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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 145 | Enero 1994
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Nicaragua

Nuevo escenario político (¿... y el económico?)

El fin de la polarización política no trae mecánicamente la salida a la paralización económica. Que el respiro político traiga alivios económicos a las mayorías es un desafío que sigue pendiente.

Equipo Envío

Con un calculado juego de billar político terminó en diciembre la crisis que había mantenido prácticamente infuncional al Poder Legislativo desde septiembre de 1992. En esta parálisis institucional se expresaba a diario y simbólicamente la polarización política del país. Como resultado de las nuevas alianzas, la UNO se dividió (¿ desapareció como coalición política?), se creció en la Asamblea Nacional una "nueva mayoría" en la que el FSLN tiene mayoría (¿cogobernante u opositora al gobierno?). Y a la Constitución de 1987 se le harán reformas estratégicas.

Los reacomodos políticos - que ponen punto final al fracasado Diálogo Nacional convocado por el gobierno - no se agotan en el nuevo perfil de la Asamblea. Dividieron a la ultraderecha, al sandinismo y al gobierno. Y aún no son estables ni han concluido. Suponen una importante distensión en la extrema polarización política que ha desgastado a Nicaragua desde hace un año. Y por esto, abren espacio para que quienes deben decidir sobre la economía del país puedan pensarla y logren enrumbarla.

El fin o el atenuamiento de la polarización política no traerá mecánicamente la salida a la paralización económica que padece Nicaragua. Que el respiro político traiga alivios económicos a la mayoría de los nicaragüenses es un desafío que sigue pendiente.

Drásticos reacomodos en la Asamblea Nacional

El 9 de diciembre, dos días después de una gritería a la Purísima Concepción de María tan alegre como siempre aunque algo más austera por la crisis , 58 de los 92 diputados de la Asamblea Legislativa firmaron un acuerdo calificado de "histórico" que a esas alturas era esperado.

39 sandinistas, 8 diputados de un Centro que en las últimas semanas se había ido incrementando aunque con distintos nombres hasta llegar a 13 y los 6 diputados socialcristianos (UDC) rompieron, por fin, un largo y tedioso impasse político que restaba legitimidad a los trabajos de la Asamblea y credibilidad a todos los dirigentes de la llamada "clase política".

El surgimiento del Grupo de Centro debilitó en 1992 la opción ultraderechista de la UNO. A finales de octubre de 1993 fueron los socialcristianos de la UDC quienes dieron el primer paso para profundizar este proceso de debilitamiento. Los socialdemócratas del MDN y los conservadores de la APC siguieron a la UDC en su marcha hacia el centro político, donde los diputados sandinistas les esperaban para darles la mano. Después se desgranaron otros diputados "por libre". En enero/94 los 14 iniciales partidos de la coalición UNO son 7. El Ejecutivo estuvo al margen del juego. Fue sólo espectador.

La decisión que fue aglutinando a esta nueva mayoría (71 diputados) fue la de hacer una reforma a fondo de la Constitución promulgada en 1987 durante el gobierno del FSLN. Entre las muchas reformas que se harán a la Carta Magna está la de equilibrar, con distinto peso que el actual, a los poderes del Estado, aumentando especialmente las atribuciones del Poder Legislativo, para neutralizar así el excesivo presidencialismo de la Constitución, que ha alentado a diario a la Presidenta Chamorro a gobernar al país "por decreto".

Cambió el esquema político

Durante tres años (1990?1992) los cambios políticos y económicos que ha experimentado Nicaragua fueron lidereados y conducidos por un grupo dominante, compuesto por capas empresariales nuevas y antiguas aunque no somocistas y la alta burocracia estatal, política y militar, de todos los colores, incluido el rojinegro. Este grupo dominante este "centro" tuvo que contener permanentemente la influencia y las presiones de la derecha tradicional y somocista, a la vez que neutralizar a la izquierda y cooptar la rebeldía de las mayorías populares.

Las contradicciones entre los mismos miembros del grupo dominante y las resistencias sociales ante cambios tan drásticos especialmente provocadas por el pacto del FSLN con el Gobierno aceptando su programa económico recesivo a cambio de concesiones políticas impidieron que el proyecto de este "centro" se consolidara. Siempre funcionó con altibajos, pero en 1993, al no arrancar la economía diseñada por ellos mismos, y al haber adquirido ésta efectos tan nocivos, desestabilizantes e inocultables, entró en una etapa de máxima debilidad. Pudo este "centro" continuar ejerciendo el poder por la incapacidad de los sectores populares para encontrar vías de representación política eficaz y propuestas económicas alternativas.

