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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 103 | Mayo 1990
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Centroamérica

Centroamérica: ¿hacia dónde vamos?

Existe en la Centroamérica de 1989-1990 un "suspenso dinámico" que requiere enfrentarse a él con honestidad, madurez y humildad, para no caer ni en idealismos ni en derrotismos. La avalancha de los acontecimientos de este año necesita decantarse para ser analizada.

Equipo Envío

Una avalancha de acontecimientos dramáticos

La extirpación de Noriega con la invasión norteamericana de Panamá; la sorpresiva derrota del sandinismo; la masacre de los jesuitas en medio de la continua masacre del pueblo salvadoreño; la permanente plaga del terror en Guatemala; la avalancha neoliberal sobre toda la región, ejemplificada más fuertemente por Costa Rica y Honduras, se entremezclan confusamente con los intentos de mantener el marco de Esquipulas, lleno de pronunciamientos e incumplimientos, a la vez que formas aparentemente nuevas, bilaterales, de negociación en Ginebra y Oslo abren también nuevas esperanzas para la paz en El Salvador y Guatemala, ampliando el marco de Esquipulas.

El papel más activo de las Naciones Unidas y de la OEA ofrecen perspectivas para una verificación más eficaz, al mismo tiempo que propuestas de colaboración económica de Japón, la Comunidad Económica Europea y organismos multilaterales levantan de nuevo la posibilidad de la integración regional como salida a la crisis económica de la década de los 80, aunque también como nuevo oxígeno para el proyecto neoliberal en Centroamérica.

Los rápidos y dramáticos cambios en Europa del Este han ayudado a la distensión internacional, aunque el colapso del Muro de Berlín no ha repercutido todavía en el resquebrajamiento de la muralla que rodea lo que Estados Unidos ha llamado durante tanto tiempo su "traspatio" en Centroamérica. Reagan lo llamó "su cuarta frontera". La falta de balance internacional frente al desmoronamiento del campo socialita ha aumentado la impunidad de la intervención norteamericana en la región, ocultándose en mejores pretextos: la droga, la democracia, el desarrollo y los derechos humanos. Una crisis de paradigmas crea un marco ideológico de peligrosa incertidumbre para los intereses populares.

Tratar de desentrañar lo que ha ocurrido

En los últimos cuatro años Envío ha tratado de desentrañar desde una perspectiva regional, popular, ética y cristiana, la dialéctica de los sujetos y acontecimientos anuales en esta región. Lo ha hecho publicando los resultados del seminario que todos los comienzos de año convoca el Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús para Centroamérica y Panamá (CIASCA). Constante autocrítica y revisión de los métodos de análisis nos han obligado a rectificar, procurando señalar siempre las causas de la simplificación, ideologización o craso error interpretativo. Esta permanente autoevaluación, contrastada por el aporte de los equipos nacionales del CIASCA, ha permitido tal vez mantener la validez y el interés creciente en estos análisis, que pretenden sintetizar la rebeldía de la realidad que siempre nos supera, pero que no dejamos de escudriñar porque del esfuerzo de su correcta interpretación dependen, en parte, la superación de las angustias y la consolidación de las esperanzas de nuestros pueblos.


Estructuraremos el análisis regional en elementos dialécticos que permitan encontrar las líneas de fuerza que pueden ir definiendo en los próximos meses las tendencias dominantes para el futuro. Como siempre, partimos de la opción y la lógica de las mayorías, desde la perspectiva de ese "nuevo sujeto histórico centroamericano" y del proyecto implícito que se manifiesta en forma progresiva en su lucha por la vida, la justicia, la libertad, la democracia, la dignidad y la autodeterminación. La síntesis regional pretende rescatar los aspectos más comunes y convergentes de las coyunturas nacionales.

En los análisis nacionales, las características específicas de cada formación social resaltarán la dinámica de cada país, irreductible a la dinámica regional, pero al mismo tiempo condicionada e incluso determinada en ocasiones por el carácter regional de la crisis y de los actores. Seguimos asumiendo y confirmando la tesis de que sin proyectos nacionales no hay salida para la crisis regional. Al mismo tiempo, afirmamos que en un mundo de grandes bloques y en una zona geoestratégica y geoeconómica entre el Pacífico y el Atlántico, entre el Norte y el Sur del continente, no existe en nuestros países la posibilidad de un proyecto nacional sin un destino regional compartido.

Un enfrentamiento de proyectos de nueva sociedad

La crisis que estalló a finales de los 70 y se ha prolongado sin solución por una década, a pesar de los ingentes esfuerzos y recursos de Estados Unidos por resolverla sometiendo la región a sus dictados estratégicos, ratifica el fin del viejo modelo de dominación. La "triple alianza" de oligarquías, generales y embajada norteamericana, y su modelo económico de acumulación (consumo de lujo para élites que dirigen la sobreexplotación del pueblo y recursos en favor de las dominantes economías capitalistas centrales, no pueden ser mantenidos ni reconstruidos en la región. Hemos analizado esta imposibilidad en los estudios anuales publicados en envío de 1986 a 1989.

Por otra parte, el proyecto alternativo de cambio radical de tendencia socialista en Nicaragua, El Salvador y Guatemala se ha tenido que enfrentar a la Guerra de Baja Intensidad (GBI) más integral, sofisticada y prolongada realizada por el imperio. Los condicionamientos de esta GBI y las limitaciones internas de los proyectos revolucionarios en la relación vanguardia/pueblo, el carácter de la democracia, el proyecto de economía popular y la identidad cultural del mismo han prolongado el conflicto, llevando a desgaste y al cansancio a amplios sectores del nuevo sujeto histórico, y haciendo que en numerosa parte de él predominen ansias de sobrevivencia en paz. Así se puede ver en los análisis nacionales de Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

El proyecto agresor contra las revoluciones populares -de baja intensidad para las potencialidades militaras norteamericanas; de "altísima intensidad" para las realidades económicas de nuestros países- no se puedo imponer y fue derrotado fundamentalmente en Nicaragua, en El Salvador y Guatemala. Sin embargo, logró posponer, mediatizar e incluso cooptar en buena medida los proyectos originales de los vanguardias y los heroicos esfuerzos de nuestros pueblos.

Esta prolongación dramática del conflicto entre el antiguo y el nuevo sujeto histórico centroamericanos (envío, enero/febrero 86), con más de 200 mil muertos, 2 millones de refugiados y desplazados, economías resquebrajadas con niveles de vida de 20 y 30 años atrás, forzó un "Reacomodo y Resistencia" (Envío, marzo 87), llevó a alternativas ineludiblemente nuevas: "Entre la Paz y la Guerra" (Envío, marzo 88) y abrió caminos nuevos también para "Negociar el Conflicto" (Envío, marzo 89).

El marco de Contadora y después el de Esquipulas dominó la negociación del conflicto, con sus aportes y profundas limitaciones que estallan en Montelimar (Esquipulas VII), donde los acuerdos y pronunciamientos de los presidentes demuestran el cumplimiento de Nicaragua y el incumplimiento de los otros 4 países por incapacidad nacional y/o por presión norteamericana. Un nuevo espacio se abre dentro del espíritu de Esquipulas en las negociaciones iniciadas en Ginebra y Oslo, donde la lucha popular creciente del FMLN y de la URNG logran su reconocimiento como sujetos políticos, artificialmente negado en el marco de Esquipulas.

