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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 102 | Abril 1990
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Nicaragua

Las encuestas ¿por qué fallaron?

Todas las firmas encuestadoras nacionales y las internacionales daban el triunfo al FSLN sobre la UNO con un mayor o menor margen. Todas reflejaron la gran polarización entre las dos opciones: FSLN y UNO. ¿Por qué resultados tan sorprendentes, por qué se equivocaron todas las encuestas?

Equipo Envío

Las encuestas de opinión acompañaron todo el proceso electoral nicaragüense y fueron una pieza importante de la campaña electoral de la UNO y sobre todo, de la del FSLN.

Desde marzo 89 hasta febrero 90 se realizaron en Nicaragua 24 encuestas destinadas a conocer las preferencias políticas de los votantes. Algunas de ellas tuvieron alcance verdaderamente nacional, aunque la mayoría se hicieron en regiones y zonas más urbanas. Se calcula que unos 50 mil nicaragüenses contestaron a los encuestadores.

Entre las firmas encuestadoras nacionales estaban ECO e ITZTANI-INOP, que trabajaron -entre otros- bajo el patrocinio de la Universidad Centroamericana. Todas las firmas encuestadoras nacionales y las internacionales que en las varias encuestas que realizaron hicieron siempre públicos sus métodos, daban el triunfo al FSLN sobre la UNO con un mayor o menor margen. Todas las firmas nacionales y todas las internacionales reflejaron una gran polarización entre dos opciones políticas, desdibujándose las otras 8 candidaturas electorales -de centro y de extrema izquierda-. Sobre los resultados que iban reflejando las encuestas más confiables basó envió sus análisis en estos últimos meses.

Después de que los resultados electorales quebraron las previsiones de las encuestas, encuestadores, analistas políticos y simples ciudadanos perplejos empezaron a manejar diversas teorías, en un esfuerzo por explicar a otros y por explicarse a sí mismos este fenómeno muy poco común en contiendas electorales de otros países. Envío también ha querido hacer ese esfuerzo en un afán tanto informativo como autocrítico.

Tres encuestadoras internacionales se equivocaron: diferentes teorías para explicar el "error"

En el último mes de la campaña electoral, tres firmas de prestigio internacional hicieron encuestas cuyos resultados daban al FSLN una gran ventaja sobre la UNO. Una encuesta del diario The Washington Post y de la cadena de Televisión ABC News realizada en febrero daba al FSLN 16 puntos de ventaja sobre la UNO. La encuesta realizada por la cadena mexicana Univisión a fines de enero colocaba a los sandinistas con una ventaja de 18 puntos. En la última encuesta que llevó a cabo a mediados de enero la empresa norteamericana de Greenberg Lake, el FSLN aparecía con una ventaja de 27 puntos. El trabajo de campo para estas tres firmas extranjeras fue realizado por firmas nicaragüenses independientes. La encuesta de Univisión la hizo Logos y las otras dos, ITZTANI-INOP. Otra firma nacional, ECO, llevó a cabo dos encuestas en enero y febrero, que daban a los sandinistas una ventaja de 36 puntos y de 32 puntos.

La realidad mostró que estas y otras encuestas previas predijeron manera errada el resultado de las elecciones, sea porque su metodología no fue correcta o porque los encuestados no respondieron sinceramente o porque algo muy importante cambio la decisión de los nicaragüenses en los últimos días, entre el cierre de la campaña electoral y el día de las votaciones.


Los encuestadores tienen diferentes teorías para explicar este "error". Dos días después de las elecciones, un artículo del diario La Prensa -propiedad de Violeta Chamorro- lo interpretó así: todas las encuestas mencionadas eran "encuestas sandinistas", y "habían sido inventadas con el propósito de esconder la realidad".

