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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 119 | Septiembre 1991
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Internacional

Concertación y modelos de desarrollo en el Tercer Mundo

Falsos "modelos de desarrollo" se imponen a los países del Sur. Y es necesario reflexionar sobre ellos para descubrir sus trampas y sus falacias..

François Houtart

La concertación entre gobierno y representantes de varias clases y grupos sociales de Nicaragua se sitúa dentro de un proyecto neoliberal inspirado por una lógica capitalista y frenado por fuerzas populares organizadas durante años de proceso revolucionario. El proyecto neoliberal se enfoca básicamente al desarrollo del sector agroexportador, es decir a la integración dependiente del país en el marco económico internacional y a la modernización de la minoritaria producción industri
al para que compita en un mercado mas integrado, tanto en la dimensión centroamericana como dentro de una zona de libre intercambio interamericano. Para realizar este proyecto se cuenta en buena parte con inversiones extranjeras en zonas francas.

Privatización: condición básica

La condición básica de este proyecto es la privatización. Así lo plantean los empresarios, el gobierno y los organismos financieros internacionales, además de la cooperación norteamericana. Como mecanismo de defensa, los trabajadores del campo, de la industria o de los servicios, exigieron un porcentaje de la privatización en su favor. Los acuerdos de la segunda fase de la concertación, firmados el 15 de agosto de 1991, fijaron en el 25% la participación de los trabajadores en la propiedad de las empresas, a pesar de la oposición de los empresarios del COSEP.

En principio, se trata de una victoria de la clase trabajadora. Sin embargo, además de las dudas sobre los mecanismos de realización de este acuerdo, no se puede olvidar que la privatización es parte de un nuevo paso en la acumulación capitalista. Hablando a favor de esta privatización algunos ponen como ejemplo lo ocurrido en cuatro países asiáticos, "los cuatro dragones del Pacífico" (Taiwan, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur), olvidando por completo las condiciones históricas del desarrollo de estos países, el precio pagado por la clase obrera y la ausencia de democracia que ha caracterizado sus procesos.

Estabilidad política: la meta

Otros presentan la estabilidad política como una exigencia del proyecto económico que, uniendo a todos los nicaragüenses permitirá el necesario desarrollo del país. La alianza con el capital extranjero modernizante aparece como una meta, casi como una parte del programa político, cuando de lo que se trata es de una estrategia para el repliegue de las fuerzas populares. Algunos no dudan en afirmar que la lucha de clases es un concepto del pasado. Lo hacen en momentos en que la clase dominante consolida los instrumentos de su poder económico y político.

Finalmente, la asociación de los trabajadores a la propiedad capitalista, con una cuota de participación en ella, es a menudo presentada como el modelo de la sociedad futura (socialdemócrata o socialcristiana), en lugar de lo que es: una reacción de defensa de los trabajadores para frenar un proceso que escapa de su control. Frente a esto, es necesario reflexionar de manera mas amplia y mas teórica, para evitar que el pragmatismo se transforme en teoría. Hay también que observar lo que ocurre en otros países del Tercer Mundo y preguntarse cuales serán los efectos de la integración de nuestros países en proyectos neoliberales, tanto para su desarrollo económico como para la conciencia de los trabajadores.

Teorías que tratan de explicar el Tercer Mundo

Muchos se sorprenden ante la rápida industrialización de algunos países del Tercer Mundo: la India, Brasil o Africa del Sur. Las crecientes diferencias entre los países del Tercer Mundo son igualmente impresionantes: no hay comparación entre Taiwan y Senegal, entre México y Nicaragua o entre Tailandia y Sri Lanka, aunque se puede constatar la existencia de cierto numero de intercambios entre estos países, incluso en el campo de los bienes manufacturados. Finalmente, el desarrollo de las diferencias sociales llama también la atención. Diferencias que se profundizan con el crecimiento de un mercado interno que muy a menudo beneficia solamente a un 15-20% de la población y contrasta con la multiplicidad de formas de sobrevivencia y con la reproducción material y social en las que viven las clases subalternas, el resto mayoritario de la población.

Se percibe entonces que ciertas recientes teorías, aunque tengan una parte de verdad, no explican ya el conjunto de estas realidades y que es necesario retomar constantemente lo esencial de los análisis. La teoría de la dependencia -desarrollada casi exclusivamente por autores latinoamericanos -, según la cual el desarrollo capitalista de los países avanzados bloquearía el desarrollo capitalista autónomo de los países del Tercer Mundo, es un ejemplo.

Para los autores de esta teoría, tal dependencia tendría su origen en la explotación de las riquezas del Tercer Mundo por los países ricos con inversiones y tecnología adaptadas a los intereses del capitalismo avanzado y coronando todo, con un cierto numero de mecanismos financieros. Esta política económica tiene repercusiones en el plano político, en el militar y en el cultural.

Aunque numerosos hechos corroboran lo que afirma la teoría de la dependencia, esta corre el riesgo de trasladar la oposición de clase a la oposición entre países o regiones. Esta teoría desarrolla también un pensamiento dual y poco dialéctico y desde el punto de vista ideológico, puede ser recuperada por un pensamiento neoliberal o populista o conducir a un radicalismo revolucionario que se ha mostrado poco eficaz en América Latina.

En cuanto a las teorías del ultraimperialismo, inspiradas en los cuestionamientos de Kautsky, estas corren el riesgo de representar la realidad económica del capitalismo transnacional como una especie de gobierno mundial de las multinacionales, lo que Barnett y Muller llaman the Global Corporation. Ahora bien - Marlene Dixon lo señala muy bien - tal evolución es contraria a la lógica del provecho, en donde inevitablemente los diferentes organismos multinacionales están en competencia, lo que se opone precisamente a una distribución racional de los recursos y de la producción mundial. Evidentemente, todo esto no le resta nada a la realidad de las formas contemporáneos del imperialismo ni a las nuevas bases materiales de la desnacionalización del capital.

En cierta manera, la teoría del intercambio desigual entre centro y periferia es a veces utilizada en un sentido bastante parecido al de la teoría de la dependencia. Aunque Marx haya señalado la desigualdad de los intercambios que pueden existir entre sociedades capitalistas de diferente productividad de trabajo, cierto numero de escritos contemporáneos parecen dejar de lado la realidad de las relaciones de producción, es decir, la extracción de la plusvalía sobre el trabajo, cualquiera que sea el polo y cualquiera que sea la igualdad o desigualdad del intercambio. Se corre entonces el riesgo de analizar la realidad como una oposición entre naciones ricas y naciones pobres, así como el de fijar las causas y las soluciones en otros factores diferentes a la explotación capitalista.

