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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 465 | Diciembre 2020
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Nicaragua

La Reserva Biológica Indio Maíz: un tesoro natural que estamos perdiendo

El desastroso incendio que en abril de 2018 destruyó miles de hectáreas de la reserva Indio Maíz encendió la conciencia ambiental de la juventud de Managua y fue el prólogo de la rebelión ciudadana que hasta hoy sigue viva y en resistencia. Detener los desastres que siguen causando en la reserva comerciantes de tierras, ganaderos, colonos, madereros, mineros y monocultivos debería ser prioridad en cualquier “plan de país”. Salvar este tesoro natural es responsabilidad de todos.

Amaru Ruiz Alemán

A Fines de septiembre, en la comunidad Nueva Quezada, en Río San Juan, miembros del Ejército de Nicaragua detuvieron durante varias horas a 18 miembros del Gobierno Territorial Rama Kriol, entre ellos a su presidente, Teodoro McCrea Williams. La gira de evaluación ambiental que realizaban en la reserva Indio Maíz fue vulgareada cuando el grupo les explicó lo que hacían: “Son unos cuantitos ustedes los que andan en eso de la defensa”, les dijo uno de los militares.

Después, cuando McCrea se identificó como la autoridad de la zona reclamando por la detención ilegal y arbitraria, un oficial de Policía le advirtió: “Aquí no existe gobierno ni territorial ni comunal. En Nicaragua el único que manda es Daniel Ortega, no hay ningún otro gobierno”.

Becky McCray, primera mujer abogada del pueblo indígena Rama y asesora legal del Gobierno Territorial, dijo que en la gira lograron identificar familias asentadas en tierras que son comunales y realizando actividades agrícolas y ganade¬ras que son ilegales.

INDIO MAÍZ Y BOSAWÁS: DOS SÍMBOLOS


Las reservas biológicas Indio Maíz y Bosawás son símbolos de la lucha ambientalista en Nicaragua. Los dueños del 80% del territorio de la reserva biológica Indio Maíz, que forma parte de la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua, son los pueblos Rama y Kriol, que tienen su propio gobierno, el Gobierno Territorial Rama y Kriol (GTRK).

Después que el GTRK firmara un acuerdo con las instituciones del Estado para el cuido y manejo conjunto de la reserva, en 2012 se hicieron los primeros patrullajes conjuntos en la reserva, participando los líderes comunitarios con funcionarios del MARENA (Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales) y miembros de la Policía y del Ejército. En 2013 se celebró el Primer Foro de la Biosfera, donde se firmaron acuerdos entre estas instituciones del Estado, la Fundación del Río y el GTRK.

Todos estos avances y coordinaciones involucionaron, y finalmente fueron bloqueados, desde que en junio de 2013 el gobierno de Ortega concesionó buena parte de la zona donde está la reserva al empresario chino Wang Jing para que construyera un Canal Interoceánico por Nicaragua, un proyecto que nunca se llevó a cabo y que, de haberse realizado, hubiera causado un gravísimo desastre ambiental.

2015: “SALVEMOS INDIO MAÍZ
PULMÓN DE CENTROAMÉRICA”


A partir de la concesión canalera cualquier coordinación de las instituciones estatales con organizaciones de la sociedad civil, que se opusieron con firmeza a ese megaproyecto, fue cancelada, se descontinuaron los acuerdos firmados y comenzaron las presiones contra las organizaciones ambientales. A pesar de esto, las comunidades indígenas y afrodescendientes, junto a otras organizaciones ambientales, continuaron realizando giras de monitoreo, como la que ahora fue ilegalmente obstaculizada por el Ejército y la Policía.

En 2014 nació la Unión de Organizaciones Ambientales del Sureste de Nicaragua (UOA), para unir a cooperativas de cacao y de turismo, a los comités de agua potable, a los gobiernos comunales y a la Fundación del Río. La UOA promovió el Batallón Cívico Indio Maíz para continuar monitoreando y resguardando la reserva. Y en 2015 lanzó la campaña “Salvemos la Reserva Indio Maíz, pulmón de Centroamérica”, que situó el tema en la conciencia nacional. En 2017 se desarrolló en la UCA un encuentro de todos los actores sociales unidos en defensa de la reserva, ocasión que multiplicó los vínculos entre estudiantes, científicos, académicos y ambientalistas en torno a la defensa de la reserva.