Señalaban también que las encuestas patrocinadas por La Prensa y por el National Endowment for Democracy predijeron acertadamente que Violeta Chamorro sería la ganadora. La reputación de las instituciones criticadas por La Prensa y su disposición a hacer pública toda la información con la que hacían las encuestas, resta credibilidad a la acusación de La Prensa. Y aún si admitiéramos que estas firmas fueron "sandinistas", esconder la realidad sólo perjudicaba al FSLN. Las encuestas de opinión jugaron un importante papel en la estrategia de la campaña sandinista y el haber conocido por adelantado la posibilidad de una derrota hubiera hecho variar algunos aspectos de la campaña en función de asegurar el triunfo.

Tanto los encuestadores como expertos internacionales consideran que las metodologías utilizadas en las encuestas criticadas por La Prensa fueron técnicamente adecuadas. Esto ha servido de base a la hipótesis más aceptada para explicar por qué se equivocaron: las personas entrevistadas decidieron no decirle al entrevistador por quién iban a votar, aun cuando se les pedía que llenaran el formulario privado.

Aceptando esta hipótesis, la pregunta siguiente es: ¿por qué no dijeron la verdad? Existe la "teoría conspirativa", según la cual un considerable número de votantes quería evitar a toda costa la victoria del FSLN y por eso decidió mantener en secreto su opción por la UNO, creyendo que si el FSLN sospechaba que iba a ser derrotado cambiaría su estrategia de campaña y lograría el triunfo. Esta teoría supone un grado de sutileza política tan grande en la población que resulta increíble en un país con tan escasa experiencia electoral. La atmósfera que se vivió en toda Nicaragua "el día después", el 26 de febrero, atmósfera de conmoción, incertidumbre y tristeza, desmiente en los hechos la teoría de una conspiración política colectiva.

La teoría más pintoresca de todas es la del ex-presidente y gran antisandinista Ronald Reagan. Según él, la victoria de la UNO es fruto de una conspiración.... pero de los mismos sandinistas, que habrían preparado cuidadosamente su derrota para así forzar a la UNO a conseguir la desmovilización de los contras y para dejar en manos de la derecha la difícil tarea de reconstruir la empobrecida economía nicaragüense. Quien conoce a los sandinistas -dijo Reagan- sabe de los ardides de que son capaces....

¿Miedo a la represión?

La hipóteis de Washington

La explicación de mayor acogida en Washington -reforzada en parte por la opinión de una de las firmas encuestadoras nicaragüenses- es la del miedo. Según esta hipótesis, los encuestados no respondieron sinceramente por temor a represalias de los sandinistas si éstos descubrían que ellos simpatizaban con la oposición. Los anti-sandinistas de Estados Unidos piensan que han encontrado por fin lo que buscaron por mucho tiempo: la prueba de que el gobierno del FSLN era totalitario y represivo. Pero la hipótesis de que el error de las encuestas se explica por un clima de represión gubernamental no es coherente con la realidad nicaragüense.

Aunque durante estos años de guerra se han dado incidentes aislados de abusos de autoridad, no existe en Nicaragua una estructura represiva institucionalizada, no hay escuadrones de la muerte ni violaciones sistemáticas a los derechos humanos como sucede en El Salvador o en Guatemala, países donde las encuestas pre-electorales -incluyendo las realizadas por Univisión- previeron lo que después fueron los resultados electorales. Howard Schuman, director del Survey Research Center de la Universidad de Michigan y miembro de la Comisión Internacional de Encuestas Pre-eletorales en Nicaragua, sugiere en un artículo de opinión aparecido en The New York Times el 7 de marzo que no se trata de que los salvadoreños o los guatemaltecos confíen más que los nicaragüenses en los encuestadores sino que en ambos países se desconfía por igual de los encuestadores y de las mismas elecciones y no se es sincero ni al responder ni al votar. Al menos en Nicaragua -dice Schuman-, la gente confía en que el día de las elecciones podrá votar en conciencia y en que su voto será secreto.

