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  Número 452 | Noviembre 2019
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El Salvador

Nayib Bukele inicia su gestión con aprobación masiva

Más allá de la adicción a los twitters, de los despidos de funcionarios con olor a vendetta política, del esnobismo mediático y del estilo engominado del Presidente, el mayoritario reconocimiento de la gestión de Nayib Bukele tiene que ver con mostrar y demostrar que su gobierno está en continuo movimiento. Bukele prioriza la acción y mientras más mediática, mejor. Privilegia la acción sobre el discurso con toda la carga posible.

Luis Antonio Monterrosa

Según las encuestas de opinión pública de “La Prensa Gráfica” y las del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana de El Salvador (IUDOP-UCA), Nayib Bukele, Presidente de El Salvador desde el 1 de junio de 2019, cuenta con más del 90% de aprobación por su gestión. En algún momento se pensó que “La Prensa Gráfica” podría haber inflado números para congraciarse con quien se enzarzó en amargas disputas que terminaron en instancias judiciales. Pero después, los datos del IUDOP vinieron a reafirmar la gran popularidad de Bukele. ¿Cómo explicar que sesudos y avezados analistas políticos, tanto de derecha como de izquierda, rechacen con tanta efervescencia la gestión de Bukele?

HAY UN NUEVO RUMBO


No ha sido frecuente que las últimas gestiones presidenciales hayan sido reprobadas en sus primeros meses. El caso del antecesor de Bukele, Salvador Sánchez Cerén, fue una excepción. Desde el comienzo no resultó popular. Pero también es raro alcanzar al comienzo del gobierno tan altos niveles de aprobación: Antonio Saca (74%) y Mauricio Funes (71%) fueron muy valorados al iniciar su administración, pero nunca a los niveles logrados por Bukele.

Su popularidad es inédita. En este caso, popular significa que buena parte de la población salvadoreña reconoce y aprueba las acciones que el Ejecutivo está tomando. Sólo eso. Es un respaldo que no debería leerse como un endosamiento definitivo a su gestión, ni siquiera una adhesión política a su proyecto.

Si los datos de las encuestas son efectivamente cercanos a la realidad, lo que significa tan alta popularidad es que buena parte de la militancia histórica, tanto la del FMLN como la de ARENA, aprueban la gestión de Bukele, mientras que los dirigentes de uno y otro partido, junto a académicos, analistas políticos e ideólogos a sueldo, se colocan en el otro extremo, para rechazarlo, conformando lo que se ha venido llamando “el Movimiento 4%”, un minoritario nicho político donde convergen izquierda y derecha tradicionales, que insisten en que en el nuevo gobierno todo está mal.

Por supuesto, ni todo está mal ni todo está bien. Y también es posible que el pueblo, “municipal y espeso” -como lo llamó Rubén Darío- ande más confundido y perdido con el ritmo de tuits del Presidente, y que en su ignorancia no sepa distinguir lo bueno de lo malo. Pero también es posible reconocer algunos elementos en la gestión de Bukele que resultan interesantes y positivos para la gente. También es probable que los analistas que lo critican no necesariamente atinen con las categorías precisas para juzgar sin hígado los elementos claves del proceso en curso. Si en realidad el populacho está embelesado con la gestión de Bukele, corren el riesgo de no afinar tampoco en un análisis que evalúe adecuadamente el nuevo rumbo del país.

EL NUEVO GABINETE


El conjunto de los Ministerios de la nueva administración pasó a ser ocupado por orden de Bukele con nuevos rostros, en general de gente más joven y de más mujeres. Prácticamente todas y todos llegaron de espacios alejados de la política, si descontamos el círculo de confianza del Presidente, organizado en el partido Nuevas Ideas.

La excepción a esta nueva fisonomía son un par de funcionarios de GANA, el partido escindido de ARENA con el que Bukele ganó las elecciones, y María “Chichilco” Navarrete, un cuadro histórico del FMLN con gran arraigo en sectores populares y rurales.

El suspenso creado por Bukele en el proceso de nombramiento de sus ministros fue calculado. En los días previos a su toma de posesión, Bukele fue nombrando día a día a su gabinete, en primer lugar a las mujeres, como una forma de disolver el fantasma de la violencia contra la mujer con el que el FMLN lo acusó y lo expulsó de sus filas en 2017.

