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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 103 | Mayo 1990
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Estados Unidos

Política exterior USA: sus condicionantes internos

En la cultura estadounidense los valores más importantes son el dinero, la seguridad, la imagen y la ideología. Se trata de un Estado que domina las relaciones internacionales a través de su peso económico, sus fuerzas armadas, su proyección de imágenes y su ideología. Un pueblo dominado por estos valores, el más ideologizado del planeta.

Equipo Envío

En la cultura estadounidense, los valores más importantes son el dinero (el poder de su economía), la seguridad (el poder de sus Fuerzas Armadas), la imagen (el poder de sus medios de comunicación) y la ideología (el poder de su ideario de capitalismo democrático y de Destino Manifiesto). Se trata de un Estado que domina las relaciones internacionales a través de su peso económico, sus fuerzas de seguridad, su proyección de imágenes y su ideología. Un pueblo dominado por los mismos, el más ideologizado de la tierra.

En las últimas décadas, el poder del Ejecutivo ha crecido enormemente con respecto a los poderes Legislativos y Judicial y se habla de la "Presidencia Imperial", con su Consejo de Seguridad Nacional, por encima tanto del Congreso como de las leyes. En la medida en que el presidente respeta y logra un consenso alrededor de los valores centrales y satisface al 50% del pueblo que participa en las elecciones, es popular. Y, en la medida en que goza de popularidad, tiene sus manos libres en la política exterior. En la medida en que se desgasta su imagen y pierde popularidad, queda empantanado en conflictos con el Congreso y los medios de comunicación. Estos, que normalmente se comportan como ovejas frente al presidente que es popular, se convierten entonces en verdaderos lobos.

A pesar de todo su irrespeto a las leyes internacionales y a las leyes del mercado, Reagan respetó los valores centrales del pueblo, hizo consumo el motor de la economía. Aunque hablaba de una economía de oferta, aumentó los gastos del Pentágono para la Seguridad Nacional. Fue "el maestro de la imagen", dominando los medios de comunicación, y priorizó la ideología del pueblo estadounidense sobre el realismo. Fue el presidente más popular del siglo y el más dañino para las esperanzas de cambio social en Centroamérica, caracterizando las fuerzas progresistas de la región como enemigos del pueblo y peligros para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Falsas esperanzas sobre el fin de la Guerra de Baja Intensidad

Después de la pesadilla de los años de Reagan, surgió en Centroamérica la esperanza de que Bush sería más pragmático y menos ideológico que Reagan, la esperanza del fin de la guerra de baja intensidad y de una salida política y negociada a la crisis regional. Tras la negación del diálogo en El Salvador a lo largo de 1989, el rechazo del acuerdo de los presidentes centroamericanos para la desmovilización de la contra, el uso de la intervención militar de los contras durante el proceso electoral nicaragüense -y después el uso de esa fuerza como instrumento para descabezar al Ejército Popular Sandinista- y, sobre todo, tras la invasión de Panamá, existe la preocupación de que Bush sólo ha venido a cosechar la siembra de Reagan, de que Estados Unidos negociará sólo para cooptar e intervendrá militarmente cuando la cooptación no funcione.

Las esperanzas de que un cambio de presidente pueden significar un cambio de política son tan comprensibles como ingenuas, porque no toman en cuenta que son condicionantes internos y no las necesidades de la región centroamericana los que determinan la política exterior norteamericana.

La popularidad de Bush y el eclipse del Congreso en 1989

Al fin de su primer año, George Bush tiene, según las encuestas de opinión, una popularidad de un 72%, más alta que la de opinión, una popularidad de un 72%, más alta que la Reagan tuvo en ese mismo período. Fue capaz de neutralizar a los Democrátas a través del dañino Acuerdo Bipartidista sobre Centroamérica y mientras que su imagen subía, la de la dirigencia demócrata se desplomaba con la renuncia de Wright, con Foley, su sucesor, afectado por el escándalo de Barney Frank, y con la derrota de Bonior para el liderazgo en la Cámara. Bush y su Secretario de Estado, Baker, consiguieron todo lo que querían para Centroamérica: ayuda "humanitaria" para El Salvador, ayuda "abierta" para la campaña de Violeta Chamorro. En octubre, la renovada infiltración de la contra en Nicaragua, y en noviembre, la nueva ofensiva del FMLN, el bombardeo de la población civil y el asesinato de los jesuítas por el ejército salvadoreño, contrariaron sus objetivos.

