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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 23 | Mayo 1983
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Nicaragua

Más agresiones, más gestiones de paz

El incremento de la agresiones verbales contra el régimen de Nicaragua por parte de la Administración norteamericana -llevadas al clímax retórico por el Presidente Reagan en su discurso al Congreso- a la par que un cualitativo incremento en las acciones militares de la contrarrevolución marcan de modo dramático la actual coyuntura.

Equipo Envío

Puede decirse que nunca como ahora la posibilidad de una guerra regional comienza a ser preocupación compartida por muchos en Nicaragua, en América Latina y también en Europa. Ante esta delicada situación, Nicaragua ha dedicado grandes energías a lo largo del mes para buscar caminos que consoliden la unidad nacional frente a la agresión y que hagan explícito ante el mundo la voluntad de paz de su pueblo y de su gobierno.

El incremento de las agresiones contrarrevolucionarias

Mientras algunas tendencias estratégicas del accionar militar contrarrevolucionario se mantienen por ejemplo, tratar de ocupar alguna zona del país de modo permanente (Jalapa sigue siendo el objetivo), las incursiones a través de lo que sucedía hace meses, el incremento en los efectivos permitiría ya hablar de una guerra convencional, en la que las "bandas" son auténticas unidades militares. Por otra parte los grupos invasores de meses pasados han regresado a Honduras -donde se reagrupan ahora- o han quedado dispersos en el interior del país, sin representar realmente un serio peligro militar.

La invasión de 1.200 contrarrevolucionarios en dos zonas cercanas a la ciudad de Jalapa, iniciada el 30 de abril, marca un claro salto cualitativo en la escalada de las agresiones, tanto por el número de los invasores como por el apoyo dado a éstos por el ejército hondureño, que se hizo más patente que en otras ocasiones. Al habitual apoyo logístico que permitió a los contrarrevolucionarios atravesar la frontera para abastecerse, dar atención a sus heridos y reagruparse, habría que añadir esta vez el apoyo militar sostenido que dio Honduras a los invasores con fuego de morteros en la zona de los combates que duraron 5 días. Los invasores llegaron a 8kms. de Jalapa pero no consiguieron el objetivo de ocuparla.

El número de bajas que tuvieron fue alto, regresando a honduras para reagruparse nuevamente. Hay que tener en cuenta que Jalapa (ciudad de 9.000 habitantes) es desde hace meses el objetivo estratégico de los contrarrevolucionarios por su ubicación en el corazón de la zona más fértil del norte nicaragüense, por la importancia para el reabastecimiento que supondría controlar la pista de aterrizaje y por la trascendencia que adquiriría instalar allí un gobierno provisional contrarrevolucionario.

Otra novedad importante en la situación militar es que la frontera sur -Costa Rica- es ya un espacio de habituales enfrentamientos militares. En esta zona operan las unidades contrarrevolucionarias del grupo ARDE, que tiene en Edén Pastora a su cabeza militar y en Alfonso Robelo a su cabeza política.

Los métodos usuales de la contrarrevolución -amenazas, emboscadas contra civiles cualificados o no, secuestros, torturas y asesinatos- siguen también incrementándose. La crueldad que caracterizó a la Guardia Nacional somocista resucita diariamente en el accionar contrarrevolucionario. El hecho más significativo en este sentido ocurrió el 30 de abril cerca de Wiwilí (Departamento de Jinotega). Los contrarrevolucionarios emboscaron varios vehículos en distintos tramos de la carretera. El saldo de muertos incluyó a un médico alemán -cooperador voluntario en Nicaragua desde 1980-, Albert Pflaum, a dos enfermeras, a tres técnicos, a otros cuatros civiles y a cuatro miembros de los batallones de reserva sandinistas. Todos fueron asesinados a sangres fría con bayoneta y tiros en la cabeza. La muerte de Pflaum despertó airadas protestas entre los cooperados de Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá que trabajan en Nicaragua. En este crimen se ha expresado una de las consignas que usa cada vez más la contrarrevolución, especialmente a través de sus emisoras de radio en Honduras y en Costa Rica: "encajemos el puñal por la espalda al soviético, al cubano, al chileno, al extranjero que ocupa nuestra patria..." La campaña contra los internacionalistas es un arma ideológica de los grupos contrarrevolucionarios y la expulsión de extranjeros de Nicaragua es una de sus reivindicaciones "patrióticas".

