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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 459 | Junio 2020
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Nicaragua

Las peores horas del régimen

Nicaragua vive ya la tragedia anunciada: la curva de crecimiento exponencial de la pandemia. El régimen, acostumbrado a tener control absoluto de todo, no puede controlar el virus. Y en medio de tan trágica emergencia sanitaria Europa sancionó finalmente a varios de sus funcionarios y Washington aplicó sanciones al jefe de la institución armada y al responsable de las finanzas públicas. Son las peores horas de la dictadura.

Equipo Envío

Durante tres meses Daniel Ortega y Rosario Murillo decidieron negar la pandemia, ignorar las recomendaciones de la OMS, promover el contagio con actos masivos, vincular la propuesta del “quédate en casa” a planes desestabilizadores de los “golpistas” de 2018. Falsearon las cifras para hacer creer que en Nicaragua la epidemia estaba controlada, elogiaron con arrogancia la capacidad del sistema de salud público... En mayo, todo este artificioso y voluntarista escenario se les ha desplomado.

YA TODO EL MUNDO LO SABE


Con las lluvias de mayo llegó la tragedia anunciada: el crecimiento exponencial de la pandemia, la fase del contagio comunitario, cuando infectados y fallecidos aumentan sin control. ¿Cuántos enfermos y muertos quizás se hubieran podido evitar? Sin embargo, hasta el fin de mayo el régimen siguió negando la realidad o acomodándola a sus intereses.

Embarcado en un temerario juego con la muerte, esperaba que, enfrentado todo el planeta a los estragos que deja a su paso el coronavirus, Nicaragua desaparecería del radar internacional. Pero no ha sido así. En mayo ya todo el mundo lo sabía. Ya era noticia la irresponsable gestión que en nuestro país se estaba haciendo de la enfermedad. Tampoco la comunidad internacional olvidaba los crímenes cometidos hacía dos años…

Cuando ponemos punto final a este texto, 30 de mayo, Nicaragua inicia el dramático ascenso al pico de la pandemia en total desamparo.

SANCIONES DE EUROPA


El 3 de mayo, en una Cumbre virtual de los Países No Alineados, Ortega clamó para que se levantaran las sanciones que Estados Unidos ha aplicado a su familia, a sus empresas y a más de una docena de sus funcionarios más cercanos.

Tan sólo horas después, ya 4 de mayo en el viejo continente, la Unión Europea (UE) anunciaba sanciones a seis de sus funcionarios. A cuatro jefes policiales: al director de la Policía y consuegro de Ortega, Francisco Díaz; al subdirector Ramón Avellán; al jefe de la cárcel El Chipote, Luis Pérez Olivas; y al jefe de los antimotines, Justo Pastor Urbina, además de a quien fuera Ministra de Salud Sonia Castro y a Néstor Moncada Lau, operador de acciones encubiertas. Los seis habían sido sancionados ya por Estados Unidos y tres de ellos (Díaz, Castro y Moncada) por Canadá.

Al día siguiente, Gran Bretaña, ya se¬parada de la UE por el proceso del Brexit, se sumó a las sanciones. Los sancionados están impedidos de viajar a todos los países de la UE y se les congelan los bienes y activos que tuvieran en cualquiera de los 28 países de la Unión.

“UN GOLPE DURÍSIMO A LA FAMILIA ORTEGA”


No lo esperaban. Casi nadie lo esperaba ya. En octubre de 2019 y después de un cuidadoso y prolongado proceso en busca de consenso político, los cancilleres de los 28 países de la UE -aún era miembro Gran Bretaña- habían aprobado el marco legal para aplicar sanciones “específicas e individuales” a funcionarios del régimen. Tanto tardó ese proceso, tanto tardaba en aplicarse ese marco y tan grande era el impacto que tenía la pandemia en Europa, que nadie contaba ya con que se aplicaran las sanciones.

Aunque los seis sancionados lo habían sido ya antes por Estados Unidos y las sanciones parecían tener un carácter más simbólico que práctico, la ratificación de las sanciones por Gran Bretaña parece ser la de mayores consecuencias. Así lo señaló el excanciller nicaragüense Francisco Aguirre Sacasa a “La Prensa”: “Para ellos mantener acceso al sistema financiero europeo en un momento en que ya tienen totalmente cerrado el sistema norteamericano es importante. El quedar excluidos de los países europeos y de su red bancaria es un golpe durísimo. Creo que para la familia Ortega el impacto de las sanciones europeas va a ser mayor que el que tuvieron las sanciones americanas”.

Aguirre advirtió también que las Islas Vírgenes británicas, entre las que están las Islas Caimán, son paraísos fiscales bajo el dominio del Ministerio de Hacienda de Gran Bretaña, lo que complicaría el acceso financiero de allegados o testaferros del régimen a esos territorios.

NICARAGUA EN LA LISTA


Las sanciones europeas se vieron reforzados días después, cuando la UE incluyó a Nicaragua en la lista de países que “plantean amenazas significativas al sistema financiero de la Unión por ser sospechosos de actividades de lavado de dinero y de financiamiento del terrorismo”. La vinculación del gobierno de Nicaragua con actividades del cártel venezolano de Los Soles, según se desprende de la acusación formulada el 26 de marzo por Washington contra Maduro y varios de sus más altos funcionarios, parece haber sido decisiva para tomar esta decisión.

