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  Número 469 | Abril 2021
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Nicaragua

“Podemos ganarle a Ortega si el voto es masivo y si vamos unidos”

José Antonio Peraza, experto en temas electorales, miembro del Grupo Pro Reformas Electorales y miembro del Consejo Político de la Coalición Nacional, compartió algunas valoraciones sobre el proyecto de reforma electoral presentado por el régimen, sobre las condiciones en que se desarrollarán las elecciones y sobre las posibilidades que tiene la oposición azul y blanco si va unida, en una charla con Envío que transcribimos

José Antonio Peraza

Decía el escritor francés Víctor Hugo que no hay mayor fuerza que la de una idea a la que le llegó su tiempo. El tiempo de las reformas electorales ya llegó. Y estamos forzados a idear y a actuar para ver hasta dónde logramos avanzar en el poco tiempo que nos queda.

La propuesta del gobierno: más de lo mismo y menos controles


La propuesta de reforma a la Ley Electoral presentada por el gobierno el 12 de abril trae mucho menos de lo poco que esperábamos. Y no cumple ninguna de las exigencias de la resolución de la OEA de octubre de 2020. Los siete elementos que pide la OEA han sido ignorados por el gobierno. En resumen, el gobierno propone que todo quede igual… y con menos controles de los que antes había, aun cuando antes esos controles no los respetaban. En ese sentido, el proyecto es un retroceso: todo queda difuso, ambiguo, para facilitarles realizar más sutilmente el fraude que ya están preparando.

Quienes estamos en la oposición organizada somos responsables de corregir la mayoría de estas ambigüedades. Y aunque logremos algo, aun así llegaremos al 7 de noviembre en condiciones muy difíciles. El gobierno ya dijo que, aunque eso es inconstitucional, no van a consultar su propuesta de reforma con la sociedad civil.

El Grupo Promotor de las Reformas Electorales (GPRE) ha elaborado propuestas de cambio artículo por artículo al proyecto presentado por el gobierno, señalando dónde están los trucos para hacer el fraude. Nuestras observaciones las hemos compartido con quienes quieran escucharnos. El diputado Brooklyn Rivera, del partido caribeño Yátama, retomó muchos de nuestros planteamientos e hizo una propuesta a la comisión que en el Poder Legislativo terminará aprobando la reforma a la Ley Electoral. El Partido de Restauración Democrática (PRD) también ha sido muy receptivo a nuestras propuestas. Ambos partidos, Yátama y PRD, pertenecen a la Coalición Nacional.

En el Grupo Promotor siempre hemos respetado nuestra misión: poner en agenda nacional el tema de las reformas electorales y hacer propuestas para que las conozcan y las aprovechen quienes quieran hacerlo. ¿Asumirá el gobierno algunas de nuestras propuestas? ¿Qué cambios aceptará? No lo sabemos. Lo único que sabemos es que no vamos a cansarnos de señalar las irregularidades que tiene la propuesta oficial.

Necesitamos la observación internacional


Lo básico-básico que deberíamos conseguir para ir a las elecciones con ciertas condiciones serían seis cosas.

La primera es la observación nacional, y sobre todo la internacional. Las dos son vitales. La nacional, para descubrir lo que los extranjeros no logran ver. Y la internacional para que denuncien internacionalmente el fraude.

La propuesta del gobierno no menciona “observación” sino “acompañamiento”. Pero no hay que hacer de eso una montaña infranqueable porque los acuerdos firmados entre el gobierno y la OEA afirman siempre que la OEA entiende “acompañamiento” en base a lo que dice su Carta fundacional y a lo que establece la Carta Democrática Interamericana. También la Unión Europea ha sido clara: no enviarán una misión de observación electoral a la que el gobierno le ponga restricciones, se llame misión de “acompañamiento” o como la llamen. La Unión Europea basa su trabajo en el manual de observación electoral de la ONU de 2005.

