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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 92 | Marzo 1989
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Nicaragua

Concertación económica y socialismo

Las imágenes de un socialismo meramente obrero chocan con la realidades de un país agrario como Nicaragua, y con los costos y dilemas concretos que un país del Tercer Mundo tiene en la construcción de un socialismo propio y posible.

Equipo Envío

¿Hacia donde va Nicaragua? La concertación económica promovida por el gobierno de Nicaragua desde comienzos de 1989 ha suscitado encendidas discusiones y las mas diversas interpretaciones entre todos lo sectores del país. En las filas sandinistas, e incluso entre un apreciable sector de su militancia, existe confusión y preocupación por un posible "aburguesamiento" de la revolución. "La Prensa" y los empresarios del COSEP tienen la seguridad de que la concertación no es mas que una maniobra táctica de los sandinistas para dividir y debilitar al sector empresarial, mientras la revolución sigue su marcha hacia el socialismo.

Creemos que más allá de estas interpretaciones extremas -aburguesamiento o maniobra táctica- cabe otra interpretación: la concertación representa un elemento dentro de un movimiento de reajuste o desarrollo del modelo económico sandinista. Como sucede siempre en los momentos de transformación profunda, los mismos protagonistas, difícilmente logran comprender sus propias acciones. La práctica se adelanta a la teoría, pero la consolidación de la nueva practica se resbala por falta de nuevas imágenes y de una nueva teoría capaces de dar un rumbo a la acción, tanto de las masas como de los cuadros políticos y tecnocráticos

Tres perspectivas desde la que analizar la concertación económica

En medio del debate se siente la envergadura de la tarea de fraguar un proyecto económico propio, sin recetas, hecho en Nicaragua y desde su realidad. Como un aporte a ese debate, Envío contextualiza la actual coyuntura de concertación económica desde tres perspectivas.

1) La concertación económica como un elemento del desarrollo de la economía mixta dentro de la Centroamérica de hoy.

2) El programa económico de 1989 y la batalla que se libra contra la inflación dentro de la matriz de seis difíciles decisiones de política económica y de las lecciones anti-inflacionarias aprendidas en 1989.

3) El debate sobre el modelo económico sandinista en el contexto de los cambios que se están dando en la correlación de fuerzas entre las distintas clases sociales nicaragüenses.

Contexto regional de la concertación y reformulación de la economía mixta

La concertación económica que el gobierno de Nicaragua lleva a cabo con el sector privado juega, sin duda, un papel crucial en la coyuntura de negociaciones en Centroamérica. La flexibilidad de Nicaragua en adelantar las negociaciones y en indultar a los ex-guardias somocistas y también su capacidad de entrar en dialogo con el sector empresarial, fue un elemento de significativa presión sobre los otros presidentes centroamericanos en la reunión de Esquipulas IV.

"De nuevo los sandinistas fueron mas zorros que nosotros": ésta fue, según "The New York Times", la interpretación que de esta reunión y de sus acuerdos hizo un vocero del Departamento de Estado norteamericano. En su análisis, el Departamento de Estado cayó una vez mas en el error de confundir la estrategia sandinista para construir un socialismo propio con las tácticas hacia la instalación de un socialismo de corte clásico. Mientras que los Estados Unidos debilitan su hegemonía en la región desgastándola en una lucha contra el espectro de otra revolución cubana, la revolución sandinista va dando pasos hacia la consolidación de un socialismo hecho de arcilla nicaragüense.

En el momento de derrocar a Somoza, el sandinismo fue un teoría y una práctica además de un método revolucionario de análisis a partir de posiciones nacionales. Pero los guerrillero sandinistas no bajaron de las montañas ni salieron de la guerrilla urbana con concepciones suficientemente claras de como hacer la transición al socialismo. Los principios de pluralismo político, no-alineamiento internacional y economía mixta eran en ese entonces un amplio marco estratégico para definir dentro de el un proyecto nacional especifico. Según palabras del Comandante Henry Ruiz: "Muchos compañeros que hablan del socialismo se refieren en gran parte a recetas. Tenemos que recordar que la difusión de ideas socialistas en Nicaragua se concentró fundamentalmente en el conocimiento de la experiencia de la URSS. Aquí no se habían hechos estudios de aplicación del socialismos a una realidad como la nicaragüense en el caso de un triunfo revolucionario. No partimos de modelo, sino de grandes consignas".

El proceso revolucionario se inició con un sistema de alianzas surgida en la estrategia insurreccional y mezclado con imágenes del socialismo realmente existente. Todo quedó pronto sitiado por la agresión norteamericana, que no permitió ni el espacio ni la posibilidad de madurar en todas sus esferas el proyecto nacional sandinista. Así lo ha señalado el Comandante Tomás Borge: "Desde el principio, nosotros expresamos la intención de desarrollar la economía mixta y el pluralismo político. La guerra que esta a punto de finalizar dificultó ambos extremos, pero no los liquidó en su esencia ni cuestionó su validez".

En nuestra opinión, en el terreno del pluralismo político se lograron mas éxitos que en la elaboración de un marco económico estratégico. En este terreno hubo, mas bien, un desarrollo desigual y sumamente retardado.

La defensa político-militar de la revolución durante esta década ha exigido mucha creatividad política y el pragmatismo del sandinismo ha ido forjando un camino democrático al socialismo con elecciones multipartidarias, con una Constitución de corte occidental y con autonomía para sus etnias. La confrontación con los Estados Unidos dio también a luz un estilo y una estrategia propios en la participación y negociación en los foros internacionales y regionales. En la historia de los proceso de liberación nacional ninguna revolución ha podido luchar por tanto tiempo y con tanto éxito en el propio campo del enemigo imperialista, utilizando para esto foros diseñados para restringir la autodeterminación de los pueblos. Los sandinistas han sabido transformarlos en palancas para desvelar las contradicciones e hipocresías de la "democracia norteamericana" y para movilizar al conjunto de las naciones latinoamericanas a favor no sólo de la autodeterminación nicaragüense sino de la autonomía de la región centroamericana.

Sin embargo, la creatividad política ay diplomática sandinista no ha encontrado aun su contraparte en el campo económico. Todavía no se ha desarrollado una estrategia propia en el terreno económico. A estas alturas en vez de una verdadera economía mixta, la revolución apenas ha aprendido una serie de profundas lecciones sobre los errores que hay que evitar en la construcción de esa economía mixta. Como Envío señaló en 1986, en el análisis "Crisis económica: lenta transición a una economía de sobrevivencia", el FSLN ha actuado "como un zapatero remendón obligado a ir recomponiendo un par de zapatos viejos" intentando ajustar los viejos modelos de economía socialista a las necesidades del proceso histórico nicaragüense.

Entre 1980 y 1982 la revolución consolidó un modelo económico muy similar al modelo clásico de transición al socialismo seguido en unos 12 países del Tercer Mundo donde han triunfado procesos de liberación nacional de orientación socialista. Esta adaptación del modelo clásico socialista sustituyendo el proceso de industrialización por uno de agroindustrialización en que se incrementa el valor agregado de las materias primas es patrimonio de todas las economías de orientación socialista en el Tercer Mudo. La originalidad nicaragüense de la alianza con una "burguesía administrativa" sólo puso apellido a un realidad común en otros procesos de liberación nacional que han hecho alianzas con sectores empresariales tan débiles como el nicaragüense.

En su dirección económica, la revolución actuó como un zapatero remendón que no pudo buscar materiales y diseño nuevos para hacer un nuevo par de zapatos. El cortoplacismo al que obligó la guerra actuó claramente en contra de cualquier proyecto audaz que desechara los zapatos viejos con la esperanza de conseguir pronto un nuevo par. Ahora ya ha llegado el momento de buscar ese nuevo par de zapatos, el modelo económico propio que el pueblo tanto necesita. Como señala el Comandante Borge, refiriéndose las medidas de la concertación económica y a todo el programa de ajuste:

En ningún caso el objetivo de las medidas ha sido resolver la crisis. Para resolverla hay un elemento esencial, que es el cese definitivo de la agresión y de sus consecuencias. Las medidas políticas que se toman están destinadas a detener la agresión y, en ultima instancia, están dirigidas superar la crisis económica.

Esta conceptualización de la economía como política y de la política como economía es patrimonio de un marxismo elaborado y coloca claramente la concertación económica en el campo de las luchas regionales contra el imperialismo, desafiando la capacidad sandinista de convertir lo táctico en estratégico manteniendo firmes los principios fundamentales de la revolución. Al hablar de ajuste económico y de la concertación como medidas destinadas a detener la agresión, el dirigente sandinista está enfocando la agresión en esta coyuntura mas como un fenómeno económico y militar que militar. Esta interpretación de la concertación económica y del desarrollo de la economía mixta nicaragüense como una ofensiva estrategia en la nueva situación de negociaciones en la región tiene un fundamento de objetividad económica muy grande.

El modelo de concertación entre las distintas fuerzas sociales que se desarrolla en Nicaragua es una estrategia a largo plazo bien diferente a la de la continuada represión de las demandas populares que existe en el resto de la región por alianzas entre oligarcas y militares dentro de los planes kissingerianos de subordinación contenidos en la Iniciativa para la Cuenca del Caribe. Desde esta perspectiva, la concertación no es una concesión política sino una opción de desarrollo económico dentro del contexto regional. En su programa de 1989, el gobierno está relanzando su modelo de economía mixta en el nuevo contexto regional de negociación. La concertación es sólo un elemento mas en esta reformulación mayor de la economía mixta.

En medio de la guerra, la economía mixta nicaragüense se convirtió en una economía de subsidio, sitiada y aislada del resto de la región. En el nuevo contexto de negociación y transición hacia la paz, la formula de económica mixta se va convirtiendo en una opción estrategia de Nicaragua en la región. Por el grado de desgaste que ocho años de agresión han significado para la economía nicaragüense, un reinicio de economía mixta en el período postbélico pasa por una economía de sobrevivencia y por la recuperación de lo que se perdió a causa de la guerra. Aunque este paso por la economía de sobrevivencia no sea muy atractivo ni adentro ni afuera de Nicaragua, la construcción de una verdadera economía de sobrevivencia exigirá una profunda democratización de la economía agroexportadora y el involucramiento de todos las fuerzas sociales como agentes del proyecto económico nacional de recuperación y reactivación. Esta democratización es la apuesta estratégica de Nicaragua en una región todavía dominada por el triunvirato de las oligarquías, los militares y las embajadas norteamericanas. El paso hacia una economía de sobrevivencia refleja, a su vez, en nuestra hipótesis, cambios tendenciales en la estructura de la economía que nos permiten ver el programa de 1989 como un hito importante en la lenta transición hacia un economía de orientación socialista.

La única manera de entender el proceso económico nicaragüense de los últimos años y de responder la pregunta " ¿Hacia donde vamos?" es mirarlo todo a través del prisma mayor de la superación de la contradicción revolución-imperialismo.

Opción económica fundamental: ¿economía mixta subsidiada,
economía de sobrevivencia o economía de guerra?

El debate sobre si es la guerra o es el manejo de la economía la causa fundamental de la crisis actual esta mal planteado, porque en cualquier proceso de liberación nacional y de conflicto con el imperialismo la guerra se convierte en el factor económico primordial del país. En un proceso de liberación nacional anti-imperialista la interrogante básica es como conjugar los factores militares y los económicos.

Uno de los objetivos centrales de la guerra de agresión norteamericana fue destruir la reproducción simple de la economía y quebrar el movimiento económico básico del país para así acabar con la revolución. Como respuesta económico-militar, la revolución optó por mantener el movimiento de la economía a través de un subsidio generalizado para poder enfrentar la furia de la agresión imperialista sin que el pueblo sufriera en los años 1984-87 los costos reales de un verdadera economía de guerra. El Presidente de Nicaragua explicó lúcidamente esta opción en su discurso de comienzos de año en la Asamblea Nacional:

Está bien claro cuál ha sido la causa de la guerra, están bien claros canales han sido los efectos de la guerra y esta bien claro cual ha sido nuestro pecado: empeñarnos en mantener empleado a todo el pueblo nicaragüense, empeñarnos en mantener los servicios a todo el pueblo nicaragüense. Es decir, mientras por un lado se fueron recortando los recursos, se mantuvieron los gastos. Luego, en la medida que la guerra se fue agudizando y los costos fueron mayores, empezamos a hacer recortes bastante significativos pero no lo suficientemente fuertes como para llevar a un equilibrio nuestras posibilidades de trabajo y la demanda de trabajo de toda la población, la demanda inversionista de todos los productores la demanda de créditos de todos los productores.

Esta economía mixta de subsidio empezó a tomar forma a partir de los primeros años de la administración Reagan y se mantuvo como el modelo económico del país hasta la reforma monetaria de 1988, cuando el gobierno empezó en forma sistemática a orientar la economía hacia un profundo reajuste. Ya en 1985 se habían dado los primeros intentos de eliminar algunos subsidios del consumo pero no fue hasta principios de 1989 que el gobierno logró la coherencia suficiente para ensayar otro modelo de economía, el que el Presidente Ortega denominó "economía de sobrevivencia". En esa misma ocasión -ante la Asamblea- el Presidente identificó la opción de la economía subsidiada en los años 81-87 como la única salida para la economía mixta en tiempo de guerra.

