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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 20 | Febrero 1983
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Nicaragua

¿Hacia dónde va Centroamérica? Confrontación entre Nicaragua y Estados Unidos

Los movimientos de liberación centroamericanos, en estricta oposición a los objetivos de la Administración Reagan sobre el área, derrotaron en marzo de 1982 el primer diseño de política exterior republicana. ¿Qué viene después?

Equipo Envío

El fortalecimiento militar y político del FMLN y unas elecciones que evidenciaron fuertes pugnas al interior del bloque dominante en El Salvador; la caída del régimen de Lucas García, distanciado de Washington, en conflicto con grupos oligárquicos y sectores militares, e incapaz de contener el avance del URNG en Guatemala; así como la movilización popular para la defensa de la Patria y la ofensiva diplomática del Gobierno de Reconstrucción Nacional, que detuvo agresiones en gran escala contra Nicaragua, figuran entre los principales hechos que alteraron las iniciales pretensiones estadounidense.

Sin embargo, las propuestas de negociación planteadas primeramente por México y Francia para El Salvador y ampliadas posteriormente a la región por el presidente José López Portillo, pese a contar con amplio apoyo internacional y ser aceptadas por el Gobierno Sandinista y el Frente Farabundo Martí, se vieron frustradas ante la negativa norteamericana. Seguramente la Administración estadounidense consideraba que aún tenía un amplio margen de acción para llevar a cabo sus propósitos y que, por lo tanto, era muy temprano para aceptar la negociación como mal menor.

Después del primer diseño

Frustrado el primer diseño norteamericano que tenía a El Salvador como punto central de la estrategia contrainsurgente, el gobierno de Reagan hizo un reacomodo en su planes preservando íntegramente sus objetivos de muerte hacia la región. El nuevo diseño, iniciado poco antes del nombramiento de Shultz como jefe del Departamento de Estado, debía tomar en cuenta tres elementos. Primero, las crecientes dificultades (aunque no por ello imposibles de resolver) de intervención directa por parte de tropas estadounidenses, debido a la solidaridad de movimientos y gobiernos progresistas o revolucionarios, y a las contradicciones internas de la gestión republicana.

Segundo, los efectos de la guerra de las Malvinas en Centroamérica que implicó: el retiro progresivo del apoyo militar argentino a los ejércitos pro-norteamericanos del istmo; una relativa aunque creciente autonomización de la política exterior de Caracas respecto a Washington - reforzada por l derrota electoral de la Democracia Cristiana en El Salvador y por exigencias del proceso pre-electoral en la propia Venezuela -; y la dificultad de recurrir a la OEA y el TIAR como instrumento de agresión diplomática y militar.

Tercero, la mayor docilidad de regímenes centroamericanos al os dictados de Washington. La búsqueda por parte de Ríos Montt, de una nueva imagen que lo acerque a Reagan y a la reanudación de la ayuda militar a Guatemala, el acrecentamiento de la dependencia económico-militar del gobierno salvadoreño por causa de la guerra interna, la debilidad financiera del régimen de Monge y el acelerado proceso de "destorrijización" en Panamá, serán factores importantes en el reacomodo norteamericano. Sin embargo, en la búsqueda de una salida a la situación centroamericana, es la docilidad hondureña la que va a jugar un papel predominante. Su situación geográfica, la profunda penetración norteamericana en la economía a partir de los enclaves bananeros, el tener un gobierno "legitimado"" por elecciones, y el contar con más fuerzas militares acrecentadas tras la guerra con El Salvador en 1969, tenderían a convertir a Honduras en el Israel de la región.

Segundo diseño de política USA para Centroamérica

La respuesta que la Administración Reagan dio como consecuencia del mantenimiento y fortalecimiento de la guerrilla salvadoreña pese a sus esfuerzos por destruirla, no consideró como raíz la capacidad de lucha del pueblo de Farabundo Martí atravesado por profundas injusticias sociales, sino la labor presuntamente desplegada por la Nicaragua Sandinista. Esta, inserta a su juicio en la confrotación Este-Oeste, estaría sirviendo como puente de armas provenientes de Cuba y otros países socialistas. Tras descartar un ataque a Cuba por las repercusiones que eso podría tener en el bloque soviético, el camino a seguir pareció ser impulsar de inmediato el derrocamiento del gobierno sandinistas. Esto, además de ser un conocido objetivo a los ejércitos de Magaña y Ríos Montt, presuntamente provocará después la victoria estadounidense en El Salvador y Guatemala. Los papeles se invertían: en vez de acabar con el FMLN y la URGN mientras de debilitaba al FSLN para después derrocarlo, se buscaría acabar con el FSLN mientras de debilitaba al FMLN y URNG para después destruirlos.

La guerra contra Nicaragua, denunciada primeramente en términos generales por el Coordinador de la Junta de Gobierno Daniel Ortega en la ONU, detallada por el ex-militar argentino Héctor Francés, y completada posteriormente por distintas fuentes, estaría basada en las siguientes líneas de carácter militar:

- Agresiones armadas por la frontera norte y sur, tanto en el extremo este como oeste. La guardia somocista, con una fuerza calculada en seis mil hombres, penetraría básicamente por el noroeste y parcialmente por el noreste; el grupo mískito de aproximadamente dos mil hombres, entrenado en Honduras, penetraría por el noreste reivindicando parte de la Costa Atlántica; las fuerzas de Chamorro Rapaccioli y eventualmente Edén Pastora, con otras de tipo político, están agrupadas, no sin dificultades, en el Frente Democrático Nicaragüense (FDN), máximo organismo de la contrarrevolución. Este a su vez está coordinado directamente con el Estado Mayor del Ejército Hondureño y la Agencia Central de Inteligencia.

- Sabotajes a puntos económicos y militares realizados por comandos contrarrevolucionarios que operarían al interior de Nicaragua; en tal sentido se señala la presencia de tales comandos en Managua, Chinandega, Rivas, Boaco y otras ciudades del país.

