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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 146 | Marzo 1994
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El Salvador

Rubén Zamora: Corremos hacia cuatro metas

Rubén Zamora Habló para Envío en vísperas de las elecciones en El Salvador. Y analizó grandes rasgos el proyecto, el sueño de la izquierda salvadoreña.

Rubén Zamora

A mi juicio, dos son los retos que enfrenta El Salvador en estas elecciones. Retos tan enormes que ocuparan nuestra CREATIVIDAD Y nuestros esfuerzos mucho más allá de estos comicios y durante las próximas décadas. En resolver estos retos está en juego la posibilidad de que realmente ingresemos como nación al ya cercano Siglo XXI.

Dos inmensos desafíos nos aguardan

A raíz del prolongado proceso de guerra y de su culminación en las negociaciones de paz, la sociedad salvadoreña ha entrado en un difícil proceso de transición en el que enfrenta dos retos fundamentales. Retos que son históricos.

El primer reto que nos desafía es de carácter político. Lo formulo con una pregunta: ¿cómo será concebido y practicado el poder de ahora en adelante? Durante siglos, siempre, desde que los españoles llegaron a nuestro país, el poder político ha sido aquí un instrumento de exclusión.
Y a los excluidos, los dueños del poder les han presentado una alternativa simple y simplista: obediencia o represión. Otros mecanismos de relación entre gobernantes y gobernados fueron casi totalmente - o en muy alto grado -rechazados por el poder, estuvieron ausentes de la cultura política y más aún, no existieron en la práctica del poder político.

La guerra demostró que esta forma de ejercer el poder excluyente era ineficiente en la medida en que a lo largo de 13 años, la guerra creó, institucionalizó y legitimó relativamente una tercera alternativa: la de los que rehusaban ser sumisos y se declaraban en rebeldía, la de los que no aceptaban ni obedecer ni ser reprimidos. Y no sólo eso, sino que "reprimían" al otro bando con las armas en la mano. La guerra demostró que la tradicional concepción y ejercicio de un poder excluyente ya no son viables en nuestro país. La negociación planteó un cambio y abrió un período de transición: del poder excluyente hacia el poder integrante. Del gobierno como un instrumento de concentración de poder a concebir y practicar el gobierno como un instrumento de distribución del poder.

El segundo reto histórico que enfrenta El Salvador es de carácter económico-social. Todos reconocemos ya que la injusticia social, el abismo entre ricos y pobres, estuvo en la base de la guerra, que fue una de sus causas fundamentales. Sin embargo, los acuerdos de paz se refirieron muy poco a esta raíz del conflicto y apenas dibujaron soluciones.

Pero la raíz está tan presente como siempre, es profunda y hay que irla extirpando. El reto que se plantea es hacer la transición de una economía y una sociedad que es capaz de producir, pero produce para la concentración de riquezas, a una economía y una sociedad que desarrollando su ya existente capacidad de producir cree los mecanismos para una justa distribución de la riqueza. Hemos de pasar de una economía excluyente y concentradora a una economía de participación y de distribución.

Cuatro metas fundamentales en el corto plazo

En el corto plazo, el reto político se va a concretar en cuatro metas fundamentales. Transitar de un poder excluyente a un poder integrador supone para nosotros:

* Cumplir totalmente los acuerdos de paz. Los acuerdos de paz nos dan el mapa de ruta de la transición y por eso, no pueden olvidarse ni tampoco ser cumplidos en lo mínimo o a medias, como lo ha hecho y pretende seguirlo haciendo el gobierno de ARENA. Una vez logrado uno de los objetivos centrales de la negociación - el cese de la lucha armada y el cierre de toda posibilidad de reproducción del conflicto armado -, el gobierno de ARENA perdió todo interés en el cumplimiento del resto de los acuerdos, que son los que harán posible esta transición.

