Envío Digital
 

Revista Envío
Edificio Nitlapán,
2do. piso
Universidad Centroamericana
UCA

Apartado A-194
Managua, Nicaragua

Teléfono:
(505) 22782557

Fax:
(505) 22781402

Email:
info@envio.org.ni

Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 92 | Marzo 1989
Inicio Escribanos Archivo Suscribase

Anuncio

El Salvador

La hora de la paz negociada

A pesar de que en 1988 la guerra civil siguió siendo el aspecto mas determinante de la vida de El Salvador, los procesos electorales modificaron seriamente el proyecto contrainsurgente e imprimieron un carácter marcadamente político al año 88.

Equipo Envío

Dividimos los principales hechos de este año político en función de las elecciones. Quedan así tres períodos: primero, de enero hasta marzo, cuando tienen lugar las elecciones para diputados y alcaldes; segundo, de marzo hasta octubre, cuando comienza de hecho la campaña presidencial con la designación de los principales candidatos; y, tercero de octubre hasta diciembre, con el desarrollo de la campaña presidencial. En los comienzos de 1989, la audaz propuesta del FMLN que buscaba incidir en el mismo proceso electoral, dio un giro de suma importancia la coyuntura del país.

Enero - marzo: la derrota electoral del PDC

Desde los dos últimos procesos electorales, en 1984, con la elección de Duarte para presidente y en 1985, con el triunfo en las elecciones parlamentarias y para alcaldes, la Democracia Cristiana (PDC) tuvo que asumir ante el pueblo la responsabilidad de los fracasos políticos experimentados, en particular respecto de sus dos principales promesas pragmáticas: terminar con la guerra civil y mejorar o al menos paliar la crisis económica que afectaba a las grandes mayorías de la población.

La campaña para diputados y alcaldes no se centró en el fracaso de la guerra, pues esto suponía emitir alguna forma de juicio negativo sobre el desempeño de la Fuerza Armada, que se había mostrado incapaz de resolver militarmente el conflicto. Los partidos de "oposición", principalmente la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), se centraron mas bien en el fracaso de las políticas económicas del gobierno sobre todo en aquellos aspectos vinculados con la reforma agraria y la nacionalización del comercio exterior y de la banca.

La estrategia siguió una doble dirección. Primero mostrar el fracaso de la política gubernamental, atribuyéndolo a la corrupción de la dirigencia demócrata cristiana. Segundo, ofrecer una alternativa progresista: "cambiemos para mejorar" fue el eslogan político utilizado por ARENA, que encontró una buena acogida en la población salvadoreña.

La victoria de ARENA fue abrumadora, sobre todo si se comparan los datos en 1988 con las elecciones anteriores de 1985.



Puesto que el total de votos emitidos en 1988 (59% de los votos empadronados y 51% de los posibles) fue ligeramente inferior al de 1985, el cambio entre una y otra votación estriba sobre todo en que muchos de los que votaron por el PDC en 1985 lo hicieron en esta ocasión por ARENA. ¿Puede pensarse en una "derechización" del electorado salvadoreño? La interpretación mas generalizada y aceptada es que se trato de un "voto de castigo" y que ese voto se inclinó por el partido que mas adecuadamente representaba la oposición al gobernante PDC dentro del marco legal establecido.

La victoria electoral de ARENA tuvo varias consecuencias significativas en la evolución política del país. Ante todo, confirmó que, tras nueve años de guerra, el régimen no parece tener mas alternativa para su supervivencia que devolver el poder al mismo sector social y a los mismos intereses de clase que lo detentaron con anterioridad a 1979.

En segundo lugar, valió por el momento la estrategia de moderación asumida por ARENA para recuperar el poder del Estado tras su repetido fracaso por lograr ese poder formal con su ala y su ideología mas radicales. En tercer lugar, la victoria confirma que, para efectos del proyecto contrainsurgente que se desarrolla en el país, propugnado y financiado fundamentalmente por Estados Unidos, y, por tanto, de cara a los problemas principales del país, ARENA y el PDC se encuentran del mismo lado del espectro político y pueden alternarse en el ejercicio del poder formal. Quizá la diferencia entre ellos estriba en que los problemas que ocasiona la gerencia de uno y otro son distintos: el problema del PDC radica en su incapacidad para lograr el apoyo del capital salvadoreño, mientras que el problema de ARENA se cifra en su mala imagen internacional. Es probable que un triunfo de ARENA en las elecciones presidenciales erosione gravemente el consenso bipartidista en el Congreso de los Estados Unidos frente al conflicto salvadoreño y que la conjunción de ARENA y un ejercicio comandado por los oficiales mas duros ("la tandona") haga a estos factores de poder menos dóciles respecto de la estrategia norteamericana.

Abril - septiembre: la crisis gerencial

El papel de fachada del poder político formal frente a la realidad fundamental de El Salvador se puso claramente de manifiesto tras las elecciones de marzo. Durante dos meses los partidos políticos se debatieron en una controversia respecto a quien había ganado un diputado, ya que si la ganadora ARENA, ello le daba una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa. El problema se resolvió en toma de opereta tragicómica, cuando, antes de que se tuviera un dictamen definitivo -que favoreciera ARENA- un diputado del PDC se pasó a la bancada arenera, con lo que el diputado adicional era ya innecesario para lograr la mayoría.

En el entretanto, el marasmo político llegó al extremo de que se constituyeran dos "Asambleas", cada una clamando por su legalidad. El hecho de que durante ese período de crisis política no ocurriera nada, es decir, que el país pudiera seguir funcionando, no significa que hubiera un vacío de poder, sino mas bien que el poder real en El Salvador no radica en el aparto político del Estado. A todas luces era claro que el arbitro de la contienda era la Fuerza Armada y, tras ella, el gobierno de los Estados Unidos. Si los llamados exaltados de algunos radicales de derecha a un golpe de estado no encontraron eco, no fue por un respeto de los militares al ordenamiento constitucional, sino sencillamente porque hubiera sido un golpe al vacío, para lograr un poder que de fondo ya estaba en las manos de la propia Fuerza Armada, aunque si hubiera creado graves problemas de imagen y relaciones internacionales.

Tras su abrumadora derrota de marzo, el PDC entró en un acelerado proceso de desintegración. Quienes habían dirigido la campana electoral, a cuya cabeza estaba Adolfo Rey Prendes, trataron de justificar la derrota apelando a factores coyunturales, peor negándose a asumir el veredicto que sobre su actuación gubernamental establecía la votación. Lo que estaba en juego en el fondo era tanto la dirección del partido como la candidatura para las ya próximas elecciones presidenciales. Se desató así en el PDC una confrontación interna, ya invocada tiempo atrás, que opuso a los partidarios de Rey Prendes con los de Chávez Mena. La confrontación se extendió a todos los niveles del PDC y se reflejó en asambleas de una y otra facción.

