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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 461 | Agosto 2020
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Nicaragua

Ángeles y demonios

¿Qué costo político tendrá finalmente la pandemia entre quienes aún siguen a Ortega? ¿Qué consecuencias políticas tendrá el relevo en la presidencia del sector empresarial, después de trece años de sucesivas reelecciones de la misma persona? ¿Negociará Ortega reformas electorales antes de conocer el resultado de las elecciones en Estados Unidos? De sus palabras en la conmemoración anual del 19 de Julio no se desprende aún ni atisbo de respuesta a estas preguntas.

Equipo Envío

La pregunta sobre cómo celebraría el régimen este año el 19 de Julio ocupó bastante espacio en los medios, en las redes y en las pláticas de muchos. El 3 de julio la tradicional caminata anual de Managua a Masaya, conmemorando la maniobra táctica del Repliegue, realizada por la guerrilla en junio de 1979, fue sustituida por un concierto virtual para evitar el contagio de tanta gente aglomerada durante horas en esa ruta.

“Ha sido la primera señal de sensatez de esta dictadura insensible y criminal ante la pandemia -dijo el exvicecanciller de Ortega en los años 80, Víctor Hugo Tinoco-. Los más fanáticos lo verán como una señal de debilidad. Otros lo recibirán con obediencia a una decisión de la pareja. Creo que la mayoría lo recibirá muy bien porque sentían temor de que los expusieran a otro riesgo de contagiarse. Ese temor está ya profundamente arraigado en los sectores que aún apoyan al orteguismo”.

EL ESCENARIO DEL 19 DE JULIO


Aunque después de sustituir el tradicional Repliegue por un acto virtual, la Vicepresidencia siguió anunciando un 19 de Julio virtual en Managua, finalmente se decidió por caravanas rojinegras -de bicicletas, motos, autos y camiones- en todos los municipios. Para Managua, organizó un acto presencial, sin masividad y ya no en el espacio tradicional de la inmensa plaza que puede acoger hasta 100 mil personas.

En el pavimento de la más pequeña plaza de Catedral, construyó una gran estrella de cinco puntas. Entendidos primero, y curiosos después, la reconocieron: era el pentáculo de Satanás. Lo rodeaban en perfecto círculo, como se acostumbra en los rituales centrados en ese símbolo, mil jóvenes enfundados en camisetas blancas que llevaban impreso el pentáculo. La toma aérea de la “estrella”, que dominaba la escena, se repetía una y otra vez en la televisora oficial, la única que, desde hace unos años, puede cubrir el acto.

Pasadas las 5 de la tarde llegaron Ortega y Murillo, embozados en masca¬rillas color sangre. En la mesa en donde presidían el acto, sólo doce personas: la pareja y diez de sus funcionarios. Seis eran militares. De los doce, seis han sido sancionados por el gobierno de Estados Unidos, dos por los de la Unión Europea y el Reino Unido, cuatro por el gobierno de Canadá y dos por el de Suiza. Sancionada también, la institución policial a la que pertenecen tres de los doce.

ACUERPADO POR EL PODER POLICIAL


No fue al azar que Ortega eligió a los invitados a su mesa: un conjunto de sancionados y seis jefes policiales y militares.

Así quiso decirle a sus bases que las sanciones de Washington no le hacen mella, que está fuerte y acuerpado. A los demás nos decía que su poder reside en las armas, dejando a nuestra imaginación la consecuencia: que no está dispuesto a jugárselo en las urnas.

En la mesa lo acompañaban su consuegro y Jefe de la Policía, Francisco Díaz, y otros dos jefes policiales. Uno, el ins¬pector general Jaime Vanegas, un rostro ya habitual en los medios cuando se trata de prohibir o de criminalizar cualquier acto de la oposición. Junto a Vanegas, el comisionado general Adolfo Marenco.

Marenco fue nombrado en 2015 “jefe de inteligencia policial y de investigación política”, trabajo que realizaba desde antes, apoyado por 70 oficiales a sus órdenes, según una investigación periodística publicada en marzo por “Confidencial” con fuentes policiales y de expertos en seguridad, todos bajo anonimato.

A Marenco lo describen como “la persona más poderosa de Nicaragua, después de Daniel Ortega, Rosario Murillo, y Néstor Moncada Lau”, como “el brazo siniestro” de la estrategia represiva del régimen. Y confirman las fuentes que “ningún secuestro o captura se hace sin su visto bueno”, después de su trabajo “en las sombras, hilando información para construir expedientes”. No fue, pues, un azar que una cara tan poco conocida y tan poderosa apareciera esa tarde junto a Ortega.

ACUERPADO POR EL PODER MILITAR


A la izquierda de Daniel Ortega se sentaba el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, quien por la reforma que impuso Ortega al Código Militar, ha estado dos períodos en el cargo y en él espera cumplir un tercero, hasta el año 2025.

Le acompañaban los dos generales que están en la línea de sucesión: Bayardo Rodríguez, jefe del Estado Mayor, y Marvin Corrales, inspector general.

