cada día del mundo quiebran empresas que son propiedad de empresarios burgueses, el capitalismo no quiebra. Desaparecen empresas, pero el sistema permanece. El capitalismo es un sistema sólido y totalmente articulado: con su clase política y con sus sujetos económicos, con instituciones, leyes, valores y símbolos.

Socialismo estatista y distributivo

En el caso del socialismo, mucho se ha discutido en torno a la pregunta de cuál es el sujeto económico con quien la clase política socialista articula sus intereses. A partir de la revolución soviética, el socialismo pretendió constituir a la clase obrera o al proletariado como su sujeto económico. Pero la realidad mostraba que la mayoría de la sociedad estaba compuesta por una pluralidad de sectores populares que demandaban compartir con los obreros los excedentes de la economía. La estrategia socialista se vio así forzada a combinar la acumulación y el consumo, y a compartir los recursos entre los intereses estratégicos de los trabajadores y las necesidades inmediatas de toda la población.

Todas las revoluciones socialistas han transitado por un proyecto en el que el pueblo, todo el pueblo, se convertía en el pretendido nuevo sujeto económico, pero implícitamente se le trataba únicamente como sujeto de consumo. El resultado fue un modelo populista y distributivo con muy poca capacidad para competir con el modelo capitalista, un modelo donde la participación de los trabajadores fue inferior a la de los burócratas del Estado. Quienes decidían, gestionaban y orientaban el rumbo de la producción eran los funcionarios. Los obreros seguían siendo asalariados del capital de Estado y, junto a la población en su conjunto, no tuvieron otro estímulo que el consumo creciente que prometía el discurso revolucionario. Por no tener sujeto económico, las revoluciones fueron distributivas y no productivas.

El socialismo no ha tenido nunca un sujeto económico que, trabajando para sí mismo, trabajara para el sistema. Nunca ha tenido personas que beneficiándose ellas, fortalecieran el socialismo. Esto ha hecho que las contradicciones entre los intereses generales del proyecto y los intereses particulares de cada sector terminaran chocando irremediablemente.

El discurso revolucionario que tiene por sujeto político y social a los pobres, oprimidos y explotados de la tierra sirve como bandera contestataria para tomar el poder político, pero se agota ahí. No llena los requerimientos de un proyecto económico que sea alternativo. No crea un sujeto económico verdadero: los pobres, oprimidos y explotados aspiran a dejar de serlo, no sólo recibiendo beneficios sino tomando el relevo para organizar la producción y la gestión de la economía.

Un proyecto de distribución justa de las riquezas es un proyecto de justicia social, pero no crea un sistema alternativo al capitalismo.

Hay que decir, además, que la propiedad no ha sido nunca reivindicada por la izquierda. Ser propietario era sinónimo de no ser revolucionario. Se partía de que la propiedad, las empresas y el capital sólo podían ser expresiones del capitalismo.

En diferentes experiencias de orientación socialista, los obreros y los asalariados urbanos y rurales tuvieron la oportunidad de subordinar al campesinado a sus intereses, e intentaron construir un modelo de acumulación, en unos casos depredando los recursos naturales y en otros provocando una guerra urbano-campesina que contribuyó a erosionar el modelo. La experiencia de los soviets no progresó y los esfuerzos colectivistas en la Unión Soviética y los autogestionarios en Yugoslavia se vieron obstaculizados por contradicciones étnico-nacionales que no les permitieron demostrar si era posible transitar hacia mayores estadios de acumulación, ensayando fórmulas sostenidas.

En otras experiencias socialistas, la conducción política ha optado por flexibilizar el modelo estatista de acumulación, ensayando fórmulas de privatización y economía mixta, en donde el Estado se reserva el control de los medios estratégicos, una parte de los medios de producción se entrega a inversionistas privados y otra parte significativa del control de los medios de producción se entrega a la autogestión obrera y campesina. Este es hoy el caso de China y de Cuba.

¿Con quién se casará el sandinismo?

El sandinismo es una fuerza política que cuenta con una clase política y con una organización partidaria. Esto lo reconocen todos sus adversarios y detractores. La fuerza política del sandinismo se encuentra hoy ante una disyuntiva. Tiene ante sí dos posibilidades en cuanto a matrimoniarse con una u otra clase económica para viabilizarse como fuerza social permanente. Por un lado, enamora al sandinismo la moderna burguesía neoliberal. Por otro lado, lo requieren los sujetos económicos emergentes, los que nacieron con la revolución, los sectores reformados de la economía.

Si el partido y el sandinismo optan por representar los intereses de la burguesía neoliberal, se acaba esta historia y todo vuelve a ser como antes. Por el contrario, si la opción es articularse a los nuevos sectores emergentes de la economía, estaríamos ante un interesante giro de la revolución y en camino de continuar por otros medios la construcción de un modelo alternativo al capitalismo.

