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  Número 452 | Noviembre 2019
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Nicaragua

“Ya ganamos las elecciones, sólo nos falta organizarnos para hacerlo realidad”

José Antonio Peraza, politólogo con probada experiencia en temas electorales, detalló cuáles serían los cambios fundamentales que garantizarían elecciones libres y transparentes, en el colapsado sistema electoral nicaragüense, y en las difíciles condiciones políticas en las que iríamos a esos comicios, en una charla con Envío que transcribimos.

José Antonio Peraza

Desde el año 2002 comenzó a trabajar en Nicaragua el Grupo Promotor de las Reformas Electorales. Hicieron una contribución muy importante a este desafío institucional. Desde entonces ya se apreciaban los problemas que la Ley Electoral, surgida del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, habían dejado en nuestro sistema electoral. Después vinieron los fraudes, el control total de Daniel Ortega en el Poder Electoral y así llegamos a este momento, cuando enfrentamos una dictadura de la que debemos salir de forma cívica, por la vía electoral… y cuanto antes.

Basándonos en lo que produjo aquel primer Grupo Promotor, varios sectores y organizaciones hemos producido un nuevo proyecto, en el que hemos recogido y procesado muchas otras iniciativas. Es un texto que ha logrado el mayor consenso entre los grupos opositores reunidos en la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y la Unidad Azul y Blanco, que se han comprometido a tomarlo en cuenta en el momento de la negociación política con la dictadura para acordar los términos del próximo proceso electoral.

A este proyecto, que hemos difundido ampliamente, le hemos llamado “Reforma electoral: salida democrática”. Quienes hemos trabajado en esta propuesta, y quienes en la Alianza y en la UNAB la han asumido, sabemos que en las condiciones que tenemos hoy en nuestro país no podemos aspirar a conseguir todo lo que ahí hemos puesto por escrito. Y somos conscientes de que quienes deben negociar con la dictadura la salida electoral deben concentrarse en no ceder en los aspectos más fundamentales, dejando para cuando salgamos de la dictadura todos los demás aspectos, muy importantes, pero no vitales.

La propuesta que hemos hecho tiene cuatro ejes. El primero es la “recuperación de la confianza en el sistema electoral”. No es posible hacer elecciones en Nicaragua si la gente no cree en el sistema que hoy tenemos, que está totalmente desprestigiado. El segundo eje es el “restablecimiento de la transparencia y garantías electorales”. No es posible ir a elecciones sin un mínimo de seguridad de que la voluntad popular será respetada. El tercer eje es la “apertura para una competencia electoral amplia, integral, plural y equitativa”. Después de lo que hemos vivido en Nicaragua desde abril de 2018 el deseo de una mayoría de nicaragüenses es contar con una nueva fuerza política para ir juntos a las elecciones y ganarlas. El cuarto eje son los “mecanismos de participación ciudadana”. Nos referimos aquí a herramientas que nunca hemos empleado, el plebiscito y el referéndum, y a cómo mejorar los mecanismos para la cedulación ciudadana.

En cada uno de estos ejes nuestras propuestas son muchas y todas necesarias. Entre ellas hay algunas que son vitales para poder ir a las elecciones y para que la gente se anime a participar. Son esas propuestas las que deberán priorizarse en la negociación política con el dictador. Voy a centrarme en ésas, las fundamentales.

En primer lugar, para recuperar la confianza hay que hacer cambios en las autoridades electorales. El Consejo Supremo Electoral que hoy tenemos representa un problema ético porque los magistrados que lo componen no tienen la más mínima idea de lo que es la ética política. Sólo obedecen órdenes. No inspiran confianza. Y si no existe esa primera condición, la confianza, no tiene ningún sentido participar en las elecciones ni hacer llamados a la población a que participe. El deterioro del sistema electoral en Nicaragua tiene difícil comparación con otros sistemas de la región. Sin duda, es mucho mayor el deterioro aquí que en Bolivia. En Bolivia hubo dos autoridades electorales que renunciaron, algo impensable en Nicaragua, donde nadie renuncia y habría que renunciarlos a todos.

Para recuperar la confianza en el sistema electoral no hay la menor duda de que hay que hacer cambios en los magistrados del Consejo Supremo Electoral. Proponemos “la integración de un nuevo Consejo despartidizado” y que se cumpla lo que dice la Constitución, que establece que quienes proponen a los magistrados son el Presidente de la República y los diputados “en consulta con las organizaciones de la sociedad civil”, consulta que jamás se ha hecho.