ABRIL 2018: DESPIERTA LA CONCIENCIA AMBIENTAL


El 3 de abril de 2018, después de continuas advertencias de las organizaciones ambientalistas llamando la atención por los riesgos que había provocado en 2016 el huracán Otto en la reserva, inició un incendio en el Refugio de Vida Silvestre Río San Juan, uno de los ecosistemas protegidos asociados a la Reserva Indio Maíz.

Ese mismo día, Fundación del Río y los Gobiernos Comunales de Greytown e Indian River alertaron del incendio a las autoridades nacionales. Los medios de comunicación nacionales y la población en las redes sociales se hicieron eco del drama ambiental.

Durante tres días, el gobierno central omitió cualquier respuesta, minimizando la envergadura del incendio y de sus consecuencias. Universitarios de la UCA y de otros grupos juveniles iniciaron protestas en Managua y, como ya era habitual, fueron reprimidas por la Juventud Sandinista y por agentes de la Policía. El gobierno se negó a aceptar la colaboración de los bomberos costarricenses, lo que avivó la indignación de la juventud.

Este incendio y la conciencia ambiental demostrada por los jóvenes en continuas protestas que se prolongaron varios días, hasta que un diluvio logró apagar por fin las llamas el 13 de abril, fueron el antecedente inmediato de las movilizaciones que el 18 de abril iniciaron la insurrección cívica de una mayoría de la población nacional.

SELVAS Y BOSQUES TROPICALES:
UNA MARAVILLA VIVA


La reserva biológica Indio Maíz es una maravilla viva, como lo son todas las selvas y bosques tropicales del planeta. No sólo porque albergan más de 30 millones de especies de plantas y animales, la mitad de la fauna de la Tierra, y al menos dos tercios de todas las especies vegetales. En una sola hectárea de bosque tropical pueden vivir 1 mil árboles de hasta 300 especies diferentes.

Además, selvas y bosques tropicales almacenan agua como si fueran una gran esponja. Los árboles que habitan los bosques extraen agua del suelo y la devuelven a la atmósfera en forma de niebla y nubes, que después producen lluvias. Los árboles absorben dióxido de carbono (CO2) y envían al aire el oxígeno que respiramos. Se estima que un único árbol maduro y frondoso produce al día el oxígeno que necesitan entre dos y diez personas.

Los árboles acumulan gran cantidad de dióxido de carbono, el gas que causa el efecto invernadero que producimos los humanos al quemar el petróleo y el carbón que contaminan la atmósfera y que contribuyen al calentamiento global, al cambio climático, cuyos efectos ya se están sintiendo en Nicaragua y en Centroamérica, con consecuencias muy dañinas para la producción y para la salud.

Es por todo esto que talar árboles está considerada como la segunda causa más importante del cambio climático. La deforestación hace mucho más daño que el causado por todo el transporte mundial, responsable del 18-25% de las emisiones globales anuales de dióxido de carbono.

SON EL HOGAR ANCESTRAL
DE MUCHOS PUEBLOS INDÍGENAS


Indígenas de todo el planeta han vivido desde hace milenios en armonía con los bosques y las selvas tropicales. De este su hogar natural y ancestral dependen para alimentarse y curarse.

Selvas y bosques son una fuente casi inagotable de medicamentos. Actualmente, más del 25% de los medicamentos que compramos en las farmacias proceden de plantas de los bosques tropicales, y esto a pesar de que hoy apenas utilizamos el 1% de las plantas que en estos bosques crecen.

También en los bosques tropicales está el origen de muchos de los alimentos que consumimos: frutos secos, plátanos, café, especias; y algunos productos industriales: caucho, resinas, fibras...

Por todo esto, perder un bosque tropical no es sólo perder árboles o animales. Es perder bienes de valor incalculable para el futuro del país que los tiene y para el futuro de toda la Humanidad.

Los pueblos indígenas, con culturas valiosas, han sabido proteger bosques y selvas. Sin embargo, con los avances de la “civilización”, con el pretexto del “desarrollo”, vienen siendo despojados de su territorio ancestral por colonos, ganaderos, madereros, buscadores de oro, de petróleo… sin que los Estados hagan nada o, a veces, contribuyan por acción u omisión a ese expolio de sus tierras.

En el caso de la reserva Indio Maíz, ha habido complicidad con quienes la destruyen. La respuesta del gobierno siempre ha sido desconocer al GTRK o dividirlos, y perseguir o ignorar a las organizaciones ambientalistas que desde hace año denuncian los delitos ambientales que destruyen su hogar.

