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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 116 | Junio 1991
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Internacional

Ya comenzó el siglo XXI: el Norte contra el Sur

En 1989 terminó realmente el siglo XX. Y el siglo XXI ya ha comenzado con la guerra del Norte contra el Sur, con la avalancha del Capital contra el Trabajo. Este es el texto de la ponencia presentada por Xabier Gorostiaga, sj en el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología. Celebrado en La Habana en mayo 91.

Xabier Gorostiaga

Un conjunto de reuniones y seminarios celebrados en América Latina y en el ámbito internacional en 1990-91 perfilan un diagnóstico común sobre el carácter de nuestra crisis, las tendencias dominantes y sus contratendencias, y un conjunto de propuestas alternativas sorprendentemente coincidentes, en un momento que aparecía dominado por la crisis de modelo, la crisis de teoría y la crisis de una visión alternativa de la sociedad y de la historia.

La profundidad y la rapidez de los cambios globales de la década de los 90 una coyuntura estratégica, por estar definiéndose a corto plazo la correlación de fuerzas internacionales que dominará el comienzo del siglo XXI. El carácter estructural de estos cambios y su globalidad tienen el sentido de una "cuarta onda larga" en los ciclos anunciados por el economista soviético Kondatrief. Por eso la coyuntura de la década de los 90 es estratégica.

En otro sistema de coordenadas también vivimos una encrucijada de cambios copernicanos, incluso superiores a lo que significó la coyuntura de 1914-1917. En 1914 comenzó con retraso el siglo XX con la gran confrontación entre el capitalismo y el socialismo. El siglo XX terminó en 1989 con la caída del muro de Berlín y el fin de la confrontación Este-Oeste. El siglo XXI ha comenzado ya con la confrontación Norte-Sur, Capital-Trabajo, que supone una nueva fase de la vieja confrontación, pero con parámetros cualitativamente nuevos.

1992 por otra parte es un año simbólico. No se puede celebrar el "descubrimiento" de América Latina, que ya tenía su propia identidad y civilización a la llegada de los españoles. Lo que ocurrió en 1492 fue el descubrimiento de la Historia Universal y el descubrimiento del mundo como totalidad. En la década de los 90 también la humanidad se descubre como un mundo, una unidad inseparable, una casa común vinculada a un destino común, producto de la revolución tecnológica, de la revolución de la informática, de las comunicaciones sociales, del transporte, y de la creciente conciencia del peligro de un suicidio colectivo por haber superado los límites que demanda la conservación de nuestro propio planeta.

Además de su simbolismo, 1992 representa un tremendo reto para el autodescubrimiento y la autoconstrucción de América Latina, superando el encubrimiento de estos 500 años. Este reto se da sin embargo en "los tiempos del cólera", lo que refleja la profundidad de la crisis económica y política de América Latina. En los tiempos del cólera estalla también el éxodo masivo de los kurdos, el desastre ecológico de Bangladesh, la amenaza de guerra civil en Yugoslavia y la desintegración de la Unión Soviética. La persistente y creciente hambruna de Africa supera en dramatismo a todo el conjunto de las otras tragedias humanas, en momentos en que se proclama irresponsablemente "l fin de la historia" y el "Nuevo Orden Mundial".

El carácter de globalidad, el carácter contradictorio y dialéctico de estos cambios estructurales es lo que pretendemos resaltar. Entre la esperanza y el desgaste, la impotencia y la cólera, la angustia y la rabia se debate la intelectualidad latinoamericana, mientras el pueblo se las ingenia para sobrevivir en una creciente lipidia.

Intentaremos desentrañar esta encrucijada de los 90 analizando en la primera parte las causas estructurales de la misma, en el marco más amplio de la reestructuración del capitalismo y del Nuevo Orden Mundial que se proclamó después de la Guerra del Golfo. En una segunda parte sopesaremos el impacto de estos cambios en América Latina y el Caribe, la propuesta de la Iniciativa para las Américas frente a la conformación de los megamercados trilaterales y la recesión norteamericana. Finalmente, indicaremos algunos rasgos de la dialéctica entre la democracia creciente y el sometimiento económico, ambos fenómenos causantes de una crisis de ingobernabilidad y desgaste político que afecta tanto a la izquierda como a la derecha latinoamericana.

La crisis de civilización exige un replanteamiento "desde abajo y desde adentro" y la búsqueda de alternativas frente a esta avalancha neoliberal. La última encíclica papal Centesimus Annus, en el centenario de la Rerum Novarum, refleja hasta dónde esta avalancha del Norte contra el Sur y del Capital contra el Trabajo ha superado límites que hasta muy recientemente habían sido considerados como un mal menor.

Los grandes cambios estructurales

Coincidimos con el historiador Paul Kennedy en que no ha existido en la historia de la humanidad un período en el que se dé tanta concentración, centralización e intensidad del capital en tan pocas naciones y en una población tan minoritaria. El Grupo de los Siete y el capitalismo central con unos 800 millones de habitantes, controlan y hegemonizan más poder económico, tecnológico, informático y militar que el resto de los aproximadamente 4,000 millones de personas que viven en Asia, Africa, Europa Oriental y América Latina, donde también una exclusiva minoría participa de las relaciones y estándar de vida del Norte. Esta concentración del capital corresponde al carácter de la nueva revolución tecnológica, donde el ciclo de acumulación del capital depende cada vez menos de la intensidad de los recursos naturales y del trabajo, e incluso de la intensidad del capital productivo, para concentrarse en una acumulación tecnológica basada en la intensidad del conocimiento. La concentración y centralización del conocimiento tecnológico es más intensa y monopólica que las otras formas de capital, aumentando la brecha entre el Norte y el Sur.

La repercusión de este fenómeno ha llevado a una desmaterialización creciente de la producción, donde cada vez se requieren menos materias primas por unidad de productos. (En el cuadro 1 se puede comprobar cómo en la producción japonesa se ha dado la reducción de un 33% del uso de materias primas en relación con el producto en los últimos 20 años).

Cuadro 1


Más significativo todavía es el ritmo acelerado de la desmaterialización, el cual se incrementó casi 6 veces, pasando de -0.6% anual entre 1965-76 a una reducción del uso de Materia Prima/Producto Industrial superior al -3% desde 1980.

El efecto de la desmaterialización se manifiesta en la tendencia a la caída de los precios reales de las 33 principales materias primas, la mayoría de ellas producto de exportación del Tercer Mundo. Este deterioro es más pronunciado también en los últimos años.

Por otro lado, la automatización y robotización de la producción provoca que el trabajo pierda valor relativo frente al capital, tanto en el Norte como en el Sur. Ambos procesos provocan un deterior permanente y estructural del valor relativo de las supuestamente consideradas ventajas comparativas del Sur en la producción y comercio mundial.

Estos fenómenos coinciden con una transnacionalización y globalización del sistema de producción, financiamiento y comercialización, que permite por primera vez la posibilidad e un mercado global. Un sistema de mercado del que no se puede prescindir ni marginarse, incluso aquellos países con más capacidad de autarquía.

La revolución biotecnológica refuerza esa relativa autonomía del conocimiento frente a condiciones climatológicas, genéticas y naturales, transformando las ventajas comparativas de la teoría clásica en forma definitiva.

Las nuevas áreas de expansión de los procesos de acumulación global para fin de siglo, como son el espacio, el mar y la energía quedan totalmente supeditadas al control del poder económico, tecnológico y militar, lo que provocará una mayor concentración y centralización y, por lo tanto, una mayor brecha y asimetría entre el Norte y el Sur.

