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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 470 | Mayo 2021
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Nicaragua

En camino hacia “la peor elección posible”

Ortega no cuidó ni un ápice las apariencias al sacar sus primeras cartas para el juego electoral. La reacción internacional y la de la OEA fue de alarma: Nicaragua se encaminaba hacia “la peor elección posible”. En apenas ocho días la dictadura sacó más cartas y “lo peor” empeoró. La oposición no logró unificarse en una única opción. ¿Lo logrará ante una candidatura única?

Equipo Envío

Desde octubre de 2020 Ortega estaba emplazado por la OEA a hacerle al sistema electoral reformas que garantizaran elecciones “creíbles”. Con la OEA, desde hace tres años la comunidad internacional apuesta a que sean las elecciones la salida a la desgastante crisis de derechos humanos en la que Nicaragua está sumida por obra y desgracia de la dictadura.

A cinco meses de las elecciones, Ortega hizo saber a los nicaragüenses y a la comunidad internacional, de manera obscena, que no está dispuesto a competir sino a imponer su tercera reelección. Al llegar en mayo el plazo fijado por la OEA, el secretario general de la OEA consideró tan “increíble” el diseño orteguista para los comicios del 7 de noviembre que afirmó que Nicaragua se encaminaba a “la peor elección posible”. Tan sólo una semana después esa evaluación se quedaba corta.

4 DE MAYO: LEY ELECTORAL “REFORMADA” Y “NUEVOS” MAGISTRADOS


Fue con un muy calculado retraso que hasta abril Ortega comenzó a dar, una tras otra, señales de menospreciar las advertencias y presiones de la comunidad internacional sobre el proceso electoral.

El 12 de abril dio el primer paso al enviar al Legislativo, que controla casi totalmente, su propuesta de reforma a la Ley Electoral. La comisión legislativa encargada de aprobarla -ésta en total control del FSLN-, cumplió con el protocolo y convocó a todos los partidos a presentar sus objeciones. También fueron convocados a presentar candidatos para cambiar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE). La “modernización” y “reestructuración” del Poder Electoral “para garantizar que funcione de forma totalmente independiente, transparente y responsable” es el primer punto que había señalado la OEA.

Ciudadanos por la Libertad (CxL) y el Partido de Restauración Democrática (PRD), únicos dos partidos de oposición al régimen, presentaron extensos textos con observaciones, objeciones y propuestas a la comisión legislativa. (Ver el número de abril de Envío). También el PRD-Coalición Nacional presentó los nombres de diez personas capaces de asumir con independencia el cargo de magistrados electorales. El resto de 16 partidos con legalidad en el país, incluido el FSLN, sólo llegaron ante la comisión a respaldar el texto oficial.

El 4 de mayo, y como era de esperar, la reforma de Ortega fue aprobada en la Asamblea Nacional sin apenas debate. Ningún cambio sustancial fue tenido en cuenta, lo que convirtió la consulta en un mero trámite burocrático. Lo más grave de lo reformado por el régimen fue la incorporación a la Ley Electoral de las recientemente aprobadas Ley de agentes extranjeros y Ley de soberanía, que legalizan las inhibiciones de partidos y de candidatos. En el Código de ética electoral el régimen incorporó la también reciente Ley de ciberdelitos, que tiene en la mira a medios, periodistas y redes sociales.

Ese mismo día, sin darse un respiro -todo estaba “respirado” de antemano- el régimen nombró a los siete magistrados del CSE y a sus tres suplentes. Seis son militantes del FSLN. Los otros cuatro, propuestos por partidos satélites del FSLN, son conocidos como incondicionales del régimen. Varios análisis -o deseos- apostaban a que, al menos “por maquillaje”, elegirían al menos a un magistrado independiente. Pero nada acicaló el rostro del “nuevo” Poder Electoral.

El 5 de mayo los nuevos magistrados “entraron en funciones”: convocaron a las elecciones -la convocatoria debió haberse hecho en noviembre de 2020- y publicaron el calendario electoral, fijando la primera fecha: el 12 de mayo era el plazo fatal para que los partidos inscribieran alianzas electorales. En elecciones previas, desde que se anunciaba el calendario, el CSE daba hasta 70 días para inscribirlas. Esta vez, tan breve lapso de tiempo tenía el claro propósito de tensar al extremo las contradicciones que hay entre los dos bloques opositores.

Las reacciones internacionales cuestionando las reformas electorales y el perfil oficialista de los magistrados fueron inmediatas. El 6 de mayo el Departamento de Estado de Estados Unidos se declaró “alarmado” porque el gobierno había “ignorado reformas significativas”. Ese mismo día, la Unión Europea (UE) señaló que “desafortunadamente” las decisiones no cumplían con las “recomendaciones” de la misión de observación electoral de la UE hechas desde 2011 (ver Envío de noviembre 2011). También se refería la UE al incumplimiento de las recientes observaciones de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU y a las de la OEA en octubre 2020.