Entonces, Bush tuvo éxito en esconder la crisis centroamericana en los medios de comunicación. Quitar Centroamérica de la televisión y de la primera plana de la prensa fue una política consciente de Bush y Baker para poder neutralizar y cooptar la ofensiva de Esquipulas contra su política militarista en la región sin variar un ápice esa política.

Un pueblo satisfecho e inseguro: base social de la política exterior estadounidense

En su resumen de la década de los 80, los medios de comunicación señalaron que el pueblo norteamericano se sintió muy satisfecho según un análisis de los últimos cinco años de encuestas de opinión con la política económica y la política exterior de los Estados Unidos. Para el pueblo norteamericano, los 80 fueron el período más largo de crecimiento económico consecutivo. El Producto Interno Bruto de Estados Unidos se duplicó en los 80, pasando de 2.700 trillones (millones en millones) de dólares. La inflación cayó de 21.5% en 1981 a 4.6% en 1989. La bolsa de valores cuadruplicó su nivel: de 700 puntos a 2.700 durante la década, llevándose los grandes inversionistas la mejor parte. La política económica de Reagan fue: "Consumir ahora, pagar mañana". Y el pueblo quedó satisfecho.

Los movimientos sociales más fuertes al final de la década tuvieron su base en la inseguridad e individualismo del pueblo estadounidense. El movimiento más fuerte ha sido el que toca a la seguridad económica y emocional de la mujer: la defensa del aborto legal. El segundo movimiento de importancia es motivado por el miedo de la drogadicción, que afecta profundamente a la seguridad de la clase media, miedo que Bush ha manipulado hábilmente. El tercer movimiento de importancia, con financiamiento sustantivo, es el movimiento ecológico, que tiene su base en el miedo a la enfermedad más que en la convicción de garantizar el bien de nuestro planeta.

Las ganancias de revistas dedicadas a mantener el cuerpo en forma, a medidas preventivas contra todo tipo de enfermedad, a comidas ecológicamente sanas, igualan a la "fiebre financiera" del movimiento ecológico. La misma inseguridad del pueblo norteamericano ha sido la base firme de los presupuestos militares astronómicos de Reagan en su lucha contra el comunismo como "Imperio del mal" y para justificar su política militar en Centroamérica.

Por otro lado, el movimiento anti-intervencionista progresista es más grande y complejo que nunca. En cuanto a su peso social, sin embargo, queda eclipsado por los movimientos populares que se encuentran a los dos lados de la cuestión del aborto: a favor de la salud y de la ecología. No obstante, junto con los avances del movimiento popular centroamericano en torno a la negociación y a la salida pacífica y justa de la crisis centroamericana, el movimiento anti-intervencionista es capaz de ejercer una influencia dentro de la política norteamericana por su nivel de conciencia y grado de militancia.

El reto más difícil de la solidaridad estadounidense con Centroamérica es cómo ligar la crisis centroamericana con los movimientos ecológicos y feministas y cómo canalizar la inseguridad del pueblo norteamericano hacia una política exterior menos militarista. El miedo y la inseguridad no han desaparecido con el fin de la guerra fría y son la esperanza del Pentágono para mantener en el futuro su presupuesto, bajo las nuevas amenazas de inestabilidad en el Tercer Mundo a causa del narcotráfico, las revoluciones izquierdistas y el terrorismo.