El incremento de las agresiones verbales

Nunca como en estos momentos se había hecho tan evidente que está en las manos de la Administración norteamericana y en las del Congreso de los Estados Unidos el detener esta guerra que cuesta tantas vidas y recursos materiales. Cada movimiento del Congreso en relación al apoyo financiero para acciones encubiertas en Nicaragua cada nueva declaración de algún funcionario estadounidense en relación con la problemática centroamericana es analizada en todos sus detalles desde Nicaragua.

A la escalada militar contrarrevolucionaria le ha correspondido a lo largo de este mes una escalada en las declaraciones agresivas contra Nicaragua por parte de las autoridades norteamericanas que culminó con el discurso del presidente Reagan a las dos Cámaras del Congreso el 27 de abril.

A pesar de que el Presidente norteamericano no dijo realmente nada nuevo ni anunció ninguna nueva decisión en su política centroamericana, el discurso tuvo un fuerte impacto en Nicaragua. Fue esperado con verdadera preocupación -dada la solemnidad del acto dentro de los esquemas políticos norteamericanos- y posteriormente analizado en todos sus detalles, tanto a través de los medios masivos como en las mesas de los analistas políticos locales. Merece la pena destacar textualmente algunos párrafos de la alocución presidencial destinados a caracterizar la actual situación de Nicaragua. El presidente norteamericano no había hecho hasta ahora una evaluación tan amplia de la revolución nicaragüense desde la óptica de su Administración. Su postura ante el Congreso fue interpretada en Nicaragua como una legitimación de la contrarrevolución y como una retórica "declaración de guerra" contra el gobierno sandinista.

He aquí las palabras del presidente norteamericano:

"El gobierno de Nicaragua nos ha tratado como enemigos, ha rechazado nuestros reiterados esfuerzos de paz, ha quebrantado sus promesas a nosotros, a la OEA y, lo que es más importante, a todo el pueblo de Nicaragua... La revolución sandinista en Nicaragua se convirtió realmente en un cambio de unos gobernantes autocráticos por otros de igual estilo. Y el pueblo carece todavía de libertad, de derechos democráticos y padece más de pobreza."

"La violencia es la exportación más importante de Nicaragua al mundo. Es en extremo hipócrita que el gobierno no electo de Nicaragua acuse a Estados Unidos de tratar de derrocarlos, cundo dicho gobierno está haciendo todo lo que puede para derribar el régimen electo de El Salvador. Los ataques de los guerrilleros están dirigidos desde el cuartel general de Managua, capital nicaragüense. Seamos claros acerca de la actitud norteamericana hacia el gobierno de Nicaragua: no buscamos que sea derrocado del poder, pero debemos garantizar que no contamine a sus vecinos por medio de la exportación de la subversión y la violencia. Nuestro propósito, conforme con la ley norteamericana y con la ley internacional es evitar la afluencia de armas hacia El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica. Hemos tratado de concertar un diálogo con el gobierno de Nicaragua, pero éste persiste en sus esfuerzos por propagar la violencia. Nosotros no tenemos el deber de proteger -y no lo haremos- al régimen de Nicaragua de la inconformidad de su propio pueblo. (...) La guerrilla de Nicaragua, que luchó y obtuvo el poder operando desde bases en Honduras y Costa Rica pretende que está siendo atacada hoy en día por fuerzas con base en Honduras. La verdad es que es el gobierno nicaragüense quien amenaza a Honduras y no lo contrario. (...) Nicaragua, apoyada por armas y recursos militares proporcionados por el bloque comunista mantiene a su pueblo bajo la represión, rehusa llegar a la paz y patrocina una guerra de guerrillas contra El Salvador."