Al día siguiente, el Reino Unido -desde el Brexit, separado de la UE- hizo público un comunicado en el mismo sentido, afirmando que la reforma electoral “negará al pueblo de Nicaragua la genuina democracia”. El 10 de mayo, Canadá se sumó a la “extrema preocupación” por cómo se preparaba Ortega al juego electoral.


CON “VENTAJA ABSOLUTA” Y SIN “CREDIBILIDAD MÍNIMA”


El 6 de mayo la secretaría general de la OEA hizo público un comunicado en el que recordaba lo que la resolución de 2020 le había planteado al régimen para haber cumplido en mayo, afirmando que lo reformado y la elección de esos magistrados “dan claramente ventaja absoluta al partido oficial… eliminando las garantías necesarias y la credibilidad institucional mínima” para garantizar elecciones libres y justas.

Ese mismo día, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, pidió que la situación de Nicaragua fuera tema de una reunión ordinaria del Consejo Permanente el 12 de mayo. Después de tantas y tantas reuniones que ha tenido la OEA desde 2018 para debatir la situación de nuestro país, después de tantos informes, resoluciones y comunicados, escasa importancia le dio la población y la clase política a la reunión, más cuando ese día era el último para saber si se firmaba o no la alianza electoral que uniría a toda la oposición.

Sin embargo, la reunión de la OEA tuvo importancia. Al inaugurarla, Luis Almagro fue claro y directo. Y el gobierno de Ortega apareció más aislado que nunca en el ámbito regional.

Almagro se refirió a la “impunidad generalizada” en Nicaragua. Habló de un “panorama sombrío”, en el que “lo más grave es la falta de reconocimiento de las responsabilidades del Estado”. Recordó el nunca cumplido memorándum de entendimiento firmado por Ortega con la OEA en 2017. Lamentó este “recurrente incumplimiento de lo acordado” desde entonces hasta los acuerdos del Diálogo de 2019, en el que la OEA actuó como testigo.

Citó las nuevas leyes aprobadas por la dictadura que prohíben financiar partidos e inhibir candidatos, afirmando que, con todo lo que ha hecho, “el gobierno parece generar condiciones para no resolver la crisis”. De la reforma electoral y de los magistrados electos dijo que fueron decisiones para impedir “cualquier cosa que amenace una derrota oficial”. Todo esto, para concluir que “Nicaragua se encamina a tener la peor elección posible”. Tan trágico augurio fue el titular con el que medios nacionales e internacionales informaron sobre la reunión de la OEA.

A Almagro le siguió Antonia Urrejola, presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, reiterando una vez más las cifras que documentan la masiva violación de derechos humanos iniciada en abril de 2018 y que se mantiene en Nicaragua desde fines de aquel año con un estado policial de facto, que impone el terror y el silencio, y que se traduce en capturas, asedios, amenazas, allanamientos, golpes… a quien ose movilizarse para reunirse con otros o para protestar de cualquier forma pública.


12 DE MAYO: ¿ESTÁN YA LOS 24 VOTOS?


Almagro señaló en el discurso inaugural “la ruptura del orden constitucional” que existe en Nicaragua. Esta condición pudiera conducir a la expulsión de Nicaragua de la OEA, decisión para la que son necesarios los votos de 24 de los 34 Estados miembros, una cantidad de votos que seguramente sería también la necesaria para declarar ilegítimo el resultado de las próximas elecciones, lo que también está entre las posibilidades que mencionó Almagro en octubre de 2020 si Ortega no cumplía con los contenidos de aquella resolución.

24 votos nunca se han alcanzado en ninguna de las reuniones ordinarias o extraordinarias de la OEA que desde 2018 han analizado la crisis de Nicaragua. El 12 de mayo esa aritmética pareció haber cambiado. La sesión fue breve. Entre los países “grandes” hablaron solamente los representantes de Canadá, Costa Rica, Chile, Estados Unidos y Uruguay. Todos, críticos de las actuaciones de Ortega.

De las islas del Caribe, sólo la representante de San Vicente y las Granadinas lo apoyó. En contraste, el representante de la isla de Santa Lucía dijo que “el silencio no nos exime de responsabilidad”, refiriéndose a la abstención con que generalmente han respondido las islas caribeñas a la crisis nicaragüense. Después, el representante de las islas de Antigua y Barbuda, hablando a nombre de los países de la Comunidad del Caribe (CARICOM), secundó a Santa Lucía refiriéndose a la “responsabilidad” que tiene este grupo de países “pequeños” con el futuro democrático de Nicaragua.

Este giro caribeño puede ser duradero y sería estratégico. Y se explica porque al cuestionar el 6 de mayo la reforma electoral propuesta por Ortega, el Reino Unido habló específicamente en nombre de la Commonwealth, conformada por 54 países que fueron colonias británicas. Entre ellos, 13 son esas pequeñas islas del Caribe, integradas en el CARICOM, también países miembros de la OEA. ¿Quedará atrás “el silencio” y estarían ya listos los 24 votos para que la OEA aplique a Ortega la Carta Democrática o deslegitime las elecciones del 7 de noviembre?