- Creación de una retaguardia tanto en el norte como en el Sur. En el norte ésta estaría compuesta por los ejércitos de Estados Unidos y Honduras mediante un nuevo tipo de operación Halcón Vista ejecutada por tierra, aire y mar y con fuerzas en ambos océanos. Además de abastecer a quienes incursionarían a Nicaragua, sería un "cerco de seguridad" en caso de un contra-ataque sandinista a Honduras. Por el sur Costa Rica, tras alegar problemas fronterizos, buscaría el acordonamiento de su frontera por fuerzas en ambos océanos. Además de abastecer a quienes incursionarían a Nicaragua, sería un "cerco de seguridad" en caso de un contra-ataque sandinista a Honduras. Por el sur Costa Rica, tras alegar problemas fronterizos, buscaría el acordonamiento de su frontera por fuerzas internacionales. Alternativamente, podrían coordinarse maniobras fronterizas entre Estados Unidos y Costar Rica.

- En dicho plan se prevé el levantamiento de importantes sectores del pueblo nicaragüense, al que se juzga con un alto grado de descontento por causa "del totalitarismo sandinista y las dificultades económicas".

- En caso de liberarse un territorio y formar una Junta Provisional que sería reconocida al menos por Estados Unidos, Honduras y El Salvador, el ejército hondureño amparado en tal tipo de legalidad y en denuncias sobre violación nicaragüense a su territorio, entraría en guerra. Punto estratégico para culminar exitosamente esta ofensiva sería la aviación hondureña. Aunque poco probable no se descarta la intervención norteamericana directa si se dieran condiciones políticas.

Una guerra total

Como parte de la guerra, la acción política, ideológica y diplomática tendría un papel importante. Esta buscaría la deslegitimación interna e internacional del sandinismo. Los ejes de dicha ofensiva sería el "totalitarismo" y el "guerrerismo" nicaragüense. En lo internacional, el primero de los ejes buscaría restar el apoyo de instituciones y gobiernos progresistas legitimando paralelamente la postura de las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses; el segundo, justificar las acciones bélicas de regímenes centroamericanos contra la Revolución bajo el pretexto de "legítima defensa". En lo interno, ante la poca fuerza de partidos conservadores, la principal forma de acusación totalitarista estaría en provocar intolerancia", promovieran un línea desmovilizadora ante las necesidades de defensa nacional. la ofensiva nacional e internacional estarían canalizada, hacia el extranjero, por los sectores más derechistas de la "Coordinadora Democrática" amparados en el gobierno costarricense; hacia lo interno por dirigentes conservadores de las Iglesias independientemente de su conocimiento del plan global. Paralelamente la radio "15 de septiembre" ubicada en Honduras, y "La Voz de Sandino" en Costa Rica, unidas a posibilidades de intromisión televisiva, buscarían propagandizar las acciones contrarrevolucionarias. En caso de éxito, la Junta Provisional que se formaría al momento de los ataques militares decisivos, podría recibir el apoyo internacional y nacional requerido.

Esta operaciones promovidas por la Administración Reagan, se completarían principalmente con su plan sobre El Salvador y Guatemala. En El Salvador buscaría unir o al menos disminuir las tensiones al interior del bloque en el poder, reforzando paralelamente la asesoría militar, el entrenamiento de tropas, y la ayuda en tecnología de guerra y divisas. En Guatemala apoyaría la gestión de Ríos Montt en su aspecto de guerra declarada a las fuerzas revolucionarias, en la búsqueda de cerrar contradicciones con la oligarquía y sectores del ejército auspiciados por Lucas García, y en mejorar la imagen internacional para afianzar la colaboración económica y militar con Estados Unidos. El derrocamiento del sandinismo vendría a reforzar decisivamente los avances que Magaña y Ríos Montt pudieran conseguir.

Obviamente este segundo diseño de política exterior reaganiana sobre Centroamérica debe manejar con éxito una serie de factores no siempre controlables. Eso implica un margen de cambio en aspectos no esenciales del plan y un margen de error. Con todo, es el proyecto que pareció más eficaz al menor costo posible. Obviamente su implementación llevaría varios meses y por esta razón se fijó el período de marzo a diciembre del 82 para efectuarlo. En tales meses, la ofensiva contra los Movimientos de Liberación centroamericanos iría creciendo aceleradamente. La ofensiva se prepararía en caliente.

La agresión militar y la respuesta revolucionaria

Naturalmente, el plan anteriormente reseñado no era conocido desde un inicio. Este se fue descubriendo con el paso de las semanas y los meses del año 82. Cuando por diversas fuentes fue siendo conocido, coincidía en forma casi perfecta con los hechos que estaban ocurriendo. Veámoslo primeramente en el campo militar.

La guardia somocista, punta de lanza de la agresión militar, fue la principal protagonista de 140 acciones hostiles contra Nicaragua en el período que va de enero 81 a marzo 82, es decir, el abarcado por el primer diseño republicano sobre el área. En esas 140 agresiones fueron asesinados no menos de 66 nicaragüenses entre civiles y militares. Los guardias actuaban con estructura similar a la de bandas y no contaban generalmente con armas sofisticada. Sin embargo, al entrar en la nueva fase promovida por la Administración Reagan, tan sólo en los seis primeros meses - abril a septiembre 82 -, fueron 142 los actos hostiles contra Nicaragua, encabezados principalmente por los somocistas. Es decir, el número de nicaragüenses asesinados, fuesen civiles o militares, ascendió a no menos de 105 durante esos seis meses. Es decir, los asesinatos por mes se cuadruplicaron. Pero el ritmo continuó aumentando. Para el 13 de enero de 1983, según declaraciones del Comandante Daniel Ortega, eran 400 los nicaragüenses muertos desde que comenzó el accionar contrarrevolucionario. Eso implicaba, aproximadamente, una nueva cuadruplicación de asesinatos por mes, en relación al promedio de los meses de abril a septiembre 82. Paralelamente, dirigentes revolucionarios advirtieron que los somocistas habían dejado atrás la estructura de bandas, conviertiéndose en unidades militares bien apertrechadas. Por ejemplo, entre las armas que se capturaron a los guardias en esta fase, figuran: fusiles M-16 y FAL, lanza cohetes antitanques M-72 "LAW" de 66 mm, explosivos C-3 y C-4, morteros de 60 y 81 mm, subametralladoras 23-25, fusiles semiautomáticos R-15 con la inscripción "Propiedad del Gobierno de los Estados Unidos", etc.