En 1990 podría configurarse en Centroamérica el enfrentamiento de dos proyectos de sociedad, gestados y madurados en los años de conflicto, que provocan un nuevo enfrentamiento, más cívico que armado, entre un proyecto neoliberal y un proyecto democratizador popular. Ambos proyectos requieren para su viabilidad de la superación negociada del conflicto armado. Mínimas exigencias para ello son las siguientes:

1) La desmovilización de la contrarrevolución nicaragüense y el cumplimiento del Protocolo de Transición entre el gobierno saliente de Daniel Ortega y el entrante de Violeta de Chamorro.

2) La implementación de los acuerdos de Ginebra entre el gobierno de Cristiani y el FMLN.
3) La consolidación de un proceso de negociación en Guatemala con verificación internacional, tal como ha sido pactado en Oslo.

4) El apoyo de los 5 nuevos presidentes centroamericanos para que el marco original de autodeterminación centroamericana se preserve bajo verificación internacional.

Asumiendo que estas condiciones inestables se cumplan para evitar la continuación del conflicto e incluso de otra nueva intervención norteamericana, analicemos el carácter de este enfrentamiento entre los dos proyectos que representan los interés de la "nueva derecha" regional y de sus aliados internacionales con los del nuevo sujeto histórico centroamericano al que acompaña la lucha solidaria internacional.

El proyecto neoliberal en su dimensión regional

Costa Rica es su ejemplo más original y hasta cierto punto consolidado. Oscar Arias fue su paladín político, incluso oponiéndose a la confrontación militar patrocinada por los Estados Unidos. La Democracia Cristiana con Vinicio Cerezo y Napoleón Duarte, lo intentaron en Guatemala y El Salvador. En ambos países fracasó por la continuación de la guerra y la represión popular a cargo de la ultraderecha y las Fuerzas Armadas. En Honduras las tensiones analizadas en este número muestran la contradictoria lógica de mantener una plataforma militar norteamericana y a la contra subsidiadas por Estados Unidos y a la vez tratar de imponer la lógica del mercado, el ajuste y los balances macroeconómicos.

Durante 1989-90 la "nueva derecha" se ha consolidado en la región. Lazos familiares y empresariales vinculan a Alfredo Cristiani, Rafael Callejas y Rafael Angel Calderón Fournier, este último nacido en Nicaragua y pariente de Violeta Chamorro. En Guatemala, Alvaro Arzú cerraría un círculo regional económico, político y familiar en las próximas elecciones, si las gana.

En el análisis nacional de Costa Rica se ha tratado de sintetizar el "éxito" económico del proyecto neoliberal y sus limitaciones. En Honduras, los dilemas y contradicciones todavía por resolver. En El Salvador y Guatemala tendría que consolidarse la paz con las nuevas negociaciones como condición previa para que el planteo de un nuevo proyecto tenga siquiera oportunidad histórica.

Cuál es el "evangelio" de la nueva derecha

El "evangelio" de la "nueva derecha" podría resumirse así:

1) Reducir al máximo el papel del Estado, eliminando los subsidios y privatizando la economía.

2) Abrir el mercado interno integrándolo al mercado internacional, aprovechando las ventajas comparativas de cada país, las facilidades de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe y la vinculación de la Cuenca del Pacífico.

3) Implantar las leyes del mercado como principio y dinámica, incorporando a la "economía social del mercado" a la mayoría de los pequeños y medianos productores oprimidos por la burocracias estatal, y estableciendo programas especiales para el sector informal, convirtiéndolos en los "nuevos empresarios" y consolidando así una base social para los nuevos dirigentes empresariales interesados en el liderazgo del proyecto.

4) Financiar a través de la AID y la ayuda internacional multilateral un fondo social que atendería los casos de extrema pobreza y a los afectados por las políticas de ajuste económico, jugando un papel en esta tarea las Iglesias, los ONGs y los organismos de beneficencia.

5) Continuar el proceso de Esquipulas con énfasis en lo económico: "Esquipulas para el Desarrollo", ya no para la democratización y la paz. Esto fomentaría la ampliación del mercado regional con nuevos proyectos de integración, y un paquete internacional con la Comunidad Económica Europea y Japón permitirían el "take off" tratando de recuperar las altas tasas de crecimiento de las décadas pasadas.

El liderazgo de una derecha renovadora y modernizante

El proyecto neoliberal regional, con sus obvias variantes nacionales, supone el liderazgo de una derecha renovadora, modernizante, que busca superar la lógica de la guerra y la confrontación por la lógica del mercado y la concertación social. Supone una superación de la vieja oligarquía y de la ultraderecha, un distanciamiento de las Fuerzas Armadas e incluso una cierta oposición a ellas, que se convierten para la nueva derecha en una carga económica insostenible, en una rémora política para la modernización de la sociedad civil y en una amenaza de golpes que no permitiría la institucionalización del proyecto. Acuerdos tripartitos entre la empresa, los trabajadores y el Estado marcarían su estilo de concertación social, fomentando la cooptación a través del solidarismo frente a aquellas organizaciones populares que aún defienden intereses de clase y transformaciones estructurales.

El FMI, el Banco Mundial, y el BID serían los banqueros del proyecto, los protectores de las leyes del mercado y los financistas, junto con la AID, de un "estado paralelo" que se ha convertido actualmente en el motor de estos proyectos en cada país, en alianza con un grupo de asociaciones empresariales que aglutinan la racionalidad y el poder de la nueva derecha. Se trata de la Corporación para el Desarrollo de Nicaragua (CORDENIC), la fundación para la Investigación y el Desarrollo Empresarial (FIDE) en Honduras, la Coalición Costarricense de Iniciativas para el Desarrollo (CINDE) y la Cámara Empresarial en Guatemala. Todas ellas, instancias a cierta distancia de las viejas confederaciones gremiales (CACIF, ANEP, COSEP, etc.).

Este "estado paralelo", privado, pequeño, ágil, modernizante, pensante, concertador de alianzas sociales, abierto a un mundo multipolar en el que la región debe insertarse con productos no tradicionales, nueva tecnología y nuevo capital, programaría la privatización de las economías con esquemas modernizantes antiestatistas, antioligárquicos y antimilitaristas. Su alianza y apoyo internacional es de tipo neo- trilateral, con los tres bloques del capitalismo transnacional (USA, la CEE y Japón) y sus "think tanks" correspondientes.

Necesitan superar el histórico proyecto oligárquico

Evidentemente, este proyecto supone una superación social del proyecto oligárquico y del de la derecha recalcitrante con sus organismos de empresa como el CACIF, COSEP, ANEP, etc. Sin embargo, el proyecto lleva consigo un efecto desnacionalizador, transnacionalizante, de la capacidad productiva, abriendo aún más las pequeñas economías centroamericanas al colonialismo, a la tecnología y a la gerencia del capital financiero mundial y trasladando gran parte de las ganancias al exterior.

La AID y los organismos multilaterales programarían a cada país en sus líneas dominantes, que la "nueva derecha" trataría de implementar dentro de los condicionantes nacionales. Costa Rica tiene esa nueva clase social empresarial, que en El Salvador y Guatemala no se consolidará sin negociar la paz con el FMLN y la URNG. En Honduras y Nicaragua es más incipiente. Un efecto de concentración de la pequeña empresa, de centralización del capital, la tecnología y la informática, producirá inmediatamente una hegemonía del poder de estos grupos y un efecto cooptador de las organizaciones populares que acepten la concertación social con la nueva derecha y el proyecto neoliberal. Especialmente afectará al campesinado y a la producción de alimentos. La desigualdad estructural del viejo modelo persistirá, en el mejor de los casos reduciendo la pobreza extrema y las formas más brutales de represión del pasado militarista y oligárquico.

El proyecto neoliberal lleva consigo un proyecto de integración regional modernizante que pretende reducir el proteccionismo y complementar las economías nacionales con la finalidad de poder competir mejor en el mercado internacional. El Parlamento Centroamericano sería ahora aprobado por haberse logrado de nuevo la homogeneidad política regional.