Le corresponde al gobierno invitar a los observadores internacionales. Y si el gobierno los invita después de mayo se vuelve más complejo para ellos. En la Unión Europea nos dijeron que ellos necesitan cinco meses de preparación previa. También nos dijeron que el presupuesto para la observación ya está listo, pero que deben recibir la invitación en mayo. La misión puede llegar a Nicaragua hasta en agosto o septiembre, pero la invitación oficial debe llegarles antes. En esto, como siempre, Ortega dilata hasta el último momento las decisiones, para así poner más presión, para desgastar, para hacernos caer en contradicciones. Eso lo sabe muy bien la OEA y la Unión Europea. Eso todo mundo lo sabe.

Necesitamos 50 mil fiscales… y los vamos a tener


Si son importantes los observadores, también lo son los fiscales. Es una condición básica contar con fiscalización en todo el proceso: votaciones, conteo, transmisión de resultados… Necesitamos por lo menos unas 50 mil personas que trabajen como fiscales azul y blanco en todas las instancias y en todas las etapas. Y eso sólo podemos lograrlo con organización y con conciencia ciudadana.

¿Tenemos esas 50 mil personas? Sí, las vamos a tener y seguramente tendremos más. Pero hay que trabajar, hay que tocarles la puerta, no para pedirles que se inmolen en las calles, sino para que el día de las elecciones nos regalen catorce horas cuidando el voto. Hay que explicarles que ir a las elecciones es como vamos a resolver el problema en el que nos tiene el gobierno, que defender el voto es trascendental para la vida y el futuro de sus hijos. Hay que borrar de la mente esos mensajes destructivos que llenan a veces las redes sociales: que ir a las elecciones es una traición a los mártires de Abril, que ir es legitimar a Ortega, que quienes hablan de elecciones sólo quieren un “hueso”… Tenemos que transmitir un mensaje que dé confianza a la gente y que las empodere: decirles que estamos ante una dictadura que no nos va a ponernos fáciles las cosas, pero que podemos derrotarlos y que la solución no es quedarnos en casa.

En la propuesta de reforma que presentó Ortega establecieron paridad de género no sólo en las candidaturas, donde ya la exigía la ley, también en todas las estructuras electorales: debe haber paridad en los fiscales que estén en las juntas cuidando el voto. Esto lo pusieron sólo para añadir una dificultad más de las que ya vamos a tener, para complicarnos más la participación.

En las redes me criticaron mucho porque sobre este punto señalé la dificultad que podemos encontrarnos en las zonas rurales para cumplir con esta exigencia. En las estructuras institucionales del Consejo Supremo Electoral en las zonas urbanas las mujeres son mayoría, hasta son el 65%. Pero no sucede así en las zonas rurales, donde muchas mujeres no tienen el sexto grado de escolarización, son más retraídas y tienen más responsabilidades en el cuido del hogar y de los hijos. Esto es una realidad socioeconómica innegable. A pesar de esto, sé que en todo el país podremos conseguir 25 mil mujeres y 25 mil hombres como buenos fiscales defendiendo el voto, más aun sabiendo como sé por experiencia que las mujeres son mejores fiscales: son más ordenadas, tienen más aplomo, controlan mejor sus emociones, no se dejan provocar…

Necesitamos otro Poder Electoral… pero no soy optimista


Otro punto. La OEA pidió al gobierno algo básico: la modernización del Poder Electoral. Un Poder Electoral moderno debe estar conformado por personas honorables, de trayectoria intachable, con independencia de criterio, elegidas por procedimientos claramente establecidos y para su selección deben contar las propuestas de la sociedad… Todo lo contrario a lo que hoy tenemos.

Para modernizar lo que hoy tenemos habría que reformar todas las estructuras, que están totalmente partidarizadas, que se las han repartido entre el FSLN y el PLC. En todos los países las estructuras electorales están influidas por los partidos pero en Nicaragua esto es desvergonzado.

