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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 124 | Marzo 1992
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Nicaragua

El éxito al renegociar la deuda: ¿cadena para el sandinismo?

A finales de 1991, el gobierno de Nicaragua logró renegociar la deuda externa con 16 de los países capitalistas que integran el llamado Club de París, asegurando que había reducido la deuda pendiente con esos países en un 75%. Aunque nadie niega que las negociaciones fueron en gran parte un éxito, interesa saber con exactitud qué es lo que estamos celebrando.

Equipo Envío

Es cierto que las naciones del Club de París acordaron reducir sustancialmente la deuda de Nicaragua -en el lenguaje técnico esto parece más de lo que en realidad es-, y que sus concesiones fueron mucho más allá de los términos negociados anteriormente con casi todos los países. Pero aún así, lo que Nicaragua entregará como pago por su deuda en 1992 supondrá más de la mitad de sus ingresos por exportaciones en 1991. El problema más de fondo es que Nicaragua está ahora y en el futuro previsible totalmente encarrilada en el camino neoliberal del FMI y que debe aceptar sus recetas económicas- y también las políticas- para ser elegible para nuevos préstamos y para poder lograr mayores reducciones de su actual.

Barajando más despacio el acuerdo con el Club de París

En los países del Club de París se incluyen los de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. Cuando el gobierno inició negociaciones con esos países, su deuda con ellos era de 860.2 millones de dólares, incluyendo los créditos concesionales (a largo plazo y con bajo interés) y los no-concesionales, así como la deuda "comercial" con la banca privada.

Poco antes de las negociaciones con el Club, Estados Unidos había condonado a Nicaragua la deuda por todos los créditos concesionales, de 259.5 millones de dólares. El total de lo que Nicaragua debía a Estados Unidos era de 327.2 millones. Esto sentó un importante precedente, que puso de relieve que se reconocía que Nicaragua era un caso "excepcional".

Ningún país hizo tantas concesiones como los Estados Unidos y cada uno de los restantes países hizo diferentes concesiones. De hecho, sólo unos pocos países hicieron una condonación parcial. Pero, en su conjunto, el Club de París autorizó la concesión más grande de su historia, exceptuando las hechas a Polonia y Egipto. El gobierno de Nicaragua proclamó triunfalmente que la concesión que había conseguido era "la mayor que el Club había autorizado en sus 35 años de historia". Pero no es cierto. Polonia y Egipto, por razones principalmente políticas, lograron la condonación de la mitad de sus deudas.


Las negociaciones del gobierno de Nicaragua con el Club establecieron un marco general unánimemente ratificado en el que se define el mínimo de concesiones que cada país autorizará en las negociaciones que con Nicaragua habrá de nuevo a lo largo de 1992. No todos los países acordaron el mismo mínimo de concesiones. Sólo Francia, Alemania, Holanda, Suecia y Gran Bretaña condonaron una porción de la deuda. La mayoría de los otros países concedieron una reestructuración a largo plazo. Y aunque en las negociaciones bilaterales los gobiernos no suelen autorizar concesiones significativamente diferentes a las que ya establecieron de forma colectiva, el gobierno de Nicaragua piensa que podrá convencer a algunos países para que lo hagan.

Reducción del 75%: una imagen engañosa

Es evidente que el gobierno de Nicaragua quería hacer aparecer las concesiones obtenidas tan grandes y tan excepcionales como fuese posible. Pero es importante entender qué significan exactamente los números, puesto que la imagen de la reducción de la deuda en un 75% es un tanto engañosa para la mayoría de los nicaragüenses no expertos en economía.

Según La Prensa, el Ministro de la Presidencia Antonio Lacayo, declaró que el 75% de los 850 millones que Nicaragua debía habían sido condonados, quedando unos 207 millones de dólares para futuras negociaciones. Esta sería la interpretación más obvia de lo que se ha llamado "la reducción del 75%", pero la realidad es bastante más compleja y la afirmación de Lacayo, si realmente la hizo, es inexacta.






