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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 144 | Diciembre 1993
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Nicaragua

Lodo de alcantarillas: un negocio sucio

El desarrollo de los países desarrollados se hizo sin saber a ciencia cierta qué era lo que se estaba desarrollando. Y lo que se estaba desarrollando era, en gran medida, el consumo derrochador, las armas de destrucción masiva y los desechos, la basura. Una basura cada vez más abundante y peligrosa.

Raquel Fernández

Al principio parecía fácil hacer desaparecer la basura, sepultarla, reciclarla o quemarla. Pero esto era hace muchos años. Porque actualmente y desde hace algún tiempo, a los países desarrollados les da asco su propia basura y quieren que se la eliminemos los países del Sur.

Hasta cierto punto, el ciclo tiene coherencia. El Norte es lo que es gracias al flujo que le llega del Sur en recursos económicos (fuga de capitales, pago de deuda externa), en recursos humanos (fuga de cerebros), en recursos naturales (materias primas baratas). Por lo tanto, ahora al Norte le parece lógico que el Sur asuma sus basuras.

Una ventaja del bloqueo

Nicaragua es diferente en casi todo y también en lo que se refiere a la basura tóxica. En este terreno la diferencia consiste en que, al contrario que a sus vecinos, la basura tóxica casi no ha llegado a Nicaragua, que es por ahora el país menos contaminado de la región centroamericana.

Cuando comenzó el auge de la basura tóxica y de su exportación, Nicaragua se encontraba sometida al embargo que decretó contra la revolución sandinista la administración Reagan. Mucho se ha dicho y escrito sobre los costos que tuvo este bloqueo para la economía nicaragüense. Sin duda, fueron daños ingentes y sus efectos permanecerán por muchas décadas. Pero es poco lo que se ha reflexionado sobre el gran beneficio que reportó al país ese mismo bloqueo, ya que le permitió permanecer al margen de las tres más temibles contaminaciones de fines del siglo: el sida, la droga y la basura tóxica. Desgraciadamente, estos beneficios son fácil y rápidamente reversibles.

El retroceso en materia de droga y sida es vertiginoso. Las cifras son cada vez más alarmantes, aunque parece que nadie con capacidad de decisión se alarma, porque nadie toma decisiones para enfrentar estos problemas. En cuanto a la basura tóxica, Nicaragua ha logrado mantenerse bastante limpia. No porque los responsables oficiales de la limpieza de la casa se hayan interesado en el tema. Ha sido la sociedad en su conjunto la que, alertada por organizaciones especializadas en la defensa de la naturaleza, como el Movimiento Ambientalista Nicaragüense (MAN), ha impedido que la basura tóxica venga a parar al suelo de Nicaragua. Hasta ahora y a pesar de los halagos y cantos de sirena de las compañías dedicadas a contaminar - que las hay -, la basura tóxica no ha logrado cruzar las fronteras. Pero el peligro es cada vez mayor.

El temible ""sludge cleans""

Las grandes metrópolis del Norte, además de producir montañas de basura, necesitan auténticos océanos de agua para mantenerse funcionando: agua para abastecer los hogares, los hospitales, las industrias, la agricultura... El agua limpia es vida. Y el agua sucia es...

El agua sucia cae al sistema de drenaje de eso que eufemísticamente se llama "aguas servidas", arrastrando consigo toda la basura, la suciedad, el plomo de los vehículos que queda en las calles, el mercurio, las partículas pesadas presentes en los gases y fijadas al suelo por la lluvia, los detergentes hiperactivos... Cualquier cosa queda en esos torrentes de agua sucia.

En Estados Unidos, esta agua se recoge de las cañerías para someterla a un proceso del que sale casi tan limpia y transparente como al principio. Después, es devuelta a la Naturaleza para que ella termine su labor de purificación. Pero esa agua ya limpia deja residuos, un fango espeso donde se concentra lo peor de lo peor: el ""sludge cleans"", el fango de alcantarilla, el lodo de procesos.

Durante mucho tiempo, ese "sludge cleans" era cargado en grandes barcos y lanzado al fondo del mar. O era llevado al desierto de Texas. En algunos lugares de Estados Unidos se utilizó como abono de plantas que servían como alimento al ganado, pero los animales murieron por miles. Y los que sobrevivieron, padecían graves dolencias hepáticas.