Hemos propuesto que se cambie ese artículo de la Constitución para que las organizaciones de la sociedad civil también puedan proponer magistrados para el Consejo Supremo Electoral. Además, se establecerá una “reserva de ley” en la Constitución que especifique que se establecerá en la Ley Electoral, de forma detallada, los requisitos de elegibilidad y mecanismos de selección que utilizará la comisión de diputados de la Asamblea Nacional para la selección de los magistrados del Consejo Supremo Electoral.

Esos requisitos de elegibilidad y mecanismos de selección son los que la Unión Europea había establecido en su informe de Observación Electoral de 2011: los electos debían tener un “acreditado prestigio profesional y un perfil independiente y neutral”.

Sabiendo que una cosa es lo deseable y otra lo posible, debemos aceptar con realismo que jamás Daniel Ortega va a ir a una elección con magistrados electorales que él no controla. Si es así, ¿qué es lo que podemos lograr? Hoy, el Consejo Supremo Electoral está integrado por 7 magistrados propietarios y 3 suplentes. Daniel Ortega no va a renunciar a tener menos de 4 magistrados que sean de su total confianza. No sé si serán cuatro los que querrá recetarse. ¿Y los otros 3…? Tal vez los partidos políticos, PLC, Ciudadanos por la Libertad (CxL), APRE… querrán uno de esos tres.

Si es así, nosotros podríamos elegir a los otros 2, cumpliendo con los criterios de honestidad y capacidad que estamos pidiendo para todos. Creemos que si tenemos dos o tres magistrados independientes, serían capaces de decir si hubo fraude, algo que hasta ahora no hemos tenido… Éste será un tema controversial en la negociación política. Lo que sí no podemos permitir es que, para escoger a los nuestros, los magistrados de la democracia, no se utilicen los criterios sugeridos por la Unión Europea. Nosotros tenemos que dar ejemplo de cambio.

Debajo del Consejo Supremo Electoral están los Consejos Electorales Departamentales, los Consejos Electorales Regionales (en las dos regiones del Caribe) y los Consejos Electorales Municipales, estructuras que son aún más importantes que el propio Consejo Supremo Electoral, porque es en ellas donde se hacen los fraudes. Cada una de estas estructuras tiene tres miembros: presidente, primer miembro y segundo miembro. En nuestra propuesta pedimos “despartidizar” todas estas estructuras y que los magistrados del Consejo nombren a sus integrantes con los mismos criterios de idoneidad y capacidad con que se les eligió a ellos. Pero, ¿Daniel Ortega va a permitir que estas instancias funcionen libremente? Jamás.

Me di a la tarea de revisar toda la legislación electoral de Centroamérica y ningún país, ni Costa Rica ni Panamá, tiene estas estructuras totalmente despartidizadas. Tampoco es así en ningún país de América Latina, con excepción de Chile. ¿Cómo vamos a dar nosotros un salto que ningún país ha dado...? Este tema tendrá que ser también objeto de una negociación política, donde ya sabemos que, además de la Alianza y la Unidad Azul y Blanco, todos los partidos políticos, PLC, CxL, Conservadores, APRE… van a participar también. Por eso, creo que en el proceso electoral al que vamos, la composición de los Consejos departamentales, regionales y municipales, será fruto también de esa negociación y lo que finalmente se logrará será que ninguna fuerza política sea preponderante sobre las otras. No veo que podamos conseguir más que eso. No veo a Daniel Ortega concediendo mucho en una elección en la que sabe que va a perder.

Donde sí no hay que ceder, donde hay que concentrarse hasta conseguirlo, es en la composición de las Juntas Receptoras de Votos, que son el lugar a donde llega el votante a ejercer su derecho. Las Juntas están integradas por tres personas: presidente, primer miembro y segundo miembro. Por la Ley Electoral nacida del pacto entre Ortega y Alemán, si el presidente de la Junta es del FSLN el primer miembro tiene que ser de la “segunda fuerza política” en las últimas votaciones, alguien que hasta ahora ha sido siempre del PLC. Un gran avance sería eliminar eso y que los tres miembros de todas las juntas sean electos aleatoriamente, al azar, del padrón electoral de los 300-400 votantes de cada junta receptora de votos o del centro de votación, exigiéndoles solamente saber leer y escribir y tener al menos tercer año de primaria aprobado, requisitos establecidos ya en la Ley Electoral. También hemos propuesto otros requisitos, como que no pertenezcan a ninguna estructura partidaria. La selección al azar se hace en Costa Rica desde hace mucho tiempo, en El Salvador desde hace dos años…

