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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 19 | Enero 1983
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Nicaragua

Confrontación entre Nicaragua y Estados Unidos en 1982

El objetivo de la Administración Reagan hacia Centroamérica planteados ya en la Plataforma del Partido Republicano y confirmados posteriormente en múltiples ocasiones por altos funcionarios norteamericanos, es particularmente claro: derrocar al gobierno popular y anti-imperialista de Nicaragua.

Equipo Envío

Se trata de sustituir al gobierno revolucionario por un régimen que expresa los intereses imperiales, e impedir paralelamente cualquier nuevo triunfo popular en el Area. La derrota de esa política por parte de la Nicaragua Sandinista y los movimientos de liberación centroamericanos con el fin de alcanzar la autodeterminación nacional y le desarrollo social es el objetivo de las fuerzas revolucionarias en la región. Tal es el conflicto fundamental que bajo múltiples formas envuelve al istmo y que sirve como hilo conductor a su acontecer histórico. En 1982 hemos asistido al fracaso del primer diseño de política exterior norteamericana sobre Centroamérica y al reacomodo de la misma.

El primer diseño de política exterior norteamericana

La Administración Reagan escogió la "normalización" de El Salvador prioridad, regional, para evitar el probable y peligroso surgimiento de una "nueva Nicaragua". tal orientación, aunada al mejoramiento de relaciones con el gobierno de Romeo Lucas, que tendría como efecto inmediato contribuir a su fortalecimiento militar, parecía la mejor vía para dominara al movimiento popular guatemalteco. Paralelamente se promoverían acciones de hostigamiento contra la Revolución Sandinista que deberían culminar en golpes económicos y militares de repercusión estratégica. Golpeado de esa manera el poder popular nicaragüense y tras controlar la situación en el norte centroamericano, la dirección principal de la ofensiva reaganiana se centraría en buscar el derrocamiento del sandinismo. Tal panorama - aunque no exento de contradicciones importantes al interior de EE.UU.-, en conjunción con las acciones sobre el Caribe y el debilitamiento del torrijismo en Panamá, devolvería al régimen norteamericano su control absoluto sobre un área que juzgan importante en términos geopolíticos, mostrando así al mundo el resurgimiento imperial.

Sin embargo, en marzo del 82, tras quince meses de gobierno republicano, los resultados obtenidos en Centroamérica no fueron satisfactorios para Reagan. Las dos grandes metas propuestas en El Salvador, la derrota militar del FMLN que previa hacia octubre del 81 y la posterior legitimación política de la Democracia Cristiana a través de elecciones en marzo del 82, no se pudieron cumplir. Seis meses después de la ofensiva insurgente de enero del 81, en los meses de julio y agosto, el FMLN comienza a retomar la ofensiva en le terreno militar. En diciembre asesta duros golpes al ejército enemigo. La situación fue tal, que en distintos momentos la Administración Reagan estudió diversas modalidades dei intervención extranjera (en el marco del TIAR, con dictaduras latinoamericanas, incluso mediata su participación directa).. Y aunque en marzo del 82 el FMLN no logra incidir suficientemente en la coyuntura electoral, debido a importantes errores tácticos y al fortalecimiento que del ejército salvadoreño habían cumplido. El giro estratégico que el FMLN impondría a la guerra a partir de junio, vendría a demostrar esto con mayor nitidez. Mientras tanto en las elecciones se materializaría con la victoria de una coalición ultraderechista encabezada por el Mayor Roberto D'Aubuisson en detrimento de las posturas democristianas. En consecuencia, las elecciones tan afanosamente buscadas por Washington, hacen más difícil la legitimación del régimen salvadoreño a la par que potencian una honda pugna al interior del bloque en el poder.

