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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 142 | Octubre 1993
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Nicaragua

¿Qué pasó en la reunión con los economistas?

"Como Rector de la UCA y Presidente de CRIES, responsable de dos importantes equipos económicos nacionales, quiero informar sobre el desarrollo del Foro Económico Nacional y sobre la negociación tripartita entre las instituciones financieras internacionales, el gobierno y los economistas no gubernamentales. Siento como una obligación, tanto académica como ética, el informar y analizar públicamente lo que está sucediendo..."

Xabier Gorostiaga

El encuentro realizado entre el gobierno, los economistas y las instituciones financieras internacionales (IFIs) el jueves 7 de octubre en el Centro Olof Palme de Managua ha tenido interpretaciones sesgadas. Quisiera dar la mía, tratando de que sea lo más honesta, objetiva y transparente posible, e intentando mantener una autonomía que vaya más allá los intereses partidarios. Es además estratégico superar el "secretismo económico". Es un requisito fundamental para conseguir el consenso y la participación amplia que se requiere para superar la crisis e iniciar la reconstrucción económica del país.

Estamos en una coyuntura histórica

Posiblemente estamos en una coyuntura histórica. Quizás estamos también entrando en la última oportunidad antes de una desintegración social del país con de imprevisibles consecuencias. La esperanza - más que el optimismo - de un "punto de quiebre" en la crisis nacional se basa en tres hechos recientes y concatenados:

1.El acuerdo firmado entre la UNO y el FSLN el 7 de octubre.

2.El inicio del Foro Económico Nacional y la previsible negociación tripartita entre gobierno-economistas-IFIs.

3.El inicio de cambios muy recientes en Washington sobre Nicaragua, tanto en el Departamento de Estado como en la AID, percibiéndose una superación de la política de polarización y el inicio de una política que llamaría "de neutralidad constructiva".

El cambio en la dirección y la reestructuración de AID, la sustitución de Bernard Aronson por Alexander Watson en el Departamento de Estado y el nuevo Embajador en Nicaragua, John Maisto, abren posibilidades para "nuevos hechos políticos" entre Washington y Managua. El problema más difícil sigue estando en el Congreso. Estos cambios pueden ser y posiblemente son "marginales". Quizás ninguno de ellos sea sustantivo, pero una acumulación de cambios marginales podría iniciar la superación de la crisis nacional y la crisis de anormalidad que históricamente ha existido entre Washington y Nicaragua.

Por fin el Foro Económico

Hace más de un año se sugirió al gobierno la necesidad de organizar un Foro con economistas de todos los signos. En julio, la Presidenta y 11 miembros del Gabinete, a solicitud del Consejo Nacional Universitario, acordaron iniciar el Foro Económico Nacional como una necesidad urgente, tanto económica como una vía para destrabar el diálogo político. A los pocos días el Ejecutivo anunció el Foro. Desgraciadamente, no se pudo realizar por la coyuntura del doble secuestro y el tensionamiento político del país. También, porque el Gabinete Económico no tenía voluntad política de realizarlo.

Intempestivamente, el gobierno convocó el 6 de octubre a los economistas no gubernamentales, con menos de 24 horas de plazo, a un seminario con el gobierno y las instituciones financieras internacionales. Los medios de comunicación social informaron que la mayoría de los economistas declinaban participar, porque la celeridad de la convocatoria implicaba un chantaje con el que justificar las dramáticas medidas adicionales de ajuste que las IFIs pretendían imponer al gobierno.

El gobierno buscaba que los economistas no gubernamentales aumentasen la débil capacidad de negociación del Gabinete Económico y mejorasen los draconianos términos impuestos y de los que ya habían hablado con el gobierno en Washington. (Reducción del 4.4% de los gastos corrientes del PIB, privatización de las principales empresas del Estado, mayor reducción en los créditos y devaluación del córdoba).

El impasse se superó cuando el Ejecutivo aceptó reunirse previamente con los economistas no gubernamentales, y aceptó el cambio de la agenda y de la metodología para trabajar con las IFIs. Por otra parte, acordó que el Foro Económico Nacional debía continuarse inmediatamente después de la reunión con estas instituciones.

Una de las principales conclusiones del encuentro con las IFIs fue buscar un acuerdo tripartito entre el gobierno, los economistas no gubernamentales y las IFIs. Ya no será sólo el gobierno quien negocie con los organismos internacionales, sino que lo hará en conjunto con un grupo de economistas que representan a los diversos sectores de la sociedad civil, a los partidos políticos, a institutos de investigación y universidades. De esta forma se pretende aumentar la capacidad negociadora del país y la posibilidad de un acuerdo concertado interno que facilite la eficacia en la implementación de la nueva política económica.