En 1979, ¿qué era hacer la revolución? Era tomar el poder por la lucha armada, era confiscar a los ricos para distribuirlo a los pobres y era, después de esto, organizar la producción y seguir distribuyendo equitativamente, desde un Estado que se creía duraría para siempre. Esta agenda no existe y probablemente no existirá así nunca más. Entonces, ¿cuál es hoy la agenda para hacer la revolución?

Hasta ahora, las posibilidades de que el FSLN opte por ser el partido del neoliberalismo no parecen haber ido más allá de las alianzas políticas hechas en estos años con el gobierno en un afán conjunto de neutralizar la ofensiva oligárquica de la derecha más contrarrevolucionaria. Existen grandes posibilidades de que la clase política sandinista se decida por articularse con el sector reformado de la economía, independientemente de que a nivel personal muchos cuadros sandinistas son hoy dueños de medios de producción y llevan una vida empresarial.

Un nuevo sujeto económico

En Nicaragua, el sector reformado lo forman en primer lugar, el campesinado beneficiado por la reforma agraria sandinista y las cooperativas surgidas de la revolución. Después, los nuevos propietarios nacidos de la privatización colectiva y masiva hecha durante el gobierno neoliberal a favor de los campesinos de la Resistencia, de los desmovilizados de las fuerzas armadas sandinistas y de los trabajadores rurales y urbanos. Todos han conformado multitud de cooperativas y empresas asociativas y autogestionarias.

Cuantitativamente, se trata de un sector importantísimo. Junto al campesinado con más alto potencial económico, el sector reformado es dueño de 4 de los 8 millones de manzanas en finca del país. Son más de 150 mil familias campesinas, más de 2 mil empresas cooperativas y asociativas, más de 50 mil trabajadores agropecuarios e industriales que, en total, controlan más de la mitad del área agropecuaria productiva: granos básicos, café, ganado de carne y leche, banano, tabaco, ajonjolí, soya, sorgo, hortalizas, azúcar, miel, pesca y variados procesamientos agroindustriales.

Este sector se encuentra organizado en agrupaciones económicas y políticas, en federaciones, asociaciones de productores, sindicatos, gremios, sociedades anónimas laborales y sociedades cooperativas que existen en prácticamente todos los municipios y departamentos del país y que tienen a la cabeza a cuadros profesionales y políticos fogueados en la guerra militar y en la administración estatal de la economía.

Dos peligros asedian al sector reformado de la economía: no tienen legalizadas sus propiedades y les resulta un difícil desafío la sobrevivencia productiva en la actual crisis económica que afecta a todo el país.

La lucha por la propiedad se ha convertido en la columna vertebral de la transformación histórica de Nicaragua. Y aún no existe definición. Los antiguos dueños presionan al gobierno para que les regresen las propiedades que les confiscó la revolución sandinista. Y los nuevos sujetos económicos surgidos de las reformas a la propiedad luchan por legitimar definitivamente sus conquistas y por legalizar en los papeles sus tierras y sus empresas. Llevamos cerca de cinco años en esta disyuntiva trascendental y la situación no parece avanzar.

Otros muchos problemas se viven en este sector emergente de la economía, nacidos de una forma de organización muy nueva: el papel del sindicato, la apropiación en la práctica de la propiedad y de su gestión por los trabajadores, administradores que arrastran los estilos verticales del funcionario estatal, la falta de un proyecto ideológico claro que acompañe la nueva experiencia, etc. etc. etc. Pero mayor que la cantidad y calidad de los problemas es el potencial político y económico de estos nuevos agentes. El sector reformado de la economía, unido a los pequeños productores urbanos y rurales y a tantos medianos finqueros, es cuantitativa y cualitativamente superior a la clase burguesa, capaz de competir con ella y de ganar en esa competencia.

Empiezan a ser rentables y eficientes

En estos años, los nuevos sectores reformados han avanzado en su organización y consolidación como sujeto y como fuerza económica en el seno de la sociedad civil. Las asociaciones de productores individuales han conseguido créditos externos, han diversificado su producción y comienzan ya a exportar productos orgánicos. Las cooperativas agropecuarias se han fusionado y han formado cooperativas de segundo grado - hay ya cerca de 100 Uniones de Cooperativas Agropecuarias, UCAS - y comienzan a tener un comportamiento empresarial. Las empresas de los trabajadores se han organizado en gremios que agrupan ya a unos 20 mil obreros-socios. Han surgido en estos años centenares de empresas asociativas ligadas a los municipios y a las regiones autónomas, muchas de ellas formadas por grupos de retirados de las fuerzas armadas.

