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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 78 | Diciembre 1987
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Nicaragua

Mujeres: más espacios y más voz

En los últimos ocho años las mujeres nicaragüenses han hecho progresos significativos, una proeza importante en cualquier contexto, mayor aún en el contexto de una dura guerra de desgaste.

Equipo Envío

Se le ha llamado "la segunda revolución". También, la revolución dentro de la revolución. En las últimas dos décadas, los movimientos revolucionarios de todo el mundo han ido ampliando su conceptualización sobre lo que realmente significa la liberación de la mujer y sobre cómo incorporar a ésta a una sociedad revolucionaria. En el caso de Nicaragua, se puede trazar una continuidad histórica desde las primeras proclamas políticas de los sandinistas, que tocaban ya el tema (1969) y las acciones durante los años de insurrección, hasta el período posterior al triunfo, incluyendo la elaboración de la nueva Constitución y la reciente Proclama del FSLN sobre la Mujer de marzo/87.

En Nicaragua el debate sobre la mujer está caracterizado por el reconocimiento político que ha hecho el FSLN de la necesidad de lograr la liberación femenina dentro el más amplio proceso de liberación que supone el proceso revolucionario. Este reconocimiento ha sido acompañado por una lucha concreta y progresiva llevada a cabo por las mismas mujeres, que luchan y han luchado, no en oposición a la revolución sino como parte integral de la misma. Ellas han sido el instrumento para ir definiendo la dirección de las políticas referidas a la mujer.

La importancia de la experiencia nicaragüense es que ofrece un modelo de cómo se conquistan los derechos de la mujer no en oposición al gobierno sino en colaboración con él y dentro de un proceso más amplio de cambios políticos y sociales para toda la sociedad. En los últimos ocho años las mujeres nicaragüenses han hecho progresos significativos, una proeza importante en cualquier contexto, pero más importante aún porque se han logrado en el contexto de una dura guerra de desgaste.

Sexo y clase social: dos polos de referencia

"La cuestión femenina" es una de las que despierta más interesantes -y a menudo intensos- debates en Nicaragua, tanto en lo que se refiere a las cuestiones prácticas como a los planteamientos teóricos. Nicaragua ha asumido muchas de las tradicionales formulaciones de la corriente socialista sobre cómo lograr la liberación de la mujer y, a la vez, ha dado significativos pasos para crear una conciencia generalizada sobre el tema y para implementar cambios concretos que la hagan posible. Al mismo tiempo, permanecen en la ideología revolucionaria algunas limitaciones en la conceptualización teórica sobre la opresión femenina, especialmente en lo que se refiere a la interacción entre la mujer como factor productivo y la mujer como sexualidad específica, incluyendo en esta especificidad su misión reproductora.

La teoría clásica socialista caracteriza la opresión femenina como una desigualdad que nace de la desigual e injusta estructura económica capitalista, que niega a la mujer un equitativo acceso al mundo de la producción. Desde esta perspectiva, la tarea clave es integrar a la mujer a ese mundo de las fuerzas productivas. El poder económico y político, negado siempre a la mujer, lo logrará con su masiva incorporación a este mundo del trabajo productivo, dominado por los varones. En el nuevo orden socialista, la discriminación sufrida por las mujeres durante tanto tiempo, incluyendo todas las manifestaciones del machismo, se irá debilitando gradualmente en la medida en que la mujer tenga iguales oportunidades de trabajo. La discriminación de la mujer se ve, en último término, como una simple consecuencia ideológica de la estructura económica capitalista.

La crítica esencial que el movimiento feminista hace a estos planteamientos clásicos es que reduce la participación de la mujer al mundo de la producción y deja de lado toda la esfera doméstica y la de la sexualidad (incluidos los problemas materiales y también económicos que genera la reproducción). Por eso, es crucial identificar las vías en las que el sexo y la clase social puedan confluir e influirse mutuamente como dos factores interdependientes para desarrollar todo el potencial político de las mujeres.

Las mujeres en la lucha contra Somoza

La mayoría de las mujeres que llegaron a tener protagonismos políticos en la lucha contra la dictadura somocista lo alcanzaron a partir del inicial deseo de proteger la vida de sus hijos. A pesar de que las mujeres suelen ser señaladas como conservadoras y tradicionales políticamente por estar primordialmente interesadas en sus familias, las mujeres nicaragüenses que querían proteger prioritariamente a su familia, se encontraron casi inevitablemente obligadas a incorporarse a la actividad revolucionaria para conseguirlo. Esas mujeres que dieron su primer paso para defender a sus hijos, se dieron cuenta muy pronto que sólo la total destrucción de la dictadura podría garantizarles esa defensa.

Una mujer explica así su creciente involucramiento en la lucha anti-somocista: "Como mujer teníamos que proteger la vida de nuestros hijos, porque nosotros les habíamos dado a ellos la vida. Después de haberles dado el maravilloso regalo de la vida, teníamos que defenderlo y arriesgar para eso nuestras vidas, lo mismo que la habíamos arriesgado al darlos a luz. La juventud de nuestros muchachos daba a la Guardia un pretexto para matarlos, para secuestrarlos. Nosotras no podíamos permanecer indiferentes ante todo esto".