Bush cosechó la popularidad de Reagan y la ensanchó con los acontecimientos que llevaron a la disolución del bloque socialista en Europa Oriental. Su popularidad a mediados de 1990 le dio amplio margen para imponer su agenda en la política exterior.

Un pueblo excluido sin voz y sin voto

Al destacar la sincronía y simpatía del pueblo con el nuevo capitalismo consumista alentado por Reagan y Bush y con la agresividad de la política externa, es preciso clarificar el término "pueblo" porque, de hecho, los 80 vieron la creciente institucionalización de una enorme sub-clase de ciudadanos de segunda categoría que no se han beneficiado del crecimiento económico, que no votan en las elecciones (más de un 50%), no leen los diarios, y no contestan las encuestas de opinión. Por cada encuesta contestada por teléfono, hay nueve en que el entrevistado cuelga y la mayoría de éstos son gente que no tiene interés en la política ni tiene parte en la bonanza del país más rico del planeta.

Mientras que los ingresos de un 20% de las familias norteamericanas que tienen acciones en la bolsa de valores subieron un promedio de 9 mil dólares hasta alcanzar un ingreso anual de 85 mil dólares al final de la década, el 20% de las familias más pobres sufrieron una pérdida de ingreso de 576 dólares, para terminar la década con un escaso ingreso de 8.880 dólares. Unos 32 millones de ciudadanos, un 12.8% de la población, vive en la pobreza. En 1980 era sólo un 11%. Esta sub-clase está formada por familias mucho más numerosas que las de las clases acomodadas.

Los estudios más recientes muestran que un 25% de los niños estadounidenses nace en la pobreza. Actualmente, hay más de 3 millones de ciudadanos sin casa que viven en las calles de las grandes ciudades. La proyección para el año 2005 es de 18 millones de personas sin techo.

El siguiente esquema presenta un diseño simplificado de las clases sociales en los Estados Unidos.




* Afro-americanos: 22 millones; inmigrantes legales de Centroamérica y México: 33 millones; inmigrantes no legales en Centroamérica, México y otros países: 9 millones; pobres rurales y otros pobres blancos: 8 millones.

El cuadro revela cómo Estados Unidos, después del movimiento de derechos civiles, sigue siendo una sociedad basada en el racismo, con un nuevo y sofisticado sistema de "apartheid" económico cultural. El dato más importante para el destino de Centroamérica es que el pueblo excluido sin voz ni voto no afectará la política exterior de los Estados Unidos durante este siglo. Bush es presidente de un 50% del pueblo y responderá a sus valores, no a los de la sub-clase, y ésta crecerá a lo largo de los 90. Una importante señal de la pobreza centroamericana es que la exportación de mano de obra que aumenta la sub-clase estadounidense ha llegado a ser en El Salvador la principal fuente de divisas y Guatemala, Nicaragua y Honduras no están lejos de la realidad salvadoreña en su dependencia de las remesas familiares que provienen de los que emigraron a Estados Unidos.

Durante los 80 hubo una reestructuración interna del capital internacional a través de su transnacionalización. En los 90 presenciamos la avalancha de capital reestructurando contra el trabajo: un período de acumulación sin precedentes para el capital y de subyugación nueva para el trabajo. Tanto la clase obrera de los países del Norte como la población del Tercer Mundo se encuentra en una desventaja enorme. La consigna para los que han quedado sepultados bajo la avalancha del capital es: "Aceptar o no comer".

Aunque la sub-clase de los Estados Unidos no representa una contradicción que afecte a la estrategia estadounidense, una serie de debates al interior de Estados Unidos y las contradicciones en Centroamérica y el Tercer Mundo sí influenciarán el desenlace de la política exterior hacia Centroamérica.

