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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 140 | Agosto 1993
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Cuba

Cuba ¿resiste o claudica?

Cuba es pequeña, quiso la justicia y no se rinde. Por eso está en crisis, en un mundo donde la ética y la solidaridad también están en crisis. La realidad cubana, la de ayer y la de hoy es compleja, contradictoria y desconocida.

María López Vigil

Cayó el muro de Berlín y se desmoronaron los cimientos de la Europa socialista. Dos años después se desintegró la URSS, Rusia izó de nuevo la bandera de los zares y mendigó a sus adversarios un puesto a la mesa del "bienestar" capitalista. Ninguna nación del mundo fue y sigue siendo más afectada por este vuelco acelerado e inesperado de los acontecimientos que Cuba, un país pequeño que lo apostó casi todo a la existencia de ese mundo socialista hoy acabado, del que la separan más de 10 mil kilómetros.

Hace cuatro años "se acabó la historia", dicen los vencedores. O los miopes. En Cuba es donde más se siente este "fin". Terminó la seguridad que daba tan poderosa retaguardia económica, sin la que no se explica el notable desarrollo cubano en estos 30 años. Desapareció el socio del 85% de los intercambios comerciales. Y se redujo a cero el apoyo a la defensa militar. Hace cuatro años se inauguró el "nuevo" orden internacional, dominado por una bien conocida potencia militar, los Estados Unidos, 200 años aspirando a que Cuba sea una estrella más en su bandera, 35 años afilando su hostilidad contra la revolución cubana.

Y a pesar de todo, Cuba sigue ahí, en el lugar de siempre y con la misma gente. En "período especial", pero sigue. Sobreviviendo y también desarrollándose. Ambas difíciles metas a la par. Sin carne, sin buses, sin jabón y sin divisas, sin piezas de repuesto, reducido el petróleo y escasa la leche, con el bloqueo aún más endurecido y hasta con el embate de la "tormenta del siglo", que le dejó mil millones de dólares en pérdidas, y una epidemia de origen desconocido, que ha producido ceguera y diferentes problemas nerviosos a 40 mil personas. Cuba está jodida pero sigue ahí. Ahí y navegando, buscando diariamente cómo ajustar las máquinas de su barco socialista para que surque el mar de capitalismo neoliberal de este fin de siglo.

¿Estrella o agujero negro?

Durante 1990, grupos de exiliados cubanos de Miami hacían concursos bien premiados para quien adivinara cuándo "caía" Cuba. También hacían maletas. En aquel entonces los llamados cubanólogos pronosticaban un fin inminente y similar al de Rumania. Fidel era el Ceaucescu criollo y una avalancha de pueblo airado lo iba a arrasar. Pero nada. Nadie ganó el concurso. La desintegración de la URSS volvió a avivar las profecías sobre el fin de la Cuba socialista. Pero pasó el a{ ño 92 y el 93 ya va entrando en su ocaso. Y nada. Ya nadie hace cábalas y de Cuba las únicas noticias que se dan son caóticas. Prevalece el silencio, cuando en tiempos tan difíciles para la isla, cada día de sobrevivencia, cada nueva inversión extranjera, cada novedad científica son materia prima para una destacada información. En la guerra de imágenes que controlan las transnacionales norteamericanas ? y cada vez más, un poderoso grupo de cubanos exiliados ? ya se dejó de lado el modelo Rumania. Ahora es Somalia. La imagen de Cuba es la de un pueblo de indigentes y desnutridos que huyen en balsas o aguardan barcos de ayuda humanitaria, en famélica expectativa del día de su libertad.

En su primera declaración sobre Cuba y muy paternalistamente, dijo Albert Gore, el Vicepresidente de Estados Unidos: "Nuestra tarea es convencer a los cubanos que están en Cuba de que el sistema en que viven es un fracaso". La frase sugiere un absurdo político: aún depauperados no se convencen...

Siguen los pronósticos y sigue Cuba. Cuba resiste, dicen unos. Y aplauden su resistencia. "Querían ver un satélite donde había un sol y hoy brilla nuestra revolución como una estrella en un cielo oscurecido" ? explica así las cosas Fidel Castro.

Cuba agoniza, dicen otros, que no ven en este sobrevivir otra cosa que la prolongación de la fase terminal de un enfermo desahuciado, el fin de la revolución en cámara muy lenta. Heroicamente lenta. Pero es agonía. Son las brillantes vísperas del agujero negro para una estrella que fue, ya agotada.

¿Qué dicen los cubanos? El 24 de febrero de 1993, los cubanos tuvieron la oportunidad de expresarse sobre el rumbo del país eligiendo a las principales autoridades de la nación con el voto directo y secreto.

Plebiscito sobre el socialismo

Desde hace varios años, muchas voces ? de amigos y de enemigos de la revolución cubana ? se han alzado en todo el mundo exigiendo a Fidel Castro que sometiera a plebiscito su permanencia en el poder y el sistema imperante en Cuba. De hecho, eso fueron las elecciones celebradas en febrero, aunque ése no fuera su origen, aunque así no se llamaran y aunque en las boletas no aparecieran preguntas al estilo de un plebiscito sino listas de candidatos a cargos municipales y nacionales.

Tanto carácter de plebiscito tuvieron estas elecciones que la oposición cubana radicada en Miami pidió al pueblo de Cuba día y noche por las 20 emisoras que maneja en Estados Unidos que aprovechara la oportunidad que se le presentaba para rechazar al gobierno, al sistema y a Fidel Castro en especial. Aunque la opción adversa a la revolución no era un hombre o un partido ?porque no se elegía entre candidatos rivales de diferentes banderas? sí había opción adversa: anular la boleta dejándola en blanco, manchándola, insultando en ella a los dirigentes. Como sucede en cualquier elección del mundo. También los dirigentes de la revolución se empeñaron a fondo en capitalizar las características plebiscitarias de la consulta.

Hubo ocasión para rechazar el socialismo. Y hubo plena libertad para hacerlo. Porque hubo voto secreto. Y en ese secreto del voto está la clave. Era ese secreto la brecha abierta para la libertad individual de los casi 8 millones de cubanos que acudieron a las urnas. Cada uno de estos ciudadanos estuvo el tiempo que quiso en una caseta cerrada con una cortina, garantía de su intimidad, y pudo decir con el lapicero, solo frente a su conciencia, lo que quiso decir. No había militares en los colegios electorales, abiertos a la observación de cualquier periodista extranjero o turista. Sólo un par de niños con su uniforme escolar blanco y rojo custodiaban las 60 mil urnas donde se depositaron las boletas.

Votó el 99.57% de los que tenían derecho a votar. Esta participación casi unánime se puede explicar por el control social ?más que el estatal? que caracteriza a la sociedad cubana. Control que arrastra y "obliga" a los pasivos a participar. Pero, ¿explica esto que el 93% de los votos fueran válidos? Ya no resulta tan sencillo. Precisamente por lo secreto del voto. Temor a represiones posteriores, podrán pensar algunos. Pero quien vive prisionero en una cárcel totalitaria aprovecha cualquier resquicio que se le presenta para intentar escapar. El pueblo cubano no puede ser la excepción.

Hubo campaña en un sentido y en otro. Una campaña atípica, pero no faltó la propaganda, aunque no fuera con rótulos, camisetas o comerciales, sino a pura palabra. En Cuba se hizo la campaña a favor de acudir a votar y posteriormente, a favor de lo que se llamó el voto unido. En Miami y desde las radios opositoras, se organizó la campaña contraria, primero a favor de la abstención y después, cuando se comprendió que las elecciones ofrecían un chance para expresar rechazo a Fidel, por la anulación del voto aprovechando el secreto.

Los cubanos de la isla pudieron escuchar los argumentos de ambas campañas y decidir después. Cualquier transistor capta la señal de Radio Martí y de otras emisoras de la Florida. Los líderes del exilio cubano anunciaron que habría un masivo rechazo al socialismo. En vísperas de las elecciones, Carlos Alberto Montaner ?dirigente de la llamada Plataforma Democrática y uno de los opositores a la revolución con mayor espacio publicitario en Europa? afirmó que esperaba que los votos anulados superarían el 50%. Si hubiera sido así, otro gallo cantaría hoy en Cuba... Después de conocer los resultados, ni Montaner ni las radios de Miami denunciaron fraude, pero como la derrota anunciada no se produjo, tampoco hicieron con ella ninguna crónica. Simplemente, sacaron las elecciones cubanas de la noticia.

¿Cómo explicar este voto masivamente favorable a la revolución en momentos de tanta escasez e incertidumbre? ¿Cómo entender la resistencia y la prolongada sobrevivencia del pueblo cubano en estos últimos años. Formularemos cuatro posibles respuestas, apenas una aproximación personal a la compleja realidad de la Cuba de la post-guerra fría.

UNA SOCIEDAD TERCAMENTE IGUALITARIA

En el sistema electoral cubano no hay que inscribirse para votar, el registro de los electores se hace de oficio. Al cumplir sus 16 años, todos los cubanos y cubanas quedan automáticamente inscritos y con derecho a voto. Aunque después, votar no será una obligación.

Lo que sucede con el derecho al voto, sucede con otros muchos derechos. Por nacer ? y antes de nacer ? todo cubano tiene asegurados de por vida salud, educación, empleo, seguridad social, vacaciones, cultura, deporte y un sinfín de oportunidades. Tiene el amparo y la protección de un Estado marcado por una decidida voluntad de equidad social. Esto ha dado a la revolución cubana un sólido consenso. Porque a las mayorías les cambió la vida, dándoles beneficios concretos que aún hoy, en tiempos de escasez, se mantienen, son evidentes y nadie quiere perder. "¿Para qué existe un gobierno? Para preservar la salud de todos, la educación de todos, la estabilidad y las oportunidades para todos. Ese es nuestro deber como gobernantes. No es tarea de un gobierno darle cauce a los egoísmos humanos y que se salve el que pueda. Preferimos la austera vida de todos, al bienestar y el lujo de unos pocos frente al hambre y la miseria de la mayoría". Así habla en una reciente entrevista el prácticamente Primer Ministro Carlos Lage, el dirigente no "histórico" de mayor relieve en la actual realidad cubana.

Igualdad "por abajo"

La sociedad cubana es la más igualitaria de América Latina y de todo el Sur. "Y seguramente ? añade un periodista ?, la más igualitaria de todo el mundo. Porque aunque todos los cubanos no tenemos todo lo que tienen los suecos, las diferencias entre los suecos ricos y los menos ricos son mucho mayores que las que se dan entre nosotros". Si aceptamos que la equidad es un requisito no sólo ético sino técnico del desarrollo, Cuba es el único país de nuestro continente que ha puesto ya ese necesario cimiento.

Equidad social es el acceso igual de todos los cubanos a todos los servicios sociales. Y gratis serán para cualquier embarazada 15 controles pre?natales, gratis para todos los niños al nacer más de una docena de vacunas contra otras tantas enfermedades y gratis para cualquiera en cualquier edad el más sofisticado trasplante u operación cerebral. Equidad es la igualdad de oportunidades que se abre ante cualquier cubano para que llegue a ser un destacado científico, un profesional o un técnico con preparación "de lujo" o un deportista olímpico. O si lo prefiere, para que se quede sólo en trabajador o funcionario mediocre. Aun así, siempre tendrá empleo asegurado, beneficiándose de una diferenciación salarial ínfima: de 4 a 1 entre salario máximo y salario mínimo.

Menos se habla de la democrática igualación que la revolución cubana ha logrado entre blancos y negros ? un tercio de la población ? y que ha ido reduciendo el racismo y la discriminación. Poco se habla también de esa democracia que es tratar de equiparar a varones y a mujeres y que ha garatnizado seguridad económica y desarrollo de la inteligencia y de la conciencia a la mitad de la población de la isla. Hoy son mujeres el 56% de la fuerza técnica del país y están en manos de mujeres el 28% de los cargos de dirección en la administración central del Estado.

