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  Número 461 | Agosto 2020
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Nicaragua

“Quiero que la sociedad nicaragüense vea al COSEP con otros ojos”

Carmen Hilleprandt, abogada y empresaria, la primera mujer al frente de la Cámara de Comercio y Servicios, fundada en 1892, reflexionó sobre el presente y el futuro del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), sobre la necesidad de su democratización y de un relevo en su conducción, en una charla con Envío que transcribimos.

Carmen Hilleprandt

Sea cual sea, el resultado de las elecciones de septiembre en el COSEP ya se sienten aires de cambio. Y me alegro de haber contribuido a eso. Yo no soy ficha de nadie, soy una profesional independiente. Vengo de trabajar en dos multinacionales y soy la primera mujer en 128 años que dirige una de las gremiales más importantes de Nicaragua, la Cámara de Comercio y Servicios, que genera casi el 54% del PIB de este país. Desde esa posición me he esforzado en lograr un cambio en COSEP, con la convicción de que el relevo en COSEP sería un buen mensaje para Nicaragua. Quiero que la sociedad vea al COSEP con otros ojos. Que vea a las empresas y nos vea a los empresarios como personas responsables con el país y con toda la ciudadanía porque este país es de todos.

Me presento un poco más ampliamente. Soy abogada de profesión y estudié una maestría en gerencia empresarial. Mi primer trabajo, el que me formó, fue en la empresa multinacional British American Tobacco Nicaragua. Allí hice una carrera exitosa de trece años. Y fue con el respaldo de esa corporación que entré por primera vez a la junta directiva de la Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua. Allí empecé a conocer el trabajo y la relación entre la Cámara y el COSEP. Tenía 32 años y era una mujer. Tan joven y mujer, ya se pueden imaginar los retos en un mundo gobernado por hombres.

Uno de mis mentores me aconsejó que, aunque estuviera entre personas mayores, los tuteara. Porque si no lo hacía establecería una jerarquía: ellos allá y yo ahí. Siempre traté a aquellos hombres mayores con respeto y siempre mantuve independencia de pensamiento. Uno va ganándose su espacio. Vengo de una familia trabajadora, en donde vale mucho lo que uno dice, donde se aprecia mucho la palabra. Pienso que los valores los traemos desde la familia. Y en mi familia aprendí a no tener temor a decir lo que pienso.

No ha habido muchas mujeres en las gremiales y, por eso, históricamente, tampoco en COSEP. La poca participación de las mujeres ha sido una constante en casi todas las esferas de la sociedad nicaragüense. Aunque representan la mitad de la población y hoy en día tienen más estudios, las posiciones que ocupan no son usualmente las relevantes y las de tomas de decisiones.

Volviendo a la gremialidad, cuando yo entré al COSEP éramos tres mujeres. En ese entonces eso era un récord. Siempre éramos las críticas y entre los atributos que nos adjudicaban, éramos las impulsivas y las necias. Después de un tiempo salieron dos y quedé yo sola en la junta directiva de una Cámara. Hoy ya somos bastantes más en las juntas. Y actualmente, ocho mujeres están en el Consejo Directivo del COSEP porque presiden ocho Cámaras (INDE, Comercio, Turismo, Construcción, Urbanizadores, Distribuidores de Productos Farmacéuticos, Microfinanzas y Profesionales). Nunca habíamos sido tantas en puestos de dirección.

Yo entré por primera vez a la Cámara de Comercio durante el gobierno de Enrique Bolaños. Una de las primeras cosas que hice fue participar en un comité para revisar y analizar las leyes tributarias que afectaban a la industria del tabaco en ese momento. Siempre las cargas tributarias para una industria son muy sensibles, pues de eso depende su competitividad local e internacional, por lo que formar y ser parte de ese comité era relevante para poder sentar posiciones.