Respecto a la reforma de las estructuras electorales es en este nivel del proceso en donde debemos concentrarnos para lograr la mayor libertad posible para los votantes y el menor control posible del FSLN. Hay un consenso total en esto y en esto no hay que ceder. Esto es vital. Y si la ciencia estadística funciona correctamente, como las encuestas dicen que nosotros tenemos la simpatía de al menos el 60% de la población y el FSLN si acaso llega al 30%, tendríamos una ventaja teórica porque una mayoría de los miembros de juntas escogidos al azar serían de los nuestros.

Lograr que la selección al azar impida las irregularidades que suelen cometerse en las juntas receptoras de votos dependerá mucho de nosotros, de nuestra capacidad de organización, de la motivación con que nuestra gente esté ahí participando… Que las cosas funcionen bien en las juntas receptoras de votos debe ser tarea fundamental de los fiscales de los partidos políticos, que son quienes defienden el voto. Por mi parte, yo he propuesto que a nadie se le debe pagar por ser fiscal de la fuerza política que nos represente en las juntas receptoras de votos. Esta vez la gente debe ir por convicción. A los miembros de mesa -los que proponemos elegir al azar- sí hay que pagarles porque serán funcionarios del Consejo Supremo Electoral el día de la elección.

Para restaurar la confianza en el sistema electoral también hemos propuesto recuperar al Fiscal y al Procurador Electoral, dos autoridades que han desaparecido en las últimas dos elecciones porque ya no se acuerdan ni de nombrarlos.

El segundo eje de nuestra propuesta busca restablecer la transparencia y las garantías. Para eso proponemos plena observación electoral nacional e internacional. Sin esa garantía no puede haber elecciones. Una buena observación siempre da garantías. No creo que esta vez llegue a ser tan numerosa como la que tuvimos en las elecciones de 1990, cuando la importancia geopolítica de Nicaragua en el conflicto Este-Oeste era tan grande. Ahora, habrá que convocar a todos los observadores posibles. Los tres extranjeros que no pueden faltar son los de la OEA, los de la Unión Europea y los del Centro Carter.

También deberían venir de la ONU, del SICA y observadores de los partidos políticos de América, Europa y Asia, y especialmente los de partidos centroamericanos. Más fundamentales serán los observadores nacionales. Deben poder entrar y estar en cada junta, como era antes. Deben poder acompañar las actas, deben poder observarlo todo. De todas formas, si se las quieren robar, se las van a robar, pero con una observación buena vamos a poder demostrar que se las robaron y cómo se las robaron.

Otro tema fundamental es la divulgación inmediata de los resultados junta por junta, un proceso que ya teníamos desde el 2001 y que se abandonó desde el fraude electoral en las elecciones municipales de 2008. Proponemos la obligación de divulgarlos junta por junta y en tiempo real en la página web del Poder Electoral, según vayan llegando las actas. Queremos evitar eso de que no publican todo porque “faltan las actas de las zonas rurales o las de tal o cual lugar” porque es así como se hace el fraude: empiezan a dar de primero las actas que les favorecen y fijan una tendencia… Hasta ahora el acta sale de la junta y en un proceso tortuoso va al Consejo Electoral Municipal. Estamos proponiendo que el acta vaya directamente de la junta al Consejo Supremo Electoral para que haya el menor manoseo posible y se transmita enseguida el resultado.

Proponemos la publicación del cien por ciento de los resultados en un plazo no mayor a las 24 horas después del cierre de la votación y la publicación de los resultados parciales provisionales a las 8 de la noche del día de la elección. También proponemos la publicación de todas las actas de escrutinio de todas las juntas del país. Y que se publiquen también las resoluciones de los procesos de impugnación, definiendo y regulando todos los recursos de impugnación, apelación, revisión y nulidad, algo que ha sido tergiversado y manoseado desde el fraude de 2008.

Proponemos que haya una boleta por cada elección y que no aparezcan las distintas elecciones (presidente-vicepresidente, diputados nacionales, diputados departamentales y diputados al parlamento centroamericano) en una misma boleta, porque ese voto “chorreado” favorece el fraude.