El eje central del discurso de Reagan era caracterizar a toda Centroamérica -y en ella Nicaragua- como tema prioritario para la seguridad norteamericana. Así lo ve la estrategia geopolítica norteamericana:

"Si Centroamérica cayera,. ¿cuáles serían las consecuencias para nuestra posición en Asia y en Europa, para alianzas tales como la OTAN? Si Estados Unidos no puede responder a una amenaza cerca de sus propias fronteras, ¿por qué habrían de creer los europeos o los asiáticos que nos preocupan seriamente las amenazas contra ellos?: Si los soviéticos pueden presumir de que nada habrá de provocar la repuesta de los Estados Unidos, a no ser que se ataque a Estados Unidos mismo, no habrá aliado ni amigo que tenga confianza en nosotros. (...) La seguridad nacional de los Estados Unidos está en juego en la América Central. Si no nos defendemos allí, no esperemos hacerlo en otra parte. Nuestra credibilidad podría quebrarse, tanto como nuestras alianzas, y la seguridad de nuestra patria estaría en peligro. Nosotros tenemos allí un interés vital, un deber moral y una solemne responsabilidad."

Tanto en el Congreso como entre el pueblo norteamericano, el discurso de Reagan tuvo un efecto muy limitado., Sólo desde el área, y especialmente desde Nicaragua en la que diariamente esta retórica se traduce en agresiones armadas, puede ser interpretada correctamente la gravedad de estas palabras.

El Senador demócrata Christopher Dodd dio respuesta, en nombre de su Partido, a la alocución presidencial, haciendo puntualizaciones tan simples como certeras: "Si Centromérica no estuviera sacudida por la pobreza no habría allí revolución. Si Centroamérica no estuviera atormentada por el hambre, no habría allí revolución. Si Centroamérica no estuviera destrozada por la injusticia, no habría allí revolución. Por eso, mientras las condiciones de opresión no cambien, la región seguirá convulsionada por la revolución, con o sin los soviéticos."

Una de las insistencias en el discurso de Reagan fue por ganar el apoyo de demócratas y republicanos en el Congreso para su política centroamericana. Igualmente, intentó tranquilizar a sus oyentes, asegurándoles que en Centroamérica no se reproduciría otro Vietnam. La única medida concreta adoptada por el Presidente tras su discurso fue el nombramiento de Richard Stone como su enviado especial a la región centroamericana,. La elección de Stone no es más que otra prueba de la insensibilidad de la Administración Reagan hacia la realidad centroamericana. Las vinculaciones del "superembajador" Stone con la comunidad de exiliados cubanos en Miami y el que fuera agente del gobierno guatemalteco del Gral. Lucas García en el congreso norteamericano le descalifican como hombre neutral que pueda ganar la confianza de las fuerzas que se enfrentan en los conflictos regionales.

Después de la intervención de Reagan, el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes votó 9 contra 5 en favor de que se suspendieran las actividades "encubiertas" contra Nicaragua. Tanto la prensa norteamericana como la nicaragüense interpretaron la votación como un revés para el presidente. Sin embargo, una mirada más detenida a los hechos pone en duda que fuera realmente un fracaso. La propuesta que se dilucidaba en la votación, y que salió adelante, concede 30 millones de dólares a la Administración entre mayo y octubre de 1983 en calidad de fondos "abiertos' para que se empleen en "detener el suministro de armas" de Nicaragua a El Salvador. Se destinan también 50 millones a este fin en 1984. Igualmente, el plazo de 45 días que originalmente se daba a la Administración para terminar con sus operaciones encubiertas fue suprimido, y las palabras en las que se definía el empleo de estos fondos "en o en contra Nicaragua" fueron simplificadas. Ahora se lee en la resolución: "en Nicaragua". Todo esto hace ver que el presupuesto -nunca probado- de Reagan de que Nicaragua abastece a la guerrilla salvadoreña está aceptado y que para detener este suministro se dedican nuevos fondos, que estos serán abiertos y que el freno a las acciones encubiertas "en Nicaragua" es el que se pone en cuestión mientras se aceptan tácitamente acciones "contra Nicaragua".