El proyecto busca la modernización del capitalismo dependiente, que "oxigena" en el corto plazo al sistema, abriendo un nuevo espacio económico y social, con nuevos intermediarios locales para el capital mundial y aliados más circunspectos para Washington. Lo peligroso y preocupante de este proyecto es que las causas originales de la crisis regional no serán resueltas, aunque pudieran ser mitigadas. La estabilidad, la paz, la democracia -sobre todo la participativa- y la autodeterminación seguirán siendo tareas históricas.

La agenda del proyecto democrático popular

El proyecto neoliberal y la nueva derecha no habrían emergido en Centroamérica si las fuerzas populares no hubiesen derrotado el proyecto neoconservador que la administración Reagan y sectores de la administración Bush pretenden todavía imponer en la región.

El inicio de este proceso de modernización y racionalización en Centroamérica es producto de la lucha popular, a la cual se incorporaron los sectores más lúcidos y consecuentes de los intelectuales, de las Iglesias, de las capas profesionales y de la propia empresa privada. Moseñor Oscar Romero y los sacerdotes jesuitas asesinados, Enrique Alvarez y Héctor Oquelí en El Salvador; Manuel Colom, Alberto Fuentes Mohr, Miguel Angel Asturias en Guatemala; Pedro Joaquín Chamorro y un amplio sector de la burguesía antisomocista en Nicaragua, sólo por mencionar algunos nombres de los países más conflictivos representaron una tendencia creciente de líderes de sus sectores y de otros que dedicaron e incluso, en lmuchos casos, sacrificaron su vida, para erradicar las causas del conflicto regional y crear una nueva Centroamérica.


Después de tres décadas de conflicto, el viejo sujeto histórico centroamericano ha empezado a ceder su lugar -o en lo posible a iniciar el proceso de autotransformarse- a una nueva configuración de las clases dominantes. Para el nuevo sujeto, para el pueblo mayoritario, se trata del reemplazo de un enemigo por otro. A las organizaciones populares y revolucionarias les hace falta modificar su estrategia y sus estilos de lucha para poder enfrentar los métodos más sutiles de su nuevo contrincante.

El proyecto popular es más integral y abarcador que el proyecto neoliberal. Es un proyecto de sociedad y de civilización, un proyecto histórico, no sólo económico, cuyos elementos son de carácter estructural y responden a preguntas fundamentales:

1) Quiénes son los sujetos y el carácter de la alianza que sustenta el proyecto.

2) Qué lógica es la hegemónica para definir las prioridades y ritmos del proyecto.

3) Cómo se determina la alianza, la lógica y el carácter político de la base material y social de la democracia del proyecto.

4) Cuál es el espacio nacional regional de la autodeterminación del sujeto histórico protagonista del proyecto.

5) En qué tiempo se pretende realizarlo, para tener un pragmatismo audaz que acepta los límites, contradicciones y rebeldía de la realidad sin perder la visión de civilización que se desea como proyecto utópico.

Más que de un proyecto formulado, estamos hablando de una agenda y de una experiencia acumulada de logros y errores de proyectos populares en América Latina y el Tercer Mundo.

El legado centroamericano de la experiencia sandinista

Envío se ha especializado en el proyecto sandinista, al que ha analizado, admirado y criticado, pero revolucionariamente, en ocasiones -como de nuevo en este número- para que este aprendizaje colectivo de los pueblos no sea obra sólo de dirigentes, genio o tecnócratas, sino el resultado de una participación social y democrática.

Esta evaluación no es consecuencia de la derrota electoral, sino parte de la misma dinámica de creación del proyecto popular, que esta fase y momento requiere de una autocrítica constructiva para avanzar y profundizar sobre el patrimonio popular ya alcanzado en Nicaragua.

Sin querer repetir lo ya escrito en repetidas ocasiones en estos años en envío, enfatizaremos algunos aportes de la experiencia sandinista para conformar la agenda del proyecto popular, indicando algunos logros, limitaciones y retos.

1) El sandinismo fue y sigue siendo un proyecto de tendencia y contenido socialista con un método democrático y endógeno: economía mixta, pluralismo político, no alineamiento, raíces éticas cristianas y democracia participativa, truncados algunos de estos elementos constitutivos tanto por la guerra impuesta como por errores de la dirigencia revolucionaria y por la calidad del activismo político sandinista.

2) El sandinismo pretendió una transición democrática al socialismo, mezclando el método con el contenido, donde la ideología y la utopía buscaron, en la amplia experiencia revolucionaria nacional y mundial, sus términos de referencia históricos para un pequeño país de Centroamérica en la era de Reagan.

3) El sandinismo pretendió la unidad nacional para su enfrentamiento con el imperialismo, posponiendo la alianza popular hegemónica para la etapa posterior a la agresión.

4) El estado sandinista se convirtió en el instrumento fundamental de las transformaciones y de la superación del subdesarrollo, en base al subsidio de los países socialistas, la ayuda externa y la incorporación de tecnología intensiva para las empresas del APP (Area Propiedad del Pueblo).

El proyecto de empresas estatales estilo APP puede ser estratégico para un proyecto popular si es democráticamente controlado y se supera la "burocracia roja" del capitalismo de Estado. Necesita autonomía gerencial y fuerte capacidad de competir con el sector privado y el sector socializado en cooperativas de todo tipo, y una profunda participación de los trabajadores en gestión.

Es esencial superar la psicología del subsidio, el mito del gigantismo, de la tecnología pesada y del "maquinismo". También es imprescindible hacer bajar la espuma creada por el financiamiento externo y el endeudamiento irresponsable, que impiden ver la realidad con transparencia y definir un proyecto acorde con la misma realidad de los trabajadores, con la capacidad gerencial, la cultura productiva, las relaciones sociales y étnicas, con las relaciones entre los sexos y entre las edades. Los problemas eran ingentes. Hay que reconocerlos para que los errores cometidos no se repitan fácilmente en un proyecto que pretende ser popular.

5) Las organizaciones populares, por su parte, se dedicaron principalmente a administrar los proyectos sociales y el subsidio del Estado, a la movilización partidaria, a participar heroicamente en la defensa, a la vez que la subsidiaban con un salario de sobrevivencia mínima y una inflación que representaba un impuesto de guerra.

6) La burguesía no se integró al proyecto de unidad nacional por falta de confianza, por los errores económicos del sandinismo, por miedo al imperio y al poder popular y por razones ideológicas y religiosas. Los intentos de concertación fueron tardíos y sin definición precisa de las reglas del juego y del carácter de la alianza social.

7) La prolongación de la GBI, con la agresión, el embargo, el boicot, la guerra ideológica y la infiltración de aliados internos como la contra, los partidos, los medios de comunicación y elementos prominentes de las Iglesias, agotó parte de la resistencia nacional y del subsidio internacional e hizo inmanejable la economía hiper-inflaccionaria.

8) La necesaria política de ajuste no tuvo un contenido popular, desmoralizando al pueblo en la campaña electoral, junto con la prolongación del Servicio Militar Patriótico, incapaz de ser aceptada popularmente, pues a la par se proclamaba la derrota estratégica de la contrarrevolución.

9) La profundidad democrática alcanzada en estos 10 años de revolución, a pesar de las
rigideces de la guerra y la lipidia a la que condujo la crisis económica, fue reconocida por todos los observadores y por la comunidad internacional, cuando el sandinismo aceptó el mandato popular que lo derrotó electoralmente.