En fin, desde un punto de vista sociológico, es la teoría de la marginalidad la que prueba de igual manera el mal enfoque del problema. Esta teoría observa, con razón, el dualismo social existente y su crecimiento numérico en las sociedades del Tercer Mundo, pero lo analiza en términos de una oposición entre una población integrada en el sector moderno y una población que es parte del sector marginal del desarrollo capitalista, sector a menudo descrito como un "mercado informal". Se trataría entonces de intentar la integración del mercado informal, de una manera o de otra, al primero. Una aproximación teórica de esta naturaleza ignora los lazos que existen entre estos dos sectores. Importantes obras escritas sobre la modernidad y la tradicionalidad en América Latina se sitúan en esta perspectiva.

Las relaciones Norte- Sur y el lugar de las sociedades del Tercer Mundo

La División Internacional del Trabajo

El principal telón de fondo sobre el que se proyectan las economías de los países del Tercer Mundo esta constituido por la Division Internacional del Trabajo. No obstante, ciertos autores hablan de la antigua D.I.T. y otros de la nueva. Por esto es importante preguntarse: ¿cuál es la realidad contemporánea de la división internacional del trabajo-

En los países del Tercer Mundo con economía de mercado, la antigua D.I.T. sigue reproduciéndose como estructura fundamental de la actividad económica en el dominio de los intercambios internacionales. Es en particular el caso de Africa. Así, en 1976 el 80% de las sociedades del Tercer Mundo con economía de mercado se situaban en una tasa de 70% o mas de exportación de materias primas o de productos agrícolas. Para la mitad de estos países, se trataba incluso de una tasa superior al 90%.

Según estimaciones, para 1990 los países del Tercer Mundo representarían el 15% de la exportación industrial mundial, mientras que solo representaban un 7% hacia la mitad del decenio de los 60. Es claro pues, que la mayoría de los países del Tercer Mundo se sitúan al interior de la antigua D.I.T., es decir que sus intercambios se basan principalmente en la producción de materias primas y de productos agrícolas.

Nuevas tendencias

Ha habido ciertos cambios y han surgido nuevas tendencias en la estructura de las exportaciones. Existe una evolución neta hacia la exportación de bienes que no son ni materias primas ni productos agrícolas. Así, entre 1960 y 1976, la cuota de exportación de estos productos disminuyo en un 63.8% de los países del Tercer Mundo, mientras que en un 17% de estos países aumento y en un 8.5% siguió estacionaria.

Según otras cifras, la exportación de bienes industriales del Tercer Mundo se habría multiplicado por cuatro entre 1963 y 1977. Es necesario recordar que el punto de partida era muy débil, pero esto indica una tendencia al crecimiento. Esta tendencia fue muy clara por ejemplo en Asia del Suroeste, en donde el aumento del sector industrial en el producto interno bruto, en las exportaciones, e igualmente en el empleo, ha sido constante en el curso de los últimos 25 años. A finales del decenio de 1960, las sociedades capitalistas avanzadas conocieron una seria crisis de "fordismo".

El fordismo consiste en una política económica que quiere ajustar la relación capital-trabajo con un doble mecanismo. De un lado, realizando una acumulación intensiva por medio del crecimiento de la productividad del trabajo aumentando la composición técnica del capital. Y por otro, adaptando constantemente el consumo de las masas, lo que permite integrar a los trabajadores a la misma acumulación capitalista.

En estas sociedades, la necesidad de mano de obra barata se manifestó en ciertos sectores de la producción, con el fin de paliar la disminución de la producción de la plusvalía en relación con el capital invertido. Se desarrollo entonces una nueva fase del imperialismo, con cierta transferencia de producción, pero relativamente débil con relación al conjunto de la producción industrial capitalista, y muy localizada en relación con las sociedades del Tercer Mundo.

Nada impide que esto haya tenido una influencia sobre las capacidades de exportación de productos industriales del Tercer Mundo, lo que se refleja en ciertas estadísticas. Entre 1960 y 1978, los países del Tercer Mundo de bajos ingresos vieron incrementar sus exportaciones de bienes industriales de 18% a 30% y los de ingresos medianos de 13% a 36%. Esto no se debió únicamente al bajo costo de la mano de obra, pues los primeros habrían debido desarrollarse normalmente de manera mas rápida.

Se ha dado un crecimiento de las exportaciones Sur-Sur. Entre 1962 y 1978, los países del Tercer Mundo de bajos ingresos vieron crecer sus exportaciones hacia otros países del Tercer Mundo de 38% a 40%, mientras que en los países de ingresos medianos las tasas evolucionaron de 44% a 33%, lo que indica que en estos países la cuota creciente de sus exportaciones se dirigió hacia los países de capitalismo avanzado. Es interesante señalar que en 1984, por primera vez en la historia de los intercambios económicos internacionales, los Estados Unidos importaron mas bienes industriales del Tercer Mundo que los que exportaron.

Evidentemente, los problemas monetarios jugaron un papel decisivo en esta situación. Finalmente, señalemos que la tasa de industrialización y la de exportación de bienes industriales se presentan en forma desigual entre los países del Tercer Mundo. Las exportaciones entre sociedades "del Sur" manifiestan una tendencia similar. En los dos casos, los países de Africa situados al sur del Sahara se sitúan en la base de la escala.

La exportación de mano de obra es también un hecho económico y social importante en los países del Tercer Mundo. El capitalismo industrial siempre ha tenido necesidad de una abundante mano de obra en sus fases de expansión, al menos hasta la ultima revolución tecnológica. Así se produjeron en Europa las grandes migraciones rurales-urbanas hacia los Estados Unidos.

Después, los desplazamientos internos de las poblaciones negras del Sur agrícola hacia el Norte industrial y en las ultimas décadas, los enormes movimientos de mano de obra de los países de la periferia hacia el centro: de México hacia los Estados Unidos, del sur de Europa y países mediterráneos del Africa y del Asia hacia la Europa del Norte y del Centro, trabajadores de Asia del Sur hacia los países del Golfo, mano de obra filipina hacia los Estados Unidos.

La importancia de las migraciones de mano de obra es muy grande en ciertos países, a pesar de que esta no tenga mayor efecto sobre la industrialización. En Pakistan un millón de trabajadores están empleados en los países del Golfo productores de petróleo, lo que inyecta 2 mil millones de dólares a la economía de Pakistan. Fenómenos parecidos se producen en Kerala o en Sri Lanka, pero sin que las inversiones productivas se den automáticamente. En general, los trabajadores del Golfo invierten en bienes de consumo o en la construcción. Ultimamente se señala que la tendencia es incluso la de colocar el dinero en bancos europeos.