* Enfrentar la reforma del Estado. Desde el punto de vista político, esto significa quebrar el marcado centralismo del Estado salvadoreño. Nosotros planteamos una descentralización a fondo del Estado, que es una de las tareas pospuestas históricamente y que debemos llevar a cabo decididamente en los próximos años. Reformar el Estado supone una reforma constitucional y un proceso de educación del pueblo y de la burocracia estatal, para que puedan asumir y ejecutar los cambios. Obviamente, esta reforma no puede emprenderse ni de manera brusca ni haciéndolo todo a la vez. Hay que partir de experiencias piloto que se vayan desarrollando paulatinamente, pero imprimiéndoles un ritmo constante de desarrollo. El Estado salvadoreño debe estructurarse de tal forma que una buena cantidad de sus responsabilidades y de sus recursos sean transferidos a otras unidades político-sociales más cercanas a la base social, a la comunidad: el municipio, el departamento y la región.

* Desarrollar una política de absoluto respeto a los derechos humanos. La premisa básica del poder excluyente que ha existido en nuestra patria es que los derechos humanos no se respetan y que esto se puede hacer en un clima de gran impunidad. La consecuencia ha sido una represión ejercida de forma creciente y en dosis que van más allá de cualquier norma jurídica. Esta ha sido nuestra tradición histórica, pero así no puede ser, esto hay que cambiarlo. Una política que garantice un total respeto a los derechos humanos es pieza fundamental para que la transición política llegue a buen término.

* Impulsar la redefinición de las relaciones entre la sociedad civil y el Estado. Una característica del poder excluyente es que el Estado absorbe y ocupa espacios de la sociedad civil, subordinando la sociedad civil a la sociedad política. En El Salvador esto se puede apreciar en los extremos grados de politización que tienen aquí actividades típicamente civiles. Se aprecia también en la tendencia a la super-politización que hay en las organizaciones populares. Creemos que a partir de ahora debe haber un balance y el énfasis debe ponerse no ya en la sociedad política sino en la sociedad civil.

La base la tenemos: nuestro pueblo ha desarrollado una enorme capacidad de organización. Es característica de los salvadoreños el organizarnos. Y no estoy pensando únicamente en las más conocidas o amplias organizaciones populares, que han jugado un papel esencial en el esfuerzo organizativo del país, pero que no representan ni el 10% de todo lo mucho que hay de organización en El Salvador. Me refiero a esa inmensa variedad de organizaciones casi espontáneas que en torno a necesidades concretas van surgiendo como hongos en todas las comunidades y que demuestran la enorme capacidad de la sociedad civil salvadoreña, reprimida durante tanto tiempo. Es el momento de potenciar todo este caudal de organización, de renunciar a dirigirlo paternalistamente desde el Estado. El Estado y el gobierno deben ser sus facilitadores y entender que su papel es dejarse carcomer por la sociedad civil.

El peso del tecomate, ese calabazo de dos bolas

El reto de la transición económica es también inmenso. La estructura económica de nuestra sociedad se parece a un tecomate, ese recipiente que los campesinos utilizan para guardar el agua que beben. El tecomate es un calabazo con dos bolas: una pequeña arriba y una abajo mucho mayor. Aunque el tecomate caiga, siempre queda con la cabeza pequeña arriba. Es una imagen de la sociedad salvadoreña. Una cuarta parte de la población está arriba y las tres cuartas partes están abajo.

Durante muchísimos años, siempre, concebimos que el motor del desarrollo nacional estaba en la parte de arriba del tecomate. Históricamente, el gobierno ha estado conectado, enchufado, con los de arriba. En el pasado esta concepción tenía una lógica económica: el eje de acumulación estaba en el café y por tanto, los cafetaleros, los grandes propietarios de tierras dedicadas al café, los beneficiadores y exportadores de café, eran el motor que impulsaba la dinámica económica del país. De hecho, buena parte de nuestro desarrollo industrial en los años 50 y 60 se financió con la acumulación de las ganancias que reportaba el café.

Pero ahora la situación es totalmente diferente. La principal fuente de divisas de El Salvador ya no es el café ni ningún otro producto de exportación. Son los millones de dólares que en remesas mensuales envían desde Estados Unidos nuestros compatriotas a sus familias, calculadas en 718 millones en 1992, cuando representaron el 123% de las exportaciones del país.

