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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 129 | Agosto 1992
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Nicaragua

¿Se trabó el despegue económico?

El despegue económico tan anunciado y esperado, no acaba de alzar vuelo. Pareciera que las alas de economía nacional son demasiado cortas y pesadas.

Equipo Envío

La parálisis política que vive Nicaragua por las continuas disputas entre la extrema derecha, el gobierno y el FSLN, no ha obstaculizado la puesta en práctica del programa de estabilización económica y ajuste estructural del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro.

Los conflictos en torno a las fuerzas armadas y la propiedad, se contrastan con el respaldo implícito de la extrema derecha y del FSLN al programa económico del gobierno. Al parecer, todas las fuerzas políticas coinciden en que sólo hay una salida para la crisis económica que vive el país. Este consenso sólo ha sido enturbiado en las últimas semanas por tímido y contradictorio pronunciamiento de la dirigencia sandinista, donde se critican algunos aspectos del programa económico y se proponen de manera general algunos cambios. De hecho, el gobierno ni siquiera ha respondido a dicho pronunciamiento y, por su parte, el FSLN no ha presionado en ningún sentido sobre el mismo.

La base del consenso alcanzado por el gobierno en torno a su política económica ha sido su capacidad de obtener ayuda externa y de controlar la hiperinflación que azotó al país durante varios años. Sin embargo, la reciente suspensión de la ayuda norteamericana ha puesto en evidencia la fragilidad de estos éxitos. Si la suspensión se prolonga, la política anti-inflacionaria del gobierno no se podrá sostener, puesto que inevitablemente se vería forzado a una devaluación de la moneda con consecuencia inflacionaria impredecibles.

Por otro lado, desde el año pasado el gobierno ha venido anunciando que 1992 va a marcar el inicio de la reactivación económica del país. En realidad, el Año de la Reactivación ya se está determinando y casi todos los indicadores económicos muestran que no hay señales de que el país esté saliendo de la depresión económica en que se encuentra desde hace varios años. Por el contrario, economistas de todos los signos políticos coinciden en que Nicaragua está viviendo niveles de desempleo y pobreza sin precedentes en su historia

Ejes quebrados

¿Por qué no hay reactivación de la economía? ¿Será porque la transición hacia un crecimiento económico sostenido a mediano plazo va a tomar más tiempo de lo previsto? ¿O, estamos a las puertas de un período prolongado de baja inflación y estancamiento económico? La intención de este trabajo es tratar de responder a estas preguntas, haciendo un análisis de la política económica del gobierno y de las tendencias del comportamiento de la economía nacional durante lo que va del presente año.

El punto de partida de nuestro análisis es la estrategia que se trazó el gobierno desde finales de 1991 para iniciar la reactivación económica del país.La estrategia estaba basada fundamentalmente en dos ejes de reactivación: la expansión de la inversión pública en infraestructura y del sector exportador.

Ambos ejes de crecimiento iban a tener suficiente financiamiento, ya que se contaba con un nivel de recursos externos adecuados para apoyarlos. Según el gobierno, el crecimiento económico del país sería del cuatro al cinco por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 1992, marcando el inicio del "despegue" de la economía del país. Sin embargo, los indicadores económicos del primer semestre del 92 muestran que el "despegue" no se está produciendo e incluso el Ministro de la Presidencia Antonio Lacayo declaró recientemente que la meta "revisada" es de un crecimiento del uno por ciento del PIB en 1992.

En la práctica, la contradicción básica de la política económica del gobierno ha sido querer lograr la reactivación de la economía y simultáneamente mantener tasas de inflación muy bajas. El diseño de las políticas monetaria y fiscal ha respondido claramente a priorizar el objetivo de conseguir tasas de inflación muy bajas, sobre cualquier consideración de las necesidades de promover la reactivación económica.

El carácter recesivo de estas políticas se muestra por un lado, en los nuevos recortes al gasto corriente del gobierno y, por otro lado, en el mantenimiento de altas tasas de interés y de fuertes restricciones al acceso al crédito para los sectores productivos y de servicios.