Otra reunión del Comité de Inteligencia del Senado, celebrado el 6 de mayo, aprobó por mayor número de votos el que continuaran las operaciones encubiertas hasta finales de septiembre. En declaraciones hechas a un grupo de periodistas el día anterior, Reagan, comentando su alocución al Congreso, se refirió a los grupos contrarrevolucionarios como "luchadores por la libertad" y dijo que tenían más legitimidad que el gobierno nicaragüense. Evidentemente, en este mes la Administración norteamericana ha definido claramente, tanto retórica como pragmáticamente, cuáles son sus propósitos frente al gobierno sandinista.

La batalla por una paz con dignidad

Antes de producirse el discurso de Reagan, el 25 de abril, el Comandante Daniel Ortega había hecho público un importante pronunciamiento que, evidentemente, trataba de adelantarse a las palabras, que iba a pronunciar el mandatario norteamericano. Ortega se refirió a las tres principales concentraciones de fuerzas contrarrevolucionarias que existen en la actualidad: entre 500 y 700 hombres en la frontera de Costa Rica, que han abierto un nuevo frente; 2.000 ex-guardias hombres somocistas en la frontera de Nueva Segovia y 1.500 hombres reagrupados en la Moskitia hondureña, en la frontera con Zelaya. Denunció los vuelos de aviones espías norteamericanos sobre territorio nicaragüense y el tren aéreo establecido entre las bases norteamericanos de Panamá y Honduras para el transporte de material bélico a este país.

Denunció la "inescrupulosa e irresponsable" política de Estados Unidos en la región y aclaró "de manera enfática, que la instalación de cohetes soviéticos en Nicaragua sólo ha surgido en la mente de la administración norteamericana", desmintiendo también que en Nicaragua pretenden construir los soviéticos un canal interoceánico. Reiteró la apertura del gobierno sandinista a negociaciones bilaterales con Honduras y con los Estados Unidos y la voluntad de Nicaragua en ser fiel a los principios de economía mixta, pluralismo políticos y no alineamiento. Volvió a anunciar que en 1985 se celebrarían elecciones en el país, según lo anunciado desde el comienzo del proceso revolucionario y describió las gestiones del grupo de Contadora como "el principal esfuerzo regional para contribuir a la paz en Centroamérica" anunciando que Nicaragua fortalecería esta iniciativa.

Al día siguiente del discurso de Reagan, más de 100.000 personas se reunieron en la Plaza de la Revolucion de Managua. Los milicianos llevaban sus fusiles, los vigilantes sus silbatos y parte del pueblo, machetes y garrotes, como un símbolo de su voluntad de defender la revolución amenazada. La rapidez con la que se organizó la concentración fue una muestra de la capacidad de convocatoria del gobierno revolucionario en un momento tan crítico. En el acto no habló ningún representante del gobierno. Esto le dio un carácter especial: la concentración, quería ser también un símbolo de que era el mismo pueblo quien respondía a Reagan.

Hablaron el delegado de la Central Sandinista de Trabajadores, un dirigente del Partido Liberal Independiente, una joven miliciana que perdió un brazo en un ataque contrarrevolucionario y un párroco de Managua, José Arias Caldera. En sus palabras fueron retomado por primera vez a nivel público los conflictivos sucesos de la Plaza 19 de Julio durante la visita del Papa. El Padre Arias Caldera afirmó emotivamente ante la multitud que el grito "¡Queremos la paz! que el pueblo había lanzado en presencia de Juan Pablo II no había sido ninguna irreverencia, sino una oración que había sido escuchada por Dios y que por eso la paz vendría a Nicaragua" si la buscamos "rezando, luchando y empuñando los fusiles".