Aparte de la deuda con los Estados Unidos, condonada antes de las negociaciones, la única otra condonación obtenida asciende, como mucho, a 190 millones de dólares. Por otra parte, el volumen de la "reducción" no es la cancelación del capital que se adeuda, sino que se calcula por deducción de la tasa de inflación del dólar durante el período de gracia, que es cuando no se acumulan los intereses ni se efectúan pagos. De este modo, la tasa de esta deuda futura se estima según la tasa actual del dólar. Por ejemplo: con una inflación anual del 6%, 500 millones de dólares en diciembre/91 tendrán un monto de 470 millones de "esos" dólares de "dólares 1991" en diciembre/92 y de 442 millones a fines de 1993 y así sucesivamente. Pero el monto de lo adeudado permanecería siempre en 500 millones de dólares.

Todos estos cálculos, hablando claro, significan que si el total de lo que actualmente adeuda Nicaragua al Club de París suma más del doble de sus ingresos totales por las exportaciones de 1991, representará todavía el doble de sus ingresos por exportaciones en el futuro, a menos que las exportaciones aumenten. Las ganancias por exportación tendrían que crecer, por lo menos, tanto como la tasa de inflación del dólar durante el período de gracia para que Nicaragua pudiera disfrutar del alivio que supone la tan anunciada reducción del 75%.

El acuerdo mantiene abierta la posibilidad de una reducción adicional del capital en base a tres condiciones. En tres años podría considerarse la posibilidad de alguna reducción si Nicaragua mantiene relaciones satisfactorias con los países acreedores, participantes u observadores del Club, si implementa todo lo firmado en estos y futuros acuerdos y si mantiene un arreglo adecuado con el FMI.

¿Por qué un trato especial?

Nicaragua se encontraba en el lugar y en el momento preciso y con las condiciones internas que los países del Club de París consideran aceptables y, en algunos aspectos, ideales. Nicaragua contaba también con el apoyo del FMI, que no sólo aprobó su proceso de ajustes estructurales sino que incluso -según un consejero económico gubernamental- logró que el FMI cabildease a su favor con los países del Club de París.

Todos saben que la deuda nicaragüense es impagable

No hay que ser ni ultraizquierdista ni agitador para estar perfectamente claro de que la deuda externa de Nicaragua, como la de todos los países del Tercer Mundo, es impagable. Todos lo saben. Los economistas admiten que los países occidentales podrían condonar la totalidad de la deuda de los pequeños países del Tercer Mundo sin afectar sus cuentas y de hecho, los bancos borraron de sus libros estas deudas hace ya varios años.

La deuda de Nicaragua con el Club de París es minúscula si se compara con la de naciones grandes como México o Brasil. El valor de la deuda externa de Nicaragua ha subido un poco en el mercado paralelo por las crecientes probabilidades de pago que tiene el nuevo gobierno, por el fin de la guerra, por su propia política económica ligada a la de las naciones occidentales y por su demostrada habilidad para obtener nuevos créditos y donaciones de esos países y de la banca multilateral. Pero el valor actual de la deuda nicaragüense, que refleja la cantidad que las "fuerzas del mercado" creen que Nicaragua realmente podría pagar, sólo alcanza aproximadamente el 5% del total de esa deuda. A pesar de todo, los países acreedores demandan que los deudores les devuelvan una parte de lo que les han prestado, aunque sea sólo en cantidades simbólicas. Los acreedores de Nicaragua en el Club de París optaron por utilizar a nuestro país como un ejemplo, otorgándole concesiones excepcionales por la situación de post-guerra y como muestra de aprobación a la política de reconciliación nacional del gobierno. A la par, sentaban un precedente y lanzaban un claro mensaje a las demás naciones deudoras: hasta la más pobre tendrá que pagar algo.

El que un país tenga que continuar pagando y renegociando periódicamente sus deudas garantiza también a las naciones acreedoras la posibilidad de imponer su sistema económico y político a los deudores. La mayor parte de los países occidentales y los organismos multilaterales están dispuestos solamente a otorgar préstamos a un país después de que el FMI aprueba su el plan económico. El gobierno de los Estados Unidos condicionó de forma evidente su ayuda a Nicaragua en 1991 y hasta retuvo los desembolsos de las donaciones siempre que quiso. En el acuerdo entre el gobierno de Nicaragua y el Club de París, éste sentó definitivamente sus condiciones: permanezcan en buenas relaciones con nosotros y dentro de tres años tal vez les concederemos más.

¿Qué pasa con los otros 9 mil millones de dólares?