Una propuesta fundamental, en la que no hay que ceder, es que los partidos políticos tengan libertad para tener a sus fiscales presentes en todo el proceso, garantizando con suficiente tiempo sus credenciales y estableciendo tiempos y plazos para las distintas modalidades que necesite la fiscalización.

Proponemos que haya claridad en todos los procedimientos, porque el Consejo Supremo establece muchas cosas que no norma y que cambia de elección en elección para jugar con ventaja. Tiene que quedar claro cómo se entrega el acta, cómo se levanta el acta, cómo se traslada el acta, quiénes van a cuidar las actas… Y debe desaparecer la figura del “coordinador de centro”, que no está siquiera en la Ley Electoraly que decide lo que quiere.

Todo esto es fundamental porque es en todos estos pasos que suceden en las juntas receptoras de votos cuando se hace el fraude. Proponemos también un calendario electoral detallado y con suficiente antelación, porque el Consejo se ha amañado a no aceptar ninguna de las recomendaciones que le hacen los partidos políticos.

En este eje hay algo que no vamos a poder resolver para esta próxima elección, aunque es muy importante: la depuración del padrón electoral. En este momento tenemos en Nicaragua cuatro padrones. Uno, supuestamente total. Otro, un llamado “padrón activo” con todos los que supuestamente han votado en las dos últimas elecciones presidenciales. Otro, un llamado “padrón pasivo” con todos los que supuestamente no han votado en esas dos elecciones. Y un cuarto padrón, el llamado real, en el que supuestamente se han suprimido los que han muerto y los que están fuera del país.

En ningún país serio se podría hacer una elección en estas condiciones. Pero, ¿podemos resolver lo del padrón en seis meses? No. Hay tres maneras de resolverlo para tener un padrón electoral único y actualizado, que es lo que proponemos. Una manera es hacer lo que hizo el Consejo Electoral y su equipo en octubre de 1989 volviendo a inscribir a todo el mundo. Eso requiere tiempo, organización y dinero.

En aquella ocasión se hizo en cuatro domingos de octubre. Pero en aquel momento éramos 3 millones de habitantes y hoy somos casi 7 millones. Y en aquel momento había voluntad en el gobierno para hacerlo y hoy no hay ninguna. Otra manera sería contratar a una empresa para que lo haga. Yo contacté a una y dice que necesitarían seis meses para hacerlo con toda la tecnología necesaria. Algo así implica mucho dinero, unos 10 millones de dólares. La otra manera es la que vamos, posiblemente, a tener que hacer: juntar todos los padrones para tener uno sólo, con 5 millones de personas que pueden votar, sabiendo que en ese padrón hay 1 millón 200 mil personas que han muerto o están fuera del país. Así vamos a tener que ir. Porque no hay dinero y no hay ningún interés en el gobierno para resolver este problema. ¿Cómo obligamos a Ortega? Y no vale decir: Sin un nuevo padrón no vamos a ir… No, no vale, porque de lo que hay que salir es de la dictadura lo más pronto posible y hay realidades como ésta que no se pueden resolver fácilmente.

El tercer eje de nuestra propuesta es la “apertura para una competencia electoral amplia, integral, plural y equitativa”. Aquí está la propuesta más compleja de todas. Porque ni la dictadura ni el PLC ni CxL quieren que se apruebe a ningún nuevo partido.

En la actual Ley Electoral se exige que para formar un partido nuevo hay que tener el cien por ciento de juntas directivas en todos los 153 municipios del país y tenerlas todas formadas un año antes de la elección. Nuestra propuesta es que se pueda formar un partido nuevo con el cincuenta por ciento de juntas directivas y que ese partido tenga derecho a proponer cargos de elección de manera inmediata. Pero ni el PLC ni CxL lo aceptan. Alegan el “gran esfuerzo” que han hecho ellos para tener directivas en todos los municipios, cuestionan que gente con sólo el 50 por ciento de directivas pretenda representar a toda Nicaragua… Son argumentos falaces e intencionales, pero con esa cantaleta van a respaldar al FSLN para impedir la formación de cualquier otro partido.

¿Cómo vamos a resolver esto? Por una parte, yo no veo al FSLN ni a los otros partidos grandes que ya existen cediendo en este tema. Y por otra parte, veo que hoy todos los otros grupos lo que queremos es un partido nuevo, o una alianza en la que nos juntemos todos con nuestro emblema, nuestro color y nuestra bandera.