LOS DESPIDOS SELECTIVOS


Después, y tras la sesión de juramentación como Presidente, realizada en el Centro Histórico de San Salvador, abandonando la tradición de traspaso de mando realizada en ambiente VIP protocolario, la gestión presidencial comenzó anunciando despidos selectivos. Eliminó la Secretaría de Inclusión Social, dirigida durante diez años por Vanda Pignato, ex-esposa del ex-Presidente Mauricio Funes (2009-2014), procesada actualmente por enriquecimiento ilícito y salpicada por los excesos de Funes, hoy refugiado en Nicaragua.

Suprimió también Bukele la Secretaría de Gobernabilidad, que antes había sido de Asuntos Estratégicos, al mando de Hato Hasbún, y la Secretaría Técnica y de Planificación, que el FMLN había contemplado elevar a Ministerios si hubiera ganado las elecciones.

Tras el alboroto causado por los que se mostraron como despidos injustificados, Bukele argumentó que la mayoría de las plazas estaban ocupadas por militantes del FMLN que no necesariamente realizaban una labor técnica. En esa misma dirección se sumaron en su primer mes de gestión otro conjunto de despidos selectivos en diversas instituciones de gobierno, que fueron etiquetadas como de “familiares de dirigentes del FMLN”. Hermanos, hijos y parientes de Sánchez Cerén y de otros dirigentes del FMLN fueron despedidos, incluido el hermano del ex-Presidente Funes, quien fungía como director del BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica).

Por supuesto, más de alguna persona fue acusada injustamente de ser familiar de alguien y fue despedida sólo por coincidir con el apellido de ese alguien, una muestra de que la medida se trataba de una vendetta política. Curiosamente, los familiares y allegados del ex-Vicepresidente Óscar Ortiz no fueron tocados: ni su esposa en la Dirección del Instituto para la Niñez y la Adolescencia (ISNA), ni sus más cercanos colaboradores, quienes continuaron en las oficinas y dependencias de la Vicepresidencia... al menos por un tiempo.

LA CRISIS EN ARENA Y EL FMLN


Después de una campaña electoral acalorada, en la que Bukele buscó distanciarse tanto del FMLN, partido del que fue expulsado, como de ARENA, que le era más afín por sus actividades empresariales, llegó el momento de aquietar las aguas.

Pero las aguas continuaban movidas por las sendas crisis internas en los dos partidos tradicionales, ambos perdedores en las elecciones. Las disputas evidenciaron antagonismos históricos, generacionales y programáticos, tanto en la izquierda como en la derecha. De hecho, ambos partidos han estado al borde del fraccionamiento desde su derrota en las urnas en febrero. Los procesos internos para elegir nuevos dirigentes no estuvieron exentos de amarguras, acusaciones y desánimo.

Mientras ARENA y el FMILN se debatían entre la renovación y la continuidad de sus líneas ideológicas, prácticamente ninguno profundizó, al menos públicamente, sobre las causas de su derrota electoral. Sí se discutió en paralelo la posible creación de nuevos cauces políticos fuera de los tradicionales, tanto en el FMLN como en ARENA. Y se debatió sobre la necesidad de crear una nueva izquierda y una nueva derecha, así como sobre la posibilidad de contar con una izquierda y una derecha honestas. El hecho de plantear estos asuntos mostraba el nivel de la crisis interna que atravesaba cada partido.

¿CON ORTIZ O CON MUYSHONDT?


Seguían las crisis y llegaban mensajes de tregua de uno y otro partido. Del lado del FMLN, Óscar Ortiz -qué terminó haciéndose cargo de la dirección del partido-, y del lado de ARENA, Ernesto Muyshondt, alcalde de San Salvador, comenzaron a lanzar mensajes conciliadores dirigidos a Bukele. ¿Pactar con unos o con otros... ?

Aunque Bukele podía presentarse crítico con las estructuras de ambos partidos, especialmente con las dirigencias derrotadas, se le pudo ver compartiendo espacios y actos oficiales con el alcalde Muyshondt, quien ha expresado más de alguna vez la necesidad de apoyar al Ejecutivo y de entenderse con el nuevo Presidente.

Y mientras Bukele se jactaba de haber despedido a todos los familiares de Sánchez Cerén que ocupaban cargos públicos, guardaba silencio sobre los familiares y allegados del ex-Vicepresidente Ortiz, que seguían trabajando en las estructuras gubernamentales. Sin lugar a dudas, existe un pacto entre Bukele y las fracciones de Muyshondt y de Ortiz, motivada por la necesidad de granjearse apoyo con ellas, guardando mutuos silencios. Éste se rompió brevemente al poco tiempo de haber sido elegido Ortiz como dirigente del FMLN, cuando criticó la gestión de Bukele al acompañar una marcha de veteranos de guerra que reclamaban atención. Casi de inmediato, la esposa de Ortiz fue despedida de su cargo en la dirección del ISNA. Lo mismo hizo con otros de sus familiares.

