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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 122 | Diciembre 1991
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Nicaragua

Autonomía de la Costa a pesar de la UNO

El Segundo Simposio Internacional sobre Autonomía reflejó avances en la unidad política de la Costa Atlántica.

Equipo Envío

El segundo Simposio Internacional sobre la Autonomía, celebrado en Managua entre el 4 y el 7 de noviembre, no fue un evento típico en su clase: la tediosa escucha de una serie de ponencias académicas, que dejan escasos tiempos para el debate y que hacen que los intercambios realmente interesantes se produzcan en los pasillos. Fue un auténtico encuentro de trabajo que se propuso objetivos bastante claros, desafiantes y concretos.

El más ambicioso de todos era conseguir el inicio de un diálogo constructivo con el gobierno central sobre las dificultades del proceso autonómico en la Costa Atlántica y cómo hacerlo avanzar. Este objetivo fracasó y de forma dramática. El más básico de todos los objetivos era llegar al final del Simposio sin que algunos miembros del gobierno central, empeñados en descarrilarlo, lo consiguieran.

Este sí se consiguió, pero no sin que dejaran de hacer los intentos para salirse con la suya. Otros objetivos, incluyendo el compartir experiencias con los invitados de otros países, el llegar a un acuerdo conjunto para evaluar el primer año y medio de gobiernos autónomos en la Costa y, en particular, el fortalecimiento de la unidad costeña para defender el proceso autonómico, tuvieron mucho éxito.

"Hemos avanzado mucho"

Hay pocas semejanzas entre este Simposio y el primero que sobre el mismo tema se celebró en Managua en julio de 1986, coincidiendo con el séptimo aniversario de la revolución sandinista. En aquel momento, el interés internacional despertado por el inicio de un proceso de autonomía para la población multiétnica de la Costa Atlántica atrajo a Nicaragua a cientos de dirigentes indígenas, antropólogos, abogados y especialistas en derecho indígena de la América del Norte y de la América Latina. Todos estos expertos dieron testimonio de la historia de lucha en sus propios países, subrayando la batalla legal por los derechos indígenas en foros internacionales como el de Naciones Unidas. Todos debatieron también el primer borrador del proyecto de Ley de Autonomía desde sus propias perspectivas y experiencias.

Pero la Costa Atlántica estaba todavía sumergida en una guerra traumatizante y aún existía entre muchos costeños una gran suspicacia sobre los verdaderos motivos de los sandinistas para promover la autonomía, y por esto eran muy pocos los costeños que habían hecho suyo este proyecto. Mientras la mayoría tenía conciencia de lo que querían -que "los españoles del Pacífico" les dejaran en paz vivir su propia vida-, nunca antes había existido el espacio político necesario para desarrollar este sueño y convertirlo en un proyecto realista en el contexto nacional. Aunque la consulta popular sobre la autonomía había avanzado lentamente durante casi un año, la mayoría de las poblaciones costeñas que vivían fuera de los escasos centros urbanos se confundían en la madeja de abstractos conceptos filosóficos y legales que debían discutir para dar forma definitiva al proyecto de ley. La realidad fue que la mayoría de los costeños que estuvieron presentes en aquel primer Simposio de 1986 escucharon con respeto a los delegados internacionales pero casi no hablaron ellos.

Cinco años después las cosas han cambiado mucho. El proyecto de autonomía ya es ley y su esencia está incorporada a la nueva Constitución Política de Nicaragua. Los primeros Consejos Regionales autónomos funcionan desde hace 18 meses. Y el gobierno revolucionario que promovió la autonomía ha sido reemplazado por un gobierno neoliberal que cuando mira hacia la Costa sólo ve en ella bosques de maderas preciosas, langostas y minas de oro. La autonomía ya no es un concepto abstracto, es una realidad muy problemática y sus múltiples problemas afectan a todos los costeños. Ahora saben qué decir y tienen mucho que decir. Otra diferencia: el interés internacional que existía sobre la Costa Atlántica nicaragüense se ha ido difuminando, porque en este mundo en cambio hay temas de "mayor interés". Se puede apostar con seguridad de ganar que durante los tres días que duró el Simposio hubo muchos más extranjeros en Nicaragua tratando de ver de qué parte del pastel de los recursos naturales costeños se apropiaba que participando en el encuentro sobre la autonomía.

Por todo esto, el carácter del evento fue mucho más interno que internacional, más político que jurídico e infinitamente más pragmático que académico. Los temas que cientos de costeños llevaron al simposio fueron hasta tal punto serios e importantes que han dejado casi inoperantes a los dos nacientes gobiernos autónomos.