Ante esta exitosa negociación, la mala noticia es que la deuda con el Club de París significa únicamente el 10% del total de la deuda externa de Nicaragua. 3 mil millones aproximadamente se le deben a la desaparecida Unión Soviética, 1 mil millones a la Europa del Este -incluyendo a la extinta Alemania Oriental- 2 mil millones a los países latinoamericanos, aproximadamente 1 mil millones a los bancos multilaterales, y cerca de 2 mil millones de dólares a los bancos comerciales, lo que da una cantidad algo menor de los 10 mil millones de dólares.

El gobierno y la ultraderecha nicaragüense culpan a los sandinistas de haber "incurrido en una inmensa deuda", y así fue señalado en un informe económico mensual publicado en los Estados Unidos por el Banco Central de Nicaragua. Técnicamente, esta afirmación es exacta.

La deuda de Nicaragua en 1979 era de 1 mil 600 millones de dólares. Fue el gobierno sandinista el que incrementó esa deuda durante 10 años y en un promedio anual de 700 millones de dólares. Pero una buena parte de los créditos no venían en efectivo, lo que hubiera dado a los sandinistas mucha más flexibilidad a la hora de escoger en qué emplearlos. Llegaban "en especie": maquinarias y otros productos de dudosa calidad. Sin embargo, la mayor culpa por el incremento de esta deuda debería caer sobre los que fomentaron la guerra y el bloqueo económico, sin mencionar los miles de millones de dólares en daños ocasionados directamente por la guerra, situación que obligó a los sandinistas a buscar una masiva ayuda externa para defender económica y militarmente el país.

Deudas con la URSS y la Europa del Este, con México, con países latinoamericanos...

Aunque la deuda de Nicaragua con la Unión Soviética y la Europa del Este representa el mayor porcentaje del total, sólo los países occidentales y las instituciones financieras multilaterales están en capacidad de ofrecerle nuevos créditos a Nicaragua desde ahora y en el futuro. Por eso, es más importante estar a buenas con ellos.

Una precondición para la reunión del Club de París era que Nicaragua restableciese su capacidad de crédito con los organismos multilaterales, cancelando su mora con ellos. Nicaragua lo logró hacer con la ayuda de donaciones de otros países y con préstamos-puente que tuvo que devolver en el momento en que recibió nuevos préstamos de estos organismos multilaterales. Otra precondición del Club de París era que Nicaragua hubiera cumplido con todas sus deudas pendientes a los países que le facilitaron los préstamos-puente, pero no sólo pagando éstos, si no también antiguas deudas pendientes. Esto obligó a Nicaragua a renegociar su deuda total con México, Venezuela y Colombia, países proveedores de petróleo, los mayores acreedores de Nicaragua en América Latina.

La deuda con México fue reducida en un 5% de su monto original. La mitad de la deuda total se cambió por bonos por un valor de (aproximadamente 50 millones de dólares) para que empresarios mexicanos participen como accionistas en las empresas estatales nicaragüenses que están siendo privatizadas. (Esta reducción no aparece deducida en el Cuadro 2 porque el mecanismo para la adquisición de acciones todavía no se ha establecido). La otra mitad de la deuda con México se reestructuró.



La deuda con Venezuela fue también reducida en aproximadamente el 5% de su monto original. Los pagos atrasados, que totalizaban 248 millones de dólares, fueron cambiados por bonos a corto plazo del Tesoro de los Estados Unidos, que paga el monto del valor actual de esta deuda reestructurada a 40 años. Se estableció también un período de gracia de 6 años para el pago de los intereses, pero Nicaragua sólo deberá empezar a pagar cuando sus exportaciones anuales sumen por lo menos 1 mil 400 millones de dólares al valor del dólar en 1990. La deuda con Colombia fue totalmente cancelada, cambiándola por bonos del Tesoro de los Estados Unidos por un valor de 3 millones de dólares. Los presidentes centroamericanos acordaron también resolver las deudas pendientes de Nicaragua en términos similares a los establecidos con Venezuela.

