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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 127 | Junio 1992
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Nicaragua

René Núñez: "No hemos perdido la fe en la utopía"

"Mientras no se resuelva el problema de la propiedad, no habrá despegue económico. Lo más viable para Nicaragua es que este gobierno funcione, pero comprendiendo a los sectores populares. Si hiciéramos una organización sindical de desempleados sería la más grande del país". Son opiniones de René Núñez, miembro de la Dirección Nacional, en entrevista con Envío.

Equipo Envío

- Desde su perspectiva, cómo ve la realidad actual de Nicaragua?

NUÑEZ

- Voy a dar mi apreciación de los hechos, no una versión oficial u oficiosa del FSLN. Naturalmente, mi opinión está matizada por opiniones oficiales del FSLN a lo largo de mucho tiempo, pero lo que voy a exponer es mi propia visión. Nicaragua enfrenta ahora, como siempre, un problema consistente en que seguimos siendo de interés geopolítico principal para los Estados Unidos. Un interés que abarca a toda Centroamérica. Además, a pesar del Triunfo de la Revolución y de casi once años de gobierno sandinista en Nicaragua, todavía hay políticos y grupos políticos organizados que creen que la política interna de Nicaragua tiene que hacerse en Washington o, por lo menos, contar con el beneplácito de los Estados Unidos. Esos dos factores inciden a todo el quehacer nacional.

"En el centro de las luchas está el problema de la propiedad"

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- En este contexto, ¿cuál considera usted que es el problema de mayor incidencia en el ámbito interno?

NUÑEZ

- La coyuntura política nacional se encuentra signada por una lucha central que están viviendo todas las fuerzas políticas del país, de cualquier signo político, que es el problema de la propiedad. La revolución heredó una efectiva transformación de la propiedad en el país. De la propiedad productiva. Se dio una Reforma Agraria muy profunda que tuvo aciertos y errores, hasta abusos, pero que resultó positiva porque se logró una distribución más justa de la tierra y la posibilidad de experimentar la producción cooperativa y también la producción campesina media a nivel masivo con financiamiento bancario, cosa que antes no pasaba en el país.

Sin embargo, el problema de la propiedad, que tenía que haber quedado resuelto con el Gobierno revolucionario, no quedó resuelto y este es el principal problema que afronta el país. Todos los conflictos se han dado de abril para acá en todo el país, están vinculados al problema de la propiedad. Personalmente, considero que mientras no se resuelva el problema de la propiedad, el país no va a tener seguridad, ni estabilidad, ni la posibilidad de un despegue económico. Ni tampoco va a alejarse la posibilidad de un enfrentamiento armado tan crueNto o más que los del pasado. Para nosotros, los sandinistas, resolver el problema de la propiedad significa resolver el futuro. Por eso hablamos de la importancia de que el gobierno sea responsable y contribuya con el sector que posee los instrumentos de poder, las fuerzas populares, que son las que pueden darle futuro a Nicaragua.

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- ¿Qué soluciones posibles se plantean a este problema?

NUÑEZ

- Básicamente, hay tres propuestas. La propuesta sandinista, que plantea que hay que dejar la propiedad tal como la dejó el Gobierno sandinista, con la salvedad de aquellos casos en que se cometieron abusos por la aplicación de las leyes 85-86-88. El resto, que no se toque. En el extremo opuesto, está la propuesta de la ultraderecha, que exige la devolución de toda la propiedad a los antiguos dueños y que todo quede como estaba antes del Triunfo. Una tercera propuesta, es la del gobierno, que plantea hacer una revisión jurídica de los casos que no fueron afectados por los Decretos 3 y 38, que son los que se refieren a las propiedades de los somocistas. Es evidente que hay dos propuestas absolutamente incompatibles, pero el gobierno y nosotros podemos platicar y complementarnos en muchos aspectos.

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- ¿Cómo se plantea la privatización?