El 15 de julio Avilés había aparecido por primera vez en público casi dos meses después de ser sancionado por el gobierno de Estados Unidos “por estar alineado políticamente” con Ortega y “por negarse a ordenar la inhabilitación y el desmantelamiento de las fuerzas paramilitares o parapoliciales” que actuaron para sofocar la rebelión de Abril, y a las que el Ejército les habría proporcionado armas, según reza el texto de la sanción.

Ese día, Avilés no dijo una sola palabra sobre la sanción de Washington. Apareció con mascarilla verde olivo y guantes leyendo un breve mensaje, reconociendo los esfuerzos del cuerpo médico militar ante la pandemia, que calificó como “terrible”, señalando que “causa estragos en el mundo y aquí en nuestra patria”.

Al día siguiente, 16 de julio, Avilés, flanqueado por Rodríguez y Corrales -sus eventuales sucesores-, y en un segundo inusual plano respaldado por otros tres generales -todo para dar imagen de cohesión-, brindó una extemporánea rueda de prensa en la que por fin habló de la sanción recibida dos meses antes, calificándola de “injerencista”.

Buena parte de sus palabras las dedicó, con voz quejosa y por momentos alterada, a quienes en la oposición piden que la sanción abarque a toda la institución castrense, como ya lo hizo Estados Unidos con la institución policial. Avilés dijo que el Ejército era “una institución atacada y calumniada a diario, con el objetivo de mermar su credibilidad”. “¿Quiénes lo hacen”, se preguntó, para contestarse que la atacan “quienes no hacen absolutamente nada”. A ésos los calificó de “hablan¬tines, vividores y asalariados” y, a pesar de lo desdeñoso de los adjetivos, clamó: “A todos los compañeros y compañeras les decimos: ¡no les crean! Y a nuestro pueblo, ¡que no se deje engañar por ellos!”

“DE FORMA UNÁNIME Y COHESIONADA”


Ese día el Consejo Militar, compuesto por unos 40 oficiales, también se pronunció en un comunicado: “De forma unánime y cohesionada y expresando el sentir de todos los integrantes del Ejército de Nicaragua” dieron su “total respaldo” a Avilés, rechazando las sanciones como “actos de injerencismo”.

Haciéndose acompañar en la mesa que cerraba por el lado norte el círculo que rodeaba el pentáculo de Satanás por quienes dirigen hoy la Policía y por Avilés y sus eventuales sucesores, Ortega quiso dejar bien claro a la resistencia cívica que la respuesta siempre será armada, que las armas están de su lado y que seguirá empleándolas.

LOS TRES “ÁNGELES” CON “ESPADAS”


Hasta hace poco, en las muy costosas, siempre multitudinarias y bulliciosas conmemoraciones del 19 de Julio acompañaban a Ortega embajadores, empresarios, hasta obispos y clérigos. Este año no llegó invitación a nadie de estos sectores.

En estas mismas páginas, y desde hace unos años, nos hemos referido a la estrategia que, usando una imagen bíblica, le aconsejó a Ortega uno de sus hombres más cercanos: para recuperar el gobierno, perdido en las urnas en 1990, debía “neutralizar” a los “tres ángeles que le cerraban las puertas del paraíso”. Debía ganarse a la jerarquía católica, al gobierno de Estados Unidos y a la empresa privada, los tres poderes que mantuvieron sus “espadas desenvainadas” contra él en los años 80.

PRIMEROS REVESES CON EL PRIMER “ÁNGEL”


La “neutralización” de la jerarquía católica enfrentó un primer revés con la llegada a Nicaragua en mayo de 2009 de Silvio Báez, nombrado por el Papa Benedicto 16 como obispo auxiliar de Managua.

Con treinta años fuera de Nicaragua, Báez traía aires nuevos, y un pensamiento social y teológico sólido, lo que le permitió aportar desde muy pronto críticas constructivas al autoritarismo que ya estaba imponiendo Ortega. Eso fue modificando la correlación de fuerzas al interior de la Conferencia Episcopal.

En mayo de 2014, la carta pastoral que los obispos le presentaron a Ortega y a Murillo (texto íntegro en Envío de junio de ese año), fue una clara muestra de que los obispos se distanciaban del poder absoluto del que ya abusaban ambos. Nunca respondieron aquella carta.

Con el fallecimiento del cardenal Obando -figura clave en la “neutralización” de la jerarquía católica- y con los acontecimientos que siguieron a la rebelión de abril de 2018, la distancia se convirtió en separación.

La posición de la jerarquía en el primer diálogo, y los compromisos que a diario asumió desde Abril la mayoría de obispos, sacerdotes y religiosas en defensa de la población que enfrentaba a Ortega, demostraron que el “ángel” católico mantendría “desenvainada su espada”.

DICE EL PAPA: “NO VA A TARDAR MUCHO”


El régimen pensó que podría recuperar terreno sacando del país al jerarca de “la espada con más filo”, el obispo Báez, lo que consiguió, amenazándolo y persiguiéndolo hasta que en abril de 2019, y con la anuencia del Papa Francisco, que quiso salvaguardar su vida, Báez salió de Nicaragua hacia un exilio forzoso.

