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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 112 | Marzo 1991
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Centroamérica

Crisis de nación y de Estado: el horizonte de la ingobernabilidad

La debilidad central del proyecto neoliberal centroamericano es su carácter de "parche" super-impuesto sobre las raíces y causas fundamentales de una crisis regional todavía sin solución.

Equipo Envío

El estilo de la nueva derecha neoliberal presenta más problemas para el movimiento popular que el viejo estilo de las dictaduras oligárquicas protegidas por las embajadas norteamericanas. Sin embargo, el nuevo esquema desnacionalizador de las clases dominantes no satisface de mejor forma las necesidades más sentidas del campesinado y de los pobres de la ciudad que la represión abierta del pasado. Más bien, profundiza el sufrimiento del pueblo pobre, dejándole como única salida la migración, esa nueva forma de exportar su fuerza de trabajo a los Estados Unidos. Esta alternativa se presenta ahora cada vez más problemática con la recesión de la economía norteamericana, que provoca un fuerte proteccionismo y racismo anti-migratorio.

Existe un circulo vicioso: la inestabilidad social y política condicionan el éxito del nuevo modelo, desincentivando la inversión extranjera y obligando a la nueva derecha a regresar a los viejos estilos de represión militar. Esto sucede ya en Honduras, Panamá, Guatemala. En menor grado en El Salvador, solo por el contrapeso de las armas del FMLN. Solamente en Nicaragua, la nueva derecha no ha podido regresar hacia sus viejos estilos represivos por la habilidad de la concertación política del FSLN y por el mantenimiento del único ejército moderno y civilista de la región.

La dinámica de las incoherencias del ajuste neo-liberal, unida a la ausencia de un paquete internacional, un "mini-Plan Marshall", suficiente para reconstruir la crisis post-bélica de Centroamérica; junto a la inestabilidad política y social de la región y a la debilidad del proyecto alternativo popular, define el problema central de la región centroamericana: una crisis de Nación y de Estado.

Si bien esta crisis se evidencia más plenamente en la crisis de identidad nacional y de Estado intervenido en Panamá y en Honduras, existe también en los otros países de la región, con la excepción de Costa Rica. En El Salvador, nadie duda a estas alturas que el país se encuentra en medio de una guerra civil. En Guatemala, la guerrilla sigue avanzando y retorna el ciclo de la violencia, intensificándose su intensidad. En el más oprimente ambiente represivo de la región, es imposible hablar de una nación cuando sus estructuras sociales fundamentales están tan sólidamente basadas en el racismo y la división de la nación en dos: la nacionalidad mestiza y la nacionalidad indígena, a su vez compleja, dada su estructura social enraizada en múltiples municipios y enriquecida por 23 lenguas distintas. En Nicaragua, el Estado-Nación más consolidado de la región, estallo en 1990 el problema de la ingobernabilidad económica, crisis que a mediano plazo puede socavar la estabilidad democrática y política, e incluso afectar la misma unidad nacional, por la incapacidad de satisfacer las mínimas necesidades de los pueblos de la Costa Atlántica.

La raíz de esta crisis centroamericana de Nación y Estado es la negación de una ciudadanía plena económica y social para un 60% de su población. La única salida racional de esta crisis es la conquista de esa ciudadanía por parte de esa mayoría de empobrecidos. La guerra de los ricos centroamericanos contra los pobres lleva ya más de un siglo. La guerra de autodefensa y liberación de los pobres contra los ricos lleva casi tres décadas. Como lo demuestran todas las guerras de la historia, después del derramamiento de sangre vienen la negociación y la concertación. El empate de esta guerra en Centroamérica ha abierto la posibilidad de una salida negociada y de un proceso de desmilitarización. Sin embargo, si nuestra hipótesis es valida, la negociación política será siempre socavada por la falta de concertación económica y social.

Tesis fundamental: un horizonte de ingobernabilidad en la región

Quizás, la tesis fundamental de este análisis regional es el horizonte de ingobernabilidad en Centroamérica. Esta ingobernabilidad surge como tendencia a mediano y largo plazo, no tanto por lo retrógrado de las Fuerzas Armadas de la región o por la política injerencista de los Estados Unidos, o por la terquedad de las vanguardias revolucionarias, sino más bien por la falta de disposición de las clases dominantes para una concertación económica y por la falta de capacidad del movimiento popular para llevar a cabo esa concertación al carecer de propuestas alternativas pragmáticamente audaces.

Desde un análisis que parte de la esperanza y de la necesidad de construir una paz estable - condición indispensable tanto para que mejore la suerte de los pobres como para que comience la recuperación económica -, la ingobernabilidad surge de las incoherencias del proyecto neo-liberal y de la inmadurez de la propuesta alternativa encerrada en la lucha cotidiana de las masas empobrecidas no organizadas y en las del movimiento popular organizado.

Por un lado, una postura irresponsable de rechazo global del programa de estabilización y ajuste económico y por el otro, la negación de ciudadanía económica y social para un 60% de la población de la región configuran un callejón sin salida, una especie de "libanización económica" del conflicto. La desesperación, la frustración y la anarquía provocan tentadoras salidas hacia el narcotráfico, la delincuencia y la migración.

El circulo diabólico de inestabilidad-crisis económica-mayor inestabilidad enfrenta a la nueva derecha a la disyuntiva de buscar apoyo en los militares y renovar el ciclo antidemocrático del pasado o de lograr un proyecto naciónal suficientemente consensual con las organizaciones populares. Estas, por su parte, enfrentan la amenaza del prolongado período militarista, bajo el cual padecieron en el pasado y que puede obligarles de nuevo a reactivar la defensa armada de sus vidas. O, si no son capaces de presentar propuestas de un proyecto propio con carácter nacional, a correr el peligro de la captación por el proyecto burgués.