Los horrores de la dictadura dieron vida a la arraigada tradición de la madres revolucionarias de Nicaragua. Las mujeres nicaragüenses tomaron parte en la lucha contra Somoza de muchas formas. Fueron correos, mantuvieron casas de seguridad, participaron en movilizaciones en favor de los presos políticos y contra las medidas de la dictadura... Un número significativo de mujeres tomó incluso las armas y participó en las insurrecciones de 1978 y 1979.

En los años 60, el FSLN formó la Alianza Patriótica de Mujeres Nicaragüenses, que tuvo corta vida. En uno de sus pronunciamientos, llamaba a las mujeres a superar su tradicional timidez y los prejuicios que las mantenían alejadas de la actividad política. "En nosotras existen fuerzas enormes que debemos emplear en la lucha revolucionaria, que es preciso desarrollar hacia la conquista de un gobierno auténticamente popular y antiimperialista". En 1977, un grupo de mujeres que mantenían estrechos vínculos con el FSLN creó la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional, AMPRONAC. Esta organización jugó un papel clave durante los años finales del somocismo.

Estudiando el proceso revolucionario nicaragüense, algunos analistas han señalado que la actividad revolucionaria se desarrolló mucho más en la esfera barrial y por tanto doméstica, que en la esfera productiva. La mayoría de las movilizaciones que resultaron claves en la lucha contra la Guardia Nacional tenían lugar a nivel de vecindario, del barrio, más que en las fábricas o centros de trabajo. La estrategia del "pueblo en armas", que fue esencial para el triunfo sandinista sobre la dictadura, dependió de la movilización de comunidades enteras, lo que significó la participación masiva de las mujeres.

Todavía hoy, en un gran número de comunidades campesinas nicaragüenses, que se movilizan y se defienden de las bandas contrarrevolucionarias, la esfera doméstica sigue siendo crucial como lugar de organización. Con la disminución de la confrontación militar y con un creciente énfasis en la lucha ideológica y económica, es previsible que una importante baza de la lucha política de los próximos años se seguirá jugando en esta esfera en la que la mujer tiene el papel clave.

Participando en la nueva sociedad

Desde 1979, la participación de las mujeres en muchos puestos públicos se incrementó notablemente, cuando la revolución abrió espacios que estuvieron cerrados tradicionalmente a la mujer. En las elecciones de 1984, 14 mujeres resultaron electas para la Asamblea Nacional, como diputadas del FSLN. Ha sido el FSLN el único partido que en Nicaragua ha analizado seriamente los asuntos de la mujer y los ha tenido en cuenta para la elaboración de sus políticas. Actualmente, las mujeres ocupan el 31.4% de los puestos directivos del gobierno, son el 26.8% de los miembros de los comités regionales del FSLN y el 24.3% de los miembros del FSLN.

Aunque estas estadísticas resultan positivas, tienen que ser relativizadas. Antes de 1979, en el tiempo de la llamada "segunda promoción", el número de mujeres en el FSLN era el 38%. El que esta cifra haya descendido ahora puede deberse a los malabarismos que tienen que hacer las mujeres entre el trabajo de la casa y las tareas políticas. A pesar de esto, la participación de la mujer, tanto en el FSLN como partido en general en toda la vida política del país, es mayor que en otras sociedades revolucionarias, donde las mujeres están sometidas también a estos mismos dilemas.

En el sector agrícola, las mujeres han hecho importantes conquistas como resultado de una legislación que reconocen en su participación un factor esencial para este sector económico. Tanto la ATC (Asociación de Trabajadores del Campo) como la UNAG (Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos), dedican grupos de sus miembros a la tarea de lograr una mayor incorporación de la mujer a las tareas propias del sector. El 40% de los obreros agrícolas de la ATC son mujeres. Las mujeres son actualmente el 35% de los obreros agrícolas permanentes y el 45% de obreros temporeros. Puede así hablarse de una "feminización" en el agro.

Las mujeres han ido encontrado, poco a poco, un espacio en tareas agrícolas consideradas durante mucho tiempo como dominio exclusivo de los hombres. En algunos casos, la guerra ha sido el acicate para la integración de la mujer a estas tareas. La película nicaragüense "Mujeres de la Frontera" cuenta la historia de las mujeres tractoristas de Jalapa, que encontraron inicialmente una gran oposición de sus maridos.

En el sector industrial, las mujeres tienden a concentrarse en ocupaciones femeninas tradicionales, principalmente en las de la rama textil. Las mujeres representan el 37% de la población económicamente activa en este sector. De acuerdo a un estudio hecho por la Oficina Gubernamental de la Mujer, las mujeres del sector industrial están también concentradas en trabajos que el Ministerio del Trabajo tiene catalogados como de menor nivel y a los que por la escala de salarios corresponden los sueldos más bajos. Si las mujeres son mayoría en ramas como la textil, son los hombres los que siguen ocupando en este rubro los trabajos de responsabilidad, a los que corresponden mayores salarios. En este y otros sectores industriales, los problemas de ausentismo laboral entre las mujeres están en directa relación con las tareas del hogar: la mujer que no acude a trabajar porque tiene un niño enfermo, la que tiene que comprar algo urgente, etc.