Quedaron en el país obispos, sacerdotes y religiosas que nunca renunciaron a actitudes críticas. Y Báez siguió presente en Nicaragua por su activismo en las redes y porque los medios independientes mantienen vivos sus mensajes diariamente.

Este mes fue muy comentada la extensa entrevista que Báez dio a “La Prensa” el 5 de julio. “No nos debería sorprender cómo esta dictadura ha enfrentado la pandemia -dijo-. Lo han hecho con su estilo de siempre. Politi¬zarlo todo a su favor. El fanatismo ideológico por encima de la ciencia. Arrogancia. Irracionalidad. Irresponsabilidad. El secretismo y la mentira. Veo a Ortega desesperado por sobrevivir. Progresivamente ha ido perdiendo legitimidad, autoridad moral, respeto”.

Y conociendo las alabanzas que con frecuencia dedica la Vicepresidenta a los mensajes del Papa Francisco, con toda intención decidió contar algo. Había hablado hacía tres días con el Papa: “Le pregunté si mi regreso a Nicaragua depende de la caída de Daniel Ortega y el santo padre me dijo: “Por lo menos que esté bastante debilitado”. Él cree que no va a tardar mucho eso”, dando a entender que “eso” es la caída... Estas palabras deben haber irritado sobremanera en el seno del poder.

El régimen nunca recuperará la anuencia de este “ángel”. Las agresiones verbales y físicas, los asedios contra sacerdotes y las profanaciones de templos católicos, frecuentes desde abril de 2018, los hechos violentos que sucedieron en la tarde de este 19 de Julio en la catedral de Matagalpa y en la noche de ese día contra la catedral de Managua son respuestas del régimen, a través de sus fanáticos, al quiebre de una relación que ya no tiene recomposición.

EL FACTOR QUE MOVIÓ AL SEGUNDO “ÁNGEL”


La ruptura actual de las relaciones con el “ángel” del Norte es la de mayores consecuencias políticas y económicas para Ortega. Estados Unidos es una potencia global, es nuestro principal socio comercial y ha tenido una influencia determinante en la vida del país a lo largo de más de un siglo.

Una cierta distancia empezó a observarse desde fines de 2008. Gobernaban entonces los demócratas con Barack Obama. Y Washington, por el probado fraude en los comicios municipales de aquel año, cortó los recursos que brindaba a Nicaragua por el proyecto Cuenta Reto del Milenio.

Años después, tras las también cuestionadas elecciones presidenciales de 2011, durante el segundo período de Obama, la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton anunció un “escrutinio severo” a los préstamos del BID y del Banco Mundial para Nicaragua. Aquel escrutinio -antecedente de lo que sería unos años después la Nica Act- no llegó a materializarse y durante algunos años el “ángel” del Norte envainó su “espada”, priorizando la estabilidad que veía en Nicaragua y que contrastaba con la violencia que azotaba a Guatemala, Honduras y El Salvador, los países del “Triángulo Norte”.

Fue a mediados de 2016, Obama todavía en el poder, cuando la relación se crispó. “El factor que irrumpió con fuerza en el escenario -dijo a Envío el exvicecanciller Víctor Hugo Tinoco- fue que Ortega, de un zarpazo, decidió romper con el modelo que puso fin a la guerra civil y que había sido la esencia de los acuerdos de Esquipulas, impidiendo un proceso electoral con un mínimo de garantías”. Ese año, y en consenso, demócratas y republicanos presentaron al Congreso la Nica Act.

DE LAS TENSIONES A LAS SANCIONES


En noviembre de 2016 Ortega se reeligió en elecciones sin competencia y sin observación, y llevando como fórmula a su esposa. La abstención rondó el 80% del electorado. Washington comenzó a responder aprobando en diciembre de 2017 la Nica Act y sancionando en esas fechas al presidente del Poder Electoral Roberto Rivas.

En 2018, tras la crisis de derechos humanos de Abril, y ya con los republicanos y el equipo de Donald Trump en Washington, se pasó del tiempo de las tensiones al de las sanciones.

Hoy, el aislamiento internacional del régimen es dramático. El 19 de julio la televisión oficial repetía una y otra vez las felicitaciones que por la efemérides enviaban a Ortega el presidente de Abjasia, el de Osetia, Nicolás Maduro desde Venezuela, Hasan Rohaní desde Irán…

“Es un régimen supremamente desprestigiado, que no tiene la más mínima legitimidad, que es visto como un gobierno tóxico. Los gobernantes son tratados como unos parias y la manera de decírselo son las sanciones”, expresó José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch al comentar el acto del 19 de Julio.

Desde 2017 Estados Unidos no ha dejado de “decirle” al régimen con sanciones que debía cambiar de ruta.

Ortega y Murillo llegaron a la conmemoración del 41 aniversario de la revolución sólo horas después de que el 17 de julio se lo dijera una vez más. Washington sancionó ese día tan simbólico -el 17 es “el día de la alegría” porque ese día se fue Somoza de Nicaragua- a dos más del entorno cercano de la pareja: a otro de sus hijos, Juan Carlos, y a uno de sus más conocidos testaferros, José Mojica.