El peso económico nacional ya no está en la bola de arriba del tecomate sino en la de abajo. Son los pobres de El Salvador los que manejan ahora directamente la principal fuente de divisas del país. Y el 60% de esas divisas las manejan más específicamente las mujeres pobres. Esta realidad ha cambiado nuestra sociedad.

Somos un país que perdió su eje de acumulación y aún no encuentra otro. Durante años creímos que la alternativa era "descabezar" el tecomate, eliminar la bola de arriba para confiscar esas riquezas y repartirlas y que así la estructura se transformara: de tecomate de dos bolas a simple calabaza con una sola bola. Pero esta alternativa se demostró imposible. Hoy significaría el retorno a la guerra. Y los salvadoreños ni quieren la guerra ni la van a tolerar. Tampoco nosotros la vamos a aceptar ni a propiciar.

Ahora, la tarea es desenchufar al gobierno de la chibola de arriba y conectarlo con la chibola de abajo del tecomate, donde están las tres cuartas partes de la población salvadoreña, los más pobres, pero los que manejan más divisas. Es una tarea histórica de la transición económica.

Qué economía queremos

Lograr la transición económica significa buscar un esquema de desarrollo en el que haya tres elementos fundamentales;
- Que sea equitativo y autosostenible.

- Que se empeñe en un combate estructural contra la pobreza.

- Que democratice la vida económica.

Para lograr estos tres objetivos, proponemos un diseño estratégico que puede sintetizarse en ocho puntos centrales

Economía de mercado con nuevos agentes económicos

1- Garantizar la existencia de una economía de mercado. En nuestro tiempo es ésa la forma que adopta la actividad económica en todo el mundo.

2- Impulsar a los nuevos agentes económicos. Es decir, integrar a la mayoría en la vida económica. Porque el combate contra la pobreza será exitoso sólo en la medida en que convirtamos a los pobres en agentes económicos, en la medida en que dinamicemos a los sectores de capital mediano y pequeño, a las microempresas y a las cooperativas. Estos sectores son siempre los que más empleo generan y en la medida en que vayan adquiriendo mayor importancia en la economía y sean más protagonistas, crearán más empleos y riquezas y le darán más dinámica a la chibola de abajo. Para lograr esto, la reforma del sistema de créditos se convierte en un paso absolutamente indispensable. Porque una de las vías para estrangular - o para haber estrangulado, como se ha hecho, incluso a nivel de su reproducción simple - a los sectores de la bola de abajo es precisamente ésa: cerrarles los canales de crédito.

Definir claramente el papel del Estado en la economía

3- Definir claramente el papel del Estado en la vida económica del país. Creemos que el Estado tiene y debe tener un papel. No basta el mercado. El mercado es muy útil para una distribución de los recursos en el corto plazo, pero es sumamente inútil en la asignación de los recursos en el largo plazo. El mercado ha mostrado ser también absolutamente sordo a las señales y a las demandas de carácter ecológico. Nosotros concebimos el Estado con un papel clave, complementario al del mercado.

El Estado debe participar en la vida económica y social para distribuir las riquezas, para establecer un marco regulador de la vida económica del país a través de las leyes, para promover a los nuevos actores económicos de forma activa y para corregir las distorsiones que el mercado va generando en la economía en su desarrollo normal. No creemos en un Estado-empresario, porque el Estado tiene otros muchos e importantes problemas que resolver y no debe meterse a crear y a manejar empresas. Pero sí creemos en la necesidad de un Estado fuerte, en el sentido de que tenga capacidad de actuar significativa y estratégicamente.

Ser competitivos y eficientes

4- Introducir en El Salvador el principio de la competitividad y la eficiencia. En nuestra economía, la tendencia generalizada ha sido siempre a la formación y predominio de monopolios y oligopolios. Lo escaso del mercado de consumidores, por la extrema pobreza, lleva a esta situación, a nuestro juicio negativa. Hay que incentivar la competitividad del mercado, generando nuevos actores y facilitándoles las oportunidades para que compitan. Al mismo tiempo, hay que aumentar la eficiencia.