Autonomía: un proceso en crisis

Los problemas internos de la Costa Atlántica hubieran sido por sí mismos más que suficientes como para ocupar toda la atención de los participantes. Para empezar, el gobierno central admite que el desempleo en el Atlántico Sur ha llegado a ser del 70% de la población económicamente activa y que en el Atlántico Norte alcanza un increíble 90%. Es una realidad reconocida que la mayoría de los concejales electos para los Consejos Regionales de las dos bancadas mayoritarias (la UNO en el Sur y Yatama en el Norte) no tienen ninguna experiencia para desempeñar sus nuevas responsabilidades.

Esto, unido a la persistente desconfianza que tienen de los concejales de la bancada sandinista en ambas regiones, ha creado un notable vacío de poder, que ha permitido que los Coordinadores de los dos Consejos Regionales abusen de una total libertad para hacer lo que quieren. Existe evidencia de corrupción en la administración de ambos Coordinadores, particularmente en el Atlántico Sur, pero no existe suficiente unidad al interior de los Consejos para poner freno a este desorden. Existen también tensiones políticas a lo interno de las dos bancadas mayoritarias, la de la UNO y la de Yatama. La coalición UNO atraviesa en el Atlántico Sur por tensiones políticas menos ásperas que las que tiene en el Pacífico. En el Atlántico Norte, donde domina Yatama, las divisiones de este grupo son aún más conflictivas que las de la UNO en el Pacífico.

Sin embargo, al estilo de la política costeña, la mayoría de estas divisiones son dejadas de lado temporalmente por las provocaciones del gobierno central. Y durante el gobierno de la UNO, este tipo de provocaciones ha golpeado a la Costa con la insistencia y la agresividad de las olas en días de tormenta.

La primera embestida se produjo el mismo día de toma de posesión de la Presidenta Chamorro, cuando ésta anunció la decisión unilateral de su gobierno de crear INDERA, el Instituto para el Desarrollo de las Regiones Autónomas, poniendo al frente del mismo al dirigente de Yatama, Brooklyn Rivera, al que le dio categoría de Ministro, lo que era una abierta violación del Estatuto de Autonomía. A esta medida siguieron cinco meses en los que los nuevos gobiernos autónomos no recibieron de Managua ningún financiamiento para poder operar. Cuando por fin fue aprobado el presupuesto nacional para 1991, INDERA recibió casi la misma cantidad de dinero que los dos gobiernos autónomos juntos.

El primer encuentro trilateral entre delegados del gobierno central y de los dos gobiernos autónomos costeños no se celebró hasta febrero/91. Fue el primero y también el último. El gobierno de Managua ignoró la petición unánime que expresaron los delegados de la Costa para que INDERA fuera disuelto y tampoco tuvo en cuenta la también unánime y razonable propuesta que hicieron las autoridades costeñas sobre cómo controlar y compartir los beneficios de la explotación de los recursos naturales de la Costa. La contrapropuesta del gobierno, contenida en un documento no oficial, fue considerada por todos los delegados como un insulto y no como la base para una negociación.

Más recientemente, el gobierno central firmó un acuerdo de intenciones con una empresa de Taiwán, a la que se le va a conceder durante 20 años la explotación forestal de una zona de 375 mil hectáreas al norte de los territorios mískitos y sumus, sin que mediara ninguna consulta previa con el gobierno autónomo del Atlántico Norte. En el Simposio celebrado en Managua circuló también una copia de la carta enviada por varios diputados de la UNO a la secretaría de la Asamblea Nacional, en la que proponen reformas a la actual Constitución del país.

Una de estas reformas suprimiría del texto constitucional lo que constituye el concepto que justifica filosóficamente la autonomía. "Con las reformas a los artículos 8, 9 y 10 -dice la carta de los diputados de la UNO- conceptos inocuos como la "naturaleza multiétnica" de nuestro pueblo se eliminan..." La definición de Nicaragua como una "nación multiétnica" -y no hispanoparlante o hispanoamericana, por ejemplo- es lo que da reconocimiento a los costeños, a sus propias lenguas, valores, etc. Los sectores más derechistas de la UNO quieren suprimir este artículo para acabar con la autonomía, pero no quiere hacerlo frontalmente. Y para evitar asumir su propio racismo lo justifican afirmando que es un "concepto inocuo".