Mucha igualdad se ha logrado ya en Cuba. La igualdad "por abajo", en todo lo básico, es casi total. Existe tal vez un exceso de igualdad "por arriba", que transforma la equidad en igualitarismo y que cercena, controla o prohibe iniciativas sanas y justas de los más inquietos o inconformes o brillantes dentro de una sociedad, que de tan igual puede resultar también excesivamente homogénea, pautada, poco estimulante. ¿Aburrida? El período especial ha puesto en evidencia como nunca antes, los peligros, los riesgos y las desventajas de un excesivo igualitarismo.

Coexisten tres economías

Tres décadas de intercambios económicos y comerciales Cuba?URSS, basados en principios que todos reclamamos para un nuevo orden económico, más justo y más solidario, entre las naciones grandes y las pequeñas, permitieron a Cuba organizar un Estado que garantizara esta colosal equidad e iniciara realmente el camino del desarrollo. Precios preferenciales, créditos blandos, variedad de proyectos y asesorías técnicas se unieron al talento de los cubanos e hicieron el milagro.

El "fin de la historia" interrumpió bruscamente este proyecto de largo plazo, cuando ya se habían logrado muchísimos avances, pero aún faltaba dar pasos elementales. La economía revolucionaria ? desde que Estados Unidos inició el bloqueo a comienzos de los 60 ? se fue haciendo más y más integrada con la de los países socialistas del CAME y especialmente con la soviética. Si con la actual crisis otras izquierdas perdieron la brújula para orientarse, Cuba perdió más: perdió el mar en el que navegaba.

El período especial en tiempos de paz, iniciado en la isla a finales del 90, pretende salvar todo lo ya conseguido y, con una drástica racionalización de los recursos, reajustar toda la economía para seguir avanzando por el camino emprendido: ambicioso desarrollo con total equidad. ¿Es posible este matrimonio en un país tan pequeño, con pocos recursos, empobrecido y saqueado durante siglos? ¿O la caída de los muros le marca a Cuba la hora del pragmatismo y del divorcio?
Casi tres años de período especial han consolidado en la isla la coexistencia de "tres economías" tan complementarias como contradictorias: la economía estatal, la economía turística y la economía del mercado negro.

Administrar escasez

La economía estatal ?planificada todavía muy centralistamente- produce, invierte, asume todo el gasto social en salud, educación, etc., distribuye y subsidia los precios de todos los productos de consumo básico de toda la población. Está empeñada en la repartición igualitaria de lo que hay. Y como ahora hay poco, todo está estrictamente racionado por "la libreta". A cada dueño de vehículo le tocan ? cuando hay ? 10 galones de gasolina al mes y hasta los 7 años cada niño tiene garantizado un litro de leche diario, que cuesta centavos. Toca un pequeño pan por persona al día y 8 huevos al mes por persona. Las verduras y las frutas, según la estación, también se venden racionadamente cuando llegan al agromercado. Pero no llegan o llegan muy irregularmente. En lo que se distribuye por la libreta hay permanentes altibajos, que dependen no sólo de los ciclos de las cosechas sino de lo que se logra o no comprar en el exterior.

Cada vez hay menos que repartir. Ya no existen los países socialistas que comerciaban con Cuba y a cambio de azúcar, níquel, cítricos, productos electrónicos, etc., facilitaban a la isla petróleo y otros 700 productos, básicos o no, e innumerables materias primas para elaborarlos en Cuba. Desaparecieron estos países y estos vínculos y permanece, fortalecido, el bloqueo de Estados Unidos, que dificulta a Cuba abrir con normalidad nuevos mercados, captar nuevas inversiones, importar estos mismos productos de países más cercanos o conseguir créditos de países occidentales para comprarlos.

Des?integrada económicamente con el fin de la URSS, bloqueada por la obstinación de Estados Unidos y necesitada de un ajuste económico total para adaptarse a la nueva situación internacional, la economía estatal cubana está en grave crisis. Basada en inversiones gigantescas, en el subsidio, en un centralismo que la hace ineficiente y en una retaguardia económica que se "desmerengó" ? como se llama en Cuba a la "crisis del socialismo real" ? administra cada vez más escasez y lo hace cada vez más cortoplacistamente.

Petróleo: el punto más débil

La escasez de petróleo es lo más grave de la crisis actual. En Cuba se extrae crudo, pero es insuficiente y de gran densidad. Si en la plataforma marina cubana apareciera petróleo ? compañías extranjeras lo están buscando ? la crisis cambiaría mucho de color.

En estos años, la revolución levantó a lo largo y ancho del país una enorme infraestructura: carreteras, puentes, aeropuertos, puertos, presas, electricidad para el 95% de la población... Este esfuerzo borró muchas fronteras entre la capital y "el interior", entre campo y ciudad. Para funcionar, esta infraestructura se comía 13 millones de toneladas de petróleo anuales. Hoy Cuba sólo logra comprar una tercera parte.

Ya no hay intercambio solidario: subió el petróleo y bajó el azúcar. El petróleo representa hoy la mitad de las importaciones cubanas. Y el azúcar redujo su valor en un 70%. "Es como si tu salario fuera de 100 y te lo bajaran a 30. Y de esos 30 gastaras 15 en petróleo": ésta es la crisis de Cuba.

El país no funciona como los cubanos ya estaban acostumbrados a que funcionara. 180 mil bueyes sustituyen a los tractores, paralizados por falta de combustible. Y más de 500 mil bicicletas chinas y cubanas circulan por La Habana, donde viven más de 2 millones de personas y hoy es ya la ciudad capital más libre de monóxido de carbono en el mundo. Tienen dificultades los 152 centrales azucareros ?corazón de la economía? y tiene dificultades cada cubano. A pesar de todo, la economía estatal continúa invirtiendo en las tres líneas que ha priorizado: el turismo, la biotecnología y el plan alimentario.

"La revolución estaría acabada cuando haya un solo niño que no tenga lo necesario para crecer con salud o no tenga escuela, y cuando no haya inversión para el desarrollo futuro y nos quedemos sólo en la sobrevivencia", me dice un economista. "No estamos lejos de ese momento", añade.

No es fácil ajustar una economía pensada totalmente para un mundo a otro mundo, que hoy es ancho y adverso. El ajuste cubano tiene que ser macro y micro a la vez y la economía estatal no sólo abandonó los acabados planes quinquenales sino los improvisados planes anuales. Funciona como la de una familia de escaso salario, como la de una "bodega" o pulpería.

Cada mes, cada día, tiene que sacar cuentas cortoplacistas: ver qué comprar, ver cuánto vender, analizar cuál es la escasez más grave, decidir dónde invertir lo que entra por turismo... Hay problemas en todos los frentes: repuestos obsoletos, divisas escasas, presiones del bloqueo gringo, barcos que demoran más de lo previsto en llegar, cultura "del envase" que no se tiene y hay que aprender... y el mundo, tan cambiante. Es el ajuste económico "más complejo" que realiza cualquier país latinoamericano, opina Enrique Iglesias, Director del BID.

Y en medio de esa tensión, 1993 introdujo tres emergencias inesperadas. La "tormenta del siglo" afectó a 10 de las 14 provincias, produciendo al país pérdidas por centenares de millones de dólares y golpeando severamente el plan alimentario, con el que se quiere garantizar la producción agrícola para consumo nacional. Otra segunda racha de inesperadas lluvias fuera de tiempo arruinó la zafra en su fase final y Cuba producirá menos azúcar que nunca en la historia de la revolución: 4.2 millones de toneladas. El azúcar es la principal fuente de entrada de divisas al país y en 1993 Cuba perdió, por azúcar perdida, 450 millones de dólares. Finalmente, la epidemia de neuritis óptica. El Estado, que garantiza la salud gratuita de toda la población, tuvo que hacer gastos extraordinarios ? unos 20 millones de dólares ? para enfrentarla y para fabricar y distribuir en todo el país millones de pastillas de vitamina B, que todos los cubanos toman diariamente para prevenir la enfermedad.

El "apartheid turístico"

En el día a día, en ese corto plazo, la economía estatal es sostenible en gran medida por la economía turística. Siempre tuvo Cuba interés en desarrollar al máximo el turismo. Un país con sol todo el año, con playas y paisajes magníficos, sin sombra de contaminación ambiental, al margen también de la contaminación de la droga o de los casinos de juego, y con una sociedad muy estable, tiene en el turismo un inmenso potencial.

El período especial priorizó el turismo como la vía más rápida para obtener las divisas que permitieran a Cuba seguir funcionando. En 1993, los turistas se incrementarán en un 45% respecto a 1992, y este año visitarán la isla 700 mil personas. Para 1995, Cuba espera a un millón. Canadienses, italianos y españoles son los más asiduos. Pero también llegan latinoamericanos ?México, Argentina, Chile?. El bloqueo prohibe llegar a los estadounidenses, los más cercanos y tal vez los más curiosos de los potenciales turistas.

En el último año antes de la revolución, 1958, visitaron Cuba 228 mil turistas estadounidenses. Si esa misma cantidad llegara hoy, gastando el promedio que gasta un turista en la isla, Cuba tendría ingresos adicionales por 200 millones de dólares. Conociendo que 6 millones de estadounidenses pasan hoy sus vacaciones en el Caribe, se pueden imaginar lógicamente para Cuba cifras de visitantes superiores a las del 58.

La economía cubana necesita las divisas de los turistas. Sin turismo ? segundo rubro de entrada de divisas después del azúcar ? no habría hoy tanta equidad. Pero esta equidad tiene hoy un desafío, precisamente en el turismo. No se construyen apenas viviendas en Cuba ?y hay un déficit de cientos de miles- pero cada vez se levantan más hoteles. Escasea el combustible, pero no para que el turista se desplace donde desee. No falta nada: ni luz ni leche ni langosta en los restaurantes en donde van a parar los dólares de los turistas.

Por cada 40 centavos de dólar que Cuba invierte en turismo, el país gana un dólar. Parte de los beneficios que deja el turismo se destina a inversiones en la misma industria turística y el resto va a las arcas del Estado. Con esto se financian otras inversiones para el desarrollo y los subsidios de la economía estatal.

El turismo resuelve. Y el turismo complica. Resuelve objetivamente, en lo económico y a corto plazo. Pero está desgastando subjetivamente y en lo político, también a corto plazo. Afecta la equidad. El turismo ha venido a resquebrajar las pautas de igualdad tan tenazmente construidas en estos años. Cualquier cubano ? por conciencia política que ten?ga ? se siente hoy ciudadano de segunda clase frente al turista en cualquier espacio en que ambos coincidan.

¿No estará empezando a ocupar el turismo en Cuba el lugar que en otras sociedades latinoamericanas se reserva la clase pudiente, la que a la vista de todos lo tiene todo? El turista circula en buen carro, viste a la moda, se divierte y come langosta. ¿Será que el socialismo significa escasez y termina poniéndose al servicio de los dólares capitalistas?

Aunque la infraestructura turística crece y crece, es insuficiente para que los cubanos puedan ?como lo hacían hasta 1989? disfrutar de los centros turísticos y de los buenos restaurantes. Es cuestión de capacidad y también de calidad: los cubanos pagan en moneda nacional y ésa "no vale".