Se acabó el subsidio internacional y no habrá "solución externa"

Por otro lado, no hay solución externa y el subsidio internacional se acabó. La inversión y los flujos financieros huyen de América Latina ("Latin America no business", afirmó McNamara) o se concentran en 2 o 3 países. La creciente recesión norteamericana afectara aun más a nuestros países. La Iniciativa para las Américas, en las condiciones económicas actuales de Estados Unidos, es una propuesta defensiva que busca compartir el ajuste de los desbalances norteamericanos en un mercado ampliado: "ajustar sobre América Latina y con ella". Esto no servirá de motor de crecimiento para nuestros países.

Por otra parte, los pocos países "modelo" del proyecto neoliberal, Chile y México, llevan consigo las improntas de más de década y media de dictadura, de represión popular y de miseria para una tercera parte de su población en Chile y de fraudes electorales, desnacionalización y absorción política de cualquier pluralismo en el segundo. Junto con tasas sustantivas de crecimiento en estos dos países, el deterioro en la distribución del ingreso y el aumento de la pobreza es intrínseco a este modelo, llegando a su máxima perversidad en Brasil, la potencia económica latinoamericana, donde una gran parte de su población está en los últimos escalafones de calidad de vida en el mundo, comparables incluso a uno de los países más paupérrimos de Africa, Sierra Leona, según señala el reciente informe de las Naciones Unidas de 1990 sobre el desarrollo humano.

Al buscar una concertación entre la alternativa popular y el proyecto neoliberal, no cabe la ingenuidad de creer que las clases dominantes, el gobierno norteamericano, el FMI y el Banco Mundial tengan la disposición necesaria para reconocer la insuficiencia e incoherencia de su proyecto ni para negociarlo con una agenda popular alternativa. Quizás el Banco es el único que empieza a reconocer el problema de fondo. Solo la organización y la fuerza económica y política del movimiento popular pueden obligar a las clases dominantes a sentarse a la mesa de negociaciones. Sus propios intereses y la persistente interferencia de los Estados Unidos en la región para defender esos intereses les incapacitan para actuar éticamente.

Después de tantas décadas de acompañar el proceso popular, es cada vez más racional creer más en la buena fe e instinto de los pobres para la democracia que en la conversión de las clases dominantes. Creemos que el movimiento popular ya intuye la parcialidad y las debilidades de su resistencia a programas ajenos, impuestos desde afuera y desde arriba. La posibilidad de que el movimiento popular aprenda como enfrentar el ajuste es mucho más realista que una eventual generosidad de los nuevos gobernantes neoliberales para incluir a los pobres como actores de su proyecto.

A pesar de que el proyecto neoliberal no puede salir a flote sin una concertación con el movimiento popular y sin una paz social estable, hay pocas esperanzas de cambio por su lado. La única forma de proceder para hacer crecer esas mínimas esperanzas que tenemos en la conversión del enemigo histórico del pueblo es incrementar la fuerza de la presión popular, con medios democráticos, con propuestas económicas concretas y viables para un proyecto nacional equitativo para todos, es decir democrático, y con la disposición para la reconciliación nacional.

Signos de reconciliación y de búsqueda de paz

Algunos signos recientes de "ablandamiento" y de búsqueda de reconciliación nacional se han dado en sectores del gobierno de Violeta Chamorro. También se ha percibido, al menos, un nuevo estilo que ojalá lleve a nuevas relaciones sociales y económicas, en sectores de la empresa privada organizada regionalmente. En la Conferencia Económica Centroamericana de San Pedro Sula, en septiembre/90, organizada por FEDEPRICA y el Central American Action Group de Miami, el documento final es sorpresivamente esperanzador, al menos en su lógica. En el se habla de: transformar la convivencia humana... ataque frontal a la pobreza...identidad nacional...requisitos éticos...incorporación de la sociedad civil...realización de la democracia... flexibilidad y capacidad de adaptación...protección de la biodiversidad...". Este lenguaje es nuevo. ¿Será el indicio de un nuevo realismo y de una nueva conciencia ante la patente y creciente ingobernabilidad de Centroamérica? ¿Será posible en el futuro no solo un lenguaje nuevo sino una concertación equitativa y genuina?

Cualquiera que sea la veracidad de esta posición, el reformismo de la sociedad burguesa frente a los que explota nunca ha nacido dentro de ella misma en ninguna parte del mundo. Cualquier reforma siempre ha sido el resultado de la protesta y de la propuesta y fuerza negociadora del pueblo organizado.

El problema fundamental del movimiento popular es la inmadurez de su alternativa. Protestar o concertar sin desarrollar esa alternativa representa una ingenuidad no aceptable en esta región, porque olvida que las clases dominantes responderán siempre con su habilidad habitual frente a la protesta y frente a la concertación. El desafió fundamental para vencer esta habilidad histórica de los poderosos es cultivar una alternativa, no de palabra, sino una propuesta basada en la practica, la autonomía y la rentabilidad de la producción y organización populares, independiente de las migajas que caen de la mesa neoliberal. Llegar a la mesa de concertación con menos que esta alternativa no es más que puro y ya obsoleto romanticismo político.

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Protesta mal enfocada e inmadurez en la concertación económica

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