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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 87 | Septiembre 1988
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Nicaragua

Estancamiento dinámico: todos esperan noviembre

Después de la crisis de julio -provocación contrarrevolucionaria vs. legalidad revolucionaria-, agosto fue un mes de relativo estancamiento en las contradicciones.

Equipo Envío

El estancamiento fue relativo, porque hubo dinamismos y movimientos significativos en el terreno de cada uno de los interlocutores del diálogo tripartito que abrió el acontecimiento de Esquipulas II.

Los republicanos

Golpeados en julio en su Plan Melton, consecharon fracasos en Guatemala y en Quito al intentar seguir articulando el Plan Shultz, orientado aislar a Nicaragua. también fracasó el Plan Dole de ayuda a la contrarrevolución en el Congreso.

Los demócratas

Lograron el voto del Senado para un nuevo paquete de ayuda a la contrarrevolución, dando con ello un signo más de sus limitaciones para avanzar en el diálogo con el gobierno de Nicaragua durante el período electoral.

Nicaragua

Logró burlar las encerronas con las que el Plan Shultz pensaba aislarla en Guatemala y en Quito, pero no consiguió fecha para una nueva cumbre presidencial centroamericana ni una posición más firme de América Latina para reactivar el proceso de Esquipulas II. Entretanto, los sandinistas se preparan aceleradamente para un eventual cambio de política en los Estados Unidos aceitando todos los engranajes del poder popular de cara a la lucha político-ideológica que podría caracterizar este nuevo período.

Ha habido estancamiento porque ninguno de los actores saca sus principales barajas. pero el juego ha continuado siendo dinámico. Todo apunta a noviembre: eso explica el estancamiento y también el por qué de los dinamismos de este mes.

Republicanos: el Plan Shultz en Guatemala y en Quito

El 1 de agosto, el Canciller norteamericano George Shultz llegó a Guatemala para una importante reunión con los Cancilleres de El Salvador, Costa Rica, Guatemala y Honduras. Según los planes del gobierno Reagan, Shultz debía salir del encuentro con un documento de condena a Nicaragua firmado por los cuatro centroamericanos, para de ahí emprender una gira latinoamericano (Uruguay, Argentina, Brasil y Bolivia), en la que recogería el eco de otras voces críticas, ampliándolas finalmente en Quito, donde participaría en la toma de posesión del nuevo presidente de Ecuador, Rodrigo Borja. Con este coro de voces condenatorias -unánimes en Centroamérica, generalizadas en América Latina- que afirmarían que Nicaragua no ha cumplido Esquipulas, que Nicaragua no hay democracia, Shultz regresaría a Estados Unidos y tendría un buen argumento con que apuntalar el paquete republicano de $47 millones de ayuda humaninataria y militar para la contrarrevolución.

Desde el inicio de la articulación del Plan Shultz en julio, no era claro que Costa Rica y Guatemala fueran a firmar la virtual declaración de guerra contra Nicaragua en la que consistía el documento que enarbolaba el secretario de Estado norteamericano. Guatemala, por su permanente política de neutralidad en el conflicto Estados Unidos -Nicaragua, desde la que siempre ha insistido en que Nicaragua participe en las reuniones en las que se hable de Nicaragua. Costa Rica, por el proclamado propósito del Presidente Arias de vanguardizar como Nobel de la Paz e ideólogo del "Plan Arias" -como llaman todavía los políticos norteamericanos a Esquipulas II- un proceso de pacificación que incluya a todos los centroamericanos. Ambos gobiernos, el de Cerezo y el de Arias, comprenden también el costo económico que en su propios países tendría un argumento de las tensiones militares en la región y una marcha atrás del proceso de Esquipulas.

Después de 4 horas de reunión,los republicanos cosecharon un fracaso en ciudad Guatemala. La mayor presión la ejerció Estados Unidos sobre Guatemala, por la estabilidad que ha mantenido en su política de neutralidad. Pero el gobierno de Vinicio Cerezo -incluido el Ministro de Defensa, General Gramajose negó a firmar el documento de Shultz. En el NO de Cerezo se apoyó el NO de Arias. Y Honduras y el Salvador quedaron aislados. Por fin, de la reunión salió únicamente un documento en el que se expresa u apoyo genérico a la democracia y al desarrollo y en el que ni siquiera se menciona a Nicaragua.