La Ley Electoral actual dice en el artículo 80 que para ir en alianza política tiene que haber un partido que la encabece. Y eso es lo que están diciendo ahora el PLC, el Partido Conservador y CxL: “¡Unidad! ¡Súmense a nosotros y vamos todos con nuestra bandera!”

¿Cómo vamos a resolver esto? Y es trascendental resolverlo porque esto, la posibilidad de crear una nueva fuerza política, y la transformación, hasta donde se pueda, de las estructuras electorales, son los dos temas fundamentales, las dos propuestas vitales para poder ir a las elecciones con mínimas garantías.

Juntarnos una diversidad de grupos en una sola casilla y limpiar lo más que podamos el Consejo Supremo Electoral, teniendo a dos o tres magistrados independientes y logrando que las juntas receptoras de votos estén integradas por gente electa al azar del padrón electoral es lo mínimo indispensable. Esas cosas sí hay que pelearlas. Por ésas hay que hacer todo lo que tengamos que hacer, no perdiéndonos en pedir otras cosas, que aunque son importantes y necesarias, en la situación en la que estamos parecen bagatelas.

En el eje 3 de nuestra propuesta también nos referimos a temas como la inhibición de candidaturas y a la eliminación del transfuguismo. También aparece en este eje el tema de la no reelección. Ya sabemos que va ser muy difícil que el candidato del Frente Sandinista no sea de nuevo Daniel Ortega. Hay quien dice que si es así no vamos a las elecciones… No perdamos energías en esto. Tal vez se puede mantener el tema de su participación como pieza de trueque en la negociación, pero nada más. Ya sabemos que nunca este Frente Sandinista va a poner como candidato a otro que no sea Ortega. Llevamos cuarenta años viéndolo de candidato… ¿y vamos a perder el tiempo en eso?

En este eje también proponemos, por razones éticas, que se establezca el voto de los nicaragüenses en el exterior. Sabemos que es un deber moral, que han luchado desde la diáspora, sabemos que aportan 1 mil 500 millones de dólares en remesas… pero sabemos que va ser difícil que puedan votar en esta elección. Cuando regrese la democracia, el voto en el exterior debe ser una prioridad. Los nicaragüenses que están fuera merecen votar, tienen todo el derecho, se lo han ganado, es un deber moral. Pero va ser un tema difícil de negociar porque Daniel Ortega no lo va a conceder. ¿Cómo lo va a aceptar fácilmente si él sabe que serían por lo menos 200 mil votos en su contra?

Otro tema como ése que propusimos, más por razones éticas que porque sea fundamental en esta elección, es el del porcentaje para ganar la Presidencia. Nuestra propuesta es que sea con el 50% más 1 de los votos válidos y que se restablezca la segunda vuelta. Todos estamos de acuerdo en que así debe ser. Pero Daniel Ortega hizo de todo en el pacto con Alemán para bajar el porcentaje del 45% al 35% porque ésa era su única posibilidad para ganar una elección.

Los que se lo concedieron en el PLC demostraron que o no tenían la mínima idea del problema político que provocaban o creyeron que el Liberalismo sería “forever” como se decía de Somoza… Fue un gravísimo error político que estamos pagando todos ahora.

¿Cómo pensar que Daniel Ortega nos va a conceder eso? Sería sepultarse políticamente y para siempre. Pasó diez años para que se lo bajaran al 35%...¿y ahora lo va a subir al 50%? ¿Cómo lo va a conceder? Habrá que usar ese tema, sí, para negociar, pero sabiendo que va ser muy difícil lograrlo… ¿Cómo resolvemos ese problema de que no exista un mínimo electoral del 50% más 1 o segunda vuelta? Como tantas otras cosas: manteniendo una unidad amplia y monolítica desde ahora y para después de las elecciones.

Hay quienes dicen, y con mucha razón, que no hay “clima” para las elecciones con la presencia activa de los paramilitares en todo el país. Y hay quienes dicen que no debemos ir a las elecciones si Daniel Ortega no desarma antes a los paramilitares. Creo que no se habla con sensatez cuando se dice eso porque, ¿cómo se sostendría Daniel Ortega en el poder sin las armas? Si mañana retira a toda su gente armada, habría un millón de gente en las calles pidiendo que abandone el poder… No veo realista que él quiera desarmarse. Construyó un ejército privado para sostenerse en el poder y él sabe que si va a elecciones libres va a perder… ¿y se va a desarmar antes…? No, no lo va a hacer. Lo que tenemos que hacer es movilizar gente que presione, vigile y evite que esas armas se usen para intimidar a los votantes. Esto también es misión fundamental de los observadores que estén presentes en el país.