Uno de los más dramáticos y significativos ataques somocistas ocurrió en San Francisco Norte. Más de cien guardias armados con modernos fusiles y apoyados con fuego de morteros, a sabiendas que en ese pequeño pueblo no había una fuerza regular del Ejército, defendieron con sólo 3 fusiles FAL y 12 BZ-M52 por dos horas y media el lugar. Al quedar sin municiones, los somocista -según texto de la Cancillería dirigido a Honduras - fusilaron a todos los integrantes de la junta municipal; otros fueron degollados y otro torturado con ambas piernas quebradas. Supieron empero lo que es el patriotismo. El niño de 14 años Luis Alberto Espinoza, se negó a entregar el fusil. Fue tirado en el suelo y abatido a culatazos. Tuvieron que cortarle las manos para quitarle su arma, extirpándole posteriormente el corazón con una bayoneta. Victorino Centeno, jefe de las Milicias Populares Sandinistas del lugar, fue llevado amarrado por las acalles del pueblo. Golpe tras golpe los somocistas le gritaban: "Decí viva Somoza y viva Edén"... "Decí viva la guardia y viva el Frente Democrático Nicaragüense, indio desgraciado". La respuesta ardiente era: "Viva el Frente Sandinista de Liberación", "Patria Libre o Morir". Al gritar dichas consignas recibió heridas de bayoneta y muchos culatazos hasta que cayó destrozado. Era, al igual que muchos de los asesinados, miembro de las comunidades cristianas. La guardia en el camino de regreso a Honduras de donde había llegado, dejó rótulos que decían: "Con Dios y el patriotismo". La masacre fue atestiguada por miembro del cuerpo diplomático acreditado en el país.

La "guerra silenciosa" con su "estrategia del terror" era como un invasión en cámara lenta que buscaría culminar en diciembre. Mientras tanto, numerosos indios evidenciaban que otros grupos como el de Chamorro Rapaccioli y los mískitos de Fagoth o Rivera contaban también con buenas armas y entrenamiento. Declaraciones de autoridades hondureñas de localidades afectadas por el accionar contrarrevolucionario, de personas que desertaron de tales grupos, capturados etc., son algunos de las fuentes que revelaron dichos hechos. Mientras tanto el "Baltimore Sun" informó que 500 agentes reclutados por la Agencia Central de Inteligencia se preparaban para realizar actos de sabotaje contra la economía del Gobierno de Reconstrucción Nacional. El primer círculo de fuego parecía irse cerrado sobre Nicaragua.

El ejército hondureño cada vez más armado

Paralelalmente, el ejército hondureño, autor de 155 provocaciones militares a lo largo de 1982 generalmente en respaldo directo a tropas somocistas, se ha ido fortaleciendo. Está compuesto por veinte mil efectivos y Washington ha convertido su fuerza aérea en la más poderosa de Centroamérica. Ha "prestado" a Honduras la casi totalidad de un flete de 23 helicópteros, ha ayudado a formar una escuadra de 35 jets cazas (incluyendo 20 Super Mystere, 10 F-86 Sabres y 5 bombarderos A-370 Dragon Fly), además de una fuerza de 24 bombardeos Tropan, tres aviones de reconocimiento y posiblemente 12 aviones de ataque Northrope F-5E/F. Además, se comenzaron a construir tres aeropuertos de gran capacidad que, según el Viceministro de Relaciones Exteriores hondureño "podrían ser utilizados por Estados Unidos cuando sea necesario contrarrestar la amenaza aérea cubana en la región". Paralelamente se ha construido unidades navales en la isla del Tigre-Amapala, ubicada en el golfo de Fonseca - que comparte aguas con Nicaragua y El Salvador -, lo mismo que en la laguna Carastesca, Puerto Lempira, a pocos kilómetros de Nicaragua en el Atlántico.

Reforzado con moderno armamento israelí, el ejército cuenta con por lo menos, 150 asesores militares norteamericanos de dos tipos. El primero es llamado estrictamente Asesor, Militar, se trata de oficiales de alto rango, responsables de asesorar la Marina, el Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el Estado Mayor General, los mandos específicos del ejército de Honduras (desde el G-1 hasta el G-7), las Fuerzas de Seguridad Pública (FUSEP), la policía y los Cobras (unidades contrainsurgentes urbanos). El segundo tipo de asesoría militar es el de los Grupos Móviles Especiales, formado generalmente por ex-combatientes de Vietnam. Su gama de especializada es amplia (inteligencia militar, comunicaciones, instrucción aérea y naval, emboscadas, operativos en la montaña, etc.). Estos asesores han buscado fortalecer los conocimientos hondureños en marina y aviación, las comunicaciones, las operaciones de paracaidismo y unidades Ranger especializadas en acciones de selva con capacidad para librar luchas de agresión. A todo ello contribuye la asistencia económica-militar estadounidense que se ha multiplicado por siete entre 1980 y 1982. De esta manera el segundo círculo de fuego se va cerrando sobre Nicaragua.

Mientras tanto, la embajada norteamericana en Honduras, una de las más grandes de Latinoamérica compuesta por no menos de 115 funcionarios, es dirigida por John Dimitri Negroponte. Negroponte fue consejero político de Estados Unidos en Saigón e integró la comisión negociadora en el conflicto del sudeste asiático, especialmente sobre Camboya. Fue enviado a Honduras por Reagan y Haig con plenos poderes. Coordinando el fortalecimiento de la guardia somocista, un sector mískito, el ejército hondureño, etc., ha visto el desarrollo de maniobras conjuntas honduro-norteamericanas: la operación Halcón Vista 81 destinada a estudiar la capacidad de fuerza aérea y naval de Honduras, con respaldo de Estados Unidos, en una eventual guerra contra Nicaragua y las maniobras de "Desplazamiento Combinado 82" con el objetivo de ejercitarse en "procedimiento de movimiento, control y comunicaciones en actividades de desplazamiento".

