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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 456 | Marzo 2020
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Nicaragua

“Estamos ante una emergencia educativa, en la educación nos estamos jugando el presente y el futuro”

Josefina Vijil y Melba Castillo, educadoras y expertas en Pedagogía, fundadoras del CIASES (Centro de Investigación y Acción Educativa Social), presentaron, a dos voces, las razones de la “emergencia educativa” en la que se encuentra hoy Nicaragua, por el deplorable estado en que se encuentra el sistema educativo nacional, en una charla con Envío que transcribimos.

Josefina Vijil y Melba Castillo

¿Cuál es el contexto en el que se desarrolla hoy la educación en el mundo? ¿Y en qué contexto se está desarrollando en Nicaragua? Las respuestas a estas preguntas y un breve diagnóstico con algunos datos de cómo nuestro sistema educativos tiene hoy la educación primaria y básica, nos permiten afirmar que estamos ante una emergencia educativa. Es urgente entenderlo así. Y es urgente responder a esta emergencia priorizando algunos cambios fundamentales si queremos que Nicaragua tenga viabilidad como país.

Después de hacer un diagnóstico histórico de cómo se ha desarrollado la educación en Nicaragua en los últimos cien años llegamos a una conclusión: los problemas educativos que hoy tenemos los arrastramos desde hace cien años y todos los cambios que se le han hecho al sistema educativo han terminado en fracasos. ¿Por qué? Porque no han sido políticas de Estado, sino políticas de gobierno, determinadas por el interés de ganar elecciones, de ganar votos, cambios que duran lo que los gobiernos duran. La falta de políticas de Estado adecuadas ha hecho que Nicaragua llegue al siglo 21 con problemas del siglo 19 aún no resueltos en materia educativa. También en otras materias, pero de ésas no vamos a hablar hoy… Después de cien años el sistema educativo nicaragüense ya dio lo que podía dar, ya no funciona ni para nuestro país ni en el mundo de hoy. Es urgente cambiar. Y no tenemos mucho tiempo para hacerlo.

En el año 2006 ya veíamos que el cambio era urgente. Aquel año ya planteamos las siete prioridades que hoy seguimos planteando. En el año anterior, el censo de 2005 -el último que se ha hecho en nuestro país-, reveló un dato novedoso: el 58.4% de la población nicaragüense tenía 15 años o más. Estábamos ante un fenómeno demográfico inédito. La base de la pirámide demográfica nacional siempre había sido mayoritariamente de niñas y niños menores, dependientes de la población adulta. Eso exigía mucha inversión en una población no productiva. El censo mostró que, por primera vez en nuestra historia, la mayoría de la población estaba en edad de poder trabajar. Nicaragua había entrado en la etapa que se llama “bono demográfico”. Para el país se abría un período novedoso en cuanto a inversión y a trabajo. Cuando en varios países asiáticos se dio este fenómeno aprovecharon el bono demográfico para invertir en educación y en desarrollo tecnológico.

El economista Adolfo Acevedo trabajó mucho las posibilidades que abría a nuestro país el bono demográfico y aportó datos comparativos que demuestran cómo Corea del Sur aprovechó su período de bono demográfico para hacer un cambio en la matriz productiva y un cambio tecnológico que tuvo grandes repercusiones positivas en el crecimiento económico del país y en los niveles de ingresos de las familias. Un país como Corea del Sur, que en 1974 estaba al mismo nivel de pobreza que Nicaragua, nos dejó atrás con una rapidez impresionante. No quiere decir que en esos países del Sudeste Asiático se resolvieron todos los problemas, pero sí resolvieron problemas educativos importantes que nosotros ni siquiera hemos empezado a resolver.

Ante esta oportunidad, aquel año 2006 lanzamos una alerta social destacando la urgencia de hacer cambios en la educación, señalando como prioridad, por razón del bono demográfico, la de intensificar la formación que se daba a adolescentes y jóvenes para que eso les permitiera conseguir empleos de calidad o emprender en áreas de mayores ingresos o de mayor complejidad y esto tuviera un impacto positivo en ellos, en sus familias, en sus comunidades y en el país.

Hacerlo exigía reformar en serio la educación secundaria y técnica. Una de las cosas que planteamos entonces fue que la secundaria y las carreras técnicas no fueran exactamente iguales en todos los municipios del país, sino vinculadas a la matriz productiva de cada municipio y a los planes de desarrollo municipal que ya había o que pudiera haber. En un pilotaje que hicimos sobre la municipalización de la educación, el alcalde de Catarina, un municipio de Masaya de apenas 11 kilómetros cuadrados, con potencial para ser una “cajita de oro”, nos dijo lamentándose: “Tengo en el municipio jóvenes abogados hasta para pavimentar con ellos las calles, pero no tengo un solo joven técnico que haga innovaciones a lo que desde hace cien años se hace aquí en jardinería o en turismo”.