10) Nicaragua es hoy un pueblo diferente en cultura, madurez, capacidad organizativa y democrática para enfrentarse a una nueva etapa de un proceso popular que es hoy patrimonio de la región y de América Latina.

En la Nicaragua sandinista se han aprendido lecciones fundamentales

En la Nicaragua sandinista hemos aprendido lecciones fundamentales: El estatismo no es socialista ni revolucionario por sí mismo. Las relaciones de producción y las relaciones sociales son más determinantes que el desarrollo de las fuerzas productivas, la tecnología y la ayuda externa. La victoria militar no implica la desaparición de la contra, si ésta cuenta con apoyo sostenido en Washington y de la región, con aliados internos políticos y religiosos que legitimen el proyecto contrarrevolucionario ante parte del pueblo y si el sandinismo pierde hegemonía entre las masas por no ser capaz de renovar su línea de masas.

Por otro lado, el subsidio internacional se ha reducido, casi eliminado, tanto para los proyectos populares como para los neoliberales. Esto implica la necesidad de alianzas y consensos nacionales más amplios para poder sobrevivir, incluso habiendo logrado la paz regional. La negociación, incluso con su evidente peligro de cooptación, sigue siendo un instrumento necesario. Para usarlo eficazmente, el pueblo necesita una movilización productiva del campesinado, las cooperativas, la pequeña industria, la organización de los sectores informales en la producción y servicios barriales, para tener una base material propia. Se puede negociar hasta el Estado, pero hay que movilizar, hegemonizar y consolidar política y productivamente las organizaciones del poder popular autónomo.

El verticalismo político y productivo fue el gran lastre de viejos esquemas y manuales en la revolución sandinista. Incluso la victoria militar de alta intensidad sobre la contra, elemento clave de una Guerra de Baja Intensidad más integral, implica que la defensa debe ser más integrada a la producción, a la tecnología militar subsidiada, desclasada y no orgánica con la verdadera realidad del pueblo (Véase Envío, "La Coyuntura Centroamericana 1986-87: Reacomodo y Resistencia", marzo/87, pág.9, donde se insistió en esta necesidad de transformar la defensa con una estrategia más popular: "Más aún, con la anunciada derrota final de la contrarrevolución y con la posibilidad de un reacomodo de la política norteamericana a mediando plazo en forma de paz hostil hacia Nicaragua, la economía volverá con toda probabilidad a ser el factor decisivo de la coyuntura nicaragüense. El pueblo no aceptará tan estoicamente el peso de la crisis económica una vez que la intensidad de la guerra desaparezca. Por esto, la disciplina económica del Estado, la conversión de la capacidad de defensa den capacidad económica, sin desmovilización de la tropa, y la movilización del pueblo den torno de su sobrevivencia económica, son tareas prioritarias en 1987, en preparación al posible reacomodo de la política exterior norteamericana hacia un proyecto más sutil pero no menos empeñado en la desestabilización del gobierno sandinista". Véase también, en el mismo sentido, Envío, julio 88, y marzo 89).

El peligro actual de una guerra civil con la contra que rehúsa desmovilizarse y que intenta reconstruir de nuevo su base social después de la transición, cuestiona la profundidad de la derrota estratégica de la contra. La desmovilización de la contra es una exigencia, es una victoria de la democracia tanto como de las armas; es una demanda popular de los que votaron por la UNO y por el FSLN; es un resultado de los acuerdos de Esquipulas, de su aprobación e implementación por la ONU y la OEA a través de la CIAV y ONUCA; es una consecuencia del mandato de la Corte Internacional de la Haya postergado desde 1986.

Esta demanda de desmovilización de la contra no es por tanto sólo un problema del sandinismo -que la derrotó siempre en combate- sino también un problema de Centroamérica y de los defensores de la democracia y del Derecho Internacional. Debería ser una demanda unánime del pueblo norteamericano para superar el trauma del Irán-Contras y erradicar para siempre métodos ilegales y antidemocráticos en su política exterior. El inicio de una guerra civil posible en Nicaragua destruiría los logros alcanzados con tanto sacrificio y esfuerzo, a través de la negociación del conflicto regional, provocando la "libanización " no sólo de Nicaragua, sino de toda Centroamérica.

Por tanto, la dialéctica de estos dos proyectos de sociedad lleva a una negociación honesta y verificada, si no se quiere repetir y prolongar el ciclo de la guerra que elimina ambas alternativas. La negociación, sin embargo, ha estado presente en Centroamérica en una forma u otra en toda la década. ¿Con qué resultados? ¿Puede ser la negociación elemento de una agenda popular?

El carácter de la negociación iniciada con Contadora y con Esquipulas: cumplimiento y cooptación

Contadora y Esquipulas son dos procesos negociadores con carácter y legitimidad internacional. Pretendían crear un marco de derecho frente a la intervención y prepotencia norteamericana. Fueron una prueba de la capacidad de América Latina y de los organismos internacionales para superar el "unilateralismo globalista" de la era Reagan, buscando crear mecanismo de genuino multilateralismo en la resolución de los conflictos regionales. En este sentido fueron un aporte al Derecho Internacional y a las instituciones multilaterales, a pesar de sus evidentes limitaciones.

La capacidad de llevar a efecto el veredicto de la Corte Internacional de La Haya contra Estados Unidos parando la agresión militar y la Guerra de Baja Intensidad contra Nicaragua, demuestran los límites efectivos del Derecho Internacional. La experiencia centroamericana también enseña que incluso los acuerdos regionales con apoyo y legitimidad internacional, aprobados por los organismos multilaterales y con verificación de los mismos, resultan también con graves limitaciones.

Esta experiencia -objetiva en Centroamérica- es lastimosa, porque limita las posibilidades de encontrar soluciones negociadas y pacíficas si no es con una fuerte presión popular incluso armada.

Hoy es evidente que la supresión en 1988 en Alajuela (Esquipulas III) de la Comisión Internacional de Verificación y Seguimiento (CIVS) permitió un proceso en el que sólo Nicaragua cumplió con los acuerdos. Los demás gobiernos no los tomaron en serio. Oscar Arias, al haber no sólo aceptado, sino incluso fomentado la supresión de la CIVS, reveló sus intenciones de acomodarse a los objetivos del gobierno Reagan de cooptar Esquipulas para minar el poder sandinista. Ni Arias, a pesar de su Premio Nobel de la Paz, ni los demás presidentes ejercieron nunca sobre la contrarrevolución la misma presión que sobre el gobierno sandinista.

Probablemente, éste, demasiado seguro de su capacidad de victoria electoral, tampoco usó con firmeza la denuncia del incumplimineto de los acuerdos por parte de algunos gobiernos, sobre todo la denuncia de las continuas violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno de Guatemala, cuyo apoyo formal en Esquipulas nunca se arriesgó a perder el gobierno nicaragüense. Tampoco después del revés electoral ha emplazado el gobierno sandinista al Presidente Arias a exigir con fuerza la desmovilización de la contra o aceptar quedar en la historia como alguien que usó el proceso de paz en forma totalmente parcial.

Los acuerdos de desmovilización de la contra en Esquipulas son un ejemplo claro de los límites que una negociación pacífica tiene en Centroamérica. Fueron planeados en Costa del Sol en febrero/89, acordados en Tela den agosto/89, ratificados en San Isidro Coronado en diciembre del mismo año, con exigencias para Estados Unidso incluso de que transfirieran los fondos humanitarios a la CIAV, y se acaban de volver a reconfirmar en Montelimar (abril/90), esta vez con apoyo del nuevo presidente de Honduras y sobre todo, de la presidenta recién electa en Nicaragua. Sin embargo, la contra no se desmoviliza, sino que se interna en Nicaragua a vista y paciencia de los propios equipos de verificación "in situ" de la CIAV y ONUCA. ¿Qué valor pueden tener unas negociaciones que llegan a acuerdos formales repetidos al máximo nivel de gobiernos, pero que no se implementan en aspectos tan fundamentales, que fueron condición simultánea al adelanto de las elecciones en Nicaragua para lograr la paz, y que actualmente son condición simultánea al adelanto de las elecciones en Nicaragua para lograr la paz, y que actualmente son condición "sine qua non" para la transición normal y pacífica de un gobierno a otro?