La deuda con los bancos multilaterales, los más reacios a renegociar

Estos bancos reciben la mayoría de sus fondos de los mercados financieros privados, que prestan a bajo interés a los bancos, los que después prestan esos fondos a los gobiernos a intereses más altos. Probablemente, estos inversores privados preferirían reducir sus préstamos o, por lo menos, elevar las tasas de interés si estas instituciones multilaterales llegaran a condonar sus deudas o las renegociaran. Nicaragua restableció su crédito con los bancos multilaterales mediante el pago de 316.5 millones de dólares de atrasos que tenía con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Lo hizo gracias a donaciones, créditos concesionales y préstamos-puente. El gobierno dio una cifra inexacta, hablando de 360 millones cancelados. Después de limpiar la mora, el primer "nuevo préstamo" autorizado por los bancos multilaterales fue de 152 millones de dólares. Estos fueron utilizados inmediatamente para devolver los préstamo-puente recibidos, antes de que se venciera el plazo de 120 días. El único resultado de toda esta transacción fue la reestructuración de la deuda de Nicaragua y el establecimiento de los mecanismos para que Nicaragua comenzara a pagar los intereses de su deuda.

Se repite la receta de siempre

Es decir, después de esta operación, Nicaragua quedó amarrada al plan de ajuste estructural del FMI. Un informe del Ministerio de Cooperación Externa llamo a este primer préstamo "la primera operación de ajuste estructural aprobado para Nicaragua".

Es interesante saber que el total del pago de intereses atrasados que Nicaragua hizo, equivalía al 40% del principal, 792.2 millones, que Nicaragua debe a los dos bancos, BID y BM y el que, por supuesto, no se redujo. Es la receta de siempre: nuevas deudas fueron contraídas para pagar los intereses de las viejas deudas, que no se cancelan y que siguen acumulando intereses que difícilmente se podrán pagar y que para poder pagarlos tal vez se nos darán nuevos prestamos con los que se pagarán intereses acumulados de las mismas viejas deudas... Este es el círculo vicioso de la deuda externa para Nicaragua y para todos los países empobrecidos.

La deuda que Nicaragua tiene que pagar en 1992

¿Qué significan todas estas negociaciones para Nicaragua, en el corto plazo? Uno esperaría que los pagos de la deuda en 1992 serían mínimos, teniendo en cuenta tantas proclamadas reducciones. Pero no es así. Sólo los pagos a los bancos multilaterales en 1992 sumarán 85 millones de dólares. Las deudas bilaterales, fundamentalmente con Taiwan -por créditos a corto plazo otorgados en 1991- y con Venezuela -por petróleo- suman 16 millones. El total de los pagos de la deuda pública alcanza los 148 millones, y sumándole la deuda comercial, 179 millones. Los estimados iniciales del total de ingresos de Nicaragua por exportaciones en 1991 hablan de 346 millones de dólares. Por tanto, el pago de la deuda en 1992 absorberá más de la mitad de los ingresos por exportaciones, mientras la recomendación generalmente aceptada es que no debe superar el 25%.

Viendo esto, ¿puede decirse que Nicaragua está realmente mucho mejor de lo que estaba, por ejemplo, hace dos años? ¿En qué se beneficia Nicaragua, si la mayor parte de los escasos dólares que gana con sus exportaciones no pueden ser utilizados en salud y educación o en reconstruir el potencial productivo del país y deben ir a parar a las arcas de los bancos extranjeros?

En la década de los 80, Nicaragua tomó sus decisiones basándose en sus propias necesidades. Bloqueada la ayuda de los bancos multilaterales, del gobierno de los Estados Unidos y de varios de los más ricos países occidentales, el gobierno sandinista quedó fuera del modelo económico que estaba siendo impuesto a todos los demás países de América Latina, basado en el pago de la deuda externa y en la permanente negociación de nuevos préstamos dentro de ese estrecho marco.

Aunque el gobierno sandinista recibía significativas ayudas en créditos concesionales, no pagaba los intereses de sus deudas. El gobierno Chamorro ha obtenido ayudas pero ya ha empezado a gastar millones de dólares en el pago de la deuda. Mientras con las renegociaciones se ha reestructurado parte de esa deuda se ha reducido el monto a pagar cada año, aun ese pequeño pago es un pago grande para un país cuyo presupuesto nacional y su Producto Interno Bruto son tan reducidos. Hoy, en Nicaragua, la deuda per cápita es de 2 mil 500 dólares, mientras que el PIB per cápita es de 360 dólares.

Menos recursos en el horizonte

Algunos economistas dicen que no hay razón para preocuparse por la deuda mientras el flujo de los recursos financieros sea positivo, o sea mientras el total de los ingresos, incluyendo nuevos créditos y donaciones, sea mayor que el total de gastos. Hasta febrero/92 se esperaban nuevos créditos para 1992 por un monto de 340 millones de dólares y donaciones por 400 millones. El total, 740 millones, es sólo algo menor que los 786 millones del año 1991. Sin embargo, las donaciones están siendo reemplazadas por préstamos y la ayuda, en su conjunto, continuará disminuyendo en los próximos años.