El Atlántico Norte se encuentra con el Atlántico Sur

Los 45 miembros de cada Consejo Regional viajaron a Managua el día 2 de noviembre, invitados especialmente por FADCANIC (Fundación para la Autonomía y el Desarrollo de la Costa Atlántica), organismo no-gubernamental que preparó el Simposio. Fue ésta la primera oportunidad en que muchos de los concejales de las dos regiones se conocían y se encontraban. La mayoría de los del Norte son mestizos o mískitos, mientras que en el Sur son mestizos o creoles, según el peso demográfico y político de las dos bancadas de cada región. En esa primera tarde y al día siguiente, todos tomaron parte en una sesión de capacitación en temas como "organización, responsabilidad y funciones del Consejo Regional Autónomo" y "administración de los recursos naturales en las regiones autónomas". También discutieron posibles formas de coordinación entre ambos Consejos, la delimitación de funciones entre los gobiernos regionales y el gobierno central y finalmente -y no lo menos importante-, la elaboración de una estrategia negociadora con el gobierno de Managua.

De este encuentro a puertas cerradas surgieron seis importantes resoluciones. Entre ellas, la reiteración de la insistente demanda de que INDERA sea disuelto, que fue expresamente apoyada por todos los miembros que estaban presentes de los dos Consejos Regionales. Demandaron también que todas las funciones, los bienes, los programas y los proyectos de INDERA sean transferidos a las autoridades regionales y que el gobierno central establezca y mantenga relaciones directamente con las autoridades que fueron legítimamente electas en la Costa.

Las otras cuatro resoluciones se refieren a los recursos naturales, a la coordinación entre la Región Norte y la Sur, a la reglamentación del ambiguo Estatuto de Autonomía y a la promoción de la participación popular en la defensa de la autonomía. En la resolución sobre recursos naturales, ambos gobiernos regionales condenaron las decisiones unilaterales del gobierno central -especialmente el acuerdo con la firma taiwanesa- y resolvieron no reconocer ninguna de estas decisiones. Declararon también una moratoria sobre todas estas prácticas unilaterales hasta que una comisión regional elabore una política propia y sus regulaciones sobre este tipo de concesiones, basada en la negociación de cualquier proyecto con el gobierno central. En la reunión se resolvió crear comisiones entre los dos gobiernos regionales para llevar adelante todos los acuerdos. En la última resolución se promueve la creación de una universidad especializada para la Costa y se hace un llamado para conseguir apoyo financiero, técnico y material para su creación.


Los dos días que duró el encuentro forjaron niveles jamás vistos de mutuo entendimiento y de unidad entre los representantes de las dos regiones y también entre las bancadas mayoritarias y minoritarias de los dos gobiernos regionales, particularmente en lo referente a las relaciones con el gobierno central. La primera señal de que esta unidad estaba creando nerviosismo entre las autoridades del gobierno central -relató después un concejal sandinista- fue que los funcionarios de Managua enviaron a los cuartos del hotel que ocupaban los concejales de la UNO y de Yatama gran cantidad de cervezas todos los días del Simposio. Si esta maniobra inicial pretendía hacerlos más permeables y benevolentes a las siguientes maniobras del gobierno central, no tuvo mucho éxito.

INDERA al banquillo de los acusados

Los dirigentes de todas las Comisiones de la Asamblea Nacional fueron invitados al Simposio, al igual que todos los ministros del gobierno central, excepto Brooklyn Rivera, que fue invitado en su calidad de dirigente de Yatama y no como director de un Instituto que las dos regiones costeñas consideran ilegítimo. Unicamente los Ministros de Salud, Ernesto Salmerón y el Viceministro de la Presidencia, Antonio Ibarra, asistieron a la sesión inaugural. Ibarra, representando a su superior, el Ministro Lacayo, al que se había invitado expresamente para que los participantes pudieran tener un diálogo con él.

Ray Hooker, diputado sandinista ante la Asamblea Nacional y miembro del Consejo Regional del Atlántico Sur, abrió el Simposio en su calidad de director de FADCANIC. Sus palabras fueron una apasionada defensa de la autonomía hecha por quien dirigió la Comisión de Autonomía desde su creación as fines de 1984 hasta su disolución después de las elecciones de 1990. Hooker criticó lo que él llama "la desgastada política integracionista de asimilación cultural" que lleva adelante el actual gobierno. Pero sus palabras más duras las reservó para INDERA, cuya creación calificó de "una maniobra cínica, un esfuerzo diabólico de este gobierno para mantenernos débiles, divididos y mutilados".