La agenda popular debe saber negociar y revisar el carácter de las negociaciones

Esta experiencia negociadora en Centroamérica implica que en la agenda popular se revise el carácter de las negociaciones. Las negociaciones entre los gobiernos, al máximo nivel oficial, son insuficientes si no se negocia también a nivel de la sociedad civil. La creación del movimiento "Esquipulas de los Pueblos" en noviembre/88 pretendió que la sociedad civil, es decir, las organizaciones sindicales, campesinas, de mujeres, indígenas, comunidades cristianas de base, organizaciones barriales, los intelectuales, las universidades e Iglesias, patrocinaran una concientización y movilización horizontal en la región en torno a la paz, la democracia y el desarrollo, definiendo estos objetivos desde los nuevos sujetos históricos y la lógica de las mayorías. Es decir, se requiere dar un contenido y un carácter más democrático y participativo a las negociaciones y a los procesos electorales, para que no se empantanen en acuerdos sin implementación.

Es significativa la capacidad de convergencia y unidad horizontal que se da en Centroamérica en medio de la polarización y de la guerra. Posiblemente la sociedad centroamericana nunca ha estado más unida entre sí que en este momento de la crisis. Las demandas de paz, democratización y desarrollo son mayoritarias y tienen un carácter común en la región, que la crisis incluso ha fortalecido. Centroamérica no es un Líbano dividido racial, cultural y religiosamente, sino que ofrece un margen de homogeneidad cultural, de identidad social en las grandes mayorías, que permite la creación de una gran fuerza negociadora y democrática que debe ser incorporada a la nueva fase de Esquipulas.

En Montelimar culminó un período de negociación y de los presidentes que la iniciaron. Nuevos líderes, una coyuntura que ofrece la posibilidad de terminar con el conflicto para enfrentarse a lo que se ha llamado el " Esquipulas Económico" que permita reconstruir la región. Esto requiere también una Esquipulas que profundice la democracia. Para ello no hay más camino que la incorporación de todos los sujetos sociales de la región a los procesos de negociaciones.

En Montelimar se dio un apoyo a las negociaciones bilaterales en Ginebra y Oslo, incorporando a las fuerzas revolucionarias en la negociación. En la Centroamérica de 1990 no se puede gobernar sin las fuerzas revolucionarias en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En Costa Rica y Honduras todavía se está a tiempo de incorporar a las organizaciones populares en una participación menos conflictiva. En el caso de Panamá la legitimidad del nuevo gobierno y la recuperación de la panameñidad exigen las misma participación popular para la reconstrucción del país. Para Belice, el nuevo miembro de la comunidad centroamericana, afectado por los miles de refugiados centroamericanos y por la crisis de sus hermanos vecinos, estas experiencias pueden contribuir a que su independencia recién lograda adquiera un carácter de dignidad y participación más rápida y menos conflictiva que en el resto de la región.

El tema militar, el tema de la seguridad sigue pendiente

Un tema que Esquipulas transfirió a Contadora por recelo, el tema de las Fuerzas Armadas, debe ser incorporado de nuevo en la negociación regional. El rema de la seguridad no puede ser pospuesto por más tiempo. En octubre/83, pocos días antes de la invasión de Grenada, el Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, padre Miguel D'Escoto, presentó en Washington una propuesta de paz regional y desmilitarización que fue rechazada abruptamente. La exigencia de Esquipulas de alcanzar "un balance razonable de fuerzas" sigue en pie como un elemento imprescindible par la superación de los conflictos y también para el inicio del desarrollo y la integración.

Mientras existan maniobras militares y bases militares de potencias extranjeras en la región, estos factores externos van a conflictuar el balance necesario para la seguridad. No se puede exigir unilateralmente a Nicaragua que se desarme mientras los ejércitos del resto de los países mantienen el número y la sofisticación de su armamento ofensivo, del cual carece Nicaragua. Sería un "hara-kiri" político para Nicaragua el desmovilizar al EPS cuando el país se encuentra más rodeado que nunca por tropas y creciente capacidad militar ofensiva, tanto en Honduras como en Panamá.

Se requiere en Nicaragua de una reducción fuerte de las tropas y del presupuesto militar para facilitar la transición e iniciar la reconstrucción del país. Pero de la misma forma se requiere esta reducción militar en El Salvador, Guatemala y Honduras. No se puede lograr la autodeterminación regional con una desmilitarización regional tipo Costa Rica, dejando a Estados Unidos como fuerza de seguridad exclusiva de Centroamérica.

La seguridad nacional en Centroamérica es al mismo tiempo una seguridad regional. La propuesta de "crear una Zona de Paz en Centroamérica", inicialmente sugerida y aprobada en Nicaragua en la primera reunión celebrada en Centroamérica por el Movimiento de los No-Alineados en enero/83, pudiera ser la solución estructural que facilite la desmilitarización y la seguridad colectiva regional, al mismo tiempo que la garantía internacional de que este puente natural entre el Pacífico y el Atlántico, entre el Norte y el Sur del continente, sea una zona de paz garantizada por la comunidad internacional. Es significativo el apoyo generalizado que la propuesta de la Zona de Paz está alcanzando el movimiento de "Esquipulas de los Pueblos".

El tema de la seguridad no podrá ser garantizado en Centroamérica si el mecanismo de verificación multilateral no es aceptado por todos los países, con apoyo de los organismos internacionales. La experiencia de los fracasos y debilidades de la verificación las negociaciones y los acuerdos tienen serias limitaciones. La experiencia de los Tratados del Canal de Panamá Torrijos-Carter, firmados en la sede de la OEA ante los principales líderes de la comunidad continental, señalan claramente que los tratados no resuelven los conflictos si no se crean mecanismos de verificación e implementación multilateral con capacidad ejecutiva.

En este sentido, el acuerdo aprobado en Ginebra da un papel de intermediación al secretario General de las Naciones Unidas, que puede suponer un paso adicional par consolidar los procesos de negociación como mecanismos eficaces de resolución de los conflictos en la última década del siglo XX.

Carácter de a democracia y proceso de democratización

En la agenda popular centroamericana la democracia ha adquirido un lugar prioritario. Históricamente, la democracia era más una bandera de la burguesía que de las organizaciones populares. En la crisis centroamericana se ha revertido absolutamente esta tendencia y la democracia es la gran bandera popular. El carácter de la democracia, sin embargo, está en juego.

Las democracias tuteladas por el poder militar, democracias de fachada, con formalismos electorales sin contenido, democracias de "peaje", como las calificamos en el número especial de envío de enero-febrero/86, en cuanto que la burguesía y los militares tenían que pagar el "peaje democrático" para recibir el apoyo norteamericano, estas democracias de espuma y apariencias deben ser profundizadas con una auténtica democracia representativa y participativa de todos los sujetos sociales, a todos los niveles de la sociedad: Estado, partidos, organizaciones populares, familias e Iglesias y sobre todo, con el respeto absoluto a los derechos humanos.

La superación del verticalismo es ineludible y la utilización como correas de transmisión de las organizaciones por el Estado, los partidos, las empresas y las mismas Iglesias, está hoy en profunda crisis en Centroamérica.