LOS DOS NUEVOSSANCIONADOS


A Juan Carlos Ortega Murillo y a su empresa de publicidad “Difuso” se les sanciona por transacciones vinculadas a actos de corrupción y apropiación indebida de bienes públicos.

A José Mojica, al que Washington llama “uno de los testaferros más confiables de la familia Ortega”, se le señalan los mismos delitos, especificando que “actúa como representante personal de Ortega, crea compañías fantasmas para lavar dinero, oculta su propiedad y ganancias ilícitas… y creó un plan de lavado de dinero para extraer dinero de las empresas que dirige en nombre de Rafael Ortega Murillo”, ya sancionado en diciembre de 2019.

Son ya tres los hijos de Ortega sancionados. También lo ha sido su esposa y otros veinte confiables funcionarios orteguistas. Y ya hay también leyes que afectan a la Nicaragua de Ortega, que han sido aprobadas por republicanos y demócratas y que difícilmente se modificarán mientras no se aclare “cuál es la ruta” de nuestro país en temas de democracia y de respeto a los derechos humanos, de corrupción y de lavado de dinero… Y como aún no hay nada claro en nada de eso, todo indica que este “segundo ángel” no envainará su “espada” ni pronta ni fácilmente.

BUENAS RELACIONES CON EL TERCER “ÁNGEL”


Ha sido el tercer “ángel”, la empresa privada, el que Ortega logró neutralizar con más habilidad y durante más tiempo.

En la primera reunión privada que tuvo con dirigentes de la élite empresarial en 2007, no más llegar al gobierno, hubo tanta química entre ambos poderes que Ortega felicitó al Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada) por ser “el CPC que mejor funciona”, comparando a la cúpula empresarial nada más y nada menos que con los nacientes Consejos del Poder Ciudadano que había creado para que actuaran como sus “correas de transmisión” por todo el país.

En 2009, año de la recesión económica global, Ortega temió un colapso económico. Para hacer frente a la crisis, convirtió sus primeros acercamientos con la élite empresarial en una estrecha connivencia en torno a un proyecto claramente neoliberal, en el que ambas partes sacaban jugosos beneficios de la abundante cooperación venezolana, incrementada en aquellos años.

NACE EL “MODELO COSEP”


En 2009 se creó así el “modelo Cosep” que se vendía internacionalmente como fórmula para el desarrollo y la estabilidad.

Este co-gobierno, bautizado como “modelo de diálogo y consenso”, lo incorporó Ortega en 2014 al texto de la Carta Magna, cuando impuso una reforma constitucional que le permitió la reelección indefinida.

Personaje clave en el funcionamiento del modelo corporativo, que duró casi una década, fue José Adán Aguerri, operador político del poderoso Grupo Pellas, quien se mantuvo en el cargo desde septiembre de 2007.

Durante trece años, José Adán Aguerri se religió diez veces consecutivas, después de reformar los estatutos del Cosep, primero para conseguir la reelección indefinida y después para que los períodos presidenciales duraran tres años.

Cuán antidemocráticamente funcionó este “modelo” lo describe en detalle Carmen Hilleprandt, presidenta de la Cámara de Comercio y Servicios, en páginas siguientes. Hilleprandt cuestionaba el modelo por insostenible. Hoy, junto a otras empresarias y empresarios, ha sido promotora del relevo en la presidencia del Cosep y de la democratización de la organización empresarial.

“EL MODELO FUE UN JUEGO DE DOBLE VÍA”


Ximena González, presidenta del IN¬DE (Instituto Nicaragüense de Desarrollo), brazo social del Cosep, institución promotora hoy de su democratización, sintetizó así en una entrevista radial la esencia de lo negativo del “modelo Cosep”.

“El presidente del Cosep -dijo- ha sido el hombre de Ortega en la empresa privada. Y eso hizo que el Cosep esté permeado por las mañas del gobierno de Ortega. El modelo corporativo no les convino a todos los empresarios por igual, sino a aquellos a quienes apoyaba el presidente del Cosep. El gobierno no modeló conductas sanas en el Cosep y el Cosep no las modeló en el gobierno. Esto fue un juego de doble vía. El Cosep adoptó el modelo centralista del gobierno y también el modelo turbio de hacer las cosas bajo la mesa y sin rendición de cuentas”.

“FUE EL MODELO DE HITLER Y MUSSOLINI”


Abiertas las puertas de la crítica dentro de los gremios empresariales a partir de la iniciativa del INDE, se escucharon más voces.

El economista Róger Arteaga dijo a “La Prensa”: “Yo pregunté a tres o cuatro presidentes de Cámaras del Cosep por qué permitían una dictadura en la presidencia del Cosep. Me dijeron que Ortega no quería dialogar con nadie más que con José Adán a través de Bayardo Arce. Los miembros de Cámaras se acobardaron y por eso no había candidatos que compitieran con él, porque con ninguno iba a querer hablar Ortega y así iban a perder todos los beneficios que estaban consiguiendo en el cogobierno con Ortega”.

Los empresarios más beneficiados por el “modelo” lo vendían en Nicaragua y en el extranjero como algo inédito y novedoso.