Al escuchar esto, el Viceministro Ibarra abandonó la sala de sesiones, aunque nadie más lo siguió. Si hubiera seguido allí hubiera escuchado el final del discurso de Hooker afirmando que "el gobierno central debe comprender que la Ley de Autonomía, con todas sus imperfecciones, se ha transformado en una biblia para los pueblos de la Costa Atlántica de Nicaragua. Sería inteligente y provechoso -dijo- aprender de la experiencia trágica de otros países donde políticas erróneas e insensibles hacia las minorías étnicas están causando dolor, derramamiento de sangre y desintegración nacional". En pocas horas quedaría claro que Ibarra no tenía ningún interés en aprender de esas experiencias.

Una delegación encabezada por los Coordinadores de los dos Consejos Regionales salió a persuadir al Viceministro para que volviera en la tarde y participara en un diálogo, pero al regresar, ya pasada la hora, insistió en interrumpir la sesión para pronunciar sus palabras, porque tenía que ir a participar en otra reunión. Con los ánimos al rojo vivo de parte y parte, Ibarra lanzó una crítica acalorada contra el anterior gobierno sandinista -"!No éramos nosotros el gobierno que les quemó a ustedes sus iglesias"!- e intentó así dejar la tribuna a Rivera para que fuera él quien hablara en nombre de la Presidenta Chamorro. No pudo haber cometido un error más grave y mostrado mayor torpeza y aquello provocó un verdadero tumulto en la sala del plenario.

Durante cinco minutos Rivera intentó ocupar la tribuna mientras todos lo rodeaban, dispuestos incluso a expulsarlo físicamente de la sala. Ray Hooker explicó a través del micrófono -calmada pero firmemente- el distinto carácter de las invitaciones que habían recibido Rivera e Ibarra, y lamentó el error del gobierno central al no entender que se había invitado específicamente al Ministro de la Presidencia para dialogar con él. Aseguró a Rivera que podría explicar con toda libertad más tarde sus puntos de vista, como cualquier otro participante y con esto logró que Rivera abandonara la tribuna. Según el diario "Barricada", Ibarra -que presenció todo este espectáculo desde fuera- reconoció que no había preparado nada para participar en el Simposio y que nunca había estado cercano a los problemas costeños, mucho menos al tema de la autonomía.

Por su parte, el diario "La Prensa" no hizo mención de estos incidentes ni siquiera del Simposio, hasta el día de su clausura, cuando se produjo otro incidente, aunque menos violento en torno al discurso de clausura de Tomás Borge, presidente de la Comisión de Autonomía durante sus cinco años de existencia en el anterior gobierno. (Durante el Simposio, "La Prensa" decidió informar únicamente sobre "otros" temas costeños: declaraciones sobre la industria de la pesca y el ecoturismo hechas por Rivera y el vicedirector de INDERA Owyn Hodgson).

¿Orgullo herido o provocación planificada?

Cuando Tomás Borge entró en la sala de sesiones acompañado de una ovación y ocupó su asiento en la mesa de la presidencia, su más caluroso apretón de manos fue para Uriel Vanegas, antiguo comandante de Yatama y actual presidente de la Junta Directiva del Consejo Regional del Atlántico Norte. La relación entre ellos dos había comenzado en octubre/87, cuando Vanegas se desmovilizó con 400 de sus hombres en Puerto Cabezas. Borge consideró entonces tan importante esta decisión que viajó a la Costa para firmar con Vanegas el acuerdo y las fotografías de los dos caminando amigablemente por las calles de la ciudad aparecieron en todos los medios nacionales. Sin embargo, cuando se anunció el discurso de Borge, Vanegas gritó en voz alta: "¡Eso no era lo acordado!".

De inmediato, como si obedecieran a un resorte, todos los representantes de la bancada de Yatama, a excepción de dos, se levantaron y abandonaron en silencio la sala siguiendo a Vanegas. Tanto el Coordinador Regional como su secretario ejecutivo permanecieron sentados, al igual que todos los miembros de la bancada de la UNO en el Atlántico Sur.

De entre el público, otro ex-comandante de Yatama tomó de inmediato el micrófono y hablando en mískito exhortó insistentemente a Vanegas a regresar al foro para dialogar y a no caer en la trampa del gobierno central. Un genuinamente perplejo Tomás Borge le pidió también que regresara y que expresara sus inquietudes para poder responderlas. Ninguno de los dos tuvo éxito. En el discurso que traía preparado, Borge reconocía los errores que al comienzo cometió el gobierno sandinista por no haber sabido interpretar correctamente las aspiraciones de los pueblos costeños y en nombre del FSLN dio su apoyo a las resoluciones hechas por los Consejos Regionales antes del Simposio y al trabajo por la consolidación de la autonomía. La diferencia de actitudes entre Borge e Ibarra no pasó desapercibida a la mayoría de los participantes.