Paralelamente, los planes sobre Guatemala sufren serias alteraciones. Las excelentes relaciones iniciales entre los gobiernos de Romeo Lucas y Ronald Reagan, basada en su homogeneidad ideológica y fortalecidas por intermediarios como el asesor presidencial Michael Deaver y el General Vernon Walters, llevan al Departamento de Estado a anunciar ventas militares a Guatemala por valor de 3.2 millones de dólares. La reacción del Senado y la Cámara de Representantes en el trasfondo de la suspensión de Carter de ayuda militar por violación a los derechos humanos, limitan las posibilidades de Reagan y Haig. La situación interna de Guatemala se deteriora: Amnistía Internacional calcula mil asesinatos por mes que alcanzan incluso a sectores moderados; la guerrilla cobra fuerza unificándose en febrero de 82, al constituir la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca; influyentes sectores de la oligarquía guatemalteca y del ejército ahonda diferencias con Lucas García, etc. Las peticiones de Washington a Guatemala, en el sentido de suavizar posiciones para dar margen de maniobra al interior de EE. UU., caen en el vacío. El distanciamiento entre ambos gobiernos tiende a carecer. Las elecciones del 78 de marzo del 82 son tachadas por la oposición oligárquica de "fraude escandaloso" culminando la situación con un golpe de estado que, tras una serie de reacomodos de poder, seria encabezado por el General. Efraín Ríos Montt. Reagan, sin embargo, había perdido un tiempo precioso.

Mientras tanto, en ese mismo período, la Revolución Sandinista era acusada por el Gobierno Republicano de ser responsable de la resistencia popular salvadoreña. Concretamente, Nicaragua estaría siendo puente para un supuesto tráfico de armas provenientes de Cuba y el bloque soviético. Tras esa acusación, que nunca pudo ser probada, se escondía el designio de fondo: derrocar la gobierno revolucionario y sustituirlo por un régimen pro-norteamericano. En consecuencia, se desarrollaron tres vías de ataque: la ofensiva política nacional e internacional, el desgaste económico y la agresión militar.

Las acciones diplomáticas destinadas a restar crédito a la Revolución nicaragüense ante países democráticos, el apoyo a lo interno de grupos políticos antisandinistas (impulsando a acciones no armadas en lo inmediato, pero fuera de la ley) aunado al respaldo de los sectores conservadores en las Iglesias, fueron las líneas principales de la ofensiva política. El uso de mecanismos estructurales de presión financiera, tecnológica y comercial, más el impulso de sabotajes a la producción e infraestructura del país, figuran como los principales elementos tendientes al desgaste económico de esta etapa. La agresión militar, a su vez, iba creciendo significativamente.

La existencia de campos de entrenamiento antisandinista en California y Florida, la preparación combativa en el Canal de Panamá de por lo menso tres compañías de guardias somocistas, la penetración permanente a territorio nacional de bandas somocistas con base operativa en Honduras, los atentados explosivos sobre puentes del Río Coco y negro, los actos terroristas contra el Aeropuerto Augusto César Sandino de Managua y un avión de Aeronica en México, el complot "Navidad Roja" en la Costa Atlántica, los intentos de destruir la Cementera y la Refinería, el cerco electrónico tendido por el Comando Sur para interferir y controlar ciertas comunicaciones internas, las 40 violaciones del espacio aéreo nicaragüense por parte de la fuerza aérea norteamericana, la operación "Halcón Vista" destinada a estudiar la capacidad de la fuerza aérea y naval de Honduras y Estados Unidos en una eventual guerra contra Nicaragua, las numerosas acciones de la marina de guerra hondureña contra embarcaciones nicaragüenses, la autorización de 19 millones de dólares a la CIA para operaciones encubiertas, la presencia de buques espías norteamericanos en aguas del Pacífico, etc. son muestras de las intenciones militares de la Administración Reagan.

Jaque mate

Sin embargo, en marzo del 82, mientras los planes norteamericanos se complicaban en El Salvador y Guatemala, en Nicaragua sufrían un serio traspié- En ese mes, catalizador de la crisis centroamericana, eran previsibles ataques militares con finalidades estratégicas. Estos tendrían un abanico de posibilidades que variarían, desde la intervención norteamericana - poco probable pero no descartable - hasta la entrada en gran escala de guardias somocistas con el apoyo de comandos internos contrarrevolucionarios. Una posibilidad intermedia era la de una guerra fronteriza con Honduras que, apoyada logísticamente por Argentina y Estados Unidos destruyera, mediante su superioridad aérea, puntos vitales económicos y militares de Nicaragua. Salvo la primera de las posibilidades, las otras dos no buscarían del derrocamiento inmediato del régimen sandinista, sino la creación de condiciones para ello. De ahí su importancia.