Y parece que no sólo fuera por la acusación de Washington. La inclusión de Nicaragua a partir de octubre en esa lista indica que en Estados Unidos y también en Europa, se le viene siguiendo el rastro a los dineros de las empresas del consorcio Albanisa, sancionado por Washington en enero de 2019. Hay millonarios recursos en efectivo de la familia en el poder que necesitan ser “lavados”. Europa quiere asegurarse de que no sea en su territorio.

Poner a Nicaragua en la lista incidirá en la banca nacional. “La consecuencia principal será para los bancos nicaragüenses -dijo a “Confidencial” bajo anonimato un economista-. Además del costo reputacional del país, tendrá el efecto práctico de encarecer las operaciones que los bancos europeos hacen con la banca nicaragüense. Incluso, podrían suprimir la corresponsalía con los bancos nacionales”.

Como es habitual, no hubo ninguna reacción oficial a las sanciones europeas. La Vicepresidenta aludió implícitamente a ellas afirmando: “No nos vendemos ni nos rendimos frente a los que pretenden actuar como amos del mundo”. Su hijo Juan Carlos, tuiteó de forma similar, llamando “carroña” a Europa. Y la mayoría de la población nicaragüense pasó por alto la noticia de las tan esperadas sanciones europeas porque ya el coronavirus se había adueñado del imaginario colectivo y de la realidad.

SANCIONES DE WASHINGTON


Cuando los hospitales daban claras señales de saturación, el 22 de mayo llegaron más sanciones del Norte. Washington sancionó al Jefe del Ejército, Julio César Avilés, y al Ministro de Hacienda, Iván Acosta, tocando así las bases del poder de Ortega: las fuerzas armadas y las finanzas públicas, las armas y el dinero, dos poderes estrechamente entrelazados.

Por la Orden Ejecutiva 13851, dictada el 27 de noviembre de 2018 para que el Departamento del Tesoro, en consulta con el Secretario de Estado de Estados Unidos, sancione a “quienes sean responsables o cómplices de acciones o políticas que socaven los procesos democráticos o las instituciones en Nicaragua”, fue sancionado el General Avilés “por estar alineado políticamente con el presidente Ortega y por negarse a ordenar la inhabilitación y el desmantelamiento de las fuerzas paramilitares o parapoliciales durante y después de los levantamientos que comenzaron en abril de 2018”.

La sanción se basa también en que “los militares proporcionaron armas a los parapolicías que llevaron a cabo actos de violencia contra el pueblo nicaragüense”.

SIGUIENDO LAS RUTAS DEL DINERO


Con la sanción contra Iván Acosta, representante legal de Ortega ante el BID, el FMI y el Banco Mundial, Washington toca por primera vez al gabinete económico de Ortega.

El texto oficial dice que Acosta es sancionado por “seguir organizando un importante apoyo financiero al régimen de Ortega”. Esto sorprende porque es exactamente el trabajo que le corresponde en su cartera ministerial. El texto también recuerda que este ministro “amenazó personalmente a los bancos para que no participaran en un paro organizado por la oposición en marzo de 2019”.

Al igual que la Unión Europea, al colocar a Nicaragua en la lista de los países sospechosos de actividades de lavado de dinero, también el Departamento del Tesoro de Estados Unidos viene siguiendo las rutas que toman los millonarios recursos en efectivo que tiene hoy el régimen y que desde hace meses andan buscando refugios legales, después de las sanciones con las que Washington afectó tan certeramente al grupo empresarial de Ortega y Murillo, a sus directivos y a sus operadores.

¿No sabe el Departamento del Tesoro que las decenas de empresas que pertenecen al Ejército son aptas para acoger esos dineros y dejarlos limpios? ¿No habría sospechado ya que, con la emisión de bonos en dólares anunciada por el Ministerio de Hacienda este mes de mayo, mediante un procedimiento inusual, las finanzas públicas iban a ser usadas también para lavar dinero? ¿No será ésa una de las razones no escritas para sancionar a Acosta, responsable de esta maniobra?

A juicio del nicaragüense Manuel Orozco, investigador en Washington del Diálogo Interamericano, las sanciones a ambos altos funcionarios tienen sesgos económicos y graves consecuencias reputacionales para el Ejército, para el régimen y para el país. “Considero -dijo- que indican que Nicaragua pasó de ser considerada por Washington un estado policial a considerarla un Estado criminal”. ¿En otras palabras, un Estado mafioso…?

GENERAL AVILÉS: ALINEADO POLÍTICO DE ORTEGA


El alineamiento político de Avilés con Ortega ha sido motivo de señalamientos críticos durante años, especialmente desde que el General fue ratificado por Ortega como Jefe del Ejército para un segundo período en 2015, y hasta para un tercero. Al asumir el cargo para cinco años más, en febrero de 2020, Avilés declaró abiertamente su subordinación a Ortega al legitimar en su discurso de aceptación la versión oficial del “golpe de Estado”.

El tema del desarme de los paramilitares también ha estado muy presente en las críticas que se han hecho a la dirección del Ejército. Ya en mayo de 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fijó en su informe preliminar como una de sus principales recomendaciones al Estado el desmantelamiento de los grupos parapoliciales o “terceros armados”.

En aquel año 2018 el exjefe del Ejército Humberto Ortega declaró “inaceptable” la presencia de “tres cuerpos armados en Nicaragua, parapoliciales o paramilitares” y pidió a su hermano que ordenara al Ejército desarmarlos.

La entrega de armas a los grupos irregulares -se conoce estaban a menudo dirigidos por militares en retiro- está documentada en varios videos y en el análisis que se hizo de las armas que se usaron para reprimir manifestaciones, que son de uso del Ejército y habrían salido de sus inventarios.