La diversidad de la "periferia"

Existe un cierto numero de países del llamado Tercer Mundo que son del todo excepcionales, especialmente en Asia del Este. Son cuatro estos países: Corea del Sur, Hong-Kong, Taiwan y Singapur, que tienen una tasa muy alta de exportación de bienes industriales, pero cuyo desarrollo se ha debido mas a razones geopolíticas que a razones estrictamente económicas. Estos países han sido objeto de masivas inversiones, después de la segunda guerra mundial o después de la guerra de Corea, con el objetivo de detener la evolución comunista en China y en los otros países de Asia del Este.

Otras sociedades del Tercer Mundo se separan del conjunto, como México y Brasil, países que han sido objeto de numerosas inversiones de sociedades multinacionales. Es también el caso de la India, aunque por diferentes razones, ya que un capital local logro desarrollarse muy rápidamente después de la independencia. En resumen, cerca del 10% de las sociedades de economía de mercado del Tercer Mundo monopolizan el 90% de las exportaciones industriales de esta área del mundo.

La diversidad de la periferia se manifiesta igualmente en el hecho de que el trasplante de la actividad industrial orientada por el capitalismo internacional se hace de manera fragmentada y no integrada. Esto se produce principalmente en los países en los cuales el mercado interno no ha sido internacionalizado y es fruto del control del capital a escala mundial. De ahí la multiplicación de zonas francas (free trade zones), la limitación del poder de los Estados locales, la creación de una estructura local desconectada y, en consecuencia, el establecimiento de una división del trabajo típica del fordismo, pero esta vez a escala internacional. Ciertas zonas reservadas a las actividades de concepción y de desarrollo, otras a la producción especializada. Unas terceras, reservadas a la producción no fundamental son las que se establecen en el Tercer Mundo.

Otro factor de diferenciación lo dan las inversiones de las multinacionales en las industrias que producen para el mercado interno. Es el caso de América Latina, en donde el 90% de los casos de inversión han sido destinados a este objetivo. Países como México, Brasil, Argentina, Chile y Colombia son ejemplos particularmente ilustrativos. Es bien diferente a lo que ocurre en Hong Kong o en Singapur.

La crisis del petróleo ha sido igualmente un factor de diversidad entre los países del Tercer Mundo. En efecto, algunos de estos países producen petróleo y otros no. Los que no lo producen han sido seriamente frenados en su crecimiento industrial. Los países de bajos ingresos importadores de petróleo han visto disminuir su crecimiento en un 40% y los países de ingresos medianos importadores de petróleo en un 20%. Por el contrario, los países exportadores de petróleo y con capital excedente, aumentaron su producción industrial.

La fragilidad de la industrialización del Tercer Mundo capitalista

Según la Federación Mundial del Trabajo, el empleo industrial paso en el mundo del 5 al 20% en 1960 y del 20 al 35% en 1978. Según otras estadísticas de las Naciones Unidas, entre 1970 y 1977, la producción industrial de los países desarrollados aumento en un 26%, mientras que la de los países en vías de desarrollo creció en un 60%. Según otras estadísticas, la estructura de la producción industrial en los países del Tercer Mundo evoluciono así: entre 1960 y 1979 en los países de bajos ingresos, de 11 a 13%, y en los países de ingresos medianos, de 21 a 24%.

La industrialización de los países del Tercer Mundo se demuestra como un hecho. Sin embargo, los riesgos del proceso son numerosos, y la importancia alcanzada por el capital financiero en la economía mundial es una manifestación de estos.

La transformación del proceso en función de los cambios internos del capital
en los países de capitalismo avanzado

Desde finales de los años 60 se asiste a una explosión del capital financiero debida a la evolución interna de la acumulación capitalista de los países avanzados. Para los países del Tercer Mundo, la consecuencia de esto fue una importante transformación en la estructura de los prestamos. Se paso de una mayoría de prestamos de Estado a una predominancia de prestamos acordados por los organismos bancarios privados. Si estos últimos alcanzaban la cifra de 4 mil millones de dólares en 1970, en 1980 llegaron a ser de 36.1 mil millones.

En este aspecto la diversidad también es grande: los prestamos se orientaron principalmente hacia los países del Tercer Mundo de ingresos medianos. En 1970, 9 países recibieron el 50% de los prestamos, entre ellos México, Venezuela, Argelia, Brasil, Argentina y Corea del Sur. El desarrollo industrial de los países del Tercer Mundo esta cada vez mas ligado al capital financiero, mientras que los prestamos de Estado se dirigen mas bien hacia ciertos sectores públicos, especialmente hacia las estructuras militares y los aparatos represivos.

Una industrialización débil

En función de estos diversos factores, se puede concluir que la industrialización del Tercer Mundo, siendo un hecho real, es no solo muy diferente según las sociedades, sino que comporta también índices de gran fragilidad. La superioridad de las sociedades de capitalismo avanzado sigue siendo importante y esto les permite apropiarse de los medios de producción a escala mundial. No cabe duda de que la actual revolución tecnológica servirá esencialmente a estas sociedades, mucho mas que a las economías que se llaman "en vías de desarrollo".

El crecimiento de la productividad que resulta de esto permitirá a las sociedades avanzadas una superioridad competitiva. Las economías del Tercer Mundo se caracterizan también por un gran numero de factores que obstaculizan una industrialización rápida. Pesa en primera instancia el pasado colonial o semicolonial, que por un lado bloqueo la evolución de las fuerzas productivas y por otro impidió el desarrollo de la burguesía local. Muchas otras estructuras sociales se oponen igualmente al desarrollo de un fordismo local o incluso de una política keneysiana.

Los tipos de industrialización en el Tercer Mundo

Modelo de acumulación e industrialización

Después de haber señalado que el Tercer Mundo está implicado en un proceso de industrialización de gran diversidad, es aconsejable examinar con mas detalle los diferentes tipos de industrialización que se pueden encontrar en las sociedades del Tercer Mundo.

Estos dos factores están evidentemente relacionados. Se pueden aportar varias tipologías, ya sea en referencia al modo histérico de acumulación del capitalismo avanzado, o construyéndolas sobre la descripción de situaciones contemporáneas.