La gravedad de la crisis se puso de manifiesto en el fracaso del mismo Duarte, máximo dirigente de la Democracia Cristiana, por imponer una solución conciliatoria con un tercer candidato, Abraham Rodríguez. La enfermedad mortal del presidente, confirmada en junio, no hizo sino simbolizar la enfermedad de su partido. Cuando al fin se impuso la facción de Chávez Mena, Rey Prendes decidió escindirse en un nuevo partido, el Movimiento Autentico Cristiano (MAC), y arrastró consigo a la mayoría de los diputados democristianos recién elegidos, lo que dejo al PDC con una representación mínima en la Asamblea Legislativa y facilitó la estrategia partidista de ARENA de cara a las elecciones presidenciales.

En este marco de crisis total, empieza a cobrar fuerza la idea de alguna forma de alianza entre sectores sociales no involucrados directamente en la confrontación. La iniciativa del Arzobispo de San Salvador par realizar un Debate Nacional entre grupos representativos de los diversos sectores de la sociedad salvadoreña encontró una buena acogida y tan solo la extrema derecha vio en esta convocatoria un peligro par su estrategia de recuperación del poder, atacando violentamente la iniciativa eclesiástica. El Debate Nacional consiguió movilizar a mas de 50 grupos (profesionales, sindicales, universitarios, eclesiales, etc.), con diferentes inclinaciones políticas, y alcanzo unos significativos acuerdos mínimos de cara al logro de la paz en el país. Su éxito hizo que los propios partidos políticos tuvieran que reconocer su importancia como expresión de la voluntad de una buena parte de la población salvadoreña y, por tanto, como criterio para los programas de sus futuras campañas presidenciales.

Octubre - diciembre: hacia el recambio

Aun cuando la campana presidencial no se abriría oficialmente hasta el mes de noviembre, ya en septiembre, los partidos, sobre todo el PDC y ARENA, empezaron a romper las primeras lanzas electorales. Al candidato del PDC, Fidel Chávez Mena, ARENA opuso un candidato de su línea moderada, Alfredo Cristiani. El resto de candidatos de estos partidos no representen mas que comparsas en el juego electoral, sin ninguna posibilidad real de aspirar a la presidencia.

La mayor novedad fue la participación de tres partidos de izquierda moderada, el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), el Movimiento Social Cristiano (MSC), y el Partido Social Demócrata (PSD), coaligados como "Convergencia Democrática" (CD). El MNR y el MPSC son integrantes del Frente Democrático Revolucionario, FDR, que ha mantenido desde 1980 una alianza con el FMLN, y su participación en el proceso electoral tiene lugar sin que hayan roto, sino conservando expresamente esa alianza. El FMLN no apoyó esta participación electoral por el riesgo de que legitimara las elecciones, pero no la boicoteo por el interés en ver hasta donde podía llegar los espacios políticos y para respetar la condición de autonomía en la alianza con el FDR.

Por otra parte, la ofensiva militar del último trimestre del año fue, sin duda, la mas consistente desarrollada por el FMLN a lo largo de todos los años de guerra. Particular importancia tuvo la intensidad del sabotaje al sistema de energía eléctrica y, sobre todo, los ataques a centros militares en El Salvador. El ataque al cuartel central de la Guardia Nacional, a la base aérea del Ilopango y al Estado Mayor constituyeron hechos de innegable significación política y militar, mostrando un alto grado de efectividad y eficiencia bélica.

Situación socioeconómica: deterioro del nivel de vida

Siguiendo e incluso acentuando la tendencia de años anteriores, el presupuesto general del país durante 1988 se orientó hacia las exigencias de la guerra. Como puede verse, el rubro dedicado a defensa y seguridad aumentó todavía mas su porción ya mayoritaria. Y debe tenerse en cuenta, como en años anteriores, que este presupuesto no muestra las llamadas "partidas secretas", los fondos asignados nominalmente a otros rubros, pero que directa o indirectamente se aplican a la guerra ni, sobre todo, el presupuesto militar paralelo proveniente de la ayuda norteamericana y que en su mayor parte se dedica a las necesidades de la guerra.



Algunos de los principales indicadores oficiales sobre la actual situación económica comparados con la de los dos años anteriores, muestran que el producto interno bruto experimento un moderado crecimiento del 3%. Sin embargo, el PIB por habitante siguió descendiendo, aunque en una relación menor que en los años anteriores. En conjunto, la balanza comercial del país ha seguido deteriorándose.



De acuerdo a una serie de encuestas realizados en el primer trimestre del año por el Ministerio de Planificación, el 12.6% de una muestra de empresarios salvadoreños consideraba que el nivel de su producción había sido superior que el año anterior, mientras que e. 47.3% juzgaba que había sido inferior. Los resultados de las encuestas realizadas el segundo semestre fueron similares. Más aún, mas de la mitad de los entrevistados (el 55.4%) indicó que no tenía planes de inversión para el futuro cercano.

El siguiente cuadro presenta la evolución mes con mes de los precios al consumidor, lo que ofrece un índice sobre la inflación experimentada por el país en los 4 últimos años. A pesar de que la tasa es relativamente alta (un poco por encima del 20%), no cabe duda de que éste es uno de los pocos rubros en los que el gobierno ha obtenido un resultado aceptable, sobre todo si se compara con el de otros países del área.





La capacidad adquisitiva de los salarios sigue reduciéndose año con año. Esta es la experiencia de la mayor parte de la población salvadoreña. Una de las condiciones que más afectó al campesinado y, en general, a los sectores de bajos recursos a lo largo del primer semestre del año fue la pérdida de la anterior cosecha de frijoles y de otros granos básicos a causa de la sequía. La libra de frijoles, uno de los ingredientes esenciales de la dieta popular, llegó más que a duplicar su valor (de 1.90 colones la libra en enero pasó a costar 4.25 colones en junio), con lo que su adquisición se volvió prohibida.

No puede decirse que la gravedad de la situación económica se haya visto reflejada en un mayor nivel de conflictividad laboral. Respecto a 1987 (100 paros), el numero de conflictos laborales en 1988 (71 paros), fue relativamente moderados. La conflictividad social si ha aumentado, haciéndose mucho mas intensas y radicales las movilizaciones populares y extendiéndose de San Salvador a varias otras ciudades importantes. El malestar social parece haberse canalizado por otros conductos. Por un lado, con el "voto de castigo" emitido contra el partido gobernante en las elecciones de marzo. Por otro, con un incremento en la incorporación a las filas del FMLN. Por supuesto, no es posible tener un calculo realista sobre este incremento, pero tanto el accionar del FMLN en el campo, como su incremento en las zonas urbanas es un indicador de que han podido contar con los hombres necesarios para la renovación de sus filas y la expansión de sus operaciones.