¿Cuánta reforma del sistema electoral lograremos, hasta dónde….?
Soy poco optimista. Cambiar a los magistrados no cambiará mayor cosa.
Lo correcto sería cambiar a los responsables de todas las estructuras: las nacionales, las departamentales, las municipales, las regionales y las que dirigen las juntas de votación. Dudo que logremos mucho. El gobierno no va por ese camino. Ni veo al PLC en ese camino. Nunca lo vi cuando Alemán controlaba el partido, menos lo veo ahora.

Creo que el Poder Electoral que dirija las elecciones no va a ser el que queremos ni siquiera parecido al que necesitamos. Yo me imagino que tres magistrados no serán del FSLN. Pero de esos tres, dos no serán tampoco como los quisiéramos. Tal vez quedaría uno que sí lo sea. La mayoría será escogida por criterios políticos, no por su currículo o su trayectoria. Espero que, a pesar de todo, los escogidos tengan suficiente valor para jugar al menos un papel neutral en el momento en el que las cosas se le pongan difíciles a Ortega. La historia nos lo dirá.

Necesitamos un único padrón electoral con los 650 mil que sacaron


El cuarto aspecto básico que debemos conseguir es que limpien el padrón electoral. El padrón lleva 40 años sin ser limpiado. Tiene más de un millón de muertos. ¿Lo vamos a limpiar en tres meses? No es posible. Aquí, como con las otras condiciones, una cosa son las expectativas y otra la realidad que se impone. Hay gente que dice que sin cambios en el Poder Electoral no hay que ir a las elecciones. Lo mismo dicen con el padrón electoral, que si no se depura no hay que ir. Pero si en 40 años no lo hemos depurado, no lo vamos a hacer en unos meses.

Más grave que el millón y medio de muertos que hay en padrón es que el gobierno mantenga un padrón activo y un padrón pasivo, en el que dejó fuera a las 650 mil personas que no votaron en las dos últimas elecciones. Ése es un gran problema porque es seguro que la mayoría de esa gente que fue eliminada no votó por estar decepcionada del sistema.

Hay que recuperar a esas 650 mil personas. Tendremos que hacer una campaña intensa para que todo el mundo que fue sacado fuera se vuelva a integrar al padrón. Lo mismo que debe haber una cedulación generalizada y facilitada por el Consejo Supremo Electoral, tendremos que promover una campaña de verificación para que la gente se tome la molestia de ir a verificarse. En la propuesta de reforma de Ortega le bajaron el perfil a la verificación ciudadana. Nosotros tendremos que elevárselo como una prioridad fundamental.

Necesitamos procedimientos menos discrecionales, otra informática,
cédulas y libertades


El quinto cambio básico que necesitamos tiene que ver con temas de procedimientos. Este Consejo Supremo Electoral tiene una excesiva discrecionalidad y en decisiones de todo tipo. La reforma les deja aún más discrecionalidad para poder inventarse cualquier cosa hasta en el último momento. Y muy posiblemente lo van a hacer. Lo que pedimos es que se reglamenten procedimientos básicos: cómo se transmite el acta, qué soportes va a tener, cómo se interponen los recursos de impugnación…

Y finalmente, el sexto cambio básico tiene que ver con una revisión de toda la informática, porque actualmente es ahí donde se hacen los fraudes. En Nicaragua tenemos uno de los sistemas más primitivos de América Latina, sino el que más. Todos los procedimientos son manuales. La OEA ha ofrecido innovaciones tecnológicas que reduzcan el manejo casi artesanal que se hace en todo el proceso para obtener resultados más rápidos y controles mucho más confiables. Pero el gobierno no los ha aceptado.

Para noviembre, esto es lo más básico en cuanto a reformas electorales. Tendremos que poner también mucha atención a la cedulación porque, al menos en unos 50 municipios, el FSLN gana reteniendo las cédulas a los ciudadanos. ¿Habrá tiempo de producir y distribuir las cédulas que faltan?

También, en lo que creo que hay que mantener firmeza es en exigir al gobierno que ponga fin al estado de sitio de facto que mantiene desde hace más de un año. Se nos deben devolver las libertades de movilización, de reunión y de expresión.