Las institutciones financieras internacionales trajeron un mensaje claro y duro

¿Qué sucedió y qué se habló el viernes 8 de Octubre en el primer encuentro tripartito? Lo resumo en nueve puntos centrales:

Las institutciones financieras internacionales trajeron un mensaje claro y duro. La ayudainternacional está reduciéndose en forma global y Nicaragua no puede escapar a esta realidad. Estados Unidos y Alemania -tradicionales exportadores netos de capital- son actualmente importadores netos de liquidez internacional debido a la recesión y endeudamiento de Estados Unidos y a los costos de la unificación alemana. Por otra parte, la recesión de Europa, de los países nórdicos e incluso del propio Japón, llevan consigo una tendencia estructural a la reducción de la cooperación externa.

Las IFIs señalaron que Nicaragua tiene que prepararse para tiempos de mayor escasez de fondos internacionales, por lo que es importante tomar medidas que suplan la reducción de la ayuda externa con el inicio del crecimiento económico interno.

El marco internacional de reducción de la ayuda coincide con el momento en que Nicaragua debería comenzar el proceso de reactivación, después de concluida la estabilización. Esta situación implica condiciones mucho más difíciles y austeras para el país, amenazando con aumentar la pobreza y el desempleo, sobre todo por las nuevas condiciones que los organismos internacionales le exigieron al gobierno.

El Ejecutivo y los economistas no gubernamentales explicamos a los organismos internacionales las graves consecuencias de estas medidas para la estabilidad política y para la viabilidad económica del país. Los funcionarios internacionales ripostaron que Nicaragua está consumiendo un 30% más del PIB que cubre con ayuda internacional. Y que Nicaragua es el segundo país del mundo en ayuda internacional per cápita, lo que constituye una situación artificial y peligrosa.

Personalmente, creo también que esta situación es insostenible. La obsesión por conseguir más ayuda externa no permite a Nicaragua diseñar una política económica nacional. El gobierno dedica más esfuerzos a conseguir ayuda externa que a plantearse un programa económico nacional y a lograr consenso en la búsqueda de alternativas económicas a la creciente recesión. En estas condiciones, la ayuda tiene mucho de opio económico.

Los donantes están "fatigados"

Si la sustantiva ayuda recibida no ha sido capaz de superar la pobreza y el desempleo masivo, y la tendencia es a una reducción drástica de la ayuda y a unas condiciones de ajuste más duras, esto lleva o el colapso y a la desintegración social del país, o a la urgente necesidad de una concertación y movilización económica para lograr el crecimiento y revertir la tendencia recesiva.

En primer lugar, se requiere una evaluación crítica de cómo ha sido utilizada la ayuda masiva de más de 3 mil millones de dólares desde 1990. Los datos aportados en el seminario no dejaron bien parado al Gabinete Económico. Aproximadamente, un 40% de la ayuda recibida se dedicó al pago de los intereses de la deuda externa. De la ayuda que quedó en el país en 1992 sólo unos 50 millones de dólares fueron utilizados en la producción. El comercio y los servicios absorbieron la mayor parte, que se canalizó hacia el acelerado aumento de importaciones de productos de consumo. Aproximadamente 53 centavos de cada dólar de la ayuda que quedó en el país, después del pago del servicio de la deuda, se utilizó para importar. La inundación de productos de consumo extranjeros no provocó la competitividad sino el colapso de la deteriorada capacidad industrial del país.

En estos momentos se requiere de una gran honestidad política y económica para reconocer el fracaso de la ayuda internacional para reconstruir el país. Esta situación debe cambiarse. Porque no sólo existe una tendencia decreciente de la cooperación internacional, sino también una "fatiga de los donantes" por la escasa eficacia que los recursos internacionales tienen, dentro de una política económica orientada a pagar la deuda, a financiar importaciones y a mantener una moneda sobrevaluada.

Una política agotada: la ayuda debe dedicarse a la producción

La ayuda debe dedicarse a la producción: éste fue un acuerdo consensual, tanto de los economistas no gubernamentales, como de los organismos internacionales, como también del propio gobierno, que reconoció, por fin, la prioridad de la producción. Todos los presentes enfatizaron la producción de medianos y pequeños productores agropecuarios como vía para reiniciar la reactivación en el campo, donde radican los principales recursos económicos del país.