Enseguida aprendí que la Cámara de Comercio tenía muchas relaciones con instituciones gubernamentales, con el Ministerio de Hacienda, con la DGI (Dirección General de Ingresos), también con la Asamblea Nacional. En ese tiempo siempre que había algún problema, las industrias y las empresas éramos invitadas a la Asamblea a presentar nuestras posiciones y se daba un intercambio con los diputados sobre los efectos de las leyes, a cómo debe ser en una democracia, donde los poderes del Estado tienen su independencia y cumplen cada uno su rol. Aunque yo era directora, y no estaba en los cargos principales de la Cámara, participaba y me fui empezando a ganar los espacios y la confianza de mis pares. En esa posición estuve cuatro años consecutivos. Dejé la Cámara cuando la empresa me envió a una asignación temporal a Costa Rica.

Regresé a Nicaragua en 2011, año de elecciones, cuando Daniel Ortega se presentaba de nuevo como candidato a la Presidencia por el Frente Sandinista. Percibí enseguida que la gran mayoría de los sectores empresariales querían que él ganara. Consideraban que él garantizaba la estabilidad que necesitaba el país y confiaban en él porque decían que ya se había arrepentido de todo lo que había hecho con la economía en los años de la revolución. Recuerdo que en una reunión social escuché que esperaban trabajar con él. Daniel representaba al hombre fuerte.

Ante la historia de nuestro país, vemos que siempre nos vamos por el camino más corto pensando a corto plazo. Ese año ganó Daniel Ortega. Y en 2009 ya se había armado el “modelo COSEP”, el “modelo de diálogo y consenso”, que en unos años se elevó incluso a nivel constitucional. El camino más corto es más fácil. El camino más largo representa siempre más debate, más búsqueda de consenso, más discrepancias, también más participación… y también más esfuerzo y hasta más dolores, pero a largo plazo garantiza más estabilidad y fortalecimiento de la institucionalidad.

Ya no estaba yo en la Cámara de Comercio y Servicios cuando se acordó ese “modelo COSEP”. Pero supe en qué consistía en sus líneas generales y me pareció inadecuado. Hasta entonces, las Cámaras empresariales habían tenido su vida propia, su propio desarrollo y su propio motor, velando cada una por los derechos de sus socios, como corresponde a la gremialidad. Con José Adán Aguerri, que era presidente del COSEP desde 2008, y ya con Daniel Ortega en el gobierno, todo empezó a cambiar. De cómo se fueron armando esos cambios hay cosas que yo no manejo, que muchos no manejan, que sólo se manejan en un círculo muy cerrado en el que se decidía todo.

Con el “modelo COSEP” yo nunca estuve de acuerdo. Como abogada no podía estar de acuerdo. Porque los cimientos de una República son las leyes y las instituciones y en una democracia no se solicitan favores, se respetan derechos. En una democracia, cualquier persona y cualquier empresa deben ser atendidas en cualquier institución. El “modelo” de relación unilateral y vertical que centralizó todo entre el gobierno y el presidente del COSEP, era nuevamente tomar el camino más corto, que puede ser el más rápido y es más fácil, pero que a la larga se vuelve siempre un camino que favorece triquiñuelas no correctas. Cuando las cosas se hacen en el camino corto no llevan a buen fin. El camino más largo, que requiere de procesos, es el que construye democracia.

En la medida en que avanzaba el “modelo” fuimos viendo cómo el presidente del COSEP fue agarrando cada vez más poder y cómo las Cámaras de la empresa privada lo iban perdiendo. El derecho que tenían, con sus socios, de debatir y resolver sus problemas con las instituciones gubernamentales, se iba deteriorando. Ya era mala palabra que una empresa llegara a cualquier institución y si llegaba alguna Cámara, la directriz era dirigirse a COSEP. El que se relacionaba con las instituciones era el presidente de COSEP. Con el “modelo” todas las leyes venían por embudo directo al COSEP y después llegaban a la gremial para ver si tenían comentarios, pero prácticamente no tenían decisiones. Yo me decía: esto está mal, esto se va a revertir. Para mí era un gran problema que las Cámaras perdieran su independencia y tuvieran que pedir favores. Obviamente, el “modelo” le facilitaba las cosas al gobierno. A los ministerios, el “modelo” les restó autoridad, hasta quitársela. En los ministerios miraban al presidente del COSEP como a un superministro y así le decían.