Desde un punto de vista histérico, James Petras propone una tipología sobre la base de las grandes etapas del capitalismo avanzado. Primeramente esta la de acumulación primitiva que, en las relaciones del Norte con el Sur, se manifiesta en el saqueo del Tercer Mundo y en la destrucción de sus formas precapitalistas de producción. Después, esta la etapa que se llama de la acumulación normal, caracterizada por la destrucción de la naciente industrialización en los países dependientes. Y finalmente, la que el autor denomina la acumulación producida por el capital financiero, y que se manifiesta en las inversiones en la industrialización local del Tercer Mundo bajo las formas mas diversas.

Con respecto a la tipología de las situaciones actuales, el mismo Petras la construye sobre una escala de modelos de acumulación, que van desde la exportación exclusiva de materias primas y de productos agrícolas hasta la exportación de tecnología a la par de un mercado interno desarrollado. Es importante recordar que siempre existe un factor central, a la vez histérico y contemporáneo de las relaciones económicas de sumisión entre las diversas sociedades del Norte y del Sur, cuyos efectos se hacen sentir incluso en la actualidad. Este aspecto fue admirablemente estudiado a propósito de las relaciones entre Europa y Africa, por Walter Rodney en su libro How Europe underdeveloped Africa(Como Europa subdesarrollo a Africa).

Tipología de la industrialización del Tercer Mundo

Las industrias de sustitución

Un criterio útil para el estudio de los tipos de industrialización en los países del Tercer Mundo de economía de mercado es el de las políticas económicas de industrialización. Alain Lipietz nos guía en la construcción de esta tipología.

Una de las políticas seguidas en el curso de los años 60 fue la de la organización de una producción industrial que permitía la fabricación en el país de un cierto numero de bienes de consumo. Se evitaba de esta manera el tener que importar estos productos del exterior.

A nivel general, esta política solo condujo al fracaso. Por un lado, el elevado costo de las técnicas no estuvo en ningún momento relacionado con los resultados de la venta de las materias primas, ni en consecuencia con la lógica de la antigua División Internacional del Trabajo. Además, no se disponía, en la mayor parte de los países, de mano de obra suficientemente calificada y, finalmente, muy a menudo el mercado interno se mostraba insuficiente para dar salida a la producción. Solo los países con un mercado interno importante pudieron obtener ciertos resultados.

Taylorización intensiva

Lipietz habla de una taylorización "sanguinaria". Se trata de una política de industrializacion que no esta centrada en la sustitución de importaciones, sino en el crecimiento de las exportaciones. Esto se realiza con la implantación de ciertas actividades productivas fragmentadas y repetitivas en un país especifico del Tercer Mundo, lo que exige sobre todo un trabajo intensivo para producir bienes inmediatamente integrados en el mercado mundial.

La parte del capital fijo en este tipo de producción industrial es generalmente inferior a la que produce para el mercado local. Es el caso, por ejemplo, de Corea del Sur, en donde esta parte de capital es cuatro veces menos importante en el conjunto de los sectores industriales y 23 veces menor en las industrias eléctricas y electrónicas. Entre las características sociales y políticas de este tipo de industrialización, es necesario señalar en particular la importancia predominante del trabajo de las mujeres, la instalación de zonas francas y las medidas políticas de reglamentación.

Este modelo de industrialización parece desarrollarse rápidamente porque los países importadores tienden a tomar medidas proteccionistas, y al mismo tiempo porque la transformación de la estructura de clases en las sociedades en las cuales se desarrolla el taylorismo intensivo genera rápidamente contradicciones internas que conducen especialmente a un encarecimiento progresivo de la mano de obra. Este modelo se ha desarrollado sobre todo en cuatro países del Asia del Este: Hong Kong, Corea del Sur, Taiwan y Singapur. En menor escala, en otros países del Asia como Malasia, Filipinas, Sri Lanka, y en Africa del Sur. Aunque el fenómeno sea importante en estos países no se debe centrar la atención exclusivamente en estos casos, que están lejos de ser los únicos característicos de la industrialización del Tercer Mundo.

Fordismo periférico

Este tipo de industrialización esta centrado en el crecimiento de un capitalismo local y en el crecimiento de una clase consumidora real, pero siempre limitada. Los ejemplos mas claros son México, Brasil, Corea del Sur y la India. Evidentemente, el origen de este modelo varia mucho según el país. En ciertos casos puede tratarse de la consecuencia de una política de sustitución de las importaciones. En otros, de un capital mercantil preexistente y en otros casos, del descubrimiento y explotación del petróleo. Finalmente, en otros se trata de la continuación de la taylorización intensiva.

Así, en Corea del Sur, el ingreso promedio por habitante aumento entre 1960 y 1979 de 70 a 2.281 dólares. La producción de manufacturas creció entre 1970 y 1978 en un 18.3%. Esta claro que esto no significa un igual desarrollo del conjunto de la población, pero en todo caso si manifiesta un proceso de acumulación que llevo a una producción destinada a la vez al mercado interno y a la exportación.

La constitución de una clase consumidora que se ampliaba y la sobreexplotación de la mano de obra fueron factores decisivos. Durante los últimos años, este tipo de desarrollo ha sido ampliamente financiado por el capital financiero proveniente de los países ricos del Norte. El reembolso de estas sumas estuvo previsto al mismo tiempo, tanto por la vía de los ingresos de las exportaciones tradicionales (antigua División Internacional del Trabajo) como por los productos de la nueva industrialización y del reciclaje de los capitales prestados bajo la forma de compra de bienes de equipo en los países ricos.

Sin embargo, este modelo entro también rápidamente en crisis. Por un lado, como era ya el caso de las industrias de sustitución, la mayoría de los países del Tercer Mundo no disponen de una mano de obra suficientemente calificada, ni tampoco tienen la capacidad de formarla rápidamente. Además, las nuevas y avanzadas tecnologías del Norte le hacen una competencia excesivamente desigual a los países del Tercer Mundo, cuya productividad no sigue el mismo ritmo.

A todo esto es necesario agregar varios elementos mas: la competencia que se establece entre los mismos países del Sur; la reivindicación progresiva de los trabajadores locales y la caída de la demanda de materias primas en los países de capitalismo avanzado como producto de la disminución de la producción o de las transformaciones tecnológicas. La crisis actual toca pues seriamente a los países comprometidos con una política fordista, ya que al haber apostado a este modelo, impulsado fuertemente por el capitalismo avanzado, llevaron adelante un consumo irracional de capital, lo que actualmente frena su desarrollo industrial.