PREGUNTAS AL AIRE…


Las buenas relaciones del Comando Sur con el Ejército de Nicaragua han sido consideradas siempre un sólido escudo que protege a la institución castrense. ¿Son las sanciones que apuntaron a Avilés la señal de que ese escudo se ha fragilizado y que la relación Washington-Ejército ha pasado ya del Comando Sur al Departamento de Estado? Lo que está más claro es que, al tocar a Avilés, Washington esperaría una reacción institucional de la Comandancia General, cuyos generales bien saben que también ellos están en las listas de sancionables.

Quien puede destituir a Avilés de su cargo es Ortega. Es previsible que no lo haga. Varias voces han sugerido que Avilés debe renunciar para salvar a la institución armada y así contribuir a que se abra un proceso de transición en nuestro país. ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Lo induciría a hacerlo el Consejo Militar, conociendo del derrumbe institucional de la Policía y sabiendo la importancia de preservar la institucionalidad del Ejército para un futuro que podría estar cercano?

¿Cuánto pesará en la decisión que tome el Consejo Militar el afán de preservar los negocios del Ejército y el importante capital acumulado en el Instituto de Previsión Social Militar, que está invertido en la Bolsa de Valores de Nueva York?

Si en 2012 estas inversiones eran ya de 100 millones de dólares, podemos imaginar a cuánto podrían haber ascendido en ocho años más. Todas son preguntas sin atisbo de respuesta al 30 de mayo, al cerrar este texto.

UN MENSAJE URGENTE AL EJÉRCITO


En febrero de 2019 el experto en seguridad y buen conocedor del estamento militar Roberto Cajina, mandó “un mensaje urgente” al Alto Mando del Ejército en las páginas de Envío.

Les sugería “plantarle cara” al régimen. “¿Cómo? Llamándolo a la cordura y diciéndole con firmeza que está poniendo en grave riesgo la seguridad nacional del Estado de Nicaragua y que, de continuar atrincherado en su casa de El Carmen, el camino hacia el despeñadero será más corto, la caída más violenta y los efectos más catastróficos”.

Añadía que “esto no sería suficiente. Los uniformados deben proponerle que cree las condiciones para el diálogo: poner fin a la represión, cesar las capturas y allanamientos ilegales, dar libertad a los presos políticos y poner fin a los juicios amañados. Y deben dejarle claro que el diálogo nacional debe desembocar en elecciones anticipadas”.

¿SE ESTÁ ACELERANDO LA SALIDA…?


Tanto las sanciones de la Unión Europea como las de Estados Unidos tienen el mismo objetivo: presionar a Ortega y a Murillo a aceptar una salida negociada al conflicto político y social que ambos desataron con la desproporcionada represión con que respondieron a las protestas de abril, un conflicto que han agudizado ahora por su equivocada gestión de la pandemia del coronavirus.

Durante dos años, los europeos no han dejado de apostar a un diálogo negociado que conduzca a unas elecciones auténticamente libres. El exeurodiputado Ramón Jáuregui lo expresó recientemente en un texto en el que se refiere al proceso electoral, principal apuesta de la UE.

Jáuregui es específico: la fecha electoral debe ser la fijada por la Constitución (noviembre 2021), debe haber una nueva Ley Electoral, las libertades públicas deben ser restituidas antes de las elecciones y éstas deben celebrarse con observación electoral internacional, en la que la UE participaría.

Estados Unidos parece tener más prisa. Las sanciones de Washington, que ya han afectado a 21 nicaragüenses vinculados al régimen, incluyendo a la Vicepresidenta Murillo (sancionada en noviembre 2019), buscan ejercer más presión y pareciera que apuntan a una salida más rápida. Al tocar a Avilés y a Acosta parecen querer acelerar la crisis interna que la pandemia ha abierto en el régimen con la nueva y dramática crisis que ha provocado en todo el país.

La urgencia que tiene el presidente Trump de ganar el estado de Florida para lograr su reelección en noviembre explica esa prisa. El voto de cubanos, venezolanos y nicaragüenses es decisivo en Florida y Nicaragua es el eslabón más débil en “la troika de la tiranía”.

¿Por qué si no, considerando como siempre lo ha hecho Washington, al Ejército como el fiel de la balanza, como garante último de la estabilidad en nuestro país a la hora de un cambio, lo sancionan en un momento tan crítico para el régimen?

ALERTA MUNDIAL


El cerco político se ha cerrado sobre la dictadura. Las sanciones individuales van a continuar.

El 28 de mayo, siete senadores estadounidenses, republicanos y demócratas, pidieron al Secretario de Estado y al Secretario del Tesoro que emitieran sanciones individuales contra magistrados, jueces y fiscales que desde el Poder Judicial y la Fiscalía General de la República han sido cómplices de las violaciones a los derechos humanos de los nicaragüenses.

Lo que estamos viendo cada vez con mayor claridad es que la ya deteriorada imagen internacional que el gobierno mantiene desde hace dos años se ha empeorado por la errática gestión de la pandemia.

Organismos de derechos humanos internacionales, la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Human Rights Watch, han expresado preocupación y lanzado alertas mundiales sobre lo que sucede en Nicaragua, único país en el mundo en el que se ha ignorado toda forma de cuarentena o de aislamiento social y se han organizado, desde febrero a mayo, actividades multitudinarias que están promoviendo el contagio de la población en una insensata “inmunidad de rebaño”.