En su gira latinoamericana, Shultz no renunció a la retórica antisandinista. "En Nicaragua hay un cáncer que tendremos que extirpar", proclamó en Montevideo, primera etapa de su gira, marcando así el tono que mantuvo durante el resto de su viaje.

Después del bombazo con que lo recibieron en La Paz, Shultz volvió a Centroamérica para una visita relámpago, pero no logró articular ningún consenso centroamericano que le fuera favorable. Al llegar a Quito, no llevaba en su carpeta más que una gastada retórica anti-sandinista que no encontró micrófonos.

La presencia en Quito de Daniel Ortega -aún cuando éste llegara con el retraso que le impuso Febres Cordero-, con el reconocimiento popular que recibió masivamente parte del pueblo quiteño y de forma oficial de parte de los otros mandatarios y dirigentes que asistieron a la ceremonia, fue el elemento clave para transformar a Quito de una encerrona para Nicaragua en una humillación para los Estados Unido. Todas las fiestas y celebraciones, las reuniones ruedas de prensa y además actividades que tuvieron lugar en Quito -incluida la calurosa acogida de Fidel Castro- fueron en su conjunto un reconocimiento al pluralismo político que hoy existe, y hoy defiende, América Latina. Fueron también un capítulo más de la crisis de la Doctrina Monroe, cada vez más obsoleta.

Antes de viajar a Ecuador,el Presidente Ortega estuvo en visita oficial de varios días en Panamá, en donde se entrevistó con el General Noriega y proclamó la solidaridad de Nicaragua con Panamá en momentos en que ambos pueblos son blanco de la agresividad norteamericana. Al llegar a Quito, después de este gesto -que contenía un claro desafío a quienes en Estados Unidos Unido, republicanos o demócratas, consideran al Panamá torrijista el nuevo "imperio del mal"-, Ortega firmó con Borja la reanudación de relaciones diplomáticas entre Ecuador y Nicaragua, rotas unilateralmente por el presidente saliente,, León Febres Cordero.

En Guatemala y Quito, los republicanos cosecharon un serio fracaso para su política de guerra y de negación del diálogo con Nicaragua. Hasta ahora no han podido articular ni mínimamente el Plan Shultz. No consiguieron tampoco nuevos y frescos argumentos para seguir atizando, con el apoyo bipartidista del Congreso, su guerra contrarrevolucionaria.

Pero aunque los republicanos no lograron avanzar en su Plan Shulzt de aislamiento de Nicaragua, tampoco Nicaragua logró lo que hubiera sido en estos momentos un factor clave para aislar a los republicanos:

-No logró el que se celebrara -o al menos se fechara- una reunión cumbre de los cinco presidentes centroamericanos, a pesar de la actividad diplomática destinada a conseguirla y a pesar de que se cumplía este mes el primer aniversario de Esquipulas II, ocasión la más propicia para esa cumbre.

-No logró que de Quito saliera una declaración latinoamericana que aislara eficazmente los propósitos guerrerista de los republicanos. La unidad latinoamericana y el reconocimiento al pluralismo político del continente son una realidad, pero una realidad frágil.

¿Por qué los republicanos no consiguieron avanzar en sus presiones a los centroamericanos y a los latinoamericanos y por qué Nicaragua no consiguió burlar con más factores la presión republicana? Porque tanto en Centroamérica como en América Latina todos los actores políticos están esperando los resultados de las elecciones de noviembre y nadie quiere arriesgarse a sacar barajas importantes y definitivas en esta partida final de la era Reagan hasta ver el rumbo que tomará el juego.

Los demócratas: 27 millones de dólares para la Contra

El Plan Melton (desestabilización interna en Nicaragua) y el Plan Shultz (aislamiento internacional de Nicaragua) tenían una expresión paralela en el Congreso con el Plan Dole.

El senador republicano Robert Dole, representando la posición del gobierno Reagan, propuso en julio a los congresistas un paquete de ayuda por valor de $47 millones: 27 en ayuda "humanitaria" y 20 en ayuda militar, entregadas ambas partidas por los canales de la CIA y en territorio nicaragüense.