LA ACELERADA DESTRUCCIÓN
DE NUESTROS BOSQUES


A principios del siglo 20 más de la mitad del territorio de Nicaragua estaba cubierta de bosques. Poco a poco, esta maravilla de verdor, frescura y vida ha ido desapareciendo. En los años 50, con la extensión del cultivo del algodón, se arrasaron 100 mil hectáreas anuales de bosque, empleando toneladas de pesticidas. Todo Occidente quedó deforestado y contaminado, causando la muerte y enfermedades crónicas a miles de personas.

La deforestación continuó avanzando en el siglo 20 y se ha incrementado en el siglo 21. Del 2000 al 2015 se deforestaron en nuestro país 1 millón 500 mil hectáreas, un 27% de la zona boscosa que teníamos al iniciar el siglo 20. Con el actual gobierno, la tala de bosques se ha dado en todo el país y ha sido aún más intensa.

En entrevista con Radio Corporación el 11 de septiembre, el director del Centro Humboldt, Víctor Campos, informó que entre 2011 y 2018 se talaron en Nicaragua 3 millones 750 mil hectáreas de bosques, y la tierra destinada a pastizales para ganado aumentó en más de 2 millones 350 mil hectáreas. “Esto puede darnos una idea -dijo- de cómo estamos destruyendo nuestro territorio y nuestros bosques, transformando nuestro país en un enorme potrero”.

El 21% de la deforestación provocada en esos años, 815 mil hectáreas -explicó Campos- se produjo en las dos reservas símbolo de la lucha ambiental de Nicaragua: Bosawás e Indio Maíz.

2002: “NO SE PERCIBE
ACTIVIDAD HUMANA EN INDIO MAÍZ”


En nuestro país tenemos dos Reservas de Biosfera reconocidas por la Unesco desde 1999. Una es Bosawás y otra es la Río San Juan, que incluye un Monumento Histórico (la fortaleza Inmaculada Concepción), un Monumento Nacional (el archipiélago de Solentiname), dos Refugios de Vida Silvestre (Río San Juan y Los Guatuzos), tres Reservas Naturales (Cerro Silva, Punta Gorda y Serranía de Yolaina) y una Reserva Biológica (Indio Maíz).

Las Reservas de Biosfera son áreas representativas de uno o más ecosistemas no alterados por la acción humana, que deben ser preservadas y en las que habitan especies representativas de la biodiversidad nacional, incluyendo las especies consideradas endémicas, amenazadas o en peligro de extinción.

La categoría “biológica” aplicada a una Reserva se debe a que tiene tal variedad de vida, de ecosistemas y de especies que, para preservar toda esa riqueza, en ese territorio sólo se pueden desarrollar actividades de educación ambiental para promover su conservación; de investigación científica y monitoreo de las especies para conocer más sobre ellas y poder conservarlas y protegerlas mejor; y de protección y control para resguardarla de madereros y de tomatierras.

En 2002 se realizó una expedición científica a la reserva Indio Maíz. En sus conclusiones leemos: “Encontramos un bosque con excelente estado de conservación correspondiente a una gran masa boscosa que alberga sitios sin ninguna alteración humana. Probablemente sea uno de los pocos reductos naturales correspondientes a la ecorregión de los bosques húmedos del istmo Atlántico que conserva su cobertura vegetal inalterada... Dentro del paisaje la actividad humana no es perceptible, salvo en algunas áreas de la parte baja a orillas de los ríos principales”.

Así era en aquel año. Pero ya no es así. Muy lejos estamos hoy de estas conclusiones.

TERRITORIO ANCESTRAL
DEL PUEBLO RAMA Y DEL PUEBLO KRIOL


La reserva Indio Maíz, al sureste de Nicaragua, entre los ríos Indio y Maíz, tiene una extensión de 2 mil 630 Kilómetros cuadrados, una extensión equivalente a 263 mil 980 hectáreas. Es tanta la importancia de esta reserva para Nicaragua y para la Humanidad que en 2003 la Unesco la declaró también Patrimonio de la Humanidad.