Los reacomodos políticos iniciados en octubre/93 y concluidos con el "billar" jugado en la Asamblea Nacional expresan el agotamiento del esquema político elaborado por este grupo dominante, responsable de realizar profundos y devastadores cambios económicos en el país. Sin embargo, no logró consolidarlos políticamente ni mucho menos crear una base social que los respalde. Aquel "centro" que inició la transición está hoy solo, tiene fisuras y carece de un liderazgo creíble.

Termina una etapa

Los reacomodos significan el fin de una etapa y un embrión para el comienzo de otra, en la que se van a redefinir los espacios de cada grupo político en una institucionalidad que se va a transformar, empezando por los cambios a la Constitución y terminando en las elecciones de 1996, que cerrarían la etapa que ahora se abre, consolidando las alianzas que ahora se inician. En este "intervalo pre-electoral" (1994?1995) el "centro", que sigue buscando debilitar a la ultraderecha y neutralizar y cooptar a la izquierda, se extiende hacia el Parlamento, ampliándose significativamente con parte de las estructuras de la UNO.

Los sandinistas de este "centro" ampliado - lidereado por los diputados del FSLN - aparecen crecientemente enfrentados con los sandinistas que desde mediados del 93 lanzaron el "Grupo de los 29", contrario a continuar apoyando al gobierno en aras de la estabilidad política.

Las actuales fisuras dentro del FSLN se deben a la alianza más sólida que se ha establecido entre los diputados FSLN en el Parlamento con el "centro". Sin embargo, esta alianza no determina necesariamente un giro a la derecha de los diputados sandinistas. Para el nuevo bloque de poder que se está constituyendo, la pregunta clave no es si tiende más hacia la derecha o hacia la izquierda, sino ¿cuál es su capacidad de incidir favorablemente en la búsqueda de alternativas económicas vinculadas con las demandas del pueblo? Tanto la Asamblea Nacional como el Ejecutivo enfrentan el reto de promover un mejoramiento económico sostenible que devuelva la paz social y, más allá, que seduzca a los electores en 1996. Sin una solución económica, el consenso político recién logrado no podrá ser duradero.

UNO y Gobierno: reacciones

La "nueva mayoría" surgida en la Asamblea dejó a los restos de la UNO a la deriva. A pesar de variadas maniobras, no lograron impedir el exitoso "juego de billar". El impasse político nacional se trasladó a la debilitada coalición política ultraderechista. Y aunque los líderes de la UNO siguieron hablando de la necesidad de convocar a elecciones para una Asamblea Constituyente y hasta proclamaron que recogerían 1 millón 700 mil firmas en respaldo a esta propuesta lo que supone el apoyo del 100% de la población adulta del país , lo cierto es que desde los sucesos del denso diciembre del 93 la UNO no tiene más estrategia que pensar otra estrategia. Nueve meses de proclamar la Constituyente como la única criatura política nueva y buena concluyeron en aborto.

No quiere esto decir que el proyecto ultraderechista esté fracasado totalmente. Puede también recomponerse y reacomodarse. La crisis económica galopa y el rastro de descomposición social que va dejando es cada vez más profundo. Es el caldo de cultivo para opciones de fuerza, populistas y autoritarias. Si el nuevo centro y la izquierda del FSLN no cambian el rumbo económico, el proyecto ultraderechista y su candidato tienen todo para ganar las elecciones de 1996.

La nueva mayoría y su plan de reformar a fondo la Constitución preocupó al Ejecutivo. La Presidenta Chamorro declaró que las reformas que ella esperaba se hicieran a la Carta Magna debían ser "mínimas". Y el Ministro Antonio Lacayo señaló que muchas de las reformas que habían consensuado el FSLN y la UNO, al margen del Ejecutivo, reflejaban "posiciones emocionales y no racionales". Anunció también un "colapso de la economía" si a la Asamblea Nacional se le daba el poder constitucional como han expresado bastantes diputados de intervenir en el diseño de la política económica y en la discusión de los acuerdos con el FMI y las otras instituciones que hoy imponen sus propios diseños al sumiso y facilista gobierno de Nicaragua.