Situación militar: el FMLN más fuerte que nunca

La Fuerza Armada reportó en 1987 haber causado la muerte de 1,004 guerrilleros y haber herido a otros 670. En 1988 informó sobre 914 muertos y 702 heridos. Por su parte, el FMLN dijo haber causado en 1988, 7,932 bajas a la Fuerza Armada, sin especificar si se trataba de muertos o heridos. En 1987 informó de unas 8,080 bajas.

No es del caso aquí debatir la fiabilidad de unas y otras cifras, aunque probablemente ambos informes estén algo inflados. De parte de la Fuerza Armada, con bajas inexistentes o calificando como miembros del FMLN a muertos de la población civil. De parte del FMLN asumiendo como bajas (heridos) indicios no probados o lesiones menores. Pero, cualesquiera sean las cifras finales ofrecidas por unos y otros, y aun cuando se asuman las cifras mas conservadoras de parte y parte, el hecho es que se trata de números elevados, que indican que la guerra se ha estabilizado en un alto nivel de mortandad.

El hecho de que el numero de bajas no se haya incrementado respecto a 1987 no significa que la guerra no se haya profundizado. En varios capítulos se ha producido una evolución y, en un balance final, probablemente esta evolución es mas favorable al FMLN que a la Fuerza Armada (FA).

Ante todo, parece evidente que la FA ha encontrado un techo a sus posibilidades de crecimiento cuantitativo y ha experimentado ciertas dificultades para reponer las bajas sufridas. El reclutamiento forzoso a la manera de cacería es una de las practicas mas antipopulares y que mas hostilidad le ganan. Es muy posible, también, que la ayuda militar norteamericana haya llegado a su cima y que, en el futuro, esa ayuda se dé en cantidades significativamente menores.

Por el contrario, todos los indicadores apunta a que el FMLN ha experimentado una significativa incorporación a sus filas, aunque esa incorporación sea, por supuesto, en números muy inferiores a los de la FA. A diferencia del reclutamiento de la FA, la incorporación al FMLN es por lo general voluntaria, lo que representa una seria ventaja ideológica que influye en la moral del combate. Otro aspecto importante de la incorporación al FMLN durante 1988 es que se ha producido en buena medida en las áreas urbanas, lo que ha permitido al FMLN incrementar sus acciones en las ciudades sin tener que trasladar cuadros de otras zonas.

El sabotaje al sistema económico desarrollado por el FMLN ha adquirido un volumen notable. El sistema de distribución de energía ha sido particularmente afectado. Según el informe final del FMLN, a lo largo de 1988 habrían destruido 2,168 estructuras del tendido eléctrico. De hecho, ha sido rara la semana del año en que la propia capital, San Salvador, no ha sufrido intermitentes cortes del suministro, con los consiguientes trastornos a la actividad económica. Significativo ha sido también el incremento del sabotaje a los centros de producción agraria.

El FMLN desarrolló en 1988 cinco paros nacionales al transporte, tres de los cuales, por lo menos, tuvieron una extraordinaria efectividad, incluso en el área metropolitana de San Salvador. Según informes gremiales, 32 buses habrían sido total o parcialmente destruidos en la capital a lo largo de 1988 por causa de los paros; el propio FMLN se atribuyó la destrucción de 59 vehículos además de 28 maquinas ferroviarias. Habría destruido también 6 puentes, 53 oficinas telefónicas y 36 alcaldías municipales. Toda esta actividad de sabotajes ha obligado a la FA a multiplicar los puntos que debe cuidar debilitando su capacidad ofensiva y volviéndola mas vulnerable en todo el territorio nacional.

El dato militar mas importante de 1988 es la nueva capacidad demostrada por el FMLN para operar en San Salvador y, en menor escala, en otras ciudades del país, atacando con un mínimo de efectivos y una notable efectividad los propios centros neurálgicos de la FA, sin por ello disminuir sus operaciones y embocadas en las zonas rurales del país. El ataque al cuartel central de la Guardia Nacional, el ataque a la base aérea de Ilopango y el ataque al Estado Mayor, todos ellos en San Salvador y en un lapso relativamente corto de tiempo, utilizando "coches-bombas" y morteros o granadas lanzadas con catapultas por los comandos urbanos, son, entre otras mas, accione que indican un salto cualitativo del accionar militar del FMLN. El ataque en mayo a la presa hidroeléctrica "5 de Noviembre" y la destrucción por tercer vez en septiembre del cuartel de la 4ta. Brigada en Chalatenango tuvieron también gran significación.

Todo esto indica que el FMLN ha sido capaz de compensar una y otra vez los desarrollos cuantitativos y cualitativos experimentados por la FA con la ayuda millonaria de los Estados Unidos. Si además se considerara que la Fuerza Armada salvadoreña desarrolló un fuerte estratégico en el año 88 hacia zonas de retaguardia del FMLN (Chalatenango y Morazán) sin conseguir su objetivo de debilitarlo para quitarle fuerza cuando llegara el momento de la campaña presidencial y de las elecciones, se puede concluir que en el momento actual de la guerra el ejército esta perdiendo la iniciativa. Mientras tanto, el FMLN hace llegar la guerra a las ciudades para estar en condiciones de integrarla con un probable proceso de movilización social que podría terminar en un estallido social.

El éxito y consistencia de la nueva campaña militar del FMLN y, sobre todo, sus ataques a los centros neurálgicos de la FA en San Salvador han empañado y minimizado la importancia que algunos analistas concedían al recambio operado en la cúpula de la FA. Se consideraba que la subida de "la tandona", una generación mas militarista y cercana a ARENA que la que había copado el alto mando en los últimos años, significara un claro cambio de estrategia militar que algunos formulaban como un paso de la guerra de "baja intensidad" a una de "alta intensidad". No ha sucedido esto, aunque no puede descartarse sobre todo si en las elecciones presidenciales triunfara el candidato de ARENA. Por otro lado, tampoco puede descartarse que ARENA, con menor dependencia de los Estados Unidos que el PDC, inicie con el FMLN negociaciones de paz mas serias.

1988 supuso un serio retroceso para la pretendida política de respeto a los derechos humanos de los gobiernos salvadoreños y norteamericano. Todos los organismos humanitarios, incluida la propia comisión gubernamental, tuvieron que reconocer el empeoramiento de la situación en este aspecto. Sin que se pueda decir que se ha regresado al terror masivo de 1980-1982, se produjo un incremento significativo en el numero de asesinatos políticos, atribuibles a los "escuadrones" o a la misma FA.