El 10 de agosto, el Senado norteamericano, después de varios días de acalorados debates, rechazó (57 votos vs. 39) El Plan Dole y aprobó (49 vs. 47) el paquete propuesto por los demócratas como alternativa: $27 millones en ayuda "humanitaria", que serán entregados a la contrarrevolución en sus campamentos de Honduras y $16 millones más en ayuda militar, cantidad que estaba congelada desde el paquete de los $100 millones de 1986 y que sólo se descongelaría ahora a pedido del presidente Reagan y previa consulta con los cuatro presidentes centroamericanos si se diera una de estas 3 condiciones:

- Si los sandinistas atacan injustificadamente a los contrarrevolucionarios.

- Si los sandinistas cometen violaciones flagrantes de los acuerdos de Esquipulas II.

- Si el gobierno de Nicaragua continúa recibiendo un "nivel inaceptable" de ayuda militar soviética.

Para entender el sentido del paquete que triunfó en el Senado y que irá a la Cámara de Representantes en septiembre, hay que tener en cuenta la campaña electoral norteamericana, en la que la guerra en Nicaragua es uno de los temas más sensible, tanto para republicanos como para demócratas. La votación de agosto y sus resultados tienen su explicación en la dinámica de la etapa pre-electoral en los Estados Unidos.

Después de los acuerdos de esquipulas II y de Sapoá y después del corte de ayuda de febrero, la contrarrevolución -en declive militar estratégico desde 1985- entró en una sostenida etapa de desintegración y desmoralización. La dependencia que durante años llegó a tener este grupo armado del abastecimiento norteamericano que le llegaba por vía aérea -dos y tres vuelos diarios con envíos de todo tipo de comida y vituallas- ha dado paso a una situación de desabastecimiento real, en la que más necesarias para continuar la guerra con "moral" son hoy la buena comida y las botas nuevas que las mismas armas, que les sobran.

A esta situación de crisis material hay que sumar la erosión moral que en las filas contrarrevolucionarias han causado no sólo los diálogos de Sapoá y Managua sino los continuos diálogos entre sandinistas y contras en el terreno, la labor de las comisiones de paz y reconciliación, la propaganda en favor de la amnistía y el desalzamiento, etc. Toda esta situación ha hecho ver al gobierno Reagan que para su supervivencia, la contrarrevolución tenía que romper las pláticas con el gobierno nicaragüense -ya lo hizo- y tenía que salir de Nicaragua -ya lo está haciendo-. En Honduras la contra será recompuesta, reunificada, reabastecida, a la espera de los resultados de las elecciones en los Estados Unidos. La "hondureñización" de la contra, posible por el servilismo del gobierno de Honduras, es la garantía de su sobrevivencia.

Los republicanos quieren, como objetivo mínimo en este período que los contras sobrevivan, hasta la próxima administración para dejarla como herencia, sea a Bush o a Dukakis. Los republicanos tienen como objetivos estratégico la institucionalización de la contrarrevolución como una entidad militar. Su objetivo máximo es naturalmente más amplio, pero sólo podrían alcanzarlo a mediano o largo plazo: el colapso de la revolución sandinista por la presión militar sostenida, más la presión económica y el aislamiento internacional.

Los demócratas -porque no simpatizan con la revolución nicaragüense porque tienen mentalidad intervencionista- comparten con los republicanos el objetivo de no abandonar a la contra -a la que apoyaron durante años- y de mantenerla viva en Honduras como una ficha que les permita negociar más favorablemente con los sandinistas si llegan al poder en noviembre.

Pero el tema de la guerra contrarrevolucionaria, prolongada y fracasada, no es aconsejable para ser incluido en la campaña electoral, ni en la de los demócratas. Este tema polariza a variado sectores de la opinión norteamericana por eso, republicanos y demócratas tratan de pasar sobre él como sobre ascuas.

En su discurso programático en la Convención de New Orleans, George Bush no mencionó el tema. En sus sucesiva comparecencias también lo eludió. Tampoco Reagan habló en New Orleans de sus "paladines de la libertad", al reunir los logros en políticas exterior de su gobierno. En la plataforma presentada en la Convención de Atlanta, los demócratas evitaron incluir la palabra "Nicaragua" o la palabra "contra". Hay, además, diferencias sobre el tema entre Dukakis, el candidato presidente, y Bentsen, el postulado para la vicepresidencia. Todas estas omisiones y silencios son un signo de lo delicado que es el tema en tiempo de campaña electoral.