La misma camisa de fuerza

¿Colapso económico? El modelo económico del gobierno Chamorro Lacayo ya colapsó. Y ningún reacomodo político, ninguna nueva mayoría de diputados o ninguna reforma constitucional logrará, por sí sola, superar esta realidad.

El repentino descenso de la ayuda externa en 1993, en un 30%, y la orientación de esa ayuda de divisas líquidas a divisas atadas a proyectos, obligó al gobierno a tratar de salvar, con parches fiscales nuevos o más altos impuestos su política de estabilización. El derroche del flujo extraordinario de ayuda que recibió durante tres años (90?92) en un programa económico que estimuló las importaciones, desestimuló las exportaciones, aumentó la brecha externa y profundizó la recesión que el país soporta desde 1984, unido a la crisis de la ayuda, mantienen al gobierno contra la pared. Los discursos con los que inauguró el nuevo año son optimistas, pero la realidad no ha variado.

La piedra angular del colapso del modelo económico es la brecha externa (brecha comercial), que en 1993 se tradujo en la pérdida de 100 millones de dólares de las reservas oficiales, pese al flujo de ayuda recibido. Esto reduce las ganancias de los pocos que ganan en Nicaragua, los grandes importadores de productos extranjeros que, junto a los bancos privados, han sido los principales beneficiados del programa de estabilización 90?93. Esta cobija, cada vez más reducida, explica también muchos de los reacomodos políticos.

Pero, a pesar del colapso del modelo económico y de los fracasos acumulados por el gobierno a lo largo de 1993 para maquillar esta crisis, el acuerdo propuesto en diciembre/93 por el FMI no es otra cosa que una aún más estrecha camisa de fuerza que deberá ser usada por Nicaragua durante tres años más. La misma ortodoxia monetarista para un modelo en crisis: contraer el consumo para disminuir la brecha comercial, lo que se traduce en más crisis. Desde fuera no parece haber salida al colapso económico. ¿La habrá desde dentro? ¿Desde los nuevos y positivos consensos políticos? Los reacomodos, ¿traerán no sólo estabilidad política al país sino también mejoría económica para la mayoría de la gente del país?

Watson está fascinado con la alianza FSLN-moderados de la UNO

El cambio de la política norteamericana hacia Nicaragua ha sido un condicionante fundamental del reacomodo político entre el FSLN y los sectores moderados de la UNO. El apoyo que hasta mediados de 1993 dio el gobierno de Estados Unidos a los sectores más derechistas y desestabilizadores de la UNO atizaba la polarización política, neutralizaba a los diputados más responsables de la UNO y bloqueaba la creación en la UNO de un centro amplio capaz de negociar con el FSLN. Las cosas han cambiado y los Estados Unidos no priorizan ya el desplazamiento del FSLN de una participación significativa en la vida del país.

"Creo que es realmente fascinante que los nicaragüenses se hayan movido tan rápida y positivamente en los últimos meses", afirmó el Subsecretario de Estado para América Latina, Alexander Watson, al informar el 25 de enero al Congreso sobre la nueva situación política de Nicaragua. "No sé - añadió - si esto ha tenido mucho que ver o no con los ajustes en nuestra política exterior, pero me agrada pensar que hemos contribuido a ello". Watson y todos en Nicaragua saben lo mucho que el giro en Estados Unidos ha tenido que ver en este reciente billar político, que ha abierto tantas expectativas, e incluso espacios a la esperanza, aunque ésta sea muy frágil.

¿Es tiempo de cosecha?

El panorama que dibujó para 1994 la Presidenta Chamorro al inaugurar el 10 de enero los trabajos de la renovada Asamblea Nacional es aún más esperanzador. "Finalizamos tres años dedicados a poner la casa en orden. En 1993 sembramos reactivación y eso nos permitirá cosechar un crecimiento económico de aproximadamente 4% en 1993", afirmó con seguridad. Después de tres años de sembrar y de cuidar "recién nacidas plantitas"de diálogo, concertación y pluralismo, entraríamos ya a cosechar los frutos de "esa paciente siembra". (La cifra oficial del crecimiento económico en 1993 fue ?0.7%, pero en términos de crecimiento per cápita, hubo un descenso de ?4.3%). Todos los funcionarios del gobierno insisten en que ya están dadas las condiciones para que 1994 sea por fin el año del despegue de la economía. Pero el país real contradice el optimismo del país oficial.