Otro uso que se ideó para el "sludge cleans" fue emplearlo como relleno. Y así se hizo en Austin, Texas, donde iba a servir para rellenar el terreno donde se construiría un estadio. Como las personas no suelen permanecer mucho tiempo en los estadios, aunque el lodo tuviese algún grado de contaminación, no representaría problemas para la salud. Pero los niveles de contaminación eran tan elevados que ni siquiera el estadio se hubiera podido utilizar. Y se abandonó el proyecto.

Así las cosas, el 1 de julio de 1992, la Agencia para la Protección de la Ecología (EPA) de Estados Unidos prohibió que se continuasen las prácticas que venían realizándose con el lodo tóxico. A partir de esa fecha empezó la búsqueda de algún país del mundo dispuesto a recibir este "regalito".

Entre los favoritos, junto a Indonesia y Haití, se encuentra Nicaragua, país donde por el atraso cultural, son pocas las personas que conocen la peligrosidad de esa basura; donde por la pobreza, se puede ofrecer basura a cambio de alguna chuchería que sirva para engañar y tener contentas a las víctimas de su contaminación; y donde por su estructura jurídica, no existe ninguna institución con capacidad de decisión en materia ecológica. El Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente (IRENA) está diseñado de tal manera que es juez y parte en los problemas ecológicos y no tiene capacidad decisoria de última instancia.

El negocio de la basura tóxica ya se ha realizado con éxito en varios países del sur y sale a precios muy favorables para el Norte. Por ejemplo, para lograr el permiso para derramar millones de toneladas de basura tóxica en Gabón una de estas empresas fantasmas pagó al Presidente de este país africano la módica cantidad de 20 mil dólares.

Un negocio sucio... y redondo

Muchas han sido las propuestas que desde el cambio de gobierno se le han hecho a Nicaragua para que abra sus fronteras a la basura ajena. Sólo hablamos de la más reciente. Un día de 1992 apareció en Managua una empresa supuestamente nicaragüense que, bajo el sugestivo nombre de Tierra Nueva S.A. tiene el objetivo de importar "sludge cleans". Es una empresa que existe, pero que no tiene ni oficina ni está registrada. Tiene sólo un teléfono donde nadie sabe nada. Y eso es todo. Es lo que se conoce como una "empresa de maletín". Todo parece indicar que los nicaragüenses que están detrás de este empresa tienen estrechos vínculos con el gobierno Chamorro.

La oferta que hace Tierra Nueva S.A. parece interesante: durante los próximos 20 años, se descargarían mensualmente en Nicaragua 100 mil toneladas métricas de lodo de procesos, lo que totalizaría la cantidad de 24 mil millones de toneladas en todo el período, si es que no se llega antes o después a nuevos acuerdos para ampliar la dosis.

El proyecto contempla arrojar el lodo de procesos en Puerto Cabezas, en la despoblada Costa Atlántica de Nicaragua, donde se combinaría con astillas de pino, lo que, según los empresarios, propiciaría la descomposición orgánica de los ingredientes del lodo. El conjunto se transformaría así en abono para enriquecer los suelos de las áreas que se talarían para hacer las astillas, garantizándose con este fertilizante el rápido crecimiento de nuevos pinos. El mal y la medicina vendrían juntos.

Se instalará una planta con capacidad para producir 1 mil 500 millones de toneladas de este abono orgánico al año, con lo que quedarían excedentes para utilizar en el resto del país e incluso para exportarse a terceros países. La construcción y producción de la planta generaría 500 puestos de trabajo, que paliarían el problema del desempleo, que afecta a más del 80% de la población económicamente activa de la zona atlántica.

Un elemento más para hacer atractivo el proyecto es el compromiso de que por cada tonelada de "sludge cleans" que ingrese al país, se destinarían dos dólares para el saneamiento del Lago de Managua. Para este fin, se abriría una cuenta bancaria a nombre del Xolotlán, que tendría ingresos mensuales de 200 mil dólares, con lo que podría llegar a ser el lago más rico del planeta. Ese dinero se invertiría totalmente -asegura Tierra Nueva S.A.-, en la descontaminación del lago. Entre otras acciones, se importarían diferentes variedades de bacterias que se alimentan de los desechos que actualmente contaminan el lago, hasta lograr la purificación de sus aguas.

Para garantizar que el lodo no contenga sustancias peligrosas para la salud, el EPA estadounidense se compromete a vigilar el contenido de cada contenedor antes de sellarlo y éste llegaría a Nicaragua con todos los sellos y seguridades que da ese organismo.



Un lodo lleno de interrogantes...

El proyecto, tal como lo presenta Tierra Nueva S.A., no parece presentar problemas. Y en el Ministerio de Economía y Desarrollo se respira una atmósfera favorable a la aceptación. Sin embargo, el MAN tiene bastantes críticas que hacer.