En el caso de Nicaragua, se impone un proceso de democracia partidaria. Reconociendo los grandes logros democráticos en Nicaragua, que se han manifestado internacionalmente en las elecciones más verificadas en la historia y en la aceptación de la voluntad popular, incluso siendo el FSLN el partido más fuerte y teniendo el monopolio de las armas, la derrota electoral sandinista es quizás la mejor prueba de la necesidad de la profundización de la democracia en Nicaragua.

Los logros democráticos globales tienen serias limitaciones y no han permitido la democratización profunda del partido, del Estado, de las organizaciones populares y de la misma alianza popular. La Guerra de Baja Intensidad, sostenida por una década, es indudablemente una de las causas dominantes en la derrota electoral en Nicaragua, pero la insuficiencia del control popular en la economía, política y organizaciones carcomió el apoyo popular y permitió que errores repetidamente señalados perdurasen por falta de una profundización democrática.

Causas económicas de la crisis del socialismo real europeo

La crisis del socialismo real en los países del Este tiene indudablemente causales económicas, pero es fundamentalmente una crisis de democracia. El socialismo en la URRS liquidó el poder feudal, creó una estructura industrial potente que compitió a nivel internacional hasta la revolución tecnológica de los 80. Sin embargo, fracasó económicamente en la fase de la sociedad de consumo, que no se puede planificar ni centralizar porque requiere poner al consumidor en contacto directo con la producción.

El fracaso agrícola, por la rigidez del plan y la colectivización forzada, sin respetar la cultura y la organización campesina, también implica unos límites democráticos para el desarrollo económico del agro. Es decir, que la misma crisis económica del socialismo tiene raíces en la falta de democracia. Además, se dio una crisis de burocracia asfixiante del partido en todos los ámbitos de la vida civil, que llevó a un fracaso académico ante la nueva revolución tecnológica e hizo que la URSS perdiese toda posibilidad de competir internacionalmente si no se democratizaba. La perestroika y la glasnost no provienen del descubrimiento del mercado, de la empresa y la propiedad privada, sino que son frutos del estallido de las demandas democráticas en el socialismo que se vivía en la URRS. La crisis de la democracia se manifestó en la economía y en una crisis ideológica, cultura y espiritual del pueblo soviético, crisis también internacional al haber perdido el socialismo real el atractivo y la legitimidad de un sistema alternativo al capitalismo.

El futuro de los países socialistas del Este se enfrenta a un dilema que ha comenzado a ser discutido en los primeros encuentros de los defensores de la perestroika con dirigentes del Tercer Mundo. O la URRS y Europa del Este -en cuanto la derechización de sus gobiernos electos lo permita- se lanzan exclusivamente a una lucha competitiva con la tecnología y el mercado capitalista, intentando recuperar el retraso acumulado, o se vinculan con las demandas provenientes del Tercer Mundo por la democratización del poder a nivel mundial, vinculando las demandas de la igualdad y respeto provenientes del Sur con las demandas de un Nuevo Orden Económico Internacional y un Nuevo Orden Jurídico Internacional que permita la democratización de los organismos internacionales.

En la primera tendencia, el futuro de Europa del Este es su "latinoamericanización", convirtiéndose a corto plazo en países dependientes de la deuda, de recursos naturales, de tecnologías importadas y de la transnacionalización dominada por los otros tres grandes bloques mundiales, mientras en el horizonte se levantan China e India como nuevos gigantes. En la segunda alternativa los países del Este unen su futuro a las demandas y fuerzas acumuladas en el Tercer Mundo por una reestructuración económica y jurídica internacional, incorporando las demandas de igualdad y respeto de todos los países; de desmilitarización global y mecanismos de seguridad colectiva; de defensa de la ecología, de incorporación de la mujer a la economía y a la sociedad civil con igualdad de derechos; de supresión de todo racismo en el Norte y en el Sur.

El conflicto Este-Oeste y el conflicto Norte-Sur

La superación del conflicto Este-Oeste se dio por la profundización de la democracia en el Este. La superación del conflicto Norte-Sur, conflicto dominante de este final de siglo, sólo se puede dar por la profundización de la democracia a nivel internacional, sobre todo por la democratización del poder en las relaciones e instituciones internacionales.

En esta avalancha del Norte contra el Sur y del Capital contra el Trabajo, la profundización de la democracia representativa y participativa a nivel nacional, regional e internacional es la gran demanda de los pobres, tanto del Norte como del Sur. Sin democracia real no hay superación de la miseria, de los conflictos militares, ni tampoco salvación ecológica del mundo.

El logro de la democracia del mercado, de la democracia del capital, de la empresa privada, pero sin entregarse a una democracia que excluya del bienestar y del poder a las grandes mayorías, es la tarea que ha estallado en Europa del Este, pero que había estallado en Centroamérica y en América Latina hacía años y fue reprimida con intervenciones, embargos y el montaje de la más sofisticada Guerra de Baja Intensidad, mecanismo sutil que aparenta defender la democracia, cuando en realidad destruye la posibilidad del respeto, representación y participación de los pueblos.

La democracia es la expresión política de la dignidad e identidad recuperada de los nuevos sujetos históricos. Con la profundización de la democracia, los proyectos neoliberales dejarán de ser rápidamente alternativos, porque el nuevo oxígeno incorporado a la región no hace más que mantener un proyecto en el que se ofrece el mismo remedio en dosis más fuertes. La democracia representativa permite periódicamente la purificación de los procesos políticos si esa representatividad lleva una profunda participación a todos los niveles.

La democracia norteamericana está en profunda crisis y con dificultades ante esta avalancha democrática internacional y es esa condición la que se manifiesta en la tensión permanente en los organismos internacionales. Además, está en crisis por su falta de representatividad interna manifestada en el creciente abstencionismo electoral y definitivamente por su falta de participación económica, en una de las sociedades más piramidales del mundo. La profundización de la democracia en Centroamérica puede contribuir en primer lugar a democratizar la política exterior norteamericana y en segundo lugar a vincular las demandas democráticas del Sur con el carácter de la democracia en el Norte.

Autodeterminación o "Cuarta Frontera"

Las causas históricas de la crisis centroamericana se han sintetizado en un síndrome económico, que produjo altas tazas de crecimiento del 6% anual por 28 años entre 1950 y 1978, dejando, sin embargo, a la región con una de las peores distribuciones del ingreso y un nivel de miseria del 42% y el 67% de pobreza en 1980. Un síndrome social, ya que estas mayorías se sublevaron por la sobrevivencia y la dignidad. Un síndrome político ya que no permitía un mínimo de representatividad y participación. Pero también un síndrome geopolítico, por el sometimiento del "patio trasero" a una hegemonía excluyente, militar y represiva sobre toda la región. La superación de la relación geopolítica neocolonial con Estados Unidos es un elemento fundamental en la agenda popular, si la región aspira a superar su crisis.

En estos 10 años se han establecido vinculaciones muy importantes con sectores del pueblo norteamericano. Centroamérica ha comenzado a ser conocida en su realidad entre el mundo académico, político y un amplio sector de la opinión pública. Esto facilita la posibilidad de una solución geopolítica si la vinculación entre las dos sociedades se profundiza. Sin embargo, Centroamérica juega un papel en la ideología y en la imagen que los Estados Unidos tienen de sí mismos. La recuperación de la hegemonía norteamericana se simboliza en el control de su "patio trasero".