Cirilo Otero, de ITZTANI, cree que hay algo de cierto en el argumento del miedo y afirma que cuando los entrevistados suponían que los encuestadores eran sandinistas temían ser objeto de represalias si se declaraban opositores. ¿Miedo a la represión? ¿Coerción o presión social al interpretar muchos encuestados que las encuestas las hacían sólo los sandinistas, por el gran despliegue que de sus resultados favorables hacían los medios sandinistas?

Según Otero, el voto por la UNO el día de las elecciones, al darse en secreto, se convirtió en un "voto de venganza" como una respuesta al miedo. Sin embargo, ITZTANI mantuvo siempre y con firmeza que sus encuestas respondían abierta y sinceramente sin mostrar miedo o desconfianza. Podría esperarse, por ejemplo, que la firma CID-GALLUP -por sus vínculos con la agencia de información de Estados Unidos y su dudosa reputación profesional-iba a encontrar miedo aún donde no existía. Sin embargo, no fue así. "La CID encontró que el pueblo nicaragüense respondió en general de manera abierta a las encuestas y en ninguna zona del país demostró miedo al expresar sus opiniones", dijo en su informe esta firma costarricense. Otros comentarios de Otero no parecen concordar con la imagen de un régimen represivo. Cuando escribe que el pueblo no está "contra la revolución en su conjunto" y que la decisión popular de "votar por un cambio" no significa que "su verdadera opción haya sido la Unión Nacional Opositora", pone límites a su propia teoría sobre el miedo.

¿Presión social?

¿"Haga lo que hace el otro"?

En Nicaragua existe ciertamente una presión social que se expresa en una gran variedad de símbolos y que se traduce en un clima generalizado de apoyo a la revolución. Aunque las encuestas se hacían supuestamente en privado, es difícil hablar de privacidad en un hogar nicaragüense. Tampoco en los barrios, en los que cualquiera puede escuchar sin mucho esfuerzo las conversaciones diarias de sus vecinos. En Nicaragua todo se sabe o todo termina sabiéndose muy pronto.

En este contexto social y cultural es posible que muchos de los que tenían intención de votar por la UNO decidieran ser precavidos cuando respondían a las encuestas y sintieron más seguridad poniéndose del lado del que pensaban era el seguro ganador, el FSLN. Este tipo de presión social no es muy diferente de la que existe en cualquier sociedad del mundo donde determinados comportamientos o actitudes de consideran más aceptables que otros. Para algunos, se trata de una reacción normal: la mayoría expresa su apoyo a lo que considera es el consenso social mayoritario. Otros opinan que a esto se añadió un elemento de vergüenza y la gente trató de esconder la preferencia electoral porque esto significaba que se iba a optar motivado por criterios individuales, poniéndolos por encima de la dignidad nacional.

En todas partes del mundo se dan estos fenómenos: la gente esconde sus verdaderas tendencias a los encuestadores por pudor y vergüenza. En la reciente contienda por la alcaldía de New york, varias encuestas daban a David Dinkins, un demócrata negro, una amplia ventaja sobre su rival, Rudolph Giuliani. Una encuesta del diario New York Newsday, publicada cinco días antes de las elecciones, proyectaba a Dinkins como triunfador con un 50% de los votos, frente al 39% para Giuliani. Finalmente, Dinkins ganó, pero con un margen muy estrecho. Fue claro, a la luz de los resultados, que al contestar a las encuestas todos quisieron aparecer como no-racistas -porque no está bien darle importancia a la raza de un político-. Pero a la hora de votar, votaron por el blanco, porque lo sentían más capaz a causa de su raza, aunque les diera vergüenza decirlo así al encuestador...

¿Habló el Güegüense?

La raíz de la sicología social

No existe apenas en Nicaragua una tradición cultural cívica. Una dictadura dinástica que duró 45 años fue derrocada hace menos de once años y aún no se ha superado una enraizada desconfianza hacia la autoridad. A esto hay que añadir que no hay en el país ninguna tradición de encuestas de opinión y que las de estas elecciones son prácticamente las primeras con las que se ha enfrentado mayoritariamente la población nicaragüense.