EN FASE DE CONTAGIO COMUNITARIO


La Organización Panamericana de la Salud (OPS), que al inicio parecía tener cierta indulgencia con las posiciones del gobierno de Nicaragua, ha cuestionado ya las cifras alteradas que le brinda el gobierno, le ha insistido en que el “distanciamiento social sigue siendo la mejor opción para reducir la transmisión y detener la propagación del virus” y ha pedido al gobierno información detallada que no recibe.

El 26 de mayo, aunque el régimen no lo había hecho, la OPS declaró que Nicaragua estaba ya en la fase de “contagio comunitario”, insistiendo nuevamente en que el gobierno debía “transparentar la información” y aplicar “inmediatamente” las medidas recomendadas.

Ese día, el director de emergencias sanitarias de la OPS, Ciro Ugarte, anunció que la OPS tiene listos a expertos internacionales para viajar a Nicaragua y evaluar la evolución de la pandemia en nuestro país y sólo estaban esperando la respuesta del gobierno.

EPICENTRO DE LA PANDEMIA EN CENTROAMÉRICA


Con los resultados mejores de toda América Latina, por el control que ha logrado de los contagios y por el reducido número de fallecidos que presenta, autoridades de Costa Rica han expresado en varias ocasiones, y justamente, su preocupación por el desorden que advierten en Nicaragua.

Coinciden con los temores del gremio médico de Nicaragua. En uno de sus varios y contundentes pronunciamientos, firmado por 700 médicos y profesionales de la salud, afirman que por el “inaudito e inverosímil” abordaje de la crisis sanitaria, el gobierno está convirtiendo a Nicaragua “en un potencial foco de diseminación de la infección para el resto de Centroamérica”. Ésa es también la opinión del doctor Jorge Huete, vicerrector de la UCA, que ha alertado sobre el peligro de que Nicaragua se convierta en “el epicentro regional de la pandemia”.

Ante esto, la psicóloga Vilma Castillo sacaba ya una consecuencia del trágico papel en el que la indolencia gubernamental ha colocado a Nicaragua: “Cuando todos los países centroamericanos hayan controlado el número de contagios y abran sus fronteras -dice Castillo-, los nicas seremos tratados como indeseables porque ningún país querrá arriesgarse a dar entrada a personas que llegan de un país que ya está siendo calificado -con justa razón- como fuente de contagio”.

EL CERCO ECONÓMICO


Son las peores horas de la dictadura. El cerco político se estrecha y el cerco económico se siente cada vez más. El presupuesto nacional tiene un importante déficit que no se logra cubrir.

Por consecuencia de las sanciones de Estados Unidos, el gobierno de Nicaragua está vetado para acceder a nuevos préstamos de libre disponibilidad de las instituciones financieras multilaterales. Se le podrían conceder -y así lo especifica la Nica Act- exclusivamente para emergencias en temas de salud y con una muy estricta rendición de cuentas. Pero su desafiante irresponsabilidad en el manejo de la emergencia sanitaria le está creando problemas en el acceso a recursos.

En mayo, el BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica) le permitió al régimen destinar 11 millones 700 mil dólares de los que le había prestado para construir una carretera para atender la emergencia por el coronavirus. A finales del mes, Ortega les solicitaba un préstamo por 50 millones de dólares con el mismo fin.

Respecto al FMI, a través del instrumento llamando “financiamiento rápido”, que tiene muchas menos condiciones que un acuerdo convencional con el Fondo, El Salvador, Panamá y Costa Rica recibieron préstamos millonarios proporcionales al monto de sus aportes al FMI, regla para acceder a estos recursos.

El equivalente al que tendría derecho Nicaragua serían 351 millones de dólares. El régimen los solicitó, pero no ha obtenido nada. A finales de marzo, la propuesta del INCAE -think tank del gran capital regional- le hizo a Ortega la propuesta de una “gran alianza nacional” para enfrentar al coronavirus, que no implicaba negociación política ni en materia electoral. Pero el régimen, excluyente y obcecado en su errada visión de lo que significa esta pandemia, la rechazó. ¿No será por esa razón que el FMI no ha respondido a la solicitud de Nicaragua?

A inicios de mayo, el régimen insistió ante el FMI, sustentando su petición en que había declarado “estado de alerta nacional” -lo que no había sucedido entonces ni aún ha sucedido- y en que había aplicado medidas de prevención de la pandemia y de mitigación de la maltratada economía de los sectores sociales más pobres, lo que tampoco es cierto. El FMI continuó guardando silencio.

En esas fechas, la USAID donó a Nicaragua la irrisoria cantidad de 750 mil dólares para atender la crisis sanitaria, especificando que no se los entregará al gobierno sino a organizaciones internacionales que trabajan en salud en nuestro país. Con la misma finalidad, la Unión Europea donó 35 millones de euros, una generosa suma que podría ser entregada a organizaciones cívicas.

LA ECONOMÍA NO SE RECUPERARÁ


La economía estaba ya en declive antes de la pandemia. Hoy, sólo se profundiza su caída. De hecho, el país está ya en un cierto nivel de paro nacional -lo que más temió el gobierno en estos dos años-, con un 45% de la población en una cuarentena autoconvocada y/o forzada, sumado esto a una economía operando ya al 75%. Según expertos, la única forma de reducir drásticamente los contagios y detener la curva exponencial se ha logrado en países en los que la actividad económica tuvo que reducirse al 20%.