En aras de fortalecer, de desarrollar en esas condiciones difíciles el régimen de economía mixta y el pluralismo político, y porque todavía había cierto espacio, nos empeñamos en esa política de subsidio.

El presidente excluye una economía de sobrevivencia con políticas económicas dirigidas y diferenciadas para las distintas clases sociales como alternativas durante la guerra argumentando que esa economía de sobrevivencia hubiera puesto en peligro la unidad nacional y se hubiera convertido en un verdadera economía de guerra. Según el Presidente, hubo sólo dos opciones: economía mixta subsidiada o economía de guerra.

Hay que decir que no existían condiciones, las únicas condiciones que habían en las de hacer una política de economía de guerra de manera total Racionamiento total e intervención total del Estado en toda la producción y distribución de todos los recursos.

Desde esa perspectiva, y consumados los hechos, nunca se sabrá si la opción de una economía de sobrevivencia con una política económica mucho mas austera hubiese sido factible en 1986, como analizó entonces "envío" en el artículo "Crisis económica: lenta transición a una economía de sobrevivencia". La verdad es que la unidad nacional se mantuvo, que la administración Reagan se fue sin poder desestabilizar la revolución y que, según la encuesta de opinión publica de "Itztani" el apoyo al FSLN entre la población de Managua antes del paquete de junio fue tan alto como en 1984. La verdad es que con el plan económico de 1989 la revolución se encamina ya realmente hacia un economía mixta de sobrevivencia, para poder en los próximos años, en los que se espera la paz, iniciar la reactivación económica y social del país.

El programa económico de 1989 contiene los avances y lecciones aprendidas en 1988

Nueva coherencia gubernamental: obligados a ponerse de acuerdo

El Programa Económico de 1989 tiene como eje central la batalla contra la inflación. Esa batalla se librará desde una nueva coherencia gubernamental y después de haber tomado una serie de decisiones económicas sumamente difíciles.

Desde el noveno aniversario de la revolución se han dado pasos muy significativos en la evolución de la política económica sandinista. Los avances han sido en dos campos:

1) nueva coherencia y unidad del gobierno en torno al programa económico,
2) inicio de un reajuste a fondo en las alianzas que sustentaban el modelo económico original del sandinismo.

Apenas cinco meses después de las conflictivas jornadas en junio, cuando hablamos de la creciente desarticulación del sandinismo en torno al modelo económico, sopló un nuevo aire de consenso y coherencia económica al interior del gobierno. Durante los intensos debates de las vacaciones navideñas, se reconciliaron, en gran medida las tensiones entre tres perspectivas: la financiero-monetarista del Banco Central, la que propugnaba garantizar la producción material a cualquier costo, propia del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (MIDINRA) y el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) y la de los representantes regionales y locales del FSLN, que enfatizaba las demandas populares y el programa de defensa.

Son dos las realidades que han servido de motor de la nueva coherencia económica. Por una aparte, la creciente desarticulación de la contrarrevolución, el ocaso de la administración Reagan y el clima de distensión internacional han permitido que el gobierno de Nicaragua de mas prioridad a lo económico sin descuidar lo militar. Así lo señaló el Presidente en su Mensaje a la Asamblea Nacional:

Hasta el 20 de enero de este año 89, los programas económicas que veníamos aplicando año con año estaban íntimamente vinculados a la situación de agresión que ha sufrido nuestro país de parte del gobierno que ha encabezado el Presidente Ronald Reagan desde el 20 de enero del año 1981 hasta el 20 de enero del 89.

Por otra parte, el peso de la hiperinflación, que el programa de ajuste de 1988 no logró aligerar, y que llegó a alcanzar la amenazante tasa del 20 mil por ciento anual, presionaba al gobierno a lograr el máximo nivel de coherencia para poder emprender una lucha anti-inflacionaria mas efectiva que en 1989.

Seis decisiones difíciles en una nueva política económica

El paso hacia la coherencia permitió que el gobierno pudiera tomar las decisiones necesarias para iniciar la reestructuración de su sistema de alianzas económicas y emprender la luchan contra la inflación.

Para sintetizar y contextualizar el programa de 1989 podemos utilizar como guía las seis alternativas de política económica que el equipo económico de "envío" identificó como puntos neurálgicos de la crisis económica nacional a mediados de 1988. Las alternativas se presentaban en áreas de política económica donde el programa económico del gobierno se había estancado por falta de una acción decisiva.

De manera global se puede decir que a principios de 1989 el gobierno logro romper su inercia en cinco de las seis áreas, completando y fortaleciendo el programa de ajustes económicos de 1988 calificado entonces por "envío" como un "paquete necesario pero incompleto" por ser, en gran medida, un "paquete sin pueblo".

Al avanzar en estas áreas, coincidiendo en gran medida con las propuestas de "envío", existen cambios tendenciales que permiten decir que aquel "paquete sin pueblo" podría transformarse en un "pueblo con paquete" si el gobierno pudiera profundizar sus nuevas iniciativas y pagar los costos necesarios para forjar un modelo económico mas popular., En estos momentos, la confusión de los militantes sandinistas, confusión que surge sobre todo de una identificación del socialismo con el estatismo, puede ser uno de los obstáculos mas serios que impide afianzar aun mas la unidad y acción del gobierno.

Primera alternativa: el programa de inversiones.

¿Seguir con el proyecto agroindustrial a largo plazo o recuperar la reproducción simple de la economía?

En el período 1983-87, la revolución logro una tasa de inversión que promediaba un 22% anual del producto interno bruto. Con el ajuste de 1988, esa tasa de inversión se redujo a más o menos la mitad de la de los años anteriores. Sin embargo, no hubo ningún cambio en la composición del programa. Los grandes proyectos de inversión a largo plazo siguieron siendo prioridad sobre las inversiones necesarias para la reproducción simple de la economía.

En el año 1989, como señala el Comandante Ruiz, "se ha dado un cambio en el esquema de desarrollo de la inversión." Es el primer año de la revolución en el que el presupuesto campesino y de reforma agraria supera el presupuesto del proyecto agroindustrial estatal. No puede haber un dato que testimonie mas claramente la decisión del gobierno de reestructurar su programa de inversiones publicas a favor de la recuperación de la reproducción simple de la economía.

Los recortes de los grandes proyectos (Timal en azúcar, Chiltepe y otros dos proyectos en producción lechera tecnificada, y Sébaco en procesamiento de hortalizas) han sido muy fuertes. Un 90% en el caso de Timal. El Cuadro 1 indica el recambio del programa de inversiones en sus líneas generales.



Es importante señalar que la programación de la inversión para 1988 fue muy similar a la que se hizo para 1989. Sin embargo, como se ve en el Cuadro 1, el programa ejecutado en 1988 priorizó los grandes proyectos porque la revolución no tuvo capacidad de disponer créditos para los pequeños y medianos productores de café y ganado. Lo mismo podría pasar otra vez en este año. A pesar de la priorización de inversión a largo plazo en ganadería y café hecha por el Consejo Nacional de Planificación, no es así todavía en el interior de Nicaragua, donde se requiere urgentemente esta inversión.

A principios de marzo de 1989 en Wiwilí, los aparatos del Estado enviaron un mensaje a los productores completamente opuesto a las intenciones del gobierno en sus instancias nacionales. A campesinos que pidieron créditos a largo plazo para mulas que transportan su café hasta las bodegas de ENCAFE y créditos para bolsas plásticas para expandir el área de café algo tecnificado el Banco de Wiwilí respondió que las únicas carteras de créditos para el café en para café tecnificado, que había que eliminar el café tradicional sustituyéndolo por una producción moderna y ampliado las zonas que dependen de insumos importados. Toda esta visión de los técnicos va en contra de la voluntad del gobierno de ahorrar divisas en insumos importados y hace sentir a los pequeños productores que el Estado revolucionario no tiene interés en su futuro.

Los productores de la zona rechazan estos paquetes tecnificados porque con sus costos e intereses altos les obligan a vender su ganado y corren el riesgo de, a la larga, tener que vender su tierra si no tienen éxito con una inversión tan sofisticada. Pasa igual con la ganadería. En la misma zona, el crédito a largo plazo no contempla la compra de ganado, de alambre, de mangueras y otros insumos pecuarios del uso de los pequeños productores. El juicio de los pequeños productores que tienen 100 manzanas de pastos con un hato de 50 animales que es el ajuste económico y las nuevas tasas de interés son políticas que les obligan a retroceder en su proceso de acumulación. Prefieren autofinanciar su producción de granos básicos, plátanos, café, caña, etc. vendiendo su ganado. El que pierde en este caso no es sólo el pequeño productor sino el país por la recesión en la producción de exportación que las políticas están produciendo a nivel local. Aunque no es cierto en términos reales en esta economía hiperinflacionada, los campesinos y pequeños productores dicen que antes de la revoluciona los prestamistas sólo cobraban el 18% y que ahora el banco quiere cobrarles el 300%.

Dejar pasar otro año sin desarrollar la capacidad administrativa necesaria para recupera la producción tradicional del café y ganadería perdida con la guerra sería un error demasiado costoso en esta coyuntura.

La transformación del programa de inversiones representa, sobre todo, una restricción para los grandes proyectos agroindustriales. Sin embargo, el programa de inversiones de 1989 no tiene suficientes recursos para la recuperación de los sectores prioritarios: café y ganado. Hay 30 mil manzanas de café tradicional perdidas en las zonas de guerra y desde hace 10 años se han renovado muy poco los cafetales tecnificados o semi-tecnificados. La producción cafetalera, fuente segura de divisas sin aumentar nuestra dependencia externa, esta en crisis y sólo grandes inversiones y movilización de contingentes numerosos de mano de obra pueden levantarla. La ganadería se encuentra en la misma situación.

El programa de inversiones representa, después de los últimos recortes, sólo un 8% del PIB, cantidad insuficiente en cualquier economía, pero particularmente peligrosa en una Nicaragua en plena recesión y con la necesidad de iniciar la recuperación de la reproducción simple de su economía lo más pronto posible. Sin es paso no hay futuro. La recuperación del café y de la ganadería es el "sine qua non" para volver a iniciar el desarrollo agroindustrial y un programa de diversificación de nuestras exportaciones.

El proceso de reacumulación de lo perdido sólo puede venir de tres fuentes: de más recortes en el presupuesto militar, de una incrementada restricción del consumo popular -básicamente de las capas medias- o de un nuevo paquete de recursos externos. La realidad muestra con probabilidad que no se va a poder frenar la inflación sin acciones simultáneas en estos tres fuentes.

Segunda alternativa: el financiamiento externo

¿Un paquete internacional de carácter diversificado y autónomo o asumir un camino al socialismo distinto al que se quiere?

Esta ha sido la única área de política económica que el gobierno no ha podido desarrollar. Sus grandes avances en el programa de concertación nacional no tienen una contrapartida a nivel internacional.

Aparentemente, esto ha sucedido por un problema de ajuste entre los distintos ritmos de la negociación. Por otra parte, ha sido también un problema de principios, porque el gobierno no ha aceptado nunca, como es lógico, que las negociaciones internacionales coinciden la soberanía nacional. Es decir, la concertación no ha sido una concesión a la comunidad internacional y el gobierno no ha tenido aún el tiempo necesario para abordar la difícil tarea de ligar el proceso de concertación económica nacional con la negociación de un paquete financiero con la Comunidad Económica Europea, la Unión Soviética, los países del Tercer Mundo y las instituciones multilaterales.

Hasta el mes de marzo el único lazo que ha habido entre el proceso de negociación nacional y el internacional es la amenaza implícita del Presidente Ortega de que si este programa de concertación no funciona, el país se verá obligado a tomar el camino de una economía de guerra. Esta no es una falsa amenaza porque si un colchón de divisas internacionales el ajuste y el programa de controlar la inflación están destinados a empantanarse.

La última esperanza del sector empresarial de ser parte en la economía mixta de Nicaragua está en manos de la administración Bush. Sólo un serio proceso de dialogo entre los Estados Unidos y Nicaragua podría consolidar un espacio estable para los empresarios dentro del nuevo sector privado que va conformándose al calor del proceso de ajuste. Por otra parte, venga o no venga la negociación con los Estados Unidos, el país necesita un sólido paquete financiero internacional para vencer el proceso de hiperinflación. Las actuales reticencia soviéticas a apoyar mas decididamente a Nicaragua y otras luchas de liberación nacional del Tercer Mundo implicarían, de continuar, una infidelidad de Gorbachov a los postulados internacionalistas de Lenin, al que ha revivido en la discusión sobre la política económica interna de la URSS.