Muchas propuestas hicimos para aprovechar el bono demográfico, pero nadie las tomó en cuenta y aquel año 2006 Daniel Ortega ganó las elecciones, no le hizo caso a nuestra propuesta ni a ninguna otra que viniera de la sociedad civil sobre otros temas. Y así hemos llegado hasta hoy, sabiendo que en 2035 terminará para Nicaragua el bono demográfico. Nos quedan apenas 15 años para aprovecharlo. ¿Qué pasará si esa oportunidad queda en nada…? Tendremos generaciones de jóvenes que no han trabajado formalmente, que no han cotizado a la seguridad social y que no contarán con la formación necesaria para que resulte sostenible cambiar la matriz productiva del país hacia empleos de mayor calidad. Nicaragua se volverá un país de ancianos que no reciben jubilación y que no lograron ahorrar para su vejez. ¿Quién los mantendrá, quién mantendrá a las personas que irán envejeciendo? Eso se volverá una bomba de tiempo.

Diez años después de no ser escuchadas, en 2016, volvimos a hacer un diagnóstico de la educación, insistiendo en la urgencia de reformarla. Y volvimos a hacer una propuesta con las siete prioridades que ya habíamos planteado en 2006, revisadas a la luz de los cambios que habían ocurrido en el contexto mundial. “Prioridades de la educación nicaragüense para el siglo 21” fue el título que dimos a nuestra propuesta. Está en Internet: www.ciases.org.ni y también en https://www.envio.org.ni/articulo/4395

En los diez años que median entre nuestra primera propuesta y la otra hemos visto al mundo desplazarse a una velocidad vertiginosa hacia lo que se conoce como “la cuarta revolución industrial”, una revolución tecnológica que, como advierten muchos autores, modificará la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos a una escala y complejidad que provocará cambios que la humanidad nunca antes había experimentado. En su libro “Sálvese quien pueda” el periodista Andrés Oppenheimer dice que en 2030 el 70% de la población mundial desempeñará su labor profesional de manera independiente o subcontratada.

La cuarta revolución está transformando a gran velocidad lo que antes considerábamos como “mediano plazo”, unos cincuenta años, reduciéndolo a apenas cinco años. En espacios cada vez más breves las sociedades tendrán que adaptarse a los desafíos que el acelerado desarrollo de la ciencia y de la tecnología les impondrá. Los cambios que esa revolución requiere en la matriz productiva son impresionantes. Si no tomamos en serio esos cambios iremos perdiendo viabilidad como país.

Los estudios que se han hecho sobre la cuarta revolución industrial indican que los nuevos poderes del cambio estarán en la ingeniería genética y en la neurotecnología, en la inteligencia artificial. La tendencia a la automatización ya está en marcha. Toda actividad que implique repetir muchas veces la misma operación será sustituida por la automatización. Hay estudios que indican doce ámbitos en los que están las carreras del futuro. Todas tienen que ver con lo que una máquina no puede hacer por nosotros. El Fondo Monetario advierte que la automatización es muy positiva para el crecimiento económico, aunque muy negativa para la equidad, lo que significa que quienes más van a sufrir con estos cambios son los mismos de siempre, los más pobres. Hay un estudio del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) de 2019 que señala que en Nicaragua el 65% de los empleos actuales está en riesgo de automatización y que podrían dejar de existir… ¿Qué desafíos plantea todo esto a la educación que hoy tenemos?

Estamos tomando conciencia que hemos perdido una docena de años desaprovechando el bono demográfico, estamos conociendo los desafíos de la cuarta revolución industrial, sin que podamos evadirlos y sabiendo que tendremos que correr para adaptarnos, y esto sucede en momentos en los que Nicaragua atraviesa la peor crisis de derechos humanos, de democracia y de violencia de su historia en tiempos en que no estamos en guerra; en momentos que son también de desgaste emocional generalizado en todos los ámbitos de la vida y en todos los ambientes sociales.

Hoy Nicaragua vive una crisis de institucionalidad gravísima. La escalada que ha tenido la crisis, la violencia de las medidas con las que el gobierno ha respondido, nos han colocado ante hechos inéditos, nunca antes vistos en el país, a pesar de haber sobrevivido Nicaragua a tantas dictaduras. Hoy, como siempre, algo que se ha mantenido como una constante en la vida nacional es el caudillismo en la cultura política, que se traduce, entre tantas otras cosas, en esa imposibilidad de crear colectivos de gente que piensen y actúen juntas. Muchas personas extranjeras nos dicen: ¿Por qué si conozco a tantos nicaragüenses, que individualmente son tan brillantes, no se pueden poner de acuerdo y hacer algo relevante para su país? A los nicas nos cuesta mucho priorizar y dejar nuestras ideas personales para asumir las de otros, que pueden ser mejores. Es en este difícil marco nacional, y con esta cultura caudillista que no hemos superado, que nos toca entender la urgencia de mejorar la educación. Y nos tocará entenderlo en un diálogo nacional en el que nos pongamos de acuerdo para hacer algo relevante: reformar nuestro sistema educativo porque en la educación nos jugamos el presente y el futuro.