Toda esta organización empresarial de nuevo cuño está siendo apoyada por nuevos agentes económicos, ONGs nacionales e internacionales que han ocupado el vacío dejado por la desatención y el desinterés que ante toda esta realidad muestra el Estado neoliberal. Una prueba estadística es la atención crediticia de nuevas instituciones a estos nuevos productores: mientras el banco nacional financia sólo a 12 mil pequeños productores, los nuevos entes financian a más de 40 mil.

Los nuevos sujetos económicos están mostrando sus primeras potencialidades: producción orgánica de café, de oleaginosas y leguminosas, incursión en la producción y exportación de productos no tradicionales: camarón, tempate, artesanía, madera, miel, frutas secas. Quizás la principal novedad de estas nuevas formas de propiedad es que demuestran que los pequeños productores pueden acceder a una economía de escala a través de la asociatividad territorial. En otras palabras, que pueden integrarse en el mercado nacional a partir de asociaciones territoriales que alcanzan la integración vertical de sus economías a través de la integración horizontal.

Ya hemos visto a grupos de 200 pequeños productores de frijol negro salir adelante o a una UCA compuesta por 10 cooperativas productoras de café exportar al exterior o a 300 trabajadores de una empresa autogestionaria convertidos en eficientes y rentables productores de ajonjolí orgánico o a 5 pequeños grupos de desmovilizados de las fuerzas armadas producir competitivamente maní.

Todos ellos, asociados horizontalmente, territorialmente, pudieron acceder a créditos y a operaciones de acopio, comercialización interna y exportación mayores a los que correspondían a su capacidad individual. Existe un sinnúmero de ejemplos de asociatividad entre empresas de los trabajadores, entre cooperativas o entre asociaciones de pequeños productores individuales, todos participando en sociedades que integran a decenas de agrupaciones económicas reformadas, y que con operaciones crecientemente voluminosas pasan a tener una escala nacional, tanto en el comercio como en la industria. Se trata de un proyecto que tiene mucho futuro y que abre una esperanza, pero que necesita de mucho apoyo y que demanda una fe, una clase política que confíe en él, que apueste por él.

Congreso del FSLN: novedades

Las reformas que se proponían al programa y estatutos del FSLN en el congreso sandinista estuvieron signadas por el objetivo de recuperar el gobierno en 1996. Unos insistían en una renovación basada fundamentalmente en la construcción de un discurso amplio y atractivo para la mayoría de la población, lo más diferente posible al discurso revolucionario de años pasados. Otros insistían en buscar una renovación que, adaptándose a las nuevas circunstancias, hiciera posible continuar la revolución. Los primeros fueron tildados de liberales, los segundos, de ortodoxos.

Sin que las diferencias se hayan disipado completamente, las precisiones hechas al programa y a los estatutos del FSLN reflejan una síntesis que deja muchas puertas abiertas. Por primera vez en la historia, una fuerza revolucionaria se mantiene con tanta presencia como fuerza opositora y legítima. Por primera vez un partido de izquierda puede trabajar por un proyecto alternativo sin recurrir como método de lucha a la rebelión armada para alcanzar el poder. Por primera vez la lucha cotidiana por la democratización no pasará única y estrictamente por una contienda electoral cada equis años.

El FSLN tiene ante sí la lucha por la democratización económica, con una primera tarea: la institucionalización de las reformas surgidas con la revolución, fundamentalmente la legalización de la propiedad en manos de nuevos dueños. Está consciente el FSLN de que si no se preservan estas reformas, la democracia representativa no tendrá ningún sentido. Consciente de que si el sandinismo pierde los espacios políticos alcanzados hasta ahora, la democracia representativa no será diferente de lo que fue durante el somocismo. Consciente de que si no construimos el poder local y sectorial, garantizando la participación de todas las instancias gremiales y sindicales en la gestión de las políticas económicas y culturales, la democracia representativa seguirá siendo una democracia para los grandes sectores del capital.

Acerca de la propiedad, la tesis del Congreso fue: respeto a la propiedad privada, defensa de la pequeña propiedad y fomento de la propiedad asociativa. Las tesis más discutidas y defendidas durante las sesiones del Congreso fueron las Tesis sobre el Campo, donde se establece la prioridad que dará el FSLN a los sectores reformados de la economía, especialmente al campesinado, a las cooperativas y a las empresas de los trabajadores.

En cuanto a la distribución del poder partidario, los nuevos estatutos expresan una de las consignas enarboladas desde hace tiempo: todo el poder a los territorios, todo el poder a los sectores. Y efectivamente, en la Asamblea Sandinista las cuotas territoriales serán el 55% y el resto serán cuadros nacionales. En todos los cargos de dirección, las cuotas para las mujeres quedaron fijadas en un 30% y las cuotas para los jóvenes en el 10%. En cuanto a los métodos de lucha, el Congreso decidió que se combinaran las luchas parlamentarias con las movilizaciones populares en defensa de las conquistas de la revolución, lo que implica reforzar la defensa de la propiedad reformada y apoyar las formas populares y asociativas de la organización productiva.