“Un milagro” lo llamó el banquero Ramiro Ortiz. Quien fuera presidente del Cosep en 2005 y 2006. Erwin Krüger dijo a “Confidencial”: “Lo presentaron como el gran descubrimiento, cuando era un modelo enterrado, no deseable, que limitaba los derechos ciudadanos. Fue el modelo que ocuparon los gobiernos fascistas de la Alemania nazi de Adolfo Hitler y de la Italia fascista de Benito Mussolini en los años 30 y 40”.

“YA HAY UN CAMBIO EN EL COSEP”


Aunque el “modelo Cosep” colapsó con los acontecimientos de abril de 2018, la presencia desde entonces y por más de dos años de José Adán Aguerri en la presidencia del Cosep y su presencia protagónica en la Alianza Cívica, han impedido, no sólo que los sectores empresariales revisen los daños y costos que le dejó el modelo corporativo al país. También ha contribuido a empañar a los empresarios y a buena parte de la oposición.

Aguerri, operador clave de Ortega y del gran capital, no fue sólo eficiente para los intereses de los grandes grupos empresariales del país, también ha sido eficaz en lograr que sectores de la oposición azul y blanco dependan de estos grupos.

Las elecciones para un relevo en la presidencia del Cosep son a inicios de septiembre.

Carmen Hilleprandt considera que la campaña del INDE por la no reelección, el hecho de ventilar en público comentarios críticos a la conducción del Cosep, y el que hayan surgido en ese contexto dos candidatos para sustituir a Aguerri, han traído ya “aires de cambio”. “Me siento satisfecha -añade- de haber apoyado a lograr ese cambio. Yo no necesito ser presidente de Cosep para gestionar cambios en el Cosep”.

¿QUÉ CAMBIARÁ CON EL TERCER “ÁNGEL”?


Aguerri, muy criticado desde distintos sectores de la sociedad antes de abril de 2018 y mucho más después, ha dicho: “Yo no me voy del Cosep, siempre vamos a estar en Cosep, somos camiseta Cosep”.

¿Qué sentido tendrá en concreto la camiseta que no piensa quitarse? ¿Cuánto cambiarán las relaciones del régimen con el tercer “ángel” al ser presidido por otra persona?

¿Tendrá capacidad Ortega de neutralizar al Cosep a partir del cambio en su conducción? ¿O en las relaciones del Cosep con el régimen prevalecerá la ley de la inercia política impuesta por el gran capital, siempre pugnando por un “aterrizaje suave”, como le dicen, sin que quede claro cómo y dónde quedarían Ortega y Murillo al aterrizar suavemente después de despegar en abril con tanta violencia…?

HACIA LA DEPRESIÓN DE LOS AÑOS 80


En su más reciente número, la publicación británica especializada en análisis económicos globales “The Economist” advierte que “la pandemia amenaza con empujar a Nicaragua a su depresión económica más profunda desde la década de 1980”, años de la guerra civil.

La publicación hizo peores pronósticos para 2020 de los que ya venía haciendo y de los que había hecho en su número anterior: augura una caída del PIB del 8.2%. Y mantiene el pronóstico de que Ortega ganará en 2021, tanto por “la desunión en las filas de la oposición y la ausencia en ellas de un líder fuerte”, como porque “es poco probable que el FSLN compita en forma libre y justa”.

“LA PANDEMIA PROVOCA UN SCHOCK TRANSITORIO”


El panorama económico es sombrío en Nicaragua y en todo el planeta. Y el consenso mundial es que la recuperación económica de todos los países está directamente ligada a cómo los gobiernos han gestionado la pandemia.

Sin embargo, el recientemente sancionado Ministro de Hacienda Iván Acosta quiere inyectar optimismo a los nicaragüenses, que han visto y resentido la pésima gestión que la dictadura ha hecho de la pandemia.

“Lo más importante -dice Acosta- es que la ciudadanía tenga confianza en que el gobierno está trabajando focalizado en salir rápidamente de la pandemia, que provoca un impacto importante en la economía, pero que es un shock transitorio”.

Tal vez lo que Acosta buscaba vender con estas ilusas palabras era una manera de ocultar el costo político que para Ortega tiene y tendrá su irresponsable gestión de esta emergencia sanitaria: para 2020 el régimen esperaba cierta recuperación económica, la suficiente como para llegar a las elecciones de 2021 en una mejor posición, lo que le permitiría ganar “por las buenas”... o “por las no tan malas”. Esto ya no será así. La pandemia en Nicaragua ha causado un schock devastador y nada transitorio.

REGRESA EL CANAL INTEROCEÁNICO


Todos los empresarios comprometidos con el cambio en Nicaragua también hablan de “confianza”, pero no en lo que hace el gobierno, sino en lo que no hace: negociar políticamente una salida a la crisis que provocó desde 2018. Y todos reiteran que la economía no levantará cabeza mientras no haya confianza en que en el país hay democracia y Estado de derecho.