La revolución en las telecomunicaciones, transporte e informática han producido innovaciones en la gestión y en el "management" que ha acilitado aún más las fusiones de capital y tecnología (mergers), donde las empresas privadas de América Latina y del sur han sido cada vez más incorporadas e insertas en forma dependiente a la lógica del capital central. La empresa nacional, tanto privada como estatal, cada vez queda más marginada y en posición asimétrica frente a la empresa transnacional, crecientemente aislada de la lógica del mercado interno y la lógica de sobrevivencia de las grandes mayorías pauperizadas.

Los países subdesarrollados, con un 75% de la población mundial, apenas alcanzan el 19% del PIB mundial, habiendo reducido su participación del 23% que alcanzaban hace una década. Su participación en el stock de inversión extranjera bajó de un 25.2% a un 16.9% lo que de nuevo refleja la globalidad del fenómeno. El cual es aún más grave si consideramos que en esa misma década las transferencias netas del Sur al Norte fueron el equivalente a 10 Planes Marshall. En el caso de América Latina, y según el más reciente informe de SELA, el mero servicio de la deuda fue un 80% superior a los montos de inversión extranjera. Si se incluyera el capital latinoamericano en el Norte, del orden de 160 mil millones y el deterioro de los términos de intercambio, de unos 100 mil millones, la debacle financiera y productiva de América Latina en la década de los 80 podría equiparse a los peores años de saqueo colonial.

A este fenómeno estructural lo hemos calificado como la avalancha del Norte contra el Sur y del Capital contra el trabajo. No ha existido en la historia, ni siquiera enla época colonial, una bipolarización tan extrema del mundo. Este es el carácter fundamental de los cambios estructurales del fin de siglo, al menos desde la percepción de los pueblos de América Latina y del Sur. La llamada "africanización" de América Latina es una realidad objetiva. En la década de los 80 América Latina disminuyó su participación en el mercado internacional de 7% a 4% el stock de inversión extranjera directa de 12.3% en 1980 a 5.8% en 1989, siendo la región del mundo con mayor retroceso, incluso mayor que Africa, que descendió de 2.4% a 1.9%.

No debe por tanto sorprender que la CEPAL reconozca que, en la misma década, el número de población en nivel de pobreza en América Latina haya ascendido de 112 a 184 millones de personas.

Cambios políticos globales

En los últimos años, cuatro hechos fundamentales están marcando las características políticas de los 90: el colapso del socialismo estatista y totalitario, la nueva unidad europea, la pérdida creciente de la hegemonía económica norteamericana y el nuevo papel de Japón y el Pacífico.

La crisis de Eruopa del Este

La profunda crisis de Europa del Este ha tenido dramáticas repercusiones globales, iniciando una nueva fase histórica con el Fin de la Guerra Fría. Desde el Tercer Mundo, la evaluación de estos cambios es muy compleja. En primer lugar, la pregunta desde la experiencia latinoamericana es si realmente hubo socialismo en Europa del Este. Es decir, socialismo entendido como sistema alternativo social, económico y político al sistema capitalista.

El debate latinoamericano alternativo en la Unión Soviética posiblemente no superó el período de los soviets hasta 1923-1924. Posteriormente, la Unión Soviética se volvió una alternativa militar frente a la amenaza nazi y después de la derrota de los nazis, una alternativa militar frente a la amenaza de la guerra termonuclear. La mayoría de los países de Europa del Este nunca tuvieron un socialismo original, sino una alianza militar defensiva e impuesta en torno a la Unión Soviética. El impacto negativo de este estilo de socialismo militar y estatista fue grande en América Latina. El dogmatismo, verticalismo y estatismo de la experiencia del Este europeo afectó a todos los partidos comunistas y a la mayoría de la izquierda latinoamericana. Por otro lado, sin embargo, el bloque socialista sirvió como un balance que permitía un espacio geopolítico y una retaguardia de apoyo para los cambios en el Sur.

El colapso de Europa del Este supone una pérdida de paradigma, de balance económico y geopolítico, pero a la vez un nuevo espacio ideológico y práctico para abrir nuevas experiencias, tanto políticas como económicas en un mundo que tiende a buscar la superación de los conflictos a través de la negociación, el derecho internacional, nuevas normas de convivencia que profundicen la democracia en las relaciones globales tanto económicas como políticas.

El "espejismo de Occidente" puede opacarse prontamente en algunos países el Este, como en la antigua RDA y en Polonia, ante la vorágine de un mercado que no respeta hábitos, ni se preocupa por consecuencias sociales, ni por la cultura y la identidad nacional. La mayor parte de Europa del Este camina hacia una latinoamericanización veloz, pudiendo convertirse en un área de recursos naturales y de mano de obra barata para el desarrollo de Europa y del Norte. La URSS enfrenta posiblemente mayores retos ante la amenaza de la desintegración de la federación y también de un golpe militar o formas de fascismo populista.

En los próximos años, Europa del Este absorberá la atención política y la mayor parte de los recursos disponibles en Europa, afectando política y económicamente la atención que el Sur requiere. El impacto de los cambios en Europa del Este, sin embargo, puede ser muy distinto para el Sur a mediano y largo plazo que lo que lo ha sido en el corto plazo de esta breve experiencia. La relación directa entre el Sur y el ex-Este, transformado por la crisis a nivel de sus sociedades civiles, puede convertirse a mediano plazo e una de las fuentes de creatividad y complementariedad a niel mundial. Para ello habrá qu superar la compleja situación y el actual aislamiento de ambas sociedades civiles.

La unidad de Europa

La unidad europea hegemonizada por la unificación alemana ha cambiado la correlación de fuerzas internacionales. De Yalta a Malta, de febrero de 1945 a diciembre de 1989, en menos de medio siglo, el mundo ha sufrido transformaciones que históricamente hubiesen requerido varias centurias, tanto en lo ideológico, como en lo político, en lo económico y por primera vez, desgraciadamente, en lo ecológico. Una Europa Unida podrá convertirse en el eje productivo, financiero y comercial del mundo, junto con Japón y el Pacífico, dejando en una situación cada vez más disminuida a Estados Unidos, provocando un nuevo reparto de las esferas de influencia. Se abre, por tanto la posibilidad para los países del Sur de aprovechar los nuevos espacios y contradicciones del sistema.

La pérdida de hegemonía económica de Estados Unidos

La pérdida de hegemonía económica norteamericana es un fenómeno coincidente con el debilitamiento y colapso del sistema de Europa del Este, la unidad europea y la emergencia de Japón y el Pacífico. La pérdida de hegemonía de Estados Unidos tiene evidentemente raíces económicas, por su incapacidad de superar los déficits fiscales y comerciales, por su gigantesco presupuesto militar, al basar el crecimiento de la última década en un endeudamiento vertiginoso que ha transformado al único país que tenía el privilegio de tener una moneda nacional como reserva internacional, en el país más endeudado del globo. En estas condiciones resulta difícil evitar una recesión sin un flujo masivo anual neto de más de 100 mil millones de dólares.

La pérdida de competitividad tecnológica y de productividad no permiten mantener una hegemonía política sino es basándose fundamentalmente en un poder militar, lo que exige un presupuesto de defensa de aproximadamente 300 mil millones de dólares anuales y en el poder ideológico con el que controlar las dos terceras partes de todas las imágenes producidas en el mundo. La inestabilidad financiera manifestada en octubre/88 y más recientemente en la crisis financiera de las instituciones de ahorro y crédito, y en el deterioro creciente de la infraestructura productiva y social del país, indican que la deuda, los déficits y el presupuesto militar no son sostenibles por más tiempo en estas condiciones. La crisis del Golfo podría alterar temporalmente la recesión norteamericana y el balance político mundial, pero sin cambiar las tendencias estructurales aquí señaladas.