Esta tendencia, observada entre organismos por la CIDH en el primer semestre, se mantuvo en el segundo, se agravó en los dos últimos meses del año y en la ultima semana de diciembre volvieron a aparecer comunicados amenazantes de tres organizaciones anticomunistas, ARDE, COSOR y la MAC, reaparecieron cadáveres de personas discapacitadas y con claras señales de tortura, y fueron dinamitados por "hombres fuertemente armados vestidos de civil" un edificio de la Universidad de El Salvador y la iglesia Luterana donde trabaja el Obispo Medardo Gómez. La masacre de San Sebastián en septiembre -10 campesinos asesinados por el ejército- fue tal vez el hecho mas grave, sobre todo por la negativa del ejército a reconocerlo y a someter a la justicia a los responsables. El crimen tuvo repercusiones en la campaña electoral y creó al gobierno de Estados Unidos mas dificultades en presentarse como eficaz en cambiar el carácter brutal del ejército salvadoreño.

También el FMLN se enfrenta a acusaciones de violar los derechos humanos, especialmente por el ajusticiamiento de 8 alcaldes. Los revolucionarios responden que se trata de objetivos militares por jugar el papel de contrainteligencia en la guerra.

Año 1988: la crisis en la crisis

Se han ofrecido diversas interpretaciones sobre el significado de los acontecimientos de 1988 para el proceso político de El Salvador.

1) Para las fuerzas gubernamentales, el que no se produjera un golpe de estado durante el marasmo que siguió a las elecciones de marzo y el que se pudiera iniciar la campaña presidencial con la participación del proceso de democratización del país.

2) Para las fuerzas representadas por ARENA, 1988 constituye un año de progreso hacia la derrota del reformismo democristiano y, por tanto, un año de transición hacia el restablecimiento de un régimen capitalista liberal.

3) Para las fuerzas revolucionarias, el fracaso electoral del partido gobernante en las elecciones de marzo y su ulterior desintegración, representa la derrota del modelo fundamental sobre el cual se asienta el proyecto contrainsurgente norteamericano para el país. Si a esto se añade el múltiple desgaste causado a proyecto por la pérdida de iniciativa estratégica del ejército en la guerra y por el avance cualitativo de la integración entre guerra rural y guerra urbana y entre guerra y agitación social cada vez más radical, el FMLN concluye que 1988 ha supuesto un tremendo resquebrajamiento de las posibilidades de éxito del proyecto contrainsurgente.

4) Para otros analistas, 1988 ha sido un año de transición, lo que no significa "que no hayan ocurrido cosas importantes", sino que no son importantes "tanto en sí mismas como en lo que tienen de preparación y prefiguración de otras".

Digamos dos palabras sobre cada una de estas interpretaciones.

-Resulta poco realista afirmar que el no hay ocurrido un golpe de estado y el que se produzcan elecciones con la participación de la izquierda pone de manifiesto un avance en el proceso de democratización. Elecciones ha habido en los momentos mas álgidos de terrorismo masivo (1982). Y que la FA no haya dado un golpe de estado no indica que respete las reglas del juego democrático, sino que poco poder adicional podía conseguir asumiendo el poder formal del poder ejecutivo, y si echarse encima otros muchos y graves problemas. No se puede negar que la participación de los partidos de izquierda en la elección presidencial constituya un avance, pero la precariedad y condicionamientos de esa participación obliga a interpretarla mas como consecuencia de la necesidad del proyecto de abrir espacios políticos que como una prueba de la existencia de democracia en el país.

-Es cierto que el reformismo promovido por el PDC ha fracasado como alternativa socio político, pero ese fracaso se arrastra ya desde hace mas de tres años, quizás desde que la Asamblea Constituyente neutralizó algunos aspectos cruciales de las reformas y sobre todo, desde que la prolongación de la guerra las volvió inoperantes. La victoria de ARENA sobre el PDC no expresaría entonces una derrota del reformismo cuanto un triunfo de la extrema derecha por recuperar la hegemonía al interior del bloque en el poder y por volverse aceptable a Estados Unidos como alternativa gerencial a la Democracia Cristiana, lo que le ha requerido un cambio en su liderazgo y una moderación en su discurso político.

-El planteamiento revolucionaria tiene un grado de objetividad innegable. Sus puntos menos convincentes son: primero, el hecho de que el desgaste del ejército nunca tendrá probablemente tal nivel como para posibilitar su derrota militar. Segundo, si además de con la guerra tiene el ejército que enfrentarse con un estallido social, es un interrogante el grado de extensión que tal estallido pueda alcanzar entre las masas. Tercero, si el proyecto contrainsurgente consigue realizar elecciones similares a las de 1984 en participación, puede recibir un impulso nuevo, sobre todo en el caso de una victoria de Chávez Mena en la segunda ronda.

-Calificar 1988 simplemente de año de transición es correcto, en el sentido indicado de "preparación y prefiguración" de hechos ulteriores, pero quizás no es el calificativo mas afortunado, sobre todo en la medida en que no expresa adecuadamente la importancia de la derrota del gobierno de Duarte y la desintegración del PDC, genere tan crucial del proyecto norteamericano para el país.

Creemos que una manera mas adecuada de interpretar lo ocurrido en El Salvador en 1988 y que trata de integrar las dos últimas interpretaciones es la de caracterizarlo como un año de "crisis al interior de la crisis". Hay crisis, por el fracaso del gobierno de Duarte y la derrota del PDC, pero esa crisis mas amplia, que es el que el proyecto norteamericano trata de resolver a su favor y que ciertamente 1988 agudiza de forma notable, acercando la probabilidad de una definición por la vía negociadora o, si esta fracasa presagiando un nivel de guerra y protesta masiva que podría, por caminos mas sangrientos, forzar la negociación.

Hay algunos puntos adicionales que refuerzan esta interpretación

:
-El Secretario de Estado George Shultz, reconoció en diciembre que la política del gobierno de Reagan hacia Centroamérica había fracasado.

-El análisis sobre la conducción de la guerra en El Salvador realizado en 1988 por un grupo de coroneles norteamericanos (Bacevich y otros) documenta bien el fracaso de la guerra de contrainsurgencia, cuyo fin no pueden predecir y cuyo éxito condicionan a que se produzcan en el país circunstancias muy poco probables.

-El voto de castigo sufrido en marzo por el PDC constituye un verdadero referéndum sobre el fracasa de su gestión gubernamental y, por tanto, sobre el rechazo de la población salvadoreña, incluso la que simpatiza con el régimen, al proyecto contrainsurgente.