Durante ellas, aviones de transporte C-130 volaron a Puerto Lempira desde Panamá para entregar ametralladoras, morteros, municiones para rifles automáticos, raciones secas, jeeps y otros pertrechos. Además hubo reubicaciones totales de unidades castrenses que, emplazadas antes en el interior de Honduras, pasaron a establecerse permanentemente en las inmediaciones de la frontera con Nicaragua. Para diciembre estaba prevista una nueva operación conjunta denominada "Pino Grande" que fue pospuesta para febrero 83. Previamente se tuvo, en la segunda semana de enero 83, el ejercicio de puesto de mando conocido con el código CPX. Bajo la supervisión del Comando Sur, el operativo vino a elevar a niveles estratégicos la capacidad de los oficiales del mando superior de las Fuerzas Armadas Hondureñas que dirigía una eventual guerra contra Nicaragua.

Con el trasfondo de los ejercicios navales "Ocean Venture" en el Caribe, la Casa Blanca inició una serie de peligrosos desplazamientos de su flota para intimidar al Gobierno Sandinista. En noviembre, el portaaviones NIMITZ ancló en aguas hondureñas donde fue recibido por el jefe del ejército, general Gustavo Alvarez. Dicho portaaviones es el más grande de la flota estadounidense; desplaza 91,500 toneladas y lleva a bordo más de 90 aviones de todo tipo entre ellos los F-15, F-16 y F-111.

Semanas antes, el portaaviones nuclear OHIO se paseó provocadoramente en los límites de las aguas territoriales nicaragüenses. Dicho submarino está considerado en la actualidad como el arma ofensiva de Estados Unidos más poderosa en su género. Tiene el poder destructor de 2040 Hiroshimas. Posee 24 cohetes nucleares Trident I (C-4), equivalente cada uno a una potencia de mil toneladas de TNT y con un alcance de seis mil millas. Hace un mes fue cambiada la fragata de misiles dirigidos USS Trippe, anclada en el Golfo de Fonseca para funciones de espionaje e intimidación por la USS Samuel Elliot Morrison FFG-13, de capacidad similar. En 1982 hubo 24 actividades navales realizadas en aguas nicaragüenses, generalmente por naves de guerra de Estado Unidos. A su vez los aviones de reconocimiento Lockheed SR-71, volando a 80 mil pies, violaron en 93 ocasiones el espacio aéreo nicaragüense durante el año. El tercer círculo de fuego se va cerrando sobre Nicaragua, en lo que "The Times" ha considerado "la más ambiciosa operación de acción militar y política que ha montado la Agencia Central de Inteligencia en casi un década".

Fisuras en el nuevo diseño gringo

El segundo diseño militar de la Administración estadounidense tiene fisuras importantes que sugieren grandes posibilidades de fracaso. En primer lugar, la Fuerza Democrática Nicaragüense no tienen una unidad suficientemente estable. A su interior encontramos grupos de guardias somocistas junto con empresarios y políticas que aunque no se opusieron al sistema somocista atacaron a Somoza Debayle desde posiciones conservadoras. Eso crea una serie de tensiones porque los militares de la extinta dictadura ven con recelo a sus antiguos opositores y éstos a su vez temen, sin que les falte razón, un grave deterioro político por su alianza con los genocidas. La reticencia de la guardia se hace mayor con quienes, como Edén Pastora, se desenvolvían en el Frente Sandinista. En todos los casos, el problema de las cuotas de poder impide una consolidación adecuada y deja abiertas importantes fisuras. Incluso al interior de la misma guardia somocista, ha habido problemas de hegemonía; tanto por búsqueda de mando, como por la canalización de la ayuda económica enviada por Mr. Reagan. Por su parte el grupo de mískitos que se ha trasladado de Nicaragua a Honduras en plan bélico, está dividido en dos ramas. Una de ellas, dirigida por Steadman Fagoth es proclive a la guardia; la otra, liderada por Brooklyn Rivera, está cercana a quienes buscaban un "somocismo sin Somoza". A su vez, los objetivos de las bases mískitas tendientes a apropiarse de territorios de los otros grupos del Frente Democrático Nicaragüense. Aunque sin duda alguna las demandas mískitas pueden se incorporadas plenamente dentro de la estrategia general norteamericana, la organización contrarrevolucionaria nicaragüense ha presentado difíciles problemas al embajador Negroponte y a sus superiores en Washington.

Sin embargo, más importante aún que lo anterior, es el resultado del accionar de las unidades militares somocistas en el país tras su nuevo adiestramiento y rearma. El plan de terror fronterizo contra simpatizantes sandinistas, destinado a restar adeptos a la causa revolucionaria, ha tenido generalmente el efecto contrario. EL grado de salvajismo demostrado, que ha llevado en ocasiones a beber la sangre de las víctimas de manera similar a los kaibiles guatemaltecos y a asesinar niños, ha creado en la población la necesidad de defenderse. Eso, unido a los efectos que la reforma agraria sandinista ha tenido en la región, ha predispuesto crecientemente a los habitantes norteños en favor del Gobierno de Reconstrucción Nacional.

Paralelamente, el Ejército Popular Sandinista parece haber cambiado su estrategia defensiva. En vez de estar ubicado excesivamente cerca de la frontera con Honduras y por tanto con cierto grado de dispersión por la extensión de la misma, se ha internado unos cuantos kilómetros permitiendo una mayor concentración de efectivos y poder de fuego. Eso, además, obliga a la guardia a internarse más en territorio nicaragüense aumentando las posibilidades de no poder volverse a Honduras y dificulta a los soldados hondureños las provocaciones fronterizas.

La combinación de estos factores, unidos a la moral combativa sandinistas, ha logrado infligir a los somocistas no menos de 411 muertos. Estas han ido en proporción directa con el incremento de sus incursiones al país, y el tamaño de sus unidades que, en diciembre 82, llegaron a ser hasta de cuatrocientos efectivos. Las 411 muertes sufridas, sobre un conjunto calculado en seis mil hombres, implica la baja absoluta de un 7%, antes de haber entrado a combates decisivos.