Todo el espectro de la oposición cubana ha denunciado lo que llama el "apartheid" turístico en Cuba como un atentado contra los derechos humanos de la población. Los dirigentes cubanos han explicado permanentemente el por qué de esta "discriminación", de este "mal necesario". Pero explicar no es convencer y mucho menos solucionar un problema subjetivo, de percepción, de conciencia. Tampoco es fácil responder a esta pregunta: ¿y a corto plazo, qué otro camino le queda a Cuba que no sea el turismo mientras no consigue readaptar su economía?

Un excesivo purismo?moralismo ideológico, característico de la revolución cubana, acentúa los aspectos negativos del turismo. Existen todavía muchas e innecesarias fronteras entre la población y los turistas, en aras de la "no contaminación" de la conciencia y los valores revolucionarios. Durante muchos años, los cubanos no podían ni entrar en los hoteles para turistas. Hoy, los dos son todavía mundos aparte. ¿Por qué un cubano no puede alquilar un cuarto de su casa a un turista? ¿Por qué estigmatizar a las "jineteras" como prostitutas, si más que un fenómeno de descomposición social su actitud es más compleja y puede reflejar desde una decisión personal ante "lo prohibido" hasta la vía más accesible para "resolver" en período especial? ¿Por qué no se organiza a muchachas del mismo municipio como guías turísticas de los eventuales visitantes? ¿Por qué tanta formalidad postiza en la atención al turista si el cubano no es así? El turismo no es un "mal necesario", es un "bien deseable" para Cuba y para cualquier nación. Objetivamente, está embelleciendo el país y subjetivamente, significa un importante e ineludible desafío cultural para el pueblo y su revolución socialista.

La bolsa negra

La economía turística ?por la circulación de dólares, principalmente? y la escasez que administra la economía estatal alimentan la economía del mercado negro. "Bolsa negra" se llama en Cuba y "macetas" a los que trafican en ella. Es una economía cada vez más abarcadora y poderosa.

Durante los años 80, los cubanos tuvieron niveles de vida muy aceptables, aunque nunca al estilo irracional y derrochador de una sociedad de consumo. La permanente inversión del Estado en el desarrollo nacional exigía a todos austeridad y control de los recursos. Pero con lo esencial subsidiado y con la salud y la educación gratuitas, los cubanos dedicaban una gran parte de su salario a comprar otras cosas, necesarias o superfluas, en lo que se llamaba el "mercado paralelo". Unos buenos zapatos o un jamón y una caja de cerveza para celebrar el cumpleaños, un televisor a color o unas vacaciones en Varadero. El peso cubano era fuerte y había dónde elegir. Era el tiempo en que todos los habaneros podían cenar o almorzar con regularidad en los restaurantes de la capital, en donde hoy sólo van turistas.

El período especial cortó de un tajo esta posibilidad de hacer la vida, ya más justa, también más agradable. Se cerró esta importante válvula de escape. Hoy el cubano dedica una ínfima parte de su salario a pagar lo poco de comida que le llega por la libreta y el resto a "resolver" en el mercado negro todo lo mucho que queda fuera de esa libreta, porque no aparece en ella o porque lo que aparece resulta muy escaso. Pero el peso cubano está tan devaluado que ese gran resto de su salario se le puede ir en comprar un par de los más sencillos zapatos de tenis. Aunque el cambio oficial se mantiene a 1 por 1, en la bolsa negra 1 dólar se cambia por más de 50 pesos.

El gobierno cubano anunció en julio la despenalización de la tenencia de divisas en manos de los ciudadanos. Hasta ahora, era ilegal para todo cubano ?incluso para los diplomáticos de la isla cuando estaban en Cuba ? el tener dólares. La realidad se ha impuesto. Al momento del anuncio, varios analistas calculaban que más del 40% de la población tenía dólares y los empleaba para comprar o vender en el mercado negro y que no menos de mil millones de dólares circulaban de esta manera.

El turismo y visitas de familiares de Estados Unidos o de sus "enviados" llenaron no los bolsillos pero sí los rincones de las casas cubanas de dólares "ilegales". Con ellos y con una mano amiga ? turista o familiar o a través de las "jineteras" ("acompañantes" de los turistas), los cubanos compraban en dólares en las tiendas para extranjeros ?algo mejor abastecidas- y revendían en pesos en la bolsa negra. Y cada vez más se compraba y vendía en el mercado negro no en pesos, sino en "fulas" (dólares).

Los productos que circulan en la bolsa negra vienen también de pequeños o grandes hurtos que el cubano se permite hacer en el hotel en donde trabaja o en la fábrica en donde aún conserva su empleo, y en la que existen problemas de descontrol e indisciplina laboral. La bolsa negra se nutre también de la ociosidad que genera la falta de trabajo. En Cuba, el ajuste de la economía ha traído, como en otros países, índices de desempleo, no divulgados oficialmente. Pero los cubanos no aplican la inhumana "política de choque" neoliberal, que deja a miles sin trabajo, al garete y sálvese el que pueda. Los desempleados cubanos reciben el 60% del salario que tenían y el Estado debe ofrecerles posibilidades de capacitación o de nuevos empleos, que ellos son libres de aceptar o no.

Sin embargo, como el día está vacío de ocupación, muchos de ellos "inventan" y se "emplean" en esa amplísima y "clandestina" economía dolarizada del mercado negro, presente en toda Cuba y conocida por todos, también por las autoridades, que también "resuelven" en ella, haciéndose de la vista gorda. Se castigan únicamente los delitos mayores, grandes robos sobre todo.

Érase una vez...

Érase una vez una madre responsable de catorce hijos, aún
en edad de crecer, a los que con grandes esfuerzos, pero con cierta holgura pudo darles durante muchos años una vida digna, con bastante seguridad y bienestar. Un día se le complicó tanto la vida a la madre que sus esfuerzos fueron insuficientes para darle a sus hijos lo necesario. Entonces, para asegurar al menos la comida de todos, alquiló la parte más bonita de su casa a un rico extranjero, a quien atendía con lo mejor: comodidades y deliciosas comidas. Vivía pendiente. "De lo que él nos dé viviremos todos", les decía cuando celosos y molestos los muchachos le reclamaban. Y efectivamente, el pago del extranjero alcanzaba para que todos tuvieran un plato de comida y ninguno se acostara con hambre.

Cuando los hijos habían acabado su escaso y rutinario plato, el extranjero apenas comenzaba a disfrutar lo que su madre cocinaba. Para saciar ese apetito que se parece al hambre o para vivir con más alegrías, como en otros tiempos, algunos de los hijos de la señora robaban en la calle y otros se metían en bastantes enredos y hasta estafaban a sus amigos. Y la madre, preocupada todo el día por ver cómo le ajustaba el dinero, hacía como que no lo sabía y ya no se daba cuenta de que sus hijos no eran los mismos. No sólo estaban más flacos, el cambio era más adentro. Hasta que un día...

Es sólo una parábola. También puede contarse así lo que está pasando en la Cuba de hoy.

"Rectificaciones" pendientes

El ajuste de la economía cubana se inició en 1986 con la llamada "rectificación", pero fue forzado inesperadamente con el fin de la URSS. Y muchas rectificaciones de fondo, estructurales, quedaron pendientes por la coyuntura de emergencia. La emergencia ha sido diaria desde 1989. Y cada año ha sido peor. ¿Hasta cuándo, se pregunta todo el mundo? Es difícil dar respuestas de calendario. Y el tiempo, ¿está o no a favor de Cuba? No es fácil hacer previsiones. Período especial es sinónimo de incertidumbre.

Hay mucho debate en Cuba sobre la viabilidad de esta situación con dinámicas tan contradictorias ?a las que se suma la presencia del también mimado inversionista extranjero?, si no se introducen a tiempo cambios económicos importantes. Más de fondo, se habla de la urgencia de diseñar por fin un modelo económico abarcador de todas las piezas de la nueva realidad.

El 26 de julio, Fidel Castro explicó que para sobrevivir, la economía revolucionaria debía enfrentar dos graves problemas: el exceso de circulante de moneda nacional y la escasez de divisas. Para captar las divisas que ya circulan en el mercado negro y atraer las de potenciales remesas familiares, anunció que todos los cubanos podrían tener y usar dólares con los que comprar en tiendas turísticas o especiales (un "mercado paralelo" sólo para los que tengan dólares). El Estado invertirá estos ingresos en mejorar el abastecimiento subsidiado que garantiza a todos.

Se habla de muchas otras medidas. De una revisión de los actuales precios, cada vez más artificiales por el subsidio. De darle a la moneda cubana su valor real. De una política de subsidios más limitada y selectiva. De incorporar a la economía el mecanismo de los impuestos o del control de ingresos. De autorizar a trabajadores o pequeños comerciantes por cuenta propia, que brindarían legalmente servicios hoy mal atendidos. De establecer una relación correcta entre salario y trabajo. Y la mejor relación posible entre los intereses individuales, empresariales y nacionales.

Muchos vuelven a hablar del error que supuso prohibir el mercado libre campesino, especialmente cuando el plan alimentario no supera las arraigadas ineficiencias de una producción, y sobre todo de una distribución, tan centralizada. El plan está priorizado, pero la gente no come bien.

El 20% de las tierras de Cuba está en manos de campesinos que no quisieron cooperativizarse y que manteniendo sus parcelas particulares, deben vender toda su cosecha al Estado. En la década de los 80 se les autorizó la venta libre de parte de ella, lo que supuso una mejora en la producción y un alivio inmediato en la distribución de alimentos. También supuso el "enriquecimiento" ? la ruptura del igualitarismo ? de un sector de estos campesinos y principalmente, de los intermediarios. Por purismo ideológico se ha querido evitar éste y otros privilegios. Pero el costo ideológico de la doble moral creada durante estos años con la bolsa negra, o el costo social y político que crea el desabastecimiento generalizado, son mayores que el costo que pueden traer los privilegios de algunos sectores.

En los cambios que haya que hacer, "concesiones a las que la vida nos obliga", "concesiones a principios de la economía capitalista para salvar las conquistas del socialismo" ?según Fidel Castro?, "no seremos ni dogmáticos ni locos", especificando, fiel a su purismo, que las medidas que Cuba toma en esta hora "no son para perfeccionar el socialismo sino para que sobreviva la revolución". Pero, ¿no resulta difícil en estos tiempos tan confusos definir esa frontera?

Balseros y desertores

La sociedad tan equitativa que en Cuba se construyó y hoy se trata de mantener a toda costa es sin duda un gigantesco colchón que explica la estabilidad social con la que el pueblo cubano vive tan compleja crisis económica. Los cubanos no votaron "con el estómago". Y aunque hay delincuencia y conatos de protestas más de una vez, son expresiones muy mínimas de inestabilidad, sobre todo si las comparamos con los estallidos que ocurren a diario en la explosiva América Latina neoliberal. La equidad estabiliza y explica el masivo apoyo a la revolución. Donde son tan pocos los márgenes de desigualdad, es menor la violencia. En el fracasado capitalismo real de los países latinoamericanos, la opulencia de unos pocos y las vitrinas de la sociedad de consumo, a los ojos de todos en las calles y en la televisión, generan cada vez más violencia y descomposición social.

Pero en el período especial, el férreo igualitarismo estatal ? quebrado por el turismo y burlado por el mercado negro ? está siendo también un factor de frustración para muchos cubanos. Algunos altos funcionarios ? que en Cuba no son tantos y siempre vivieron con bastante austeridad ? y sobre todo, los que han llegado a una alta cualificación profesional aprovechando la igualdad de oportunidades del socialismo, pero también haciendo enormes sacrificios personales, se ven ahora reducidos a niveles de vida decepcionantes. Se ven medidos con el mismo rasero con el que el Estado mide a los holgazanes que siempre mamaron del paternalismo estatal y hoy tal vez son estrellas del "maceterismo", dedicados a la explotación del hombre por el hombre en la bolsa negra.