El reto mas fuerte de Nicaragua al configurar un paquete de ayuda internacional es quizá el romper la doble moral de instituciones multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el BID. Con Nicaragua estas instituciones han roto sus propias cartas constitucionales. El FMI, creado par ayudar a los países dispuesto a pagar el precio de estabilizar sus sistemas monetarios, negó a Nicaragua su apoyo, a pesar de que Nicaragua es el país que ha sido mas austero en su reajuste económico. Mientras Jamaica recibí unos 500 millones de dólares en donaciones y créditos del Banco Mundial y del BID 24 horas después del huracán "Gilberto", Nicaragua no recibió mas de 50 millones de dólares en ayuda internacional para hacer frente a los destrozos del "Juana". Sin embargo, Nicaragua sufrió daños mayores que los de Jamaica: pérdidas por unos 824 millones de dólares. Tales perdidas significan que Nicaragua tendría que crecer al ritmo de un 3% anual hasta fines del siglo sólo para recuperar lo que perdió por el huracán de octubre de 1988. Las razones humanitarias tampoco rompen el cerco financiero y la doble moral con que se actúa frente a Nicaragua. El huracán "Juana" obligó al gobierno nicaragüense a nuevas emisiones de circulante y esto tuvo un impacto de desarticulación sobre el ya iniciado programa de ajustes. Las tasas de inflación, que en menores de un 50% mensual antes del "Juana", subieron a mas de un 100% mensual en los últimos tres meses de 1988.

Tercera alternativa: economía y defensa

¿Integrar el potencial económico del Ejército dentro de la economía de sobrevivencia o sufrir una hiperinflación continuada?

A medidos del año pasado, nadie imaginaba que la crisis económica iba a obligar a llevar a cabo recortes tan sustanciales en el presupuesto de defensa.

La victoria militar ha sido la condición "sine qua non" tanto para esos recortes como para abrir la posibilidad de abrir la batalla contra la inflación e iniciar la reactivación de la economía. Sin embargo, en la actual coyuntura, si no hay una reestructuración y una nueva disminución en el presupuesto de la defensa, el ejercito podría convertirse en un grave obstáculo para el proceso popular.

El déficit del gobierno ascendió de un 14% en 1987 hasta un 31% en 1988. El mismo proceso de devaluación del córdoba fue la causa principal de la expansión del déficit, encareciendo el precio de todos los bienes importados en el mercado nacional y alimentando aun mas la hiperinflación. El componente importado de la defensa nacional era mas alto que otros componentes del presupuesto nacional, la educación y la salud. Quizás un 35% de los gastos militares se destinan a combustible y otras grandes partidas son para el mantenimiento del parque de transporte. De esta manera el gasto militar contribuyó en gran medida al proceso inflacionario, no sólo por ser el rubro mas grande del presupuesto sino también por ser el rubro mas sensible a las devaluaciones.

Al recortar el presupuesto del Ministerio del Interior (MINT) en un 40% y el del ejercito (EPS) en un 29%, el gobierno dio un paso importante en su lucha contra la inflación. El MINT detuvo completamente sus planes de construcciones y el ejercito restringido significativamente estos programas. Aunque la prioridad ha sido la de recortes en los materiales importados, también hubo desmovilización de personal, particularmente en las tareas civiles y en las retaguardias del MINT. Hasta ahora, la desmovilización de personal de combate del ESP ha sido mínima. El EPS se encuentra, mas bien, dedicado a un lento proceso de reubicación de sus tropas en tareas productivas. Durante la cosecha cafetalera de 1988-89, el EPS logró movilizarse con bastante éxito. Aunque lo hizo en tareas productivas esenciales como la limpieza de las 30 mil manzanas de café tradicional perdidas en zonas de guerra y la recuperación de unas 400 mil manzanas de potreros perdidos en el sector ganadero, sus pasos han sido muy limitados.

No hace falta recordar que los ejércitos están hechos par el combate y no para la producción. Sin embargo, todos los ejércitos del mundo han sido también desbrazadores de caminos, constructores de carreteras, colonizadores de tierras vírgenes. En Nicaragua y en tareas como la recuperación del café y la ganadería, donde lo que hace falta es mano de obra no calificada y donde existe un mínimo de planificación y gestión económica, el EPS puede ser no solamente el agente mas eficiente sino el único con la suficiente disciplina como para colocar a decenas de miles de trabajadores en sectores tan cruciales para la recuperación de la economía. Además, quizás la única manera de enfrentar con éxito y con un mínimo de bajas a las fuerzas contrarrevolucionarias -que se van convirtiendo de nuevo en bandas de cuatreros- se justamente el apoyo productivo a miles de pequeños y medianos ganaderos y cafetaleros que estarán mucho mas dispuesto a denunciar y alertar al EPS de la presencia de la contrarrevolución si el ESP les esta aportando lo que ellos mas necesitaban en este momento: mano de obra organizada y disciplinada.

En los primeros meses de 1989 se exportaron 7 millones de dólares en carne. Al mismo ritmo, Nicaragua puede lograr a 30 millones de dólares en este rubro, el doble de la cifra alcanzada en 1988. Estos avances se han conseguido sobre todo por las restricciones en el consumo interno y por las nuevas ganancias provenientes de los estímulos monetarios a la exportación. Todo esto ha sido positivo, pero el problema de fondo en la economía es incrementar la producción y no solo cambiar la distribución del ingreso a favor de los exportadores. El caso de la carne muestra claramente los problemas de un monetarismo sin acciones administrativas bien definidas y la encrucijada en la que se encuentra actualmente el programa de ajuste económico.

Existen posibilidades de expandir rápidamente la producción de carne a través de tres programas:

1) recuperación de pastos valiéndose de mano de obra militar;
2) desarrollo de un esquema de precios en los mataderos que realmente estimule al productor a engordar a sus animales a pesos superiores a los 400 kgs. y a no sacrificar mas temprano por la poca utilidad marginal de extender el período de pastoreo;
3) mejora en el abastecimiento de medicinas en el proyecto de salud animal. La salida consiste en integrar las acciones del EPS con otros elementos de la política económica y en mejorar los servicios del gobierno civil.

Se abre una nueva coyuntura en la defensa de la revolución, en la cual el EPS puede servir económicamente a Nicaragua sin desmovilizarse dada la combinación de necesidades militares y económicas que el país enfrenta en las zonas mas deterioradas por la guerra de agresión. Aunque el involucramiento del EPS en las tareas de distribución y comercio y en la reparación de la infraestructura productiva y los caminos de penetración en el interior del país podría presentar dificultades administrativas, y aunque llevarlo a cabo a corto plazo requiere de un programa de calificación, no puede haber excusa alguna para demorar mas la movilización de las tropas en la recuperación de la producción cafetalera y ganadera. El papel productivo del ejercito es asegurar en estos momentos la mejorar defensa frente al cambio de modalidad de la agresión norteamericana. También es un ejemplo palpable del cumplimiento de los acuerdos de Esquipulas, eliminando de una vez por todas el argumento de la amenaza militar que es la revolución sandinista para sus vecinos. Aunque el gobierno ha logrado romper su inercia en esta área de la política económica aun queda mucho por caminar.

Cuarta alternativa: el sistema de planificación

¿Control burocrático de los recursos o planificación hegemónica de la producción?

El anuncio de la unificación de la tasa de cambio oficial del dólar con la tasa paralela en las casas de cambio, también oficiales, representa un paso fundamental: la revolución decide así aumentar su hegemonía sobre la economía. Al unificar las dos tasas, el gobierno, en vez de intentar sin éxito ejercer un control burocrático sobre los precios y salarios, esta tomando por primera vez el mercado como punto de referencia. Este giro hacia el mercado no significa menos hegemonía sobre el mercado o el fin del proyecto socialista, como muchos inequívocamente han creído, sino mas bien una nueva capacidad del Estado revolucionario de guiar el rumbo de la economía.

Al tomar el mercado negro como punto de referencia para el movimiento de la tasa oficial, lo que consigue el gobierno es hacer valer su paquete de importación (de unos 800 millones de dólares) sobre el paquete privado (de unos 200 millones), que llega a través de buhoneros, remesas familiares, ayuda de organismos internacionales, etc. Paradójicamente, al acercar la tasa oficial a la tasa paralela es la tasa oficial la que empieza a determinar el movimiento del mercado negro y no al revés. Antes, el Estado dejaba que los 200 millones de bienes que circulaban en el mercado negro valieran mas que los 800 millones de las importaciones estatales, fenómenos que no solamente echaba leña al fuego inflacionario sino que permitía que los agentes del mercado negro se aprovecharan de los recursos públicos así subvalorados.

A comienzos de 1989 el gobierno abandonó su política de maxi-devaluación por una mas ágil de continuas mini-devaluaciones. El cambio ha tenido éxito y se nota mas confianza en la política económica gubernamental. El gobierno tendría que continuar con esa política mas ágil, porque el acercamiento de las tasas no significa que ya se haya logrado un equilibrio y estabilizado la moneda. Asimismo, tendrá que seguir con otra política hegemónica, que fue la política de altas tasas de interés para los depósitos, que ha servido para controlar el mercado negro mas que toda la retórica del pasado, aunque será necesario ajustar las tasas con mas cuidado para no abultar las ganancias financieras de los sectores acomodados que pueden poner capital en depósitos de ahorro. Es obvio que la reducción de la tasa de inflación requiere que se reduzcan las tasas de interese tanto para los ahorrantes como para los productores, pero sobre todo es preciso que los cambios sean graduales, evitando movimientos bruscos que puedan disminuir la confianza que poco a poco el país va recuperando en su moneda nacional.

De hecho, con el programa de 1989 el Estado cambia el esquema frustrante e inútil de los procesos administrados y los controles microeconómicos por un esquema de hegemonía a nivel macroeconómico. Será considerable la transferencia de recursos desde los traficantes del mercado negro hacia el Estado que la unificación de las tasas producir. Antes al vender el paquete de importaciones muy por debajo del precio de mercado, el Estado perdía ingresos que se podían haber utilizado para financiar sus gastos. Al mismo tiempo, una tasas de cambio oficial desvalorizada desincentivaba la exportación disminuyendo así el control del Estado sobre las divisas liquidas. Por tanto, la tasas único va a significar un control real sobre el sector informal y el mercado negro y la colocación de nuevos excedentes en manos del Estado. Esos excedentes pueden se tan importantes que la nueva hegemonía lograda desde el timón del mercado podría incluso abrir la posibilidad, en un futuro cercano, no solamente de cerrar el déficit e incrementa el programa de inversiones sino también en un segundo momento de empezar la recuperación del salario social a través del refinamiento de los programas de educación y salud.

Quinta alternativa: la información económica

¿Discusión pública y participación popular o secreto burocrático?

Desde junio/88 hubo avances importantes en la difusión de una información económica que hasta entonces era controlada en el seno del Estado. En el segundo semestre de 1988 se multiplicaron los debates entre economistas, dirigentes sindicales, representantes de los distintos gremios rurales y empresariales e incluso sesiones con representación de todos los sectores del país y de la región centroamericana, como ocurrió en las sesiones de la Comisión Sanford. Por primera vez en diez años el debate en los medios masivos sobre la gestión económica del gobierno ha ido desplazando el debate sobre la guerra y la confrontación con los Estados Unidos. Pero la mayoría de estos avances se han dado a nivel de élites técnicas, políticas, sindicales, gremiales e intelectuales. Falta aún el paso a una comunicación mas popular y masiva que explique las metas del ajuste económico y cual debe ser el involucramiento del pueblo en programas compensatorios y complementarios de esa línea central del ajuste que es la batalla contra la inflación. Falta una pedagogía económica y un debate realmente popular sobre la actual economía, en la televisión y en las radios.

La democratización de la información económica es parte del proceso de profundización de la democracia, aún mas que las reformas electorales. Sin información económica no puede funcionar el mercado como señalizador eficiente de donde están colocándose los recursos. La publicación diaria del movimiento del IPC (Indice de precios al consumidor) en "Barricada" ha sido un paso positivo, pero por ser excesivamente técnico no responde a los cuestionamientos mas populares.

En esta área, como en la anterior, el gobierno ha logrado avanzar pero todavía existe inercia. Falta mas información, que permita que el pueblo pueda evaluar el proceso económico. Hace falta publicar mensualmente información que señale que porcentaje de la canasta básica de 46 productos y que porcentaje de la canasta de subsistencia de 25 productos pueden comprar los salarios medios de los empleados públicos y los de los trabajadores del sector productivo. Hace falta información clara sobre la distribución del crédito, de tal forma que el pueblo pueda medir las costillas a todos los agentes económicos del país. Una política de información sistemática y seria, pero atractiva y no aburridora, haría mucho para eliminar la política de las bolas y los escándalos que esta deformando los esfuerzos que hace el gobierno y que socava la participación demócrata.

En momentos de compactación del aparato gubernamentales importante mantener aquellos empleos capaces de generar un información correcta que afiance la nueva hegemonía del gobierno sobre el mercado y que permita que el debate político sobre la economía avance, tanto dentro como fuera de las filas del FSLN.