Es indudable que en la agricultura, los resultados en 1994 serán los del ciclo agrícola 93?94, que efectivamente puede presentar resultados superiores al ciclo 92-93. Sin embargo, los últimos informes oficiales disponibles hablan de lo sembrado y no de lo cosechado.

Combinando el volumen de la producción de café y los mejores precios internacionales de este producto, el gobierno justifica un crecimiento para 1994 de un 2.5% en el PIB. Pero en el cafetalero Departamento de Carazo los productores estiman que un 30% de la producción no se pudo recolectar por falta de financiamiento para la cosecha, y que los beneficios de café estuvieron ociosos desde la segunda quincena de diciembre/93. Una situación similar, a la que se agrega la inseguridad y el mal estado de los caminos, puede provocar también que en la zona Norte lo cosechado sea inferior a lo producido.

En la producción de granos básicos, se estima que en conjunto aumentará en 16% con respecto al ciclo anterior, pero - al menos en el caso del arroz - el incremento de la producción choca con la política de total apertura comercial. La producción nacional o es desplazada por las importaciones u obliga al productor a vender a precios que difícilmente le permiten cubrir costos.

Dinero: círculo vicioso

En el sector manufacturero, las perspectivas no son halagüeñas. Por una parte, está la apertura a productos del mercado internacional y la sobrevaluación del córdoba, que favorecen las importaciones. Y por otra, un consumo interno cada vez más bajo. Si cada vez los productores producen menos, cada vez la población consume menos.

La Presidenta anunció un aumento del volumen de los créditos en un 31%.Esta promesa se basa en previsiones de recuperación del crédito poco realistas. Además, el costo del crédito interno es muy alto (20-24%). Pues agrega al costo de captación de los pasivos, el margen de intermediación, que en situaciones de incertidumbre y alto riesgo tiende a ser elevado. Esto da como resultado tasas activas de interés altas, las que a su vez elevan el riesgo de las operaciones financieras.

Si la tasa de ganancia de la industria no es superior a la tasa de interés de los bancos - situación existente en las industrias manufactureras del país -, se desalienta la inversión y se fomenta el uso no productivo del ahorro de las empresas que están en esta situación. Es más negocio vender la fábrica y colocar el dinero de la venta a ganar intereses en el banco. Si esto no ha sucedido en el país es por la ausencia de empresarios que quieran comprar plantas industriales por la falta de liquidez generalizada y por la poca rentabilidad de la industria dentro del actual paquete económico. Por eso, el que posee activos industriales está casado con la empresa hasta que la muerte los separe.

En este círculo vicioso, el incremento de la inversión real es improbable, pues las empresas que quisieran invertir comparan el costo del financiamiento interno con la rentabilidad de los activos: si la tasa de interés de los créditos es mayor que la tasa de ganancias de la industria o de cualquier otra empresa, la empresa no puede reactivarse por la vía del crédito.

El círculo vicioso del dinero en el programa ortodoxo monetarista, junto a la ausencia de programas de fomento para la reconversión, está en el centro de la crisis económica urbana/industrial.

Hay que pensar en 1995

En un clima de este tipo, pasar de una economía de especulación a una de producción es muy difícil. Si en el país no se han dado ventas masivas de activos empresariales es por la situación de iliquidez en que se encuentran las empresas. En todo caso, es improbable una generalización de la inversión real por parte del capital privado.

Esta situación es más visible en las empresas manufactureras, que al menos llevan estados financieros aunque con tres o cuatro meses de retraso , pero es posible generalizarla a todos los sectores económicos. Si siguen recurriendo a los créditos es porque en la situación del país se vuelve una realidad la vieja ilusión del aforismo financiero que dice que "el dinero más caro es el que no se consigue".

Más que pensar en 1994, año que en parte ya está definido por el ciclo 92?93, es necesario reflexionar sobre 1995. ¿Existen oportunidades para romper al menos para entonces este círculo negativo que envuelve y aprisiona la economía del país?

El despegue económico de Nicaragua, visto desde diferentes ópticas, se encuentra imposibilitado por la política económica vigente. A todos parece evidente la urgencia de cambiar esta política. Fuera de la tecnocracia en el poder, existe cada vez un mayor consenso entre los economistas y los diferentes agentes económicos y sociales sobre esta necesidad. Pero son fuerzas hasta el momento dispersas. Aquí también se requiere un reacomodo en busca de creatividad y eficacia.