Los resultados del primer semestre del 92 son congruentes con el tipo de políticas que se han aplicado. La inflación promedio ha sido inferior al uno por ciento mensual e incluso hubo meses (febrero y junio) en que la tasa de inflación fue negativa. La contrapartida de esta bajísima tasa de inflación es que el recorte a los gastos corrientes del gobierno fue de menos 17 por ciento en relación al semestre anterior, mientras que el crédito neto entregado a los sectores productivos y de servicios apenas representa al 27 por ciento de lo que el mismo gobierno programó.

Diseños tardíos

Las consecuencias económicas y sociales de mantener estas políticas han sido desastrosas en la ciudad y en el campo. La caída del nivel del empleo en el sector "formal" de la economía entre 1990 y Mayo de este año es de menos 18 por ciento.

En el Cuadro No.1 se puede apreciar la evolución del empleo en los últimos tres años con los datos de los trabajadores asegurados del INSSBI en el campo y la ciudad. Además, las tendencias de los primeros cinco meses de 1992, muestran que el nivel de empleo ha caído en menos 8,7 por ciento en relación al año anterior.

La persistencia de tendencias negativas en el empleo demuestra que la estrategia de reactivación del gobierno no está funcionando. Un factor clave de este fracaso ha sido la baja ejecución del programa de inversiones públicas. Según datos del Ministerio de Finanzas (MIFIN), durante el primer semestre únicamente se han ejecutado el 20 por ciento de los fondos programados para inversiones directas en 1992, cuyo monto asciende a 540 millones de córdobas. El problema es aún mayor de lo que estas cifras reflejan, ya que es precisamente en este período cuando se ejecutan el grueso de los trabajos de construcción para aprovechar la época seca.

Varios factores han influido en esta baja ejecución del programa de inversiones públicas. Según el ministro de Construcción y Transporte, el retraso ha ocurrido porque los diseños de los nuevos proyectos no estaban listos. En realidad, las causas más profundas del problema están ligadas al tipo de decisiones que hizo el gobierno en relación a este programa.



En primer lugar, el gobierno discriminó a las empresas estatales en las licitaciones de los proyectos, a sabiendas de que tenían la experiencia y la capacidad instalada de diseño y construcción para ejecutarlos. En cambio, adjudicó las obras a las empresas privadas, algunas con muchos años de inactividad y otras de reciente formación, por lo que no han podido responder adecuadamente a la demanda inversionista del Estado. En segundo lugar, si el gobierno tenía conocimiento previo de que se necesitaba un tiempo prudencial para elaborar los diseños de los proyectos, ¿por qué no optó por priorizar las inversiones en rehabilitación de hospitales y escuelas, en lugar de lanzarse a nuevos proyectos?

Ahorro derrochador

Sin embargo, no sólo ha habido problemas técnicos y administrativos, sino que también hay serias dificultades financieras. La mayor parte de los recursos del programa de inversiones públicas iban a provenir de donaciones y préstamos externos y la otra parte, de los ingresos propios del gobierno. Al parecer, los desembolsos de las donaciones y préstamos externos se han retrasado y paralelamente, la capacidad del gobierno de aportar fondos de contrapartida, se ha visto mermada por su propia reforma tributaria y por la misma recesión. En el Cuadro No.2 podemos apreciar la evolución comparada de los ingresos y gastos del gobierno.

Estos datos muestran que, a pesar de la disminución de los ingresos ordinarios y de las donaciones, el gobierno ha financiado una expansión de los gastos de capital (inversiones públicas). ¿Cuál es entonces la fuente de financiamiento de las inversiones públicas? Sencillamente un mayor recorte del gasto corriente del gobierno, tal y como se observa en el Cuadro No.2.

Cabe señalar que parte de esta reducción se ha logrado por la "compactación" del aparato estatal en 1991. Las consecuencias a corto plazo de esta política son desastrosas porque la recesión empeora y se afectan aún más la cobertura y calidad de los servicios sociales para los sectores populares. Sacrificar los gastos corrientes para mantener el programa de inversiones públicas significa optar por un incremento a corto plazo de los niveles de pobreza a cambio de invertir en crear condiciones para el desarrollo a largo plazo.