Los problemas que la educación en Nicaragua tiene no pueden ser resueltos mientras exista esta crisis política, esta crisis de legitimidad, esta crisis de institucionalidad y este estado de represión. Para que podamos empezar a resolver los problemas educativos necesitamos que haya un proceso de re-institucionalización que haga posibles los cambios. Hoy ningún cambio es posible. Ni siquiera podemos hablar con un funcionario del Ministerio de Educación. Ni siquiera tenemos estadísticas. Ni siquiera podemos entrar a una escuela pública. Acabamos de terminar una investigación que comenzamos en 2018, la interrumpimos ese año y la volvimos a retomar en 2019, para saber qué pasa en las aulas de primer grado con la utilización del método Fónico, Analítico, Sintético (FAS), el que se está usando para enseñar a leer y a escribir. Nos preocupaba que el Ministerio de Educación determinó en 2015 que ése sería el único método empleado para la enseñanza de la lectura y la escritura, sin explicar a la ciudadanía porqué se tomó esta decisión ni ofrecer evidencias que la justificaran. Queríamos saber si eso se estaba cumpliendo y qué resultados estaba teniendo. No pudimos disponer de una muestra representativa de todas las escuelas del país por la falta de acceso a las bases de datos de las escuelas y por la dificultad en entrar en escuelas públicas. Recurriendo a organizaciones que trabajan con escuelas públicas pudimos entrar a unas pocas. El resto de la muestra fueron escuelas subvencionadas.

Eso que investigábamos es relevante. Porque hoy sabemos, por ejemplo, las áreas del cerebro que se activan cuando leemos. Antes no sabíamos lo que sucedía y cómo sucedía. Y saberlo nos da pistas sobre lo que funciona mejor para que los niños aprendan a leer sin problemas y cuando necesitan aprenderlo, que es en el primer grado. Porque si a esa edad no aprenden a leer comprendiendo lo que leen tendrán dificultades para continuar su aprendizaje en los años siguientes. La tecnología ha transformado ya el cerebro humano. Desde muy pequeños los niños son especialmente proclives a la tecnología, se familiarizan inmediatamente con lo que la tecnología requiere. Pero la lectura es un proceso diferente. Aprender a leer es un proceso más complejo que aprender a usar la tecnología. Aprender a leer no es un acto natural, es un acto convencional, que surgió cuando la Humanidad inventó la escritura. Aprender a leer exige que alguien nos lo enseñe, exige darles a los niños pistas que les enseñen no sólo a leer sino a entender lo que leen. Y todo eso exige un método adecuado porque ese aprendizaje es la base de los que seguirán, porque la lectura nos sirve para seguir aprendiendo. De ahí la relevancia de nuestra investigación. Obtuvimos alguna información, pero nos falta mucha porque hay miles de niñas y niños nicaragüenses que están aprendiendo o no, a leer con ese método y no sabemos qué efectos está teniendo, qué está pasando con la herramienta fundamental con la que nuestra niñez va a seguir aprendiendo.

En tantos otros aspectos, ¿cómo está hoy la educación que debemos mejorar con urgencia? Veamos sólo algunos datos, sabiendo que hay algunos más específicos que desconocemos porque el Ministerio de Educación no publica estadísticas. Antes teníamos acceso a las bases de datos de matrícula por escuela. Sabíamos número de alumnos, número de escuelas en cada municipio y en cada departamento y en cada nivel educativo. Hoy ya no tenemos acceso a esas cifras, que son las más básicas. Afortunadamente, tantos años de trabajo en educación y en tantos lugares nos han permitido conseguir algunos datos que algunos funcionarios nos hacen llegar y otros que sacamos de fuentes internacionales y de otras fuentes no especializadas en educación, como son los datos del Banco Central o los de encuestas de hogares hechas por organismos especializados.