Sexta alternativa: precios, salarios y créditos

¿Estimular la producción a través de los precios, los salarios y los créditos o garantizar la estabilidad financiera estatal?

En realidad, esta última área de la política económica es la mas compleja y difícil. Incluye el balance casi imposible de reducir la tasa de inflación sin aumentar demasiado el desempleado y sin causar una recesión demasiado profundo que sólo provocaría mas recesión.

En su programa de 1989 el gobierno ha optado por una nueva formula para balancear sus cuentas. En vez de mejorar su situación financiera y monetaria con un esquema de salarios sumamente deprimidos y niveles de rentabilidad demasiado bajos para los productores, como intento hacerlo en 1988, ha tomado la decisión de restringir sus propios gastos, particularmente el de defensa y el del Ministerio del Interior. No es que hora los salarios sean mucho mejores o que el programa de crédito anime a los productores, sino que se ha iniciado un proceso que tiende a priorizar mas a la producción que al Estado no productivo. En 1989 El Estado empieza a aplicarse una política de austeridad con la misma fuerza con que la aplica a trabajadores y productores. Está aquí el fundamento económico de la concertación tripartita entre gobierno, clase trabajadora y productores anunciada por el Presidente Ortega a las fuerzas populares el 28 de enero y a la Asamblea Nacional el día 30.

Precios de garantía para los granos básicos

A lo largo de 1988, la meta principal de la política económica era eliminar las distorsiones en el esquema de los precios relativos, dejando que todos los precios alcanzaran los mismos niveles de los precios centroamericanos. El gobierno tuvo un éxito notable en esta política, con la excepción del precio de la mano de obra y de los productos básicos, los cuales quedaron muy por debajo de los niveles del área. El maíz y el frijol, aunque son productos campesinos, no definen el bienestar del conjunto del campesinado sino mas bien el de la franja mas pobre del campesinado, que constituye un sector importante entre los que se realizan trabajo asalariado en el sector agropecuario. Los granos completan el ingreso asalario de esta capa de trabajadores rurales.

Cuando el Presidente Ortega hablaba de "la falta de credibilidad de los trabajadores en los empresarios, y también la falta de credibilidad de los trabajadores en algunos directores de empresas estatales del sector agropecuario y del sector industrial", el punto de referencia para los campesinos pobres que siembran granos y venden su mano de obra en los rubros de ganadería, café y algodón, no en solamente los salarios que reciben del los patrones en la cosecha sino los recios que el Estado, a través de ENABAS, pone a los granos básicos y su política comercial.

A medidos de septiembre de 1988, el campesinado pobre vendía su quintal de maíz a ENABAS en el equivalente en córdobas de 3.50 dólares. 75 días mas tarde ENABAS vendía los mismos granos al consumidor urbano a un precio equivalente a 6.50 dólares por quintal. A través de ENABAS el Estado especuló con los granos de los campesinos, tal como se había venido dando desde 1985. Desde entonces, las devaluaciones mas fuertes se hicieron entre febrero y agosto, el período en el que el campesinado tiene moneda después de haber vendido y ha colocado sus granos en los depósitos y almacenes del Estado.

De hecho, entre febrero y diciembre de 1988 los costos de producción del maíz aumentaron 100 veces, los del frijol 75 veces y los del arroz de secado mas de 100 veces. Los precios, sin embargo, quedaron rezagados. Los precios nominales del maíz y el frijol se incrementaron solo 30 veces y los del arroz 40 veces. Hubo, pues, un deterioro real de un 70% en los precios de granos básicos.

En el programa de 1989 el Estado pretende corregir esta anomalía, que ha afectado tanto los ingresos de los trabajadores del campo. El Ministro del MIDINRA, Comandante Jaime Wheelock, anunció el 6 de febrero un precio de garantía para los productos de consumo interno sobre la base de los precios en el mercado centroamericano multiplicado por el factor de costos de intervención o importación y liquidado a la tasa de cambio vigente. Esta formula duplicaría el precio pagado al campesino por su maíz. Seria un salto muy brusco que podría colocar la rentabilidad de los granos casi a nivel de nuestros rubros de exportación, a los que la nueva política económica busca privilegiar sobre la producción de consumo interno. Los precios de los granos básicos serán por primera vez de mucha discusión publica, cosa muy saludable para el campesinado. Se espera que si los campesinos no consiguen garantías de precios internacionales para sus granos obtendrán, por lo menos, algún nivel de garantía. Para mantener ese nivel de recios garantizados, se plantea la necesidad de exportar granos como un mecanismo para seguir incentivando su producción.

Esta nueva política de precios de garantía para los granos básicos dejaría excedentes importantes en manos del campesinado en vez de abultar las cuentas de ENABAS con ganancias comerciales. Sería un paso importante para restaurar la confianza de los trabajadores del campo en el programa económico. Esta alza de los precios de los granos beneficiara a los sectores mas populares del agro, sin dañar los intereses de los consumidores urbanos, porque es el Estado el que dejar de percibir beneficios y no los consumidores. Si esta nueva política se lleva a cabo significaría un mejoramiento de los ingresos del sector mas amplio se los asalariados del campo y cuestionaría cualquier hipótesis sobre el aburguesamiento del proceso revolucionario.

La pérdida de las ganancias comerciales de ENABAS y los intereses mas altos que el sistema financiero pretende cobrar a todas las empresas comerciales van a disminuir la capacidad de compra a precios garantizados y dificultar el manejo económico de la red de depósitos agrícolas por parte de ENABAS. En cuanto al primer problema solo una política de exportación puede garantizar una compra adecuada de granos. En cuanto al segundo, ENABAS tendrá probablemente que dejar que la administración de la red de silos locales pase a ser controlado por el movimiento cooperativo organizado.

El crédito: tensiones entre la banca y los productores

A pesar de la persistencia de un monetarismo exagerado en algunas áreas de la política económica, se nota una cierta flexibilización y una diferenciación mas cuidada en el programa de crédito productivo de 1989. La continuación de

esta flexibilidad será crucial para evitar que la recesión económica afecte demasiado a la siembra en el primer ciclo agropecuario de 1989-90.

Como señala el comunicado del Banco Central del 7 de marzo: "En 1989 se impulsará una política crediticia mas ágil y flexible que permita incentivar la producción priorizada de exportación y la de granos básicos de consumo interno".

Esta flexibilización de la política crediticia tiene limites muy claros porque entra en contradicción con la batalla contra la inflación que libra el Banco Central. La variable central de esta batalla es un estricto control del crédito del Sistema Financiero Nacional, lo cual no podría mas que provocar tensiones entre los productores y el Banco.

Las tensiones mas fuertes surgen entre el Banco y el sector empresarial de los algodoneros. Junto con la producción azucarera, el sector algodonero ha sido el menos eficiente del agro. Sin embargo, la necesidad urgente de un nivel mínimo de siembra de algodón para evitar los costos de importación de oleaginosas hace que el algodón sea productor neto de divisas para el país. Sembrando 50 mil manzanas, el país puede ganar unos 25 millones de dólares. La necesidad de independencia en oleaginosas y la ganancia neta de divisas han sido, hasta ahora, las razones que justifican los enormes subsidios en córdobas que el Estado otorga a los empresarios del algodón. Los cálculos para el próximo ciclo indican que esos subsidios podrían subir a unos 61.2 mil millones de córdobas, lo que representan mas o menos toda la inversión programada para el sector agropecuario en su conjunto o un 5% del Producto Interno Bruto.

Es la batalla contra la inflación lo que prohibe esta lógica de que el córdoba se sacrifique frente a las divisas y a principios de marzo, el Banco negó la reestructuración de las deudas y las condiciones flexibles de crédito al sector algodonero. Es cierto que sin subsidiar a los empresarios el país podría perder unos millones de dólares, porque ellos, sin duda, dejaran de producir si la revolución les obliga a jugar según las reglas del mercado. Por otro lado, el país necesita aceite y es preciso evitar una recesión demasiada profunda en el Occidente, la zona algodonera, donde se encuentran las mejores tierras e infraestructura productiva de Nicaragua.

El problema no es la rentabilidad de los productos sino la eficiencia de los productores. En el Pacifico y particularmente en la región II (León y Chinandega) los cultivos no tienen la culpa. El cultivo del algodón puede ser rentable, como lo demuestran los altos rendimientos de los pequeños productores de algodón, cuya eficiencia supera a la de los grandes productores no sólo en quintales por manzana sino en costos de producción. En su comunicado del 7 de marzo, el Banco estipula líneas de financiamiento del algodón solo a los productores que han sido rentables durante los últimos cuatro ciclos. Nada podría demostrar mas claramente que el caso del algodón la lógica del giro al mercado y como ese giro no beneficia a la burguesía nacional porque los productores del Pacifico son quizás el grupo más importante de su clase. Los enormes problemas económicos que enfrenta la burguesía de la cuenca lechera del Pacifico testimonian también la misma realidad.

La misma relación se da entre la producción a gran escala que el Estado maneja en el azúcar y la producción mas eficiente de los colonos o pequeños productores que venden caña a los ingenios, pero el Banco todavía no abre condiciones especiales para incentivar la producción de esos colonos. Par 1989, el gobierno programa unas 25 mil manzanas de ajonjolí, un rubro campesino altamente rentable que puede ir reemplazando a la semilla de algodón y, por lo tanto, la dependencia que tiene la revolución de los empresarios algodoneros. El punto no es ser grande o pequeño sino ser eficiente: en este criterio se basa la superación de la reforma agraria política por un reforma agraria económica.

La flexibilidad del Banco con respecto a los productores de granos básicos está igualmente condicionada por la batalla contra la inflación. Por un lado, el 6 de febrero, Roberto Gutiérrez, Vicepresidente del Banco Central, anunció que el Banco buscará una política de reestructuración de las deudas en condiciones que el productor las puede pagar. También indicó que el programa de granos básicos iba a ser mas extenso que el año pasado: 453 mil manzanas con un 82% proveniente del crédito rural.

Para incentivar la producción de granos básicos, el Banco anunció el 15 de marzo un programa de tratamiento preferencial para los productores campesinos de granos con tasas de interés de un 20% por debajo de la tasa general para la producción agropecuaria. Esta diferenciación de tasas no es un regalo a los campesinos sino mas bien un reconocimiento de que el campesinado es el usuario mas eficiente del crédito. Las tasas diferenciales actuaran para incentivar un mas la producción campesina y no obligar a una mayor racionalización de los paquetes importados en el sector empresarial.

La política salarial

El mejoramiento de los salarios de la clase obrera agrícola y urbana no va a ser tan sustancial como el de los ingresos de los campesinos que siembran granos. Hay, sin embargo, un cambio en el pensamiento económico del gobierno que reconoce que el salario de la clase trabajadora no puede seguir siendo la variable principal sobre la cual se sostienen los costos humanos del ajuste económico. Alguien tiene que pagar los costos del ajuste económico necesario para salir de la crisis y normalmente la clase obrera es la que paga esos costos. En Nicaragua ha sido también así, pero no puede continuar siendo así, no sólo por razones políticas sino porque el proceso de hiperinflación antes de febrero de 1988 ya había reducido el preso del salario en la estructura de costos a niveles sumamente bajos. Para decirlo de otra manera, había poco espacio para mejorar la rentabilidad y el avance de la producción a costa de recortes salariales en una economía donde los salarios no representaban ni el 7% de los costos de producción.

La política salarial para 1989 tiene como fundamento un régimen de salarios mínimos indexados a una canasta de subsistencia mínima. Es decir, en la medida en que la inflación afecta esa canasta básica los salarios irán subiendo con alzas mensuales, tal como el gobierno hizo con los otros precios clave de la economía durante 1988. Este es un paso importante porque significa un compromiso del gobierno de proteger los salarios, por bajos que sean, del proceso inflacionario. La nueva política significa un incremento de un 100% en el poder de compra real de los salarios estatales con respecto a diciembre de 1988 y de un 25% en los del sector productivo como se puede apreciar en este cuadro:



Aunque el incremento del salario no es muy significativo, la nueva política salarial garantiza que los salarios productivos no caerán como sucedió en el año 1988. Además, la política de 1989 permite que los salarios suban por encima de un mínimo de un 50% de la canasta de subsistencia según los incrementos de eficiencia productiva a nivel de la empresa y según la capacidad negociadora de los sindicatos.

El problema de incrementar los salarios productivos no se ven en este momento por el lado de la inflación sino por el de la rentabilidad de la producción. De hecho, en noviembre-diciembre de 1988, los salarios sólo representaron un 7% de la estructura de costos del gobierno central. Incrementar los salarios influye en la inflación pero no tanto como las ineficiencias de los otros rubros de gastos de las empresas. En la medida en que la producción se vuelva mas eficiente y mas rentable se pueden incrementar los salarios. En otras palabras, se puede ir transfiriendo de inmediato los recursos mal gastados en insumos y otros costos administrativos a la clase obrera.

La Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) y los obreros agrícolas han sido mas agresivos en la lucha salarial que los obreros urbanos. En la discusión de los programas de lucha sindical hay dos argumentos. El primero, el de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), es la necesidad de mantener los salarios bajos porque las empresas son rentables. El segundo, de la ATC, es luchar por salarios mas altos forzando a las empresas a mejorar sus niveles de eficiencia. La mayor beligerancia de la ATC depende en gran parte de una mayor rentabilidad en la producción agroexportadora. Las alzas de los salarios en las cosechas de este año fueron positivas en términos productivos porque hubo un mejoramiento notable de la calidad del producto cosechado y por esto, de los precios obtenidos en el mercado internacional. La CST ha sido el menos beligerante porque el mejoramiento de la eficiencia en la industria es mas complicado que en la producción agroexportadora, donde la calidad depende en gran parte del incentivo a la mano de obra ofrecido por vía de los salarios.

La lucha por la CST tendrá que ir por el camino de presionar políticamente para incrementar su participación en la gestión de las empresas de forma que el aumento de producción y productividad permita la participación en los excedentes y mejores salarios. La presión política debe ir encaminada hacia la reestructuración de la industria, tal como se ha hecho en la industria metal-mecánica, donde no se ha contraído el empleo y los salarios por el hecho de que la industria fueron capaces de reorientar la industria hacia mas exportación y hacia la venta de productos al sector agropecuario.

En otras empresas no se han hecho aun esfuerzos para reestructurar o aun volver a las políticas mas racionales del pasado. En la industria de galletas Nabisco, por ejemplo, con la expansión del consumo popular subsidiado se dejó de exportar y la empresa dejó así de empaquetar su producto en forma exportable. Ahora, con los recortes del consumo popular se ha deprimido tanto el empleo como los salarios porque la dirigencia no ha logrado reestructurar una estrategia que combine las exportación con las ventas nacionales. Con la estructura oligopólica de la industria nicaragüense, si los obreros no presionan por un rápido incremento de la creatividad de los administradores, nunca podrán alcanzar, ni menos todavía superar, los salarios de los obreros de El Salvador y Guatemala. Sin esta participación beligerante de la clase obrera y la creatividad de las capas medias tecnocráticas, la industria no desarrollará sus plenas capacidades.

La batalla contra la inflación sigue siendo demasiado monetarista. Sin intervención en la calidad de la administración productiva solo estamos prolongando el estancamiento de la eficiencia y la agonía del sector industrial, que exige reestructurarse lo mas pronto posible aumentando la eficiencia de las capas tecnocráticas y la de los obreros mientras se compacta aún mas la capa de oficinistas no calificados y se frena el uso irracional de insumos importados.

El monetarismo del Banco Central y del Ministerio de Finanzas afecta la producción negativamente en una forma mas directa en el caso de lo que son las industrias fiscales: ron, cerveza, gaseosas y cigarros. En ellas la presión obrera tendrá que estar dirigida hacia el Estado, como en el caso de las gaseosas, donde la producción cayo de 8.500 cajas diarias a sólo 3.500 a causa de los altos impuestos selectivos de consumo. Los obreros de la Coca-Cola plantean bajar impuestos para incrementar las ventas y mejorar la rentabilidad de la empresa. La realidad es que el Estado esta perdiendo ingresos fiscales por mantener impuestos demasiado altos.

El caso ejemplificar el problema de una política todavía demasiado monetarista. Sin mantener la producción no existe una base material para los impuestos y para la defensa del sistema monetario nacional. Vendiendo mas gaseosas con impuestos menores el Estado no pierde ingresos y al mismo tiempo controla el nivel de la recesión productiva. Las industrias de ron, cerveza, gaseosas, y cigarros tienen en Nicaragua una importancia central en la economía, aunque su peso sea menor que el del combustible. La decisión de no subir el combustible al mismo ritmo de las últimas devaluaciones ayudó probablemente a frenar la inflación. Es posible que una reducción de los impuestos selectivos de consumo de ron, gaseosas, etc. tendrían el mismo impacto positivo para el empleado y la producción.

Hoy, el área mas importante de expansión de empleado esta en el sector cafetalero, donde el Presidente Ortega ha hablado de espacio para unos 10 mil trabajadores. La CST ha empezado a trabajar en el proceso del traslado de los desempleados de la ciudad al campo, pero hasta ahora solo se ha logrado reubicar a unos 200 trabajadores.

La tendencia general en todo el programa de salarios y créditos productivos es lenta pero se dirige progresivamente a una mayor complejidad y a un esquema mas popular en el que los campesinos consiguen mayores beneficios que los empresarios y en el que los puestos de trabajo mas productivos han sido priorizados sobre los menos productivos, como lo demuestran las ventajas de la clase trabajadora agrícola sobre la urbana y los salarios medios productivos sobre los salarios medios estatales.

La prueba de fuego del intento del gobierno por consolidar la alianza obrero-campesina, por fortalecer su credibilidad económica frente a las masas y por garantizar la orientación socialista de su programa ser su capacidad de cumplir con la propuesta de precios de garantía para los granos básicos, de permitir que la clase obrera agrícola presione sobre las nuevas ganancias en el sector agroexportador y de dejar que la clase obrera industrial se movilice para presionar a la dirigencia industrial hacia una reestructuración de la industria y una elevación de la eficiencia productiva que puedan responder a sus demandas por salarios mas cercanos a los niveles centroamericanos.

La lucha anti-inflacionaria: lecciones de la experiencia de 1988

Respondiendo a la pregunta ¿En qué consiste lo nuevo del plan de 1989?, el Comandante Henry Ruiz respondió: "Se trata de un plan que teniendo como eje una lucha anti-hiperinflacionaria, logre encontrar mecanismos que libren exitosamente es lucha. El primer mecanismo es el control de la emisión. Si hay emisión, el fuego sigue. Si no hay emisión el fuego baja. Por eso el plan es absoluto. No puede ni debe haber emisión mientras no se apague el fuego. Estos mecanismos tiene que ser bomberos eficientes."

Para visualizar el conjunto de los "mecanismos que libren exitosamente" la lucha contra la inflación, hay que tener en cuenta una serie de lecciones aprendidas a lo largo de 1988. Es necesario controlar la emisión y hacer aún mas recortes en los gastos estatales, para lograr ese objetivo. Sin embargo, es primera y mas importante medida no es en si misma capaz de frenar el proceso hiperinflacionario.

Antes de señalar las lecciones aprendidas en la lucha contra la inflación a lo largo de 1988, pueden resumirse las causas del proceso de hiperinflación que obligó al gobierno a emprender un camino de la reforma monetaria y del ajuste económico de 1989.

Antes de noviembre de 1987, el gobierno no se preocupaba mucho por controlar la inflación. La verdad es que se utilizaba la inflación para reorientar recursos hacia las tareas prioritarias del proceso revolucionario: la defensa, el proyecto de acumulación estatal y los programas sociales de educación y salud. El problema era que la emisión de moneda y su asignación a esas actividades atraía recursos hacia ellas peor los quitaba de otros sectores de la economía.

Al utilizar la inflación como un impuesto general para financiar la defensa y para realizar un ambicioso programa de transformación social con su eje en el sector estatal en tiempos de guerra, el gobierno descuido la tarea económica de la reproducción simple de la economía. Las áreas de la reproducción simple mas afectadas por la guerra y el programa de acumulación estatal fueron:

- El poder adquisitivo del salario de la clase trabajadora que a finales de 1987 fue sólo un 6% de lo que era en 1980.

- El poder adquisitivo de los campesinos dedicados a la producción de granos básicos y otros productos de consumo interno. Al igual que los bajos salarios de los obreros influían en un descenso de su productividad y de su disciplina laboral, estimulándoles a pasar al sector informal, la regresión en los ingresos campesinos en 1980 y 1986 desestimuló la oferta campesina obligando al gobierno a aumentar la importación de granos como componente del paquete de ayuda internacional y a gastar recursos en la producción tecnificada de granos en el Pacifico, recursos que se podrían haber invertido en mantener los niveles de exportación.

-El flujo de divisas provenientes de los campesinos y medianos productores de café y ganado desde el interior del país. Las políticas comerciales de ENCAFE y MICOIN (Ministerio de Comercio Interior), fueron responsables en parte de la disminución de la producción cafetalera y ganadera. Los precios ofrecidos a los productores entre 1980-1983 fueron bastante menores que los precios internacionales y aunque los insumos estuvieron también por debajo de los precios internacionales, los sistemas de abastecimiento montaña adentro fueron parcialmente desarticulados por MICOIN y ENABAS. Precios bajos, abastecimiento inadecuado de insumos, caída de la producción. La guerra desarticulo muy seriamente los sistemas de producción desde 1983 en delante. Comparado con los años 1976-78, se estima que entre 1986-88 el país perdió unos 102 millones de dólares anuales en estos rubros.

-La reposición de infraestructura básica de generación eléctrica, equipo industrial, equipo de exportación agroindustrial y medios de transporte, dejando al país con un déficit estructural de centenares de millones de dólares.

Mientras que entre 1984 y 1988 la revolución utilizaba la inflación para dirigir recursos hacia la defensa, el proyecto de acumulación estatal a largo plazo y la generación de empleo publico improductivo y, en menor grado, hacia los servicios sociales, se carcomían las estructuras básicas de la economía. En el fondo, la inflación funcionaba como un impuesto de guerra, un impuesto para mantener el proyecto de acumulación estatal y el empleo no productivo del Estado.

El uso de la inflación como mecanismo para redistribuir los recursos nacionales tiene sus limites: los niveles de deterioro de la estructura básica de la economía y los desbalances entre la oferta y la demanda provocados por la emisión inorgánica del circulante. A finales de 1987 se había topado con esos limites y la inflación se convirtió en un impuesto de guerra que ya no servia para los frentes de guerra porque agudizaba la crisis política y socavaba el valor del mismo presupuesto militar. Se convirtió en un impuesto fiscal que ya no servía para mantener el proyecto estatal. Se había carcomido la base de los impuesto y la capacidad del Estado de incidir en la economía.

Primera lección:

Necesidad de librar simultáneamente la lucha para ordenar los precios relativos, para controlar la inflación
y para empezar la segunda reconstrucción económica del país.

A partir de 1988, la revolución se vio obligada a emprender la lucha contra la inflación. Sin embargo, esa batalla se postergó y desde febrero de 1988 el énfasis se puso en sanear las distorsiones en los precios relativos y en mejorar los incentivos de exportación. La separación de estos dos proceso -ordenarlos precios relativos y controlar la inflación en etapas distintas- dependía mas de problemas de coherencia gubernamental que de una claridad de pensamiento económico porque cualquier proceso de hiperinflación distorsiona los precios relativos. Es decir, al mismo tiempo que el gobierno intentó ordenar los precios relativos, la hiperinflación los desordenaba. En separar los procesos se perdía tiempo y se incrementaban los costos políticos del ajuste.

Al iniciar la reforma de 1988 el gobierno esperaba controlar la inflación reduciéndola a una tasa del 100% creyendo que el ordenamiento de los precios a través de la devaluación y la reforma monetaria iba a cortar el impulso inflacionario. Al terminar el año con una tasa de un 20 mil% de inflación los equipos técnicos habían aprendido una serie de cosas y sobre todo, la lección de que era necesario montar la batalla contra la inflación al mismo tiempo que se ordenaba el esquema de precios relativos por el camino de las devaluaciones.

De igual manera que no se debían haber separado las etapas de ajustar los precios relativos de la economía nacional a los precios de mercado internacional y de dar batalla contra la inflación de las iniciativas de levantar la producción porque sin oferta expandida, la lucha anti-inflacionaria esta destinada a estancarse en un proceso reiterativo de inflación-recesión- inflación. De cara 1989 es preciso no ser demasiado optimista en la lucha anti-inflacionaria a menos que el país conseguir unos 300 millones de dólares en divisas liquidas para un fondo de estabilización o lograra montar rápidamente un programa de reconstrucción económica que eliminara aceleradamente el empleo no productivo estatal y redirigiera esos recursos hacia los sectores productivos priorizados.

Segunda lección:

El control de precios es imposible antes de dar un frenazo a la inflación.

La segunda lección aprendida en la lucha anti-inflacionaria de 1988 vino después de la reforma monetaria de febrero, cuando se intentó controlar los precios de los productos a través de controles estatales y de la movilización de la población contra los especuladores. La medida no funcionó en absoluto y más bien se deterioró el nivel de vida de los trabajadores aun más que antes de la reforma. La medida fracaso básicamente porque no se quito suficiente liquidez de la economía para que fueses posible un control de precios a nivel de detalle. Como dijo Daniel Nuñez, dirigente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), el intento de controlar los precios al detalle fue el plan de "atacar a las hormigas y dejar pasar a los elefantes". Sin controlar aun el tamaño del gobierno y los costos de la defensa de los precios seguirían por arriba.

Tercera lección:

es necesario devaluar con suficiente audacia y agilidad
en frecuentes mini-devaluaciones para garantizar la rentabilidad de las exportaciones y para controlar el mercado negro.