SEIS DÍAS DE MAYO PARA UNA ALIANZA IMPOSIBLE


El sistema electoral nicaragüense ya no establece porcentaje mínimo para ganar. Tampoco tiene segunda vuelta. Son dos cambios en la reforma constitucional que impuso Ortega en 2014 para asegurarse jugar siempre con ventaja.

Siendo la mayoría azul y blanco entre el 60 y 70% del electorado -según encuestas publicadas y por publicar-, un voto masivo en una única opción lograría derrotar a Ortega o lo forzaría a hacer un fraude difícil de ocultar. En cambio, si la mayoría azul y blanco dispersara sus votos en varias opciones, Ortega podría reelegirse sin necesidad de hacer fraude. Su base oscila entre el 30 y 20%, según encuestas publicadas y por publicar.

El “rechazo categórico” con el que los dos bloques de oposición y decenas de grupos y sectores azul y blanco, nacionales y de la diáspora, recibieron en abril la contrarreforma electoral presentada por el FSLN, alentó en la población, desgastada por el represivo y controlador modelo orteguista, la esperanza de que sería posible lograr que los dos únicos partidos que se oponen a Ortega, CxL y PRD, se unificarían en una alianza electoral. Pero esta esperanza tenía mucho de voluntarismo. Al plazo fatal del 12 de mayo, ambos partidos llegaban con demasiados desencuentros y desconfianzas previas.


DOS BLOQUES, DOS FORMAS DE ESTAR EN EL MUNDO


La alianza electoral, sólo legal entre partidos políticos, tenía que fraguarse entre dos partidos opositores que, según la última encuesta de CID Gallup, no cuentan con más del 3% de respaldo popular (CxL), aún peor el PRD, ni siquiera nombrado en esa encuesta.

Sin embargo, son esos dos partidos, los únicos “vehículos” que tienen una casilla legal en la que podían unirse en alianza dos grupos humanos muy diversos, dos grupos organizados en partidos, movimientos sociales, sectores y agrupaciones con trayectorias, convicciones y prejuicios diferentes. La Alianza Ciudadana que lidera el partido CxL y la Coalición Nacional en la que participa el PRD representan, en cierto sentido, dos distintas formas de ver el mundo actual, dos diferentes formas de estar en él.

Nicaragua es un país fragmentado geográficamente, con desigualdades económicas y culturales profundas. Con brechas de clase y de raza. Es una sociedad aún muy rural, unificados el campo y las ciudades sólo recientemente por el uso generalizado de la tecnología digital. En las tensiones, diferencias y prejuicios entre la Alianza Ciudadana-CxL y la Coalición Nacional-PRD están presentes, abiertas u ocultas, fracturas no resueltas y a veces ni siquiera nombradas.

El partido CxL que lidera la Alianza Ciudadana representa a los poderes económicos de Nicaragua y a grupos políticos que, aunque son liberales de marca, tienen valores y principios claramente conservadores. De ahí, el ser tan bien vistos por la jerarquía católica. En el liberalismo que dice representar CxL se reúnen sectores rurales y sectores medios profesionales. En el contexto actual, un común denominador de este grupo es un antisandinismo que se resiste a aceptar la diferencia entre sandinismo y orteguismo. Esta plataforma opositora es bastante homogénea en torno a lo que llaman ellos “principios y valores”, bien sea por tradición, por convicción o por doble moral.

En la Coalición Nacional, a la que pertenece el partido PRD, los participantes forman un grupo mucho más heterogéneo, de más colores. Encontramos sectores rurales (el Movimiento Campesino anti-Canal), el partido caribeño YÁTAMA, sectores de la fragmentada Resistencia (el partido FDN), liberales que se separaron hace años del PLC de Alemán. En la Unidad Azul y Blanco (UNAB), que es el motor de la Coalición, se agrupan sectores medios, la izquierda democrática, movimientos sociales muy diversos en oposición al orteguismo desde hace muchos años, y un amplio sector de la generación, diversa y plural, con propuestas y demandas democráticas, libertarias, feministas y ecológicas, que lideró la rebelión de Abril.

Aunque la contradicción central de Nicaragua es hoy entre dictadura y democracia, CxL lleva meses tratando de instalar la idea de que la contradicción debe ser ideológica entre derecha e izquierda, entre liberales y sandinistas, aunque esos sandinistas se hayan separado del FSLN hace mucho y sean antiorteguistas. También CxL busca ubicar la contradicción entre los “principios y valores” de ambas visiones.

Este marco interpretativo ha servido a CxL para excluir reiteradamente a la izquierda democrática que representa UNAMOS (exMRS), y a la juventud diversa, millenial y “open mind” que existe ya en Nicaragua y que ha ido emigrando desde los valores morales tradicionales a otras formas no excluyentes de entender las relaciones humanas, formas que se alejan de la religiosidad tradicional, tanto en su versión católica como en su versión evangélica.