América Latina tomó conciencia de su crisis en la crisis de la deuda, precisamente porque las nuevas ayudas y créditos que nuestros países esperaba disminuyeron por la crisis económica mundial de los 80 y por la decisión del presidente Reagan de aumentar las tasas de interés -y por lo tanto, de aumentar los pagos de la deuda-. De esta manera, el flujo de recursos hacia el Tercer Mundo se volvió negativo. Este proceso es el que puede esperar a Nicaragua a la vuelta de muy poco tiempo. No hay razón para creer que la ayuda exterior a Nicaragua continuará al nivel actual a mediano plazo. Los Estados Unidos ya han advertido que el trato de "excepcionalidad" está llegando a su fin.

El arreglo que puso al día a Nicaragua en sus deudas con los bancos multilaterales, haciendo al país elegible para nuevos créditos, fue una concreta señal de aviso que anuncia el inminente final del camino semi-privilegiado en el que Nicaragua ha podido moverse hasta ahora.

Europa del Este y la Unión Soviética no están en condiciones de ayudar a otros países. Ante esta realidad, que limita las opciones, ¿le queda a Nicaragua otra alternativa que la de someterse a los imposiciones del FMI y del gobierno de los Estados Unidos para acceder a nuevos créditos? ¿Se pueden hacer algunos cambios significativos en la actual estrategia económica?

La búsqueda de una alternativa

Mientras el FMI y el gobierno de los Estados Unidos tienen su propia agenda política y económica claramente definidas, el trascendental problema de la búsqueda de alternativas le corresponde totalmente a Nicaragua. El gobierno Chamorro no ha resistido la imposición del modelo neoliberal, fundamentalmente porque está de acuerdo con él. Y mientras el FSLN discrepa de algunos de los elementos del modelo y llama al gobierno a suavizar el impacto que tiene sobre los más pobres, hay dirigentes políticos y económicos del sandinismo que apoyan el modelo gubernamental, al menos en lo que se refiere al ajuste estructural.

¿Consolidar al gobierno o buscar una alternativa?

Por una parte, el gobierno y esto esos sectores del sandinismo creen que no hay alternativa: tenemos que conseguir ayuda exterior a cualquier costo. Por otra parte, los economistas del gobierno están estrechamente vinculados a los intereses de los grandes negocios comerciales y corporaciones multinacionales, que son los que se benefician realmente de las políticas neoliberales. Un importante sector de los dirigentes del FSLN están más interesados en asegurar éxito al gobierno centrista de Chamorro -en parte para evitar que el pueblo gire hacia la ultraderecha por la desesperación económica-, que en buscar una alternativa popular viable.

Es idealista pensar que el FMI será fácilmente convencido para que acepte una alternativa al modelo de ajuste económico que tanto pregona. Pero es también simplista pensar que el FMI no tiene ni la menor voluntad de negociar. A la vista del costo social del ajuste estructural en toda América Latina y de su fracaso en la reactivación económica de nuestros países, incluso a mediano plazo, los bancos multilaterales deberían estar abiertos a discutir la introducción de algunas variaciones en su plan, con lo que lograrían mejores resultados.

En Nicaragua, la banca internacional llegó a aceptar algunas innovaciones heterodoxas en su modelo ortodoxo, como fueron la implementación de un cierto control de precios y las pláticas de concertación. El FMI cabildeó con otros países para que condonaran la deuda de Nicaragua y nos facilitaran préstamos a bajo interés y largo plazo para el desarrollo futuro. Algunos economistas cercanos al gobierno sacan de ahí la conclusión de que el FMI quiere ayudar realmente a Nicaragua para que logre éxito económico y sólo necesita ser convencido de que otro tipo de plan distinto al actual es viable. Pero hasta que Nicaragua no desarrolle y estructure una alternativa muy bien pensada no tendrá base sólida para ninguna negociación.