Pero no podemos medirla únicamente en términos de la rentabilidad del capital - que efectivamente es uno de los criterios fundamentales para medir la eficiencia económica -, sino también en términos más globales: por las condiciones de estabilidad social que crea y por las condiciones de eficiencia ambiental que asegura. Sólo lo que conserva el medio ambiente y nuestro futuro habitat es realmente eficiente.

Una política social de desarrollo humano

5- Articular la política económica con una política social de desarrollo del capital humano. Es éste uno de los puntos centrales de nuestro diseño. Si la inversión social en el país se mantiene tan baja como actualmente, nunca lograremos desarrollarnos. Somos uno de los cuatro países del mundo que, en relación al PIB, gasta menos en educación y salud.

La salud y la educación tendrán en nuestro diseño una importancia fundamental, lo que implica dedicarles mayores recursos y realizar una reforma interna de estos dos servicios. Porque tal como son y funcionan ahora, por más dinero que se les inyecte no lograrán resolver ni mínimamente nuestros retos sociales. Esto va a implicar también la descentralización - con participación de la sociedad civil - de la gestión de estos dos servicios y en general, de los mecanismos que desarrollarán nuestro capital humano.

Restaurar el medio ambiente y concertar

6- Realizar una política económica basada en la concertación. La concertación será instrumento fundamental para el desarrollo de nuestro proyecto económico. La historia del país, y especialmente la gran lección que la guerra nos deja, es que tratando de excluir a los otros arruinamos cualquier posibilidad de desarrollarnos todos. Llegados a este punto de nuestra historia, es absolutamente necesario que el Estado se convierta en un Estado concertador. Que no sea como ahora, cuando el gobierno de ARENA "permite" la existencia de un Foro de Concertación Económico-Social - fruto de los acuerdos de paz -, pero no lo tiene en cuenta más que como un apéndice del conjunto de sus políticas económicas.

Tenemos que colocar la concertación en el centro de las políticas del gobierno. Y más: tenemos que incorporarla a la elaboración de la política gubernamental. Sólo concertando con los empresarios, con los trabajadores, con los consumidores, con todos, podremos lograr soluciones que le den al país la estabilidad que necesita para crecer.

7- Restaurar el medio ambiente. El Salvador tiene en la crisis ecológica uno de sus problemas fundamentales. En América Latina, sólo Haití está peor que nosotros en términos de desertificación y deterioro de los suelos. Nuestros ríos están muriendo, nuestros lagos están contaminados, estamos comprometiendo el futuro de todo el país.

La política ecológica, la organización de una legislación sobre estos temas - que incluya la creación del delito contra el medio ambiente -, el desarrollo de programas para la recuperación del medio ambiente en todo el país - especialmente, en la cuenca del río Lempa, que garantice el futuro del agua que bebemos y de la energía que consumimos, programa que planteamos como un reto a la juventud salvadoreña - absorberá muchos de nuestros esfuerzos.

Solos somos pequeños: luchar por la integración centroamericana

8- Luchar por la integración centroamericana y por la concertación con el resto de América Latina en temas económicos. El reto de la actual globabilización de la economía no es tan simple como decir: o nos globalizamos o no lo hacemos. Esa opción no existe. La única opción es: o nos globalizamos o nos globalizan. Es preferible ir nosotros hacia la globalización y asumirla consciente y creativamente, que ser pasivos y terminar globalizándonos en los peores términos para nuestros países y nuestros pueblos.

Para enfrentar positivamente este reto de nuestro tiempo es indispensable ser más grandes. Y la única forma es integrarnos con Centroamérica. El Salvador aisladamente no tiene ninguna posibilidad de discutir nada con nadie ni de alcanzar ningún crecimiento a mediano o a largo plazo. La integración centroamericana no es ya solamente una necesidad histórica, es una urgencia económica y social frente a los retos mundiales. Y desde una Centroamérica unida, más capaz de negociar, decidir y elegir según sus intereses, abrirnos a ese terreno más vasto de integración que es toda América Latina, a la que tantos dolores y esperanzas nos unen.

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