Los beneficios de una mejor infraestructura son obviamente importantes, pero generalmente es necesario un período relativamente prolongado para que el sector privado responda positivamente a las oportunidades que se le abren. En realidad, la disyuntiva entre asignar los recursos para combatir a corto plazo la pobreza o crear condiciones para el desarrollo futuro, no es un callejón sin salida. El gobierno puede recurrir al crédito del Banco Central y mantener un nivel de gasto público que le permita desarrollar programas efectivos contra la pobreza y el desempleo. Sin embargo, hacer esto significaría modificar su política económica y abandonar el objetivo de lograr una tasa de inflación cero.

También significaría renegociar los términos del acuerdo del gobierno con el Fondo Monetario Internacional. Por otro lado, el impacto recesivo de la contracción del gasto público ya está teniendo efectos multiplicadores en otros sectores de la economía. Los resultados de una encuesta efectuada en Managua por la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global FIDEG), muestran que en 1991 el grueso de los desempleados provenían del gobierno central (educación, salud y servicios públicos), mientras que en 1992 la mayor parte de ellos proviene del sector productivo, así como también del comercio y del sistema financiero. (Ver Cuadro No.3).

Según esta misma fuente, el número de desempleados en Managua se ha elevado hasta casi ochenta mil personas, de los cuales el 56 por ciento son hombres y el 44 por ciento mujeres.








¿Estancamiento o reactivación?

Las tendencias negativas del empleo del sector productivo de Managua, se confirman con los datos de la encuesta que mensualmente realiza el Ministerio de Economía y Desarrollo en las empresas más importantes del sector industrial manufacturero. Al comparar los datos del primer semestre de 1991 con el primer semestre del 92, se observa que el nivel de empleo en estas empresas ha descendido el menos 11 por ciento, mientras que su producción se ha reducido en menos 5 por ciento.

La diferencia entre los niveles de contracción del empleo y de la producción refleja que las empresas se están ajustando a la recesión por la vía de cortar empleo. Un fenómeno similar está sucediendo en la pequeña industria y el sector artesanal, aunque el tipo de ajuste se refleja más bien en el aumento considerable del subempleo.

Sin embargo, el ritmo de la caída de los niveles de empleo y de producción en el sector empresarial manufacturero es ahora mucho más lento. Los niveles totales de empleo y de producción parecen haberse estabilizado desde el segundo semestre del 91. La energía eléctrica consumida también. ¿Ha tocado a fondo la recesión industrial? Si es así, ¿se va a iniciar un proceso de reactivación industrial? ¿O, está empezando un período prolongado de estancamiento?

En realidad, la recesión y la liberalización comercial han desatado un proceso de reestructuración industrial, cuya característica principal es la concentración de la producción en un reducido grupo de empresas que producen alimentos básicos (aceite para cocinar, harina) y bienes fiscales (cervezas, gaseosas, rones y cigarrillos). A este grupo se le agregan ahora algunas empresas grandes vinculadas a la producción de cemento y sus derivados (La Cementera, NICALIT), estimuladas por el modesto incremento de la inversión pública en infraestructura.

Este grupo de empresas están incrementando sus niveles de producción y hay evidencias de que están invirtiendo en renovar su planta industrial y mejorar su competitividad en el mercado. Un indicador de este fenómeno es el aumento sostenido de las importaciones de bienes de capital para la industria, que crecieron en el 18 por ciento en relación al año anterior. La otra cara de la moneda son las empresas que no han cesado de reducir sus niveles de producción y de empleo y que todavía tienen el peso mayor en la estructura industrial. Aquí la tendencia es exactamente a la inversa y, si no se implementa rápidamente un programa de apoyo a su reconversión industrial, están condenadas a la bancarrota. Por ejemplo, empresas claves con más de 500 obreros empleados, como la INCA y METASA en la rama metal?mecánica, o como FANATEX y ENAVES en la ramas textil y vestuario respectivamente, están sumidas en una crisis prolongada sin perspectivas de reactivación.