Un 80% de la reserva Indio Maíz forma parte del territorio ancestral del pueblo indígena Rama y del pueblo afrodescendiente Kriol. Para defender sus derechos ambos pueblos establecieron una alianza para conformar el Gobierno Territorial Rama y Kriol (GTRK). Ambas comunidades luchan por la conservación de su cultura y la defensa de su territorio, amenazado por el avance de la frontera agrícola, por la invasión de colonos, ganaderos y mineros, y por los monocultivos. De las nueve comunidades que componen esta alianza, tres, Indian River, Corn River y Greytown, están dentro de la Reserva Indio Maíz.

LAS INSTITUCIONES
RESPALDAN A LOS INVASORES


A pesar de ser un tesoro natural, desde que fue declarada reserva en 1999 no ha pasado un solo día sin que la reserva Indio Maíz no sea invadida por personas dedicadas sobre todo a la ganadería y a la agricultura, gente que cada año se apropia de más 6 mil hectáreas de bosque y lo destruyen, sin que las autoridades hagan nada… o hagan de todo para contribuir a su destrucción.

Entre 2017 y 2020 el Ministerio de Educación construyó al menos diez escuelas en el área boscosa de la reserva. El Ministerio de Salud decidió establecer un centro de salud en la zona núcleo de la reserva, a pesar de que las comunidades campesinas pidieron que estuviera en el área de amortiguamiento. ENATREL garantiza energía eléctrica a los invasores. El MARENA ha permitido la construcción de trochas en medio de la selva. Y la alcaldía de El Castillo ha brindado materiales para abrir al menos 32 rutas de acceso hacia el interior de la reserva.

Cada una de estas inversiones públicas respalda a los invasores, avala la destrucción que hacen y promueve que cada día lleguen más personas a invadir este valioso territorio.

Con estas acciones las instituciones estatales permiten, hasta alientan, la invasión de la reserva, legitimando actividades ilegales, prometiendo impunidad a cambio de votos y de fidelidades partidarias, mientras ni el Ejército ni la Policía cumplen con el mandato de resguardar este valioso territorio. Si las leyes se respetaran, estos funcionarios podrían ser sentenciados de seis meses a tres años de prisión, pues con estas acciones cometen delitos ambientales ya claramente tipificados en la Ley.

GANADEROS:

LOS GRANDES DESTRUCTORES


Todos los gobiernos, y en mayor medida éste, en el que todas las instituciones del Estado están controladas por el partido de gobierno y por la familia en el poder, han implementado políticas agrarias insostenibles en todo el país. También, en un territorio tan importante como la reserva biológica Indio Maíz.

Han fomentado los monocultivos, el acaparamiento de tierras y el extractivismo. Han promovido prácticas agrícolas y de ganadería extensiva que hacen que cada año avance más y más la frontera agrícola, destruyendo mayores áreas de bosque de la reserva y contaminando sus suelos y sus aguas.

El avance de la frontera agrícola significa despalar, talar y quemar el bosque para convertir las tierras despojadas de árboles o quemadas en tierras para siembra o en pastos para ganado. Comerciantes de tierras ingresan a la reserva con títulos falsificados, hacen carriles y lotifican el bosque para vender los lotes a ganaderos y a colonos.

Los ganaderos, los grandes destructores de la reserva, compran entre 200 y 3 mil manzanas de esas tierras a bajo precio. Anualmente deforestan entre 40 y 400 manzanas, según la capacidad económica de cada uno. Una vez establecido el pasto, traen ganado de engorde y en unos meses lo sacan de la reserva para comercializarlo. Y como esta actividad es ilegal, porque ni esa tierra es suya ni en la reserva se puede realizar ninguna actividad económica, lo que hacen es “blanquear” ese ganado con chapas que les facilita el IPSA (Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria).

El enchapado del IPSA significa que la carne de ese ganado es “legal”, cumple con los requisitos de haber sido criada con criterios de sostenibilidad ambiental. La chapa lo “certifica”.

EL ENCHAPADO DEL IPSA:
UNA HERRAMIENTA DE CORRUPCIÓN


Según una investigación realizada por la Fundación del Río, el ganado que se engorda en Indio Maíz tiene cuatro puntos de salida hacia los mataderos nacionales, los cuatro ubicados en la zona de amortiguamiento de la reserva, dos en el municipio de El Castillo y dos en el de Nueva Guinea. Existe una quinta ruta que lleva este ganado de contrabando a Costa Rica.

La salida del ganado está garantizada por una red de compradores, de básculas y de documentación ilegal, lo que permite esconder su procedencia. Una vez que el ganado está “lavado” se vende a los mataderos nacionales (Macesa, Carnes San Martín, Novaterra y Sukarne), que comercializan la carne en Nicaragua y en el extranjero.