Y aunque tales hombres hubieran sido repuestos por mercenarios o por el reclutamiento de nuevos guardias, las cifras, evidencian las limitaciones objetivas en las pretensiones de la economía y puestos militares, no han logrado el éxito deseado. Las actividades terrestres o aéreas contra la refinería, la Cementera, el ingenio San Antonio, etc. han sido frustradas. El plena terrorista "Navidad Amarga", con explosivos C-4 en cajas de juguetes de Mickey Mouse, fue descubierto. El Ministerio del Interior ha reportado la captura de individuos impulsores de este tipo de actividades en Chinandega, León, Boaco, Managua y otros. puntos. El primer círculo de fuego muestra pues, cierto poder destructor pero limitadas capacidades estratégicas.

Las capacidades del ejército hondureño

SI analizamos las capacidades del ejército hondureño nos encontramos que sus posibilidades de triunfo en caso de agredir a Nicaragua son sumamente escasas. Tal es la opinión del teniente coronel norteamericano John Buchanan, tras un análisis militar hecho ante la Subcomisión de Asuntos Interamericanos de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Buchanan, ganador de la Cruz Vietanmita con Estrella de Oro tras 275 misiones de combate en aviones A-4 contra el heroico pueblo de Vietnam, premiado con la "Distinción Cruz Aérea" y con quince medallas de aviación entre otros reconocimientos, advirtió las dificultades de la formidable fuerza aérea hondureña.

Al atacar Nicaragua encontraría pocos objetivos militares importantes: los puertos de Corinto, Puerto Cabezas y Bluefields; tanque de petróleo en Corinto y la refinería en Managua; cuatro aeropuertos de los cuales sólo uno sería verdaderamente importante; un centro de blindados y 49 guarniciones militares algunas tan pequeñas que darían problemas de localización a los pilotos hondureños. Eso llevaría a pensar que en un día podrían quedar destruidos los principales objetivos militares, pudiendo después pasarse hacia los secundarios. Pero señala "Hay obstáculos en el escenario. La Fuerza Aérea Hondureña se encontrará también con el sistema nicaragüense de defensa antiaérea. Puesto que Nicaragua no posee realmente una fuerza aérea y Honduras la tiene relativamente grande, era completamente lógico que Nicaragua debía desplegar misiles y cañones antiaéreos". La consistencia del armamento defensivo sandinista, en contraposición a su posibilidad ofensiva, ha sido también señalada por el Ministro de Defensa nicaragüense Humberto Ortega. Indudablemente por eso el Cnel. Alvarez trató de negociar, en el reciente viaje de Ariel Sharon a Honduras, aviones Kfir capacitados para burlar defensas antiaéreas.

El ataque hondureño por tierra se encontraría con un ejército relativamente pequeño en comparación con el tipo de agresiones con que se ha amenazado a Nicaragua. Según altas fuentes norteamericanas, citadas por Buchanan, dicho ejército contaría en la actualidad con 20.000 efectivos. sin embargo, tras él se movilizaría una considerable fuerza popular organizada en milicias, calculada, según las mismas fuentes, en 50.000 personas. Otras fuentes norteamericanas, adversas al proceso nicaragüense. Parte de sus 20.000 miembros deberán quedarse en Honduras y no podrían descuidar la frontera con El Salvador, alrededor de la cual el FMLN ha demostrado gran fuerza.

Además el hecho de pelear país dotaría a las fuerzas armadas sandinistas de distintos tipos de apoyo logístico por parte de la población, entrenada hasta cierto punto en este tipo de situaciones en la insurrección de septiembre 78 y en la insurrección triunfante de 1979. Los cálculos de un sector de la Agencia Central de Inteligencia en el sentido de probables alzamientos de la población contra el gobierno de Reconstrucción Nacional, exceptuando quizás algunos grupos mískitos cercanos a la frontera y ubicados en el radio de acción propagandístico de la contrarrevolución, no parecen tener asidero real. Al contrario. Aún admitiendo cierto grado de quejas por las dificultades económicas del país, no puede negarse el reconocimiento popular al Frente Sandinista. 134.00 manzanas de tierras entregadas en 1982 a 280 cooperativas agrícolas y 320 campesinos individuales con el aviso de un ritmo acelerado para 1983 como parte de la reforma agraria; 6.000 títulos de lotes en los últimos 12 meses a familias que vivían en "repartos clandestinos" durante el somocismo; reubicación de más de 6.000 familias que vivían en basureros o lugares similares; pronta promulgación de una ley de prohibiendo la renta de casas que hará potenciales propietarios de vivienda a 50.000 jefes de familia como parte de la reforma urbana; la eliminación de la poliomielitis en el campo de la salud, etc., son realidades que dan fortaleza al proceso sandinista y hacen cerrar filas ante cualquier agresión.

Esa guerra sería una temeridad

Ahora bien, aún sin contar con los datos sociales, y ateniéndose estrictamente a los datos militares, el teniente coronel Buchanan concluye que sería una temeridad por parte de Honduras lanzarse a una guerra. Igualmente juzga que tampoco Nicaragua puede penetrar hasta Tegucigalpa pues el punto fuerte nicaragüense es el defensivo -aún en el supuesto de que fuera cierta la existencia de tanques y aviones soviéticos -, lo cual no preocupa al régimen de Managua al no tener intenciones invasoras.

Si tomamos en cuenta la existencia en Honduras de sectores que se oponen a una guerra contra Nicaragua, tanto entre los militares como en el Partido gobernante, la situación se dificulta para Washington. Los efectos de una guerra lanzada y no ganada no tardarían en hacerse sentir en el plano político y económico. No hay que olvidar que el PIB tuvo en Honduras un crecimiento negativo en 1982, la inflación llegó a un 50%, la balanza de pagos arrastra un déficit de 100 millones de dólares y la deuda externar llega a 1.500 millones. Y aunque el embajador Negroponte ha ido suprimiendo o relegando la resistencia antiguerrerista, ciertamente el segundo círculo de fuego también encuentra serios obstáculos en lograr sus objetivos. Lo anterior no niega el costo económico y en vidas humanas que Nicaragua tendría que pagar.