Yo creo, que aun con los paramilitares, a Daniel Ortega no le va a ser posible gobernar “desde abajo” cuando pierda las elecciones. Los suyos ya no están jóvenes, ya mató a más de 300 personas y el FSLN entrará en una crisis muy grande después de las elecciones. Pare resolver el problema que representan los paramilitares creo que va a haber que llamar a algún organismo internacional para que nos ayude a desarmarlos. Y eso también será parte del acuerdo político porque es un tema que trasciende lo electoral. Pero que Daniel Ortega los vaya a desarmar antes de las elecciones… es imposible.

Debemos estar claros ante quién estamos. Ante un hombre que cree en la violencia como método para resolver las contradicciones políticas, un hombre que a sus adversarios primero les hace el proceso de “ablandamiento” hasta que o se pegan a él o se van o los mata…

Sabiendo lo que es vital para unas próximas elecciones, hablemos de algo aún más vital, de la unidad. Ya estamos claros que separados no ganamos, pero eso ya no sería responsabilidad de Daniel Ortega, sino nuestra.

Una última encuesta dice que, entre la Unidad Azul y Blanco y la Alianza Cívica suman actualmente una simpatía de un 30%. Creo que metiendo todos los recursos y todo lo que más pueda, Daniel Ortega anda entre el 19% y el 24%. Supongamos incluso que llegue a un 30%. Estoy seguro que cuando ya tengamos nosotros un candidato claro y se vea una cohesión, una unidad, nosotros alcanzamos el 60%.

Daniel Ortega nunca ha alcanzado, ni en su mejor momento, el 50%. ¡Nunca! En 2011 hice los cálculos y con todo el robo que hizo en aquellas elecciones llegó sólo al 48%. Entonces, la urgencia es unirnos y así conseguiremos el 60% o más y después, con la Presidencia y la mayoría parlamentaria, podremos hacer todas las transformaciones que queramos, esta vez priorizando a la patria, una prioridad que nunca hemos asumido, pero que hoy, si la tenemos, lo lograremos. Ténganlo por seguro: si hay unidad Daniel Ortega va a perder. Se las puede robar, pero si lo hace quedarían muchas evidencias y pagaría un costo muy alto. Él hará de todo para quedarse pero nada de lo que haga será sostenible.

La unidad es el gran reto que tenemos. Para lograrla se necesita madurez política, algo que tampoco nunca hemos tenido, salvo por breve tiempo y en momentos de gran desesperación. Lo ideal sería que la Alianza Cívica y la Unidad Azul y Blanco se unieran, construyeran un partido o una gran alianza, hicieran una propuesta política y hablaran con los partidos que tienen influencia en sus bases para que todos nos unamos y nos permitan sacar el 60% de los votos para hacer después todas las transformaciones que no podemos hacer antes de la elección. Claro, como ahí se juntaría un “arroz con mango”, se haría difícil mantener la unidad. Se probaría entonces la madurez que hemos alcanzado con esta crisis.

Las diferencias que hay entre la Alianza Cívica y la Unidad Azul y Blanco no son tanto de perspectiva, son más que todo diferencias que se revisten de contradicciones ideológicas para ocultar intereses, donde el tema ideológico es intrascendente. Yo he propuesto que debemos de construir un centro, no ideológico sino pragmático, en el mejor sentido de esa palabra. Un centro realista y fuera de extremos ideológicos de derecha o de izquierda, porque con los extremos no se puede lograr unidad.

¿Cuáles son esos extremos? El de quienes tienen el síndrome del temor a cualquier cambio y el de quienes tienen el síndrome del 20 de julio de 1979, cuando parecía posible cambiarlo todo… A los del temor al cambio, ya desde abril cada marcha de la gente en las calles los ponía nerviosos. Ésos, desde el primer momento han buscado una negociación y han apostado a un “aterrizaje” muy suavecito, para no hacer ninguna transformación en el país. ¿Y los del otro extremo? Esos creen que después de abril podrán hacer todo lo que no hicieron durante los años de la Revolución.