Es en este contexto que los demócratas, que necesitaban frenar el Plan Dole -sus millones en ayudar militar son contradictoria con la opción demócrata por la negociación política-, necesitaban a la vez no contradecir demasiado a los republicanos, para evitar convertirse en blanco de sus ataques e estos meses de campaña . Por otra parte Nicaragua no les había dado -debido a la posición de Honduras- nuevos "argumentos" de freno, como hubiera sido, por ejemplo, un Esquipulas IV, una cumbre de los mandatarios centroamericanos reactivando el proceso regional de paz.

Los senadores demócratas elaboraron así un paquete alternativo, que aceptaron ellos para no crear fisuras partidarias y que finalmente aceptaron los republicanos porque les asegura, al menos, su mínimo objetivo: la institucionalización y la supervivencia de la contrarrevolución.

El paquete deberá ser discutido y votado en la Cámara de Representantes. Jim Wright, líder demócrata de ésta, habló, después del voto de los senadores, de las dificultades que en la Cámara tendría este paquete "de compromiso". Es de esperar que el gobierno norteamericano sea activo para conseguir doblegar a los demócratas del Congreso. Un medio eficaz, en el terreno, podaría ser los incidentes fronterizos, valiéndose par ello de la actual concentración de contrarrevolucionarios en Hondura, que podrían provocar a los sandinistas a "atacarlos injustificadamente" que pusieron los mismos demócratas en su paquete-. No puede descartarse que la actual actividad contrarrevolucionario en Honduras y la que aún se mantiene al interior de Nicaragua esté orientada a provocar una respuesta militar ofensiva de los sandinistas que justifique un nuevo apoyo bipartidista al proyecto de ayuda militar a la contrarrevolución. Siendo realista, es esto lo mínimo que Reagan tendría que asegurar antes de abandonar la Casa Blanca.

Al igual que en Centroamérica y en América Latina, predominan en el Congreso norteamericano en estos momentos soluciones de compromiso. Ni los republicanos alzan demasiado la voz, al estilo reaganiano de estos años, ni los demócratas contradicen frontalmente a los republicanos. Unos y otros se mueven cautelosamente, con la prudencia que caracteriza los períodos pre-electorales. Unos y otros esperan los aires de noviembre.

Nicaragua pone aceite en todos los engranajes:
nuevos ajustes económicos en una situación cada día más difícil

En medio de una situación económica crítica, Nicaragua vive atenta a la evolución de los acontecimientos en Estados Unidos. Más que nunca éstos son condicionantes a la hora de cualquier análisis. Actualmente Nicaragua se prepara para cualquiera de las dos eventualidades -Bush o Dukakis-, aunque en esta coyuntura resulte más novedoso el aceite que se pone en los engranajes político-ideológicos que el que se aplica en los militares, prioritarios desde hace varios años.

En el plano económico es donde la resistencia cotidiana resulta más difícil. El 30 de agosto se hicieron nuevos ajustes en el camino económico iniciado en febrero. Los fundamentales fueron: un alza del 150% en los combustible; la devaluación del córdoba en el cambio oficial para exportaciones-importaciones de 80 por 1 a 180 por 1; el aumento del 140% en los salarios de los trabajadores que dependen del presupuesto estatal y aumentos significativos a los salarios de los trabajadores agrícolas; y la supresión del subsidio a las tarifas de energía eléctrica a los grandes consumidores (instituciones, industrias, sectores residenciales, etc). Con estos ajustes y otros referentes a la política crediticia, al acopio de granos básicos, etc. se pretende incentivar la producción, sobre todo la de exportación -generadora de divisas- y dar a la escasa producción un valor más real y menos subsidiado. El aumento salarial de los trabajadores del Estado que no pueden hallar aumentos por la vía de que mejore la rentabilidad de su empresa -como sucede con otros trabajadores,- supuso un alivio para un amplio sector nacional. Según los dirigentes de la revolución, a pesar de todas las limitaciones, la economía nicaragüense empieza por fin a estabilizarse.

La actividad contrarrevolucionaria se monta en la crisis económica

Es sobre la base de la crisis económica y de la cambiante realidad política norteamericana que se comprende la actual actividad contrarrevolucionaria, tanto en el terreno militar como en el político.