El lodo de procesos no sólo contiene desechos de los hogares. Son muchas las empresas que trabajan con materiales muy peligrosos y que se "pegan" a la red de alcantarillado domiciliar - para pagar menos - y arrojan en ella sus desechos. Y aunque se lograse un control absoluto de esos desechos industriales, esto no impediría que se sigan derramando en las calles de las grandes ciudades cantidades incalculables de plomo, mercurio, cadmio, grasas y otros componentes procedentes de los vehículos.

Todas son sustancias muy peligrosas para la salud. Entre ellas está también el asbesto, que produce cáncer, y cuyo uso ya está prohibido en los Estados Unidos, por lo que tendrá que ser eliminado de todos los procesos industriales en un período determinado de tiempo. Y plásticos prácticamente indestructibles, y un sinnúmero de sustancias dañinas que, antes o después, acaban en las alcantarillas y en el "sludge cleans". Esos desechos son los que se quieren depositar en los bosques de la Costa Atlántica.

Esos bosques, que se extienden sobre 200 mil hectáreas, permanecen hasta la actualidad casi vírgenes. Son una de las más hermosas y extensas reservas boscosas de Nicaragua. Y protegen una zona donde se encuentran las cuencas hídricas y los mantos freáticos más importantes del país, donde se producen las precipitaciones lluviosas más intensas y donde los suelos delgados, de vocación boscosa, se pueden perder fácilmente y son prácticamente irrecuperables. Por muchos tratamientos a los que se someta ese lodo, siempre será venenoso y contaminante. Envenenará las aguas y los bosques para siempre. Y no habrá medio de corregirlo.

Además, para convertir ese lodo en abono habría que sacrificar enormes extensiones de bosque, que determinarían quienes envían el lodo. Y no hay ninguna razón para presumir que quienes envían el lodo estén muy interesados en proteger los recursos naturales de Nicaragua. Como es lógico, emplearían la madera que les salga más barata y más cercana y no la más conveniente.

¿Necesitamos ese abono? La ciudad de Managua produce cada día 270 toneladas de desechos orgánicos que, debidamente procesados, proporcionarían una cantidad de abono orgánico suficiente como para satisfacer todas las necesidades de la agricultura nacional.

En cuanto a la creación de puestos de trabajo, tampoco es un argumento convincente. Es cierto que en la Costa no hay trabajo. Pero también es cierto que el trabajo escasea como consecuencia de los programas de ajuste impuestos por instituciones del país que quiere botar su basura en Nicaragua. 500 puestos de trabajo no resuelven el problema de Puerto Cabezas. Y mientras no se acepte convertir esta zona es estercolero tóxico, al desempleado mískito le quedará siempre la alternativa de irse a pescar, sabiendo que el pescado o el marisco que atrapa está en buenas condiciones y no es un pedazo de veneno envuelto en concha o en escamas.

La garantía que ofrece el EPA de que ningún material peligroso vendrá a Nicaragua, no parece confiable, desde el momento que nuestro país carece de medios técnicos (laboratorios, capacidad de análisis) para comprobar la veracidad de sus certificados. Y ellos lo saben. Y en última instancia, si el lodo de procesos es tan beneficioso como tratan de hacernos creer, ¿por qué no se lo quedan en los Estados Unidos?

Un lodo lleno de virus

Hay un elemento especialmente peligroso en ese lodo: en él se recogen también las bacterias y los virus de los hospitales estadounidenses. En él vendrían incluidos y concentrados desechos de los enfermos más peligrosos: sidóticos, cancerosos, contaminados por radiación y pacientes de otras enfermedades cuya existencia apenas se conoce en Nicaragua.

Todos esos microorganismos patógenos, que han vivido en el medio ambiente frío del Norte, llegarían al cálido Sur revueltos con metales pesados y otros materiales químicos, lo que facilitaría que se produjera en ellos una mutación con la que adaptarse a un medio desconocido y sobrevivir a él.

Es la ley de la vida. Y no hay motivo para suponer que el virus del sida realizaría una mutación para volverse inocuo. Lo presumible es que si se produce la mutación de un virus patógeno, los nuevos virus mutantes sean infinitamente más nocivos y resistentes que los que ya conocemos y aún no sabemos cómo controlar.

La historia registra el caso de un virus que no era peligroso y al mutar se transformó en una plaga que todavía causa estragos: el Treponema pallidum, que produce la sífilis. La sífilis era una enfermedad nada grave entre los indios de América hasta que los europeos llevaron el virus a Europa. Allí éste sufrió una mutación para adaptarse a un nuevo clima y realidad y todavía los científicos no saben qué hacer con él.