La emergencia de Japón y del Sureste asiático

Japón y el Sureste asiático emergen en esta era como un poder industrial, financiero y tecnológico determinante al final del siglo. Sin embargo, Japón, gigante económico, se presenta como un pigmeo político. La diplomacia de Japón no ha sido capaz todavía de jugar un papel correspondiente a su poder económico. La política exterior de Japón sigue siendo un "misterio oriental" para América Latina.

Desde América Latina y desde el Sur se percibe a Japón, su historia, su cultura, su raza y su religión en forma diferente a como lo percibe el Norte. Los japoneses no son blancos, no son occidentales y no son cristianos. Pero las fuerzas estructurales del mercado y de las instituciones del Grupo de los Siete tienden a asimilar a Japón con el Norte, aumentando de esta forma la avalancha del Norte contra el Sur y del Capital contra el Trabajo.

Un neo-trilateralismo y el multilateralismo

Entre tres grandes bloques conforman un neo-trilateralismo hegemonizado por el Grupo de los Siete, con un conjunto de instituciones mundiales organizadas bajo su hegemonía y control (FMI y Banco Mundial). La propia Organización de las Naciones Unidas, con su dependencia financiera y el poder de veto de las potencias en el Consejo de Seguridad mantiene un esquema originado en la Guerra Fría, donde la mayoría de los países no pueden beneficiarse de una participación equitativa y democrática.

La amenaza que confrontan los países del Sur se ve alimentada por la alianza de intereses geo-económicos de los países del Grupo de los siete, incapaces de atender y entender las particularidades culturales, religiosas y nacionales de los múltiples pueblos del Sur, que se sumergen en un fenómeno de creciente pobreza y marginación. La propuesta que se ofrece, desde el Norte es la integración a esta "cultura de mercado", con una liberalización del comercio, de las finanzas, con la privatización de la economía reduciendo el espacio de autonomía de los estados, asumiendo que las fuerzas del mercado son capaces de superar la pobreza y lograr la estabilidad política y democrática de un mundo cada vez más unificado.

El multipolarismo de la realidad de fin de siglo es ambiguo. Aunque ofrece nuevos espacios y posibilidades de diversificación si se utilizan los márgenes de maniobra que los intereses diferentes y contradictorios entre los tres grandes bloques permiten, sólo una vinculación interdependiente de los intereses del Sur pudiera crear una capacidad de negociación y acción significativas como para incidir con eficacia en esta década.

Vivimos una crisis de civilización

Hace 500 años el mundo de descubrió - se conoció - como una unidad geográfica e histórica. El mundo se descubre y conoce en 1992 como una entidad inseparable, aunque dramáticamente dividida. El Norte trilateral, articulado en torno al Grupo de los Siete, aumenta la concentración y centralización del poder en todas sus formas. La reestructuración del sistema capitalista tiende actualmente a reforzar esa polarización y asimetría al faltarle el contrapeso que ofrecía el bloque de los países socialistas del Este. Nunca antes en la historia, ni en los tiempos de la colonia, ni en las guerras mundiales, ni en la bipolarización de la Guerra Fría entre el Este y el Oeste, la división del mundo entre los que tienen el poder (militar, tecnológico, financiero, informático, administrativo) y los que carecen y dependen de ese poder ha sido tan asimétrica.

La división del mundo, unido sin embargo, por primera vez, entre el Norte de los pocos con muchos y el Sur de los muchos con poco, se transforma en el eje y carácter de la actual crisis del fin de siglo. Ciertamente, la calificación Norte y Sur simplifica el problema mundial, pero permite resaltar la contradicción dominante en momentos en que hablar de Tercer Mundo ha perdido sentido con la desaparición del Segundo Mundo.

En estas condiciones, el modelo de sociedad al que lleva el estilo de civilización de los países del Norte es un modelo de sociedad no universalizable. El estilo de desarrollo y el modelo de ida de los países del Note no es extendible a toda la humanidad, por tener límites ecológicos, poblacionales y por ser estructuralmente contradictorio. Contradictorio entre los requerimientos de la acumulación progresiva que exige ese modelo, con la concentración creciente del capital, la tecnología y el poder en el Norte, y la exclusión de las mayorías del Sur, que exige no sólo la sobrevivencia, sino la participación y un niel de vida humana que permita la democracia y la paz.

Es revelador que precisamente cuando se anuncia el "fin de la historia" y el triunfo del sistema capitalista occidental, el Banco Mundial publique el Informe sobre el Desarrollo Mundial 1990, planteando la pobreza como "la cuestión más apremiante de la década. El fenómeno de los mil millones de personas con un per cápita menor de 370 dólares al año no es solamente vergonzoso. Es insostenible.

Esta crisis no es sólo de distribución y equidad, es una crisis de valores y de destino para la humanidad. Por eso puede calificarse como una crisis de civilización. La sociedad mundial no es ni estable ni sostenible en estas condiciones. La democracia y sus demandas son irrealizables para la mayoría de la población del mundo, lo que tiende a provocar una ingobernabilidad creciente. Huntington, el ideólogo de la Comisión Trilateral en la década de los 70, calificó como una amenaza el incremento de las demandas producido por la democratización en el Tercer Mundo. La urgencia de reducir y de "tutelar" la democracia de las grandes mayorías en el Sur se vuelve hoy una necesidad imperiosa si el Norte quiere mantener los privilegios que disfruta. Lo que hemos calificado como Democracia de Baja Intensidad para América Latina es un producto más estructural que coyuntural, proveniente de la incapacidad de nuestra base material de sostener incluso estos incipientes procesos de democratización.

Para legitimar esta situación se percibe un intento de ideologización de la confrontación Norte-Sur, presentando al Sur como el nuevo enemigo, como la amenaza que sustituye al desaparecido "imperio del mal". El Sur se presenta como el "tugurio del mal", un lugar peligroso para la estabilidad ciudadana del Norte, de donde provienen las amenazas de la droga, la invasión de la migración, la inestabilidad política y los conflictos regionales.

La objetiva brecha estructural entre el Norte y el Sur se amplifica con la ideologización subjetiva, que tiene profundos rasgos racistas. En vez de enfrentar las causas de la crisis se busca en sus efectos la responsabilidad de la misma.

América Latina: la cosecha de los 80

La llamada "década perdida" es una década compleja dialéctica. Indudablemente que la capacidad competitiva de América Latina en los 90 es sustancialmente menor que en los 80. Las pérdidas en el comercio exterior, en la participación de la inversión extranjera, en la profunda descapitalización y desinversión tanto productiva como social, y los demás índices suficientemente conocidos de la "década perdida", indican un profundo y estructural deterioro económico de América Latina. Robert MacNamara sintetizó esa percepción con una afirmación rotunda: "Latin America no business". No somos negocio. Posiblemente, sólo México, Chile, y en cierta forma Brasil, Colombia y Venezuela ofrecen un panorama más atractivo para el capital. La aparición del cólera "en los tiempos del ajuste" simboliza esta creciente "africanización" y marginación económica de América Latina.

Por otro lado, la marginación política es también evidente ante la conflictividad del Medio Orienta y de los intereses estratégicos allí involucrados, y ante la creciente desintegración de la Unión Soviética, por la tensión en las diferentes nacionalidades. El propio Gorvachov mencionó la amenaza de a desintegración en su viaje a Japón en abril y la amenaza del retorno de la Guerra Fría a mediados de mayo. La "década perdida" sin embargo es mucho más compleja. La sociedad latinoamericana es cualitativamente diferente de lo que fue al inicio de los 80.