Este profesional frustrado, que no ve salida al laberinto económico que vive Cuba, se ve hoy muy tentado a la deserción. En las desiguales sociedades capitalistas ?que conoce directamente porque ha viajado a ellas? su saber y su hacer estarían no sólo mejor pagados sino más reconocidos. Su familia viviría con menos inseguridad y más felicidad y esta calidad de vida compensaría en algo el esfuerzo de tantos años. Fuerte tentación si a ella se suma que, por razones políticas, a todo cubano que sale ilegalmente de Cuba, por cualquier vía, se le abren las puertas de par en par, como a un héroe. Tanto igualitarismo en tiempos de tanta escasez puede explicar muchas de las deserciones de profesionales cubanos. Con ellas se fabrican siempre informaciones sobre la "crisis política" de Cuba: falta de libertad. La razón esencial es económica: exceso de igualdad.

Entre los cientos de miles de profesionales formados por la revolución, los desertores son excepción, aunque sean noticia. Noticias de más amplia primera plana debían ser los que se quedan. Eminencias médicas y científicas que circulan en bicicleta, apenas desayunan y trabajan anónimamente quince horas diarias para descubrir vías, fórmulas, tecnologías que permitan a su patria aprovechar mejor sus escasos recursos, despegar y vencer así todos los bloqueos del mundo. "Nuestra mayor victoria no será que los yanquis levanten el bloqueo, sino que nosotros mismos sepamos vencerlo", dicen.

Son más éstos que los otros. Son más los cubanos anónimos
que resisten a diario libretas, filas y dificultades que los que piden "asilo", se quedan en un aeropuerto o se montan en una lancha o en una llanta y atraviesan el estrecho de la Florida buscando en el paraíso de Miami la libertad de ser millonarios, narcotraficantes o mendigos. Es más heroico el día a día en la Cuba de hoy que la aventura de los "balseros". Los cubanos, como todo el mundo, quieren vivir mejor. Lo que sucede es que la mayoría de los cubanos no quieren esto a cualquier precio.

UNA SOCIEDAD CIMENTADA EN EL NACIONALISMO

Dicen que la soberanía nacional es un concepto obsoleto, una anticualla de esa historia a la que algunos le pusieron "fin". En Cuba, el nacionalismo, la defensa de la soberanía y la dignidad nacional, el orgullo nacional, no sólo están vigentes. Son otra clave que está en la base de la estabilidad social y del apoyo mayoritario a la revolución, expresado con los votos.

La revolución cubana es tan socialista como nacionalista. Y el rescate de la soberanía nacional está a la par de la justicia social como su principal logro. Es un nacionalismo que defiende al socialismo, porque es exactamente contrario al que prevalecía en los países socialistas europeos. El sentimiento antimperialista, anti?USA, de los cubanos, los empuja al socialismo, mientras que el sentimiento anti?URSS de los polacos, checos o húngaros los apartaba del socialismo. La identificación que hoy hacen los cubanos de patria?revolución?socialismo refleja más que un desgastado empecinamiento ideológico una convicción que nace de la propia historia de Cuba. El socialismo cubano tiene raíces nacionales, aunque los tiempos de la guerra fría las ocultaran, aún para algunos cubanos.

Ciudadanos de una nación

Antes de que existiera la URSS y Lenin hubiera nacido, los Estados Unidos ambicionaban anexionar la isla de Cuba a su territorio. La lucha patriótica de José Martí fue tanto para liberar a Cuba de España como para preservarla de esta catástrofe. La primera guerra imperialista de los Estados Unidos se libró en territorio cubano. Estados Unidos combatió contra España a finales del siglo XIX para ganarse a Cuba ganando la guerra. Fidel Castro no había nacido y ya la nación cubana se estaba definiendo en oposición a las pretensiones de la nación del Norte. La revolución cubana, iniciada apenas 50 años después de que Cuba se independizara de España, buscaba una independencia pendiente todavía: ser nación y no apéndice de los Estados Unidos. Sólo 110 kilómetros cuadrados del territorio cubano ? los de la base naval de Guantánamo ? son el vestigio que aún queda de aquel pasado.

Los cubanos tienen una clara conciencia colectiva, el sentido de ser ciudadanos de una nación. En los países de América Latina ese sentimiento está tan devaluado como las monedas o los partidos políticos. Los proyectos neoliberales, diseñados sólo para beneficiar a una minoría, cada vez menos nacional en sus intereses y en sus estilos de vida, están matando el sentido ciudadano, la conciencia de ser parte de algo mayor. Los neoliberales tienen sus cuentas en Estados Unidos, estudiaron en universidades norteamericanas y envían a sus hijos a estudiar allá, son socios de empresas transnacionales norteamericanas. Piensan sus países "en inglés". Lo "nacional" va quedando reducido al plato típico, al folklor y a la bandera que ondea en los eventos deportivos. Se van difuminando proyectos nacionales con los que las mayorías de nuestros pueblos se identifiquen.

En Cuba no es así. La revolución es un proyecto. Y ha tejido una organización y una unidad tan fuertes que lo que sucede, lo que se logra, lo que no se alcanza, aciertos y fracasos, son sentidos como responsabilidad de todos. Los cubanos hablan del período especial en primera persona del plural, en un "nosotros" en el que se comprometen todos. Esta sicología social da estabilidad y da grandes márgenes de gobernabilidad. Permite a los cubanos enfrentar esta crisis. ¿Con heroísmo? ¿Con paciencia? ¿Con fatalista resignación? ¿Con confianza y esperanza de que habrá luz al final del túnel?

¿Cuál pluralismo?

Periódicamente, el gobierno hace encuestas para conocer el estado de la opinión pública ante la crisis, pero fiel a un estilo secretista de más de 30 años, maneja esto ultra?compartimentadamente y aun funcionarios de cierto nivel desconocen los resultados. Con ésta ? como con otras fuentes de debate ? no se produce debate. Hay materia prima, pero esta "fábrica" está cerrada.

Queriendo defender la unidad casi monolítica que se ha logrado, se teme dar pasos hacia un debate que, si bien podría abrir grietas, también podría hacer más madura la unidad nacional. "Es peligroso abrir el debate cuando la mesa esta vacía", opinan unos. "Pero la mesa no está vacía sólo por el bloqueo o porque se acabaron los soviéticos, sino por nuestros fallos y por nuestras resistencias al cambio y eso hay que debatirlo también, para que llenemos la mesa", opinan otros. El caso es que la cultura del debate sigue siendo un déficit de la democracia cubana.

"El pluralismo que necesitamos no es el que nos recetan, el del montón de partidos, sino el del debate pluralista dentro del partido de la revolución. Necesitamos más pluralismo en la discusión de base de la gente organizada en la revolución y más debate en los medios de comunicación. Y hay mucho que debatir. Porque dentro de la revolución hay ideas diferentes sobre los temas polémicos", me dice un sindicalista. Y añade: "Y tampoco basta debatir en la Asamblea Nacional. Por más representatividad que tengan estos nuevos diputados, el debate debe ser amplio, público, debe debatir la sociedad. Aunque muchos digan boberías. Por ahí se empieza".

En Cuba se justifica la existencia de un solo partido, el Partido Comunista, más que por principios doctrinarios, por nacionalismo, por la necesaria unidad que requiere la nación para enfrentar las pretensiones de los Estados Unidos. Esta justificación, histórica y real, de la necesaria unidad, se ha aplicado después estrechamente a otros aspectos. Y la riqueza ideológica de ese único partido se ha expresado en blanco y negro. Faltan los colores.

El expediente de Fidel Castro

El especialísimo liderazgo de Fidel Castro tiene que ver tanto con la unidad lograda, que defiende a la nación, como con el temor a romperla con un debate abierto. Detrás de esa unidad está Fidel, delante de ese "blanco y negro" está el personal estilo de Fidel. Fidel es el símbolo indiscutido de la nación, de su orgullo y dignidad, dentro y fuera de Cuba. Sus decisiones y su modo de conducción han marcado poderosamente a la revolución cubana. Y aunque naturalmente el período especial ha erosionado su liderazgo, éste se mantiene indiscutidamente. El resultado de las elecciones es la prueba más reciente.

"La práctica me ha demostrado que a pesar mío, sin mí, conmigo en la oposición o fuera de ella, Fidel es el dirigente máximo y por lo tanto, no voy a discutir su legitimidad", declaró en junio la poetisa María Elena Cruz Varela, al salir de la cárcel, en donde estuvo año y medio, acusada de asociación ilegal, y a quien la oposición cubana en el exilio enarboló todo ese tiempo como su bandera ideal: mujer?madre?poeta?disidente, víctima del totalitarismo. Ahora estos políticos están desconcertados con éstas y otras declaraciones de quien al ser liberada les ha reclamado por tanta manipulación.

Fidel Castro ha sido el centro indiscutido de atención de las tres Cumbres Iberoamericanas (Guadalajara, Madrid, Salvador de Bahía) y lo es de cualquier evento internacional en el que se presente. No es un fenómeno gratuito. Es mucho lo que este hombre ha hecho y mucho lo que sabe decir. Siempre es estrella porque tiene luz propia.

Los cubanos hablan hoy de la terquedad de Fidel, pero ni ahora ni antes han hablado nunca de corrupción, de oportunismo, de charlatanería. Fidel Castro sigue siendo el dirigente más alejado de la politiquería que uno pueda imaginar en nuestro espacio latinoamericano y en estos tiempos. Sigue brillando como ejemplo vivo de la política entendida como servicio, dedicación al pueblo, responsabilidad, trabajo sin descanso, inteligencia y voluntad. ¿Qué estadista o político latinoamericano tiene hoy un expediente así?

"¿Las generaciones jóvenes no lo ven ya como a un abuelo?", pregunto a un cubano de edad intermedia. "Tal vez sí ?responde- pero eso no es negativo, aquí el abuelo tiene autoridad e inspira respeto. Tener 67 años no lo descalifica. Y los muchachos confían en él. Conocen la historia, saben que Fidel ha sabido salir adelante en todas las crisis".

Siempre, el gobierno de Estados Unidos y los dirigentes de la oposición cubana en el exilio han dirigido contra Fidel Castro todas sus baterías. Con ello no hacen sino reconocer el peso de su liderazgo y terminan fortaleciéndolo aún más entre los cubanos de la isla. Hoy esta tendencia se ha acentuado exageradamente y proliferan biografías de Castro que predicen su "oscuro fin" en el brillante "fin de la historia".

Con un planteamiento sostenido, exigen gringos y cubanos anexionistas el retiro de Castro del poder para "solucionar" los problemas cubanos. Pero cualquier observador mínimamente objetivo sabe que esto es un absurdo político, porque la autoridad moral de Fidel Castro es indispensable para hacer viable cualquier cambio en Cuba.

Bienvenidos, inversores extranjeros

Los inversores extranjeros que se acercan a Cuba, motivados por múltiples intereses y por la atractiva Ley de Inversiones aprobada en 1982, pero aplicada ampliamente cuando se inició la crisis. La inversión extranjera ve en Cuba un país estable, con una población trabajadora saludable, culta y muy bien preparada y con una infraestructura que otros países no tienen. Cuba ve en los inversores la única posibilidad de poner en marcha fábricas e instalaciones ociosas o no competitivas por falta de capital, materias primas, tecnologías avanzadas o mercados.