Una hipótesis para explicar el error de las encuestas remite a la tradición cultural del güegüense. "El Güegüense", comedia-bailete nicaragüense del siglo XVII, de autor anónimo, es la obra teatral más antigua que se ha conservado por escrito en América Latina. En ella, el mestizo nica salva la desfavorable correlación de fuerzas que le enfrenta al gobernador español con una continua simulación, con hábil juegos de palabras y con pequeñas astucias que le permiten vencerlo, o al menos, confundirlo, despistarlo.

Marvin Saballos, director de la firma encuestadora Logos escribe: "Parece estar profundamente arraigada en la memoria colectiva del nicaragüense la desconfianza hacia el poder dominante del cual trata de sustraerse o aprovecharse por la vía de la sátira, la ironía.... El güegüense se burla, confundiendo con un juego de palabras al alguacil representante del poder), de manera que el poder nunca sabe exactamente cuál es la posición del pueblo". Al final, la autoridad se va creyendo que el pueblo está de acuerdo con su punto de vista.

Saballos afirma que el pueblo nicaragüense actuó como güegüense frente a los encuestadores: al asociar a ciertas instituciones encuestadoras y a los entrevistadores con las autoridades, les respondió de la manera que los encuestadores querían que les respondieran. Para evitar este escollo, la estrategia de las encuestas de Logos fue mantener un bajo perfil para evitar que sus encuestadores fueran asociados con alguno de los dos grandes bandos en pugna. La primera encuesta de Logos, que fue criticada por razones técnicas, daba al FSLN una ventaja sobre la UNO de apenas un 1% ( 40 vs. 39.1% ).

Cuando Logos realizó su segunda encuesta, los votantes fueron más cuidadosos por tres razones principales, a juicio de Saballos: la creciente intensidad de "la guerra de las encuestas", el clima más militarizado en Nicaragua a raíz de la invasión a Panamá y la proximidad del día de las elecciones. Estos tres factores distorsionaron los resultados, que fueron ya mucho más favorables al FSLN. Saballos mantuvo su suspicacia ante "el güegüense" durante todo el período pre-electoral, afirmando que ciertos sectores de la población estaban respondiendo según la inclinación política que atribuían al entrevistador. En los países industrializados, los investigadores de mercado son conscientes de este tipo de dinámica, sea relacionada con las presiones sociales, sea con la "sicología güegüense", y sistemáticamente diseñan sus encuestas para compensar estos factores. En las futuras encuestas que se llevan a cabo en Nicaragua serán necesarios ajustes de este tipo.

¿Un cambio de opinión en el último minuto?

Aunque tal vez sea sólo una forma de justificación, es posible también que las encuestas no hayan estado equivocadas. Después de un preliminar estudio post-electoral, en el que se entrevistó a personas que votaron por la UNO, ECO mantiene que si las elecciones se hubieran celebrado una o dos semanas del 25 de febrero los resultados electorales hubieran coincidido más con los de la última encuesta de esta firma, que daba al FSLN una victoria abrumadora. Las encuestas de ECO calcularon de manera exacta el apoyo sólido al FSLN en un 41% de la población, porcentaje que fue en definitiva el que obtuvieron los sandinistas. Esto significaría, según su hipótesis, que todos los votantes indecisos decidieron a última hora votar por la UNO.

¿Qué hizo que este sector de la población clasificado como indeciso se inclinara por la UNO en la semana que transcurrió entre la última encuesta y el día de las elecciones? Entrevistas hechas al azar en los días siguientes demostraron que el servicio militar que estaban obligados a prestar los jóvenes entre 16 y 25 años era una de las principales preocupaciones del pueblo. Entrevistas realizadas por ECO en lugares donde ganó la UNO con un sólido margen le llevaron a concluir -y esperan probarlo en un estudio más profundo- que, por una combinación de circunstancias, el día de los comicios, en vez de darse un elección de autoridades lo que se dio fue un referéndum sobre el servicio militar.