Para generar confianza internacional, el también sancionado Laureano Ortega Murillo, que ostenta el cargo público de asesor presidencial para la promoción de inversiones, apareció el 21 de julio enumerando las ventajas que ofrece Nicaragua a los inversionistas extranjeros: seguridad jurídica, facilidad y rapidez para hacer negocios, estabilidad social…

Aunque nada de eso existe hoy en Nicaragua, la Gran Mentira en su comparecencia fue regresar al Gran Canal. “Vamos adelante -dijo- con el proyecto, que continúa en su fase de estudios y diseño. Será el proyecto de inversión más importante de la historia, generando enormes beneficios, tanto sociales como medioambientales”.

¿Habrá algún inversionista interesado…? En Nicaragua todos sabemos que no se ha usado una pala para abrir una zanja y que el empresario chino que conseguiría 50 mil millones de dólares quebró y perdió su fortuna hace unos años... aunque todavía la Ley 840, que lo hizo dueño de la concesión, nunca se derogó.

SIN RECURSOS Y CON MUCHOS MUERTOS


Hoy, los discursos oficiales suenan vacíos. Desesperados. En el primer trimestre de 2020, antes incluso de la pandemia, el régimen no logró contratar ni un solo préstamo internacional. Y el segundo trimestre culminó igual. El presupuesto se tambalea.

Según una encuesta de Diálogo Interamericano del mes de julio, el apoyo a Ortega no llega al 20%, y en las respuestas a algunas preguntas no supera el 15%. En la encuesta, el 80% coloca la pandemia como el primer problema del país. La caída de Ortega tiene que ver con los resultados de la pandemia, que ha enfermado y matado a decenas de simpatizantes rojinegros.

Tiene también que ver con el fin de muchos subsidios y regalías que ya no hay. “El gobierno está corto de recursos para promover el populismo que le garantizó apoyo en años anteriores”, dice Manuel Orozco, director de Diálogo Interamericano.

“HEMOS ENFRENTADO CON ÉXITO LA PANDEMIA”


Después de varias canciones tradicionales en la efemérides del 19 de Julio, Ortega se quitó la mascarilla para hablar.

El centro de su discurso, de poco más de una hora, tuvo un guion similar al de su comparecencia de inicios de mayo, cuando no le quedó más remedio que reconocer la presencia de la pandemia en Nicaragua.

Desde entonces, el objetivo de los mensajes diarios de Murillo al mediodía, y el de los informes semanales del Ministerio de Salud, ha sido ocultar los estragos que está causando el virus, ella con su repetitiva retórica patriótico-religiosa, y el Ministerio con información manipulada y nada fiable.

Ortega cansó y abrumó leyendo de un cuaderno la lista de enfermedades que causaron fallecimientos en el país entre el 11 de marzo y el 30 de junio, para concluir dando gracias a Dios porque en ese mismo lapso de tiempo los nacimientos doblaron a las muertes.

Abrumó y cansó después leyendo de otro cuaderno la lista de equipos médicos adquiridos por el gobierno para combatir una lista de padecimientos, aunque no mencionó que en julio el gobierno compró 40 camas para cuidados intensivos, 70 ventiladores, centenares de oxímetros y de medicinas previendo el agravamiento de la pandemia, cuya gravedad conocen perfectamente, aunque no la reconozcan públicamente.

También señaló Ortega el aumento del presupuesto de salud en sus años de mandato. Y sin dedicar una sola palabra para condolerse por las decenas de dirigentes y militantes sandinistas fallecidos por Covid-19, concluyó que “eso -equipos y presupuesto- es lo que nos ha permitido enfrentar con éxito esta pandemia, acatando las indicaciones que nos dan las autoridades de salud”.

“NO PODREMOS CONTROLAR LA PANDEMIA”


El régimen no ha acatado las indicaciones de las autoridades mundiales de la salud (OMS) ni las de las autoridades regionales (OPS), tampoco las de los experimentados epidemiólogos con los que cuenta Nicaragua, que han señalado continuamente la importancia que tiene evitar las aglomeraciones y guardar el distanciamiento social. “Hasta que paren las actividades públicas, donde se reúnen cientos de personas, y mientras no exista la percepción de riesgo, no podremos controlar la pandemia”, dice la infectóloga y salubrista Carmen Torres.

Esas actividades no se han detenido. Y el régimen insiste en no “alarmar”, lo que contribuye a disminuir la percepción de riesgo. Los actos masivos y las caravanas de militantes que se organizaron en todos los municipios para celebrar el 19 de Julio serán probablemente fuente de nuevos contagios.

También lo será la reapertura el 21 de julio de todas las escuelas públicas, a pesar de comprobarse que en el mes en que permanecieron cerradas, los contagios se redujeron hasta en un 25%.

Las cifras del Observatorio Ciudadano, que recibe información directa de médicos y de organizaciones territoriales, desmienten el éxito del régimen ante la pandemia con números más confiables, aunque imposibles de verificar plenamente por el monopolio de las pruebas para el Covid-19 en manos del régimen.

PARA ACERCARSE A CIFRAS MÁS EXACTAS


Al carecer de cifras oficiales y al ser más difícil acertar en el número exacto de contagiados -muchos no acuden a los hospitales por temor-, el médico salubrista Carlos Hernández, integrante del Comité Científico Multi-disciplinario -creado al comienzo de la pandemia por profesionales de distintas ramas- explicó a “Confidencial” que el camino que arroja más luz para acercarse a la verdad es recurrir al número de fallecidos.