A quienes no participamos en esos dos extremos nos llaman minimalistas. En ese centro no es que estemos los puros, que no lo somos. Pero en ese centro ya hay muchos y de todos los colores ideológicos y políticos. Creo que son los del centro quienes deben conducir este proceso. Nicaragua necesita un cambio de rumbo con muchas transformaciones y con una conducción muy diferente a la que hemos tenido en los últimos 40 años, que ha demostrado ser un fracaso. Los últimos casi 200 años desde la Independencia, han mostrado que no hemos podido gobernarnos nunca en función del desarrollo del país, sino en función de intereses muy personales o de grupo.

Casi todo el mundo ya ha aceptado que vamos a elecciones hasta 2021. Se podrían hacer antes, pero tendría que haber una gran madurez de ambas partes y aún no la tenemos.

Desde hace ocho meses la OEA nos dijo que ellos tenían programado expertos que iban a reestructurar el sistema electoral de Nicaragua en sus aspectos técnicos -los políticos nos corresponden a nosotros-, y que para esa tarea necesitaban 2 millones de dólares que ellos conseguirían. La Unión Europea parece muy dispuesta a colaborar en mejorar el proceso de cedulación y el padrón electoral, en poner toda su sapiencia y su experiencia, de las mejores del mundo, para ayudarnos a lograr un buen sistema electoral.

Lo que queremos de la OEA en el acuerdo político al que se tiene que llegar es conseguir condiciones básicas que nos garanticen unas elecciones con la mayor transparencia y libertad.

Las intenciones que tenga Luis Almagro no importan, lo que importa son los resultados del trabajo de la OEA. Digo “condiciones básicas” porque creo que no debemos irnos al derecho electoral comparado para ver qué es lo mejor que podemos aplicar a Nicaragua. Los nicaragüenses necesitamos aprender mucho sobre democracia. Debemos saber aceptar lo simple y lo posible, adecuándolo a lo que hoy somos.

¿Y qué somos? Una sociedad que nunca ha vivido en democracia. Nunca hemos podido llegar a acuerdos. Hay una fractura en nuestro país, en nuestra composición social y política, que genera siempre una gran inestabilidad. Ni somos lógicos, ni tendemos a la unidad ni podemos convivir entre diferentes…

Hemos resuelto siempre nuestros problemas políticos de tres maneras: en guerras civiles, pidiendo la intervención extranjera y aceptando dictaduras impuestas. Si en las revueltas y revoluciones en las que nos matamos, un grupo no puede vencer al otro, desde el siglo 19, llama a un extranjero, a un William Walker, para que acabe con el otro… Y si no se logra, se impone una dictadura, única manera en la que logramos crecer un poco, desarrollarnos algo, hasta que la dictadura se hace insostenible y el país se destruye nuevamente.

Ése es el ciclo que se repite, ésa ha sido la historia de Nicaragua. Y por eso somos el país más pobre de América Latina. Hoy queremos superar esto sin guerra civil, que tan malas experiencias nos han dejado, sin intervención extranjera, y derrotando a la dictadura de forma pacífica, cívica, sin armas y sin fuerzas extranjeras. Para lograrlo tendremos que tragarnos bastantes cosas y tener mucha paciencia.

Don Emilio Álvarez Montalván identifica las características de nuestra cultura política. Habla de heteronomía: creemos que no tenemos la capacidad de resolver nuestros problemas y que alguien tiene que venir de fuera a resolverlos. Así ha sido desde 1854, cuando Francisco Castellón celebró un contrato con Byron Cole para traer 200 soldados que pelearan a favor del bando liberal. Un segundo rasgo es la desconfianza de unos hacia otros. Un tercer rasgo es la exclusión. Todo grupo excluye a los demás. Un cuarto rasgo es el sentido mágico de la vida. También es un rasgo persistente la violencia política para acabar con el contrario, para disminuirlo, para que no nos dispute el poder. Nunca, nunca, hemos logrado superar estas características.

Creo que hoy lo estamos entendiendo por primera vez Porque en los años 80 la Revolución fomentó al extremo todos estos rasgos. Aquella dirigencia mostró ser incapaz de transformar este país y era lógico que iban a producir lo que han producido. ¿No viene de ahí el dictador? Un hombre que luchó toda su vida para destruir una dictadura, convertido hoy en un dictador igual o aún peor al que combatió…

Estemos bien claros que las condiciones de las elecciones saldrán de un acuerdo político con ese dictador. Lo que nos interesa es la calidad de ese acuerdo. La OEA y la Unión Europea han exigido a Daniel Ortega negociar con la Alianza Cívica, pero esto ya fue superado y habrá que incluir en la negociación a la Unidad Azul y Blanco -que ya está en coordinación con la Alianza- y también habrá que incluir a los partidos políticos existentes. Actualmente, hay total claridad en el gobierno de Estados Unidos y en los de la Unión Europea, y en general en el país, en que no habrá acuerdo político válido, legítimo, si Daniel Ortega pretende negociar el proceso electoral solamente con los partidos políticos.