Si el año 2020 se prefiguraba como un año de tímida recuperación de la economía, ya lesionada desde la crisis de derechos humanos de Abril de 2018, esos pronósticos se han venido abajo.

El economista independiente Néstor Avendaño ve un horizonte muy alejado de la recuperación. Calcula que en 2020 todos los indicadores económicos cerrarán en negativo: el producto interno bruto caerá en 5.4%, las exportaciones en 7%, las recaudaciones en 10%, las remesas en 20%, la producción agrícola en 4%, la ganadería en 8%... Al alza estarán el desempleo, que afectará al 32.1%, y la pobreza y la miseria porque “desaparecieron todos los avances que en reducción de la pobreza se lograron entre 2014 y 2017”.

PRIORIDAD: LA ECONOMÍA


En este mes de mayo, en sus tres mensajes a la nación, comparecencias públicas en televisión que realiza en una sala de su casa, en donde permanece en estricto encierro, Ortega ha afirmado que la cuarentena no es opción en Nicaragua, admitiendo implícitamente que la “recuperación” de la economía es su prioridad.

En la conmemoración del Día de los Trabajadores rechazó abiertamente la campaña de “quedarse en casa” y se mofó de quienes la promovían en Nicaragua -los profesionales de la salud eran sus principales promotores- afirmando que, si se les hiciera caso, ni los médicos curarían a los enfermos ni los bomberos apagarían los incendios, demostrando que no entiende el concepto de “trabajos esenciales”.

Quince días después, los contagios comunitarios y descontrolados eran ya tan inocultables que empezaron a correr rumores de que por fin el régimen cedía y declararía algún nivel de cuarentena. ¿De un mes? ¿Al menos de dos semanas?

NO HABRÁ CUARENTENA


El 14 de mayo la embajada de Estados Unidos emitió un comunicado aconsejando a sus ciudadanos residentes en Nicaragua “asegurarse un suministro de alimentos, agua y medicamentos para refugiarse durante al menos dos semanas”.

¿Asumía la embajada como ciertos los rumores… o quiso con este mensaje darles un impulso para hacerlos realidad durante dos semanas, las que se temía coincidirían con el pico de la pandemia…? Sin usar la palabra “cuarentena”, advertía el comunicado que “podrían ocurrir suspensiones adicionales, cierres u otras restricciones de movimiento sin previo aviso”.

En Managua y otras ciudades del país miles de personas se lanzaron a supermercados y pulperías en la tarde y hasta en la noche de ese día comprando comida para el encierro de esas dos semanas…

PIENSA RAMÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN


Al día siguiente el rumor sobre la cuarentena se hizo humo.

La acción de la embajada estadounidense pareció irritar especialmente a la Vicepresidenta Murillo, quien dirige y controla toda la gestión de la pandemia. Y a falta de nuevos adjetivos con los que calificar a quienes critican la forma en que lo hace, comenzó a referirse a ellos como “extra¬terrestres”.

“Viven en otra galaxia, viven en una burbuja mental, en otros espacios y allí se inventan y fabrican sus mentiras, y desde allí, sin contacto, sin polo a tierra, sin contacto con el sufrimiento, con las necesidades del pueblo, emiten sus mensajes mentirosos, sin pudor, sin vergüenza…” Palabras que parecían calzar con ese refrán que dice: “Piensa Ramón que todos son de su condición”.

“INCAPACITADO MENTALMENTE”


El 15 de mayo, en su más extenso discurso de este mes, tan incoherente como es como todos, Ortega continuó minimizando los efectos de la pandemia en la vida y en la salud de los nicaragüenses, poniendo nuevamente la economía en primer lugar: “En medio de esta pandemia no se ha dejado de trabajar porque si aquí se deja de trabajar el país se muere y si el país se muere el pueblo se muere, se extingue”.

El 18 de mayo, aniversario del nacimiento de Sandino, no podía dejar de aparecer. En esta ocasión el centro de sus breves palabras las dedicó a las afectaciones económicas que estaba causando el cierre de fronteras decidido inicialmente por Costa Rica, que defendía así su contención de la pandemia, porque transportistas, tanto de Nicaragua como de Panamá, habían sido positivos al coronavirus al cruzar sus fronteras.

Ese día, en el siempre enflorado escenario ya prácticamente vacío -sólo acompañado por dos funcionarios-, en el demacrado rostro de Ortega y en el tenso rostro de la Vicepresidenta, se podían advertir las consecuencias de la indetenible catástrofe sanitaria que se les salía de las manos… Fue patética la confusión con que Ortega habló esa tarde. “Hay indicaciones médicas de que ya el Presidente está incapacitado mentalmente para gobernar”, dijo desde Washington a dos medios nacionales Manuel Orozco.

“UNA SINGULAR ESTRATEGIA”


El 22 de mayo el régimen presentó a Nicaragua y al mundo un libro blanco con su “singular estrategia” ante la pandemia.

En él se afirma que la negativa a declarar cuarentena en Nicaragua -con las consecuencias que esto está teniendo en la actual expansión exponencial del virus- asemeja a nuestro país nada menos que a Suecia.

Se lee en el libro blanco: “Nicaragua y Suecia representan alternativas al “lockdown” total en un país en desarrollo y en un país desarrollado… Nicaragua es el mismo ejemplo que Suecia, pero entre los países en desarrollo… Nicaragua no ha declarado una cuarentena ni cerrado la economía. Nicaragua va a buscar el equilibrio entre salud pública y economía sana”.