Con el “modelo” no hubo más debate. Todo se centralizó. Y en este país tenemos mucha necesidad de debate. Debemos emprender muchos cambios y debatir cómo hacerlos. En los temas ambientales, por ejemplo. Seguimos produciendo lo mismo de siempre y exportamos lo mismo de siempre: azúcar, carne, café… Somos un país tan pobre, que lo más fácil es hacer siempre lo mismo, seguir en el camino más corto... Pero la única manera de que el país no sólo crezca económicamente, sino que pueda desarrollarse, es diversificando nuestra canasta exportadora y dándole mayor valor, siempre cuidando el medioambiente. La alarma para que no sigamos el camino corto y fácil nos la ha dado hoy esta pandemia. Los seres humanos hemos devastado el ambiente, estamos matando al planeta y hoy vemos cómo el planeta ha encontrado un respiro con el encierro de las personas.

Debemos de aprender de lo que pasa en otros países. Los países que han salido de la pobreza y se han desarrollado en Asia lo han conseguido diversificando su producción y también agregando valor a lo que ya producían. Si volvemos a lo mismo, a lo que siempre hicimos y conocimos, y ése es el camino más corto, sin tener en cuenta el ser amigables con el medioambiente no nos desarrollaremos. Como sociedad siempre hemos sido cortoplacistas y el camino ambiental es un camino largo. Debería haber un foro para que las empresas debatieran qué hacer ambientalmente a corto plazo y a mediano plazo y para garantizar que el gobierno cumpliera con su rol de apoyar el compromiso ambiental facilitando incentivos y recursos.

Cosas como ésta no se resuelven sin un debate y con la relación unilateral cúpula empresarial-gobierno, porque cada Cámara conoce sus necesidades y tiene que plantear propuestas. Está bien aprobar las leyes en consenso, pero no sólo aprobar lo que nos viene, y lo que le conviene a un sector, sino lo que le conviene a la gran mayoría. Las Cámaras deben proponer sus agendas aprendiendo de lo que sucede en otros países.

En 2013 salió el proyecto del Canal Interoceánico. Tampoco estuve de acuerdo. Sabía que eso nunca iba a llegar a ninguna parte, nunca creí que se hiciera el Canal. Estos proyectos tan magnos, y más aún cuando ni fue discutido, no son viables. Y menos lo son en un país tan pobre como Nicaragua. A veces queremos correr cuando no hemos empezado ni a caminar ni a gatear. Por eso, vi con sorpresa cómo se creó tanta expectativa en el sector empresarial, porque decían que el Canal generaría mucho empleo y proyectos para el país. Incluso, algunos viajaron a China a conocer los proyectos de este gran empresario chino… Yo creo que falta madurez política en Nicaragua. Falta carrera política, como la hay en otros países, y es eso lo que va produciendo en los países una masa crítica de políticos responsables.

En 2013 yo había pasado a trabajar en la banca como gerente de Legal y Cumplimiento. Aunque no tenía conocimiento de esta área, sí tenía mucha fortaleza en cómo funcionan las multinacionales y este perfil gustó mucho en la entidad bancaria. También ese año creé una empresa de consultoría, CEJ Consulting, una sociedad anónima para prestar servicios legales, de gobernanza y cumplimiento regulatorio en general. Hasta hoy, esta empresa me ha dado libertad económica, me permitió independizarme. No le trabajo directamente a un grupo, así que tengo que buscar mi cartera de clientes y desarrollar mi empresa.