Hay un conjunto de problemas educativos que países vecinos ya resolvieron y que Nicaragua no ha resuelto aún. Uno es el acceso universal, el acceso a la escuela para toda la niñez del país. Este gobierno tiene años diciéndonos que el acceso ha mejorado, que la matrícula se ha incrementado, pero la realidad es que la matrícula no ha crecido de manera importante. Y todavía un 10% de niñas y niños, los más pobres como siempre, están fuera de la institución escolar porque hay un solo modelo de escuela y no hemos podido pensar en modelos alternativos como han hecho en otros países. Y porque son niños de familias con dificultades económicas o que viven en zonas muy alejadas. Y traerlos a la escuela requiere de acciones que el Estado no asume.

En el año 2017 la encuesta nacional de FIDEG (Fundación Internacional para el Desafío Económico Global), nos brindó otro dato: la tasa nacional de analfabetismo. Según el Ministerio de Educación andaba por el 5%. Según la encuesta de FIDEG, alcanzaba el 15.4% a nivel nacional, y en las zonas rurales y en el Caribe superaba el 21%. Estamos así regresando a un analfabetismo que dábamos por superado.

Otro indicador muy importante es el de los años de escolaridad promedio de la población que, según los datos de FIDEG, era de 6.4 años para la población de 10 años y más, y solo de 4.8 años en las zonas rurales. Este indicador está vinculado a los años de educación obligatoria que establecen las leyes. En Nicaragua la ley establece una obligatoriedad de 7 años: el tercer grado de preescolar y los 6 años de primaria. Nicaragua es el único país de América Latina y el Caribe con tan escaso nivel de obligatoriedad, cuando desde hace más de 25 años la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) dijo que el umbral educativo mínimo para salir de la pobreza y para mantenerse fuera de la pobreza es al menos 12 años de escolaridad.

Otro indicador es el que el Banco Mundial llama “pobreza de aprendizaje”. En ése Nicaragua aparece mal: el 70% de los niños de 10 años no entiende lo que lee aun cuando sean textos sencillos. Quiere decir que un niño de esa edad, que ya está en tercero o cuarto grado, a veces en quinto o sexto, todavía no comprende lo que lee. Esto tiene consecuencias. La primera, es que el padre le dice: “En la escuela no estás haciendo nada, ¡a trabajar!” Los sacan de la escuela porque ganan más poniéndolos a trabajar que teniéndolos en la escuela donde no aprenden porque ni siquiera saben leer. Nosotros hicimos un estudio de lo que le cuesta a una familia poner a un hijo a estudiar y demostramos que una familia invierte tres veces más en la educación de ese niño que lo que invierte el gobierno. Una familia pobre, a la que le cuesta todavía más la inversión, evalúa la escuela con criterios de prisa: quiere resultados visibles y los quiere pronto y si el chavalo está cancaneando en la lectura o no sabe leer es que no está aprendiendo nada.

Otro dato, siempre con la información de la encuesta de FIDEG: la tasa neta en educación secundaria alcanzaría sólo el 62% a nivel nacional. En las ciudades, llega a segundaria el 74% y en las zonas rurales el 49%. De manera general significa que 4 de cada 10 jóvenes nicaragüenses no tienen acceso a la educación secundaria.

Otro dato importante es el presupuesto para la educación primaria. En Nicaragua es el más bajo de Centroamérica y de América Latina. Nicaragua destina 500 dólares al año por estudiante de primaria. Costa Rica dedica algo más de 4 mil dólares, y el promedio en América Latina es de 2,300 dólares por estudiante de primaria al año. El presupuesto que hoy se dedica a la educación es el 3.8% del PIB, cuando debería ser por lo menos el 7%. En un momento llegamos a dedicar el 4.5% del PIB, pero año con año se ha ido reduciendo. En el presupuesto de 2020 le quitaron a Educación 700 millones de córdobas y se los pasaron a la Policía y al Ministerio de Gobernación, encargado de las cárceles, que va a construir una moderna cárcel en León. Y en la Policía, ¿cuál es el rubro al que el gobierno destina más recursos? A “protección de personalidades”. En Nicaragua la protección de la familia en el poder y sus allegados nos cuesta 10 millones de dólares anuales, algo escandaloso en un país tan pobre como Nicaragua.