En la investigación se señala que Willi Flores, coordinador del Programa de Trazabilidad Bovina del Ministerio Agropecuario y Forestal, ha declarado a la FAO que ese programa “permite cumplir con los requisitos legales que establecen los compradores y organismos de control de los distintos mercados extranjeros y mantener y abrir nuevos mercados a la carne nicaragüense”. Sin embargo, el programa de trazabilidad, coordinado por el IPSA, y que involucra a las alcaldías de los dos municipios y a la Policía, ha resultado un fracaso en su principal objetivo: ayudar a conservar los bosques de la reserva.

Es así como el enchapado -un sistema que buscaba certificar dónde y cómo se ha criado el ganado para garantizar buenas prácticas-, se convierte en una herramienta de corrupción, en un “bisnes” que se maneja de manera mafiosa, y que está acabando con la reserva.

“BLANQUEO DE GANADO”
A COSTA DE NUESTROS BOSQUES


El estudio de la Fundación del Río confirma que existe desinterés en los dueños de los mataderos y en las asociaciones ganaderas del país en asegurarse de que el ganado que compran provenga realmente de lugares permitidos y no de áreas protegidas.

Esto es especialmente preocupante, ya que estas empresas deberían asegurar que su carne no haya sido obtenida a costa de los últimos bosques que le quedan al país. Y deberían interesarse en ofrecerle a los consumidores carnes que vengan de procesos más sostenibles, basados en los compromisos internacionales asumidos por Nicaragua.

El negocio ganadero resulta muy lucrativo. El hato ganadero ha crecido aceleradamente en nuestro país: de 2 millones 600 mil cabezas en 2002, en 2017 el hato ganadero ya era de 6 millones 500 mil cabezas. Este incremento del número de reses y la corrupción que permite engordarlas en áreas protegidas, ha provocado que entre 2015 y 2019 hayan desaparecido 135 mil hectáreas de bosques por año, la mayor deforestación de toda la historia de Nicaragua, mucho peor que la que causó la Colonia española o la que hubo en la época de Somoza.

En Estados Unidos, dos de los principales compradores de carne nicaragüense son Cargill y Nestlé. La usan para hacer hamburguesas y alimento concentrado para mascotas. ¿Qué harían los consumidores si supieran que al comerse una hamburguesa o al darles de comer a sus perros y gatos, están contribuyendo a destruir uno de los cinco bosques más importantes del continente americano? ¿No sería importante iniciar una campaña internacional para denunciar el “blanqueo de ganado” que se realiza en Nicaragua?

COLONOS:
LOS PEQUEÑOS DESTRUCTORES


Si los ganaderos son los grandes destructores de la reserva, los colonos son los pequeños destructores. Son campesinos que llegan principalmente de Chontales, Nueva Guinea, Bluefields y El Rama, penetran en el área boscosa en busca de tierras y las ocupan o compran 50-100 manzanas a las mafias que comercian con tierras.

Hacen lo mismo que los ganaderos: talan el bosque, lo queman y usan las tierras para sembrar maíz, frijoles, yuca, quequisque, chagüite…

Además de optar por un proyecto insostenible, porque una vez que se destruyen los árboles, en dos o tres años esas tierras pierden su fertilidad y ya no producen nada, las quemas que hacen causan todos los años grandes incendios, como el de abril de 2018, que arrasó 5,300 hectáreas. En 2020 ha habido 400 quemas que arrasaron más de 6 mil hectáreas.

Cuando la tierra quemada deja de producir en tres o cuatro años, el colono que la compró se la vende al ganadero, para que siembre pastos y engorde ganado, y sigue adelante, botando y quemando más bosque para sembrar en nuevas tierras.

Es un ciclo de destrucción sin fin: las autoridades o no hacen nada o son cómplices de diferentes maneras para que este ciclo no acabe. Hay que decir también que todo este proceso delictivo es santoleado por las iglesias evangélicas y la católica, que respaldan la invasión de colonos construyendo templos.

“NO LES VA A PASAR NADA”


El Gobierno Territorial Rama y Kriol y diferentes organizaciones ambientalistas tienen años de denunciar esta corrupción generalizada en la que participan ganaderos, colonos, comerciantes de tierra, el Estado, las municipalidades, la Policía, el Ejército, los transportistas que acarrean el ganado y los mataderos.