Construir la alternativa

Los nuevos sujetos económicos pueden ser el núcleo alrededor del cual se organice y construya un poder alternativo. Asociaciones de Pequeños Productores, Uniones de Cooperativas, Federaciones Empresariales de los Trabajadores, Gremios y Sindicatos, Organismos y Movimientos Sociales que luchan por la defensa de los intereses específicos de cada sector (mujeres, jóvenes, profesionales, movimientos ambientalistas, religiosos, culturales, víctimas de guerra, desmovilizados de las fuerzas armadas y de la Resistencia). Y los partidos políticos afines.

La organización alrededor de las actividades productivas se está convirtiendo en la más estratégica de las tareas políticas, sociales e ideológicas. Cada vez son más las expresiones y muestras significativas en este terreno, sobre todo en el sector agropecuario:

- El Programa de Campesino a Campesino que se impulsa desde la UNAG,

- El Proyecto Finquero y los Bancos Locales apoyados por NITLAPAN,

-Las Redes de Experimentadores Campesinos impulsadas por el CIPRES,

- El Proyecto de Ahorro y Crédito implementado por ECODEPA, - la Asociatividad Gremial del Area Propiedad de los Trabajadores (APT) organizada por UNAPA,

-Los Programas Inversionistas y de Comercialización de las cooperativas agropecuarias y agroindustriales sostenidas por FENACOOP y CONAPI,

- Los Programas Productivos creados entre los grupos departamentales de militares retirados e impulsados por organismos gubernamentales (MAS) y organismos no gubernamentales (FACS),

- Los Programas Agroecológicos de Producción Orgánica que involucran a múltiples asociaciones de productores pequeños y medianos apoyados por los Movimientos Ambientalistas,

- El Programa de Sociedades Laborales Integradas, impulsado por el FNT y otras federaciones sindicales,

- El Programa de Comercio Alternativo promocionado por las Redes de Solidaridad en coordinación con diferentes organizaciones sociales,

- El Programa de Crédito no Convencional que involucra a diversos organismos nacionales y multilaterales.

Está naciendo en Nicaragua un nuevo y masivo liderazago económico, en el que convergen innovaciones tecnológicas y agroecológicas, diversificación productiva y organizacional, desarrollo económico y movilidad social, productividad y solidaridad, asociatividad y organización territorial, producción primaria, agroindustrial y comercialización, búsqueda del alimento, el empleo y la rentabilidad, incorporación de la mujer y de los niños y de otros grupos marginados al mundo de la economía, del poder local y del bienestar social.

La diferencia con el modelo tradicional es que en el liberalismo todos aspiran a ser burgueses, mientras que en una sociedad con orientación asociativa todos aspiran a organizarse alrededor de formas asociativas de producción, consumo y otras actividades. Con el modelo estatista de los 80, la diferencia es que la revolución se emprende a partir de la consolidación de las reformas y desde el seno de la sociedad civil.

Ganar elecciones y consolidar reformas

El programa del FSLN para la nueva contienda electoral tendrá como bandera y como objetivo estratégico principal consolidar los espacios políticos usufructuados y ganados por el sandinismo, tanto en el seno de la sociedad civil como en las instancias de la sociedad política institucional. Y simultáneamente, llevará como bandera la consolidación de las nuevas formas de propiedad, apuntando y aspirando a un espacio compartido en el nuevo proyecto económico nacional: crédito y financiamiento para el campesinado, las cooperativas y las empresas asociativas y participación para estos nuevos sujetos en la gestión de las políticas económicas.

Si el FSLN gana las elecciones, se institucionalizarían estas reformas. Si las pierde, seguiríamos trabajando cotidianamente, con paciencia y tesón, para consolidar desde abajo estas nuevas reformas de la propiedad, tal como lo hizo la burguesía europea naciente entre el siglo XVI y la revolución francesa del siglo XVIII.

El trabajo será inmenso y será revolucionario, transformador. Alrededor de la sociedad popular y de estas nuevas formas de propiedad y producción tendremos que construir una nueva cultura, alternativa a la que se basa en la explotación individual y en el consumismo enajenante. En esta perspectiva, ya no será el pueblo en general el sujeto económico del FSLN. Lo serán estos nuevos agentes económicos.

Otras tareas ligadas al proyecto nacional - la autosuficiencia alimentaria, la generación de empleo y el ahorro/producción de divisas - tendremos que emprenderlas irremediablemente en convivencia con el resto de los sectores económicos existentes en la sociedad nicaragüense. Mientras fortalece el proyecto alternativo, el FSLN trabajará al mismo tiempo y con todos por el establecimiento y fortalecimiento de un estado de derecho para todos los ciudadanos sin excepción y por el escalamiento progresivo de un mínimo estado de justicia social, que abarque a todos sin excepción.

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