Reactivación por sectores

La reconversión productiva de estas empresas se dificulta por la ausencia de una política de apoyo a la reconversión industrial y porque un número considerable de ellas son de propiedad estatal y están actualmente en proceso de privatización. La ausencia de una política de reconversión industrial ha agravado también la crisis de la pequeña industria y del sector artesanal. El crédito ha sido entregado a "cuenta gotas" y los programas de capacitación y apoyo técnico han tenido una cobertura muy limitada.

La crisis de este sector mayoritario de las empresas industriales, de la pequeña industria y de los artesanos, no tienen perspectivas de solución ni a corto ni a mediano plazo. Probablemente el período de estancamiento de la producción industrial se va a prolongar varios años más, porque la reactivación de un grupo minoritario de empresas en torno a la producción de alimentos, bienes fiscales y materiales de construcción, no podrá compensar el estancamiento y/o desaparición de sectores sociales y productivos que han sido claves en la estructura industrial del país.

Los problemas de recesión y desempleo no sólo afectan a la economía urbana, sino que también a la agropecuaria. La crisis del sector agropecuario se ha profundizado en este ciclo agrícola, afectando particularmente a los empresarios y a los obreros agrícolas del Pacífico por la virtual desaparición del algodón y al campesinado beneficiario de la reforma agraria por falta de acceso al crédito y su alto nivel de endeudamiento. Inclusive, la expansión de los granos básicos de la "montaña" que hubo durante el ciclo pasado, se ha visto frenada por los bajos precios y el relativo agotamiento de las tierras que estuvieron ociosas durante la guerra ("tacotales").

Sin embargo, al igual que en el caso de la industria, también hay sectores agropecuarios que se están reactivando e invirtiendo. Hay focos de reactivación en torno al café y al ganado en el Interior y, por otro lado, están emergiendo otros focos en el Pacífico también relacionados con el ganado y la sorgo?industria avícola.

La drástica caída de los precios internacionales del algodón dio el "tiro de gracia" al que fuera el principal cultivo de exportación de Nicaragua durante décadas.
Este año hay solamente 5,000 manzanas sembradas, lo cual representa apenas el 10 por ciento de lo que en promedio se ha cultivado en el país en los últimos años. Se derrumba de esta manera el mito que levantó este gobierno desde 1990, cuando el ex?presidente del Banco Central, Francisco Mayorga pronosticó que en Nicaragua se volverían a sembrar otra vez 200,000 manzanas de algodón.

Rubros productivos en recesión

La crisis algodonera forzó al gobierno a anunciar un plan emergente de ampliación de las plantaciones de banano (5,000 hectáreas adicionales) para paliar el desempleo masivo en Occidente. En la práctica, el plan no se ejecutó este año porque las fincas bananeras estaban en proceso de privatización y hubo conflictos laborales que afectaron la producción.

De hecho, hubo una disminución del 25% en el volumen de cajas de banano exportadas al finalizar el primer semestre en relación con el mismo período del año anterior. Además, los precios del banano registraron una sensible baja en el mercado de Estados Unidos y continúa la disputa con la CEE para que el banano latinoamericano pueda seguir entrando y compitiendo en igualdad de condiciones en el Mercado Común Europeo.

Algo parecido ha ocurrido con la caña de azúcar, cuya producción se había reactivado en los últimos años alentada primero por las inversiones del gobierno sandinista y después por la apertura del mercado norteamericano.

La zafra azucarera de este año registró pérdidas considerables como consecuencia directa de los conflictos entre la CORNAP y los sindicatos, debido al irrespeto por parte del gobierno de los acuerdos sobre la privatización de los ingenios azucareros y por los bajos salarios existentes.

También se ha diluido el estímulo de los buenos precios del mercado norteamericano por la reducción de la cuota azucarera de Nicaragua y, en consecuencia, es difícil esperar una expansión considerable de la caña de azúcar en las antiguas zonas algodoneras aledañas a los ingenios.