Las contradicciones económicas en el Imperio: déficits y deudas

En gran medida, la popularidad de Reagan dependió, y la de Bush depende ahora, de su fórmula: "Comprar ahora, pagar mañana". Frente a la mayor eficacia y productividad del capitalismo alemán y japonés, la opción de Reagan era sobrevaluar el dólar y provocar una estampida de capital europeo y japonés hacia los Estados Unidos. La bolsa de valores se levantó como un cohete y se inició una fiesta de especulación financiera. Empresas extranjeras son dueñas de más propiedad en los Estados Unidos (1.500 billones de dólares) que empresas estadounidenses en el resto del mundo (sólo 1.200 billones de dólares). En pocas palabras, Reagan y Bush han estado vendiendo los Estados Unidos. Aunque ha terminado la guerra fría y los Estados Unidos han quedado con una mejor imagen que la URRS, los verdaderos ganadores de esa guerra son los alemanes y los japoneses.

El déficit en la balanza comercial subió a 150 billones de dólares por año con la importación masiva de productos extranjeros, mejores y más baratos. La fórmula de un capitalismo consumista y no inversionista es el rasgo central de la economía norteamericana al entrar en la última década del siglo. Los Estados Unidos consumieron cada año mil billones más de lo que produjeron, lo que pone en evidencia la hipocresía de su receta neoliberal para el Tercer Mundo, pues no piensan aplicársela ellos que sigan viviendo del subsidio del capital extranjera y de un progresivo endeudamiento interno.

Su deuda nacional se triplicó en los 80, subiendo de 909 billones a 2.900 billones de dólares. Los intereses sobre su deuda suman unos 165 billones de dólares anuales de déficit fiscal escondido (3% de su PIB) y su déficit fiscal oficial suma otros 160 billones (3%de su PIB). Su déficit fiscal real es más de dos veces superior al de Costa Rica, Guatemala y El Salvador y casi igual al de Honduras y Nicaragua.

Los debates en la economía tras el fin de la Guerra Fría

Son debates actuales sobre la economía:

- Si 1990 va a ser un año de crecimiento lento o de leve recesión.

- Cuánto habrá que pagar por la fiesta de consumo de los 80.

- Si el fin de la guerra fría va a producir un "dividendo de paz" para la economía norteamericana. La mayoría mantiene que habrá poco ahorro y ganancias, porque la misma estructura económica norteamericana está estrechamente integrada con el aparato de guerra. Bajar los gastos militares socavaría su economía y afectaría los empleos del 5% y del 30% de su población económicamente activa, que tienen una relación directa o indirecta con el complejo industrial-militar de los Estados Unidos.

Más allá de su déficit fiscal y de la brecha en su balanza comercial, los Estados Unidos carga con un enorme déficit social de unos 487 billones de dólares en carreteras y puentes federales, de 25 billones en mejorar su control del tráfico aéreo y de unos 89 billones en gastos ecológicos mínimos para deshacerse de sus deshechos nucleares, proteger sus fuentes de agua potable y eliminar la contaminación ambiental más peligrosa. Más allá de estos gastos, una estimación conservadora del costo para solucionar la crisis de sus asociaciones de ahorro y crédito arroja un monto de 245 billones de dólares. Se estima que una inversión de por lo menso 450 billones de dólares es necesaria en los próximos años para poder competir con Japón y Alemania en su sistema de educación pública. El déficit social total alcanza los 1.300 billones de dólares, más o menos lo que el pueblo consume por encima de su producción anual: casi una cuarta parte del PIB.

Pero ni estas enormes cifras del déficit fiscal y social de los Estados Unidos ni los avances de Japón y Alemania dan pie para pensar que haya una crisis capitalista y que los Estados Unidos entrarán en un período de franca pérdida de poder a nivel internacional en esta década. Más bien, el capital goza ya de su reestructuración y se encuentra en buena salud con ventaja asombrosa sobre las voces levantadas en favor del trabajo en contra de la pobreza en el Tercer Mundo. Nadie discute ya el tema del desarrollo para el Sur sino la mejor manera de llevar a cabo programas de estabilización y ajuste estructural para incorporar a estos países al mercado internacional. No habrá guerra entre Alemania, Japón y Estados Unidos porque sus economías son tan interdependientes en términos financieros y tecnológicos que cualquier inestabilidad en una significa crisis en las otras. El bienestar del consumidor norteamericano es absolutamente crucial para los capitalistas alemanes y japoneses. El mercado de los Estados Unidos no dejará de ser el mayor y de mejor calidad en la década que viene.