Varios estudios señalan que el 80% de la población que se dedica al comercio -especialmente a un comercio que tiene que ver con el hogar: vendedoras de alimentos del mercado- son mujeres. En el sector informal el 65% son mujeres y el 50% de esas mujeres son cabezas de familias en las que el varón está ausente. Un estudio de la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua sobre las estrategias de sobrevivencia en los hogares de la capital indica que las mujeres emplean una desproporcionada cantidad de su tiempo a tareas directamente relacionadas con el hogar, incluso cuando trabajen a tiempo completo fuera de la casa, en cualquiera de los sectores productivos.

Desde hace varios años, muchas instituciones han comenzado a asumir en serio el problema del cuidado de los niños y a tratar de resolverlo. Algunas instituciones que emplean a un alto porcentaje de mujeres -el Ministerio de agricultura y la textilera estatal Fanatex- tienen instalaciones de guardería en el mismo centro de trabajo. El Ministerio del Interior, que emplea también a un gran número de mujeres, desarrolla un amplio programa para el cuidado de los niños.

La extensión de centros de atención infantil en las áreas rurales está ayudando a asegurar el que se mantenga la alta participación femenina en los trabajos agrícolas. La falta de recursos sigue siendo el principal obstáculo para hacer avances más rápidos en este terreno.

En la educación, las mujeres tienen una amplia participación. El gran número de jóvenes movilizados al servicio militar ha hecho que la mayoría de los estudiantes universitarios de muchas carreras técnicas y profesionales sean mujeres. Aunque muchas mujeres eligen todavía las profesiones mas tradicionales, sus posibilidades se han abierto de forma significativa. Además, por primera vez, la problemática de la mujer y los temas femeninos empiezan a ser tomados en serio al nivel de la educación superior. Un pequeño pero importante ejemplo es que el departamento de sociología de la UCA ofrece un curso sobre la mujer, la familia y la sociedad, que analiza teóricamente estos temas en el contexto de la realidad nicaragüense.

La misma existencia de la Oficina de la Mujer es otra conquista importante. Fundada en 1982, como parte del Ministerio de la Presidencia, la oficina ha llevado adelante numerosos estudios sobre la situación de la mujer y su participación en la sociedad. Sus investigaciones proveen de un interesante análisis de fondo a los distintos ministerios que elaboran políticas que tienen que ver con la mujer.

AMNLAE: trayectoria de una organización

Muchas de las conquistas hechas por las mujeres nicaragüenses desde 1979 se han logrado como un resultado del trabajo de AMNLAE. En septiembre de 1987 AMNLAE cumplió sus 10 años, pues sus orígenes están en AMPRONAC. A partir de 1979, AMNLAE se transformó de organización comprometida con el derrocamiento de la dictadura en movimiento de mujeres comprometidas en la consolidación de la revolución nacional, desde el que trabajan también por su propia liberación. AMNLAE ha atravesado por algunas reestructuraciones significativas, cambios que comenzaron a institucionalizarse en la asamblea general de marzo/87.

Las directivas de AMNLAE caracterizan la actividad de la organización, dividiéndola en tres etapas esenciales. En la primera, desde 1979 a 1982, AMNLAE se centró en la tarea de la reconstrucción del país, devastado por Somoza. Las mujeres fueron muy activas -como han continuado siendo- en tareas cruciales como la educación popular y las campañas de salud, incluyendo el esfuerzo masivo de la Cruzada alfabetizadora de 1980. Pero uno de los signos más claros de que las cosas habían cambiado en 1979 fue que las mujeres comenzaron a hacerse visibles, presentes, influyente en la sociedad nicaragüense y por primera vez fueron tomadas en serio, al tener la oportunidad de participar en la vida política.

No ha sido fácil esta participación. Las mujeres se ven divididas entre las actividades políticas y laborales y sus actividades domésticas y no tienen aún muchas herramientas para resolver las contradicciones que les crea este difícil equilibrio. Porque la mujer nicaragüense se mueve en la dura realidad de un país con los mínimos recursos que pueden aliviarle las tareas del hogar.

La guerra ha significado para Nicaragua una seria escasez de alimentos básicos o un estricto racionamiento de los mismos. Una socióloga de la Universidad Centroamericana afirma que el procurar estos alimentos significa una tarea en sí misma -filas, contactos, tiempo-, de tal manera que consume más energía y tiempo que cualquier otra de las habituales faenas domésticas. Así, mientras la guerra ha creado una mayor participación de la mano de obra femenina, la misma guerra ha exigido de la mujer más tiempo para dedicarlo a las tareas del hogar. La doble jornada laboral que la mujer de cualquier país del mundo se ve obligada a realizar es en la sociedad revolucionaria sometida a la guerra una triple jornada.

Los trabajos domésticos son mas pesados para la mujer nicaragüense que para la mujer de las sociedades desarrolladas. Lavar la ropa se hace casi siempre a mano y muchas mujeres tienen que cocinar con leña o carbón. Los supermercados se cierran a las cinco de la tarde, cuando termina la jornada laboral, con lo que una mujer trabajadora tiene dificultades de encontrar tiempo para las comprar si no cuenta con alguien que le realice esa tarea. Como mujeres -dice una- vivimos siempre partidas en dos...

Como organización, AMNLAE pone énfasis en la importancia de integrar a la mujer a la producción, como un paso fundamental hacia su plena incorporación a la sociedad. Pero cuando este paso se empieza a dar, no sólo son las dificultades domésticas las que lo obstaculizan. Son sobre todo los personajes domésticos los que se convierten en obstáculos. A los hombres no les gusta que sus mujeres trabajen fuera de la casa. Los celos crecen aun mas si no solo se trata de trabajar sino de participar en reuniones nocturnas...