NUÑEZ

- Este es un segundo elemento, la privatización de la propiedad estatal que dejó el gobierno sandinista y también la propiedad cooperativa. Esta es una propuesta que impulsa el gobierno y ante eso, no hay alternativa. Tras la derrota electoral, el FSLN se planteó como asunto de principio que el Area Propiedad del Pueblo no se privatizase. Así se determinó en la Primera Asamblea del Crucero, en junio/90. Pero los hechos nos demostraron que no era posible conseguir ese propósito. Por muy intensa que fuera nuestra lucha y por fuertes que fueran las organizaciones, vimos que la privatización avanzaba.

Ante eso, decidimos girar el timón y lanzamos la bandera de que si se iba a privatizar la propiedad estatal, debería corresponder una parte equitativa de esa propiedad a los trabajadores que crearon la riqueza del estado. De ahí salió la propuesta del 25 por ciento para los trabajadores, que después se convirtió en una bandera y, ahora, en una conquista. Esta fue una respuesta política, sin realizar estudios económicos y no hay todavía una propuesta económica de administración de esa propiedad por parte de los trabajadores y también trajo consecuencias a lo interno del FSLN.

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- ¿Qué problemas se derivaron de ese asunto?

NUÑEZ

- La propiedad, en sí es un factor distorsionante y también lo está siendo en el seno del FSLN, como partido y en el seno de sus organizaciones afines. La propiedad ha venido a ser una especie de piedra de la discordia y ha obligado a un proceso de redefinición, de búsqueda y de identificación. Porque ahora hablamos de sandinistas que tienen y de los que no tienen; de sandinistas ricos y de sandinistas pobres; de sandinistas patrones y de sandinistas empleados.

Es cierto que en el FSLN siempre hubo ricos y pobres, empleadores y empleados, pero no de una forma tan amplia, tan disgregada y tan grande. Además, cuando hubo sandinistas patrones, eran colaboradores que vivían una evolución positiva, buscando cómo compartir más justamente la ganancia con los trabajadores. Durante el gobierno sandinista, también hubo sandinistas patrones, que dieron su propiedad al estado, para que fueran compartidos por la gente. Ahora no es así.

Ahora, hay sandinistas ricos que quieren su propiedad para ellos, sin sentido de solidaridad. Ahora hablamos de sandinistas ricos que son ricos-ricos, con otra concepción, en otro contexto y, por supuesto, con otras consecuencias. En consecuencia, el comportamiento orgánico del FSLN ya no es como en el pasado, como un sólo puño, en bloque; todavía no es atomizado, pero empieza a tener algunos grados de incoherencia en algunos aspectos, porque todavía no hay una definición económica y política clara de ese elemento de la propiedad en el seno del partido y de sus organizaciones.

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- ¿Qué objetivos concretos se plantea hoy el FSLN?

NUÑEZ

- Lo primero de todo es resolver este asunto de la propiedad que para nosotros, consiste en conseguir que el gobierno respete y legalice todo lo entregado por la Reforma Agraria y lo que hoy se llama el Area Propiedad de los Trabajadores. Otro aspecto es conseguir que se mantengan, en alguna medida, las conquistas sociales alcanzadas por los sectores populares durante el gobierno sandinista. No sólo conquistas relacionadas con la salud y la educación, sino también de libertades que se habían conseguido y que sólo se mantienen por el nivel de organización y de beligerancia que tenga la gente.

El tercer objetivo consiste en buscar que las fuerzas afines al sandinismo puedan convertirse en un valladar o en un elemento que logre cambiar, aunque sea en unos pocos grados, la política económica neoliberal del gobierno. Es claro que todo esto no se consigue sentándote en una mesa a negociar, sino mediante organización y presión.

"La situación del país es explosiva, es fácil encender la chispa"

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- ¿Cómo se plantea el uso de la presión y la organización en el seno del FSLN?