LOS “PRINCIPIOS Y VALORES”: ¿EXCUSA O REALIDAD?


Aunque algunos análisis consideran que la insistencia de CxL, también del PLC o del Partido Conservador, en temas morales y religiosos, como razón para excluir a la Coalición, y especialmente a la UNAB, son sólo una excusa, George Henríquez, precandidato presidencial por el partido caribeño YÁTAMA, reconoce que no es excusa, doble moral o manipulación. Considera que esa forma tradicional de estar en el mundo actual es un obstáculo real para la unidad.

Henríquez, de 35 años, un creole de Bluefields, con maestría en género, etnicidad y ciudadanía intercultural, pertenece a la generación de muchos de los jóvenes de la UNAB, a los que CxL excluye. Las diferencias morales y religiosas -dijo Henríquez en entrevista con la agencia EFE- “han sido a veces más grandes que el interés de evitar la reelección de Ortega, lo que demuestra mucha discriminación y mucho clasismo en la clase política que ha estado en el poder en los últimos cuarenta años, una clase que no ha deconstruido patrones de comportamiento de hace cuarenta años”.

Henríquez cree que Nicaragua no podrá cambiar “teniendo gente que piensa así de las feministas, de la gente de la diversidad sexual, de quienes no son católicos, porque esa discriminación es negativa para el desarrollo de cualquier país”. Y concluye: “Ahí está Costa Rica y los países de Europa, aceptan esas diferencias y no pasa nada”.

Reconociendo lo mismo que reconoce Henríquez, el periodista Carlos Fernando Chamorro escribió en “La Jornada” de México, preocupado por lo que esa corriente “moralista” afecta a la unidad opositora: “Si prevalece el sectarismo de las élites políticas, empresariales y eclesiales, la división de la oposición será inevitable y con la maquinaria del fraude del FSLN Ortega puede permanecer en el poder unos años más… En cambio, si los líderes de estos tres sectores -CxL, los grandes empresarios y los obispos- asumen el riesgo de apoyar la unidad en la acción de la oposición para salir de la dictadura, el único temor que deben conjurar es el mal menor de la incertidumbre del cambio democrático”.

¿Será la emergencia en que el perverso diseño electoral de Ortega ha colocado al país en este mes de mayo lo que contribuya finalmente a que obispos y empresarios a conjuren sus miedos y abandonen su sectarismo?


12 DE MAYO: LA ALIANZA QUE NO FUE


Durante una semana buena parte de Nicaragua vivió pendiente en todos los medios azul y blanco y en las redes sociales de una firma que concretara la difícil alianza entre CxL y el PRD. Pero no hubo firma. No habrá una opción electoral unificada.

“Lo que pasó el 12 de mayo no debe sorprendernos”, dijo a Envío Ernesto Medina, miembro de la Alianza Cívica (AC) desde la rebelión de Abril. Medina se separó de la AC cuando ésta abandonó la Coalición Nacional para unirse al partido CxL.

Para Medina, el desencuentro definitivo entre ambos grupos se produjo mucho antes, con la salida del sector empresarial de la AC de la Coalición Nacional, oficializado en octubre de 2020 tras muchas ambigüedades. “Decían -recuerda Medina- que en la Coalición no tenían espacio para desarrollarse, que la Coalición no tenía capacidad de incidir en la búsqueda de una solución para el país. Y se enojaban cuando se les preguntaba si el espacio al que se irían era CxL. Lo negaban y lo negaban, pero al mes de salirse de la Coalición ya estaban formalizando la alianza con CxL. Desde entonces la Alianza Cívica fue perdiendo la proyección pública y el capital político que se había ganado con creces desde mayo de 2018 al encabezar el Diálogo Nacional. Quienes se fueron de la Coalición entregaron todo el protagonismo de la Alianza al partido CxL y a su presidenta, Kitty Monterrey. Se quedaron en silencio, se convirtieron en cola de ratón de CxL”.

Después de fortalecerse con la clase empresarial, CxL logró atraerse a unos cuantos jóvenes de Abril, los de AUN (Alianza Universitaria Nicaragüense). Flanqueada por estos dos sectores, al iniciar 2021 Monterrey buscó asentar la idea de que CxL y la Alianza Cívica (juntos se llamaron Alianza Ciudadana) era “el único bloque opositor que enfrentará a Ortega”. No sólo no consideró aliados a la UNAB y a la Coalición Nacional, sino que afirmó que no hablaría con ellos porque “no existen”. Y ya al final, cuando en mayo Ortega sacó sus cartas marcadas -reforma y magistrados-, afirmó que sólo “un milagro” podría unir a ambos grupos de oposición.

A juicio de Medina, la salida de la Alianza Cívica alentó la tendencia a la exclusión en CxL. Y también debilitó a la Coalición. “En vez de revisar a fondo sus problemas internos, que eran muchos, la Coalición no hizo una introspección para rectificar lo que había que rectificar. Y como mis simpatías han estado del lado de la Coalición, tengo que señalar también que el partido PRD nunca estuvo a la altura de las circunstancias, nunca fue líder de la Coalición. Lo era la UNAB. Y en esta última etapa, los problemas internos no resueltos en la Coalición provocaron que varias organizaciones que la integran se sintieran engañadas y manipuladas por el PRD”.