Oscar Medrano, de ECO, explica que la población calificada como "indecisa" (se refiere al 40% que ECO considera que no era ni sólidamente como pro-UNO, ni solidamente pro-FSLN) estuvo sopesando varios aspectos conflictivos hasta el mismo día de las elecciones y al final se decidió por la opción menos mala. En un platillo de la balanza estaba la continuación del servicio militar y la continuación de la guerra de los contras y en el otro estaba el voto por la UNO. Votar por el FSLN significaba una continuación del servicio militar, mientras que la UNO había hecho eje de su campaña poner fin al servicio militar. Los contras eran la razón por la cual existía el servicio militar y la UNO significaba también el fin de los contras, porque la UNO era amiga de los Estados Unidos, que eran los amigos de los contras... Desde esta lógica, la UNO se transformó para muchos en el menor de los males, según la explicación de Medrano.

"¿Por qué ocurrió esto el 25 de febrero, si hasta el 16 nos dijeron que iban a votar por el FSLN?", se pregunta Medrano. Y se responde recordando que varios dirigentes sandinistas habían dicho que en le cierre de la campaña electoral del FSLN se harían anuncios espectaculares. El 21 de febrero, en la multitudinaria manifestación con que llegó a su fin la campaña sandinista, la expectativa de muchos era que el Presidente Ortega iba a anunciar e fin del servicio militar. Esto provocó que un gran número de votantes indecisos que nunca habían ido a una manifestación fueran a ésta -calculada en medio millón de personas- porque querían escuchar algo que en definitiva no se dijo. Contra todo lo esperado y deseado, Ortega reafirmó esa tarde la necesidad del servicio militar. Había "un juego de expectativas" -explica Medrano- y la gente no escuchó lo que quería escuchar. Por eso, el día de las elecciones decidieron dar un voto de castigo al FSLN votando contra el servicio militar, pero convencidos de que pese a esto el FSLN ganaría las elecciones.

El jesuíta César Jerez, rector de la Universidad Centroamericana que patrocinó las encuestas pre-electorales de ECO, dijo simplemente en la lección inaugural de la Universidad: "Sencillamente tenemos que confesar que esas encuestas no reflejaron la intención de los votantes y que no usamos instrumentos científicos de control para balancear las interpretaciones que de las encuestas hicimos. Nos equivocamos. El pueblo nos dio una lección."

La principal preocupación que surge a partir del estudio realizado por ECO después de las elecciones es ésta: si la hipótesis del güegüense es correcta, ¿cómo puede saber ECO que le pueblo no les está contestando nuevamente como ellos creen que ECO quiere que le respondan? Frente a esto, Medrano afirma que el estudio post-electoral muestra un patrón muy claro que encaja con los cálculos de sus anteriores encuestas acerca del porcentaje de los que apoyan sólidamente a la UNO y de los "indecisos". Cuando se preguntó a los encuestados después de las elecciones si la abolición del servicio militar hubiera afectado los resultados electorales, los que apoyan sólidamente al FSLN dijeron que con esto los sandinistas hubieran ganado con un margen amplio, los indecisos dijeron que en ese caso hubieran votado por el FSLN y los que apoyan sólidamente a la UNO dijeron que nadie hubiera creído a los sandinistas.

La explicación de ECO es sugerente y tiene sin duda, alguna verosimilitud. Informaciones de muy diversas fuentes dan cuenta de que gran cantidad de gente hablaba el 26 de febrero de que el servicio militar fue lo que "perdió a los sandinistas y de que la movilización del 21 de febrero les desencantó porque faltó el anuncio del fin del servicio militar. Ese día 26, algunas personas que habían votado por la UNO estaban ya arrepentidas y sinceramente conmocionadas porque el FSLN había perdido. La realidad es que la UNO no celebró su victoria y que el ambiente en Managua y en todo el país era el de un funeral masivo. Cuánta gente estaba arrepentida y cuánta dio un "voto de castigo" a causa del servicio militar es algo imposible de medir. Al menos, nadie en Nicaragua se atrevería hoy a hacer una encuesta para investigar este asunto...