El período especial ha puesto al desnudo la falta de armonía del modelo de desarrollo cubano, muy dependiente de modelos socialistas que se concebían inalterables y perfectos. No sólo es la falta de petróleo. En 30 años Cuba no logró garantizar su autosuficiencia alimentaria. Menos del 40% de la tierra agrícola se dedica al consumo nacional. Y aunque, como le gusta repetir a Fidel Castro, el azúcar, las naranjas y las toronjas que Cuba exportaba a la Europa socialista representaban alimento para más de 40 millones de personas, los 11 millones de cubanos no tenían asegurados los alimentos básicos dentro de su propio territorio. En 1989, en vísperas de que los muros se vinieran abajo, el 57% de las proteínas consumidas por los cubanos y el 51% de las calorías eran importadas. Por eso, el período especial afecta tan seriamente la dieta diaria. En variedad y en cantidad. Es raro quien hoy en Cuba puede hacer los "tres tiempos" de comida. Y es más raro el que no esté harto de lo cansona que es esa escasa dieta.

La apertura a la inversión extranjera ? hoy primordialmente inversión de naciones o de empresarios capitalistas? pretende superar las desarmonías del modelo anterior. Es un mecanismo clave del ajuste económico cubano. Empresas mixtas ? en las que el capital extranjero puede llegar hasta al 100% ?, asociaciones cooperadas, inversiones parciales en comercialización y mercadeo, etc. Las fórmulas son muy variadas.

Como el resto de los gobiernos latinoamericanos, el de Cuba promueve la inversión extranjera, pero Cuba no está "vendiéndose" al capital foráneo o entregando su mano de obra para convertir la isla en una gran maquila. La fundamental diferencia con América Latina la hace el hecho de que al inversor extranjero las reglas de juego se las pone un Estado fuerte y con vocación nacionalista y popular, ateo ante ese nuevo dios del libre mercado que adoran los neoliberales. Son reglas de juego atractivas para el inversor ? en ganancias, en impuestos, en colaboración ? pero que hasta ahora no ponen en juego la soberanía económica de la nación, que se reserva el control de las áreas estratégicas y el diseño global de su modelo de desarrollo.

La inversión extranjera se inició y ha crecido especialmente en el área turística. Desde 1990 toca otros terrenos. Hasta el momento, las inversiones extranjeras en la producción son todas para bienes exportables, lo que deja ganancias a la economía estatal. Los inversionistas no se relacionan aún con el mercado interno. Cuba da preferencia a los capitales latinoamericanos, buscando acelerar la necesaria integración del continente.

Las inversiones crecen, aunque lentamente. Las frena el bloqueo norteamericano. "De cada diez gentes que quieren hacer operaciones con nosotros, a nueve los desalientan", dijo a la prensa Fidel Castro hace unos meses, ya con Clinton en el poder. También hace lento el proceso la misma dirección económica la revolución, por sus rezagos burocráticos y porque busca actuar con tanta audacia como cautela.

Pequeña gran potencia

En todos estos años Cuba supo labrarse la imagen de una "pequeña gran potencia". Imagen nacida de la realidad. En varios terrenos ? el médico, el deportivo, el militar, el diplomático ? Cuba hablaba en voz alta y clara en nombre de los países empobrecidos del Tercer Mundo. Cuba era una nación con la que había que contar. En América Latina ? de la que Estados Unidos alejó a Cuba al expulsarla de la OEA ?, Cuba ejerció también esa política de pequeña gran potencia, apoyando movimientos de liberación, acogiendo exiliados, organizando eventos y reuniones, asistiendo en desastres naturales, abanderando las batallas contra la deuda externa. Entre todos los países del Sur, Cuba fue no una pequeña sino una grandísima potencia de la solidaridad. Ninguna nación ha sido más generosa con las demás naciones que la pequeña Cuba socialista.

En el terreno internacional era imprescindible a Cuba esta política de pequeña gran potencia, porque controlando Estados Unidos tantos foros y mecanismos donde se litiga el caso cubano, la revolución necesitaba ? y aún necesita ? "jugar" a potencia para que se la escuche. Hacia el interior de Cuba, esta lógica alimentó también el nacionalismo, el orgullo nacional.

Cuba estaba bloqueada y sitiada, pero burlaba los cercos y sus deportistas asombraban en las Olimpíadas, sus tropas eran victoriosas en Angola, su voz era inclaudicable en la ONU y en los No?Alineados, sus prestigiosos médicos llegaban hasta el Yemen y su tecnología azucarera era la más desarrollada del mundo. Todo eso era alegría para los cubanos, que se sentían parte de ese ambicioso proyecto nacional.

El período especial cortó muchos sueños y también esas prepotencias que tienen las potencias, aunque sean chiquitas. Cuba sigue siendo vanguardia del Sur en muchos campos: hallazgos biotecnológicos, innovadoras vacunas y medicamentos, el deporte y esa voz siempre libre y digna en nombre del aún llamado Tercer Mundo. Pero desaparecido el Este, la pequeña potencia del Sur necesita cada vez más de las grandes potencias del Norte.

El período especial, a la vez que desafía el sentimiento nacionalista ? hay que resistir, no claudicar, no arrodillarnos ? también lo hiere. La "potencia médica" recibe hoy donaciones de aspirinas y a los puertos cubanos llegan barcos de todo el mundo cargando lápices, ropa, leche en polvo, arroz... La falta de armonía del modelo de desarrollo cubano explica esta paradoja, que mueve a la solidaridad, pero no deja de producir perplejidad, también entre los solidarios. Porque aunque en Cuba no hay hambre sino escasez coyuntural, la imagen que se transmite ? que la misma Cuba transmite ? es de hambre, de Numancia sitiada por hambre.

"No vamos de limosneros por el mundo", dijo firmemente digno Fidel Castro en la Cumbre Iberoamericana de Madrid de 1992. Todos los Presidentes habían alargado la mano pedigüeña en sus discursos. Pero de entonces a acá las cosas empeoraron en Cuba. No es el fracaso del socialismo, es todo a la vez. Con ocasión del devastador paso de la "tormenta del siglo", Cuba reunió al cuerpo diplomático para pedir ayuda a todos los países. Nunca antes lo había hecho en toda la historia de la revolución.

Hoy Cuba busca ayuda y no lo oculta. "Para Cuba, brutalmente bloqueada, hostigada y amenazada, porque es pequeña, porque quiso la justicia, porque no se rinde, pido solidaridad a mis hermanos d e América Latina", dijo igual de firme y de digno Fidel Castro en la reciente III Cumbre Iberoamericana.

UNA SOCIEDAD CONSTRUIDA A LA DEFENSIVA

Cuba es una isla pequeña a las puertas de una gran potencia que le es hostil. La sociedad cubana se abrió con la revolución y también se cerró. Hoy está cohesionada por muchos mecanismos de defensa.

Este andamiaje defensivo ? que se expresa hasta en el mismo modo de hablar de los cubanos ? también es factor de estabilidad social y de apoyo a la revolución. Pero tiene doble filo este cuchillo.

La hostilidad de ocho gobiernos norteamericanos hacia Cuba ha tenido una amplia gama de expresiones: políticas, diplomáticas, militares, paramilitares, terroristas, en el campo de la comunicación.. Se cuentan por docenas las crisis que han estallado en unas relaciones bilaterales que Estados Unidos rompió oficialmente a inicios de 1961.

Bloqueo: más destructivo y más absurdo

El embargo económico, comercial y financiero ha sido la expresión más permanente de esta hostilidad. Embargo bilateral que es bloqueo porque Estados Unidos ha intentado desde hace 32 años afectar también las relaciones de Cuba con otros países, otros mercados, otras instituciones. Y lo ha conseguido en diferentes momentos.

Bloqueo no significa solamente una o varias leyes o reglamentos. Es toda una red bien armada y consistente de medidas y actitudes que pretenden obstaculizar al máximo el desarrollo de Cuba. Al comienzo, acusándola de ser "cabeza de playa de la URSS". Ahora que no existe URSS, sin ningún argumento.

Desaparecido el campo socialista europeo, el bloqueo es un arma más destructiva y también más absurda: intenta impedir que Cuba integre con normalidad su economía con la de otros países capitalistas. El dogmatismo con el que Estados Unidos venera al libre mercado tiene una sola excepción, que no es la China socialista o el Vietnam socialista o la Corea socialista. Sólo Cuba.

"Durante la administración Bush la misión de entorpecer nuestra actividad económica fue jerarquizada como tarea de los embajadores, algo verdaderamente insólito y se puede decir hasta ridículo", dice Carlos Lage, que calcula que Cuba ha perdido en estos años a causa del bloqueo 40 mil millones de dólares. Porque ha tenido que importar de mercados más lejanos ?encarecimiento de transporte y almacenamiento?. Porque ha tenido que exportar a mercados más lejanos ?idem?. Porque cualquier operación económica se complica y se encarece al tener que sortear las presiones que Estados Unidos ejerce sobre gobiernos y empresas o empresarios no norteamericanos. Por el turismo estadounidense al que no se permite visitar la isla. Por llamadas telefónicas USA?Cuba, prohibidas hasta hace poco. Porque Estados Unidos no permite filmar ninguna película en Cuba, aunque sea Havana, de Robert Redford. Porque Estados Unidos no compra ningún producto a ningún país si lleva un solo gramo de níquel cubano. Porque las nuevas medicinas cubanas son bloqueadas en el mercado de los laboratorios transnacionales. Porque... El bloqueo ha transformado cualquier paso normal o nueva iniciativa de la economía cubana en una actividad conspirativa.

Aunque el levantamiento del bloqueo no solucionaría las ineficiencias de la economía cubana ni terminaría con los colosales desafíos de su ajuste ni pondría fin mecánicamente a su actual escasez de divisas o a sus abultadas deudas, sí representaría un cambio. "No se resolverían de una vez todos los problemas, pero se facilitaría mucho su solución. Sin producir una sola tonelada más de mercancías, obtendríamos cientos de millones de dólares adicionales cada año. Sin bloqueo tendríamos un problema menos del cual preocuparnos", explica Lage.

Relaciones normales con Estadis Unidos

La prioridad de la diplomacia cubana es hoy el levantamiento del bloqueo. También la solidaridad internacional con Cuba ha asumido esta prioridad. Denunciando el bloqueo, Cuba gana espacio, gana tiempo y gana simpatías. Y en la medida en que Cuba o los solidarios con Cuba resaltan la importancia del bloqueo ? a veces simplistamente, como única explicación de la crisis ?, en esa misma medida, la beligerante oposición cubana en el exilio lo apoya tenazmente y busca restarle importancia, señalando, aún más simplistamente, que la crisis cubana no se debe a ningún bloqueo sino al fracaso universal del socialismo o más en concreto, a la mala gestión de un solo hombre, Fidel Castro.

Es un pulso político, donde ambas partes absolutizan. Un pulso creciente por el cambio que ya ha supuesto la llegada al poder de Clinton y los demócratas, menos condescendientes con las actividades terroristas de ese sector minoritario del exilio cubano que está en guerra con la Cuba revolucionaria. ¿Seguirá Estados Unidos aferrado al bloqueo por inercia política, perjudicando así los intereses económicos de sus corporaciones, forzadas a renunciar a tan buen mercado a sólo 90 millas? Aunque el bloqueo a Cuba es la huella más obsoleta y conocida que queda de la superada guerra fría, no es sencilla la respuesta a esta pregunta.

¿Cómo sienten los cubanos en Cuba este pulso internacional acerca del bloqueo? Porque conocen desde dentro los problemas de la burocracia insensible o negligente, la falta de eficiencia en la administración, en los servicios o en la distribución, porque vivieron el derroche o la falta de previsión o de racionalidad de los tiempos de las soviéticas "vacas gordas", no hacen del bloqueo la única explicación de sus actuales carencias. Y les duele conocer la complicidad de sectores cubanos de Miami con el bloqueo y con su endurecimiento a través de la Ley Torricelli. Este dolor los cohesiona y fortalece aún más sus actitudes defensivas.