Otro problema que ha tenido que encarar AMNLAE con frecuencia ha sido el de la identidad de la actividad política. La mayoría de las principales dirigentes de AMPRONAC asumieron después del triunfo revolucionario tareas políticas que no estaban específicamente orientadas a resolver los problemas femeninos, a la vez que muchas de las activistas de AMPRONAC se vieron involucradas en una dinámica en la que su tarea como miembros de la organización femenina no era muy clara.

Como mujeres, ¿su trabajo en el barrio, era como tal o era como AMNLAE? ¿Trabajaban en su sindicato o en AMNLAE? La tarea inmediata para todos, hombres, mujeres y niños, era la reconstrucción nacional. La contradicción la formuló así una mujer: "¿Cómo poder construir una organización hecha sólo por mujeres cuando esas mujeres están a su vez organizadas en otras organizaciones y deben organizarse aún mas en otras organizaciones revolucionarias? ¿Qué significa entonces estar organizadas como mujeres? Muy pronto, pues, se vio que uno de los desafíos más importantes era como integrar el trabajo de AMNLAE con el trabajo que realizaban otras organizaciones populares revolucionarias.

La movilización de las mujeres ante la guerra contrarrevolucionaria

Durante la segunda etapa -desde 1983 a 1986-, AMNLAE, junto al resto de las organizaciones populares, se orientó prioritariamente a organizar la defensa de la nación. En muchos casos, AMNLAE funcionó como una organización de la retaguardia social, madres, esposas, novias, hermanas... Además de eso, algunas mujeres se organizaron en los batallones de reserva y en todo el país todas las mujeres que quisieron recibieron entrenamiento militar.

Después de la implementación de la ley de servicio militar, a finales de 1983, las mujeres se movilizaron esencialmente como madres de los muchachos reclutados, de los "cachorros", como se les llama en Nicaragua. Y después, como madres de los jóvenes caídos en combate. Así fue engrosándose el movimiento de Madres de Héroes y Mártires, que aglutina a las madres de los jóvenes asesinados por la guardia somocista y a las de los que han caído enfrentando a las fuerzas contrarrevolucionarias.

Como grupo, las madres de los caídos están mucho mas organizadas y son mas beligerantes que las madres de los reclutas. La participación política de éstas es, sin embargo, fundamental, ya que uno de los ejes básicos de la campañas contrarrevolucionarias ha sido el de movilizar por el miedo a estas mujeres para que se opongan activamente a la ley de servicio militar. Esto ocurrió, sobre todo, en 1984 y 1985. Este miedo no es sólo fruto de la propaganda. Es una realidad que todavía existe, pero la actual correlación de fuerzas en la guerra lo ha ido atenuando.

Para ayudar a las madres de los reclutas, el ejército nicaragüense creó las llamadas Comisiones de Apoyo a los Combatientes y a sus familias, facilitando la comunicación entre ellos. Visitas, correos, subsidios, información, son algunos de los servicios prestados por estas Comisiones. AMNLAE ha jugado un papel importante en estas oficinas, desde la perspectiva de que la movilización de las mujeres-madres de combatientes, de héroes y mártires, de secuestrados por la contra, es un bastión patriótico y parte del movimiento femenino. El haberse centrado tanto en las mujeres madres y en las madres de los combatientes, hizo que muchas otras mujeres se sintieran aisladas dentro de la organización. El desafío era cómo ampliar la base sin abandonar este importante foco de acción, particularmente crucial en tiempos de guerra.

La guerra ha significado una aguda, casi total, dedicación del país a la defensa. Los "Temas de la mujer" como tales han tenido que esperar. Las mismas mujeres que se organizaron en torno a los problemas de la mujer antes de 1979 y reconocieron que no habría liberación para las mujeres hasta que la dictadura no fuera destruida, se dieron cuenta ahora que todas las conquistas femeninas dependían de la sobrevivencia nacional.

A pesar de la limitación de la guerra, surgieron durante este período algunos temas que comenzaron a ser debatidos por las mujeres. Dos de ellos, hasta entonces considerados de la esfera privada o temas "no-políticos", fueron la planificación familiar -incluyendo el aborto- y la violencia machista dentro del hogar.

Nicaragua tiene una alta tasa de crecimiento poblacional, especialmente en Managua, una ciudad superpoblada muy por encima de su capacidad. Los sandinistas responsables de la capital aceptan que se necesita un programa de planificación familiar con el que hacer frente al continuo crecimiento de Managua. Las mismas mujeres, en los debates populares que acompañaron la elaboración de la Constitución de Nicaragua, insistieron en que era necesario alguna clase de programa de este tipo y lo reclamaron. Hasta el momento no se ha implementado ningún programa integral. Algunas mujeres creen que esto puede deberse al temor de provocar con ello un choque con la jerarquía católica. Otras lo achacan a la falta de comprensión que hay sobre este tema entre algunos dirigentes de la revolución.