NUÑEZ

- El país se encuentra en una situación de post-guerra, polarizado, en disposición explosiva, que con una pequeña chispa se inflama de nuevo, porque hay mucha dificultad para la reconciliación que tanto se ha pregonado. Para cualquier partido de oposición o para cualquier agitador, es fácil encender esa chispa. Si se le añade la política económica del gobierno, que ha dictado medidas muy duras, las cosas se ponen aun más inflamables. Si hiciéramos una organización sindical de desempleados, sería la más grande del país, porque ahorita, en este país, son más los desempleados que los empleados. Sin embargo, en el FSLN no creemos en la propuesta armada como mecanismo para resolver los problemas de Nicaragua hoy. Somos partidarios de la vía política: diálogo, negociación, formas de protestas contempladas en la Constitución Política del país.

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- ¿Qué alternativas políticas tiene Nicaragua en estos momentos?

NUÑEZ

- La situación explosiva del país tiene que ser tomada en cuenta a la hora de desarrollar acciones políticas de presión o de fuerza, porque no estamos interesados en que este gobierno que caiga. No es opción política para Nicaragua cambiar este gobierno, sino que gobierne y que funcione. Porque la otra alternativa, aprovechando la insatisfacción popular, la falta de recursos, el armamentismo, es hacer caer al gobierno. Pero entonces, se nos quitaría todo el apoyo internacional, y tendríamos una crisis aún peor. Porque un gobierno que no salga de unas elecciones, en el contexto actual internacional, no contaría con el apoyo de los demás países.

Nosotros consideramos que lo más viable para Nicaragua es hacer que este gobierno funcione, pero con una política económica diferente, que gire hacia la comprensión de los problemas de los sectores populares. Eso no es agradable para este gobierno, pero con una fuerza popular organizada, y que presione en asuntos justificados, se pueden alcanzar logros notables. La verdad es que el FSLN está en una situación muy difícil, y esto no va a cambiar a corto plazo. Por ahora, llevamos ya dos años en esto y no se le ve término.

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- ¿Qué relación mantiene el FSLN con las organizaciones populares bajo su influencia?

NUÑEZ

- El FSLN tiene como objetivo primordial la búsqueda de la estabilidad, pero eso no significa cortar la iniciativa popular. No significa amarrar las manos a la gente ni tampoco dejarles las manos totalmente libres. Creo que significa que la gente organice su lucha y que esa lucha tenga una dirección. Creemos que no debe ser una dirección partidaria única, sino que debe haber una dirección partidaria en la última instancia, pero la dirección de las luchas debe ser de los sectores organizados que participan en esas luchas. Por eso, en los últimos tiempos se ha observado un grado de autonomía bastante alto en las organizaciones populares, básicamente las sindicales, que han llegado a enfrentar políticas del FSLN, porque sus propios intereses, como sector, chocan con la política partidaria. Eso tiene lógica y es válido siempre que esa autonomía tenga cierta relatividad y cierta asociación a una opción política última.

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- En esas circunstancias, ¿qué papel juega el FSLN respecto de las organizaciones populares?

NUÑEZ

- El papel del FSLN consiste en mantener un vínculo político con las organizaciones, pero que sean ellas las que reivindiquen sus objetivos particulares y generales. El FSLN tiene más experiencia y mayor información, a nivel de dirigencia, que los sectores organizados. Por eso, en muchos casos es necesario echarle un poco de agua fría a la exacerbación de ciertas protestas que pueden no alcanzar los objetivos propuestos y sí crear dificultades mayores. A veces aparece Daniel Ortega en Estelí o en Ocotal, o reuniendo a 300 dirigentes "revueltos" para buscar con ellos una solución de consenso a un problema que estaba paralizando al país.

"Buscamos mediar entre las demandas populares y el gobierno"

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- ¿El FSLN está mediatizando las reivindicaciones de las organizaciones?