La mayoría de los cubanos, de dentro y de fuera de Cuba, quieren no sólo el fin del bloqueo, sino una distensión en la relación de Estados Unidos con Cuba. Eso les conviene a todos. Hay muchas familias divididas y una normalización permitiría viajar, hablar por teléfono o enviar cualquier cantidad de dinero o de regalos, como hacen los emigrantes de otros países latinoamericanos con sus parientes que quedaron lejos.

Más que nadie y hoy más que nunca, es el gobierno de Cuba el que quiere normalizar sus relaciones con Estados Unidos. Para los cubanos, esto supone discutir todos los temas bilaterales "de igual a igual", cada nación según sus perspectivas e intereses. "Cuba desea dialogar y negociar muchas cosas con Estados Unidos ? dice el Canciller Robaina ? y la única condición de ese diálogo es que sea sin condiciones". Antes y después de la guerra fría, el gobierno norteamericano no ha dejado de condicionar cualquier flexibilización de su hostilidad a un asunto de política interna de Cuba: que en la isla se establezca "la democracia".

¿Todos son "gusanos"?

No siempre el gobierno de Cuba ha sabido manejar bien su relación con los numerosos cubanos de Estados Unidos, que son más de un millón. El error básico hacia "la comunidad" ha sido una política no diferenciada, de "conmigo o contra mí", imponiendo a todos la misma etiqueta de "gusanos" y dando al tema un enfoque esencialmente policial. Eso sucede con los de Miami, pero también con los de cualquier parte del mundo. Ante el cubano que salió de Cuba, la revolución ha extremado sus mecanismos de defensa y en vez de buscar cómo atraerlos los ha alejado más. No ha sabido la revolución relacionarse con todo "ese cubaneo suelto" que hay por el mundo y que no se opone a la revolución ni actúa contra ella, aunque mantiene diferencias. Con malos modos, tarifas impagables o burocracias se les complica cualquier paso que dan para acercarse de nuevo a su patria, por nostalgia, por curiosidad o por sincero interés. La necesidad de divisas que tiene la economía cubana modificará algo esta situación y el gobierno anunció facilidades para que los cubanos de Estados Unidos visiten la isla.

La ofensiva anti?cubana de la derecha es muy poderosa y ha creado imágenes negativas, casi indelebles. Cuba, fiel a su cultura defensiva, ha sido lenta y monotemática, en sus ofensivas propagandísticas hacia el exterior. Ha preferido atrincherarse. "Pero las trincheras sirven en lo militar, no en las batallas de imagen", comenta un periodista.

Ha carecido la revolución de iniciativas más audaces en su trabajo internacional. Algunos piensan, por ejemplo, que se podía haber destacado a algunos de los muchos intelectuales que tiene Cuba a otros países para que viviendo allí, insertos en otra cultura, dieran a favor de la revolución, más creativamente, esas batallas de imagen. No se hizo a su tiempo y ahora tal vez ya es tarde.

Un ejército poderoso, pero barato

Por necesidades de defensa y al calor de la guerra fría, Cuba creó en todos estos años el ejército más poderoso de América Latina, como correspondía a una "pequeña gran potencia", aliada al Este pero en el mero corazón del Oeste. En 10 mil millones de dólares, "a precios viejos", calcula el jefe del ejército cubano, Raúl Castro, el costo de los armamentos que la URSS entregó a Cuba en estos años. Todo fue donación. Desde 1990 Cuba no recibió un solo armamento más. Y desde 1992 ni una sola pieza de repuesto para los que ya tiene.

El desafío para el ejército en período especial es convertirse en la menor carga posible para la economía nacional. Hay que reducir al máximo el gasto de combustible y ya hay unidades que transportan su armamento en un sistema articulado de varias bicicletas. Hay que producir en las unidades militares todos los alimentos que consume el ejército y ya sólo es azúcar y sal lo que el ejército no produce. El recorte de combustible afecta principalmente a la aviación. Una unidad de aviación cuesta tres veces más que una terrestre y Cuba tiene la aviación militar mayor del continente, después de la de Estados Unidos.

"Seguiremos siendo las fuerzas armadas más poderosas de América Latina pero también las más baratas", declaró Raúl Castro. Pero ser "poderosas" no significa para la revolución ser confrontativas o agresivas. La concepción militar fue siempre y es hoy más que nunca defensiva. Desde hace muchos años los cubanos se han preparado para evitar un ataque norteamericano ? la fuerza de la disuasión ? y para defenderse de él si se produce ? con una guerra no sólo del ejército, sino de todo el pue? blo ?.

"Llevamos más de diez años pensando con nuestra propia cabeza", dice Raúl Castro. Exactamente desde 1980, cuando Ronald Reagan ganó las elecciones en Estados Unidos y las autoridades soviéticas comunicaron a las cubanas, a Raúl Catro personalmente, que en caso de una agresión norteamericana a Cuba, los soviéticos no dispararían un solo tiro en la isla, a pesar de anteriores compromisos. "Guardamos celosamente el secreto ? reveló Raúl en mayo pasado ? para no estimular al enemigo". Y se trabajó en consolidar la doctrina militar conocida como "guerra de todo el pueblo", en la que cada ciudadano sabe lo que tiene que hacer y a dónde ir al iniciarse un conflicto armado.

Los niños y ancianos y los que no puedan combatir y todos ? en caso de bombardeos ? serán protegidos en gigantescos refugios subterráneos que han sido pacientemente construidos en toda la isla desde hace muchos años en previsión del más violento de los ataques. Aunque no hay señales visibles, La Habana tiene debajo como un "queso gruyere", una red de túneles, otra ciudad subterránea que uno puede recorrer y en la que encuentra hospitales, escuelas, luz, agua, espacios recreativos, cultivos de hongos, todo. Y no es sólo en la capital. Debajo de cualquier ciudad hay ya otra ciudad.

"¿Son para el holocausto estos túneles?", pregunto recordando los televisados horrores de la "Tormenta del Desierto" sobre Irak. "¡Holocausto sería si no los hubiera!", me responde bravo un trabajador de la construcción que abrió muchas de estas galerías. "En Cuba tenemos dos responsabilidades: no provocar a los yankis, no cometer el error que allí se cometió. Y la responsabilidad de protegernos todos si ellos nos atacan. Si no lo hacen nunca, es triste haber hecho tanto gasto en los túneles, pero lo triste sería alegre. Nunca hemos querido guerra con Estados Unidos". El duro terreno de la isla colaboró con los cubanos en esta monumental obra de ingeniería, en la que invirtieron sustanciales sumas de dinero, miles de toneladas de materiales de construcción e interminables horas de trabajo, fundamentalmente voluntario. En el déficit de viviendas de Cuba ?el problema social más sentido? influye también el superavit de túneles.

¿No tuvo Cuba errores estratégicos?

Al declarar Estados Unidos su embargo a Cuba en 1961 ?enseguida vino la expulsión de la OEA? Cuba buscó apoyo en el campo socialista. Y lo encontró. Era el único camino para preservar el futuro de la revolución. Cuba sacó esa gran ventaja del conflicto Este?Oeste. Pero esta decisión, basada en el realismo y en una evidencia, evolucionó con los años, acercándose cada vez más a una situación de dependencia.

Fidel Castro ha dicho que la revolución cubana no ha cometido errores estratégicos. "No somos responsables de los errores de otros", insiste en todos sus discursos posteriores a la crisis del Este. Pero, ¿no es un error estratégico que los revolucionarios cubanos hayan creído, de la forma que lo hicieron, en la URSS y en el PCUS? Tan estratégico es ese error que hoy se ven algunas de las consecuencias de esta "fe ciega" y tal vez todavía no las más trágicas. Cuba debió haberse preparado alternativamente. Y haber preservado el principio de la creatividad y la originalidad nacional que tuvo en los primeros años. No lo hizo, fue un grave error.

De la experiencia soviética y del Partido Comunista soviético hubo en Cuba durante unos 20 años una visión acrítica. Si durante estos años, Fidel Castro u otros dirigentes tuvieron una visión crítica, eso nunca o casi nunca se reflejó lo suficiente y dos generaciones de cubanos fueron formadas en una admiración?seguimiento en la que no cabían matices críticos.

¿Fue así para no poner en juego la mucha cooperación que Cuba recibía solidariamente del gigante soviético? Puede ser, pero con el paso de los años la crítica guardada se fue convirtiendo en convicción arraigada: no había críticas que hacer... hasta que cayeron los muros.

Después de la frescura original de la revolución en los años 60, y tras la "derrota" de la revolución ?y de Fidel en particular? en la zafra del año 70 ?la de los no logrados diez millones de toneladas de azúcar?, la ideología revolucionaria comenzó a des?cubanizarse y a sovietizarse. Cuba acudió a "otra" historia, relegó la propia y se encasquetó un sombrero ideológico. El Partido Comunista de Cuba copió estructuras, ideas y estilos del PCUS y aún hoy muchas de aquellas imitaciones ? las buenas y las malas ? permanecen en buena parte intactas.

Estados Unidos enfrenta a Cuba por su comunismo. Aunque muchos han leído así la historia de estos 34 años, la realidad es otra: Cuba cuestiona e indigna a Estados Unidos por su nacionalismo. Sin embargo, la "sovietización" durante tantos años del discurso, de los símbolos, de los estilos, han alimentado la confusión. Sovietizándose, Cuba quedó al margen de valiosas corrientes del pensamiento latinoamericano. Bloqueada económicamente, se bloqueó a sí misma ideológicamente.

Un regalo que Cuba puede hacer

Se desarrollaba la economía y se subdesarrollaba la ideología. El rico arsenal del pensamiento de Marx fue asimilado por la mísera vía de los manuales soviéticos y además, memorísticamente. La norma fue que el marxismo no está para criticarlo sino para aprenderlo.

Hoy no se critica y ya apenas se aprende, lo que es otro error. Hay desconcierto ideológico en la sociedad cubana actual, un fuerte desgarramiento subjetivo en un pueblo que fue educado masivamente en la veneración a un referente ideológico que ya no existe. Como la "muerte de Dios". La mayoría de los cubanos une a este desconcierto el estar muy bien informados sobre los cambios diarios que se están dando en lo que fue la URSS, cambios nada estimulantes, que aumentan el dolor y la perplejidad y empujan a pensar en soluciones nacionales.

Pero existe una especie de parálisis teórica para entrarle a fondo y públicamente a estos temas. "Mejor producir plátanos que perder tiempo discutiendo", piensan y dicen algunos. Y así, amparados en la emergencia económica y en el complejo problema material, se pospone el abordaje de este problema principal.

La revolución cubana no ha hecho una reflexión creativa, original, desde su propia experiencia, de la actual crisis del socialismo. Fidel Castro ? maestro de los cubanos y de tantos revolucionarios en el mundo ? ha formulado algunas consideraciones importantes, pero dispersas e incompletas. En esa reflexión a fondo, sistemática, coherente, Cuba tiene un regalo pendiente que hacerle a todos los movimientos revolucionarios y progresistas del Tercer Mundo. ¿Lo hará? ¿Puede hacer Cuba un balance crítico de los errores soviéticos sin hacer una autocrítica a fondo de sus propios errores? ¿Quiere hacer la revolución ese balance autocrítico? ¿Puede hacerlo en momentos tan dramáticos?

Lo ideal sería poner a los diferentes sectores de la sociedad cubana a debatir para que el análisis fuera fruto de una reflexión colectiva. La sociedad cubana tiene no sólo capacidad teórica para emprender esta tarea sino muchas experiencias prácticas. Y tiene vocación socialista. Nadie en América Latina podría hablar con más autoridad del "socialismo real" que los cubanos. Pero prevalece el temor a los riesgos de abrir semejante debate en semejante crisis, por más que no abrirlo puede hacer perdurar en todos los terrenos normas, estilos, hábitos, ideas y valores que son heredados y que contienen el virus de la enfermedad que llevó a la muerte al socialismo soviético.