La "década perdida" coincide y es en parte causa de la "explosión de la democracia latinoamericana" en los 80. La democratización a través de los procesos electorales no es más que un reflejo de una democracia radical y profunda que se ha ido consolidando en forma creciente sobre los diversos ámbitos de la sociedad civil. Décadas de lucha contra las oligarquías, las dictaduras y el militarismo han ido cuajando en una revolución de la sociedad civil. Como manifestaron en abril/91 los representantes de los partidos políticos latinoamericanos en Viena: "La incipiente democracia electoral en muchos países se manifiesta en la democracia representativa, que tiende a convertirse, por la presión democrática y constitucional de las mayorías, en una auténtica democracia participativa.

Este despertar de la sociedad civil latinoamericana en los tiempos del cólera responde a un proceso continuo que logra ir superando las limitaciones y la falta de credibilidad en las elecciones, que se manifiesta en un alto abstencionismo en los procesos electorales.

Esta compleja dialéctica de la crisis económica de la "década perdida" y la revolución de la sociedad civil aparece como el carácter de la década de los 80. La participación democrática de las mayorías organizadas y movilizadas en sus propias instituciones civiles, han creado nuevos sujetos históricos que proponen y demandan su participación en la economía, política, cultura y religión.

Esta dinámica de la sociedad civil, tiene obviamente notables excepciones, como Guatemala, Argentina, Panamá y Perú. La cultura del terror impuesta por la represión militar en los dos primeros casos, la ocupación militar norteamericana de Panamá y el colapso económico en el país andino explica la disgregación de la sociedad civil en estas naciones.

Esta dinámica contradictoria provoca un fenómeno de ingobernabilidad, donde las demandas que nacen como producto del avance de la democracia no encuentran una base material de sustento. Esta ingobernabilidad se manifiesta en el rápido desgaste del liderazgo político neoliberal que controla la mayoría de las democracias electorales desde la segunda mitad de los 80. Los casos de Menem, Collor de Melo, Fujimori, Cristiani y Callejas no son más que ejemplos de un amplio fenómeno que se manifiesta en toda su patética crudeza en la ingobernabilidad de Panamá y Nicaragua. En ambos países el proyecto pro-norteamericano y neoliberal no consiguió estabilizar políticamente al país ni reactivar la economía, provocando un claro desgaste político e incluso profundas divisiones en ambos gobiernos y una aparentemente sorpresiva incapacidad financiera de Estados Unidos para apoyar dos gobiernos que podrían haberse convertido en un show case en una "vitrina" para mostrar las maravillas de la política norteamericana.

La ingobernabilidad está provocando, por una parte, una sociedad de mendigos y delincuentes, de descamisados y de lumpen que buscan la sobrevivencia individual a cualquier costo. Esta masa desorganizada es uno de los nuevos temas que desafían los proyectos alternativos en América Latina. Una masa fácilmente cooptable por religiones escapistas, por la droga, por la migración creciente hacia el exterior o por un ultraizquierdismo violento desconectado de propuestas alternativas y viables, que incluso confrontan a los grupos organizados y a los partidos con propuestas alternativas de sociedad. En esta encrucijada de fin de silo se presentan dos proyectos contradictorios para el continente, que son más bien dos procesos y dos visiones antagónicas sobre el futuro de América Latina.

La deuda, el ajuste neoliberal y la Iniciativa para las Américas

La continuidad de la crisis de la deuda, el proceso de ajustes estructurales y la nueva propuesta de Bush para el continente permiten visualizar un proyecto de reestructuración del capitalismo latinoamericano, para la nueva inserción internacional del continente, en el que se establece el papel que América Latina debe tener en el Nuevo Orden Mundial que Bush y Baker proclamaron en el 'momento definitorio" de la Guerra del Golfo.

En aquella ocasión, el presidente Bush afirmó ante el Congreso: "No hay sustitutos para el liderazgo americano en el mundo". Y el Secretario de Estado declaró ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso: "Quedamos nosotros (We remain). Permanecemos como la única nación que tiene voluntad política, los instrumentos militares y económicos a nuestra disposición para controlar la ilegalidad que está dominando en ciertas áreas del mundo. El mundo se ha convertido en un lugar peligros y nosotros necesitamos capacidad global. Somos la única superpotencia que permanece".

La deuda ha sido el instrumento financiero que sustituyó a la inversión directa en la década de los 70 como mecanismo de extracción de transferencias netas de América Latina. A la vez, mecanismo de sometimiento del estado, y de la desnacionalización, incluso de la empresa privada latinoamericana. Los conatos de América Latina por enfrentarse individualmente al pago de la deuda no consiguieron, a pesar de los diversos intentos de declaración de moratoria, lograr una negociación equitativa de la deuda. El Fondo Monetario, el Banco Mundial, la AID y más recientemente el BID, sirviéndose de las obligaciones de la deuda consiguieron crear condicionalidades cruzadas sobre los estados y las empresas nacionales, de forma que las políticas de ajuste vinculadas a estas condicionalidades sobreimpuestas han provocado un grae debilitamiento en la capacidad negociadora de América Latina. En este proceso debe entenderse la Iniciativa para las Américas que el Presidente Bush anunció en julio de 1990.

La propia Secretaría Ejecutiva del SELA, en su reciente y positivamente ponderado análisis sobre la Iniciativa de Bush (abril 91) afirma: "La Iniciativa para las Américas no propone una estrategia para el desarrollo de la región, sino que constituye un mecanismo para acelerar las reformas económicas en curso, cuyos elementos principales han sido promovidos desde los organismos financieros multilaterales, con el apoyo del gobierno norteamericano... Responde a necesidades económicas y estratégicas concretas de los Estados Unidos". El SELA propone por esto la búsqueda de elementos que permitan alcanzar beneficios mutuos dentro de una identificación de los intereses mutuos que logren una auténtica asociación (partnership), lo cual exige definir las reglas del juego y criterios de entendimiento con Estados Unidos.

Mantenemos la tesis de que la Iniciativa de Bush es producto de la necesidad de reajuste macroeconómico de la economía norteamericana debido a su profunda recesión y a su falta de competitividad internacional. Estados Unidos necesita la creación de un megamercado continental para enfrentarse a la Europa unida y a su nueva zona de influencia económica y política en Europa del Este y al megamercado de Japón y de Sureste Asiático.

La ampliación de un mercado libre desde Alaska a la Patagonia permitiría a Estados Unidos compartir los costos de su propio ajuste con Canadá y América Latina, al mismo tiempo que aumentar el poder de negociación frente a los acuerdos comerciales globales que se debaten en la Ronda Uruguay. ante el posible fracaso de estos acuerdos comerciales, Estados Unidos necesita ampliar su capacidad competitiva para enfrentarse a acuerdos comerciales, bilaterales y multilaterales con Europa y el Japón.

La deuda, el comercio y la inversión, los tres pilares de la Iniciativa para las Américas llevan consigo estricto criterios de condicionalidad que el presidente Bush ha enfatizado insistentemente. El documento ya mencionado del SELA afirma: "En todos los asuntos relativos a la deuda, la condicionalidad derivada de la vinculación con la reforma económica constituye un requisito esencial". Pensamos que este criterio se aplicará también a los asuntos comerciales y a la inversión. Esto ya es evidente en relación con los mecanismos de mercado que no han sido aplicados para la reducción de la deuda, al no aceptarse las cotizaciones en el mercado secundario. En la misma lógica, las condiciones para la incorporación de la inversión norteamericana en América Latina estarán vinculadas a la aceptación de las condicionalidades de la deuda y del uso no recíproco y asimétrico del mercado que nunca se extenderá al flujo libre de la mano de obra entre Estados Unidos y América Latina, ni siquiera en el caso de México.