En febrero no se devaluó suficientemente el córdoba para estimular la agroexportación y disuadir a los productores de especular con sus productos en el mercado nacional hiperinflacionado. La inadecuada devaluación sólo aumentó la liquidez introduciendo mas billetes para la compra de los insumos reevaluados sin cosechar ningún beneficio positivo sino el de empezara a alineara los precios relativos y el de desnudar los niveles de ineficiencia de varias empresas estatales y consorcios privados con poder oligopolio en la economía. Se estima que la devaluación de febrero debía haber comenzado con 20 córdobas por 1 dólar en vez de 10 por 1 y haber utilizado mini-devaluaciones para mantener el poder del nuevo córdoba en vez de haber esperado tantos meses antes de hacer otra maxi-devaluación.

Devaluar crea más inflación. Por eso cada devaluación exige un nuevo resorte en la emisión de córdobas o conseguir divisas liquidas de otros países para estabilizar la moneda nacional.

Es necesario continuar con las mini-devaluaciones pero hacerlo sin cumplir los recortes de gastos estatales estipulados a principios de año y sin recortar aun mas que lo planificado podría socavar el programa anti-inflacionario.

Cuarta lección:

El control de los salarios y los intentos de sanear el sector financiero público pueden estimular la inflación en vez de disminuirla

Después de los problemas encontrados a lo largo del primer semestre, el gobierno intentó y logró a partir de junio mejorar los incentivos para la exportación a través de una nueva devaluación. Para quitar la liquidez introducida por la devaluación, implemento un control estricto sobre el paquete salarial y aumentó el peso de los impuestos selectivos de consumo (cerveza, ron, etc.). Las restricciones salariales no tuvieron un impacto positivo en el control de la inflación porque el proceso inflacionario entre 1983-84 ya había llevado su valor a una proporción mínima en los costos de producción. No se pudo quitar liquidez suficiente en la economía por la vía de los salarios.

El contradictorio resultado fue mas bien hacer descender la compra de gaseosas, cigarros y rones en un 30% por parte de los trabajadores, lo que a su vez hizo descender drásticamente los ingresos del gobierno, que dependían en un 33% de estos "impuestos sobre los vicios" para financiara sus operaciones, es decir, el Estado perdió más de un 10% de sus ingreso y el déficit creció de un 14% a un 31%, lo que significó aun mas emisión de moneda y mas inflación.

Desde 1988 no ha habido una relación directa entre el movimiento de los salarios productivos y el proceso inflacionario. Como se puede apreciar en el Cuadro 2, los período de menor inflación fueron los períodos de mayor alza salarial y viceversa. A partir de 1988 el factor principal de la inflación ha sido el proceso de devaluación sin suficientes recortes en los gastos públicos y no los salarios productivos. Estamos experimentando un proceso de inflación impulsado tanto por la expansión de los costos de los insumos importados como por la expansión incontrolada del empleado publico no productivo que se dio entre 1980 y 1986.

Quinta lección:

Es necesario aplicar un freno a los elefantes del proceso inflacionario

Entre agosto y octubre el gobierno corrigió su rigidez con mini-devaluaciones y permitió que los salarios subiesen algo. El resultado fue menor inflación. Por un ldo, el nivel mas bajo de la devaluación significó que el incremento de liquidez fue menor que en las devaluaciones de febrero y junio y por el otro, los recortes de las inversiones a largo plazo empezaron a disminuir el nivel de liquidez en la economía. Es útil imaginar nuestro proceso de ajustes así: se puede imaginar la economía como un tanque o deposito de agua con un cierto nivel de liquidez o cantidad de moneda en circulación.

Con cada devaluación, cuyo propósito es estimular la exportación y disminuir el consumo nacional de bienes importados, el tanque empieza a llenarse con mas moneda, el nivel de liquidez sube y el tanque empieza a rebasar su cabida en su proceso inflacionario. Normalmente, un fuerte proceso de devaluación se acompaña con dos frenos para impedir que el agua desborde el tanque. En primer lugar se recorta el déficit fiscal muy drásticamente, lo cual funcionar quitando liquidez del tanque como por un desagüe. El segundo freno, para impedir que el agua no desborde el tanque, viene con las divisas del Fondo Monetario Internacional para acolchonar el choque de la devaluación. En nuestra imagen, los fondos externos recibidos tienen el efecto de subir mas por arriba las paredes del tanque de agua, de tal forma quien no se desborde con hiperinflación.

En noviembre y diciembre, las nuevas y mas duras devaluaciones hicieron que el tanque rebasara su cabida con tasas de inflación por encima del 100% mensual. Era obvia que al aplicar el acelerador de la devaluación metiendo mas agua en el tanque, el gobierno necesitaba frenar de alguna manera sus gastos para estabilizar la economía. Además, el huracán "Juana", en octubre, obligó a una política de gastos de emergencia claramente inflacionaria.

El aprendizaje de la lección obligó en enero a iniciar un proceso de recortes muy fuertes en la defensa, en el programa de inversiones del MIDINRA y en el gobierno actual.

Probablemente, para controlar la inflación el gobierno tendría que seguir recortando aun mas estos rubros del gasto publico para si contrabalancear su programa de unificar las tasas de cambio, lo cual ha significado desde enero devaluaciones de la moneda nacional que suman un 400%. Sin recortes aun mas radicales, esas devaluaciones y las liquidaciones de las exportaciones y los créditos extendidos en mayo significaran un gran impulso a la inflación, aunque no se puede tampoco desestimular el ciclo agrícola y hundir el país en una mayor recesión.

Actualmente, dos tercios de los recursos del Banco Central están destinados a actividades improductivos como la defensa y la administración gubernamental y solo un tercio a actividades productivos. Después de un quinquenio de retórica con respecto al cambio de prioridades del sector al cambio de prioridades del sector productivo, ha llegado el momento de llevar estas palabras a la practica. Pasar estos recursos consumidos en actividades de defensa y otras actividades improductivos a las actividades priorizadas es la única manera de frenar la inflación y de empezar a cerrar la brecha externa, la que es también sensible fuente del ciclo inflacionario.

Este cambio de prioridades esta exigiendo, y exigirá aun seriamente en el futuro, una transformación del sistema de alianzas del FSLN y una reformulación consciente y explícita del nuevo modelo económico que esta surgiendo del proceso de ajustes y reformas.

Sexta lección:

Hay que cerrar lo mas pronto posible la brecha externa,
que también actúa como un subsidio generalizado en nuestra economía

A lo largo de esta década Nicaragua se ha ido acostumbrando a vivir con una brecha externa por encima de los 500 millones de dólares. Esto se justificaba en razones políticas y económicas, pensando equivocadamente que la brecha servia para mantener los niveles de producción y el nivel de vida de los trabajadores. La idea de que el proyecto de desarrollo no se podía cargar sobre las espaldas del campesinado como se hizo en otros experimentos socialistas y de que la acumulación nacional tendría que financiarse desde afuera, descansando sobe todo en donaciones y créditos blandos, iba derivando hacia la aceptación de una enrome brecha que fue en su esencia un subsidio para el consumo en vez de para el ahorro y la inversión nacional, subsidio para la defensa en vez de para la producción. En realidad, la brecha externa y la dualidad de tasas cambiarias socavaba la producción y los ingresos de los trabajadores productivos que mientras que alimentaba una expansión desproporcionada y combinada del sector informal y del Estado improductivo.

La unificación de las tasas de cambio respecto al mercado paralelo o, en otros palabras, la eliminación del subsidio macroeconómico monetario puede no solamente cortar la inflación proviene del subsidio contenido en la dualidad de las tasas sino también actuar para eliminar en gran parte la inflación inercia o el empuje psicológico hacia la especial inflacionaria.

Las seis lecciones se pueden resumir así: la ionicé manera de enfrentar la inflación es superar la economía mixta subsidiada que ha sido el modelo económico con el que la revolución enfrento la agresión estadounidense, para crear una verdadera economía mixta que combine un programa económico que favorezca los intereses populares dentro del mercado con el proyecto político-social de democracia, pluralismo político y soberanía nacional ya iniciado con la revolución.

La pregunta, -hacia dónde vamos- y el desarrollo de un nuevo discurso capaz de movilizar al pueblo productor alrededor del nuevo modelo económico son elementos ideológicos cruciales en la búsqueda de mecanismos que rompan el ciclo hiperinflacionario. Las recientes y largas entrevistas ideológico-económicas de los miembros de la Dirección Nacional (Henry Ruiz, Tomás Borge, Bayardo Arce, Víctor Tirado López) y los reiterados discursos del Presidente de la República indican que esta necesidad ideológica ha comenzado a percibirse como vital para la fase de transición de una economía subsidiada y sitiada a una real economía mixta de orientación.

El debate sobre el modelo económico y el ajuste en el sistema de alianzas de clase

Después de diez años de revolución existe un legado económico sandinista, una experiencia que puede servir como un laboratorio económico para los futuros proceso de liberación nacional en el Tercer Mundo. En los casos de Grenada y Chile, donde el proceso de liberación nacional fue abortado por la intervención imperialista hubo lecciones políticas, pero las enseñanzas en el campo económico fueron mínimas, por no decir inexistentes. En los países africanos existe un legado económico, pero con un grado significativamente menor de transformación social y económica, como en el caso de Zimbabwe, o con poca experimentación en formas de economía mixta y poca transformación del modelo de transición y desarrollo estatista, como en los casos de Mozambique y Angola.

Existe un legado económico sandinista, especialmente después de los múltiples ajustes de 1988 y el nuevo programa de 1989. Lo que no hay es un acuerdo sobre el significado de este legado. En la coyuntura actual podemos identificar, por lo menos, tres interpretaciones distintas.

1. Ruptura del modelo sandinista. El legado de los diez años, en la interpretación del Instituto Centroamericano de Administración (INCAE), es la necesidad imperios de volver a un esquema mas capitalista, mas similar al de los otros países centroamericanos. En esta interpretación, el Estado se ha demostrado incapaz de rectorear la economía de Nicaragua. La solución, par el INCAE y para el COSEP, aunque el INCAE no se involucra en la política partidista como lo hacen los empresarios del COSEP, es devolver a la burguesía un papel dirigente en la economía. La interpretación de la ultraizquierda no dista mucho en términos analíticos de la del INCAE. La ultraizquierda también opina que el modelo económico sandinista esta roto, pero en vez de aplaudir como hacen los analistas del INCAE, culpa a los sandinistas por haber dado un voluntario giro hacia el capitalismo rompiendo así su modelo y abandonando su orientación socialista. La única diferencia entre ambas interpretaciones es que el INCAE aboga por mas capitalismo y la ultraizquierda pide el fin de las concertaciones y el abandono de la economía mixta.

2. Postergación del modelo económico. Esta es la interpretación poco explicada pero operativa que existe en las mentes de muchos sandinistas. Se concibe que la guerra de baja intensidad de la administración Reagan ha obligado a discontinuar el desarrollo del modelo socialista durante un período indefinido. Después de ese período, en el que se lograra recuperar los niveles económicos de 1984, se volverá reiniciar el desarrollo del mismo modelo económico.

El fundamento teórico de esta perspectiva -enraizada, sobre todo, en las capas medias sandinistas- es la identificación de socialismo con control estatal en la administración de la económico, con las economías de gran escala, con la búsqueda de una cultura exclusivamente proletaria y con un cierto exagerado obrerismo.

Como interpretación de la coyuntura de concertación, esta posición es altamente desmovilizadora, tanto de los militantes sandinistas como de las masas, por tres razones. Primera: el programa de 1989 achica el Estado y esta interpretación considera que reducir el control estatal es renegar del socialismo. Segunda: desde esta perspectiva el único mensaje para las masas es paciencia, menos consumo, mas desempleo y la promesa de que un día Nicaragua volver al proyecto revolucionario inicial;. Tercero: Nicaragua es un país agrario con un sector urbano claramente disfuncional para el desarrollo de sus fuerzas productivas y esta perspectiva lleva implícito un sesgo claramente industrial-urbano.

3. Desarrollo de un modelo socialista propio. Un creciente sector de los sandinistas postulan que la concertación económica es un elemento de un programa mas global, que representa un firme paso en la construcción de un modelo económico socialista propiamente nicaragüense y sandinista. Esta perspectiva mantiene que la coyuntura económica, la postguerra y su superación y las mismas transformaciones sociales realizadas por la revolución, están obligando a una reformulación del proyecto económico inicial hacia un modelo mas nacional y mas popular que estatista.

Los proponentes de esta posición consideran que el modelo inicial es ya inviable y critican a los defensores de ese modelo por su falta de realismo, por su exagerada defensa del Estado como el único eje de acumulación, por su juicio sobre el atraso del campesinado, que lo elimina como agente significativo en el programa de desarrollo, y por la formación de su alianza táctica con la burguesía, que ha costado un precio demasiado alto en programas de subsidios a la producción.