La “singular” estrategia -que, además de ninguna cuarentena, tampoco incluye ningún apoyo económico a los más afectados- se basa, se lee en el texto “en el hecho de que el 40% de la población vive en el campo y el 80% de los trabajadores del área urbana pertenecen al sector informal y ganan su sustento diario. A la vez -dice-, estamos defendiendo la recuperación económica de una economía debilitada por el intento de golpe de Estado de abril de 2018, que continúa bajo ataque por campañas de noticias falsas (“fake news”) y desinformación, así como por ilegales medidas coercitivas” (léase las sanciones de Estados Unidos).

RECUENTOS DE LA MORTAL ESTRATEGIA


Esta “singular estrategia” ha sido en realidad una “mortal estrategia”. Se ha cumplido cabalmente todo lo previsto por los mejores epidemiólogos y salubristas de este país, que son muchos y con gran experiencia, y que desde muy pronto y todos los días y por todos los medios independientes, escritos, hablados, televisados y digitales, han educado a la población y han llamado al gobierno a la sensatez.

Cada día de mayo creció la gente que llegaba a los hospitales, tanto públicos como privados. Muy pronto comenzaron a dar señales de colapso.

El 6 de mayo el Ministerio de Salud (MINSA) informaba de sólo 16 casos positivos y 5 fallecidos, mientras en esas fechas el Observatorio Ciudadano -una red cívica y voluntaria de médicos, epidemiólogos, comunicadores y estudiantes, que reciben información desde los territorios-, daba ya cuenta de la propagación en ascenso del virus: 1,033 casos positivos y 188 fallecidos.

Una brecha inmensa entre ambos recuentos. El Observatorio mencionaba también que 122 profesionales de la salud habían presentado síntomas asociados al Covid-19.

Después de una semana de guardar silencio, cuando el MINSA volvió a hablar el 12 de mayo los informes seguían falseando las cifras. Ese día contabilizó a 25 personas contagiadas y a 8 fallecidas. Aunque no eran los números reales, las matemáticas con que el régimen encubría la realidad no parecían estar bien calculadas por la Vicepresidencia, quien escribía los comunicados, ya que demostraban que en Nicaragua la mortalidad era la mayor del planeta: 32%...

En pocos días todas las cifras se dispararían y el tan alabado sistema público de salud mostraría su fragilidad estructural. La explica en detalle en este mismo número y en páginas siguientes el epidemiólogo Leonel Argüello.

El 19 de mayo, de golpe, bajo presión por la inocultable realidad, y tratando de mejorar algo su imagen ante los organismos internacionales, ya muy atentos a lo que pasaba en Nicaragua, el MINSA tuvo que reconocer un incremento significativo de contagios, al informar que los casos positivos de Covid habían subido en sólo una semana de 25 a 254 y los fallecidos de 8 a 17, un incremento de 1 mil por ciento de contagios, lo que aunque era dramático, todavía no reflejaba la realidad.

“VIVA NICARAGUA LIBRE DE COVID-19”


Siendo cualquier tiempo de pandemia “tiempo de subordinar la economía a la salud”, como afirma el abecé de la epidemiología, la realidad demostró muy pronto que la población nicaragüense no disponía ni de una salud pública confiable ni de una economía sana, como afirma el libro blanco.

En su primer pronunciamiento, 500 firmas de profesionales de la salud le aconsejaron al gobierno medidas de contención y de mitigación de la pandemia estableciendo cuarentenas necesarias” y medidas para amortiguar los daños económicos de los más pobres.

El régimen, incapaz durante años de aceptar la búsqueda de consensos, hizo oídos sordos. La Vicepresidenta los llamó “cerebros deformes”. Y el Instituto de Turismo anunció 442 eventos masivos para el mes de mayo: zumbatones, revistas culturales, carnavales, ferias gastronómicas, elección del rey feo y de la reina fea, festividades por San Pascual Bailón o por el día de la Cruz… Los afiches que convocaban a las ofertas turísticas llevaban impreso este lema “Viva Nicaragua libre de Covid-19”. Todavía al finalizar el mes organizó 83 actividades masivas en todo el país para celebrar el Día de las Madres, 30 de mayo.

SUBE LA CURVA EXPONENCIAL


La irresponsabilidad de Ortega y Murillo ante la pandemia se ha prolongado demasiado. Ya está empezando a pasarles factura.

Son muchos sus seguidores y fanáticos, incluso funcionarios de todos los niveles, que les creyeron que a Nicaragua no llegaría el virus, que el calor lo detendría, que el interferón de Cuba lo curaría, que el sistema de salud de Nicaragua estaba muy bien preparado… Varios de los que se burlaban de quienes llevaban mascarillas o gozaban escuchando en los canales oficiales “la cumbia del virus importado que a ellos los tiene paniqueados”, ya han muerto.

Ahora, cuando la curva exponencial sigue subiendo, los contagiados de la nomenclatura no van a los hospitales públicos, buscan atención en los costosos hospitales privados. Y quienes van a los públicos, los de menos recursos, experimentan que no estaban “preparados”. Y crece el número de quienes prefieren morir en sus casas y con sus familiares, tanta es la desconfianza en el sistema público y tanta la falta de empatía con que el régimen está enfrentando la mortandad…

EL VIRUS TOCA A LAS PUERTAS


El 22 de mayo y en un twitter el periodista Carlos Fernando Chamorro escribía: “La expansión de la pandemia toca las puertas del gobierno, que despreció las medidas preventivas. Entre los pacientes contagiados en un hospital hay diputados del FSLN, ministros, altos funcionarios económicos del gobierno, y cuadros partidarios y sindicales”.