Durante todo agosto permaneció vigente la tregua de operaciones ofensivas que el gobierno de Nicaragua mantiene desde marzo y que este mes fue prorrogada, por cuarta vez deforma unilateral, hasta el 30 de septiembre. Sin embargo, grupos contrarrevolucionarios permanecen activos al interior de Nicaragua y continuaron sus actividades armadas en contra de civiles. Este mes, las dos más trágicas de estas acciones fueron el ataque al barco de transporte fluvial Bluefields- El Rama, que viajaba con 200 pasajeros a bordo (2 muertos y 25 heridos); y el ataque nocturno al asentamiento Monterrey (Jinotega), con un saldo de 9 muertos (3 niños), 10 heridos (7 niños) y 10 casas quemadas.

Aunque continúan estas actividades de tipo terrorista, la contrarrevolución mantiene el grueso de su tropa en los campamentos de Honduras. A la vez que quiere seguir haciendo sentir su presencia en Nicaragua no quiere arriesgar su existencia como grupo y va a Honduras, en donde no sólo se resguarda sino que también puede realizar acciones fronterizas que sean favorables a sus planes. Hoy, sus acciones en Nicaragua o en la frontera- tienen como objetivo el impactar la opinión de los congresistas norteamericanos. Pero sus acciones no pasan de ser tácticas, mientras que la retirada a Honduras es estratégica en este período.

Este doble juego se observa también en la política de la dirigencia contrarrevolucionaria. Por un lado, el directorio sigue bajo el control total del somocista Bermúdez -garantizando así la cohesión de los "Paladines" a la espera de una victoria de Bush-, pero por otro lado, preparan piezas de recambio para dirigir la contra si ganara Dukakis. Este mes, Alfredo César, Pedro Joaquín Chamorro jr., Alfonso Robelo y Edén Pastora -parece que estos dos quieren volver a la escena política- plantearon que si Bermúdez continúa controlando el directorio, formarían una nueva organización que aglutinaría a todas las facciones de la burguesía integró lo que en 1986 y 1987 se llamó el Bloque Opositor del Sur (BOS).

Pero no sólo hay dinamismo de doble dirección sobre el futuro de la dirigencia. Los hay también respecto al presente del proceso iniciado en Sapoá.

No se reanudan las pláticas en Managua pero tampoco se produce una ruptura formal del proceso y se siguen poniendo distintas condiciones para reanudarlo, como una tibia forma de mantenerlo vivo.

Hay así estancamiento en el proceso de paz iniciado con Sapoá, pero no deja de haber dinamismo significativos. La "hondureñización" y el proyecto de "bermudismo sin Bermúdez" -como llamó el General Humberto Ortega a la iniciativa de César- son dos de estos dinamismos, propios de la coyuntura pre-electoral en los Estados Unidos. A Honduras, a esperar las elecciones, confiando en un triunfo de Bush que revitalice la opción de la guerra. Y a crear la "otra contra" para mejorar la imagen de esta fuerza de cara a un eventual triunfo demócrata. La contra, tanto en el escenario de la guerra como en el posible escenario de una paz negociada, está esperando noviembre.

Partidos de oposición: también en un doble juego

La situación de los partidos políticos de oposición no escapa de este doble juego, de este doble dinamismo. Es ya conocida al división histórica de las cuatro grandes "familias" de partidos que existen en el espectro político de la oposición nicaragüense (liberales, conservadores, socialistas y marxistas). A esta división tradicional se añade un proceso de subdivisiones y nuevas subdivisiones que caracteriza esta coyuntura, pudiéndose contar hoy hasta 24 grupos o tendencias distintas.

Divisiones entre los partidos, aun cuando sean afines ideológicamente. Y divisiones al interior de cada partido. La principal; causa de la presente atomización parece estar en el futuro político que en Estados Unidos determine el resultado de las elecciones de noviembre. Algunas dirigencias de partidos de derecha continúan apostando por los republicanos, pero encuentran al interior de sus partidos a quienes apuestan por los demócratas. Y ahí surgen divisiones. Otros partidos de centro o "izquierda" -que concurrieron a las elecciones de 1984- ven en esta coyuntura la oportunidad de acreditarse ante los demócratas como la herramienta anti-sandinista que estos necesitan para llevar adelante su futura política de presiones cívicas contra la revolución. Para ganar la confianza de Dukakis, estos partidos tienden a derechizarse y a hacer depender sus proyectos de la política norteamericana. Al hacerlo, encuentran al interior de sus partidos posiciones más nacionalistas, que se distancian de las dirigencias derechizadas, surgiendo la división. Los tradicionales caudillismos y aún la nueva Ley Electoral -más exigente que la anterior para la inscripción de nuevos partidos- influyen también en la fragmentación y sub-fragmentación actual de lo opositores al sandinismo.