Hernández recurre al número de nicaragüenses muertos por varias enfermedades entre el 11 de marzo y el 30 de junio de 2020 citados el 19 de julio por Ortega, para concluir que, por cuatro enfermedades en particular -infarto, diabetes, hipertensión y neumonía, las que más aparecen en las actas de defunción oficiales como “causa de muerte” para camuflar y reducir las muertes por Covid-19- murieron 4 mil 429 personas más de las que murieron en los últimos tres años.

“TENEMOS EL ÍNDICE DE MORTALIDAD MÁS ALTO”


“Toda esa sobremortalidad -dice Hernández- habría que clasificarla como muerte sospechosa atribuible a Covid-19”. Esos cuatro padecimientos, especialmente la neumonía, se disparan cuando alguien contrae el Covid-19, y en definitiva es el virus el que mata a la persona.

En el caso de la neumonía, el número de fallecidos aumentó hasta 14 veces en promedio como causa de muerte diaria en el país, pasando de ser la novena causa de muerte en los tres años previos a ser la primera causa en 2020. Este camino, pues, nos acerca más a la realidad de la pandemia en el país.

Al 19 de julio, mientras el Ministerio de Salud contabilizaba 2,682 contagiados y 91 fallecidos, el Observatorio contabilizaba 8,508 contagiados y 2,397 fallecidos, entre ellos 40 médicos. Incluso según el conteo del Observatorio, Nicaragua tenía para esas fechas las cifras de contagiados y muertos mayores de Centroamérica. El biólogo molecular y vicerrector de la UCA, Jorge Huete, afirma que “Nicaragua tiene el índice de mortalidad por millón de habitantes, más alto de América Latina: un índice mayor que el de Brasil, la nación más afectada de la región”.

“NOS GUIAREMOS POR FUENTES NO OFICIALES”


El 20 de julio, Ciro Ugarte, director de emergencias de la Organización Panamericana de la Salud, afirmó en conferencia de prensa que la OPS se guiaría a partir de esa fecha por “fuentes no oficiales”.

La OPS ha venido insistiendo al gobierno, semana a semana, que brinde datos transparentes y desagregados por sexo, edad, lugar y número de pruebas realizadas, que permitan conocer cómo evoluciona la pandemia en Nicaragua. No ha habido respuesta.

Tampoco la hay al ofrecimiento hecho por la OPS de enviar a Nicaragua a un equipo de expertos “para fortalecer las capacidades del país ante la pandemia”. Ugarte volvió a recordar esta oferta, diciendo que esperan del gobierno una autorización… que quizás nunca llegue.

NOVIEMBRE 2021: UN HORIZONTE AÚN CERRADO


La rebelión cívica iniciada en abril de 2018 reclamaba elecciones adelantadas. No se consiguió.

Transformada la rebelión en resistencia cívica hasta el día de hoy, la mayoría social azul y blanco va entendiendo, con realismo, que la salida que tiene más respaldo nacional e internacional es electoral. Y eso será hasta 2021.

Aun aceptándolo, desconfía que eso sea una salida porque sabe que si las elecciones de noviembre de 2021 se llevan a cabo con las mismas autoridades y con los mismos procedimientos de todas las elecciones ya vistas, desde la de 2008 hasta la de 2017, no resolverán nada, sólo prolongarían la agonía nacional, la descomposición social y el derrumbe de la economía.

¿IR O NO IR A LAS ELECCIONES?


La unidad opositora ha logrado, hasta ahora, su mayor consenso en torno a las reformas imprescindibles que deben hacerse al sistema electoral. Pero esas reformas deben ser negociadas necesariamente con Ortega, quien en sus palabras del 19 de Julio no hizo ninguna referencia al tema electoral.

A pesar de ese silencio, Ortega dio por “inaugurado” el proceso electoral unos días antes, el 14 de julio, al ordenar al CSE (Consejo Supremo Electoral) la publicación de una resolución administrativa que reforma la ley electoral, prorrogando el plazo para que los nuevos partidos políticos que lo soliciten obtengan su personería jurídica para poder participar legalmente. No tendrán que presentar los complejos requisitos que la ley exige doce meses antes de la fecha de los comicios, sino bastará que lo hagan cinco meses antes.

La resolución fue calificada inmediatamente de carnada, trampa, anzuelo, cebo... por su intención divisionista.

Se la ve como una estratagema di¬vi¬sio¬nis¬ta porque al facilitar la creación de nuevos partidos, alienta las disputas entre los grupos opositores, que dan lugar a dudas, comentarios inadecuados, sospechas.... y nuevamente a más disputas.

También es verdad que la oposición azul y blanco siempre ha manifestado que su aspiración es conformar un nuevo partido, una nueva alianza plural, para participar en las elecciones y esa prórroga se lo facilitaría.

Nada está claro respecto a las elecciones de 2021. Hasta el momento de poner punto final a este texto, 31 de julio, lo único claro es que, tanto las intenciones de Ortega sobre las elecciones, como la solidez de la unidad de la oposición azul y blanco para presentarse a esos comicios o para negarse a participar en ellos si no hay condiciones, son asuntos aún colmados de interrogantes.