El tercer círculo, formado por las fuerzas del imperio, puede actuar bajo dos modalidades. Como retaguardia de las fuerzas directamente interventoras o como interventor directo. La primera de esas fórmulas tendría un costo político menor pero se encuentra condicionada a lo que puedan hace las fuerzas del Frente Democrático Nicaragüense y el ejército hondureño. Sí como hemos visto éstas tienen grandes limitaciones estratégicas, la retaguardia en cuanto tal no puede alterar decisivamente la correlación de fuerzas existentes. De ahí que sea una opción limitada. La segunda fórmula, directamente interventora, presupone posibilidades y conveniencias políticas. La intervención imperial - único marco en el que puede entenderse la aprobación de la enmienda Symms-, o en su defecto la intervención hondureña, presume un clima político adecuado. De ahí que debamos examinar la ofensiva política-diplomática de la Administración.

La agresión política y la respuesta revolucionaria

El Subsecretario de Estado Thomas Enders, en un significativo discurso denominado "Construyendo la paz en América Central" acusó a Nicaragua de "crear el mayor establecimiento militar de la historia de América Central" y "postergar elecciones mientras comienza a librar una guerra contra su propio pueblo". Añadiendo la necesidad de "explotar y buscar toda oportunidad de reconciliación y paz", mientras barcos de guerra estadounidenses provocaban a Nicaragua y se rearmaba a los guardias somocistas y soldados hondureños, viajó a Costa Rica para montar el "Foro por la paz y la democracia". Tal era la nueva versión de la "comunidad Democrática Centroamericana". Al Foro, además de Enders y del gobierno anfitrión, asistieron representantes de Honduras, El Salvador, Colombia, Jamaica, República Dominicana y Belice. El gobierno nicaragüense no fue invitado.

En dicha reunión Enders repitió sus acusaciones contra Nicaragua, siendo secundado principalmente por Honduras, El Salvador y Costa Rica. Paz Barnica, canciller hondureño, señaló que la posibilidad de un arreglo con Nicaragua dependía de si ésta retomaba "el camino de la democracia representativa y pluralista"; Chávez Mena, canciller salvadoreño, criticó la agresividad de Nicaragua "particularmente en asuntos internos de El Salvador"; Luis Alberto Monge, presidente costarricense, expresó que no podía "dejar de ser solidario con quien, fuera y dentro de los gobiernos, se empeñan con determinación y coraje en construir sociedades sandinistas ponían campamentos militares en la frontera norte de Costa Rica, la reunión concluía ofreciéndose el Foro a gestionar la paz. La agresión política era clara: al "guerrerismo" nicaragüense se oponían la "paz" del Foro; al "totalitarismo" sandinista, la "democracia" imperial; a la gestión de paz de gobiernos independientes, la gestión de gobiernos dependientes. Y a través de cualquiera de estos tres caminos, la agresión militar contra la tierra de Sandino y Carlos Fonseca quedaba orquestada.

El canciller costarricense Fernando Volio quedó encargado de implicar al Gobierno de Nicaragua en el Foro, una vez que ya estaban definidos por Washington los participantes y las reglas del juego. Al prestarse Costa Rica a este conjunto de operaciones, aprisionada por una deuda externa de 4.000 millones de dólares y condicionada por negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, se convertía en la base centroamericana para la agresión político-diplomática. En creciente contubernio con Israel -como lo demuestra el traslado de la embajada tica de Tel, Aviv a Jerusalén y los acuerdos de cooperación militar tras conversaciones de Monge con Beguin y Shamir -, Costa Rica ciertamente muestra los límites de su democracia y autonomía. Por eso no es extraño que el canciller Volio encontrara en México y Venezuela un serio obstáculo en su gestión por la "democrática" paz washingtoniana.

En efecto, con anterioridad al Foro coordinado en Costa Rica por Mr. Enders, los presidentes José López Portillo y Luis Herrera Campins, habían lanzado una propuesta de paz. En ella pedían a Honduras y Nicaragua abstenerse en "realizar todo acto que pueda agraviar la situación, con la idea de auspiciar el diálogo constructivo que permita el acercamiento y cooperación centre las partes". Igualmente plantean a Reagan la "concertación de un acuerdo global" en relación a Centroamérica. Numerosos gobiernos se sumaron a esta opción. Nicaragua apoyó la propuesta México-Venezuela, Honduras la propuesta costarricense-norteamericana. La lucha diplomática estaba planteada.

En este contexto, durante el 38 período ordinario de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nicaragua conquistó un puesto en el Consejo de Seguridad de dicho organismo. Estados Unidos había promovido y apoyado la candidatura de República Dominicana tratando de impedir que Nicaragua alcanzara los 2/3 de votos en la Asamblea, que eran condición necesaria para su elección. Sin embargo, 104 países, pertenecientes principalmente al Movimiento de No Alineados, impidieron la pretensión norteamericana y dieron el triunfo a Nicaragua. Este triunfo, que provocó inusualmente demostraciones de júbilo en la Asamblea de la ONU, fue entendido como "decepcionante" por la embajadora Kirkpatrick. Nicaragua salía fortalecida y quedaba debilitado el "Foro por la Paz y la Democracia". El plan de guerra estadounidense había sufrido una seria derrota. Poco después, pese a la influencia de Estados Unidos en la OEA, el canciller hondureño Paz Barnica, perdió la elección para presidente del a Duodécima Asamblea General.

Contexto internacional

En noviembre, las elecciones bianuales de Estados Unidos resultaron significativamente adversas para la política republicana, especialmente por razones internas. Esto, que no podrá dejar de repercutir de manera importante en la política global de Reagan, no afectó sin embargo la composición senatorial, permitiendo aún al Presidente suficientes márgenes de acción en política exterior. De ahí que tratando de impulsar su política en el área, Reagan, tras intentos infructuosos de cerrar las heridas de las Malvinas en su viaje por Brasil y Colombia, viajó a Centroamérica. Los países limítrofes con Nicaragua, Costa Rica y Honduras, fueron las escalas en su gira. El presidente salvadoreño lo contactó en San José y el jefe de Estado guatemalteco en San Pedro de Sula. Reagan reafirmó su hostilidad contra Nicaragua con altisonantes ataques verbales; apoyó alianzas político-militares entre El Salvador, Guatemala y Honduras; trató de fortalecer políticamente a los gobiernos de Suazo y Monge; y aunque evidenció dificultades para responder a requerimientos financieros más allá del Plan de la Cuenca del Caribe, dio el más importante paso en la normalización de relaciones con el régimen de Ríos Montt.