Con estas limitaciones, y “sin haberse sentado en serio nunca ambos grupos en los últimos seis meses, lo que demostraba -dice Medina- incompetencia, falta de visión e inmadurez”, estando sostenido un grupo (CxL) por la élite empresarial y ambos grupos (CxL y PRD) infiltrados por operadores del FSLN hábiles en el trabajo de zapa, las diferencias, reticencias, suspicacias e intereses de todo tipo fueron distanciando más y más a ambas plataformas. La mutua desconfianza reinaba desde hacía tiempo y el plazo fatal del 12 de mayo, día de la esperada firma, sólo la agudizó traduciéndola en una ruptura, que al 28 de mayo aún no sabemos si será definitiva o si será la antesala del desgrane de la Coalición pasándose algunos de sus miembros a la Alianza de CxL.

Vale señalar que en esta avalancha de sucesos se tomaron decisiones apresuradas como la de la Coalición Nacional al expulsar de sus filas al partido caribeño YÁTAMA. ¿Razón? Su dirigente histórico, el diputado Brooklyn Rivera, dio el 4 de mayo su voto a favor de la reelección, como magistrado electoral, del orteguista Lumberto Campbell. Rivera afirmó que lo hizo “porque es mi amigo”.

“Con esta acción denigrante de la Coalición Nacional en contra de nuestros pueblos queda demostrada la intolerancia, discriminación y menosprecio hacia los pueblos indígenas de la Moskitia de Nicaragua”, dijo el partido YÁTAMA en un comunicado oficial.


LAS CINCO PROPUESTAS DEL PRD


A contrarreloj, y en los dos últimos días antes de que venciera el plazo, el PRD y la Coalición presentaron a CxL cinco propuestas. La primera, ir juntos en la casilla de CxL, nombrando de común acuerdo la representación legal que tendría esa alianza. No fue aceptado por CxL, alegando que eso requería de 15 días para reunir a sus convencionales. La segunda, establecer de común acuerdo un mecanismo para elegir una candidatura presidencial única. CxL no aceptó, argumentando que ya tenía definido su propio mecanismo de selección de su candidato presidencial.

La tercera, repartirse mitad y mitad entre ambos grupos las candidaturas a diputados. CxL no aceptó, y como la inadecuada formulación de esta propuesta fue ampliamente criticada por la opinión pública, el PRD y la Coalición hicieron de inmediato una contrapropuesta que nunca fue respondida por CxL. La cuarta propuesta fue nombrar un equipo conjunto para formular un plan de gobierno. Fue aceptada. La quinta, fue la formación de equipos conjuntos a todos los niveles. Fue aceptada.

Ni CxL ni la Alianza Ciudadana que lidera presentaron alguna propuesta concreta, sólo aceptaban o rechazaban las que presentó la Coalición y el PRD. Como la negociación fue pública, caóticos comentarios cargados de subjetividad y faltos de argumentos, a favor de uno o de otro, la mayoría contra ambos, llenaron las redes sociales. Y así, las prisas, la inexperiencia y las malas voluntades sólo contribuyeron a enconar más las diferencias. A juicio de varios analistas, infiltrados del FSLN en ambos grupos trabajaron fino esos días para que finalmente no hubiera alianza, que era lo que más le convenía a la dictadura. “Todo el tiempo trasladaban a unos y a otros información falsa para que la unidad no sucediera”, señaló un observador.

Finalmente, en la tarde del 12 de mayo CxL se inscribió por su cuenta, con una alianza que había hecho semanas antes con un pequeño partido caribeño. Horas más tarde, el FSLN inscribió su alianza con ocho minúsculos partidos satélites de Ortega desde hace años. Una nube de desánimo cayó ese día sobre la mayoría social azul y blanco, la que a pesar de tantos distanciamientos entre ambos bloques había puesto tanta esperanza en que se diera “el milagro” de la unidad.


“CxL Y PRD SON LOS GRANDES CULPABLES”


Al conocerse el plazo de apenas seis días impuesto por el régimen, el pitcher estrella de Grandes Ligas, Dennis Martínez, miembro de la Comisión de Buena Voluntad creada en marzo para acercar posiciones entre los precandidatos presidenciales de los dos partidos, decidió jugar el papel de “testigo facilitador, puente entre el PRD y CxL”, como él mismo se designó.

Dado el prestigio y el cariño que ha acompañado a Dennis, durante su brillante carrera profesional y hasta el día de hoy, lo que él dijera creó grandes expectativas. Y lo que dijo fue aceptado prácticamente con unanimidad.