Es variada la interpretación sobre los motivos que puede haber tenido Vanegas para actuar como actuó. Para algunos, su abrupta salida se debió a falta de comunicación o al menos, ésta le dio el pretexto que él buscaba. En realidad, no se había llegado a un acuerdo sobre una propuesta de Vanegas para que la presencia de Borge fuera aprovechada para tener un diálogo con él, similar al que se había esperado tener con Ibarra, representante de la Presidencia. Según algunas informaciones la idea específica de Vanegas era que Borge respondiera a preguntas antes de su discurso. Según varios concejales, Vanegas estuvo amenazando con abandonar la reunión durante todo el día. Y al menos uno de ellos dijo haber visto a un ministro dándole dinero a Vanegas en el hotel la noche anterior, presumiendo él que se trataba de un soborno.

¿La nueva unidad se traducirá en la práctica diaria?

Sucedido al final del Simposio, ese lamentable incidente empañó algo de la entusiasta unidad y espíritu de lucha que se habían hecho sentir en los días anteriores. Sin embargo, mirado con luz realista, fue tal vez un necesario recordatorio de los frágil que es esta unidad y del cuidado con que ha de ser alimentada si la Costa quiere avanzar en sus relaciones con el gobierno central.

Los meses que vienen servirán para determinar si las cuatro comisiones propuestas para cada región en el pre-simposio -y cuyos miembros fueron elegidos ya durante el Simposio- asumieron suficientemente que esta unidad y esta decisión son las que harán capaces a los costeños el llevar adelante su proceso autonómico. A partir del 15 de diciembre las cuatro comisiones deben elaborar 1) una política sobre recursos naturales, 2) un sistema para la coordinación entre las dos regiones autónomas, 3) un borrador de reglamentos para el Estatuto de Autonomía y 4) un plan concreto para la defensa de la autonomía. Las comisiones fueron creadas con miembros de ambas bancadas, fundamentalmente -pero no exclusivamente- concejales regionales y cuentan con el apoyo y asesoría de profesionales interesados en estos temas, entre ellos ambientalistas y abogados.

En la última mañana del Simposio todas las comisiones tuvieron ya su primera reunión en los mismos pasillos del Centro Olof Palme. Un símbolo de la nueva unidad fue ver a Steadman Fagoth -ex jefe de Misura- dialogando sobre planes futuros con Lumberto Campbell, único comandante sandinista originario de la Costa Altántica. Ambos son los dos "pesos más pesados" en las comisiones para la defensa de la autonomía en el Norte y en Sur.

Esta comisión de defensa de la autonomía se constituyó como el esqueleto de un nuevo y amplio movimiento que aglutinará a todos los sectores interesados en la autonomía, tanto en el Atlántico como en el Pacífico, y que surgió con gran entusiasmo del Simposio. Los delegados extranjeros que asistieron al encuentro -unas dos docenas- decidieron también crear una red internacional desde sus respectivos países para defender el proceso de autonomía en Nicaragua.

La importancia política de este Movimiento Amplio en Defensa de la Autonomía (MADA) se hizo clara con la demanda de representación en él que expresaron los sectores costeños que no fueron originalmente nombrados como miembros de su pequeña comisión organizativa. Su petición para ser incluidos es más significativa si se recuerda que se trata de los representantes de las mismas organizaciones Kisan por la Paz, integrada por los primeros combatientes mískitos que se desmovilizaron; Sukawala, organización de los indígenas sumus; y la comunidad de los ramas que permanecieron humildes y confundidos durante el Simposio de hace cinco años.

Mirando hacia los asientos de honor del Simposio, ocupados por los hoy silenciosos concejales de la UNO y de Yatama, uno se preguntaba qué era lo que realmente sentían y pensaban.

¿No estarían perplejos, confundidos la mayoría de ellos, que fueron escogidos al azar de sus comunidades por los organizadores de la campaña electoral cuando no creían que derrotarían al FSLN? ¿Cómo estarían interpretando la actitud actual del gobierno central y la del FSLN? ¿Habrá representado para ellos el Simposio un avance o habrá sido un ejercicio más al que ya están habituados, en el que sólo están pendientes de sus dirigentes, aun cuando ellos ocupen ya asientos de dirigentes? ¿O habrá sido por fin esta su estancia en Managua lo que les habrá hecho tomar conciencia de su responsabilidad histórica como miembros del primer gobierno autónomo de la Costa? Como dijo Ray Hooker en la fiesta del día final, con una muy amplia sonrisa, poco habitual en su permanente reserva: "Sólo el tiempo lo dirá".

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