Antes de 2018 ya había habido una tensión en el “modelo” cuando el gobierno pretendió aprobar leyes para controlar Internet y COSEP se opuso. Pero, cuando en abril de 2018 el sector empresarial no aceptó las reformas que el gobierno decidió hacerle a la Seguridad Social, el gobierno las mandó a publicar unilateralmente y eso rompió el consenso. Y pasó lo que pasó, lo que nadie esperó que pasaría, aunque era algo que se estaba gestando en la sociedad. ¿Me sorprendió? A como dice alguien, en abril no hubo sorpresas, hubo sorprendidos.

En la magnitud con la que pasó no me lo esperaba. No me esperaba una protesta de la sociedad de esa magnitud. Ni una respuesta y una involución en el gobierno de esa magnitud. De repente, nos dimos cuenta que había una reserva moral en el país, la de la juventud, que parecía dormida. Yo trabajo con una muchacha que estaba estudiando en la Universidad y yo le preguntaba siempre si la juventud universitaria hablaba de lo que estaba pasando, si estaba preocupada, si querían cambios… En mi tiempo, que fueron los años de doña Violeta, sabíamos que el país no iba por buen rumbo y hablábamos de eso. Pero esta muchacha me decía que en la Universidad nadie hablaba de lo que pasaba en el país. Por eso, yo no me esperaba lo que sucedió en abril.

Siento que fue algo que se estaba gestando. No sé si en esos días salió el güegüense… La realidad es que la gente se cansa. A pesar de todo, yo creo que hay un antes y un después de lo que pasó en abril de 2018. Y también creo que en aquellos momentos, cuando el “modelo” colapsó de inmediato el presidente del COSEP debió haber renunciado. Es lo que yo hubiera hecho. Y si lo hubiera hecho, hubiera salido en caballo blanco, como una persona responsable que acepta que las cosas no funcionaron, aunque él hubiera tenido buenas intenciones. El líder, si lo es, tiene que saber cuándo bajarse para que surjan otros liderazgos.

No se puede decir que todo lo que había hecho hasta entonces fue malo. Además, todo lo que ha hecho y se le critica no lo pudo haber hecho solo, lo tuvo que hacer con un grupo de apoyo en las Cámaras, porque muchas Cámaras se beneficiaron del “modelo”. Recuerdo cuando en 2016 Daniel Ortega destituyó a los diputados y canceló al PLI para que no participara en las elecciones. En aquellos meses pasaron muchas cosas en la política nacional y el COSEP no se pronunciaba. Con lo que pasaba, se estaba agotando la paciencia del gobierno de Estados Unidos y ya en 2016 se empezó a hablar del Nica Act. A inicios de 2018, ya en el sector empresarial sabíamos que funcionarios de la embajada de Estados Unidos no estaban de acuerdo con la postura que el sector empresarial estaba asumiendo y advertían que podrían venir cosas aún peores para el país si no había más firmeza de parte del sector empresarial.

Hay un principio en Derecho que indica que no se peca solamente por acción, también por omisión. En los años del “modelo” muchos actuamos por omisión. Las Cámaras actuaron por omisión. Unos callaban porque consideraban que el “modelo” les beneficiaba. Cuando yo trabajaba para empresas no decía nada del “modelo” porque a las empresas no les gusta que uno ande dando declaraciones y no estás autorizado a comentar sobre temas que puedan tener roces con la política.

Yo empecé a ser parte del COSEP como presidente de la Cámara de Comercio y Servicios hace sólo un año y cinco meses, en 2019, cuando el “modelo” ya había colapsado. Hoy, alguna gente, mucha gente, ve a los empresarios como responsables de todo lo ocurrido en el país. Yo creo que con el “modelo” se quería buscar una estabilidad económica para el país y una etapa de paz. No creo que la gente haga las cosas con malas intenciones. A veces las hace con buenas intenciones, pero no valen las mejores intenciones si en el camino se olvida que nuestro país es de todos y no de unos pocos. El “modelo” no era sólo insostenible. No sólo no garantizaba institucionalidad, tampoco benefició por igual a todos. Hubo desigualdades en los beneficios.