El gobierno de Nicaragua podría implementar un cambio muy importante en su estrategia económica cambiando el uso que da a la ayuda externa, por la que el pueblo ha tenido que pagar tan alto costo, apretándose una y otra vez el cinturón. Si Nicaragua continúa endeudándose con otros países y con la banca multilateral, al menos los nuevos créditos deberían llevar al país a una mayor autosuficiencia para que necesitáramos de menor ayuda externa en el mediano o largo plazo.

No es así. Hoy, la ayuda se está utilizando, sobre todo, para importar bienes de consumo -lo que hace quebrar a los productores locales- y para promover el comercio, en lugar de promover la producción.

Faltan auténticos proyectos de desarrollo

Un asesor del gobierno declaró a envío que "las puertas para recibir ayuda externa están abiertas ahora, pero el gobierno no tiene un maletín lleno de proyectos y tampoco da financiamiento para desarrollar proyectos." La filosofía dominante en el gobierno es que el sector privado desarrollará proyectos en las áreas necesarias y qué estas las irán definiendo las leyes del libre mercado.

Descontando los proyectos de renovación, para el año 2000, de la deteriorada infraestructura eléctrica, el FSLN no dejó proyectos pendientes y el nuevo gobierno no ha desarrollado ninguno.

Habla de la importancia de reactivar la producción ganadera, por ejemplo, pero no existen diagnósticos o planes sobre cómo hacerlo. Lo mismo se puede decir de la industria nacional. Según el mismo asesor, "la ayuda no continuará llegando si Nicaragua no desarrolla proyectos". La ayuda norteamericana se ha dirigido fundamentalmente a fomentar las importaciones y a financiar la estrategia política y económica de Estados Unidos en Nicaragua. Por esto, si la ayuda no se invierte correctamente, es cómplice el gobierno de Estados Unidos.

Un funcionario norteamericano de alto nivel, en declaraciones privadas, informó que en 1992 habrá un cambio radical en el uso de la ayuda estadounidense, pues la mayor parte será dirigida a promover la producción en vez de servir para equilibrar la balanza de pagos. Si esto es así, es probable que, dado el actual modelo, los beneficiados sean los grandes productores privados, en vez de los pequeños y medianos, a pesar de que éstos son responsables del mayor por ciento, de la producción agrícola nacional, tanto la de consumo interno como la de exportación.

Por ahora, otras políticas económicas- la reducción de impuestos a importaciones que hacen competencia a los productores nacionales, y la carencia de apoyo técnico para los pequeños productores, que no pueden competir con esas importaciones a precios más bajos- están llevando a la quiebra a pequeños productores y artesanos.

El mismo asesor apuntó otra contradicción en la actual política económica. El gobierno afirma que ya no hay razón para preocuparse por el déficit fiscal, porque está siendo financiado con "agua limpia" -ayuda externa- y no con "agua sucia" -impresión de billetes sin respaldo-. Pero si los Estados Unidos dirigiera la mayor parte de su ayuda a la producción, Nicaragua estaría en dificultades financieras para cubrir el déficit, estimado para 1992 en 140 millones de dólares.

Al mismo tiempo, el gobierno ha concedido numerosas exenciones fiscales, que podrían constituir una parte significativa de ese déficit, pero el total de esa cifra es información reservada. ¿Quién recibe esas exenciones? ¿Por qué hay secretos en la administración pública? ¿Y por qué el Ministro de Finanzas no rectifica estos hechos? La receta neoliberal del FMI resulta ya familiar a todos los nicaragüenses. Promueve claramente un sistema basado en un sector privado fuerte, en una economía de mercado totalmente libre y en la teoría económica que afirma que si se prioriza a los más ricos, las riquezas se multiplicarán y poco a poco llegarán a todos.

Los condicionamientos de la ayuda

Prácticamente, todos los recursos se encauzan a los intereses de las grandes empresas, alentando la inversión comercial y el consumo, los que supuestamente harán al país y a los pobres más ricos. Aunque la ayuda estadounidense en 1991 fue condicionada también por otros intereses políticos, incluyó decididamente los lineamientos de los ajustes estructurales que impone el FMI.

Durante la reciente visita del Secretario de Estado estadounidense James Baker, se informó que Antonio Lacayo cabildeó para que Estados Unidos liberasen los desembolsos de la ayuda futura. Aunque el gobierno de Nicaragua ha negado repetidamente la existencia de condicionamientos de cualquier tipo, documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos declaran explícitamente que existen condiciones estrictas para la ayuda, aunque no siempre queda claro cuáles son. Por ejemplo, en un informe de mayo/91,la Comisión General del Presupuesto del Congreso manifestaba que durante el primer año de la Presidenta Chamorro los desembolsos se habían retenido a causa del proceso de Concertación -"cuando inesperadamente, el gobierno Chamorro decidió presentar su propuesta de programa económico a un foro nacional para su revisión y aprobación"-, así como por la implementación de numerosos cambios estructurales.