Esta división debilita a la oposición. Y esta debilidad impide que el diálogo oposición-gobierno se reanude con un mínimo de coherencia. Nadie quiere soltar ases o barajas fuertes sin esperar a ver lo que sucederá en noviembre en los Estados Unidos. Si bien el sector de la oposición más reaganista está doblemente debilitado después del golpe que para ellos supusieron las medidas con que se desarticuló en julio el Plan Melton, no es descartable que intenten alguna acción para impresionar a los congresistas norteamericanos e influir en sus decisiones. Mientras tanto, en el conjunto de partidos no reaganistas no será posible una mayor cohesión o coherencia de planteamiento hasta que se resuelva la incógnita de noviembre.

A la par, el FSLN, en su afán de consolidar la institucionalidad nacional, llevó adelante la discusión y aprobación de la Ley Electoral, con la participación de 5 de los 6 partidos que tienen representación en la Asamblea Nacional -se aumentaron los comunistas-.

La nueva Ley Electoral

El 24 de agosto, y tras 11 días de debates pluralistas, la Asamblea Nacional aprobó la nueva ley electoral (204 artículos) que regirá las elecciones municipales (están pendientes aún de fecha), las legislativas y presidenciales (están fijadas para noviembre de 1990) y las del parlamento Centroamericano (están pendientes de fecha, entre otras cosas por el retraso del Parlamento de Costa Rica en aprobar el proyecto de estatuto).

-La ley no sólo regulará los procesos electorales sino también la constitución y funcionamiento de los partidos políticos. (Antes hubo dos leyes separadas).

-El Consejo Supremo Electoral, máximo organismo del Poder Electoral, cuarto poder del Estado, estará integrado por 5 magistrados, que serán elegidos pluralistamente por la Asamblea Nacional. Los 9 Consejos Electorales correspondientes a las 9 divisiones administrativas del país (6 Regionales y 3 Zonas Especiales) tendrán una composición pluralista. Todos los partidos de oposición tienen derecho a acreditar fiscales propios en todas las instancias de votación, desde las más pequeñas Juntas Receptoras de Votos hasta el Centro Nacional de Cómputos.

- Se prohibe la propaganda a favor de la abstención electoral y las donaciones del extranjero para las campañas, sean éstas de origen privado, estatal o mixto. Para sus campañas, el Estado entregará a cada partido una suma proporcional a dos de campaña, habrá 15 minutos diarios de propaganda en la TV, que deberán repartirse los partidos entre ellos.

-Para inscribir un nuevo partido político será necesario presentar las listas de las Directivas nacionales, regionales, departamentales y municipales con las que cuenta el partido (en total, equivaldría a unas 800 personas), con lo que se pretende legalizar en base a la mínima estructura orgánica que requiere toda agrupación política.

- Sobre todo lo referente a los partidos decidirá el Consejo de Partidos Políticos, con 11 miembros: 7 elegidos por la Asamblea Legislativa y 4 nombrados por la Asamblea de Partidos Políticos, organismos donde están representados todos los partidos legales y en donde, naturalmente, la oposición cuenta con la mayoría. En esta Asamblea, la Secretaría estará siempre ocupada por un partido de la oposición.


Los sandinistas también juegan en dos bases

Por su parte, en el terreno sandinista también se juega en dos bases.

Para responder a la estrategia militar que tendría Bush y para responder a la político-ideológica que plantearía Dukakis. Este mes, el Ministro de Defensa, General Humberto Ortega, anunció que continuaría el reclutamiento al servicio militar con los ritmos habituales. Y las organizaciones juveniles sandinistas propusieron como su primer objetivo el fortalecimiento militar de la revolución. Pero, a la par, en todos los organismos populares sandinistas se observa una gran movilización, relativamente renovada, destinada a reforzar sus bases por la atención a las reivindicaciones de esas mismas bases. El tema que esta movilización refleja en fondo es el de la hegemonía sandinista.

La reestructuración de los Comités de Defensa Sandinista (CDS) es quizá la iniciativa más llamativa en la búsqueda de la participación democrática desde la hegemonía sandinista. Transformar los CDS en un amplio movimiento comunal que sea dirigido pro los líderes naturales de cada barrio y que atienda las reivindicaciones grandes o pequeñas de cada comunidad es el camino elegido por la revolución para recuperar la hegemonía sandinista en esta organización. Des-"sandinizar" los CDS, que habían llegado a ser en algunos casos instrumentos de control, de sectarismo o de burocratismo parece ser, de hecho, la vía características de cada organización, su trayectoria y sus logros o errores en estos nueve años deberán marcar el camino. Pero éste se hará al andar.