SEGURIDAD:¿MÁS DE LO MISMO?


Una de las primeras decisiones del nuevo gobierno fue la puesta en marcha del Plan de Control Territorial, un plan que Bukele pretende convertir en su proyecto insignia para enfrentar la inseguridad ciudadana y la violencia. Para ello, no sólo ha demandado con vehemencia fondos a la Asamblea Legislativa y la aprobación de proyectos basados en préstamos internacionales. También ha renovado los mandos en las Fuerzas Armadas en la Policía Nacional Civil.

El Plan enfatiza dos medidas específicas. Por un lado, el patrullaje disuasivo conjunto entre Fuerza Armada y Policía en algunos territorios seleccionados, incluido el Centro Histórico de San Salvador. Por otro lado, la acción represiva de la Policía en algunas zonas específicas, a menudo acompañada de algún tipo de intervención paliativa con obras públicas o de atención social.

La contundencia de las acciones -sólo en el primer mes 2,031 capturas, más de 60 diarias y más de 13 mil capturas acumuladas entre el 1 de junio y el 15 de septiembre, lo que hace un promedio de más de 250 capturas diarias-, recuerda muchísimo los planes de Mano Dura y de Súper Mano Dura implementados por administraciones de ARENA con el Presidente Francisco Flores en 2003 y con el Presidente Antonio Saca en 2004. Ambas no dieron resultado, más bien desembocaron en un repunte de la delincuencia y la violencia.

LA PERSISTENTE VIOLENCIA


Aunque este método puede tener sentido -priorizar el problema de la seguridad para después atender la problemática económica-social que está en su raíz-, los modos contundentes empleados podrían dejar un resultado más mediático que efectivo.

Sean lo que sean los resultados que el plan logre, las encuestas muestran la satisfacción de la población, que aprecia cambios a mejor respecto de la inseguridad previa que le agobiaba.

No puede olvidarse que los últimos treinta años y más de cien días -20 años de ARENA, 10 del FMLN y los días que lleva la gestión de Bukele-, siguen mostrando las dificultades de nuestro país para responder al problema de la violencia desde una óptica sistémica, que debería priorizar la dimensión social y económica que genera la violencia, y considerar sus causas y soluciones, por encima de enfatizar la realidad de las pandillas y la actividad represiva de la policía.

EL MINISTRO DE DEFENSA


En relación a las instituciones de seguridad, el giro ha sido evidente e importante. En el Ministerio de la Defensa -durante diez años a cargo del General David Munguía Payés, militar de confianza del FMLN y gestor de la Tregua entre Pandillas de 2012-, Bukele optó por dejar en suspenso toda la planilla de generales que había progresado con Munguía Payés y eligió como Ministro a un oficial de la Marina con un grado equivalente al de coronel, con lo que deja en condición de disponibilidad a todos aquellos con rango de general en las Fuerzas Armadas.

Aunque el gesto no ha dejado de generar descontentos al interior de la institución castrense, el elegido, el Capitán de Navío René Merino, sin el brillo ni el liderazgo promedio, ha sabido manejar la institución desde el Ministerio de la Defensa. Es probable que su cargo sea temporal mientras las fuerzas internas se acomodan y pueda ser identificado alguien de confianza para, ya desde el Ejército, conducir nuevamente a las Fuerzas Armadas. Por ahora, cuando menos, Bukele logró neutralizar posibles inestabilidades.

LA DIRECCIÓN DE LA POLICÍA


El caso de la Policía Nacional Civil (PNC) no es alentador. Una de las más grandes debilidades de la PNC es su constitución de origen. Tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, que pusieron fin a la guerra civil, se acordaron porcentajes de participación en el mando de la nueva Policía, entre ex-militares de las Fuerzas Armadas y ex-combatientes del FMLN, mientras el grueso de los oficiales sería personal estrictamente civil.

Mientras en los gobiernos de ARENA prevaleció el mando ex-militar en la PNC, en los diez años de gobierno del FMLN le tocó el turno a los ex-combatientes del FMLN, comenzando por la dirección de Carlos Ascencio y después la de Mauricio Ramírez Landaverde y Howard Cotto, con un breve interludio cuando un general del Ejército dirigió la Policía en 2012.