Coincidiendo en el tiempo con la visita de Reagan, una delegación de la Internacional Socialista se hizo presente en Nicaragua. Dicha delegación condenó los planes de agresión militar contra la Revolución Sandinista llamando a la búsqueda de la paz. De esta manera, ratificadas las conclusiones que respecto a Centroamérica se habían emitido en la última sesión ordinaria de carácter internacional, celebrada en noviembre, por dicho organismo. Mientras sucedía esto, la Unión Soviética, bajo el mando de Andropov guardaba un profundo silencio sobre la situación del istmo. Científico sociales latinoamericanos, agrupados en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), manifestaron en sus publicaciones que cabían dos interpretaciones: la más benigna pensaría que la URSS no quería dar el más mínimo pretexto interventor a EEUU, y su contraria, que se trataba de una especie de carta en blanco a favor de Reagan a cambio de otro tipo de concesiones en el panorama mundial.

Ahora bien, tras la partida de Reagan de Honduras y la partida del a Internacional Socialista de Nicaragua, la Comisión Socialdemocráta fue invitada a Costa Rica donde criticó, ante el estupor tico, la política centroamericana de Monge y Volio. Un nuevo golpe sufrió la diplomacia costarricense-norteamericana cuando los cancilleres de Colombia, Panamá, México y Venezuela, llamaron a negociaciones en el área, independientemente del "Foro pore la Paz y la Democracia".

Con el aspecto político-diplomático del plan de guerra de la Administración Reagan notoriamente golpeado, se reunió en Managua en enero 83, el Buró de Coordinación de los países No-Alineados. La sesión ministerial extraordinaria contó con la asistencia para eventos de este tipo. Esto no podía sino entenderse como un apoyo a la Revolución Popular Sandinista, Lo anterior quedó demostrado cuando los asistentes, en el comunicado final, condenaron "el financiamiento de acciones encubiertas, utilización del territorio norteamericano y de países vecinos a Nicaragua para entrenamiento de fuerzas contrarrevolucionarias; violación del espacio aéreo y aguas territoriales por aviones y barcos norteamericanos; hechos que han traído como consecuencia acciones terroristas, ataques armados, voladuras de puentes, sabotaje y otras acciones dirigidas al derrocamiento del Gobierno Revolucionario".

El movimiento de los países pobres del mundo desenmascaró el plan militar del Imperio estadounidense. Acto seguido pasaron a ocuparse de la agresión político-diplomática y tras criticar a Costa Rica por "volver a instalar su misión en Jerusalén,. desafiando así la decisión del Consejo de Seguridad y la opinión pública internacional", manifestaron que "saludaban la iniciativa de paz presentada por México y Venezuela" y encomiaban su "disposición a ser útiles en la promoción de un diálogo". Tomaron también nota "de la respuesta positiva de Nicaragua al mismo" y "exhortación a Honduras a que haga recíproco este gesto en un futuro inmediato". Las dificultades de la agresión diplomática norteamericana se hicieron evidentes".

La situación salvadoreña

Las dificultades estratégicas del segundo diseño de la Administración Reagan sobre Nicaragua, tiene efectos importantes sobre el área pues dicho país es el punto clave en ese plan. Ahora bien, el panorama se complica si analizamos la situación de Guetemala y sobre todo de El Salvador. Los gobiernos de esos países, según la idea inicial, deberían haber inclinado la correlación de fuerzas a su favor entre abril y diciembre 82, o por lo menos, contenido la situación. En este último caso, el presunto derrocamiento del sandinismo definiría posteriormente la situación en contra de los movimientos de liberación.

El régimen de Ríos Montt, sin haber podido unificar plenamente al bloque en el poder como lo demuestran algunos intentos de golpes de Estado, ha contenido ciertamente a la URNG; pero, al parecer, no le ha infligido golpes estratégicos y ha tomado tales medidas represivas sobre la población, que el movimiento guerrillero encuentra un "caldo de cultivo" para su mantenimiento, Sin embargo, es la situación de El Salvador la que se ha tornado explosiva en lo inmediato.

En efecto, la pugna entre las fuerzas oligárquicas salvadoreñas ha ido en ascenso. En la ciudad de Apaneca, departamento de Ahuachapán, hubo un serio intento de coordinar un verdadero gobierno de unidad derechista. Sin embargo, el partido Acción Democrática no aceptó siquiera participar; el partido de Conciliación Nacional se dividió tras el acuerdo de Apaneca; el Partido Popular Salvadoreño entró en agrias polémicas con el Acción Democrática; las cuotas de poder resultaron exiguas para los principales partidos... y la división se agudizó. La confrontación llegó al seno de las fuerzas armadas avivando tensiones relativamente encubiertas. El rumbo de la guerra, con alto costo en vidas para el ejército, provocó críticas de un sector castrense contra la capacidad de dirección del Estado Mayor.

En el fondo del conflicto está la posición de la oligarquía salvadoreña enfrentada a la posición del Imperio norteamericano que, aunque concordantes en el objetivo, final, difieren en la forma de llevarlo a cabo. Poco a poco el Imperio ha ido ganando terreno al ir desplazando a las fuerzas de D'Aubuisson, pero el conflicto parece estar lejos de resolverse.

Sobre esa crisis se monta otra más profunda: la que el pueblo salvadoreño y su vanguardia el FMLN provocan al conjunto de los sectores dominantes. La campaña "Héroes Revolucionarios de Octubre 82", que de hecho se prolongó hacia diciembre, marcó el principio de la ruptura en el equilibrio estratégico que hasta entonces había mantenido los ejércitos en lucha. A pesar de la ayuda reaganiana de 424 millones para el período 81-82, de las visita de Nutting y altos jerarcas del Pentágono para revisar la estrategia de conducción de la guerra, de la duplicación de efectivos en el ejército represivo, de la modernización de las armas y el incremento del asesoramiento.... sencillamente el balance estratégico se rompió.