NUÑEZ

- Nuestra posición no es de mediatización, sino de mediación frente a las demandas populares y frente al gobierno. Objetivamente, el FSLN es una fuerza política escuchada por muchos sectores. Nuestra palabra es escuchada por el gobierno y también, nuestras palabras tienen peso en los sectores populares. Nuestra función política es esa, fundamentalmente: por medio de la presión popular organizada y con objetivos determinados, lograr que el gobierno cambie sus posiciones en problemas concretos.

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- ¿Qué persigue el FSLN con esta mediación?

NUÑEZ

- El FSLN trata de resolver problemas particulares pequeños para que, sumándolos todos, se alcancen objetivos mayores. Durante la última reunión de la Asamblea Sandinista (marzo/92), se resolvió buscar un acuerdo con el gobierno que persiga las políticas económicas actuales se transformen un poco para que les cueste menos a los que tienen menos y que les cueste más a los que tienen más, de modo que la política de estabilidad económica impulsada por el gobierno, sea menos drástica, menos rígida y con más posibilidades de ajuste para que la gente sufra menos.

Estamos conscientes de que es necesario ajustar la política económica. Incluso, nosotros lo empezamos a hacer en 1988, pero lo hicimos, o lo quisimos hacer, de forma gradual. No llegamos a estabilizar la moneda ni la economía, pero sí empezamos a levantar subsidios y a recortar personal en el Estado. Es decir, nosotros no estamos por principio contra la política económica del gobierno, sino que estamos en contra de las manifestaciones concretas de esa política económica. Para que el país produzca más, requiere de ajustes económicos, pero deben ser graduales. Obviamente, desde nuestra posición actual, no tenemos la posibilidad de impulsar una política económica diferente. Quien debe buscar soluciones es el gobierno. Pero sí podemos ayudar a buscar una solución que beneficie a los sectores populares. Sí podemos presionar y gestionar para que la política gubernamental varíe en un sentido positivo para los sectores populares.

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- ¿En qué consistiría el posible acuerdo con el Gobierno?

NUÑEZ

- Cuando hablamos de buscar un acuerdo con el gobierno, es precisamente en este sentido, de conseguir que se beneficie a los sectores más desprotegidos. ¿Qué pedirá el gobierno a cambio? Seguramente va a pedir una tregua política total, del partido sandinista y de sus fuerzas afines. En este sentido, tenemos una desventaja y consiste en que el gobierno, a pesar de que ha visto que el país ha cambiado y que el FSLN ha cambiado, todavía sigue considerando que todo lo que hacen los sandinistas, está dirigido directamente por la Dirección Nacional. Seguramente, nos va a pedir una tregua del partido, del FNT, de la UNAG, de los "revueltos", de todo el mundo. Pero nosotros no vamos a pagar por la estabilidad del país para que la gente se amarre las manos. Creemos que la mejor forma de garantizar que el gobierno haga menos daño a la gente es garantizar que la gente se mantenga organizada luchando por sus derechos.

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- ¿Hasta qué punto confía el FSLN en la palabra del gobierno?

NUÑEZ

- El FSLN coincide con muchos aspectos del discurso gubernamental, y el gobierno, a veces, también coincide con nuestro discurso. Sin embargo, a la hora de las acciones, las cosas cambian. Las acciones del gobierno no están en correspondencia con ese discurso político. Nosotros no consideramos al gobierno ni como un aliado ni como un elemento confiable. Naturalmente, le tenemos algún grado de confianza, desde el momento en que estamos hablando y conversando para resolver los problemas del país, pero lo que realmente va a garantizar que la negociación dé resultado es la fuerza con que se cuenta. Y cuando se habla de fuerza, se trata de gente organizada en sus sectores correspondientes, con sus respectivas reivindicaciones.

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- ¿Qué riesgos se corren en esta negociación?