Todos estos datos que hemos mencionado se refieren sólo a la educación básica y media. No estamos hablando de educación universitaria, un bien público nacional que ha experimentado un proceso de destrucción con este gobierno y aún desde antes, desde la década de los años 80. Nicaragua fue el segundo país de Centroamérica en tener una Universidad de gran prestigio, después de la Universidad San Carlos de Guatemala. Hasta hace poco venían de Centroamérica a León, conocida como “la inteligencia” de Nicaragua, a estudiar en nuestra Universidad nacional, que se forjó con esfuerzo. Con mucho empeño el régimen de Ortega ha venido destruyendo este patrimonio nacional, con la estrategia de encontrar en la juventud universitaria su base de apoyo. La autonomía universitaria, un logro que costó muertos, ha sido totalmente anulada. Después de las protestas de abril de 2018, las universidades públicas han expulsado a decenas de estudiantes universitarios y les han borrado ilegal y cruelmente sus expedientes académicos. Ni les dejan entrar en la Universidad. Les han decretado “muerte civil”. También en secundaria circulan listas de muchachos que participaron en protestas, a los que se prohíbe matricular en cualquier instituto y no pueden estudiar. Se les decreta también “muerte civil”. Decenas de profesores han sido despedidos y algunos encarcelados por ejercer su derecho a la protesta. Y, además, a lo interno de la Universidad se ha creado una mafia. Es impresionante cómo este régimen ha instalado un sistema de mafia en todo en lo que ha puesto su mano… Por bonos de alimentación y por becas se intenta controlar a los estudiantes de distintas maneras, que guardan silencio porque si no, no podrían estudiar.

Es por este contexto de crisis nacional, por un contexto internacional desafiante en el marco de la cuarta revolución industrial y con estas cifras que evidencian el atraso educativo, que consideramos que la educación en Nicaragua es una emergencia nacional. Y no queremos dejar de llamarla así. Si no resolvemos ahora los problemas, en diez o veinte años más este país no será viable. Llegaremos a un punto en que no vamos a tener la posibilidad de recuperar lo perdido. La brecha será tan grande que ya será imposible. Para entender mejor las dimensiones que esa brecha ya tiene hoy basta con voltear la cabeza y mirar a Costa Rica. En pocos años veremos que la brecha se ha profundizado tanto que ya no habrá puentes para cruzarla…

¿Qué proponemos? Lo que proponemos ante esta emergencia es que veamos la educación como un problema de todos y como una responsabilidad de todos. La educación no es propiedad del gobierno. Todos tenemos el derecho, también el deber, de aportar al proceso educativo. La educación afecta a las familias, a nuestros hijos, a nuestros nietos, a los empresarios que reciben a los jóvenes que salen del sistema educativo mejor o peor preparados… A todos. Y por eso Nicaragua tiene que tomar decisiones.

En aquel año 2006 se aprobó la primera Ley de Educación que ha tenido nuestro país. Pasamos muchos años haciéndole aportes a la ley, hubo larguísimos procesos de consulta, pero al final los diputados decidieron, sin tomar en cuenta aportes importantes. La ley que rige hoy la educación tiene muchos vacíos, muchas lagunas. La hemos analizado y tenemos una propuesta de reforma, que sería una de las primeras medidas a tomar cuando todo esto cambie. Tendremos que tomar decisiones de fondo cuando salgamos de esta crisis y ya sin este gobierno, puesto que en este contexto y con el gobierno actual es imposible cualquier solución a los problemas de la educación.

Cuando esto cambie, lo que proponemos para ese momento es un gran diálogo nacional sobre la educación con la participación de todos los sectores, profesores, ONG, familias, empresarios, partidos políticos… Deberá ser un diálogo con una metodología que permita realmente dialogar. Porque dialogar no es que acudan todos y que todos hablen. Dialogar es ir construyendo consensos en la medida en que todos hablan hasta que haya productos concretos de ese diálogo. Habrá que encontrar una metodología que permita el diálogo y que del diálogo salgan acuerdos nacionales que orienten las políticas educativas nacionales.

Debería ser un diálogo en el que no vamos a llegar discutir minucias. Lo que debemos discutir son decisiones estratégicas que nos lleven a compromisos y a propuestas que concluyan en un acuerdo que ilumine la política educativa durante cincuenta años, una política que los sucesivos gobiernos administrarán. Se puede hacer, se debe hacer. En 1994 Costa Rica acordó un Plan de Educación y desde entonces se trabaja con ese plan, al que obviamente se le han hecho ajustes, pero el plan en sus términos generales se mantiene.

Para este diálogo hemos identificadas 7 prioridades con un conjunto de tareas. Y no porque sólo sean siete las necesidades, sino porque ésas son las más importantes y porque las siete son catalíticas: si respondemos a esas prioridades eso acelerará la resolución de otros problemas que tenemos. Creemos que debemos partir de lo más importante porque en la medida en que se resuelve lo más importante lo otro resulta más fácil de resolver. En Nicaragua tenemos la costumbre de hacer listados de infinitas necesidades... Pero con esas largas listas no avanzamos. Porque no tenemos grandes recursos financieros ni tampoco tenemos mucho tiempo para todo lo que tendremos que hacer. Entonces, ¿qué debemos priorizar con pocos recursos y con poco tiempo?