También tocó el virus las puertas del beisbol, dominado por operadores políticos del régimen. Después de estar jugando durante semanas en estadios prácticamente vacíos el campeonato nacional de primera división, varios jugadores de equipos de todo el país comenzaron a desaparecer del campo con síntomas del Covid, a pesar de estar amenazados de perder salarios y contratos si no regresaban.

También en el deporte se ha desafiado temerariamente a la pandemia siguiendo la orden oficial de que en Nicaragua “no pasa nada” y “todo está normal”. Finalmente, el 20 de mayo hubo rebelión en la granja: “No vamos a jugar, es más importante la vida”, dijeron los peloteros.

Este consenso forzó a la orteguista Comisión Nacional a suspender el campeonato, aunque por sólo dos semanas… El 21 de mayo, la muerte por coronavirus del coach del equipo San Fernando, de Masaya, Carlos Aranda, confirmó a los peloteros en su decisión de no regresar al campo.

ENTIERROS NOCTURNOS


Al aumentar sin control los contagios se disparó el número de fallecidos… Y a mitad del mes de mayo comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes los entierros nocturnos con un guion similar: el hospital avisa a la familia de la muerte de su pariente, al que nunca más volverán a ver ni directa ni virtualmente por el teléfono. Lo recibirán en una bolsa negra y en un ataúd sellado.

Han sido filmados “entierros exprés” en los que del traslado del ataúd al cementerio se encarga el MINSA en una camioneta en la que van funcionarios “vestidos de astronautas” -así dice la gente-, que a menudo va escoltada por la presencia intimidante de parapolicías.

La mayoría de las personas fallecidas llevan escrito en el acta de defunción que murieron por “neumonía atípica”, el más usual camuflaje con que el régimen encubre la cifra real de muertos por Covid. El más reciente es muerte por “trombo ¬embolismo pulmonar”… A los médicos, tanto de hospitales públicos como de privados, se les amenaza para que no escriban que murieron por Covid-19.

ATAÚDES SELLADOS


El protocolo de la OMS y de la OPS para el de quienes mueren por Covid-19 exige que no haya contacto físico con el cadáver y que el entierro sea rápido, pero no establece que los parientes no puedan ver a su muerto antes de colocarlo en el ataúd para despedirse visualmente de él.

En Nicaragua, como no se acepta oficialmente que el Covid es la causa de muchas de las muertes, la aplicación tan severa del protocolo para los muertos por el virus y los entierros clandestinos desmienten al régimen y provocan un gran rechazo.

En la cultura nicaragüense, y por razones religiosas, no es habitual cremar a los difuntos. Y como en todas las culturas, resulta extremadamente doloroso no poder ver por última vez al padre, al hermano, a la madre. Duele también no poder comprobar que el cuerpo que va en la bolsa y en el ataúd es realmente el del ser querido. Un dolor que resume así una campesina del Occidente del país: “…Ya no pudieron despedirse de ellos, ni velarlos como corresponde, ni poder llevarlos a la iglesia para hacerles una misa, ni llevarlos a enterrar con mariachis…”

“¿POR QUÉ DE NOCHE?”


Los entierros nocturnos, las carpinterías de varias ciudades fabricando ataúdes de la mañana a la noche, los sepultureros cavando hileras de tumbas en cementerios de Chinandega, Masaya, Managua… han tocado las fibras más sensibles de la población.

Por estar extremadamente familiarizada con la muerte por la pobreza, las guerras y los desastres, el pueblo nicaragüense tiene un dicho muy habitual, que entraña un gran realismo: “Somos de la muerte”. Aun así, y a pesar de la resignación que también va en esa expresión, es extremadamente sensible a cómo se trata a las personas en su hora final. Videos en las redes y en los noticieros independientes filmaron muchos de los entierros exprés, considerados irrespetuosos, inhumanos, hasta crueles.

“¿Por qué los entierran de noche, por qué?”, les reclamaba a gritos a los enterradores del MINSA un hombre cercano a un cementerio comarcal de las afueras de Managua. A este porqué no responde el régimen. No hay una sola palabra oficial que justifique este proceder, que lo explique, que consuele.

INDIGNACIÓN Y DOLOR


Una de las tragedias que añade el coronavirus a aquellos a quienes afecta más gravemente es el tener que morir solo.

“Es inhumano morir solo. Aunque el contagio se debe evitar, el efecto devastador de la muerte en solitario también debe evitarse. Es una decisión ético-clínica complicada, pero pensamos que la presencia de familiares, con medidas de protección, se debería permitir”, escribe Xavier Gómez-Batiste, director científico del programa para la Atención Integral a las Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación La Caixa de España.

En Nicaragua, la forma apresurada y despersonalizada, a veces deshumanizada, que se está dando al último momento de los seres queridos que mueren por el virus en los hospitales públicos, también en algunos privados, está provocando un profundo dolor y una gran indignación en la población, especialmente entre los seguidores de Ortega, que fueron los que se fiaron de lo que les dijeron: que el virus no tocaría a Nicaragua, que estarían a salvo.

EN ESTRICTA CUARENTENA


Nicaragua ha roto récords manipulando las cifras de contagios y de fallecidos. También Venezuela y Cuba manipulan información del número de sus contagiados. Lo hace China, también Rusia.