El problema de los déficits fiscales y sociales de Estados Unidos es más de carácter político-electoral que económico. El temor a una leve recesión en 1990 o a cortar drásticamente el consumo del pueblo para cubrir los déficits, hace que tanto Bush como los demócratas prefieran no cobrar en su país la cuenta que Estados Unidos debe, teniendo en cuenta las elecciones congresionales de 1990 y la elección presidencial de 1992. Aspirantes a ocho años en el poder, Bush y Baker van buscando una estrategia para esconder el problema económico tras el espectáculo de su política internacional. Bush insiste en que sólo él debe dar las noticias importantes a los medios. Tuvo 32 conferencias de prensa durante su primer año, 27 más que Reagan en ese mismo período.

Bush planifica 6 cumbres internacionales para dirigir la atención del pueblo norteamericano hacia lo internacional (la cumbre sobre narcotráfico en Colombia en febrero, con Gorbachov en Washington en junio, la cumbre económica en Houston en julio y planes para cumbres sobre armamento convencional, comercio internacional y la crisis ecológica en el segundo semestre del año). Hasta ahora, Bush ha evitado el debate sobre los complejos problemas económicos y sociales internos y enmarca el problema económico en términos de incrementar la inversión extranjera y de lograr capacidad de competencia para la industria norteamericana presentando estos asuntos como de seguridad nacional.

Detrás del escenario de imágenes, los Estados Unidos han derribado las fronteras económicas con Canadá y están comprando el control del complejo industrial en Canadá, al mismo tiempo que presionan a este país a que rebaje los niveles salariales y los beneficios sociales de su clase trabajadora. Inician planes para integrar en un sólo mercado a México, Canadá y los Estados Unidos. Este esfuerzo de crear y consolidar un bloque económico en este hemisferio (Canadá, USA, México) lleva dentro de sí una aceleración de la nacionalización de las economías de los otros dos países. En Canadá, los Estados Unidos se garantizan los recursos naturales (60% del gas natural de Canadá abastecerá a Estados Unidos) y en México el acceso a mano de obra barata.

El empuje para la inversión extranjera prosigue hacia el Pacífico y habrá presión para intentar romper el monopolio de inversión alemana que se prevé en Europa Oriental. Un reciente debate, de carácter ideológico y por eso fundamental, en Estados Unidos es: ¿cuál es la causa de la crisis de la URRS?

¿La política militar agresiva de Reagan - Bush o las propias debilidades de la Unión Soviética , que habrían producido tal desenlace por sí mismas? En la segunda hipótesis, pierden sentido los gastos aventureros de Reagan para expandir el presupuesto militar, que sólo dejaron a los Estados Unidos con déficits enormes y débil en su flanco económico frente a Japón y Alemania. Según los sondeos, la ultraderecha, que tiene una influencia muy grande sobre el pueblo con voz y voto, insistirá en que la mejor manera de controlar tendencias revolucionarias en el Tercer Mundo es el uso de fuerza militar. Por su parte, la derecha argumenta a favor de una vía geo-económica en el Tercer Mundo para eliminar la inestabilidad y lograr una salida elegante y progresiva de la costosa política militarista a largo plazo. La cuestión militar está plagada de otras muchas contradicciones.


Las contradicciones militares y los presupuestos del Pentágono

Diciembre de 1989 marca el fin de la guerra fría, que costó a los Estados Unidos 4.300 billones de dólares desde 1951; de ellos, 2 mil billones durante el período Reagan. El fin de la guerra fría lleva en sí consecuencias muy serias para el Pentágono. Un 58% del presupuesto militar (300 billones de dólares mensuales) está invertido en la OTAN y un 63% de sus tropas están ubicadas en Europa. Por primera vez en su historia, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos están enfrentadas con el problema de tener que justificar su presupuesto y circulan rumores en Washington acerca de la necesidad de cortar el presupuesto de las tropas convencionales hasta en un 25%.