NUÑEZ

- Esta política de estira y encoge que desarrolla el FSLN ha tenido, lógicamente, sus costos políticos, en el sentido de que ha dado paso a una serie de corrientes de pensamiento en que cada quien busca cómo resolver su problema específico. Yo diría que, a pesar de todo, en el FSLN todavía no hay corrientes de pensamiento que busquen independientemente una respuesta global, sino que hay algunas corrientes que buscan respuestas concretas a problemas concretos. Por eso es que han salido tantos grupos de recontras, recompas, rejuntos y revueltos, cada uno con su jefe. Hay cierta tendencia a que el movimiento se atomice, y eso genera dificultades a la hora de una negociación; se hace necesario hablar con muchas personas para llegar a un acuerdo, no con unas pocas, hay que dispersarse. Por otra parte, al atomizarse, se corre el riesgo de que el movimiento se anarquice y haya consecuencias que vayan en contra del movimiento y no a su favor.

"Los Estados Unidos aún manejan la opción de hacer desaparecer al FSLN"

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- ¿Cuáles son las perspectivas del FSLN en el próximo futuro?

NUÑEZ

- Diríamos que en los próximos meses, un año o quizá más, al FSLN le va a tocar caminar forcejeando con el gobierno y con las organizaciones, que tienen una autonomía muy amplia, y con los partidos políticos, para que cada vez que se logre un avance, se consigan mejores posiciones. En este avance tenemos que ser muy cuidadosos, pero sin dejar de ser audaces.

Consideramos que la batalla más importante en este momento es la batalla por la propiedad, porque sin ganarla, no se puede ni plantear la estabilidad económica del país, de la producción, del empleo y de la reactivación económica. Pero además, hay que tener en cuenta que el FSLN no es un partido político cualquiera. En cualquier otro país, un partido que está en el Gobierno, pierde las elecciones, pasa a la oposición, y mantiene su programa, su bandera, es reconocido como partido político, y nadie le amenaza con desaparecer. Ese no es nuestro caso.

Todavía no tenemos garantizada la existencia como partido político, porque en los Estados Unidos se maneja aún la opción de hacernos desaparecer y la ultraderecha nacional todavía aspira a esa posibilidad. Así que, al mismo tiempo que damos todas las demás batallas, tenemos que ganar la batalla de garantizarnos nuestra supervivencia como partido político. Tenemos que demostrar que el FSLN no es una organización política fácilmente liquidable, haciendo sentir nuestra fuerza, pero de forma razonable, dentro de un marco democrático de convivencia en el país.

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- ¿Cómo considera que están en este momento las fuerzas del FSLN?

NUÑEZ

- Yo creo que este es un tema muy complejo. En el momento actual, creo que están fuertes. La UNAG, la ATC, la CST y el FNT, están fuertes, tienen muchos afiliados y han sabido enfrentarse a políticas del gobierno y también a políticas del FSLN. Coyunturalmente, están fuertes. Sin embargo, de cara al futuro, se puede dar un problema, que tiene que ser examinado a fondo y hay que empezar a buscarle solución. Se están produciendo contradicciones entre la clase trabajadora, porque hay trabajadores que son propietarios de un porcentaje de sus empresas y otros trabajadores que no lo son. O de toda la empresa.

Eso ocurre en la ATC y en la CST. Con mayor intensidad en la ATC, porque es donde se inició la experiencia, pero próximamente también será en la CST, en la medida en que más trabajadores vayan asumiendo el 25 por ciento de su empresa. También, en el sector urbano habrá menos problemas, porque está quebrado, hay menos cosas para pelearse. En cuanto a la UNAG, también empieza a tener problemas en su Coordinadora Campesina, por ahora por problemas políticos, acerca de jefaturas en determinadas zonas.

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- ¿Y el ejército y la policía?