¿Qué pasa con el FMI?

Cuando hay mucho silencio sobre un tema de nuestra economía siempre se puede esperar lo peor. Eso es exactamente lo que está pasando con el ESAF, el nuevo acuerdo que el gobierno debe firmar próximamente con el FMI.

En diciembre/93, el FMI envió su delegación a Nicaragua, pero se negó a firmar ningún acuerdo hasta que el gobierno Chamorro cumpliera todas las condiciones impuestas, más estrictas que nunca. El FMI no está dispuesto a extender un nuevo préstamo ni a dar luz verde al Club de Donantes para que lo haga hasta que el gobierno muestre que es capaz de imponer al país una nueva dosis de austeridad. A otros países les permite grados de incumplimiento. A Nicaragua no, porque el gobierno nicaragüense tiene cero credibilidad ante el FMI.

La demanda actual del FMI es nada menos que seguir recortando el presupuesto del gobierno. Con la recesión y la incapacidad del gobierno para reactivar la economía, el FMI fue honesto de entrada, señalando que el recorte - que inicialmente se exigía fuera de un 6.7% - debía ser mayor. Si el FMI no firma hasta que el Ministerio de Finanzas haga todo lo que se le ordenó, los caminos que tiene el gobierno en el actual colapso económico son dos. Y ambos acentúan la crisis. Por un lado, sacar las tijeras y recortar el presupuesto ya aprobado en la Asamblea Nacional. Por otro, sacar la calculadora y ver de dónde, cómo y cuándo aumentar los impuestos o crear nuevos o gravar a más personas con ellos.

Un país sin presupuesto

El Ministerio de Finanzas ya empezó a actuar. El 11 de diciembre/93, la Asamblea Nacional aprobó el Presupuesto Nacional para 1994. Su valor real aparecía ya reducido en 15-0% con respecto al de 1993, a pesar de que las necesidades del país se han multiplicado.

Después de tensas discusiones con el Ejecutivo, la Asamblea lo aprobó, modificando algunas partidas. Reasignó 65 millones de dólares del presupuesto presentado por el Ejecutivo para mejorar, entre otras, las cantidades que habían sido destinadas a la Policía, a las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica, a la Corte Suprema de Justicia y a los municipios más pobres atendidos por INIFOM. Pero sólo mes y medio después, el sindicato de trabajadores de la salud fue el primero en denunciar que, irrespetando al Legislativo, el Ejecutivo estaba recortando unilateralmente en 80 millones de córdobas el presupuesto aprobado para salud.

De hecho, los representantes del pueblo en la Asamblea Legislativa no tienen control sobre el presupuesto. Lo aprueban sólo formalmente y para nada vale el papel en el que están sus firmas. Esto no sólo es inconstitucional sino que ha sido y seguirá siendo causa de inestabilidad social.

El 1 de enero, con las campanadas del año nuevo, el gobierno aumentó el precio de los combustibles, con el fin de recaudar más impuestos. (La gasolina tiene en Nicaragua los precios más altos de Centroamérica).

El 24 de enero se inició el paro de una mayoría de transportistas de Managua y de todo el país demandando especialmente el congelamiento del precio de los combustibles durante todo 1994. El paro duró 9 días, no fue total ni tan unánime ni recibió apoyo popular como el de septiembre/93. Tampoco fue violento. Las pérdidas para la economía se calcularon en 10 millones de dólares.

Valiéndose de la policía, el gobierno trató de desviar la atención de la protesta por el alza del impuesto a los combustibles a la reivindicación por la libertad de las decenas de transportistas que encarceló masivamente en redadas preventivas llenas de abuso de fuerza.

La renovada Asamblea Nacional puso el dedo en la llaga al señalar que la demanda de los transportistas era justa y al criticar al gobierno por estar haciendo del combustible fuente para obtener recursos fiscales que no encuentra por ningún lado.

Siguiendo las "sugerencias" del FMI, el gobierno anunció también nuevos despidos de empleados públicos. Se habla de 9 mil entre enero y marzo. Estamos, pues, en la peor de las situaciones: cumplir con las condiciones del FMI sin tener asegurada la ayuda externa que promete. Es una nueva operación quirúrgica sin anestesia. Si el gobierno no cumple, no habrá firma.