En octubre, Bush perdió popularidad y su imagen quedó parcialmente dañada cuando no intervino militarmente para apoyar el golpe de las Fuerzas Panameñas contra Noriega. Ambos partidos en el Congreso, los medios de comunicación y el público daban la luz verde para esta intervención. Bush no "actuó", en parte, porque el Pentágono no quería distraer su atención de los acontecimientos en Europa Oriental.

El desenlace en Europa, la necesidad de justificar el enorme presupuesto militar y la necesidad de Bush de recuperar su imagen, llevó a los Estados Unidos a invadir a Panamá por décima cuarta vez desde su independencia. La invasión a Panamá fue una intervención "más allá de la teoría de contención del comunismo". Fue la primera de otras probables acciones en el período de la post-guerra fría, en el que los Estados Unidos sigue proyectándose como policía mundial, ahora para salvar "democracias" y controlar el narcotráfico y el terrorismo, y ya no para detener el expansionismo soviético.

Otra razón de fondo para la invasión era asegurar el control estadounidense del Canal y la hegemonía política sobre Japón en la Cuenca del Caribe. Las encuestas de opinión mostraron que casi un 90% del "pueblo estadounidense" favoreció la primera intervención militar de Bush, aunque un 73% dijeron que la invasión tendría poco impacto sobre el problema del narcotráfico. Le resta al Pentágono trabajar para vender su imagen de policía anti-narcotráficante para justificar sus presupuestos. Se prevé que la justificación para seguir financiando las fuerzas convencionales al mismo nivel actual en el nuevo ambiente de distensión será doble: la amenaza de subversión de "democracias" en el Tercer Mundo y la posibilidad de inestabilidad en Europa. El primer enfoque incidirá sobre los conflictos de Centroamérica y el Medio Oriente.

Nueve posibles desenlaces para Centroamérica

1- A mediados de 1989, las élites norteamericanas ya habían establecido que la recuperación de la dinámica internacional de la economía estadounidense era la prioridad de la seguridad nacional. En los años 80, la opinión empresarial-corporativa quedó preocupada con la ola de inestabilidad y revoluciones en el Tercer Mundo. Ahora en 1990, las preocupaciones geo-económicas dominan sobre las geo-políticas y las relaciones Norte/Norte han adquirido más importancia que las relaciones Norte/Sur. El desenlace en la Europa socialista significa el fin del subsidio económico socialista para los movimientos de liberación nacional tercermundista. Las élites del capital transnacional estadounidense juzgan que las fuerzas progresistas del Tercer Mundo carecen de un modelo alternativo al paquete neoliberal gerencia por los organismos multilaterales y buscan recuperar de esa forma el terreno económico perdido en las economías del Norte. Sin embargo, los problemas y tensiones Norte/Sur continúan y la desconexión del capital Noratlántico del Tercer Mundo no es completa. El resultado podría ser un conjunto de políticas geo-económicas para las relaciones Norte/Norte y otro conjunto de políticas (geo-política tradicional con instrumento militarista) para las relaciones Norte/Sur, con Centroamérica como un primer escenario que justificaría el presupuesto del Pentágono si el Departamento de Estado no puede manejar la crisis en El Salvador y en la Nicaragua post-electoral, manteniendo en Guatemala con un perfil bajo. La Marina de Guerra de los Estados Unidos está presionando par lograr presupuestos más altos que permitan una nueva capacidad de transportar tropas a zonas de combate en el Tercer Mundo.