Fue significativo que el Ministro Lacayo y las IFIs (incluso con una oferta concreta de varias decenas de millones de dólares por parte del BID), apoyaran el Proyecto Finquero presentado por UCA-Nitlapán a finales de 1992, como un proyecto estratégico por tener el mayor efecto multiplicador por dólar invertido, tanto en la creación de empleo, generación en la producción para el mercado interno y las exportaciones, y en la creación de demanda efectiva, como por ser un fuerte factor multiplicador sobre el sector industrial, el del comercio y el de los servicios.

El crédito rural ha demostrado ser el de mayor recuperación en el sistema bancario y también el generador de la mayor tasa de ahorro por dólar invertido. Personalmente, me permití señalar el efecto psicológico que tendría una reactivación en el campo, con la creación de empleo y la estabilización de su población. Sería como un "efecto de demostración" importante para toda la economía.

Una nueva política económica puede transformar radicalmente el fracaso de la actual, donde la cooperación externa se inyecta al comercio y automáticamente se fuga del país a través de la compra de productos importados, sin tocar ni a la industria ni a la agricultura, careciendo de un mínimo efecto multiplicador. En este sentido, se puede afirmar que la política actual ha fracasado o, en el mejor de los casos, se ha agotado, al no poder seguir funcionando por la escasez de recursos externos y por el creciente nivel de pobreza, desempleo y recesión, que convierten la coyuntura actual en una crisis de ingobernabilidad política e inviabilidad económica. Todo esto implica una crisis de credibilidad del Gabinete Económico. Mejorar la eficiencia requiere una nueva gestión, un nuevo equipo económico y un nuevo margen de credibilidad.

Se requiere mejorar la calidad de la ayuda

Es necesario mejorar la capacidad negociadora del país en base a un consenso concertado internamente y a una negociación tripartita entre el gobierno, los economistas de la sociedad civil y las IFIs. Aunque la ayuda externa disminuya, su eficiencia puede mejorar y los resultados económicos podrían ser superiores, incluso con la reducción de la ayuda.

De todas formas, existe una posibilidad real de aumentar la cooperación externa para el sector de la producción, para la agricultura y para los medianos y pequeños productores. También existe la posibilidad de conseguir cooperación externa para inversión en capital humano, tanto en salud como en educación, y para un programa específico en la Costa Atlántica. Por otro lado, y por primera vez, existe la posibilidad de una cooperación conjunta de la ayuda internacional para Nicaragua. En la década pasada no fue así: la ayuda exterior se cancelaba mutuamente, pues los países nórdicos apoyaban la política gubernamental y la de los sectores populares mientras que la ayuda oficial norteamericana financiaba la guerra.

No es éste el momento de más ayuda, sino el de la calidad de la ayuda y el de su utilización donde tenga impacto. Existe la posibilidad de negociar mejor y con más fuerza. De lograr, incluso, un aumento de la ayuda para ciertos sectores estratégicos y una cooperación internacional conjunta para transformar la ayuda en un instrumento más eficiente que en el pasado.

Se requiere transparencia en el equipo económico

Se necesita un cambio profundo en la política económica, en la gestión de esa política y en el equipo económico. Un elemento fundamental de la nueva política y de una nueva gestión es la transparencia informativa sobre la marcha de la economía para superar el secretismo que tuvo tanto el gobierno sandinista como el actual. Democratizar la información económica es un factor determinante para la eficiencia del mercado.

La contradicción actual es que se defiende el mercado y se elimina el principal elemento de eficiencia del mercado: una información económica rápida y disponible para todos los sectores de la población. La democratización económica en el campo - lograda con los millones de manzanas de tierra distribuidas por el gobierno sandinista y por el actual - exige un uso eficiente de los recursos disponibles. El equipo económico del gobierno no sólo ha demostrado no tener esa capacidad sino que ha creado una profunda crisis de credibilidad difícil de ser superada a corto plazo, como lo exige la urgencia de la crisis actual.

La peculiar situación de Nicaragua, "país de Sísifo"

Aunque se mejore la gestión económica y se establezca un programa económico concertado, aunque ganemos un 10 en eficiencia económica, no es suficiente. Las condiciones sociales, políticas y económicas de Nicaragua son objetivamente un obstáculo para la reactivación económica, por las heridas que dejó la guerra, por la polarización política, por los bajos precios de nuestros productos en el mercado internacional y el proteccionismo dominante en el mismo.