Las encuestas que acertaron: ¿precisión o carambola?

El hecho de que algunas firmas encuestadoras obtuvieran resultados más cercanos al resultado de las elecciones no garantiza necesariamente que sus encuesta hayan sido realizadas de forma más profesional. Ni siquiera hay garantía de que hubiera en ellas una real profesionalidad. Un ejemplo: el promotor de la segunda encuesta de la CID-Gallup de Costa Rica no dio a conocer estos resultados, presumiblemente muy favorables a la UNO, porque la metodología y el trabajo de campo no tenían tan poco profesionalismo que arriesgaban dañar seriamente la reputación de la empresa. Algunos encuestadores consideran que la gente entrevistada se sentía más cómoda revelando sus verdaderas inclinaciones hacia la UNO a entrevistadores que consideraban eran pro-UNO y que por eso estos encuestadores acertaron. Aunque esta posibilidad fuera cierta, las críticas hechas a la metodología y a los cuestionarios de las firmas
pro-UNO no dejan por eso de ser válidas.

La empresa costarricense Borge y Asociados, que realizó cuatro encuestas para el diario La Prensa sigue siendo objeto de controversia por la calidad profesional de su trabajo. Algunos encuestadores, entre ellos Cirilo Otero, felicitaron a esta firma por su exactitud, al mismo tiempo que señalaban que era aún imposible hacer un análisis real del por qué de esa exactitud sin tener acceso a la información técnica de la encuesta. Otros investigadores, como Oscar Medrano, dicen que la encuesta de Borge fue solamente "una charada", con la que "se sacaron la lotería sin comprar boleto". Una persona que trabajó muy de cerca con La Prensa en el desarrollo de la encuesta de Borge criticó privadamente la capacitación de sus entrevistadores y los numerosos problemas que esto causó en el trabajo de campo, así como otros aspectos técnicos del proceso llevado a cabo por esta firma.

Los encuestadores de las firmas ECO, ITZTANI-INOP y Logos están de acuerdo en que desde el punto de vista metodológico y técnico sus encuestas tuvieron solidez. ITZTANI considera que las únicas preguntas que se vieron significativamente afectadas por respuestas engañosas fueron las relacionadas directamente con la preferencia política del votante y que esto permite afirmar que las encuestas hechas deben ser consideradas como instrumento confiables para medir la opinión pública. Cirilo Otero cree que, por ejemplo, un análisis más detallado de las respuestas a las preguntas sobre el servicio militar y sobre el manejo de la economía por parte de los sandinistas hubiera revelado tendencias que indicaban una inclinación por la UNO. El error de ITZTANI - según Otero - fue darle mucho más peso a las preguntas sobre la preferencia en el voto y no haber realizado un análisis profundo y una tabulación cruzada de otras respuestas. Señala Otero que aun Greenberg Lake, que llevó a cabo muchas de estas tabulaciones cruzadas, no analizó de manera profunda los resultados.

Los cambios de ITZTANI tiene intención de hacer para futuras encuestas incluyen un cuidadoso análisis del tono y el contenido con que se hace cada pregunta, evitando en ellas frases o palabras que indiquen una tendencia hacia la izquierda o hacia la derecha, a la vez que una mejor selección y capacitación de los entrevistadores para asegurar que sus posiciones políticas no interfieran en el proceso de la encuesta. Estos cambios parecen responder más a la hipótesis del güegüense que a su propia hipótesis sobre el miedo.

Marvin Saballos cree que las respuestas a los cuestionarios en su conjunto se vieron afectadas por la sicología del güegüense y sugiere que algunas preguntas fueron probablemente contestadas de manera más espontánea que otras, entre ellas las que se referían a la situación económica o a la problemática general del país. Las encuestas futuras -dice Saballos- deberían ir acompañadas de otro tipo de investigación que proporcione "una información cualitativa más profunda que ayude a la interpretación de los resultados de la encuestas".