El aborto es un tema más problemático y capaz de crear una tremenda polarización en la sociedad nicaragüense, pero el alto porcentaje de mujeres que han muerto después e intentar hacerse un aborto por su cuenta, ha encendido la señal de alarma, tanto entre las mujeres, como entre los profesionales de salud. En 1985 se abrió un debate sobre este tema en el diario "Barricada" con lo cual, al menos, se lo tomó como una preocupación social legítima dentro del debate político. Era quizá la primera vez que esto sucedía a nivel masivo. En un "De Cara al Pueblo" del Presidente y su gabinete con centenares de mujeres representativas de todas los sectores sociales, una psicóloga sacó a relucir el tema refiriéndose al numero de mujeres muertas o enfermas como resultado de abortos auto-inducidos. "Se que éste es un tema espinoso -dijo- pero la revolución ha enfrentado muchos temas espinosos".

En su respuesta, la Ministra de Salud, Dora María Téllez, señaló que los casos que se hacen públicos de muertes u otros accidentes son sólo una parte de los casos que en realidad se dan. Hizo énfasis en la necesidad de la educación sexual y pidió a AMNLAE que contribuya a informar a las mujeres sobre los programas de contraceptivos de que dispone el Ministerio de Salud.

En 1983, AMNLAE abrió la primera Oficina Legal de la Mujer para resolver los problemas del mantenimiento de los hijos de madres solas, del maltrato en el hogar y otros problemas legales que afectan a la mujer. La apertura de esta oficina era una forma de decir a las mujeres que sus problemas eran problemas de toda la sociedad y también que no estaban solas para resolverlos. Desde 1983 se abrieron también oficinas legales en las diferentes regiones del país.

La oficina legal ha tenido que superar la tradicional timidez femenina y su temor a discutir públicamente problemas que durante largo tiempo consideró privados, a los que era mejor ni tocar. Este cambio dio lugar a un importante proceso de concientización entre las mujeres. Uno de los principales problemas que llegaban a la oficina eran los del maltrato físico del hombre contra la mujer en el hogar. La oficina cuenta con un equipo de psicólogos y abogados y en ella se ofrece asistencia sicológica a las mujeres que la soliciten y terapia para las parejas si los hombres están dispuestos también a participar. Desde que se abrió la oficina, la violencia en el hogar fue haciéndose, poco a poco también un tema de debate público en los medios de comunicación y en las reuniones.

Una nueva visión de AMNLAE

Durante su segunda época, AMNLAE llegó a comprender que los derechos por los que estaban luchando como mujeres entraban en dos categorías esenciales: amplios cambios legales, transformaciones en la estructura educativa y de salud, por un lado, y por el otro, los derechos que tenían que ver más específicamente con la vida cotidiana. Después de bastante discusión interna acerca de la actividad política que la organización debía realizar, comenzó a hacerse la transición desde ser una organización a convertirse en un movimiento. Esta transición fue institucionalizada y ratificada en la tercera asamblea general de AMNLAE de marzo/87.

Según los miembros de AMNLAE, serán más eficaces como movimiento -teniendo una presencia de mujeres organizadas en otras organizaciones ya existentes-, que como una organización autónoma. Argumentan que como la mujer forma parte de todos los sectores sociales, no tiene sentido el continuar actuando como una organización femenina en sí misma. La energía de AMNLAE se concentrará ahora en sacar a relucir los problemas específicos de la mujer en medio de todos los sectores sociales, en vez de reducirse a un ghetto.

Así lo explica una activista: "Somos un movimiento porque no somos una clase social, no somos un sector social. Somos mujeres de todas las clases y sectores sociales. Entonces, nos movemos dentro de la dinámica de esta revolución, de los diferentes sectores en la lucha por lograr que avance en todos los niveles la situación de la mujer". Frente a esto, se podría argumentar que al tomar esta decisión, AMNLAE corre el riesgo de que la problemática específicamente femenina se pierda dentro del actual enfoque dirigido hacia problemática mucho mas generales.

También podría argumentarse que si bien las mujeres proceden de diferentes clases sociales, y por eso se insertan de diferentes manera en el sector productivos, todas comparten el común denominador de tener responsabilidades prioritarias en el sector reproductivo y más todavía comparten las características de su sexualidad específica. Hay problemas materiales que tienen que ver con la esfera de la sexualidad y la esfera doméstica y que son comunes a todas las mujeres, por más que se vivan de manera diferente y afecten de forma distinta a las mujeres, según sea su clase social.

Muchas de las posiciones oficiales del gobierno nicaragüense sobre la mujer tienen que ver con la visión prioritaria de la mujer como madre, a la vez que con la llamada a las mujeres a integrarse a la fuerza laboral del país. En cualquier caso, el objetivo de AMNLAE es esencialmente pragmático, porque nace de la propia realidad nicaragüense. Hay mucho trabajo político que hacer en el país y no resulta ni lógico ni posible duplicar los trabajos. AMNLAE, como organización no tenía capacidad para garantizar que los problemas de la mujer se tuvieran en cuenta en todas las organizaciones, ahora, trabajando dentro de estas organizaciones, sí puede asegurar eso.

En el actual período, AMNLAE continuará ocupándose de los temas específicos de la mujer, incluyéndolos en el contexto más amplio de los grandes problemas políticos de la nación y tratará de mantener una presencia activa en todas las organizaciones ya existentes. Las representantes de AMNLAE en los niveles regionales y locales han aplaudido el giro de la organización y dicen que sienten que su trabajo podrá ahora ser más estrechamente coordinado con otros trabajos revolucionarios. El cambio para ellas es pasar del aislamiento a la integración.