Esta tercera posición considera también que el Estado, la mediana producción y el campesinado, en lo esencial han reemplazado ya a la burguesía agroexportadora como sector dominante de la producción. Este recambio se ha producido por la reforma agraria y por un subsidio generalizado a la agricultura, que aunque benefició mas a la gran producción fue mejor aprovechado por la pequeña. La pequeña producción mercantil y el campesinado, que han crecido durante estos últimos diez años, pueden servir como base social fundamental para una transición al socialismo que prioriza:

- La calificación de mano de obra y un lento pero extenso desarrollo de las fuerzas productivas.

- La socialización de excedentes a través del sistema nacional de finanzas, comercio exterior, planificación indicativa y empresa estatal en sectores reducidos pero estratégicos de la economía.

- La apertura de nuevos mercados para productos de exportación no tradicionales producidos por la pequeña y mediana producción rural y urbana a través de servicios públicos de investigación y asesoría.

- La movilización y participación del pueblo y el ejército en la economía como mecanismo central para la solución de la crisis económica.

La concertación, ¿fase inicial del desarrollo de un modelo económico de orientación socialista?

La concertación, como todos los dirigentes sandinistas señalan, es la fase inicial del desarrollo de un modelo económico de orientación socialista. Se pueden visualizar tres fases en el desarrollo de ese modelo:

-- Una fase post-bélica y anti-inflacionaria, que busca crear las bases materiales de sobrevivencia y reproducción simple desde el campesinado y la pequeña y mediana producción mercantil asegurando la capacidad de ampliarse posteriormente la producción agropecuaria sin subsidios internos o externos.

-- Una segunda fase, que vuelve reiniciar el proyecto de agroindustrialización sin las ataduras de dependencia de los Estados Unidos que estipulaba el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y con tecnología apropiada. La creación de una tecnología apropiada para la agroindustrialización de la región depende de equipos intelectuales y técnicos capaces de "leer" los mercados de Europa mejor que los propios europeos y de desarrollar la calidad de nuevos productos de exportación a un ritmo que permita a la región de explotar la renta diferencial internacional a través de esquemas de producción flexibles y sin altos costos de componentes importados. Sin estos centros de pensamiento tecnológico y comercial con la independencia suficiente para actuar en la arena internacional, las oligarquías de la región estarán destinadas a seguir haciendo inversiones agroindustriales que quedan desfasadas antes de que se termine la construcción de las nuevas plantas, de tal manera que la importación de tecnología sigue siendo, como fue bajo la formula del MCCA, un obstáculo en vez de una herramienta para el desarrollo. Esta segunda fase solo puede levantarse sobre un extenso proceso de calificación de la mano de obra campesina y artesanal, sobre el desarrollo de un capital humano que pueda desarrollarse sin ser subsidiado.

-- Una tercera fase de desarrollo ampliado de toda la gama de tecnologías, sean campesinas, mercantiles o empresariales, en base del nuevo valor agregado obtenido en la segunda fase.

Reajuste en las alianzas de clase

Entre las distintas interpretaciones de la coyuntura de concertación, la única alternativa con realismo revolucionario y perspectiva de futuro es la tercera. Pero sin una imagen y un discurso claros sobre lo que significa la orientación socialista de esta economía muy difícilmente el sandinismo será capaz de movilizar las energías necesarias para supera la crisis de hiperinflación.

Como un aporte a este debate, se ofrecen las siguientes reflexiones sobre el reajuste del sistema de alianzas de clase que sustentan el proyecto sandinista. Creemos que el análisis de las tendencias en las alianzas de clase, el análisis de que clases pueden aprovecharse mas tendencialmente del programa de 1989, es uno de los caminos mas fructíferos para el desarrollo de este debate.

En la economía subsidiada del ultimo quinquenio, todas las clase se beneficiaron de un subsidio generalizado, pero algunas mas que otras. En la forma mas sintética posible, podemos decir que el modelo inicial con el proceso de subsidio benefició:

Muy difícilmente se podría identificar esta distribución de recursos a las distintas clases con un buen esquema de transición al socialismo. De ahí que sea poco objetivo criticar el ajuste económico de 1988 y la concertación de 1989 como el renegar de una orientación socialista. Es probable, pues, que esa critica surja de las capas medias urbanas que se habían beneficiado del programa anterior mas que otras clases.

El programa de 1988, en la medida en que eliminó los subsidios microeconómicos, reveló las ineficiencias de los empresarios oligopólicos y de las empresas estatales, impacto fuertemente a la clase obrera, particularmente los ingresos el sector informal, y empezó a afectar a las capas medias urbanas. Los recortes de 1989 van profundizando los mismos procesos. Es decir, el giro hacia el mercado no sólo afecta a las clases populares sino que impacta también directamente sobre las ineficiencias de los productores mas acomodados del país.

El hecho de que "el pueblo, especialmente el asalariado, es el mayor sacrificado", como señala el Comandante Ruiz sin remilgos, no significa que la burguesía vuelva a ocupar una posición de mando en la economía. Es cierto que se están sacrificando los intereses gremiales de la clase trabajadora, pero no es cierto que se estén sacrificando sus intereses de clase.

Tendencialmente, y en la medida en que se mantengan las reglas del mercado, se irá dando lenta pero realmente un reajuste de fondo en el sistema de alianzas de clases.

El programa de ajuste en la medida en que favorece a la agroexportación, favorece al campo sobre la ciudad y a la pequeña y mediana producción sobre la burguesía, porque el control de la burguesía sobre los cultivos de agroexportación ha sido muy disminuido por la revolución aun antes del inicio del programa de ajuste. La reforma agraria, la priorización del Area Propiedad del Pueblo (APP) y el tratamiento a los empresarios como burguesía meramente administrativa de recursos estatales ha creado una situación en la que el campesinado y la mediana producción empiezan a ser la fuerza social principal no solamente en términos de población sino también de poder económico.

La UNAG, que incluye un sector de grandes productores patrióticos, controla los siguientes porcentajes de la producción nacional: café 52%, algodón 43%, ajonjolí 95%, y más del 60% del sector ganadero. El cuadro 3 demuestra la correlación de fuerzas en el sector agropecuario en termino del valor bruto de la producción.

-- Más a las clases urbanas que a las rurales.

-- Más a las capas medias y a los empresarios oligopólicos a través del empleo y subsidio estatal que al campesinado y a la pequeña y mediana producción en general.

-- Más a la clase trabajadora como agente del sector inforaml urbano que explícitamente como obrero asalariado.


--Más a las clases rurales que a las urbanas.

--Más al campesinado y a la pequeña y mediana producción que a los empresarios oligopólicos y a las capas medias.

-- Más a la clase obrera como asalariada que a ella como agente en el sector informal.




Todavía no hay información suficiente para hacer un análisis de la distribución del valor agregado o de la contribución real de las distintas clases de productores al PIB, pero es cierto que los campesinos y pequeños productores controlan un porcentaje mas alto del valor agregado del que indica el cuadro porque utilizan mucho menos insumos que el APP y la burguesía agropecuaria. En la medida en que el ajuste económico encarece los insumos importado, beneficia tendencialmente mas los pequeños productores y campesinos cuyo paquete tecnológico importado es menor que el de los otros estratos de productores. En este momento, aun no ha llegado para el campesino ese beneficio. Mas bien, experimenta mayo pobreza. Sin embargo, la lógica del ajuste los coloca a ellos, a mediano plazo, en situación ventajosa frente a la burguesía.

Dada esta estructura de la economía, las medidas de apoyo a la agroexportación no favorecen a la burguesía como muchos piensan equivocadamente sino a la alianza entre los obreros agrícolas del APP y los campesinos y pequeños y medianos productores, donde se concentra mas de un 83% de la agroexportación.

¿Hacia dónde vamos?

Consolidación de la alianza obrero - campesina y concertación con la burguesía

¿Qué significan estos cambios tendenciales en la correlación de fuerzas que se da entre las distintas clases sociales y en el sistema de alianzas del FSLN con cada una de estas clase sociales en la actual coyuntura? ¿Cómo se inserta el proceso de concertación dentro de una economía crecientemente dominada en términos estructurales por el Estado, el campesinado y la pequeña y mediana producción?

Abordamos estas preguntas desde las demandas económicas y las posibilidades de avance en esta coyuntura para la burguesía, el campesinado y la pequeña y mediana producción, la clase obrera y las capas medias urbanas.

La lógica del programa de 1989 se define como una concertación con la burguesía desde una recomposición de la alianza popular con obreros, campesinos, pequeños y medianos productores y profesionales. Aunque existe un 30% de la población cuyo poyo político al proyecto revolucionario ha mostrado ser invulnerable a los vaivenes de la economía, existe la urgente necesidad de una consolidación económica de la alianza fundamental de la revolución para poder llevar a cabo una concertación fructífera con los sectores mas eficientes y progresistas de la burguesía nacional y para restablecer las bases de la transición a una sociedad mas justa e igualitaria. La consolidación económica de la alianza popular no es un problema de la coyuntura popular no es un problema de la coyuntura política inmediata sino del mismo proyecto económico de la revolución.

La burguesía: propiedad, recursos y participación

La burguesía, dividida en las dos fracciones representadas por el COSEP y CORDENIC, pide tres concesiones del Estado:

1) garantías de su propiedad y congelación de la reforma agraria.
2) igual acceso que el Estado a los recursos económicos.

3) participación en la gestión de la empresa donde tiene colocado su capital y en los canales de comercialización internacional donde sea posible.

Según "La Prensa", que apoya mas al gremio del COSEP que al de CORDENIC, la concertación que ofrece el Estado solo sirve para dividir al bloque empresarial. Pareciera que CORDENIC va reemplazando al COSEP aunque agrupa a menos empresarios. El COSEP representa a un grupo de empresarios cuyos niveles de ineficiencia productiva no les permiten trabajar dentro de las nueve reglas del mercado. Justamente por eso el COSEP busca una negociación política con el sandinismo antes de entrar en una concertación económica. Por el otro lado, CORDENIC tiene entre sus filas a productores masa eficientes capaces de trabajar ahora con las reglas del mercado, como antes, en el período 1984-88, fueron capaces de invertir. CORDENIC, desde su capacidad empresarial real, esta dispuesto a entrar en la concertación económica como base para futuras negociaciones políticas.

Aunque es cierto que se han dado algunos pasos positivos para la burguesía en el proceso de concertación, como los contratos para el mantenimiento de las calles de Managua y las discusiones sobre posibles condiciones iguales par la burguesía comercial importadora frente a la tienda de dólares e iguales condiciones iguales con el APP para la exportación de arroz y sorgo, "envío" coincide con "La Prensa" que son concesiones parciales y poco sustanciales.

No coincidimos en que fueron concesiones hechas como "una invitación solapada a la división". No es la concertación lo que mas divide a los grupos empresariales sino el mercado. Las nuevas reglas del mercado obligan forzosamente a todos a la eficiencia y esto impacta muy negativamente sobre los empresarios de las lecherías tecnificadas, los sorgueros, los arroceros que usan el riego, los algodoneros empresariales que no pueden competir legalmente en el mercado con otros productores. De ahí la creciente división en las filas de la burguesía entre los mas eficientes, que aceptan el gobierno, y los menos eficientes, que prefieren la protección de "La Prensa" y de la embajada norteamericana a la perspectiva de esforzarse y tener que trabajar en un mercado que no les ofrece ni los privilegios del mercado capitalista ni los subsidios cuantiosos del período de la guerra.

La política de alianzas con la burguesía nacional nunca le abrió la posibilidad de volver a ocupar un puesto dirigente en la orientación de la economía. Existe, como antes de la concertación, un espacio para un capitalismo reformado o subordinado a los intereses populares. Por eso, el Comandante Borge declaró que la concertación no implica un recambio del política de alianzas con el sector empresarial dentro de la unidad nacional:

No hay cambios sustantivos, mas bien son de carácter tangencial, diría yo. Lo que cambia es la forma y el contexto de la alianza.

El nuevo contexto, según el Ministro del Interior, es la transición hacia la paz y la nueva forma es la negociación dentro de un mercado y un economía mixta que "sirven de marco de referencia a los diversos sectores socioeconómicos".

En el fondo, el giro hacia el mercado no beneficia en forma privilegiada a la clase empresarial porque después de 10 años de revolución y agresión norteamericana no existe un mercado de capital propiamente tal. No hay una bolsa de valores, no hay grandes concentraciones privadas de capital financiero privado fuera del de los Pellas, cuya descapitalización del Ingenio San Antonio demuestra no solamente el error económico, aunque no político ni jurídico, de ofrecer una compensación por él, sino la inexistencia hoy en día en Nicaragua de un mercado de capital que no sea estatal. El giro que se da hacia el mercado es la liberalización de un mercado correspondiente a la pequeña producción mercantil, que en las condiciones que impone la actual crisis internacional no podría evolucionara hacia un mercado de capital aun en el caso de que no existiera la revolución.