La primera prioridad es ampliar el acceso a la educación con equidad. En Nicaragua seguimos empleando un concepto de “igualdad” que es anticuado, de los años 50, en el que igualdad significa “lo mismo para todos”. Hay programas de almuerzo escolar en el que les dan comida a todos los niños. Resultado: la comida no es buena y muchos niños la botan porque no la necesitan. Uno llega a algunas escuelas y puede ver la comida desperdiciada… ¿Qué necesitamos? Saber qué niños necesitan la comida y a ésos dársela. Esto permitirá dar mejor comida a quienes la necesitan y no mala comida a todos. El concepto que debe guiarnos es equidad, no igualdad. Y ese concepto lo tiene que asimilar todo el sistema educativo en todos los aspectos.

Si priorizamos el acceso con equidad, esto nos llevará a preguntarnos quiénes no acceden a la escuela, quiénes se quedan fuera. Son los más pobres, los niños que están en los semáforos limpiando vidrios o vendiendo o pidiendo limosna. La vida de esos niños se ha socializado en la calle y sus ritmos de atención están regulados por los diez minutos en los que cambia el semáforo del verde al rojo… ¿Cómo se sentirán en una escuela en donde todo está regulado por 45 o 90 minutos? 90 minutos sentados, 90 minutos atentos… Para que haya equidad con esos niños hay que construir otros modelos educativos, diferentes de los actuales, modelos que sean capaces de responder a lo que ellos necesitan para aprender. También habrá que pensar el acceso con equidad para los jóvenes rurales que viven en lugares donde no hay escuela, donde no hay maestros porque hay pocos niños. ¿Qué modalidades buscar para comunidades con menos niños?

Para lograr el acceso a la educación con equidad hay que tener una mirada que enfoque adecuadamente quiénes necesitan qué y cómo dárselo, una mirada que descubra dónde invertir para que no se desperdicien los recursos. Hay muchas experiencias internacionales que nos pueden iluminar. Habrá que tomar decisiones basadas en evidencias y adecuarlas a cada contexto. Estandarizar sin considerar contextos y necesidades particulares es la mejor manera de desperdiciar los recursos.

La segunda prioridad -no las estamos enunciando en orden de importancia- es la formación de los maestros para que brinden una educación de calidad. Necesitamos formar maestros para el siglo 21. Son muy serios los problemas que tenemos en la formación docente. Hoy tenemos maestros formados en procesos carentes de calidad, maestros que están reproduciendo los problemas de pobreza y desigualdad del país, que reproducen en sus alumnos los problemas que tuvieron ellos y que su deficiente formación no resolvió… Es importante tener maestros que sean lectores, que lean comprendiendo lo que leen, que enseñen a sus alumnos esa habilidad fundamental. En la comunidad de Lechecuagos, en León, validamos un modelo de formación inicial para maestros rurales con especialidad en multigrado y cuando estábamos en la clase de Pedagogía nos dimos cuenta de que ninguno comprendía lo que leía. Entonces, decidimos posponer la Pedagogía y darles clase de lectura. Y sólo cuando aprendieron a leer con comprensión seguimos adelante.

De nada sirve que cerremos los ojos a un problema que existe en el actual magisterio: su falta de formación, su escasa preparación. Muchas de las maestras y maestros que entraron en la Escuela Normal en 2018 y 2019 fueron egresados de programas, ya descontinuados, de primaria y secundaria acelerada. Y los convertirán en maestros estudiando sólo los sábados. Y serán esos maestros los que darán clases a niños de primer grado, una etapa tan importante en el aprendizaje de un niño… Reproducirán hasta el infinito el círculo vicioso de la pésima calidad educativa que tiene atrapada a Nicaragua.

Esto no puede seguir así. Tan importante como formar a un neurocirujano es formar un maestro. Un maestro tocará la vida de por lo menos 40 niños cada año y va a trabajar 30-40 años. Saquen la cuenta de cuántas vidas va a tocar un único maestro… para bien o para mal. Formar en servicio, cuando ya el maestro está dando clases, es muchísimo más caro e ineficiente que formarlo inicialmente. La formación docente no puede seguir estando en manos del Ministerio de Educación en Escuelas Normales de baja calidad que son de nivel secundario. Hay muchas experiencias en el mundo que no necesariamente pasan por Licenciaturas. Nosotras tenemos una experiencia validada y sistematizada y hemos formado una generación de docentes con nivel de Técnico Superior.