Las características de la industrialización del Tercer Mundo

Se pueden trazar las grandes líneas de la industrialización del Tercer Mundo, verificables en todos los casos para la mayoría de los países. En primera instancia, se trata de baja productividad, lo que los pone en una difícil posición ante la competencia del mercado internacional y los obliga a establecer barreras con el fin de evitar que el mercado local, para el cual deben producir principalmente, no sea invadido por el exterior. Además, los diferentes tipos de industrialización tienen un efecto relativamente importante en el desarrollo de las fuerzas productivas en estas sociedades. Muy a menudo, se trata de enclaves de producciones industriales.

Esto es bastante claro en el caso de la taylorización, pues las operaciones son fragmentadas, se trata de un trabajo poco calificado y en gran parte de una mano de obra femenina con un alto grado de movilidad ocupacional, y rápidamente reinsertada en el circuito de la reproducción de la fuerza de trabajo. Incluso en el caso de las sociedades que tienen otro modelo de industrialización, esta no penetra el conjunto social. En el caso de la India, el desarrollo industrial absorbe menos del 10% de la población activa, mientras que mas del 70% sigue siendo agraria y esta evidentemente localizada en ciertos centros que monopolizan las actividades de producción. Esto no impide que la India se haya convertido en una de las diez potencias industriales del mundo. No hay que olvidar que producir para el 15 o 20% de la población en la India significa producir para un mercado de 120 a 160 millones de habitantes.

En cuanto a las relaciones sociales de producción, estas se caracterizan por la sumisión directa de una pequeña parte de los trabajadores al capital, y por la sobrexplotación de estos que se someten.

Los efectos sobre la estructura de clase y sobre el Estado

El tipo de industrialización de las sociedades del Tercer Mundo y la diversidad de las materias concretas con las cuales se realiza, tiene efectos muy diversos en la construcción de la estructura de clases. Esto se aprecia particularmente en el caso de las clases dominantes y de sus estrategias con respecto a la dominación del Estado. Según los casos, se asiste a alianzas entre la burguesía local y una burocracia de Estado o una burocracia militar, como en Corea del Sur o Brasil. O incluso a alianzas entre el capital mercantil local y el Estado: es el caso de Tailandia.

Cuando las bases industriales del desarrollo capitalista son débiles, es el Estado el que proporciona el canal principal de acumulación para una burguesía en formación, lo que se constata en varios países de Africa. Son además alianzas entre grandes propietarios agrarios y burguesías industriales, tal como se conoció durante un tiempo en la India. O se da también la creación de clases de pequeños campesinos parceleros. Todo obra en favor del desarrollo de un capitalismo industrial que no absorbe a una parte importante de la mano de obra por no ser utilizable para el modelo de desarrollo adoptado.

Estructura de clase y conciencia de clase

Si uno se interroga sobre el futuro del trabajo en las sociedades en las cuales la sumisión del trabajo al capital es muy parcial, formal o indirecta, es indispensable hacerlo en términos de clases. Cuando hablamos de su misión, nos referimos aquí a la teoría de Marx sobre la transición, en donde hace la distinción entre una sumisión real y una sumisión formal del trabajo al capital. Se recordara que esta teoría sobre la transición de un modo de producción feudal a un modo de producción capitalista, esta construida sobre la observación de una doble etapa.

En primera instancia, la de la sumisión formal del trabajo a través de la manufactura, y seguidamente, una sumisión real a través del proceso de industrialización y la desapropiación total del trabajador de sus medios de producción. De hecho, el tipo de sumisión del trabajo al capital es bien diferente según los modelos de acumulación. Estos últimos dominan la configuración particular de las clases desde el punto de vista de su estructura y la de las alianzas de clase en el plano de la estrategia, sin hablar de la configuración del Estado.

De esta manera, la acumulación que se construye sobre una industrialización destinada en primer lugar al mercado local y luego solamente a la exportación, produce una estructura de clases articulada alrededor de una burguesía local, mas o menos desarrollada, y de un proletariado relativamente importante. Es el caso de Corea del Sur. Pero es evidente que un caso parecido es bastante excepcional en el conjunto de las sociedades del Tercer Mundo. De ahí el interrogante que se abre con respecto a la estructura de clases en tales sociedades. Nos limitaremos aquí a los medios urbanos y claro esta a las sociedades del Tercer Mundo con economía de mercado.

La no sumisión real del Trabajo al Capital

La principal característica de la mayoría de los países del Tercer Mundo es la no sumisión real del trabajo al capital, salvo de forma muy parcial. Dicho de otra manera: una minoría de trabajadores esta directamente ligada al capital a través del salario en un proceso de producción industrial. Se puede entonces preguntar sobre la amalgama de formas de sumisión y sobre las razones de esta sumisión.

En primer lugar, están los trabajadores industriales propiamente dichos, aquellos a quienes a veces se les llama "la aristocracia obrera", que se encuentran en una relación de sumisión real. Después están los trabajadores a domicilio, que son numerosos en ciertos campos de la producción industrial en los países del Tercer Mundo, en particular en los sectores textiles, en la producción de zapatos, etc. Solo en Filipinas, 500 mil trabajadores realizan en sus propios domicilios tareas de confección para las fabricas textiles. Se trata claramente de un caso de sumisión formal, a través de un lazo jurídico y contractual mas que por la organización precisa del trabajo.

Una categoría siguiente está compuesta de trabajadores subempleados, los que no tienen empleo fijo y, en consecuencia están a disposición del capital cuando este tiene necesidad de ellos. Son personas ocupadas en un sector terciario indiferenciado y de autoempleados. Se trata de una sumisión indirecta del trabajo al capital, pues ningún lazo inmediato relaciona a los trabajadores con los dueños de los medios de producción.

Finalmente, es necesario señalar la categoría de los trabajadores inmigrantes, que entran en una relación de sumisión real, pero al exterior de su propia sociedad, la que sigue siendo su punto de referencia, tanto para su reproducción biológica como para su reproducción social. Nos encontramos entonces frente a una inmensa heterogeneidad social en las clases subalternas urbanas de los países del Tercer Mundo. La pregunta que se debe hacer es si esta heterogeneidad, verificable en el plano empírico, tiene una explicación teórica. En otras palabras, ¿existe una lógica fundamental que une estas diferentes formas de sumisión de reproducción de la fuerza de trabajo o de sobrevivencia?

La lógica de conjunto

La lógica de conjunto que reúne estas diferentes formas es la ley de la acumulación capitalista. Esta es la tesis que defiende especialmente Christian Parker, en una tesis doctoral consagrada a la religión en las clases subalternas urbanas en América Latina. Efectivamente, tanto el capitalismo transnacional con sus estrategias a nivel mundial como el capital local de las sociedades particulares, tienden a producir una sobrepoblación relativa, o según los términos de Marx un "ejército de reserva", que permite la regulación del mercado de trabajo.