Otras alternativas que tienen los ex?algodoneros como el maní y la soya tienen dificultades de manejo tecnológico y de comercialización para su masificación. La soya podría disponer de un mercado interno amplio para la producción de aceite para cocinar, pero las importaciones de aceite semiprocesado se lo impiden. En cambio, el melón, ampliamente publicitado por el gobierno como una alternativa de exportación no?tradicional, tiene como restricción principal que necesita de infraestructura de riego.

De hecho, ha sido un pequeño grupo de ex?arroceros de riego los que se han reconvertido a melón. Cabe apuntar que actualmente, hay una proporción considerable de los sistemas de riego que no están operando por falta de inversiones básicas de reposición y de mantenimiento. Unicamente los ingenios azucareros y un sector de los arroceros mantienen adecuadamente su infraestructura de riego.

Ganadería de engorde

En realidad, la respuesta mayoritaria de los sectores empresariales de Occidente ante la crisis algodonera ha sido la "ganaderización" de sus sistemas de producción. Esta opción empresarial se explica por los estímulos de la apertura del mercado norteamericano a las exportaciones de carne nicaragüense y por la relativa simplicidad técnica y económica de la reconversión hacia la ganadería extensiva. Es una especie de vuelta a la década de los 4O's, cuando no se cultivaba el algodón en gran escala. La diferencia estriba en que ahora hay un sector empresarial que está intensificando la producción ganadera utilizando, por ejemplo, el cultivo de sorgo para forrajes. También hay otros sectores, especialmente los medianos productores, cuya intensificación ha incluido el cultivo de arroz de secano.

El principal tropiezo que tiene esta vuelta a la ganadería es precisamente la escasez de ganado, por la descapitalización del hato en los 8O's. El problema se agrava en la medida en que la mayoría de los sistemas de producción se esta orientando al repasto y engorde de novillos, por su rentabilidad de corto plazo.

Otro foco de reconversión productiva en el Pacífico es la industria avícola, cuya producción ha aumentado en más de un 30 por ciento en relación al año anterior. Los grandes avicultores agrupados a la ANAPA (Asociación Nacional de Productores Avícolas) han obtenido créditos para la importación de tecnología y equipo, lo cual le ha permitido alcanzar a corto plazo los niveles de productividad de sus homólogos centroamericanos. Sin embargo, la reestructuración de la industria también ha significado la quiebra de los pequeños y medianos avicultores, desprovistos totalmente de créditos y asistencia técnica.

La recuperación de la industria avícola está generando a su vez la reactivación de los sorgueros tradicionales de Masaya y Granada, cada vez más ligados a nivel empresarial con la industria. La capacidad de manejo tecnológico de estos sorgueros les permite competir exitosamente contra las importaciones de maíz amarillo. Algunos de ellos se están expandiendo mediante el alquiler de tierras de las cooperativas de Reforma Agraria, cuyos agricultores no disponen ni de crédito ni de suficiente conocimiento técnico del cultivo.

En síntesis, la agricultura empresarial del Pacífico está experimentando una lenta reconversión productiva hacia sistemas predominantemente ganaderos y con algunos focos más dinámicos tales como la sorgo?industria avícola y posiblemente banano. Su falta de dinamismo está vinculada a la ausencia de programas de diversificación apoyados por el Estado, que le permitan superar las restricciones de carácter tecnológico y comercial que actualmente enfrentan.

Poca ganadería de crianza

De hecho, esta problemática está forzando una "migración" de capitales del Pacífico hacia el Interior del país, donde hay un proceso de acumulación acelerada en torno al ganado y al café. Los cafetaleros y ganaderos del Interior son los que tienen los ritmos de reactivación agropecuaria más dinámicos porque se han beneficiado notablemente de la devaluación sostenida de la moneda nacional desde que se iniciaron las políticas de ajuste en 1988.