La tercera prioridad es mejorar la calidad de la educación, orientada por estándares adecuados, que incluyan, además de las herramientas básicas del aprendizaje, el desarrollo de la inteligencia emocional y los valores ciudadanos. Actualmente el currículo está lleno de contenidos conceptuales, declarativos. “¿Qué es la fotosíntesis?” Y sigue la definición: “Es el proceso de conversión de la materia que ta-ta-ta…” Pero cada día aprendemos algo que no sabíamos de ese proceso y de tantos otros. Hay que cambiar esa forma de educar con conceptos, esa educación en la que todo lo tengo que memorizar y recitar de memoria. Hay que cambiarla por una educación en la que lo que tengo que desarrollar son habilidades, procedimientos, metodologías, porque esa definición que me obligan a aprender hoy la tengo en Internet. Fechas, nombres, definiciones, conceptos, ya no hay que enseñarlos ni aprenderlos, mucho menos memorizarlos para repetirlos… Nada de eso lo tenemos que enseñar. Tenemos que enseñar a leer comprensivamente, a escribir creativamente, a investigar, a sintetizar, a valorar si una información es mejor que otra y por qué, a pensar lógicamente, a pensar críticamente, a analizar problemas desde ángulos que no habíamos imaginado, a encontrar soluciones innovadoras, a pensar de forma divergente…

En América Latina los estudios que se han hecho de los programas de “una computadora por niño”, que tan de moda se pusieron hace unos años, demostraron que no necesariamente los niños aprendían más o que aprendían más rápido con una computadora. Posiblemente fueron programas mal dirigidos. Y posiblemente faltaron guías apropiadas para el aprendizaje. Aún ahora hay escuelas en las que se dice: “Si no tengo una computadora no puede investigar”. No es así. Si no tengo un método no puedo investigar. Lo fundamental no es tener la computadora, lo fundamental es conocer y aplicar un método para investigar en la computadora o en donde sea. A menudo no es sólo el alumno el que no conoce el método, tampoco lo conoce el maestro que lo orienta. Y por eso el alumno “copia y pega”. Nadie le ha enseñado a hacer algo distinto. Copiar y pegar se vuelve una rutina e investigar con un método requiere de enseñanza. La habilidad de investigar tiene que ser enseñada.

Tenemos, sobre todo, que enseñarles a decir “la propia palabra”, la propia opinión. Tenemos que enseñarles a decir lo que les convence y lo que no les convence. Ésa es la educación de calidad que necesitamos, con estándares educativos que orienten habilidades y no con ese currículo descriptivo que tenemos ahora ante el que el maestro va como “carreta en bajada” intentando cumplir con todo lo que se le pide porque si no lo sancionan y al final lo que menos le importa es si el niño aprendió o no porque a todos los van a pasar de grado porque lo que le importa al Ministerio son estadísticas que digan que todos pasaron… El cambio esencial que debemos lograr cuando transformemos el sistema educativo será formar en el estudiantado de todos los niveles el pensamiento crítico, la capacidad de reflexión crítica, el pensamiento divergente para que interpretan la realidad de maneras diferentes y encuentren soluciones nunca antes imaginadas.

Tenemos también que enseñarles a conocer su poder. Este gobierno ha tenido éxito en instalar en la sociedad un discurso muy desempoderador: tenemos que agradecerles como favores lo que son nuestros derechos. Es el modelo populista, donde no hay ciudadanos que exigen derechos, sino clientes o mendigos a quienes les dan limosnas o regalos que deben agradecer. Es un modelo que desempodera a la gente, que hace que crea que no tiene poder, que sienta que no tiene derechos. O que son otros quienes tienen que concederles derechos. En eso el gobierno ha sido efectivo. Es lo más ruin de este modelo populista. Y es lo que más nos va a costar superar cuando todo esto pase.

Debemos dejar de reproducir este modelo dañino, que se expresa también en lo que escuchamos hoy, hasta en boca de algunos dirigentes: “A los jóvenes no nos dan espacio…”, “A los campesinos no nos dan espacio…”. Cuando escuchamos estas expresiones debemos recordar un concepto muy importante del gran educador que fue Paulo Freire. Cuando hablaba del poder decía que el poder de alguien no tiene que ver tanto con la cantidad de poder que tenga, sino con el uso que hace del poder que tiene, por muy pequeño que sea ese poder. Decía él que, si uno sólo tiene un metro cuadrado de poder y no lo usa, ese poder se lo quitará el poder superior al suyo. Decía que la única manera de tener más poder es usar el poder que tenemos, puesto que todos siempre tenemos algo de poder. Eso requiere analizar todo lo que no podemos, pero también todo lo que sí podemos, y hacer eso que sí podemos. Y además, comprender que si nos unimos a otros nuestro poder será cada vez mayor.