Sin embargo, en el Tercer Mundo la situación no es del todo parecida a la del comienzo de la industrialización en los países de capitalismo avanzado. Además, la dimensión y las características particulares de la acumulación dependen igualmente de las especificidades de cada una de las sociedades en cuestión: las caracterizadas por la antigua o por la nueva División Internacional del Trabajo; las diferencias en la estructura interna de las relaciones sociales; la realidad histórica del Estado, bien diferente según el tipo de colonización; o incluso el modo de producción precapitalista: modo de producción asiático o modo de producción feudal.

Las caracterizadas, en fin, por las diferencias a nivel de la lucha de clases al interior de cada una de las sociedades. Un ejemplo concreto. El desarrollo industrial de la India después de la independencia fue primeramente interno gracias a una acumulación que existía de antemano, en parte desarrollada durante las dos guerras mundiales y gracias a un mercado interno relativamente importante. Progresivamente, la industria ha producido para la exportación hacia el Tercer Mundo. En el plano de las relaciones sociales, había en principio una oligarquía tradicional agraria frente a una burguesía industrial nueva, pero también una clase mercantil y un inmenso campesinado atravesado por las castas.

Con respecto al Estado colonial, este había servido de base al desarrollo de un capitalismo de Estado, invirtiendo en los campos menos rentables de la industrialización y, desde luego, en los que concernían a la reproducción amplia del capital. En la India, la lucha de clases siempre fue relativamente débil, pues la clase obrera siguió siendo segmentada y muy influenciada culturalmente por la existencia de las castas. Todo esto conduce a una acumulación basada en una industria que utiliza una débil proporción de mano de obra para un mercado reducido, mientras que la revolución verde venia a reforzar el modelo creando una nueva burguesía agraria y el crecimiento de la pobreza urbana y rural seguía siendo numéricamente considerable.

La economía capitalista es el tipo de economía que explica el conjunto de esta estructura. No se trata de elementos dispersos, productos de desarrollos particulares, sino de una lógica de conjunto en la cual la acumulación y la reproducción del capital son mas rápidas en una producción cada vez mas sofisticada para una población capaz de consumir que en una producción masiva destinada a una población que vive constantemente en el umbral de la sobrevivencia. Es en esta misma lógica que en el ultimo decenio se hizo cada vez mas frecuente un llamado al capital extranjero, y que se desnacionalizó una parte de la industria. Es el caso de Chile.

La poblaciones no sometidas realmente al capital

Como lo vimos antes, estas poblaciones conforman la mayoría de las sociedades del Tercer Mundo capitalista y particularmente una enorme proporción de la población urbana, que es alimentada constantemente por la migración rural.

La pregunta que se debe hacer es ¿esta población no es otra cosa que marginados que viven en otro sistema, una especie de reliquia de las sociedades precapitalistas? Son poblaciones que provienen de regiones rurales, incapaces de absorber en las nuevas relaciones sociales de producción a la población existente, sea porque las antiguas formas de producción no permiten la sobrevivencia de mas personas o porque, por el contrario, la introducción de relaciones salariales empuja hacia otros lugares a la población excedente.

Surgen nuevas maneras de sobrevivencia y se desarrollan en los medios urbanos en plena expansión y, en particular, en los tugurios de las periferias que tan diferentes nombres tienen y que tan parecidos son en todo el mundo. Aunque muy a menudo comporten un cierto numero de rasgos comunes, estas poblaciones no son simplemente el fruto de la reproducción de antiguas formas de producción o de reproducción.

De hecho, se trata claramente del resultado del tipo particular de acumulación capitalista que se ha dado en los países del Tercer Mundo, que no permite absorber o reabsorber una parte considerable de la potencial mano de obra. De ahí la necesidad, para estas poblaciones, de inventar formas de sobrevivencia, sometidas indirectamente al capital, como el autoempleo, el floreciente sector terciario y la inserción fluctuante en el mercado de trabajo. Es en función del mismo sistema que todo lo anterior se produce y surge. No se trata de formas precapitalistas de producción y de reproducción, sino de formas subcapitalistas. Lejos de suprimir o eliminar estas formas, el sistema de acumulación capitalista tiende a promoverlas y a asegurar su reproducción.

En cuanto formas de sobrevivencia, estas tienen un rol en el proceso de acumulación, ya que están mas o menos relacionadas con el bajo la forma de múltiples subcontratos, bajo una sumisión individual al capital comercial, como un aporte a la producción de la fuerza de trabajo, o como un medio que permite la sobrevivencia del "ejército de reserva", que tiene muy pocas posibilidades de ser utilizado en una relación de sumisión real, pero que sin embargo debe existir.

Todas estas formas de subsistencia activan la totalidad de los mecanismos sociales, comprendidas las relaciones de vecindad, las solidaridades grupales o familiares. Estas se manifiestan en una serie de actividades poco definidas, en el trabajo de mujeres y de niños, en los trueques e intercambios de todo genero, en las ventas de segunda mano, en la acumulación de deudas y también en la ayuda mutua, en las obras sociales y de caridad e incluso en las formas ilegales de sobrevivencia: el robo, la droga, la prostitución.

El rol del Estado en la reproducción de la fuerza de trabajo

¿Cual es el rol del Estado en estos procesos? En general, en las sociedades del Tercer Mundo, el Estado interviene poco en la reproducción simple o amplia de la fuerza de trabajo, salvo sobre la población directamente sometida al capital. Efectivamente, la legislación laboral y la de la seguridad social existente, aunque tengan un carácter muy limitado en comparación con las que existen en las sociedades de capitalismo avanzado, son las formas a través de las cuales el Estado interviene mas vigorosamente en la limitación de la explotación y la destrucción de la capacidad efectiva o potencial de la fuerza de trabajo.

Estas intervenciones son, sin embargo, muy frágiles, ya que las conquistas de la clase obrera son puestas en cuestión con facilidad, como lo prueban los ejemplos del Brasil, Argentina, Filipinas y de Nicaragua después de la victoria de la UNO. En ciertas sociedades recientemente salidas del colonialismo, la legislación social no ha alcanzado aun un mínimo nivel jurídico.

El Estado interviene igualmente en la organización de la enseñanza, de la salud, pero siempre de manera muy limitada, ya sea para favorecer a las clases burguesas y medias o a la clase obrera propiamente dicha. De hecho, no interviene prácticamente en la reproducción del sector de la sobrepoblación relativa, la que no vende directamente su fuerza de trabajo al capital. Tampoco interviene en la reproducción de los excluidos del mercado de trabajo, los desempleados, como lo demuestra el caso de Chile. Cuando se produce una disminución de la sumisión real, debido a una política de integración de la economía nacional al mercado mundial, se tiene como resultado un deterioro de los niveles de alimentación, salud, educación y transporte, como ya estamos viendo en Nicaragua.