El papel de la autoridad, el del gobierno, es el de facilitador. ¿Y el papel de las Cámaras cuál es? Como presidenta de Cámara, si mis socios me dicen que tienen problemas con la ley de concertación tributaria, que están teniendo problemas en la aduana, mi obligación es buscar al gobierno para ver cómo solucionarles el problema. Pero, con el “modelo” las Cámaras fueron perdiendo sentido. ¿Para qué pertenecer a una Cámara?

Como abogada, conocedora del cumplimiento de gobernanza, yo veía también que el modelo favorecía la falta de transparencia. No era necesario estar agremiado, era necesario tener la relación con una persona. Él abría las puertas, bastaba una llamada… Nuestra cultura latinoamericana tiende mucho a eso. Si conoces a alguien y quieres resolver el problema por el camino corto dices: voy a llamar a fulano para que me resuelva. Pero, ¿eso es algo esporádico o es algo institucionalizado y para beneficio personal? Como las Cámaras empezaron a disminuirse y a colapsar, el “modelo” terminó beneficiando a una minoría. Y demostró que su sustento era débil al colapsar totalmente en 2018.

Por todo esto es que decidimos trabajar por un cambio en COSEP. Tenemos trece años de no tener otro candidato a la presidencia de COSEP que José Adán. Es el momento de un relevo. La economía es el motor del país y el sector empresarial es el motor de la economía. Ese motor debe generar bonanza, pero debe hacerlo de manera responsable y sostenible en el tiempo. El cambio en COSEP es bueno para el país, lo es para toda la población. También es bueno para José Adán. No podemos negar que ha sido un buen operador, que ha hecho importantes contactos a nivel regional, pero en el momento que vive el país los líderes tenemos que ser catalizadores de cambios. El sector empresarial debía celebrar que estemos hablando de relevo.

Uno tiene que volver siempre a las raíces. Y si volvemos a las raíces del COSEP veremos cuál es su rol. COSEP nació del INDE (Instituto Nicaragüense de Desarrollo) en 1972 como respuesta de los sectores empresariales a la crisis económica que había devastado el país después del terremoto en Managua. Varias Cámaras empresariales se unieron entonces preguntándose qué hacer, con una visión de futuro y con la misión de sacar adelante el país. Con conciencia de que eran el motor de la economía y que ese motor debía alimentarse de la energía de la conciencia social, de la responsabilidad social. Hoy estamos ante otra devastación del país. Y es por eso, por la coyuntura de emergencia sanitaria en la que estamos, que yo hubiera querido ver en Nicaragua, como he visto en México, que los grandes empresarios hablaran pronunciándose ante la pandemia. No se han pronunciado y estoy segura que con su liderazgo podrían hacer mucho por el país y por toda la ciudadanía.

El COSEP tiene varios consejeros, que son los grandes capitales de Nicaragua. Ni están dentro de la estructura de gobernanza de COSEP ni figuran en los estatutos. Sin embargo, están arriba de toda la estructura de funcionamiento del COSEP. Esto lo considero algo frágil y, en lo personal, a mí me gustaría que pudieran llegar a participar en algunas reuniones del Comité Ejecutivo y poder debatir con ellos sobre los temas nacionales y que no sólo hubiera un interlocutor que hable de esto a su discreción. Esto sería importante y de mucho valor ya que en el Comité Ejecutivo participan todos los presidentes de Cámaras.