Un giro sin precedentes: transformar las elecciones en una contribución a la paz

El 23 de enero de 1989 el FMLN tomó una iniciativa que transformó durante varias semanas el escenario salvadoreño que hemos sintetizado. El núcleo de esta iniciativa fue captado en todos partes como la aceptación del FMLN en participar en las elecciones presidenciales y considerarlas legítimas a condición de que una postergación de dichas elecciones por medio año permitiera sentar las bases para realizarlas sin represión y con una participación libre y masiva. Al finalizar el año 1988 era evidente que el FMLN estaba dominado la iniciativa militar, había logrado extender la guerra a las ciudades y especialmente a la capital y había conseguido mostrar la vulnerabilidad de cualquier instalación militar.

De la misma manera, era evidente que las organizaciones populares habían aumentado notablemente su capacidad de movilización social. El FMLN percibía la probabilidad de un grave estallido social: desde acciones insurreccionales hasta huelgas prolongadas, y aun una huelga general, y declaraciones de adhesión ideológica. Faltaba, en cambio, una iniciativa fuerte en el campo político y esta ausencia era mas crucial en un año marcado por el énfasis político en las elecciones.

La propuesta del FMLN significa irrumpir en el campo político con una iniciativa que transforma todos los supuestos. El historial de rechazo e intento de boicot de las elecciones, propio del FMLN, había dejado la bandera del voto, ya importante en El Salvador, en manos de las fuerzas que construyeron el proyecto contrainsurgente. Ahora, la propuesta del FMLN ampliaba el campo de lucha, desafiando a los partidos a medir sus fuerzas con las fuerzas democrático-revolucionarias en el terreno electoral. En los 80 y en cuatro ocasiones no habían tenido que enfrentar mas que la sombra de la revolución bajo la forma de la abstención. Siendo la paz, la aspiración mas fuerte y consciente del pueblo salvadoreño, la vinculación de la propuesta de ir a elecciones con el camino hacia la finalización del conflicto armado aseguraba al FMLN una fuerte ventaja inicial de simpatía popular.

Para entender este sorprendente giro en las formas de lucha del FMLN hay que tomar en cuenta en primer lugar que el FMLN lleva años concibiendo como política la solución del conflicto salvadoreño. Una victoria militar es improbable en un plazo razonable, dada la decisión del gobierno estadounidense de apoyar mas y mas al ejército salvadoreño, al menos para impedir su derrota. El énfasis mantenido por el FMLN, desde 1984 a 1987, en una acción militar de resistencia ofensiva ha sido solo un medio para poder llegar a una forma de solución política que de a las fuerzas democrático-revolucionarias y populares un espacio entre los actores principales de los procesos históricos de El Salvador.

La guerra, en sus formas directamente militares, ha ido desgastando al ejército, obligándole a reconstruir una y otra vez instalaciones militares e infligiéndole bajas tan numerosas que reducen la moral de la tropa y le crean limites en su crecimiento. La guerra, en su aspecto de sabotaje económico, ha desgastado la posibilidad de la economía de aliviar la situación de las mayorías. La guerra llevada en adelante por el FMLN, en estrecha fusión con una parte importante del pueblo, ha hecho que el gobierno, el ejército, los cuerpos de seguridad y la oligarquía vean al pueblo a su enemigo y sigan ejerciendo la represión. La necesidad del gobierno de Duarte de apoyarse en el plan contraisurgente de los Estados Unidos para no ser barrido por la potencia militar del FMLN lo ha desgastado como alternativa representativa de los intereses nacionales y populares.

En el marco de este desgaste general del proyecto contrainsurgente destaca también el desgaste de las elecciones. La expectativa de los creadores y de los gestores del proyecto contrainsurgente era llegara a estas elecciones con un centro político de imagen democracia reforzado y con un ejército en ventaja militar, así como con una menor necesidad de represión. Todo ha sido el revés. La Democracia Cristiana se fracción y perdió la mayoría legislativa y la mayor parte de las alcaldías. El ejército perdió la iniciativa militar en el segundo semestre de 1988. Y la represión aumentó, en el campo y sobre todo en la capital, resurgiendo la actividad de los escuadrones de la muerte, a causa del aumento de la movilización social y de su beligerancia. Además, el FDR, coaligado con otro partido social demócrata, decidió arriesgarse a usar el espacio político electoral.

Así las cosas, el FMLN consideró que había llegado el momento de irrumpir en el terreno político usando el desgastado instrumento de las elecciones y tratando de transformarse en un instrumento válido para mostrar la fuerza militar, social y política que ha acumulado en estos años. Con esta decisión, el FMLN salía también al encuentro de los esfuerzos de paz de Esquipulas y de la tendencia a encontrar soluciones políticas a los conflictos regionales.

Evidentemente, la lógica de la propuesta planteaba una sola condición no negociable: el plazo relativamente largo para la postergación de las elecciones. Se trata de un plazo necesario para intentar romper en el país la barrera del miedo, tanto a concurrir a las urnas como a hacerlo votando por una candidatura democrático-revolucionario, en este caso por la formula de la Convergencia Democrática. Por ello las dos primeras exigencias de la propuesta demandan un compromiso de cesar toda actividad represiva y de acuartelar al ejército, a las fuerzas paramilitares y a los cuerpos de seguridad en el día de la votación.

Por ello también la tercera y cuarta exigencias se centran en la incorporación de Convergencia Democrática a un consejo Central de Elecciones, renovado cívicamente, encargado del orden de las votaciones y de convocar y coordinar observadores internacionales. También se exige la imparcialidad total del gobierno de los Estados Unidos y el derecho de voto para todos los salvadoreños residentes en el exterior. En estas exigencias se expresen las razones por las que el FMLN considera que las elecciones en su actual organización son ilegítimas por falta de condiciones de seguridad y de representatividad para los votantes.

Por su parte, el FMLN se comprometió a aceptar la legitimidad del resultado electoral y la permanencia del actual gobierno en todo el período de transición. Prometió además respetar la actividad electoral, llamar a su base a participar y convocar al pueblo a votar por Convergencia Democrática, respetar a los alcaldes si se desvinculan de los planes del ejército y dar una tregua dos días antes y dos después de las votaciones, que incluiría el retirar a sus combatientes de los lugares de votación.

El FMLN anticipó en sus propuesta la probable objeción de inconstitucionalidad haciendo un llamado a "poner la paz por encima de las leyes vigentes". En su conjunto, la propuesta significaba adentrarse, con la participación en las elecciones, en un proceso que negociar el clima democrático de total respeto a la vida, la organización y la expresión del pueblo salvadoreño. La convicción del FMLN es que un clima así, habría un mayoría de salvadoreños que votaría por el programa democrático-revolucionario, hoy por hoy un programa popular, reformista, con proyecto de soberanía y de verdadero control sobre el ejército y los cuerpos de seguridad y abierto a ulteriores avances en línea popular.