Deberían - según Saballos -, realizarse entrevistas más largas con los encuestados para tratar de descubrir mejor el verdadero pensamiento del que contesta y asegurarse de que no estén reaccionando de forma simplista a una línea política dada. Esto exigiría una mejor capacitación de los entrevistadores. Según Saballos, las encuestas sobre temas que no sean tan polémicos como lo fueron estas elecciones o las que se realicen en momentos en que que el país no esté tan polarizado como lo estuvo ahora, pueden ser valiosos instrumentos con los que estudiar la opinión pública en Nicaragua.

Para el futuro, sería muy útil que la firma Borge y Asociados, de acuerdo con las normas internacionales de ética, diera a conocer su metodología y sus cuestionarios. Hasta entonces no será posible analizar a fondo si hubo en su investigación valor real o simple carambola. Si en realidad la metodología de esta firma estuvo de acuerdo con las normas profesionales, sus encuestas podrían proporcionar importantes puntos de vista en el actual debate. Esta es una de las más importantes piezas que falta en un rompecabezas aún muy confuso.

Alcanzar la paz y superar la crisis económica: las dos razones

Las hipótesis de los diferentes encuestadores ponen el énfasis en entender la diferencia que se dio entre los resultados de las encuestas y los de las elecciones y no específicamente en comprender por qué el 55% de la población voto por la UNO. Todas las encuestas señalaron dos aspectos que aparecían como las principales preocupaciones del pueblo nicaragüense: la economía y la guerra. Sin embargo, los analistas parecen no haber leído bien cuál de los partidos era considerado como el que podría resolver mejor estos dos problemas.

En algunos casos, las encuestas indicaban ya una tendencia hacia la UNO. Por ejemplo, en la encuesta hecha en enero por Greenberg Lake, aunque eran muchos los que le echaban la culpa a los Estados Unidos por la crisis económica, el 46% decía que el FSLN era el responsable y un porcentaje algo menor, el 44% decía que no. Sobre la guerra: aunque las preguntas directas implicaban que la mayoría consideraba que el FSLN era más capaz de traer la paz a Nicaragua, esta respuesta se veía claramente matizada por la que se refería a las relaciones con Estados Unidos.

El 49% de los encuestados contestaron que el FSLN era demasiado hostil hacia los Estados Unidos. Por otro lado, el 61% -frente al 50% para el FSLN- consideró que la UNO podría reconciliar a Nicaragua con los Estados Unidos. Y el 58% -contra el 25% para el FSLN- respondió que la UNO pondría fin al servicio militar. Habría pues algunos elementos que podían haber puesto en la pista de lo que sucedería el día de los comicios: una mayoría que deposita en las urnas un voto de cansancio y de desesperación, un voto con el que poner fin a la cruel guerra que Estados Unidos le impuso durante más de 9 años a este pequeño país.

"El día después": escenas reveladoras

Las reacciones ante los resultados de las elecciones indican que muy pocos sospechaban que tanta gente votaría por la UNO. El 26 de febrero toda Nicaragua y no sólo el 41% que votó por el FSLN parecía de duelo. Los que dieron el triunfo a la UNO no salieron a las calles a celebrar y prácticamente no hubo ninguna celebración pública. Las calles amanecieron y permanecieron todo ese día silenciosas y desiertas. Llamadas telefónicas, visitas en las casas como cuando alguien muere, encuentros llenos de perplejidad e incertidumbre llenaron ese largo día. Cuando amanecía, el discurso del Presidente Daniel Ortega tocó el corazón de la mayoría de los nicaragüenses. Reconoció la derrota, no reprochó nada al pueblo y ratificó que el FSLN estaba abriendo a Nicaragua desde hacía 10 años el camino a la democracia.