Hay antídotos, sin embargo. El sistema cubano no se "sovietizó" en aspectos cruciales. Aunque las organizaciones populares hayan atravesado crisis de burocratización, son originales. En lo electoral, aún el antiguo método era diferente al soviético y existían mecanismos originales de control y de remoción de cargos. Respecto a problemas de corrupción, también hubo diferencias y siempre tuvieron los cubanos respuesta rápida para "sacudir la mata" y rescatar de inmediato la credibilidad ética de los dirigentes. Hubo copias, no fotocopias.

Un "banco de ideas" desaprovechado

Un segundo error cometido por la revolución cubana, y que también podría ser juzgado como estratégico, está en cierto sentido vinculado al temor a los riesgos del debate.

A lo largo de todos estos años, la revolución cubana ha hecho una permanente evaluación de la realidad del país en las más diversas asambleas, reuniones y foros. Pero, a excepción de los primeros años y del gran momento que significó la discusión del Llamamiento al IV Congreso (1990), la revolución no ha querido, no ha podido o no ha sabido incorporar orgánicamente a esta reflexión a los intelectuales, artistas, escritores y científicos sociales para que "pensaran el país" junto a trabajadores, militantes y funcionarios. El potencial de los muchos intelectuales con que Cuba siempre ha contado quedó sin explotar.

Se les "oía", pero por compromiso. Faltó una relación sistemática, una articulación, una permanente convocatoria. No se les abrieron espacios reales ni se les dio capacidad de influir en las decisiones nacionales. No fueron interlocutores. "El banco de ideas" que se usó fue el de los técnicos, los científicos, los funcionarios, los trabajadores. Y las ideas de estos pensadores (think tanks culturales), siempre más integrales, no enriquecieron suficientemente a la revolución.

No se quiso correr el riesgo del debate ?más complejo entre intelectuales? y se perdió, por exceso de actitudes defensivas y de control, un enorme tesoro revolucionario, que no es medible ni pesable, aunque hoy, en la crisis, puede sentirse como nunca su vacío. Estas incomunicaciones explican una película tan controversial en Cuba como Alicia en el país de maravilla o que la revolución haya perdido a un intelectual tan valioso como Jesús Díaz.

Lo nacional, lo religioso

"Sólo se destruye lo que se sustituye", recomienda la sabiduría popular como remedio en los desengaños amorosos. En Cuba, la crisis subjetiva del derrumbe de la URSS se ha enfrentado sustituyendo valores y símbolos importados del Este por valores y símbolos nacionales. Nunca dejó de estudiarse a José Martí, nunca se olvidó la historia cubana, pero ahora el acento es mucho mayor y lo nacional se valora más.

También se valoran más las expresiones religiosas y la religión es un valor sustituto. Hay en la Cuba del período especial un evidente auge del hecho religioso. Como refugio, como alimento del espíritu, como alternativa de credibilidad. El ateísmo oficial tiene todo tipo de grietas en la base. Y hay una desinhibición generalizada. El si Dios quiere y el ¡Ave María Purísima! retornaron con normalidad al lenguaje común, hasta al de algunos funcionarios.

Las iglesias católicas y los templos evangélicos se llenan cada vez más. Sobre todo, hay un florecimiento de lo religioso afro?cubano: reuniones, ritos, vestimentas, imágenes, promesas... Hay casi una ostentación. La música popular refleja con vigor la novedad. Los más populares conjuntos cubanos cantan y bailan a Yemayá, a Changó y a Obatalá, pidiéndoles su ayuda en estos tiempos de crisis.

Cuba se ha quitado el sombrero ideológico. Y el período especial puede ser la ocasión para que la revolución reafirme su cubanía, independiente de Estados Unidos e independiente por fin de los más negativos lastres del socialismo soviético. Lage así lo cree: "Ahora estamos más libres que nunca de esquemas. Sabemos por cuáles caminos se va al fracaso y sin autosuficiencias, nos vamos volviendo más seguros de nosotros mismos".

La hora de "otra" educación

Los jóvenes cubanos están a la defensiva frente a los Estados Unidos, pero no del mismo modo que sus padres y abuelos. Tienen menos prejuicios y se sienten más seguros y mejor preparados para enfrentar la hostilidad norteamericana. El "desierto" del período especial ha hecho también que un sector de ellos, aunque vean en Estados Unidos al enemigo histórico, sueñen también este país y su cultura como el paraíso prohibido, donde la vida tal vez no es más justa y solidaria pero sí menos controlada y aburrida, con más exciting.

Cuba difícilmente podrá competir con Estados Unidos, a no ser en una determinada tecnología de punta. En Nueva York hubo recientemente un brote epidémico de meningitis tipo B entre escolares y sólo Cuba posee la vacuna para inmunizar contra esa enfermedad, la que Estados Unidos no compró a causa del bloqueo. Son excepciones asombrosas, pero escasas. La única defensa de los cubanos ante los valores capitalistas de la cultura norteamericana es una educación que enseñe a la gente a pensar y a elegir conscientemente otros valores. No sólo una educación técnica o científica. Ni mucho menos una propaganda de consignas con la que se vence, pero no se convence.

Cuba nunca ha estado aislada de la cultura capitalista. Su cercanía geográfica a Estados Unidos lo hace imposible. Siempre ha habido en la isla información, eventos, películas, música, modas, que reflejan esos valores. Y son cientos de miles los cubanos que han viajado a países capitalistas en todo tipo de misiones.

La crisis internacional del socialismo y la crisis cubana exigen hoy de la revolución un tremendo esfuerzo educativo. Ningún purismo que evite la "contaminación" tiene sentido en el mundo de hoy. Pero, ¿cómo vacunar contra los espejismos de esta hora? Y más aún. Porque el desafío es mas complejo: comunicar adecuadamente unos valores es más difícil que vacunar contra los opuestos. La ideología revolucionaria tiene ante sí un nuevo desafío de creatividad. El mundo cambió y la educación para ese mundo ha de ser otra. Ni en la escuela ni en la universidad ni en las organizaciones populares ni en los medios masivos se está haciendo aún lo suficiente para contrarrestar espejismos y desilusiones y para re?construir convicciones. La emergencia económica sirve de justificación para esta omisión. Pocos valoran que el déficit de petróleo puede ser menos grave que el déficit de una educación especial para este período especial.

"En el terreno de la conciencia, ¿no estaremos viviendo sólo de lo acumulado? En lo ideológico, ¿estaremos avanzando o retrocediendo con esta crisis?", se pregunta en voz alta un economista, al que preocupa la mella que en la conciencia, en los valores, está haciendo la escasez generalizada. No abundan los que anden preocupados por esto, ocupados en las urgencias del ajuste. "Aunque derrotemos el bloqueo ? añade ?, aunque salgamos del período especial, ¿la conciencia no quedará lesionada? Como en un accidente: mueren células que nunca más recuperas. No estamos valorando lo suficiente esto". Y es que el dolor, la crisis, los "períodos especiales" ? tanto personales como sociales ? son ambiguos. No siempre fortalecen y maduran. A veces debilitan.

La metodología de la educación popular ?basada en el debate, en el contraste, en la participación, en el discernimiento personal, en la búsqueda? a la que el verticalismo cubano no dio espacio en todos estos años, mientras América Latina aprendía y des?aprendía con esta práctica es hoy más necesaria que nunca en la isla. Las organizaciones populares la conocen teóricamente, pero no la tienen incorporada, las generaciones jóvenes recién ahora empiezan a entrar en contacto con ella.

Si hoy mismo Estados Unidos levantara el bloqueo y Cuba se viera inundada de empresarios y turistas nortea? mericanos y de dólares, ¿no arrasaría esta normalización de relaciones con principios que se daban por sentados y aún estaban de pie en la conciencia de muchos? "Hay que prepararse para ese porvenir", me comentaron con preocupación bastantes cubanos.

UNA SOCIEDAD RICA EN CAPITAL HUMANO

Hubo errores estratégicos que han costado caros, quizás irreparables. También ha habido aciertos estratégicos. El principal de ellos, el que en estos tiempos del cólera y del neoliberalismo diferencia más a Cuba del resto de países latinoamericanos, es la misma gente. En América Latina los pobres sólo triunfan en el deporte, en la lotería, en los carnavales y en las telenovelas. En Cuba, son cientos de miles los que dejaron de ser pobres y han triunfado en todas las profesiones.

"Capital humano", le llaman los economistas. La revolución cubana no sólo invirtió en industrias, en centrales hidráulicas o en carreteras. Invirtió mucho más en la gente. Miles de millones en garantizar salud para todos y educación de todos los niveles abierta a todos. Ningún país del continente tiene a un pueblo tan desarrollado intelectual y físicamente como Cuba. El nivel menor de cualquier cubano es noveno de primaria. De cada 8 trabajadores, uno es técnico medio y de cada 15, uno es universitario. Por cada 10 alumnos hay un docente, el índice más alto del mundo. Por cada 231 habitantes, hay un médico. Científicos e ingenieros: mil 50 por cada millón de habitantes. El gasto de Cuba en Investigación?Desarrollo (rubros claves en la actual revolución tecnológica para predecir el futuro de un país) es de 20 dólares per cápita, el mayor de América Latina. Cuba, que al triunfo de la revolución sólo tenía una escuela tecnológica, está hoy a la cabeza del Tercer Mundo en investigación en biotecnología y en ingeniería genética y en algunas ramas puede competir con los países más desarrollados del mundo.

Gran potencia de la generosidad

No se guardó Cuba egoístamente su capital humano. Lo ha sabido compartir con otros países del mundo, especialmente con los que están en lucha por desarrollarse. A Cuba se la acusó de "exportar revolución" y más que todo, exportó salud. 60 millones de personas en todo el mundo han sido atendidas ? y millones de ellas salvadas ? por médicos cubanos, desde que en 1963 el primer grupo llegó a colaborar en Argelia. Y 4 mil hombres y mujeres del Tercer Mundo estudiaron en Cuba carreras de grado medio y superior en salud para atender después a sus compatriotas. Nada de esto se hizo por dinero. De gratis han servido los médicos y los estudios no costaron nada. En otros campos que no son salud la generosidad fue similar. El período especial ha obligado también a Cuba a "ajustar" su solidaridad. Sin embargo, todavía en 1993, 3 mil médicos cubanos colaboran prácticamente de gratis en 35 países, especialmente en naciones empobrecidas de América Latina y de Africa. Y 20 mil muchachos y muchachas del Tercer Mundo estudian becados en la isla.

El período especial ha enseñado también a los cubanos a buscar vías para salir de la crisis en las ventajas comparativas ? como les llaman los economistas ? de su capital humano especializado. A Cuba acuden cada vez más enfermos de Europa y América Latina en busca de curas específicas, el llamado "turismo de salud". Problemas ortopédicos, de la piel, del riñón, del cerebro, de la tercera edad, tienen en Cuba atención de Primer Mundo a precios competitivos. Es la misma atención de calidad que reciben gratuitamente los cubanos, aunque se reserva para los enfermos?turistas las mejores instalaciones del hospital, o incluso hospitales enteros.

Cuba también "vende" su saber en deportes, en donde sigue siendo una gran potencia. Casi 500 entrenadores cubanos trabajan en 31 países de 4 continentes y existen centenares de solicitudes más. Atletismo, beisbol, baloncesto, voleibol y boxeo son las especialidades más solicitadas. Con México se da el mayor intercambio. Con este capital humano se financian los 35 deportes que en Cuba se practican y que no bajan de calidad a pesar del período especial. En 1992 el trabajo internacional de los técnicos deportivos cubanos representó entradas para el país por millón y medio de dólares.