Ahora, con el nuevo gobierno, cuando la expectativa era más bien la de contar finalmente con un director de la Policía netamente civil, Bukele se decantó por Mauricio Arriaza Chicas, un ex-militar formado con los Carabineros de Chile. Así, se materializó la vuelta a los antiguos esquemas manoduristas paramilitares de los que, dicho sea de paso, tampoco lograron librarse los mandos afines al FMLN. Y así, después de manodurismos, de privilegiar la estadística de capturados y de funcionar con solapadas estructuras de exterminio, la perspectiva adoptada por Bukele parece un “más de lo mismo”.

Aunque el nuevo gobierno se ha jactado de alcanzar más de algún día con cero homicidios, después de días con más de diez diarios, no deja de ser llamativo que una de las primeras medidas del gobierno fuera restringir la información estadística sobre homicidios y delitos. Y a pesar del efectismo cortoplacista de generar una sensación de relativa seguridad, sabemos ya, por experiencia histórica, que las estrategias manoduristas no son efectivas ni sostenibles. Por tanto, habrá que quedar a la espera de un cambio más serio o lamentar las fallidas estrategias ya conocidas.

GOBERNAR DESDE FACEBOOK Y TWITTER


Bukele se ha distinguido por el frenesí con el que maneja las redes sociales. Durante su campaña presidencial captaba la atención del electorado con transmisiones en vivo vía Facebook y con mensajes vía twitter. En los primeros meses de su gestión, twitter se convirtió en vía de comunicación privilegiada con sus “Se ordena que...”o anunciando sus decisiones y acciones.

Incluso, se le señaló de estar creando una realidad paralela con el uso de las redes sociales. Políticos y figuras de la sociedad civil comenzaron a quejarse por lo que han llegado a considerar su excesiva adicción a las redes, en las que además pecaba de actitudes política y diplomáticamente incorrectas, como la selfie que se tomó mientras hablaba en Naciones Unidas sobre la necesidad de reformar el organismo mundial.

Los acontecimientos que se desarrollaron en torno a la que se llamó Primavera Árabe demostraron el poder de las redes sociales como vehículo de comunicación y de organización de la opinión pública. Después, la elección de Trump y la trama rusa repuntaron el tema, ahora desde la perspectiva de las noticias faltas, las fake news.

Bukele es un empresario que viene del negocio de la publicidad, un mundo donde es importante saber vender y venderse, aprovechar los nichos y posicionarse en el mercado. Ya en el gobierno, sólo está aprovechando las ventajas tecnológicas del siglo 21, para las que los mortales aventajados en edad no estamos listos. El nuevo Presidente pertenece a un mundo que sólo conocen los más jóvenes. Y por eso, es probable que estemos errando en las categorías analíticas con que lo evaluamos, como fallamos al analizar muchos de los fenómenos actuales.

LAS REDES SOCIALES EN EL PAÍS


Con todo, debe tomarse en cuenta que las redes sociales, si bien configuran un poder informativo descentralizado, no resuelven los asuntos propios de una gestión política. Estadísticamente, los números obligan a repensar las cosas.

En una población de más de 6 millones de habitantes, se suele aceptar que en El Salvador hay más de 10 millones de suscriptores de teléfonos móviles, de lo que puede concluirse que el negocio de la telecomunicación celular es un negocio redondo. Efectivamente, la penetración de la telefonía inalámbrica o móvil es colosal. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, aunque normalmente el usuario móvil tiene disponible internet en su teléfono, el servicio se paga aparte y suele ser caro .De hecho, los usuarios de internet registrados en El Salvador están contabilizados en 3 millones 800 mil, un 59%de la población. Los usuarios de Facebook registrados son 3 millones 700 mil y los de Twitter son sólo 241 mil.

Por tanto, la gestión presidencial vía twitter, en realidad no tiene el alcance que se cree que tiene. O más bien, sólo la tiene para aquellos que consumen la información presidencial. El usuario de twitter se enreda en su propio laberinto. Más bien, son los grandes medios tradicionales impresos, que progresivamente van recolocándose en el mundo digital, como “La Prensa Gráfica” o “El Diario de Hoy”, que el año pasado eran enemigos declarados de Bukele, más los nuevos medios estrictamente digitales como “El Faro”, “La Página” o “El Blog” -claramente alineado con Bukele-, los que en realidad consumen, procesan y distribuyen la mercancía informativa que vende la Presidencia.

En realidad, seguimos consumiendo la información que los medios de comunicación quieren que consumamos, mientras creemos que nos rebelamos contra la gestión vía twitter del Presidente. Dejo constancia que no tengo ninguna cuenta en redes sociales (ni Facebook ni Twitter ni Instagram) y, por tanto, al menos en principio, no dispongo del sesgo típico de ese ámbito, aunque confieso consumir mucha información digital.