En ese mes la tierra de Sandino asiste a una movilización sin precedentes. El estado de alerta del Ejército Popular Sandinista, las milicias populares y otras fuerzas de vanguardia, la vigilancia revolucionaria sobre fábricas, haciendas y vías de comunicación, la ley de emergencia nacional para prevenir acatos de desestabilización interna, la instrucción a la población sobre lo que debe hacerse antes, durante y después de un bombardeo, la búsqueda paralela del menor deterioro posible de la actividad productiva, etc., se conjugan con una ofensiva internacional. La propuesta de paz del Presidente mexicano José López Portillo apoyada por una serie de Gobiernos democráticos, el Parlamento de la CEE, la Internacional Socialista y 106 miembros del Congreso Estadounidense, fue un primer golpe serio. El fracaso de la campaña diplomática de Alexander Haig al mostrar fotografías de miskitos quemados vivos que resultaron ser de la época somocista, las declaraciones de José Orlando Tardencilla desmintiendo la vinculación nicaragüense con el tráfico de armas pese a ser presentado por el propio Departamento de Estado y la derrota en la primera presentación de la enmienda Symms, fue un segundo golpe contundente. la victoria de las tesis anti-intervencionistas de Nicaragua en el Consejo de Seguridad de la ONU por12 votos a favor, 2 abstenciones y sólo el voto de Estados Unidos en contra, fue un tercer golpe. Casi derrotados los planes del imperio en la coyuntura y reservándose Nicaragua el derecho a llevar su denuncia a la Asamblea General de las Naciones Unidas, el estallido del conflicto en las Malvinas y vino a dar el jaque mate al primer diseño de la política exterior reaganiana sobre Centroamérica.

La alternativa de la negociación

Sin embargo, la alternativa de la negociación que presumiblemente convendría más a los movimientos revolucionarios de Centroamérica, ya fuese por razones estratégicas (Nicaragua) o tácticas (El Salvador), tampoco pudo viabilizarse. Con el trasfondo de la declaración franco-mexicana sobre la situación salvadoreña, José López Portillo había propuesto a Managua tres puntos: la solución negociada al conflicto salvadoreño, el diálogo y la normalización de relaciones entre Managua y Washington tras una serie de acuerdos de seguridad mutua, y negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Pese al apoyo internacional recibido, y a diversos encuentros entre algunos representantes de las fuerzas implicadas, la alternativa o resultó operativa. la mayor cuota de poder a la corriente D'Aubuisson en El Salvador aumentaba las dificultades de un entendimiento, dejando en consecuencia vigentes las acusaciones del Departamento de Estado contra Nicaragua en el sentido de colaborar logísticamente con el que también le parecía evidente a Cuba respecto a Washington. Ahora bien, más allá de esas razones, gravitaba el hecho de que el objetivo imperial era la destrucción de las vanguardias populares, no el entendimiento. Un negociación sería viable, en todo caso, al cerrarse diversos intentos. La coyuntura no sólo no había agotado otras posibilidades, sino que ni siquiera había permitido a Estados Unidos negociar en posición de fuerza. De esta manera tanto de esperarse un reacomodo del diseño republicano para l consecución de sus objetivos regionales y el consiguiente reforzamiento de la resistencia de los movimientos de liberación el istmo.

La nueva táctica estadounidense

La guerra de las Malvinas es un factor importante para comprender las opciones posibles del replanteamiento norteamericano. En efecto, el conflicto entre Argentina y Gran Bretaña, con la definición de Washington a favor de Londres, vino a cerrar por un buen tiempo la ya difícil opción de la OEA y el TIARE como medio de contención en Centroamérica. Al mismo tiempo, en la relación de gobierno a gobierno de Estados Unidos perdió en el régimen de Galtieri a su más incondicional aliado latinoamericano y una fuerza clave de la contrainsurgencia del istmo. Más aún, el importantísimo apoyo diplomático que Venezuela venía proporcionando a la política de Reagan y Haig, quedó entredicho en la región, máxime si tomamos en cuenta la derrota electoral de la democracia cristiana salvadoreña y la propia dinámica interna impuesta por el proceso electoral venezolano.