Además de ser productos exportables, el café y la carne tienen costos de producción bajos porque tienen un manejo tecnológico extensivo en relación a otros países centroamericanos. Esta tecnología es viable en Nicaragua porque hay mano de obra barata y relativa abundancia de tierras. Ambos factores hacen que estos rubros conserven su rentabilidad, aún en las condiciones actuales de depresión del mercado mundial del café y, en menor medida, de la carne.

La inversión en la caficultura ha tenido un aumento enorme este año como resultado del programa de crédito para renovación de cafetales que financia la banca estatal. Al finalizar el primer semestre de este año, se habían financiado más de ocho mil manzanas, lo cual es el equivalente de lo que se ha renovado con crédito en el país en los últimos cuatro años. Casi todos estos créditos han sido para el sector empresarial, dejando por fuera a la mayoría de los pequeños productores de café. Esta política es contraproducente ya que actualmente el café de la "montaña" es más rentable para el país, porque es más intensivo en mano de obra y tiene una demanda mínima de financiamiento para reactivarse y ampliarse.

Una situación similar afecta a la ganadería, estimulada recientemente con la apertura del mercado norteamericano. Los grandes ganaderos, cuyos sistemas de producción se orientan predominantemente al repasto y engorde de ganado, están concentrando este año más del 90 por ciento del crédito otorgado por la banca estatal. No solamente están acaparando el crédito, sino que también las tierras vía recuperación de fincas privatizadas y vía compras a los campesinos pobres sin capital que optan por adentrarse en la "montaña" incluyendo los recién beneficiados por tierra de la Resistencia.

La concentración del crédito y de las tierras en manos de los grandes ganaderos no favorece al desarrollo de la ganadería.
En primer lugar, el problema central a corto y mediano plazo es la reconstitución del hato ganadero y son los pequeños y medianos ganaderos los que, históricamente, han realizado las actividades de crianza y desarrollo del ganado. Si la actual política crediticia se mantiene, la escasez de ganado se hará crónica debido a la descapitalización de los criadores de ganado. En segundo lugar, la concentración de tierras va a causar aún más inestabilidad social en el agro y sus efectos pueden ser muy perjudiciales a corto y mediano plazo para el país y para los mismos grandes ganaderos.

En contraste con la reactivación de la caficultura y de la ganadería de los sectores empresariales del Interior del país, la producción campesina de granos básicos de la "montaña" y del resto del país está en un virtual estancamiento. El área sembrada de maíz este año según el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), es el 10 por ciento menor a la del ciclo pasado, a pesar de las buenas condiciones climáticas. En cuanto al frijol, se sembró igual que el año pasado y se espera la misma tendencia en las siembras claves de postrera y apante.

Los bajos precios al productor del ciclo pasado y la falta de crédito, han tenido una influencia decisiva en este comportamiento. Los precios al productor de maíz y de frijol son los más bajos de Centroamérica. El año pasado, el precio del maíz en algunas zonas de la "montaña" llegó a equivaler el 40 por ciento del precio internacional (dos dólares), mientras que el precio del frijol se llegó a cotizar a menos de un tercio del precio internacional (7 dólares). Obviamente, el campesinado pagó los platos rotos de la política del gobierno de sacar a ENABAS del acopio de granos básicos y liberalizar totalmente el mercado. Si esta política se mantiene, el país va a tener que empezar a importar volúmenes cada vez más importantes de estos granos que son vitales en la dieta popular.

Sin crédito no hay producción

El gobierno puede y debe modificar esta situación financiando a ENABAS para que desempeñe su rol de regulador del mercado de granos básico. Por otro lado, al igual que en el caso de los pequeños productores de café y de ganado, la reducción del financiamiento a la producción campesina de granos básicos es más acentuada este año. Por ejemplo, el área financiada de maíz es apenas un 15 por ciento de lo que fue en 1991.

El "vacío" que está dejando el BND al transformarse de banco de desarrollo a banco comercial, está siendo llenado muy insuficientemente por los ONG's nacionales y por el reaparecimiento de los mecanismos de financiamiento tradicional, tales como la mediería y las compras de futuro. En las zonas campesinas de la "montaña", se puede apreciar cómo el potencial de reactivación está siendo desaprovechado. Por ejemplo, en zonas maiceras como Jalapa y Pantasma no hay crédito ni para alquilar tractores y adquirir fertilizantes, ni muchos menos para comprar bueyes y arado.