ESPERANDO NOVIEMBRE 2020


La resolución del CSE es un mal precedente. El Poder Electoral no puede reformar la ley electoral por resolución administrativa. Reformarla le corresponde al Poder Legislativo.

En el texto de la resolución, la prórroga se justifica en el coronavirus: “La pandemia que afecta a la humanidad ha venido a limitar algunas actividades organizacionales y sociales, incluyendo las que conllevan a la certificación de la personalidad jurídica”. ¿Se convertirá a partir de ahora la pandemia en pretexto de nuevas resoluciones para que Ortega decida a su arbitrio sobre el curso de las próximas elecciones?

Roberto Courtney, experto electoral, lo ve así: “Esta es una reforma que el gobierno hace a su medida. Es un anzuelo que la oposición puede morder o no. Y es un precedente para que quede claro que la ley electoral ya no es lo firme que era, porque el CSE puede tomar artículos claritos y leerlos de otro modo, y cambiarlos con el cuento del imprevisto de la pandemia”.

Razón de mayor peso para decidir una prórroga para legalizar nuevos partidos es que Ortega necesita tomarse tiempo para negociar las reformas electorales hasta ver quién gana en noviembre en Estados Unidos, si Trump o Biden, y hasta ver cómo transcurren los primeros meses del mandato de uno o de otro.

Siempre se ha sabido que Ortega no negociará con los nicaragüenses que lo adversan. No lo ha hecho nunca. Será con los republicanos o con los demócratas, que también lo adversan, con quienes decidirá negociar poco, bastante o mucho.

“HAY MUCHO QUE CAMBIAR”


Si la prórroga dada por el Poder Electoral era una baza dirigida a la comunidad internacional que la leería como una primera muestra de flexibilidad y de apertura de cara a los próximos comicios, como calcularon algunos, no tardó en escucharse la voz del “ángel” del Norte.

Diez días después de la resolución del CSE, el subsecretario adjunto de Estados Unidos para América Latina, Jon Piechowski, dejó clara la posición del gobierno estadounidense en una conferencia de prensa virtual con periodistas nicaragüenses. Dijo claramente que Estados Unidos no admitirá elecciones con acoso y detención de opositores, con presos políticos y sin tener en cuenta los planteamientos de la oposición. “Queremos que haya reformas electorales serias… Hay mucho que cambiar para que los nicaragüenses puedan participar en elecciones libres”.

Piechowsky afirmó que la prórroga que aparece en la resolución del Poder Electoral -confirmación implícita de que habrá elecciones, lo que se ponía en duda hace unas semanas- debe “estar acompañada del fin de la represión y de reformas concretas en material electoral”.

“SEGUIRÁN LAS SANCIONES”


Advirtió también Piechowsky que para lograr que eso suceda continuarán las sanciones.

“Estados Unidos -advirtió- empleará las herramientas económicas y diplomáticas a nuestro alcance para restablecer la democracia en Nicaragua. Hasta que veamos que Ortega y Murillo implementan las acciones y reformas necesarias, las sanciones seguirán vigentes”.

El empresario Michael Healy, presidente de UPANIC (Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua), uno de los dos aspirantes a presidir el Cosep, aplaudió la presión anunciada por Piechowsky: “El mensaje es bien claro, él está diciendo que las instituciones del Estado tienen que decidir si están al lado de la democracia o del régimen”.

Y expresó que confiaba que esa advertencia contribuirá a que los funcionarios de las instituciones decidan, “le golpeen la mesa” a Ortega y apresuren una salida. Nunca se escuchó al saliente presidente del Cosep referirse positivamente a las sanciones de Estados Unidos.

CON SUS DEMONIOS


No hubo nada relevante en las palabras de Ortega. Sí llamó la atención una advertencia, repetida dos veces, con marcado acento críptico: “¡Ojo con los embajadores yanquis!”.

Lo dijo evocando el asesinato de Sandino, realizado con la complicidad del embajador estadounidense de entonces. Un claro mensaje que satisface y enardece a sus bases, especialmente a las más fanatizadas.

Al terminar de hablar volvió a colocarse la mascarilla y se retiró a su casa. ¿Qué sentiría después de una conmemoración del 19 de Julio tan sobria y escueta, sin masas que lo aplauden, tan totalmente diferente a las de otros años?

Ya no tiene nada que decirle al país, ya no tiene nada que ofrecer para salir de la crisis económica, del estancamiento político, de este virus que ha venido a hundirlo más… Ya no tiene más estrategia que la de conservar el poder con la fuerza de las armas, y seguir ganando tiempo esperando que se aplaque la presión internacional.

Seguramente, en la soledad de su confinamiento se encontró, como todo ser humano, con sus “demonios”, con su lado más oscuro, con esas sombras alojadas en el corredor de fondo de toda conciencia, con esos componentes neuróticos y peligrosos de toda personalidad, con la “mala levadura” que todos llevamos dentro, como los llamaría Darío. Seguramente.

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