Fue hasta el 16 de mayo que “el Presidente” -así lo han llamado desde los años 70- escribió la crónica de este fracaso anunciado: “En total, estuve en tres reuniones y cargado de optimismo. La primera fue más protocolaria… En la segunda vi mucha tensión, más flexible el PRD y un CxL extremadamente intransigente, con la postura de “esto o nada”… Comencé a captar que todo se perfilaba en un show mediático, queriendo extender la agonía del pueblo para luego buscar culpables del fracaso. CxL se convertía cada vez más en un muro y el PRD alimentaba su inconsistente actuar: por un lado decía una cosa y luego otra… No hubo voluntad de ninguno… Considero que ambos partidos tenían claro que la unidad no se iba a dar… Ambos actuaron en contra de los nicaragüenses, desoyeron a las Madres de Abril, a los presos políticos, a los perseguidos, a los exiliados… Es evidente que CxL y PRD son los grandes culpables”.


¡VAMOS CON TODO!


Así inició en mayo el camino hacia las peores elecciones posibles: con la mayoría social frustrada por la falta de unidad, con la desunión de la oposición organizada y con la dictadura lanzando el mismo grito con el que inició la matanza en abril de 2018: ¡Vamos con todo!

Después del fracaso en conseguir la alianza electoral con CxL, el partido PRD estableció una alianza política con las organizaciones y movimientos que integran la Coalición Nacional, comprometiéndose a servirles de vehículo para que participen en las elecciones. 48 horas después de firmarla, el lunes 17 de mayo se presentaron en el edificio del CSE ocho pastores y dos pastoras de distintas denominaciones evangélicas, todos afines a la dictadura. Dijeron llegar “en representación de dos mil iglesias” para impugnar al partido PRD, dirigido por el pastor evangélico Saturnino Cerrato, sintiéndose “traicionados” por haberse aliado el PRD con organizaciones que promueven antivalores.

En menos de 24 horas, el Poder Electoral escuchó sus quejas, a pesar de que la ley establece que sólo partidos pueden impugnar a partidos y canceló la legalidad del PRD despojándolo de su personalidad jurídica. En la resolución que decapita al PRD, el CSE señala como motivo su alianza con “personas que promueven antivalores que no se corresponden con los principios evangélicos: la provocación de la muerte desde el seno materno, la homosexualidad y el lesbianismo”.

La decisión del CSE violenta la laicidad del Estado de Nicaragua, establecida desde 1893 y consagrada en el artículo 14 de la Constitución... aunque no se cumple. Entra también en contradicción con la institucionalidad del Estado y de este mismo gobierno, que en diciembre de 2009 instaló en la Procuraduría de Derechos Humanos la Procuraduría para la Diversidad Sexual, para que velara por los derechos del medio millón de personas nicaragüenses que tienen una orientación sexual diversa.

Sin embargo, montándose en la ola de la defensa de los valores “morales” a los que se refiere George Henríquez y promoviendo el “sectarismo” al que alude Carlos Fernando Chamorro, Ortega sacó de circulación al PRD, una frágil agrupación política a la que en 2017 le concedió personería jurídica, al mismo tiempo que a CxL, por la necesidad que tenía de darle alguna legitimidad a las elecciones municipales de 2017, después de haberse reelegido en las presidenciales de 2016 con más de un 70% de abstención.

No sólo la guillotina cayó sobre el PRD. El mismo 18 de mayo se le aplicó al Partido Conservador, el de mayor antigüedad en el país, aunque hoy ya con escasa representatividad. La razón que escribió el CSE en su resolución fue que el PC había decidido no participar en las elecciones. ¿Fue ésa la razón o habrá conocido la dictadura que el PC había ofrecido su casilla legal a alguno de los movimientos de la Coalición que se habían quedado sin la del PRD?

Si la fórmula de Ortega para la farsa electoral en marcha consistía en abstención más división, ¿por qué Ortega eliminó dos casillas electorales si la dispersión de los votantes, unos votando en la casilla de CxL y otros en la del PRD, y hasta algunos en la del PC, eso garantizaba una clara desunión? ¿Percibió que la Coalición era más atractiva que CxL y por eso decidió quitarles el vehículo?

¿O esta decisión responde a que sabe muy bien Ortega que en la Coalición está la gente dispuesta a pelear en las calles denunciando el fraude que viene, mientras que en CxL lo que habría es la disposición a aceptar la derrota y a negociar, tal como lo hizo ALN (ancestro político de CxL) en 2006?


LA SALIDA: UNA CANDIDATURA ÚNICA


Ya desde antes del fracasado intento por lograr la opción única en una casilla unitaria se hablaba de la posibilidad de tejer la unidad de toda la oposición azul y blanco no en torno a una única casilla, sino a una candidatura única. Si el candidato convocaba, si era atractivo, eso animaría a la población a salir a votar el 7 de noviembre. El estado de ánimo de la población es crucial, fundamental, en esta “peor elección” para lograr una votación masiva que derrote a Ortega o le haga más difícil el fraude ya en marcha.