La peculiar situación de Nicaragua fue reconocida por la Comisión Sanford que demandó un programa post-bélico para el país. También fue reconocida por un experto de las IFIs, que afirmó "Nicaragua es el país que ha tenido las peores condiciones para un ajuste en todo el mundo". Estas condiciones especiales han aumentado con los desastres naturales de estas dos décadas: terremoto, huracán, maremoto, erupción de volcanes, inundaciones, sequías, etc. Como en la leyenda griega, este "país de Sísifo" parece estar alcanzando la cumbre de la paz, de la democracia y de la reactivación, cuando ve rodar hasta el fondo del abismo la piedra de sus esperanzas, destruida por cataclismos naturales que agudizan el drama de los cataclismos políticos y sociales.

La integración centroamericana requiere de la recuperación de Nicaragua

La recuperación de Nicaragua es esencial para la integración centroamericana y para la estabilización política y social de la región. En la reunión de los expertos convocados por la CEPAL en Guatemala en mayo, se calificó también a Nicaragua como el "tapón del Darién" en el mapa de la integración, por el obstáculo que representa su ubicación geográfica y su permanente inestabilidad en mitad del istmo. En repetidas ocasiones los países centroamericanos han solicitado un trato preferencial para Nicaragua, demostrando con ello a la comunidad internacional la importancia estratégica, tanto económica como política, que Nicaragua tiene para la integración y para la estabilidad política de sus vecinos.

Problemas técnicos puntuales

En el encuentro con los organismos internacionales se analizaron algunos temas técnicos puntuales. El peligro de que finanzas y banca se separen de la producción. El cortoplacismo de las políticas económicas. La necesidad de una apertura al comercio internacional que sea selectiva y no indiscriminada como la actual. La necesidad de tasas cambiarias reales y de una devaluación deslizada sin saltos traumáticos. La revisión de las tasas de interés, especulativas e ineficientes productivamente, al mantenerse un 10% más altas que las tasas de interés mundiales, etc.

La polarización política nace de la polarización social

El último punto debatido fue la crisis de ingobernabilidad debida a la polarización política y a la desestabilización social por causa del creciente aumento de la pobreza y el desempleo. Pobreza y desempleo fueron unánimemente aceptados como los temas prioritarios. Este consenso posibilitaría un cambio cualitativo de la política económica y del estilo de la gestión económica hacia una democratización y amplia participación en la definición y en la implementación de una la nueva política.

Se señaló también que la crisis de ingobernabilidad lleva consigo la inviabilidad económica. Ambas se entrecruzan. Ambas crisis son polarizantes y paralizantes, creando mayor fragilidad y aumentando la falta de credibilidad del gobierno. Estas crisis demandan un acuerdo tripartito entre el gobierno, las IFIs y los economistas no gubernamentales. Se propuso que este apresurado pero exitoso seminario del 7 de octubre tenga continuidad, con más y mejor preparación. El gobierno aceptó convocar el 15 de octubre a los economistas nacionales para continuar el Foro Económico Nacional y preparar conjuntamente la próxima reunión con las IFIs.

Existen en el país cuatro poderes de veto:
el de la UNO, el del FSLN, el del gobierno y el del pueblo

Personalmente, afirmé que la necesidad del consenso y concertación económica es fundamental para superar los cuatro poderes de veto que existen en el país:

- El poder de veto de la UNO, que tiene capacidad de mantener una "huelga de capital" donde los empresarios se niegan a invertir e incitan a los extranjeros a no invertir en el país, como lo ha declarado Ramiro Gurdián, Presidente del COSEP.

- El poder de veto del FSLN, el mayor partido del país, que cuenta con las organizaciones populares más fuertes y con un determinante influjo sobre las Fuerzas Armadas.

- El poder de veto del gobierno, que tiene a su disposición la ayuda económica internacional y la legitimidad del poder estatal.

- El poder de veto del pueblo, ese "vulgo popular y espeso" que diría Rubén Darío, que ha demostrado su autonomía y capacidad de lucha, tanto en la reciente huelga del transporte, como en otras muchas y variadas luchas a lo largo de estos años.

Pueblo a secas, sandinista o no, de la Resistencia, de la UNO o sin partido. Pueblo religioso, hambreado y desempleado, pueblo en su mayoría profundamente desesperanzado y escéptico ante el gobierno y los partidos políticos.

Si no se llega a un acuerdo nacional, consensuado y concertado, no sólo entre las cúpulas sino también con las bases de la sociedad civil, no habrá solución económica. Cualquiera de estos cuatro poderes de veto puede paralizar a la sociedad nicaragüense.