Los puntos mas importantes que ofrecía el FMLN son dos: prescindir de su tradicional demanda de formar parte de un gobierno provisional previo a cualquier elección y dejar de lado la reclamación de fusionar a sus combatientes con el ejército. De esta forma, la propuesta evitaba caer en l formula tradicional con la que el gobierno de los Estados Unidos podría rechazarla -"pretenden compartir el poder sin ganarlo en las urnas"- y trataba de no despertar temores en el ejército.

La propuesta comenzó a ganar terreno en la imaginación del pueblo enseguida que fue conocida. El punto álgido en este ascenso fue la convergencia de las principales centrales sindicales en el país, tantas veces enfrentadas acervamente, alrededor de una plataforma común que exigía a los partidos negociar de inmediato la propuesta del FMLN, a los poderes del Estado asumir una postura de coherencia con la realidad que vive el pueblo, a la Fuerza Armada que se uniera a las exigencias del pueblo en la búsqueda de una solución política negociada alrededor de la propuesta del FMLN y a todos que se respetar el sentido fundamental de la Constitución de reconocer a la persona humana como origen y fin de las actividades del Estado.

La UNOC (de tendencia demócrata Cristiana), la UNTS (inclinada a posiciones revolucionarias), la CTS (de tendencia centrista) y la AGEPYM (asociación de empleados públicos y municipales) se unieron así en un "movimiento de trabajadores por la paz", mostrando la urgente aspiración popular para finalizar la guerra y tomar en serio negociaciones para la reconstrucción y la reconciliación nacionales. Por otro lado, el Arzobispado de San Salvador y el Comité Permanente del Debate Nacional por la Paz apoyaron también con fuerza la propuesta del FMLN.

Los partidos políticos captaron bastante pronto el tremendo potencial de deslegitimación frente al pueblo que se encerraba en un rechazo a la propuesta del FMLN. Ninguno se atrevió a aparecer ante el pueblo, con un NO radical, como torpeadores de la mejor oportunidad para la paz surgida hasta hoy. Todos participaron, después de iniciales vacilaciones teñidas de electorerismo, en la formulación de peticiones de aclaraciones que el FMLN debería hacer a sus dudas sobre la propuesta. Todos finalmente aceptaron reunirse con el FMLN en México los días 20 y 21 de febrero par discutir la propuesta. A ello contribuyo sin duda el hecho de que la propuesta no pudo ser presentada al gobierno de los Estados Unidos en contacto directo con el Departamento de Estado y la circunstancia, mas importante aún, de que este reaccionó con cautela declarando la digna de consideración e influyendo, sin duda, en la moderación con la que el Presidente Duarte la acogió, después de haberla rechazado inicialmente.

En la reunión de México con los partidos, el FMLN, después de haber logrado la formación de una verdadera asamblea de partidos en debate alrededor de su propuesta y de haber constatado el vuelco masivo de la opinión nacional en favor de negociarla, entrego por escrito un documento de respuesta] a las dudas de los partidos. Estas fueron formuladas alrededor de lo que significaría par el FMLN aceptar los resultados electorales. ¿Quiere decir que cesaría la violencia? Los partidos no preguntaban si quería decir que el FMLN depusiera las armas, porque sabían que eso provocaría un rechazo que los hacia responsables de destruir la negociación. También preguntaban por que la propuesta demandaba el acuartelamiento del ejército y su neutralidad frente a las elecciones y afirmaba que el FMLN aun siendo ejército, participaría en las elecciones apoyando a Convergencia Democrática.

La respuesta al FMLN, de 18 de febrero, hace ver que la propuesta de participar en unas elecciones postergadas en clima democrático y tranquilo es en si misma ya una contribución a la paz, la cual es pensada como un proceso en cuyo desarrollo habrá que ir formulando después otras condiciones. Las premisas para esas condiciones son, en el análisis del FMLN, que en la guerra salvadoreña no hay aun ni vencedores ni vencidos y por ello es irreal exigir a cualquiera de los contendientes una rendición. Además, que las causas que dieron el origen al alzamiento de la insurgencia salvadoreña -la negación de justicia y democracia para las mayorías- siguen presentes. Por ello, en su respuesta, el FMLN, además de mantener su propuesta de un nuevo tipo de elecciones como paso hacia la paz, clara lo que considera el camino para terminar de alcanzarla duraderamente, poniendo si posibilidades para lograr los objetivos de justicia y democracia pacíficamente.

El FMLN promete cesar la lucha armada definitivamente, incorporase a la vida política y reconocer un solo ejército si se llega, con el gobierno y las fuerzas armadas, a un acuerdo para convertir a ese ejército en un instrumento profesional al servicio de la democracia y la soberanía. El acuerdo deberá negociar tres puntos: el fin de la impunidad de crímenes realizados al amparo de la guerra -se señalan, como ejemplos del carácter "político, histórico e irracional" de estos crimen, el asesinato del Arzobispo Romero, el de las religiosas estadounidenses, el de las religiosas estadounidenses, el de los dirigentes del FDR y varias masacres de población civil, las del Río Sumpul, Mozote y Las Hojas; la reducción de las fuerzas armadas a 12 mil efectivos para disminuir la militarización de la sociedad y la región; y finalmente, la transformación de los tres cuerpos de seguridad actuales, centros de irrespeto a los derechos humanos y a las leyes, convirtiéndose en una sola policía profesional dependiente del Ministerio del Interior y no de las fuerzas armadas.

Con ello el FMLN aclaraba que su promesa de participar en elecciones postergadas y auténticamente democráticas incluía el final de su alzamiento solo si el proceso de conformar un clima de respeto al pueblo, iniciado por la democratización de las elecciones, se ib completando con otros pasos que aseguraran la institucionalización de dicha democratización. Indirectamente, el FMLN aclaraba también que su exigencia de que el ejército fuera neutral en las elecciones estaba fundamentada en que la influencia política del actual ejército ha ido permitiendo las instituciones estatales -sometiendo al sistema judicial a los dictados de la fuerza armada, trastocando la seguridad de la población con su represión y amenazando la paz de la región centroamericana- y además ha ido impidiendo y reprimiendo el desarrollo libre, independiente y maduro de la sociedad civil, es decir, de la participación organizada del pueblo en la gestión de sus intereses. El FMLN se declaraba dispuesto a comenzar de inmediato la negociación de esos objetivos, mientras al mismo tiempo se iba poniendo en practica el camino hacia las nuevas elecciones y estas confluían lo mas posible con la finalización de la guerra.

La importancia de esta aclaración a las dudas de los partidos no se puede exagerar. Significa que el FMLN declaraba sin ambigüedades su preferencia por una salida política negociada al conflicto que conduzca lo mas rápidamente posible a la paz. Y quiere decir que su propuesta se inscribe en el marco de una exigencia de democratización que de lugar a un juego de participación gremial, cultural y política en que se vayan haciendo posibles las reformas necesarias y graduales de la sociedad salvadoreña y el camino hacia un proyecto socialista desde las exigencias de la sociedad civil.