Sobrevivir: el principal desafío

Las activistas de AMNLAE han caracterizado este nuevo período como el que está definido por las consecuencias de la guerra contrarrevolucionaria y por la diaria lucha por la sobrevivencia. en su asamblea, AMNLAE señaló cuatro áreas estratégicas para desarrollar esta lucha. La primera, la sobrevivencia económica de la revolución, que significará el apoyar y facilitar la incorporación de la mujer a la producción.

La segunda área es el cuidado de los niños. Está estrechamente ligada a la primera, ilustrando el necesario vínculo que hay entre la esfera productiva y la reproductiva. Es claro que el peso del tiempo que la mujer dedica actualmente a los niños debe de ser compartido más igualitariamente, tanto con el Estado como con los padres de esos niños.

La tercera área es descrita como la "dignificación de la mujer". Según Lea Guido, Secretaria General de AMNLAE, "la dignificación de la mujer no puede ser solamente en jornadas como la del 8 de marzo o la del 30 de mayo (día de las madres), sino contidianamente". Se insiste en dar una continua atención al problema de la violencia en el hogar. "Es un problema ideológico que la revolución tiene que enfrentar con fuerza", dice Lea. La resolución de un problema así tiene mucho que ver con la creación de un núcleo familiar mas estable que el que ha habido tradicionalmente en Nicaragua, donde en muchos lugares el desarrollo económico del país ha creado familias en las que las mujeres son las únicas responsables de sus hijos.

La cuarta área es la de la educación sexual. Existe un gran vacío en este sentido en toda la población, entre jóvenes y adultos, entre hombres y mujeres. Abundan los matrimonios muy jóvenes, en donde se da un alto porcentaje de adolescentes embarazadas. También abundan los divorcios entre parejas muy jóvenes. Esta área se identifica como vital para el trabajo futuro.

Los cambios legales: cimientos para un futuro nuevo

Desde 1979 se han ido creando en el terreno jurídico las bases que permitan a las mujeres ser capaces de nuevas conquistas. Hoy las leyes nicaragüenses referidas específicamente a la mujer son mucho las más progresistas del hemisferio.

Uno de los más importantes avances legales fue el hecho mismo de la promulgación de la nueva Constitución, en enero de 1987. Con ella se superó la discriminación histórica que sustentaban las viejas leyes y se elaboró un sólido cimiento sobre el que edificar nuevos cambios políticos y sociales, iniciados ya con el mismo proceso revolucionario.

Después de 1979, se aprobaron en el primer órgano legislativo que tuvo la Nicaragua revolucionaria, el Consejo de Estado (1980-1984), una serie de leyes que fueron cruciales para empezar a enfrentar algunas de las causas fundamentales de la opresión femenina. Una de las más importantes, la ley de paternidad propuesta por AMNLAE en 1980 con el nombre de "Ley entre Madres, Padres e Hijos". Con ella se abolió el viejo concepto de patria potestad, heredado de la Colonia, por el cual sólo los hijos nacidos en un matrimonio legal tienen derechos y el padre tiene virtual derecho de propiedad sobre ellos. En Nicaragua, la estructura económica subdesarrollada y orientada a la agroexportación, que demanda una fuerza de trabajo agrícola movible y temporera, para recoger las cosechas de café, algodón y caña, unida a la falta de sacerdotes en las áreas rurales, institucionalizó las parejas que vivían juntas por mutuo consenso, pero sin ningún tipo de vínculo legal o sacramental.

Aunque en Nicaragua no existe un estigma social sobre los llamados "hijos ilegítimos" nacidos de estas uniones, muchas mujeres son las únicas responsables de su alimentación y educación, sin que sus padres les ayuden.

Esto se da incluso en los casos de matrimonios legales. El asunto se complica más como la generalizada práctica de los hombres que tienen hijos con varias mujeres y a menudo no asumen ninguna responsabilidad hacia ninguno de ellos. Y con la realidad de que muchas mujeres de los sectores populares tienen muy comúnmente ocho, nueve o más hijos. La ley de 1980 establece que los hombres son responsables de los hijos que engendren. La paternidad responsable y no el matrimonio legal fue el objeto del debate. Esta legislación demostró también, como muchas otras leyes del período revolucionario, una preocupación por los derechos y el bienestar de los niños.

La lucha política que desató el debate legislativo incluyó acalorados debates, que empezaban desde el mimo nombre de la ley. algunos insistían en conservar la palabra "patria potestad". Otros argumentaban que debía mencionarse primero al padre y luego a la madre, aunque dejaban clara su estima por la lucha llevada a cabo por las mujeres para superar la ideología machista. Las mujeres que trabajaron por esta ley y otras muchas tuvieron que enfrentarse a los partidos derechistas y a veces a algunos sandinistas. La diferencia ente el machismo de unos y otros fue que los sandinistas tuvieron flexibilidad y cambiaron sus posiciones.

Ya en agosto de 1979, días después del triunfo revolucionario, fue aprobada la ley que establecía igualdad de derechos para todos los ciudadanos nicaragüenses. En esta ley se establece que la mujer debe recibir igual salario por igual trabajo y se legisla sobre el subsidio para la maternidad. Esta ley tuvo un sentido especial para el sector agrícola, donde muchas mujeres -incluso niños-, que trabajaban en tareas agrícolas no estaban formalmente incluidas como trabajadoras, sino que eran consideradas como parte de un salario familiar.