Ha sido un común denominador de todos los gobiernos autoritarios menospreciar la amenaza que significaba la pandemia y después no transparentar todos los estragos causados por lo que minimizaron. También Bolsonaro en Brasil y López Obrador en México han actuado de forma errática y riesgosa…

En Nicaragua el manejo de la pandemia es único y ha sido en verdad “una estrategia singular” -como lo afirma el libro blanco de la Vicepresidencia- porque en nuestro país se ha promovido consistentemente la circulación del virus al organizar aglomeraciones masivas que han sido ocasiones seguras de contagios y a las que han sido forzados a asistir empleados públicos.

También es “singular” porque, rechazando la cuarentena, Ortega, Murillo y su numerosa familia permanecen escondidos, resguardados en una estricta cuarentena, mientras se niegan a decretarla, y ni siquiera han considerado establecer el estado de emergencia.

La publicación del “libro blanco”, con una calculada desinformación, hace aún más obvia la actitud negacionista del régimen. Ningún país del mundo ha escrito libro blanco alguno para justificarse por lo que ha hecho.

¿TIEMPO DE IMPLOSIÓN…?


En este tiempo de plomo protagonizado por la pandemia, muchos son los pensadores de todo el mundo que han recordado que tragedias de esta magnitud “aceleran la historia”.

¿La están acelerando en Nicaragua? Pudiera ser. No han faltado analistas que, valorando la correlación de fuerzas que dejó en el país la masacre ordenada por Ortega y sus paramilitares en 2018, han venido afirmando desde hace meses que el final de la dictadura no vendría por una nueva explosión social, sino por la implosión interna del régimen.

Lo han vuelto a recordar ante la pandemia, un acontecimiento de tales impactos en toda la sociedad y en la economía que, a diferencia de cualquier adversario o conflicto interno, ni Ortega ni Murillo podrán controlar. Más bien, en su desmedido afán de querer hacerlo, se les ha convertido en un bumerán.

Wikipedia define así la implosión: “Es la acción de romperse hacia dentro con estruendo las paredes de una cavidad en cuyo interior existe una presión inferior a la exterior”. Asumiendo esa definición, llama la atención la contundente “presión exterior” que sobre “la cavidad” y sus “paredes” ha ejercido, precisamente en este momento de curva ascendente del virus, la sanción de Washington contra el General Avilés y contra el Ministro de Hacienda, léase contra los dineros malhabidos de la familia Ortega-Murillo.

CRECE LA MORTALIDAD


En mayo las lluvias anuncian cosechas. La expansión sin control del virus anuncia una mortandad que podría sumar a la implosión. Los epidemiólogos advierten que esta curva en ascenso de contagios y muertos podría durar hasta agosto. Son momentos de enorme incertidumbre.

El 26 de mayo el MINSA reconocía 759 contagiados y 35 fallecidos. Al día siguiente, 27, el Observatorio Ciudadano, un esfuerzo colectivo que está realizando un trabajo ejemplar y de trascendencia vital, con mayor credibilidad que las autoridades, informaba de 3,725 contagios y 805 muertes, cifras que asumen los números del MINSA y que es más cercana a la realidad palpable en la calle.

Con esa cifra, de 805 fallecidos, Nicaragua superó todas las muertes ocurridas en el resto de los países de Centroamérica.

En éste su último informe de mayo, el Observatorio contabiliza a 340 trabajadores y trabajadoras de la salud con síntomas de Covid, 210 son personal médico y 53 personal de enfermería. Informa también de 28 fallecidos entre el personal de salud (8 personal de enfermería, 7 médicos y otros vinculados a la atención hospitalaria).

El Observatorio viene comprobando que aumenta la cifra de quienes fallecen en sus hogares. “Eso nos alerta sobre situaciones que pudieran estar ocurriendo: saturación del sistema de salud, desconfianza en el sistema y en la atención, temor a asistir a las unidades de salud por temor al contagio, por temor a represalias políticas, o en el caso del sistema privado por su alto costo”.

UN RETO A LA SEGURIDAD NACIONAL


Nicaragua está hoy en vísperas de una catástrofe humanitaria, por el colapso del sistema de salud. Es responsabilidad del gobierno rectificar. Es responsabilidad de la ciudadanía cuidarse y cuidar a todos los que pueda cuidar y enseñarlos a cuidarse.

¿No hay alguna responsabilidad específica para el Ejército? Desde días antes de la sanción a Avilés, la institución armada había iniciado una campaña para presentarse ante la opinión pública tomando distancia de la insensata gestión de la pandemia que lleva adelante la Vicepresidencia. Avilés y oficiales del alto mando aparecieron en varias fotos separados por prevención, en algunas fotos se mostraron usando mascarillas, y también promovieron videos publicitando medidas de precaución que debía tomar la población.

Esto es claramente insuficiente. La forma en que se ha manejado la pandemia y cómo se está desarrollando representa un reto a la seguridad nacional. Estamos ante una emergencia sanitaria, ante un desastre social. Les corresponde a los militares disponer todas sus fuerzas y su experiencia para enfrentarlo, reforzando el sistema de salud nacional y garantizando la vida y la salud de la población.

Hacerlo significaría entrar a participar en la gestión de la pandemia con más racionalidad de lo que se ha hecho hasta ahora y evitar una mayor promoción del contagio. Detener así un “genocidio culposo”.

LA MALA HORA


Es la mala hora de Nicaragua. Y son las peores horas del régimen. En abril 2018 la dictadura tembló ante una multitudinaria explosión ciudadana que llenó las calles del país. Dos años después, ¿será la pandemia la que marque la hora de su implosión?

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