NUÑEZ

- El EPS y la Policía también tienen problemas. Su misión, la tarea antimotines de la policía, por ejemplo, no es unificante, sino creadora de división interna. Los sandinistas dijimos en febrero y en abril/90 que teníamos una ventaja en el cambio de gobierno, porque teníamos influencia en el EPS y en la Policía. En el aspecto conceptual, es una gran ventaja tener sandinistas en esos organismos, pero a la vista de la situación concreta del país, no parece ser una ventaja, porque son los instrumentos de orden público que tienen la responsabilidad de sacarle las castañas del fuego al gobierno.

Dicho de otra manera, los sandinistas protestan y los sandinistas son los encargados de ejecutar la represión. Es decir, que en un momento dado, puede haber enfrentamientos entre sandinistas, mientras el gobierno queda como director de orquesta. Tal vez recuerdan que durante la toma de Estelí en abril, el enfrentamiento provocó la renuncia de varios jefes policiales. Estos elementos traen grandes dificultades y hay que tener mucho cuidado, porque son cosas que en el futuro, pueden explotar.

La figura y el proyecto de Alfredo César

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- ¿Qué problemas concretos plantea la figura de Alfredo César?

NUÑEZ

- El problema de César, desde mi punto de vista, no tiene mucho que ver con propuestas o principios políticos. El problema de fondo es una decisión personal. El está programado o se ha programado para ser el candidato de consenso de la UNO en 1996 y trata de desbrozar su camino de todo lo que pueda ser un obstáculo para él. En ese sentido hay que ubicar el conflicto con su cuñado, Antonio Lacayo. Porque ve que se le escapa la posibilidad de ir de candidato de consenso. Menos aún simpatiza con la posibilidad de que el gobierno y el FSLN lleguen a algún tipo de acuerdo, porque eso va en contra de sus intereses personales y de su proyecto. No se puede olvidar que César es el hombre del sector más derechista de los Estados Unidos, un elemento que todavía cree que la política nacional nicaragüense debe hacerse en los Estados Unidos.

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- ¿Qué cuota de responsabilidad corresponde al FSLN por la relevancia alcanzada por César?

NUÑEZ

- Creo que tenemos bastante, porque fue gracias a los votos de la bancada sandinista que César llegó a Presidente de la Asamblea Nacional, aunque antes ya era conocido y tenía beligerancia en los Estados Unidos como director de la "contra" y había tendido sus vinculaciones en el Congreso, que aún mantiene. Nuestra responsabilidad, si así se le puede llamar, consiste en haberle dado una investidura de poder del Estado, pero lo hicimos en un momento en que parecía muy viable que fuese Presidente de la Asamblea: estaba bien con el Ejecutivo y esa opción parecía mejor y más conveniente que Virgilio Godoy, que era la otra alternativa. La decisión que se tomó fue de acuerdo a las circunstancias de ese momento. Es evidente que si hoy tuviésemos que repetir la votación, no apoyaríamos a César.

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- ¿Qué consecuencias ha tenido la actividad de César en Estados Unidos?

NUÑEZ

- Es un trabajo muy productivo, porque aunque puede decir muchas mentiras y exageraciones, siempre hay sectores recalcitrantes antisandinistas que se hacen eco de cualquier cosa, por descabellada que sea. En ese sentido, el hace un trabajo muy negativo y puede ser que logre evitar que se avance hacia un entendimiento futuro con los Estados Unidos.

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- ¿Cómo están las relaciones con los Estados Unidos y que actitud tienen ellos respecto de los diferentes partidos de Nicaragua?

NUÑEZ

- No podría decir nada concreto de la política de los Estados Unidos respecto de los partidos políticos del país. Ellos han sido bastante cuidadosos y no han tomado opción por nadie, al menos públicamente. Inicialmente estuvieron coqueteando con la posición de Virgilio Godoy, una posición extremista. En los últimos tiempos han sido más ponderados, primero ven las cosas para después opinar. Es evidente que quien los busca, los haya. También es evidente que no simpatizan con los sandinistas, aunque son menos hostiles que antes.