En otras como Matiguás y Río Blanco, hay potreros limpios pero no hay ganado. La falta de financiamiento y el endeudamiento están afectando sobre todo a los beneficiarios de la Reforma Agraria, por su alta dependencia del crédito bancario. Unicamente los que lograron cierto nivel de acumulación (ganado, plantaciones de café, maquinaria, bueyes) están pudiendo diversificar incorporando plátano, ajonjolí, yuca y otros rubros. En cambio, las cooperativas de las planicies del Pacífico (Chinandega, León, Masaya) están optando por vender y/o alquilar parte de sus tierras, para pagar sus deudas y disponer de capital de trabajo.

En resumen, el dinamismo de los sectores empresariales ganaderos y cafetaleros no puede por sí sólo movilizar la reactivación del sector agropecuario. Tampoco va a darse la reactivación si el gobierno no implementa programas de diversificación para superar la crisis algodonera. Pero lo más importante de todo es que el campesinado es demasiado importante en la producción de café, ganado, ajonjolí, granos básicos como para ser excluido de la estrategia de reactivación del país.

¿Habrá "milagro" exportador?

La recuperación de la producción de café y carne parece indicar que la maxi?devaluación de marzo 91 envió las "señales" correctas al sector exportador del país. La maxi?devaluación no solo tenía el propósito de incentivar las exportaciones, sino que también de desestimular las importaciones y de esta manera mejorar el déficit comercial crónico que tiene el país. La devaluación teóricamente mejora la rentabilidad de las exportaciones porque se abaratan sus costos locales, y baja el consumo de las importaciones porque suben sus precios en moneda nacional. Sin embargo, las cifras disponibles del balance comercial de este año indican que la tendencia va exactamente en sentido contrario, tal y como lo podemos apreciar en el Cuadro No.4.

No hay una explicación simple de esta deprimente evolución del comercio exterior del país. Hay factores externos como la recesión mundial y los bajos precios de las materias primas en el mercado mundial. Prueba de ello es que las exportaciones tradicionales de Nicaragua han sido liquidadas a precios promedio inferiores a los del año pasado: Café menos 17 por cientos, algodón menos 28 por ciento y carne menos 25 por ciento.



Hacia el estancamiento

En contraste, el "boom" de importaciones provocados por la liberalización del comercio exterior continúa y este año registra un crecimiento espectacular del 74 por ciento durante el primer trimestre. Esta caída de los ingresos por exportaciones combinada con el aumento de las importaciones están ensanchando el déficit comercial de Nicaragua.

A su vez, el empeoramiento del déficit comercial puede volver insostenible la tasa de cambio actual del córdoba. Los problemas del sector externo de la economía se agravan aún más por el monto creciente de pagos en concepto de intereses de la enorme deuda externa de Nicaragua. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, el monto a pagar por intereses de la deuda externa asciende a 451 millones de dólares en 1992. Esto equivale a casi el doble de los ingresos por exportaciones que va a recibir el país. ¿Podrá pagar Nicaragua estos intereses? La realidad es que la "reinserción" en el mercado mundial está teniendo un costo altísimo.

Por último, la suspensión prolongada de los desembolsos de la ayuda externa norteamericana puede desequilibrar la precaria situación económica actual, especialmente en relación a las expectativas sobre la futura estabilidad financiera del país. El gobierno ya ha anunciado que va a reducir el gasto público y aumentar los impuestos para compensar por el retraso de los desembolsos de la ayuda norteamericana.

Sin embargo, tal y como hemos analizado anteriormente, los recortes del gasto público tiene un impacto recesivo considerable y crean inestabilidad social y política. El desempleo y la miseria no crean el "ambiente" adecuado para la inversión privada nacional y extranjera. Al parecer, Nicaragua se encamina a un período prolongado de estancamiento económico.

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