Sin embargo, como las tierras que son propiedad ancestral de los pueblos indígenas, y los bosques que hay en ellas, se siguen concibiendo como lugares “desaprovechados”, y como se dice que la tierra es “para producirla como Dios manda”, y como varios de los grandes finqueros y ganaderos son protegidos y aliados de los gobiernos, actúan con total impunidad, como si las autoridades les dijeran: “Lleguen y sírvanse lo que gusten, esto no es nuestro y lo que hacen es ilegal, pero no les va a pasar nada…”

EL DAÑO QUE CAUSAN
LAS MAFIAS MADERERAS


La explotación y el saqueo de los recursos naturales es otro de los graves problemas que destruyen la reserva Indio Maíz.

Hay mafias madereras y la extracción de madera resulta un negocio fabuloso: ya sea en tablas, en “timber” o en rollo, el negocio está a menudo en manos de quienes se valen de sus vínculos con los gobiernos de turno para conseguir permisos y deforestar con absoluta impunidad.

Las especies más afectadas son ceiba, cedro real, cedro macho, rosita, cebo… También se tala el almendro de río, el árbol que garantiza la sobrevivencia de la lapa verde, una especie en peligro de extinción. Sin ese árbol no tendría cómo alimentarse y hacer sus nidos en verano.

Una de las estrategias para deforestar es sacar provecho a los incendios que producen todos los años colonos y ganaderos. También se aprovecha la destrucción que causan los huracanes -como el Otto en 2016-, como pretexto para pedir permisos “y aprovechar” los árboles que cayeron. Con el permiso meten maquinaria y sacan lo que está caído… y lo que está en pie.

Estudios científicos han demostrado que, si no se tocan, las áreas de la reserva afectadas por huracanes se recuperan solas en unos veinte años. Pero cuando se intervienen para “aprovechar lo caído”, se les hace mucho daño: el negocio de la madera afecta la regeneración natural del bosque, porque la maquinaria que se usa, tanto para talar árboles como para sacar la madera tumbada, daña los árboles de menor tamaño y las especies de menor valor económico.

El Gobierno Territorial Rama y Kriol, los científicos y las organizaciones ambientalistas han denunciado la práctica de “aprovechar lo caído” y han pedido que no se den permisos para hacer eso. Nunca han sido escuchados por el gobierno.

La extracción de madera de la reserva causa también pérdida de la biodiversidad, empobrece los suelos y afecta gravemente el ciclo hidrológico: en los lugares deforestados llueve menos, los suelos se erosionan, pierden calidad, y cuando llueve la tierra es arrastrada a ríos y quebradas, provocando la muerte de peces e insectos.

Además, esos sedimentos son arrastrados hasta las aguas del mar y allí van destruyendo poco a poco los arrecifes de coral, donde se crían y reproducen un gran número de especies marinas de incalculable valor.

EL DAÑO QUE CAUSA
LA FIEBRE DEL ORO


La ambición y la falta de protección de la reserva también han atraído a decenas de “güiriseros”, mineros artesasales que penetran en Indio Maíz en busca de oro. Se han identificado en la zona de amortiguamiento de la reserva más de 100 “rastras”, sistemas artesanales para moler la broza y extraer el oro. Incluso hay ya algunos molinos dentro de la misma reserva. Este método de minería usa mercurio para lavar el mineral, lo que envenena las aguas y mata la vida que hay en ellas, perjudicando la salud de las personas que beben río abajo.

Varios estudios realizados por investigadores de Estados Unidos han determinado también que en los ríos de la reserva se está usando veneno para pescar. Esto mata los peces, grandes y pequeños. También crustáceos, insectos acuáticos y todos los seres vivos que viven en el río y que son la base de la cadena alimenticia de todos los animales que dependen de esas aguas.

En abril del 2020 las comunidades indígenas y afrodescendientes Rama y Kriol denunciaron que sus ríos estaban siendo envenenados por invasores que utilizan químicos para pescar, pero el gobierno no tomó ninguna medida.¬

UN TESORO DE BIODIVERSIDAD


La Reserva Biológica Indio Maíz es un tesoro de biodiversidad. Son innumerables las especies de insectos, reptiles, anfibios, peces, aves y mamíferos que habitan o transitan por este territorio.