El FMLN, consciente de la facturación profunda de la sociedad salvadoreña, de la ingente tarea de reconstrucción y desarrollo que la guerra dejara en herencia y de las posibilidades y los limites geopolíticos en que se enmarca El Salvador quiere poner su peso militar, social y político al servicio de este proceso de reconstrucción. En este sentido, la aclaración del FMLN constituyó una ampliación de su propuesta inicial: acepta el desafió de la democracia como camino hacia la justicia, dejando al descubierto la variedad de la bandera de democratización formal con la que los Estados Unidos han encubierto su plan contrainsurgente.

La democratización se convierte así en un programa político revolucionario que confía en la capacidad de las mayorías populares, para acceder al papel de sujeto de la historia en El Salvador e ir encaminándose hacia un modelo de socialismo no estatal. Naturalmente, un programa así es mirado con recelo y aun con horror por quienes en el fondo plantean una democracia restringida y en la que los políticos civiles le gestionen al ejército y a la oligarquía el pode que estos verdaderamente comparten.

En la reunión de México el FMLN propuso además a los partidos centrar la discusión en conseguir acuerdos que permitieran señalar una fecha para las elecciones. Para ello se constituirían tres comisiones de trabajo, una para concertar el cese de hostilidades, otra para concertar aspectos jurídicos y políticos de la reforma electoral y una tercera para concertar mecanismos de verificación internacional de cumplimiento de acuerdos políticos y militares.

Se acordaría el carácter de estas comisiones, instancias de negociación directa entre representantes de los poderes del Estado y el FMLN o instancias de concertación política entre los partidos y el FMLN, desplazando a una segunda fase al presentación de acuerdos al gobierno y a la entrada en negociación con las Fuerzas Armadas y la Asamblea Legislativa. Se acordarían también los plazos, sugiriendo el FMLN un comienzo inmediato del trabajo y una finalización de tareas para el 19 de mazo, siendo el lugar de trabajo dentro o fuera del país. El FMLN pospuso los nombres de sus representantes en tres comisiones.

También propuso la fecha de las elecciones se fijara en cuatro meses después del cese de hostilidades para dar así ocasión al FMLN a participar efectivamente en la campaña. Finalmente, sugirió que como salida constitucional a la postergación de las elecciones, la Asamblea Legislativa, previo acuerdo político de los partidos, nombrara a un presidente provisional comprometido a limitar su mandato hasta la celebración de elecciones. El elemento nuevo mas importante de esta concretización de la propuesta fueron los cuatro meses de tregua antes de las elecciones que, sin duda, imprimirían un fuerte dinamismo al proceso de pacificación, a la vez que al de democratización.

Lamentablemente, los partidos políticos solo llegaron en México a la decisión de pedir al gobierno que iniciara prontamente negociaciones sobre su propuesta con el FMLN y que ellos fueran parte de las negociaciones. Duarte y la fuerza armada habían hablado de aceptar con ciertas condiciones los acuerdos a que los partidos llegaran. Ahora los partidos devolvían la pelota a la cancha del gobierno. Nadie estaba mostrando una decisión política del mismo calibre que la tenía el FMLN. El tiempo corría y el gobierno, el ejército y los partidos practicaban el tortuguismo. Mientras tanto, de los Estados Unidos no llegaba ninguna señal de luz verde para las negociaciones. Se mantenía la ambigüedad de la luz amarilla, significada por un consideración cuidadosa a la propuesta del FMLN.

El ejército mantuvo silencio sobre la propuesta en las primeras dos semanas. El silencio lo rompió el Ministro de Defensa el 7 de febrero en conferencia de prensa. Afirmo que el ejército tiene el derecho de respaldar "cualquier decisión seria y honesta a que lleguen los partidos", añadiendo que la propuesta revolucionaria pretendía dividir a la Fuerza Armada de los demás órganos del Estado y ocasionar división dentro de la misma Fuerza Armada.

El jefe del Estado Mayor del Ejército, Coronel Ponce, declaró el 9 de febrero ante la Cámara Americana de Comercio que el ejército respaldaría cualquier respuesta de los partidos "siempre y cuando este enmarcada en la Constitución Política", dejando ya claro que los militares se consideran árbitros de la Constitución. Mas definitiva aun fue una nueva intervención del Ministro de Defensa, el 13 de febrero, en la que afirmó ya la incompatibilidad de la postergación de las elecciones con la Constitución y la disposición de actuar defendiendo, así como la obligación de la Fuerza Armada de "deponer" al Presidente Duarte si "se queda un di mas". Evidentemente, la alta oficialidad del ejército demostró su potencia a transigir con una propuesta que podía conducir a que se le pidiera cuentas por su responsabilidad, se lo depurara o se lo redujera a una función profesional a la que lo tienen desacostumbrado sus deformaciones como principal órgano del poder y como partido arbitro de los demás. Por esto, la única muestra de tolerancia que el ejército acepto dar consistió en no oponerse a que los partidos discutieran con el FMLN.

En este marco, en la noche del 26 de febrero, el Presidente Duarte formulo una contrapropuesta realmente difícil de ejecutar. Propuso una reunión de los oréganos ejecutivos y legislativo del Estado con la guerrilla que comenzaría el 1 de marzo en Guatemala, a la cual los partidos podrían enviar observadores. Condicionó la reunión a la declaración unilateral de un cese al fuego por parte tanto del ejército como del FMLN; este cese al fuego debía comenzar el día 1 de marzo alas cero horas y durar hasta el 1 de junio, fecha en que Duarte cesaría de ser presidente. Las elecciones serían pospuesta para el 30 de abril.

Se pediría a la Asamblea Nacional una nota declaratoria de su acuerdo con esta propuesta y en caso contrario una convocatoria al pueblo par decidir en un plebiscito sobre la proposición de las elecciones. Duarte propuso, como un camino alternativo, la concentración de la posposición entre los tres poderes del Estado. En la reunión con el FMLN se discutiría sobre el cese definitivo de la lucha armada, la incorporación del FMLN a la vida política y civil del país y el reconocimiento de la Fuerza Armada salvadoreña como único ejército del país. Duarte nombro al Vicepresidente, al primer asignado suyos en la reunión y pidió a la Asamblea que designara a tres representantes.

El partido ARENA que en México se había mostrado flexible -al contrario de la Democracia Cristiana-, reaccionó ahora rechazando el plan porque a su juicio solo estaría diseñado para favorecer a la Democracia Cristiana dándole mas margen en su campaña y facilitándole mecanismos fraudulentos mejor preparados y permitiéndole capitalizar la simpatía del pueblo por la paz. ARENA vio también que la propuesta de Duarte colocaba todo el peso de una negativa al plebiscito sobre sus espaldas, pues ARENA tiene mayoría en la Asamblea Nacional.