Todas las encuestas publicadas y por publicar vienen señalando que la periodista Cristiana Chamorro, hija del héroe nacional Pedro Joaquín Chamorro y de doña Violeta Barrios de Chamorro, primera presidenta de Nicaragua, quien derrotó a Ortega en 1990 era, por tan potente simbolismo, la precandidata presidencial que punteaba siempre en primer lugar.

Desde que en el mes de febrero Cristiana dijo “SÍ a Nicaragua” -ése es su lema- comenzó su continuo ascenso en las encuestas. También dijo ella desde un comienzo que “jamás” contribuiría a la división del voto, reafirmando en varias ocasiones que sólo participaría en una competencia con los otros precandidatos si existía una única opción opositora.

Descabezados el PRD y el PC, sólo quedaba una casilla como vehículo donde participara la oposición azul y blanco, la de Ciudadanos por la Libertad. En la casilla de CxL están inscritos cuatro precandidatos, pero si a Cristiana se le abrieran las puertas, era prácticamente seguro que la suya sería la candidatura unificadora con capacidad de animar a un voto masivo contra Ortega. En este escenario, el “vamos con todo” requería ir contra ella. Y cuanto antes despejar ese riesgo.


“¡QUE NO SE META EL EMBAJADOR YANQUI!”


En la noche del 19 de mayo, 126 aniversario del nacimiento del General Sandino, y alrededor del pentáculo de Satánas, delineado con velas encendidas, ya habitual en los actos que se celebran al aire libre y en los que reaparece, Ortega habló de Sandino, del conflicto en Colombia y de otros temas a un reducido grupo de policías y jóvenes.

Entre cifras de los supuestos avances económicos y retazos históricos de la gesta de Sandino, dejó para el final lo que le importaba decir. El hilo que retomó fue el proceso electoral en el que triunfó Donald Trump. “Se aseguró que había sido electo gracias a Rusia -dijo-. Y eso ellos lo ven como malo y tienen razón. ¿A quién le gusta que se le metan en la casa a hacer lo que uno debe hacer? Ah, pero a ellos les gusta meterse por todos lados y querer decidir por los de casa”.

Y con energía poco frecuente desde hace tiempo, clamó: “¡Aquí el embajador yanqui anda de arriba para abajo vendiendo a sus candidatos, como que él fuera nicaragüense! ¡Y él no es nicaragüense! ¡Si quiere vender candidatos que los vaya a vender a los Estados Unidos! ¡Aquí que no se meta el embajador yanqui, como se anda metiendo, postulando candidatos, presionando a partidos políticos, para que acepten el candidato que quiere el yanqui! ¡Y esto va para el embajador yanqui y para otros embajadores que ahí viven haciendo reuniones en sus embajadas con grupos políticos! ¡Ah, si les hicieran eso a ellos allá en sus países, en Europa!”

Sólo faltó que Ortega hubiera recurrido al lenguaje de género. Habría hablado de la venta no de un candidato, sino de una candidata…


20 DE MAYO: “ORTEGA ESTÁ MUERTO DE HORROR”


Doce horas después de los airadas quejas contra el embajador Kevin Sullivan, sin nombrarlo, la Policía Nacional llegaba a la casa de Cristiana Chamorro citándola para presentarse en apenas media hora al Ministerio de Gobernación por haber encontrado “claros indicios de lavado de dinero” en los estados financieros de 2015 a 2019 de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, presidida por Cristiana hasta que la cerró en febrero de 2020 por no aceptar someterse a la ley “de regulación de agentes extranjeros”, cuya normativa, aprobada en enero de 2021 mantiene desde entonces en una tortura burocrática y kafkiana a todas las ONG nacionales para desgastarlas, para evitar que reciban financiamiento internacional y finalmente para destruirlas.

Cristiana fue citada con el contador y el financiero de la Fundación. Se le impidió entrar con su abogado. La dejaron sola una hora esperando en una oficina sin atenderla. Después, la interrogaron durante dos horas conminándola a presentarse en 24 horas en la Fiscalía con una abundante información contable. Viéndolo imposible, pidió prórroga, pero no se la dieron. A la salida, afirmó que preparaban “acciones macabras y terribles” que no eran contra ella, sino contra “todos los nicaragüenses que queremos democracia y un cambio en las próximas elecciones”. Al día siguiente, compareció ante la Fiscalía. A la salida, dijo: “Daniel Ortega le tiene miedo al pueblo, ese hombre está muerto de horror porque unidos vamos a derrotarlo”.

Mientras la Policía llegaba a citar a Cristiana, el edificio donde estaba una oficina de “Confidencial”, “Esta Semana” y “Esta Noche”, medios escritos, radiales y digitales dirigidos por Carlos Fernando Chamorro, fue rodeado por patrullas policiales. Un grupo de antimotines entró a la fuerza saqueando cámaras, computadoras, documentación, todo lo que encontraron. Capturaron al camarógrafo que allí se encontraba, reteniéndolo durante siete horas en las que lo amenazaron interrogándolo sobre las actividades de Chamorro.