EN UN CONTINUO MIVIMIENTO


Más allá del twitter, de los despidos de funcionarios con olor a vendetta política, del esnobismo mediático y del estilo engominado del Presidente, ¿cómo puede explicarse el mayoritario reconocimiento de la gestión de Bukele? En principio, tiene que ver con mostrar y demostrar que está en continuo movimiento. El Presidente prioriza la acción y mientras más mediática, mejor. Aquí es donde la filosofía tradicional, con Parménides a la cabeza, ha querido insistir en que no hay movimiento, mientras que Heráclito el Oscuro insiste en que hay movimiento y todo fluye.

Debe tomarse en cuenta que el voto de los salvadoreños se decantó por Bukele en la medida en que pretendía distanciarse de las gestiones de ARENA y del FMLN, que terminaron por convertirse en burocracias partidarias afincadas en el poder del Estado con el único fin de perpetuarse en el poder para beneficio propio, de sus estructuras partidarias y de los grupos de poder que puedan representar.

Esto no significa que el gobierno de Bukele no vaya a producir sus propios grupos que intenten perpetuarse en el poder del Estado o que no estén detrás del nuevo gobierno grupos empresariales poderosos, los de siempre. Quiere decir que hoy por hoy, el gobierno se quiere mostrar activo frente al anquilosamiento del pasado. Y que eso lo hace popular al 90%.

EN UN CONTINUO HACER


El nuevo gobierno pretende privilegiar la acción sobre el discurso, el facere, con toda la carga posible. Ordena contratar a un joven recién graduado que se había pagado sus estudios vendiendo artesanías, mientras el Ministro contesta “de inmediato, señor Presidente”. Ordena construir un puente mil y una veces solicitado por la comunidad y la ministra contesta de inmediato “ya estamos en ello, señor Presidente”. Ordena destituir al Comisionado Godofredo Miranda -relacionado con el histórico caso de Katya Miranda, una niña de nueve años violada y asesinada hace 20 años, símbolo de la impunidad en la que permanecen estos crímenes-, recién nombrado en un puesto estratégico de la PNC por el recién nombrado director de la PNC y, aunque el director no respondió, de inmediato al señor Presidente, se materializó la destitución.

En este continuo hacer, y mostrar que se hace, se explica la premura por mostrar al filo de los primeros 100 días de gobierno que el nuevo sistema ferroviario para el Oriente del país dejaba de ser un proyecto para darse por iniciada su construcción, aunque apenas Corea o el BCIE acordaban apoyar los primeros estudios para su desarrollo. Se explica también la celeridad en afirmar que la Comisión Internacional contra la Corrupción en El Salvador (CICIES) ya comenzaba a funcionar, cuando apenas la OEA o la ONU hacían las primeras visitas de estimación y se hacían las firmas de convenios de cooperación.

El afán por mostrar que efectivamente al filo de los cien primeros días de gobierno se había reducido la tasa de homicidios quería presentar a un gobierno que realiza acciones, para contrastarlo con los anteriores, que pensaban, planeaban y tenían ya a punto de ejecutar obras, pero que siempre tenían algún imprevisto.

¿QUÉ HARÁ ENTONCES NAYIB BUKELE?


No es cierto que el pasado haya sido siempre pasivo y que el presente esté siendo activo. Pero la idea del movimiento continuo se vende y se compra bien. Y comparativamente, parece que está respondiendo a las demandas específicas de la población, especialmente en el tema de la seguridad ciudadana, en el tratamiento de la corrupción y en el lanzamiento de proyectos novedosos.

Con más tiempo habrá que ver cómo Bukele resuelve los asuntos estructurales económico-sociales. Habrá que ver si la inversión del Estado va a dedicarse realmente a favorecer a las clases populares o si terminará priorizando a la gran empresa privada representada en la ANEP, que ya ha comenzado a acercarse al Presidente y a recordarle que el modelo pro-oligárquico del país es convertir a El Salvador en una plaza de servicios financieros y logísticos.

El verdadero punto de inflexión aparecerá cuando se discutan los recursos del Estado disponibles para el desarrollo. Y será en ese momento cuando, inevitablemente, debería tratarse una reforma tributaria que haga pagar más a quienes más tienen. El FMLN nunca lo logró, aunque desde el año 2009 lo anunció. Habrá que ver si Nuevas Ideas, el partido de Bukele, se mueve realmente y pasa a la acción en ese terreno.

PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA Y CIENCIAS POLÍTICAS DE LA UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS DE EL SALVADOR.

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