Esto es lo esencial. Y cuando tengamos democracia tendremos reformas electorales “de segunda generación”. Las de ahora son de alcance modesto y sólo para garantizar el tránsito a la democracia. Después, cuando ya estemos en democracia, podremos asumir reformas en temas estructurales y fundamentales: distribución actualizada de diputados según la población, revisión del sistema electoral en el Caribe, cambios en el método de cálculo, flexibilización de los mecanismos para formar nuevos partidos…

Lo peor es dividirnos y quedarnos en casa


Ahora, en apenas dos meses tendremos que responder a la gran interrogante: ¿ir o no ir a las elecciones? Y como decía Max Weber, hay que buscar lo imposible para lograr lo posible. Creo que tendremos que ir a las elecciones en condiciones difíciles. Y creo que habrá que aceptar las más difíciles condiciones. Ante la determinación de la dictadura de endurecer su posición, lo que debemos hacer es buscar cómo aprovechar todos los resquicios, actuando con inteligencia y prudencia. Y hacerlo unidos.

Lo peor que podemos hacer es quedarnos en nuestras casas y lo peor que podemos hacer es dividirnos. Sin unidad perdemos. La gente quiere vernos unidos, quiere ver un solo discurso, una única opción, un candidato único con liderazgo y candidatos a diputados que atraigan localmente. Hay que animar a la gente a votar, prepararnos para defender el voto y para resistir si Ortega hace fraude. Y no dudemos que lo hará en cuanto sienta que está perdiendo la elección.

En todas las elecciones yo visito unas cien juntas receptoras de votos de toda Managua. Desde temprano me acerco a aquellas en las que suele votar más gente. Este 7 de noviembre lo haré. Y si a las siete de la mañana yo veo filas de al menos quince o veinte personas esperando para votar… la suerte estará echada a favor nuestro. Pero, si como sucedió en las elecciones de 2016, no veo filas, y entro a la junta y no veo a nadie votando, la suerte también estará echada… a favor de Ortega.

Si la votación es masiva, la cosa se le complicará al gobierno, la gente se motivará, y si en la noche la gente siente que le robaron su voto va a salir a la calle… ¿Habrá represión? En cuanto ellos se den cuenta de que es masiva la votación puede haberla. Si una masa de gente está votando se verán desbordados… y como habrá observadores. ¿El Ejército intervendrá? Yo esperaría que el Ejército se ponga del lado de la gente. Es verdad lo que se ha comprobado en todas las sociedades, que sin cambio en el Ejército no cambia el rumbo de la sociedad. Yo espero que si el Ejército percibe en la presión de la ciudadanía que quiere un cambio, que quiere suprimir la dictadura, que quiere cambiar la correlación de fuerzas, tendrá que decidir.

Los números hablan: tenemos capacidad de ganarles


Para desmontar la dictadura necesitamos alcanzar una mayoría calificada en la Asamblea Nacional. Esto significa 1 millón 700 mil – 800 mil votos. Hasta donde sabemos, el FSLN con Ortega de único candidato en casi cuarenta años, nunca ha llegado al millón de votos. En la elección presidencial de 2006, la que ganó, y la última de la que tenemos cifras confiables, obtuvo 920 mil votos. En las presidenciales siguientes de 2011 se adjudicó 1 millón 500 mil y en las de 2016 se recetó 1 millón 800 mil. Pero esas cifras no son creíbles.

El mayor voto alcanzado por los liberales, también en 2006, fue de 1 millón 325 mil personas. No ganaron porque fueron divididos en dos partidos. Es la votación de oposición al FSLN más alta que conocemos. Si en 2021, esa correlación se mantiene, y con el aumento poblacional 400 mil nuevos votantes votan contra Ortega, obtendríamos la mayoría en la Asamblea.

Los números hablan: tenemos capacidad de ganarle a Ortega si el voto es masivo y si la oposición azul y blanco va unida. Todos tenemos que salir a votar, pero será fundamental el voto masivo en Managua y en León, Chinandega, Matagalpa y Masaya.