Partimos del presupuesto de que la Iniciativa debe analizarse en primer lugar, desde la recesión y necesidad de un ajuste macroeconómico en Estados Unidos. La Iniciativa permitiría a Estados Unidos enfrentarse en mejores condiciones a su endeudamiento estructural, a su pérdida de competitividad internacional, a la expansión de su mercado hacia una zona de influencia privilegiada para acrecentar su seguridad estratégica y el autoabastecimiento continental de recursos naturales, especialmente petróleo, para poder mantener su hegemonía geoestratégica en base a una competitividad geoeconómica de la que actualmente carece.

La deuda total de Estados Unidos, que se presenta en el siguiente cuadro, refleja que la economía norteamericnaa es en buena medida una economía ficticia, dependiendo de transferencia internacionales superiores a los 100 mil millones de dólares y a un endeudamiento progresivo, tanto del estado como de las empresas y de los consumidores.

Cuadro 2


En una sola década, Estados Unidos pasó de ser el mayor acreedor internacional a ser el mayor deudor internacional duplicando casi el presupuesto que requiere el servicio de esta deuda (de 13 a 20%) y reduciendo casi en la mitad del ahorro del país (de 7 a 4%). Esta situación es absolutamente inestable. Estados Unidos no puede seguir consumiendo el 25% del cual es importado. No puede seguir manteniendo unos impuestos sobre la gasolina que son 6 veces inferiores a los de Japón, Alemania, Italia, Francia, etc. Si Estados Unidos aumentase el impuesto de la gasolina al nivel de sus competidores económicos podría obtener un ingreso adicional de 180 mil millones de dólares anuales. Este derroche de energía explica la firme decisión de embarcarse en una operación militar en el Golfo.

A pesar de ese subsidio energético, la productividad norteamericana, medida en términos de PIB pér capita, era en 1988 la cuarta entre la de las 22 naciones más industrializadas. La tendencia es que llegue a ocupar el lugar 13 en el año 2,020. La razón fundamental del declive de la productividad norteamericana es que su tasa de ahorro es la mitad de la de sus competidores industriales y una cuarta parte de la del Japón. Esta reducción del ahorro norteamericano contradice además una premisa fundamental de la política neoliberal, que mantiene que la concentración del ingreso permite el aumento del ahorro y la inversión. En Estados Unidos, la concentración del ingreso en el 10% de los más ricos aumentó en 4% desde 1980 a 1990, subiendo su proporción al 27% del PIB. En esa misma década, sin embargo, el ahorro decreció de 7 a 4%. Por otro lado, el sistema impositivo norteamericano no ayuda a corregir esa deficiencia, pues el peso tributario es un 55% del promedio del de los otros países industriales.

Por otro lado, el gasto militar en Estados Unidos, en relación con estos países industriales, es 4 veces superior como porcentaje del PIB, al mismo tiempo que su gasto en actividades no militares, como infraestructura e inversión social, es 45% más bajo que el de los otros países industriales. Estos datos están tomados de un "test" a la responsabilidad ciudadana de Estados Unidos hecho por el Profesor William M. Kaula, de la Universidad de California y publicado por The New York Times y Herald Tribune el 12 de marzo de 1991.

La pérdida de competitividad de Estados Unidos a nivel internacional es también notable. En el cuadro 3 se percibe el declive en la misma década de casi un 50% en las áreas punta de tecnología norteamericana, en fibras ópticas, conductores y maquinaria agrícola, al tiempo que su dependencia petrolera se triplica en esa misma década. En 1990 Estados Unidos mantiene un liderazgo tecnológico en reducidas áreas, en especial la biotecnología y el diseño industrial.

Cuadro 3


Esta pérdida de competitividad corresponde a una reducción en la tasa de inversión, en los fondos dedicados a la investigación, en la productividad, en los gastos en infraestructura, e incluso en la pérdida de su propio mercado interno, que mantiene una propensión creciente a aumentar las importaciones. El consumidor norteamericano comienza a desconfiar de sus productos, en relación con la tecnología y el diseño de productos japoneses y europeos. La falta de confianza del cosumidor estadounidense ha llegado a su punto más bajo desde 1980m con una tasa de confianza del 54% en relación a la que tenía hace una década. Esta falta de confianza ha comenzado a tener repercusiones internacionales. Japón ha retirado en 1990 más de 30 mil millones de dólares del mercado norteamericano. Por otro lado, la recesión prolongada ha provocado un aumento del número de los pobres, que supera los 30 millones de norteamericanos.

El mantener un tan alto presupuesto militar y el que dos terceras partes de los fondos dedicados a investigación se dediquen a la alta tecnología militar, aumenta la brecha de competitividad con la tecnología civil, sobre todo con la de Japón y la de Alemania, que no tienen tantos gastos en tecnología militar.

Este análisis pudiera extenderse con otros datos que indican la irrenunciable necesidad de un ajuste estructural de la economía de Estados Unidos. El tema ha llevado a grandes debates en el Congreso, e incluso a que el Presidente Bush tuviese que romper con su principal promesa electoral de no aumentar los impuestos. Estados Unidos necesita un ajuste incluso más estricto que el requerido en América Latina. Además, las distorsiones de la economía norteamericana tienen un impacto multiplicador en los mercados financieros mundiales, en las tasas de interés y en las fluctuaciones y especulación en la bolsa de valores. Sin embargo, los organismos internacionales establecidos para garantizar la estabilidad financiera mundial no son capaces de enfrentarse a una de las distorsiones más fundamentales de la economía moderna.

Para América Latina, tener un vecino y su principal mercado en una recesión estructural y con unos desbalances tan grandes como los señalados implica tener un factor desestabilizador permanente en sus propias economías. La iniciativa para las Américas no puede analizarse fuera del contexto de la necesidad de reajuste de la economía norteamericana y de la urgencia de aumentar su competitividad geoeconómica frente a los megamercados de Europa y Japón.

Aquellos latinoamericanos que consideran que la Iniciativa pudiera ser un factor de crecimiento y estabilidad, como el motor de crecimiento que fue la economía norteamericana en los 60, cuando Estados Unidos era el país líder en inversión, tecnología y productividad, deben repensar la relación con Estados Unidos en un marco muy diferente.

Por otro lado la monopolaridad militar de Estados Unidos, frente a una multipolaridad económica donde Estados Unidos mantiene una posición de debilidad creciente no conduce a una situación de estabilidad. Como mantiene el profesor Paul Kennedy, los imperios en declive tienden a ser más beligerantes en términos militares para compensar su debilidad económica.

Alternativas frente a la Iniciativa para las Américas

Frente a la Iniciativa para las Américas se pueden presentar tres alternativas para América Latina:

1) Negociar mejores términos con la Iniciativa superando la falta de reciprocidad y la asimetría que el análisis del SELA presenta con claridad. Este posición considera que la Iniciativa es la única tabla de salvación ante la crisis económica de América Latina.

2) Fortalecer los mecanismos de la integración sub-regional de América Latina, integrándose el continente pro sub-regiones (Merco-Sur, Pacto Andino y Centroamérica-Caribe con una relación especial con México, Colombia y Venezuela). Esta integración latinoamericana permitiría una complementariedad para enfrentarse al mercado norteamericano y canadiense. Esta segunda alternativa pretende obtener los resultados más positivos de la Iniciativa, diversificando la vinculación a través de la integración de América Latina y abriéndose a nuevas relaciones con la Europa unida y con el Pacífico.

3) Hacer sugir una visión y propuesta de sociedad latinoamericana alternativa. Se pretende aquí resolver las causas de la crisis económica y responder a las demandas acumuladas en la sociedad civil emergente. Se busca crear la base material para el mantenimiento y profundización de una democracia participativa. Se parte, por tanto, de una visión propia de sociedad, desde lo que se ha llamado la "lógica de las mayorías", que busca cómo superar las tres explotaciones históricas del trabajo, de la naturaleza y de la soberanía. La crisis de civilización deshumaniza tanto a los vencedores como a los vencidos en el mercado y por tanto, exige recomponer equidad y simetría, incluso para que el mercado pueda ser genuinamente libre.