Todos fueron sorprendidos por los resultados electorales: ni el FSLN pensó que perdería ni la UNO creyó que ganaría. Aún el gobierno de los Estados Unidos se mostró sorprendido por lo que realmente no esperaba. Las encuestas de opinión pública, la masividad de las movilizaciones en apoyo al FSLN -muy superiores a las de la UNO- y el insistente triunfalismo de los sandinistas, que se fijaron la meta de superar la victoria de 1984, cuando ganaron con el 67% de los votos, llevó a todos, dentro y fuera de Nicaragua, a la firme convicción de que el FSLN no podría ser derrotado.

Sin este convencimiento, muchos de los que decidieron votar por la UNO hubieran votado por el FSLN. Esta afirmación no es pura especulación. Hay muchos indicios de que la convicción popular de la victoria sandinista tuvo el efecto no calculado de alentar a muchos nicaragüenses a restar importancia a sus votos individuales llevándolos a la convicción de que el FSLN no necesitaba la suma de cada uno de estos votos para ganar. En otros, el efecto de esta convicción en el triunfo del FSLN los llevó a votar por la UNO para disminuir en algo la ya segura victoria del FSLN.

La firme creencia de que el FSLN ganaría ayuda a explicar algunas reveladoras escenas post-electorales. Una cantidad no pequeña de candidatos a concejales municipales en poblaciones donde la UNO ganó, no quieren su cargo: se apuntaron en las listas porque sabían que perderían y que no tendrían que asumir ninguna responsabilidad de gobierno. Una mujer que votó por la UNO saludó a un amigo llorando: “perdimos”, le decía. En Chontales, un alcalde sandinista rechazado en la urnas tuvo que calmar a una muchedumbre que abucheaba al alcalde de la UNO que acababan de elegir. Algunas madres de combatientes caídos, muchas d e las cuales son miembros de las organizaciones más patrióticas y revolucionarias del país, enviaron cartas a la asociación de mujeres de León expresándoles su arrepentimiento por haber votado por la UNO y explicándoles que lo hicieron por miedo a perder a más hijos en edad de prestar el servicio militar.

Algunas personas confesaron que habían dado su voto a Violeta Chamorro porque les daba lástima el verla en la campaña electoral con su pierna enyesada y en una silla de ruedas y porque mirando las encuestas y el triunfalismo sandinista no querían de una “señora tan buena” fuera derrotada. Hay niños que pasaron la noche en vela llorando junto a sus padres a medida que se iban conociendo los resultados, incapaces de comprender por qué ocurrió los que nadie esperaba.

Las reacciones de los nicaragüenses están atravesadas de contradicciones. A una mujer que votó por la UNO sin arrepentirse de su decisión, le preguntaron qué había que hacer si los contras no se desmovilizaban antes del 25 de abril. "¡Pues tomar las armas y terminar con ellos!", respondió decidida. Los votantes por la UNO de las cercanías de Wiwilí no sólo lo dijeron sino que tomaron las armas para ir a combatir cuando dos días después de las elecciones los contras intentaron sin éxito tomarse este pueblo. Para todos, para el 55% que votó por la UNO y para el 41% que lo hizo por el FSLN, la expectativa principal es conseguir a paz y mejorar la economía.

Los mercados están llenos de "bolas": que con la UNO nadie tendrá que pagar impuestos, que nadie tendrá que pagar la electricidad y el agua, que los intereses bancarios hechos en tiempos del gobierno sandinista no se pagarán... Una mañana, tres jóvenes que se montaron a un bus se negaron a pagar diciendo que con Violeta como Presidente nadie tendrá que pagar el transporte público.... Todas estas ilusiones sobre un "paraíso económico" se van a desvanecer rápidamente, como desaparecen los espejismos de agua fresca en la travesía por el desierto. Un trabajador le dijo a su compañero: "¿Y cuándo van a bajar el precio de la gasolina?" Y el otro se rió: "¡No seas loco! ¡No va a bajar, va a subir!". Y creció el desconcierto: "Pero si los precios van a subir, ¿para qué votamos por la UNO?"

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