Sin unidad y quedándonos en casa el triunfo de Ortega sería legal, legítimo. Le vamos a dar cinco años más a la dictadura, que va a profundizar nuestras divisiones y el espíritu de Abril se va a ir diluyendo.

En Abril despertamos, ahora hay que responder


Abril fue un momento de unidad. En todas las marchas azul y blanco, en donde nos juntábamos miles de personas, nunca vi un pleito, ni siquiera un empujón. Fue un tiempo de unidad real, de solidaridad profunda. Hay mucha gente que tres años después insiste en “volvamos a Abril”, que repite “¿por qué no podemos unirnos como en Abril?” Pero Abril fue sólo un alerta de que no podíamos seguir por el mismo camino. Fue un llamado a despertar. Ya despertamos, ahora hay que responder.

Todo en Abril fue bueno. Y lo muy bueno es que hay ya una masa crítica en el país que tiene claridad de que no podemos seguir por donde hemos ido. No es la mayoría, pero ya hay un sector importante que lo entiende. Unos por los fracasos, otros por convicción, otros por juventud. Pero son muchos los que despertaron y entienden que hay que cambiar.

Ya hicimos lo máximo en Abril… pero la dictadura sigue ahí. Hoy, el camino para salir de la dictadura son las elecciones y en estas condiciones difíciles. No sin observación, no con el candidato preso, con un padrón que incluya a las 650 mil personas que eliminaron. Y sin estado de sitio. Pero debemos ir con condiciones difíciles y con un resultado que seguramente será un fraude.

Y si no son las elecciones, ¿qué opciones tenemos? ¿Un golpe de Estado? No creo que avancemos mucho dándoles a los militares ese poder de veto. ¿Una guerra civil? Eso no se organiza de un día para otro. ¿Y prepararnos para una guerra? ¿Quién la financiaría, quién la respaldaría? ¿Otro desangramiento del país? ¿Tomarnos las calles, otra rebelión en las calles? Pero esa rebelión no se va a dar en frío. Ya hubo un Abril, ahora ya estamos en otro momento. Hay quien propone reclamar el “derecho a la protección” al que pueden acogerse las naciones sometidas a una tiranía, a un genocidio. ¿Qué, una fuerza de paz que destituya a Ortega? ¿Y quién la encabezaría en nuestro hemisferio? Sólo los Estados Unidos de América. ¿Lo harían? ¿Y vamos a empezar el siglo 21 como empezamos el siglo 20?

Alguien dijo aquello de que “La pradera está seca y aún no aparece la chispa que la encienda”. Yo creo que el pedernal para encender la chispa son las elecciones, es salir de nuevo en masa a las calles para desafiar a Ortega.

La chispa que encendió la llama de abril no fue el costo de la vida o la falta de empleo… Todo eso estaba en el sustrato, pero la llama de Abril se encendió porque se quemaba Indio-Maíz, una reserva que ni siquiera los jóvenes que salieron a las calles la conocían. Las energías utópicas para transformar la realidad, las chispas que encienden la pradera, vienen por temas existenciales: se enciende la llama por derechos, por libertad, por participar, por rechazar que te controlen, porque te tomen en cuenta, por expresarte…

Y si ganamos…


Si ganamos, iniciaremos un proceso complejo, que tomará mucho tiempo. Hace unos años quedé impactado cuando escuché al Presidente del Banco Mundial decir que Nicaragua pasaría todo el siglo 21 resolviendo lo que no pudo resolver en los siglos 19 y 20. Tenía razón. Cambiar el país nos va a costar mucho. Y ya no es tiempo de culpar a otros de lo que nos pasa. Tenemos una gran inmadurez política y nos falta capital social para llegar a acuerdos. Siempre fue así en nuestra historia. En el siglo 19 William Walker ya se había apoderado de Nicaragua y liberales y conservadores continuaban en sus pequeñas disputas y rencillas.