“Seguiremos informando con la verdad, no nos callarán”, escribió Carlos Fernando de inmediato. “Señor dictador, anótelo: usted será derrotado por el pueblo”, escribió Cristiana en un mensaje al salir de la Fiscalía.


¿QUÉ HARÁ CxL ANTE SU RETO HISTÓRICO?


En apenas cuatro días, decapitando dos partidos, preparando con una absurda acusación la inhibición de Cristiana Chamorro y atentando por tercera vez contra los medios de Carlos Fernando Chamorro -minas de gran potencia colocadas en el camino “a la peor elección posible”-, la dictadura encendió las alarmas de la comunidad internacional y nuestro país volvió a ser noticia en medios globales que ya se habían olvidado de la crisis nicaragüense.

Actuando como actuó, la dictadura se exhibió sin ningún miramiento, colocando a CxL-Alianza Ciudadana ante un dilema existencial, ante un reto histórico. Si abre sus puertas a todos los movimientos y sectores que se han quedado sin vehículo electoral, si las abre a los precandidatos presidenciales que pensaban ir a las elecciones en la casilla del PRD, si también las abre a Cristiana Chamorro, y cambia sus métodos de selección para que todos los precandidatos participen, y finalmente lidera una alianza pluralista y sin exclusiones que desafíe a Ortega… si hace todo eso, alentaría el voto masivo de la población azul y blanco… pero correría el riesgo de que Ortega también los decapite, los deje en la ilegalidad, sin poder participar.

Si Ortega sacara del juego a CxL cerraría definitivamente la vía electoral y quedaría en una posición extremadamente frágil. ¿Cuál sería la reacción de la comunidad internacional? ¿Desconocerían por total falta de legitimidad las elecciones, incluso antes del 7 de noviembre?

Pero si CxL no abre sus puertas o -como dijo uno de los precandidatos presidenciales inscritos bajo su bandera, Noel Vidaurre, sólo las abrirán a quienes sean provida, opuestos al aborto-, harían patente que su plan no era derrotar a Ortega. Y evidenciarían que los poderes fácticos que respaldan su intransigencia son un sector empresarial que teme a Ortega gobernando desde abajo y aspira a reanudar con él el gobierno corporativo y la jerarquía católica, que ha hecho de la oposición al aborto una prioridad.

Quedaría claro entonces que el plan de CxL fue jugar para facilitarle a Ortega un “aterrizaje suave”, colocarse como segunda fuerza, desgranar a la Coalición aliándose con algunos de sus miembros (¿el Movimiento Campesino?) y facilitarle así al gran capital que Ortega gane con algo de legitimidad para después rehacer el modelo de “diálogo y consenso” que tanto lo benefició durante una década antes de que estallara Abril.

Cuál será la decisión de CxL tiene un plazo. Según el calendario electoral, entre el 28 de julio y el 2 de agosto deben estar inscritas las fórmulas presidenciales y las listas de candidatos a diputados nacionales y departamentales de todos los partidos que participarán en las elecciones.


“NO HAY FUTURO PARA MI GENERACIÓN”


¿Qué garantía de mejoría económica y de estabilidad política podría garantizar Ortega después de triunfar en estas “peores elecciones posibles”? ¿Le garantiza estabilidad a Estados Unidos un escenario como éste?

En un escenario así, ¿mejoraría la economía, se reduciría el desempleo? En Costa Rica hay ya decenas de miles de exiliados nicaragüenses que huyeron de la violencia política y ya no es fácil encontrar en el país vecino refugio o trabajo.

Descartada la salida hacia el sur, el deterioro económico y la falta de oportunidades en un país dominado por una dictadura envalentonada por su triunfo, hará que más nicaragüenses busquen salida hacia el norte. En Estados Unidos sí podrán encontrar trabajo y desde Estados Unidos sostendrán con remesas a sus familias. Desde Estados Unidos llega ya el 61% de ese oxígeno que sostiene la economía nacional, mientras la destruye Ortega.

Poco a poco, en una Nicaragua dominada por Ortega y Murillo, el poder del narcotráfico y la migración extenderán el territorio de ese Triángulo Norte que tanto preocupa a Washington y habrá que empezar a hablar del Cuadrilátero Centroamericano…

Silenciosamente, poco a poco, y ya antes de los resultados de “la peor elección posible” está aumentando la migración de nicaragüenses hacia Estados Unidos. Un escueto cable noticioso del 17 de mayo da cuenta de la detención en San Bernardo, Namasigüe, Choluteca, sur de Honduras, de 182 nicaragüenses migrantes que iban hacia Estados Unidos.

Son pocos en relación a los que salen de Honduras, El Salvador y Guatemala, pero cada vez son más. Y cada vez más son jóvenes los que se van. Desde su forzado exilio, Nahiroby Olivas, uno de los más jóvenes de la juventud de Abril, uno de los que se ha ganado más respeto y simpatía, advierte: “Mientras esté Ortega en el poder no hay futuro para mi generación”.

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