Esta alternativa pretende reforzar las propuestas latinoamericanas de la segunda propuesta. Esta visión y propuesta implica un mediano y largo plazo. Para los 90 lo más viable es avanzar y profundizar la integración y diversificación latinoamericana en un marco de reciprocidad y simetría. Sin embargo, también un pragmatismo audaz exige tener una visión de la sociedad que vaya más allá de los marcos del mercado. La agenda latinoamericana no puede reducirse a la agenda de la Iniciativa para las Américas.

Esta alternativa implica algunos prioridades estratégicas:

1) Una estrategia de sobrevivencia y de tecnología apropiada en base a las experiencias acumuladas en la economía popular latinoamericana donde mal sobrevive la mayoría de la población.

2) Una fuerte inversión en capital humano, haciendo de los pobres agentes productivos que superen su propia pobreza. En términos clásicos sería lo que Adam Smith llama "the wealth of the nation" (la riqueza de la nación).

3) El reconocimiento de la producción local y comarcal como el espacio económico de las grandes mayorías latinoamericanas, que deben ser integradas al espacio del mercado interno y extendidas a proyectos sub-regionales para poder garantizar la autosuficiencia alimentaria y las exportaciones competitivas de los sectores populares en el mercado internacional.

4) Una conexión selectiva con el mercado internacional y no una apertura absoluta. Esto, hasta que se hayan logrado condiciones de mayor simetría y competitividad.

5) Políticas especiales para el sector informal, tanto urbano como campesino que permitan crear un mercado interno con demanda efectiva capaz de incentivar la agroindustrialización y manufactura. Sin la incorporación de los sectores más informales, la industria nacional será elitista y absolutamente dependiente de su contraparte transnacional. Esto exige la regionalización de esta propuesta a nivel latinoamericano.

6) Ir haciendo cada vez más innecesario el Estado - que es una entidad ambigua pero imprescindible en las etapas iniciales -, al traspasar a la sociedad civil y descentralizar el poder del estado en las instituciones civiles. Usar el estado como creador del marco social que fortalezca el crecimiento de las mismas organizaciones populares y de sus propias instituciones, a la vez que establece la capacidad negociadora a nivel regional e internacional.

7) La internacionalización del trabajo, de la tecnología de las instituciones y del financiamiento de las organizaciones populares, exigida por la transnacionalización de capital en el mercado mundial. Esto implica que las propuestas económicas alternativas busquen la internacionalización de estas experiencias para lograr la democratización del mercado a nivel nacional, latinoamericano y mundial.

La alternativa popular parte del presupuesto de que un mercado monopólico produce un proceso de "darwinismo económico", asimétrico, donde el balance estatal desaparece, dado que el mercado sustituye progresivamente al estado y los más débiles son absorbidos por la concentración del capital.

8) La democratizaión de las instituciones internacionales, en especial el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID, fundamental para establecer la equidad en las relaciones internacionales. Las instituciones internacionales funcionan actualmente como "bandera de convivencia" del capital trasnacional y del Grupo de los Siete. Son instituciones que nacieron en la Guerra Fría y mantienen ese clima, que responden a los intereses del Norte y que necesitan la democratización del poder detro de las mismas.

La red internacional de los ONGs pudiera cumplir un papel importante en la democratización de estas instituciones internacionales, abriendo un espacio a la representatividad del Sur en todas ellas.

El análisis de la experiencia de México y también de la Canadá puede ser muy ilustrativa para el resto de América Latina.

Las primeras evaluaciones indican que el fast track, la negociación rápida, no está permitiendo a México negociar en términos de equidad, reciprocidad y simetría. Además, el tratado de libre comercio es fundamentalmente un tratado de libre inversión con plenas garantías supranacionales, es decir no sometidas a los cambios jurídicos que potencialmente podrían darse en México en un futuro. De esta forma se ev itan los controles en Estados Unidos y los controles en México, al tiempo qu la abundante y barata mano de obra mexicana reduce la capacidad de negociación del sector trabajo en Estados Unidos.

El pacto social que permitió la estabilidad política en México después de la Revolución se ha roto con el último fraude electoral que llevó al poder a Salinas de Gortari y con las políticas del gobierno de Salinas, que han implicado que los salarios se hayan reducido de ser un 40% del PIB en 1976, a ser un 23% en 1990. La sobreexplotación del trabajo, de la naturaleza y de la soberanía en el marco de un llamado "mercado libre" puede ser lo que termine imponiéndose en todo el continente si no se consigue el balance que se propone en la segunda y tercera alternativa.

La revolución de la sociedad civil

Colón sabía a dónde había llegado al "descubrir" América Latina. Este malentendido fundacional persiste a los 500 años. La llamada "década perdida" encubre, no permite descubrir la realidad actual de América Latina.

La ingobernabilidad que caracteriza la crisis de los 90 implica la falta de una base material para la emergencia e irrupción de la sociedad civil a través de innumerables formas organizativas de las masas y de la emergencia de nuevos sujetos históricos. Intentaremos sintetizar algunos rasgos dominantes de esta nueva sociedad civil cuya explosión ha quedado encubierta otra vez bajo la realidad económica de la "década perdida" y bajo la cínica proclamación del "fin de la historia".

La mayoría de las sociedades latinoamericanas son en los 90 cualitativamente diferentes. Se han superado los viejos modelos oligárquicos, dictatoriales y militares. Un amplio proceso de desmilitarización se está dando incluso en las áreas de mayor conflicto bélico, como Centroamérica. En la mayoría de América Latina los militares están progresivamente sometiéndose al control civil. Los gobiernos autoritarios y las dictaduras militares se han abierto ante las presiones de la sociedad civil, dando paso a procesos electorales y a democracias, aunque éstas sean todavía tuteladas y restringidas.

Sin embargo, el estancamiento, la dependencia y la inserción transnacionalizada, sometida y asimétrica son una herencia de los 80. La cosecha de los 80 clarifica también la ambigüedad de la cooperación externa y del mercado internacional como motores de crecimiento y desarrollo.

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La evolución de la sociedad civil: hipótesis y sugerenciasEn forma telegráfica señalaremos algunos de los componentes de esta evolución de la sociedad civil. Incursionamos en un área de hipótesis y de sugerencias, algunas provocativas, que llaman a la creatividad y a la honestidad política, porque si las propuestas no nos duelen en estos "tiempos del cólera" no habrá soluciones a la crisis.

1) Crisis fiscal y desintegración del Estado. La deuda, el ajuste y la recesión económica generalizada han debilitado y en muchos países desintegrado la capacidad reguladora del estado. (Perú, Argentina, Haití, Dominicana, Panamá). El estado en su función de propulsor y regulador se ha convertido en un factor de desregulación de la economía. La apertura indiscriminada y asimétrica al mercado internacional ha provocado lo que puede calificarse como inserción transnacionalizada, sometida y asimétrica.

2) Emergencia de nuevos movimientos populares. Producto de la pauperización creciente, de la polarización social y del desgaste de los partidos políticos tradicionales, tanto de izquierda como de derecha han nacido y siguen naciendo. La lucha por la sobrevivencia ha provocado la reorganización, tanto en el sector informal como en el campesinado. Sin embargo, no encuentran cauces de acción con el estado ni con los partidos políticos tradicionales, que no comprenden ni teórica ni prácticamente esta emergencia social.