¿Una aristocracia obrera?

La idea de la existencia de una "aristocracia obrera" proviene de una constatación de hecho, pero ligada a un análisis erróneo y muy a menudo ideológicamente orientado. Es cierto que existen diferencias objetivas entre los trabajadores sometidos realmente al capital y los que lo están formalmente o indirectamente; que la hay entre la intervención del Estado en la reproducción de los primeros y la intervención en la de los otros, entre los niveles de consumo sin duda muy bajos pero reales de los primeros frente y los de no consumo de los otros y en fin, entre la posibilidad o imposibilidad de acceso a ciertos servicios.

Es todo esto lo que ha dado pie a la idea de que la situación de la clase obrera sometida realmente al capital era privilegiada en relación con la del resto de la población urbana y, mas todavía, con respecto a la de la población rural. No obstante, el concepto se construye sobre una falsa interpretación de la realidad, ya que los trabajadores asalariados son objeto de la extracción directa de la plusvalía, es decir, de la explotación económica y están integrados muy a menudo de manera precaria en esta relación con el capital, en función de la lógica especifica de la acumulación. Además, en el plano de la protección social y en el de las posibilidades de consumo, la situación de estos trabajadores es, sin comparación, peor que la de los trabajadores del capitalismo avanzado. Finalmente, se puede decir que la idea de una aristocracia obrera funciona como un elemento ideológico en la lucha de clases, volviendo aun mas difícil la alianza entre los sectores oprimidos de la población.

La conciencia de clase

Podemos definir la conciencia de clase como la representación colectiva de la relación social de producción, ligada a la identificación afectiva a la clase, y que, formando modelos culturales, conduce a proyectos y a practicas de lucha de clases. Frente a la segmentación de la clase trabajadora y la heterogeneidad de la estructura social, además de los mecanismos sociales y políticos utilizados por las clases dominantes para asegurar la hegemonía, se puede uno preguntar por el grado de su conciencia de clase.

La compartimentación sectorial y la composición social de los trabajadores asalariados

La situación es ciertamente muy diversa según los sectores de la clase obrera directamente sometida al capital. El hecho mismo de que la sindicalización se efectúe generalmente por industria, y hasta por empresas, presenta un obstáculo a la organización a nivel nacional. Además, los sectores tradicionales de la producción están por lo general poco organizados. La tendencia se da en el sentido de comportamientos colectivos sectoriales, muy a menudo en antagonismos con otros sectores de la clase obrera.

En la India, por ejemplo, el poderoso sindicato de ferrocarriles, raramente es sostenido en sus reivindicaciones o en sus luchas sociales por los otros organismos obreros. Por otro lado, en las actividades industriales en donde se da un elevado nivel de trabajo femenino, generalmente ligadas a un reclutamiento exclusivo de mujeres jóvenes a las cuales se les interrumpe el contrato en el momento en que alcanzan los 30 años, la conciencia de clase tiene tendencia a ser muy débil.

La heterogeneidad del sector social no sometido al capital

Las formas de sumisión formal o indirecta al capital tienen importantes efectos en la conciencia social. Generalmente, estas promueven dos formas de conciencia enraizadas en las sociedades precapitalistas, pero renovadas e incluso recreadas en sus contenidos y que son mas visibles que la estructura real de las clases.

La casta en la sociedad hindú no actúa en nada o casi en nada, como relación de producción, sino como lugar de identidad cultural, base de solidaridad social y fuente de poder político. Se puede decir que la conciencia de casta sigue estando viva y que además presenta obstáculos al desarrollo de la conciencia de clase.

La religión es también una de las formas de expresión cultural que interviene en la construcción de la conciencia social. En las poblaciones urbanas, la religión es menos importante en tanto representación de la relación con la naturaleza, pero actúa como fuente de identificación y base de solidaridad, sobre todo en lugares en donde se encuentran diferentes grupos de religiones. A veces actúa como proyección de cambio en un futuro imaginario, como fue y es el caso de los movimientos milenaristas.

Por otro lado, crea un espacio simbólico de autoproducción cultural, el cual tiene un papel nada despreciable en la construcción del consenso. Esta es la realidad de las sectas o incluso de religiones nuevas en el Brasil, Africa del Sur y Corea del Sur, fenómeno en plena expansión en las poblaciones urbanas. La raza o la pertenencia étnica son otra importante fuente de la conciencia social y actúan de igual forma que la casta como base de la solidaridad e incluso, a veces, de la distribución del empleo. Así sucede en Malasia y mas claramente en Africa del Sur y en las poblaciones indígenas indoamericanas.

La "familia amplia" interviene igualmente como fuente de solidaridad basada en la pertenencia clánica y también como fuente de identificación. Este es en particular el caso de las sociedades africanas, aunque no sucede en ellas de manera exclusiva. Finalmente, en las grandes ciudades, especialmente en las de América Latina, el barrio sirve también de base social sobre la que se define una pertenencia, no en función de clase, sino en referencia a la esfera de la distribución del producto social y del consumo. Este es también el caso de las "urbes" en el Zaire.

En estos barrios, o en estas "urbes", se mezclan conjuntamente numerosas formas de sobrevivencia de poblaciones no sometidas directamente al capital, así como también una parte de la clase obrera propiamente dicha. Es evidente que esto influye igualmente sobre el nivel de conciencia social.

Todas estas formas de conciencia están en correspondencia con la sobrevivencia. Se trata de una relación dialéctica: puesto que son el producto de formas de sobrevivencia, constituyen también la base de un cierto consenso y se convierten, en consecuencia, en un factor de la reproducción de esas maneras de sobrevivir.

La migración

En ciertas regiones, la migración actúa igualmente como obstáculo a la aparición de una conciencia de clase. Las migraciones de Pakistán, Kerala o Sri Lanka hacia el Golfo, las de México o de Puerto Rico hacia los Estados Unidos, pasando, desde luego, por la gran inmigración europea de los años 60, así lo demuestran. La migración tiene como efecto sociocultural la creación del mito del triunfo material para una clase obrera que entra en el proceso de sumisión al capital, ya sea a partir de las artesanías o de un cierto nivel de calificación profesional cuando los obreros migrantes provienen de sectores industriales locales y pasan a otros en sociedades técnicas mas desarrolladas.