Los pasos dados por la organización de mujeres, AMNLAE, para entender a todas las mujeres del país su influencia y para sumar fuerzas desde la realidad de Nicaragua -alejada de planteamientos feministas clásicos- o el trabajo realizado estos meses por Juventud Sandinista en los colegios para conquistar democráticamente la hegemonía y también los cargos directivos de la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) para así transformar esta organización en un instrumento de gestión que de respuestas a las reivindicaciones estudiantiles sin esperar la acción del Estado, son también esfuerzos orientados en la misma dirección, aunque el estilo empleado por cada organizaciones ha sido diferente. Se asiste el ocaso de ciertas "líneas" lanzadas desde arriba y válidas para todos en toda ocasión.

El caso de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) es uno de los más complejos. Con la actual crisis económica, las reivindicaciones de los obreros, en función de su sobrevivencia, están cobrando un gran relieve. Centrales sindicales de izquierda, estando atentas a estas reivindicaciones, han logrado ganar bases en algunas empresas, descuidas por la actividad de los militantes de la CST, a veces no suficientemente vinculados al resto de los trabajadores, que pueden ser sandinistas de corazón aunque no siempre lo sean o lo quieran ser de carne. Algo de esto fue lo que ocurrió este mes en la empresa estatal Sacos Macen, donde el fracaso de la CST en las elecciones sindicales -triunfó el Frente Obrero, del Movimiento Marxista-Leninista-, en vez de provocar una reflexión y una acción a mediano plazo consecuente de los militantes sandinistas, hizo que éstos recurrieron a métodos de fuerza- éstos recurrieran a métodos de fuerza despidos y presiones de obreros de otras fábricas- para imponer la hegemonía sandinista. Estos métodos terminaron siendo descalificados por la dirección del FSLN.

La discusión sobre los métodos y los estilos políticos de trabajo con las bases, con el pueblo, está a la orden del día entre los revolucionarios sandinistas, con gran efervescencia y con mucha vitalidad. En varias ocasiones en este mes los organismos populares han chocado y criticado determinadas gestiones del Gobierno revolucionario. Es una novedosa señal de salud y una expresión más de la democratización en la que está empeñada desde siempre la revolución nicaragüense. Es también una importante características de esta coyuntura que precede el fin de la era Reagan, urgida por la crisis económica. La revolución sandinista aceita pues, a la par, los engranajes políticos y los militares.

Estancamiento, pero muchos movimientos

El estancamiento dinámico atraviesa toda la coyuntura. Y en estancamiento dinámico está el diálogo tripartito iniciado hace un año en Esquipulas II.

El proceso de Esquipulas está estancado, pero en Guatemala y en Quito hubo dinamismo en favor de la paz. Aunque no fueron suficientes para reactivar a fondo las energías nacionalistas centroamericanas.

Las decisiones de los congresistas norteamericanos son todas decisiones de compromisos. Los republicanos siguen siendo a favor de la guerra, pero con más cautela que nunca, mientras que los demócratas tratan de ganar terreno para su opción negociada, pero con menos audacia que nunca.

El terreno político interno de Nicaragua refleja también el estancamiento dinámico. Los partidos opositores recibieron un golpe -o un aviso- con la desarticulación en julio del Plan Melton y continúan debilitados por sus divisiones. Sin embargo, no regresan al Diálogo Nacional ni dan muestras de querer hacerlo.

Por su parte, las organizaciones revolucionarias sandinistas dinamizan su actividad en las bases y se entrenan políticamente para una nueva etapa, pero sin abandonar el terreno de la defensa militar, dinámica que ha sido prioritaria durante estos ocho años. Se preparan simultáneamente para el triunfo de Dukakis o el de Bush.

Todos esperan noviembre. Y por eso, todo lo que ocurre tiene su explicación en las hipótesis o las apuestas sobre el posible vencedor en Estados Unidos. El estancamiento está en función de noviembre. También los dinamismos. Y los cambios en este juego, si los hay, serán sólo a corto plazo. Sólo hasta el 8 de noviembre.

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