Usted se dio cuenta del viaje del Comandante Henry Ruiz a los Estados Unidos, donde sostuvo entrevista positivas con varios congresistas y con Aronson. Recientemente, Aronson manifestó interés en conocer, por medio de Edmundo Jarquín, la opinión sandinista sobre el problema de la propiedad y le manifestó el interés de Estados Unidos de que este asunto se resuelva lo más pronto posible, según el criterio de los nicaragüenses, pero a la mayor brevedad. Por supuesto, no creyó que el FSLN no dirige a los "revueltos", nos considera responsables de ese problema. Pero también manifestó que, de parte del gobierno de los Estados Unidos, no hay indisposición hacia los sandinistas por motivos ideológicas. La prueba está que mantienen buenas relaciones con el M-19 de Colombia o con el FMLN salvadoreño. Los problemas son de otra índole. No sabemos cuál.

"En el marco internacional nos ubicamos como una fuerza progresista y de izquierda"

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- ¿Cómo influye el contexto internacional en la realidad de Nicaragua?

NUÑEZ

- Nosotros, el FSLN, en Nicaragua, nos ubicamos como una fuerza progresista, de izquierda. Pero el marco internacional actual tiene un claro signo de derecha en todos los aspectos. Hay un resurgimiento real y concreto de la derecha a nivel mundial, que está avanzando con su política y sus acciones para detener todo lo que sea progreso. Los elementos del derechismo han alcanzado en su repunte hasta las organizaciones internacionales más connotadas, como el Consejo de Seguridad de la ONU y la ONU, misma. Sus últimas resoluciones han sido contradictorias incluso, con el propósito de surgimiento de la ONU. La ONU surgió para evitar guerras y conflictos internacionales, pero en los últimos años, más bien se ha dedicado a alentar conflictos contra Irak, Libia... Es decir, contra gobiernos que no son de ultraderecha y son obstáculos para el avance de la derecha.

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- ¿Qué incidencia tiene en este hecho el derrumbe de la comunidad socialista?

NUÑEZ

- El derrumbe de la comunidad socialista y de otros esfuerzos de la izquierda en otros continentes, ha tenido una incidencia fuerte en el desarrollo, en la esperanza. Desgraciadamente, con el derrumbe de los países del Este se evidenció que el grueso de las fuerzas de izquierda organizadas, conocidas como partidos comunistas o socialistas, tenían una alta dependencia de estos países y muchos empezaron a transformar su pensamiento, su bandera y sus programas, en concordancia con el derrumbe del Este. Son pocos los partidos que tienen un pensamiento propio y una independencia propia desde el punto de vista político.

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- En estas condiciones internacionales, ¿todavía hay lugar para la utopía? ¿Aún se puede alimentar la esperanza?

NUÑEZ

- El FSLN se considera parte de la izquierda, de las fuerzas progresistas de la Humanidad y el derrumbe de la Europa del Este no nos hace perder la esperanza ni la fe en un proyecto popular. Un proyecto socialista popular es posible en nuestro país, todavía. Creemos en la utopía socialista y que es posible cumplirla, que sus fundamentos esenciales son válidos y que fueron válidos a pesar de los fracasos del Este europeo. Los fracasos se han demostrado en cuanto a la aplicación de la teoría en funciones específicas, no en cuanto a la concepción política.

Creemos que la opción política socialista es posible y seguimos luchando por ella ahora y en el futuro. En estos instantes hay una dificultad evidente, que consiste en que todavía no hay una propuesta económica clara de la izquierda revolucionaria, porque el modelo que existía hizo agua y no parece que sea un modelo viable, en la realidad. De lo que se trata ahora es de buscar, de investigar, de reflexionar, para encontrar otro modelo económico que garantice los postulados de la utopía socialista. La utopía, la esperanza, son la razón de ser del FSLN. No hemos perdido ni perderemos nunca la fe en el socialismo.

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