Pero ARENA se apresuró a declarar que no vetaría la propuesta si no conseguía un voto negativo de otros partidos con representantes en el legislativo. En realidad, de esta forma, volvía a dejar la suerte de la propuesta en el debate entre el gobierno y el FMLN. El ejército se apresuró a declarar el cese al fuego unilateral mientras, según denuncias del FMLN y agencias internacionales, atacaba en varios frentes de batalla del interior del país. El Departamento de Estado, en contraste con su cuarta reacción anterior declaró ahora que la contrapuesta de Duarte presentaba "el potencial de ser la mas importante oportunidad de paz hasta el momento".

El FMLN dio su respuesta el día 27 de febrero. Afirmó que veía la contrapropuesta de Duarte como positiva, pero señaló que la reunión tendría que considerar globalmente la propuesta del FMLN, estando abierta a cualquier otro punto que el gobierno cesara discutir.

Además de volver a detallar los puntos que su propuesta puso en agenda, el FMLN afirmaba que la reunión debía celebrarse en San Salvador como lugar óptimo de concertación nacional y para facilitar la presencia del Presidente Duarte. Supuesto el cese al fuego unilateral por ambas partes -añadía- no se veía razón para no realizarla en San Salvador. Valoraba al FMLN la idea de un plebiscito -bajo condiciones de total imparcialidad- y el mecanismo de concertación entre los poderes del Estado para dirimir la constitucionalidad de la posposición de las elecciones. Sugiera a los partidos que retiraran sus candidaturas para facilitar la solución de la problemática constitucional y que la Democracia Cristiana comenzara dando el ejemplo y proponía los días 4 y 5 de marzo para la reunión en la Nunciatura o en el Arzobispado de San Salvador. Finalmente, mostraba preocupación por algunos contenidos de la propuesta.

La fecha del 30 de abril -propuesta y rechazada ya en México- se veía, en coincidencia con ARENA y otros partidos, como un intento de favorecer exclusivamente la Democracia Cristina volviendo mas factibles las posibilidades de fraude electoral. La unilateralidad de las declaraciones de cese al fuego levantaba sospechas de falta de seriedad pues si había disposición a declararlo y cumplirlo, ¿por que no concertarlo bilateralmente y asumir un compromiso ante el pueblo y el mundo? Finalmente, el hecho de no considerar en la contrapropuesta la globalidad de la propuesta del FMLN hacia percibir la persistencia en forzar al FMLN a una rendición.

Frente a la demora del Presidente Duarte en responder a este último planeamiento, el FMLN propuso unas nuevas fechas, el 7 y 8 de marzo, para la reunión. Se hicieron esfuerzos de última hora para transmitir al Departamento de Estado una vez mas la seriedad de la opción del FMLN por un camino de pacificación y democratización como solución al conflicto. El mismo Departamento de Estado reconoció que Guillermo Ungo, presidente del FDR y candidato presidencial de Convergencia Democrática, se encontraba en Washington y había mantenido contactos con dicho Departamento. Los días 7 y 8 de marzo pasaron, sin embargo, sin que el gobierno diera respuesta alguna.

Al finalizar el día 8, el FMLN anunció que descartaba cualquier posibilidad de negociación antes de las elecciones del 19 de mazo empeñaban en celebrar; reiteró su disposición de volver a intentar la negociación "después de las elecciones para la guerra, que además serán fraudulentas"; y llamó a sus bases para que "repudien masivamente las elecciones para la guerra", anulando el voto o absteniéndose a votar. En días anteriores el FMLN había denunciado la inmediata y continua violación del cese al fuego unilateral decretado por el ejército. La guerra recrudeció en las primeras semanas de marzo y el FMLN anunció un paro indefinido al transporte desde el 16 de marzo. Convergencia Democrática denunció a su vez que los partidos y el gobierno habrían desgastado en reuniones sin fin la mejor oportunidad de paz.

Puestos frente a la prueba de fuego de permitir al FMLN ensayar su verdadera fuerza electoral en comicios con un mínimo de juego limpio y de igualdad de oportunidades, los Estados Unidos, el ejército de El Salvador, el Presidente Duarte, la Asamblea Nacional y, a fin de cuentas, también los mas importantes partidos políticos, no resistieron. El espejismo de una victoria militar sobre el FMLN y su aspiración inmediatista a gobernar distorsionó en todos ellos la imagen de la realidad salvadoreña. Por el momento, el camino hacia la paz mostró que una verdadera democracia no es su máxima prioridad. La negociación política con los sectores populares que demuestran la fuerza suficiente par no ofrecer posibilidad de ser cooptados, nunca ha sido el fuerte ni el gobierno imperialista de los Estados Unidos ni del ejército salvadoreño.

En esta circunstancia histórica se pudo ver que la administración Bush decidió de nuevo arriesgarse a jugar la carta de la posibilidad de una victoria de la Democracia Cristiana en las elecciones presidenciales, al menos en la segunda ronda y pudo alinear al ejército tras esta opción. Esto refleja que el gobierno de Estados Unidos no esta dispuesto a cesar en su estrategia de guerra de baja intensidad para solucionar el conflicto salvadoreño. Se especula que a ello le habrían animado algunas encuestas electorales que dan al PDC una desventaja mucho menor frente a ARENA cuando entra en juego la imagen de cual de estas dos fuerzas políticas puede trabajar mejor por la paz. Pero con la imagen de trabajar por la paz no se logra la paz. Y sí la única paz que en El Salvador interesa a los Estados Unidos de Bush es la paz construida sobre la rendición del FMLN y la "pacificación" de las organizaciones populares, no se podrá conseguir la paz.

El análisis indica que el FMLN está decidido a seguir usando su fuerza militar, sustentad ahora en una mas clara percepción del pueblo de que su intento de construir un camino hacia el socialismo supone un compromiso con la democratización del país. Insistir en la negociación mientras se mantiene la fuerza militar y mientras sigue creciendo la movilización social será probablemente la manera de que mas y mas pueblo descubra el fondo del proyecto contrainsurgente.

El dinamismo hacia la paz y la justicia en democracia y la probada creatividad política del FMLN tienen, a pesar de los muchos obstáculos previsibles, mas probabilidades que nunca y despiertan fundadas esperanzas en un triunfo de la causa popular.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Centroamérica
Nuevo impulso hacia las negociaciones

Guatemala
Una negociación secuestrada

El Salvador
La hora de la paz negociada

Nicaragua
Concertación económica y socialismo

Estados Unidos
¿Indiferencia calculada o confusión?

Centroamérica
¿Hacia dónde vamos? La negociación: herramienta revolucionaria
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica
GüeGüe: Hospedaje y Desarrollo Web