La respuesta oficial del gobierno la dio el Comandante Bayardo Arce en el discurso a los trabajadores en el acto central del Primero de mayo. Arce señaló en 11 puntos las posiciones nicaragüenses: el derecho de Nicaragua a defenderse y a buscar recursos para su defensa, el apoyo a la iniciativa de Contadora, la petición de pruebas sobre el suministro de armas a la guerrilla salvadoreña, la solicitud de negociaciones bilaterales... Como nuevos elementos, señaló que el pre-requisito para cualquier solución al conflicto es la "reiterada incondicional" de las tropas contrarrevolucionarias y el cese de los ataques fronterizos desde Honduras y del apoyo de la CIA a planes de desestabilización en Nicaragua. También declaró que "Nicaragua está dispuesta, como un gesto serio de reafirmar nuestra voluntad de paz, a suscribir de inmediato pactos de no agresión con cualquier país que lo considere necesario y a sostener negociaciones bilaterales con aquellos países del área que así lo requieran."

El día 4 de mayo, al abrirse las sesiones del Consejo de Estado para la legislatura de 1983, el Comandante Carlos Nuñez reiteró que en 1985 serían las elecciones y que se estaba elaborando la legislación que las hará posibles. A lo largo de 1983, corresponderá al Consejo aprobar la Ley de partidos Políticos, la Ley de Medios de Comunicación y formular los procedimientos electorales. En referencia a las elecciones definió un punto clave: los partidos políticos tendrán el derecho a luchar por el poder. Se refirió a una serie de viajes que comisiones del Consejo realizarían a países europeos y latinoamericanos para estudiar distintos tipos de leyes electorales y así enriquecer el modelo nicaragüense.

En su informe anual al Consejo De Estado, el Comandante Daniel Ortega afirmó que a lo largo de este año 500 nicaragüenses habían muerto como resultado de las agresiones contrarrevolucionarias y que entre mayo de 1980 y mayo de 1983, 549 personas habían sido secuestradas por estos grupos. Las pérdidas materiales por los ataque de la contrarrevolución han costado al país 581.4 millones de córdobas. Esta cantidad incluye 113.4 millones por destrucción de maquinaria, equipo, escuelas y centros de salud, La situación de guerra ha retrasado proyectos hidroeléctricos, de construcción de carreteras, proyectos de producción y de reforma agraria, forestales y de educación de adultos y salud. Las pérdidas a causa de estos retrasos se evalúan en 119.8 millones. Los daños por sabotajes contrarrevolucionarios -incendios forestales, robo de ganado y destrucción de plantaciones de café, tabaco y otros productos de exportación- suponen pérdidas por 244.2 millones. También se calculan 104 millones en pérdidas pro productos de exportación dañados y por imposibilidad de extraer el oro de las minas del país.

Como medio judicial para hacer frente a la crítica situación provocada por las agresiones militares, el gobierno nicaragüense anunció el 11 de abril la creación de Tribunales Especiales Anti-Somocistas para juzgar a quienes sean acusados de estar vinculados a actividades contrarrevolucionarias o a quienes sean culpables de crímenes de guerra. El incremento de las agresiones ha incrementado el número de personas acusadas por estos cargos. Según el Presidente de la Corte Suprema, Roberto Argüello, si todos estos casos tuvieran que ser sometidos a proceso normales muchos de ellos tendrían que esperar juicio durante 2 ó 3 años. Estos tribunales consisten en un tribunal de primera instancia y en un tribunal de apelaciones, de cuya decisión resulta el veredicto final. Cada tribunal está formado por un abogado y otros dos ciudadanos nicaragüenses.

La creación de estos tribunales no altera la ley que establece que la máxima sentencia para este tipo de cargos criminales es de 30 años. En el comunicado oficial por el que se establece esta nueva modalidad judicial se dice que los tribunales son una respuesta temporal a una particular situación y sólo ejercerán sus funciones mientras esta situación lo requiera . Los nuevos tribunales difieren principalmente de los que funcionaron después de la victoria sandinista en los criterios en base a los cuales la evidencia de culpabilidad será evaluada antes de dar el veredicto final. Es importante destacar que en Nicaragua no existe, desde el triunfo de la revolución, pena de muerte, que los tribunales son civiles y no militares y que los nombres de los miembros del tribunal como sus sesiones son públicas., Hasta el momento, sólo se ha constituido uno de estos Tribunales en Managua, en donde se juzgarán casos procedentes de todo el país. Está previsto el establecimiento de estos tribunales en otros departamentos.