El mito de la ayuda

En medio de algunos signos esperanzadores, aunque todavía marginales, la gran pregunta es ésta: ¿Existe voluntad política para iniciar un nuevo proceso económico, con una capacidad de negociación concertada frente a los organismos internacionales, una nueva gestión del gobierno y la formación de un gabinete económico que responda a estas características? Es difícil responderla: La carencia de un liderazgo capaz de conducir en forma consensual a la gran mayoría de los nicaragüenses y la ausencia de una visión de futuro en los grupos políticos dominantes, exige estructural y coyunturalmente el diálogo, la concertación y el consenso amplio, como única salida posible a la crisis de ingobernabilidad política y de inviabiliad económica.

Lo primero es superar la ampliamente extendida cultura económica de depender de la ayuda interncional. No es cierto que Nicaragua sea un país inviable sin ayuda. Nicaragua puede y tiene que ser viable sin ayuda. De fondo, existe una profunda deformación en la cultura económica, que crea una especie de "conciencia de subsidio colectivo".

Nicaragua tiene recursos, potencial económico y posición geoeconómica para ser un país viable y tener tasas de crecimiento similares a las de 1958-78 es que fueron las mayores del mundo por más de 20 años. El reto es superar la deformación en la distribución del ingreso, que permite dibujar nuestro "crecimiento" como una desproporcionada copa de champán, donde el 80% del ingreso lo concentra un 20% de la población. El 80% de los nicaragüenses participa de las riquezas en forma decreciente. Menos 6% de los ingresos cubre al 60%, que sobrevive a niveles de lipidia colectiva. Estos datos de la distribución del ingreso a nivel mundial son similares las de la situación de Nicaragua. La relación Norte-Sur se reproduce nacionalmente.

Para ser estable y no depender de la ayuda internacional, el nuevo crecimiento debe nacer desde abajo, con un "efecto volcán". Es decir, con una amplia base productiva y una cúspide de riqueza acumuladas cada vez más dedicadas a la expansión de las áreas de más sofisticación tecnológica y de más competitividad internacional.

Un modelo de distribución de las riquezas en forma de "copa de champán", polariza, paraliza, desestabiliza al país, nos mantiene en la ingobernabilidad política y en la inviabilidad económica e incluso provoca la fatiga internacional de quienes cooperan económicamente con Nicaragua.

Nicaragua: un test para Estados Unidos

Para superar la cultura económica de la ayuda, se requiere que el gobierno negocie apoyado por la mayor parte de la sociedad civil, los partidos, ONGs, Iglesias y organizaciones populares. El gobierno no debe dar la imagen de una institución aislada y débil. Podríamos incluso conseguir negociar la difícil situación de la deuda externa si lográsemos un consenso nacional mayoritario, con el que movilizar en el Club de París una cancelación de la deuda nicaragüense, por ser el único país del mundo con un colapso económico que alcanza en 1993 un per cápita inferior al de 1960 y ser el país con la mayor deuda per cápita del mundo.

La excepcionalidad del caso nicaragüense y la profunda repercusión que tiene su desestabilización en Centroamérica, en este puente natural entre el Norte y el Sur del continente, en el momento de la creación del gran megamercado de las Américas, no ha sido suficientemente explotado como un activo negociador de Nicaragua.

El impacto positivo de una posición así pudo verse relativamente comprobado en la reunión con las IFIs en el Olof Palme. Todos los organismos internacionales aprobaron enfáticamente la ayuda a la producción en el campo y percibieron que Nicaragua es un factor desestabilizador de la integración centroamericana y del Tratado de Libre Comercio. (Estados Unidos-México-Canadá).

Personalmente, creo que también aceptaban que Estados Unidos tiene tantos problemas internos e internacionales (Rusia, Medio Oriente, Somalia, la pérdida de competitividad con Europa y Japón) que no le interesa que Nicaragua vuelva a ser parte de la agenda del Departamento de Estado y menos todavía de la Casa Blanca.

Evitar un mini-Moscú en Managua es un elemento de la nueva política norteamericana. También existe la percepción que después del fin de la guerra fría se necesita una política distinta para la región. Nicaragua es país "test case" y gestos y declaraciones indican una nueva política. Se requiere ahora de hechos.

Y en América Latina Nicaragua pudiera ser un hecho determinante que demuestre la superación de la política injerencista de Estados Unidos y su sustitución por una de neutralidad constructiva. Lo que hace unos meses pudieran parecer especulaciones optimistas podrían ser hoy el resultado del puro y crudo realismo del nuevo gobierno norteamericano. Es una esperanza.

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