AMNLAE y el FSLN chocaron en un importante tema, abordado también en el Consejo de Estado: el de la participación de la mujer en la defensa militar. En 1981, cuando los contrarrevolucionarios empezaron a actuar, AMNLAE se acercó al ejército sandinista, que estaba entonces formando los batallones de reserva que eran enviados a combatir a las montañas del norte del país. El ejército aceptó a las mujeres, pero sólo para desarrollar tareas de apoyo logístico: cocinas y otras labores de mantenimiento. E incluso para esto surgieron muchos problemas, como lo explicaba una dirigente de AMNLAE en una entrevista de aquel año: "Hay lugares en lo que lo primero que dice la gente es que las mujeres no son capaces de soportar el entrenamiento físico. Hay otros en los que los hombres no quieren que sus mujeres participen. Hay mujeres que quieren integrarse a los batallones. Pero ¿quién cuida a sus hijos? Además nos hemos dado cuenta de que las mujeres que participan en los batallones no son necesariamente jovencitas ni necesariamente estudiantes. Se trata más bien de compañeras de los barrios, madres de familia, miembros de los comités de defensa sandinista".

En 1983, con el incremento de la actividad contrarrevolucionaria al incrementarse el apoyo financiero y logístico de Estados Unidos a estas fuerzas, el ejército sandinista decidió el reclutamiento masivo de los jóvenes entre 17 y 25 años para cumplir el servicio militar. La ley del servicio militar patriótico fue debatida en el Consejo de Estado. AMNLAE tuvo largas intervenciones, en las que argumentó que a la luz de la participación militar de las mujeres en la guerra de liberación, sería injusto excluirlas en esta nueva y crucial fase de la defensa nacional.

Cuando se cerró el debate, se estableció la cláusula de permitir a las mujeres incorporarse, como voluntarias, a la defensa. Sin embargo, aunque se presentaron muchas voluntarias, las primeras no fueron aceptadas hasta principios de 1986 y todas fueron incorporadas a tareas de no-combatientes, la mayoría en Managua y en tareas de comunicación. Era comprensible la delicada posición del FSLN frente a la realidad del país, donde por razones culturales muchas familias -incluyendo las de mujeres jóvenes- se hubieran opuesto absolutamente a enviar al servicio militar a sus hijas.

La Constitución y la Proclama sobre la Mujer para cambiar corazones y mentes

Además de los pasos reorganizativos dados por AMNLAE, en 1987 se han dado otros saltos cualitativos en favor de la mujer. La nueva Constitución promulgada en enero/87 aborda varios temas específicamente relacionados con la situación femenina. Un borrador de la Carta Magna, elaborado por la Comisión Constitucional de la Asamblea Legislativa, fue discutido en decenas de "cabildos abiertos", encuentros públicos organizados por todo el país para todos los sectores sociales.

El que se celebró en junio de 1986 en Managua con las mujeres fue una importante demostración de la participación beligerante de las mujeres en el proceso de cambios que vive Nicaragua. Fue un encuentro apasionado, con mujeres que representaban a todos los sectores y que hablaban con toda claridad de los temas que sentían como los más importantes. Un tema que se repetía una y otra vez era el de una "maternidad consciente". La necesidad de la educación sexual y la de una planificación familiar también surgió como inquietud generalizada, así como el tema del aborto. También se habló del maltrato a las mujeres en el hogar, de la necesidad de nuevas leyes familiares y del divorcio.

Algunas de las leyes más favorables para las mujeres que fueron aprobadas en los primeros días de la revolución fueron ratificadas como derechos fundamentales en la Constitución. En este sentido, una de las más importantes secciones de la Constitución es el capítulo 4, que trata de los derechos familiares. El artículo 73 dice: "Las relaciones familiares descansan en el respeto, solidaridad e igualdad absoluta de derechos y responsabilidades entre el hombre y la mujer. Los padres deben atender al mantenimiento del hogar y la formación integral de los hijos mediante el esfuerzo común, con iguales derechos y responsabilidades".

El capítulo establece el tono para una nueva visión de la familia en Nicaragua, la que sólo podrá ser realidad en un proceso gradual. Existe siempre una brecha entre la ley y la realidad y la situación real de la mujer nicaragüense dista mucho de ser lo que establece la ley constitucional. Muchas de las actuales leyes, aun vigentes, y que deben ser reformadas, emanaron del Código Civil de 1904.

La Asamblea Nacional tiene ahora la misión de promulgar un nuevo código familiar, basado en la Constitución, así como hacer otros cambios legales esenciales para lograr una plena incorporación de la mujer a la sociedad, tanto en el terreno político como en el económico. Teniendo en el proceso revolucionario y en la Constitución la base de la igualdad de la mujer, se ha conseguido ya un gran avance y aunque las leyes no cambien la realidad e la noche a la mañana, son esenciales para dar los primeros pasos hacia la transformación de esa realidad. También sirven de herramientas para la educación popular.