Hoy son diferentes los intereses de la Alianza, los de la UNAB y los de los partidos políticos. Esperamos que antes de terminar 2019 la Alianza y la Unidad Azul y Blanco se unan y elijan a quienes van a negociar con Daniel Ortega, quien no ha dicho todavía una sola palabra de que tenga voluntad de negociar. Además, bien sabemos que sin la gente en las calles no lograremos una negociación política aceptable. Y con el temor que hay en la gente para salir a las calles por el nivel de la represión, eso no será fácil. ¿Iniciará el acuerdo político con el fin del estado de sitio y la restauración del derecho a la movilización? Está por verse…

Debemos entender que lo que logremos va a ser fruto no de lo que propongamos. Lograremos en el acuerdo político más o menos ventajas dependiendo de la correlación de fuerzas que tengamos. Y la correlación de fuerzas se mide en las calles. ¿Y cómo será el proceso de negociación? Dependerá de quiénes negocien y también de cuál sea entonces la correlación de fuerzas. Dependerá, pues, de en qué condiciones se dé esa negociación.

Y si se devuelven las libertades civiles y se logra el mejor acuerdo político con las reformas del sistema electoral que son vitales, ¿puede Daniel Ortega robarse las elecciones? Puede. Puede robárselas, sacar el Ejército a las calles y decir que él ganó. Puede hacerlo, pero no sobrevivirá. Habrá muertos, iremos a la cárcel, pero no sobrevivirá.

Existe también la posibilidad de que Daniel Ortega suspenda las elecciones de 2021. El Canciller de la dictadura, Denis Moncada, anda ofreciendo en Europa suspenderlas y convocar a una Asamblea Constituyente que a lo largo de tres años reformaría el sistema político, que ahora sería parlamentario, en el que Ortega sería Presidente y otra persona sería Primer Ministro, donde se reformaría también la Ley Electoral… y todo lo demás que haya que reformar. Ese proceso duraría hasta 2024. Todo, para asegurarse más tiempo en el poder y no arriesgarse a una derrota electoral.

¿Puede hacerlo? Puede. Cualquier ley en este país hay que acordarla con él, cualquier cese de la represión hay que acordarlo con él y no con los diputados, que son sus marionetas… Ésa es la realidad.

Daniel Ortega no tiene ninguna intención de hacer ninguna concesión a nadie en nada… Lo que él quiere es quedarse en el poder y que sus hijos lo sucedan. Ya la mayor perdedora en este proceso ha sido ella. Porque aunque él la podría imponer, no sería sostenible.

La sanción de Estados Unidos a ella y a su hijo Laureano es para afectar la sucesión dinástica, para que a él se le quite de la cabeza que ambos lo pueden suceder. Realmente, lo que tenemos en el gobierno no es comparable a nada, es algo surrealista. Y de esta tragedia surrealista son cómplices todos los que aún hoy la respaldan.

Pero soy optimista. Si hay elecciones nosotros ya las ganamos. Lo que tenemos es que organizarnos para hacerlo realidad. Daniel Ortega no va a ganar, no tiene ninguna posibilidad de ganar si vamos unidos. Ninguna. Si logramos los cambios esenciales: reformas aceptables al Consejo Supremo Electoral, observación electoral a todo nivel, fiscalización real de los partidos políticos a todo nivel, procedimientos claros, publicación de los resultados en tiempo real… y lo más importante, una nueva alianza, una coalición, o como se llame, en la que vayamos todos unidos… le ganamos. Sin duda le ganamos. Y sobre el liderazgo que encabece esa alianza estoy seguro que el día en que conozcamos cuál es ese liderazgo, y sintamos y veamos la cohesión y la unidad, todo el mundo se va a enfilar tras ese liderazgo. Ese día nadie se va a confundir. Ya lo hemos demostrado. Así como somos irredentos en un montón de cosas y sumisos en otro montón de otras cosas, la gente va a saber por quién va a votar. Y las ganamos.

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