La ofensiva diplomática

Las batallas defensivas en las dos fronteras de Nicaragua son reformadas en el terreno internacional por una iniciativa diplomática en favor de la paz, en la que Nicaragua está claramente a la ofensiva.

La participación del Canciller P. Miguel D'Escoto en la reunión del "Grupo de los 77" en Buenos Aires abrió un nuevo canal por el que recibirá apoyo y cooperación de otros países del tercer mundo que padecen problemas similares a los que afronta Nicaragua. Gran parte de los esfuerzos diplomáticos de este mes se han dirigido hacia Costa Rica. La visita del Comandante Wheelock al país vecino y la invitación al presidente Monge para que visite Nicaragua han sido importantes capítulos de esta ofensiva. Sin embargo, las contradicciones al interior del gobierno de Costa Rica aflojaron continuamente y así debe interpretarse la propuesta costarricense hecha en los primeros días del mes de mayo para establecer a través de la OEA o de los ejércitos de los países del grupo de Contadora una fuerza de paz que patrullen la frontera con Nicaragua. La propuesta fue rechazada por Panamá, Venezuela, México y también por Nicaragua. Sólo los Estados Unidos parecieron aplaudirla. En la práctica está claro que los diálogos bilaterales entre los países centroamericanos son más eficaces para la distensión en el área. Los que Nicaragua ha emprendido con el gobierno de Costa Rica así lo demuestran.

Los mayores esfuerzos diplomáticos los ha hecho Nicaragua a través de las Naciones Unidas, organismo mediador en el que pone más confianza que en el foro de la OEA. Víctor Hugo Tinoco, representante de Nicaragua ante el Consejo de Seguridad probando el involucramiento norteamericano en las actividades contrarrevolucionarias. A fines de este mes estaba en pie la convocatoria por parte de Nicaragua de una reunión de emergencia del Consejo y el ofrecimiento de Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de la ONU, para mediar en el conflicto centroamericano con el fin de conseguir la paz en el área.

A la ofensiva diplomática nicaragüense se suman las gestiones, cada vez más intensas, del grupo de Contadora (México, Venezuela, Panamá y Colombia). Los ministros de asuntos exteriores de los cuatro países visitaron la región a mediados de abril y se reunieron después en Panamá sin llegar a ninguna conclusión efectiva. Otra segunda reunión en Panamá a fines de mes y la convocatoria para mediados de mayo de una reunión de emergencia en Panamá revela la gravedad con que estos gobiernos, bastantes neutrales, ven la crisis centroamericana.

La situación es crecientemente delicada. Nicaragua busca intensamente los caminos para conseguir la paz que no lesione su dignidad y la libertad conquistada a tan alto precio. La retórica norteamericana y los medios de comunicación de algunos países centroamericanos -Honduras y Costa Rica- son cada vez más belicistas. Las expresiones públicas de los gobernantes nicaragüenses, sus gestiones diplomáticas y sus esfuerzos para no caer en la trampa que representan las provocaciones fronterizas hondureñas son una prueba diaria de que existe la voluntad de evitar a toda costa la guerra con Honduras que parece querer -también a toda costa- la Administración norteamericana.

La pregunta de fondo es: ¿Hasta cuándo puede ser firme esta voluntad? Si el ejército hondureño continúa su escalada: ¿Cómo responder? Si los Estados Unidos continúan financiando y armando a los contrarrevolucionarios y ejerciendo presiones económicas, ¿qué alternativas quedan? Una cosa es cierta: el pueblo de Nicaragua quiere desesperadamente y apasionadamente la paz. Nicaragua necesita tiempo para continuar su reconstrucción y para hacer su propio futuro. Pero tan cierto como esto es que en las salas del congreso norteamericano y en las del Departamento de Estado y de la CIA el tiempo tiene otros ritmos. La Administración parece tener urgencia en resolver por la fuerza el "peligro" nicaragüense.

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