Esta distinción entre los dos tipos de mercado es un punto teórico clave en el Marx de "El Capital" y crucial para captar las tendencias dentro de la concertación económica en la Nicaragua de 1989. La lógica del mercado de capital es la acumulación de dinero en el ciclo de d-m-d (dinero --> mercancía --> dinero), mientras que la lógica del mercado de la pequeña producción mercantil es la circulación e intercambio de mercancías en el ciclo m-d-m (mercancía --> dinero --> mercancía). En la segunda lógica, el dinero es un medio y no un fin en sí mismo. Como señala el Comandante Borge: "Desde siempre, la teoría del socialismo científico superó la idea de asociar las relaciones mercantiles sólo al capitalismo, como si éstas fueran ajenas al socialismo. Podríamos montarnos en la Nueva Política Económica de Lenin, y en otros momentos históricos, en los que se demuestra que las relaciones monetario-mercantiles son relaciones objetivas. De lo que se trata es de emplearlas de una forma consciente y evitar que operen de una manera ciega. Los mecanismos de mercado los emplea el capitalismo a favor de la reproducción del propio sistema y de los grupos dominantes, así como el socialismo los emplea para sus propios fines."

El desplazamiento de los empresarios y de las capas medias urbanas por los campesinos y medianos productores representa en nuestra opinión un avance hacia el socialismo en esta sociedad. Este nuevo balance de clases, el estilo no estatizante y el ritmo mas lento pero mas extenso de socialización de los medios de producción muestra que los sandinistas, espontáneamente y desde su método pragmático, se cercan mas a los de Lenin y Bujarin de los años 20 que a los de los Preobrashenski y Stalin de los 30. Aunque la rehabilitación de Bujarin por Gorbachov representa en la URSS poco mas que el reconocimiento de los errores del pasado y de la necesidad de utilizar mas ágilmente el calculo económico, en Nicaragua podríamos estar iniciando una transición al socialismo del tipo soñado por él y por las fuerzas mas creativas de la primera revolución socialista, sepultada por el estatismo, el positivismo y el anti-campesinismo de Stalin.

El campesinado: precios y vía socialista de Reforma Agraria

El campesinado y la mediana producción representados por la UNAG están pidiendo del Estado exportación de sus granos básicos para que los precios de los productos de consumo interno, al igual que los productos de agroexportación, alcancen sus niveles internacionales. Está pidiendo que las reglas del mercado se apliquen a todos por igual. La otra gran demanda del campesino es que el Estado renuncie a su modelo de reforma agraria empresarial tipo mexicano, chileno y peruano a favor de una vía socialista de reforma agraria. En todos los procesos revolucionarios, la primera etapa del reforma agraria fue la parcelación de la tierra y la democratización de la estructura agraria y de los mecanismos del control estatal sobre el campesinado.

En la URSS, durante los primeros 10 años de la revolución, hubo parcelación masiva. En China, la primera etapa fue igual. En Bulgaria, Checoslovaquia y todos los países de Europa de Este el mecanismo inicial fue la parcelación de las tierras y la formación de cooperativas de crédito y servicios. En Nicaragua no fue así y ahora el campesinado esta exigiendo que se lleve a su plena realización el proceso de democratización apenas iniciado. De hecho, el campesinado no esta exigiendo expropiaciones en el sector privado sino acceso a y en forma creciente a la parcelación de las tierras estatales que se encuentran ociosas o muy subutilizadas. Está exigiendo acceso democrático al crédito y el fin de las cartas tecnológicas de técnicos que en vez de potenciar la fuerza de trabajo campesino les obligan a convertirse en obreros o miembros de cooperativas de producción con la misma tecnológica y las mismas ineficiencias del sector estatal o de la burguesía.

A la par de la presión sobre el APP, el campesinado exige la flexibilización del esquema de cooperativas de producción. El nivel de ociosidad de las tierras de la cooperativas es un fiel reflejo de la demanda de mas democracia en la forma organizativa de esas cooperativas. Muchos campesinos prefieren organizarse en cooperativas de crédito y servicios (CCS), donde existen parcelas individuales, en vez de en cooperativas de producción (CAS), con su esquema de colectivización de la tierra y la fuerza de trabajo y con su mayor dependencia del banco. En forma progresiva se va dando la parcelación en las cooperativas de producción CAS, sin que éstas pierdan la estructura de servicios colectivizadas. Las CAS se van convirtiendo en CCS con niveles altos de socialización del capital y los servicios. Esta tendencia afecta solo una parte de las CAS y existen ya muchas CAS que han logrado estabilizarse como unidades colectivas.

Los beneficiarios del nuevo programa del MIDINRA de integrar más miembros en las cooperativas de producción que tengan tierras ociosas son en su mayoría desempleados del sector urbano; los campesinos subempleados prefieren el acceso a la tierra en parcelas y no aceptan integrarse en la CAS. El avance de la organización del campesinado dependerá en gran parte de los avances en la cesión a los campesinos de tierras del APP y en la democratización de los servicios estatales hacia el sector cooperativo y el campesino no organizado.

Tanto en la demanda del campesinado de precios internacionales como de democratización de la reforma agraria, el Estado encuentra el espacio de maniobra para su concertación con la burguesía y para la consolidación de su alianza fundamental con el campesinado. Por un lado, puede garantizar a la burguesía que la reforma agraria no tocara sus tierras y por otro lado puede satisfacer la demanda fundamental de los campesinos: la profundización de la democracia y el inicio de la reforma agraria económica.

Como explicó el Comandante Alonso Porras, viceministro del MIDINRA: "Si un campesino esta sin tierras y se necesitan sus brazos para consolidar cooperativas, en vez de afectar a un propietario se refuerzan las cooperativas. O si es necesario compactar las empresas del Estado para que sean mas eficientes, pues démosle respuestas a ese campesino, cediéndole áreas del Estado que no se están trabajando a todo su capacidad."

El 9 de febrero, en un debate sobre la concertación con las fuerzas fundamentales de la revolución, el presidente de la UNAG, Daniel Nuñez, aseveró que no hay necesidad de expropiar a productores privados porque existen centenares de miles de manzanas del APP que se encuentran ociosas, particularmente en el interior del país, donde esta el porvenir económico del pueblo nicaragüense.

La nueva dirección de la reforma agraria consiste en consolidar la fase de reforma agraria política con una nueva fase mas democrática de una reforma agraria económica. Como veremos mas adelante, tanto en esa reorientación de la reforma agraria como en el permitir que los precios alcancen sus niveles internacionales, la concertación con la burguesía y la nueva política hacia el campesinado como agente principal del proceso de cambio permiten afianzar el carácter socialista del pueblo nicaragüense.

La clase obrera: desarticulación del modelo urbano - industrial Yy confusión de los militantes

La clase obrera exige del gobierno una recuperación de sus salarios reales y el empleo estable en un momento en el que se da una contracción fuertísima de las empresas industriales mas grandes e importantes del país, sin mencionar la quiebra de miles de pequeñas empresas. Esas empresas, grandes y paciencia, depende de insumos importados y no pueden mantener sus niveles de rentabilidad frente a la revaloración de estos insumos debido a las múltiples devaluaciones y frente a una seria caída de la demanda interna a causa de la reducción de la sobremonetarización de la economía. La consigna de ligar el salario a los niveles de rentabilidad de las empresas desmoviliza a la clase obrera porque de hecho todas las empresas son poco rentables.

Con la desarticulación del modelo urbano-industrial que dependía de los subsidios y de los términos de intercambio desiguales con el campo, surge una gran confusión en las filas de la clase obrera, tanto entre militares como en las bases. Los reclamos son hoy por salario y empleo cuando el único camino de presión realista va por un mayor participación en las empresas, por la reestructuración de los procesos productivos y por nuevas exigencias y control sobre las capas técnicas de las empresas.

De hecho, existe en la ciudad y en el campo un espacio para incrementar los salarios productivos mas allá de un 50% de la canasta de subsistencia recortando las ineficiencias de la administración de las empresas en el uso de insumos y en la contratación del personal de capas medias cuya productividad en el empleo de oficinistas deja mucho que desear.

Falta, sobre todo, una nueva imagen de una transición agraria al socialismo que podría facilitar la reubicación en el campo de los desempleados, proceso que costará una década y no ser posible sin una inmensa labor ideológica en el seno de los sindicatos y del mismo FSLN.

En esta coyuntura, los reclamos ultraizquierdistas del Frente Obrero y del MAP para que el Estado garantice empleo en el sector industrial y en el Estado solo colocan a estos sectores como la vanguardia de la confusión militante no sólo en su oscurantismo tecnológico sino también en su análisis, que concluye que la tensión principal de la coyuntura se da entre la burguesía y la clase obrera, cuando el problema central es el reajuste de fondo de todo el sistema de alianzas de la revolución, particularmente con las capas medias.

Las capas medias urbanas: la clase que tiene más que perder

En este momento las tensiones de clase mas importantes no están estallando entre los obreros y la burguesía sino entre el campesinado y las capas medias urbanas. El desbalance entre la distribución de los recursos a favor de los sectores improductivos significaban en el fondo que las capas medias urbanas seguían comiendo una desproporcionada parte de la torta nicaragüense. Asimismo, los recortes aun mas radicales del presupuesto improductivo del Estado empiezan a parecer, cada vez mas, como la única salida a la hiperinflación y esos recortes impactaran muy fuertemente sobre las capas medias urbanas. Peor las capas medias han sufrido el impacto de las medidas económicas de manera desigual.

Como una primera aproximación, se pueden dividir las capas medias urbanas en cinco grandes fracciones:

-Las capas medias tecnocráticas y empresariales del Estado.

-Las capas medias tecnocráticas de la empresa privada y del sector informal.

-Las capas medias militares.

-Las capas medias institucionales (maestros, profesores, trabajadores de la salud, funcionarios no profesionales del aparato estatal, etc.).

-Las capas medias del sector informal acomodado.

Todas estas fracciones de las capas medias dependen del presupuesto publico, incluyendo a los miembros del sector informal acomodado, porque los ingresos percibidos por el resto de las capas medias representan la demanda efectiva que estimula la inflación de los precios de los bienes y servicios del sector informal. Por decirlo de otra forma, desde 1989 ha existido una alianza económica entre la expansión del empleo publico y el crecimiento incontrolable del sector informal.

A lo largo de 1988, las capas medias mas impactadas por las medidas económicas fueron las capas medias institucionales, especialmente los maestros y trabajadores de la salud, y en un menor grado, las capas medias del sector informal urbano acomodado. En los recortes, de enero de 1989 y los futuros recortes, se prevé que se van a efectuar mucho mas que antes los recursos que manejan las capas medias tecnocráticas y militares. De igual forma, los recursos materiales que manejan las capas medias institucionales se hacen cada vez mas desproporcionados en la medida en que sus números vayan descendiendo. La denuncia de un miembro del Partido Conservador en la Asamblea Nacional de que había 1.200 vehículos a la disposición de solo 4 mil trabajadores del MIDINRA indica una realidad que es común al conjunto del sector publico.

A principios de los 80 la revolución se enfrento con la burguesía. Para continuar siendo revolución a principios de los 90 tendrá que enfrentarse, hasta cierto punto con las capas medias urbanas. Esto significará, en parte, la posibilidad de chocar con una parte muy sustancial de su propia base política. Este enfrentamiento tendrá dos aspectos: traspaso de recursos desde las capas medias hacia otras clases y profundización de la conciencia socialista y revolucionaria de las capas técnicas y empresariales de la administración publica. Sin un salto de conciencia y de capacidad gerencial no será posible la reestructuración industrial y la agilización de los servicios estatales para la producción tan necesarias para el reajuste de alianzas de clase que incorporará a una economía mixta a un bloque hegemónico de campesinos, pequeños productores y obreros y concertará con las capas medias que aceptan la hegemonía popular y la burguesía que defiende un proyecto nacional.

Como se señaló arriba, la lucha ideológica será crucial en medio de esta transformación de las alianzas de clases. Es preciso que se transforme el sentir de ciertos sectores de las capas medias urbanas que se sienten traicionadas por el proceso revolucionario con una toma de conciencia de que mas bien son las capas medias supuestamente progresistas las que han traicionado la alianza obrero-campesina. Sólo desde esa posición mas honesta en la creatividad de las capas medias profesionales progresistas tan necesarios en la reactivación de la economía.

Hasta ahora la revolución no ha podido desarrollar en forma coherente un esquema de economía mixta sin subsidios que beneficie claramente a los campesinos y a los obreros. Todavía no se perfila la nueva estrategia productiva que tendrá que acompañar el reordenamiento de los precios relativos y el intento de frenar la inflación. Falta hoy en día un nuevo código productivo e ideológico capaz de movilizar al pueblo. Es probable que el pleno desarrollo de un modelo económico propiamente sandinista dependerá de la conclusión del reajuste en el sistema de alianzas que ya ha empezado.

Los cambios señalados aquí son tendenciales y su pleno desarrollo se alcanzará no en meses sino en años. En este sentido, la concertación económica de 1989 no es una táctica cortoplacista sino un reto a mediano plazo de ensayar un modelo de economía mixta que pueda servir como instrumento estratégico para la integración económica centroamericana en una nueva clase de autodeterminación y justicia social.

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