2 - La continuación de la "diplomacia de las canóneras" también podría servir a Bush y Baker para neutralizar las críticas de la ultraderecha y desviar la atención de la gradual eliminación del pequeño inversionista de la bolsa de valores y de los crecientes déficits sociales y desigualdades económicas al interior de la economía norteamericana. También representa una manera de seguir financiando el complejo militar-industrial como medida de transición hacia una reestructuración más profunda de la capacidad industrial de los Estados Unidos.

3 - Los debates sobre la ayuda bilateral a los nuevos gobiernos de Violeta Chamorro y Guillermo Endara han causado sorpresa en círculos centroamericanos debido a las enormes inversiones político-militares que se destinaron antes a desestabilizar a los anteriores gobiernos de Nicaragua y Panamá. Sin embargo, desde los condicionantes internos, y desde la necesidad de cortar el déficit fiscal y responder a los déficits sociales en un año electoral, son muy lógicos los reparos de los congresistas frente a las necesidades de los dos nuevos gobiernos. La derecha norteamericana argumenta que Centroamérica pide más de lo que necesita y se le debe: 1,700 millones de dólares por dos años para sólo 6 millones de personas en Nicaragua y Panamá, mientras que han asignado 200 millones de dólares menos para los 120 millones de personas que habitan en Europa Central y sólo 500 mil dólares.

4. Con las prioridades de inversión en México, Canadá, el Pacífico y Europa Oriental, se prevén posibilidades muy limitadas de inversión extranjera para que los programas neoliberales tengan un impacto positivo a corto plazo en Centroamérica.

5. La Guerra de Baja Intensidad ha funcionado para los Estados Unidos contra la Revolución Popular Sandinista. El estilo de Bush ha sido más cauto y cosmético que el de Reagan, pero fue Bush quien invadió Panamá. Es probable que el ex-director de la CIA utilice con mayor agilidad las operaciones encubiertas en Centroamérica. Es dudoso que los Estados Unidos dejen de utilizar la Guerra de Baja Intensidad mezclándola con cooptación por medio del diálogo, las elecciones y el uso de fuerza militar, como Bush y Baker hicieron en Nicaragua. Dudoso también que consigan con la fórmula de una gigantesca base militar en Panamá, la eliminación de las fuerzas militares en los otros cinco países, dejando a Centroamérica sólo con cuerpos de policías como sucede en Costa Rica, aunque hacia esto desearan tender.

6. La reciente opción de apoyar un diálogo entre el FMLN y el gobierno de El Salvador, garantizado por las Naciones Unidas, refleja el miedo de la administración Bush a que el caso de los jesuítas pueda dañar la imagen del gobierno de Cristiani y provocar la decisión del Congreso de cortar o reducir drásticamente el financiamiento militar y económico para El Salvador. La opción es manejar la crisis con diálogo e intentar parar una segunda ofensiva del FMLN, que sólo rompería el frágil control que los Estados Unidos y Cristiani han logrado sobre las Fuerzas Armadas de ese país. Más bombardeos de población civil y más actividades de los escuadrones de la muerte podrían cuestionar el apoyo de los congresistas al gobierno de Cristiani.

7. Como en el caso de El Salvador, el daño a la imagen de los nuevos gobiernos neoliberales, con los múltiples hilos que los conectan al narcotráfico y con su espantoso récord en derechos humanos, podría presionar a los Estados Unidos hacia la negociación o hacia la intensificación del conflicto.

8. Los problemas fundamentales para una salida negociada son la reacción de las vanguardias frente a la negociación cooptante, por un lado, y por el otro, las resistencias de la derecha centroamericana y estadounidense a la participación popular que exigen los vanguardias, particularmente en una coyuntura en la que el Pentágono busca justificar su presupuesto.

9. A pesar del deseo de Bush y Baker de eliminar a Centroamérica como tema central de su política exterior, la dinámica de los acontecimientos en la región y las necesidades de la ultraderecha estadounidense de caracterizar a las fuerzas progresistas centroamericanas como resabios del marxismo estalinista determinarán una coyuntura en la que Centroamérica seguirá siendo un símbolo internacional de las tensiones Norte/Sur.

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