La siembra ideologizante de los ocho años de la administración Reagan está siendo hoy cosechada por la administración Bush. Lo hace con mucha más sutileza, con una política más cosmética -a Bush se le ha llamado "el presidente revlon"-, pero que tiene la capacidad de golpear estratégicamente, en continuidad con la experiencia de sus años como director de la CIA. La pérdida de un balance internacional por la crisis en Europa del Este le facilita este control hegemónico sobre su "patio trasero" y un énfasis provocador sobre Cuba que la invasión de Panamá, con la superación del síndrome de Vietnam, agudiza, introduciendo de nuevo la posibilidad de la "diplomacia de las cañoneras". El narcotráfico ha facilitado también la excusa para un intervencionismo más militarista por parte de Estados Unidos, incluso con países amigos como Colombia, Bolivia y Ecuador.

Los nuevos intereses de Centroamérica para Estados Unidos

Además del factor ideológico que Centroamérica representa para la recuperación de la imagen de hegemonía que Estados Unidos había perdido con la crisis de Vietnam, Watergate y el esfuerzo para destituir a Nixon, Centroamérica tiene tres nuevos intereses para Estados Unidos:

1) Eliminar la posibilidad de procesos revolucionarios, democráticos y flexibles, con legitimidad internacioanal, que pudieran convertirse en ejemplos para otros países del Tercer Mundo. En este sentido, la derrota electoral del sandinismo no es suficiente, porque el sandinismo, como partido mayoritario, tiene la capacidad de reinstalarse en el poder a través de los mismos procesos democráticos que han quedado probados en Nicaragua por primera vez. Quien lo ha visto más claramente y lo ha expresado directamente ha sido Reagan, que afirmó que el revés electoral no era más que "un nuevo ardid de los sandinistas".

2) La intervención de Panamá, en el momento en el que la guerra fría es superada, inicia el prototipo de las intervenciones post-guerra fría y post-contención del comunismo. En este sentido, en Centroamérica se busca mantener el prototipo de una política hacia áreas conflictivas del Tercer Mundo. La utilización del armamento convencional más sofisticado, nunca antes usado, puede implicar una política de presión para incrementar el presupuesto militar norteamericano para operaciones de desplazamiento rápido como "policía del Tercer Mundo". La reducción del presupuesto de defensa en armas nucleares y en actividades en relación con los países del Este, puede ser suplido por un incremento en el armamentismo dirigido hacia el Tercer Mundo, privilegiando el conflicto Norte-Sur por encima del conflicto Este-Oeste.

3) La invasión de Panamá no pretende contener la expansión de bases militares soviéticas, sino contener la expansión de competidores geoeconómicos en el "patio trasero" de Estados Unidos. Los grandes derrotados en Panamá, además del pueblo panameño son los intereses económicos del Japón, que han sido seriamente afectados por la crisis en Panamá y por la intervención norteamericana. Japón podrá recuperar su presencia económica en Panamá, pero negociando antes directamente con Estados Unidos, y no, como se había atrevido, negociando independientemente con los gobiernos panameños, después del margen de autonomía ganado por Torrijos. Estados Unidos pretende que el Caribe y Centroamérica sean parte del bloque Canada-Estados Unidos-México, incorporando el Caribe y Centroamérica como su plataforma competitiva con la plataforma japonesa en la Cuenca del Pacífico. Panamá, por tanto, sería la frontera geoeconómica del bloque norteamericano.

Indudablemente que esta solución geoeconómica para la región no resolvería las causas del conflicto y la crisis centroamericana continuaría. El estallido de una confrontación con Cuba, latente en la operación "Televisión Martí", pudiera incluso extender este conflicto a Las Antillas. Sin embargo, la mezquindad económica que Estados Unidos ha demostrado en Panamá, después de la destrucción física de más de 1.500 millones de dólares y de la destrucción económica por las sanciones y el embargo de un 25 por ciento del PIB panameño, no levantan expectativas de colaboración para este proyecto de incorporación de Centroamérica al mercado norteamericano.

La mezquindad en el caso de Nicaragua puede ser incluso mayor, ya que la candidata "norteamericana" ganadora tiene en riesgo su estabilidad si no recibe una ayuda suficiente, al menos para compensar los daños del embargo y de la guerra. La mezquindad es todavía mayor si tiene en cuenta la sentencia de La Corte Internacional de La Haya, que obliga a Estados Unidos a una compensación económica por los daños de guerra. Si las razones políticas y jurídicas no han inducido a Washington a la generosidad con el gobierno de Violeta de Chamorro, el mensaje sí ha sido captado. Incluso los sectores más neoliberales de la región están intentando diversificar la dependencia y jugar un papel más autónomo ante las nuevas posibilidades que le trilateralismo económico ofrece a una región con una ubicación geo-estratégica privilegiada.

Mantener una relación intensa con el pueblo norteamericano es fundamental en la agenda popular centroamericana para superar la vieja historia neocolonial, la política intervencionista en el área mas intervenida del mundo. Los millones de inmigrantes centroamericanos en Estados Unidos deben ser ganados para que lleguen a ser parte de esta solidaridad activa, para abrir nuevas alternativas democráticas en las relaciones de la región con la potencia del Norte. La superación de un lenguaje inflamatorio contra Estados Unidos podría ayudar a establecer vínculos culturales mayores, en un momento en que la crisis ha permitido a Centroamérica ser conocida por amplios sectores del pueblo norteamericano.

El asesinato de los jesuitas ha golpeado la conciencia ética de ese pueblo a través del multiplicador de las Iglesias, permitiendo que Washington comience a preocuparse de una "infección ética" en su pueblo ante las violaciones de los derechos humanos provocados bajo el tutelaje y patrocinio de su propio gobierno. En la "Sudáfrica latinoamericana", Guatemala, el racismo de los grupos dominantes ha empezado a romper la muralla del silencio que existía alrededor de ese país. Frente a estas brutalidades salvajes, no ha habido más remedio, incluso en el gobierno de Estados Unidos, que apoyar los nuevos foros de negociación surgidos en Ginebra y Oslo, aunque sea con la intención de cooptarlos.

¿Cayó el "muro" que reserva para Estados Unidos el "patio trasero" centroamericano?

En todo caso, las flagrantes violaciones de los derechos humanos abren la posibilidad de una agenda popular entre el pueblo norteamericano y el centroamericano, con tantos vínculos históricos, de sangre, culturales y religiosos. La mayor posibilidad de superar el anticomunismo dado el fin de la guerra fría, hace que la realidad centroamericana se pueda percibir con menos tapujos ideológicos. La política de descongelamiento de la guerra fría y la caída del Muro de Berlín no ha llegado, sin embargo, a descongelar el proyecto de hacer de Centroamérica un satélite. No ha llegado a provocar la caída de esa muralla centroamericana que preserva el "patio trasero" como proyecto hegemónico de Estados Unidos. No se prevé que la política intervencionista utilice en los 90 la ideología anticomunista, sino que trate de cooptar las mismas demandas del proyecto popular.

Es decir, un intervencionismo basado en la excusa de la defensa de los derechos humanos, de la implementación y profundización de la democracia, de la guerra contra el narcotráfico y en casos extremos, de la defensa de los ciudadanos norteamericanos. La política de Bush hacia Europa el Beyond Contaiment (más allá de la contención) no parece llegar todavía a Centroamérica, que se mantiene en una política, a lo más, superadora del roll back (el retroceso de los movimientos revolucionarios al punto cero) y trata de operativizarse como Static Contaiment (contención estática).

El Salvador y Nicaragua: focos de la agenda popular

Es posible que Guatemala sea hacia 1992 el elemento determinante en Centroamérica, pero a corto plazo los países que definirán la negociación cooptada o la democracia participativa serán El Salvador y Nicaragua, al menos si en Nicaragua no se logra una transición pacífica y concertada del gobierno o si los acuerdos para la desmovilización de la contra vuelven a violarse.