El movimiento de Lavalás en Haití es posiblemente el mejor símbolo de la capacidad de estas fuerzas populares de organizar una avalancha social que recrea a sus propios líderes, conforma nuevas alianzas y grupos políticos y es capaz de derrocar una dictadura iniciando la reconstrucción de la Nación y del propio Estado.

3) La cristalización de una nueva izquierda latinoamericana. En muchos sentidos esta izquierda responde a la histórica visión que a fines del siglo 19 y comienzos del siglo 20 tuvieron Martí, Mariátegui, Haya de la Torre, Sandino, Zapata, Recabarren y otros de nacionalizar la teoría. Y corresponde a lo que por el mismo período en Europa fue sintetizado por Gramsci. Indudablemente, esta nueva izquierda ha sido afectada tanto por la crisis del socialismo del Este como por el estancamiento de la izquierda latinoamericana. Sin embargo, junto a la confusión y al desánimo inicial se ha provocado un fuerte movimiento de creatividad y replanteamientos históricos, dando paso a lo que se ha llamado "socialismo de las mayorías", "socialismo criollo", "socialismo del Tercer Mundo", buscando el socialismo de la sociedad civil. El PT en Brasil y el cardenismo en México - no tanto el propio PRD - reflejan dinámicas similares. Lula, Aristide y Cárdenas simbolizan este fenómeno, que tiene manifestaciones peculiares en Colombia en el M-19 y en el Frente Unido de Uruguay. La profunda reestructuración política del FMLN y del FSLN en sus propios procesos revolucionarios parece indicar que existe coincidencia de este fenómeno, que implica un replanteamiento de las funciones del partido en relación con la sociedad civil, el estado y las fuerzas armadas.

En los innumerables encuentros que se han venido realizando entre estas nuevas fuerzas emergentes, existen algunas coincidencias fundamentales, que permiten pergeñar el carácter de este nuevo liderazgo político frente al vacío dejado por los partidos tradicionales y neotradicionales, tanto de derecha como de izquierda
- democracia cristiana, populistas y foquistas -.

4) La radicalidad de la democracia como cultura, como método, como estilo y como proyecto político. Por primera vez la izquierda ha tomado la democracia como bandera de lucha que caracteriza el resto de sus reivindicaciones. La democracia participativa se pretende llevar a todos los niveles de la sociedad, respetando la independencia y autonomía de los movimientos y transformando el verticalismo e ideologismo que abundó en el pasado.

5) Un nuevo lenguaje político. "Prohibido prohibir" fue la consigna de Lula para el congreso del PT. "Un presidente en la oposición" fue la respuesta de Aristide al movimiento campesino. Sólo son algunos índices de un lenguaje nuevo y de una pedagogía nueva que respeta los ritmos y la conciencia popular"

Existe un rechazo al lenguaje político de izquierda, lo mismo que al lenguaje oligárquico que Vargas Llosa utilizó en su campaña. Collor de Mello, Fujimori y el propio Menem hicieron esfuerzos por adaptar el lenguaje, por crear uno nuevo, pero fracasaron por no cambiar los contenidos.

Cabe hacer referencia aquí a la irrupción masiva del movimiento evangélico fundamentalista en América Latina. Las llamadas "sectas" implican la necesidad de revisar la misma teología de la liberación, de la pedagogía y práctica de las comunidades de bases cristianas frente a estas manifestaciones de identidad y religiosidad popular que se han transformado en movimientos escapistas y son base política para la derecha y la ultraderecha. El avance del movimiento evangélico fundamentalista expresa una seria debilidad e incluso un cierto fracaso de la teología de la liberación.

Es evidente el financiamiento proveniente de Estados Unidos y la infiltración política de la CIA en estos movimientos evangélicos. Sin embargo, la religiosidad popular, en la que se manifiesta prioritariamente la cultura y conciencia de las masas empobrecidas, no fue adecuadamente captada ni trabajada por la teología de la liberación ni por las comunidades de base. El discurso teológico fue excesivamente abstracto, teórico, politizado, sin dejar espacio suficiente a la celebración, a la alegría, al desahogo, a la participación espontánea de un pueblo agotado en la lucha por la sobrevivencia. Muchas veces también sobrecargado por demandas políticas que le exigían un espacio de expansión de su personalidad más íntima.

6) Nuevas demandas, no sólo económicas. Piden respuesta a un nuevo proyecto de sociedad, a nuevos valores y a una nueva civilización. Estas demandas provienen fundamentalmente de los nuevos sujetos históricos - mujeres, indígenas, jóvenes - y de la conciencia creciente sobre la crisis ecológica y la necesidad de recuperar la naturaleza para el hábitat popular.

La temática del "género" en el "machismo político", abre enormes potencialidades de rectificación, creatividad y de movilización popular. Las demandas de la mujer, de las etnias y las que claman por la conservación de la naturaleza son de las más radicales, alternativas e internacionales. El paradigma tecnológico y neoliberal se encuentra desarmado ante estas demandas, que por otra parte han sido un reto no aceptado o siempre escamoteado por la izquierda tradicional.

7) Nueva concertación y nuevas alianzas. El cambio de correlación de fuerzas internas en cada país, debido a la prolongación y a la profundidad de la crisis, está llevando a acercamientos históricos inéditos entre amplios sectores de la sociedad, a la vez que a la polarización de los grupos más extremos e ideológicos. Esto, que a primera vista pudiera aparecer como una posición centrista, una tercera vía, es ciertamente un movimiento ambiguo y fluctuante. Tiene componentes de agotamiento y confusión, a la vez que contiene aspiraciones y demandas no satisfechas por las políticas, tanto de la derecha como de la izquierda. No es una tercera vía que niega a la derecha e izquierda, es la búsqueda de un consenso, de un denominador común que permita un proyecto nacional hegemonizado por las mayorías.

Los fenómenos de concertación económica que se están realizando en la mayoría de los países de América Latina se imponen sobre las ideologías e incluso sobre los intereses de mediano plazo, buscando la estabilidad y la seguridad. Hegemonizar estos grandes movimientos pluralistas de la sociedad civil es el arte de la política. "La política es el arte de lo posible", aseveró uno de los pensadores más lúcidos de los tiempos modernos y la política de los 90 necesita de este arte político, que no claudique de los valores y principios sino que los profundice, los purifique y los adapte a las nuevas condiciones.

8) Los sectores no organizados. La vinculación con ellos es una de las tareas prioritarias y de las más difíciles para lograr hegemonizar el conglomerado y la dinámica de la sociedad civil.

La ampliación de la brecha cultural y política entre los grupos organizados y las crecientes masas desorganizadas exige nuevos estilos y nuevo liderazgo. El agotamiento del mensaje y de la imagen de los políticos en estos círculos mayoritarios es creciente. La ejemplaridad ética es una exigencia determinante en una cultura de las masas desorganizadas políticamente. Es un lenguaje y un símbolo que mucho puede decir a una cultura amenazada por la desesperación y la falta de futuro.

9) La crisis de gestión y el problema de la eficiencia. En la era de la revolución técnica la eficiencia y la gestión son dos paradigmas del mundo actual. No ha sido ésta la característica más sobresaliente de los partidos y grupos con objetivos populares. La falta de credibilidad en la eficiencia de la izquierda y por otra parte la "mitología" de la eficiencia del sector privado es otra de las tareas de esta década.

La crisis de gestión es también una crisis por el ritmo y la velocidad que imponen las nuevas tecnologías. Los cambios producidos por la sociedad de consumo han puesto en comunicación directa la oferta con la demanda, al menos en la imaginación manipulada por las imágenes de los medios. Vincular la oferta real con la demanda real es una de las necesidades fundamentales de lo alternativo.