Por eso, lo que tenemos que empezar a hacer en COSEP es descentralizar. El poder de esta institución, como el poder de cualquier institución y el poder del país, no puede estar concentrado en una sola persona. Las Cámaras tienen el rol de representar y defender a sus socios, que son las empresas. Trece años de centralización en una misma persona les ha hecho perder músculo. Cierto: en trece años hubo bonanza, pero fue una bonanza relativa, porque ahora estamos en negativo y porque esa bonanza se vino abajo porque no era sostenible. Cuando escuchan de cambios y de relevo, algunos en el COSEP dicen que COSEP es una entidad privada y no es el gobierno nacional y, por eso, no es necesario que haya elecciones para un relevo. Pero el COSEP es el brazo político del sector empresarial y por eso debe dar el ejemplo, dejar atrás la reelección y aceptar el relevo.

Desde abril de 2018el gobierno empezó a ver al COSEP como enemigo, como un traidor y empezó una campaña frontal contra COSEP. Así, el COSEP arrastró a toda la gremialidad, a todas las Cámaras, y llevamos ya dos años enfrascados en esto, cuando el país está en una crisis económica profunda que nos está arrastrando a todos y lo que le va a quedar a un nuevo gobierno van a ser cenizas… Creemos que si la juventud y la sociedad civil ya despertaron, nosotros, el sector empresarial y la cúpula empresarial, debemos aportar con un nuevo modelo más democrático, basado en estándares de ética, de desarrollo social. Y también de cuido ambiental, un tema que hay que reconocer que no hemos abordado desde COSEP, y aún menos se aborda en la coyuntura actual, cuando el país está priorizando el buscar cómo sobrevivir.

Las Cámaras empresariales debemos revisar por qué colapsó el “modelo”. Nos corresponde tener un diálogo interno sobre eso. A pesar de que hace dos años el modelo terminó, no hemos tenido ese diálogo hasta hoy. Pedir esa revisión y hablar de relevo lo sienten algunos como que queremos darle un golpe de Estado a José Adán, cuando lo que queremos es fortalecer las Cámaras, fortalecer la gremialidad y, por eso, fortalecer a todo el sector empresarial.

Hablo en plural porque, viendo que en COSEP no se movía nada, cuando en el país se estaban moviendo tantas cosas, el INDE inició una campaña promoviendo el voto, la democracia y el relevo en COSEP. Con eso empezamos. En algunos hubo acogida, en otros una reacción de molestia. ¿Por qué sacan a la luz pública este tema?, decían. Y yo creo que si no lo hubiéramos sacado a la luz pública con la campaña y con declaraciones de algunas no habría habido ningún cambio en COSEP. Y creo que sólo por haberlo hablado ya ha habido un cambio. Es cierto que socialmente ha habido mucha presión sobre José Adán. Pero cuando quisimos tocar el tema a lo interno del COSEP él no quiso, más bien hablaba de otras cosas. Tanto ignorar el tema, que finalmente salió a la luz pública. Era algo que estaba a punto de reventar… y finalmente se hizo público.

Creo que un punto de arranque se dio recientemente, cuando Sergio Maltez, presidente de la Cámara de Industria, se despidió en el último Consejo Directivo y dijo que agradecía por los cuatro años que había estado al frente de la Cámara y que había decidido darle paso a otro presidente. Y se dirigió a José Adán: “Te invito a que no te postulés como presidente porque darías un gran ejemplo”. José Adán no respondió. En la siguiente junta le preguntamos qué iba a hacer y después de que hablamos, nos dijo: “¿Ya terminaron?” Y siguió con la reunión y no comento nada más, pero enseguida salió a los medios a decir que la presidencia del COSEP no era un cargo de elección como lo era en el gobierno...

En COSEP ha habido poca participación de las Cámaras, sea por comodidad o por facilidad y esto facilitó la creación de una estructura poco participativa a lo interno. Por esa escasa participación surgió la campaña del INDE promoviendo el voto y la democracia en COSEP, entendiendo por democracia que cualquier integrante del COSEP pueda querer optar a la presidencia. Porque hasta ahora, si alguien mostraba interés, lo mandaban al último lugar, y eso lo ha vivido gente con muchos años en COSEP. Ahora ya hay aires de cambio. Sea quien sea quien gane, va a tener que unir al sector empresarial y va a tener que darle una nueva imagen al COSEP ante la sociedad.