De hecho, estos trabajadores están realmente integrados en la sumisión al capital, pero escapan en el terreno al efecto de la conciencia de clase, ya que sus aspiraciones y sus practicas están fuertemente orientadas por el proyecto individual. Muy a menudo tienen el proyecto de regresar al país de origen con el fin de invertir en la construcción de casas o de procurarse otros bienes de consumo. Además, la diversidad de lenguas y de nacionalidades crea y mantiene solidaridades extrañas a la similitud de clase. Un efecto parecido se había dado ya en los momentos de las grandes migraciones a los Estados Unidos, en donde la conciencia de clase de los inmigrantes de la primera generación estuvo bloqueada por el hecho mismo de la migración.

Aspiraciones de movilidad social y de crecimiento económico caracterizaron los intereses de la segunda generación, el arribo constante de nuevos trabajadores, siempre dispuestos a aceptar las mas duras condiciones de explotación.

Estos trabajadores arrastran generalmente en su conciencia social orientada por el mito del triunfo material, no solamente la familia amplia sino también una parte del grupo local de origen. Esto constituye también un freno al desarrollo de una conciencia de clase en las sociedades de donde provienen.

La represión política y la lucha ideológica

Finalmente, a todos estos obstáculos es necesario agregar la supresión de los derechos sociales y políticos, la gran dificultad de organizarse colectivamente, todos los mecanismos de la lucha de contrainsurgencia en ciertas regiones, el anticomunismo basado en argumentos religiosos, étnicos y nacionales, ampliamente difundidos por los medios de comunicación de masas y que tienen un cierto eco en la cultura popular.

Son estos muchos de los obstáculos para el surgimiento y desarrollo de una conciencia de clase. Sin duda, estos no pueden ser analizados de manera exclusivamente lineal, pues tienen también sus contradicciones y pueden provocar efectos no previstos, los que indirectamente pueden a veces acelerar un proceso de toma de conciencia.

Las bases de la creación de la conciencia de clase

Indudablemente, la industrialización, que tiene como consecuencia la proletarización, sigue siendo la primera base de la construcción de una conciencia de clase. Esto se verifica en las sociedades capitalistas del Tercer Mundo. Sin embargo, no se pueden despreciar otros factores, a condición de resituarlos igualmente en una visión dialéctica. Así por ejemplo, la raza puede conducir a una conciencia de clase, como se puede ver actualmente en Africa del Sur. Los trabajadores negros perciben que la composición orgánica de clase se realiza sobre una base racial. Se produce así el paso de una conciencia de raza a una conciencia de clase, lo que permite desembocar en un verdadero movimiento revolucionario.

La religión puede ser también un elemento favorable, a condición que concluya en una ética mediatizada por una lectura de clase. En la actualidad, este es el caso en América Latina y en Filipinas, con el desarrollo de las comunidades de base, que aglutinan alrededor de objetivos religiosos a poblaciones pertenecientes a las clases subalternas. Por medio de la fe religiosa, estas clases descubren a la vez una identidad social que supera, sin negarlas, las diferencias tradicionales y que se construye partiendo de la opresión económica y política. Descubren también una motivación al compromiso social y político. El desarrollo de un pensamiento sistemático como el de la Teología de la Liberación ilustra esta realidad.

Finalmente, el barrio puede ser también el punto de partida de una nueva toma de conciencia cuando se analiza el Estado en términos de clase, como fue por ejemplo el caso de Tondo, barrio de Manila en Filipinas, o el de Soweto en Africa del Sur, o algunas experiencias ya maduras en el Movimiento Comunal de Nicaragua. No es necesario insistir en que tales transformaciones no se hacen solas y que exigen organizaciones políticas e intelectuales orgánicos para desencadenar una conciencia de clase y una accionó revolucionaria.

La conclusión nos conduce sobre todo a dos hipótesis y también a la constitución de la necesidad de una investigación mas sistemática para construir un pensamiento social y político con base en análisis rigurosos. Ciertamente, la industrialización se desarrolla en los países del Tercer Mundo, pero revela debilidades estructurales considerables, tanto en su relación con la economía mundial, dominada por el capital transnacional, como en la estructura interna de la economía y de las clases sociales.

Es probable que la actual revolución tecnológica de los países capitalistas avanzados aumente las dificultades de un desarrollo industrial autónomo. Lo mas que permitirá será un cierto crecimiento en los países que ya tienen una base industrial, especialmente a través de "empresas conjuntas" (joint-ventures). Parece, sin embargo, necesario llamar la atención sobre la importancia de los factores no económicos en la génesis de una conciencia de clase y en el desarrollo de los movimientos revolucionarios. Esta es una de las debilidades de la investigación y del pensamiento marxista contemporáneo. Si "la parte ideal de lo real", como lo dice Maurice Godelier, es del todo fundamental es necesario poder analizarla en el conjunto de sus mecanismos y de sus funciones.

El desarrollo de estrategias de alianzas de clase en la construcción de un proyecto revolucionario parece esencial cuando se analiza la situación de la estructura de clases y el estado de la conciencia de clase en los países capitalistas del Tercer Mundo. Evidentemente, una reflexión de esta naturaleza entra en contradicción con un pensamiento simplista sobre los procesos revolucionarios, como el que hemos encontrado a veces en ciertos movimientos, muy a menudo orientados por una pequeña burguesía que se ha apropiado del rol exclusivo de ser la vanguardia revolucionaria.

Sin embargo, una tal alianza no puede convertirse en una aceptación sin critica de cualquier proyecto llamado de "reconstrucción nacional", donde lo que se reconstruye es en primer lugar el poder de la burguesía del país o de la del exterior, como esta sucediendo hoy en Nicaragua. No se puede admitir tampoco una "reconciliación" que no sea otra cosa que aceptar la aniquilación progresiva de los logros de la revolución, como se verifica en campos tan diferentes como la organización de la economía, el seguro social, el código laboral, las fuerzas de seguridad, la educación, los medios de comunicación de masas o el arte. Buscar la paz y reconstruir el país no significa perder el espíritu critico y aceptar cualquier proyecto social.

Toda estrategia social o política de alcance popular no puede evitar el definirse dentro de una visión global, calculando los efectos del proyecto neoliberal sobre la composición misma de las clases sociales, sus medios de lucha social y sus propios niveles de conciencia. Solo así se puede formular un proyecto a largo y a corto plazo, y planificar acciones especificas y de conjunto, iniciativas que se correspondan a la micro-dimensión social y otras al macro-nivel nacional. Contribuir a la definición del cuadro global de la reflexión es el primer paso.

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