La crisis de gestión es también una crisis de medios de comunicación. Con razón, Brzezinski afirmó que, además de hegemonía militar, Estados Unidos hegemoniza los medios de comunicación, dado que de cada 5 imágenes o mensajes producidos en el mundo 4 están controlados por Estados Unidos. Los medios masivos y la pedagogía de la comunicación son fundamentales para la eficiencia de la gestión las mayorías.

Por otro lado, la revolución del "management" implica desideologizar esta ciencia, considerada como burguesa, apropiándosela como un aporte a la socialización de los recursos disponibles. La vinculación eficiente y complementaria entre lo macro y lo micro es uno de los grandes aportes de la gestión técnica y una necesidad económica, política e incluso militar.

10) La negociación y las alianzas como fuerzas políticas. La superación del conflicto Este-Oeste y una nueva "cultura de paz y tolerancia", después de décadas de alianzas ideológicas polarizantes, hacen de la negociación y de la alianza instrumentos privilegiados, tanto para la cooptación del enemigo como para lograr la hegemonía sobre el pluralismo y la diversidad de la sociedad civil. La alianza ideológica que bipolarizó el mundo ha dejado un vacío de vínculos y valores para la creación del Nuevo Orden Mundial. Un mundo global requiere de una alianza de valores comunes capaces de articular la civilización global del siglo XXI, una alianza de intereses materiales comunes que permitan unos objetivos de gran consenso mundial, una alianza frente a amenazas comunes (crisis ecológica, seguridad común y desarme, crisis regionales, etc.). Sin esta alianza, el poder político impuesto determinará el futuro entro los parámetros que nos han conducido a la actual crisis de civilización.

Una agenda popular para los 90

Década compleja, década que se inicia con la derrota sandinista, con la creciente desintegración del socialismo de Europa del Este, con la división del Sur aumentada tras la crisis del Golfo, con la actual incongruencia del Movimiento de los No Alineados... La Pax Americana implica una derrota para los "condenados de la tierra" y la formación de un nuevo trilateralismo coordinado por el Grupo de los Siete, que en medio de sus contradicciones suponen un poder de hecho que impide los cambios qe el Sur necesita.

Estados Unidos ha superado "el síndrome de Vietnam" con la victoria del Golfo y consolida la fuerte coalición de los círculos de poder económico, político e ideológico norteamericanos. La alianza de los tres grandes lobbys norteamericanos - el petrolero, el armamentista y el judío - entorno a la crisis del Golfo supera en fortaleza la alianza que llevó al proyecto de la nueva derecha y a Reagan al poder, al CPD (Committee of the Present Danger) Las raíces ideológicas de la Doctrina Truman de los años 40 y la política exterior del Consejo Nacional de Seguridad formulada en 1950 y conocida en Estados Unidos como NSC 68 se ha fortalecido con la victoria en el Golfo. Incluso se pretende establecer una alianza especial entre Estados Unidos y Japón que Brzezinski llamó "Ameripón".

Por otro lado, los contrapesos internacionales están desapareciendo, en primer lugar en el Este, en segundo lugar en la NOAL, y en tercero, en los organismos internacionales, especialmente las Naciones Unidas, que ha quedado paralizada ante el poder de veto de las cinco grandes potencias de la Guerra Fría.

Desde la perspectiva de los países del Sur esta avalancha es una amenaza comparable a lo que fue la del fascismo en Europa. Enfrentarla requiere de una alianza amplia a nivel de cada país y a nivel internacional, incluyendo a los nuevos sujetos históricos del norte, minoritarios pero cada vez más conscientes de que esta crisis de civilización es tanto del Norte como del Sur.

Hace falta repensar una teoría global del socialismo o de las alternativas no capitalistas. El viejo debate del socialismo en un solo país vuelve a demostrar hoy la imposibilidad de su sobrevivencia, realidad que ya Lenin visualizó a comienzos de siglo si el socialismo no se extendía por Europa. La falta de un proyecto global de cambio y de acumulación de fuerzas hará imposible o extraodinariamente costoso el proyecto alternativo en un solo país.

La triangulación del Trabajo y del Sur. Estos dos sujetos sociales internacionales se están convocando en diversas formas, en todas las partes del mundo, a través de foros políticos, sindicales, religiosos, de ONGs y por primera vez han comenzado a vincularse internacionalmente. Ejemplos son el proyecto japonés-asiático People's Plan 21 (PP21), que aglutina a cientos de organizaciones de Japón y del Pacífico, el Third World Network y el Forum for Peopl'es Economic, que articulan a numerosos grupos de investigadores del NOrte y del Sur y están trabajando en alternativas económicas al proyecto neoliberal.

La red de ONGs europeos y del Sur, los partidos políticos que se han organizado en torno al proyecto "socialismo del futuro" que incluye por primera vez a las diversas tendencias de la izquierda europea - comunistas, trostkistas, socialistas - la "casa común del socialismo", se originó en un encuentro entre Gorbachov, Willy Brandt y Ernest Mandel promovido por el filósofo polaco Adam Schaft. Intentan poner entre paréntesis las diferencias históricas de la izquierda para crear lo que llaman el "humanismo ecuménico". Aunque este proyecto de grandes hombres no ha producido más que pocas y pequeñas ideas en relación con el Sur, lo significativo de estos ejemplos es la creciente tendencia a esta transnacionalización de las alternativas no capitalistas que tienen a las mayorías como su lógica dominante.

Sin embargo, en un mundo global no hay ya revoluciones "antis" sino proyectos y propuestas "pro". El antiimperialismo y el no-capitalismo han de ser repensados dentro de los grandes cambios globales y dentro de una cultura de paz y de democracia, donde cualquier forma de imperialismo pierda legitimidad y quede aislado al ser percibido como "el enemigo de la humanidad". Esto requiere de una contextualización que pueda incluir a amplios sectores del norte y sobre todo del pueblo norteamericano, en torno a una agenda internacional para los 90 que presente propuestas comunes y viables. Esto exige iniciar el proceso de las agendas populares país por país en América Latina para ir encontrando las síntesis acumulativa y de consenso a nivel internacional en todos los foros e instituciones donde se plantee la problemática del Nuevo Orden.

En la reunión de partidos políticos en Viena se propuso que la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas de julio/92 en Brasil y la de la UNCTAD en Colombia (febrero/82), fuesen las plataformas iniciales del lanzamiento de propuestas alternativas globales, desde numerosos países e innumerables organizaciones populares de todos los continentes.

Superar la protesta sin propuesta

Se requiere de una actitud creativa y ofensiva, superando la "protesta sin propuesta" para presentar las "propuestas con protesta" que necesitan lanzarse ya.

Pensar y analizar alternativamente en estos tiempos del cólera produce angustia. Y no se puede pensar sin dolor. Pero mientras el pensamiento no angustie y duela habrá crisis de ideas y sobre todo de alternativas. Le estaríamos dando si no la razón a Fukuyama que afirma que la política puede seguir pero la historia ideológica ha terminado.

Esta utopía visionaria en plena crisis es necesaria ane el totalitarismo tecnológico, que no deja margen a un futuro o a una esperanza que no se someta a sus parámetros. La crisis de civilización no es un concepto sino una realidad que necesita de una nueva síntesis histórica. Puede parecer romántico el considerar que en 1992, a 500 años del inicio de la Historia Universal y que en América Latina, continente mestizo, de síntesis raciales, culturales e históricas se pueda ofrecer la oportunidad de iniciar este proceso. Entre la esperanza y el desastre: así puede calificarse la dialéctica de sentimientos encontrados que nos envuelve en esta coyuntura. Pablo Neruda, en otra coyuntura también histórica, plasmó magistralmente este mismo sentimiento al decir: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán tener la primavera".

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