¿Qué podría ocurrir con el sinnúmero de seres patógenos que vendrían en ese lodo? ¿Quién buscará soluciones y curará enfermedades nuevas y desconocidas? ¿Quién llorará la agonía y muerte de los mískitos? ¿Acaso los blancos empresarios bostonianos o los banqueros de Wall Street?

Pero aún en el caso de que no ocurriese nada, de que no llegase a producirse ninguna mutación, el lodo, tal como es, ha producido ya graves problemas de salud en los lugares en donde se ha depositado. Enfermedades graves relacionadas con el aparato respiratorio, la piel, el hígado, ceguera, diferentes variedades de cáncer, leucemia y un sinnúmero de males.

Un acuerdo que espera firmas

Durante la XII Cumbre de presidentes centroamericanos celebrada en Panamá en 1992, los mandatarios llegaron a un acuerdo regional para prohibir el tránsito de desechos tóxicos por los territorios de Centroamérica. Según el Anexo 1, categoría Y 46, se clasifica como desecho tóxico el recolectado en hogares, incluyendo aguas servidas y cloacas.

En el mismo acuerdo se señala que la entrada en vigor de este acuerdo estará condicionada a que, por lo menos, tres países centroamericanos lo ratifiquen. Hasta ahora no se ha hecho. Y no parece fácil que se pueda ratificar próximamente cuando prácticamente todos los países del istmo están ensimismados en sus procesos electorales.

Antes de que se propusiese este acuerdo, hubo un hermoso proyecto promovido por la costarricense Universidad para la Paz, con el objetivo de que Centroamérica y el Caribe fuesen declarados Zona de Paz, con la misma seriedad con que Suiza se ha declarado país neutral en casos de guerra.

El director de este proyecto es el doctor Fabio Castillo, entonces en el exilio y hoy Rector de la Universidad Nacional de El Salvador. La iniciativa, muy ambiciosa, proponía entre otras cosas la prohibición absoluta de que armas, desechos tóxicos y productos contaminantes de cualquier especie pudiesen entrar, permanecer, fabricarse o salir del territorio comprendido por América Central y el Caribe, incluidas las aguas territoriales de los países que integran este conjunto geográfico. Ambiciosa iniciativa, porque en ese territorio se incluyen extensas costas de los Estados Unidos.

Castillo argumentaba la conveniencia de esta iniciativa señalando que si el temor de los Estados Unidos ha sido siempre que su retaguardia pueda ser utilizada militarmente en su contra, y por eso ha llegado hasta a invadir los países centroamericanos y caribeños, nada garantizaría mejor su seguridad que el derecho internacional y este acuerdo de paz.

Junto con otros sabios juristas y geógrafos del área, Castillo trabajó durante varios años para redactar y presentar a la comunidad internacional la iniciativa y comenzar las negociaciones y firmas de tratados que la hiciesen posible. A mediados de 1989 todo estaba prácticamente a punto y sólo faltaban dos o tres meses para que la Iniciativa para la Declaración de Zona de Paz en Centroamérica y el Caribe fuese entregada a la humanidad. Han transcurrido cuatro años desde entonces y del proyecto nadie sabe nada. Entretanto, Centroamérica y el Caribe se contaminan más cada día y barcos cargados de tóxicos surcan sus aguas y cruzan el Canal de Panamá constituyendo un peligro para el área y para el planeta.

Lo que el viento se llevará

Desde hace mucho tiempo el Norte contamina al Sur de diferentes maneras. Ultimamente, el Norte pretende convertir al Sur en su estercolero. De hecho, lo está consiguiendo. Son muchos los países que reciben en sus territorios basuras tóxicas vendiendo sus riquezas ecológicas por un plato de lentejas.

Son muchos los países pobres que acogen la muerte creyendo que podrían fácilmente transformarla en vida. Y los países del Norte envían lejos de sus fronteras su propia basura, aprovechándose de la fomentada ignorancia de los pueblos pobres y de la codicia de quienes detentan el poder en nuestros países. Tal vez cree el Norte que si lanza sus desechos lejos de sus fronteras, nunca tendrá problemas de contaminación.

Pero los vientos viajan sin pasaporte y las lluvias no necesitan visa. El planeta es sólo uno y no se pueden poner aduanas al aire. Y por más lejos que lancen la basura tóxica, más temprano que tarde enlodará también un día las inmaculadas cúpulas de todas las Casas Blancas.

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