Yo creo que todas estas formas de actuación, de proceder, están normalizadas porque en Nicaragua, desde las familias y desde la escuela, ni se habla de democracia ni se practica la democracia. Necesitamos que desde la casa y desde la escuela, podamos expresarnos, debatir, opinar, podamos disentir y escucharlo todo para estar de acuerdo y también para estar en desacuerdo.

En la Cámara de Comercio que dirijo hay mil socios, el 50% son medianas y pequeñas empresas. Más del 40% de las empresas de Nicaragua son pequeñas y medianas. He recibido mucho apoyo de los socios de la Cámara. Les hice una encuesta con una sola pregunta: qué pensaban del relevo en el COSEP. Y el 88% de los que contestaron consideró que debe haber relevo. Habitualmente, en las encuestas que he hecho antes, de mil socios me han contestado 40 a lo largo de un mes, porque la gente no tiene costumbre de participar en encuestas. Esta vez me respondieron 106 y lo hicieron en tres días, y 63 añadieron comentarios negativos hacia lo que habían visto que se había convertido el COSEP en estos años. Esa reacción de los socios de la Cámara me dio mucha tranquilidad y seguridad en lo que estábamos haciendo.

En un momento algunos me dijeron que por qué yo no me postulaba a la presidencia del COSEP. Lo estuve pensando y nunca fui clara en decir que no me interesaba. Siempre dije que era competente para el puesto y que podía aportar desde esa posición. Pero decidí que no. Primero, porque tengo apenas un año y cinco meses al frente de la Cámara de Comercio, aun cuando ya tengo diecisiete años de experiencia en la gremialidad. También lo decidí así porque creo que puedo aportar más a la Cámara de Comercio, que es la más antigua en el COSEP y la más fuerte. Quiero esa Cámara, estoy a su servicio y soy también socia por tener ahí mi consultora, una pequeña empresa de servicios.

Creo que al nuevo presidente de COSEP le deberíamos presentar una lista de unos diez compromisos que debe asumir. Y en cuanto gane, debemos empezar a debatir con él cómo cumplir cabalmente con esos puntos. Es sano el cambio: no lo que el gobierno quiera, sino lo que nosotros, como COSEP, queramos. El gobierno se va a tener que reunir con cada Cámara. Con el “modelo” que colapsó, lo que hicimos fue facilitarle al gobierno las cosas, y al hacerlo debilitamos las instituciones y a los ministros. Distorsionamos el modelo de todo el país. Es claro que al gobierno le sale más fácil tratar con una sola persona, pero eso no es sano. Yo espero que el modelo que colapsó en 2018 no resurja. Más bien, que quede como una experiencia que nos demuestra que las cosas hay que cimentarlas bien para que puedan ser sostenibles en el tiempo.

Creo que José Adán no se postulará. Y creo que, gane quien gane, no será más de lo mismo porque ya hubo una ruptura. Con inteligencia emocional apoyaremos al candidato que gane. Con sólo el hecho de que hayan surgido dos candidatos, me siento satisfecha de haber apoyado a lograr este cambio. Yo quiero fortalecer la Cámara de Comercio. Yo no necesito ser presidente de COSEP para gestionar cambios en el COSEP. Este cambio no será tampoco de borrón y cuenta nueva, tal como siento que cree hoy alguna gente cuando habla de cambio político: que en el país ya no va a haber sandinistas. Es un pensamiento demasiado simple. Lo que necesitamos como sociedad es reconciliarnos, aceptar las culpas por lo que no hicimos bien, revisar y ver qué podemos mejorar y disponernos cada día a hacer más. Porque todos los días podemos hacer más.

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