Una revolución también "verde"

También hay capital ecológico. El proyecto socialista cubano, aunque no tuviera conciencia de ello, nació ecológico en unos tiempos en que el futuro de la Madre Tierra no preocupaba tan universalmente como hoy.

Por intuición al inicio (¿nacionalismo? ¿humanismo?), por vocación siempre (Cuba apostó a desarrollarse y no a ser una "sociedad de consumo") y hoy por urgente necesidad, a causa del período especial, el socialismo cubano ha actuado con visión y criterios ambientalistas.

Desde hace bastantes años hay buenos ejemplos de este empeño ecológico en aguas saneadas, millones de árboles sembrados y extensas áreas reforestadas, tierras rescatadas a la salinización, suelos y costas erosionados y hoy revitalizados, especies animales y vegetales salvaguardadas. Más recientemente son otros los signos: la avalancha de bicicletas, la acelerada investigación en abonos biológicos y biopesticidas, la voluntad recicladora, el auge de la "medicina verde", el creciente empleo de fuentes alternativas de energía ? a partir, por ejemplo, de los residuos de la industria del azúcar ?, las nuevas técnicas ganaderas. En 1992, un millón de hectáreas de cultivos fueron ya tratadas con plaguicidas biológicos, producidos en centros de investigación cubanos.

Un activista de Greenpeace visitó Cuba poco antes de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro y quedó entusiasmado con lo que vio. También sorprendido. "Los cubanos ? me contaba ? han hecho progresos ecológicos tremendos, pero no hacen bulla, no alardean. Hablan con toda naturalidad de esto. Te presentan un vaso de oro como si se tratase de un vaso de agua".

Cuba ha sido el primer país del mundo que incorporó en su Constitución las conclusiones básicas de la Cumbre de Río. Dice el artículo 27 de la Ley Fundamental cubana: "El Estado protege el medio ambiente y los recursos naturales del país. Reconoce su estrecha vinculación con el desarrollo económico y social sostenible para hacer más racional la vida humana y asegurar la supervivencia, el bienestar y la seguridad de las generaciones actuales y futuras. Corresponde a los órganos competentes aplicar esta política. Es deber de los ciudadanos contribuir a la protección del agua, la atmósfera, la conservación del suelo, la flora la fauna y todo el rico potencial de la naturaleza". Así, la Cuba socialista es tan "verde" como "roja".

¿Quién ganó: el socialismo o el capitalismo?

Hay "cerebros" en Cuba. Y la "fuga de cerebros" que hay es mínima. Esto diferencia cualitativamente la crisis cubana de la del resto de los países latinoamericanos. El reto de América Latina, con la mitad de su población en la miseria y el analfabetismo, es poner el cimiento, conseguir capital humano. El reto de Cuba es levantar paredes, es organizar a su gente para salir de la crisis. En 30 años, el socialismo consiguió en Cuba lo que el capitalismo no ha conseguido en más de 100 años en América Latina. ¿Quién fracasó en este lado del mundo? Hoy, el modelo capitalista neoliberal hace aún más imposible que América Latina logre el capital humano masivo que necesita para su desarrollo y con el que Cuba ya cuenta.

Aunque cualquier profesional que consiga visa de algún país y un pasaje ? pagado en el exterior ? puede salir definitivamente de la isla, Cuba busca conservar por todos los medios a sus profesionales. Es un mecanismo para impedir la fuga de cerebros. Aunque a veces no va a la par de otros mecanismos que potencien los espacios para que esos mismos profesionales se expresen y actúen. Un arquitecto no debe irse de Cuba y hay que desestimularlo a que lo haga. Pero a veces no tiene ningún estímulo para desarrollar sus propias iniciativas, en una sociedad tan pautada y vertical.

La capacitación masiva de los cubanos permite a Cuba enfrentar la crisis mejor que pudiera hacerlo cualquier otro país. Donde falta un repuesto, que quizás ya no volverá a llegar de la URSS o de Bulgaria, cualquier trabajador cubano es capaz de inventar una pieza equivalente. Donde falta el abono químico se multiplican las granjas de lombrices o un científico busca y halla la fórmula del mejor sustituto orgánico para ese suelo particular, que otros científicos ya tienen bien estudiado.

El movimiento de "racionalizadores" y de "innovadores" es masivo. La escasez ha desatado la creatividad de los cubanos, capacitados durante años para ser creativos y no copiones, y no siempre con oportunidades para demostrarlo. Desde los más eminentes científicos hasta los trabajadores de base: todos están inventando y experimentando cómo hacer cuando falta casi todo lo que había antes. La batalla ahora no es crear, es vencer a las administraciones con más años, inercia y poder en las empresas, que se resisten a introducir esas innovaciones en la producción.

Esta creatividad técnica y científica, esta chispa y flexibilidad, contrasta con la rutina, el adormecimiento y el oficialismo en lo ideológico, en la educación política y en lo más visible: los medios de comunicación social que, salvo algunos espacios radiales, silencian los problemas, son repetitivos, simplifican la realidad, no estimulan el debate ni siquiera reflejan el que de hecho existe y no favorecen el control democrático del pueblo sobre sus dirigentes.


¿Una sociedad violenta?

Según James Prescott, un eminente neurosicólogo, una sociedad que ama a sus niños, que es físicamente cariñosa con los pequeños, que acaricia a los hijos y que es abierta y desprejuiciada con la sexualidad de sus adolescentes, es una sociedad vacunada contra la violencia, una sociedad estable, con más predisposición a la solidaridad y a la tolerancia, bases de la democracia.

Quien conoce de cerca a la sociedad cubana, modelada por 30 años de socialismo, sabe que Cuba es así. Los niños son "reyes" y los adolescentes no tienen el freno de los tabúes. Antes y ahora, por añadidura, los cubanos siempre han sido un pueblo alegre.

A pesar de todo, hoy los niños cubanos viven contentos y los adolescentes libres. Pero el período especial ha echado paletadas de tristeza sobre los cubanos adultos. El hoy es triste y el mañana incierto. Calles oscuras y vacías, centros de distracción cerrados, casi nada o nada que leer, la televisión reducida, apagones interminables, domingos aburridos donde comerse una pizza o un helado es una tragedia o un imposible, novios con pocas alternativas para estar juntos, y el diario calvario de conseguir la comida. Los medios de comunicación no reflejan esta dura realidad. No han dejado de hablar de un entusiasmo que lo vence y lo vencerá todo y de las abundantes cosechas de viandas o vegetales que nadie ve porque llegan escasas cuando llegan.

La vida no se ha hecho más violenta, pero sí más fea y aburrida. En el discurso oficial se exhorta a más sacrificio en nombre de la dignidad. Y es lógico, no es fácil salir del actual laberinto económico sin dejar fuera a nadie. Pero nunca se incorporan al discurso oficial los temores, las flaquezas, los anhelos de felicidad, las disensiones, las dudas, todo eso que no es blanco ni es negro. Casi todas las válvulas de escape están cerradas. Por falta de recursos materiales y también por un estilo cargado de severidad, donde la atención a lo subjetivo es secundario, donde prestar atención a "boberías" es perder el tiempo.

No sólo de pan...

El desarrollo de la inteligencia de los cubanos le garantiza a la sociedad cubana estabilidad y le da a la revolución posibilidades de salir de la crisis. Esa materia prima es abundante, no cuesta divisas, no hay que importarla. Pero no todos los cubanos piensan igual.

El sector de los opuestos plenamente al proyecto revolucionario es minoritario, no está organizado y su actitud es hasta hoy pasiva. Entre los revolucionarios ? muchísimos más que los 800 mil miembros del Partido ? los hay de tres tipos. Los que mantienen una fe "ciega" en que Fidel sabrá salir adelante, aunque no ven cómo ni se lo imaginan. ¿Es fanatismo? La difícil historia de estos 30 años da racionalidad a esa fe, aunque nunca como ahora fue tan "irracional" el mundo y sus crisis. Hay otros que por estar el mundo como está, no ven otra salida para Cuba que "rendirse". Enrumbarse de lleno al capitalismo, reconociendo que el proyecto socialista es justo pero inviable. Aunque se sienten perdedores, nunca traicionarán: no se van de Cuba, combatirían en caso de guerra, cumplen con todas las tareas... y callan. Hay revolucionarios, incluso militantes del PC, que dan señales de estar carcomidos por esta desesperanza.

Hay otros ?parecen ser la mayoría? que sí le ven salida al socialismo cubano ?con equidad social y soberanía nacional, aun dentro de esta ola de neoliberalismo?, siempre que se hagan ajustes de fondo, no sólo económicos sino también políticos, no sólo objetivos sino subjetivos, con los que construir un pueblo más maduro, una sociedad con relaciones más horizontales, donde el socialismo sea no sólo justo y nacionalista, sino atractivo, estimulante, participativo, con espacios para soñar y equivocarse y volver a soñar. Los cubanos tienen sus propias propuestas de cambios, lo que no encuentran todavía son los espacios o los ritmos.

Analizando los errores del socialismo real, el teólogo y periodista brasileño Frei Betto, gran amigo de la revolución cubana, afirmó lúcidamente: "Para poder privatizar los bienes materiales, el capitalismo socializa los bienes simbólicos. A través de la religión o de la televisión, que no distinguen el rancho del pobre de la mansión del rico, socializa el sueño del bienestar material. El socialismo ha hecho exactamente lo contrario: socializa los bienes materiales y privatiza el sueño, en la medida en que sólo los poseedores del poder pueden aspirar al ejercicio de la transgresión ?cómo cambiar el modo de pensar y actuar en materia política?, que es uno de los atributos de la libertad. En el socialismo la imaginación está obligada a vuelos cortos. `No sólo de pan vive el hombre', advertía Jesús. ¿El socialismo real no habrá despreciado el hambre de belleza, suponiendo que el pan es suficiente para saciar la voracidad humana?".

Desde cuatro ángulos hemos enfocado la especialísima realidad de Cuba, ya con 3 años de período especial a cuestas. Habría otras perspectivas desde las que hacerlo. Entonces, ¿punto final? ¿Ya está todo explicado? ¿Explica esta realidad tan contradictoria el sorprendente resultado de las elecciones de febrero? Esta sociedad, equitativa, nacionalista, inteligente y a la defensiva que la revolución forjó, ¿explica por qué Cuba resiste tanto y tan establemente y por qué los cubanos apoyan tanto su revolución? ¿Es tanto el peso ideológico de este socialismo real que supera tantas contradicciones y vacíos? No hay respuestas categóricas. Sólo aproximaciones.

Hay ya grietas en la equidad, la realidad abrirá más y el igualitarismo ha rendido a algunos. El nacionalismo tiene brechas en el transnacionalismo económico en el que Cuba tiene que nadar para vencer. Las actitudes defensivas no son las que más sirven para estos tiempos de cambios aún confusos. Y los pueblos, como los seres humanos, por conscientes y preparados que estén, también ven espejismos, se equivocan y hasta se suicidan.

Entonces, ¿lo que hemos tratado de describir, no explica nada? Tampoco es así. No hay fórmulas categóricas. Tal vez debemos volver a José Martí, como han vuelto los cubanos. Decía Martí: "Muy mal conoce nuestra patria, la conoce muy mal, quien no sepa que hay en ella, como alma de lo presente y garantía de lo futuro, una enérgica suma de aquella libertad original que cría el hombre en sí, del jugo de la tierra y de las penas que ve, y de su idea propia y de su naturaleza altiva. Y no vamos a querer los cubanos sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país". En esta raíz cultural puede estar la clave para entender lo que hoy sucede en Cuba.

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