La cuarta prioridad es reformar la educación media y técnica para aprovechar los pocos años de bono demográfico que todavía nos quedan. Para eso proponemos secundarias aceleradas con habilitación laboral de calidad. También, educación sexual en las escuelas para que las adolescentes no se embaracen demasiado pronto, ya que ése es el principal factor que las saca del estudio y les exige dedicarse al cuidado del hijo, restándoles oportunidades. En Nicaragua hay más niñas matriculadas que niños y los niños varones abandonan más la escuela que las niñas porque los sacan a trabajar. Las niñas son más y tienen niveles de aprendizaje mejores que los niños, lo que demuestra que en Nicaragua las mujeres están aprovechando mejor las oportunidades. En el resto de Centroamérica sucede al revés. Pero esta ventaja que tiene Nicaragua se pierde al llegar las niñas a la secundaria por la frecuencia de los embarazos adolescentes. De ahí, la importancia de la educación sexual en las escuelas.

La quinta prioridad es aumentar la inversión en educación. Con la inversión que hoy tenemos sólo se pueden pagar los gastos fijos. Necesitamos un presupuesto para pagar bien al personal del Ministerio y a los profesores y maestras, pero también son necesarios recursos para mejorar la infraestructura, los materiales didácticos, para mejorar la formación docente… Para mejorar los libros de texto, tan deficientes hoy, no sólo por la grotesca visión partidarizada que dan de la historia nacional, sino por su nulo valor literario. Son libros mal escritos. Es lamentable que, en un país como Nicaragua, con una literatura de tan alta calidad, premiada en el mundo, se les ofrezcan a los niños libros de texto con calidad literaria cero. Es lamentable que en un país de poetas sean los funcionarios del Ministerio quienes escriben poemas y cuentos en los libros de texto… Con estos materiales se están formando hoy los niños y en el camino están perdiendo lo que es un bien nacional. Somos el país de Rubén Darío, pero Darío se queda en una élite. El rico bagaje cultural que ha acumulado este país no está hoy en los libros de texto que tienen en sus manos nuestros niños.

La sexta prioridad es reorganizar el sistema educativo formando un auténtico liderazgo educativo a nivel municipal. Habrá que cambiar la lógica del sistema educativo actual, que es como un enano cabezón, porque todo está centralizado en Managua. A las escuelas de todo el país llega todo ya hecho, las municipalidades son sólo correas de transmisión y tienen al frente a un personal contratado sobre todo por razones partidarias, con muy poca capacidad técnica. Creemos que en el nivel central sólo tiene que haber un grupo reducido altamente calificado y en cada municipio un liderazgo municipal de alta calidad que tome las decisiones más convenientes a las necesidades y características del municipio.

La séptima prioridad es evaluar de manera periódica y sistemática cómo va la educación en el país, no porque las evaluaciones sean la panacea, sino porque necesitamos “semáforos”, necesitamos información que nos vaya diciendo si vamos en la vía correcta o no. La evaluación nos permitirá también innovar y evaluar qué resultados va teniendo la innovación. Hasta ahora, como el Ministerio ni brinda datos ni sabemos si evalúa, sólo contamos con un insumo, las pruebas estandarizadas que hace la UNESCO a nivel continental para evaluar Lectura y Matemáticas en niñas y niños de tercero y sexto grado. Y esas pruebas nos dicen que a Nicaragua le está yendo muy mal y nos confirman que efectivamente, nos estamos quedando atrás.

Estas siete prioridades tienen tres pre-condiciones. La primera, solucionar la crisis y establecer la democracia y la institucionalidad del país terminando el estado de sitio de facto y restableciendo las libertades. La segunda, entender que la educación es responsabilidad de todos. Y la tercera, instalar un gran diálogo para debatir éstas y otras propuestas…

Cuando todo esto pase, las medidas que habrá que tomar serán todas complejas y dolorosas y requerirán de un gran consenso nacional. Creo que lo primero que habrá que hacer será reorganizar el funcionamiento del Ministerio de Educación y los recursos que se invierten en su deficiente funcionamiento. Si no se reestructura el Ministerio no se podrá hacer nada más. Sólo después se irán asumiendo las prioridades.

Si logramos tener elecciones legítimas y creíbles y se abre un nuevo período de gobierno, éste será sumamente complejo, muy accidentado, con bandas paramilitares, con la Policía y el Ejército en crisis institucional y con una Coalición donde no todo el mundo estará articulado en la misma dirección. La tarea principal de ese nuevo gobierno será la re-institucionalización del país, crear instituciones en la que todos podamos creer, lograr la independencia de los poderes del Estado, comenzar los procesos de justicia...

Para ponernos en una ruta diferente a la actual en el sistema educativo necesitaremos por lo menos una década, para responder a la emergencia educativa y seguir adelante. El camino no será fácil, pero la ruta está clara y tenemos en el país la capacidad y los recursos para hacerlo. Necesitamos la voluntad política. Ojalá todos los sectores lo tengan claro y exista la voluntad de invertir los recursos y esfuerzos que la emergencia educativa requiere para hacer de Nicaragua un país viable.

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