Sin embargo, los sucesos centroamericanos en el contexto posterior a la guerra de las Malvinas, no son suficientes para explicarnos el replanteamiento norteamericano si descuidamos el reemplazo de Haig por Shultz en la secretaría de Estado. La caída de Haig se explica por el fracaso en su estilo de ejecución de la política exterior que, acrecentado por pugnas burocráticas, llevó a una serie de conflictos en el mundo sin que se advirtiera la recuperación de la hegemonía esperada. El "globalismo estratégico" de Haig no pudo conjugar adecuadamente sus concepciones geopolíticas , los criterios gubernamentales de eficiencia, el balance entre intereses militares y económicos y el largo plazo como criterio de acciones inmediatas o de mediano plazo. Si ser conservador que sus colegas de la Administración, Haig se situó generalmente en posiciones muy cercanas al empleo de la fuerza estadounidense ante los movimientos o procesos de liberación del Tercer Mundo -pues ésta era la primera fase para contener al "expansionismo soviético", siendo más receptivo ante las posiciones europeas que no buscaban una línea de confrontación abierta con la Unión Soviética - la cual debería darse en un asegunda fase -. Altos dirigentes del gobierno tenían una posición hasta cierto punto inversa o al menos buscaban conjugar de mejor manera ambos aspectos, coincidiendo en los mismos objetivos. Weinberger, Secretario de Defensa, fue uno de los principales contenedores de Haig debido a estas razones.

Tan conservador como su antecesor, Schultz, en consonancia con Winberger, previsiblemente desarrollará alternamente la fuerza y la negociación según las capacidades reales del poder norteamericano, incorporará de mejor manera la coordinación del gobierno con los grandes negocios, usando paralelamente un leguaje más pragmático. La actuación en centroamericana tenderá a reforzar la línea del Pentágono que, buscando la derrota total de las fuerzas populares, no procura -aunque jamás descarta-, en atención a objetivos mayores, la intervención directa de tropas norteamericanas, salvo para realizar funciones de retaguardia que implican menor costo social . La orientación del secretario de Estado reforzaría pues la línea norteamericana que se venía imponiendo, como efecto de las posiciones internas e internacionales conseguidas por las vanguardias del istmo: hacer de Honduras el Israel de la región.

En efecto, las dificultades de los "aliados internos" de Estados Unidos especialmente en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, las restricciones en el uso de la OEA, el TIAR y gobiernos sudamericanos, aunados a la preferencia por no usar la acción directa ante sus muchos dificultades, lleva necesariamente a fortalecer a Honduras como un poder interventor regional sin que ello implique descuido de los otros aliados en la región, máxime si son gobiernos.

Las ventajas en la escogencia de Honduras son: una posición geográfica que permite un gran margen de acción y la política norteamericana apunta a hacer un ejército de ocupación. Paralelamente el apoyo a la guardia somocista pasa a ser tal, que dirigentes sandinistas dejarán de llamarles bandas comenzando a comprarles con un ejército profesional por su armamento, entrenamiento y organización.

La nueva posición de Honduras y el fortalecimiento de la guardia somocista va a darse en el contexto de una mayor docilidad de los regímenes centroamericanos a los dictados en Washington. La debilidad financiera y el pensamiento conservador del gobierno de Monge en Costa Rica, el acelerado proceso de destorrijización en Panamá, la búsqueda por Ríos Montt de una imagen que permita a Reagan mayor ayuda en Guatemala, etc. serán factores que incidirán en el reacción de condiciones no debe confundirse con el plan diseñado hacia Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Este comenzará a perfilarse claramente en la segunda mitad del año ay por tanto a ser combatido por los pueblos del área. Nuevamente se haría patente el precepto bíblico: "La esperanza de los pobres no perecerá."

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