No soy historiador, pero veo lo que sucede hoy y encuentro las mismas actitudes divisionistas del pasado. Tenemos que aceptarlo, que entenderlo. De un día para otro no vamos a ser diferentes si no lo hemos logrado en 200 años, en los que hemos repetido ciclos de dictaduras y guerras, viviendo siempre entre los dos extremos: el providencialismo resignado y el voluntarismo heroico, cuando ninguno de estos dos extremismos funciona para construir un país. Este modo de ser no cambiará sin desarrollo económico. Y no tendremos desarrollo económico mientras no resolvamos los rezagos políticos e institucionales… Es un círculo vicioso que debemos romper de una vez.

¿Por qué está siendo tan difícil la unidad de la oposición azul y blanco? Tenemos una arraigada tradición de desunión, una manera destructiva de relacionarnos, con descalificaciones, culpabilizando a los demás, no asumiendo nuestras responsabilidades. En nuestro desarrollo histórico y social tenemos una fractura que nos mantiene divididos, priorizando ambiciones personales y cuentas pendientes grupales. A esos rasgos negativos que provocan división hay que sumarle algo que es muy positivo: el surgimiento desde Abril de tantos nuevos liderazgos con visiones muy diferentes de lo que debe ser la Nicaragua futura.

El gobierno que salga después de noviembre será ecléctico. Con muchos deseos de transformación, pero con problemas de integración bastante complejos. Cuando tengamos ya la democracia aparecerán varios partidos políticos nuevos con distintas visiones de país. Para un gobierno de transición como el que salga de las elecciones bastará que nos toleremos y que nos mantengamos unidos.

Si ganamos las elecciones apenas vamos a poner las bases para que empecemos a poner las reglas para diálogos y debates sobre cómo vamos a resolver los problemas de Nicaragua. Esto es lo más realista: dejemos de pedir el cielo y conformémonos con el cielo raso.

Creo que lograremos la unidad


A pesar de todo, creo que lograremos la unidad. Que tendremos un liderazgo único con un discurso claro que empoderará a la gente y la animará a salir a votar masivamente. Ya no podemos estar esperando a que el dictador nos conceda algo. Yendo unidos y en masa a votar tenemos el poder de crearle al gobierno una crisis que nos permita cambiar la correlación de fuerzas.

Lograda la unidad, lo mejor que nos puede pasar es que la gente salga en masa a votar. Tendremos al mundo viéndonos. Hay una gran confluencia internacional para que las elecciones caminen. Y tenemos que aprovechar esta oportunidad. Estoy convencido de que las oportunidades para Nicaragua cada día son menores y no podemos seguir jugando bolero con nuestro futuro.

La dictadura se está preparando para todo y nosotros vamos cuesta arriba, pero nosotros tenemos a la gente y ellos no. Daniel Ortega se muestra duro, fuerte. Está cómodo y hay que crear condiciones para incomodarlo. De aquí a noviembre, lo más realista y lo menos dramático para impedir que el espíritu de Abril se diluya es ir a las elecciones en masa y unidos.

No se acaba el mundo el 7 de noviembre


Estas votaciones serán en cierto modo plebiscitarias: dictadura o cambio. El nuevo gobierno que salga de ellas será muy inestable. Porque Ortega se queda aquí armado, con dinero y con el control de 140 de las 153 alcaldías del país. No hay duda de que también querrá gobernar desde abajo y, aunque no podrá hacerlo como en los 90, hará todo lo que pueda para perjudicar… Creo que, de todas formas, el FSLN entrará en un período de gran decadencia y espero que el orteguismo esté fuera del poder por lo menos cuatro períodos, veinte años, para que Nicaragua pueda sanar las heridas de esta etapa.

La unidad es necesaria para ganar y para ganar holgados. Necesitamos ganar holgados para comenzar a transformar el país. Y si no ganamos en ésta, de todas maneras la lucha va a seguir. Porque en 2022 serán las elecciones municipales y tenemos que ganarle las alcaldías que hoy tiene. Tendremos que desmontar el orteguismo en el poder local. Tenemos trabajo para mucho tiempo. No se acaba el mundo el 7 de noviembre.

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