La campaña "Héroes revolucionarios de enero", actualmente en apogeo, lo está desmostrando palmariamente. El FMLN se encuentra muy desarrollado en Morazán, Chalatenango, San Vicente, Cerros de San Pedro, Guazapa y Jucuarán; se ha extendido recientemente al norte de San Miguel y norte de la Unión; logra un mayor control sobre carreteras importantes del país como la del Litoral, la Panamericana y la Troncal del Norte; desarrolla su ataque sorpresivo en puntos muy diversos del país, ha comenzado a hostigar importantes cuarteles del país ubicados a veces en la misma capital, etc. Durante el año 82 y muy especialmente en los últimos tres meses, según datos de la Dirección Revolucionaria, se recuperaron 1374 armas largas, 104 cortas, 77 de apoyo y 221223 municiones; el número de bajas del ejército gubernamental fue de 3543 entre muertos y heridos, 411 fueron capturados y devueltos a la Cruz Roja; se realizaron 1383 sabotajes entre ellos 406 a la energía eléctrica; se han destruido 11 helicóptero enemigos, 6 aviones Fuga Magister, 8 Orugan, 6 C-47, 1 Dragon Fly A-37, 18 camiones militares y dos tanquetas. La moral revolucionaria se ha fortalecido, mientras la ofensiva de enero 83 muestra un notorio descenso de la misma en la tropa del régimen. Washington ha palidecido...

¿Hacia dónde va Centroamérica?

El segundo diseño de la política exterior norteamericana, centrado en Nicaragua, se ha evidenciado como problemático en us realización, tanto en el plano político-diplomático como en el militar. La situación en El Salvador, con la ruptura del balance estratégico en favor de las fuerzas revolucionarias, ha complicado aún más los designios de la Casa Blanca.

En efecto, con relación a Nicaragua, no se ve viable que las fuerzas somocistas, agrupadas en el Frente Democrático Nicaragüense, puedan infligir derrotas estratégicas a la Revolución Popular Sandinista. El ejército hondureño, dificultado en su ataque terrestre por la fuerza del Ejército Popular y las milicias nicaragüense, y con grave riesgo en el éxito de su potente aviación debido a la defensa antiaérea revolucionaria, tampoco parece tener posibilidades de derrocar al gobierno de Managua. El apoyo en la retaguardia de las fuerzas norteamericanas tiene alcances reducidos en la medida que el ejército directamente agresor (hondureño y/o somocista), no tiene posibilidades reales de triunfar. Paralelamente, una intervención directa norteamericana afrontaría serios costos, tanto por la situación interna de Estados Unidos (hasta cierto punto evidenciada en las elecciones bianuales), como por la legitimidad internacional de Nicaragua. Esta ha quedado demostrada en su triunfo para el Consejo de Seguridad de la ONU y en el apoyo del Movimiento de Países No Alineados que, entre otras cosas, ha hecho deslucir la propuesta costarricense-norteamericana del Foro por la Paz y la Democracia.

Sin embargo, como contrapartida es preciso señalar que lo anterior no implica aún una victoria rotunda sobre el diseño imperial. Los somocistas y neosomocistas, con sus constantes incursiones armadas y las posibilidades siempre abiertas de sabotajes exitosos, conservan una potencialidad de destrucción no despreciable. El ejército hondureño aunque impedido de un triunfo estratégico, tiene un poder destructivo sumamente alto, independientemente de que Honduras también deba pagar un alto costo en caso de guerra. Una retaguardia norteamericana vendría ciertamente a fortalecer dichas capacidades destructivas potenciales. Finalmente, una intervención directa norteamericana no es descartable como lo demuestra la enmienda Symms, máxime si se toma en cuenta el giro de los acontecimientos en El Salvador. Y si es cierto que una intervención traería grandes costos al gobierno de Reagan, no es menos cierto que una victoria revolucionario en El Salvador igualmente los acarrearía.

Ante esta realidad, preñada de graves limitaciones y costo que pagar en una ofensiva frontal contra el gobierno sandinista, pero con un poder de destrucción que sería significativo para los recursos humanos y materiales de Nicaragua, en medio de la aguda crisis salvadoreña, el Imperio se cuestionará nuevamente sobre cuál es su país clave en el istmo. ¿Continuará centrando su atención en Nicaragua como el mejor medio para golpear al movimiento salvadoreño con los riesgos que ello implica? ¿o volverá a centrarse en El Salvador desviando los recursos instalados en Honduras, para ajustar posteriormente cuentas en Nicaragua?.

En cualquiera de los casos, la alternativa planteada en la región es una sola: intervenir o negociar. Cualquiera de estos caminos presenta en su interior diversas posibilidades (la intervención puede hacerla el ejército de uno u otro país, el país intervenido puede ser tal o cual, la negociación puede darse puntual o global); incluso la intervención o negociación puede no coincidir en términos de tiempo en las naciones "conflictivas", pero de fondo la alternativa es clara: intervenir o negociar.

La situación ha madurado de tal manera que la decisión no puede aguardar mucho. La intervención o la negociación son viables en el corto plazo. A lo más, un hecho puede anteponerse (no sustituir) a esa disyuntiva. Sería la posibilidad de que, tras darse un tiempo para hacer los ajustes necesarios, los Estados Unidos hicieran tras darse un tiempo para hacer los ajustes necesarios, los Estados Unidos hicieran uso del poder destructivo aunque limitado que se tiene acumulado contra Nicaragua. Que mediante tropas hondureñas, y eventualmente guatemaltecas, pero usadas en número limitado, los norteamericanos procuraran contener temporalmente el avance del FMLN. Tras los resultados de esas acciones, según el grado de éxito o de derrota, ante la posición de fuerza que cada contendiente logre acumular, la alternativa real disyuntiva en el corto plazo, o tras la implementación de un período de "ablandamiento", 1983 parece como un año clave para el futuro de Centroamerica y las esperanzas infinitas de los pobres de la tierra.

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