Se han registrado 65 especies de mamíferos: chanchos de monte y dantos, y felinos de gran importancia como jaguares, pumas y ocelotes. Hay lugares en donde viven y se reproducen los manatíes. Se han identificado 221 especies de aves, algunas en peligro de extinción y en veda total o parcial: el águila arpía, la lapa verde, el pájaro campana y el pavón. Están clasificadas 55 especies de reptiles, 34 de anfibios, 26 de peces y 149 especies de insectos.

Esta gran riqueza es explotada por cazadores y pescadores ilegales que establecen campamentos furtivos. En más de cien de estos campamentos detectados se matan felinos y se curten sus pieles, se cazan chanchos de monte y pavones y se capturan loras, lapas y tucanes para venderlas después.

RECETA PARA EL DESASTRE:
EXTRACTIVISMO Y MONOCULTIVOS


Otro desastre atenta también contra la reserva. Para “desarrollar” Nicaragua, los gobiernos, especialmente el actual, han apostado no sólo por el extractivismo -un modelo económico que consiste en extraer todos los recursos naturales disponibles (madera, oro, petróleo…)-, también por los monocultivos: grandes extensiones sembradas de materias primas para la exportación (azúcar, aceite de palma, café, carne), sin preocuparse de los daños ambientales o sociales que pueda provocar esta práctica. Las áreas de bosque se están convirtiendo en extensas plantaciones para la agroexportación y las generaciones futuras vivirán en un desierto.

Los monocultivos más frecuentes en la zona de amortiguamiento de la reserva Indio Maíz son miles de manzanas dedicadas a palma africana, melina, café robusta, piña y naranja.

Los monocultivos de palma africana y melina en el municipio de El Castillo, y los de café robusta y piña en Nueva Guinea han ido acaparando tierras de esos municipios y expulsando familias hacia el área núcleo de la reserva, contribuyendo al avance de la frontera agrícola.

El monocultivo de cualquier especie daña la biodiversidad y el medioambiente, empobrece los suelos, va acabando con los bosques secundarios, contaminando ríos, quebradas y fuentes, y afectando la salud de las personas.

El enorme crecimiento de áreas dedicadas a monocultivos ha expulsado de sus tierras a miles de familias, que al vender sus propiedades tienen que desplazarse a otros lugares en busca de otras tierras o convertirse en peones de los nuevos propietarios.

La palma africana es un monocultivo en crecimiento y sin ningún control. En el año 2000 había 4,561 hectáreas sembradas de palma, principalmente en la región del Caribe. En 2016 ya eran unas 48 mil 142 hectáreas, un incremento de 955% del área sembrada. Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, entre 2010 y 2016 la palma africana sustituyó al bosque en un 24.5% y en un 72.9% al uso agropecuario del suelo.

La palma africana y, en general los monocultivos en el trópico húmedo, demandan grandes cantidades de pesticidas, entre ellos el glifosato, que se comercializa principalmente con el nombre de los herbicidas Roundup y Ranger Pro, producidos por Monsanto y ya prohibidos en muchos países por evidencia de que causan cáncer e insuficiencia renal crónica. En junio de 2020, Bayer, que compró Monsanto en 2018, aceptó pagar 11 mil millones de dólares en indemnización al 75% de las víctimas de este herbicida en Estados Unidos.

TAMBIÉN POR INDIO MAÍZ


Hasta aquí el recuento de un drama ambiental, el que nos llevó a clamar nacionalmente en el año 2015 “Salvemos Indio Maíz”. Hasta el momento, el 76% de la Reserva está bien conservada. Pero la rápida destrucción que causan todos estos delitos ambientales la mantiene en gravísimo riesgo.

Podemos perder este tesoro natural que supieron cuidar las comunidades Rama y las comunidades Kriol para sus descendientes y para toda la Humanidad. También por salvar Indio Maíz es urgente recuperar un Estado y un Gobierno que impidan su destrucción.


PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN DEL RÍO,
ORGANIZACIÓN AMBIENTALISTA A LA QUE EN DICIEMBRE DE 2018 LA DICTADURA ORTEGA-MURILLO LE CANCELÓ
SU PERSONALIDAD JURÍDICA, Y A LA QUE EN AGOSTO
DE 2020 LE CONFISCARON SUS PROPIEDADES
EN LA ZONA DE AMORTIGUAMIENTO DE LA RESERVA
INDIO MAÍZ, COMO REPRESALIA POR SUS DENUNCIAS SOBRE EL DESCUIDO AMBIENTAL PROPICIADO
POR EL RÉGIMEN.

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