Urge una solución concertada

Los ritmos de la economía no son los mismos que los de la política y, mientras se daba el reacomodo político, el gobierno y los organismos financieros seguían elaborando un paquete cada vez más recesivo. El tiempo necesario para que se logren los cambios constitucionales que resten fuerza al presidencialismo y permitan una mayor democracia política, es muy largo comparado con las apremiantes necesidades de la agenda económica. ¿Qué estabilidad tendrá el reacomodo político FSLN ? derecha moderada, este nuevo "centro" que domina en el Legislativo y en el mundo de los partidos políticos, si la dramática situación económica no se mejora rápidamente. Los acuerdos políticos como los conflictos políticos no sólo buscan cuotas de poder. Se dan también en torno a la repartición de las riquezas. Y sin una suficiente producción de riquezas, no hay acuerdos políticos que duren.

¿Tendrá este nuevo Poder Legislativo la capacidad de pasar de la reforma constitucional a plantear soluciones de fondo y relativamente pronto a tan desesperante crisis económica? ¿Tendrá esta nueva mayoría la capacidad de renegociar o incluso de violar el acuerdo ESAF II que el FMI está a punto de imponer al gobierno de Nicaragua? ¿Tendrán estas fuerzas políticas reacomodadas la capacidad de movilizar a las fuerzas sociales que representan en contra del rumbo económico que consagran esos acuerdos?

Se requiere consolidar un nuevo paquete económico en 1994, antes de entrar en el pre-proceso electoral de 1995, lo que acumularía fuerzas para diseñar un proyecto electoral realmente popular. ¿Hay decisión y tiempo para esta tarea?

Cuatro actores, cuatro tareas

Cada uno de los actores de la escena nicaragüense tiene que poner de su parte para que se pueda esperar ya una mejoría económica en 1994, antes de que la agenda electoral venga a polarizar de nuevo la situación. Como muestra el cuadro de la página 9, sólo la simultaneidad de los cambios garantizará el éxito. Para que la economía se desarrolle armónicamente, ninguno de sus cuatro pilares debe fallar. Y ninguno de ellos es más importante que los demás.

1) Los sectores políticos organizados deben seguir propiciando la paz y la estabilidad que el país requiere para superar las polarizaciones que históricamente lo han desgastado. Es la vía en la que más se ha avanzado últimamente, culminando en el actual reacomodo.

2) Los organismos internacionales deben creer en la capacidad de Nicaragua de crecer en un futuro próximo y promover una renegociación de su deuda multilateral y bilateral, que permita, al menos, que la ayuda que sigue viniendo sirva para reconstruir el país y no para pagar los agobiantes intereses de la deuda pasada. Esto significa dejar de lado la ortodoxia recesiva que imponen tradicionalmente a los países en problemas. Con esta recesión sólo se consigue un mayor debilitamiento de las instituciones públicas. Y esta debilidad es la que favorece la aplicación de medidas recesivas impuestas desde fuera.

3) El gobierno tiene que propiciar un marco macroeconómico e institucional que estimule la producción y encauce el esfuerzo de los sectores económicos por los caminos del crecimiento (ver en envío de octubre/93 lineamientos para un programa económico consistente). Debe dejar de darle razón a los organismos financieros cuando imponen una drástica reducción de los gastos pretextando la ineficiencia gubernamental. La reducción estatal dificulta aun más la capacidad de gestión macroeconómica del gobierno y lo debilita en su papel de garante de la estabilidad de la sociedad civil.

4) Los sectores económicos privados deben tomar en serio su compromiso con la producción y asumir riesgos productivos y no especulativos. Animados por el cambio de actitud del gobierno y por un entorno político más estable, deben darle la razón a quienes esperan de la empresa privada la curación de todos los males de la economía. Una empresa privada que privilegie la producción sobre la especulación financiera y el comercio importador e invierta en la agricultura, la industria y el comercio nacional, garantizará que el cambio de actitud de los financiadores y el esfuerzo del gobierno no haya sido en vano.

En esta nueva apuesta por Nicaragua, el juego debe de ser de todos al mismo tiempo. La sociedad política ha comenzado a dar el ejemplo. Los demás jugadores, ¿estarán a la altura del desafío y cederán cada uno un poco de sus cómodas posiciones facilistas? Si no están a la altura, si no cambian, estarán haciéndole el juego a quienes, en los extremos de la contienda social, apuestan por el caos para salir adelante. Sin querer vaticinar lo peor, todo indica que esta última oportunidad no debe desaprovecharse.

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