El informe dice que "(los funcionarios de la AID) señalaron algunos problemas que limitaban al gobierno de Nicaragua su capacidad de poner en marcha reformas políticas y de iniciar actividades de desarrollo, algunas de las cuales eran precondiciones para recibir la ayuda estadounidense".

No es difícil imaginar la clase de "problemas" a los que ser referían los norteamericanos. El retiro oficial de la demanda puesta por Nicaragua ante el Tribunal de la Haya contra los Estados Unidos, que incluía una indemnización por varios miles de millones de dólares fue, obviamente, otra condición para continuar la ayuda. Esto resultó evidente:la condonación de casi toda la deuda de Nicaragua con Estados Unidos llegó sólo unos días después del retiro.

La condonación estadounidense fue insignificante si se la compara con la cantidad adeudada por Estados Unidos a Nicaragua. Con ella Nicaragua hubiera podido pagar ampliamente toda su deuda externa, de más de 10 mil millones de dólares.

Nicaragua ya salió de la agenda de Estados Unidos

Para 1992 no está tan clara la naturaleza de las condiciones específicas que Estados Unidos exigirá para el desembolso de su ayuda. Todas las pistas -entre otras la condonación de la deuda, el éxito en las negociaciones con el Club de París, la reciente actitud de los Estados Unidos y su Embajada buscando una aproximación con el FSLN- sugieren que Estados Unidos no llevará a Nicaragua tan a mecate corto como en 1991. Pero al mismo tiempo, Estados Unidos ya advirtió que su ayuda, especialmente en donaciones, se reducirá en el futuro cercano. Nicaragua no será por mucho tiempo más un asunto importante en la agenda gringa.

Esto no significa que Estados Unidos no tenga planes de futuro para Nicaragua. En junio/91 la AID publicó un documento de 64 páginas en el que subraya su estrategia de desarrollo para Nicaragua, de 1991 a 1996. Si esta estrategia, que entre otros aspectos incluye aumento en las inversiones, mayor democracia y crecimiento de la competitividad económica, se implementa, según la AID "para 1996 Nicaragua estaría en vías de recuperación económica...el sector privado recuperaría su papel de liderazgo las exportaciones tradicionales volverían a subir, las no tradicionales se establecerán... los Estados Unidos serían el principal socio comercial de Nicaragua.

"Para cuando tengan lugar las elecciones de 1996, los principales valores de una sociedad democrática se habrán transmitido por todo el país, contribuyendo a la aceptación del gobierno democrático..."

Todo indica que el gobierno de Estados Unidos siente que ya no hay mayor peligro para la implementación de su estrategia, que Nicaragua ha sido sólidamente encarrilada por el buen camino y que no es probable ningún descarrilamiento inesperado. La economía ya está firmemente enmarcada dentro de las políticas neoliberales con el total respaldo del gobierno Chamorro. Y todavía más, muchos dirigentes del FSLN y una parte de la base sandinista han sido "pacificados" aceptando al gobierno Chamorro como "mal menor" y apoyando y la plena reconciliación de Nicaragua con los Estados Unidos. Para completar el panorama, los sindicatos han sido debilitados al perder a muchos de sus miembros por despidos y cierre de empresas una gran cantidad de y los que todavía tienen trabajo, no apoyarán ni huelgas ni disturbios por temor a perder el empleo.

Mientras la cadena de los condicionamientos se ha ido aflojando, la cadena estructural se ha dio apretando. Podría haber más espacio para maniobrar, pero la situación económica -de lucha por la sobrevivencia- y el apoyo del partido de "oposición" al gobierno Chamorro limitan a los sectores populares.

Sin embargo, el aflojamiento que se ha dado en la cadena ofrece posibilidades para forzar una nueva etapa de la concertación, en la que deberían cuestionarse las numerosas debilidades y vacíos de la política actual. Hay espacio y ocasión para que los sectores populares se pongan a la cabeza en la búsqueda de una alternativa viable.

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