En marzo, el FSLN presentó su largamente esperada "Proclama sobre la Mujer". La proclama continua la tradición iniciada en el programa político de 1969, pero ahora en un documento mucho más extenso. Aborda directamente el tema del machismo al señalar que las tareas domésticas son responsabilidad tanto del hombre como de la mujer. La proclama compromete al FSLN a continuar interesándose en los problemas de la mujer e identifica, una vez más, la liberación de la mujer como una parte integral del proceso revolucionario. Una analista de la Oficina de la Mujer afirma que la Proclama ha cumplido con la misión de marginar ideológicamente a muchos hombres machistas. El machismo está profundamente arraigado en la sociedad nicaragüense, tanto entre los hombres como entre las mujeres. La Proclama obliga a los revolucionarios conscientes a afrontar el tema del machismo, incluso en sus propias actitudes personales y da a las mujeres nicaragüenses una cierta autoridad moral y una importante base para avanzar.

Por delante queda una larga lucha

Desde 1979, nuevas bases legales y políticas se han establecido, potenciando significativas transformaciones en la vida de las mujeres de Nicaragua. Como sucede siempre, la más ardua tarea es cambiar las conciencias, particularmente las que tienen arraigado el machismo. Algunos de los principales problemas que afectan a las nicaragüenses están directamente relacionados con la falta de recursos, mientras otros están ligados a las también arraigadas actitudes sociales sobre la mujer y sus problemas.

Un ejemplo: según un estudio sicológico hecho por la UCA, ciertas mujeres involucradas en el sector informal de la economía ha sido injustamente consideradas "reaccionarias", a causa de que este sector no productivo suele ser caldo de cultivo de actitudes negativas propias de los tiempos de guerra: especulación, mercado negro, etc. Estas mujeres, que en su mayoría son cabezas de familia, han sido atacadas por esta razón por funcionarios del Ministerio de Comercio Interior.

Pero a la vez que se les juzga y se les ataca, se les pide que apoyen la incorporación de uno, dos o más de sus hijos al servicio militar, muchachos que juegan un papel decisivo en los ingresos de la familia. Mientras estas mujeres tienen, por esta razón, algo así como dos caras con las que se relacionan con el gobierno, no suelen participar en ninguna organización revolucionaria. La organización política suele estar centrada en torno al lugar del trabajo. Esto las margina a ellas. Las perspectivas de AMNLAE para los próximos años no plantean vías específicas para acercarse a ellas.

Un tema así es crucial, porque hay ejemplos de la manipulación que las fuerzas de derecha han hecho de las mujeres. El ejemplo mas conocido es el de las presiones ejercidas sobre el gobierno de la Unidad Popular en Chile a través de las mujeres organizadas en torno al tema del abastecimiento de los alimentos básicos y a los problemas de la familia. Una socióloga nicaragüense ha caracterizado el área cosmética en Nicaragua como organizada en forma "primitiva".

Existen grandes presiones políticas sobre la mujer nicaragüense, particularmente sobre aquellas cuyo trabajo asalariado tiene que ver de algún modo con esta esfera doméstica. La oposición mas derechista de Nicaragua ha demostrado su voluntad e manipular a estas mujeres y las radios contrarrevolucionarias animan regularmente a las mujeres-madres a oponerse al servicio militar. Recientemente, el Partido Social Cristiano ha sido el organizador de un grupo de mujeres que son familiares de los que ellos llaman "presos políticos" y son fundamentalmente guardias somocistas juzgados tras el triunfo de la revolución, tratando de que choquen con un gran número e mujeres, las madres de héroes y mártires, que recordando la sangre de sus hijos tratan también de defender las conquistas revolucionarias por las que ellos murieron.

Una simplista separación entre los asuntos "revolucionarios" y los asuntos "de la mujer" ha sido hecha frecuentemente en otros contextos históricos, planteando la liberación femenina como un elemento secundario respecto a más "legítimos" problemas revolucionarios, los que históricamente han sido definidos por los varones y tiene que ver fundamentalmente con la esfera productiva. Muchas mujeres nicaragüenses, que se identifican a sí mismas como revolucionarias, ven ya todo esto de una manera mas compleja. Son mujeres y son revolucionarias y su respuesta política y su análisis se base en estas dos realidades materiales interrelacionadas.

Un programa político que niegue la realidad, no solo sería idealista sino ineficaz en la Nicaragua actual. Como parte del mismo proceso revolucionario, mujeres y hombres tienen que crear las herramientas que necesitan para defender, tanto la sobrevivencia de la nueva Nicaragua como la liberación de la mujer.

A pesar de esta labor hecha en colaboración -"Juntos podemos" es el actual lema de AMNLAE- las tareas clave de la liberación femenina continuarán pesando sobre las espaldas de as mismas mujeres. Es una tarea difícil, dados los escasos recursos económicos del país y la profunda reserva de sentimientos machistas que tiene esta sociedad, incluso entre los mismos varones revolucionarios que reconocen que es necesario cambiar la actitud. En un debate público propiciado por AMNLAE en la celebración de su décimo aniversario, una mujer hizo énfasis en la necesidad de sacar a recluir todas las contradicciones y todas las complejidades que envuelven los temas de la mujer.

"No son obstáculos para la revolución" -dijo, pidiendo a las mujeres ser mas conscientes, analíticas y sinceras, tanto en el trabajo por la liberación femenina como en llevar adelante el proceso revolucionario añadiendo que "sin revolución es imposible una real transformación social".

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