El Salvador es un país con una crisis irreparable. El poder formal y el poder local han entrado en descomposición y resquebrajamiento inmanejables tanto para el proyecto neoliberal como para crear una capacidad de resistencia que prolongue la guerra contra las fuerzas contrarrevolucionarias. Por otro lado, el FMLN ha sido capaz de neutralizar la tecnología militar norteamericana, provocando que las fuerzas armadas salvadoreñas sean incapaces de absorber más ayuda bélica efectiva, por la desmoralización y las divisiones en la estructura militar. Por otro lado la masacre de los jesuitas, el bombardeo contra la población civil y la fuerza demostrada en la ofensiva del FMLN en noviembre, han creado un apoyo internacional y una visibilidad tales que la represión en ese país no puede continuar sin que le gobierno y la Fuerza Armada queden aislados incluso en Washington. El FMLN ha logrado una legitimidad creciente, incluso en los Estados Unidos, si bien más reconocida en Centroamérica. Esto se hizo patente en la última reunión de Esquipulas en Montelimar donde comandantes del FMLN participaron en las reuniones informales y sociales del balneario nicaragüense.

El torpe "pinochetazo" que en parte se dio en El Salvador en noviembre, matando a los jesuitas, bombardeando a la población civil y masacrando a importantes líderes populares, no era sostenible para la nueva imagen que Cristiani necesitaba en los Estados Unidos. Después de la rupturas de negociaciones con el FMLN, las negociaciones internas han continuado incluso bajo presión norteamericana hasta llegar a la negociación de Ginebra. ¿Será posible cooptar al FMLN en la mesa de negociación? ¿Será la intermediación de las Naciones Unidas suficientemente fuerte y dinámica para desarrollar un proceso que lleve a esa paz anunciada por el presidente Cristiani para 1990?

Gran responsabilidad en esta etapa crucial tendrá la Iglesia, que puede ser responsable de la prolongación del conflicto por indecisión o confusión, apoyando el Arzobispo y su auxiliar, negociaciones auténticas o favoreciendo el Presidente de la Conferencia Episcopal al gobierno y a la Fuerza Armada. Por otro lado, la solidaridad internacional, sobre todo en Estados Unidos, será más importante que nunca, aprovechando el impacto que la muerte de los jesuitas tuvo en la conciencia ética y política del pueblo norteamericano. Por su parte, el FMLN, se ha percatado de que una insurrección o incluso un estallido social generalizado es muy difícil de conseguir en un pueblo agotado por el sufrimiento y la lucha por la sobrevivencia. La encrucijada salvadoreña decidirá en gran parte la dinámica del resto de Centroamérica.

Nicaragua y El Salvador han estado vinculados estrechamente durante los últimos años en el proceso de negociación. Una falsa simetría se pretende transferir a la desmovilización de la contra y a la del Ejército Popular Sandinista. Hoy es evidente que la primera simetría fue falsa, pero sectores extremistas pretenden crear artificialmente una nueva simetría, tan absurda como la primera.

¿Se desmovilizará la Contra nicaragüense?

En las próximas semanas se decidirá si la desmovilización de la contra -que claramente no podrá realizarse totalmente antes del 25 de abril-, tendrá o no una dinámica que, apegándose a los acuerdos entre el gobierno de Daniel Ortega y Violeta de Chamorro, pudiera ser definitiva bajo una verificación de CIAV y ONUCA, a la que después se sumó el Cardenal Obando. Si este dinamismo no se da, el peligro de una guerra civil y de una creciente desestabilización en esta etapa de transición son más que posibles.

¿Por qué la contra no se desmoviliza a pesar de los acuerdos de Toncontín y del Protocolo de Transición y el apoyo público de Violeta de Chamorro a esa desmovilización? ¿Es que la contra es hoy una fuerza "independiente" de Estados Unidos y anárquica e incontrolable por el nuevo gobierno? ¿No será que los neo-conservadores de Washington siguen apoyando a esa criatura tratando de salvar la responsabilidad que con ellos tiene la administración Bush? Este doble juego es extremadamente peligros y parece ser que cuenta con un tercer sector de apoyo, los sectores extremistas del Consejo Político de la UNO, que desde dentro favorecen la permanencia de la contra para ganar poder interno en el gobierno de Violeta de Chamorro y conseguir cambios sustantivos en el Ejército Sandinista, sin aceptar la reducción gradual propuesta en el Protocolo de Transición.

Sin el sandinismo el gobierno electo no puede gobernar el país. Si no se respeta la democracia constitucional votada en estas elecciones, el sandinismo no aceptará desarrollar una oposición constructiva, ya que no sería consecuente con el mandato popular. Por otro lado, la permanencia de la contra podría crear las bases para que fuerzas paramilitares de derecha, como los escuadrones de la muerte de El Salvador y Guatemala, actuasen por primera vez en Nicaragua. ¿No se cumplirían así los sueños de los estrategas de la Guerra de Baja Intensidad de tener "guerrilleros de derecha" con una base de poder local legitimada ahora por el poder central?

El laberinto de la transición en Nicaragua

El laberinto de la transición es un desafío también para el FSLN, que podía sufrir divisiones internas. Si la vinculación Washington-Contra-UNO fuese suficientemente evidente, el FSLN no correría el riesgo de una división, sino que adoptaría una posición monolítica y beligerante contra un gobierno que no se habría atenido a la transición pacífica votada en la elección más observada y verificada de la historia.

Las señales contradictorias provenientes de Washington no ayudan a que los sectores de la UNO y el FSLN se definan plenamente. La necesidad de mantener el espacio nacional y de definir un proyecto nacional en medio de esta transición difícil es tarea de todos los nicaragüenses que, al resolverla, podrán contribuir a definir la dinámica de la próxima década en la región. La limpieza y honestidad de unas elecciones organizadas por el sandinismo enfrentó un profundo fraude, no registrado por los observadores internacionales: el fraude del gobierno norteamericano con presiones económicas, intervención militar y financiamiento de la campaña opositora. "The Wall Street Journal" (1-3-90) reproduce un artículo de Alexander Cockburn: "No hubo en Nicaragua una victoria de la democracia. La victoria fue de la violencia y la lección fue la violencia es más provechosa. Tras más de una década de haber sido desangrados por un enemigo poderoso e implacable -Estados Unidos- la mayoría de los nicaragüenses escogieron el realismo por encima del nacionalismo y dijeron basta".

Es fundamental para la agenda popular centroamericana asimilar en su más profunda radicalidad que no puede haber soluciones nacionales cuando se de una interferencia e intervención e incluso de los mecanismos más nacionales como son las elecciones. Lamentablemente, los observadores internacionales no tuvieron el mandato ni la capacidad de enfrentarse a este tipo de fraude, cuyas estelas han quedado después de las elecciones. La experiencia de Nicaragua debería de ser la última intervención electoral de Estados Unidos en el hemisferio, a la vez que se ha convertido en la primera de muchas elecciones sometidas a la observación de la ONU y la OEA en Centroamérica y América Latina.

La solución de las encrucijadas salvadoreña y nicaragüense definirá en los próximos meses la dinámica para 1991. Para 1992 es posible que el peso de la región dependerá de la solución del conflicto guatemalteco, más complejo que el salvadoreño y el nicaragüense, porque además de los cuatro síndromes regionales incluye el del racismo, dolorosa herencia de la conquista, que en ese año 92 cumplirá su Quinto Centenario.

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Centroamérica: ¿hacia dónde vamos?

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El FSLN en su laberinto: ¿es posible una revolución en Centroamérica?

El Salvador
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Guatemala
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